Categoría: Apuntes del Camino

  • La generación de relevo

    Alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”.

    Esta afirmación del entrenador español Guillermo Fernández Romo se encuentra en el más reciente libro de Oscar Cano, llamado “El modelo de juego del Real Madrid con Mourinho”. En ella está una de las principales nociones de este juego: no basta solamente con poner a los buenos, hay que entender cómo se relacionan los jugadores y fomentar vínculos que moldeen el ideario futbolístico de un conjunto de este deporte.

    Por segunda ocasión en el ciclo de César Farías se escuchan frases terminantes que invitan a dejar de lado a jugadores experimentados en favor del empuje de una nueva generación de futbolistas con menos recorrido y “más hambre”, sentencia que no es pronunciada por el DT, pero que es intencionalmente colocada en medios afines a su gestión. Una vez finalizado el Suramericano sub-20 del año 2009, los mismos voceros alzaron su voz para pedir el destierro de los veteranos.

    El fútbol, a diferencia de lo que muchos creen, no es una conducta lineal. De aquel grupo juvenil que nos regaló la primera clasificación a un Mundial de este deporte, jugado en Egipto, solo se puede contar a par de jugadores como habituales en la selección de mayores, lo que debe llamar la atención acerca de la singularidad de los procesos para no repetir fracasos recientes ni cargar a los jóvenes de presiones innecesarias.

    Nadie en su sano juicio puede discutir el talento de jugadores como Josef Martínez, Rómulo Otero, Pedro Ramírez, Yohandry Orozco o Robert Hernández, por nombrar algunos, pero para que sus virtudes exploten en favor del grupo se necesita el mejor de los contextos, así como voces experimentadas que guíen esos primeros pasos. Farías perdió una gran ocasión para fomentar ese aprendizaje cuando rechazó, en los inicios de su ciclo, reunir a Tomás Rincón con Luis “Pájaro” Vera para que este último le transmitiese algunos secretos de la posición y de la selección.

    Es peligroso, y la historia así lo señala, pensar que la construcción de un equipo es una conducta mecanizada y previsible. Lo que sí podemos, a través de decisiones que rechacen la ansiedad de algunos, es recordar el consejo del físico austríaco Fritjof Capra: “Las organizaciones no pueden ser controladas mediante intervenciones directas, pero puede influirse en ellas dándoles impulsos, más que instrucciones”.

    Columna publicada en el diario Líder el 03 de octubre de 2.013
  • Descifrando Mensajes

    En la columna de la semana pasada me atreví a escribir la siguiente afirmación como una parte de la explicación de la casi segura renovación de César Farías al mando de la Vinotinto: «está seguro – Esquivel – de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista». El proceder de ambos protagonistas permite al observador interesado sacar conclusiones que pueden servir para interpretar los mensajes que para algunos parecen encriptados. Uno de ellos se encuentra en la lista de jugadores convocados para el último partido de las eliminatorias ante Paraguay.

    Repasemos los nombres que influirían en la decisión de darle curso a la continuidad del ciclo Farías: Rafael Romo, Alexander González, Rafael Acosta, Pedro Ramírez, Rómulo Otero, Juan Falcón, Josef Martínez y Fernando Aristeguieta. En total son ocho futbolistas a los cuales habría que sumarle otros jóvenes que no están en esta ocasión junto a los lesionados Salomón Rondón y Tomás Rincón para entender el entusiasmo de Rafael Esquivel en cuanto a la renovación del técnico oriental.

    «La verdad real sólo se da respecto a lo que ya existe. Todo lo que afirmo sobre la realidad lo afirmo porque me parece verdad. En cambio, respecto de lo posible, de la creación, de la ética, no debe aplicarse el concepto de verdad, sino el de bondad. Lo que importa es preguntarnos: ¿Sería bueno que fuera así?». Esta frase le pertenece al filósofo español José Antonio Marina y bien vale adecuarla a nuestro contexto para comprender ese futuro que en la FVF ven tan claro.

