Autor: Ignacio Benedetti

  • La generación de relevo

    Alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”.

    Esta afirmación del entrenador español Guillermo Fernández Romo se encuentra en el más reciente libro de Oscar Cano, llamado “El modelo de juego del Real Madrid con Mourinho”. En ella está una de las principales nociones de este juego: no basta solamente con poner a los buenos, hay que entender cómo se relacionan los jugadores y fomentar vínculos que moldeen el ideario futbolístico de un conjunto de este deporte.

    Por segunda ocasión en el ciclo de César Farías se escuchan frases terminantes que invitan a dejar de lado a jugadores experimentados en favor del empuje de una nueva generación de futbolistas con menos recorrido y “más hambre”, sentencia que no es pronunciada por el DT, pero que es intencionalmente colocada en medios afines a su gestión. Una vez finalizado el Suramericano sub-20 del año 2009, los mismos voceros alzaron su voz para pedir el destierro de los veteranos.

    El fútbol, a diferencia de lo que muchos creen, no es una conducta lineal. De aquel grupo juvenil que nos regaló la primera clasificación a un Mundial de este deporte, jugado en Egipto, solo se puede contar a par de jugadores como habituales en la selección de mayores, lo que debe llamar la atención acerca de la singularidad de los procesos para no repetir fracasos recientes ni cargar a los jóvenes de presiones innecesarias.

    Nadie en su sano juicio puede discutir el talento de jugadores como Josef Martínez, Rómulo Otero, Pedro Ramírez, Yohandry Orozco o Robert Hernández, por nombrar algunos, pero para que sus virtudes exploten en favor del grupo se necesita el mejor de los contextos, así como voces experimentadas que guíen esos primeros pasos. Farías perdió una gran ocasión para fomentar ese aprendizaje cuando rechazó, en los inicios de su ciclo, reunir a Tomás Rincón con Luis “Pájaro” Vera para que este último le transmitiese algunos secretos de la posición y de la selección.

    Es peligroso, y la historia así lo señala, pensar que la construcción de un equipo es una conducta mecanizada y previsible. Lo que sí podemos, a través de decisiones que rechacen la ansiedad de algunos, es recordar el consejo del físico austríaco Fritjof Capra: “Las organizaciones no pueden ser controladas mediante intervenciones directas, pero puede influirse en ellas dándoles impulsos, más que instrucciones”.

    Columna publicada en el diario Líder el 03 de octubre de 2.013
  • Apuntes del Caracas 1 Estudiantes 1

    – Caracas se ha caracterizado por imponerse al rival en el inicio de los partidos o de las segundas mitades, mostrando una alta intensidad para así aprovechar las lagunas que caracterizan a la mayoría de los conjuntos cuando empiezan a reconocer su ubicación en un espacio. Esto, aunque muchos no lo crean, se trabaja en la pretemporada y en la semana.

    – Mientras unos van a la playa, algunos recuerdan que el fútbol se juega jugando. El plan de Eduardo Saragó es atacar al rival cuando este se encuentre en su momento de mayor desventaja emocional y futbolística, sin llegar a asumir la titularidad de su terreno propio.

    – Manuel Plasencia, zorro viejo, identificó esta virtud de su rival y su instrucción inicial fue que sus futbolistas salieran a buscar en vez de esperar, haciendo difícil que el Caracas diera cuatro pases seguidos en el inicio del juego. Sabe Plasencia que los equipos que se enfrentan a los capitalinos prefieren hacerlo con cautela y que si lo busca en su propia zona se verá sorprendido.

    – Saragó es un artista que sabe hipnotizar con su discurso y entiende que no le cuestionarán nada que venga de sus afirmaciones. Que se entienda esto como lo que es: el reconocimiento a una de sus virtudes. Hace poco señaló a Bladimir Morales como el mejor jugador de los tres primeros partidos y hoy es suplente. Caso similar para Quijada y Farías, que según el DT ya se habían ganado la titularidad y hoy vieron el encuentro desde el banco de suplentes.

    – No es incoherencia lo del entrenador porque las ideas no son fijas o inalterables, son corrientes que viven un proceso de transformación constante y se nutren de cada ensayo. Lo que si debe considerar el entrenador capitalino es evitar los extremos que caracterizan a sus declaraciones para no crear confusión en sus jugadores.

    – Caracas necesita la presencia de Roberto Armúa para que el equipo muestre variantes al juego de los otros futbolistas. Contar con Rómulo Otero, Luis “Cariaco” González y Dany Cure es una invitación a correr al mejor estilo del Zamora de Sanvicente, por ello, el aporte del diez argentino es tan necesario, más aún cuando su pausa puede ayudar a que Javier Guarino no se maree con tanto vértigo a su alrededor. Armúa nos recuerda con su juego que no es lo rápido que se llegue al área rival lo que importa sino la calidad de ese avance.

    – A Cure le gusta correr porque sabe que corriendo juega. Corre para recuperar una pelota, para ayudar a los compañeros, para disparar al arco o para meter un centro. Corre para jugar mientras que muchos corren para acumular kilómetros y malas entregas. Pero Cure necesita espacios para desarrollar su juego, algo harto complicado cuando el equipo juegue en el Olímpico.

