Autor: Ignacio Benedetti

  • Cuando la marea sube, el barco también

    No existen soluciones mágicas que cambien todo a nuestro favor, mucho menos intervención de poderes divinos que nos regalen lo que no pudimos obtener con trabajo y dedicación. A eso se le conoce como ficción y por ello nos gusta tanto, porque presenta resoluciones que rara vez – por no ser categóricos – existen en la vida real.

    En repetidas oportunidades he manifestado mi desacuerdo con las formas empleadas por César Farías para conducir a la selección nacional. No comparto su idea de juego así como la interpretación que hace de las críticas, pero en este momento, de nada serviría pedir las modificaciones que en otros tiempos creí necesarias. Con lo bueno y lo no tan bueno, la selección Vinotinto se encuentra en un momento desconocido y a la vez extraordinario: con opciones reales de clasificar al próximo mundial, pero ello será posible si de cara a los tres partidos que le restan, el grupo tiene la suficiencia de olvidarse del entorno y jugar por ellos mismos y por la gloria.

    En esta recta final del torneo premundialista no se debe pensar en giros de 180 grados o cambios radicales. No, hoy cuando las papas queman es tiempo de refugiarse en el modelo, en lo ensayado durante todo este tiempo. Entiéndase bien, este grupo debe ocuparse más en potenciar sus puntos fuertes que en resolver aspectos menos positivos. No es el momento de discutir el gusto por la propuesta sino de validarla aún más.

    Es cierto que el estilo no ha convencido y la personalidad del DT ha propiciado un enfrentamiento poco positivo: amigos o enemigos de la causa. La conducción Farías es un reflejo del país que vivimos, en donde prevalecen los gritos, las sospechas y las diferencias. No estoy capacitado para señalar a esa conducta como una manifestación propia de toda nuestra historia pero si que la misma ha cobrado un excesivo protagonismo en los últimos años.

    Ahora bien, el cuerpo técnico debe promover un marco interno de reflexión y desde ese lugar, buscar las virtudes que ha mostrado este equipo para seguir creyendo en las posibilidades de conseguir la meta, o en su defecto, aprehender todas las lecciones posibles para seguir soñando con un futuro mejor.

    Hoy cuando algunos anuncian su flamante condición de incrédulos bien vale recordar que aún queda camino por recorrer. Es cierto que la cuesta se asoma más empinada que hace un par de semanas, pero si este grupo se hace fuerte desde el juego podrá competir hasta el final, siendo ese el único pedido que se le puede hacer a un conjunto que nos ha representado de la mejor manera posible.

    Al fin y al cabo se trata de valorar el esfuerzo y evitar que las caídas se constituyan en el único condicionante del análisis. Mientras algunos buscan culpables y otros se bajan del barco para convertirse en profetas del desastre, la Vinotinto tiene la oportunidad de hacer valer aquella frase de Yamamoto Tsunetomo: “cuando la marea sube, el barco también”.

    Columna publicada en http://www.cuantoacuanto.com

  • Diagnóstico Vinotinto

    Son muchas las interrogantes que se originaron después de la derrota ante Uruguay. Existe ansiedad por conocer las respuestas, pero hay algo que debemos aceptar: en un juego como el fútbol no hay certezas sino sensaciones. Aún así, voy a ofrecer mis reflexiones  acerca de un futuro que todos quisiéramos manipular.

    ¿Todavía tenemos chance de ir al Mundial? Sí. No quiero citar las cuentas matemáticas que otorgan o quitan probabilidades, porque estas ya han sido repasadas hasta la saciedad. Lo que queda claro es que para que se mantenga el sueño ahora hay que ganar y esperar. La selección ya ha respondido en situaciones límite similares a las que va a enfrentar en los próximos encuentros; sin embargo, no debemos olvidar que la eliminatoria es una competición de momentos y prever la actualidad de los jugadores para el mes de agosto es tan viable como ganarse la lotería.

