Categoría: El camino

  • Frases de Juanma Lillo

    En unos días pasaré en limpio algunas consideraciones de una charla que sostuvimos Alex Couto Lago, Iñaki García, Joan Barriach y yo con Juan Manuel Lillo, «Juanma» hace unos meses en las afueras de Madrid. Mientras encuentro el tiempo, coloco esto que encontré en el blog «Fútbol base… y asuntos sociales».

    ¿Por qué Lillo? Porque no sabemos nada, y como dice Leszek Kolakowski, «el objetivo que nuestro conocimiento persigue es la ignorancia consciente…». Juanma ayuda a recordar esa verdad y por ello me encanta recordarlo.

    Juan Manuel Lillo y algunas de sus expresiones:

  • La liga, la verdad y la mentira

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    – Para que exista la mentira también debe existir la verdad. El bien sólo es tal si se compara con lo que conocemos como el mal. Uno necesita del otro para justificar su existencia. ¿De qué serviría si toda conducta humana fuese parte de aquello que conocemos como el bien? ¿Podríamos hablar del bien si no conocemos su alter ego?

    – Si en cada virtud podemos encontrar un pecado, podemos asegurar que en cada verdad hay una mentira. Puede que parezca contradictorio pero reitero, ambas situaciones conviven y se necesitan para subsistir,

    – Sócrates, según Leszek Kolakowski, establecía que «es impensable que el hombre haga el mal por voluntad propia a sabiendas de que hace el mal; si comete algún mal, lo hace por ignorancia; si sabe lo que es bueno, hace el bien«. Contextualizando, y siempre según Sócrates, Rafael Esquivel y sus socios no tendrían conciencia del desastre que es su gestión porque en ningún momento han tenido la voluntad de crear este caos que vive el fútbol venezolano.

    – Si comprendemos que la búsqueda de la verdad es uno de los grandes motores de nuestra existencia, entonces podemos pensar que la mentira es simplemente la pirotecnia destinada a distraer al público mientras quien la vendió como verdad construye su propia ilusión de la realidad. Ese oasis, con el permiso de Sócrates, no ha podido disimular la incapacidad de la dirigencia venezolana ni tampoco, en muchos casos, su intención de hacer daño, es decir, de hacer el mal. Puede que desde la FVF quieran recordar a Nietzsche y expresar que la verdad no es mas que un conjunto de ficciones de la filosofía o simplemente juegos del lenguaje, pero en ese caso dudo que en las oficinas de Sabana Grande defiendan su gestión a partir de los enunciados del autor de «Zaratrustra» o se escuden detrás de lo que para Nietzsche eran las verdades: simples metáforas.

    – La foto que adorna este escrito ejemplifica la relación existente entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal, la comedia y la tragedia. En ella hay elementos verdaderos como que ese evento se llevó a cabo y su existencia, vista desde el punto de vista de la marca de telefonía, es real y verdadera en cuanto a la intención de patrocinar al deporte profesional venezolano. La empresa, o mejor dicho, el origen de su participación, es indiscutible porque se limita a una simple relación de intercambio comercial. Da dinero para que su nombre se asocie al evento. Simple.

    – La parte oscura la pone en la mesa el socio, en este caso, la FVF. La mentira, aquella que va asociada con el nombre de la transacción – liga de fútbol- se muestra como lo que realmente es, una mentira, y forma parte de la tragedia denominada fútbol venezolano. Es la anti virtud porque esta nueva relación comercial esta siendo manipulada por quienes necesitan dar un golpe de autoridad, entonces, su origen es totalmente distinto al que plantean en su discurso. Lo dicho, pirotecnia para la distracción del idiota de turno. Nace, convive y se sostiene gracias a un aporte económico y al silencio de quien prefiere callar, silencio que favorece a los intereses de la mentira y la mala intención.

    – ¿Nació la liga venezolana de fútbol? No. Pero el hecho de bautizar un acuerdo económico con ese nombre sirve para, como dicen en el sur, demostrar quien la tiene más larga. Hoy Esquivel, su directiva y sus secuaces han dado a entender que el camino hacia la creación de una liga no será sencillo, es más, en la reunión de Barinas estaba presente el delfín de Esquivel y su presencia sirvió para potenciar la rápida reacción del presidente de la FVF, entendida esta rebeldía como una verdad pero que al fin y al cabo es otra de sus tantas mentiras. ¿Por qué es mentira? Porque no existe tal liga, pero la mentira le ha servido para señalar una verdad: Esquivel es quien tiene el poder, los contactos y el dinero.

