Autor: Ignacio Benedetti

  • Aspirinas para la resaca chilena

    – Pedirle soluciones a la prensa es inútil, no es la labor primordial de esa profesión que en cambio sí debe convertirse en la voz de quienes no tienen voz. Pero en este caso, el pedido y la solución no están en casas diferentes, por lo que trataré de soñar con algunas respuestas que nos ayuden el martes ante Perú.

    – No creo que haya que modificar muchos nombres. Salvo la aparición de Tomás Rincón y Alexander González como titulares, el equipo debe ser el mismo. Las mejoras deben nacer de un cambio en la concepción del juego.

    – Para ello es necesario recordar aquella máxima de este deporte y de cualquier otro: el triunfo se consigue a partir de la toma de riesgos. En este caso, analicemos lo que eso significa y cómo puede llevarse a cabo por parte de la selección.

    – La toma de riesgos es una conducta que está asociada a salir de la zona de confort. Con ella se entiende que para lograr el objetivo se deben propiciar comportamientos alejados de la cotidianidad, es decir, salirse del libreto. La Vinotinto tiene los jugadores necesarios para llevar a cabo esa «evolución» tan necesaria para comprar algo de oxígeno el martes a la noche, pero para que esas variantes existan, estas deben nacer del colectivo y de su convencimiento, de lo contrario, si son impuestas sin mayor reflexión, estas maniobras correrán el riesgo de convertirse en patadas de ahogado.

    – ¿Cuales pueden ser algunas de esas modificaciones? Comencemos por la ubicación en el campo de juego. Hay quienes me han señalado que los protagonistas de la victoria ante Paraguay fueron básicamente los mismos jugadores que el viernes cayeron ante Chile, y por ello es que hago énfasis en la intención y la ocupación de otro espacio geográfico distinto al habitual. Esta selección ha sabido presionar cerca de su propia área para así generar contragolpes intensos, pero lo que se sugiere es que mantenga esa misma intensidad  veinte metros más arriba; que el bloque se traslade al medio del campo, para que una vez recuperado el balón los jugadores vinotinto estén más cerca del arco rival. Claro que esa conducta se puede realizar mucho más arriba, sería lo ideal, pero ello nos acercaría más a la utopía que a la realidad.

    – Pensemos en un equipo corto, con poca distancia entre sus líneas, con los laterales a esa altura que les señalo, jugando – defendiendo y atacando – con la posibilidad de convertirse en opción de pase y desborde. Imaginemos a Arango y a Maestrico con la pelota, levantando la cabeza para elegir socios en vez de tener que conformarse con quien aparezca. Y por consecuencia, a Josef Martínez y a Salomon Rondón moviendose, generando espacios para que estos sean aprovechados por ellos mismos o por sus compañeros, aumentando las probabilidades de pisar el área rival con contundencia.

    – No hablo de goles sino de ocasiones. Decía Marcelo Bielsa que lo que se puede entrenar es justamente la construcción de posibilidades, que la efectividad está más emparentada a cuestiones innatas del futbolista mismo. Entonces, revisando los partidos vinotinto, lo que debe hacer la selección es justamente lo que plantea Bielsa: producir acciones ofensivas.

    Ahí está, esto puede ser parte de la solución o simplemente convertirse en palabras que se lleve el viento. Eso sí, como no trabajo en «agencias de publicidad» ni veo el futuro, le pido que entienda que lo mío pasa por el juego y no por el pronóstico. No tengo la verdad absoluta, pero si creo, a diferencia del señor de la gorra y sus insultos, que todos podemos aportar soluciones.

  • Paquete chileno

    – Diego Simeone le dio de comer al hambre cuando dijo aquella estupidez de que a su equipo no le hacia falta la pelota, que no le interesaba en lo más mínimo la posesión, cuando lo que ha debido explicar es que no se trata del tiempo que se tenga el balón sino de lo que se intente cuando se posea y de cómo se ataque al rival cuando aquel sea dueño de la pelota.

    – Hoy, como es costumbre en esta eliminatoria, Venezuela no manejó nunca la titularidad de la herramienta de trabajo sino que se dedicó a correr detrás de ellá y de unos jugadores chilenos que siempre se movieron. Cuando la Vinotinto se dió cuenta de que para atacar hay que contar con el balón ya estaba abajo dos goles por cero.

