Categoría: Apuntes del Camino

  • Correspondencia: Recuerdos del fracaso

    Correspondencia: Recuerdos del fracaso

    Fue mi mayor fracaso. Del que no me repongo ni me repondré jamás. Creí tenerlo todo y el tiempo me enseñó que no tuve nada. Porque el tiempo, mejor dicho, el paso del mismo, es un verdadero hijo de puta. Te seduce, te embriaga, hasta hacerte olvidar su fuerza, esa que determina la mortalidad de todo aquello que existe. Después de aquel mayo de 2014 sé y acepto que fracasé.

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    Sobre el final, todo había cambiado. Los enemigos y traidores brillaban por su ausencia. Parecía que teníamos barra libre. Éramos, lo que ya es una gran victoria. Y en ese poder ser, sin planificarlo, torcimos el rumbo, dimos una vuelta más a la gastada y oxidada tuerca. Introducimos la voluntad de educar. Tocamos la periodización táctica, el juego de posición, las estructuras que componen al ser humano deportista y hasta pinceladas del pensamiento complejo. No lo escondo, sentí que podíamos hacer una diferencia. Sin embargo, todo muere, todo desaparece.

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    Hace unas horas, un impertinente comentario me hizo recordar aquella época. Gabriel García Márquez dijo aquello de que «la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.«. La referencia bien podría hacerme creer que aquello no ha desaparecido, que vive en el recuerdo de algunos pocos. Sin embargo, en esa trampa no vuelvo a caer. Es el mayor fracaso de mi vida porque, once años después, nada de lo que se expuso en aquellos programas quedó. Este fútbol se comporta como el perro que persigue su propia cola: da vueltas sobre sí mismo, sin avanzar ni atrapar su rabo. Los vicios, los errores, las carencias y las miserias están ahí. Maquilladas y tapadas, pero vivas al fin.

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    Ese naufragio es mi vida. Lo tengo presente cada día. me acompañará hasta mi muerte. Recordarlo me fortalece, me motiva y sostiene esta inmunda e insignifcante trinchera que habito orgullosamente. Desde ella alzo mi voz. Alimenta la resistencia y evita que sea el próximo rehén de la cultura del entretenimiento.

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    Aquel 26 de mayo terminó un sueño. Explotó en mil pedazos. Once años después sigo recogiendo los pedacitos de aquel estallido. Lo hago para recomponer el rompecabezas, para intentar aprender las lecciones. Pero también, para no olvidar jamás que el tiempo es un verdadero hijo de puta

  • Segunda correspondencia de un náufrago

    Segunda correspondencia de un náufrago

    El tipo dice una cosa y hace lo contrario. El discurso, cuidado y planificado para seducir mentes histéricas, se cae a pedazos cuando hasta el más tonto de la clase se anima a cuestionarlo. No hay nada que lo sostenga. Los ideales, mejor dicho, sus ideales, son tan frágiles como una hoja en un temporal.

    Todo vale, todo suma. Una mentira tras otra, una raya más para un tigre.

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    Al artista lo conocemos por medio de sus obras. En este caso, el protagonista, más que artista, es lo que en Argentina se conoce como chanta. El diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, define al chanta como aquella “persona que destaca sus propias virtudes o presume de algo que no posee o posee en bajo grado..

    Hay otras acepciones.“Chanta viene de Chantapufi que es la castellanización de una palabra del dialecto genovés: ciantapuffi, clava clavos. Y un clava clavos puede dar para varias interpretaciones, entre ellas un inútil que cobra por algo que no tiene sentido.” Así lo define Nicolás Lucca en su artículo titulado La Chantocracia.

    El chanta supone tontos a todos aquellos que le escuchan. Se ha acostumbrado a lidiar con necios, memos y mentecatos que le ríen las gracias. Nada es más económico en la industria del entretenimiento que un sí, y el chanta ha aprendido que son muchos los militantes del elogio barato y la adhesión sin crítica.

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    También argentino fue José Ingenieros. Su libro, El Hombre Mediocre, fue anterior a La Rebelión de las Masas, de José Ortega y Gasset. También más punzante: “El hipócrita transforma su vida entera en una mentira metódicamente organizada. Hace lo contrario de lo que dice, toda vez que ello le reporte un beneficio inmediato; vive traicionando con sus palabras”.

    Puede que el chanta y el hombre mediocre se parezcan. No obstante, el primero es más peligroso que el segundo. “(El hombre mediocre) Su rasgo característico, absolutamente inequívoco, es su deferencia por la opinión de los demás. No habla nunca; repite siempre. Juzga a los hombres como los oye juzgar. Reverenciará a su más cruel adversario, si éste se encumbra; desdeñará a su mejor amigo si nadie lo elogia. Su criterio carece de iniciativas. Sus admiraciones son prudentes. Sus entusiasmos son oficiales.

