Autor: Ignacio Benedetti

  • Fútbol, cambios y matemáticas

    Sigo pensando en la frase del español José Ortega y Gasset: «yo soy yo y mis circunstancias».

    Nos enseñaron a sumar sin considerar nada más que la agrupación de figuras, pero no se dieron a la tarea de enseñarnos a pensar. En matemáticas 2 + 2 es 4 y no hay lugar para dudas, pero en la vida no es así, hay muchas más cosas que considerar que un simple resultado.

    Pongamos el caso del fútbol. A nuestro equipo, que juega de determinada manera, le sumamos el mejor jugador del momento. Ese futbolista – Lionel Messi por ejemplo – llega con sus características propias pero al sumarse a este nuevo equipo lo hace habiéndose despedido de lo que su equipo anterior le aportaba y por ende, deberá encontrar una nueva relación de convivencia con sus nuevos compañeros y con el colectivo que estos integran.

    Messi, para continuar con el ejemplo, debe encontrar el camino para que sus virtudes y sus errores se acoplen a la vida de ese grupo que ahora es su nuevo equipo. Su éxito dependerá obviamente de esa aclimatación a una nueva manera de vivir, o en este caso, de jugar. Hasta ahora todo bien, ¿no? ¡Pues no!

    Así como Messi individuo y futbolista debe acostumbrarse a este nuevo escenario, el equipo y cada uno de sus integrantes – como grupo y como individuos – pasarán por el mismo proceso que el recién llegado. A partir de la aparición de ese nuevo componente el conjunto no será el mismo nunca más, y los seres que lo componen serán mejores o peores, pero nunca iguales a su versión anterior.

    La conclusión, si es que la puedo llamar así, es que la suma de estos elementos sigue dando como resultado un cuerpo, un organismo vivo que sigue su evolución y su proceso de cambio. Ninguno de los protagonistas de esta metamorfósis perderá su individualidad mientras que una vez sumergidos en el proceso de integración, sumarán virtudes y apoyos que en la soledad de la individualidad no obtendrían jamás.

    Las matemáticas no mienten, pero su existencia no debe condicionar nuestra capacidad de pensar e ir más allá.

  • Veo el mar y pienso en futbol

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    ¿De qué sirve jugar sin tomar riesgos? Un partido dura apenas noventa minutos; no vale la pena vivirlo condicionado por las dudas que nos han transmitido nuestros antecesores, hay que hacerlo con las ganas de aquellos que saben que se vive una sola vez. ¿Acaso el temor nos protege? ¡Todo lo contrario! Dejar que sea el miedo quien determine nuestros comportamientos traerá consigo grandes derrotas. Puede que antes que ellas lleguen se logre uno que otro triunfo que tape el bosque y nos haga creer que con el temor como bandera podremos avanzar.

    Hay que estudiar al rival y las circunstancias para jugar. Atacar y defender, ambas facetas como una sola conducta: jugar. Ataco el ataque rival para luego atacar su arquería. Esa conducta puede voltearse: defiendo mi ataque para que no sufra mi equipo. Juego y más juego, nada de momentos desligados el uno del otro. Continuidad, como diría mi amigo Alex Couto Lago.

    Eso es el fútbol; olvidemos los resúmenes y observemos la totalidad del partido para entender que pasó aceptando que lo que puede pasar en la próxima ocasión tendrá rasgos similares con el pasado pero nunca será igual. Este juego tiene principio y fin únicas verdades absolutas que en él encontraremos – pero entre una y otra todo pasa y nada pasa; es historia y por eso existe pero también es futuro y por ello no es, o por lo menos no ha llegado a existir

    «Yo soy yo y mis circunstancias». Lo dijo Ortega y Gasset y mejor que no lo olvidemos jamás. Jugadores, entrenadores, cancha, pelota, intenciones, emociones, contexto y mil cosas más.

  • De vacaciones

    El comunicado oficial fue enviado el miércoles pasado. En él se notifica que la Vinotinto no tendrá partidos amistosos en lo que resta de año y se explica que «así lo informó el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel, quien precisó que la decisión fue consensuada con los propios jugadores, luego del partido con Paraguay, que se realizó el pasado 11 de octubre”. Permítame afirmar que este es un documento que conspira contra la FVF más que cualquier columna de opinión.

