Categoría: Análisis

  • El movimiento consciente

    Pensamos en mover un brazo y lo hacemos. Ello significa estar consciente de esa voluntad y comprender que del cerebro emana una orden que hace que movamos el brazo en la dirección deseada. Estamos hablando, primero, de estar conscientes, y posteriormemnte, que para ejecutar una instrucción se necesita el correcto funcionamiento de todas las partes involucradas, lo que en este caso constituye una clara referencia a las conexiones neurológicas y musculares que conforman el cuerpo humano. Millones de ellas conectadas para que sea posible ese simple movimiento consituyen un claro ejemplo de como funciona un equipo de fútbol. Cada conducta que nos parece definitiva es solamente la continuación de una conducta anterior

    En el fútbol desechamos esa explicación. Nos han enseñado a sentirnos cómodos con una especie de movimiento robótico que se traduce en un gol; lo celebran los noticiarios y lo reducen quienes se hacen llamar especialistas. Ese gol que llena espacios promocionales tiene tantos circuitos de conexión como el ejemplo de mover el brazo. Por cosas como esta es que la tv puede ser tan importante, ya que desde ella se puede engañar a la audiencia haciéndole creer que un gol nace del remate o, por el contrario, si existiese el interés de cumplir con la función primordial del medio (educar), se le puede mostrar detalladamente la red de conexiones que derivan en ese grito llamado gol.

    Más allá de la crítica a los mentirosos de turno que no ven fútbol sino que son expertos en repetir como loros estadísticas vacías y frases cargadas de lugares comunes, está en cada uno de nosotros entrenar nuestro estado de conciencia para aprehender lo que el juego nos ofrece: una muestra extraordinaria de como funcionan nuestras mentes, pero a la vez, como influye cada pequeña variación en uno de los integrantes de un circuito. Sí, puede que sea como el efecto mariposa, pero en este caso lo importante es reconocerlo en vez de obviarlo.

    John Searle lo explica maravillosamente en el siguiente video: http://youtu.be/j_OPQgPIdKg

    P.S: Gracias querida por el video y por hacerme conocer este nuevo mundo. Serás siempre el rock =)

  • Atacar y defender es una sola conducta

    Un equipo de fútbol es un conglomerado de conductas que no deben observarse de manera aislada sino como lo que son: hermanas de otras manifestaciones. Cada reacción, cada intento es justamente la continuación y la consecuencia de un movimiento que lo precede, y esa prolongación no es más que una escena de una película que hay que ver en su totalidad.

    Quiero ser muy enfático: el fútbol es un juego imposible de descifrar porque cada partido es una muestra distinta y lo que hoy sucede es producto de mil variables que mañana seguramente no aparecerán. Claro que existen unas pocas verdades, como aquella que nos recuerda que un equipo se defiende atacando y ataca para defenderse. Parecería una contradicción pero no lo es.

    Hace un par de días se enfrentaron el Chelsea de José Mourinho y el Atlético de Madrid de Diego Simeone. A priori, y siempre según el paradigma tradicional, son dos equipos que defienden muy cerca de su propia área, sin dar espectáculo ni pensar en el arco rival. Pero justamente esos conjuntos nos enseñan rápidamente el porqué de esa ubicación en el terreno: para aprovechar mejor las cualidades de sus dirigidos. ¿Por qué se comportan de esa manera? Para ganar.

    Cuando cualquiera de esos conjuntos recupera la pelota comienza una cadena de eventos – no nos fijemos en la duración de los mismos – con el único objetivo de buscar la portería contraria. Claro que también hay equipos que practican la posesión defensiva de la pelota – no le crean a quienes hablan de una “posesión efectiva”, eso es una idiotez sin sentido – y la adoptan como plan para evitar que el rival los ataque y luego contragolpearlo cuando se presenten las oportunidades.