    Un conjunto de fútbol es un organismo que vive, piensa, actúa, teme y busca el éxito según sus cualidades; es un grupo de seres humanos que juntos conforman un nuevo ser vivo, y desde el momento de su nacimiento, comienzan un recorrido similar a lo que como individuos llamamos vida. Pero para que el proceso existencial tenga sentido debe venir acompañado de una evolución, proceso natural que debe ser aceptado y fomentado por ese ente llamado equipo.

    No hay duda acerca de las virtudes de los futbolistas antes mencionados, pero ¿seguiremos creyendo que la sola presencia de talento es capaz de ofrecer respuestas contundentes en un juego que necesita más variantes que la simple acumulación de aptitudes? ¿Basta con el optimismo que caracteriza a la juventud para que se mantenga el sueño mundialista? ¿Acaso los jugadores que estaban antes no eran talentosos? Estas y otras interrogantes apuntan a que la intención de renovación del ciclo no nace de la reflexión sino de las emociones que produce un incierto tiempo por venir.

    Columna publicada en el diario Líder el 27 de septiembre de 2.013 http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Descifrando-mensajes.aspx#ixzz2g7bhYcM0

  • Hablemos de Bielsa

    De manera sorprendente ha empezado a correr un rumor que involucraría a Marcelo Bielsa en unas conversaciones con la FVF para convertirse en el próximo seleccionador nacional. Permítame dudar, y para ello expresaré dos razones que según mi criterio no serían las únicas pero sí las de mayor importancia.

    La primera de ellas tiene que ver con el carácter del ex seleccionador de Argentina y Chile. Hombre de proyectos, su llegada a un club o selección viene acompañada por el compromiso innegociable por parte de la dirigencia local de llevar a cabo modificaciones profundas en las estructuras de la institución que va a dirigir. Puede que el esquema de selecciones menores no sufra tanto aunque en nuestro caso seguramente ese sería un tema de suma importancia para el “Loco”.

    Bielsa se ha caracterizado además por su injerencia en la planificación y diseño de las ciudades deportivas, de esto dan fe y gracias clubes como Atlas de México, Vélez de Argentina y la misma selección chilena. Esta vocación chocaría violentamente con la realidad de los equipos venezolanos y con el modus operandi de una federación que está más cera de culpar a los marcianos que a su propia incapacidad por el inconcluso CAR.

    Por otro lado, Bielsa asiste cada fin de semana a la mayor cantidad posible de partidos de la liga local, algo que en Venezuela sería cuando menos una utopía, dada la incapacidad de la dirigencia para producir un calendario en el que cada juego se realice a un horario distinto, y ni hablar del problema de los vuelos nacionales, situación que probablemente evitaría que el rosarino pueda cumplir con esa meta. Todo esto se constituiría en la primera razón por la que no creo posible que el argentino acepte trabajar con la FVF.

    El segundo argumento es casi más importante que el primero y tiene que ver con la relación entre César Farías y Rafael Esquivel. El jefe está muy contento con el trabajo de su empleado; confía en que episodios como el protagonizado en la última rueda de prensa serán cada vez más esporádicos y está seguro de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista que hoy parece algo distante. Sabe que el de Güiria no goza del cariño popular pero para ello cuenta con el apoyo vitalicio de muchos que olvidan que el fútbol es un juego que se decide en el campo y no en clases de inglés, prácticas estas que alejarían aún más al argentino de ese futuro que muchos dicen ver.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 19 de septiembre de 2.013

  • Entre caníbales

    Ernest Hemingway dijo aquello de que «el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado«, y cuanta razón tiene el difunto escritor norteamericano. Caer ante Chile significó la apertura de la caja de los truenos y con ello aparecieron las descalificaciones, los señalamientos y hasta una que otra acusación de traición a la patria tan en boga en estos tiempos violentos.

    Esos comportamientos no deberían sorprender; este ciclo se ha caracterizado por conductas que se alejan de la tolerancia, marcando como enemigos a todos quienes nos hemos dado a la tarea de recordar que la victoria nos da alegrías pero no nos acerca a la unanimidad. Ganar o perder ha sido la excusa para fomentar la intransigencia, y la noche del martes, luego de la victoria ante Perú, fue sólo la continuación de una función que lejos está de llegar a su fin. No se habla del juego; se buscan enemigos y se reparten papeles en esta triste obra en la que hace rato pesa más la política que el mismo espíritu deportivo

    Se perdió ante Chile porque se jugó muy mal al fútbol y peor aún, no hubo respuestas desde el banco. El equipo austral nos dominó con la misma fuerza con la que, cuatro días después, nuestros jugadores sometieron a los peruanos. En fin, que ambas manifestaciones deberían haber sido solamente eso: muestras futbolísticas.