    – Digo que los chilenos tuvieron dinámica, pero que se entienda que nunca pretendieron correr más que la pelota, en todo caso la hacían correr hacia donde ellos quisieron. Pero esto, que es una verdad más vieja que el viento, seguirá siendo ignorado por quienes memorizan estadísticas que dicen poco o nada del juego.

    – Me decía un amigo: «si llevamos 6 años jugando al pelotazo así vamos a jugar este partido». Para el recuerdo de unos pocos quedarán las declaraciones aquellas que prometían cambios e innovaciones que hoy no se mostraron, porque el espejismo que significó el inicio del segundo tiempo fue sólo eso, una imagen contaminada por la ventaja rival.

    – No sé si se perdió el boleto al mundial ni pretendo convertir esta crónica en un desfile de posibilidades. Para quien escribe, el futuro es incierto y a eso le sumo que el fútbol es territorio fértil para las hazañas; lo que si sé es que mucho tendrá que cambiar para que el martes, ante Perú, el equipo parezca justamente un equipo y no un colectivo de jugadores a la deriva.

    – Hoy Chile tuvo a un Alexis Sánchez en plan Messi; no se limitó a la banda sino que participó de los circuitos ofensivos de su equipo sin reparar en la zona del campo que le tocara ocupar. Pero en su equipo juega un futbolista que ha madurado hasta el punto de convertirse en el más sólido jugador del continente: Arturo Vidal.

    – Aviso a los mentirosos, repetidores y  controladores: todo el mundo sabe a qué juega Vidal, pero pocos han podido detenerlo. ¿Saben por qué? Porque el juego tiene mucho de imprevisto, y mientras el controlador de turno se empeña en modificar el pasado con un par de gritos, el futbolista resuelve y decide, inspirado en su talento y protegido por el modelo de juego, pero es él quien tiene la capacidad de influir directa e inmediatamente.

    – Puede que Sánchez y Vidal hayan sido los picos más resaltantes de Chile hoy, pero si queremos entender en qué falló nuestra selección en la noche de Santiago sería bueno repasar las conductas del equipo chileno, esas que imposibilitaron cualquier sociedad venezolana a la misma vez que atacaban. Es algo que aún no se comprende por estos lados: el juego es uno sólo; no se defiende o se ataca, se juega al fútbol. Sampaoli lo dejó claro en la rueda de prensa previa al partido cuando dijo que: «vamos a defender en relación como nos ataquen. Dependiendo de eso definiremos nuestro sistema«. Chile no se sintió nunca atacado y propuso que el partido se jugara en dónde más le convenía. Así fue durante 45 minutos.

    – Muchos cuestionan la actuación individual de algunos jugadores vinotinto en el juego de hoy, sin reparar quizás en que el problema va mucho más allá y tiene que ver con la ausencia de respuestas desde el banco de suplentes. La entrada de Agnel Flores debe haber sido tan desconcertante para los futbolistas como para quienes observamos el partido.

    – El gol de Salomón Rondón está mal anulado, no hay duda, pero no perdimos por ello. Más bien deberíamos preguntarnos cosas como ¿a qué se jugó? o ¿cuáles fueron las innovaciones? Porque si vamos a recargar la tinta en el desastre que es Conmebol debemos recordar que el presidente de la FVF disfruta cuando hipnotiza, cual encantador de serpientes, a sus rivales, sacando chapa por unos supuestos contactos en el ente continental. No por viejo se es más fuerte o más influyente.

    – Pregúntese además, mi estimado lector, de qué sirve tener dos laterales con capacidad de proyección y a un volante como Luis Manuel Seijas en el centro del campo si ante cualquier duda volveremos al pelotazo de siempre; o si usted prefiere, deliberemos acerca de lo que significa tener a dos jugadores talentosísimos como Arango y González y no fomentar una sociedad entre ellos y sus compañeros. Eso, y no el horror arbitral, son ejemplos que nos deben llamar a una seria reflexión: ¿a qué juega Venezuela?

    – Una pista: Venezuela debería jugar a lo que las cualidades de los jugadores y su capacidad de asociación con sus compañeros determinen. Pero no es así y esta terquedad se paga caro. Quien sabe si se llegue al mundial, ojalá, pero reitero, el tiempo por venir es incierto y lo que nos queda es pensar en el encuentro frente a Perú el próximo martes para intentar comprar un poco de oxígeno.