    Aconsejo que se guarde esta declaración por varios motivos. El primero de ellos tiene que ver con lo que creo es el retorno a un conformismo que parecía desterrado desde tiempos anteriores a Richard Páez. Tanto él como César Farías planificaban encuentros amistosos en las etapas post eliminatorias, con la idea de probar jugadores y variantes de cara al futuro. Por ello queda la impresión de que la FVF prefiere un «salto atrás» antes que seguir alimentando un proceso evolutivo que no puede ni debe detenerse. Esto me hace recordar a un político que cuando fue ungido como candidato presidencial por su partido decidió pasar tres semanas de vacaciones porque se encontraba “muy cansado”. La historia no lo deja bien parado a aquel ex Gobernador.

    Insisto, ¿hay alguien que en su sano juicio piense que las metas se consiguen desde la inactividad y el mínimo esfuerzo? No olvidemos que hablamos de una selección, es decir, de un colectivo que se reúne muy de vez en cuando, por lo que cualquier oportunidad para crear sesiones de trabajo debe ser aprovechada. No se comprende que la respuesta al fracaso premundialista sea justamente lo contrario a lo que aconsejan aquellos que han recorrido el camino del éxito. Esa holgazanería se paga caro.

    Ahora bien, esta negativa a promover partidos amistosos puede estar motivada también porque aún no se tiene claro quien conducirá a la Vinotinto, lo que confirmaría los rumores que señalan que la posible continuidad de Farías ha perdido fuerza, o, sencillamente, no hay recursos económicos para afrontar esos compromisos.
    Sea la razón que sea, nuevamente queda sin utilidad esa hermosa frase publicitaria: «Vinotinto somos todos», ya que según Rafael Esquivel, ni usted ni yo podemos protestar por cosas tan básicas como lo que plantea el comunicado oficial del miércoles pasado, o que después de dos fracasos consecutivos, la selección sub 20 aun no tenga un conductor definido. Cosas del caribe, que se mezclan con el poder y la indolencia…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 24 de octubre de 2.013

  • Números que no mienten

    Catorce goles. Ese es el balance de la Vinotinto en toda la eliminatoria, pero según César Farías, es la efectividad y no la cantidad lo que debemos medir. Más allá del discurso oportunista, y tomando a las estadísticas como referencia, a esta selección le faltó gol, y quien no convierte goles no gana los partidos.

    El promedio es preocupante: menos de un gol por encuentro. Si además desmenuzamos esa cifra nos encontramos con que casi la mitad de esos tantos – seis para ser exacto – tuvieron su origen en un tiro libre. Se aplaude la utilización de la pelota parada como instrumento, pero vale recordar que no hay situación en el fútbol que sea más imprevisible que ésta, ya que para que dicha herramienta sea eficaz primero se debe generar una infracción a favor – que nunca podremos anticipar – para después ejecutar el tiro libre con una precisión que muchas veces no va de la mano con la intención del cobrador. Y por último, hay que superar estratégica y físicamente a una defensa que no sabemos como va a reaccionar. Como ven, es una situación muy difícil de concluir e imposible de prever.

    Pasemos a la efectividad. ¿Puede un entrenador influir en la contundencia de sus delanteros frente al arco rival? Categóricamente no. La labor de un técnico es ayudar a que sus jugadores encuentren, amparados en la táctica, los caminos para  producir ocasiones de gol. El remate, como toda culminación, no puede ser manipulado por quien no participa en él. Es una ley natural: a mayor cantidad de ocasiones de gol, mayores serán las oportunidades de convertir. Saber leer e identificar las cualidades de sus dirigidos para que estos desarrollen su mayor potencial es la condición que separa al buen entrenador del resto.

