Autor: Ignacio Benedetti

  • Vinotinto: la encrucijada entre lo importante y lo esencial

    Vinotinto: la encrucijada entre lo importante y lo esencial

    En la Federación Venezolana de Fútbol duermen tranquilos. Por lo menos esa es la impresión que queda cuando se repasan los debates en torno a la selección nacional de fútbol. Esa serenidad se fundamenta en las conductas de los medios de comunicación, quienes por razones todavía indescifrables, han centrado su atención en lo importante y no en lo esencial.

    Aunque en principio ambos se presentan como conceptos emparentados, aquello que se define como importante posee menor entidad que lo esencial. Por ejemplo, alimentarse tres veces por día es importante, sin embargo, lo esencial es ingerir alimentos diariamente. Hay una distinción, aparentemente sutil, pero que va más allá de lo evidente y está relacionada con el espíritu del tema en cuestión, que en este caso es la alimentación.

    En el caso de la selección venezolana de fútbol, las diferencias entre ambos conceptos se aprecian con mayor claridad. Con estas líneas no se pretende modificar los distintos intereses que conviven en el aficionado o el hincha. Por el contrario, la finalidad de las mismas es hacer una revisión sobre el rol que están cumpliendo aquellos que ejercen la labor de informar y debatir en las diferentes ventanas en las que se ejerce el derecho a opinar.

    Comencemos por ejemplos que se engloban en lo importante:

    -. La marca que viste a la selección. La actual empresa, Givova, no poseía el historial para cumplir con todos los requisitos de la FVF. Sin embargo, fue elegida debido al criterio de algunos que hoy no se pueden defender y de otros que siempre han logrado esconder la tierra bajo su alfombra. Aún así, vestir esa firma no incide en la planificación de entrenamientos o partidos preparatorios –es momento de desterrar el latiguillo de amistosos para estos duelos, dada su importancia para probar, confirmar y corregir aspectos fundamentales. Hay modelos de camisetas cuya tela otorga ciertas ventajas, pero no será la casa textil elegida la que impulsará el desarrollo del fútbol venezolano.

    -. El lugar de residencia de José Pékerman. El entrenador argentino no vive en Venezuela, hecho que alarma a un importante contingente de comunicadores. Llegados a este punto hay que resaltar que Rafael Dudamel, entrenador que condujo a la selección sub-20 a la final del mundial, tampoco residía en el país. Ello no fue impedimento para que su conducción fuera destacada y exitosa. La existencia de equipos de trabajo y sus diferentes funciones, así como los avances tecnológicos, se imponen a viejos complejos que, como el viento, no por viejos dejan de existir.

    -. El apoyo de la prensa. Los entrenadores más recientes de la selección mayor, José Peseiro y Pékerman, han gozado de una complicidad mediática jamás vista en tiempos recientes del equipo nacional. De esto pueden dar fe Richard Páez, César Farías, Noel Sanvicente y el propio Dudamel. Se ha instalado en el subconsciente colectivo que el periodismo debe apoyar y dejar trabajar al seleccionador de turno, obviando que la principal misión de la prensa es informar, algo que únicamente puede hacer cuando posee la seguridad de que lo que se va a comunicar es cierto. Sólo después de estar bien informado se puede debatir. Un signo inconfundible de nuestros tiempos, estos de redes sociales e histeria masiva, es que estamos más informados pero peor informados. Vivimos la clásica batalla entre lo cuantitativo y lo cualitativo.

    -. Jugar con enganche y/o carrileros. El debate es estéril porque habla de posiciones y no de roles. Un buen equipo, y así lo demuestra la historia, está conformado por jugadores que saben interpretar –el fútbol no se lee porque no es un libro; se interpreta como cualquier otra conducta humana– lo que la circunstancia del partido requiere. Cuando se confina a ese ser humano que oficia de futbolista a una posición se limita su libertad, por ende, disminuye su aporte a eso que se denomina funcionamiento. El fútbol no es ajedrez, un juego en el que los movimientos de las piezas están claramente definidos por el reglamento.

    A continuación, se resaltarán tres aspectos esenciales que no provocan la misma atención que los ejemplos anteriores pero que, en la opinión de quien escribe, merecen una observación más dedicada.

    -. Los módulos de entrenamiento. La selección nacional sub-20 aterrizó en el torneo sudamericano tras haber realizado, según la FVF, diecinueve módulos de preparación. Cualquier entrenador sabe que no es lo mismo entrenar que jugar partidos preparatorios. Por más que las nuevas metodologías de entrenamiento intentan reproducir situaciones de partidos en toda su dimensión, es en aquellos episodios en los que se enfrenta a una oposición foránea donde el futbolista encuentra mayores oposiciones y, como causa de esto, desarrolla novedosas y creativas respuestas a esas emergencias. El atleta, tanto en los momentos previos como durante y después, vive estos lances de una forma totalmente diferente al entrenamiento. Incluso hay grandes catedráticos del fútbol que aseguran que el futbolista se entrena jugando. La selección nacional apenas tuvo duelos preparatorios, algo que seguramente ha incidido en la aclimatación a las responsabilidades que conlleva competir. Sin partidos preparatorios es complicado desarrollar una idea de juego.

