Categoría: El Estímulo

  • Los buenos, los baratos o los amigos

    Los buenos, los baratos o los amigos

    Para que un equipo sea competitivo es clave la conformación del staff técnico que dirigirá a los futbolistas. Contrario a los que se supone, el entrenador no es un tirano que dicta ordenes, sino parte de un cuerpo colegiado que intentará encontrar el mejor rendimiento de ese colectivo humano que comandan.

    La realidad nos demuestra que un entrenador será tan bueno como aquellos que lo rodeen. No es casual que los conductores más admirados a nivel mundial, aquellos que son tomados en cuenta, más que por sus triunfos por sus reflexiones y capacidad de innovación, se codeen con auxiliares o ayudantes que los desafían permanentemente. De nada vale hacerse acompañar por alcahuetes que digan sí a todo; una idea, así como su evolución, nace del intercambio de visiones.

    El multimillonario norteamericano Warren Buffet así lo cree. Una de sus reflexiones más conocidas es aquella que reza:

    “Contrata a los mejores y déjalos hacer lo que saben. Si no, contrata a los más baratos y que hagan lo que tú digas”.

     

    Analicemos rápidamente quienes acompañan a Josep Guardiola y a José Mourinho, por citar a los entrenadores que más pasiones levantan en la actualidad.

    Con el catalán trabajan Domènec Torrent (Primer Asistente), Carles Planchart (Asistente y Analista de Rendimiento) y Lorenzo Buenaventura (Preparador Físico). Los tres han estado a su lado desde tiempos en que Pep dirigía al Barcelona B. Este grupo, que puede catalogarse como el núcleo duro del “Guardiolismo”, se completa con Manel Estiarte, posiblemente el waterpolista más importante de la historia, quien se encarga de ser una especie de confidente del entrenador y, al mismo tiempo, sirve de apoyo para los futbolistas. En Barcelona tuvo otros colaboradores que luego se mantuvieron en el organigrama blaugrana, mientras que Múnich también contó con la colaboración de técnicos bávaros. En Manchester se ha sumado a Mikel Arteta (recientemente retirado del fútbol) y a Rodolfo Borrell, quien estuvo en el Liverpool de Rafael Benítez.

    En el equipo de Mourinho destacan dos nombres por encima de los demás integrantes: Rui Faría (Preparador Físico) y Silvino Louro (Entrenador de Arqueros), ambos de largo recorrido con “Mou” desde hace mucho tiempo. El caso de Faría es muy interesante, ya que según el propio DT, su mano derecha sería, en caso de separarse del staff que conduce José, un maravilloso primer entrenador.

    Puedo también mencionar el ejemplo del FC Barcelona. La llegada de Luis Enrique vino acompañada de varios profesionales de primerísimo nivel, como Robert Moreno (Asistente), Rafel Pol (Preparador Físico y autor del libro “La Preparación ¿Física? en el fútbol), Joaquín Valdés (Psicólogo) y Juan Carlos Unzué (Primer Asistente), el candidato número uno a sustituir al actual entrenador blaugrana.

    Aprovecho la mención al trabajo de Luis Enrique para recomendar el documental “Los hombres de Lucho” en el que puede observarse a éstos y otros integrantes de ese staff.

    Analizados brevemente los casos anteriores, cabe preguntarse si, en nuestro fútbol, cuando se contrata a un entrenador, se tiene en cuenta quiénes lo acompañan, qué metodología de entrenamiento emplean o cómo se conducen en cada una de las situaciones de riesgo que vivirá un equipo de fútbol. De nada vale sumar gente que poco o nada hacen por actualizarse y que creen, equivocadamente, que su formación, sostenida exclusivamente en el conocimiento empírico, es suficiente para potenciar los recursos de sus plantillas. Los amigos son los amigos, ya lo sé, pero estos pueden terminar por hundir un aparentemente bien sustentado proyecto.

    Esto lo planteo tras un nuevo episodio que confirma al fútbol venezolano como tierra fértil para el disparate. Tras una victoria 2-0 ante Mineros de Guayana, Juan Cruz Real, hasta ese momento entrenador de Estudiantes de Mérida, renunció a su cargo, denunciando una injerencia inaceptable. Su declaración al programa radial “Tiempo de Fútbol” debería hacernos reflexionar sobre lo que aquí planteo y lo que algunos, equivocadamente, creen que es la labor dirigencial.

     

    @juancruzreal :»hay diferencias con la directiva en cuanto a la conformación del 11 titular y eso le compete al DT»

     

    @CesarToni :»puede ser que hubo diferencias con el DT por jugadores que están a buen nivel y hoy no fueron titulares»

     

    Y es que lejos de mejorar las estructuras institucionales, la gran mayoría de los directivos del fútbol criollo aspiran, casi exclusivamente, a ganar trofeos, como si estos fuesen la receta que respalde la estabilidad del club. La historia de nuestro fútbol nos recuerda que ni los éxitos ni la penetración social garantizan la existencia de los equipos. Marítimo y el Unión Atlético Maracaibo son sólo dos ejemplos de lo que aquí argumento. Hace falta un trabajo concienzudo, preciso, profundo y reflexivo para reafirmar, día a día, la continuidad de la institución, y este no se cultiva con injerencias sin sentido de quienes invierten el dinero. Si se confía en quienes deben dirigir las distintas áreas de un club, ¿por qué creer que cualquiera, sin la adecuada formación, puede hacerlo mejor?

    Luego de un episodio como el que aquí repaso, ¿qué entrenador va a creer posible el desarrollo de un proyecto en esa institución? Alguno asumirá la dirección técnica de Estudiantes, pero el equipo, o mejor dicho, la directiva, ha quedado en fuera de juego: cruzaron una frontera de la que no se vuelve con facilidad. Por ello vale la pena preguntarse si en el fútbol venezolano se contrata a los mejores, a los más económicos o a los más amigos. En la respuesta puede que se encuentre parte del diagnóstico de nuestros males.

    Columna publicada en El Estímulo, el 03/04/2017

  • La Vinotinto de los 45 minutos

    La Vinotinto de los 45 minutos

    La selección se acostumbró a jugar por lapsos de tiempo. Ante Perú fueron los primeros cuarenta y cinco, mientras que, ante Chile, en Santiago, fue en la segunda etapa que se observó la mejor versión del equipo criollo. Si ante los incas el aviso fue claro, contra un equipo que sabe competir en el más alto nivel como la selección austral, esa situación se hace notable y pesada. El 3-1 no hace justicia al mal partido criollo.

    Los partidos de fútbol duran noventa minutos. Eso de hablar de competitividad por etapas es un ventajismo insoportable e insostenible. Puede que ante Perú algunos hayan creído que con eso alcanzaba, pero Chile, esa selección que es ejemplo de respeto a un proceso futbolístico, no perdona tantas ventajas. Lo hizo en el marcador, pero futbolísticamente dejó en evidencia las diferencias entre una y otra selección.

    Sería preocupante quedarse con el gol de Tomás Rincón que no subió al marcador, el posible penal no sancionado a Rómulo Otero, o si se prefiere, con la creciente sociedad entre Otero y Jhon Murillo. Defender la competitividad criolla a partir de esos episodios puede ser hasta peligroso porque obviaría que el local tuvo hasta cinco ocasiones claras de aumentar la ventaja hasta que Salomón Rondón convirtió el gol del descuento. Guste o no, la figura venezolana fue Wuilker Faríñez, una clara muestra de que, por un lado, el joven arquero no tiene problemas en defender el arco de la selección mayor, y por otro, que Venezuela hizo aguas.

    Habrá quienes apoyados en el rendimiento del guardameta exigirán una mayor presencia de juveniles en las próximas alineaciones. Ante semejante muestra de oportunismo es pertinente recordar que la inserción de jóvenes valores, por sí sola, no solucionará nada. La calidad de los entrenamientos, una idea clara, el respeto por la exigencia de la competencia y el sacrificio de los futbolistas son los componentes obligados de todo proceso que pretenda crecer y evolucionar. No hay atajos ni tiempos fuera: o se asume con esa energía o seguiremos a la deriva.

    Chile atacó sin piedad el costado derecho de la defensa criolla. La voluntad de Alexander González no fue suficiente para el dos contra uno que promovieron Jean Beausejour y Alexis Sánchez en contra del lateral. Llama poderosamente la atención que no se tomara en cuenta que esa conducta es costumbre en la selección roja, o peor aún, que no se asumieran rápidos correctivos ante semejante acoso. Desde los tiempos de Marcelo Bielsa, con el propio Beausejour y Mark González, Chile ha tenido en su ataque por la banda izquierda su principal arma. Pasan los años y esto se ha potenciado con el crecimiento de Sánchez y la aparición del propio Eduardo Vargas. Ante eso, no fue sino hasta el minuto 60 que la Vinotinto promovió un retoque. Culpar a González de errores colectivos sería, como no, oportunista.