    El gol de Yorwin Lobo es para los noticieros. En un saque lateral le gana el espacio y la pelota a dos defensores del Caracas y llega hasta la línea de fondo con tal frialdad que nunca cambia su intención ni acelera la ejecución de su plan por la cercanía al precipicio. Así, a un centímetro de la línea de meta, bate al portero con un pase a la red. Golazo y nada más que decir.

    – Quiero volver a Armúa y su importancia. No se trata únicamente de la pausa sino de la inteligencia. Si Caracas debe replegarse, el 10 puede recibir la pelota y enviar un pase largo a los rápidos atacantes capitalinos. El intervalo que ofrece Armúa no tiene que ver con lentitud sino con saber elegir dependiendo del lugar que se ocupe, por ello Saragó lo protege y lo cuida, sabe que puede ganar sin él pero nunca jugar tan bien como cuando el argentino está en forma.

    – Estudiantes no quiso seguir arriesgando después del gol y eso queda demostrado cuando hasta cuatro jugadores salen a entorpecer, sin efectividad alguna, el intento de centro de Cure. Ese nerviosismo quedó plasmado cuando su arquero, Roberts Rivas, tira la pelota lo más lejos posible en el minuto 39 del primer tiempo, sin darse cuenta que con esa acción no conseguirá la tan ansiada calma que necesitaba el equipo merideño. Caracas toma la pelota y va de nuevo sin que sus compañeros puedan reordenarse.

    – Los mismos que aplauden que la Vinotinto juegue con un sólo volante de contención hoy critican al Caracas por adoptar ese módulo táctico, sin reparar en que el fútbol es una actividad colectiva; defienden todos y atacan todos. Cuando un jugador se desentiende de esa dinámica produce un efecto devastador. El problema no es Ricardo Andreutti sino su soledad.

    – El miedo a ganar de Estudiantes le permite a Caracas dominar el segundo tiempo sin crear mayores ocasiones de gol. El equipo merideño acumula jugadores cerca de su propia área y con ese temor bloqueó el hacer de Cure que era el mejor jugador del Caracas. Sin espacios, el marabino se estacionó en la banda derecha y su influencia disminuyó alarmantemente. Consciente de ello, Saragó sacó a “Cariaco” para darle entrada a Carabalí y que este último actuara como volante por los costados, para así liberar a Cure.

    – Estudiantes olvidó que el resultado se defiende jugando y desde la última parte del primer tiempo se encerró cerca de su área, enterrando la imagen de aquel equipo que supo pelear los primeros compases del encuentro. Ante ese panorama, Caracas sufre pero sabe que tiene las armas necesarias para encontrar el camino al gol, a pesar de que en este partido lo consiguió más por tozudez que por juego.

    – El resultado final le conviene más a los de Plasencia porque podrán seguir corrigiendo desde la tranquilidad que ofrece sacar un empate en condición de visitantes. Su presente es muy positivo y la calidad de alguno de sus jugadores los invita a pensar en tiempos acordes a la gloria de esa institución.

    – Para Caracas es un pequeño accidente en su hoja de ruta. Los capitalinos deben continuar con la búsqueda de soluciones a problemas que ya vivieron en el torneo anterior y que lo privaron de luchar por el tan ansiado título. Si para hablar de fútbol hay que conocer de jugadores, como dice Juanma Lillo, es pertinente afirmar que Caracas seguirá creciendo, sólo es cuestión de tiempo para que aparezcan las respuestas.

  • De idiotas e idioteces

    – La palabra idiota viene del griego idiotes para referirse a aquel que no se ocupaba de los asunto públicos, sino sólo de sus intereses privados. La raíz “idio» significa «propio»y es la misma que en idioma o idiosincracia.

    El vocablo idiota también es usado en latín, y significa ignorante. Ignorancia se toma a menudo como sinónimo de estupidez, tomándose de ese modo como un insulto, cuando es más bien una crítica.

    – Ninguna de esas definiciones nos acerca realmente a lo que hoy en día comprendemos como idiotez. Debido a ello he escrito un par de líneas con la intención de caracterizar distintos tipos de idiotas, hijos de la idiotez o creadores de idioteces, en fin, todos idiotas pero con distintos grados de influencia.

    – No se engañe, el idiota no es un incapaz, o por lo menos yo no pretendo subestimar a la gran mayoría de idiotas. El idiota escribe libros y conduce espacios en medios de comunicación, y en la mayoría de los casos con mucho éxito comercial. Para ser idiota hay que saber seducir al colectivo, que está necesitado de un idiota que los conduzca.

    – El idiota se regocija cuando uno de los herederos de su condición de idiota, llamados hijos de la idiotez, es capaz de afirmar, con vehemencia, idioteces como que “para hacer algo hay que hacerlo bien”. Sólo un idiota en fase de entrenamiento o un saboteador de oficio hace pública su intención de hacer las cosas bien. El saboteador porque lo condena su pasado y el idiota porque necesita avisarle a quienes no son idiotas que su idiotez no sólo es voluntaria sino que no tiene remedio y pide comprensión.

    – Hay idiotas que viven de frases hechas sin reflexión y que son usadas para idiotizar a la audiencia de turno. Llamemos a esa corriente de “pensamiento” la Filosofía Hallmark: cuatro frases de autoayuda expresadas bajo el escudo protector de haber sido un consejo de alguien famoso. El idiota no debe profudizar y por ello hace trivial cualquier concepto. 140 caractéres son suficientes para el idiota; en ellos condensa su vida y hace válida cualquier idiotez proveniente de la cultura Twitter como cuentas de filosofía que se dedican a evangelizar con frases de autoayuda, que al fin y al cabo es la filosofía del idiota.

