Autor: Ignacio Benedetti

  • Noel Sanvicente Primera Parte

    En el año 2009 tuve la oportunidad de hacer dos programas de 45 minutos con Noel Sanvicente. En ellos hablamos de fútbol y de sus gustos. Han pasado 5 años pero ahora que ha sido nombrado Seleccionador Nacional de Venezuela, vale la pena repasar algunas de sus respuestas.

    La primera charla fue justo unos días después de perder ante Chivas de Guadalajara, en Méjico, 1 a 0. En aquella edición de la Copa Libertadores, su Caracas terminó primero en el grupo 6 con 10 puntos, por encima de Chivas, Everton y Lanús.

    Todos hemos cambiado desde aquel entonces, pero siempre es bueno recordar cómo y por qué llegamos a esto.

  • Los primeros 16 días de Brasil 2014

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    Decidí escribir tres párrafos diarios durante el Mundial. No tengo explicación alguna del por qué tres y no más. Sólo sé que le pedí permiso a Martí Perarnau y a Rafa León para publicar lo que surgiera en su web, http://www.martiperarnau.com, mi lugar favorito de todo esto que conocemos como internet.

    Pasados los primeros 16 días sólo quedan 16 selecciones y las otras 16 están o van camino a casa. Tampoco me di cuenta que llegado a este punto los números de días, equipos y decepciones iban a coincidir. Y tampoco sé porque he decidido subir esta primera parte en formato .pdf al blog. Sólo puedo decir que he disfrutado mucho y que lo que viene, sea lo que sea, me emociona aún más. Y que mucho le agradezco a Alejandro Dolina porque dijo, en una charla, que hay que aprender a trabajar con ideas malas…

    En el siguiente link están:

    https://mega.co.nz/#!yJAlFJaZ!UubMem3IkDEEUlH8O-HHh1mrw_s9gSOfGUG2EAO0NfU

    Salud

  • Noel Sanvicente: el heredero no reconocido

    No debe existir sensación más frustrante que sentirse despreciado. Antes que vivir, nos dejamos nuestra existencia tratando de obtener logros que nos otorguen reconocimiento y admiración, pero más que nada, cariño, sentirnos queridos y apoyados, esto sin reparar en que mucho de ese afecto nos llega por lo que hemos logrado y no por lo que somos. Algún escéptico diría que sabernos mortales es lo que nos empuja hacia la grandeza.

    Noel Sanvicente (San Félix, 1964) se sabe mortal y por ello apunta siempre a metas extraordinarias. Ha ganado seis campeonatos nacionales –por estos lados se les llaman estrellas– y en este mismo momento está a un resultado positivo de repetir como campeón del Torneo Clausura con su humilde Zamora F. C. La modestia de su plantilla no está asociada a la ausencia de calidad individual, sino a que en el torneo venezolano de primera división, nueve o diez de los dieciocho equipos poseen mayores recursos económicos que el conjunto llanero. Pero ello nunca fue excusa para Noel, quien desde su llegada al club blanquinegro ha mantenido que su meta es ser campeón y dejar algo más que un trofeo.

    Debo aclararle al lector que en Venezuela no existen las infraestructuras necesarias para el desarrollo adecuado del fútbol. Se cuentan con los dedos de una mano –y sobran– los equipos que poseen sedes y canchas propias, lo que dificulta que estas instituciones asuman las labores ordinarias de cualquier club de fútbol, tales como la formación de futbolistas, la recuperación de jugadores lesionados, poseer una casa club, etc. Por ello, desde que las victorias empezaron a aparecer en la actualidad zamorana, Sanvicente hizo fuerza para que se adquiriese un terreno que luego se convirtiera en el hogar del Zamora. En plena celebración por la estrella obtenida en la temporada 2012-2013, el entrenador más ganador del fútbol venezolano obtuvo su mayor logro: la alcaldía de Barinas donó un espacio para que en un futuro no muy lejano se pueda hablar de la casa del Zamora.

    En ese largo camino, Sanvicente ha encontrado grandes obstáculos. En su etapa de jugador de selección conoció las miserias de la dirigencia venezolana, y como entrenador, esa misma dirigencia le ha negado lo que él se ha ganado con esfuerzo y mucho trabajo: el puesto de seleccionador nacional. Hoy, cuando aún no se ha nombrado al sucesor de César Farías, Noel vuelve a ser el candidato del pueblo, el técnico que la mayoría pide pero que, gracias a su rectitud y su exclusiva dedicación al juego del fútbol, la Federación Venezolana de Fútbol, más pendiente de negocios y otros oscuros movimientos, se niega a reconocer.

    Admirador de Marcelo Bielsa y con alguna pasantía en el Newell’s del Tata Martino, el actual entrenador del Zamora ha hecho buena aquella reflexión de Juan Manuel Lillo según la cual “una persona es entrenador cuando sabe de jugadores y conoce las posibilidades del juego”. Bajo esa premisa vive Noel, y no existe fuerza en la tierra que le haga creer lo contrario.

    Pregunta.- Usted siempre hace énfasis en que es el futbolista el que puede cambiar un partido de fútbol. Hay por supuesto un trabajo en la semana, pero siempre es el jugador el que decide dentro de la cancha. ¿Por qué está tan seguro de ello?