    Juan Arango, José Salomón Rondón, Nicolás Fedor, Mario Rondón, Rómulo Otero, César González, Josef Martínez, Yohandry Orozco, Luis Manuel Seijas, Richard Blanco, Jesús Meza, Giancarlo Maldonado, Alexander González, Angel Chourio, Frank Feltscher, Julio Álvarez, Edgar Pérez Greco, Yonathan Del Valle, Evelio Hernández, Angelo Peña, José Miguel Reyes, Pedro Ramírez y Juan Falcón. Veintitrés nombres para apenas catorce goles; veintitrés futbolistas – laterales, volantes y atacantes – asociados con la creación de ocasiones de peligro o la definición de las mismas; veintitrés jugadores para apenas ¡sesenta! disparos bajo los tres palos en un total de dieciseis partidos. Esas son las estadísticas que explican la eliminación y nos señalan el camino del cambio en la Vinotinto.

  • Algunos recién descubren el agua tibia…

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    «Hay que despojarse de la superstición estudiantil de que el estudio es una penuria. Alguien hace correr entre los estudiantes  – probablemente los maestros – que estudiar es una porquería, que es un veneno que hay que tragarse de golpe». Alejandro Dolina

    A muchos entrenadores de fútbol los acompaña esa intención de privar a la prensa y al público en general del derecho de entender y estudiar el fútbol. Son garantes de una falsa invencibilidad conceptual que los hace sentirse protectores de verdades que no son tales, mostrándose como los únicos capaces de hacer un diagnóstico futbolístico. Desconocen su realidad: son observadores privilegiados en la construcción de posibilidades de victorias de un colectivo y no, como muchos creen, el hilo conductor entre el triunfo y el jugador. Para defender su «divinidad», los entrenadores y analistas aliados creen haber inventado el agua tibia con aquella frase que dice que no todos los partidos son iguales. ¡Tierra a la vista! Cada día es distinto a otro, cómo no va a serlo cada partido. A pesar de los nombres, cada equipo sufre cambios en cada presentación. El hecho de no poder observarlos no condiciona su existencia.

    Pareciera que esa verdad que se aplica a nuestras propias vidas sólo afecta a la Vinotinto. Es tan flaca la defensa al modelo de juego implantado por César Farías que se olvida que las selecciones de Chile, Uruguay o Colombia, por ejemplo, también enfrentan la misma mutación, ¡son organismos vivos! Ahora bien, nadie en su sano juicio puede obviar la importancia del rival a la hora de planificar un partido, pero así como se estudia para neutralizar las intenciones de nuestro contendor, también debe hacerse lo mismo para sacar provecho de las debilidades del contrario. Esa capacidad de adaptación no significa un cambio radical en la idea de juego sino la suma de variantes a la misma, que esta vaya evolucionando según los tiempos del juego y no sólo por las inseguridades de quienes conducen.

    Ideas, estudio, reflexión y humildad. Cuatro patas de una mesa que debería ser el soporte de un cambio de ciclo y que hoy, hasta el momento, están todas ausentes.

  • Apuntes vinotinto: Venezuela 1 Paraguay 1

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    – Hace algún tiempo escribí que lo más duro que le puede pasar a un equipo de fútbol es morirse de nada. No es lo mismo perder un partido, o una clasificación, aplicando todas las fórmulas posibles que caer eliminado por no haber arriesgado lo suficiente. Habran quienes preferirán quedarse con la última manifestación de amor propio de los jugadores vinotinto ante Paraguay, pero también hay quienes no podremos olvidar todas las promesas que se hicieron en este proceso así como las oportunidades perdidas a causa de una terquedad que no permitió descifrar el mensaje de aquella noche paraguaya, cuando aún había mucho camino por recorrer y el tiempo necesario para introducir las variantes que sólo reaparecieron cuando ya el agua llegaba al cuello.

    – Consumado aquel triunfo, Farías anunció que se había planteado renunciar a la selección, desviando la atencion de lo que debía debatirse después de aquella magnífica actuación: la conveniencia de introducir variantes a la idea original. No se hizo ni se insistió en ello; los partidos amistosos fueron desperdiciados y sólo se retomó aquella iniciativa después de que Chile nos propinara un baile de aquellos.