    – El idiota, además de querer aparentar profundidad – debe mostrarse en fotografías observando el horizonte –  necesita presumir de amistades mediáticas; su existencia no tiene sentido sin la aprobación de un público que admira famosos sin importar el origen de esa fama ni las idioteces que caracterizan a esas celebridades.

    – El idiota cree que su nacimiento es un hecho trascendental y otorga mucha importancia al país en donde vino al mundo, olvidando que su nacionalidad de origen no fue una decisión meditada sino obra de la casualidad. Con la intención de sumar idiotas a su causa, el idiota olvida que el honor llega por méritos y no por idioteces como la geografía. Es un honor ganar un premio, ser considerado o, si el idiota me lo permite, ser un buen ciudadano. Y ser eso, un buen ciudadano, no se explica por la nacionalidad sino por comportamientos que nos convierten en seres honorables. Ser portugués, venezolano o mexicano trae consigo las mismas responsabilidades como ser humano. El idiota, consciente de que su paso por esta vída es poco influyente, necesita que el público adicto a la idiotez sienta que nacer es un honor y no una consecuencia.

    -El idiota, reitero, no es incapaz. Conoce cómo funcionan las emociones colectivas y por ello reitera que es un honor ser, por ejemplo, zimbawense; necesita que la sociedad lo reconozca como un idiota con pasaporte, y por ello fomenta el chauvinismo como religión a la que sólo pertenecen idiotas con el mismo sello.

    – Pero al idiota también le gusta el fútbol y la moda. Le gusta el fútbol porque es un juego global en el que el chauvinismo también tiene cabida y por ello hay mucho idiota que encuentra en el fútbol el territorio perfecto para mostrar su idiotez disfrazada de violencia, xenofóbia, intolerancia, homofobia y cualquier otro gesto que caracterice a estos idiotas.

    – Además, el idiota, cuando va al fútbol, se siente parte de eso, de un colectivo, y no hay nada que le genere mayor gusto al ser humano que pertenecer. El idiota encuentra ese sentido de pertenencia y está dispuesto a defender su idiotez ante la idiotez del contrario. El idiota no entiende de rivalidades sino de enemigos.

    – El idiota también quiere estar a la moda. Un idiota entiende que si está al corriente de lo que la televisión dicta como válido se mantendrá como un idiota fresco y actual, lo que le garantiza que su legión de idiotas seguirá pendiente de cualquier movimiento que realice en búsqueda de esa vigencia necesaria para que los idiotas que están por venir no lo desbanquen de su sitial de honor.

    – Para no ser olvidado, el idiota debe hacer todo lo posible para seguir montado en la ola mediática. Y con esto pretendo llegar al fin – que no el final – de mis consideraciones acerca del idiota, los hijos de la idiotez y las idioteces.

    – Se dará cuenta el lector que no he hablado de idioteces sino del idiota y de los hijos de la idiotez, lo que no es casual. Debo confesarle que también he meditado acerca de los idiotas y las idioteces porque tengo la plena seguridad de que las idioteces no son patrimonio exclusivo de los idiotas sino que cualquiera, sin necesidad de ser un idiota, puede cometer una idiotez. Pero la definición de esta conducta no puede ni debe nacer de mis propias palabras, ya que la fuerza de una imagen como la que a continuación usted verá me obliga a guardar silencio para dejarlo a usted sólo con sus pensamientos y no ser interrumpido por la posibilidad de que yo pronuncie una idiotez aún mayor que la fotografía en cuestión.

    Farías

    Imagen encontrada en Twitter, crédito a quien le corresponda

  • Descifrando Mensajes

    En la columna de la semana pasada me atreví a escribir la siguiente afirmación como una parte de la explicación de la casi segura renovación de César Farías al mando de la Vinotinto: «está seguro – Esquivel – de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista». El proceder de ambos protagonistas permite al observador interesado sacar conclusiones que pueden servir para interpretar los mensajes que para algunos parecen encriptados. Uno de ellos se encuentra en la lista de jugadores convocados para el último partido de las eliminatorias ante Paraguay.

    Repasemos los nombres que influirían en la decisión de darle curso a la continuidad del ciclo Farías: Rafael Romo, Alexander González, Rafael Acosta, Pedro Ramírez, Rómulo Otero, Juan Falcón, Josef Martínez y Fernando Aristeguieta. En total son ocho futbolistas a los cuales habría que sumarle otros jóvenes que no están en esta ocasión junto a los lesionados Salomón Rondón y Tomás Rincón para entender el entusiasmo de Rafael Esquivel en cuanto a la renovación del técnico oriental.

    «La verdad real sólo se da respecto a lo que ya existe. Todo lo que afirmo sobre la realidad lo afirmo porque me parece verdad. En cambio, respecto de lo posible, de la creación, de la ética, no debe aplicarse el concepto de verdad, sino el de bondad. Lo que importa es preguntarnos: ¿Sería bueno que fuera así?». Esta frase le pertenece al filósofo español José Antonio Marina y bien vale adecuarla a nuestro contexto para comprender ese futuro que en la FVF ven tan claro.

