Autor: Ignacio Benedetti

  • Evitar que nues…

    Evitar que nuestros prejuicios y limitaciones impidan ver las posibilidades actuales (circunstanciales) y ayuden a descifrar las futuras (potenciales) sería la actividad capital de todo técnico de fútbol.

    Oscar Cano Moreno. El juego de posición del F.C. Barcelona

  • Podemos vivir c…

    Podemos vivir creativamente, no pese a la incertidumbre sino debido a ella. La incertidumbre puede inspirarnos porque crea condiciones en las que debemos elegir. Nos brinda libertad y establece las condiciones necesarias para que asumamos nuestra responsabilidad

    Danah Zohar e Ian Marshall

  • El substituto de Farías

    La más que probable salida de César Farías de la Vinotinto ha desconcertado a muchos, sobre todo a quienes pensábamos que su continuidad estaba asegurada. Sorprende además que al mencionar los posibles candidatos para sucederlo, solo se tome en cuenta la cantidad de trofeos que estos han logrado sin reparar en cómo han jugado sus equipos, olvidando que la valía de un entrenador no se cuantifica en medallas sino a través de la construcción de un modelo de juego acorde con sus futbolistas. No pretendo restarle importancia al papel del director técnico, pero sí creo necesario recordar que su elección comprende algo más que una manifestación de gustos o caprichos y la FVF así debe entenderlo.
    La nacionalidad del futuro técnico no debería ser un valor tan importante, y por ello prefiero ocuparme en las virtudes que este debe poseer. Un seleccionador es justamente eso, alguien que debe tener la capacidad de identificar el momento que vive cada uno de sus futbolistas para así conjugar esa actualidad con las cualidades innatas de cada jugador y las relaciones que se sucedan en el terreno de juego.
    Esto quiere decir que el seleccionador debe tener la fortaleza de tomar decisiones que beneficien a la idea de colectivo. No es un trabajo sencillo porque la FIFA se ha encargado de restarles tiempo de preparación a los conjuntos nacionales y por ello los seleccionadores no cuentan con las horas de entrenamiento necesarias para transmitir todo lo que desean.
    La repetición del término seleccionador no es casual. Hay que tener en cuenta que el DT de un equipo nacional es justamente un seleccionador, alguien que idealmente atesore la capacidad y la madurez de elegir futbolistas sin reparar en amistades o compromisos; si lo prefiere, un seleccionador es una especie de coleccionista de futbolistas. No basta sumar trofeos o distinciones, hay que ir más allá y considerar todo lo que lo caracteriza, como, por ejemplo, la relación con los jugadores, su salida de los equipos, su manejo ante la prensa y su adaptabilidad a los recursos; es decir, a las cualidades de los jugadores.
    Saque usted su conclusión acerca de cuáles de los candidatos cumplen con los requisitos que señalo en este espacio. Hay otras condiciones que exploraré en próximas entregas y que seguramente harán que vayan desapareciendo nombres. Eso sí, le recuerdo que este ejercicio que hacemos es solo eso, un juego, ya que seguramente la FVF ya ha hecho su elección.
    Columna publicada en el diario Líder el jueves 28 de noviembre de 2.013
  • La dualidad Esquiveliana

    Una de las más viejas y extraordinarias dudas existenciales de la humanidad es aquella que tiene que ver con la creencia en el libre albedrío y, a la misma vez, en una figura superior que según las distintas religiones tiene ascendencia directa en nuestra existencia, siempre a su criterio y a veces influenciado por el pedido de quienes creen en él. Son dos conceptos antagónicos cuya convivencia podemos medianamente comprender en el marco de la filosofía.

    En el fútbol venezolano existe una dicotomía similar. La empresa que desde hace unos años viste a la selección nacional ha hecho suya una frase excepcionalmente populista: «Vinotinto somos todos». No hay duda de que la misma puede entenderse como un llamado a sumar voluntades que apoyen al equipo nacional, pero para que ese plan publicitario influya en los posibles consumidores, debe contar con el convencimiento de todos aquellos encargados de convertir a la Vinotinto en un producto digerible, popular y permeable al público en general.