    En cuanto a Chile y su identidad debe hacerse un aparte. El ejemplo chileno nos desnuda hasta en la selección de los entrenadores. ¿Qué tienen en común Richard Páez, César Farías, Noel Sanvicente y Rafael Dudamel? La sucesión de seleccionadores en nuestro país es emocional, no hay un guión porque no se comprende la importancia de una hoja de ruta. Así nos pasamos de un juego posicional a uno puramente reactivo y dependiente de la pelota parada, para luego sumergirnos en uno en el que prevalecen las rápidas transiciones. Todo esto sin anestesia, porque el plan es no tener plan.

    Vuelvo con Chile. Los australes, luego de la renuncia de Bielsa, apostaron por Claudio Borghi, un entrenador con modos e ideas casi opuestas a las del “Loco”. Cuando casi perdían toda oportunidad de ir al mundial Brasil 2014 recurrieron a Jorge Sampaoli, un continuador del “bielsismo”, quien, tras lograr la clasificación a la cita brasileña, comprendió que había que darle una vuelta de tuerca al equipo: los cambios no fueron de módulos tácticos ni de discurso, episodios que tanto entretienen a los especialistas criollos. El hoy entrenador del Sevilla agregó claves del ataque posicional de la mano de un experto (Juan Manuel Lillo) para enriquecer a su equipo. Insisto en mi pregunta, ¿esas discusiones se promueven en nuestro fútbol? Repasemos el campeonato local para darnos cuenta que la gran mayoría de los entrenadores están más preocupados por las excusas que por su propio crecimiento.

    Esto que menciono no es poca cosa. El joven grupo que integra al equipo nacional todavía está en búsqueda de una personalidad propia. En el primer tiempo contra Perú, y en la segunda etapa ante, Chile quedó demostrado que, por cualidades propias de sus intérpretes, esta selección puede crecer bajo la idea de protagonizar los partidos, a través de un fútbol de sociedades, más pensado y menos reaccionario. Pero, cuando la responsabilidad se hizo pesada, se retornó a viejos vicios como el pelotazo sin sentido, distanciando aún más a los futbolistas patrios.

    Detengámonos por un instante en el gol criollo y preguntémonos si la reacción criolla es consecuencia exclusiva de la voluntad propia. Es innegable una recuperación anímica que los llevó a anotar el tanto de Rondón y seguir adelante, pero su origen es tan propio como ajeno; el equipo de Juan Antonio Pizzi sobró el partido y alimentó a la Vinotinto. Hay mérito de los de Dudamel, pero sólo cuando el rival aflojó fue que nos atrevimos a intentar algo distinto. La sensación que deja esta doble fecha es que Venezuela sufrió por no creer en sí misma. La selección cuenta con jugadores capaces de competir y disputar los partidos, por lo que vale preguntarse si la inconsistencia no pasa por un tema emocional o psicológico más que futbolístico.

    ¿Por qué Rincón no consigue mostrar su mejor versión con la selección? ¿No merece José Manuel Velázquez una oportunidad? ¿Volverá Roberto Rosales? ¿Por qué no apostar por Mikel Villanueva como lateral? ¿Faltó algún volante ofensivo en el banco de suplentes? ¿Está Víctor García listo para asumir el puesto de lateral derecho? Con Otero y Murillo cada vez más asentados, ¿cuál es el rol de Alejandro Guerra? ¿Qué hacer con un Peñaranda talentoso pero sin actualidad en su club? De aquí a agosto hay tiempo suficiente para ir respondiendo estas interrogantes, muchas de las cuales encontrarán solución con la llegada de las vacaciones y el mercado de fichajes.

    Permítame una última reflexión: En el deporte criollo creemos que la solución a nuestros males es apostar a cambios de entrenadores mientras celebramos logros individuales como la llegada de Rincón a la élite. Los procesos formativos tienen una vida muy corta, y en la gran mayoría de los casos están protagonizados por entrenadores que apuestan a ganar notoriedad con triunfos y no a través de su capacidad formativa la formación. Es natural: la educación no paga tanto como dirigir en primera división. ¿Existe en Venezuela algún director de metodología? Daniel De Oliveira casi asume ese cargo en Caracas FC, pero la confusión que reina en esa institución es profunda y no vale la pena explicarla en estas líneas.

    Sin el apoyo de una metodología clara, los futbolistas venezolanos son triunfadores individuales. Cada uno de sus logros son “a pesar de” y no “gracias a”. ¿Dónde estudian los entrenadores venezolanos? ¿Cuanto duran esos cursos? ¿Quienes los imparten? ¿Todos los “carnetizados” hicieron el curso? Perdone que me afinque, pero estos problemas van más allá del seleccionador de turno. Son la consecuencia natural de un mal hacer que ya es costumbre. Hasta tanto no se ataquen estos problemas de fondo, la selección, la dirija Dudamel, Bielsa o José Mourinho, seguirá siendo un barco de difícil conducción.

    Hasta agosto no habrá actividad. Hay tiempo para digerir la derrota y el empate de esta doble fecha. Es cierto que no hay mucho tiempo de ensayo para promover correctivos, pero si algo hay que aprender de Chile es que, con el mismo inconveniente, han construido y mejorado una idea de juego. Sin tiempo, pero con mucha voluntad.

    Columna publicada en El Estímulo, el 28/03/2017

  • ¿Hacia dónde apunta Dudamel?

    ¿Hacia dónde apunta Dudamel?

    En la rueda de prensa posterior al empate con Perú, Rafael Dudamel reinstaló un debate inexistente, en el que sólo los mal llamados expertos se benefician: jugar bien o jugar bonito. Esa, pésele a quien le pese, no es la cuestión, que debe ocuparnos, si es que, claro está, nos interesa el juego como tal.

    La frase que más me llamó la atención de la aparición del entrenador fue la siguiente:

    No se dejen (los medios) contaminar con los que hoy, estando afuera, exigen un fútbol vistoso o ganar por goleada. No, no, no. Tenemos una realidad desde la tabla de posiciones, desde la infraestructura como fútbol, como fútbol venezolano. ¿Que hacemos nosotros? Trabajar para mejorar. Trabajar para cambiarle la historia a nuestro fútbol. Y desde ahí es sumar talentos que hoy tengan la experiencia, la condición y la capacidad para formar parte de una selección, para jugar en este tipo de competencias“.

     

    El objetivo de un seleccionador es simple pero complejo: lograr que su equipo sea competitivo. No existe la dicotomía de jugar bien o jugar bonito, porque lo estético es una cuestión subjetiva, es decir, pertenece a cada quien, nace en el espíritu de cada individuo. Jugar bien, como muchas veces se ha expuesto, no tiene que ver con porcentajes de posesión de la pelota o la zona en la que se inicie la construcción del juego; jugar bien al fútbol es utilizar correctamente los recursos disponibles y potenciarlos, disimular las carencias propias y saber adaptarse a cada una de las situaciones del juego.

    No debe nunca olvidarse que este es un deporte de oposición directa. Esa frase por simple que parezca, es la puerta de entrada a la complejidad del fútbol, entendiendo que complejidad no se asocia con dificultad; esa definición hace referencia a las innumerables relaciones y consecuencias de las mismas dentro de un sistema. El fútbol es una actividad compleja porque todo lo que se entrene y planifique se verá directamente influenciado por el contrincante, por sus planes y por sus reacciones. Ninguna hoja de ruta se cumple a la perfección porque es imposible prever las respuestas del otro conjunto.

    Permítame hacer un aparte. Un equipo de fútbol es un sistema, y el francés Edgar Morín nos recuerda que “un sistema está representado por una serie de elementos que interactúan entre sí”. A pesar de todo lo ensayado, cuando rueda el balón, son muchas las interacciones que se dan “porque sí”, opuesto a lo planificado con anterioridad. Por ello, hay que tener en cuenta la capacidad de adaptación que tanto machaco desde esta tribuna.

    Teniendo en cuenta todo esto, se puede concluir que los grandes equipos son aquellos que saben adaptarse a cada una de las situaciones del partido. Por ejemplo: si el rival, contrario a lo que se esperaba, cambia el foco de su ataque e inclina el mismo hacia su banda izquierda, nuestro equipo (no sólo los defensores) deben responder a esa modificación. El ajuste de uno de los volantes, que acudirá en auxilio al lateral de esa banda, traerá como consecuencia que los otros futbolistas se reacomoden para repeler y construir a partir de ese aparentemente insignificante movimiento. Eso que puede parecer un aspecto menor es el deber ser de un equipo. Jugar y adaptarse.

    Construir esto que menciono no es sencillo, y tampoco existe un manual de instrucciones. De hecho, una de las enseñanzas que deja el pensamiento complejo es que no hay recetas. Las selecciones, como recordó Dudamel en esa misma rueda de prensa, no tienen tiempo para entrenar, pero su labor, la de los seleccionadores, es desarrollar entrenamientos que ayuden a disimular la ausencia de minutos y promuevan la evolución necesaria en ese cuerpo llamado equipo.