    Lo que debemos comprender es que un equipo de fútbol está definido por un grupo de pautas y procederes que, a pesar de las tentaciones, no podemos analizar por separado, ya que al hacerlo estaríamos despreciando lo que realmente las hace únicas, y nos estaríamos dejando llevar por una postal que congela un gol o un error, asumiendo equivocadamente que en una actividad como el fútbol se puede disociar conductas a favor de lo que a nosotros, como espectadores, nos conviene para aparentar una sabiduría que no poseemos.

    No hay equipos ofensivos o defensivos; lo que debemos comprender es que cada equipo, idealmente, tiene que jugar según las posibilidades que nacen de sus jugadores y de la interacción entre ellos. Lo contrario es entregarle armas a quienes desde su trinchera proponen analizar el juego como cualquier otra conducta intrascendente.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 11 de Mayo de 2.014

  • Educación y honor, ¡cuánta falta hacen!

    El filósofo griego Platón, en alguna de sus reflexiones, nos decía que “cualquier hombre es capaz de tener hijos, pero no cualquiera es capaz de educarlos”. Esta frase puede perfectamente describir al fútbol venezolano: un compendio de equipos, sin rumbo definido, que creen que por poseer las fichas de sus jugadores pueden ser llamados clubes. No importa si la gran mayoría de estos conjuntos no dedican ni el 1% de su presupuesto a la educación y formación de futuros deportistas, porque lo verdaderamente relevante, para quienes dirigen estas instituciones, es tomarse una foto, imprimir una tarjeta de presentación y hacer cola en la oficina pública de turno para pedir su limosna. Cualquiera puede tener un equipo, pero no cualquiera puede crear un club.

    Friedrich Nietzsche, a través de su obra “Así hablaba Zaratustra”, deja un hermoso pensamiento: “vuestro honor no lo constituirá vuestro origen, sino vuestro fin”. El alemán, con esa claridad de reflexión tan suya nos recuerda que sólo mediante nuestras acciones podremos ser considerados personas dignas, honradas o respetuosas. Está claro que cada propósito, o por lo menos la mayoría de ellos, nace con la mejor de las intenciones, pero en el camino sucede lo mismo que le acontece a este fútbol: muere en el intento. Hoy más que nunca no sé si haya alguien en este mundillo del balompié venezolano que pueda presumir de ser honorable. O puede que sí, sólo que su voz es rechazada.

    No me cansaré nunca de recurrir a esta magnífica frase del filósofo español José Antonio Marina: “cada uno de nosotros somos lo que somos y el conjunto de relaciones en el que estamos incluidos”. Siento que esa consideración es indispensable porque nos ayuda a recordar que no somos seres que vivimos en una isla, aislados e inmunes a la interacción humana. Todo lo contrario; necesitamos convivir, asociarnos, y ello sólo se puede lograr gracias a metas en común.

    Si tomamos eso como cierto, quisiera que usted me responda la siguiente interrogante: ¿cómo es posible que entre supuestos socios se insulten de la manera que lo hacen los directivos de nuestro fútbol? Usted seguramente pensará que esta convivencia es posible únicamente gracias al oficio creado por el diablo, ese que llaman política. Puede que así sea, pero hoy, cuando unos acusan a otros de tramposos, de corruptos y demás sapos y culebras, bien valdría lamentarnos porque en este fútbol todo vale, todo pasa, y ya ni el honor ni la educación forman parte de la ecuación. Reflexionen antes que el enfermo pase a mejor vida.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 08 de Mayo de 2.014

  • El caos de Richard Páez

    “Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos”.

    La frase pertenece a Richard Páez, y puede ser revisada en una entrevista que me concedió hace unas semanas para el sitio web de Martí Perarnau (http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/richard-paez-el-nombre-del-cambio-ii-parte/) . En ella, además de la afirmación que da inicio a esta columna, hay otros conceptos que valen la pena revisar, sobre todo por aquellos que dudan de las capacidades de los entrenadores venezolanos y prefieren que a nuestra selección la conduzca cualquiera que sólo cumpla con el requisito de haber nacido fuera de nuestras fronteras. Pero volvamos al caos.