    Respuesta.- Para mí, el jugador decide dentro de la cancha. A pesar de todo lo entrenado, hay momentos en que ellos deben usar su visión y su capacidad para cambiar lo que le dice el técnico. Yo, como entrenador, trato de darle todas las herramientas y de trabajar todos los escenarios posibles, pero después el juego nos recuerda que dos más dos no necesariamente es igual a cuatro. Por más que practiques siempre hay espacio para lo imprevisto, y los futbolistas deben aceptar esa eventualidad y resolverla. Eso solo se logra a través de la lectura del partido que pueda tener todo futbolista, y en mi opinión, esa visión está incluso por encima del trabajo de la semana.

    P.- Usted habla de que en la semana se trabajan escenarios posibles del próximo partido, y para ello hay que tener en cuenta al rival de turno. ¿Cuánto influye el contrario en este trabajo?

    R.- Mira, en la parte ofensiva hemos trabajado movimientos para llegar al arco rival en tres o cuatro toques, con mayor posesión y mil variantes más que luego las aplicaremos dependiendo del rival y de lo que consideremos como las debilidades de ese equipo al que nos enfrentamos. Por ejemplo, en el último partido ante Carabobo (victoria seis por dos) nos dimos cuenta de que cuando les toca replegarse, no llegan hasta su propia área sino que intentan tirar la trampa del fuera de juego. Entonces nuestra intención era que ellos agruparan muchos jugadores en el centro para nosotros aprovechar los espacios laterales, es decir, de adentro hacia fuera para luego volver al centro a terminar la jugada. Nos funcionó porque además pudimos hacer las transiciones defensa-ataque con la velocidad que marca nuestro estilo, que no es otro que el que está determinado por las características de los futbolistas. En una entrevista pospartido yo decía que los goles fueron claras muestras de las cualidades de los futbolistas: potencia, velocidad, diagonales y mucho dominio de la situación. Lo que te quiero decir es que en la semana trabajamos pensando en los puntos flacos de ese rival y cómo intentar aprovecharlos según las virtudes nuestras. Hay otros rivales que nos obligan a pensar en otras formas de hacerles daño, pero bajo nuestra filosofía. De esta manera, cada futbolista sabe a qué jugamos y cómo podemos sacar ventaja. Para ello ensayamos dos veces a la semana los escenarios del próximo partido, para que los jugadores se sientan en confianza, pero ojo, no se puede olvidar que siempre se van a presentar muchas contingencias y ahí es donde la visión del futbolista y su capacidad de entender el juego cobran mucha importancia. Vuelvo y repito: en el fútbol, dos más dos rara vez es igual a cuatro. Puedes jugar diez veces contra el mismo equipo y seguramente serán diez resultados totalmente distintos, y ni hablar de los partidos en sí.

    P.- Sus equipos siempre pelean por la estadística de ser el más goleador del torneo. Eso lo ha logrado en los tres clubes que ha dirigido –Caracas, Real Esppor y Zamora–. La conclusión generalizada es que los equipos de Sanvicente atacan mucho y hacen gran parte de sus vidas en el campo contrario. Marcelo Bielsa afirma que el trabajo ofensivo es infinito porque depende casi exclusivamente de la creatividad y el ingenio del jugador, mientras que las pautas defensivas son cinco y todas tienen un elemento en común: todos deben correr. ¿Coincide usted con Bielsa?

    R.- Sí, totalmente. Con un solo entrenamiento se pueden trabajar una cantidad incontable de variantes ofensivas, dependiendo claro está, de los futbolistas, el rival y otros imponderables. Defensivamente hay conceptos que todo futbolista profesional maneja y que simplemente hay que trabajarlos. Siempre son los mismos: relevos, permutas, agrandar, achicar o presionar. Son nociones universales que se manejan aquí, en China o en cualquier lado. Pero en el ataque converge la creatividad del jugador con la del entrenador, y en ese solo entrenamiento puedes darle hasta treinta variantes para generar juego ofensivo. Por eso creo que Bielsa, a quien considero el mejor entrenador, tiene toda la razón en este caso. Dice grandes verdades que a muchos no le gustan, pero en mi opinión todo lo que expone tiene sentido.

    P.- Hablamos del trabajo en la semana y a la misma vez de la necesidad de que el jugador sepa enfrentarse a lo imprevisto. ¿Cómo se logra que el futbolista maneje esa dualidad y no termine dependiendo demasiado del entrenador o se convierta en una especie de anarquista?

    R.- No hay otra forma de conseguir eso sino en el trabajo semanal, porque es ahí que uno como entrenador le da las herramientas al futbolista, y uno de esos mecanismos es que el futbolista interiorice que siempre existirán situaciones ajenas a lo planificado y que su resolución depende exclusivamente de ellos. Yo necesito de entrenadores dentro de la cancha, de futbolistas que tomen decisiones. Hay muchos futbolistas que son muy buenos tácticamente, pero les hace falta reconocer cuándo deben salirse de esa manta protectora e intentar algo distinto. Es positivo que un jugador cumpla con el plan original, pero es magnífico cuando un futbolista se sale de ese plan. Para eso está la rutina y la planificación de la semana, en la que uno le puede ir señalando al futbolista lo que está sucediendo y alimentarle el deseo y la voluntad de tomar riesgos según la situación que se le presente, pero siempre pensando en el bien del equipo, nunca en el personal. Cuando un grupo de jugadores logra pensar y actuar como un conjunto, a favor del colectivo, no habrá problemas si, por ejemplo, un central abandona su zona y decide irse al ataque, porque el equipo siempre tendrá respuestas a esa conducta. Para ello es vital que cada jugador maneje los conceptos básicos de cada posición.