    – Siempre quedará la sensación de que en aquella noche en Asunción, Paraguay, dimos una muestra de lo que pudimos ser y nunca fuimos…

  • Buscando el oxígeno perdido

    A pesar de la creencia popular, el futuro no ofrece respuestas sino interrogantes. Para conseguir las soluciones a esas incógnitas se debe trabajar sin descanso, pero aún así hay ocasiones en que ello no es suficiente y se necesita de la complicidad de aquello que llaman suerte. Hay quienes pretenden emparentar equivocadamente al error de un competidor con el azar, pero aún así hay que estar preparados cuando estos “accidentes” se presenten.

    Mañana la Vinotinto se enfrenta justamente al futuro, o mejor dicho, a la posibilidad de que este sea lo que siempre se ha soñado. La parada en Santiago no es la última del trayecto criollo pero puede convertirse en definitiva si no se obtiene por lo menos un punto ante la selección chilena. Es una obviedad de mal gusto reiterar la voluntad y el deseo de este grupo por alcanzar el billete al mundial; quienes de manera oportunista hacen mención a ello lo hacen irrespetando a los futbolistas y cuerpo técnico.

    Así como nuestra selección llega al partido con la obligación de sumar para seguir con vida, Chile se encuentra en una situación similar a la de hace cuatro años cuando querían sellar su boleto al mundial frente a su público. Ese deseo es sin duda un generador de ansiedad que debe ser aprovechado por los nuestros. Me explico: si Chile hace cierta su voluntad de atacarnos constantemente, la Vinotinto tendrá ocasiones de hacerle daño en el contragolpe, sobre todo si se mezclan la madurez de César González y Juan Arango con la explosividad de Josef Martínez y Salomón Rondón. Para ello hay que recuperar el balón y ser agresivos, entendiéndose esto  último como la capacidad de reaccionar rápidamente a los imprevistos del juego. Eso: concentración, reacción y aprovechamiento de espacios.

    ¿Qué puede pasar el viernes? Todo, o puede que nada. El futuro es justo lo que siempre expreso en este y otros espacios: un sinónimo de incertidumbre. Tras la caída ante Uruguay sólo queda levantarse en búsqueda de un triunfo que nos permita mantenernos en la sala de cuidados intensivos en la que nos internamos voluntariamente.

    La Vinotinto debe hacer buenas las palabras del entrenador español Oscar Cano Moreno cuando pedía “que los jugadores no sean únicamente sujetos a los que les pasan cosas sino que también sean sujetos que hacen que pasen cosas”. No se trata de defender y ver que pasa, sino de jugar para ganar, atacar para robar y ganar para seguir viviendo.

    Columna publicada en el diario Líder el 5 de septiembre de 2.013

  • La posibilidad de una isla Vinotinto

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    El camino se ha hecho largo e insoportable. El tiempo entre el partido vs Uruguay y el de este viernes en Santiago tuvo todo el peso que caracteriza a la eternidad.

    Chile es el primer rival. El viernes la selección juega su partido más importante y lo hará ante un oponente que también lleva consigo una fuerte carga de ansiedad. Saben los chilenos que una victoria los clasificaría a Brasil, y a diferencia de lo ocurrido hace cuatro años – Chile 2 Venezuela 2 – quieren hacer la tarea ante su gente. Esa meta, esa ambición genera ansiedad y con ella pueden aparecer los errores australes; la Vinotinto vivirá un partido como nunca en el que la pifia del rival puede ser combustible para el futuro.

    Para los criollos es vital entender de espacios y saber manipular sus reacciones. Del espacio hablé con anterioridad pidiendo permiso a Martin Heidegger, pero bien vale recuperar algo de lo señalado en aquel texto, sólo para entender que no es tan importante la cantidad de delanteros que coloque Farías sino la habilidad para ocupar y explotar los espacios que libere el contrario:

    – El fútbol, para ser fútbol, debe ser la búsqueda de espacios para ocuparlos, explotarlos o, simplemente, simular su invasión para luego tomar posesion de otros espacios que aparezcan como consecuencia de la ficción antes mencionada.

    – La aparición de un espacio o su descubrimiento produce muchas sensaciones, entre las que están la angustia y la curiosidad. Quiero pensar que quien se defiende por amontonamiento de jugadores y no tiene mayor plan para someter al rival, considera que un espacio no ocupado es sinónimo de ansiedad y miedo. Es posible que el jugador/equipo dude entre ir en búsqueda del contrario o hacerse de la titularidad de ese espacio inhabitado. Es ahí, en ese momento de vacilación, que, posicionalmente hablando, el adverario le gane la batalla.

