Autor: Ignacio Benedetti

  • Tristeza y orgullo.

    La forma como César Farías ha planteado los partidos en esta eliminatoria no difiere mucho de lo visto el martes ante Uruguay. Salvo alguna excepción -la victoria ante Paraguay-, la Vinotinto se ha caracterizado por ser un equipo que defiende muy cerca de su propio arco, y una vez recuperada la pelota se trabaja para generar ataques extremadamente rápidos. Esto y la efectividad a balón parado han sido las señales que definen al grupo.

    Frente a la selección charrúa el conjunto nacional planteó el partido desde esa zona de confort que se sustenta en la utilización del once de gala, con la excepción de Frank Feltscher. El atacante del Grasshopper suizo es un futbolista que necesita espacio para poder desarrollar su principal virtud: la explosividad. Cuando se enfrenta a un conjunto que se defiende tan cerca de su propia área, la ascendencia del veloz jugador cae hasta niveles en los que su presencia no es tan influyente. No hago un juicio a su convocatoria sino a la conveniencia de su titularidad en un partido en el que la selección no iba a encontrar el ecosistema necesario para aprovechar sus virtudes.

    Esa apuesta se pagó cara y su incompatibilidad fue aún más notable a partir del gol de Édison Cavani, momento en el que se invirtieron los roles y fue nuestra selección la que tuvo que asumir la responsabilidad del partido. Ningún equipo sale a empatar o perder, pero con la anotación visitante cambió la hoja de ruta y nos encontramos ante un acertijo que siempre nos ha sido muy difícil de descifrar: traducir la ambición en protagonismo y efectividad.

    La necesidad de cambiar el plan original trae consigo estados emocionales muy difíciles de manejar, tales como la ansiedad, la inseguridad, la desesperación y otros más que actúan como malos consejeros a la hora de tomar decisiones. Puede que exagere, pero el marco que planteo no ha sido favorable para nuestros equipos a lo largo de la historia. No se pierde el partido por la titularidad de uno u otro jugador; sin embargo, pesa y mucho que a la hora de buscar soluciones estas no estén en el banco de suplentes por haber sido desechadas.

    Pero no fue solamente tristeza la sensación que me dejó el partido, debo aclarar que también sentí mucho gusto por la entrega de estos jugadores en el césped de Cachamay para luchar contra todas las adversidades. Podemos cuestionar todas las decisiones, pero el espíritu de los futbolistas está fuera de discusión y debe ser tomado en consideración el día que decidamos ser un mejor país. Eso es la Vinotinto: el ejemplo del país que queremos.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 13 de junio de 2.013
  • Apuntes post Uruguay

    – El fútbol carece de lógica, o por lo menos de la lógica que todos suponen posee. Estos pintorescos personajes no sólo no entienden de fútbol – que simplemente se trata de entender que el pasado no se repite y que solamente somos analistas de los tiempos anteriores y observadores de lo que está ocurriendo – sino que además son unos ignorantes con pretensiones.

    – Heráclito expresaba hace demasiado tiempo aquello de que podemos bañarnos en el mismo río pero nunca en las mismas aguas. Juanma Lillo me decía hace un mes que además, en cada intento por entrar en esas aguas, tampoco somos nosotros los mismos que antes. La vida es cambio, dinámica, modificaciones, caos. En fin, lo que hoy sirve sólo sirve de guía, no de referencia.

    – El partido ante Bolivia se jugó pensando en Bolivia. Más allá del resultado, no se entiende que los supuestos analistas sigan creyendo que lo hecho en la tarde boliviana serviría de guía para la noche bolivarense. Son capaces de estimular un discurso que ignora lo expuesto en el segundo punto de estos apuntes pero además, asumen que no existe el cansancio o que el rival de turno es similar al anterior.

    – Venezuela duda – me refiero a la alineación –  y eso se nota con la designación de Frank Feltscher como titular. No es un buen o mal jugador, simplemente es como todo futbolista: necesita del colectivo y de la idoneidad del modelo de juego para poder brillar. Anoche, frente a un equipo charrúa que pocas veces dejó espacios en su retaguardia, la titularidad del jugador del Grasshopper no se entendió, pero aún más notoria fue su larga permanencia en el terreno de juego.

    – Es aquí donde Farías ha debido leer mejor el partido y hacer una modificación en el primer tiempo. La admiración por otros procederes – entrenadores o modelos de juego – de nada sirve si no se copia lo mejor de ellos. Ya lo decía Pep Guardiola que todos somos un poquito ladrones de las iniciativas ajenas.