    P.- ¿Y cómo se convence al futbolista de que las pautas que se van a llevar a cabo son las correctas para su beneficio y el del equipo?

    R.- Cuando al jugador se le entregan argumentos sólidos, desarrolla confianza en el cuerpo técnico. A medida que pasan los partidos, el futbolista analiza su desempeño y se da cuenta que lo que se le dijo fue lo que terminó sucediendo, pero además, se le muestra en vídeos, es decir, comprende a través de su propio ejemplo, entonces ahí sí que se convence de que el trabajo que se hace en la semana, que las instrucciones que se le entregan son para el bien del equipo y el suyo propio. A la larga todo jugador se convence cuando la comunicación es clara y se le explica el por qué de esas sugerencias. Te cuento un ejemplo: en el partido de Copa Libertadores ante Nacional de Paraguay se nos presentó una situación con Arles Flores, uno de nuestros volantes de marca. Hace tiempo que estamos comiéndole la cabeza para que sea más intenso en los partidos. Es un muy buen futbolista, pero debe dejar de lado el exceso de confianza que lo lleva a esperar el balón en vez de atacarlo, característica que le ha servido para destacar en el fútbol venezolano, pero que lo condicionaría en el caso de que llegue a jugar en otras ligas más competitivas, que al fin y al cabo es la meta que les inculco a mis jugadores: prepararse para jugar en el extranjero, y en otras ligas no se juega si no tiene dinámica o si se regula la intensidad.

    Pero volviendo al partido contra Nacional, a eso de los primeros veinticinco minutos estuve a punto de sacarlo del campo, y él se sintió frustrado, tanto así que en el descanso llegó a decirme: “Profe, tiene usted toda la razón”. ¿Por qué? Porque en las primeras pelotas que le tocaba jugar no tuvo la capacidad de resolver. El rival rápidamente lo presionaba, lo encimaba de tal manera que él mismo se dio cuenta de que todas las instrucciones que venimos entregándole no parten de un capricho del cuerpo técnico, sino que hay una razón detrás de ellas. Hoy, un par de meses después de aquel partido, te puedo asegurar que Flores está más metido en los partidos, no se regula y va adquiriendo un ritmo mucho más acorde al fútbol internacional. Entonces, a partir del ejemplo, el futbolista comprende las explicaciones, se casa con la idea y no hace falta que lo manifieste de palabra, su desempeño en el campo así lo demuestra. Por ello me considero un formador antes que un técnico, porque me gusta estar pendiente siempre de aportarle al jugador y que este pueda poner en práctica lo que uno le enseñe.

    P.- Justamente quería llegar a ese punto. Usted, en cada charla que tenemos, me recalca ese gusto por el papel de formador y, además, son muchos los futbolistas los que tienen gestos de agradecimiento con usted. Todo ello compaginado con su faceta de entrenador de élite cuyos equipos siempre están compitiendo. ¿Puede un entrenador de su categoría separarse del rol de formador?

    R.- Es imposible separarse de esa faceta. ¿Cómo haces para corregir a un jugador sino a través de la educación? Cualquier sugerencia, corrección o modificación que se le sugiera al futbolista no puede ser impuesta, sino que debe partir de una base, y eso es educar, formar. Puede que yo tenga algún problema si me toca dirigir un equipo de grandes figuras porque hay muchos futbolistas que creen que ya saben todo y no les gusta que los corrijan, pero como te he dicho, si uno tiene argumentos sólidos, el jugador va a confiar en lo que uno le dice, y eso es educar, orientar. Muchos se confunden porque creen que la formación solo se da en la base, en las categorías inferiores, y por eso a algunos entrenadores de primera división no les gusta que les hablen de formación porque se sienten menospreciados, como si Guardiola o Bielsa, los mejores en mi opinión, no se consideraran formadores antes que entrenadores.

    Pregunta.- Usted es de los entrenadores que le martilla la cabeza a sus jugadores para que jamás se conformen. Como entrenador, y a diferencia de lo que sucede en Venezuela –para obtener el carnet de entrenador se hacen cursos de cuatro días–, donde la formación que se le imparte a los futuros entrenadores es deficiente, usted decidió rebelarse y prepararse con mucha mayor dedicación. ¿Cuándo y por qué nació esa inquietud?

    Respuesta.- Como futbolista siempre tuve la oportunidad de viajar gracias a que Marítimo (su equipo de siempre, hoy desaparecido) participaba en Copa Libertadores y aprovechaba para darme una vuelta en los entrenamientos de los otros equipos y veía cosas totalmente diferentes. En mi primer curso en Venezuela me dieron media hora de charla y luego me dieron un carnet, ahí fue que me di cuenta que los entrenadores debíamos hacer unos cursos como deben ser, como cualquier profesión que para ejercerla hay que dedicarse a estudiar. En Venezuela, y lo digo con propiedad, hay una enorme cantidad de entrenadores que no les interesa formarse, casi te diría que ni saben agarrar una pelota, y lamentablemente son eso, entrenadores. El día que se modifique la forma de pensar, que se hagan cursos profundos y complejos, nuestros entrenadores estarán capacitados para ayudar al progreso de este fútbol. Hace tiempo escribí (fue columnista en el diario Líder) que los entrenadores venezolanos “con poquito hacemos mucho” porque, primero, no nos dan las herramientas adecuadas para ser entrenadores, y luego, cuando llegamos a cualquier equipo, tampoco nos dan las herramientas adecuadas para trabajar. Ahora bien, ¿por qué quise cambiar? Porque tuve la fortuna de poder viajar al extranjero y también tuve la suerte de trabajar para una familia como los Valentiner (propietarios del Caracas F. C.), a quienes les estaré agradecido toda la vida porque me apoyaron en esa misión de educarme y superarme. ¿Pero cuántos entrenadores pueden hoy en día ir a otros países a formarse? Por más que digan que el fútbol venezolano está en una constante evolución, yo digo que por las fallas que tenemos en todos los aspectos damos un paso hacia delante y cuatro hacia atrás.