    Un conjunto de fútbol es un organismo que vive, piensa, actúa, teme y busca el éxito según sus cualidades; es un grupo de seres humanos que juntos conforman un nuevo ser vivo, y desde el momento de su nacimiento, comienzan un recorrido similar a lo que como individuos llamamos vida. Pero para que el proceso existencial tenga sentido debe venir acompañado de una evolución, proceso natural que debe ser aceptado y fomentado por ese ente llamado equipo.

    No hay duda acerca de las virtudes de los futbolistas antes mencionados, pero ¿seguiremos creyendo que la sola presencia de talento es capaz de ofrecer respuestas contundentes en un juego que necesita más variantes que la simple acumulación de aptitudes? ¿Basta con el optimismo que caracteriza a la juventud para que se mantenga el sueño mundialista? ¿Acaso los jugadores que estaban antes no eran talentosos? Estas y otras interrogantes apuntan a que la intención de renovación del ciclo no nace de la reflexión sino de las emociones que produce un incierto tiempo por venir.

    Columna publicada en el diario Líder el 27 de septiembre de 2.013 http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Descifrando-mensajes.aspx#ixzz2g7bhYcM0

  • Creo que siempr…

    Creo que siempre el entrenador debe adaptarse a las características de sus jugadores, aunque no es fácil decirlo. Es más el entrenador el que se tiene que adaptar, aunque logicamente ha de tener una idea de juego que proponer a su equipo. Pero siempre teniendo en cuenta las caraterísticas de los jugadores

    Carlo Ancelotti, director técnico del Real Madrid

  • Mineros y su «equilibrio»

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    – «Los científicos Evian Gordon y Lea Williams han creado un modelo, al que llaman integrate, que asegura que todo lo que hacemos en nuestra vida está basado en la determinación del cerebro para minimizar el peligro o maximizar la recompensa. Éste es el principio de organización del cerebro«*.

    – Un equipo de fútbol es un organismo que vive, piensa, actúa, teme y busca el éxito según sus cualidades. En castellano: un equipo es un grupo de seres humanos que juntos conforman un nuevo ser vivo, y desde el momento de su nacimiento, comienzan un recorrido similar a lo que como individuos llamamos vida. Cada equipo debe vivir en permanente reflexión para identificar sus cualidades y sus defectos y así emprender el viaje hacia la tierra prometida.

    – Mineros, a partir de los valores de sus integrantes, apuesta por Rafael Acosta y Edgar Jiménez como dupla de volantes centrales, lo que demuestra su intención de buscar esa recompensa desde el buen trato de la pelota y la generación de ideas futbolísticas que nazcan a partir de esa pareja de volantes.

    – Lo que no puede evitar el conjunto negriazul es que aparezcan inmediatamente afirmaciones como que el equipo de Páez juega sin un volante recuperador nato. Esta sentencia sería increíble – no se puede creer – si no fuese porque se pronuncian frases como esa de manera automática sin reflexión alguna.

    – Si la acumulación de delanteros de área no se traduce obligatoriamente en un mayor peso ofensivo, ¿por qué suponer entonces que la utilización de jugadores de corte «Lucena» sí se traduciría en una apuesta segura para la recuperación defensiva? Esto de los complementos, como lo señalara Martí Perarnau, bastante daño ha hecho.

    – Explicaba Martí, en uno de esos artículos que guardo y repaso cada vez que puedo, que el fútbol debía ser entendido desde otro punto de vista distinto al que habíamos aprendido. «En vez de sumar peras y manzanas para complementar, Guardiola ha decidido juntar frutas de la misma especie para hacer un zumo más puro. El fútbol se decide en las dos áreas, dijo en cierta ocasión un afamado técnico italiano, rey de los complementos, pero el Barça está demostrando que se puede mandar en el mundo desde el centro del campo a partir de un sumatorio de iguales«.

    – Vuelvo a Mineros. El equipo de Páez tiene como idea iniciática dominar cada partido desde los mediocampistas que menciono, y para ello debe moverse por todo el campo de juego como un bloque sin fisuras. Es una conducta que debe ser comprendida porque en caso de que una de sus piezas pierda intensidad el colectivo se desmorona. No hay espacio para la duda, porque de ella puede nacer el caos.

    – Esa forma de juego no admite un pase «nervioso» salvo en ocasiones de emergencia. Mineros quiere la pelota para asociar a cada uno de sus integrantes y en posesión de ella asegurarse que cada futbolista mantenga la intensidad y se integre a la dinámica grupal para que el equipo sea justamente un bloque y no un conjunto de conductas anárquicas.

    – Para lograr esto, Páez ha señalado a Jiménez y a Acosta como sus jugadores clave. Los dos poseen una característica que los convierte en una especie de gemélos futbolísticos: ambos saben quitar sin recurrir a la infracción porque son jugadores educados para jugar, y recuperar la pelota es parte del juego. Son futbolistas que entienden el carácter colectivo del juego y poseen la inteligencia necesaria para integrar a sus compañeros.

    – Ambos tienen grabado en su ADN que no siempre se puede llegar al campo contrario con la rapidez deseada, por ello actúan a partir de las necesidades del equipo: tocar hacia adelante, hacia un costado o simplemente hacia atrás; es una toma de decisiones que desecha los caprichos individuales.