    – Entonces, repasemos el origen del evento de hoy. Una compañía desea participar, como patrocinante, del evento futbolístico. Esa compañia, con la intención de asociar su producto al deporte, hace entrega de unos recursos económicos y luego, gracias a ese aporte monetario, establecerá que su asociación ha beneficiado a esta actividad. Con el paso del tiempo descubriremos si tal aporte fue de la magnitud e influencia que anuncian.

    – Por otro lado, la FVF, con la necesidad de contrarrestar el efecto causado por la primera reunión de clubes de primera división, no encuentra otro recurso que la mentira. Miente cuando utiliza el término Liga a su favor; miente cuando manipula el aporte de la compañía telefónica a su conveniencia para así utilizar la palabra «liga» sin siquiera especificar de qué se trata, y mienta cuando dice que la reunión de los clubes no le preocupa en lo más mínimo. En fin, que verdad y mentira van de la mano, sólo que esta vez queda claro quien detona los fuegos artificiales.

    Foto encontrada en la web, créditos a quien corresponda

  • Armonía y equilibrio

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    Parece que hago referencia a dos conceptos totalmente distintos, pero revisando el siguiente link se confirma que ambos son nociones similares: http://www.wordreference.com/sinonimos/armon%C3%ADa. Incluso en el fútbol, cuando se menciona a uno u otro, se hace con la intención de mostrar lo que debería ser un equipo y cual es el camino correcto para lograrlo.

    Me atrevo a decir que la armonía se consigue cuando una serie de conductas individuales se unen para transformarse en una única pauta por un momento; un único momento que puede durar sólo un par de segundos, los necesarios para, en un partido de futbol, someter y vencer al rival.

    Carlo Ancelotti hace referencia al equilibrio y lo define como «atacar bien y defender bien«. Su jugador, el francés Raphael Varane, añade aún más claridad al asunto cuando explica que «el bloque defensivo no es una cosa sólo de los defensas, es de todo el equipo«. Me parece que el francés ofrece una mejor visión de lo que debe ser un equipo de futbol y de como éste, según el pensamiento complejo de Edgar Morín, es un fenómeno indivisible, es decir, el fútbol como actividad compleja no puede ser analizado como si se tratara de un puñado de manifestaciones aisladas, inconexas.

    Momento de recurrir al diccionario de la Real Academia Española y a una de sus definiciones de armonía: «conveniente proporción y correspondencia de una cosa con otras». ¿No es esto a lo que se refieren Ancelotti y Varane, cada uno con sus palabras? Creo que sí, que en este caso ese equilibrio que exige el entrenador o el compromiso que pide el defensor tienen que ver con la búsqueda desesperada de la transformación del Real Madrid en un equipo y no en un muestrario de talentosos solistas. ¿Lo conseguirán? Quien sabe, pero el proceso promete ser muy interesante.

  • Fútbol, cambios y matemáticas

    Sigo pensando en la frase del español José Ortega y Gasset: «yo soy yo y mis circunstancias».

    Nos enseñaron a sumar sin considerar nada más que la agrupación de figuras, pero no se dieron a la tarea de enseñarnos a pensar. En matemáticas 2 + 2 es 4 y no hay lugar para dudas, pero en la vida no es así, hay muchas más cosas que considerar que un simple resultado.

    Pongamos el caso del fútbol. A nuestro equipo, que juega de determinada manera, le sumamos el mejor jugador del momento. Ese futbolista – Lionel Messi por ejemplo – llega con sus características propias pero al sumarse a este nuevo equipo lo hace habiéndose despedido de lo que su equipo anterior le aportaba y por ende, deberá encontrar una nueva relación de convivencia con sus nuevos compañeros y con el colectivo que estos integran.

    Messi, para continuar con el ejemplo, debe encontrar el camino para que sus virtudes y sus errores se acoplen a la vida de ese grupo que ahora es su nuevo equipo. Su éxito dependerá obviamente de esa aclimatación a una nueva manera de vivir, o en este caso, de jugar. Hasta ahora todo bien, ¿no? ¡Pues no!

    Así como Messi individuo y futbolista debe acostumbrarse a este nuevo escenario, el equipo y cada uno de sus integrantes – como grupo y como individuos – pasarán por el mismo proceso que el recién llegado. A partir de la aparición de ese nuevo componente el conjunto no será el mismo nunca más, y los seres que lo componen serán mejores o peores, pero nunca iguales a su versión anterior.