    – Al ciclo Farías lo condena haber perdido el tiempo en cuestiones menores. Mientras las señales apuntaban a la necesidad de modificar el modelo de juego, el entrenador y sus colaboradores prefirieron enfocarse en enemigos inexistentes. Es tal su concepción del mundo que quien no se sume a su causa es considerado inmediátamente un enemigo. Aquel tweet que salió de su cuenta oficial de Twitter que ofendía al preparador físico del Zamora es el perfecto ejemplo de como entiende la vida el entrenador, entre amigos o enemigos, leales o traidores.

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    – Esas señales que no supo ver terminaron por sentenciar lo que para él, sus colaboradores y sus alcahuetes era «la eliminatoria perfecta porque no estaba Brasil». En los dos últimos partidos de la Vinotinto, su equipo, el que él había construído a su imagen y semejanza, tuvo que refugiarse en una idea de juego totalmente distinta a lo que son sus creencias. Esas modificaciones no contaron con la fuerza del convencimiento sino con la urgencia de la necesidad. Hoy quedó demostrado y se pagó caro.

    – En estos días recobré una extraordinaria frase de Dani Fernández, entrenador español, que dice que “alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”. En la tarde de San Cristóbal quedó claro que a Farías le falló la parte más importante de lo que menciona Dani, ya que no supo, en casi tres años de eliminatorias, fomentar conexiones futbolísticas para que sus jugadores rindieran acorde a sus cualidades. Peor aún, cuando algún jugador se sumaba a la selección se le obligaba a seguir el libreto del entrenador antes que sumar sus virtudes propias a ese organismo vivo llamado equipo.

    – A Farías no le gusta hablar del juego. Cuando comandó a la Vinotinto en su exitoso paso por la Copa América de Argentina, el seleccionador nacional habló más del estado físico que de la forma de jugar de su equipo. Aquello no fue un desliz, fue una descripción de lo que él piensa es este juego; su equipo corría, luchaba, se sacrificaba pero jugaba muy poco. Las victorias, como casi siempre, taparon las carencias de un conjunto que jamás se caracterizó por generar altas cantidades de ocasiones de gol a pesar de contar con jugadores extremadamente talentosos.

    – Aquel Farías no es el mismo de hoy, de hecho, ninguno de nosotros lo es, pero creo que sus convicciones no han variado. Más allá de que el equipo haya adoptado una versión más atacante en sus últimas presentaciones, no da la impresión de que ello sea algo que nazca del gusto del seleccionador. La ausencia de conexiones entre los jugadores, en un partido en el que Paraguay nunca presionó, da a entender que fue la urgencia y no el convencimiento el principal consejero del DT; no se puede un día jugar al pelotazo y al próximo partido utilizar la posesión de la pelota como una herramienta. O mejor dicho, puede que sí sea posible pero en un club, no en una selección que apenas puede acumular entrenamientos.

    – Es posible que al entrenador no le interese justificar o aburrir con estadísticas, pero hay una que desnuda la debilidad de su patrón de juego: 14 goles en 16 partidos. Peor aún, ¿cuántas de esas anotaciones llegaron como consecuencia del juego asociado? No se trata de quitarle mérito a las jugadas de táctica fija, pero una selección – grupo en el que conviven los mejores jugadores del país – debe disponer de mayores recursos si su intención principal es hacer historia, lo que en nuestro caso se traduce en clasificar a un mundial.

    – Estos jugadores y los que están por venir pueden inspirar un modelo de juego más parecido al mostrado ante Perú que al común denominador de los partidos de este ciclo. Pero para ello se necesita mucha grandeza, aquella que nos enseñaba Panzeri cuando afirmaba que «el plan son los jugadores«. Pero el Dante se refería a la continuidad de una idea que señala al jugador como el único capaz de producir fútbol, no a la asunción de la misma sólo cuando la emergencia así lo requiriese.

    – Hablar del partido de hoy es hacerlo de un grupo de jugadores que volvieron a mostrarse imbatibles ante la adversidad. Esa imbatibilidad no está relacionada al resultado final sino a su condición de futbolistas orgullosos que se niegan a rendirse. Hoy, cuando el partido requería cambios inmediatos, no fue el entrenador sino los futbolistas quienes modificaron el rumbo de una noche que prometía ser más cruel de lo que finalmente fue.