    Ahora bien, volviendo al juego, no se puede señalar a un único responsable de un  rendimiento o de un resultado. En un deporte colectivo como el balompié, un equipo es un sistema dinámico, y según la teoría del caos, pequeñas variaciones en sus condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro. Es decir, un error de marca producirá anarquía como la que se vivió el viernes, o simplemente adelantar al equipo quince metros ocasionará el dominio vinotinto sobre sus rivales peruanos.

    Vuelvo a Hemingway y su enorme frase. Nos seria muy útil reflexionar acerca de las causas de la derrota sin adentrarnos en este canibalismo interesado que ya ha hecho rodar “verdades absolutas” que cuestionan la valía de nuestros jugadores o el carácter de los mismos. No nos destruyamos, o si lo vamos a hacer, dejemos antes un legado que le sirva a quienes sean más inteligentes que nosotros para que no cometan los mismos actos de barbarie que nos han definido. Puede que me equivoque y sea cierta aquella expresión de Sartre: “el infierno son los demás”.

    Columna publicada en el diario Líder el 12 de Septiembre de 2.013

  • Buscando el oxígeno perdido

    A pesar de la creencia popular, el futuro no ofrece respuestas sino interrogantes. Para conseguir las soluciones a esas incógnitas se debe trabajar sin descanso, pero aún así hay ocasiones en que ello no es suficiente y se necesita de la complicidad de aquello que llaman suerte. Hay quienes pretenden emparentar equivocadamente al error de un competidor con el azar, pero aún así hay que estar preparados cuando estos “accidentes” se presenten.

    Mañana la Vinotinto se enfrenta justamente al futuro, o mejor dicho, a la posibilidad de que este sea lo que siempre se ha soñado. La parada en Santiago no es la última del trayecto criollo pero puede convertirse en definitiva si no se obtiene por lo menos un punto ante la selección chilena. Es una obviedad de mal gusto reiterar la voluntad y el deseo de este grupo por alcanzar el billete al mundial; quienes de manera oportunista hacen mención a ello lo hacen irrespetando a los futbolistas y cuerpo técnico.

    Así como nuestra selección llega al partido con la obligación de sumar para seguir con vida, Chile se encuentra en una situación similar a la de hace cuatro años cuando querían sellar su boleto al mundial frente a su público. Ese deseo es sin duda un generador de ansiedad que debe ser aprovechado por los nuestros. Me explico: si Chile hace cierta su voluntad de atacarnos constantemente, la Vinotinto tendrá ocasiones de hacerle daño en el contragolpe, sobre todo si se mezclan la madurez de César González y Juan Arango con la explosividad de Josef Martínez y Salomón Rondón. Para ello hay que recuperar el balón y ser agresivos, entendiéndose esto  último como la capacidad de reaccionar rápidamente a los imprevistos del juego. Eso: concentración, reacción y aprovechamiento de espacios.

    ¿Qué puede pasar el viernes? Todo, o puede que nada. El futuro es justo lo que siempre expreso en este y otros espacios: un sinónimo de incertidumbre. Tras la caída ante Uruguay sólo queda levantarse en búsqueda de un triunfo que nos permita mantenernos en la sala de cuidados intensivos en la que nos internamos voluntariamente.

    La Vinotinto debe hacer buenas las palabras del entrenador español Oscar Cano Moreno cuando pedía “que los jugadores no sean únicamente sujetos a los que les pasan cosas sino que también sean sujetos que hacen que pasen cosas”. No se trata de defender y ver que pasa, sino de jugar para ganar, atacar para robar y ganar para seguir viviendo.

    Columna publicada en el diario Líder el 5 de septiembre de 2.013

  • La presión como excusa

    Es moderno hablar de la presión como característica definitoria del buen fútbol, sin que se ahonde en cuestiones tan sencillas como dónde y cuándo se debe poner en marcha esta estrategia, que al fin y al cabo es un hábito entre los muchos que caracterizan a un equipo.