    – Hay jugadores y/o equipos de fútbol que han desarrollado una exitosa carrera basados en “espacear“, concepto definido por Heidegger como la ocupación “de los lugares de los que los Dioses han huído”. El Real Madrid de Mourinho o el Barcelona de Guardiola son dos claros ejemplos de ello.

    – Para algunos, un espacio es una porción de terreno suceptible de ser ocupado por uno o varios jugadores. Identifico en esa afirmación un par de inquietudes: ¿acaso el futbolista en posesión de la pelota está en capacidad de decidir que se ocupe tal o cual espacio? En caso de hacerlo, ¿lo hace influenciado por la falsa certeza de que su intención es entendida y aceptada por sus compañeros (llamemos a estas conductas automatismos) o necesita de una mirada o gesto cómplice (un segundo de más, llamémoslo pausa) para sugerir la conquista de ese lugar? No son minúsculas estas sospechas porque en mi opinión, el juego del fútbol tiene tanto de consciente como de inconsciente, entendido esto último como una conducta irreflexiva, es decir, que es más del instinto que de la planificación.

    – Si debo jugármela y ofrecer un concepto, diría que en el fútbol, el espacio vendría a ser algo así como la unión entre voluntad y posibilidad. El jugador puede y debe reconocer cuándo y cómo se invade una determinada zona (físicamente o mediante un pase) porque idealmente ese espacio es producto de una dinámica (colectiva e individual). Para tener una dimensión correcta de la validez de la ocupación de ese terreno baldío (disponible para la construcción y ejecución de obras), hay que entender el tiempo y las formas de su conquista.

    – ¿Cómo se puede convertir en realidad lo que trato de explicar? No hay otra manera de hacerlo que entrenando, comprendiendo un modelo de juego y asumiendo el principio que explica el “Efecto mariposa“: una mínima variación en un extremo del terreno de juego puede significar un terremoto futbolístico en el otro límite.

    – Vale la pena plantearnos si el espacio es tal a pesar de su “vacío” o, si por el contrario, su existencia es condicional a su ocupación o descubrimiento. Leyendo a Heidegger, me queda la certeza de que la existencia no se discute, lo que si debe considerarse es la cualidad de algunos jugadores de ver más allá de lo normal; la rapidez mental para imaginar secuencias y jugadadas que generen, posteriormente, un caos que sólo ellos pueden entender. Por eso hacía referencia a las sensaciones que acompañan al descubrimiento de un espacio.

    – En el fútbol se miente y mucho. Si las dimensiones del terreno de juego son básicamente las mismas, y si en ese campo once jugadores se enfrentan a otros once jugadores, ¿cómo es que hoy en día no hay espacios para jugar? Espacios hay y siempre habrán, pero la aparición de esos terrenos está condicionada a lo que se llama “dinámica”, es decir, a los movimientos, acelerados y/o pausados, que definen a un equipo de fútbol.

    – ¿Qué trae consigo el descubrimiento de un espacio? Incertidumbre. De la ocupación de esos espacios nacen mil formas de continuidad, por ende, ese espacio es un canto al optimismo y a la creatividad.

    Ahora bien, de las posibles reacciones se ocupan el cerebro y las emociones. Se necesita una máxima concentración para que estas conductas, que se caracterizan por ser respuestas a estímulos provocados por otros, puedan ser aprovechadas por el colectivo en vez de que se desperdicien a causa de algún arrebato innecesario de individualismo. Cada actuación vinotinto, cada réplica debe ser entendida como una verdadera posibilidad para un futuro menos incierto. Debo citar al filósofo español José Antonio Marina para darle un poco de luz a esto que planteo: «los sentimientos son punto de llegada y punto de partida. Resultan de la acción pasada y preparan la acción futura. Los sentimientos inician una nueva tendencia. Disponen para la acción o para la inacción, que es también un modo de comportarse«. Los criollos entonces deben mantener en mente, durante todo el partido, que sus acciones no serán comportamientos aislados sino parte de una continuidad: defender correctamente se traducirá en ataques similares, y atacar bien servirá para defender de la misma manera. Continuidad.