    La conclusión, si es que la puedo llamar así, es que la suma de estos elementos sigue dando como resultado un cuerpo, un organismo vivo que sigue su evolución y su proceso de cambio. Ninguno de los protagonistas de esta metamorfósis perderá su individualidad mientras que una vez sumergidos en el proceso de integración, sumarán virtudes y apoyos que en la soledad de la individualidad no obtendrían jamás.

    Las matemáticas no mienten, pero su existencia no debe condicionar nuestra capacidad de pensar e ir más allá.

  • Veo el mar y pienso en futbol

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    ¿De qué sirve jugar sin tomar riesgos? Un partido dura apenas noventa minutos; no vale la pena vivirlo condicionado por las dudas que nos han transmitido nuestros antecesores, hay que hacerlo con las ganas de aquellos que saben que se vive una sola vez. ¿Acaso el temor nos protege? ¡Todo lo contrario! Dejar que sea el miedo quien determine nuestros comportamientos traerá consigo grandes derrotas. Puede que antes que ellas lleguen se logre uno que otro triunfo que tape el bosque y nos haga creer que con el temor como bandera podremos avanzar.

    Hay que estudiar al rival y las circunstancias para jugar. Atacar y defender, ambas facetas como una sola conducta: jugar. Ataco el ataque rival para luego atacar su arquería. Esa conducta puede voltearse: defiendo mi ataque para que no sufra mi equipo. Juego y más juego, nada de momentos desligados el uno del otro. Continuidad, como diría mi amigo Alex Couto Lago.

    Eso es el fútbol; olvidemos los resúmenes y observemos la totalidad del partido para entender que pasó aceptando que lo que puede pasar en la próxima ocasión tendrá rasgos similares con el pasado pero nunca será igual. Este juego tiene principio y fin únicas verdades absolutas que en él encontraremos – pero entre una y otra todo pasa y nada pasa; es historia y por eso existe pero también es futuro y por ello no es, o por lo menos no ha llegado a existir

    «Yo soy yo y mis circunstancias». Lo dijo Ortega y Gasset y mejor que no lo olvidemos jamás. Jugadores, entrenadores, cancha, pelota, intenciones, emociones, contexto y mil cosas más.

  • Algunos recién descubren el agua tibia…

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    «Hay que despojarse de la superstición estudiantil de que el estudio es una penuria. Alguien hace correr entre los estudiantes  – probablemente los maestros – que estudiar es una porquería, que es un veneno que hay que tragarse de golpe». Alejandro Dolina

    A muchos entrenadores de fútbol los acompaña esa intención de privar a la prensa y al público en general del derecho de entender y estudiar el fútbol. Son garantes de una falsa invencibilidad conceptual que los hace sentirse protectores de verdades que no son tales, mostrándose como los únicos capaces de hacer un diagnóstico futbolístico. Desconocen su realidad: son observadores privilegiados en la construcción de posibilidades de victorias de un colectivo y no, como muchos creen, el hilo conductor entre el triunfo y el jugador. Para defender su «divinidad», los entrenadores y analistas aliados creen haber inventado el agua tibia con aquella frase que dice que no todos los partidos son iguales. ¡Tierra a la vista! Cada día es distinto a otro, cómo no va a serlo cada partido. A pesar de los nombres, cada equipo sufre cambios en cada presentación. El hecho de no poder observarlos no condiciona su existencia.

    Pareciera que esa verdad que se aplica a nuestras propias vidas sólo afecta a la Vinotinto. Es tan flaca la defensa al modelo de juego implantado por César Farías que se olvida que las selecciones de Chile, Uruguay o Colombia, por ejemplo, también enfrentan la misma mutación, ¡son organismos vivos! Ahora bien, nadie en su sano juicio puede obviar la importancia del rival a la hora de planificar un partido, pero así como se estudia para neutralizar las intenciones de nuestro contendor, también debe hacerse lo mismo para sacar provecho de las debilidades del contrario. Esa capacidad de adaptación no significa un cambio radical en la idea de juego sino la suma de variantes a la misma, que esta vaya evolucionando según los tiempos del juego y no sólo por las inseguridades de quienes conducen.