    P.- Durante todos estos años como entrenador, ningún equipo de Noel Sanvicente ha hecho el ridículo en un campo de juego. Sus conjuntos han ganado y perdido, pero siempre han competido y han dejado la impresión de no guardarse nada. ¿Ese amor propio se le inculca al futbolista o ya el jugador viene con ese chip?

    R.- Mira que siempre hay una primera vez. A lo mejor nos llegará el momento en que nos goleen y nos dejen sin respuestas. Espero que no suceda, pero siempre hay una primera vez para todo. En los equipos que he pasado he tratado de inculcarle al jugador una filosofía de juego en la que, a partir de las características de ellos, vayamos siempre en búsqueda del arco contrario. Pero siempre hay excepciones, por ejemplo aquel partido ante Tucanes de Amazonas (jornada 4 del torneo Apertura, empate a uno), donde no merecimos esa igualdad. Ellos nos llevaron a defender muy cerca de nuestro propio arco y nos hicieron ver muy mal. Ahora bien, lo que sí tenemos claro como equipo es que trabajamos para ir encima del rival, para buscar el partido, que pase lo que pase nunca debemos rendirnos ni dejar de correr. Esta es una plantilla muy corta y estamos sufriendo un desgaste impresionante porque no tenemos oportunidad de rotar, por eso hoy el equipo ha tenido que aprender a regular fuerzas. No te olvides que además jugamos siempre a las 3 o 3:30 pm con un clima muy caluroso y muy húmedo, pero a pesar de ello siempre vamos a presionar.

    P.- Pero independientemente del cansancio, el calor o el rival, sus equipos siguen compitiendo.

    R.- Es que todo esto comienza en los entrenamientos. Buscamos juegos para que nuestros jugadores estén siempre con esa mentalidad. Hacemos pequeñas apuestas en las que no hay dinero involucrado, sino que, por ejemplo, quien pierda debe hacer de mesero, entonces siempre hay algo por que luchar, por lo que esforzarse. Con esas pequeñas cosas el futbolista se va acostumbrando a mantener siempre la mentalidad ganadora y el hambre de ir a más. Cuando llegamos, Zamora era un equipo muy timorato, tímido, que se conformaba con poco; hoy es un equipo ambicioso que siempre busca ser protagonista de los partidos y eso se nota hasta en las declaraciones de los futbolistas, y ese mensaje se lo vamos dando a través del psicólogo, de la nutricionista, es decir, desde el cuerpo técnico vamos fortaleciendo la confianza del futbolista y por ello hoy puedo decir que uno de los equipos que más partidos ha ganado en condición de visitante. Pero esto se trabaja desde el primer día de la pretemporada, a mi eso de declarar que hay que poner huevo antes de un partido no me convence porque yo creo en el trabajo y no en dejar las cosas a la buena de Dios.

    P.- La intensidad que usted propone es mucha.

    R.- Lo sé. Es difícil que un jugador me aguante mucho tiempo.

    P.- A eso iba. El futbolista puede llegar a sentirse satisfecho con lo conseguido en dos años y luego, en el tercer, entrar en una zona de confort.

    R.- En el Caracas F. C. ganamos mucho, pero esos jugadores fueron creciendo con una mentalidad ejemplar. Triunfaban y competían desde las categorías inferiores (sub-18 y sub-20), segunda división hasta la reserva. Supieron sustituir a grandes ídolos del primer equipo y siguieron ganando y compitiendo, como fueron, por ejemplo, Edgar Jiménez, Alejandro Guerra u Oswaldo Vizcarrondo. Mientras muchos decían que únicamente ganábamos por contar con figuras de renombre ,nosotros, como cuerpo técnico, supimos desarrollar futbolistas jóvenes con los que también triunfamos. Pero la gente se olvida de lo que hicimos, por ejemplo, en el torneo Apertura 2007, cuando luego de la Copa Libertadores salimos campeones con muchos futbolistas que no llegaban a los 25 años. No eran figuras, pero ya acumulaban pretemporadas con nosotros, minutos en primera división y, sobre todas las cosas, tenían esa mentalidad ganadora de la que te hablo. No los pusimos en el primer equipo por accidente, sino que durante un par de años fueron acumulando experiencia para luego hacer la transición al primer equipo de la manera más normal posible. Ahora bien, este es un trabajo que no se puede atribuir a mi persona, yo formo parte de un equipo de trabajo y juntos hemos podido lograr estas metas.

    P.- Con tanta intensidad, dedicación al trabajo y responsabilidad, ¿el jugador tiene tiempo para disfrutar?

