Categoría: Apuntes del Camino

  • El modelo son los jugadores

    mineros_11_1

    De nada sirve intentar aplicar ideas contrarias a las cualidades de sus ejecutantes, por ello, en el fútbol, se precisan futbolistas que hablen un mismo lenguaje. Rafael Acosta y Edgar Jiménez son prueba de ello; contrarios a ese perfil de «luchadores» que muchos venden como el ideal en volantes centrales – como si para defender pelota y/o espacio se necesiten boxeadores o pegadores a sueldo – estos jugadores se constituyeron en defensores del modelo de juego que caracterizó a este Mineros, campeón del Apertura.

    Existe una corriente de pensamiento que sugiere que los futbolistas talentosos no pueden jugar juntos, y menos aún en esa zona tan sensible como es el centro del campo, aunque siempre hay rebeldes dispuestos a desafiar esas “verdades absolutas”. Los últimos campeonatos de Noel Sanvicente al mando del Caracas tuvieron como protagonistas a Edgar Jiménez y a Luis «Pájaro» Vera, dos jugadores que dominaban el juego sin contar con un físico privilegiado, pero mientras ellos brillaban en el torneo nacional, en la Vinotinto hacían vida los viejos prejuicios: un volante de corte y otro de distribución, o como en el pasado reciente, dos de lucha y quite.

    Pero en este juego triunfa sólo quien se adapta y evoluciona. Eso hizo Richard Páez y armó un equipo a partir de la identificación de las cualidades en común de sus dirigidos. Dos delanteros rápidos, cazadores de espacios con gol sin ser goleadores; dos volantes abiertos que se cerraban para darle paso a los laterales y así alargar y ensanchar el campo; dos centrales que comprendieron que quedarse cerca de su arco era un suicidio y, por encima de todo, dos mediocampistas centrales que desde el juego, el manejo de la pelota y la buena colocación supieron mantener al equipo en territorio enemigo y a la pelota bien lejos de su área.

    Jiménez y Acosta pueden ser señalados como el origen del modelo de juego de Páez y, cuando las dudas invadieron al entorno del equipo, ellos se erigieron como el sostén futbolístico que los ayudó a salir de la oscuridad. Son dos futbolistas que nos recordaron la esencia de este deporte, que no es otra que “la idea son los jugadores”, y parafraseando a Juanma Lillo, con ellos – Acosta y Jiménez -se acortaban las «distancias de relación».

    El vínculo existente entre  similares permitió que el estilo de juego utilizado por Mineros naciera de sus protagonistas y no al revés. Ese es el éxito del campeón, no el trofeo sino de la aceptación de una de las mayores verdades: son nuestras coincidencias y no nuestras diferencias lo que nos hará grandes.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 19 de Diciembre de 2.013

    Fotografía cortesía de Mineros de Guayana

  • Sin noticias del CAR

    Diciembre de 2.013. Otro año que se nos va sin noticias que confirmen lo que tanto ha anunciado la FVF durante los últimos años: la finalización del mayor elefante blanco del fútbol sudamericano, el Centro de Alto Rendimiento en Margarita. Excusas hay miles; cada día que pasa se agregan argumentos que intentan justificar una realidad incontestable que deja muy mal parado al ente federativo y al fútbol venezolano.

    De esto no sé si han tomado nota quienes dirigen al balompié nacional. Ya no se trata de que unos dolientes de este deporte nos quejemos por su pobre gestión, de hecho, ya hemos sido superados por la globalización, ese proceso que entre otras cosas permite que en cualquier parte del mundo se conozcan las noticias y la realidad de cualquier país sin tener que recurrir al espionaje, a Snowden o a Wikileaks.

    Este reclamo no busca desenmascarar el absurdo que significa la ubicación de este centro de entrenamiento – es una locura sin sustento que se haya levantado en Margarita y no en una ciudad dónde la Vinotinto juegue sus partidos – sino de recordar que luego de siete años con Richard Páez y seis con César Farías, el CAR sólo sirve como salón de reuniones y fiestas. ¡Trece años! Dos procesos técnicos que han servido para popularizar y profesionalizar a nuestra selección pero que aún no cuentan con ese enorme monumento a la incompetencia que es el edificio margariteño, y que se suponía debía constituirse en el hogar de la Vinotinto.