    Ideas, estudio, reflexión y humildad. Cuatro patas de una mesa que debería ser el soporte de un cambio de ciclo y que hoy, hasta el momento, están todas ausentes.

  • Apuntes vinotinto: Venezuela 1 Paraguay 1

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    – Hace algún tiempo escribí que lo más duro que le puede pasar a un equipo de fútbol es morirse de nada. No es lo mismo perder un partido, o una clasificación, aplicando todas las fórmulas posibles que caer eliminado por no haber arriesgado lo suficiente. Habran quienes preferirán quedarse con la última manifestación de amor propio de los jugadores vinotinto ante Paraguay, pero también hay quienes no podremos olvidar todas las promesas que se hicieron en este proceso así como las oportunidades perdidas a causa de una terquedad que no permitió descifrar el mensaje de aquella noche paraguaya, cuando aún había mucho camino por recorrer y el tiempo necesario para introducir las variantes que sólo reaparecieron cuando ya el agua llegaba al cuello.

    – Consumado aquel triunfo, Farías anunció que se había planteado renunciar a la selección, desviando la atencion de lo que debía debatirse después de aquella magnífica actuación: la conveniencia de introducir variantes a la idea original. No se hizo ni se insistió en ello; los partidos amistosos fueron desperdiciados y sólo se retomó aquella iniciativa después de que Chile nos propinara un baile de aquellos.

    – Al ciclo Farías lo condena haber perdido el tiempo en cuestiones menores. Mientras las señales apuntaban a la necesidad de modificar el modelo de juego, el entrenador y sus colaboradores prefirieron enfocarse en enemigos inexistentes. Es tal su concepción del mundo que quien no se sume a su causa es considerado inmediátamente un enemigo. Aquel tweet que salió de su cuenta oficial de Twitter que ofendía al preparador físico del Zamora es el perfecto ejemplo de como entiende la vida el entrenador, entre amigos o enemigos, leales o traidores.

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    – Esas señales que no supo ver terminaron por sentenciar lo que para él, sus colaboradores y sus alcahuetes era «la eliminatoria perfecta porque no estaba Brasil». En los dos últimos partidos de la Vinotinto, su equipo, el que él había construído a su imagen y semejanza, tuvo que refugiarse en una idea de juego totalmente distinta a lo que son sus creencias. Esas modificaciones no contaron con la fuerza del convencimiento sino con la urgencia de la necesidad. Hoy quedó demostrado y se pagó caro.

    – En estos días recobré una extraordinaria frase de Dani Fernández, entrenador español, que dice que “alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”. En la tarde de San Cristóbal quedó claro que a Farías le falló la parte más importante de lo que menciona Dani, ya que no supo, en casi tres años de eliminatorias, fomentar conexiones futbolísticas para que sus jugadores rindieran acorde a sus cualidades. Peor aún, cuando algún jugador se sumaba a la selección se le obligaba a seguir el libreto del entrenador antes que sumar sus virtudes propias a ese organismo vivo llamado equipo.

    – A Farías no le gusta hablar del juego. Cuando comandó a la Vinotinto en su exitoso paso por la Copa América de Argentina, el seleccionador nacional habló más del estado físico que de la forma de jugar de su equipo. Aquello no fue un desliz, fue una descripción de lo que él piensa es este juego; su equipo corría, luchaba, se sacrificaba pero jugaba muy poco. Las victorias, como casi siempre, taparon las carencias de un conjunto que jamás se caracterizó por generar altas cantidades de ocasiones de gol a pesar de contar con jugadores extremadamente talentosos.

    – Aquel Farías no es el mismo de hoy, de hecho, ninguno de nosotros lo es, pero creo que sus convicciones no han variado. Más allá de que el equipo haya adoptado una versión más atacante en sus últimas presentaciones, no da la impresión de que ello sea algo que nazca del gusto del seleccionador. La ausencia de conexiones entre los jugadores, en un partido en el que Paraguay nunca presionó, da a entender que fue la urgencia y no el convencimiento el principal consejero del DT; no se puede un día jugar al pelotazo y al próximo partido utilizar la posesión de la pelota como una herramienta. O mejor dicho, puede que sí sea posible pero en un club, no en una selección que apenas puede acumular entrenamientos.