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    Pensándolo bien, tengo la impresión de que el chanta que protagoniza estas líneas ha sabido rodearse de hombres mediocres, hambrientos de protagonismo y notoriedad. Analizando aún más, ¿cómo negar el triunfo de este chanta? Al fin y al cabo, ocupa hoy un espacio que no se ajusta a sus (in)capacidades mientras es venerado por los más extravagantes mediocres de la corte.

    Salud, maestro, usted ha triunfado. Sin embargo, cuando se mire en el espejo en búsqueda de nuevas formas para engañar a la masa, le recomiendo tener en consideración a Miguel de Unamuno y sepa que usted «vencerá, pero jamás convencerá…»

  • Las relaciones en el fútbol

    Las relaciones en el fútbol

    «Al verlo todo de manera aislada, inconexa, cobran sentido los expertos, ya que surgen demandas que deben ser cubiertas, que otorgan competencias dentro del ámbito profesional a preparadores físicos, psicólogos, fisiólogos, nutricionistas, etc., los cuales, en muchos casos, construyeron sus teorías en contextos ajenos al fútbol. Una vez alineados como miembros del cuerpo técnico, aceptamos que el jugador está configurado por estructuras que no interactúan entre si, aprobamos la comprensión del mismo a través de desintegrar sus propiedades.» Óscar Cano Moreno

    Hace unos años publiqué una imagen que intentaba describir los comportamientos de un equipo de fútbol desde las relaciones que en este existen. No tuve mejor idea que hacerlo inspirado en una telaraña. Aquel gráfico era parecido al que se ve a continuación:

    Las líneas que unen a los futbolistas intentaban recrear el proceso de «intracomunicación», que según Paco Seirul.lo, atienden a la comunicación interna de un sistema. Vale recordar que un equipo de fútbol es precisamente eso, un sistema complejo, dinámico y abierto.

    No obstante, con el paso de los años y multitud de conversaciones que sostuve con aquellos a los que he puesto como mis maestros, me di cuenta que la imagen no sólo estaba incompleta; esta no representa en realidad al juego.

    ¿Cuáles son las razones para asegurar esto?

    El siguiente gráfico entrega la primera pista:

    Sin oponentes no hay fútbol. Este es un juego de «oposición directa», en el que ambos equipos se enfrentan para convertir un gol más que el otro. Así lo establece el reglamento, en su norma 10: «El equipo que haya marcado el mayor número de goles durante un partido será el ganador. Si ambos equipos marcaron el mismo número de goles o no marcaron ningún gol, el partido terminará en empate.»

    No obstante, la siguiente imagen sirve para ir comprendiendo un poco más:

    El oponente también protagonizará su proceso de intracomunicación durante la duración del partido. Es decir, sus jugadores van a estar relacionándose y comunicándose entre ellos. Ahora bien, ¿por qué sucede esto? Vayamos a la siguiente imagen:

    Tres de esos maestros a los que me refería anteriormente, Martí Perarnau, Joan Vilà y el propio Seirul.lo, me ayudaron a comprender que, en palabras de Vilà, «la referencia es el balón, no son las porterías; no es el espacio sino que es un elemento móvil (balón) y no el elemento fijo. Y las líneas de pase no son líneas de pase, son caminos de comunicación

    Las porterías están fijas, no se moverán durante un partido sino que ocupan un espacio definido por el reglamento. La primera impresión es que la direccionalidad del juego va de un arco al otro. Sin embargo, las leyes del fútbol permiten sacar provecho de las dimensiones del campo, incluso, tal como ha descrito Juan Manuel Lillo, otro enorme guía en mi camino, hasta darse cuenta de que el campo es más amplio a lo ancho que a lo largo, como consecuencia de la regla del fuera de juego.

    La pelota se mueve, es el centro energético de esta actividad. Por ende, el gráfico final debe ayudar a sumergirse en la complejidad del juego y a entender por que, entre otras cosas, un equipo de fútbol es un sistema complejo, dinámico y abierto:

    Al observar la imagen se puede concluir que el fútbol, partiendo de que el elemento con el que se juega es móvil, requiere, además de la intracomunicación, de la intercomunicación, que es la manera de comunicarse con el oponente. Ambos conjuntos están relacionándose permanentemente y viven en una constante reorganización, sin mayores limitaciones que los principios de juego que cada equipo haya desarrollado.

    Me refiero a principios y no a esquemas de juego, porque, aunque se pretendan equiparar desde ciertas tribunas, son dos conceptos totalmente diferentes.

    Por principios de juego, el profesor Vítor Frade explica: “Los principios de juego permiten al entrenador crear (mejor intentar crear) determinadas regularidades comportamentales de los jugadores, organizando sus relaciones e interacciones. De esta forma, privilegia un “orden” en e conjunto, tornándolo deterministico, o sea cambia a previsibilidad incalculable de los acontecimientos en una imprevisibilidad potencial.” Por su parte, los esquemas posicionales son referencias geográficas; constituyen un punto de partida y, en muchos casos, una referencia para determinada reorganización temporal.