    -. La transmisión de conocimientos. Una vez contratado Pékerman, la prensa asumió como una realidad irrefutable que su equipo de trabajo era el ideal. Discutir la hoja de vida del seleccionador argentino es tan inútil como querer levantar muros con agua. Sin embargo, sus elecciones para las categorías juveniles se asemejan más a una apuesta que a piedras fundacionales. Discutir a Fabricio Coloccini tras la derrota en el debut ante Bolivia es un acto que responde a la frustración más que a un análisis. De Coloccini no se conoce mucho más que su carrera como futbolista. Esto ha llevado a la promoción propagandística de que sus valores como jugador los traspasará a la dirección técnica, casi como contagiar a otros de un virus. Basta repasar la rica historia de este deporte para concluir que ser futbolista y ser entrenador son dos oficios totalmente diferentes. El actual seleccionador sub-20 está ante su primera gran prueba, un escenario en el que no solamente debe diseñar entrenamientos y seleccionar futbolistas; como cualquier otro entrenador debe demostrar que posee las herramientas necesarias para transmitir su conocimiento. Diego Maradona no las encontró, tampoco Michel Platini, ni otros tantos a quienes les costó igualar en el banquillo lo que consiguieron en el campo.

    -. La evaluación que hacemos de los futbolistas. En el fútbol se desprecia la teoría de la complejidad. Quizá porque es más sencillo pensar que si un jugador rinde adecuadamente en un equipo entonces este replicará ese mismo comportamiento en otros contextos. O porque adentrarse en ese pensamiento complejo significa desafiar todo aquello que creíamos cierto. Un ser humano, bien sea futbolista, ingeniero, taxista o enfermero, es todo aquello que lo conforma como un ser individual, pero también el entorno y las relaciones que definen su día a día. En una actividad social como el fútbol, ese relacionarse cobra una mayor importancia. Esos vínculos no son solamente emocionales sino que atañen a todas las estructuras del humano. Carlos Lago Peñas, citando a Paco Seirul.lo, las explica brevemente de la siguiente manera: “estructura biológica (relacionada con la vías energéticas), estructura cognitiva (responsable del proceso de percepción-acción), estructura coordinativa (relacionada con la movilidad, lateralidad y disociaciones), estructura condicional (tiene relación con las capacidades motrices), estructura expresivo-creativa (asociada con la capacidad expresiva y las relaciones interpersonales que aparecen en la competición), estructura socioafectiva (tiene que ver con la relación e identificación con los compañeros y el rol que ocupa cada uno), estructura emotiva-volitiva (está relacionada con los sentimientos propios y los estados de ánimo) y la estructura mental (cómo se relacionan entre sí todas las estructuras).” Su exposición puede ser revisado presionando el texto. El jugador es un todo que vive en un estado sostenido de cambios y pensando en lo referente a la selección venezolana de fútbol, si se quiere analizar la idoneidad del futbolista en determinados episodios, debe partirse de una se las enseñanzas del sociólogo y filósofo francés Edgar Morín: “La complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico”. No se puede mantener el engaño de que tal o cual futbolista brillará en la selección únicamente porque así lo hace en su equipo. La forma adecuada para llevar acabo ese análisis es por medio del juego, de la convivencia, de la resolución de emergencias futbolísticas que nacen de la interacción con los compañeros y los oponentes.

    Estos ejemplos ayudan a comprender la diferencia entre lo importante y lo esencial. Cada cuestión merece atención, aún así queda claro que hay temas de mayor profundidad que otros y cuya vigilancia es de mayor relevancia.

    El fútbol venezolano requiere de una discusión periodística y académica que se aleje del rol propagandístico en que se ha sumergido el periodismo, hoy más ocupado en vender ilusiones o en proponerse como comandante del ejército del sí se puede. El periodista está en la obligación de abandonar esa postura, analizar y pedir explicaciones sobre los tan cacareados proyectos, sin importar cuántos clicks generen sus contenidos. Si en realidad sienten por esta actividad lo que tanto presumen, deben aceptar que tienen una obligación con el público y no con su ego o las carencias emocionales propias.

    «La comunicación no conlleva comprensión. La información, si es bien transmitida y comprendida, conlleva inteligibilidad, primera condición necesaria para la comprensión, pero no suficiente.» Edgar Morín

     

     