    – Es posible que al entrenador no le interese justificar o aburrir con estadísticas, pero hay una que desnuda la debilidad de su patrón de juego: 14 goles en 16 partidos. Peor aún, ¿cuántas de esas anotaciones llegaron como consecuencia del juego asociado? No se trata de quitarle mérito a las jugadas de táctica fija, pero una selección – grupo en el que conviven los mejores jugadores del país – debe disponer de mayores recursos si su intención principal es hacer historia, lo que en nuestro caso se traduce en clasificar a un mundial.

    – Estos jugadores y los que están por venir pueden inspirar un modelo de juego más parecido al mostrado ante Perú que al común denominador de los partidos de este ciclo. Pero para ello se necesita mucha grandeza, aquella que nos enseñaba Panzeri cuando afirmaba que «el plan son los jugadores«. Pero el Dante se refería a la continuidad de una idea que señala al jugador como el único capaz de producir fútbol, no a la asunción de la misma sólo cuando la emergencia así lo requiriese.

    – Hablar del partido de hoy es hacerlo de un grupo de jugadores que volvieron a mostrarse imbatibles ante la adversidad. Esa imbatibilidad no está relacionada al resultado final sino a su condición de futbolistas orgullosos que se niegan a rendirse. Hoy, cuando el partido requería cambios inmediatos, no fue el entrenador sino los futbolistas quienes modificaron el rumbo de una noche que prometía ser más cruel de lo que finalmente fue.

    – Al único jugador al que quiero referirme individualmente es a Juan Arango. Cada ser humano vive su propio proceso y es imposible que alguien pueda entender lo que afecta o motiva a cada quien. Pero me parece que el 18 vinotinto merece un mejor adiós y la próxima Copa América se antoja como un escenario menos triste que el que el vivido hoy en Pueblo Nuevo. Ojalá reconsidere su postura y nos regale un par de goles de tiro libre antes de marcharse hacia su merecido descanso.

    – El final del ciclo se parece mucho a lo que algunos imaginábamos y llegamos a anunciar: guerras, señalamientos, acusaciones y una nula capacidad de reflexión. Alrededor de todas esas manifestaciones no hay una clasificación al mundial que sirva para tapar tanta miseria, pero tampoco existe un fútbol venezolano que haya crecido como anuncian sus vividores. No hay liga, no hay clubes, no hay logros y sí hay muchas deudas, equipos de maletín, ausencia de infraestructura, malos arbitrajes y muy pocos dolientes. Las autoridades seguramente producirán un nuevo circo que desvíe la atención de esta nueva frustración, pero en este pequeño espacio no cabrá excusa alguna que me haga claudicar en unos principios que no se compran ni se prestan.

    En fin, a descansar, que el camino apenas comienza.

    Fotografía cortesía AFP

  • Unas líneas sobre el futuro Vinotinto

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    El futuro llegará siempre y cuando analicemos y meditemos acerca del pasado. De lo contrario seremos capaces de repetir errores y alejarnos de los éxitos que ofrece el tiempo por llegar. Emilio Garoz, en su libro Introducción a la Filosofía, cuenta que San Agustín proclamaba que “la manera de llegar a la Sabiduría es volverse al interior del alma, conocerse a uno mismo, puesto que es dentro de uno mismo donde se encuentra la Verdad”. Es decir, hay que volver sobre nuestros pasos para revisar nuestras conductas y así poder identificar el camino que nos coduzca a la evolución.

    Podemos partir de la base de que nuestra mortalidad es una condición irreversible; una vez que nacemos sólo la tenemos a ella como verdad absoluta. Aceptada esa afirmación, somos nosotros quienes detentamos la posibilidad de decidir cómo existir hasta que llegue el momento final. Inclusive, puede que nazcamos mil veces sin haber muerto, sólo porque cada vez que aprendemos algo nuevo nuestra existencia adopta un nuevo perfil y una mayor profundidad.

    Un amigo entrenador de fútbol me recuerda que no podemos caer en la locura colectiva; en este ciclo hay que buscar los grises para lograr esa evolución. Puede que en octubre – como así  requirió César Farías – se hable contundentemente de la muerte de este período futbolístico como puede que no. Cualquier decisión que tome la FVF no debe sorprender a quienes han fijado su atención en este deporte, pero esa resolución debe estar acompañada por una vigilancia que no se hizo cuando finalizó la etapa de Richard Páez.

