Autor: Ignacio Benedetti

  • Anotaciones sobre Heidegger, el espacio y el fútbol

    Martin Heidegger fue un filósofo alemán fundador de la fenomenología existencial y considerado uno de los pensadores más originales del siglo XX. Su ensayo «El arte y el espacio/Die Kunst und der Raum» apareció por primera vez en el año 1.969, y llegó a mis manos gracias a una recomendación pública, vía twitter, que hizo Dani Fernández, entrenador de fútbol. Seguramente que mis consideraciones poco tienen que ver con lo planteado por Heidegger, ya que, también por recomendación de Dani, decidí leer este manifiesto pensando en el juego del fútbol, y partiendo de ese condicionante, estas son las deliberaciones que me atormentan después de leer esta magnífica obra. Reflexiones que hoy son importantes para mi manera de observar el juego, pero que mañana quien sabe…

    En fin:

    – El fútbol, para ser fútbol, debe ser la búsqueda de espacios para ocuparlos, explotarlos o, simplemente, simular su invasión para luego tomar posesion de otros espacios que aparezcan como consecuencia de la ficción antes mencionada.

    – La aparición de un espacio o su descubrimiento produce muchas sensaciones, entre las que están la angustia y la curiosidad. Quiero pensar que quien se defiende por amontonamiento de jugadores y no tiene mayor plan para someter al rival, considera que un espacio no ocupado es sinónimo de ansiedad y miedo. Es posible que el jugador/equipo dude entre ir en búsqueda del contrario o hacerse de la titularidad de ese espacio inhabitado. Es ahí, en ese momento de vacilación, que, posicionalmente hablando, el adverario le gane la batalla.

    – Hay jugadores y/o equipos de fútbol que han desarrollado una exitosa carrera basados en «espacear«, concepto definido por Heidegger como la ocupación «de los lugares de los que los Dioses han huído». El Real Madrid de Mourinho o el Barcelona de Guardiola son dos claros ejemplos de ello.

    – Para algunos, un espacio es una porción de terreno suceptible de ser ocupado por uno o varios jugadores. Identifico en esa afirmación un par de inquietudes: ¿acaso el futbolista en posesión de la pelota está en capacidad de decidir que se ocupe tal o cual espacio? En caso de hacerlo, ¿lo hace influenciado por la falsa certeza de que su intención es entendida y aceptada por sus compañeros (llamemos a estas conductas automatismos) o necesita de una mirada o gesto cómplice (un segundo de más, llamémoslo pausa) para sugerir la conquista de ese lugar? No son minúsculas estas sospechas porque en mi opinión, el juego del fútbol tiene tanto de consciente como de inconsciente, entendido esto último como una conducta irreflexiva, es decir, que es más del instinto que de la planificación.

    – Si debo jugármela y ofrecer un concepto, diría que en el fútbol, el espacio vendría a ser algo así como la unión entre voluntad y posibilidad. El jugador puede y debe reconocer cuándo y cómo se invade una determinada zona (físicamente o mediante un pase) porque idealmente ese espacio es producto de una dinámica (colectiva e individual). Para tener una dimensión correcta de la validez de la ocupación de ese terreno baldío (disponible para la construcción y ejecución de obras), hay que entender el tiempo y las formas de su conquista.

    – ¿Cómo se puede convertir en realidad lo que trato de explicar? No hay otra manera de hacerlo que entrenando, comprendiendo un modelo de juego y asumiendo el principio que explica el «Efecto mariposa«: una mínima variación en un extremo del terreno de juego puede significar un terremoto futbolístico en el otro límite.

    – Vale la pena plantearnos si el espacio es tal a pesar de su «vacío» o, si por el contrario, su existencia es condicional a su ocupación o descubrimiento. Leyendo a Heidegger, me queda la certeza de que la existencia no se discute, lo que si debe considerarse es la cualidad de algunos jugadores de ver más allá de lo normal; la rapidez mental para imaginar secuencias y jugadadas que generen, posteriormente, un caos que sólo ellos pueden entender. Por eso hacía referencia a las sensaciones que acompañan al descubrimiento de un espacio.