    Cada vez que alguien denuncia esto, el Sr. Rafael Esquivel se escuda detrás de una supuesta campaña en su contra. A ello sólo puedo responderle con las palabras del periodista argentino Dante Panzeri: “Yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo”. La prensa, aunque se crea lo contrario, no tiene control sobre planos, ingenieros, recursos, cemento o cabillas, por lo que nada tiene que ver con este inexplicable retraso que algunos, de manera sospechosa, pretenden validar.

    Por último, pensando en el sucesor de César Farías, quiero aportar un dato: el elegido tendrá que apoyar a la FVF en defensa de lo indefendible (CAR). ¿Se imagina usted que al próximo DT de la selección le pregunten por este tema y a diferencia de la postura adoptada por Farías señale que el CAR no es apropiado? Queda claro por qué no les conviene elegir a Sanvicente…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 12 de diciembre de 2.013
  • Un adiós tal cual se esperaba

    El final del ciclo de César Farías al mando de la selección nacional no podía ser distinto a lo que fue su contratación y su paso por el equipo criollo. Declaraciones desafiantes, uso de herramientas poco comunes para llamar la atención (blogs, mensajería instantánea) , frases y personajes utilizados a conveniencia por la propaganda oficial (Bielsa, Mourinho, Valdano, Guardiola, etc.) y por supuesto, la ausencia del fútbol en sus reflexiones.

    Durante la rueda de prensa de despedida, el ex entrenador vinotinto se negó a responder cuestiones básicas como el pobre promedio goleador del equipo nacional en las Eliminatorias Sudamericanas, asegurando que ese análisis debería hacerlo su substituto. Dicha afirmación llama la atención porque en ella se evita hablar acerca del equipo que él condujo y le pasa la responsabilidad del pasado a quien venga en el futuro, algo así como que no hablo de mí, que lo hagan los demás.

    Farías, a quien hay que reconocerle lo positivo de su gestión – en esta columna no interesan los extremos – tiene la clara intención de hacerle creer al público que su llegada significó la transformación futbolística de la selección, cuando en realidad, la dinámica que caracteriza a estos procesos de cambio tan complejos no puede ser explicada tan a la ligera. El ahora DT del Tijuana mejicano es tan protagonista de esa metamorfosis como lo han sido Richard Páez, José Pastoriza (+) y muchos otros que en silencio, y sin haber llegado a conducir la selección, han contribuido al cambio en la Vinotinto.

    Y acá debo detenerme, porque como bien lo explica Willy Mckey en un escrito para el sitio web http://www.prodavinci.com «la posteridad quita mucho tiempo«. Esa enorme frase encierra la inquietud del ex seleccionador nacional: quedar en la historia. La clasificación al mundial sub 20 de 2.009 ya le otorgó ese espacio que tanto le preocupa, sólo que Farías no lo comprende así y pretende que una simple entrevista para un medio argentino se convierta en un hecho trascendental y único, olvidando que a Richard Páez también lo entrevistaron en un show de aquel país – Hablemos de Fútbol, conducido por Víctor Hugo Morales y Roberto Perfumo – y, al igual que en el caso del DT oriental, dicha conversación no ayudó a conseguir la meta primordial: llegar al mundial.

    A Farías hay que desearle mucha suerte. De su éxito dependerá que se le abran las puertas a otros criollos en el difícil mercado mejicano. Por nuestra parte podemos aprender la lección: nadie es tan importante ni el único protagonista de los cambios. Como diría Mckey, «los soberbios se refugian en la espera de la posteridad».