    En la pasada Eurocopa de Naciones se obervaron selecciones que jugaron muy bien al fútbol. Si bien es cierto la campeona Portugal fue una de ellas, no puede obviarse que Francia, Alemania, Italia, Gales e Islandia también dejaron su huella, mostrando una identidad fuerte, al mismo tiempo que una adaptabilidad a distintos escenarios. Se puede lograr que las selecciones construyan modelos propios, pero para ello se necesitan muchos más aliados que el propio tiempo, como la creencia en lo que se ensaya o una fluida comunicación entre staff técnico y futbolistas, sólo por nombrar algunas. Fernando Santos, entrenador del equipo lusitano, recordó recientemente que “nadie puede vencer si no juega bien“.

    La doctora española Rosa Coba explica, en el número 28 de la revista digital The Tactical Room, que “el deportista, como debe ser un buen resiliente, está entrenado para levantarse y seguir”. Resiliencia, como ya expliqué en esta misma trinchera, es la capacidad que tienen los seres humanos para superar circunstancias traumáticas. Llevado al fútbol, a la Vinotinto le falta todavía fortalecer esa capacidad. Prueba de ello es que, ante Perú, con casi 45 minutos por jugar, no se supo reaccionar al primer gol inca. La ventaja en el marcador seguía siendo para los criollos, pero el momento emocional había pasado a manos de los dirigidos por Ricardo Gareca. ¿Cómo desarrollar “anticuerpos” a esos escenarios? Compitiendo. No existe otro escenario que forme como la competencia.

    Situaciones como esa son las que deben ocupar al staff de Dudamel. Quizá sea eso a lo que se refiere el entrenador cuando señala a la experiencia como valor clave en el crecimiento de este equipo. La mirada del entrenador debe estar puesta en cómo hacer que sus jugadores se crean capaces de luchar, y ello, aunque nos fastidie, significa que, en escenarios adversos, no hay que dejarse morir; enfrentarlos y adaptarse forma parte de eso que vagamente definimos como competir. Si lo consigue, Dudamel habrá triunfado, independientemente de los gustos y los resultados.

    Columna publicada en El Estímulo, el 27/03/2017

  • Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Al igual que hace un año, Venezuela y Perú empataron a dos goles. Sin embargo, las sensaciones no son ni remotamente parecidas: en Lima se lamentó la igualdad, mientras que en Maturín más de uno respiró hondo cuando el juez principal decretó el final del duelo.

    Los partidos duran 90 minutos, y aunque ello sea una obviedad, vale la pena recordarlo, más cuando todavía hay quienes se empeñan en explicar un mal resultado desde el cansancio. Si el rival desactiva el plan, como fue el caso de hoy en Maturín, las correciones no pasan por correr más sino por jugar mejor, lo que significa adaptarse a distintos escenarios.

    La apuesta inicial de Rafael Dudamel invitaba a pensar en una selección con voluntad ofensiva, capacitada para aprovechar cada espacio que generara o dejara el rival. La presencia de John Murillo agregaba la variante siempre necesaria del juego por los costados, elemento sumamente importante para liberar a un atacante como Salomón Rondón, y evitar que la acumulación de defensores peruanos limitara el éxito del ataqué criollo.

    Definir si un jugador es mejor que otro termina siendo un ejercicio insoportable e inútil. Es casi imposible determinar el peso y la verdadera influencia de cada futbolista, ya que normalmente nos enfocamos en el juego con pelota y olvidamos el juego sin ella. Sin embargo, no es atrevido pensar que Rómulo Otero es uno de los jugadores más inteligentes del país. En los primeros minutos, condicionados por la lluvia y un drenaje que no funcionó en su totalidad, Otero fue el único futbolista que comprendió que jugar a las carreras aumentaba los riesgos. El volante criollo aceleraba o frenaba según lo exigiera la jugada, una característica que no es cualquier cosa y que a muchos les cuesta la mitad de sus carreras desarrollar.

    Además, Otero comprende casi a la perfección cuando puede jugar o cuando es mejor provocar al rival, por ello insisto que el 10 Vinotinto, salvo lesiones o inactividad, debe estar siempre en el once titular. El primer tanto criollo, al minuto 23, nació de la viveza del ex Caracas FC, cuando, tras una corrida por la banda izquierda, y encontrándose sin opciones reales de pase, no cayó en la tentación de tirar un centro a la nada, sino que aguantó y ganó una infracción que luego derivó en el gol de Mikel Villanueva.

    Era un partido diferente para Salomón Rondón. En medio de un presente confuso con su club, el delantero criollo buscaba reencontrarse con el gol frente a su gente, pero, contrario a su voluntad, parece condenado a pelear con los centrales y salir de su zona de influencia para “mejorar” a sus compañeros. Es mucho lo que hace el atacante con poco, muy poco, porque salvo su conexión con Josef Martínez o con Otero, el resto de sus compañeros aún no encuentra cómo aprovechar las virtudes del de Catia.

    Otra de las circunstancias llamativas fue la posición de Alejandro Guerra. “Lobo” no es un volante mixto, pero sabe jugar rápido, a un toque, lo que sostenía la apuesta de Dudamel de colocarlo como volante de primera línea. Con Guerra como compañero de Rincón se impulsaba la idea de un juego de sociedades, a través de la pelota, algo que este grupo ha demostrado saber hacer. El fútbol sencillo, que no simple, de Lobo le facilitaba a Venezuela una salida más clara desde zona defensiva.

    Vale la pena en este momento revisar una reflexión del alemán Friedrich Nietzsche, y es que en sus pensamientos se puede encontrar una de las tantas razones que condujeron a la caída del juego vinotinto, explicación por supuesto alejada del estado físico, sospechoso habitual y padre de la pereza intelectual. En “El Crepúsculo de los Ídolos”, el filósofo razona:

    “El «mundo interior» está lleno de imágenes ilusorias y fuegos fatuos: la voluntad es uno de ellos. La voluntad ya no mueve nada, y en consecuencia tampoco explica ya nada; meramente acompaña procesos, y también puede faltar”.

    Muchas veces, por no decir que siempre, en un partido de fútbol pasa lo que tiene que pasar y no lo que otros deseamos rabiosamente que suceda…

    Esta selección está lejos de consolidar un once tipo, y poco puede hacer Dudamel si sus futbolistas no tienen continuidad. El costado izquierdo de la defensa fue el punto más débil del combinado criollo. Villanueva y Rolf Feltscher fueron atacados constantemente y se notó la inactividad del primero (17 minutos con Málaga desde el 21 de enero) y las dificultades del segundo para jugar en una ubicación que no siente suya. Sumado a esto, Tomás Rincón tuvo una actuación gris, por lo que Perú aprovechó y ganó los mano a mano por ese costado sin mayor dificultad. Ahí nació el primer gol peruano, que tuvo como cómplice la falta de atención criolla al reincorporarse al partido tras el descanso.

    La rápida reacción peruana derrumba el eterno e inexacto argumento que culpa al estado físico de los bajones criollos. Perú despertó y presionó alto a Venezuela, una selección que elige tener centrales fuera de forma (Wilker Ángel tiene apenas dos partidos en los últimos tres meses) y poco dados a la salida limpia del balón. Los visitantes también taparon las líneas de pase, lo que trajo como consecuencia inmediata que Rómulo Otero perdiera protagonismo.

    Debo insistir en esto porque no puede ser la preparación física el argumento estrella que justifique una caída futbolística tan pronunciada cuando apenas comenzaba la segunda etapa. Esto es fútbol, un deporte de oposición directa, en el que gana el que mejor se adapta a las distintas situaciones del juego. La reacción del visitante no consiguió respuesta en Venezuela, y la lesión de Martínez sumó en esa coyuntura a favor del control peruano. Pero además, va siendo hora de que se entienda que no existe la preparación física en el fútbol sino la preparación futbolística.

    Tampoco ayudó el análisis del seleccionador nacional. Su equipo dominaba el partido, creando temor gracias a las sociedades protagonizadas por Martínez, Rondón, Otero y Murillo. Por ello cuesta comprender que, ganando dos a uno, y faltando treinta minutos, Dudamel prefiriese reforzar el centro del campo con la entrada de Yangel Herrera, un futbolista complementario a Rincón, pero totalmente contrario a la propuesta que le había permitido dominar el partido.

    Cada cambio contiene un mensaje, y en este caso, la selección interpretó que había que ser más cuidadoso, que había que tomar mayores recaudos. Perú creció y Venezuela retrocedió. La intervención de los entrenadores es decisiva porque hasta un simple mensaje condiciona la subsiguiente actuación de sus dirigidos.

    Permítame seguir molestado a quienes viven de alcahuetear al poder, y es que no se entiende como, sin importar las aparentes diferencias conceptuales de los seleccionadores, a Venezuela le cuesta entender y potenciar la manera como en algunos casos se pone en ventaja. No sé si es un tema de cautela, pero pareciera que estamos tan necesitados de un éxito que no se repara en el camino recorrido sino en una meta a la que todavía no se llega. Al no respetar las estrategias iniciales se genera confusión; si atacando se fue superior, entonces, ¿por qué y para qué retroceder de manera voluntaria? En el fútbol, el riesgo no es atacar, lo peligroso es ceder el protagonismo

    Sí debe rescatarse que Dudamel haya apostado a otra manera de jugar. El protagonismo inicial fue coherente con su discurso. El resultado no debe minar esa intención, porque esto no es más que una parte pequeña en la construcción de eso que llaman identidad. Si la selección quiere ser reconocible y tener un juego en el que su plan tenga distintas variables, debe seguir ensayando y así promover distintas respuestas que nazcan de la riqueza de sus futbolistas y no de los temores al resultado. Una vez decidido que el resto de las eliminatorias sudamericanas serán banco de prueba, el camino a seguir queda claro.