    ¿Cuántos puntos hay que sacar? Todos los posibles. Esta competencia se ha convertido en un ejemplo más de que en el fútbol todo puede pasar.
    No hay lógica en este juego; cualquiera pierde en la tarde menos pensada y eso debe ser asimilado por nuestra selección. La realidad indica que se depende de terceros, por lo que yo recomendaría jugar y olvidarse de todo lo que los rodea.

    ¿Cambiará la Vinotinto su modelo de juego? No. Salvo el partido ante Paraguay, este equipo tiene una forma de jugar que ha sido asimilada por todos y cada uno de sus integrantes. Hablo de líneas muy juntas que tienen el área propia como referencia geográfica, transiciones rápidas una vez recuperado el balón y repliegue veloz cuando se pierde la pelota. Se crean contadas situaciones de gol y por ello se depende más de la efectividad que de alguna maniobra perfectible en los entrenamientos. Es cierto que el resultado ante los uruguayos encendió las alarmas, pero en este momento no se precisan modificaciones radicales sino profundizar lo ensayado durante los seis años de este proceso.

    ¿El calendario es nuestro enemigo? Falso. Todos los equipos tienen la misma cantidad de partidos en casa y de visitantes.
    Si desde el cuerpo técnico se esgrime esa excusa bien valdría señalar al presidente de la FVF como cómplice en la elaboración de ese calendario, de lo contrario la queja pierde validez. La agenda no hace goles ni los evita; para lograr una meta tan trascendental se hace necesario ganar de local y de visitante, esa es la única fórmula.

    ¿Clasificaremos al Mundial? Ojalá, es el sueño de todo un país. ¿Qué se debe hacer? Jugar y no pensar en los demás. Cualquier otra conducta afectará la concentración.

    Columna publicada en el diario Líder el 20 de junio de 2.013

  • ¿Para qué nos defendemos?

    A mis jugadores les digo que jamás podría reprocharles la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de ellos, de que ellos lo quieran, no de que Dios los ilumine. Marcelo Bielsa

    Reconozco la existencia de dos corrientes de pensamiento que definen el arte de defender en el fútbol: me defiendo para atacar o me defiendo para repeler. A partir de la aceptación de una de ellas como planteamiento inicial se puede identificar la idea de juego y las intenciones del equipo en cuestión. Hay quienes aún se refieren a esta conducta – protegerse – como un sinónimo de lo que llaman «antifútbol» o peor aún, son capaces de afirmar que hay equipos que no saben resguardarse porque se trata de un tema «cultural«. En fin…

    Cuando decido defenderme para evitar que el rival me haga daño estoy adoptando una actitud de víctima, por lo que cualquier recurso es aceptado como válido y oportuno con tal de impedir que el equipo contrario logre su cometido. Los conjuntos que entienden la faceta defensiva de esta manera usualmente son aquellos que cuando rescatan el control del balón se lo sacan inmediatamente de encima; viven del pelotazo porque para ellos el fútbol se divide en etapas: defensa y ataque. Por ello no encuentran un hilo conductor entre ambas conductas y les cuesta hilvanar alguna jugada posterior a esa recuperación, ya que no sienten la necesidad de comunicar ambos comportamientos.

    La otra manera de defenderse es entender ese momento del juego como la continuidad del juego mismo; defender y atacar son actividades complementarias incapaces de sostenerse una sin la otra. Estos equipos entrenan la recuperación como el primer paso para agredir y dictar los tiempos del encuentro. La idea es simple y compleja a la misma vez: retomar la titularidad del balón con la intención de protagonizar, y protagonizar como manera de defenderse. En la mayoría de los casos, esta corriente de pensamiento es contraria a ceder la iniciativa de juego al competidor, prefiriendo constituirse como “controladores” de los tiempos del partido. Un claro ejemplo puede encontrarse en la España campeona de la Euro 2.012. Aquel fue un equipo que se defendía utilizando la pelota sin la necesidad de ser tan profundo como ha sido en esta Copa Confederaciones o como lo era su «primo«, el Barcelona de Guardiola.