  • Naufragio catarí: Día 20

    Naufragio catarí: Día 20

    No les gusta el fútbol. Es así y no vale la pena que lo disfruten. Son tipos que, además de despreciar el juego, desconocen las intimidades de este bello deporte. Por ello proponen batallas imaginarias en las que colocan tierra y minas para constituir sus propias tribus. Como toda materia que derive en fanatismo, se necesitan esos enfrentamientos ficticios, no para que la actividad se mantenga presente, sino para darle de comer a fariseos y chupasangres. Así construyen carrera y curriculum, siendo serviles a las tribunas que ya no son medios de comunicación sino juguetes de otros más desalmados que los chufleteros mediáticos. ¿A quién le importa que todo esto haya derivado en lo más vulgar de la industria del entretenimiento? Todo vale y todo suma en pos de sumar un puntito de audiencia o unos seguidores más. Si las batallas por las diferentes creencias religiosas ha sido una de las mayores causantes de muertes en nuestra historia, imaginen, por un segundo, hacia dónde puede dirigirse esta exposición de fobias, odios y fanatismo que se expulsa, sin vergüenza alguna, en todas las plataformas. Este es el mundo de los verdaderos hijos de puta, aquellos que encontraron en el fútbol la continuación perfecta para darle rienda suelta a la miseria que los define. Nunca fue tan sencillo hacer vida en las corrientes de la indigencia. Y nada como un mundial para que el mundo los reconozca. No hay más máscaras ni maquillaje que logre camuflarlos. Jamás se dieron por enterados que un partido de fútbol no es la patria, pero un Mundial se juega con el deseo de darle un rato de alegría a los semejantes, a los coterráneos, a los paisanos. Todos estos bufones a sueldo de la industria de la estupidez odian al fútbol porque el fútbol no les dio a ellos el lugar al que aspiramos todos los que una vez perseguimos una pelota. Se inventaron roles que les dieran un puñado de minutos de protagonismo, sin embargo, la codicia y la rabia les llevó a anhelar más, hasta el nivel de actuar y pavonearse como si hubiesen marcado un gol en la final del mundo. Ya se sabe, eso que es la conciencia y que nos distingue del resto de animales es un elemento de dos caras que, mal dirigido, conduce a cualquiera a las fronteras que dividen la sensatez de la idiotez. Hoy tocaría hablar de la soberbia actuación de Lionel Messi, de la explosión de Julián Álvarez o de que la selección argentina es un equipo que defiende de manera tan eficaz que los rivales apenas exigen a su arquero. No obstante, es el mundial en el que todas las mentiras han quedado retratadas; la vileza de ciertos espacios mediáticos ya no puede esconderse ni disimularse. Antes de retirarme para revisar nuevamente la fabulosa presentación del equipo de Lionel Scaloni dejo una duda que, con el paso del torneo, me aterroriza cada vez más: ¿qué hace que jóvenes que apenas se inician en el periodismo aspiren a pertenecer al más rancio de los circos?

    Esto se llamó naufragio por razones que no vale la pena explicar. Estas líneas hablan por sí solas…

  • Naufragio catarí: Día 19

    Naufragio catarí: Día 19

    Como la frase que titula estos envíos mundialistas, España naufragó en el Mundial Catar 2022. Luis Enrique no sigue en el cargo y Luis de la Fuente es su reemplazante. La desilución ha sido muy grande y, como en muchos de los casos, los análisis no se dirigen hacia la comprensión del fenómeno. Por el contrario, el público lee y escucha datos insignifcantes como porcentaje de posesión o cantidad de pases dados. Un entrenador de alto nivel no exige a sus futbolistas dar pases así, sin intencionalidad. Tampoco les prohibe aprovechar desmarques de ruptura o piques al vacío. Todo equipo se pasa la pelota, bien sea en corto o en largo, con el objetivo de encontrar espacios libres y explotarlos en su beneficio. Lo demás, lo que gritan desde algunos medios, es pescado podrido que únicamente tiene como finalidad llenar las incontables horas que deben cumplir al aire.

    Hoy, la correspondencia va en modo video, aprovechando que la peste parece alejarse del autor y el optimismo crece.

    “No me considero pesimista. Pienso en un pesimista como alguien que está esperando que llueva. Y yo me siento empapado hasta los huesos”. Leonard Cohen

     

  • Naufragio catarí: Día 16

    Naufragio catarí: Día 16

    -. En el fútbol no existe fórmula alguna que garantice la victoria. Al final, lo que intentan hacer los equipos y los entrenadores es acercarse a ella por medio del estilo que mejor los represente. Se trata de jugar como se es y no como se impone. Sin embargo, el fútbol tiene reglas básicas para acercarse a su comprensión, siendo la primera de ellas el reconocimiento de que esta es una actividad colectiva, de equipo. Esto quedó definido desde el momento en que se consagró el primer cuerpo reglamentario, en 1863, en el que se e hablaba ya de equipos. Más allá de los distintos cambios que ha sufrido, las reglas han cuidado siempre ese espíritu colectivo, por lo que sorprende y horroriza que los mal llamados expertos mantengan la desacertada costumbre de intentar describir equipos con la diabólica frase “conjunto de individualidades”. Un equipo es mucho más que la simple reunión de futbolistas talentosos. Ser equipo requiere de una cultura cooperativista y generosa, en la que cada integrante de ese colectivo acepta que él no es nadie sin sus compañeros, de la misma manera que sus socios no llegaran a nada sin su aporte, y esa contribución no se hace de forma individual sino con el respaldo de esa manta que es el equipo. Un sabio como Carlos Peucelle lo describió a la perfección cuando escribió, en su libro “Fútbol todotiempo e Historia de la ‘Máquina’” que “el buen equipo se da con el acoplamiento de valores dispares que producen un funcionamiento colectivo. Sin acoplamiento no hay equipo. Esto, a veces, se consigue, otras veces se produce por casualidad. Y en otras se hace muy difícil teniendo los mejores jugadores. Todo depende del jugador, del material humano que se coordina”. En la construcción de un equipo hay mucho más que evaluar que las virtudes técnicas de un futbolista que ha brillado en otro equipo, en otro contexto.