    Debe insistirse en los ensayos, y más aun en la construcción de un equipo que nos haga olvidar que hoy, a diferencia de lo acontecido en Lima hace un año, hubo que respirar hondo y conformarse con un empate que bien pudo ser derrota.

    Columna publicada en El Estímulo, el 23/03/2017

  • Ahora sí se piensa en Catar 2022

    Ahora sí se piensa en Catar 2022

    La selección nacional vuelve al ruedo de las Eliminatorias Sudamericanas para enfrentarse a Perú y Chile. En esta ocasión, el combinado nacional no contará con tres futbolistas que venían siendo protagonistas del ciclo de Rafael Dudamel: Oswaldo Vizcarrondo, Roberto Rosales y Daniel Hernández. Aun cuando la medida es la misma, cada caso es distinto y merece una mirada individual.

    Dudamel asumió la conducción de la Vinotinto el 1 de abril de 2016, tras la renuncia de Noel Sanvicente. El ex arquero, lejos de iniciar una inmediata renovación del plantel criollo, prefirió mantener la misma base que sus antecesores en el cargo, quizá con la intención de familiarizarse con el grupo y conocer de primera mano las razones por las que el equipo no lograba reeditar viejos rendimientos. Los resultados en la Copa América parecían darle empuje a esa continuidad, aunque el análisis de cada presentación venezolana dejaba la duda sobre si la supuesta mejoría era producto de un renacer o de la larga convivencia antes del torneo continental, un contexto irrepetible en las eliminatorias.

    Las siguientes presentaciones confirmaron lo que se temía: la muy buena participación en suelo norteamericano fue un episodio puntual. Por las clasificatorias, el apabullante triunfo ante Bolivia o el empate frente a Argentina no disimularon las duras derrotas ante Colombia, Uruguay y Brasil, por lo que, ahora sí, Dudamel parece convencido en darle oportunidades a futbolistas que probablemente serán protagonistas en la próxima eliminatoria.

    Aunque en el fútbol pocas cosas son absolutas, la aparición de nuevos valores supone el adiós a viejas glorias, y en este caso los primeros en ceder su espacio han sido Vizcarrondo, Rosales y Hernández. Hago énfasis en que nada es terminante porque cualquiera de ellos puede reaparecer en futuros llamados, pero hoy parecen ser la cara visible del cambio que tanto se postergó.

    La ausencia de Oswaldo Vizcarrondo es quizá la más llamativa, no tanto por su actualidad sino por un inexplicable rechazo de parte del público. A punto de cumplir 33 años, y a pesar de haber sido protagonista indiscutible de los más importantes lances de la selección en los últimos tiempos, da la impresión de que sus mejores días han quedado atrás, lo que futbolísticamente sostendría la decisión del cuerpo técnico. Sin embargo, al caraqueño se le condenan los errores como si de un traidor a la patria se tratara, cuando, hasta en los momentos más duros, ha sido quizá uno de los pocos en dar la cara y asumir culpas. El público no perdona sus equivocaciones, a diferencia de algún mercenario que sólo vino cuando se le cumplieron sus exigencias económicas. Una vez más queda demostrado que el fútbol nos retrata como sociedad: lejos de valorar el esfuerzo y la honestidad de algunos, nos regalamos ante el oportunista de turno. Somos un ecosistema futbolístico tan pobre que copiamos con felicidad los malos ejemplos que llegan desde el sur del continente y la madre patria. A pesar de las sugerencias de los optimistas, vivimos igual que en tiempos del Imperio Romano: queremos sangre y sangre tendremos.

    En cuanto a Roberto Rosales la situación es diametralmente opuesta. Su actualidad en el Málaga y sus 28 años hacen suponer que los rumores que se escuchan desde la Copa América Centenario son ciertos: Dudamel prefiere a Alexander González. Un entrenador está para tomar decisiones, y en el caso del seleccionador criollo, elegir a González por encima de Rosales no es más que una de ellas. Ahora bien, que ni siquiera se haya convocado al lateral derecho del Málaga despierta algunas incógnitas, pero Dudamel decidirá si vale la pena o no aclarar esta situación. En los últimos años, Rosales ha dejado de ser, por lo menos en la selección venezolana, aquel lateral incisivo y de desbordes oportunos para convertirse en un futbolista más cercano al equilibrio que algunos promueven. González, por su parte, obedeciendo a su formación de volante ofensivo, ofrece esa voluntad creativa a costa de algunas lagunas defensivas, riesgo que Dudamel está dispuesto a correr. La salida de Rosales debe servir para motivar también a Víctor García, quien a sus 22 años debe probar si quiere competir por el puesto.

    Por último, está la no convocatoria de Dani Hernández. Pareciera que Dudamel quedó sumamente convencido con la actuación de Wuilker Faríñez en el Sudamericano Sub-20, por lo que la ausencia del arquero del Tenerife promovería una sana competencia entre los dos mejores valores que tiene el arco venezolano en estos momentos: Faríñez y José Contreras. Esta puede ser la decisión que defina con mayor claridad la hoja de ruta para el resto de las eliminatorias mundialistas. No es descabellado pensar que el seleccionador nacional, de ahora en adelante, aprovechará el resto de los compromisos para ir construyendo un equipo que llegue el proceso eliminatorio de Catar 2022 con el mayor recorrido posible. Dejo esto como una posibilidad porque, como afirmaba anteriormente, en el fútbol, al igual que en el mundo de la política, siempre se puede volver atrás.

    El resto de la lista es cónsona con este mensaje. Apellidos como Ponce, Machís, Murillo, Soteldo, Romero, Zambrano, Herrera y el propio Graterol están ante una fantástica oportunidad de ganarse su continuidad en la élite del fútbol criollo. Dependerá de cada uno de ellos hacerse imprescindible o dejarse ganar terreno por otros que, como Jefferson Savarino, tocan la puerta con la fuerza de quien desea derribarla. En medio de este panorama queda claro que por fin comenzó el camino hacia Catar.

    Las convocatorias son eso, intenciones y mensajes. Para hablar de fútbol y posibles modificaciones al estilo que trata imponer Rafael Dudamel y su staff hay que esperar.

    Columna publicada el 16/03/2017 en El Estímulo.

    Fotografía cortesía de Telemundo Deportes.

  • Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    El fútbol se ha convertido en la principal vitrina de nuestras miserias. Gracias a él no se sostienen las mentiras ni las poses; sesudos analistas que se desviven por mostrarse en la piel de la racionalidad quedan desnudos. El fútbol no perdona.

    La increíble e inexplicable derrota del PSG ante el Barcelona es quizá una de las muestras más claras de lo que expreso. El sincericidio cometido por estos mentirosos y oportunistas de turno podría servirle al público para identificar a estos malos actores. Pero las preferencias del «respetable» hace tiempo que dejaron se ser ejemplares.

    Tras el episodio vivido en el Camp Nou, lo más sencillo era señalar a Unai Emery como el único responsable de semejante catástrofe, al fin y al cabo, nos han educado a que rápidamente debe identificarse un culpable. De nada sirve recordar que ese equipo, el francés, ya supo perder partidos de vuelta, tras obtener importantes ventajas, ante el mismo Barcelona o el Chelsea, episodio este último en el que alguno de sus jugadores celebró anticipadamente la clasificación a la otra ronda, al igual que en esta ocasión frente a los catalanes.

    Antes de continuar debo aclarar que mi intención no es establecer una defensa al conductor del equipo parisino, sino demostrar que en este mundillo del fútbol todo vale y todo sirve siempre que se acomode a las necesidades de los expertos.

    Éstos analistas no solamente colocaban al español como uno los grandes entrenadores del mundo tras los resultados conseguidos al mando del Sevilla, sino que además aseguraban que sus métodos superaban largamente a los entrenadores que había tenido el equipo parisino anteriormente. En ninguno de esos postulados, los expertos invocaban sus estudios sobre los métodos del entrenador ni mucho menos profundas conversaciones con el protagonista; amparados por los resultados, los llamados analistas hacían bueno o malo el proceder de cualquier entrenador. Ignoraban además que los verdaderos protagonistas de esta actividad son los jugadores, y, como bien avisó Juan Manuel Lillo, para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Nadie tiene una varita mágica que pueda transformar en héroes a simples mortales.

    Voy a contar una anécdota, lejana el caso que nos refiere, pero que vivida en primera persona ayuda a comprender el origen de todas las mentiras y todos los juicios.