    – Uruguay, contrario a lo que los mal llamados expertos anunciaban no salió a comerse el partido. Hizo gala de su veteranía y llevó a Venezuela al terreno que más le convenía: el de la lucha. Antes del gol era un partido mal jugado por ambos, con demasiadas impresiciones y con un irrespeto total y declarado por el centro del campo. No pudieron Rincón y Lucena bajar una pelota, inyectar pausa y hacerle sentir al rival que quienes mandaban eran ellos. Se jugó a lo que quiso Uruguay antes y después del gol.

    – Hago referencia a la etapa posterior al gol de Cavani y es que el partido fue otro a partir de esa anotación. El equipo de Tabárez cedió intencionalmente la pelota y una amplia porción del campo de juego con la intención de jugar a lo que mejor se le da: el contragolpe. No es la selección charrúa un equipo que pueda superar el rival a partir de la posesión de la pelota. De hecho, con la inclusión de «Cebolla» Rodríguez por la izquiera y de Gastón Ramírez por derecha, su propuesta pasa por defender bien cerca de su propia área – que no adentro – y una vez recuperado el balón, armar cortas y violentas secuencias ofensivas. ¿Les suena conocido?

    – Es que no es muy distinto lo planteado por Uruguay a lo que normalmente hace la Vinotinto. Esta es la idea de Farías y ya a estas alturas no vale la pena cuestionarla sino tratar de enriquecerla.

    – Pero en ese proceso de sumar opciones a la idea madre, sorprendió la conformación del banco de suplentes. Hagamos un repaso de la situación: Uruguay replegado ante una Vinotinto que ocupaba el campo rival pero que no tenía pase, no poseía la claridad necesaria para meter alguna pelota de gol. Ante eso, y salvando las dos primeras modificaciones hechas por Farías, la selección no tenía un jugador con esas características en el banco de suplentes. Él decidió la salida de la convocatoria de jugadores con más cerebro que músculo y al final, más allá del aporte y las ganas de Richard Blanco, sus virtudes no podían tener la misma influencia que las de un Josef Martínez, Rómulo Otero o Anyelo Peña, futbolistas acostumbrados a buscar ese último pase.

    – Una nota para Tomás Rincón: el discruso bélico del cuerpo técnico no puede ser tomado literalmente. Es un jugador con una importancia incuantificable en este equipo y debe reflexionar acerca de sus acciones. Siempre ha sido ejemplo de voluntad, garra y lucha, pero debe servirle lo sucedido anoche para que de una vez por todas aprenda a controlar sus velocidades. Me refiero a un jugador sin igual en nuestro país y futuro capitán de la selección, pero sus reiteradas ausencias por sanción en nada benefician al grupo.

    – Más allá del discurso victimista y poco autocrítico de Farías, acá no se ha perdido nada ni se necesitan soluciones dramáticas. Lo que si es obligatorio de cara a los próximos y vitales partidos es que se enriquezca el modelo de juego y a la hora de conformar el banco de suplentes se piense en todos los escenarios posibles. No sirve para un carajo tener tres delanteros como variantes si no hay jugadores que puedan surtirlos de pelotas. Repasemos la actuación de Muslera y comprenderemos lo dicho. Se perdió un partido, pero no caigamos en la bipolaridad que propone el DT con sus dichos y pensemos en el futuro, ese que todavía puede ser brillante.

    – Nunca pido nada porque ya con su lectura estoy en deuda, pero en esta ocasión quiero hacerlo: no se puede dudar jamás del compromiso y la entrega de estos futbolistas. Ganen o pierdan, han dado un ejemplo extraordinario que bien valdría copiarlo en otros ámbitos de la vida.

  • Momento de subirse al tren

    Es el momento de aferrarse a lo conocido y no hay mayor sensación de confianza que aquella que nace de estar bien acompañado. No son tiempos para discutir la idea o de abrirle la puerta a las dudas. Ante Uruguay, con el objetivo final cada vez más cerca, no valen los experimentos sino todo lo contrario: volver a las fuentes.

    La Vinotinto de Farías es un equipo de transiciones rápidas, casi relampagueantes. Se sabe muy capaz con el balón en los pies pero se declara fiel representante de la juventud que recién comienza a manejar autos: rápida y furiosa. Así juega y así vive; no hay tiempo para términos medios ni para matices.