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Un-adios-tal-cual-se-esperaba.aspx

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 05 de diciembre de 2.013

  • El substituto de Farías

    La más que probable salida de César Farías de la Vinotinto ha desconcertado a muchos, sobre todo a quienes pensábamos que su continuidad estaba asegurada. Sorprende además que al mencionar los posibles candidatos para sucederlo, solo se tome en cuenta la cantidad de trofeos que estos han logrado sin reparar en cómo han jugado sus equipos, olvidando que la valía de un entrenador no se cuantifica en medallas sino a través de la construcción de un modelo de juego acorde con sus futbolistas. No pretendo restarle importancia al papel del director técnico, pero sí creo necesario recordar que su elección comprende algo más que una manifestación de gustos o caprichos y la FVF así debe entenderlo.
    La nacionalidad del futuro técnico no debería ser un valor tan importante, y por ello prefiero ocuparme en las virtudes que este debe poseer. Un seleccionador es justamente eso, alguien que debe tener la capacidad de identificar el momento que vive cada uno de sus futbolistas para así conjugar esa actualidad con las cualidades innatas de cada jugador y las relaciones que se sucedan en el terreno de juego.
    Esto quiere decir que el seleccionador debe tener la fortaleza de tomar decisiones que beneficien a la idea de colectivo. No es un trabajo sencillo porque la FIFA se ha encargado de restarles tiempo de preparación a los conjuntos nacionales y por ello los seleccionadores no cuentan con las horas de entrenamiento necesarias para transmitir todo lo que desean.
    La repetición del término seleccionador no es casual. Hay que tener en cuenta que el DT de un equipo nacional es justamente un seleccionador, alguien que idealmente atesore la capacidad y la madurez de elegir futbolistas sin reparar en amistades o compromisos; si lo prefiere, un seleccionador es una especie de coleccionista de futbolistas. No basta sumar trofeos o distinciones, hay que ir más allá y considerar todo lo que lo caracteriza, como, por ejemplo, la relación con los jugadores, su salida de los equipos, su manejo ante la prensa y su adaptabilidad a los recursos; es decir, a las cualidades de los jugadores.
    Saque usted su conclusión acerca de cuáles de los candidatos cumplen con los requisitos que señalo en este espacio. Hay otras condiciones que exploraré en próximas entregas y que seguramente harán que vayan desapareciendo nombres. Eso sí, le recuerdo que este ejercicio que hacemos es solo eso, un juego, ya que seguramente la FVF ya ha hecho su elección.
    Columna publicada en el diario Líder el jueves 28 de noviembre de 2.013
  • La dualidad Esquiveliana

    Una de las más viejas y extraordinarias dudas existenciales de la humanidad es aquella que tiene que ver con la creencia en el libre albedrío y, a la misma vez, en una figura superior que según las distintas religiones tiene ascendencia directa en nuestra existencia, siempre a su criterio y a veces influenciado por el pedido de quienes creen en él. Son dos conceptos antagónicos cuya convivencia podemos medianamente comprender en el marco de la filosofía.

    En el fútbol venezolano existe una dicotomía similar. La empresa que desde hace unos años viste a la selección nacional ha hecho suya una frase excepcionalmente populista: «Vinotinto somos todos». No hay duda de que la misma puede entenderse como un llamado a sumar voluntades que apoyen al equipo nacional, pero para que ese plan publicitario influya en los posibles consumidores, debe contar con el convencimiento de todos aquellos encargados de convertir a la Vinotinto en un producto digerible, popular y permeable al público en general.

    Esa frase que representa un deseo de buena voluntad y a la misma vez una limitación creativa sorprendente – en este país todo “somos todos” – choca con la intransigencia de los encargados de conducir al equipo que ellos visten. La intolerancia a la crítica, su incapacidad para adaptarse a los tiempos que corren y la necesidad de ver conspiradores en cualquier manifestación contraria a sus intereses quedaron desnudas cuando el Sr. Rafael Esquivel, presidente de la FVF, instruyó a un grupo de hinchas disconformes con su gestión a «dedicarse a ver los partidos», o cuando acusó al director de este diario, el Sr. Jován Pulgarín, de hacer una campaña en contra del fútbol venezolano porque, siempre según el poco original discurso del Sr. Esquivel, señalar las miserias que caracterizan nuestro fútbol es ir en contra de su persona.

    A Luis XIV, antiguo Rey de Francia, le atribuyeron aquella barbaridad de que «el Estado soy yo». Hoy en día hay historiadores que sugieren que el monarca francés no pronunció aquella frase, y para ser honestos, tampoco lo ha hecho nadie en la FVF, pero queda claro que esa consigna bien podría definir lo que piensan algunos protagonistas de nuestro balompié. Lo extraordinario de todo esto sería lograr compaginar aquello de que el fútbol es el Sr. Esquivel pero la Vinotinto somos todos. Podemos embarcarnos en esa búsqueda, pero mi instinto me hace pensar que antes de resolver esa cuestión puede que le encontremos solución a otras dudas existenciales como la que enunciaba al inicio de este escrito.