    Presionar es un comportamiento colectivo que tiene como finalidad atacar al rival. Se agrede al enemigo para que este pierda la pelota ya que ante semejante acoso no dispondrá del tiempo y el espacio para tomar la mejor decisión. Se realiza también con la intención de apurar las respuestas y producir un estado de ansiedad que derive en errores del adversario.

    Vale aclarar que esta conducta puede llevarse a cabo en cualquier lugar del campo, a pesar de que en estos tiempos de «copiar y pegar» pareciera que, según el discurso del experto de turno, sólo tiene validez la presión alta, aquella que supone ir a buscar al contrario cuando éste se dispone a salir de su zona defensiva con el balón dominado.

    El Real Madrid de Mourinho supo cumplir esta tarea de persecución en distintas demarcaciones, dependiendo de la estrategia que demandara el adversario. Hubo ocasiones en que supo ir arriba; algunas en las que presionó en el medio del campo y otras en donde la persecución se ejercía cerca de su propia área, caso en el que se le acusaba de contragolpeador como si aprovechar esa faceta del juego fuese ilegal.

    Ahora bien, este comportamiento necesita que todos y cada uno de los jugadores se impliquen en él, ya que si los centrales, por ejemplo, ceden al miedo y prefieren resguardarse cerca de su propia área cuando su equipo aplica la presión alta, el rival encontrará espacios para retar a esos defensores sin que estos cuenten con el amparo de sus compañeros, es decir, quedarán mano a mano. Ante Bolivia, la Vinotinto mostró justamente esta vertiente en la que algunos iban en búsqueda del oponente mientras que otros jugadores preferían mantener los espacios conquistados.

    Gerardo Martino, entrenador del Barcelona, explicaba en una entrevista que “si presionamos bien corremos menos”. Es decir, no se trata de cuánto sino de cómo se corre, y es el modelo de juego el que determinará dónde, cómo y cuándo utilizar esa estrategia.

    Escribía Antonio Porchia, poeta italo argentino, en su libro Voces que “el universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre”. Cualquier táctica dependerá de sus intérpretes, claro está, pero también del rival y de sus debilidades a explotar. Eso es el juego, aprovechar los momentos según lo que el partido ofrezca.

    Columna publicada en el diario Líder el 29 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/La-presion-como-excusa.aspx

  • Surfear la turbulencia

    “No se trata de correr más, de hacerlo a mayor velocidad, de ser más vigoroso o de tener una enorme destreza para el juego de cabeza. Sencillamente de lo que se trata es de intervenir en concordancia con los que te circundan, de establecer combinaciones precisas”. Esta frase, del libro El modelo de juego del FC Barcelona, obra del entrenador español Oscar Cano Moreno, bien puede ayudar a entender lo que durante mucho tiempo he defendido – sin ningún tipo de originalidad de mi parte – y que ahora se ha convertido en el mantra de César Farías: no se corre para jugar sino que se juega corriendo.

    El seleccionador nacional hizo uso de una expresión similar para explicar lo que esperaba de sus jugadores en el amistoso que terminó con un empate a dos goles frente a Bolivia el pasado miércoles. Farías parece haber dado un giro de 180 grados en su discurso y por primera vez en años se refiere al talento de sus jugadores antes que al estado físico como motor del juego. No quiero quitarle mérito a la preparación del futbolista, pero como también he dicho anteriormente, a éste se le debe acondicionar para jugar al fútbol amparado en un modelo de juego y no en la cantidad de kilómetros recorridos.

    Vuelvo a Cano Moreno para clarificar la intención de estas líneas: “son recurridísimos los tópicos como la falta de chispa, el bajón físico, la diferencia de velocidad, y demás, cuando tratamos de justificar derrotas, o la perfecta ejecución del plan físico impuesto por el responsable del mismo, el impecable momento de forma como responsable último de los éxitos alcanzados. De una semana a otra, un equipo, según estos criterios, puede pasar de un estado de forma magnífica a otra esperpéntica”.