    En aquel artículo escrito hace diez años mencionaba las redes que componen a un equipo de fútbol. Sin embargo, con el paso del tiempo, las charlas, la observación y la lectura, me he convencido de que el fútbol posee una complejidad aún más rica de lo que imaginaba. Así lo demuestran las redes de relaciones y de comunicaciones que se crean una vez se mueve la pelota y ambos equipos intentan hacer realidad aquello para lo que se entrenó.

     

    Fotografía del encabezado encontrada en internet. Créditos a quién corresponda

  • Vinotinto: la encrucijada entre lo importante y lo esencial

    Vinotinto: la encrucijada entre lo importante y lo esencial

    En la Federación Venezolana de Fútbol duermen tranquilos. Por lo menos esa es la impresión que queda cuando se repasan los debates en torno a la selección nacional de fútbol. Esa serenidad se fundamenta en las conductas de los medios de comunicación, quienes por razones todavía indescifrables, han centrado su atención en lo importante y no en lo esencial.

    Aunque en principio ambos se presentan como conceptos emparentados, aquello que se define como importante posee menor entidad que lo esencial. Por ejemplo, alimentarse tres veces por día es importante, sin embargo, lo esencial es ingerir alimentos diariamente. Hay una distinción, aparentemente sutil, pero que va más allá de lo evidente y está relacionada con el espíritu del tema en cuestión, que en este caso es la alimentación.

    En el caso de la selección venezolana de fútbol, las diferencias entre ambos conceptos se aprecian con mayor claridad. Con estas líneas no se pretende modificar los distintos intereses que conviven en el aficionado o el hincha. Por el contrario, la finalidad de las mismas es hacer una revisión sobre el rol que están cumpliendo aquellos que ejercen la labor de informar y debatir en las diferentes ventanas en las que se ejerce el derecho a opinar.

    Comencemos por ejemplos que se engloban en lo importante:

    -. La marca que viste a la selección. La actual empresa, Givova, no poseía el historial para cumplir con todos los requisitos de la FVF. Sin embargo, fue elegida debido al criterio de algunos que hoy no se pueden defender y de otros que siempre han logrado esconder la tierra bajo su alfombra. Aún así, vestir esa firma no incide en la planificación de entrenamientos o partidos preparatorios –es momento de desterrar el latiguillo de amistosos para estos duelos, dada su importancia para probar, confirmar y corregir aspectos fundamentales. Hay modelos de camisetas cuya tela otorga ciertas ventajas, pero no será la casa textil elegida la que impulsará el desarrollo del fútbol venezolano.

    -. El lugar de residencia de José Pékerman. El entrenador argentino no vive en Venezuela, hecho que alarma a un importante contingente de comunicadores. Llegados a este punto hay que resaltar que Rafael Dudamel, entrenador que condujo a la selección sub-20 a la final del mundial, tampoco residía en el país. Ello no fue impedimento para que su conducción fuera destacada y exitosa. La existencia de equipos de trabajo y sus diferentes funciones, así como los avances tecnológicos, se imponen a viejos complejos que, como el viento, no por viejos dejan de existir.

    -. El apoyo de la prensa. Los entrenadores más recientes de la selección mayor, José Peseiro y Pékerman, han gozado de una complicidad mediática jamás vista en tiempos recientes del equipo nacional. De esto pueden dar fe Richard Páez, César Farías, Noel Sanvicente y el propio Dudamel. Se ha instalado en el subconsciente colectivo que el periodismo debe apoyar y dejar trabajar al seleccionador de turno, obviando que la principal misión de la prensa es informar, algo que únicamente puede hacer cuando posee la seguridad de que lo que se va a comunicar es cierto. Sólo después de estar bien informado se puede debatir. Un signo inconfundible de nuestros tiempos, estos de redes sociales e histeria masiva, es que estamos más informados pero peor informados. Vivimos la clásica batalla entre lo cuantitativo y lo cualitativo.

    -. Jugar con enganche y/o carrileros. El debate es estéril porque habla de posiciones y no de roles. Un buen equipo, y así lo demuestra la historia, está conformado por jugadores que saben interpretar –el fútbol no se lee porque no es un libro; se interpreta como cualquier otra conducta humana– lo que la circunstancia del partido requiere. Cuando se confina a ese ser humano que oficia de futbolista a una posición se limita su libertad, por ende, disminuye su aporte a eso que se denomina funcionamiento. El fútbol no es ajedrez, un juego en el que los movimientos de las piezas están claramente definidos por el reglamento.

    A continuación, se resaltarán tres aspectos esenciales que no provocan la misma atención que los ejemplos anteriores pero que, en la opinión de quien escribe, merecen una observación más dedicada.