    En la exposición del técnico de Mineros de Guayana – ¿son estos sus últimos días en el equipo negriazul? – aparece la palabra caos como una virtud y no como enemiga del proceso evolutivo de un equipo de fútbol. Dentro de las definiciones de este fenómeno, en el sitio web Wikipedia se lee una que explica lo que el merideño plantea: “el caos es la complejidad de la supuesta causalidad en la relación entre fenómenos (eventualidad) sin que se observe una traza lineal que relacione la causa con el efecto”.

    Con esto Páez intenta convencer a sus futbolistas de algo que ya Marcelo Bielsa explicó hace un par de años: “yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? Corremos todos. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento».

    El juego del fútbol es un acto indivisible. Atacar y defender son conductas hermanadas por algo más que un trabajo táctico: la actitud. Cuando el ex seleccionador vinotinto habla de generar caos, lo que realmente está haciendo es pedirle a sus futbolistas que jueguen según sus cualidades y su intuición. No es un llamado en contra del trabajo de la semana; todo lo contrario, es recordarle al jugador que es él quien tiene la potestad de decidir y que debe atreverse a ello, a vivir y a promover lo imprevisto. A hacer que pasen cosas.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 20 de Abril de 2.014

  • Sin dinámica no hay juego

    Correr o esperar. Ir o quedarse. Amagar o actuar. ¿Para qué se hace todo esto? Para generar espacios, ocuparlos y aprovecharlos mientras el rival intenta reaccionar. Pero para ello hace falta algo más que la simple titularidad del balón; se necesita dinámica, que, a pesar de lo que muchos venden, no se trata de correr por correr, sino de interpretar correctamente este juego.

    A propósito de la publicación de algunos de los cuadernos privados del filósofo Martin Heidegger, conviene repasar algunos apuntes inspirados justamente en una de las obras del controvertido maestro germano. Me refiero a «El Arte y el espacio», obra publicada en 1.969 y que puede ser aplicada al juego. Quizás, a partir de su estudio, podremos comprender que el pase en el fútbol no es útil si no viene acompañado del movimiento.

    Definamos primero espacio. Según el DRAE es una capacidad de terreno, sitio o lugar. Para Heidegger, más que el espacio, el concepto a tener en cuenta sería «espaciar», lo que no es más que poner espacio entre las cosas, o como él mismo expresó, es la “ocupación de los lugares de los que los Dioses han huido”, lo que en el fútbol podría ser encontrar zonas que no estén ocupadas. ¿Para qué se hace esto? Para que nuestros compañeros puedan recibir el balón y tener ese segundo de más que le permita tomar la mejor decisión. Su libre aparición y su titularidad de la pelota generan en el contrario una serie de movimientos destinados a contrarrestar su aporte, y como consecuencia de esa reacción, aparecen otras áreas libres de ocupación rival.

    Ahora bien, usted recordará la típica frase del entrenador derrotado: “se encerraron atrás y nos cerraron los espacios”. Esa bien puede ser una radiografía de lo sucedido, siempre y cuando esté acompañada de otra afirmación como por ejemplo: “nos faltó dinámica para obligar a que el rival se moviese y por ello no encontramos los espacios”. Muchas veces, los jugadores recurren simplemente a prestarse el balón entre compañeros, olvidando que a ello hay que agregarle mucho movimiento para así tentar al contrario y sacarlo de su zona de confort.

    Recodemos: pasarse la pelota sólo para mantener la posesión, sin imprimirle dinámica a esa titularidad, nos acercará a la pérdida de la misma y a explicaciones tan burdas como que existe una “posesión efectiva”. Mientras algunos se pierden en semejante disparate, bien vale recordar la instrucción de Pep Guardiola, defensor a ultranza del juego de posición y de la cultura del esfuerzo: «no se toca si no sale un rival».