    -. Así llegamos a Luis Enrique. Todas sus elecciones han sido cuestionadas sin mayor basamento futbolístico. Por ejemplo, la elección de Rodri como defensor central por encima de futbolistas cuyo rol natural es ese. No se ha explorado que el seleccionador español, tras horas de análisis con su staff, pueda haber llegado a la conclusión de que los oponentes intentarían cerrar los caminos de Busquets y que la mejor solución para que esto no fuera tan determinante era alinear al mediocampista del Manchester City sin que partiera desde el medio del campo. Rodri, por cierto, ya había cumplido con esa responsabilidad en su club, algo que pasó desapercibido dada la ignorancia voluntaria de los expertos. Tampoco se pensó en otro razonamiento que parte de la cantidad de atacantes centrales con la que juegan los rivales, lo que permite al conjunto español, en este caso, liberar a un defensor central en fase de construcción de juego para acercarlo a la zona medular y formar una sociedad con el propio Busquets, pero también con los otros volantes. Lo que atañe a un analista es adentrarse en todo aquello que influyó en la toma de una decisión y, posteriormente, definir si el rendimiento estuvo cercano a lo pensado.

    -. Ahora bien, ¿cuánto de lo aquí expuesto le importa a la masa si lo que queda, tras la eliminación de España a manos de un gran Marruecos, es la cacería habitual? Los expertos de siempre olieron sangre y ahora van a por todas. Les vale que Luis Enrique se ha hecho streamer; que el entrenador mandó a sus futbolistas a entrenar mil penaltis antes de llegar al mundial, que “enchufó a su yerno”, o que, como le sugirió uno de los iluminados, su equipo no tiró un pelotazo. España no jugó bien porque durante el partido perdió muchas veces la noción de por qué un equipo se pasa la pelota: desordenar al oponente. Ese pasar y pasar requiere una rápida circulación de la pelota y futbolistas que piquen al vacío permanentemente. Sin esto, pasarse la pelota se convierte en el tikitaka que Pep Guardiola definió como una mierda. No basta con la intención sino que ésta debe ser acompañada por la ejecución. Luis Enrique interpretó que eso le faltaba a su equipo e hizo entrar a Williams y Fati, pero no fue suficiente.

    -. Esto que aquí se enumera no compone la totalidad de circunstancias por las que España no mostró un juego óptimo. Somos hijos de la linealidad que promueve la relación causa-efecto, lo que nos lleva a definir episodios apoyados en la inmediatez, negando de esta manera la complejidad que describe al andar humano.

    -. Mientras algunos se esfuercen en buscarle cómplices de la debacle al entrenador, uno no puede sino volver a insistir en las dinámicas competitivas, un concepto que se lo leí por primera vez al entrenador español Alex Couto. Estas son: “La dinámica competitiva se traduce en los movimientos estratégicos, movimientos que realiza la empresa con el fin de mejorar su posición en el mercado con respecto a sus competidores y que pueden ser defensivos, ofensivos y cooperativos.” Este equipo parece haberse sumergido en un bache con el paso de los partidos y aunque el entrenador intervino haciendo modificaciones, no hubo forma ni manera de recuperar conductas que describían el juego de esta selección. En las derrotas hay responsables, no culpables, porque esto va de tomar decisiones, y quienes en vez de cuestionarlas se dedican a destruir, olvidan algo que escribió otro entrenador y educador, Isaac Guerrero, recordando a Paco Seirul.lo: “como dice Seirul.lo, corregir viene de correcto…y en un deporte como el nuestro, paradigma de la incertidumbre, ¿quién puede decir qué es correcto?” Esto nos lleva a preguntarnos por qué perdió España, cuando en realidad, lo que se apega al espíritu cooperativista y de oposición del juego es identificar qué sucedió en esos 120 minutos en los que Marruecos jugó un enorme partido y España no encontró el camino para imponerse. Si el fútbol es circunstancia, vayamos hasta el epicentro del mismo y no caigamos en el juego destructivo que proponen los bufones de la medianoche.

    “No hay umbral que nos haga más grandes que la suma de nuestras partes. No hay punto de inflexión en el que nos volvamos completamente vivos. No podemos definir la conciencia porque la conciencia no existe. Los humanos creen que hay algo especial en la forma en que percibimos el mundo y, sin embargo, vivimos en bucles tan estrechos y cerrados como los anfitriones, rara vez cuestionamos nuestras elecciones, contentos, en su mayor parte, de que nos digan qué hacer a continuación. No, amigo, no te pierdes nada de nada”. Westworld

  • Naufragio catarí: Día 15

    Naufragio catarí: Día 15

    -. ¿Qué es el pasado? Podría decirse que se trata de la suma de experiencias anteriores al tiempo presente. El problema con aquello que es lejano es que nuestra mente conspira contra el recuerdo concreto y ajustando a aquello que vivimos. Somos seres emocionales, programados para modificar levemente las memorias y así adaptarlas casi exclusivamente a las sensaciones que deseamos invocar. El pasado ayuda a definirnos porque es el conjunto de vivencias y acciones que constituyen buena parte de nuestro ser. Sin embargo, el pasado, aún respetando su influencia, no es el único elemento predominante en las decisiones que tomamos; son tantos los condicionantes que cuantificarlos es imposible, uno de esos ejercicios de soberbia que tanto define a nuestra especie. Aún así, en cuanto al fútbol, esos recuerdos los elevamos a niveles de certezas. Ya se sabe, el fútbol es el caldo de cultivo perfecto para engordar y multiplicar falsas verdades que únicamente cumplen con el objetivo de hacer sentir bien a quién las enuncia.