    – Al único jugador al que quiero referirme individualmente es a Juan Arango. Cada ser humano vive su propio proceso y es imposible que alguien pueda entender lo que afecta o motiva a cada quien. Pero me parece que el 18 vinotinto merece un mejor adiós y la próxima Copa América se antoja como un escenario menos triste que el que el vivido hoy en Pueblo Nuevo. Ojalá reconsidere su postura y nos regale un par de goles de tiro libre antes de marcharse hacia su merecido descanso.

    – El final del ciclo se parece mucho a lo que algunos imaginábamos y llegamos a anunciar: guerras, señalamientos, acusaciones y una nula capacidad de reflexión. Alrededor de todas esas manifestaciones no hay una clasificación al mundial que sirva para tapar tanta miseria, pero tampoco existe un fútbol venezolano que haya crecido como anuncian sus vividores. No hay liga, no hay clubes, no hay logros y sí hay muchas deudas, equipos de maletín, ausencia de infraestructura, malos arbitrajes y muy pocos dolientes. Las autoridades seguramente producirán un nuevo circo que desvíe la atención de esta nueva frustración, pero en este pequeño espacio no cabrá excusa alguna que me haga claudicar en unos principios que no se compran ni se prestan.

    En fin, a descansar, que el camino apenas comienza.

    Fotografía cortesía AFP

  • Hacer que pasen cosas

    Josep Guardiola expresaba en una charla su gusto por protagonizar los partidos: “nuestra manera de entender el juego es de proponer. Yo no espero a que el otro equipo haga algo, no, yo voy por ti. Si ganamos será mérito nuestro y si perdemos será culpa nuestra”. Guardiola no habla de las tonterías que a veces protagonizan las discusiones de café y tampoco pienso hacerlo yo.

    Verá usted, mi estimado lector, que no me ocupo de los lugares comunes más manoseados por los especialistas: presión y numeraciones. Prefiero seguir el consejo de Juan Manuel Lillo y recordar que hay que saber de jugadores para así trazar un plan, reconociendo que ese boceto se desmoronará rápidamente gracias a la intervención de los futbolistas. A través de los Arango, Otero, Orozco, Martínez y demás jugadores podemos entender las posibilidades y reconocer que el plan son ellos, los futbolistas.

    La hoja de ruta vinotinto para el próximo viernes contará con protagonistas que con sus virtudes y las posibles conexiones que se generen entre ellos nos hacen soñar con una idea inicial de someter al rival, propósito que debe nacer de la libertad que se le otorgue a los futbolistas para que sean ellos mismos y jueguen a lo que ellos saben.

    Como dice el entrenador español Oscar Cano, “no se trata de que jueguen como quieran sino partiendo de lo que mejor hacen entre sí”. Esto no es un grito a favor de la anarquía, o mejor dicho, sí, es una consigna en pro de un caos que brote a raíz de las intervenciones que realicen los jugadores con sus compañeros.

    Todo el país -a pesar de lo que cree el seleccionador César Farías y su séquito-  desea llegar al Mundial de Brasil el próximo año, pero ello ya no depende en exclusiva de un triunfo criollo. Los vinotinto deben entrar al campo sin perder un segundo de su tiempo en algo que no sea conquistar al rival y los espacios; lo que hagan las selecciones de Ecuador y Uruguay escapa de sus manos y por ello no debe ser considerado.

    Una de las máximas del Efecto Pigmalión es que hay que plantearse objetivos que sean alcanzables por la fuerza de la propia influencia. Este viernes contra Paraguay, la selección Vinotinto debe solamente concentrarse en su partido, en jugar y dominar un encuentro frente a un rival al cual ya se le ganó en su propia casa. Hay que dominar a los guaraníes ¿Cómo? Haciendo válido el consejo de Cano Moreno: “que los jugadores no sean únicamente sujetos a los que les pasan cosas, sino que también sean sujetos que hacen que pasen cosas”. Jugar promoviendo escenarios en vez de ser simples espectadores. Esa es la clave, ahí está la llave del triunfo.