    Esa manera de jugar – de vivir más que de morir – afronta su más dura prueba el martes ante la selección charrúa, hoy menos rápida pero siempre furiosa. Con el once de gala – salvo Amorebieta por razones futbolísticas – el grupo que comanda Farías ha decidido entrar en la recta final asumiendo su papel de retador animado por su irreverencia y voluntad de torcer el rumbo de la historia. Sólo el tiempo dirá si lo consiguen, pero ante semejante posibilidad, no hay nada mejor que iniciar el recorrido con la gente que genera mayor confianza: los suyos. Decisión valiente y de mucho riesgo, pero decisión al fin y para ello están los DT. Cómo dice Martí Peranau «los resultados jamás te dan ni quitan la razón. Te dan títulos o victorias, pero nunca la razón, que no forma parte del resultado deportivo».

    El camino es la recompensa, pero la sensación de pagar el boleto a Brasil vale más que una simple estadística

  • El descanso del guerrero

    arango1

    – No fue un partido vistoso pero si uno bien jugado. Cada uno de los problemas que se plantearon tuvieron soluciones vinotinto. La selección corrió, supo cuando presionar, como despertarse después de unos minutos finales del primer tiempo en donde parecía caerse de sueño, y sobre todo, la selección supo jugar para ganar. Los siete disparos al arco así lo certfican.

    – No es sencillo jugar en La Paz, y menos si el campo no es campo sino pista de cross country. Aún así, los mejores pasajes de la Vinotinto llegaron cuando apareció la pausa; cuando en vez de correr se pensó y entonces se ensayaron variantes a la verticalidad mostrada durante el primer tiempo. Tomás Rincón y Juan Arango fueron los baluartes de ese cambio.

    – No me malinterprete: durante pasajes del primer tiempo la selección supo sacar provecho a esa endemoniada velocidad que caracteriza a Josef Martínez y a Richard Blanco. Pero la «ausencia» futbolística de César González trajo como consecuencia que todo se hiciese a 100km/h, incluso cuando Arango asumía labores de conducción.

    – Por ello, cuando en el inicio del segundo tiempo apareció, de manos de Tomás Rincón el segundo de más tan necesario para llenar de dudas al rival, fue que vimos a la mejor versión de la Vinotinto. Fue un equipo que varió el ritmo y tuvo la posibilidad de liquidar el partido, sólo que en esta ocasión nos hizo falta la eficacia que en otros partidos nos ha acompañado.

    – Bolivia no fue un rival sencillo ni un equipo sin alma. Tiene jugadores que parecen alejados de la élite pero que en un partido como el de hoy están dispuestos a disimular esas limitaciones a base de orgullo y amor propio. Y eso fue el conjunto de Azkargorta, un grupo de voluntariosos que chocaron permanentemente con esas incapacidades que todos conocemos pero que no son suficientes para destruir la ilusión boliviana. Tiene mucho trabajo por delante el sentrenador español, pero da la impresión de que si se lo permiten, puede armar una selección que le permitiría a Bolivia volver a ser competitiva.

    – En la previa publicada el miércoles hablaba de la importancia, en un partido como este, de jugadores que saben ir al espacio, cualidades que poseen Richard Blanco y Josef Martínez. En el global, el ex Caracas tuvo menor influencia en el juego y por ello sorprendió que fuese Blanco y no él quien abandonase el terreno de juego en favor de un inédito Evelio Hernández.

    – Renny Vega. Siempre Renny Vega. Para lo bueno y para lo malo está el aragüeño. Era un partido correcto el suyo, con algun grado de influencia en la tranquilidad que llegó a vivir la selección en el segundo tiempo, hasta que en la jugada del empate su salida en falso lo dejó expuesto hasta quien sabe cuando . Hay errores graves en el marcaje de ese saque de esquina, así como que nadie fue a pelearle la posición al jugador boliviano que se encargó de tapar la visión del portero, pero con Renny pasa lo mismo que con muchos arqueros: rápidamente olvidamos sus aciertos, mientras que sus errores quedan grabados en la memoria colectiva. Además, pareció pesarle la escasez de partidos en el semestre.

    – Buena presentación de Gabriel Cichero, y a partir de esta afirmación se plantea la interrogante acerca de su futuro inmediato en la selección: ¿lateral o central? Cada opción trae consigo un par de consecuencias, pero como cada partido es una historia diferente se puede retrasar la decisión hasta que realmente sea necesario tomarla.