    -. Los módulos de entrenamiento. La selección nacional sub-20 aterrizó en el torneo sudamericano tras haber realizado, según la FVF, diecinueve módulos de preparación. Cualquier entrenador sabe que no es lo mismo entrenar que jugar partidos preparatorios. Por más que las nuevas metodologías de entrenamiento intentan reproducir situaciones de partidos en toda su dimensión, es en aquellos episodios en los que se enfrenta a una oposición foránea donde el futbolista encuentra mayores oposiciones y, como causa de esto, desarrolla novedosas y creativas respuestas a esas emergencias. El atleta, tanto en los momentos previos como durante y después, vive estos lances de una forma totalmente diferente al entrenamiento. Incluso hay grandes catedráticos del fútbol que aseguran que el futbolista se entrena jugando. La selección nacional apenas tuvo duelos preparatorios, algo que seguramente ha incidido en la aclimatación a las responsabilidades que conlleva competir. Sin partidos preparatorios es complicado desarrollar una idea de juego.

    -. La transmisión de conocimientos. Una vez contratado Pékerman, la prensa asumió como una realidad irrefutable que su equipo de trabajo era el ideal. Discutir la hoja de vida del seleccionador argentino es tan inútil como querer levantar muros con agua. Sin embargo, sus elecciones para las categorías juveniles se asemejan más a una apuesta que a piedras fundacionales. Discutir a Fabricio Coloccini tras la derrota en el debut ante Bolivia es un acto que responde a la frustración más que a un análisis. De Coloccini no se conoce mucho más que su carrera como futbolista. Esto ha llevado a la promoción propagandística de que sus valores como jugador los traspasará a la dirección técnica, casi como contagiar a otros de un virus. Basta repasar la rica historia de este deporte para concluir que ser futbolista y ser entrenador son dos oficios totalmente diferentes. El actual seleccionador sub-20 está ante su primera gran prueba, un escenario en el que no solamente debe diseñar entrenamientos y seleccionar futbolistas; como cualquier otro entrenador debe demostrar que posee las herramientas necesarias para transmitir su conocimiento. Diego Maradona no las encontró, tampoco Michel Platini, ni otros tantos a quienes les costó igualar en el banquillo lo que consiguieron en el campo.

    -. La evaluación que hacemos de los futbolistas. En el fútbol se desprecia la teoría de la complejidad. Quizá porque es más sencillo pensar que si un jugador rinde adecuadamente en un equipo entonces este replicará ese mismo comportamiento en otros contextos. O porque adentrarse en ese pensamiento complejo significa desafiar todo aquello que creíamos cierto. Un ser humano, bien sea futbolista, ingeniero, taxista o enfermero, es todo aquello que lo conforma como un ser individual, pero también el entorno y las relaciones que definen su día a día. En una actividad social como el fútbol, ese relacionarse cobra una mayor importancia. Esos vínculos no son solamente emocionales sino que atañen a todas las estructuras del humano. Carlos Lago Peñas, citando a Paco Seirul.lo, las explica brevemente de la siguiente manera: “estructura biológica (relacionada con la vías energéticas), estructura cognitiva (responsable del proceso de percepción-acción), estructura coordinativa (relacionada con la movilidad, lateralidad y disociaciones), estructura condicional (tiene relación con las capacidades motrices), estructura expresivo-creativa (asociada con la capacidad expresiva y las relaciones interpersonales que aparecen en la competición), estructura socioafectiva (tiene que ver con la relación e identificación con los compañeros y el rol que ocupa cada uno), estructura emotiva-volitiva (está relacionada con los sentimientos propios y los estados de ánimo) y la estructura mental (cómo se relacionan entre sí todas las estructuras).” Su exposición puede ser revisado presionando el texto. El jugador es un todo que vive en un estado sostenido de cambios y pensando en lo referente a la selección venezolana de fútbol, si se quiere analizar la idoneidad del futbolista en determinados episodios, debe partirse de una se las enseñanzas del sociólogo y filósofo francés Edgar Morín: “La complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico”. No se puede mantener el engaño de que tal o cual futbolista brillará en la selección únicamente porque así lo hace en su equipo. La forma adecuada para llevar acabo ese análisis es por medio del juego, de la convivencia, de la resolución de emergencias futbolísticas que nacen de la interacción con los compañeros y los oponentes.

    Estos ejemplos ayudan a comprender la diferencia entre lo importante y lo esencial. Cada cuestión merece atención, aún así queda claro que hay temas de mayor profundidad que otros y cuya vigilancia es de mayor relevancia.