    El empate de la Vinotinto ante Bolivia nos debe llevar a una reflexión más profunda, que excluya los tópicos señalados anteriormente y que nos permita adentrarnos en las relaciones de los jugadores entre si y de ellos con el modelo de juego. Por ello, repasando lo visto en el amistoso del pasado miércoles, no puedo sino dudar acerca de la conveniencia de esas modificaciones en la idea inicial de César Farías. Las interrogantes que dejó el partido nacen por el cambio de cobija en medio de la tempestad y no por la (in)tolerancia al frío del organismo.

    He defendido las cualidades de nuestros futbolistas y su idoneidad para llevar a cabo un estilo de juego mucho más elaborado que éste que a veces resulta de arrebatos emocionales, pero no parece ser el momento adecuado para esas innovaciones que pretende Farías. No hay que temerle a la turbulencia; hay que aprender a surfear con ella…

    Columna Apuntes del camino publicada el jueves 22 de Agosto de 2013 en el diario Líder http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Surfear-en-la-turbulencia.aspx

  • El silencio inteligente

    Rafael Esquivel ha sido el mayor defensor de su gestión al frente de la FVF. No han sido quienes lo eligen sino él mismo, el encargado de mostrar las supuestas bondades que ofrece su presencia en el organismo que controla el fútbol venezolano. Son muchas las habilidades que lo definen, pero las más llamativas han sido saber convivir con el poder político de turno y el reconocimiento de las debilidades de quien lo “adversa” para a partir de ellas, “invitarlo a sumarse a la causa”.
    César Farías también ha sido un apasionado defensor de sus logros. En el tiempo ha protagonizado episodios violentos o los ha consentido, como aquel en el que Lino Alonso, sin la astucia de Esquivel, salió a dar clases de patriotismo y periodismo. Pero Farías, a pesar de esos momentos inolvidables, también ha sumado a su causa a quienes ha considerado como “amigos útiles” y ello, al igual que en el caso del presidente de la FVF, es una muestra de su inteligencia.
    A ambos los une otra circunstancia: en un momento de nervios como jamás hemos vivido, permanecen callados y tranquilos ante un estado de ansiedad que promete acabar con la paciencia de muchos. Es de suponer que esta actitud es bastante saludable, porque nos hace pensar que Farías está dedicado en cuerpo y alma a la consecución del boleto a Brasil 2014 mientras que Esquivel parece haber entendido que es mejor que sean otros los que se peleen con los medios.
    En este panorama aparece Laureano González, vicepresidente de la FVF y encargado  de presentar los torneos nacionales. Con un discurso estudiado, el señor González pretendió sacar pecho por el crecimiento del fútbol en el país. Habría que recordarle que esa actividad que él señala como ejemplar y que muchos queremos, subsiste y evoluciona gracias a jugadores, entrenadores y algunos directivos que se dejan la vida por el gusto que les proporciona este juego.
    Siendo el Estado el principal inversor de nuestros equipos, con las consecuencias que ello trae (no hay infraestructuras propiedad de los clubes, dependencia de la voluntad del gobernante de turno, problemas de pagos, etc.), no creo que la masa esté para bollos. La práctica de este juego por parte de doce niños en cualquier pueblo de nuestro país no es algo que debe tomarse la FVF como logro propio, porque no lo es. En cambio, a pesar del reconcomio demostrado la semana anterior, bien valdría escuchar a un venezolano como Juan José “Cheché” Vidal, destacado no solo por su paso como jugador sino por su éxito fuera de los campos. Eso, solo escucharlo, porque haciéndolo puede que sumemos conocimientos que las emociones no nos permiten aprehender.
  • Buenos días; malos días

    El diccionario de la Real Academia Española define “alcahuete” como «persona o cosa que sirve para encubrir lo que se quiere ocultar». Creo oportuno revisar también el significado de “cómplice” para comprender lo que a continuación expondré: «persona que sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos». De igual manera, pueden ser cómplices aquellos que intentan camuflar las conductas de quienes, debido a su incapacidad, hacen imposible su camuflaje.

    Nuestros equipos – no clubes – no pueden seguir viviendo a la deriva. Sin la historia ni la infraestructura de sus rivales internacionales, los directivos que los conducen deben entender de una vez por todas que para competir en igualdad de condiciones deben trabajar con mayor dedicación, ya que a veces sus opositores continentales pueden esconder parte de sus insuficiencias bajo el manto protector que les otorgan los años. Pero nosotros, aún en estado de adolescencia futbolística, no podemos darnos ese lujo.