    – La Vinotinto inicia su retorno a casa para enfrentarse a la siempre complicada selección uruguaya con la convicción de que el camino recorrido entrega una sensación de tranquilidad que no se conocía. No hay suspendidos y por ahora no hay lesionados, pero la mejor noticia es que la selección se trae consigo un botín que vale más que el punto conseguido en La Paz: la certeza de que su juego fue superior al resultado. Como buen gladiador, el equipo descansará pensando no en la batalla disputada sino en la que está por llegar, en la que más allá de las verdades estadísticas, un resultado positivo puede pagar algo más que la cuota inicial del pasaje a Brasil.

    Foto cortesía de http://www.ultimasnoticias.com.ve

  • Escenario Vinotinto

    – No ha existido en la historia una victoria que haya estado alejada del riesgo. Para ganar se precisa tomar decisiones y cuando se advierta que alguna de ellas aparece como atrevida sólo hay que examinar la fe que se tiene en ella y a partir de ahí adoptarla o no. La ubicación de Seijas como lateral es una de esas manifestaciones a las que el sentido común se opone – yo el primero – pero bien vale la pena recordar que sin riesgos no hay mundial.

    – Alineación confirmada con la ausencia de Oswaldo Vizcarrondo como situación más llamativa, tanto que en Venezuela se ha escuchado el suspiro de alivio boliviano, pero ojo, no debemos olvidar que a pesar del irregular año de Perozo, hay pocos jugadores que conocen el modelo de juego de esta selección como el hasta los momentos jugador del Deportivo Táchira. Que se confíe el rival es una buena señal.

    – El término «equilibrio» en el fútbol es usado de manera muy superficial. A pesar de su manoseo, conseguir esa situación es muy difícil por lo que este juego es: uno de oposición directa, es decir, se depende tanto del rival como de las intenciones propias. La posición de Seijas le abre la puerta a la titularidad de Agnel Flores, no para «equilibrar» sino para compensar, ayudar y hasta colaborar.

    – Se habla de defender, lo que para muchos «especialistas» significa regalar pelota y espacio al rival mientras que nos «amontonamos» al borde del área para dificultar el tránsito del oponente. Permítame proponerle algo: pensemos que defender es el conjunto de acciones en las que  nuestro equipo intentará robarle la pelota al contrario para así armar secuencias ofensivas. En esta definición se destaca la voluntad de recuperación para atacar, no sólo para evitar.

    – Es necesario que la inteligencia de Josef Martínez aparezca en toda su dimensión para que el ex Caracas FC decida correctamente la longitud de sus desplazamientos. No debe correr 60 metros permanentemente sino hacerlo cuado sea necesario.

    – Aristeguieta llamará la atención de dos de los tres centrales. ¿Cuales? Dependerá de la zona que el delantero del Nantes ocupe. En muchas ocasiones se panteará un solitario 2×1, y es ahí donde Josef debe entender su condición de acompañante/solución. De ser así, el camino se ve claro a pesar de ser largo y con obstáculos.

    – La importancia de Renny Vega no se limita a sus capacidades como arquero sino que hay que sumar sus cualidades de jugador de fútbol. Discutido por muchos, no ha existido en nuestro medio un portero que lea mejor los partidos que el aragüeño. Se equivoca muchas veces pero ello no disminuye su confianza ni condiciona sus virtudes. Hoy todos esperan sus atajadas, pero ojo con su juego de pies, de ahí puede nacer el pago inicial del boleto a Brasil

  • Fantasía Vinotinto

    Conocimiento y pronóstico no van de la mano. En tiempos en los que el narcicismo y la falta de cariño han llevado a que twitter se convierta en tierra fértil para los adivinadores – que ante cualquier situación buscan llenar su vacío emocional con frases como “lo dije” o “yo sabía” – bien vale la pena rebelarse y fomentar el razonamiento. En este caso, mi idea es proponer una alineación para enfrentar a Bolivia señalando los argumentos que la justifiquen, sin atribuirme funciones de entrenador pero recordando que el verdadero objetivo de las antesalas es eso, promover explicaciones y razones a sabiendas de que el futuro – el partido – es incierto.