    Antes de un partido trascendental, un entrenador se acercó a dos de sus jugadores más inteligentes, aquellos que tenían un mejor manejo de la pelota y de las emociones, con la intención de recordarles cómo los iba a presionar el rival para quitarles la pelota. Esta instrucción era simplemente un recordatorio, ya que esa escena había sido practicada antes del duelo. A los 30 segundos del partido se produjo lo anticipado y uno de los futbolistas no reaccionó adecuadamente, lo que derivó en un gol del rival. Treinta segundos fueron suficientes para que un entrenador fuera crucificado por los llamados expertos, los mismos que hoy liberan de responsabilidad a otros entrenadores que son más de su gusto. En esa mala costumbre de buscar un responsable lo más sencillo era señalar al entrenador, porque además, esta conducta no implica una investigación, sino que es aceptada por la sociedad futbolera como única y válida respuesta a cualquier crisis.

    El futbolista que hago mención tampoco fue el único responsable de esa derrota. El fútbol es una actividad compleja, en la que no solamente intervienen un sinfín de elementos y factores, sino que, además, es dinámica, está en permanente movimiento; las sinergias producto de esa dinámica terminan siendo más influyentes aún que cualquier esquema, instrucción, o módulo táctico.

    Futbolistas y sistemas

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    Como explicaron Michel Crozier y Ernhard Friedberg (El actor y el sistema, 1990), “sobrevaloramos demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones”.

    Convenientemente se olvida que un equipo de fútbol está compuesto por seres humanos, y que por más que cualquier dictadorzuelo de cuarta lo crea posible, los humanos sienten y reaccionan, jamás podrán comportarse como frías máquinas. Lo planificado siempre se enfrentará a lo que vaya surgiendo dentro de ese duelo conocido como partido de fútbol. Pasa lo mismo con nuestra existencia, pero el miedo a la incertidumbre impide que nos demos cuenta.

    Según Natàlia Balagué y Carlotta Torrents (Complejidad y Deporte, 2011), la complejidad se sostiene, entre otros principios generales, en el Principio de la Interdependencia:

    El funcionamiento de cada elemento depende del de los demás y cualquier modificación afecta a todo el conjunto. Los elementos no están aislados, siempre se relacionan con el nivel que les precede, con el que les sigue y con su entorno global… Por ejemplo, de la misma manera que una táctica deportiva surge por la interacción del juego desarrollado por los miembros de un equipo, dicha táctica se impone a su vez sobre los jugadores constriñendo su comportamiento individual”.

    Son muchos, quizá demasiados, los llamados especialistas que hacen mención a la complejidad para explicar fenómenos futbolísticos, pero una vez confrontados con la inmediatez que exigen y promueven las redes sociales, reaccionan como cualquier tertuliano de bar, que, dicho sea de paso, se comportan como aquellos que se autodenominan especialistas. Hablan de táctica y de estrategia, como si el jugador no fuese en sí mismo un productor de respuestas a las emergencias del juego.

    Insisto, no intento desligar a Emery de su responsabilidad. Vale revisar este video que subí a Twitter para entender que el entrenador español equivocó la estrategia:

    Fútbol de seres humanos

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    Siempre hay jugador y persona, y la persona va por delante. El fútbol es más sentimiento, complicidad, que pizarra o estrategia”. Pep Guardiola

    El gol de Sergi Roberto acabó con las aspiraciones del PSG. Neymar Jr., figura indiscutible del triunfo catalán, aseguró que antes de cobrar las faltas sugirió a su compañero a que fuera al área porque iba a convertir un tanto. Esta instrucción no convierte al brasileño en un visionario; sirve exclusivamente para que de una vez por todas se acepte que dentro del campo pasan cosas que quienes, desde afuera, entrenadores incluidos, no entenderemos. Sergi confió en el 11 y desafió las instrucciones de su entrenador, quien le pedía que se quedara en una posición más retrasada, preparando la pérdida del balón.

    Es por ello que debemos rendirnos ante una evidencia que contradice a las verdades absolutas que se promueven desde la TV, la radio y los espacios escritos: el jugador es el único intérprete del juego, porque el juego es dinámico y sólo quien lo protagoniza puede definirlo y actuar según las emergencias que nazcan durante los compases del juego mismo.

    Rosa Coba y Francisco Cervera, en su magnífico libro titulado “Fútbol: el jugador es lo importante”, plantean lo siguiente:

    Vigilamos movimientos, no personas que se mueven; formulamos repliegues, acosos, pérdidas de balón sin observar la voluntad de hacerlos. Y como nada es más práctico que una consistente teoría, ésta tiene visos de aunar bastante fuerza”.

    ¿Cuántas teorías, títulos, afirmaciones y supuestas certezas que aparecen en los medios se apoyan exclusivamente en la necesidad de algunos pocos de hacerse visibles a partir de hacer buena cualquier hipótesis, por más inverosímil que esta sea?

    Estando en Múnich pude comprobar que la relación de Pep Guardiola con sus futbolistas no era tirante ni se parecía a lo que los medios alemanes describían. Pero de nada valía todo lo que observé en los entrenamientos del equipo bávaro: a mi retorno a mí realidad, todo auello fue puesto en duda porque contrariaba lo que los expertos balbuceaban. Las mentiras tapan hechos reales: de haber sido real aquel cúmulo de afirmaciones que describían a una plantilla totalmente desligada de su entrenador, hubiese sido imposible que estos mismos futbolistas compitieran como lo hicieron.

    El fútbol da para todo

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    Unai Emery equivocó el análisis previo del partido, así como su planteamiento inicial. Aunque la ventaja de cuatro goles parecía casi irreversible, en frente estaba una de las delanteras más potentes del momento, el mismo equipo que ha dominado la última década del fútbol europeo. Por ello sorprendió a propios y extraños que la estrategia inicial partiera de semejante desprecio por la naturaleza propia del PSG, la misma que los llevó a dominar al mismo equipo catalán, apenas tres semanas atrás.

    Ahora bien, ¿acaso no se juegan varios partidos dentro de los partidos?

    Dentro de los noventa minutos que dura un duelo de fútbol son muchas las modificaciones que se suceden. Algunas de ellas producto de la reflexión del cuerpo técnico y otras, la gran mayoría, hijas de las sinergias que se producen entre todos los protagonistas. El avance de Sergi Roberto a posiciones de gol, aconsejado por su compañero, confirma lo expuesto. No fue un acto de rechazo a las instrucciones del entrenador sino una respuesta a una emergencia inmediata del juego.

    César Luis Menotti incluso afirmó, en defensa de la capacidad resolutiva del futbolista, que cuando un entrenador aísla al jugador de la dinámica del juego para darle alguna instrucción, no hace sino hacer énfasis en algo que ya pasó mientras ese futbolista de aleja de lo que está pasando.

    Tras el gol de Luis Suárez, el PSG reaccionó e identificó que el juego del Barcelona no los había empujado a esa inexplicable defensa por acumulación: ellos mismos liberaron al club catalán hasta el punto de permitir que sus defensores centrales jugaran casi en tres cuartos de cancha. Pero, así como no parece haber existido una notable intervención de Emery para cambiar lo propuesto, tampoco pudo identificarse en los futbolistas del club francés un acto de rebeldía, algo que hiciera pensar que podían recordar la victoria en el Parque de los Príncipes, no ya como un resultado, sino como un mapa, una hoja de ruta que les señalara cómo jugar ante el Barça.

    Olvidamos que en un equipo no existe la autonomía de sus integrantes. Todos y cada uno de los organismos que lo componen conviven en una relación de dependencia que promueve sinergias y respuestas casi inimaginables. Acusar a Emery de miedoso, señalar a Thiago Silva como un “contaminador” o a Di María de provocador es, cuando menos, limitar el análisis para favorecer una certidumbre que no es tal, pero que seguramente nos hace sentir bien. El reduccionismo hace bien para el ego pero disminuye nuestras capacidades cognitivas.

    Permítame que insista: el fútbol es incertidumbre, pura y dura. Con ello quiero decir que cada episodio, cada partido, debe revisarse como una muestra total y global, no por espacios ni recortes. Pero, además, hay que hacerlo con el convencimiento de que aun cuando creamos acercarnos a la conclusión, son demasiados los factores que no vemos, no comprendemos o ni tan siquiera sabemos que existen. El fútbol es de los seres humanos, y como tal, aceptémoslo, es, al fin y al cabo, dinámica de lo impensado

    “¿Quién puede indicar previamente, con exactitud, el producto de una cantidad innumerable de interacciones, si estas están en continuo dinamismo?”. Óscar Cano Moreno

    Fotografías encontradas en distintas webs, cortesía de la Agencia EFE

  • Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Con la confirmación del adiós de su entrenador, el FC Barcelona suma un nuevo problema a su accidentada actualidad, y es que más allá de pelear por la Liga, disputar la final de la Copa del Rey y soñar con una remontada ante el PSG, la institución catalana vive un caos en el que solamente Joan Gaspart se sentiría identificado.