  • El primer paso

    La reunión entre directivos de equipos venezolanos llevada a cabo la semana pasada en la ciudad de Barinas ha abierto la caja de los truenos. El simple hecho de que una mayoría de los participantes de la primera división hayan acordado aumentar la frecuencia de esas juntas para así dar forma, paso a paso, a lo que se conocería como la liga de fútbol, nos invita a recordar a Anselmo de Canterbury y una de sus frases más conocidas: «no quiero comprender para creer, sino que creo para poder comprender».

    Nuestro fútbol profesional es, como expresaba la semana anterior, la mayor muestra de indolencia del deporte rentado venezolano. Sólo hay que conocer los reclamos de cada uno de los directivos que hicieron acto de presencia en Barinas para comprender la penuria que caracteriza a nuestro balompié. Para muestra un botón: tanto el béisbol como el baloncesto tienen acceso a los dólares preferenciales que otorga CADIVI, lo que les ayuda a contratar mejores jugadores importados y/o técnicos, y adicionalmente, invertir en las instalaciones deportivas. En cambio, el fútbol venezolano es una arena de competencia desleal en la que equipos como Caracas, Táchira o Yaracuyanos, por nombrar sólo a tres, rivalizan con otras instituciones que, por estar ligadas íntimamente al poder público, gozan de un presupuesto mayor sin que éste sea aprobado por quienes eligieron a esos funcionarios que deciden el destino de ese dinero.

    Vuelvo a San Anselmo porque quiero creer en la buena intención de quienes visitaron Barinas con la voluntad de ver a sus colegas como potenciales socios y no como enemigos. Lo digo porque en el país que vivimos ya no nos reconocemos como adversarios sino como oponentes hostiles que nos queremos quitar hasta el aire. Y sólo hago referencia al tema CADIVI porque para que se reconozcan todos como copartícipes de una misma empresa, las cuentas deben estar claras y las intenciones deben ser, cuando menos, similares.

    Crecer, perfeccionar este negocio y entender que la creación de una sociedad sólo puede nacer desde los acuerdos y la aceptación de las diferencias, son apenas algunos de los requisitos que deben consentir y respetar estos dirigentes. Hoy se han ganado la curiosidad y el beneplácito de una buena parte de la hinchada, y la misma Federación da a entender que acusó el golpe con el invento de una liga sin pies ni cabeza presentada este mismo martes. Apuesten a la serenidad y recuerden que Esquivel piensa en cien metros; ustedes deben planificar una maratón.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 14 de noviembre de 2.013

  • El futuro de nuestro fútbol

    El fútbol venezolano es una caja de sorpresas y la más clara muestra de desidia y ausencia de planificación en el deporte nacional. No me refiero al fútbol de selecciones, ya que el progreso obtenido en esa área es palpable, escaso pero palpable al fin; hago mención al fútbol de equipos – no de clubes porque en nuestro país puede que hayan máximo dos exponentes de esa manera de entender este deporte – y a las miserias que lo caracterizan.

    Cada fin de semana se suman nuevos ejemplos que corroboran lo mencionado anteriormente: mal juego, arbitrajes desastrosos, violencia y estadios vacíos que además no están en condiciones para jugar al fútbol. A ello hay que sumarle el show semanal, aquel que protagonizan los equipos y las imperdonables deudas económicas con sus jugadores, pronunciamientos del Consejo de Honor que nadie comprende, una Copa Venezuela que no se transmite y un desprecio por la discusión futbolera, alejándola del juego para acercarla a espacios ocupados por la prensa rosa. Ese es nuestro fútbol, pero aunque usted no me crea, no tiene porque ser nuestro futuro.