    – En el fútbol se miente y mucho. Si las dimensiones del terreno de juego son básicamente las mismas, y si en ese campo once jugadores se enfrentan a otros once jugadores, ¿cómo es que hoy en día no hay espacios para jugar? Espacios hay y siempre habrán, pero la aparición de esos terrenos está condicionada a lo que se llama «dinámica», es decir, a los movimientos, acelerados y/o pausados, que definen a un equipo de fútbol.

    – ¿Qué trae consigo el descubrimiento de un espacio? Incertidumbre. De la ocupación de esos espacios nacen mil formas de continuidad, por ende, ese espacio es un canto al optimismo y a la creatividad.

  • Innovaciones

    Martí Perarnau, con la claridad que lo caracteriza, recordaba en un artículo del seis de diciembre de 2.011 que durante la Segunda Guerra Mundial, la fuerza aérea británica consultó al matemático Abraham Wald acerca de la existencia de una fórmula que redujese la cantidad de bajas. Una vez examinados los aviones y sus “heridas”, Wald sugirió “mejorar el blindaje de los aviones justo en los lugares en los que estos no habían sido alcanzados”. Podríamos decir que la propuesta era contracultural porque contrariaba la lógica de los expertos en materia militar.

    El domingo catorce de julio César Farías expresó al diario El Universal que ha llegado el momento de la innovación. Hizo énfasis en que superadas varias etapas, este momento es el preciso para aplicar algunas novedades que según su criterio van a ser decisivas en la consecución de la meta final: clasificar al mundial Brasil 2.014

    Sin duda alguna que el discurso de Farías contrasta con lo que ha sido el andar de la Vinotinto en estas eliminatorias, ya que se trata de un grupo que ha aceptado y representado un modelo de juego bastante definido sin reparar en gustos ni críticas. Sorprende que justo cuando Venezuela se juega por primera vez el boleto al mundial, el capitán del barco decida realizar modificaciones a la hoja de ruta que ha permitido al equipo llegar a estas instancias. No quiere decir esto que dichos cambios sean necesariamente negativos, pero no parece ser el momento adecuado para implementarlos, sobre todo si se tiene en cuenta que por los momentos no hay en el horizonte un partido amistoso que sirva para calificar esas mejoras.

    Jugar un partido de preparación no es garantía de nada, y seguramente esa afirmación formará parte de las excusas que la FVF esgrimirá cuando llegue el momento. A pesar de ello, bien vale la pena reflexionar acerca de la utilidad de un duelo exploratorio en estos momentos. Un sólo juego quizás no sea prueba suficiente para las innovaciones que anuncia Farías, pero sin duda que jugar 90 minutos es mejor que no hacerlos, y es ahí donde el seleccionador nacional debería considerar si mantiene en su planificación llevar a cabo esas vueltas de tuerca o si conviene hacerse fuerte en aspectos que ya han sido probados.

    Wald, fundador del análisis secuencial, tuvo razón en la cuestión de los bombarderos británicos; no eran sus puntos débiles los que había que reforzar sino los fuertes”. El consejo del matemático Wald, a través las letras de Perarnau, puede ser de utilidad en un momento como éste en el que más vale malo conocido que bueno por conocer.

    Columna publicada el jueves 25 de julio de 2.013 en el diario Líder en deportes

  • Cinco fotografías que me dejó el Bayern de Pep

    Hoy ante el Hamburgo el Bayern München me dejó las siguientes impresiones que comparto con ustedes. Disculpen la calidad de las imágenes, pero creo que los conceptos quedan claros a pesar de ello.

    Al presionar sobre cada una de ellas se podrá leer lo que trato de comunicar y los garabatos que son de mi autoría.