    No creo que Chile sea un equipo menos dinámico – discurso oficial que ahora será repetido por los repetidores como palabra santa sin previo análisis – pero en todo caso, y revisada su más reciente actuación, a la Roja hay que atacarla a partir de la recuperación de la pelota, faceta en donde serán muy importantes las apariciones de Juan Arango y César González, no sólo porque son quienes pueden enviar un pase certero que inicie la ocupación de espacios en ofensiva, sino que ellos poseen la inteligencia para tomar decisiones tan trascendentales como cuándo salir en largo o cuándo hacerlo en corto. Teniendo en cuenta esto último y sumando que es muy probable que el rival intente empujar a los criollos hacia su propia área, la posibilidad de una pareja de volantes centrales integrada por Lucena y Seijas no es descabellada, a pesar de la mala presentación del primero ante Bolivia.

    Pero es hora de volver a la idea que propone este texto: dónde, cómo y cuándo hacerle daño a Chile.

    No hay respuesta que se traduzca en verdad absoluta porque cada partido es una vida distinta: incontrolable desde el análisis previo, por lo que debe vivirse e ir mutando según se recorra, pero hay señales, o mejor dicho, en la hoja de ruta aparecen muestras que pueden definir las tres preguntas vitales: dónde, cuándo y cómo.

    Chile atacará porque es su esencia, es decir, son las cualidades y el espíritu de sus jugadores. Venezuela debe marcar y reaccionar, para ello, y sumado a lo que explicaba de Arango y González, se hace obligatoria la presencia de Josef Martínez acompañando a Salomón Rondón en el ataque venezolano. Es una frase sencilla si se analiza unicamente desde la actualidad goleadora del ex Caracas, pero en este caso me interesa aún más su capacidad para arrancar, detenerse, cambiar el rumbo y decidir, características que hoy lo convierten en un jugador fundamental. Hay que sumar además que el jugador del Thun habla el mismo lenguaje que sus «habilitadores» – Arango, Seijas, González -, lo que posibilita una rápida construcción de sociedades por la facilidad de comunicarse a través de un verbo en común.

    La recuperación del balón ouede que suceda, en la mayoría de los escenarios, a escasos metros del área venezolana, y es ahí, con la complejidad que significa tener al enemigo cerca, cuando hay que decidir hacia dónde ir. Por ello son tan importantes estos jugadores que mencione, porque pueden sortear esos obstáculos y con su inteligencia contagiar calma a sus otros compañeros en una noche que promete ser una montaña rusa emocional.

    Una isla. Primero hay que conquistar ese territorio en medio del mar para luego sí soñar con la defensa de ese territorio el próximo martes ante la invasión peruana.

  • Contraataque en código blaugrana

    Segundo gol del Barcelona ante el Valencia. Presiona Busquets con la ayuda «presencial» de Iniesta. Recuperación y contragolpe blaugrana. No leyó mal mi estimado lector: contragolpe blaugrana.

    Hay situaciones que parecen invocar al «Eje del mal«. Una de ellas es que un equipo provoque un contraataque, o contragolpe, como usted lo prefiera, cuando lo que deberíamos revisar es el porqué se produce esa reacción ofensiva y si quien la ejecuta la ha ocasionado, lo cual nos llevaría a una reflexión aún mayor que abarcaría adentrarnos en el modelo de juego. No nos olvidemos que en toda conducta hay algo de intencionalidad y también algo de espontaneidad, pero en el caso que nos ocupa, es harto conocido que el club catalán promueve una cantidad de comportamientos (presión, concentración, solidaridad, etc.) que buscan justamente generar desorientación en el rival para armar un contragolpe.

    Todo dependerá – alejándome ya del Barcelona y haciendo más global la afirmación – del lugar en donde se defienda, o mejor dicho, la zona en que se ataque al rival. Si mi equipo prefiere resguardarse cerca de su propia área, la reacción ofensiva tendrá mayores obstáculos en su camino por convertirse en sutuación de peligro por la longitud que debe recorrer el «ladrón del balón» para llegar al arco rival. Pero si por el contrario se apuesta a conquistar el terreno enemigo y no entregar la tierra ocupada, la presión organizada permitirá, una vez recuperada la pelota, estar más cerca de la meta: el gol.

    Contraatacar es una reacción, una de las tantas conductas que componen la complejidad del fútbol. Un equipo que diga que se dedicará a jugar solamente al contragolpe ignora las mil variantes de este deporte y se aproxima a su propio fracaso.

    En fin, estas dos fotografías del segundo gol del Barcelona hablan por si solas…

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  • La presión como excusa

    Es moderno hablar de la presión como característica definitoria del buen fútbol, sin que se ahonde en cuestiones tan sencillas como dónde y cuándo se debe poner en marcha esta estrategia, que al fin y al cabo es un hábito entre los muchos que caracterizan a un equipo.