    – A partir de la definición de equipo comprenderemos que un volante central no puede únicamente «quitar pelotas», sino que debe ser parte de la continuidad llamada fútbol. Acosta y Jiménez podrán ser efectivos atacando el ataque rival si sus compañeros conquistan los espacios necesarios, lo cual se traduce en que cada jugador cumpla con sus tareas. Tampoco vale que un futbolista se dedique exclusivamente a atacar porque al asumir esa conducta se aísla del colectivo. Cuando aceptemos que este es un juego de asociaciones dejaremos de buscar rendimientos individuales para centrarnos en los movimientos gremiales que caracterizan a esta actividad.

    – No debemos olvidar que el futbolista depende del contexto, y Rafael Acosta y Edgar Jiménez lograrán recuperar la pelota o ser efectivos en la entrega de la misma si sus compañeros mantienen la intensidad. El equilibrio de Mineros no depende de una falsa estabilidad que muchos suponen daría la entrada de algún «volante de marca», recordemos que los equipos de fútbol encuentran su versión más armónica cuando sus jugadores cumplen con el plan que está diseñado para sacar lo mejor de ellos en favor del colectivo. Así de sencillo y así de complejo.

    «Hasta que llegaron unos cuantos entrenadores (no necesariamente jóvenes, incluso alguno de ellos vistiendo chándal dominguero), rompieron el tabú y quebraron el paradigma. En vez de alinear complementos buscando un imposible equilibrio, observaron el fútbol como un fenómeno complejo y lo contextualizaron. En lugar de desmenuzarlo en pequeñas partes y analizar cada una de ellas al microscopio, contemplaron el juego como un todo integral, como un universo de interrelaciones entre los futbolistas. Cambiaron el enfoque y entendieron el fútbol como un sistema complejo. Esta decisión tuvo consecuencias: la especialización dio paso a la polivalencia entendida no como mediocridad, sino como excelencia adaptativa. Se derogó la complementariedad, imponiendo una idea fácil de explicar y difícil de aplicar: puesto que somos buenos en una faceta concreta, vamos a apostar fuerte por ella«. Martí Perarnau

    *Estanislao Bachrach, Agilmente

    Fotografía cortesía del Departamento de Prensa de Mineros de Guayana

  • Hablemos de Bielsa

    De manera sorprendente ha empezado a correr un rumor que involucraría a Marcelo Bielsa en unas conversaciones con la FVF para convertirse en el próximo seleccionador nacional. Permítame dudar, y para ello expresaré dos razones que según mi criterio no serían las únicas pero sí las de mayor importancia.

    La primera de ellas tiene que ver con el carácter del ex seleccionador de Argentina y Chile. Hombre de proyectos, su llegada a un club o selección viene acompañada por el compromiso innegociable por parte de la dirigencia local de llevar a cabo modificaciones profundas en las estructuras de la institución que va a dirigir. Puede que el esquema de selecciones menores no sufra tanto aunque en nuestro caso seguramente ese sería un tema de suma importancia para el “Loco”.

    Bielsa se ha caracterizado además por su injerencia en la planificación y diseño de las ciudades deportivas, de esto dan fe y gracias clubes como Atlas de México, Vélez de Argentina y la misma selección chilena. Esta vocación chocaría violentamente con la realidad de los equipos venezolanos y con el modus operandi de una federación que está más cera de culpar a los marcianos que a su propia incapacidad por el inconcluso CAR.

    Por otro lado, Bielsa asiste cada fin de semana a la mayor cantidad posible de partidos de la liga local, algo que en Venezuela sería cuando menos una utopía, dada la incapacidad de la dirigencia para producir un calendario en el que cada juego se realice a un horario distinto, y ni hablar del problema de los vuelos nacionales, situación que probablemente evitaría que el rosarino pueda cumplir con esa meta. Todo esto se constituiría en la primera razón por la que no creo posible que el argentino acepte trabajar con la FVF.

    El segundo argumento es casi más importante que el primero y tiene que ver con la relación entre César Farías y Rafael Esquivel. El jefe está muy contento con el trabajo de su empleado; confía en que episodios como el protagonizado en la última rueda de prensa serán cada vez más esporádicos y está seguro de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista que hoy parece algo distante. Sabe que el de Güiria no goza del cariño popular pero para ello cuenta con el apoyo vitalicio de muchos que olvidan que el fútbol es un juego que se decide en el campo y no en clases de inglés, prácticas estas que alejarían aún más al argentino de ese futuro que muchos dicen ver.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 19 de septiembre de 2.013

  • ¡Es la geografía! La Vinotinto y sus dos caras

    – La estrategia ha surgido efecto, se habla de Marcelo Bielsa o de la continuidad del proceso Farías pero en ningún caso se examinan las razones por las que la Vinotinto presentó dos caras tan distintas en apenas cuatro días de distancia. Hay muchas variantes para entender la mutación vinotinto y en este escrito trataré de exponer una de ellas.

    – Ante Chile, la selección tuvo como futbolistas titulares a los siguientes jugadores: Hernández; Rosales, Vizcarrondo, Perozo y Cíchero; Lucena y Seijas; González y Arango; Martínez y Rondón. El dispositivo táctico parecía ser un 1-4-2-2-2, con Seijas acompañando a Lucena en la zona central de volantes para darle una mejor y más rápida salida al balón cuando este volviese a los pies vinotinto, y un Josef Martínez retrasando un poco su posición para que los delanteros no estuviesen tan alejados de la acción. La lesión de Cíchero no fue un condicionante mayor como muchos quieren señalar, ya que el equipo chileno ocupó ambas bandas de la defensa venezolana cuando así lo dispuso.