    El anuncio del míster blaugrana sorprendió a pocos –otra cosa es que se hagan pasar por sorprendidos, pero eso, como diría Carlos Salvador Bilardo, no es más que poner cara de circunstancia y hacerse el sueco. Quienes seguíamos las ruedas de prensa del entrenador podíamos coincidir en que a «Lucho» se le notaba cansado, extenuado, fundido. La prensa, con su ego multiplicado a niveles indescriptibles, ha vendido el pescado podrido que ellos agotaron al entrenador. Se equivocan. A Luis Enrique Martínez lo venció el tiempo y su propia intensidad. Vivir el oficio con tanta dedicación acaba con cualquiera, sin importar que se haya ganado tanto. Pregúntenle a Pep…

    Pero más que ahondar en las razones del entrenador, pongamos la mira en el futuro inmediato de la institución que preside(?) Josep María Bartomeu.

    Lionel Messi termina su contrato en julio de 2018, y por los momentos no hay confirmación oficial de que se avance en esa renovación. Andoni Zubizarreta hizo famoso aquello de que las negociaciones no se retransmiten, pero siendo Messi el activo más importante del primer equipo, el silencio de la directiva es cuando menos sospechoso. No sería de extrañar que tras el adiós del entrenador apresuren los tiempos y se firme, en cosa de un mes, la extensión del vínculo contractual con el 10.

    Debo aclarar lo siguiente: la continuidad del argentino no está sujeta exclusivamente a valores económicos. Cuando Pep Guardiola, tras la obtención de la cuarta Liga de Campeones en la historia del club, aconsejó a la directiva que rodeara a Messi con los actores capaces de garantizar la estabilidad y mejoría del equipo, no lo hizo en vano. Al segundo capitán blaugrana se le conoce como un animal competitivo, y más que dinero, le atrae la posibilidad de seguir peleando por todos los títulos. Quiere y merece un sueldo acorde a su estatus, pero también desea que no se repitan episodios como que la plantilla no posea un lateral derecho ni un recambio para Sergio Busquets.

    Hay que considerar otro ítem de suma importancia: la edad de la columna vertebral. Andrés Iniesta está por cumplir 33 años; Gerard Piqué acaba de llegar a los 30, meta a la que arribará Messi en un par de meses. Este mismo año, Busquets cumplirá 29 y Jordi Alba 28. No es una plantilla joven, y el rejuvenecimiento iniciado en el verano de 2016 con la llegada de Samuel Umtiti, Lucas Digne, Denis Suárez y André Gomes no ha cuajado como se planificó. De ellos, el central y Suárez son los que más rendimiento han ofrecido.

    El adiós de Luis Enrique obliga a que, además de la necesaria negociación por renovar a su mejor futbolista, el club catalán deba encontrar un entrenador que promueva una nueva vuelta de tuerca al estilo, ese que se vio condicionado con la conformación del tridente Messi-Suárez-Neymar, y que, gracias a las gestiones de esta directiva, no se ha sostenido en las categorías inferiores.

    Son muchos los candidatos y pocos los conocedores que pueden guiar a Bartomeu en la elección de la mejor opción. Probablemente, el entrenador que más cumple con los requisitos para ocupar ese banquillo sea Jorge Sampaoli. Su devoción por el juego posicional, así como la calidad de su staff técnico, comandado por Juan Manuel Lillo, invitan a creer en un acercamiento con el argentino, pero, contrario a la lógica, da la impresión de que esos contactos serían únicamente un saludo a la bandera: ese cuerpo técnico huele a “Guardiolismo” y eso, a Bartomeu, a su directiva y a quienes lo sostienen les produce indignación. La llegada de Sampaoli sería obra de una grandeza pocas veces vista en los más de cien años de la institución.

    Es por ello que el mejor ubicado es Ernesto Valverde, actual entrenador del Athletic Club de Bilbao. Su carácter y su aparente conocimiento de la institución juegan a su favor. Valverde también es un enorme entrenador, el mismo que impidió al Barça de Luis Enrique ganar los seis torneos en un año calendario (2015) luego de batir a los catalanes en la Supercopa de España.

    Ahora bien, sea Sampaoli, Valverde o cualquiera de los casi cien candidatos que promocionarán los medios, el que asuma el puesto de entrenador de la primera plantilla estará obligado a producir nuevas respuestas tácticas, con tal de impulsar así la competitividad de un grupo que ha ganado todo y que, aparentemente, no se cansa de seguir intentándolo. Y llegados a este punto es cuando la directiva catalana debe pensar muy bien qué Barcelona quieren para el futuro inmediato.

    Los blaugranas, tras la llegada de Joan Laporta a la presidencia en 2003, experimentaron un retorno a las fuentes. El juego posicional que instauró Johan Cruyff encontró su éxtasis de la mano de Frank Rijkaard y Guardiola. Pero del mismo poco queda, y abajo, en las categorías formativas, por ahora no hay mucho que resaltar más que el empeño del grupo de Sandro Rosell por destruir todo lo que oliera a Cruyff y a Pep. Sin la colaboración de La Masía, el Barcelona se convierte en un equipo común, uno con los recursos económicos suficientes para comprar y comprar futbolistas, sin mayor plan que no tener plan.

    Pero si por alguna de esas razones que la razón no entiende Bartomeu y sus colaboradores decidieran retornar a la identidad futbolística del club, la contratación del entrenador sumaría un nuevo requisito: debe ser alguien que conozca el juego posicional y, al mismo tiempo, promueva a los jóvenes valores de la institución. Ese panorama no parece ser más que un anhelo de los guardianes de la esencia blaugrana, aquellos señalados como “viudas de Cruyff” por el poder de siempre.

    La búsqueda de un preparador es una labor harto complicada, más aún en una institución como la catalana. Un veterano periodista, cuestionado sobre las diferencias entre el Real Madrid y el Barcelona, inmortalizó aquello de que el Madrid es un equipo de jugadores y el Barça de entrenadores. En el caso blaugrana, cualquier espectador podría pensar que lo primero que se tendría en cuenta en el casting para encontrar el nuevo inquilino del banquillo es su metodología de trabajo, pero mire usted si la realidad supera a la ficción: el equipo filial dejó de lado esa máxima, hace un tiempo atrás, para servir de escaparate a los negocios de ciertos entendidos que siempre han sabido vivir de la institución.

    Desde ayer, el Barcelona se está jugando el partido más importante de los últimos años: seguir siendo el equipo referencia en cuanto a juego, o ser el club de Bartomeu, Rosell, Núñez y los demás integrantes del reducido pero poderoso grupo que sienten al Barça como algo más que un club, su club.

    Lo inmediato es renovar a Messi, pero, al mismo tiempo, la masa social que todavía siente como propio el club catalán debe impulsar a que su directiva, comandada Por Josep María Bartomeu defina qué tipo de club será el Barcelona de los próximos años. El primer paso será la elección del sucesor de Luis Enrique. El resto de las pistas parecen claras, pero siempre hay que dejar espacio para un golpe inesperado de timón.

    Columna publicada el El Estímulo, el 02/03/2017

    Fotografía cortesía de optasports.com

  • El optimismo comienza con José Hernández

    El optimismo comienza con José Hernández

    A punto de comenzar el Campeonato Sudamericano Sub-17, es poco lo que se sabe de la selección que representará al balompié venezolano en esa competencia que se jugará en Chile, entre el 23 de febrero y el 19 de marzo. Sin embargo, que sea José Hernández el entrenador de ese grupo, constituye, gracias a sus conocimientos, un raro punto de unión entre las diferentes corrientes de pensamiento del fútbol venezolano.

    Permítame que le cuente una confidencia: estuve presente cuando se designó a Rafael Dudamel y a Hernández para comandar los ciclos sub-20 y sub-17. Noel Sanvicente, seleccionador nacional para aquel entonces, estaba seguro de que ambas eran las mejores opciones tras las salidas de Miguel Echenausi y Ceferino Bencomo. En el caso del actual seleccionador sub-17, Sanvicente insistió hasta el cansancio para lograr su nominación, y para ello no hizo sino reiterarle, a los dirigentes de la Federación Venezolana de Fútbol, que José era el entrenador más capacitado para acompañar a estos muchachos en esta etapa de su formación.

    Recordemos un consejo de Juan Manuel Lillo: para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Por ello, replicar modelos ajenos a la naturaleza de los jugadores es una conducta contra natura, por no decir imposible. En los equipos se puede contar con futbolistas que interpreten el juego de una manera similar, pero nunca igual. Pongamos como ejemplo a España, selección que en los últimos tiempos ha dado lecciones de esto que aquí menciono: la ausencia de David Villa fue la puerta de entrada para Nolito, un jugador con aparentes similitudes al “Guaje” pero también con diferencias notables, gracias a su singularidad. No debe etiquetarse quién es mejor, sino cuál suma más a la dinámica grupal.

    Esto lo sabe el profesor Hernández, y vaya si da gusto escucharlo reflexionar sobre este y muchos ejemplos. Durante todos los años en los que ha ejercido la profesión de entrenador no ha dejado de lado su curiosidad. Él mismo expresa y comprende cuestiones tan básicas como que nadie enseña, es decir, más que transmitir, lo que hace un preparador es despertar cualidades propias de quien escucha. A propósito de esto que menciono, el entrenador español Óscar Cano Moreno, pensador de referencia para muchos, entre los que también está el profesor Hernández, en una charla reciente para la revista The Tactical Room, le decía a Martí Perarnau que «ser formador tiene más que ver con no desperdiciar el talento que con proporcionarlo«.