    -. Con ese pasado convertido caprichosamente en el respaldo de pronósticos y demás sentencias inverosímiles, se califica como sorpresa a todo desenlace que no se ajusta a las pretensiones previas a un partido. De esta manera se rechaza todo aquello que la Teoría de la Complejidad nos ha enseñado desde su desarrollo. Entre tantas lecciones, creo pertinente recuperar una reflexión de las doctoras Natalia Balagué y Carlota Torrents, hecha pública en el formidable libro Complejidad y Deporte, publicado en 2011, bajo el auspicio de la editorial INDE, especializada en temas relacionados con la educación física y el deporte: “En los sistemas complejos las relaciones entre los componentes varían con el tiempo y pueden ganar o perder importancia. Incluso el resto de los componentes puede adaptarse para substituir una función determinada, como sucede en el proceso de reinervación (formación de nuevos pies terminales en las motoneuronas para inervar fibras musculares vecinas que han quedado huérfanas) que se da en el cuerpo humano después de una denervación. Por lo tanto, mientras que los sistemas complicados pueden ser reducidos a la suma de sus elementos constitutivos (y dichos elementos a su vez descompuestos en un número finito de subelementos), los sistemas complejos no responden a esta característica. Sin embargo, ésta es habitualmente la estrategia que se sigue para comprender las funciones y el comportamiento del organismo humano…”

    -. Replicar comportamientos pasados es una utopía, es un irrespeto a los procesos de cambio que definen nuestra existencia. Croacia realizó un gran mundial hace cuatro años, sin embargo, la mayoría de las explicaciones referidas a sus posibilidades en el presente no se ajustan al presente sino a aquel episodio que habita en la neblina del recuerdo. Lo mismo puede decirse de Francia y de cualquier otro equipo al que se mire desde la óptica de las memorias. Las similitudes que se observan entre distintos episodios competitivos, como por ejemplo la selección croata avanzando de ronda tras los lanzamientos desde el punto penal, no son más que una semejanza con el ayer. El ser humano cambia a cada segundo, por ello, un equipo que está integrado por seres humanos que ejercen de futbolistas, no reincidir en su rendimiento sino tener elementos en común.

    -. Al fútbol vamos para emocionarnos, para sentirnos parte de algo y para distraernos. De la misma manera que asistimos al cine, a un concierto o nos sumergimos en un libro. No obstante, en el fútbol, aconsejados por los mercaderes de la mediocridad, sentimos la necesidad de encontrar certezas y desligarnos de la sorpresa, a pesar de que, en realidad, cada una de esas actividades a las que acudimos para enriquecer la existencia, cuenta con ese elemento destinado a asombrarnos. Un partido de fútbol es incertidumbre pura y dura, porque lo juegan seres humanos, lo que significa que la atención está puesta en las reacciones de cada uno de ellos, bajo la noción colectiva de este deporte, ante cada circunstancia. El fútbol, aunque le moleste a los agoreros que confunden azar con conocimiento, es circunstancia, es hoy, es incertidumbre, pero también es una fabulosa batalla entre las intenciones y lo posible. Alejarse de la emoción que produce la aparición del imprevisto nos convierte en seres cínicos y pedantes, a los que, como cantan Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, todo les es sufrido y muy aburrido.

    -. “Es previsible, visto lo que hizo Alemania y lo que hizo Japón, que Marruecos intente presionar lo más arriba a la selección española para provocar que tenga que sacar el juego desde atrás, pasando por el portero, por los centrales. España todavía no ha dado un pelotazo. Si lo hubiera dado en el primer gol de Japón, a lo mejor la situación hubiera sido otra. ¿No lo va a dar? O sea, ¿esto es absolutamente descartado en todas las situaciones?” Esta fue una de las preguntas hechas a Luis Enrique en la rueda de prensa previa al partido frente a Marruecos. Eso no es hablar de fútbol porque para debatir sobre este deporte hay que partir de la base de que juegan seres humanos que ejercen de futbolistas, por lo tanto, cualquier decisión que alguno de ellos tome tiene, entre tantos condicionantes, la posición de sus compañeros, el fútbol que siente, los infinitos estados emocionales y las circunstancias del partido. Ningún entrenador que se precie de serlo puede prohibir que un futbolista actúe según lo que crea conveniente. Por supuesto que hay una estrategia y también están las tácticas y las sugerencias, pero jugar es adaptare a las circunstancias y la comprensión del fútbol se sostiene en saber identificar qué comportamiento es el adecuado para todo aquello que emerge, que nace, que se presenta. Este es el mismo periodismo del fútbol, que no de fútbol, que hoy, en un medio publica que, tanto Alemania como Dinamarca, “han perdido la oportunidad de seguir adelante por no pasar por el aro como las demás y distraerse con detalles como taparse la boca en una foto antes de que comenzara un partido como protesta por la decisión de no poder lucir el brazalete con el lema ‘One love’ en apoyo a la comunidad LGTBI”. Son días muy duros los que viven los medios de comunicación. Inducidos por los intereses del gran negocio, pero también por la imbecilidad de quienes hacen todo lo que está a su alcance por ganar cierta notoriedad, habitan cómodamente en el ridículo. Notorios, no notables…

    «¿Qué dice sobre la vida el que tengamos que reunirnos y contarnos historias que violan todas las leyes del universo solo para pasar el maldito día?» Rust Chole, True Detective