    – Cuatro días después, ante Perú, César Farías dispuso del siguiente equipo: Hernández; A. González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Rincón; C. González, Orozco y Arango; Martínez y Rondón. El dibujo táctico, 1-4-1-3-2 invitaba al ser optimismo, ya que además de contar con dos laterales de mucha proyección (Rosales y A. González), el equipo sumaba a Yohandry Orozco para que fuese más un socio de Arango y César González antes que un acompañante de Rincón, es decir, cambiaba la propuesta y la intención si se compara con lo ideado ante Chile.

    – Señalados los cambios de jugadores y de dispositivo táctico entre partido y partido, es conveniente afirmar que la mayor modificación fue en el aspecto geográfico, o mejor dicho, donde nacía el juego vinotinto.

    – Con la excepción del encuentro ante Paraguay, Venezuela no ha tenido a la posesión de la pelota como una de sus armas. Por el contrario, ha sido una característica innegable de este equipo que cada vez que recuperaba la pelota, intentaba llegar de la manera más «rápida y sencilla» al arco contrario. Debo en este momento expresar mi rechazo por esa afirmación, no ya por los pobres números ofensivos del equipo en esta eliminatoria (13 goles en 15 partidos) sino porque semejante aseveración no reconoce la existencia de un rival que hará todo lo posible por evitar el avance criollo. En fin, el camino más rápido hacia el arco contrario no es el pelotazo sino aquel que ofrecen las variantes del juego bien jugado.

    – Ese estilo de juego vinotinto – que aún nos mantiene con algo de vida – nos obliga a entender de geografía. La selección ha hecho de defenderse cerca de su propia área un hábito, por lo que, por ejemplo, contar con laterales como Rosales y Alexander debe ser comprendido no sólo por las características  de estos futbolistas sino por los largos trechos que deben recorrer para sumarse a la respuesta ofensiva del equipo, ya que no es lo mismo partir desde su propia área que hacerlo desde el centro del campo. Identificar donde se defiende un equipo nos permitirá conocer cómo será su ataque.

    – Ante Chile, Venezuela no tuvo opciones reales de abandonar su zona defensiva. Mientras el rival nos empujaba contra el arco de Hernández, el equipo, en la confusión que lo caracterizó, recordó esa vieja sensación de comodidad que significa defenderse cerca de su propia área. Soy de los que cree que no hay nada más dañino para el espíritu humano que encontrar una zona de confort en medio de la batalla, ya que la búsqueda de soluciones carecerá de ese componente anímico que sólo la cercanía al precipicio ofrece.

    – Reitero un concepto ya explicado en este espacio: defender como lo hace la Vinotinto tiene como principal consecuencia que para agredir al rival hay que recorrer una mayor distancia, y por ello aumentan las posibilidades del error y de la recuperación del contrario. Revisen el partido ante los chilenos para entender mejor esto que trato de aclarar.

    – Frente a la selección peruana, el equipo se ubicó 15 o 20 metros más arriba en el campo de juego, lo que supuso que Alexander González y Roberto Rosales estuviesen más protegidos y fueran los exponentes de ese cambio. Ambos laterales, sobre todo Rosales, recorrieron un camino que comenzaba en el medio del campo y terminaba en la línea de meta rival, con la tranquilidad de que el auxilio de sus compañeros era una realidad, no por los tan mentados y poco comprendidos relevos, sino porque la selección venezolana actuaba como un bloque corto y solidario y por ello, los jugadores siempre estaban cerca de la finalización de cualquier maniobra. Repito, fue un equipo corto y solidario.

    – Otros nombres claves en esta transformación fueron Oswaldo Vizcarrondo y Tomás Rincón. El primero comandó el movimiento del bloque y sentó la base desde donde iba a partir el equipo, además de haber tenido un encuentro para que lo guarde y se lo muestre con orgullo a sus hijos. Rincón, por otro lado, se decicó a lo que mejor sabe: jugar al fútbol. Ordenó al equipo, cortó avances rivales, y nunca perdió de vista que el objetivo del fútbol es hacer más goles que el contrario. Demostró que puede adueñarse del centro del campo y que con dos laterales a su misma altura, no necesita de un acompañante defensivo.

    – A este cuerpo técnico le gusta hablar de números para explicar el juego. Yo rehuyo de quienes creen que las matemáticas pueden esclarecer las dudas que caracterizan a esta actividad, pero en este caso sigamos a la corriente oficial para que seguir encontrando argumentos que justifiquen este artículo y se entienda que desde la conquista de territorios mucho puede cambiar. Para ello utilizaré los números que ofrece la web de Conmebol http://conmebol.com/es/content/la-eliminatoria-al-dia

    – Ante Chile, la Vinotinto disparó 3 veces fuera del arco chileno y una al arco defendido por Bravo para 0 goles, mientras que los chilenos convirtieron 3 goles, dispararon 7 veces a la puerta criolla y generaron 3 disparos fuera del arco. Frente a Perú, con el cambio geográfico, los criollos anotaron 3 goles, dispararon 5 balones a la puerta de los peruanos, uno al poste y 12 fuera y, para aquellos que desean siempre hablar de equilibrio y demás frases hechas, la Vinotinto, bajo la idea de hacer vida en territorio contrario, con centrales ubicados en el centro del campo y un sólo volante de contención, sufrió dos goles (errores individuales e inexplicables de Amorebieta el primero y Rondón el segundo), permitió un disparo al arco y 4 fuera del arco.