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  • Fútbol y neuronas

    En internet se puede conseguir un muy interesante texto de Javier Monserrat, de la Universidad Autónoma de Madrid, llamado “Teoría de la mente en Antonio R. Damasio”. Entre las muchas cosas a rescatar de dicha presentación (corta y de fácil lectura) está una definición que quiero tomar para el inicio de esta reflexión: “la ciencia nos dice así que lo que en realidad existe son redes neuronales. Por tanto, el conocimiento neurológico que de ellas tengamos establecerá los límites científicos para saber qué es la mente y cómo funciona, o hasta qué punto su naturaleza y sistemas funcionales son idénticos o parecidos al hardware y software de un sistema computacional…

    ¿Qué tiene que ver esto con el juego del fútbol? Pues bien, con mis limitaciones – que son muchas – trataré de explicarme:

    La mente está compuesta por redes neuronales. ¿Qué es una neurona? Es una célula diferenciada perteneciente al sistema nervioso,capaz de propagar el impulso nervioso a otra neurona. Está compuesta por una zona de recepción,las dendritas,y otra de emisión o salida,el axón o neurita. Definida entonces neurona como un ente capacitado para recibir, generar y emitir impulsos nerviosos, pasemos a comprender el significado de redes.

    Redes: conjunto sistemático de vías de comunicación; es un conjunto estructurado de personas y medios con un mismo fin. Por ende, una red neuronal vendría a ser un cúmulo de neuronas físicamente interconectadas cuya actividad ayuda a definir un circuito reconocible en el sistema nervioso. A partir de estas definiciones que nos acercan al funcionamiento del cerebro, podemos concluir que fútbol y mente poseen sistemas operativos similares.

    Veamos la siguiente imagen de un equipo de futbol y que muchas veces observamos en diarios y transmisiones de tv sin que medie explicación alguna ni se profundice en lo que debe transmitir:

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    A primera vista vemos once integrantes de una sociedad, o de un circuito, pero cada uno de ellos está parado en un campo sin que haya una conexión evidente. Pero si a esas once piezas le agregamos algunas posibilidades de nexos, la siguiente imagen podría ser entonces un ejemplo real de esas sociedades que se forman en un equipo de fútbol y que tanto se parecen a las redes neuronales que señalaba al inicio del texto:

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    Esta representación, además de mostrar posibles vínculos – futbolísticos y emocionales – nos muestra también que no hay manera de que en un deporte colectivo como el fútbol triunfe una figura amparada únicamente por sus condiciones individuales. Necesita formar parte de un colectivo, por más Messi que sea.

    Ahora bien, la definición de redes deja bien claro que debe haber un objetivo en común, un mismo fin. Esa meta es ganar. Si el equipo lo hace a través de largas secuencias de posesión, de ataques relampagueantes y directos, o de cualquier otra forma es importante que en vez de criticar basados en nuestros gustos nos adentremos en esa red comunicacional que está conformada por las cualidades de los jugadores, el ecosistema que los agrupa, protege y potencia (modelo de juego), y las relaciones entre ellos. Sólo así podremos comprender lo que acabamos de observar en un partido de fútbol. Quiero dejar claro que en mi opinión todo esto suma para eso, para reflexionar acerca del pasado, pero de ninguna manera nos convierte en adivinos o clarividentes, ya que en estas gráficas falta el rival de turno (que haría el papel de cortocircuito), la pelota y los mil imponderables que juegan y tienen la misma importancia que todo lo que he tratado de describir en esta columna.

    El fútbol es sencillo, pero el fútbol sencillo es lo más difícil de conseguir que existe“. Johan Cruyff

  • El hastío del futbolista

    ¿El jugador se cansa de jugar al fútbol? De ser así, ¿abandona al juego o al entrenador?

    Estas preguntas me las he hecho de mil maneras diferentes, pero una charla con mi amigo y guía Alex Couto Lago (@AlexCoutoLago) llevó a formulármelas de esta manera. Debo aclarar que la segunda de las interrogantes es casi propiedad intelectual de Alex.

    El entrenamiento mal planificado auyenta al jugador porque esos trabajos no lo hacen sentir como futbolista sino como un «cumplidor*» de tareas, así como la acumulación de responsabilidades también influyen en que pierda gusto por el juego y lo vea como una obligación. Al fin y al cabo, se entrena de lunes a sábado y se juega el domingo.