    Hay una anécdota que retrata perfectamente esto que explica el ex seleccionador sub-19 de Qatar, y la expone el argentino Fernando Signorini, antiguo preparador físico del equipo nacional argentino, en su libro «Fútbol, llamado a la rebelión«, página 216, y que me permito reproducir en su totalidad:

    «Una de las anécdotas más significativas de mi paso por el equipo nacional tuvo como escenario el estadio Velodrome de Marsella, en vísperas del amistoso frente a Francia. Diego (Maradona) había dado por finalizada la sesión y la mayoría de los jugadores caminaron hacia el vestuario, mientras los delanteros fueron llamados a practicar definición. Yo estaba observando desde el círculo central. Era el turno de Leo Messi, quien colocó la pelota a dos metros fuera del área, casi en línea recta, y le pegó de Sur buscando el ángulo derecho del arco defendido por Juan Pablo Carrizo. Sin embargo, el tío se fue muy alto y desviado. Leo giró sobre sus talones y haciendo un gesto de indudable fastidio comenzó a alejarse. Entonces, cruzándome en su camino, le dije: ‘¡No me vas a decir que te vas a ir después de semejante porquería, ¿no?!’. Sonrió con picardía y cuando se aprestaba regresar se escuchó la voz de Diego diciéndole: ‘Vení Leíto, vení. Te estás apurando mucho papi, no le saques el pie tan rápido a la pelota, acompaña la más porque si no ella no sabe lo que vos querés que haga’. La puso entonces en el mismo lugar y agregó: ‘Tenés que hacer así, ¡mira!’. Tomo una carrera muy corta y al llegar le pegó como en los viejos tiempos. La pelota se clavó con violencia. El poste y el travesaño de un sorprendido Carrizo, que nada pudo hacer por habitar el redondo misil«.

    Tanto Signorini como Maradona no hicieron más que identificar una virtud propia de Lionel Messi; no le «contagiaron» cualidades ajenas a su ser, simplemente lo ayudaron a reconocer de qué era capaz. El episodio debería servir como ejemplo de que el crecimiento del futbolista no se detiene jamás, y que el paso por el profesionalismo no significa que el futbolista ya está hecho. Como seres humanos estamos en un estado continuo de cambio. Pero volvamos al seleccionador nacional sub-17.

    Hernández es un gran observador, cualidad que lo acompañará siempre en el complejo proceso que es la construcción de un equipo. Investido como seleccionador, un conductor se convierte justamente en eso, en alguien que debe elegir, y esto sólo puede lograrse a través de la atenta y paciente mirada a los futbolistas que componen el equipo. Cometerá errores, pero Hernández está más que capacitado para identificar valores que los demás desconocemos o no divisamos.

    Una de las frases más utilizadas en la actualidad es aquella que reza que el fútbol es de los futbolistas. En mi caso, esta afirmación no constituye un desprecio por la labor del entrenador de fútbol. Los futbolistas son los protagonistas porque ellos entran al campo, ellos se relacionan, ellos disputan, y de ellos nace cualquier interacción que veremos en un terreno de juego, pero los entrenadores pueden, gracias a su apertura y su observación, como en el caso de Maradona y Signorini, plantear escenarios, despertar sensaciones y promover contextos que quizá los futbolistas, por sí solos, no podrían.

    Pep Guardiola, en una publicidad de un banco español, explicaba su labor al mando del primer equipo del FC Barcelona: «La idea es que al jugador de más talento le dé los consejos para que su talento no salga diez veces en un partido sino que salga cuarenta. Este es mi trabajo«. Los entrenadores cuentan con la posibilidad de colaborar en la evolución de sus dirigidos, partiendo siempre de las virtudes de ese deportista, no de los caprichos o deseos del preparador.

    A pesar de las cualidades que describen al seleccionador Sub-17, es imposible pronosticar como le irá a su selección en el torneo sudamericano, porque insisto, son los futbolistas los que protagonizan este juego. Lo que uno aspira, al igual que con la selección sub-20, es que el paso de estos chicos por los equipos nacionales ayude en el desarrollo de sus propias herramientas, y sean, en caso de continuar en el fútbol profesional, valores útiles para la selección mayor. Ni Hernández, ni Dudamel, ni ningún otro entrenador pueden transferir virtudes, pero sí colaborar y guiar en la concientización de que éstas existen y pueden ser explotadas en favor de un objetivo superior: la construcción de un equipo.

    Cano Moreno expresaba en la misma charla con Perarnau que «cuando se habla de formación y artesanía, rápidamente hemos de imaginar qué es lo que hace un artesano. Bien, pues el artesano lo que está viendo una piedra a esculpir un trozo de barro modelar son las posibilidades que tiene esa piedra o ese barro. Por lo tanto, la idea no parte nunca del artesano, sino que parte del objeto que quiere moldear o modular«. En casi dos años de trabajo, José Hernández y su equipo técnico seleccionaron futbolistas que teóricamente pueden mejorar bajo ese manto que es la idea de equipo. El tiempo dirá si esto que menciono logró ser, o si sencillamente fue otra buena intención que no superó su etapa embrionaria.

    Permítame terminar estas líneas con un reconocimiento a uno de los aciertos de la breve conducción de Noel Sanvicente en la selección Vinotinto. Lejos de proponer amigos para esos cargos, el hoy entrenador del Caracas FC llevó a directores técnicos capacitados para las tareas propuestas. El tiempo, que pone todo en su sitio, le dio la razón al guayanés, aunque esto fastidie a los expertos en acomodar la realidad y la historia a su conveniencia. Ninguno se llama Winston, se apellida Smith o trabaja en el Ministerio de La Verdad, pero vaya si son efectivos en su intento por reescribir el pasado según sus intereses.

    Columna publicada en El Estímulo, el 23/02/2017 

    http://elestimulo.com/blog/el-optimismo-comienza-con-jose-hernandez/

    Fotografía cortesía César Dennis/ Prensa Atlético Venezuela

  • Robert Hernández: un extremo como los de toda la vida

    Robert Hernández: un extremo como los de toda la vida

    El regreso de Noel Sanvicente al equipo capitalino es sin duda la noticia que define el inicio del Torneo Apertura para “Los rojos del Ávila”. Pero para que su vuelta sea exitosa, muchos futbolistas deben mostrar su mejor cara, entre ellos el extremo oriental.

    El fútbol es un juego en el que se enfrentan veintidós futbolistas, en las inmediaciones de un campo que debe medir entre 100 y 110 metros de largo por 45 y 90 de ancho, aunque estas medidas varían en partidos internacionales. Las disposiciones han sido las mismas desde 1863, siendo estas las que menos revisiones han tenido por parte de la International Football Association Board, organismo que define y revisa las reglas de este juego. Para que se entienda: el espacio en el que se juega ha sido el mismo desde que el fútbol es fútbol.

    Si se tiene en cuenta que los avances científicos han ayudado a que los futbolistas recorran esas distancias en menor tiempo, cualquiera que decida pensar un poco en el desarrollo de este deporte podría preguntarse por qué se ha prescindido de los extremos, siendo estos especialistas en ensanchar y agrandar el terreno.

    Estas líneas no pretenden convertirse en una revisión histórica sobre la desaparición de este tipo de jugador, sino hacer énfasis en un futbolista que, si logra reencontrarse con la regularidad, puede convertirse en protagonista de la campaña del Caracas y, quien sabe, hasta ganarse un llamado a cualquier módulo de la selección nacional.

    El puntero criollo brilló por cuatro temporadas con el Deportivo Anzoátegui, siendo protagonista del histórico segundo semestre de 2012, en el que, bajo el mando de Daniel Farías, los aurirrojos ganaron el Torneo Apertura y la Copa Venezuela. Aquel final de temporada coincidió con su llamado a la selección Sub-20 para participar del Sudamericano que se jugaría en Argentina, en 2013, y en el que Hernández no brilló. Su carrera perdió fuelle en medio de un confuso paso por el fútbol norteamericano (jugó en la United Soccer League), y desde 2016 intenta reencontrarse consigo mismo en el club de la capital.

    Johan Cruyff explicaba en una entrevista con la revista Voetbal International, en 2004, que los extremos son clave en el fútbol:

    En la formación inicial, es mejor utilizar extremos. Si eliges jugar con dos delanteros, entonces yo pondría a dos extremos, pero haría que los delanteros retrasaran sus líneas, para reforzar así el centro del campo. Si haces eso, los centrales contrarios tienen que adelantar sus líneas para marcar a los delanteros… Este sistema de dos extremos te dará muchas más opciones que jugando con dos delanteros. Tus defensas centrales pueden ahora apoyarse el uno al otro, y tus laterales sólo deben meterse un poco en el medio para respaldarles apropiadamente. Así que la verdadera pregunta es, ¿existe la posibilidad de jugar a un fútbol de gran nivel sin extremos«.

    Se entiende que el ex entrenador del FC Barcelona pensaba que los punteros eran los encargados de promover el caos en la defensa rival, y al mismo tiempo, generar espacios para sus atacantes. De esto se beneficiarían tanto el delantero como los posibles «llegadores».