    Asumida la voluntad de gobernar el partido, hay tantas formas de recuperación de la pelota como equipos en el mundo así como estrategias a partir de su reconquista. Lo importante es la intención que la origina, y no es otra que someter al rival y decidir dónde y cómo se juega. Por ello es tan importante determinar para qué nos defendemos para luego poder definir el cómo y el dónde lo hacemos.

    Yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? «Corremos todos» El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento. Marcelo Bielsa

  • Proyectos o divinidad

    Hay quienes van por la vida sin reparar en las consecuencias de sus actos, olvidando que ésta, en algunas ocasiones, nos trata como un quinceañero caprichoso, dejándonos pequeñas trampas diseñadas para castigar a quienes se desvíen del camino marcado por el esfuerzo y la dedicación. Yo no involucraría a Dios en esta reflexión como sí hizo John Milton, personaje principal del film El abogado del Diablo y que fue interpretado por el interminable Al Pacino.

    En aquella cinta, Pacino ensaya un extraordinario monólogo acerca de la supuesta culpabilidad de Dios en el desastre que él entiende se ha convertido nuestra sociedad. Asegura que se ha sobrestimado la inteligencia humana y que la divinidad había otorgado libertades innecesarias a nuestra especie. A pesar de lo maravilloso de aquel discurso, yo prefiero creer que somos padres de nuestros errores y desde esa suposición buscar soluciones. Pensar que lo sobrehumano interviene de esa manera es para mí una excusa que justifica la ausencia de reflexión.

    Ese rechazo por la pausa y la introspección es moneda corriente en el fútbol, disciplina en la que, a diferencia de la vida, no se combate la precocidad sino que mas bien se la motiva. Se asume que en este juego se puede ser rápido y furioso –me refiero a la dirigencia– y que con un puñado de dólares (o barriles de petróleo, da lo mismo) se puede armar un equipo campeón casi de manera inmediata.

    Fíjese mi estimado lector que no hablo de competitividad sino de trofeos, y es que estos notables ejecutivos o jeques que se acercan a este juego no entienden que el dinero ayuda pero no juega, o puede que sí lo haga (jugar), pero lo hace en contra, porque su prodigalidad genera tal rechazo que los equipos rivales se sienten más motivados para ganarle al nuevo rico de turno.

    En Venezuela quizás no hayan existido grandes gastos de la talla de los Mónaco, Manchester City, PSG o Chelsea, pero sí han existido ejemplos que promueven la inmediatez y el derroche. El campeonato que recién termina debería servir para reforzar mi idea, pero mucho me temo que estas reflexiones caerán en saco roto.

    El campeonato obtenido por Zamora y el segundo lugar del Deportivo Anzoátegui deberían llamar la atención de gobernadores, alcaldes y los pocos directivos que existen para que de una vez se entienda que el éxito es una circunstancia y que el verdadero trofeo en un fútbol como el venezolano se halla en la continuidad. Me refiero a que los equipos deben ocuparse en crecer como instituciones, desarrollar planes de captación de talento, generar recursos para la construcción de sus propios estadios y desechar los consejos que nacen a partir de las urgencias.

    En la vida, a pesar de las afirmaciones políticas y publicitarias, no existen fórmulas mágicas que garanticen la gloria. Claro que el camino ofrecerá algún señuelo que le hará creer al iluso de turno lo contrario y por ello, transcurrido el tiempo, comenzará su decadencia. En cambio, la enseñanza es que trabajo y dedicación son los pilares más fuertes sobre los que se debe edificar cualquier proyecto que desee ser autosustentable y perdurable en el tiempo.

    Hoy, mientras el Deportivo Anzoátegui y el Zamora diseñan estrategias para mejorar su trabajo de formación como única herramienta fiable en la búsqueda de la continuidad, los otros equipos siguen comprando jugadores siquiera sin darse cinco minutos de reflexión y analizar el triunfo de los humildes. Para ellos todo es suerte o, mejor dicho, intervención divina, sin darse cuenta que no fue Dios sino ellos mismos quienes han desperdiciado miles de oportunidades para pensar y crecer.