    Por ello es tan importante volver a los orígenes y recordar que tratamos con futbolistas y no con máquinas, por lo que en los entrenamientos hay que recordar lo que bien explica Dani Fernández: «el trabajo es realmente fructífero cuando los jugadores se implican y se comprometen, es decir, sienten lo que hacen, si no es así, el trabajo hecho tiene muy poco valor«. Hay quienes olvidan lo importante del gusto por la tarea y «forman» jugadores incapaces de decidir por ellos mismos, dependientes de la instrucción del entrenador, sin reparar que por más válido que sea ese consejo, siempre llegará cinco segundos más tarde que la iugada, por lo que no tendrá entonces ningún tipo de utilidad.

    El jugador jamás se harta del fútbol. Es el circo y la mentira que lo rodean los que llevan a que muchos se alejen de esta actividad cuando terminan su carrera. Está en nuestra naturaleza humana esa capacidad de autodestrucción que nos impide abrir los ojos para darnos cuenta que el camino elegido no es el mejor. Humanicemos nuestras conductas y mejoraremos el juego. De lo contrario el fútbol será cada vez más de los desarrolladores de softwares y menos de los futbolistas.

    *: Es interesante leer que uno de los sinónimos de cumplidor es la palabra serio, como para dejar bien claro el punto que estoy exponiendo: http://www.wordreference.com/sinonimos/cumplidor

  • Sólo las excusas se repiten

    Me gusta la historia. Desde chico prestaba mucha atención a las conversaciones de mi viejo con sus amigos, sobre todo si estas hacían referencia al modo de vida de su juventud. Los detalles, la crianza, las relaciones y la escuela eran los temas que más me cautivaban y me servían para establecer diferencias entre su tiempo y el mío. Cabe destacar que mi padre me lleva treinta y dos años, por lo que sus relatos estaban caracterizados por un sinfín de situaciones que para mí eran totalmente desconocidas.

    Recuerdo particularmente una en el año 1986. Se jugaba el mundial de México y la selección de Brasil acababa de ganar uno de sus enfrentamientos de la etapa de grupos. Estaba toda la familia reunida en casa de mi tío Luis y el tema de conversación era el partido que recién había terminado. Mi tío vivía en una linda casa, ni grande ni pequeña, con un jardín en bajada que colindaba con un campo de golf y en él vivían un par de perros que yo adoraba. No recuerdo sus razas ni sus nombres, pero sí la emoción que sentía cada vez que íbamos de visita a aquella casa. Esos animales eran mis únicos colegas, ya que mis primos y el resto de los presentes eran lo suficientemente mayores como para ser mis padres. En fin, éramos los perros y yo, yo y los perros.

    Pero aquella tarde no le presté mucha atención a mis compañeros de siempre. Ellos insistían, pero mi dedicación estaba puesta en la conversación que sostenían los mayores. Mi viejo, fanático del desaparecido equipo de béisbol Dodgers de Brooklyn, no formaba parte de aquella discusión. Nunca me lo ha confirmado, pero siento que desde la mudanza de su equipo a la ciudad de Los Ángeles perdió todo interés por el béisbol, mientras que el fútbol nunca terminó de ofrecerle la misma conexión emocional que el deporte de bate y guante.

    Aquella charla giraba alrededor de la idea de que Brasil ya no era el mismo equipo que tiempo atrás había maravillado al mundo entero. A Zico se le señalaba como el heredero de Pelé (lo que nunca fue) y al equipo de Telé Santana como una mala fotografía de aquel extraordinario conjunto que hipnotizó al mundo en 1982.

    Es en este momento que debo aclarar algo: para un venezolano era casi imposible tener una noción verdadera del impacto del Ajax de Johan Cruyff, ya que para aquella época no existía la tecnología que hoy disfrutamos; entonces, el Brasil de 1970 y su heredero del 82 eran las dos mayores expresiones de fútbol y belleza que habían observado quienes no eran especialistas en este juego. Cada vez que oía los argumentos que condenaban a ese Brasil sentía la necesidad de intervenir, pero son pocos los niños de 9 años que pueden comunicar ideas correctamente, por lo que preferí callar y seguir prestando atención.

    Pasó el tiempo y el padre de un amigo, sin saberlo, definió mi frustración de aquella tarde infantil con una frase que nunca olvidaré: “Hay quienes viven pensando que todo tiempo pasado fue mejor y mientras viven ese lamento, pierden la oportunidad de disfrutar el presente, que en definitiva es la vida”.