    R.- ¡Sí, claro! Disfruta cuando llega a la cancha y se da cuenta de la variedad de trabajos que hay, lo que le evita caer en la monotonía. Disfruta cuando se da cuenta de que todo trabajo tiene su sentido, que en la pretemporada ha mucha cantidad de pautas que requieren un mayor esfuerzo pero, una vez iniciado el torneo, hay mayor calidad que cantidad. He tenido bajo mi dirección a muchos futbolistas que anteriormente han estado a las órdenes de otros entrenadores y no se cansan de decir que “con Chita se trabaja distinto”. Estos futbolistas llegan a la cancha y disfrutan, y para mí esa es la clave, que el jugador llegue, trabaje y luego se lleve algo de ese trabajo para su casa. Yo no quiero que vengan a un entrenamiento solo por cumplir, sino que lo que se haga en cada pauta les quede, que les agrade, que disfruten porque esa es la mejor manera de convencer al futbolista. Cuando eso pasa es que se llega a la comprensión del entrenamiento, o por lo menos se hace mucho más sencillo entender las razones de cada instrucción. En el cuerpo técnico nos hemos dado cuenta de eso y por ello intentamos que se disfrute el entrenamiento para que así el futbolista se involucre mucho más en la práctica. Ojo, no es Sanvicente el que piensa así, es todo el cuerpo técnico, mi grupo de trabajo (los asistentes Mauro Lazzaro y Luis Pájaro Vera, el analista de videos Carlos Rojas, el psicólogo Alexis González, el preparador físico Javier Milán, la nutricionista Mariana Iglesias.

    P.- Y usted, cuando fue jugador, ¿disfrutó?

    R.- Yo la pasé bien porque siempre estuve rodeado de jugadores importantes y de los mejores entrenadores de aquella época, pero porque además, siempre ganábamos. Y el futbolista disfruta cuando gana. Pero me costó disfrutar porque además de buenos entrenadores también tuve algunos locos que no estaban capacitados y terminaban haciéndonos daño. No olvidemos que en los años ochenta y noventa no existían estas redes de información que facilitan que cualquiera se pueda asesorar y, lamentablemente, esos entrenamientos sin fundamentos solo sirvieron para cortarnos la carrera de jugador. Todos esas pautas equivocadas también tuvieron su aspecto positivo: comprendimos rápidamente que no había que copiarlas. Todos los entrenadores dejan alguna lección.

    P.- Por ahí quiero pasar. Usted hace mucho énfasis en la obligación que tienen los entrenadores de saberse, ante todo, formadores. Aceptando esa condición, y teniendo la disciplina casi como un valor innegociable, ¿se divierte haciendo su trabajo de director técnico?

    R.- Disfruto porque me encanta ir a una cancha. Puedo pasar horas y horas en un campo de fútbol. Sí confieso que hoy en día he aprendido a delegar ciertas pautas en los entrenadores asistentes y me voy a revisar la condición de los lesionados y otros aspectos del equipo. Ya uno asume su condición de gerente. Un entrenador debe estar pendiente de todo.

    Te cuento una anécdota: cuando firmé con en el Real Esppor, al dueño del equipo le dijeron: “no contrataste a un entrenador, contrataste a un jefe”. Es que yo soy así, y lo que hemos logrado con este Zamora es un ejemplo más de esa condición gerencial y lo positivo que es para la institución. Y en este fútbol nosotros los entrenadores tenemos que trabajar de esta manera para hacerle entender a los directivos que hay muchas cosas que cambiar, por ello no solo estoy trabajando dentro de la cancha, pero siempre con la intención de conseguir lo mejor para la institución. Yo estoy para trabajar en pro del fútbol del equipo que me contrate, ese es mi trabajo. No me interesa ir a cenar con gente ni a pasar seis horas hablando sin sentido. Lo mío es trabajar y nada más. Por ejemplo, el camerino del Zamora es el mejor del país. Hace unos días compramos máquinas de gimnasio, bicicletas, escaladoras, en unos días llega una trotadora. Todo para el bien de la institución, pero sobre todo, para ir sumando condiciones que ayuden al jugador a sentirse cómodo. Si ellos se sienten bien, rendirán más y mejor.

    P.- ¿Existe un “método Sanvicente”?

    R.- Estamos preparando algo así (ríe).

    (Voltea hacia donde está sentado Alexis González, el psicólogo del equipo, quien rápidamente responde que lo están construyendo)

    Sí, lo estamos construyendo. Le estamos dando forma y pronto lo daremos a conocer.

    Charla publicada en la web de Martí Perarnau http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/noel-sanvicente-el-heredero-no-reconocido-i-parte/ Y http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/noel-sanvicente-el-heredero-no-reconocido-parte-ii/

  • Es el camino…

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    ¿Sabes lo que es el camino?

    Es el todo que compone nuestra existencia. Todo pasa en él y nada puede ser explicado sin aceptar que es ese recorrido lo único que le da sentido a nuestra existencia. En el camino nos caemos y nos levantamos; ningún triunfo es tan fuerte para levantarnos del piso y ninguna derrota es tan pesada para hundirnos bajo la tierra. En algunos momentos sentiremos que sí, que nos hundimos o que simplemente no avanzamos, pero esa sensación es mentirosa, nunca habitamos el subsuelo y jamás dejamos de caminar.

    Hoy me despedí de dos sueños que siempre tuve: escribir en un periódico y conducir un programa de T.V. Por distintas razones, y no por casualiudad, ese adiós se produjo casi simultáneamente, con apenas 3 horas de diferencia. Y cuando regresaba a casa me di cuenta que no hay razón para lamentarse. El camino me ha traído hasta acá y ese mismo camino me ofrecerá algunas aventuras más tan o más enriquecedoras como las que hoy finalizan. De hecho, ya visualizo un par de ellas que hace tiempo vienen apareciendo en mi GPS y ha llegado el momento de entregarme a ellas como me entregué a las misiones anteriores.