    En aquella coyuntura, a Farías se le abrieron las puertas para aprovechar lo positivo del ciclo anterior y sumar las variantes que considerara necesarias. Pero si hay algo que ha caracterizado a los cambios políticos en nuestro país es aquello de «borrón y cuenta nueva». El entrenador oriental barrió con todo lo hecho por su predecesor e instaló una corriente de pensamiento que dejaba a todo tiempo pasado en condición de inferioridad frente a los tiempos por venir. Se perdió justamente eso, tiempo, y esa batalla por ganarle al pasado seguro ha contribuído para que estemos en el escenario actual. Cuando los logros de esta gestión debían hablar por sí solos, Farías y sus colaboradores se encargaron de agregarle algo de agitación a una sociedad que parece disfrutar el estado de confrontación permanente en el que vive hace muchos años.

    Lo ideal, pensando en el futuro, es adoptar la dinámica que caracteriza el armado de un rompecabezas antes que reincidir en conductas improductivas. Farías, o quien tome su puesto, está en la obligación de asumir una voluntad integradora que suponga mejorar lo mejorable y corregir lo corregible. De nada servirá que la soberbia gane la partida o que quien conduzca lo haga cegado por los elogios de quienes le hacen creerse dueño de una verdad que no existe. El éxito pasa por construir puentes que unan los distintos caminos futbolísticos en vez de promover un conflicto imaginario que ya roza lo cursi.

  • Apuntes del Caracas 1 Estudiantes 1

    – Caracas se ha caracterizado por imponerse al rival en el inicio de los partidos o de las segundas mitades, mostrando una alta intensidad para así aprovechar las lagunas que caracterizan a la mayoría de los conjuntos cuando empiezan a reconocer su ubicación en un espacio. Esto, aunque muchos no lo crean, se trabaja en la pretemporada y en la semana.

    – Mientras unos van a la playa, algunos recuerdan que el fútbol se juega jugando. El plan de Eduardo Saragó es atacar al rival cuando este se encuentre en su momento de mayor desventaja emocional y futbolística, sin llegar a asumir la titularidad de su terreno propio.

    – Manuel Plasencia, zorro viejo, identificó esta virtud de su rival y su instrucción inicial fue que sus futbolistas salieran a buscar en vez de esperar, haciendo difícil que el Caracas diera cuatro pases seguidos en el inicio del juego. Sabe Plasencia que los equipos que se enfrentan a los capitalinos prefieren hacerlo con cautela y que si lo busca en su propia zona se verá sorprendido.

    – Saragó es un artista que sabe hipnotizar con su discurso y entiende que no le cuestionarán nada que venga de sus afirmaciones. Que se entienda esto como lo que es: el reconocimiento a una de sus virtudes. Hace poco señaló a Bladimir Morales como el mejor jugador de los tres primeros partidos y hoy es suplente. Caso similar para Quijada y Farías, que según el DT ya se habían ganado la titularidad y hoy vieron el encuentro desde el banco de suplentes.

    – No es incoherencia lo del entrenador porque las ideas no son fijas o inalterables, son corrientes que viven un proceso de transformación constante y se nutren de cada ensayo. Lo que si debe considerar el entrenador capitalino es evitar los extremos que caracterizan a sus declaraciones para no crear confusión en sus jugadores.

    – Caracas necesita la presencia de Roberto Armúa para que el equipo muestre variantes al juego de los otros futbolistas. Contar con Rómulo Otero, Luis “Cariaco” González y Dany Cure es una invitación a correr al mejor estilo del Zamora de Sanvicente, por ello, el aporte del diez argentino es tan necesario, más aún cuando su pausa puede ayudar a que Javier Guarino no se maree con tanto vértigo a su alrededor. Armúa nos recuerda con su juego que no es lo rápido que se llegue al área rival lo que importa sino la calidad de ese avance.

    – A Cure le gusta correr porque sabe que corriendo juega. Corre para recuperar una pelota, para ayudar a los compañeros, para disparar al arco o para meter un centro. Corre para jugar mientras que muchos corren para acumular kilómetros y malas entregas. Pero Cure necesita espacios para desarrollar su juego, algo harto complicado cuando el equipo juegue en el Olímpico.

    El gol de Yorwin Lobo es para los noticieros. En un saque lateral le gana el espacio y la pelota a dos defensores del Caracas y llega hasta la línea de fondo con tal frialdad que nunca cambia su intención ni acelera la ejecución de su plan por la cercanía al precipicio. Así, a un centímetro de la línea de meta, bate al portero con un pase a la red. Golazo y nada más que decir.