    El fútbol venezolano requiere de una discusión periodística y académica que se aleje del rol propagandístico en que se ha sumergido el periodismo, hoy más ocupado en vender ilusiones o en proponerse como comandante del ejército del sí se puede. El periodista está en la obligación de abandonar esa postura, analizar y pedir explicaciones sobre los tan cacareados proyectos, sin importar cuántos clicks generen sus contenidos. Si en realidad sienten por esta actividad lo que tanto presumen, deben aceptar que tienen una obligación con el público y no con su ego o las carencias emocionales propias.

    «La comunicación no conlleva comprensión. La información, si es bien transmitida y comprendida, conlleva inteligibilidad, primera condición necesaria para la comprensión, pero no suficiente.» Edgar Morín

     

     

  • Telegrama 1: El hombre masa

    Telegrama 1: El hombre masa

    No debe olvidarse que fue la prensa y algún otro tonto quienes instauraron la costumbre de llamar filósofo a entrenadores que piensan el juego. Pensar como un atentado en contra de la comodidad.

    Consumado el hecho, la masa aplaude y repite aquello que sus líderes vomitan.

    El hombre masa, descrito a la perfección por José Ingenieros en “El hombre mediocre”, no desea pensar; la reflexión atenta contra su condición de rebaño; integrante de la manada, éste necesita que lo conduzcan. No importa si es hacia el precipicio o hasta su propia extinción. Sigue al líder y se enorgullece de acompañar a sus colegas suicidas.

    Pertenecer le hace feliz. Ser del montón le llena, le hace pleno; ha logrado su objetivo de fundirse dentro en una multitud que apenas aspira a eso. Su mayor aspiración es estar antes que ser y la consigue.

    Ese es el gran mérito de los pastores de la medianía y de lo obsceno: identificar las necesidades de las hordas y conducirles, cual Flautista de Hamelin, fuera de la civilización hasta llegar a los estados más primarios y reaccionarios de la existencia humana.

    La masa niega su propia individualidad y con ello reduce el valor de su existencia. Es la masa que vive el fútbol, la que va sin mascarilla en tiempos de Covid-19, esa que en las redes sociales hace pública su imbecilidad. La misma que se rebela ante el acto de pensar porque aquello le hace dudar y ella, compuesta por borregos orgullosos, solamente desea ser llevada hasta el final de sus días.

    Hombre-masa. Hombre-espectáculo. Todo es muy moderno

  • Lo que no dicen los esquemas

    Lo que no dicen los esquemas

    ¿Qué nos asombra más, la aparente novedad de algunas conductas o la individualidad del ser humano en la reproducción y puesta en escena de las mismas? Lo que no dicen los esquemas es que cada conducta, dentro de un terreno de juego, tiene mucho de individual y el ser humano es un ente único e irrepetible.

    Me explico: sobre el “Equipo de Oro” húngaro se ha escrito mucho. Quienes deseen entrar en las páginas de los libros encontrarán que aquella selección mostró unos postulados futbolísticos muy definidos sin que su juego fuese un producto acabado, rígido o inalterable. Juan Manuel Lillo sostiene que «al fútbol se juega desde el puesto y no en el puesto«, confirmando que las posiciones más que describir limitan

    Alex Couto, en su libro “Los estrategas que han cambido la historia”, relata la goleada húngara a Turquía, un gol por siete, en la semifinal de los Juegos Olímpicos de Helsinski 1952. En su narración se lee:

    Completaron la goleada Palotás, Bozsik y el defensa lateral izquierdo Lantos, quien en una de sus habituales subidas supo culminar la acción y elevar al macador una aportación que por costumbre se convertiría en habitual”. (Fúbol total. Los estrategas que han cambido la historia. Pág. 79).

    Es harto difícil afirmar que la conducta del lateral húngaro constituyese una novedad. No obstante, siendo el fútbol un juego cuyo reglamento establece que vencerá aquel que marque un tanto más, es probable que Lantos no haya sido el primero en ejecutar ese tipo de acciones. Aún así, la evolución de los esquemas posicionales, así como la importancia que le han dado desde algunas tribunas, sugiere que lateral húngaro efectivamente fue uno de los intérpretes de ese rol que marcaron el camino, gracias a sus cualidades innatas y, como no, al atrevimiento y la visión de Gustav Sebes, el director de aquella incomparable orquesta.

    El paso del tiempo ha confirmado la influencia de los laterales en la construcción de juego. Brasil, por ejemplo, ha sido el país que más ha sacado provecho de ellos en los últimos años. Ahí están Carlos Alberto, Nelsinho, Roberto Carlos, Branco, Jorginho, Cafú y Dani Alves, sólo para nombrar a los más reconocidos, como prueba irrefutable de ello. No es casual que el país amazónico haya sido uno de las escuelas futbolísticas más “tocadas” por el legado de los entrenadores húngaros que llegaron al continente americano a finales de la primera mitad de siglo XX.

    Ahora bien, aunque los jugadores mencionados anteriormente hayan sido fieles representantes y continuadores de una idea, esto no significa que su jugar fuese idéntico. No se olvide nunca: cada uno es siempre según sus características, sus relaciones y sus oposiciones.