    ¿Por qué el camino?

    Porque todos hacemos nuestro recorrdio. No soy de creer en ayudas divinas ni en planes superiores. Creo que cada decisión tiene su consecuencia y con ella llegan mil oportunidades más. Yo soy lo que soy: un organismo envuelto en un proceso de cambio permanente, pero mis principios no son negociables y mi concepción de la vida menos aún. Si hay que ponerse los zapatos y volver a la carretera, pues bienvenido sea el sol y la luna, al fin y al cabo son los únicos acompañantes que siempre están.

    A cada una de las personas que me ha acompañado en esta parada tengo mucho que agradecerle. De todos he aprendido lo bueno que intento copiar y lo malo que espero no repetir. No olvido a quienes hicieron que esta estadía fuese inolvidable ni a quienes me abrieron las puertas para poder expresarme. Pero hoy, más que nunca, me reafirmo en lo que soy y me aferro a mis orígenes. No puedo ni quiero ser un especialista; sólo quiero seguir caminando, preguntando, dudando y pensando.

    En fin, vuelvo al camino…

  • El pasado no hace goles

    El humorista español Jaume Perich Escala decía que “la experiencia sólo sirve para recordarnos que la experiencia no sirve para nada”. Esa afirmación hay que entenderla como lo que realmente es, un recordatorio de que es imposible tomar decisiones objetivas influenciadas únicamente por lo vivido. En cada determinación que tomamos hay muchas emociones que nos alejan de la tan cacareada imparcialidad que algunos pregonan sin darse cuenta de que es imposible de conseguir.

    En los momentos previos al partido del pasado domingo entre Zamora y Mineros era común escuchar que la experiencia del equipo negriazul podía inclinar la balanza a su favor, sin reparar en que esta no había sido conseguida como equipo. Cada uno de los integrantes de ese conjunto ha adquirido una serie de lecciones que los convierten en una especie de veteranos, pero no todas esas enseñanzas han sido parte del camino minerista sino del camino particular de sus integrantes, por ello se hace imposible que esa sabiduría sea contagiada a un colectivo que no la vivió, y que no la puede sentir como propia.

    El filósofo francés Edgar Morín, en una de sus muchas intervenciones explicando el pensamiento complejo, nos recuerda que “cada célula es una parte de un todo – el organismo global – pero el todo está en sí mismo en la parte; la totalidad del patrimonio genético está presente en cada individuo, en tanto que un todo a través de su lenguaje, su cultura, sus normas”. Pensando en el fútbol, la afirmación del francés nos ayuda a comprender que el futbolista es parte de un grupo y sus conductas expresan y describen a ese colectivo. Pero lo que no se vive no se puede expresar.

    Cada recuerdo y cada hábito individual condicionará las acciones de cualquier futbolista y la del combinado al que pertenece, pero un valor intangible como la experiencia no puede jamás contagiarse ni prestarse. Desde ella puede reaccionar únicamente quien haya protagonizado esos episodios, ya que, como decía José Antonio Marina, “lo que hacemos nos hace”. Ambos equipos pueden fomentar un crecimiento interno a partir de episodios que hayan experimentado como grupo, no como una serie de ingredientes que cada quien, de manera separada, le agrega a la vida grupal.

    Así como Zamora quedó eliminado de la Copa Libertadores por fallos propios y virtudes de sus rivales, Mineros perdió el juego del pasado domingo justo por lo mismo. ¿Sirve de algo el pasado ? Sí, para recordarnos justamente un tiempo que no volverá, y que el futuro, por más hijo que sea del ayer, nunca será igual.

    Columna publicada el domingo 25 de Mayo de 2.014 en el diario Líder

  • El movimiento consciente

    Pensamos en mover un brazo y lo hacemos. Ello significa estar consciente de esa voluntad y comprender que del cerebro emana una orden que hace que movamos el brazo en la dirección deseada. Estamos hablando, primero, de estar conscientes, y posteriormemnte, que para ejecutar una instrucción se necesita el correcto funcionamiento de todas las partes involucradas, lo que en este caso constituye una clara referencia a las conexiones neurológicas y musculares que conforman el cuerpo humano. Millones de ellas conectadas para que sea posible ese simple movimiento consituyen un claro ejemplo de como funciona un equipo de fútbol. Cada conducta que nos parece definitiva es solamente la continuación de una conducta anterior

    En el fútbol desechamos esa explicación. Nos han enseñado a sentirnos cómodos con una especie de movimiento robótico que se traduce en un gol; lo celebran los noticiarios y lo reducen quienes se hacen llamar especialistas. Ese gol que llena espacios promocionales tiene tantos circuitos de conexión como el ejemplo de mover el brazo. Por cosas como esta es que la tv puede ser tan importante, ya que desde ella se puede engañar a la audiencia haciéndole creer que un gol nace del remate o, por el contrario, si existiese el interés de cumplir con la función primordial del medio (educar), se le puede mostrar detalladamente la red de conexiones que derivan en ese grito llamado gol.