    Otro de los valedores de estos futbolistas es Pep Guardiola. El catalán explica que su gusto por este tipo de jugador nace en las ideas del propio Johan:

    Cruyff impuso una nueva filosofía dentro del Barcelona, un nuevo concepto, en vías de extinción, desde que se murió Garrincha. Johan quería que jugáramos así, por los extremos y con los extremos y aplicó esa teoría por encima de todas las circunstancias”.

    Cómo se puede observar en el siguiente video, Robert Hernández es el prototipo de futbolista al que hacen referencia Cruyff y Guardiola:

    Robert Hernández from Ignacio Benedetti on Vimeo.

    No sería una locura inferir, tras observar los movimientos de Hernández, que el oriental no se dedica exclusivamente a ensanchar y alargar el campo; su capacidad en el uno contra uno le permite situarse en ambas bandas y decidir según las circunstancias y lo que beneficie a su equipo. El fútbol del extremo oriental ayuda a abrir defensas y evitar que estas actúen exclusivamente por acumulación de jugadores cerca de su área. Robert hace posible la explotación total del terreno de juego

    Juan Manuel Lillo, entrenador español, explicó alguna vez que “el reglamento dice que los campos son más anchos que largos, porque hay una regla (el fuera de juego) que dice que el espacio en profundidad se puede regular hasta la mitad del campo”.  Esa reflexión, por sí sola, supondría el mayor espaldarazo para que en las categorías juveniles se promueva el desarrollo de este tipo de futbolistas, pero si hay algo en lo que podemos coincidir es que, lamentablemente, la gran mayoría de los entrenadores, antes que reflexionar, prefieren apegarse a las modas, y por ello, son pocos los equipos que innovan o se muestran abiertos al cambio. Se imponen los planteamientos reactivos antes que los proactivos.

    Es por esto que considero que Sanvicente tiene en sus manos a un jugador que mucho puede contribuir a la resurrección de la institución capitalina. Nadie en el fútbol criollo actual conoce las bondades de jugar con la raya de cal como aliada. Con apenas veintitrés años, Robert Hernández todavía está a tiempo de explotar todo su potencial y cumplir los sueños de cualquier futbolista. De hacerlo lograría algo más que su consagración personal: ayudaría a la reivindicación de aquellos locos olvidados que, influenciados por Garrincha, hicieron de caminar al borde del precipicio todo un arte.

    Columna publicada en El Estímulo el 20/02/2017 http://elestimulo.com/blog/robert-hernandez-un-extremo-como-los-de-toda-la-vida/

    Fotografía cortesía Prensa Caracas FC

  • El arte de defender

    El arte de defender

    A raíz de la actuación de la Selección Vinotinto Sub-20 en el pasado campeonato sudamericano, que se saldó con la segunda clasificación a un mundial de la categoría, ha quedado en el aire la necesidad de discutir y profundizar sobre lo que significa defender y atacar en el fútbol. De no hacerlo, el entendimiento de esta maravillosa disciplina será cada vez menor.

    Comencemos por reiterar una noción que debe ser comprendida: atacar y defender no son conductas disociadas; es imposible entender una sin la otra. Por ello, cuando un protagonista declara que el primer defensor de un equipo es su delantero más adelantado o que el primer atacante es el arquero, no está vendiendo humo ni mintiendo: el fútbol, al igual que la gran mayoría de los deportes de conjunto, no puede comprenderse a través de esa especie de amputación de momentos que sólo benefician a la banalidad. Este deporte es un todo, y como tal debe observarse.

    Pero para no hacer de esta reflexión un testamento sin fin, concentraré mis esfuerzos exclusivamente en lo que significa defender en un equipo de fútbol, esto es repeler o intentar neutralizar los avances y ataques del rival. Pueden ejercerse estas conductas con la titularidad del balón o sin ella, porque, al fin y al cabo, no hay mejor manera de evitar el avance enemigo que quitándole la herramienta de trabajo.

    Claro que también hay que considerar un tema espacial, pero me mantendré en lo básico, ya que para las profundidades del tema podemos utilizar otros foros.

    Defender correctamente trae como consecuencia que el contrario no produzca situaciones reales de gol. Si nos trasladamos a un deporte como el baloncesto, la correcta implementación de las estrategias defensivas evitará que el equipo rival goce de oportunidades claras para encestar. El concepto parece ser indiscutible, pero en el fútbol, este se manipula a la conveniencia de todo aquel que necesite caer en gracia del poder o el protagonista de turno. Es por ello que muchas veces, a pesar de que el portero fue la figura de su equipo, se alaba, sin mayor apoyo que las tripas, al comportamiento defensivo de un conjunto, sólo porque el adversario no pudo anotar.

    Procedo a citar dos ejemplos que involucran a los mismos protagonistas aunque con dos años de diferencia. Me refiero a dos semifinales de la Liga de Campeones, protagonizadas por el FC Barcelona y el Chelsea.

    En la primera de ellas, en el partido de vuelta en 2009, el club catalán superó al equipo inglés gracias a un espectacular remate de Andrés Iniesta, y para muchos, quedó la sensación de un equipo blaugrana totalmente superior. Pero las estadísticas nos recuerdan que, en aquel partido, los dirigidos por Pep Guardiola apenas pudieron disparar una sola vez bajo los tres palos del arco que defendía Petr Chech

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    Aunque el resultado no haya sido favorable para el equipo de José Mourinho, este, aún sin la posesión del balón, ofreció una clase magistral de cómo defenderse ante el que en aquel momento era considerado el mejor equipo de Europa.

    La clasificación blaugrana a la final hizo palidecer al maravilloso dispositivo defensivo del conjunto británico, lo que en sí mismo debería destrozar cualquier referencia al resultado como explicación de este deporte.

    Dos años después, los mismos equipos volvieron a cruzarse en la misma instancia de la competición continental. En aquella ocasión, los británicos eran dirigidos por el italiano Roberto Di Matteo, y en aquellos enfrentamientos, los españoles generaron hasta once ocasiones claras por cuatro de su contrincante. El periodismo, adicto a las emociones fuertes sin mayor reflexión, estableció que la victoria azul se originó en un correcto comportamiento defensivo, lo que, si recurrimos a las estadísticas finales de aquella llave, es insostenible.

    Repasemos los números: Barcelona remató treinta y seis veces (Chelsea apenas lo hizo en once ocasiones), y aunque no consiguió la clasificación, superó sin grandes problemas a la retaguardia “blue”. A diferencia del Chelsea de Mou, aquella versión de Di Matteo dejó la impresión de haber descuidado importantes conductas defensivas, haciendo del amontonamiento de jugadores cerca de su área su mejor respuesta.

    Hay miles de episodios más que sustentan lo que aquí trato de explicar. El espíritu de cualquier dispositivo defensivo es justamente lo contrario a lo mostrado por aquel conjunto inglés que ganó la Liga de Campeones de Europa. Cuando un equipo genera hasta veintiséis ocasiones por partido, deja en evidencia la no fiabilidad de las conductas preventivas del rival; el éxito de ese dispositivo defensivo dependerá, casi exclusivamente, de la fe, la suerte y hasta del santo de turno. Juan Manuel Lillo, mano derecha de Jorge Sampaoli en el Sevilla, dijo en alguna ocasión, que » los que juegan con todos atrás y con Dios adelante, no necesitan jugadores, sino un milagro«.

    Esta pequeña exposición viene a colación de la glorificación del cerrojo que utilizó la selección venezolana en el pasado sudamericano sub-20. Como demuestran las estadísticas de CONMEBOL, este equipo recibió treinta y un disparos bajo los tres palos, que se tradujeron en siete tantos en contra. Debo recordar que las ocasiones contadas se refieren exclusivamente a aquellas que pudieron convertirse en anotaciones para los rivales. Si sumamos que la organización del torneo y los propios entrenadores de las otras elecciones coincidieron en que el futbolista diferencial de toda la competencia fue Wuilker Faríñez, no queda más remedio que concluir la propaganda se cae por sí sola.

    Esta reflexión no es una crítica a la forma de juego del equipo criollo -el cual debemos seguir analizando en otras ocasiones- sino un llamado de atención: en el fútbol no hay nada escondido. A propósito de ello, el entrenador español Oscar Cano Moreno, uno de los más respetados conocedores del juego hoy en día, escribió en su cuenta de Twitter una frase que constituye una importante advertencia : «Cómo me gustaría alguna vez que hablásemos bien de quien no gana, que dejemos de inventarles capacidades a quienes obtienen la victoria«.

    La propaganda seguirá existiendo porque muchas bocas que necesitan comer (o viajar, si usted lo prefiere), y no hay mejor manera de conseguirlo que adhiriéndose al poder. Pero usted, que ha llegado hasta hasta el final de estas líneas, sabe muy bien que el fútbol, al igual que la vida, no se bate entre blancos y negros, sino que son los matices los que nos ayudan a comprender esta actividad, y es en ellos en donde se encuentran las grandes lecciones.

    Columna publicada  el 13/02/2017 en http://elestimulo.com/blog/defenderfutbol/