  • Naufragio catarí: Día 14

    Naufragio catarí: Día 14

    -. El mundial es la fiesta de hinchas, espectadores, público, las grandes empresas y el periodismo. No es la de los futbolistas ni la de los entrenadores, aunque sean ellos los protagonistas del sarao que monta FIFA cada cuatro años. El calendario del evento catarí es la mayor prueba de que ninguno de estos invitados a esta celebración se ocupa de la comodidad de las estrellas del juego. Lionel Scaloni se quejó, y con toda razón, del escaso tiempo que tuvo para preparar el duelo de octavos de final ante Australia, ya que su equipo apenas tuvo dos días completos para prepararse. Debe recordarse que el cansancio del futbolista no es únicamente físico sino que afecta al cerebro, ese músculo en el que se cuecen todas las decisiones que toma cualquier ser humano. La fatiga cognitiva es el desgaste posterior a un episodio que requiere máxima atención y concentración, y que como cualquier otra muestra de agotamiento, requiere tratamiento. Pero FIFA y sus sabios integrantes del Comité Técnico prefieren ver hacia otro lado. Dos días, léase bien, no es un período suficiente para ocuparse del agotamiento de un futbolista que se encuentra inmerso en una dinámica competitiva de alta exigencia. Tampoco debe olvidarse que en otros contextos, algún aspirante a gran entrenador echó a renombrados especialistas en recuperación de lesiones porque según su criterio, ellos eran los responsables de esos accidentes, obviando el papel de los condicionantes emocionales en la salud del ser humano. Volvamos al caso argentino para comprender cómo FIFA y sus empleados desprecian al futbolista con el calendario. El futbolista, tras un partido como el que enfrentó a los argentinos y polacos, vive una fuerte dificultad para conciliar el sueño. Esto, además del desgaste físico, obliga a que la sesión de entrenamiento tras ese duelo esté enfocada en la recuperación y los trabajos sean de menor exigencia. A esto hay que sumarle una creencia dentro del fútbol de alta competencia que indica que es en el segundo día tras el partido cuando el jugador siente de manera más fuerte los rigores del agotamiento. Aún así, para Scaloni, ese día fue la última oportunidad para entrenar de cara al partido por los octavos de final. En resumen, el seleccionador argentino apenas tuvo dos entrenamientos y estos se llevaron a cabo en los días que normalmente son clave para la recuperación. Sepa el lector que escribo estas líneas antes del partido y que las mismas no tienen como objetivo excusar al combinado sureño; mi intención es recordar que en mundiales anteriores sí se hacía una pausa entre la fase de grupos y el comienzo de los octavos de final; hoy en día, la nueva FIFA de Gianni Infantino no tiene mayor interés en proteger a los artistas y protagonistas del show. Otro argumento más, como la prohibición a cualquier manifestación en favor de los derechos humanos, a favor de quienes creemos que la industria del entretenimiento se impuso al deporte. Crece la deshumanización del fútbol que comandan los mercachifles de toda la vida.

    -. En la sencillez se esconde una gran cuota de belleza. El gol de Lionel Messi a Australia fue eso, la finura de algo que para él es natural. Ni un gesto demás ni la búsqueda obstinada de la potencia; un disparo raso, colocado, de trayectoria perfecta. Messi es la costumbre de lo sencillo. Podría destacarse que Argentina cambió y que sus laterales interpretaron correctamente la responsabilidad de ensanchar el campo y hacerlo a diferentes alturas; estuvo también un renacido Alejandro “Papu” Gómez que intentó asociarse con todos y no solamente con el diez, y, cómo no, Julián Álvarez, que con algunos de sus movimientos hizo recordar al eterno Adolfo Pedernera cuando Carlos Peucelle le sugirió salir del encierro que le proponían los centrales rivales para adentrarse en el juego de sus compañeros. Sin embargo, hoy esto va de Messi y la facilidad para brillar dando la sensación de ser un economista de sus esfuerzos. El siempre admirable Alejandro Dolina dijo, en relación a la comparación entre Maradona y Messi que “Maradona es un héroe clásico. No es un tipo que salva a un gatito que está en un árbol. Es un tipo que pone todo lo que tiene en defensa de algo, lo conectas con un héroe clásico, incluso en sus errores y en su signo trágico. Messi no tiene épica, está por encima de eso. Está por encima de los vaivenes del héroe. Es tan bueno Messi que no necesita gestos heroicos, no necesita tanto. A Diego cada gol le costaba mucho más que a Messi, por eso lo amamos, por eso nos gustan más sus goles. Son más complejos. Los goles de Messi son muchísimos y es tan bueno que no necesita más que eso. No necesita ser un héroe para hacer ochocientos goles. Messi es una persona más propia de la eficiencia de nuestros tiempos, es más bien una maravilla técnica”. Mientras la banalidad llena horas debatiendo inútilmente si el capitán argentino es mejor que otros, le pido al lector que vea nuevamente el gol ante los australianos y piense en la economía según Messi, en la sencillez para crear un hecho tan bello como eficaz.