    Lo primero que se debe hacer es aceptar el modelo de juego Vinotinto, es decir, no podemos pretender una versión similar a la mostrada en el partido ante Paraguay, o por lo menos no para este partido. La selección ha adoptado un estilo en el que no se promueven las largas secuencias de pases sino que por el contrario, se intenta llegar al arco rival de la manera más rápida y concreta posible. Esta idea no es buena o mala, es simplemente la elegida.

    Asumo que la Vinotinto defenderá cerca del arco que debe ocupar Renny Vega. La experiencia del ex Caracas, así como su buen saque de pies, debe asegurarle la titularidad en este partido, ya que de sus intervenciones puede nacer una jugada de ataque. El aragüeño debería estar acompañado por Oswaldo Vizcarrondo y Gabriel Cichero, quienes ya saben lo que es jugar en la altura y poseen las cualidades para rechazar los centros que puedan partir desde los costados. En el caso de Vizcarrondo, es necesario que asuma una vez más la condición de líder de la defensa para poder superar pasajes de mucha confusión producto de la falta de oxígeno y de la presión rival.

    ¿Quiénes deben ocupar los laterales? Para ello hay que definir el perfil que se ajuste al modelo de juego. Roberto Rosales podría ser titular por el lado derecho, ya que como experto en esa posición conoce las maneras de desactivar los desbordes por esa banda y así evitar el envío de centros al área venezolana. El jugador del Twente de Holanda además puede convertirse en salida para el equipo o en opción de pase. Imaginemos que de cada recuperación de pelota nace la posibilidad de un contragolpe venezolano, por ello mi insistencia en colocar jugadores que sepan manejarse en ese contexto.

    En el lateral izquierdo se me presenta la incógnita, y es que ninguno de los candidatos a ocupar ese puesto garantiza el rendimiento que sí ofrece Rosales. Rolf Feltscher es un central con mucha dedicación defensiva mientras que experimentar con Luis Manuel Seijas debilitaría la retaguardia pero se ganarían posibilidades de pase y sacrificio para las transiciones entre defensa y ataque. Mi elección en este caso pasa por el “suizo” para así reforzar la defensa, considerando además la ventaja que significa colocar al ex Táchira en un puesto en el que se siente más cómodo.

    Al estar sancionado Franklin Lucena, Tomás Rincón debería estar acompañado por Seijas como pareja de volantes centrales. El del Hamburgo alemán haría de perro de presa mientras que “Luisma” se convertiría en un comodín entre contención y salida así como en el primer ayudante de Feltscher. En el costado izquierdo va a ser muy importante el triángulo que puedan formar Rolf, Seijas y González o Arango, entendiendo que uno de éstos últimos debe constituirse en el vértice necesario para conformar la figura antes mencionada.

    Arango y González son sinónimos de pausa, inteligencia, pase y viveza, tan distintos pero tan similares en el entendimiento del juego: la visión de Juan y la inteligencia emocional de César; el gol del capitán y el sacrificio del oriental. Se conocen de memoria, saben cuándo alternar posiciones y cuándo ayudarse, y en un partido con el condimento adicional de la altitud, son estos dos jugadores los encargados de hacer que el equipo recuerde sus cualidades y no pierda de vista el objetivo. Son ellos quienes ante la adversidad deben promover soluciones a los obstáculos que ofrezca el partido.

    Por último, me gustaría una pareja de delanteros integrada por Josef Martínez y Richard Blanco, jugadores con gol y velocidad que viven de ocupar los espacios que dejan los defensores; en el partido del viernes esa cualidad puede traducirse en un triunfo. Bolivia intentará arrollar a la Vinotinto y la ecuación formada por buenos pasadores y jugadores que sepan aprovechar las lagunas que deje el rival puede ser fantástica para el bando nacional.

    Este once inicial que propongo es sólo una fantasía. No me refiero únicamente a los nombres sino a su disposición en el campo. Y es que en el fútbol una de las pocas verdades que existen es aquella que hace años escribió Panzeri: “fútbol es lo que no se sabe que vaya a pasar. Lo que se sabe que va a pasar, no pasa. Ya pasó”. Por ello es importante recordar que la visión que tengamos del partido es algo muy diferente a lo que va a suceder. Sólo nos queda sentarnos a disfrutar de una selección que ha sido y es la expresión más fuerte de unidad que hemos tenido en mucho tiempo, y que como pocas, nos hace soñar ya no con un mundial, sino con los triunfos que podríamos obtener el día que aparquemos nuestras diferencias y trabajemos unidos como un solo país.