    – Me afinco en el último párrafo ya que hay quienes señalan que el equipo venezolano no tuvo equilibrio y fue un conjunto que jugó con fuego. No se que entienden por equilibrio, pero en este juego mientras ataco defiendo y mientras defiendo ataco. Esa es la única armonía que conozco en el fútbol y quedó patentada en ese último juego de la selección. Los dos goles en contra no son señales de desequilibrio; simplemente dejan en evidencia la falta de actividad de Amorebieta y una distracción de Rondón.

    – La cantidad de disparos y ocasiones de gol en un partido son hijos de los espacios conquistados. Mientras más cerca del arco rival se ubique el bloque, más próximo del área contraria se recuperará la pelota y como resultado serán mayores las oportunidades de gol.

    – Ante Chile falló el plan y no hubo reación por parte de la conducción, mientras que ante los peruanos se decidió atacar la defensa rival en su zona. Hoy se habla de Bielsa, de la continuidad de Farías o de cualquier cosa que esconda los errores cometidos en otros partidos que se planificaron con demasiada prudencia. Si se me permite deseo hacer una reflexión: no importa si sigue Farías, llega Bielsa o vuelve Páez, lo que realmente nos acercará a la meta es un largo proceso de reflexión en el que se consideren los matices de este proceso, se perfeccione lo positivo y se corrijan los aspectos negativos. Cambiar por cambiar no sirve de mucho, así como tampoco ayudará darle continuidad a este proceso por el simple hecho de potenciar relaciones extra juego.

  • Entre caníbales

    Ernest Hemingway dijo aquello de que «el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado«, y cuanta razón tiene el difunto escritor norteamericano. Caer ante Chile significó la apertura de la caja de los truenos y con ello aparecieron las descalificaciones, los señalamientos y hasta una que otra acusación de traición a la patria tan en boga en estos tiempos violentos.

    Esos comportamientos no deberían sorprender; este ciclo se ha caracterizado por conductas que se alejan de la tolerancia, marcando como enemigos a todos quienes nos hemos dado a la tarea de recordar que la victoria nos da alegrías pero no nos acerca a la unanimidad. Ganar o perder ha sido la excusa para fomentar la intransigencia, y la noche del martes, luego de la victoria ante Perú, fue sólo la continuación de una función que lejos está de llegar a su fin. No se habla del juego; se buscan enemigos y se reparten papeles en esta triste obra en la que hace rato pesa más la política que el mismo espíritu deportivo

    Se perdió ante Chile porque se jugó muy mal al fútbol y peor aún, no hubo respuestas desde el banco. El equipo austral nos dominó con la misma fuerza con la que, cuatro días después, nuestros jugadores sometieron a los peruanos. En fin, que ambas manifestaciones deberían haber sido solamente eso: muestras futbolísticas.

    Ahora bien, volviendo al juego, no se puede señalar a un único responsable de un  rendimiento o de un resultado. En un deporte colectivo como el balompié, un equipo es un sistema dinámico, y según la teoría del caos, pequeñas variaciones en sus condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro. Es decir, un error de marca producirá anarquía como la que se vivió el viernes, o simplemente adelantar al equipo quince metros ocasionará el dominio vinotinto sobre sus rivales peruanos.

    Vuelvo a Hemingway y su enorme frase. Nos seria muy útil reflexionar acerca de las causas de la derrota sin adentrarnos en este canibalismo interesado que ya ha hecho rodar “verdades absolutas” que cuestionan la valía de nuestros jugadores o el carácter de los mismos. No nos destruyamos, o si lo vamos a hacer, dejemos antes un legado que le sirva a quienes sean más inteligentes que nosotros para que no cometan los mismos actos de barbarie que nos han definido. Puede que me equivoque y sea cierta aquella expresión de Sartre: “el infierno son los demás”.

    Columna publicada en el diario Líder el 12 de Septiembre de 2.013

  • El infierno somos todos

    – Mi admirada amiga, la psicóloga española Rosa Coba (@RosaCoba), me sugería hace un par de días leer «Apuerta cerrada», una magnífica obra de Jean Paul Sartre. Su consejo venía influenciado por mi fascinación manifiesta por la serie de T.V. House MD y un capítulo de su tercera temporada llamado «One day, one room«, que en castellano sería algo así como «un día, un cuarto».

    – Confieso que me devoré la pieza de Sartre en una sentada, y me volvió a quedar claro – por optimista a veces olvido ciertas verdades – que el infierno somos nosotros. Los seres humanos somos capaces de las más grandes atrocidades con tal de satisfacer nuestro ego, pero la vida tiene sus maneras de colocarnos nuevamente en nuestro sitio y por ello es que presenciamos explosiones como las que venimos viviendo en el fútbol venezolano desde la derrota ante Chile.

    – El ciclo de César Farías al mando de la Vinotinto ha llegado a un punto de no retorno. Lo más sensato sería entender que ya no vale la pena dirigirse a los medios ni alargar la agonía sino tratar de terminar el camino de la mejor manera posible, esto es, con una victoria ante Paraguay. Claro que lo ideal sería que se produjese el milagro de la clasificación al Mundial, pero me temo que en estos momentos eso sólo contribuiría a idiotizar aún más a un país futbolero que parece no recordar tiempos mejores.