    Más allá de la crítica a los mentirosos de turno que no ven fútbol sino que son expertos en repetir como loros estadísticas vacías y frases cargadas de lugares comunes, está en cada uno de nosotros entrenar nuestro estado de conciencia para aprehender lo que el juego nos ofrece: una muestra extraordinaria de como funcionan nuestras mentes, pero a la vez, como influye cada pequeña variación en uno de los integrantes de un circuito. Sí, puede que sea como el efecto mariposa, pero en este caso lo importante es reconocerlo en vez de obviarlo.

    John Searle lo explica maravillosamente en el siguiente video: http://youtu.be/j_OPQgPIdKg

    P.S: Gracias querida por el video y por hacerme conocer este nuevo mundo. Serás siempre el rock =)

  • Lecciones de la final

    Los primeros noventa minutos de la final entre Zamora y Mineros dejaron postales que deberían hacernos reflexionar acerca de la manera como observamos el fútbol y así replantearnos verdades que no son tales. Y es que cuando se juega un partido de tal magnitud sacamos a relucir preconceptos que poco o nada tienen que ver con el juego en sí.

    Por ejemplo, las supuestas batallas tácticas entre los entrenadores. Para muchos es más seguro dar mayor importancia al trabajo de los técnicos que a lo que realizan los futbolistas en el terreno de juego. No trato de quitarle mérito a la influencia de Páez o de Sanvicente, pero si uno se da a la tarea de escucharlos, son ellos los primeros que le confieren todo el protagonismo a sus jugadores. No hay estrategia que nos ayude a prever el segundo gol del Zamora, el auto gol de Rafael Acosta o el gol de Mineros. Repasemos el origen de cada una de esas anotaciones y nos daremos cuenta que es el futbolista el actor exclusivo y el único generador de situaciones de caos.

    Repasemos otra situación. En el minuto 62, y abajo tres goles por uno, Richard Páez decidió substituir a Rafael Acosta y darle entrada a Ángel Chourio. Ese movimiento, de carácter ofensivo, seguramente tuvo el propósito de ensanchar el campo y aprovechar aún más el buen partido que estaba realizando Ricardo David Páez. Todo quedó en buenas intenciones porque apenas cinco minutos después, el equipo llanero consiguió el cuarto y último tanto del encuentro. La crítica hacia Páez no se hizo esperar y se le acusó de romper el equilibrio con ese cambio, pero si Mineros hubiese encontrado el segundo gol, ese juicio hubiese sido favorable al merideño. Por ende, no hablamos del juego sino del resultado.

    El fútbol es mucho más de lo que se ve por TV. Cuando un equipo ataca, no solamente quienes merodean el área rival están ejecutando esa conducta. Todos los integrantes del conjunto asumen funciones ofensivas; cada quien va conquistando una porción de terreno acorde a su posición en el campo. Asumir que, por ejemplo, sólo los dos delanteros y los dos volantes más adelantados son los encargados de generar peligro es igual a vivir en un estado de miopía permanente.

    Alejémonos de los paradigmas tradicionales y comprendamos que dividir o fraccionar los sucesos en pequeñas partes no nos traerá un panorama más claro sino todo lo contrario, nos hará creer dueños de una verdad que no existe. Recordemos a Xavier Tamarit cuando escribió que “la fragmentación de las partes de un sistema implica no sólo la separación de estas, sino la anulación de sus propiedades”.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 22 de Mayo de 2.014

  • Zamora vs. Mineros: sólo vale el presente

    Parece unánime aquello de que la final del fútbol venezolano será un gran espectáculo. Supongo que se toma en cuenta el estatus de cada uno de los equipos así como las estadísticas que ambos sumaron durante la temporada. Se habla también de las diferencias entre los modelos de juego, pero no se si se le haga suficiente caso a los futbolistas, generadores del juego y a la misma vez intérpretes de la estrategia. Ya lo decía el poeta argentino Antonio Porchia: “el universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre”.

    El fútbol es mucho más que un juego; es una serie de conductas que deben encontrar la armonía necesaria para crear un caos. Puede que suene contradictorio pedir consonancia para luego producir desorden, pero no lo es, ya que sólo a través de esa simetría podrá un equipo avanzar para luego dominar al rival. ¿Cómo puede lograrse eso? Atendiendo al llamado del futbolista.

    El jugador en sí mismo posee unas cualidades que pueden ser divisadas por cualquier observador atento. Por ejemplo, todo el mundo sabe que Lionel Messi es casi indetenible con la pelota dominada y con espacios libres por ocupar. Ahora bien, el argentino también muestra una serie de pautas que únicamente son explicables a partir de su pertenencia a un colectivo que potencia sus virtudes ya conocidas, enriqueciéndolo con otras que son producto de su integración a una determinada sociedad.

    Esa aparente previsibilidad que nace del “conocimiento” de las capacidades individuales, sumado a datos que describen el pasado es lo que nos lleva a creernos capaces de pronosticar cómo será un juego de fútbol. Disociamos al futbolista de todo lo que lo rodea y lo compone. Nos conformamos con cables que informan acerca de esquemas tácticos o intensidad de entrenamientos, sin reparar en que los estados anímicos son quizás más importantes para el futbolista. Y hasta los momentos no se ha inventado artefacto alguno que mida las reacciones futuras del ser humano. Todos los datos estadísticos son sólo una ventana al pasado.