    Columna publicada en el diario Líder el 10 de octubre de 2.013

  • Estancamiento vs. variantes: el dilema vinotinto

    “Ya ves, soy el que siempre debe superarse a sí mismo”. Friedrich Nietzsche

    Desde el punto de vista de su entrenador, la selección venezolana de fútbol ha vivido dos momentos de crisis en la eliminatoria sudamericana hacia el Mundial de Brasil 2014. El primero de ellos se produjo tras la dura derrota frente a Perú en Lima, en septiembre de 2012; y el segundo fue consecuencia del repaso futbolístico que le propinó la selección chilena en Santiago hace poco más de un mes. Las actuaciones posteriores a estos encuentros mostraron a una Vinotinto más atrevida y con una clara voluntad de asumir conductas y riesgos que no fueron considerados por su director técnico hasta que apareció la tormenta. Paraguay y Perú –ya en la segunda vuelta– fueron las víctimas de ese cambio radical en la idea de juego que, sumado a los triunfos, se tradujo en el sometimiento futbolístico del rival. Sensaciones aparte, son pocos quienes comprenden la tardanza del seleccionador para proponer esos cambios. Es tarea de quien escribe adentrarse en ese territorio de arenas movedizas.

    Es oportuno recordar el significado de la palabra riesgo. La Real Academia Española la define como una serie de conductas que se toman o asumen por la proximidad de un daño. Es decir, ante la posibilidad de salir heridos reaccionamos de maneras poco usuales. Aplicado esto al modelo de juego vinotinto, fácilmente podemos identificar que en los partidos ante paraguayos y peruanos el cuerpo técnico venezolano propuso la asunción de esos comportamientos atípicos.

    Gracias a la tecnología y a internet se pueden revisar ambos partidos. En ellos se observa a una selección de toque corto y rápido, propensa a generar sociedades entre todos sus jugadores. Un equipo que colocó su línea defensiva en el centro del campo, con laterales haciendo de extremos y un bloque que en pocas ocasiones se separó. En fin, se ve a un equipo con la voluntad de ser protagonista a partir de las cualidades de sus jugadores, en vez de darle rienda suelta a los caprichos del entrenador.

    Volvamos entonces a la duda que justifica este escrito: ¿por qué tener ese modelo de juego como un riesgo y no como una costumbre? Para encontrar una respuesta bien vale recordar el recorrido de César Farías antes de llegar a la selección. Uno podría pensar que se siguió el camino planteado por muchos entendidos que indican que algunas respuestas las podemos encontrar si aceptamos el origen y la naturaleza de los individuos, cómo se relacionan con su ecosistema y qué conexiones nacen de esa convivencia. Pero la historia señala que Farías no se siente cómodo con este proceso y prefiere la perpetuidad de su idea antes que promover una evolución típica de quienes protagonizan un proceso.

    Farías alcanzó su mayor éxito cuando dirigió al Deportivo Táchira, el equipo de mayor tradición en Venezuela. En aquella ocasión supo conducir a su plantel hasta los cuartos de final de la Copa Libertadores, edición 2004, para luego caer goleados ante el Sao Paulo de Brasil. Más allá de los buenos resultados, aquel equipo se caracterizó por defender muy cerca de su propia área, valiéndose de rápidas transiciones ofensivas que no condicionaran la idea iniciática de todo equipo del actual seleccionador vinotinto: evitar que les marquen un gol. Aquella versión del Táchira es casi una copia idéntica de lo que normalmente muestra el equipo venezolano.

    Permítame una breve consideración: el objetivo de este juego es ganar, y para ello hay que convertir más goles que el rival. César Farías siente –aunque nunca lo admitirá en público– que un equipo que defienda férreamente siempre tendrá una que otra ocasión de gol que le sirva para superar al contrario. Por más que se ha querido identificar con entrenadores como José Mourinho o Marcelo Bielsa, el venezolano parece inclinado a repetir un modelo más acorde a la etapa post Riquelme del Boca Juniors de Carlos Bianchi, un equipo que parecía controlar los encuentros a partir de su orden defensivo y la contundencia de sus atacantes.