    Esa frase que representa un deseo de buena voluntad y a la misma vez una limitación creativa sorprendente – en este país todo “somos todos” – choca con la intransigencia de los encargados de conducir al equipo que ellos visten. La intolerancia a la crítica, su incapacidad para adaptarse a los tiempos que corren y la necesidad de ver conspiradores en cualquier manifestación contraria a sus intereses quedaron desnudas cuando el Sr. Rafael Esquivel, presidente de la FVF, instruyó a un grupo de hinchas disconformes con su gestión a «dedicarse a ver los partidos», o cuando acusó al director de este diario, el Sr. Jován Pulgarín, de hacer una campaña en contra del fútbol venezolano porque, siempre según el poco original discurso del Sr. Esquivel, señalar las miserias que caracterizan nuestro fútbol es ir en contra de su persona.

    A Luis XIV, antiguo Rey de Francia, le atribuyeron aquella barbaridad de que «el Estado soy yo». Hoy en día hay historiadores que sugieren que el monarca francés no pronunció aquella frase, y para ser honestos, tampoco lo ha hecho nadie en la FVF, pero queda claro que esa consigna bien podría definir lo que piensan algunos protagonistas de nuestro balompié. Lo extraordinario de todo esto sería lograr compaginar aquello de que el fútbol es el Sr. Esquivel pero la Vinotinto somos todos. Podemos embarcarnos en esa búsqueda, pero mi instinto me hace pensar que antes de resolver esa cuestión puede que le encontremos solución a otras dudas existenciales como la que enunciaba al inicio de este escrito.

  • Frases de Juanma Lillo

    En unos días pasaré en limpio algunas consideraciones de una charla que sostuvimos Alex Couto Lago, Iñaki García, Joan Barriach y yo con Juan Manuel Lillo, «Juanma» hace unos meses en las afueras de Madrid. Mientras encuentro el tiempo, coloco esto que encontré en el blog «Fútbol base… y asuntos sociales».

    ¿Por qué Lillo? Porque no sabemos nada, y como dice Leszek Kolakowski, «el objetivo que nuestro conocimiento persigue es la ignorancia consciente…». Juanma ayuda a recordar esa verdad y por ello me encanta recordarlo.

    Juan Manuel Lillo y algunas de sus expresiones:

  • El primer paso

    La reunión entre directivos de equipos venezolanos llevada a cabo la semana pasada en la ciudad de Barinas ha abierto la caja de los truenos. El simple hecho de que una mayoría de los participantes de la primera división hayan acordado aumentar la frecuencia de esas juntas para así dar forma, paso a paso, a lo que se conocería como la liga de fútbol, nos invita a recordar a Anselmo de Canterbury y una de sus frases más conocidas: «no quiero comprender para creer, sino que creo para poder comprender».

    Nuestro fútbol profesional es, como expresaba la semana anterior, la mayor muestra de indolencia del deporte rentado venezolano. Sólo hay que conocer los reclamos de cada uno de los directivos que hicieron acto de presencia en Barinas para comprender la penuria que caracteriza a nuestro balompié. Para muestra un botón: tanto el béisbol como el baloncesto tienen acceso a los dólares preferenciales que otorga CADIVI, lo que les ayuda a contratar mejores jugadores importados y/o técnicos, y adicionalmente, invertir en las instalaciones deportivas. En cambio, el fútbol venezolano es una arena de competencia desleal en la que equipos como Caracas, Táchira o Yaracuyanos, por nombrar sólo a tres, rivalizan con otras instituciones que, por estar ligadas íntimamente al poder público, gozan de un presupuesto mayor sin que éste sea aprobado por quienes eligieron a esos funcionarios que deciden el destino de ese dinero.

    Vuelvo a San Anselmo porque quiero creer en la buena intención de quienes visitaron Barinas con la voluntad de ver a sus colegas como potenciales socios y no como enemigos. Lo digo porque en el país que vivimos ya no nos reconocemos como adversarios sino como oponentes hostiles que nos queremos quitar hasta el aire. Y sólo hago referencia al tema CADIVI porque para que se reconozcan todos como copartícipes de una misma empresa, las cuentas deben estar claras y las intenciones deben ser, cuando menos, similares.