    – Quiero volver a Armúa y su importancia. No se trata únicamente de la pausa sino de la inteligencia. Si Caracas debe replegarse, el 10 puede recibir la pelota y enviar un pase largo a los rápidos atacantes capitalinos. El intervalo que ofrece Armúa no tiene que ver con lentitud sino con saber elegir dependiendo del lugar que se ocupe, por ello Saragó lo protege y lo cuida, sabe que puede ganar sin él pero nunca jugar tan bien como cuando el argentino está en forma.

    – Estudiantes no quiso seguir arriesgando después del gol y eso queda demostrado cuando hasta cuatro jugadores salen a entorpecer, sin efectividad alguna, el intento de centro de Cure. Ese nerviosismo quedó plasmado cuando su arquero, Roberts Rivas, tira la pelota lo más lejos posible en el minuto 39 del primer tiempo, sin darse cuenta que con esa acción no conseguirá la tan ansiada calma que necesitaba el equipo merideño. Caracas toma la pelota y va de nuevo sin que sus compañeros puedan reordenarse.

    – Los mismos que aplauden que la Vinotinto juegue con un sólo volante de contención hoy critican al Caracas por adoptar ese módulo táctico, sin reparar en que el fútbol es una actividad colectiva; defienden todos y atacan todos. Cuando un jugador se desentiende de esa dinámica produce un efecto devastador. El problema no es Ricardo Andreutti sino su soledad.

    – El miedo a ganar de Estudiantes le permite a Caracas dominar el segundo tiempo sin crear mayores ocasiones de gol. El equipo merideño acumula jugadores cerca de su propia área y con ese temor bloqueó el hacer de Cure que era el mejor jugador del Caracas. Sin espacios, el marabino se estacionó en la banda derecha y su influencia disminuyó alarmantemente. Consciente de ello, Saragó sacó a “Cariaco” para darle entrada a Carabalí y que este último actuara como volante por los costados, para así liberar a Cure.

    – Estudiantes olvidó que el resultado se defiende jugando y desde la última parte del primer tiempo se encerró cerca de su área, enterrando la imagen de aquel equipo que supo pelear los primeros compases del encuentro. Ante ese panorama, Caracas sufre pero sabe que tiene las armas necesarias para encontrar el camino al gol, a pesar de que en este partido lo consiguió más por tozudez que por juego.

    – El resultado final le conviene más a los de Plasencia porque podrán seguir corrigiendo desde la tranquilidad que ofrece sacar un empate en condición de visitantes. Su presente es muy positivo y la calidad de alguno de sus jugadores los invita a pensar en tiempos acordes a la gloria de esa institución.

    – Para Caracas es un pequeño accidente en su hoja de ruta. Los capitalinos deben continuar con la búsqueda de soluciones a problemas que ya vivieron en el torneo anterior y que lo privaron de luchar por el tan ansiado título. Si para hablar de fútbol hay que conocer de jugadores, como dice Juanma Lillo, es pertinente afirmar que Caracas seguirá creciendo, sólo es cuestión de tiempo para que aparezcan las respuestas.

  • De idiotas e idioteces

    – La palabra idiota viene del griego idiotes para referirse a aquel que no se ocupaba de los asunto públicos, sino sólo de sus intereses privados. La raíz “idio» significa «propio»y es la misma que en idioma o idiosincracia.

    El vocablo idiota también es usado en latín, y significa ignorante. Ignorancia se toma a menudo como sinónimo de estupidez, tomándose de ese modo como un insulto, cuando es más bien una crítica.

    – Ninguna de esas definiciones nos acerca realmente a lo que hoy en día comprendemos como idiotez. Debido a ello he escrito un par de líneas con la intención de caracterizar distintos tipos de idiotas, hijos de la idiotez o creadores de idioteces, en fin, todos idiotas pero con distintos grados de influencia.

    – No se engañe, el idiota no es un incapaz, o por lo menos yo no pretendo subestimar a la gran mayoría de idiotas. El idiota escribe libros y conduce espacios en medios de comunicación, y en la mayoría de los casos con mucho éxito comercial. Para ser idiota hay que saber seducir al colectivo, que está necesitado de un idiota que los conduzca.

    – El idiota se regocija cuando uno de los herederos de su condición de idiota, llamados hijos de la idiotez, es capaz de afirmar, con vehemencia, idioteces como que “para hacer algo hay que hacerlo bien”. Sólo un idiota en fase de entrenamiento o un saboteador de oficio hace pública su intención de hacer las cosas bien. El saboteador porque lo condena su pasado y el idiota porque necesita avisarle a quienes no son idiotas que su idiotez no sólo es voluntaria sino que no tiene remedio y pide comprensión.