    «¿Donde está la belleza? Allí donde uno tiene que querer con toda la fuerza de voluntad; allí donde uno quiere amar y perecer, para que tal imagen deje de ser nada más que imagen. Amar y perecer; desde todas las eternidades lo uno está ligado a lo otro». Friedrich Nietzsche

  • Naufragio catarí: Día 13

    Naufragio catarí: Día 13

    -. No encuentro en el ámbito de las selecciones nacionales a un equipo con mayor relación con eso que llaman épica como Uruguay. En la historia encontramos grandes versiones del conjunto charrúa que, además de vencer, son todavía referencia a estudiar dada su capacidad para innovar en el fútbol. Los trofeos olímpicos de 1924 y 1928, así como la Copa Mundial de 1930, son prueba de ello. Otro ejemplo es el de José Piendibene, al que la minuciosa investigación de Martí Perarnau para su libro “La Evolución Táctica del Fútbol, 1863-1945. Descifrando el código genético del fútbol a través del falso 9”, coloca precisamente como el primer futbolista que ejerció ese rol. También, durante el primer mundial de la historia, sacaron provecho de la regla del fuera de juego como ninguna otra selección. Aún así, Uruguay y su rica historin parecen estar, desde hace décadas, más a gusto apoyándose en episodios relacionados a lo heroico, como lo demuestra el apego al “Maracanazo”, que al desarrollo del juego o a las capacidades de sus grandes futbolistas. En 1990, cuando estaban por cumplirse cuarenta años de la obtención de su segundo trofeo en los mundiales, un periodista brasileño se trasladó hasta Montevideo con el objetivo de entrevistar al inolvidable Obdulio Varela. En el relato que reproduce Andrés Cantor en su libro “Goal!”, el reportero tuvo que insistir varios días para que el “Negro Jefe” accediera a conversar. Las palabras de Varela no pudieron ser más claras: “El Maracanazo fue un accidente. Es un error creer que durará por siempre… Hizo que el fútbol uruguayo durmiese la siesta”. Ese letargo al que hizo referencia el gran capitán parece no terminar. El futbolista uruguayo, técnico e inteligente, crece en un ecosistema que les induce permanentemente eso que llaman “Garra Charrúa”, que, palabras más, palabras menos, tiene parentesco con otra de las grandes tonterías que se recuerden: la furia española. En momentos en los que las emociones y las tripas lideran cualquier intercambio, Diego Latorre se atrevió a preguntar por qué Uruguay, a pesar del caudal de talento de sus futbolistas, se muestra reacio a jugar de una manera más asociada, cuidando, por ejemplo, las distancias de relación, las diferentes alturas al posicionarse y las conducciones- Uruguay, aunque le pese a los relatores del drama, fue una nación pionera en la comprensión de este juego. Ojalá retomen ese camino, que fue tan suyo, pero que hoy, bajo la hipertrofia de la épica, parece lejano. La garra, la voluntad o el nervio están bien siempre que estos acompañen al juego. Sin juego, todo lo demás será parte de un relato sin mayor condimento que la ilusión de todo aquello que pudo ser pero no fue.

    -. La historia de los esquemas tácticos en el fútbol es un resumen de cómo encara el ser humano una serie de momentos límite. Desde los primeros, el 1-10 o el 1-1-9, la evolución de este juego ha estado dirigida hacia el propio arco. No digo protección porque si algo ha demostrado la historia es que no hay una sola fórmula que garantice un resultado, sea una victoria o evitar que el oponente llegue a zonas de remate. No obstante, el proceso a través del cual se han ido sumando futbolistas a la línea de defensores ha sido algo aceptado por la totalidad del mundo futbolístico. Ahora bien, en esta dinámica parece que nos hemos olvidado del único objeto móvil de los que componen este juego: el balón. Quienes más atención han puesto a esto son Paco Seirul.lo, Joan Vilà y aquel fabuloso equipo de trabajo que armaron en el FC Barcelona, que derivó en la teoría de los espacios de fase en el fútbol: “A lo largo de la historia de este juego nos hemos ido olvidando del balón. Nosotros queremos ver si, entendiendo que el balón es la energía del juego, cómo nos organizamos de una determinada manera en torno a la pelota. Puede ser de distintas formas. Un compañero nuestro tiene el balón, que está en una fase del balón (fase 1), unos cuantos están en el retorno del balón por delante, comandado por otro el balón (fase 2), y hay otros que están alejados del balón, que están en distintos espacios alejados del balón(fase 3). Entonces, fase 1 (zona de intervención), fase 2 (zona de ayuda mutua) y fase 3 (zona de cooperación). Hay distintas zonas: lo definitivo son los espacios entre los distintos jugadores que están haciendo distintas funciones. Esto tiene que ver con física ecológica. Hay un entorno respecto a un elemento que es fundamental (el balón), entonces hay que estudiar qué elementos son necesarios para seguir disponiendo del balón para llegar al área rival y meter gol”. El recorrido de los esquemas tácticos nos enseña que hemos ido reduciendo nuestro propio espacio en favor de la acumulación de jugadores en un territorio reducido, pero en el camino nos hemos dejado la más importante de las nociones: el balón se mueve y normalmente lo hace de forma más rápida que los futbolistas, por lo que la visión de Seirul.lo, Vilà y otros por lo menos debería llevarnos a plantearnos si al fútbol lo pensamos en su totalidad o si nos dejamos seducir por soluciones que brillan pero que no estimulan los procesos reflexivos.

    “Edmund Hillary. Lo arriesgó todo para llegar a la cima. Y cuando finalmente estuvo en la cima del mundo, ¿sabes cuánto tiempo pasó? Quince minutos. Toda esa emoción, anticipación, sangre, lágrimas y dolor insoportable… todo por unos míseros quince minutos. Y en su camino hacia abajo, él y Tenzing, su fiel sherpa, celebraron con sopa. Es la escalada… todo se trata de la escalada”. I’m dying up here

  • Naufragio catarí: Día 12

    Naufragio catarí: Día 12

    España tocó y tocó. Dio una infinidad de pases. Pero extravió la razón por la cual un equipo se pasa el balón. Hoy toca video y mañana volverán las letras.