    Presionar es un comportamiento colectivo que tiene como finalidad atacar al rival. Se agrede al enemigo para que este pierda la pelota ya que ante semejante acoso no dispondrá del tiempo y el espacio para tomar la mejor decisión. Se realiza también con la intención de apurar las respuestas y producir un estado de ansiedad que derive en errores del adversario.

    Vale aclarar que esta conducta puede llevarse a cabo en cualquier lugar del campo, a pesar de que en estos tiempos de «copiar y pegar» pareciera que, según el discurso del experto de turno, sólo tiene validez la presión alta, aquella que supone ir a buscar al contrario cuando éste se dispone a salir de su zona defensiva con el balón dominado.

    El Real Madrid de Mourinho supo cumplir esta tarea de persecución en distintas demarcaciones, dependiendo de la estrategia que demandara el adversario. Hubo ocasiones en que supo ir arriba; algunas en las que presionó en el medio del campo y otras en donde la persecución se ejercía cerca de su propia área, caso en el que se le acusaba de contragolpeador como si aprovechar esa faceta del juego fuese ilegal.

    Ahora bien, este comportamiento necesita que todos y cada uno de los jugadores se impliquen en él, ya que si los centrales, por ejemplo, ceden al miedo y prefieren resguardarse cerca de su propia área cuando su equipo aplica la presión alta, el rival encontrará espacios para retar a esos defensores sin que estos cuenten con el amparo de sus compañeros, es decir, quedarán mano a mano. Ante Bolivia, la Vinotinto mostró justamente esta vertiente en la que algunos iban en búsqueda del oponente mientras que otros jugadores preferían mantener los espacios conquistados.

    Gerardo Martino, entrenador del Barcelona, explicaba en una entrevista que “si presionamos bien corremos menos”. Es decir, no se trata de cuánto sino de cómo se corre, y es el modelo de juego el que determinará dónde, cómo y cuándo utilizar esa estrategia.

    Escribía Antonio Porchia, poeta italo argentino, en su libro Voces que “el universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre”. Cualquier táctica dependerá de sus intérpretes, claro está, pero también del rival y de sus debilidades a explotar. Eso es el juego, aprovechar los momentos según lo que el partido ofrezca.

    Columna publicada en el diario Líder el 29 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/La-presion-como-excusa.aspx

  • Vinotinto: postales para la excursión en Chile

    El viernes 06 de septiembre la Vinotinto jugará su primera final en la ruta hacia el Mundial de Brasil 2.014. Es cierto que en este largo e inexplicable camino que son las eliminatorias sudamericanas – no me refiero a la cantidad de partidos sino a las dilatadas pausas entre fecha y fecha – cada encuentro debe jugarse como eso, como una final, pero si tenemos en cuenta que a la selección nacional apenas le restan tres enfrentamientos es entonces cuando se puede concluir, de manera poco original, que es ahora o nunca.

    La primera parada es en Santiago ante una selección chilena que supo modificar su hoja de ruta, desechando los cambios bruscos que pretendía la conducción de Claudio Borghi para así volver a las raíces que dejó el proceso Bielsa. Jorge Sampaoli ha encontrado un equipo con algo más de experiencia y con una variante que puede ser significativa: la presencia de Angelo Henríquez, un muy joven delantero, ficha del Manchester United, que a pesar de su inexperiencia, le ofrece a su selección una dinámica que «Chupete» no tiene. Es atrevido pensar en una selección chilena con Suazo en el banco pero Sampaoli no descarta ningún tipo de variantes, prueba de ello es el retorno a la selección de Jorge Valdivia y David Pizarro.

    En su última presentación, el equipo austral goleó seis goles por cero a un inocente Irak. La idea de esta entrega es mostrar algunas conductas de esa versión chilena, no sin antes recordar que Venezuela no es Irak, y que además, a pesar de lo que muchos creen, un partido amistoso, jugado hace ya casi tres semanas, poco puede influir en lo que será el encuentro oficial en Santiago. Con ello pretendo darle mucha importancia al momento de los jugadores, a las emociones y nervios que genera un partido como este en el que se puede definir el destino de Chile (si gana estará casi clasificado al mundial) o la supervivencia de la Vinotinto (una derrota nos condena mientras que un resultado positivo sería oxígeno para el próximo enfrentamiento ante Perú en Puerto La Cruz).