    Durante más de un año Eliézer Pérez Pérez ha ido repasando en este diario la historia de nuestros equipos en sus enfrentamientos internacionales, y me da la sensación de que quienes tienen la posibilidad de modificar algunos temas no lo han leído o simplemente prefieren los halagos del vecino menos aventajado. Ya es momento de que repasen sus números en la Copa Libertadores y Copa Sudamericana para que se animen a plantear un cambio en el calendario que permita a sus equipos llegar con mayor rodaje a esos torneos. Nótese que no planteo modificaciones en el número de participantes en la primera división porque eso sería convertir en utopía mi pedido.

    En el inicio hablaba de alcahuetes y cómplices. Habrá quienes sientan que mis palabras representan un insulto o un señalamiento, pero a quienes olvidan ver el bosque porque están distraídos con el árbol, les recuerdo que, antes de hablar de un «mal día» como lo hicieron la semana pasada en referencia a la actuación criolla en la Sudamericana, primero habría que gozar de varios «buenos días» para poder así comparar entre unos y otros, y lamentarnos cuando las jornadas no sean tan favorables como deseábamos. Hace falta que combatamos el desorden y el desastre que caracterizan a nuestro torneo para así no ser ni cómplices ni alcahuetes de todo lo que año tras año se repite y que no parece causar mayor fastidio a quienes deben denunciarlo.

    Es así, tan incoherente como argumentar que no se puede modificar el inicio del campeonato porque se deben respetar las fechas de vacaciones…

    Columna publicada en el diario Líder el 08 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Buenos-dias-malos-dias.aspx

  • Viajes a la nada

    Ser o no ser. Ese debería ser el dilema de los clubes venezolanos que año tras año olvidan la importancia de trascender y prefieren ocuparse de menudencias que luego se transformarán en la nada. Es el caso del Deportivo Táchira y su gira por Argentina que tendría que convertirse en un llamado de atención para la dirigencia venezolana.

    El equipo de Daniel Farías busca en ese viaje condiciones que le resultan imposibles de conseguir en nuestro país. Estas son: un lugar de concentración con todas las comodidades para los futbolistas, campos de entrenamiento cercanos, rivales que sirvan de sparring y, por supuesto, una paz que permita al jugador concentrarse exclusivamente en su preparación. En un mundo ideal, estas posibilidades deberían formar parte del patrimonio de los clubes, pero ya sabemos que no es así.

    Hace un año Marcelo Bielsa, DT del Athletic Club de Bilbao, armó un escándalo de proporciones indescriptibles – que incluyó una auto denuncia por agresión – porque los terrenos del equipo español, donde planeaba realizar la pretemporada, no estaban aptos para su uso. A pesar de ello, pudo llevar a cabo la etapa previa a la competencia en esas instalaciones, ahorrándole una considerable suma de dinero al equipo vasco. Por el contrario, los clubes venezolanos no entienden la importancia de poseer un espacio propio y por ello invierten en viajes a la nada, entendiéndose ésta como pan para hoy y hambre para mañana.

    La planificación y el desarrollo pasan por la correcta inversión de los recursos. No me refiero a la compra de un estadio sino a la adquisición de terrenos que luego se transformen en canchas de entrenamiento. No se explica que grandes equipos como Táchira, Estudiantes y Mineros no cuenten con esas posibilidades, lo que sin duda es sinónimo de que sus dirigentes prefieren quedarse viendo el árbol que tapa el bosque en vez de aumentar el patrimonio de esas instituciones. Por ello, la imposición de Noel Sanvicente al Zamora de conseguir espacios propios es tan notoria como loable.

    Se que vivimos en un fútbol en el que aún nos siguen engañando con la inauguración de un Centro de Alto Rendimiento que se ha convertido en un elefante blanco, y por ello, bien vale recordar al periodista argentino Dante Panzeri cuando se rebelaba ante la incompetencia: “yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo».

    Columna publicada en el diario Líder el 01 de agosto de 2.013