    Crecer, perfeccionar este negocio y entender que la creación de una sociedad sólo puede nacer desde los acuerdos y la aceptación de las diferencias, son apenas algunos de los requisitos que deben consentir y respetar estos dirigentes. Hoy se han ganado la curiosidad y el beneplácito de una buena parte de la hinchada, y la misma Federación da a entender que acusó el golpe con el invento de una liga sin pies ni cabeza presentada este mismo martes. Apuesten a la serenidad y recuerden que Esquivel piensa en cien metros; ustedes deben planificar una maratón.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 14 de noviembre de 2.013

  • La liga, la verdad y la mentira

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    – Para que exista la mentira también debe existir la verdad. El bien sólo es tal si se compara con lo que conocemos como el mal. Uno necesita del otro para justificar su existencia. ¿De qué serviría si toda conducta humana fuese parte de aquello que conocemos como el bien? ¿Podríamos hablar del bien si no conocemos su alter ego?

    – Si en cada virtud podemos encontrar un pecado, podemos asegurar que en cada verdad hay una mentira. Puede que parezca contradictorio pero reitero, ambas situaciones conviven y se necesitan para subsistir,

    – Sócrates, según Leszek Kolakowski, establecía que «es impensable que el hombre haga el mal por voluntad propia a sabiendas de que hace el mal; si comete algún mal, lo hace por ignorancia; si sabe lo que es bueno, hace el bien«. Contextualizando, y siempre según Sócrates, Rafael Esquivel y sus socios no tendrían conciencia del desastre que es su gestión porque en ningún momento han tenido la voluntad de crear este caos que vive el fútbol venezolano.

    – Si comprendemos que la búsqueda de la verdad es uno de los grandes motores de nuestra existencia, entonces podemos pensar que la mentira es simplemente la pirotecnia destinada a distraer al público mientras quien la vendió como verdad construye su propia ilusión de la realidad. Ese oasis, con el permiso de Sócrates, no ha podido disimular la incapacidad de la dirigencia venezolana ni tampoco, en muchos casos, su intención de hacer daño, es decir, de hacer el mal. Puede que desde la FVF quieran recordar a Nietzsche y expresar que la verdad no es mas que un conjunto de ficciones de la filosofía o simplemente juegos del lenguaje, pero en ese caso dudo que en las oficinas de Sabana Grande defiendan su gestión a partir de los enunciados del autor de «Zaratrustra» o se escuden detrás de lo que para Nietzsche eran las verdades: simples metáforas.

    – La foto que adorna este escrito ejemplifica la relación existente entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal, la comedia y la tragedia. En ella hay elementos verdaderos como que ese evento se llevó a cabo y su existencia, vista desde el punto de vista de la marca de telefonía, es real y verdadera en cuanto a la intención de patrocinar al deporte profesional venezolano. La empresa, o mejor dicho, el origen de su participación, es indiscutible porque se limita a una simple relación de intercambio comercial. Da dinero para que su nombre se asocie al evento. Simple.

    – La parte oscura la pone en la mesa el socio, en este caso, la FVF. La mentira, aquella que va asociada con el nombre de la transacción – liga de fútbol- se muestra como lo que realmente es, una mentira, y forma parte de la tragedia denominada fútbol venezolano. Es la anti virtud porque esta nueva relación comercial esta siendo manipulada por quienes necesitan dar un golpe de autoridad, entonces, su origen es totalmente distinto al que plantean en su discurso. Lo dicho, pirotecnia para la distracción del idiota de turno. Nace, convive y se sostiene gracias a un aporte económico y al silencio de quien prefiere callar, silencio que favorece a los intereses de la mentira y la mala intención.