    Para adentrarse en las profundidades del fútbol hay que rendirse ante una de las más potentes evidencias que éste nos enseña: los roles son unos en la pizarra mientras que el individuo, en el campo, es mucho más que eso. Aceptar que el futbolista es un ser humano que cumple con el oficio de futbolista es el primer paso hacia la comprensión de este juego de juegos (Paco Seirul•lo dixit).

    Cafú y Dani Alves interpretaron los requerimientos de ese rol, siempre en consonancia con los compañeros, los rivales y las circunstancias. Este ejemplo no hace más que confirmar que detrás de cada referencia al esquema posicional inicial no hay más que pereza o temor. Sí, miedo a reconocer que este es un juego humano, demasiado humano, en el que son pocas las verdades absolutas.

    ¿1-4-3-3? Mejor hablemos de futbolistas, que como afirma Lillo, “para saber de fútbol primero hay que saber de futbolistas”.

    Fotografía encontrada en internet. Crédito a quién corresponda

  • La miseria

    La miseria

    El «Capitán Barbarie» aplaude y exige al auditorio que haga lo mismo. Todos de pie, emocionados, conmovidos. Chocan sus manos mientras sonríen. Celebran que el respetable ha dejado de ser tal: apenas si sobrevive a los avatares de la vida moderna. Que viva la miseria, parecen corear los mercachifles, para satisfacción del hombre que a nada le teme.

    Que nadie olvide la frase: «Votar sí a la moción es votar no a Cruyff«. El Edward John Smith blaugrana, responsable de toda la porquería que lanzan en contra de la más gloriosa generación de futbolistas que haya visto el FC Barcelona, se esfuerza por hacerle creer a la concurrencia que todo estaba acordado, que presentar un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) es algo natural en una empresa que obtuvo, durante el período 2018-2019, ingresos por 990 millones, récord en la historia del club.

    Horas después de que Lionel Messi y Gerard Piqué expusieran ante el mundo su disconformidad con quienes conducen al club («No deja de sorprendernos que desde dentro del club hubiera quien tratara de ponernos bajo la lupa e intentara sumarnos presión para hacer algo que nosotros siempre tuvimos claro que haríamos»), el «Capitán Barbarie» hizo su ronda habitual para exponer su versión al mundo: no hay conflicto porque el acuerdo con los futbolistas es total («Messi me dijo desde el primer día: ‘Esta rebaja hay que hacerla’»). Esto, acompañado por los habituales trascendidos y rumores sobre fichajes imposibles e imaginarios cuyo objetivo es anestesiar aún más a la masa.

    Sepa el respetable que acá nadie descansa. Ni si quiera en tiempos de pandemia. El Titanic mantiene su ruta y la música continua sonando. El barco se acerca al temido Iceberg, al tiempo que el «Capitán Barbarie» invita a brindar por la muerte de la idea, por el fin de aquello que alguna vez fue ejemplar. Fiesta, velorio y cajón.

    Cosas de la miseria entremezclada con la barbarie. Cosas del empresario que hizo campaña en contra el padre del modelo.

     

  • El poder, la masa y el odio

    El poder, la masa y el odio

    El poder requiere del entretenimiento como herramienta para narcotizar a la masa. Lo que en Roma fue el círculo romano hoy es el fútbol. Nada ha cambiado.

    El poder lo tiene todo. Quienes creen que la fuerza de este reside en el dinero no hacen más que pegarse tiros en los pies. El poder determina roles, oficios y relaciones; todo aquello que en apariencia funciona, lo que en muchos casos no hace más que separarnos, es lo que sostiene al poder.

    Aquellos grupos resultantes de estas divisiones tienen como muy propio la aspiración a imponerse a quienes ahora son sus rivales, sus enemigos. Mientras unos y otros combaten por un par de centímetros más, el poder se sostiene y crece. Los griegos inventaron la fórmula de “divide y reinarás”(διαίρει καὶ βασίλευε); nosotros, los habitantes actuales de esta tierra, apenas si nos enteramos de la vigencia de aquel mandato.

    El poder, ya se ha dicho, requiere del entretenimiento para que la masa desatienda sus necesidades básicas. Gracias a los efectos del entretenimiento, y vaya si el fútbol encarna todo lo que este es, el hombre-masa aparca su inconformidad para con la autoridad y la redirige hacia quienes ahora le representan. Futbolistas, entrenadores y dirigentes, esos son los nuevos blancos de la furia colectiva. El poder nunca estuvo tan cómodo en su sitio.

    Este viejo esquema libera a quienes han fracasado sostenidamente en sus intentos de conducir al rebaño hacia mejores estadios. Los protagonistas del fútbol hacen de escudo protector, de cortina que sostiene su anonimato; las frustraciones y el odio apuntan al perdedor de turno gracias a que lo episódico se fue imponiendo, hasta encontrar en el fútbol su refugio.