    Muchos de nosotros vivimos con emoción el cambio en el juego y de resultados que caracterizaron al ciclo de Richard Páez. Hasta la llegada del técnico merideño se daban episodios como que la selección uruguaya fuese local en el estadio Brígido Iriarte en un partido de eliminatorias. Pero eso cambió con Páez y se mantuvo con César Farías. Los futbolistas venezolanos empezaron a ser reconocidos y la camiseta vinotinto por fin fue ese ícono que tanto nos hacía falta tener.

    Pero a esos jugadores que cambiaron la dinámica de nuestra selección les toca ahora una dura misión. Ellos, como figuras que iniciaron este avance, deben ocuparse de nuestro fútbol, el de verdad, el de todos los fines de semana. Son ellos los que deben asumir las riendas de este deporte porque han sido quienes han sufrido en carne propia el desprecio de los dirigentes por nuestro torneo y por quienes asisten a él. Son estos vinotintos los que deben ponerse en campaña por un «fútbol mejor» que no será perfecto, pero no me quedan dudas de que tendrá una mejor cara que la actual.

    Ya Juan José Vidal y otros ex jugadores lo intentaron sin mucho éxito, pero hoy ha llegado el momento de los «Pájaro» Vera, los Mea Vitali, los Rey y otros que, con mayor peso mediático que «Cheché» y sus colegas, den inicio a la tan necesitada transformación de nuestro fútbol. ¿Por qué ellos? Porque ya saben lo que significa luchar con el viento en contra. El fútbol venezolano los espera

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 07 de noviembre de 2.013

  • El retorno a la inocencia

    Lo que caracteriza a los procesos formativos es que en ellos la victoria no es el único objetivo. Es una obviedad que en estas etapas se desea ganar como en la fase profesional, pero en el camino, el conductor del grupo debe señalarle a sus dirigidos cada señal de aprendizaje que aparezca en el recorrido. Idealmente esto debería suceder en todas las divisiones del fútbol, pero ese sueño choca con entrenadores soberbios que dicen que ya no están para ser educadores, que lo suyo es ganar y nada más.

    La pronta y triste eliminación de la Vinotinto sub 17 del mundial volvió a reflejar nuestro desprecio por la reflexión. Más allá del resultado, creo que debemos detenernos a considerar algunos elementos que pueden resultar muy positivos. Por ejemplo: haber empleado un sistema de juego con tres defensores centrales y dos laterales/volantes es una opción táctica ignorada por más del 90% de los equipos juveniles de nuestro país, por lo que su empleo seguramente ha significado un gran aprendizaje para estos jóvenes valores.

    Otro aspecto a considerar es que estos muchachos lograron algo poco común en nuestro fútbol: completar la totalidad del ciclo competitivo, es decir, jugar, competir, triunfar y perder en Sudamérica y el mundo. Durante un corto espacio de tiempo, los integrantes de esta selección conocieron todas las caras de este negocio llamado fútbol. Fueron héroes y villanos, cracks y jugadores del montón, desconocidos y figuras publicitarias.

    Para estos chicos que hoy se sienten golpeados por la derrota bien vale el consejo de Marcelo Bielsa: «Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando

    Sólo queda aspirar a que la conducción Dudamel, con sus grises en la ultima etapa, haya sido lo suficientemente positiva para que la vuelta a la inocencia de estos futbolistas sea en total tranquilidad y no se repita el ejemplo de la sub 20 mundialista, la cual fue utilizada más para el ego de algunos que para las mejoras de esos chicos y de nuestro fútbol.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 31 de octubre de 2.013

  • De vacaciones

    El comunicado oficial fue enviado el miércoles pasado. En él se notifica que la Vinotinto no tendrá partidos amistosos en lo que resta de año y se explica que «así lo informó el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel, quien precisó que la decisión fue consensuada con los propios jugadores, luego del partido con Paraguay, que se realizó el pasado 11 de octubre”. Permítame afirmar que este es un documento que conspira contra la FVF más que cualquier columna de opinión.

    Aconsejo que se guarde esta declaración por varios motivos. El primero de ellos tiene que ver con lo que creo es el retorno a un conformismo que parecía desterrado desde tiempos anteriores a Richard Páez. Tanto él como César Farías planificaban encuentros amistosos en las etapas post eliminatorias, con la idea de probar jugadores y variantes de cara al futuro. Por ello queda la impresión de que la FVF prefiere un «salto atrás» antes que seguir alimentando un proceso evolutivo que no puede ni debe detenerse. Esto me hace recordar a un político que cuando fue ungido como candidato presidencial por su partido decidió pasar tres semanas de vacaciones porque se encontraba “muy cansado”. La historia no lo deja bien parado a aquel ex Gobernador.