    En fin, son fotografías para tener una referencia, recordando que el fútbol, al igual que la vida, tiene millones de conductas que se alejan de la linealidad para convertirse en imprevistos.

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  • El error de Pomponio

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    La firma de Bladimir Morales con el Caracas ha convertido en materia de debate público y nacional algo que siempre ha caracterizado al volante de marca: su incapacidad para mantener una figura acorde con los tiempos que corren. Me refiero a esto porque la modernidad, o quienes pretenden convertirse en referentes de ella, quieren hacer creer que el talento se mide por el estado de la zona abdominal y el corte pelo. Estos profetas de los nuevos tiempos son aquellos que manejan a la perfección datos como los kilómetros recorridos por cada jugador, la altura, el número de calzado y el origen de cada tatuaje; elementos que según ellos «enriquecen la retransmición de un partido». El mediocampista en cuestión ya ha visto pasar sus mejores días como profesional y su llegada a un equipo como el de la capital es cuestionable desde todo punto de vista, salvo aquel que tiene que ver con la preferencia del actual técnico de la institución por jugadores de su confianza.

    Volviendo al juego, los gordos siempre han tenido cabida en el fútbol, pero no sólo ha triunfado aquel que parece superar los límites de peso sino que también han gozado del éxito una infinidad de jugadores que, contraculturalmente, han aprendido cuándo y cómo correr en la cancha. A través de mi cuenta de twitter un grupo de amigos y personas que respeto me recuerdan nombres ilustres, futbolistas que jugaron y sabían jugar: Ivan René Valenciano, Diego Maradona, Puskas, Cubillas, Ronaldo, Sívori, grupo al que sumo a uno que no tenía en el peso su mayor problema pero que, en su etapa final como jugador el Caracas, sabía ubicarse cerca de la raya de cal de tal manera que siempre recibía el balón con la posibilidad de conjugar su inteligencia con el tiempo y el espacio necesarios para mejorar a su equipo. Me refiero a Stalin Rivas.

    El fútbol se juega corriendo; es muy importante que los futbolistas estén en la mejor condición posible para ejercer su profesión, pero ello no debe limitarse al estado físico sino a una globalidad llamada fútbol, que está compuesta por elementos físicos, técnicos, tácticos, emocionales, circunstanciales y más, por lo que concentrarnos en un sólo aspecto es cuando menos reduccionista por no decir alguna barbaridad. Bajo esta consigna, la actuación del volante ex Deportivo Lara lo deja en evidencia, ya que hasta los momentos no ha demostrado estar a la altura de un equipo que, más allá del extraño discurso de su entrenador, está en condiciones de pelear el torneo local. Morales falla en las marcas, es brusco y su lentitud para reaccionar lo lleva a cometer una innumerable cantidad de infracciones que, si no fuese por el bajo nivel del arbitraje, lo obligaría a pasar más tiempo en la grada que en el campo.

    Ante el Carabobo no se contuvo y terminó dejando con diez a su equipo en el momento menos adecuado. No fue su aparente exceso de peso lo que condenó su accionar sino su incapacidad para medir las emociones del juego. En un momento en que el juego estaba detenido, mostró toda su furia al agredir a un masajista del equipo rival que actuó inadecuadamente. Ese sujeto, ajeno al juego en sí, dejó en evidencia a Pomponio y nos recordó que a este deporte se juega más con la cabeza que con los abdominales.

    Foptografía cortesía de Miguel Vallenilla

  • Cada momento es único; cada respuesta también

    Hay gente que desea saber como son los demás, pero cuando encuentran la puerta que los guíe hacia esa aventura, acceden condicionados por sus propios prejuicios. Luego, ante lo que les parece incómodo deciden abandonar el trayecto y no cumplen con la meta inicial: conocer. Eso sí, expresan juicios sin reparar en que no concluyeron el trayecto.

    Nos pasa lo mismo con el juego. Un equipo tendrá señales que lo identifiquen y otras que irán cambiando, mutando, evolucionando. No hay forma ni manera de que un equipo se comporte hoy igual que hace tres días o que las reacciones de sus jugadores, ante situaciones aparentemente similares, sean idénticas.