    El poder conoce las miserias y las aspiraciones del hombre-masa. Por ello ideó hombres funcionales a su causa. Uno de ellos es el “Capitán Disfraz”, el reflejo de los ídolos que requiere la masa actual: el hombre-espectáculo.

    Este Frankenstein futbolístico es el oponente perfecto para enfrentar a los Pep Guardiola de turno. Mientras el entrenador catalán representa al deportista que cultiva su cuerpo y su espíritu, el “Capitán Disfraz” es el futbolista que cumple con las exigencias impuestas por el poder para sostener al fútbol-espectáculo en su rol de consolador social. Hablo del hombre-deportista convertido en hombre-espectáculo que renuncia a su condición de ciudadano y que no se interesa en nada que no sea su beneficio personal. Es el perfecto idiota aristotélico: el supremo egoísta, aquel que no estaba interesado más que en su asunto.

    Aquello que representa el “Capitán Disfraz”, es decir, la perversión definitiva del hombre que vive en sociedad, se aplaude hasta la veneración porque no pone en riesgo al statu quo. No supone un riesgo ni un ataque al poder: es él quien atrae y convoca a la masa hacia los espacios que el poder sugiere.

    Retorno a Guardiola como representante de todo lo opuesto al “Capitán Disfraz”. Su condición de hombre-futbolista no impidió que cultivase su espíritu. Lo hizo según sus necesidades y acorde a sus emociones. A su manera y no según los intereses de quienes mueven los hilos. En el siglo de la información no le debaten sino que le condenan, probablemente porque acusar es una conducta natural de la masa y pensar es un hecho contracultural. Caminar por veredas opuestas no debería ser causa de odio, sin embargo, en los tiempos de la política del espectáculo, basta y sobra.

    Kike Marín siempre regresa a unas sabias palabras de Juan Manuel Lillo: «No voy a opinar sobre las opiniones. Eso es lo bonito del fútbol, opinar”. Lillo, otro expulsado por la masa reaccionaria, desnuda con su reflexión las formas cómo el poder, a través del entretenimiento, se hace fuerte y conduce a esa masa a seguir siendo masa: opinar sobre opiniones es un hecho reaccionario, tanto como el espíritu del fútbol actual. Opinar sobre opiniones no requiere más que la exhibición de nuestro costado más primario, ese que nos lleva a defender cómo sea la pequeña parcela que ocupamos.

    La grandiosidad del ser humano reside en su capacidad para escuchar, aprehender y debatir planteamientos e ideas. Esto, por supuesto, de la mano de emociones y sensaciones que condicionan tanto como lo anterior, una circunstancia que le hace convivir con el error como ninguna otra especie. Opinar sobre opiniones invalida el proceso antes descrito y lleva a la masa a creer que la feroz defensa de algo que cree correcto se sostiene en la violencia de la misma.

    El poder, promotor del fútbol-espectáculo como herramienta narcotizante, nunca antes estuvo tan cómodo en la lucha por sostener su condición. El rechazo de la masa hacia lo distinto, que sigue vigente y se sostiene gracias a la ausencia de mentes claras que inciten algo distinto a la simple pertenencia, cuenta hoy con altavoces más fuertes y más potentes, capaces de contagiar a esa masa de plagas que no acaban con la vida pero sí con el espíritu humano.

    Bienvenidos al fútbol-espectáculo. Prepárese para odiar.

    P.D: Ahora que se descalifica a Messi como capitán y se le oponen las actuaciones del Capitán Disfraz se hace necesario recordar que este último tiene más expulsiones que el mismísimo demonio y que acumula ya dos ausencias por sanción en la eliminación de su club en la UEFA Champions League. Cosas de la memoria…

    Fotografía encontrada en internet y etiquetada para su reutilización

  • La barbarie apunta a Zidane

    La barbarie apunta a Zidane

    Los ataques desproporcionados a Zinedine Zidane, un tipo que encarna sensatez pura y dura, son el símbolo de nuestros tiempos: la vigencia del ser apenas subsiste las horas siguientes a un triunfo. Los mercenarios y mercachifles necesitan la caída de todos. Incluso la de un hombre moderado como el francés para mostrarse ante la masa como los guardianes de algo que ni ellos pueden ni quieren definir. Ese algo es la barbarie, la misma del circo romano y del pulgar del César. Es más productivo destruir que intentar encontrar razones.

    Tras la derrota del Real Madrid ante el Manchester City, y hasta que llegue la próxima victoria, Zidane será el blanco fácil de los parásitos del fútbol. Le acusarán de incapaz, de no saber conducir y hasta de no escuchar a los expertos, aquellos que nunca se equivocan.