    Insisto, ¿hay alguien que en su sano juicio piense que las metas se consiguen desde la inactividad y el mínimo esfuerzo? No olvidemos que hablamos de una selección, es decir, de un colectivo que se reúne muy de vez en cuando, por lo que cualquier oportunidad para crear sesiones de trabajo debe ser aprovechada. No se comprende que la respuesta al fracaso premundialista sea justamente lo contrario a lo que aconsejan aquellos que han recorrido el camino del éxito. Esa holgazanería se paga caro.

    Ahora bien, esta negativa a promover partidos amistosos puede estar motivada también porque aún no se tiene claro quien conducirá a la Vinotinto, lo que confirmaría los rumores que señalan que la posible continuidad de Farías ha perdido fuerza, o, sencillamente, no hay recursos económicos para afrontar esos compromisos.
    Sea la razón que sea, nuevamente queda sin utilidad esa hermosa frase publicitaria: «Vinotinto somos todos», ya que según Rafael Esquivel, ni usted ni yo podemos protestar por cosas tan básicas como lo que plantea el comunicado oficial del miércoles pasado, o que después de dos fracasos consecutivos, la selección sub 20 aun no tenga un conductor definido. Cosas del caribe, que se mezclan con el poder y la indolencia…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 24 de octubre de 2.013

  • Números que no mienten

    Catorce goles. Ese es el balance de la Vinotinto en toda la eliminatoria, pero según César Farías, es la efectividad y no la cantidad lo que debemos medir. Más allá del discurso oportunista, y tomando a las estadísticas como referencia, a esta selección le faltó gol, y quien no convierte goles no gana los partidos.

    El promedio es preocupante: menos de un gol por encuentro. Si además desmenuzamos esa cifra nos encontramos con que casi la mitad de esos tantos – seis para ser exacto – tuvieron su origen en un tiro libre. Se aplaude la utilización de la pelota parada como instrumento, pero vale recordar que no hay situación en el fútbol que sea más imprevisible que ésta, ya que para que dicha herramienta sea eficaz primero se debe generar una infracción a favor – que nunca podremos anticipar – para después ejecutar el tiro libre con una precisión que muchas veces no va de la mano con la intención del cobrador. Y por último, hay que superar estratégica y físicamente a una defensa que no sabemos como va a reaccionar. Como ven, es una situación muy difícil de concluir e imposible de prever.

    Pasemos a la efectividad. ¿Puede un entrenador influir en la contundencia de sus delanteros frente al arco rival? Categóricamente no. La labor de un técnico es ayudar a que sus jugadores encuentren, amparados en la táctica, los caminos para  producir ocasiones de gol. El remate, como toda culminación, no puede ser manipulado por quien no participa en él. Es una ley natural: a mayor cantidad de ocasiones de gol, mayores serán las oportunidades de convertir. Saber leer e identificar las cualidades de sus dirigidos para que estos desarrollen su mayor potencial es la condición que separa al buen entrenador del resto.

    Juan Arango, José Salomón Rondón, Nicolás Fedor, Mario Rondón, Rómulo Otero, César González, Josef Martínez, Yohandry Orozco, Luis Manuel Seijas, Richard Blanco, Jesús Meza, Giancarlo Maldonado, Alexander González, Angel Chourio, Frank Feltscher, Julio Álvarez, Edgar Pérez Greco, Yonathan Del Valle, Evelio Hernández, Angelo Peña, José Miguel Reyes, Pedro Ramírez y Juan Falcón. Veintitrés nombres para apenas catorce goles; veintitrés futbolistas – laterales, volantes y atacantes – asociados con la creación de ocasiones de peligro o la definición de las mismas; veintitrés jugadores para apenas ¡sesenta! disparos bajo los tres palos en un total de dieciseis partidos. Esas son las estadísticas que explican la eliminación y nos señalan el camino del cambio en la Vinotinto.