    Nadie en su sano juicio puede dudar de las aptitudes de Richard Páez o de Noel Sanvicente como directores técnicos. Pero más allá de un “duelo de estrategias” entre los conductores de Mineros y Zamora – que la habrá, no hay duda – nos conviene acercarnos a cada equipo y a las interacciones o los accidentes que cada uno puede generar, y desde allí comprender que este es un juego imposible de predecir. Ya lo dijo Dante Panzeri en 1.971: “en el fútbol no existe el futuro. Solamente existe el momento. Si lo que va a pasar es conocido, no pasa. Ya pasó”.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 18 de Mayo de 2.014

  • Ocho minutos para la historia

    En la vida, cada quien adopta y desarrolla su propia manera de actuar. Es imposible soslayar la influencia que tienen nuestros superiores – padres, jefes, guías, etc. – pero al fin y al cabo, y gracias a que el mundo cada vez más rechaza las leyes que justifican la obediencia debida, no hay excusas que maquillen algo tan importante y natural como que cada decisión es propia, intransferible e inexcusable.

    Rosa Coba, neuropsicóloga española, explica que “el líder es el gestor de las emociones y el responsable de promover tantas interacciones como sean necesarias para dotar a los jugadores de las mayores y mejores opciones y recursos. Es el encargado de mejorar el potencial. Para ello debe ser, en primer lugar, un buen observador. Posteriormente debe ser un buen evaluador. ¿Por qué? Para, finalmente, ser capaz de llenar de contenido, sentido y realidad el verbo potenciar”. Si nos situamos en nuestro fútbol, podemos concluir rápidamente que tanto Richard Páez como Noel Sanvicente poseen ese perfil, a lo que yo agregaría el calificativo “positivo” para identificarlos correctamente.

    El liderazgo implica una capacidad de convocatoria para que un determinado grupo se adhiera a una propuesta, así como también capacidad de convencimiento y de persuasión. En ciertas situaciones, y bajo la amenaza del castigo – volvemos a aquello de la obediencia debida – el líder se impone y toma decisiones. Normalmente, quienes asumen este tipo de conductas son los líderes negativos, aquellos que piensan en su bienestar personal antes que el colectivo y que se sienten tan débiles que prefieren recurrir a la amenaza antes que al convencimiento.

    El seis de mayo, el Zulia FC anunció la renuncia de Nino Valencia a la conducción del primer equipo, así como la asunción inmediata de Derwui Martínez, director técnico de la sub20 del equipo petrolero. Con la meta de obtener los puntos necesarios para clasificar al octogonal final e intentar conseguir el pase a la Copa Sudamericana, el nuevo entrenador decidió ir en contra de lo que la profesión de entrenador tiene como principio fundamental – ser un formador – y sacrificó, apoyado en las lagunas de la normativa, el autoestima de dos juveniles.

    En apenas ocho minutos, el entrenador decidió que dos futbolistas no eran aptos para buscar el triunfo. Los expuso, los tildó de incapaces y aún así, su equipo no clasificó al octogonal. Algunos dirán que fueron ocho minutos para el olvido, pero yo prefiero que esos ocho minutos queden para la historia y no olvidar jamás a los protagonistas de este triste relato.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 15 de Mayo de 2.014

  • Atacar y defender es una sola conducta

    Un equipo de fútbol es un conglomerado de conductas que no deben observarse de manera aislada sino como lo que son: hermanas de otras manifestaciones. Cada reacción, cada intento es justamente la continuación y la consecuencia de un movimiento que lo precede, y esa prolongación no es más que una escena de una película que hay que ver en su totalidad.

    Quiero ser muy enfático: el fútbol es un juego imposible de descifrar porque cada partido es una muestra distinta y lo que hoy sucede es producto de mil variables que mañana seguramente no aparecerán. Claro que existen unas pocas verdades, como aquella que nos recuerda que un equipo se defiende atacando y ataca para defenderse. Parecería una contradicción pero no lo es.

    Hace un par de días se enfrentaron el Chelsea de José Mourinho y el Atlético de Madrid de Diego Simeone. A priori, y siempre según el paradigma tradicional, son dos equipos que defienden muy cerca de su propia área, sin dar espectáculo ni pensar en el arco rival. Pero justamente esos conjuntos nos enseñan rápidamente el porqué de esa ubicación en el terreno: para aprovechar mejor las cualidades de sus dirigidos. ¿Por qué se comportan de esa manera? Para ganar.

    Cuando cualquiera de esos conjuntos recupera la pelota comienza una cadena de eventos – no nos fijemos en la duración de los mismos – con el único objetivo de buscar la portería contraria. Claro que también hay equipos que practican la posesión defensiva de la pelota – no le crean a quienes hablan de una “posesión efectiva”, eso es una idiotez sin sentido – y la adoptan como plan para evitar que el rival los ataque y luego contragolpearlo cuando se presenten las oportunidades.

    Lo que debemos comprender es que un equipo de fútbol está definido por un grupo de pautas y procederes que, a pesar de las tentaciones, no podemos analizar por separado, ya que al hacerlo estaríamos despreciando lo que realmente las hace únicas, y nos estaríamos dejando llevar por una postal que congela un gol o un error, asumiendo equivocadamente que en una actividad como el fútbol se puede disociar conductas a favor de lo que a nosotros, como espectadores, nos conviene para aparentar una sabiduría que no poseemos.

    No hay equipos ofensivos o defensivos; lo que debemos comprender es que cada equipo, idealmente, tiene que jugar según las posibilidades que nacen de sus jugadores y de la interacción entre ellos. Lo contrario es entregarle armas a quienes desde su trinchera proponen analizar el juego como cualquier otra conducta intrascendente.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 11 de Mayo de 2.014