    Lanzar los dados –como sugería Pacino en su fantástico monólogo– sin asumir las consecuencias ocasiona grandes frustraciones, entre las que se encuentra la desaparición de los equipos que fueron dirigidos con poca razón y mucho misticismo. Lo ideal en el caso de estos irrecuperables creyentes sería recordarles aquella vieja frase que dice “a Dios rogando y con el mazo dando”.

    Columna publicada en http://www.martiperarnau.com el 15 de junio de 2.013

  • Eficacia goleadora

    Si hay una cosa que es imposible relacionar es un sistema con la capacidad goleadora, con la eficacia goleadora de un equipo. El sistema, la forma de jugar se valora en la faceta ofensiva en función de la cantidad de situaciones de gol que crea un equipo. La eficacia no es una condición que se desarrolla, ni que se trabaja ni que se optimiza. La eficacia es la culminación de un procedimiento que deja a un jugador en condiciones de convertir el gol. El trabajo colectivo, el trabajo individual, los aportes colectivos y los aportes individuales hacen que un equipo generen opciones de gol. Pero los goles no los meten todos los jugadores sino uno es el que lo mete, entonces, frente al hecho de errar o acertar no hay procedimiento que mejore esa ecuación porque el entrenamiento, que por supuesto que lo hacemos y el que viene acá verá que lo hacemos, no reproduce la acción del juego aunque sea idéntica. No es lo mismo acertar o errar una misma jugada en un partido que en un entrenamiento.

    Entonces, cualquier persona que conozca el tema sobre el que estamos hablando sabe que lo que los equipos necesitan, a través del desarrollo del trabajo y del juego colectivo, es generar opciones de gol, no convertir opciones de gol, porque convertir opciones de gol no depende de la intervención, depende de la culminación de la jugada.

    Marcelo Bielsa y una de sus rescatables ruedas de prensa en Bilbao. No me queda claro que lo hayan entendido, por ello vale la pena rescatar sus explicaciones del 28 de febrero de 2.013

  • Copa Confederaciones: el origen de la sorpresa

    – Quienes se definen como resultadistas sienten la necesidad de mentir. Mienten haciendo correr la afirmación de que sólo ellos se preocupan por el resultado mientras que el otro bando es calificado como purista o romántico. Pretenden desconocer estos personajes que todo aquel que ha competido lo hace con la meta de ganar, pero quienes estamos para analizar debemos fijarnos en todo, no sólo en el marcador final.

    – España debuta con un triunfo 2 a 1 frente a Uruguay pero el marcador no refleja lo que realmente sucedió en el terreno de juego. El score miente porque no es sino una incompleta representación de la superioridad del equipo de Del Bosque; una muestra que no define el aplastante desempeño de una selección que siempre compite para ganar pero que jamás traiciona su idea de juego.

    – De hecho, este equipo ha agregado variantes que enriquecen su modelo de juego, sin que esto se traduzca – más allá de las impresiones – en imbatibilidad. En el deporte no hay invictos, y la grandeza de esta actividad es que a quien cae siempre se le presentará una oportunidad para levantarse. Igual que en la vida.

    – Me dicen algunos que España aburre y, salvo el tema de los gustos, no comprendo como aburre un equipo que en cada torneo ha ensayado pequeñas modificaciones a su idea inicial. Ni siquiera el equipo de ayer es el mismo al que ganó la Euro 2012, y no me refiero exclusivamente a los nombres sino a modificaciones tácticas que ayer ayudaron a someter a Uruguay.

    – Y es ahí en donde nace y vive la sorpresa. En esos pequeños movimientos que hacen que cada partido sea una manifestación distinta a la anterior. Juegue quien juegue – España, Venezuela, Tahití – ningún partido es igual al anterior, ni cuando las alineaciones son las mismas ni cuando se repite un resultado. Nada, entiéndase bien, se repite, salvo un score, pero no es ahí donde está la clave del juego. El origen de la sorpresa está en el cómo…

  • En defensa…

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    Muchas veces entrenamos situaciones como la que muestra el dibujo. En este caso, el balón lo tiene el equipo rojo, atacando por el costado izquierdo de la defensa rival. 6 vs. 6.