  • Pedro Rodríguez: un señor jugador de fútbol

    Jugar sin pelota. Pocos saben hacerlo y bien vale comprender la importancia de ese acto generoso que significa «jugar para los demás».

    Pedro Rodríguez lo hace a la perfección. Mientras muchos hablan de su cantidad de goles, hoy me quiero quedar con su trabajo sin el balón, siempre con la noción de cuándo ir, cúando quedarse, cuándo engañar y cuándo llegar hasta el fondo.

    Su partido ayer frente a Osasuna me recordó lo mucho que me hubiese gustado saber jugar como él. No llama la atención cómo Messi, Iniesta, Xavi, Alexis. Álves o Piqué. Hasta hace poco fue Pedrito. Pero cuando el tiempo pase y nos acompañe la calma, del gran Barcelona no se podrá hablar sin hacer mención a este enorme jugador llamado Pedro Rodríguez.

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  • La fuerza del discurso

    El deportista, amateur o profesional, compite para ganar y para superarse a sí mismo. Idealmente esa es la meta de todo aquel que decide practicar una disciplina deportiva. Luego aparecerán quienes respeten la actividad y quienes deciden tomar atajos que los acerquen a glorias o ganancias tan efímeras como el gas en una gaseosa.

    Después de haber perdido la final de la Copa del Rey, Marcelo Bielsa decidió arremeter contra sus jugadores en la privacidad del vestuario. El argentino dejó frases como «no estuvimos a la altura de la ilusión que generamos… Me parece inadmisible decepcionar a un pueblo porque yo estoy avergonzado de haber decepcionado a la afición. La decepcionamos, es un fracaso. Y es una temporada negativa, porque jugamos dos finales, y las puedes perder no 3 a 0 sino 5 a 0, no hay problema, pero perder las dos finales como las perdimos… Yo soy el responsable… Cuando había que demostrar grandeza, fuerza, personalidad, confianza, hicimos todo lo contrario… No hacía falta salir campeón para no decepcionar. Hacía falta, en vez de tener miedo a perder, jugar para ganar».

    Noel Sanvicente, dos días antes del debut del Zamora en la Copa Libertadores, manifestaba ante los medios de comunicación que «nosotros respetamos lo que significa el Atlético Mineiro, una gran institución, pero tenemos claro que vamos a saltar al terreno con lo que tenemos, con la convicción de que podemos ganar».

    Bernd Schuster, entrenador alemán, fue despedido del Real Madrid cuando, en vísperas de un partido frente al Barcelona de Pep Guardiola, declaró que «en el Camp Nou no es posible ganar ahora mismo. El Barça está muy bien, es su año y vamos a intentar hacer un buen papel. Más no se puede hacer ahora mismo».

    Ganar o perder forma parte de la ecuación. Algunos están mejor preparados que otros para aceptarlo, pero lo que es inaceptable es que se potencie, desde la conducción, un discurso victimista o fatalista, obviando que este malquerido fútbol venezolano ya ha abandonado el papel de cenicienta que durante mucho tiempo ostentó.

    Se compite con la intención de obtener el triunfo. Pero la consecución del mismo no define nuestra manera de competir. No debemos olvidar que el resultado nos puede ser esquivo, pero el respeto al deporte y a los valores que lo definen no deben ser vilipendiados por quienes prefieren salir derrotados antes de siquiera entrar a la contienda. Puede que ganen títulos, dinero, fama y seguidores, pero jamás contarán con el respeto de los deportistas.

    Columna publicada el domingo 16 de Febrero de 2.014 en el diario Líder

  • El caótico Pep Guardiola

    Al hombre le es imposible repetir conductas en contextos similares; no existe quien reaccione de la misma manera ante situaciones aparentemente idénticas. Esto es porque somos seres que vivimos en un estado permanente de aprendizaje. Puede que esas pequeñas modificaciones que vamos sumando en nuestro camino sean imposibles de divisar, pero su existencia es indiscutible.