    Columna publicada en http://www.cuantoacuanto.com el 05 de junio de 2.013

    *Para el momento de la publicación de esta columna Oswaldo Vizcarrondo aún estaba apro para jugar.

  • Certezas y anhelos Vinotinto

    Hace cuatro años la Vinotinto logró su primera victoria frente a Bolivia en la ciudad de La Paz. En aquella ocasión César Farías y su cuerpo técnico diseñaron una hoja de ruta en la que jugadores del torneo local y algunos mundialistas sub 20 eran los encargados de cumplir con el plan trazado. Hoy el escenario es totalmente distinto y los riesgos que se tomaron en aquella ocasión han sido reemplazados por la “seguridad” que entregan protagonistas habituales en esta eliminatoria, aunque esto no se traduzca obligatoriamente en un resultado positivo.

    Ante la posibilidad cierta de lograr un cupo al próximo mundial, Farías ha decidido llevar a Bolivia los mejores jugadores disponibles. Frente a quienes “olvidan” que el partido importante es el próximo y no uno posterior, el seleccionador nacional dedica toda su atención al encuentro ante los bolivianos y sólo cuando terminen esos noventa minutos pensará en Uruguay. Es una apuesta fuerte y decidida, que tiene como meta real generar una convivencia sin distracciones y con un objetivo claro e inmediato: Bolivia.

    Las certezas para este partido pasan por la preparación y la convocatoria. No hay duda de que ésta ha sido la mejor planificación que ha vivido selección alguna para poder dedicarse a jugar fútbol en la altura, pero además, a ello hay que sumarle que, salvo la ausencia de José Salomón Rondón, no hay limitantes para poner en cancha a quienes viven su mejor momento futbolístico. El entrenador tendrá a su disposición lo que muchos consideran como lo más granado de nuestro fútbol, por lo que el plan cobra mayor importancia y es ahí donde podemos dudar, o por qué no, soñar.

    Como todo en el fútbol, hay vacilaciones que sólo el inicio del juego podrá resolver. ¿Intentará la selección disputarle la pelota a Bolivia? ¿Largas secuencias de posesión o transiciones rápidas? ¿Dos delanteros o uno sólo acompañado por un media punta que sirva de hilo conductor entre volantes y el atacante? ¿Laterales tímidos o atrevidos? ¿Paciencia o verticalidad en el primer pase después de una recuperación? ¿Delanteros veloces que sepan aprovechar los espacios o atacantes que disputen cada pelota con la intención de aguantarla hasta que aparezcan los volantes “llegadores”?

    Todas estas interrogantes tienen respuestas que nacen en los entrenamientos, pero no debemos olvidar que este es un juego de oposición directa y el rival influye tanto como la hoja de ruta propia. Mañana, más allá de la excelente preparación, importará tanto la toma de decisiones – antes y durante el partido – así como la fe en el plan. Por ahora parece que ésta es grande, y ya sabemos que desde la creencia se derrota a los mayores enemigos.

    Columna publicada en el diario Líder el 06 de junio de 2.013
  • Estrenando hogar

    Image

    «Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio». Octavio Paz

    Este es el primer post en este nuevo hogar. Es la continuación del camino pero ahora con nueva ropa. Nada variará, o quizás si, quien sabe, el futuro es lo que Joe Strummer siempre decía: incierto.

    ¿Por qué cambiar? Porque está en nuestra naturaleza. Sin modificaciones – grandes o pequeñas – no se podría explicar el caos, y para mi el caos es vital. Duda y caos son los ingredientes para mantener las ganas de vivir, y como la vida la entiendo como ese constante caminar, pues listo, esa mezcla de incertidumbre y vorágine producen el combustible necesario para seguir viajando.

    ¿A donde? No hay destino predeterminado. James Murphy de LCD Soundsystem se empeñaba en cantar esa hermosa frase que decía «when the trip and the plan come apart in your hands» (cuando el viaje y el plan se desmoronan en tus manos) y yo la he convertido en una especie de disparador que justifica todo lo que sucede. No quiero decir que no planifico o que mi existencia está a la deriva, pero si que desde hace un tiempo me he desprendido de las ataduras convencionales para darle paso a la emocion y la incertidumbre que caracterizan a la vida, al camino.

    En fin, el camino es desconocido y hacía falta cambiar el traje para poder continuar su recorrido.