    – Hoy, ante Perú, el equipo de Farías – o Farías mismo, como usted desee – dio una muestra de aquello que pudimos ser y no fuimos. El resultado final no hace justicia al juego del equipo y Perú seguramente abandona nuestro país con una pequeña sonrisa sabiendo que su retorno a casa pudo haber sido con un saco de goles. Venezuela jugó a lo que siempre ha sido capaz pero que la conducción Farías, por su naturaleza conservadora, nunca quiso confirmar.

    – Venezuela se plantó en el medio del campo y ahí nacieron todas las ideas criollas. Oswaldo Vizcarrondo tuvo la mejor noche de su carrera y a partir de su solidez el equipo supo entender que la victoria se podía conseguir una vez conquistado el campo rival. Fue tan soberbio lo del central del Nantes que ni siquiera los errores de Amorebieta parecieron desconcentrarlo. No regaló nunca el balón, supo salir de su zona de confort para iniciar el movimiento del bloque colectivo y tuvo el detalle de ir hacia adelante, con pelota dominada, para forzar un disparo en una clara muestra de su categoría como jugador de fútbol.

    – Me gustaría poder ser claro con la siguiente afirmación: Venezuela no fue un equipo que asfixió a Perú, es decir, no tuvo, por ejemplo, movimientos de presión como sí los demostró en otras ocasiones. Lo que sí hizo el equipo vinotinto fue continuar el desplazamiento que proponía Vizcarrondo desde el fondo, y por ello, el conjunto venezolano jugó la mayor parte del partido en campo contrario. Colocar a diez jugadores en ese espacio «reducido» permite que el rival no encuentre nunca un pase claro, y eso hicieron los venezolanos hoy: se adueñaron de unos espacios que Perú asumió suyos y cuando quiso defenderlos, ya no le pertenecían.

    – La evolución táctica del combinado nacional la ejemplifica Roberto Rosales. El lateral izquierdo fue ancho y profundo como siempre lo ha sido, pero en este caso, sus carreras nacieron en el medio del campo, por lo que su desgaste físico era menor y además, estando tan arriba, condicionó las intenciones peruanas. Marcó y atacó a la misma vez, es decir, jugó al fútbol.

    – El gol del empate, obra de ese goleador extraordinario llamado José Salomón Rondón es otra de las muestras del atrevimiento criollo. En la mayoría de los partidos de este premundial, el ariete del fútbol ruso tuvo que forjarse su propio camino al gol, con la dificultad de tener que enfrentar por sí sólo a cuantos defensores dejara el rival. Hoy, con el cambio de modelo, Rondón recibió la pelota y a su lado habían tres satélites vinotinto, acompañando, estorbando a la defensa peruana y despejando el camino para que Salomón no tuviese tantas alcabalas que pasar. El equipo como bloque que conquistó los espacios contrarios.

    – Repasemos la alineación criolla: Dani Hernández; Alexander González, Oswaldo Vizcarrondo, Fernando Amorebieta y Roberto Rosales; Tomás Rincón; César González, Yohandry Orozco y Juan Arango; Josef Martínez y Salomón Rondon. Dice Juanma Lillo que «hay que saber de jugadores para saber algo de fútbol, pero siempre admitiendo que no sabemos nada, que ya es mucho saber«. Ahora bien, con esos nombres, si la indicación es aguantar, sin duda estaremos perdiendo las cualidades de estos futbolistas, pero si en cambio, como sucedió hoy, se diseña una estrategia para jugar según los intérpretes, el buen juego hará mayores las probabilidades de acercarnos a la victoria, que al fin y al cabo, es la meta de cualquier competidor.

    – ¿ Jugando de esta manera hubiésemos clasificado al mundial? Esa interrogante no tiene respuesta cierta, pero vuelvo a recordar que para ganar sostenidamente en este deporte el mejor camino es aquel que nace a partir del buen juego. Entiéndase ese concepto de «buen juego» a aquellas maneras de encarar este deporte que respeten la escencia del mismo, lo que se traduce en que no hay facetas sino una continuidad: se defiende atacando y se ataca defendiendo. Para citarlo a Lillo de nuevo, el fútbol es «una unidad indivisible, no hay momento defensivo sin momento ofensivo. Ambos constituyen una unidad funcional«.

    – Eso fue la selección en la noche de Puerto La Cruz, un organismo que supo nacer, vivir y morir como tal. Y en su existencia, superar los diferentes obstáculos que se le presentaron, sin desmayar ante la adversidad que significó el primer gol peruano.

    – Volvamos a Farías y esa capacidad para dividir y enfrentar que tanto le ha caracterizado. Hoy protagonizó un nuevo escándalo que no vale la pena analizar por sí sólo, sino que debemos esperar que sea uno de los últimos que nos toque presenciar. Este fútbol necesita urgentemente un cambio de actitud para que la selección vuelva a ser el punto de encuentro y cordialidad que antes fue. La estrategia de identificar grupos de amigos y enemigos del proceso debe ser desterrada, así como la mediocridad de quienes patrocinaron ese discurso. Este fútbol se merece gente que quiera trabajar por él y que fomente un espacio para el debate de ideas. Si para ello es necesario que Farías, Esquivel y toda la FVF abandonen sus cargos, pues que así sea. Ya no basta con pelear, hay que crecer de una vez y dejar de lado ese infierno en que nos hemos convertido, amparado en la dañina aceptación de que para llegar al mundial valía todo.