    Brasil venció a España en la final de la Copa Confederaciones dando una extraordinaria lección de fútbol. El equipo de Luiz Felipe Scolari ganó la batalla táctica y logró que el seleccionado español perdiera las señas que han caracterizado su juego. Brasil ocupó los espacios, cortó los circuitos de pase, tapó pasillos, explotó la espalda de Busquets y determinó el ritmo del partido; fue un claro ejemplo de comunión entre la idea de juego y las cualidades de los jugadores. Para resumir, Brasil jugó al fútbol y batió a la mejor selección del mundo.

    Consumada la victoria brasileña reaparecieron aquellas frases que escuché casi veinte años atrás, pero no era Brasil la víctima de ellas, sino España. La culpaban de no ser la misma de antes, de que sus jugadores habían perdido el hambre, etcétera, etcétera, sin reparar en que el tiempo obra en silencio y a veces sin que nos demos cuenta.

    La España que jugó la Copa Confederaciones no es la misma que ganó la Euro 2012, ni será igual a la que participe en el mundial de Brasil. Podrá ganar o perder, pero jamás será idéntica a una versión anterior o posterior porque la vida –y el fútbol forma parte de ella– está en un proceso permanente de cambio. Puede que nosotros aún no hayamos desarrollado la capacidad para observar las pequeñas modificaciones que componen nuestro día a día, pero tenga usted la seguridad de que esos cambios existen y sólo la muerte puede evitarlos.

    Hace un par de meses tuve la oportunidad de charlar con Juanma Lillo, y en un momento de la conversación recordamos a Heráclito y su sentencia “en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Además, nos encargamos, de manera soberbia, de afirmar que tampoco esos ríos eran iguales.

    ¿Qué nos enseña el futbol? Que la historia es una guía imprescindible pero no constituye un plan irremplazable para el presente. Si nos dejamos llevar por la comodidad creeremos que todo lo que sucede a nuestro alrededor es producto de la casualidad, pero si por el contrario decidimos vivir con la incomodidad que produce la duda, puede que encontremos algo de luz a nuestras interrogantes.

    Ganar o perder un partido de fútbol es consecuencia de miles de situaciones que están conectadas al pasado, pero que a pesar de esa conexión, son independientes y únicas. Aceptar esa complejidad puede ser el principio de un viaje lleno de interrogantes y emociones.

    Columna publicada en el magazine de Martí Perarnau el 10 de julio de 2.013 http://www.martiperarnau.com/firma/solo-las-excusas-se-repiten/

  • Fútbol en gotas

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    Gota a gota. Veintidos gotas que entienden su condición y su misión. Todas en unión para formar una gran gota, enorme, más fuerte que la simple suma que la explica. Juntas para provocar una avalancha con el poder de destrucción de una bomba atómica. Unidas en un viaje que sólo tiene validez si las veintidos, hermanadas en una sola, llegan a la meta. Inquilinas y protectoras de un espacio; cumplidoras de un objetivo que trasciende su existencia individual: la creación y evolución de un cuerpo llamado equipo, colectivo, familia, grupo, etc. Son 22 porque también creo en los beneficios de las plantillas cortas, entre ellos la comprensión de las ventajas de remar juntos hacia la orilla. Por ello se dice que el todo siempre es más que la simple suma de sus partes.

    Es una forma muy simple de explicar lo que creo son los deportes colectivos, y en este caso el fútbol. Por ello me fastidian los noticiarios. Porque además de las payasadas que hoy los caracterizan, estos espacios se han convertido en los principales sponsors del individualismo y en enemigos de la reflexión. Presentan un gol y su celebración. Magnifican al goleador y su posterior saludo, obviando todos los comportamientos previos, tan importantes como el remate final. ¿Los noticiarios están para informar? Sí, pero quienes los integran deberían formar, o por lo menos invitar a su audiencia a no quedarse sólo con la última escena de la película.

    Las gotas, separadas en misiones individuales, jamás tendrán la potencia del colectivo. El camino que lleva a la gota hasta el suelo es más interesante que su simple aterrizaje.