    Con permiso del Manchester City del chileno Manuel Pellegrini, creo que el Bayern Múnich de Pep Guardiola es el equipo que mayores retos ofrece a quienes intentamos comprender este juego. Pasados unos meses desde su llegada, nadie duda que el conjunto alemán ya es un equipo de autor.

    El Bayern pasó de jugar un 1-4-2-3-1 muy definido para convertirse en una incógnita extraordinaria. Puede comenzar el partido con un delantero centro claro como Mandzukic, rodeado de jugadores «satélites» como Ribéry, Robben y Müller pareciéndose así a la versión de Heynckes, y terminarlo con mayor ímpetu ofensivo, sin un definidor clásico, con seis volantes merodeando el área. Guardiola, ante todo deportista,  sabe muy bien que sin mayores desafíos cognitivos, el futbolista puede acomodarse en su zona de confort. Por ello su reto es mayor de lo que muchos suponen.

    Otra alternativa es jugar muchos partidos sin un medio centro típico, ubicando en esa zona a Thiago y a Phillip Lahm como su socio, sin que esto comporte un riesgo ya que el patrón de juego y la calidad de los intérpretes permiten estas innovaciones. A ello se le agrega aquella vieja instrucción de su entrenador: «todos mis jugadores tienen permiso de llegar al área, pero no de quedarse en ella». Al fin y al cabo, lo que hace Guardiola es otorgarle libertad a sus dirigidos para que se muevan por espacios que antes eran desconocidos o simplemente prohibidos, renovando así el gusto por el aprendizaje de sus futbolistas.

    Guardiola genera pequeñas modificaciones para alimentar el autoestima de sus jugadores y desconcertar al rival. ¿Cómo lo hace? Desde la fuerza de sus ideas y el afecto a sus dirigidos, sin gritos ni golpes. Convencer para luego vencer. Pequeños cambios que producen una tempestad que sirve para competir en superioridad de condiciones, o como lo explicaba Marcelo Bielsa hace un par de años: «Guardiola le propone a algunos jugadores que dejen de hacer lo que mejor hacen y que hagan algunas cosas que no están entre sus máximas virtudes y lo hace para que mejore el colectivo y lo logra con una aceptación de los jugadores absoluta, lo que habla de su liderazgo».

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 02 de Febrero de 2.014

  • El recorrido del Tata Martino en Can Barça

    Es mucho lo que hay que analizar en estos primeros meses del Tata Martino al mando del F. C. Barcelona. Cuando solo queda una fecha para llegar a la mitad del calendario, es necesario rescatar los puntos positivos de una gestión que ha hecho mucho para mantener el equilibrio en esa inmensa cristalería que es el club catalán. No ha sido un camino sencillo para el entrenador rosarino, y en ese andar hay una cantidad de decisiones que hablan bien de su gestión.

    • Recuperación de Alexis Sánchez

    El chileno es un jugador muy particular: talentoso como muy pocos –el mote de jugadorazo le cabe perfectamente– y capaz de hacer fácil lo difícil y difícil lo fácil. Tiene velocidad e inteligencia para comprender qué precisa el equipo de él en cada momento del partido, pero como cualquier atleta necesita sentirse cómodo y querido para mostrar su mejor faceta. Alexis disfruta cada minuto de su estadía en el Barça, pero en sus dos primeros años parecía ser un futbolista que no encontraba paz para ser él mismo, dejando de lado las cualidades que lo hicieron acreedor de ser justamente jugador del F. C. Barcelona. Martino parece haber tomado como propio aquel consejo de Julio Velasco, entrenador de voley, a Pep Guardiola: “Es falso que todos los integrantes de un plantel tienen que ser tratados de la misma manera”. Falta ver cómo se comportará cuando regrese Messi, pero la vuelta del chileno es una de las virtudes de la conducción del rosarino.