    Su paso por Táchira no terminó de la mejor manera ya que no pudo lograr que el grupo que conducía mantuviese el rendimiento de antaño. A ello hay que sumarle la intolerancia del entrenador a ideas que contrariaran su gusto, a tal punto que se recuerdan fuertes enfrentamientos con fanáticos y periodistas. Sus pasos posteriores por equipos como Mineros de Guayana y Deportivo Anzoátegui mostraron a un Farías convencido de que su modelo de juego estaba siempre por encima de las características de sus dirigidos, y por ello, no había razón alguna para pensar en que su paso por la selección nacional iba a mostrar a un director técnico abierto a otras posibilidades.

    Aquí surgen las dos mayores dudas futbolísticas de estos tiempos en Venezuela. ¿Por qué entonces promover un cambio radical en momentos tan álgidos? Y, una vez demostrada la conveniencia de asumir esos riesgos, ¿por qué volver al conservadurismo inicial? A Farías y sus ayudantes les gustaría aplicar aquella recomendación de Wittgenstein: “Aquello de lo que no se puede hablar hay que callarlo” para que no se recuerde que han sido ellos y sólo ellos quienes se han contradicho.

    El ser humano es un animal de hábitos y costumbres. A pesar de contar con esa poderosa herramienta que es el cerebro, la historia nos enseña que somos poco amigos de los procesos reflexivos, aquellos que nos permiten crecer como especie y evitar recaídas en trampas ya superadas. En la historia podemos encontrar muchos ejemplos de liderazgos que han aprovechado pequeñas victorias para hacerse fuertes en su pensamiento original, y luego caer víctimas de la soberbia y acercarse al precipicio que antes creyeron lejano. En el caso del seleccionador venezolano, su convencimiento acerca de las virtudes de su plan inicial es tal que en una reciente entrevista señaló que los errores de su gestión no son propios, sino de los árbitros.

    Pero volviendo al juego, y al cambio de piel de la Vinotinto, no hay razón alguna para que en una larga eliminatoria como la sudamericana no se hayan intentado con mayor regularidad las variantes que tanto gustaron ante Paraguay y Perú, y que, siempre según Farías, evitaron una catástrofe mayor. No hay explicación coherente para el rechazo de técnico a la evolución e innovación que necesita un colectivo más allá que aquello que comentaba anteriormente: tiene su partitura y con ella se siente cómodo. No es Farías alguien que se muestre confiado al abandonar su zona de confort y eso hoy le puede estar costando la clasificación al mundial, la cual, para ser justo, nunca estuvo tan cerca como en esta ocasión.

    ¿Qué podemos esperar en el último partido eliminatorio ante Paraguay? El futuro es incierto y quien escribe no pretende desafiar esa verdad, pero si algo queda claro es que, con la convocatoria para este encuentro, Farías está enviando un mensaje: en el próximo proceso tendrá como intérpretes a jugadores jóvenes y prescindirá de algunos veteranos con los que no tiene buena relación. No sé si esa maniobra se adecúa a este momento tan especial, cuando aún hay mínimas oportunidades matemáticas de clasificar al Mundial;  pero, pensando en los tiempos por venir, valdría la pena que a esos futbolistas que está señalando como nuevos protagonistas los arrope con un modelo acorde a ellos y las relaciones que entre ellos se formen, y no se persista en la tozudez de querer ser más que los jugadores. Esto porque, a pesar  de seguir pensando en la meta inmediata, no es difícil comprender que Farías y la Federación Venezolana de Fútbol ya trabajan en la renovación del técnico.