    – ¿Nació la liga venezolana de fútbol? No. Pero el hecho de bautizar un acuerdo económico con ese nombre sirve para, como dicen en el sur, demostrar quien la tiene más larga. Hoy Esquivel, su directiva y sus secuaces han dado a entender que el camino hacia la creación de una liga no será sencillo, es más, en la reunión de Barinas estaba presente el delfín de Esquivel y su presencia sirvió para potenciar la rápida reacción del presidente de la FVF, entendida esta rebeldía como una verdad pero que al fin y al cabo es otra de sus tantas mentiras. ¿Por qué es mentira? Porque no existe tal liga, pero la mentira le ha servido para señalar una verdad: Esquivel es quien tiene el poder, los contactos y el dinero.

    – Entonces, repasemos el origen del evento de hoy. Una compañía desea participar, como patrocinante, del evento futbolístico. Esa compañia, con la intención de asociar su producto al deporte, hace entrega de unos recursos económicos y luego, gracias a ese aporte monetario, establecerá que su asociación ha beneficiado a esta actividad. Con el paso del tiempo descubriremos si tal aporte fue de la magnitud e influencia que anuncian.

    – Por otro lado, la FVF, con la necesidad de contrarrestar el efecto causado por la primera reunión de clubes de primera división, no encuentra otro recurso que la mentira. Miente cuando utiliza el término Liga a su favor; miente cuando manipula el aporte de la compañía telefónica a su conveniencia para así utilizar la palabra «liga» sin siquiera especificar de qué se trata, y mienta cuando dice que la reunión de los clubes no le preocupa en lo más mínimo. En fin, que verdad y mentira van de la mano, sólo que esta vez queda claro quien detona los fuegos artificiales.

    Foto encontrada en la web, créditos a quien corresponda

  • El futuro de nuestro fútbol

    El fútbol venezolano es una caja de sorpresas y la más clara muestra de desidia y ausencia de planificación en el deporte nacional. No me refiero al fútbol de selecciones, ya que el progreso obtenido en esa área es palpable, escaso pero palpable al fin; hago mención al fútbol de equipos – no de clubes porque en nuestro país puede que hayan máximo dos exponentes de esa manera de entender este deporte – y a las miserias que lo caracterizan.

    Cada fin de semana se suman nuevos ejemplos que corroboran lo mencionado anteriormente: mal juego, arbitrajes desastrosos, violencia y estadios vacíos que además no están en condiciones para jugar al fútbol. A ello hay que sumarle el show semanal, aquel que protagonizan los equipos y las imperdonables deudas económicas con sus jugadores, pronunciamientos del Consejo de Honor que nadie comprende, una Copa Venezuela que no se transmite y un desprecio por la discusión futbolera, alejándola del juego para acercarla a espacios ocupados por la prensa rosa. Ese es nuestro fútbol, pero aunque usted no me crea, no tiene porque ser nuestro futuro.

    Muchos de nosotros vivimos con emoción el cambio en el juego y de resultados que caracterizaron al ciclo de Richard Páez. Hasta la llegada del técnico merideño se daban episodios como que la selección uruguaya fuese local en el estadio Brígido Iriarte en un partido de eliminatorias. Pero eso cambió con Páez y se mantuvo con César Farías. Los futbolistas venezolanos empezaron a ser reconocidos y la camiseta vinotinto por fin fue ese ícono que tanto nos hacía falta tener.

    Pero a esos jugadores que cambiaron la dinámica de nuestra selección les toca ahora una dura misión. Ellos, como figuras que iniciaron este avance, deben ocuparse de nuestro fútbol, el de verdad, el de todos los fines de semana. Son ellos los que deben asumir las riendas de este deporte porque han sido quienes han sufrido en carne propia el desprecio de los dirigentes por nuestro torneo y por quienes asisten a él. Son estos vinotintos los que deben ponerse en campaña por un «fútbol mejor» que no será perfecto, pero no me quedan dudas de que tendrá una mejor cara que la actual.