    Para mi gusto hay un par de inconvenientes (no son los únicos, pero si los más llamativos) en este ejemplo:

    a) El equipo que ataca sólo entrena el desplazamiento de los jugadores que se ven en el dibujo, es decir, seis efectivos hacia su costado derecho, sin auxilios en el centro. Trabajar de esta manera pienso que estimula que los otros integrantes del equipo se desentiendan de la maniobra cuando deberían convertirse en opción para otorgarle oxígeno a esta disposición que a priori parece totalmente destinada a ser resuelta por el costado donde se lleva a cabo. En el dibujo siguiente planteo un ejemplo de cómo podría resolverse esta situación en caso de contar con todos los compañeros disponibles:

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    Lo que quiero explicar es que la única manera posible de encontrar soluciones a los dilemas es plantear escenarios similares – se entiende que el juego no es previsible pero se entrena para generar respuestas a esa espontaneidad que caracteriza al fútbol -. Si se trabajan situaciones de partido no debe existir mejor forma que hacerlo recreando un marco parecido.

    b) Para el equipo que defiende, recuperar la pelota es la misión. Pero se debe contemplar el «a continuación», es decir, una vez recuperada, qué hacer con ella. En el primer dibujo, y recordando que la muestra a la que hago referencia es a campo completo, el jugador que robe el balón tendrá cinco opciones menos de pase que en el segundo dibujo. En la segunda ilustración, las preguntas y las respuestas contarán con condicionantes parecidos a los de un partido. Nunca iguales, pero si semejantes.

    Hay mil soluciones al caso que planteo en los gráficos, lo que me genera dudas no es su resolución como tal sino el fin del entrenamiento. En un juego todo es dinámico, no ay pausas salvo las que permite la salida de la pelota del terreno de juego, entonces, por qué no entender de una vez que el juego es un todo y no situaciones independientes, y por consecuencia, entrenarlo como tal.

    Sigo pensando en defensa y las dos corrientes filosóficas que influyen y determinan las formas de resguardarse. Lo que sí debe quedar claro es que en cada movimiento del partido todos los jugadores participan, activa o pasivamente, pero en ningún momento se puede justificar una desconexión que convierta a un futbolista en un punto muerto.

    Es un ejemplo de miles, una sensación, no lo tome como una verdad absoluta.

    La verdadera cuestión a explorar es: ¿para qué me defiendo? Continúo robando ideas…

  • Defender

    En mi concepción del fútbol hay dos corrientes filosóficas que explican las conductas defensivas de los equipos. Es una obviedad explicar que a partir de la adopción de una de ellas, hay miles de maneras y de lugares para ejercer esas pautas que buscan repeler el avance rival.

    Es extraño que en un deporte colectivo como éste se quiera satanizar la idea de protegerse ante las intentonas del equipo contrario, cuando más bien deberíamos apreciar estos trabajos como parte esencial del modelo de juego de un equipo. No podemos describir la idea adoptada por un conjunto basados sólo en las maneras de atacar, es como si quisiéramos disociar ataque y defensa para convertirlas en conductas aisladas, independientes. No es posible borrar del mapa futbolístico la organización adoptada desde que se pierde la pelota y los esfuerzos que se hacen para recuperarla. Por ello me he convertido en un enemigo de los noticiarios deportivos, espacios en los que sólo vemos quien convierte el gol o quien lo erra, pero nunca el juego.

    En los próximos días procuraré explicarme mejor y hacer mención a las dos corrientes filosóficas que originan esas maneras de defenderse y los lugares desde los cuales se pretende ejercer esa conducta. No pretendo recorrer todas las opciones porque creo que hay tantas formas de protegerse y responder como equipos en el mundo, sólo pretendo explicar esas dos corrientes y mostrar como están vinculadas con la faceta ofensiva. Todo desde la duda, donde no hay verdades absolutas

    En fin, eso intentaré…

  • Inolvidable

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    Manchester United – Athletic Club.
    Esto hacía el equipo de Bielsa al minuto de partido en Old Trafford: seis jugadores invadían el área rival…

    Por eso lo saludan al Loco en su adiós y le prometen recordarlo siempre cantando «a lo loco se vive mejor».