     

  • Un cangrejo llamado CAR

    En la terminología criminalística se usa la expresión “cangrejo” para definir aquellos casos imposibles de resolver a pesar del esfuerzo y la dedicación de los investigadores. No conozco un vocablo similar que se adapte al rubro de la construcción, por lo tanto usaré esa palabra en un contexto diferente.

    El Centro de Alto Rendimiento se ha convertido en el cangrejo de la FVF. Está por terminar un tercer proceso eliminatorio desde que se anunció su construcción y la Vinotinto aún no puede usarlo ni siquiera para entrenarse. El show montado antes de la Copa América de Argentina fue sólo eso, un pobre espectáculo que buscaba dar de comer a las voces complacientes con la directiva de la federación. Ni hablar del proceso eleccionario que recientemente se celebró en el inconcluso edificio y en el que como de costumbre se utilizó la imagen de un par de jugadores de la selección para tratar de tapar al bosque con un árbol.

    Todos los años se han hecho promesas acerca de la inauguración del CAR y ninguna se ha traducido en la culminación de la obra. Lo que sí ha logrado la FVF es callar mediante amenazas las voces que han cuestionado el proyecto, o mejor dicho, ha camuflado su incapacidad para terminar de una vez por todas lo planificado una década atrás. Junto con las palabras intimidantes, Rafael Esquivel y su acompañante de turno – hasta César Farías ha asumido esa condición – han señalado como culpables a PDVSA, Empresas Polar y a cuanta compañía haya estado ligada en algún momento al balompié nacional.

    Ahora bien, no debe sorprendernos que mientras la Vinotinto siga ganando partidos y peleando la clasificación para el mundial de Brasil 2.014, el CAR no sea tema de conversación porque además de los futbolistas, cuerpo técnico y directivos hay muchos oportunistas que se creen indispensables en los logros de la selección y por ello prefieren tapar el sol con un dedo. Piensan que esconder la invalidez de nuestros dirigentes se traduce en hacerle un favor al fútbol y por ello se creen partícipes de una gesta que no les pertenece en mayor grado que al venezolano de a pie.

    La motivación detrás de la construcción de un Centro de Alto Rendimiento no es otra que poder ofrecerle a los futbolistas todas las comodidades posibles para que puedan prepararse para su tarea en un mismo lugar. Hoy, cuando la Vinotinto lucha por un cupo al próximo campeonato mundial, el inmueble margariteño no cumple con su razón existencial. Rabindranath Tagore decía que “la verdad no está de parte de quien grite más”, y yo le agregaría que tampoco acompaña a quien amenaza e intimida. Hoy no hay CAR, mañana parece que tampoco…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 11 de julio de 2.013

  • Más playa, menos fútbol

    «No es fácil juntar a tantos jugadores y armar un equipo, porque vienen de equipos diferentes«. Son palabras de Edson Rodríguez, entrenador del Deportivo Petare y ex jugador de la selección nacional. En la misma nota que se puede leer en la edición del lunes 08 de Agosto en el diario Líder, Rodríguez agrega que «por eso fue que arrancamos temprano, porque queremos que ya se vaya haciendo el grupo y se vayan conociendo dentro de la cancha«.

    Las declaraciones del técnico parroquial a la periodista Jessica López no van de la mano con la mayoría de los trabajos que muchos equipos vienen realizando en ciudades de playa. Para entender lo que afirmo, bien vale la pena observar la fotografía que envía el departamento de prensa de ese equipo:

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    Después de recordar que dicha imagen fue enviada por el mismo club, quiero pensar que la segunda parte del día es utilizada para tareas que Rodríguez considera importantes para que «se vaya conociendo el grupo«. Ahora bien, ¿no sería más productivo y positivo que todos las labores – física, técnica, táctica, psicológica y de conocimiento de grupo – sean realizadas en la cancha de juego? Me explico: si la misión del entrenador es acoplar tantos jugadores a una idea de juego, que se conozcan, que exista complicidad y, sobre todo, que tengan los elementos para tomar las mejores decisiones en beneficio del bien colectivo, entonces ¿por qué realizan esa faena pensando únicamente en una supuesta preparación física?