    Ya Juan José Vidal y otros ex jugadores lo intentaron sin mucho éxito, pero hoy ha llegado el momento de los «Pájaro» Vera, los Mea Vitali, los Rey y otros que, con mayor peso mediático que «Cheché» y sus colegas, den inicio a la tan necesitada transformación de nuestro fútbol. ¿Por qué ellos? Porque ya saben lo que significa luchar con el viento en contra. El fútbol venezolano los espera

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 07 de noviembre de 2.013

  • Armonía y equilibrio

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    Parece que hago referencia a dos conceptos totalmente distintos, pero revisando el siguiente link se confirma que ambos son nociones similares: http://www.wordreference.com/sinonimos/armon%C3%ADa. Incluso en el fútbol, cuando se menciona a uno u otro, se hace con la intención de mostrar lo que debería ser un equipo y cual es el camino correcto para lograrlo.

    Me atrevo a decir que la armonía se consigue cuando una serie de conductas individuales se unen para transformarse en una única pauta por un momento; un único momento que puede durar sólo un par de segundos, los necesarios para, en un partido de futbol, someter y vencer al rival.

    Carlo Ancelotti hace referencia al equilibrio y lo define como «atacar bien y defender bien«. Su jugador, el francés Raphael Varane, añade aún más claridad al asunto cuando explica que «el bloque defensivo no es una cosa sólo de los defensas, es de todo el equipo«. Me parece que el francés ofrece una mejor visión de lo que debe ser un equipo de futbol y de como éste, según el pensamiento complejo de Edgar Morín, es un fenómeno indivisible, es decir, el fútbol como actividad compleja no puede ser analizado como si se tratara de un puñado de manifestaciones aisladas, inconexas.

    Momento de recurrir al diccionario de la Real Academia Española y a una de sus definiciones de armonía: «conveniente proporción y correspondencia de una cosa con otras». ¿No es esto a lo que se refieren Ancelotti y Varane, cada uno con sus palabras? Creo que sí, que en este caso ese equilibrio que exige el entrenador o el compromiso que pide el defensor tienen que ver con la búsqueda desesperada de la transformación del Real Madrid en un equipo y no en un muestrario de talentosos solistas. ¿Lo conseguirán? Quien sabe, pero el proceso promete ser muy interesante.

  • El retorno a la inocencia

    Lo que caracteriza a los procesos formativos es que en ellos la victoria no es el único objetivo. Es una obviedad que en estas etapas se desea ganar como en la fase profesional, pero en el camino, el conductor del grupo debe señalarle a sus dirigidos cada señal de aprendizaje que aparezca en el recorrido. Idealmente esto debería suceder en todas las divisiones del fútbol, pero ese sueño choca con entrenadores soberbios que dicen que ya no están para ser educadores, que lo suyo es ganar y nada más.

    La pronta y triste eliminación de la Vinotinto sub 17 del mundial volvió a reflejar nuestro desprecio por la reflexión. Más allá del resultado, creo que debemos detenernos a considerar algunos elementos que pueden resultar muy positivos. Por ejemplo: haber empleado un sistema de juego con tres defensores centrales y dos laterales/volantes es una opción táctica ignorada por más del 90% de los equipos juveniles de nuestro país, por lo que su empleo seguramente ha significado un gran aprendizaje para estos jóvenes valores.

    Otro aspecto a considerar es que estos muchachos lograron algo poco común en nuestro fútbol: completar la totalidad del ciclo competitivo, es decir, jugar, competir, triunfar y perder en Sudamérica y el mundo. Durante un corto espacio de tiempo, los integrantes de esta selección conocieron todas las caras de este negocio llamado fútbol. Fueron héroes y villanos, cracks y jugadores del montón, desconocidos y figuras publicitarias.

    Para estos chicos que hoy se sienten golpeados por la derrota bien vale el consejo de Marcelo Bielsa: «Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando

    Sólo queda aspirar a que la conducción Dudamel, con sus grises en la ultima etapa, haya sido lo suficientemente positiva para que la vuelta a la inocencia de estos futbolistas sea en total tranquilidad y no se repita el ejemplo de la sub 20 mundialista, la cual fue utilizada más para el ego de algunos que para las mejoras de esos chicos y de nuestro fútbol.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 31 de octubre de 2.013