    «Los malos cambiaron, pibe. Son como esas máquinas tuyas: están en todas partes, pueden hacer cualquier cosa y no se entiende cómo funcionan». Los Motivos del Lobo

  • Naufragio catarí: Día 11

    Naufragio catarí: Día 11

    Argentina sufre y pasa. Juega finales desde la segunda jornada por errores propios. Aún así, su entrenador, Lionel Scaloni ha mostrado la calma suficiente para navegar el mar de emociones e intervenir en su equipo de la manera que es posible en este tipo de torneos: meter mano en el equipo. Los equipos campeones del mundo son ejemplo de que no existe un once fijo. Para ahondar, hoy dejo video:

    «La realidad de los fantasmas reside en su inexistencia».

  • Naufragio catarí: Día 10

    Naufragio catarí: Día 10

    -. La vida del entrenador de fútbol es muy dura. Cada uno de ellos tiene el objetivo de conducir a su equipo hacia la mejor versión posible, una tarea harto complicada si se parte del concepto de que quienes juegan son seres humanos y esto encierra innumerables obstáculos. El hombre-futbolista es un ser que intenta navegar en la incertidumbre y la no linealidad de la vida; todo aquello que hoy le resultó beneficioso lo puede condenar en el siguiente episodio competitivo. ¿Qué es lo que mejor nos describe como especie? El sometimiento al entorno. No existe un manual de instrucciones, aunque los mercachifles de la autoayuda vendan lo contrario, que nos guíe en la búsqueda de aquello que tanto ansiamos. Es allí cuando cobra importancia la figura del maestro. Cualquiera puede enseñar a multiplicar o a parar una pelota con el pecho, pero únicamente aquellos que comprenden que la enseñanza va más allá de la retención de determinadas instrucciones pueden considerarse maestros. No es cosa sencilla porque a la transmisión del conocimiento hay que acompañarla con pasión y paciencia; el viaje del aprendizaje requiere de una enorme capacidad de seducción. En su rol como columnista invitado en el portal The Athletic, Ryan Babel posó su atención en Cody Gakpo y escribió lo siguiente: “Es bueno para él que el entrenador de la selección sea Louis van Gaal. Nunca llegué a trabajar con él, pero en Holanda describen a Van Gaal como un verdadero maestro de escuela de un entrenador: te dirá si te equivocas, pero también te da flores si lo hiciste bien. Muchos buenos entrenadores, especialmente en el nivel más alto de fútbol, ​​no tienen tiempo para enseñar cosas nuevas a los jugadores y cómo pueden mejorar, se centran más en las tácticas del equipo y el resultado del partido. Van Gaal es diferente, quiere asegurarse de que los jugadores mejoren y desarrollen sus fortalezas y debilidades. Por eso es un entrenador especial.” Cuando finalice la participación de Países Bajos en el mundial, Van Gaal se marchará hacia el que probablemente sea su retiro final. Lo hará con triunfos y derrotas en su mochila, aunque también con la tranquilidad de haber sido un gran maestro. Gracias, don Louis, siempre positivo…

    -. No hay mayor prueba de la hipocresía en el fútbol que la banal discusión alrededor de la implementación del fuera de juego automático. No se olvide que la masa aplaudió desaforada la llegada del VAR o Árbitro Asistente de Video. Celebraron en nombre de la justicia, sin reparar en que, lamentablemente, la ecuanimidad no es algo que defina el paso del hombre por este mundo. La búsqueda de la justicia es una obligación y con toda seguridad sea el rasgo más característico de aquellos seres que admiramos por su nobleza. Sin embargo, la vida nos enseña a convivir con abusos, atropellos y el error humano, y con el paso del tiempo aprendemos a levantarnos, a rebelarnos y a no rendirnos ante la fuerza de éstos. Estos falsos defensores de la bondad se sumaron a la causa tecnológica porque el poder se los exigió, no porque creyeran en un mundo equitativo y honrado. Aí lo demuestra a evidencia: bastó un puñado de partidos para exigir otro avance más, en la forma de las conversaciones que se producen en la sala VOR, porque, como cada ladrón juzga por su condición, tampoco creen en la honestidad los árbitros encargados de manipular la tecnología. Llegados a este punto, ese rebaño de influenciadores ha caído en la adicción tecnológica, la misma con la que comercian las grandes marcas, y que tanto afecta la sociabilidad de los niños. Con el fuera de juego automatizado estallaron sus conectores y se les han caído la máscara: nunca persiguieron esa hermosa utopía que es la justicia; lo que en realidad desean es una herramienta que les permita tener la razón. El último avance tecnológico adoptado por FIFA es, junto a la tecnología del gol, la más precisa porque actúa según la ley del juego. Su aplicación destierra el margen de error que la interpretación de un referí. Aún así, estos opinadores sin oficio se siguen quejando, porque, cómo dice un amigo argentino, “no hay palo que les venga bien”.

    “La utopía está en el horizonte. Yo sé muy bien que nunca la alcanzaré. Si yo camino diez pasos, ella se alejará diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Fernando Birri, cineasta argentino