    Nosotros proponemos y otros disponen. Esto se traduce así: voy a jugar y voy a ser protagonista, a hacer algo en el partido, no a esperar a que sucedan las cosas”. Pep Guardiola

    Publicado en el Magazine de Martí Perarnau el 07 de octubre de 2.013 http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/estancamiento-vs-variantes-el-dilema-vinotinto/

  • Vinotinto: siete fotos para un viernes de furia

    Ante Paraguay, la selección que dirige César Farías puede intentar reproducir conductas que ya mostró en su último partido ante Perú. Me refiero a comportamientos que pueden ser copiados y no a los resultados que estos produzcan porque prefiero creer que ellos, los resultados, dependen de mil factores que no controlamos. Es decir, se puede enfrentar el partido con la misma intención de dominar y protagonizar que ante los peruanos, pero el triunfo dependerá de muchos elementos más. Eso sí, debo aclarar que siento que protagonizando se puede acortar la carrera hacia la victoria.

    No voy a hablar sino de ubicación de jugadores. Esto lo hago sólo porque quienes seguramente estarán ante los paraguayos – Hernández; González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Lucena; Otero, Orozco y Arango; Martínez y Aristeguieta – son futbolistas que ya han demostrado su capacidad para encarar un desafio en el rol de protagonistas principales. Son futbolistas que hacen que sucedan cosas; son justamente como impulsos eléctricos que activan una red neuronal.

    En fin, a ver si sirve de algo esto.

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  • Unas líneas sobre el futuro Vinotinto

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    El futuro llegará siempre y cuando analicemos y meditemos acerca del pasado. De lo contrario seremos capaces de repetir errores y alejarnos de los éxitos que ofrece el tiempo por llegar. Emilio Garoz, en su libro Introducción a la Filosofía, cuenta que San Agustín proclamaba que “la manera de llegar a la Sabiduría es volverse al interior del alma, conocerse a uno mismo, puesto que es dentro de uno mismo donde se encuentra la Verdad”. Es decir, hay que volver sobre nuestros pasos para revisar nuestras conductas y así poder identificar el camino que nos coduzca a la evolución.

    Podemos partir de la base de que nuestra mortalidad es una condición irreversible; una vez que nacemos sólo la tenemos a ella como verdad absoluta. Aceptada esa afirmación, somos nosotros quienes detentamos la posibilidad de decidir cómo existir hasta que llegue el momento final. Inclusive, puede que nazcamos mil veces sin haber muerto, sólo porque cada vez que aprendemos algo nuevo nuestra existencia adopta un nuevo perfil y una mayor profundidad.

    Un amigo entrenador de fútbol me recuerda que no podemos caer en la locura colectiva; en este ciclo hay que buscar los grises para lograr esa evolución. Puede que en octubre – como así  requirió César Farías – se hable contundentemente de la muerte de este período futbolístico como puede que no. Cualquier decisión que tome la FVF no debe sorprender a quienes han fijado su atención en este deporte, pero esa resolución debe estar acompañada por una vigilancia que no se hizo cuando finalizó la etapa de Richard Páez.

    En aquella coyuntura, a Farías se le abrieron las puertas para aprovechar lo positivo del ciclo anterior y sumar las variantes que considerara necesarias. Pero si hay algo que ha caracterizado a los cambios políticos en nuestro país es aquello de «borrón y cuenta nueva». El entrenador oriental barrió con todo lo hecho por su predecesor e instaló una corriente de pensamiento que dejaba a todo tiempo pasado en condición de inferioridad frente a los tiempos por venir. Se perdió justamente eso, tiempo, y esa batalla por ganarle al pasado seguro ha contribuído para que estemos en el escenario actual. Cuando los logros de esta gestión debían hablar por sí solos, Farías y sus colaboradores se encargaron de agregarle algo de agitación a una sociedad que parece disfrutar el estado de confrontación permanente en el que vive hace muchos años.

    Lo ideal, pensando en el futuro, es adoptar la dinámica que caracteriza el armado de un rompecabezas antes que reincidir en conductas improductivas. Farías, o quien tome su puesto, está en la obligación de asumir una voluntad integradora que suponga mejorar lo mejorable y corregir lo corregible. De nada servirá que la soberbia gane la partida o que quien conduzca lo haga cegado por los elogios de quienes le hacen creerse dueño de una verdad que no existe. El éxito pasa por construir puentes que unan los distintos caminos futbolísticos en vez de promover un conflicto imaginario que ya roza lo cursi.