    A diferencia de la crítica alrededor del juego del FC Barcelona, al marsellés solamente se le juzga por si su equipo ganó o perdió. Las formas nunca importaron al entorno, ya se sabe, por aquello de que «en el Madrid sólo vale ganar». Este atentado en contra del conocimiento es posible gracias al apoyo e impulso de potentes altavoces y sus bufones funcionales. Los de ayer y los de hoy.

    La masa, adueñada de los espacios que antes estaban reservados para el análisis, huele sangre, desea ver rodar cabezas y requiere culpables. Todo esto como consecuencia de una derrota. Luego, si el Madrid lograse superar al mismo rival que les venció hace apenas unas horas, Zidane volverá a ser “uno más de los nuestros”, o, peor aún, afirmará, sin temor al ridículo, que Zidane “escuchó el clamor de los expertos y de la grada”. Nunca antes tuvo la masa tanta fuerza y tanta incidencia en la inmundicia.

    El fútbol nos retrata. No a Zidane ni a Pep sino a todos nosotros, los hombres-masa destructores y odiadores seriales. El Übermensch de Nietzsche, aquel hombre que alcanza su libertad creativa y espiritual y que, por ende, supera su condición inicial de hombre-masa, nunca estuvo tan lejos de ser posible.

    El fútbol desnuda nuestras miserias. El fútbol no es una razón para ser optimistas. Es una herramienta para observarnos a nosotros mismos y hasta vomitar por toda la mierda que alimentamos gracias a nuestras inseguridades y nuestro desprecio.

    Que los ingenuos enciendan la tele y aplaudan a los vengadores de la oscuridad. El espectáculo destructor les ha narcotizado hasta el punto de que no ven fútbol sino que se ven y se celebran a ellos mismos. Pobres ilusos, pobre juego… pobres de nosotros.

  • Dembélé, Kirsten o la búsqueda de un imposible

    Dembélé, Kirsten o la búsqueda de un imposible

    “Somos los indeseables, / liderados por los incalificados, / haciendo lo innecesario, / para los ingratos”.

    La juventud es una etapa tan maravillosa como ingenua. En ella, los sueños se mezclan con la realidad hasta confundirnos; no son pocas las mañanas en las que ambas crean una amalgama tan perfecta que nadie -perdone mi dosis de realismo- puede descifrar qué es probable y qué es imposible.

    Mi imposible era Kirsten Dunst. La actriz de “Elizabethtown” entre otros títulos tenía todo aquello que yo anhelaba en una compañera sentimental. Claro, eran sus roles y no su verdadero ser lo que me enamoraba. Nunca la conocí y mi amor se limitaba a sus papeles, que eran actuación y circunstancia, lo que no es poca cosa: los seres humanos caemos presos de esos momentos, de esos accidentes y creemos que desde ellos podemos construir realidades y hasta una vida. Aún así, a Kirsten la creí posible.

    original

    Aquello era tan optimista y posible como son los sueños de la gent blaugrana con Ousmane Dembélé. Al francés se le valora más por lo que puede ser que por lo que ha demostrado querer ser. Sus cualidades habitan los campos de la posibilidad y no en aquellos de lo factible, de lo real. Su vida con la camiseta blaugrana es todavía un claro ejemplo de lo que supone una utopía, tal cual mi relación con la rubia Kirsten.

    En los procesos de aprendizaje es irremediable contar con la voluntad de quienes los protagonizan. Tanto maestro como alumno deben entregarse a ese camino del que se parte desde un punto conocido, conocido como la ignorancia, sabiendo que la meta es incierta. Por lo menos así es en el fútbol, actividad social y cooperativista como ninguna.

    Dembélé aún no recorre esa vía. No tengo claro si es una consecuencia de su personalidad o que tampoco tiene los guías adecuados. Bien podría tratarse de todo esto y mucho más. Su caso es otro ejemplo de lo necesario que es ver las cosas por lo que realmente son y no por lo que queremos que sean. Digo, para evitar estrellarnos-

    ¿Cuál es la relación de Ousmane con la pelota, los espacios y sus compañeros? ¿Qué tan efectiva es su intra-comunicación o su inter-comunicación? ¿Qué le pide quien lo dirige? ¿Es el mismo chico que llegó hace dos años?

    Sepa disculpar el lector que no me emocionen las migajas que regala, espaciadamente, el extremo francés. Me seduce más intentar comprender qué pasa en el campo antes que hundirme en el campo de sueños que algunos promueven. Tengo la impresión de que navegar en las aguas de lo posible es como hacerse el harakiri sin otro motivo que pasarla bien(¿?). Deben ser cosas de la edad: hoy prefiero estar en paz antes que tener razón. He dejado en paz a Kirsten, y tengo la misma intención para con el lector, al que ya bastante le engañan desde otras tribunas.

    “Es probable que un hombre siga profundamente apegado a sí mismo, aun cuando ya esté separado de la vida”.