    • Alex Song

    Futbolista talentoso y voluntarioso, el camerunés fue, en mi opinión, el jugador que peor imagen ofreció en el ejercicio anterior. Hoy no quedan dudas de cuánto le afectó la confusión vivida el año anterior por los temas de salud de Tito Vilanova y el caos que se vivió a partir de la ausencia del entrenador. No es Keita, pero es que Keita tampoco es Song. Cada jugador es un mundo lleno de vitudes y defectos, y cada uno de ellos entregará al colectivo lo que el colectivo le permita. Por ello quiero hacer énfasis en lo vivido la temporada anterior para tratar de comprender que mucho más no podía hacer el exjugador Arsenal. No es central, no es Busquets; simplemente es Song, y mucho puede aportar.

    • Gestión de los minutos

    Cada entrenador tiene jugadores en los que deposita toda su confianza, por ello se habla en muchas ocasiones de un once tipo, y es muy posible que Martino tenga en mente eso que se conoce como once de gala para los partidos definitorios. Pero hasta el momento, el preparador argentino ha conseguido algo que faltó la temporada anterior, me refiero al reparto del tiempo de juego. Este es un factor vital, y si bien puede que haya diferencias entre cómo lo hizo Guardiola y como lo está haciendo Martino, lo importante es que la plantilla va a llegar a los meses decisivos con juego, kilómetros recorridos y conocimiento de sociedades. No hay que olvidar que el año anterior hubo que contar con Bartra frente al Bayern sin que el jugador hubiese tenido mayor participación los meses previos. Hasta este momento, con las diferencias normales, cada jugador de la plantilla ha sido parte fundamental del recorrido colectivo. En el Extra #08 del Club Perarnau, Martí Perarnau hacía un estudio exhaustivo acerca de la gestión de los minutos del Barça de Tito y como ello afectó al equipo en la recta final de la temporada 2012-2013.

    • Montoya, Bartra y Sergi Roberto ya son jugadores realmente de la primera plantilla y su entrada, más allá de sus cualidades y errores propios, no produce terror en el equipo

    Esto bien puede ser una continuación del ejemplo anterior, pero magnificado, es decir: los tres son futbolistas jóvenes, de la cantera, y gracias a los minutos y la competencia se han convertido en opciones y soluciones, dejando atrás el rol de alternativas obligadas que tanto daño les hizo. Hoy cualquiera de ellos es un futbolista válido y con posibilidades de ser titular –sobre todo en el caso de Bartra–.

    • Recuperación de herramientas que habían sido dejadas de lado: cambios de frente, presión alta

    Aquel Barça de Guardiola era un equipo que aplastaba a sus rivales principalmente porque tenía la capacidad de entender el juego. En Rafa Márquez y Gerard Piqué tenía a dos defensores centrales comprometidos con la salida limpia del balón, seguro, pero también era en ellos en quien reposaba la posibilidad de enviar un largo cambio de frente para sorprender al rival. A mi gusto, aquellos largos pelotazos diagonales del mexicano eran una obra de arte que se complementaba de manera excelsa con el juego limpio, corto y veloz del equipo. Esta cualidad se perdió en el tiempo y es un logro de Martino recobrarla, aunque no creo que la prensa de siempre entienda la necesidad de esta variante. En el caso de la presión rápida e inmediata que aparecía como consecuencia de la pérdida del balón, hay señales de que se va recuperando, el problema es que aún no se convierte en costumbre y parece que ello va a llevar más tiempo y mayor compromiso de los futbolistas.