    – Hay idiotas que viven de frases hechas sin reflexión y que son usadas para idiotizar a la audiencia de turno. Llamemos a esa corriente de “pensamiento” la Filosofía Hallmark: cuatro frases de autoayuda expresadas bajo el escudo protector de haber sido un consejo de alguien famoso. El idiota no debe profudizar y por ello hace trivial cualquier concepto. 140 caractéres son suficientes para el idiota; en ellos condensa su vida y hace válida cualquier idiotez proveniente de la cultura Twitter como cuentas de filosofía que se dedican a evangelizar con frases de autoayuda, que al fin y al cabo es la filosofía del idiota.

    – El idiota, además de querer aparentar profundidad – debe mostrarse en fotografías observando el horizonte –  necesita presumir de amistades mediáticas; su existencia no tiene sentido sin la aprobación de un público que admira famosos sin importar el origen de esa fama ni las idioteces que caracterizan a esas celebridades.

    – El idiota cree que su nacimiento es un hecho trascendental y otorga mucha importancia al país en donde vino al mundo, olvidando que su nacionalidad de origen no fue una decisión meditada sino obra de la casualidad. Con la intención de sumar idiotas a su causa, el idiota olvida que el honor llega por méritos y no por idioteces como la geografía. Es un honor ganar un premio, ser considerado o, si el idiota me lo permite, ser un buen ciudadano. Y ser eso, un buen ciudadano, no se explica por la nacionalidad sino por comportamientos que nos convierten en seres honorables. Ser portugués, venezolano o mexicano trae consigo las mismas responsabilidades como ser humano. El idiota, consciente de que su paso por esta vída es poco influyente, necesita que el público adicto a la idiotez sienta que nacer es un honor y no una consecuencia.

    -El idiota, reitero, no es incapaz. Conoce cómo funcionan las emociones colectivas y por ello reitera que es un honor ser, por ejemplo, zimbawense; necesita que la sociedad lo reconozca como un idiota con pasaporte, y por ello fomenta el chauvinismo como religión a la que sólo pertenecen idiotas con el mismo sello.

    – Pero al idiota también le gusta el fútbol y la moda. Le gusta el fútbol porque es un juego global en el que el chauvinismo también tiene cabida y por ello hay mucho idiota que encuentra en el fútbol el territorio perfecto para mostrar su idiotez disfrazada de violencia, xenofóbia, intolerancia, homofobia y cualquier otro gesto que caracterice a estos idiotas.

    – Además, el idiota, cuando va al fútbol, se siente parte de eso, de un colectivo, y no hay nada que le genere mayor gusto al ser humano que pertenecer. El idiota encuentra ese sentido de pertenencia y está dispuesto a defender su idiotez ante la idiotez del contrario. El idiota no entiende de rivalidades sino de enemigos.

    – El idiota también quiere estar a la moda. Un idiota entiende que si está al corriente de lo que la televisión dicta como válido se mantendrá como un idiota fresco y actual, lo que le garantiza que su legión de idiotas seguirá pendiente de cualquier movimiento que realice en búsqueda de esa vigencia necesaria para que los idiotas que están por venir no lo desbanquen de su sitial de honor.

    – Para no ser olvidado, el idiota debe hacer todo lo posible para seguir montado en la ola mediática. Y con esto pretendo llegar al fin – que no el final – de mis consideraciones acerca del idiota, los hijos de la idiotez y las idioteces.

    – Se dará cuenta el lector que no he hablado de idioteces sino del idiota y de los hijos de la idiotez, lo que no es casual. Debo confesarle que también he meditado acerca de los idiotas y las idioteces porque tengo la plena seguridad de que las idioteces no son patrimonio exclusivo de los idiotas sino que cualquiera, sin necesidad de ser un idiota, puede cometer una idiotez. Pero la definición de esta conducta no puede ni debe nacer de mis propias palabras, ya que la fuerza de una imagen como la que a continuación usted verá me obliga a guardar silencio para dejarlo a usted sólo con sus pensamientos y no ser interrumpido por la posibilidad de que yo pronuncie una idiotez aún mayor que la fotografía en cuestión.

    Farías

    Imagen encontrada en Twitter, crédito a quien le corresponda