    Adentro de una cancha, los futbolistas pueden trabajar todos los aspectos que componen este juego y que antes mencioné, agregando la posibilidad de generar complicidad y sociedades tan necesarias para que la palabra equipo no sea una simple referencia.

    Expresa Edson Rodríguez que acoplar tantos jugadores nuevos es tarea difícil, que hacer que todos comprendan la idea de juego es complicado. ¡Claro que lo es! Pero esa labor se dificulta aún más cuando la mitad de la pretemporada se lleva a cabo en escenarios como los que muestra la fotografía que adorna este escrito.

    Un entrenador alguna vez me explicó que con estos «viajes» a la playa lo que se busca es entregarle al futbolista la posibilidad de trabajar en un ambiente distinto para que se motive con las tareas y no se fastidie de estar siempre en el mismo lugar, bajo la misma rutina. Suponen que la vista al mar hará menos pesados unas actividades que no mejoran el estado físico del jugador para jugar al fútbol y olvidan que la práctica que más entretiene al futbolista es aquella que involucra al balón en todos sus ejercicios. Un jugador de fútbol no se aburre jugando al fútbol, lo que le disgusta son todas las tareas que nada tienen  que ver con la pelota.

    Es una lástima que aquellos quienes jugaron prefieran mantenerse en su zona de confort antes que tomar riesgos. Hay costumbres que no por longevas dejan atrás sus aspectos negativos.

    Fotografía cortesía del diario Líder y el departamento de prensa del Deportivo Petare

     

  • El objetivo de una pretemporada

    En los meses de junio y julio se menciona mucho a la etapa de preparación en los equipos de fútbol sin afincarse en lo que ella debería ser. Pasa lo mismo cuando nos referimos al modelo de juego y por ello los mal llamados especialistas reducen el estudio a simples numeraciones telefónicas (4-4-2, 4-3-3, 4-2-2-2, etc) en vez de profundizar en el análisis de los comportamientos de los conjuntos, el por qué se producen y para qué se llevan a cabo.

    Comencemos por la pretemporada. Son muchas las voces que se unen para desvirtuar la verdadera razón de ser de esta etapa, que en su esencia ha sido concebida para que el grupo de jugadores pueda aprender y desarrollar el patrón de juego que van a ejecutar en una temporada y que ha sido diseñado por el cuerpo técnico pensando en las virtudes y las carencias de ese conglomerado de atletas. No se trata, como algunos señalan, de «llenar el tanque físico», ya que sin juego, al futbolista se le está preparando para correr. No se debe olvidar que al fútbol se juega corriendo, pero para poder jugar – meta del futbolista – hay que prepararse pensando en este juego y no en un evento de pista y campo.

    El fútbol, como bien lo explica Laureano Ruiz, abuelo del modelo de juego del F.C. Barcelona, es correr, parar, saltar, retroceder, picar y volver a frenar, actividades que el deportista debe realizar con una pelota o con la intención de recuperarla. Esta disciplina se lleva a cabo en un campo de grama, con unas medidas preestablecidas. En ese terreno, el jugador interactúa con sus compañeros y debe sortear los obstáculos que presenta el rival además del hecho de jugar con los pies, lo que ya supone una mayor dificultad coordinativa.

    Otra palabra autorizada para entender que los trabajos deben hacerse en el campo de juego y no en otras locaciones lo ofrece el profesor Víctor Frade, padre de la Periodización Táctica, metodología utilizada por José Mourinho, cuando explica que: “no, no las cargas son sólo para los burros. Los esfuerzos del fútbol son exclusivos del fútbol. Nada que quieras trabajar fuera del patrón de juego de un entrenador es real y por tanto te sirve de poco”.

    Entonces, ¿para qué ir a la playa o a la montaña si en una cancha de fútbol se puede preparar al jugador en todos los aspectos que componen este juego? Más que una duda, lo que planteo es un llamado a la reflexión a quienes hablan y hablan de automatismos y no se atreven a preguntarse si, alejados del campo de juego, se pueden aprender conductas que luego se llevarán a cabo en la cancha de fútbol.

    Columna publicada en el diario Líder el 04 de julio de 2.013