    • Manejo del caso Neymar

    Muchos recién descubren al exjugador del Santos, por lo que bien vale recordar que antes de llegar al Barça había salido campeón de la Copa de Brasil, campeón de Copa Libertadores y campeón con de la Copa Confederaciones con Brasil. Es un jugador fantástico que todavía está en fase de aprendizaje, pero que a pesar de ello ya marca grandes diferencias con respecto a otros grandes futbolistas. Martino usó todo el manual de enseñanzas que adquirió como jugador y no cayó en el juego de la prensa. Le permitió al brasileño ganarse su espacio en el equipo sin mayor presión que la de cualquier futbolista que desea ser titular en su club. Hoy nadie discute al ’11′ y solo queda imaginar lo que una sociedad Messi-Neymar puede lograr cuando ambos coincidan en el terreno de juego, claro está, en plena capacidad de sus condiciones.

    • Messi: acá hay un entrenador que manda y decide quien juega, quien descansa y de qué se juega

    No hay mayor tranquilidad para un futbolista que reconocer en su entrenador a alguien que toma decisiones sin que le tiemble el pulso. Ya después habrá espacio para discutir las consecuencias de las mismas, pero la autoridad se ejerce y eso ha hecho el técnico argentino con Messi. Con apenas días de haber llegado al club, Martino tomó la decisión, en un par de partidos, de que el ’10′ abandonase el campo antes de finalizar el encuentro, en contraposición a aquella costumbre de que jugara todos los minutos de todos los partidos. Además, cuando así lo creyó conveniente, el delantero comenzó un encuentro desde el banco de suplentes. Martino no llegó a hacer amigos sino a gestionar un equipo de fútbol. Se ha equivocado y lo seguirá haciendo, al fin y al cabo todos los entrenadores son gerentes que deben mostrar firmeza en sus determinaciones, pero deben hacerlo con suficiente mano izquierda para no parecer autócratas obstinados.

    • Puyol: al capitán se le espera y no hay nada más que discutir

    No se llega a una nueva casa rompiendo la vajilla; recordemos en qué momento del año llegó el entrenador argentino y comprenderemos el apoyo incondicional que ha tenido para un legendario futbolista como el capitán del Barça. No debemos olvidar que Van Gaal, en su segunda etapa en el club, llegó renegando de Rivaldo y Riquelme públicamente, algo que solo puede hacer alguien muy de la casa como Pep Guardiola. Martino jugó su carta en favor de la estabilidad emocional y eso hay que aplaudirlo.

    • El caso Tello

    No todos los futbolistas pueden jugar el tiempo y los partidos que desean, pero también es cierto que en el apropiado reparto de minutos que ha llevado a cabo Martino, el extremo es el jugador que menos ha participado y que, además, por su tendencia a ser un Henry 2.0 (atacante derecho que parte siempre desde la banda izquierda) ha sido el más perjudicado con la llegada y rápida adaptación de Neymar. Quizás en ese espejo se vea Deulofeu y pida ser cedido un año más, algo que no sería del todo negativo teniendo en cuenta que afuera podría encontrar los minutos que luego le harían indiscutible en el Barça.

    Es el momento de señalar el gran déficit que ha mostrado la conducción de Gerardo Martino en estos meses que lleva al mando del Barça: su suceptibilidad ante cada rugido del entorno. Alguien debe aconsejar al argentino y explicarle que ese organismo multiforme, cobarde y oportunista solo sirve de escudo para hacerle daño al club. No es nuevo ni dejará de existir, pero sí me gustaría recordarle a quienes acompañan al conductor rosarino que esos valientes, que en su día celebraron los éxitos del Pep Team, dispararon cualquier cantidad de porquería acerca de la vida privada de Guardiola cuando este decidió, como futbolista, no renovar su contrato con el club.

    El único consejo que uno puede entregarle a Martino es que vaya una vez a la semana al psicólogo o a casa de algún amigo que simplemente lo escuche y así pueda drenar la bronca que produce el entorno y sus vigilantes. Mientras tanto, ojalá se mantenga firme en sus convicciones y recuerde que entrenar al F. C. Barcelona es un sueño de muchos que está al alcance de pocos.

    Informe publicado en http://www.martiperarnau.com el 07 de Enero de 2.014