  • A mi amigo Iñaki García

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    Porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas… Jack Kerouac

    No conozco mayor sensación de incertidumbre que aquella que me invade antes de iniciar un viaje. Usted pensará que soy masoquista pero lo que más me ilusiona es la certeza – llamémosla así – de que entre la salida y la llegada sucederán mil cosas que no he planificado, que no controlo, pero que a la misma vez, son ellas las que realmente llenan de emoción y valor cada excursión.

    Me pasa lo mismo con el fútbol. Ha sido un proceso largo, pero hoy en día no soy de pasar mi tiempo frente a la tele observando largas previas que nada pueden decir acerca de lo que está por suceder en el campo. Entonces no me hago expectativas, de hecho estoy seguro que quienes han optado por entrevistarme terminan fastidiados por mi tolerancia a lo espontáneo y mi alergia a los lugares comunes. A mi parecer eso es el fútbol: un viaje que dura noventa minutos y que durante ese tiempo podemos aprehender o rechazar. Prefiero la primera opción

    Este deporte es muy similar a los viajes que emprendió Jack Kerouac a finales de la década del 40 y que se encuentran detallados en su novela “On the road”. Soy creyente de que todo en esta vida es una excursión, un periplo, un trayecto que recorremos y en el que nos encontramos con el éxito y el fracaso; con las peleas y los amores que luego nos definirán como personas, y por supuesto, en esta afirmación cabe el juego y todo lo que lo compone.

    Pongamos un par de ejemplos que acercan a ese magnífico libro al fútbol. Comienzo por Sal Paradise y su gusto por las expediciones. Una vez llegado el verano, el personaje principal de esa historia sentía la obligación de tomar su saco de ropa y lanzarse a la carretera. Ninguno de sus viajes finalizó como esperaba y en muchos de ellos pasó largos ratos sin dinero, con hambre y afectado por alguna enfermedad, ¿pero qué sería del ser humano sin ese espíritu aventurero?

    Lo mismo pienso cuando veo a Daniel Alves desbordar por el carril derecho del FC Barcelona. Todas y cada una de sus proyecciones nacen de la seducción propia de esa mezcla tan extraordinaria entre carretera y duda . Estoy seguro que en su hoja de ruta inicial, el lateral brasileño siempre sueña una misma conclusión: centro suyo y gol de algún compañero. Pero el verdadero valor de la aventura no está en su final – en este caso la resolución de la jugada – sino en todo lo que puede producir la decisión de comenzar una nueva andanza y los imprevistos que nacen en ella.

    El otro caso es el de Dean Moriarty, ese fantástico agitador con la capacidad de contagiar a todos con sus sueños y sus locuras. Es él quien nos enseña que la emoción nace de la inquietud y que esa espontaneidad es la razón real de la existencia del ser humano; es lo imprevisible lo que nos maravilla, nos llena de anécdotas y nos anima a seguir adelante. Lionel Messi es justamente eso, una descarga eléctrica impensada que nos deja anhelando aún más. Esa adicción de Moriarty por la vida, el alcohol, las chicas y las anfetaminas es la misma del diez blaugrana, aunque al argentino le interesa la pelota, la pelota y sólo la pelota. Con esa energía nos cautiva, de la misma manera que Dean lo hizo con sus atolondradas reflexiones.

    Vuelvo al fútbol y lo que representa: lanzarnos a la carretera con un grupo de amigos, acompañados únicamente por el deseo de competir y ganar. Cierto que pocos lo entienden así, pero pasa que la gran mayoría de los seres humanos prefiere que le cuenten antes que vivir su propio camino, lo que los lleva a ser narradores de experiencias ajenas y verdugos de sus propias emociones

    A mi amigo Iñaki García le digo siempre que el juego es la vida, y la vida está en el camino que recorremos. En él se vive mejor, sobre todo si recordamos que la meta no es llegar sino continuar caminando.

     Y también esto que termina ahora – estas líneas – es sólo un final, no el fin. La aventura continúa- Alessandro Robecchi

    Salud amigo