    Reitero, hay movimientos, conductas que definen a un colectivo, como por ejemplo la intensión de someter al rival a partir de una presión alta, pero esta no necesariamente producirá los mismos resultados ni siquiera en el mismo partido. Al minuto de juego puedo sorprender al lateral derecho rival porque no esperaba que lo fuesen a apretar tan cerca de su arco y como consecuencia de ello, perderá la pelota rápidamente, pero en la segunda ocasión en la que se enfrente a un escenario similar, ese jugador actuará o intentará responder de una forma distinta, por lo que el resultado de esa presión puede variar, o ser el mismo, pero en otra zona de la cancha. Lo dicho, cada conducta tendrá sus características propias y generará respuestas individuales y colectivas únicas, acorde al momento.

    El ser humano aprende o debería hacerlo a través de las experiencias, que no son sino las consecuencias de actos anteriores, entonces, si tomamos en cuenta esto, no sólo el resultado de la presión puede ser otro, sino que quizá esa conducta de atacar la defensa rival deba hacerse de distintas maneras y en otras zonas del campo.

    Nos empeñamos en querer trasladar la vida a los terrenos en los que nos sentimos cómodos, sin reparar en que ese aburguesamiento no es el aliado idóneo para llevar a cabo una reflexión; las cosas son como son y no como deseamos que sean. Siendo protagonistas podemos influir, pero cuando observamos manifestaciones extrañas, ajenas a nuestra ascendencia,  debemos hacer justamente eso, observar para aprehender y meditar desde un estadio de aceptación y no de reubicación según nuestra propia conveniencia.

    Todo, hasta la más perfecta calma, viene acompañada de enormes manifestaciones, cambios si así lo queremos llamar. De nosotros depende aceptar esa realidad o, en caso contrario, vivir dentro de burbujas de jabón que van sumando altura para que cuando revienten, nuestra caída sea aún más dolorosa.

    Disfrutemos el viaje…

  • Surfear la turbulencia

    “No se trata de correr más, de hacerlo a mayor velocidad, de ser más vigoroso o de tener una enorme destreza para el juego de cabeza. Sencillamente de lo que se trata es de intervenir en concordancia con los que te circundan, de establecer combinaciones precisas”. Esta frase, del libro El modelo de juego del FC Barcelona, obra del entrenador español Oscar Cano Moreno, bien puede ayudar a entender lo que durante mucho tiempo he defendido – sin ningún tipo de originalidad de mi parte – y que ahora se ha convertido en el mantra de César Farías: no se corre para jugar sino que se juega corriendo.

    El seleccionador nacional hizo uso de una expresión similar para explicar lo que esperaba de sus jugadores en el amistoso que terminó con un empate a dos goles frente a Bolivia el pasado miércoles. Farías parece haber dado un giro de 180 grados en su discurso y por primera vez en años se refiere al talento de sus jugadores antes que al estado físico como motor del juego. No quiero quitarle mérito a la preparación del futbolista, pero como también he dicho anteriormente, a éste se le debe acondicionar para jugar al fútbol amparado en un modelo de juego y no en la cantidad de kilómetros recorridos.

    Vuelvo a Cano Moreno para clarificar la intención de estas líneas: “son recurridísimos los tópicos como la falta de chispa, el bajón físico, la diferencia de velocidad, y demás, cuando tratamos de justificar derrotas, o la perfecta ejecución del plan físico impuesto por el responsable del mismo, el impecable momento de forma como responsable último de los éxitos alcanzados. De una semana a otra, un equipo, según estos criterios, puede pasar de un estado de forma magnífica a otra esperpéntica”.

    El empate de la Vinotinto ante Bolivia nos debe llevar a una reflexión más profunda, que excluya los tópicos señalados anteriormente y que nos permita adentrarnos en las relaciones de los jugadores entre si y de ellos con el modelo de juego. Por ello, repasando lo visto en el amistoso del pasado miércoles, no puedo sino dudar acerca de la conveniencia de esas modificaciones en la idea inicial de César Farías. Las interrogantes que dejó el partido nacen por el cambio de cobija en medio de la tempestad y no por la (in)tolerancia al frío del organismo.

    He defendido las cualidades de nuestros futbolistas y su idoneidad para llevar a cabo un estilo de juego mucho más elaborado que éste que a veces resulta de arrebatos emocionales, pero no parece ser el momento adecuado para esas innovaciones que pretende Farías. No hay que temerle a la turbulencia; hay que aprender a surfear con ella…

    Columna Apuntes del camino publicada el jueves 22 de Agosto de 2013 en el diario Líder http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Surfear-en-la-turbulencia.aspx