Categoría: Entrevistas

  • FC Barcelona: La final de Berna en 1961 y el adiós de los ídolos

    FC Barcelona: La final de Berna en 1961 y el adiós de los ídolos

    Nueva conversación con el historiador, periodista y escritor Frederic Porta. En esta ocasión repasamos dos temas fundamentales en la vida del FC Barcelona: la final de Berna en 1961 y el adiós de los ídolos.

    Son dos aspectos fundamentales para comprender la actualidad del Barça. El primero porque permite identificar el gusto del poder por repetir viejas y malas costumbres; el segundo porque se ha creado una matriz de opinión según la cual, el club catalán termina mal con sus grandes figuras.

    Estas charlas forman parte de un intento por acercarle a muchos las verdades de la institución blaugrana y no aquello que le conviene al poder para seguir siendo poder.

  • Lio Messi se va del Barcelona

    Lio Messi se va del Barcelona

    Messi se va para hacer un favor al club

    Lio Messi se va del Barcelona. Para analizar la historia reciente del club converso con Frederic Porta, periodista, escritor e historiador catalán.

    Su testimonio ofrece un panorama muy completo sobre la realidad del Barcelona en Catalunya y en el mundo. Para comprender el adiós de Messi primero hay que conocer la historia reciente del club. Quiénes lo conducen, cómo y por qué llegaron al poder, y cuáles pueden ser sus intenciones.

    De todo esto y más conversé con Porta, que da nombres propios como Joan Laporta, Sandro Rossell, Josep María Bartomeu y, por supuesto, José Luis Nuñez.

    Frederic Porta es autor de varios libros, entre ellos hay dos fundamentales para conocer la historia del club: «Barça inédito» y «Barça insólito«, ambos escritos junto a Manuel Tomás. Su trabajo es fundamental para conocer los pasillos de una institución única y singular, similar a ninguna.

    El adiós de Messi se presenta como lo más oscuro de la historia del club, sin embargo, Porta mantiene un ápice de optimismo y en esta charla explica sus razones para no ser fatalista.

    Lio Messi se va del Barcelona. Su decisión sacudió a todos…

  • Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Su llegada a la selección significó un vuelco en la historia de la selección venezolana. De la mano de un juego irreverente, como a él le gusta señalar, aparecieron los resultados y la etiqueta de cenicienta del fútbol sudamericano quedó en el olvido. Se empeñó en que su selección jugara a lo que el futbolista venezolano siempre ha sido capaz, y por ello enamoró al público, que con cada partido sentía que se podía competir con cada rival que se enfrentase.

    Su salida fue a finales de 2007. Siete años y dos experiencias en el extranjero después (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), su nombre volvió a ser considerado para dirigir a la Vinotinto. En diciembre se daba como un hecho su vuelta, pero algunos roces con la Federación Venezolana de Fútbol han hecho que ya no sea candidato. De hecho, hay quien asegura que su futuro inmediato está nuevamente en Colombia.

    Es Richard Páez (Mérida, 1953), el hombre que cambió la historia de la Vinotinto y que hoy, con menos cabello y más canas, sigue con la misma voluntad de entrenar, enseñar y charlar.

    Pregunta.-  Ya en dos ocasiones de la charla usted ha mencionado la palabra cambio, haciendo referencia al camino recorrido y a las enseñanzas que han dejado las experiencias anteriores. Usted señala a la etapa en la que condujo a Estudiantes de Mérida a cuartos de final de la Copa Libertadores (NR: 1999, vencen a Cerro porteño en Mérida por 3-0 y luego caen derrotados en Paraguay por 4-0, quedando eliminados), pero el Richard Páez que empieza a ser conocido por el mundo del fútbol es aquel que conduce a la selección hasta lugares que eran impensados. ¿Comprende e identifica esas variantes que ha sumado desde aquella etapa hasta el día de hoy?

    Respuesta.- Claro que hay evolución, hay crecimiento. Creo que hay más sabiduría, un término que hay que saber entender, porque viene del verbo saber. No se trata de entender sino de saber, y cuando uno tiene esa cercanía al conocimiento entonces puede compartirlo con su entorno, con lo que nos rodea. Y esa es la idea. Nosotros estamos intentando atraer a nuestro cuerpo técnico gente que tenga esa necesidad de crecimiento, de no creerse dueños de la verdad, sino que todavía estamos en búsqueda de una verdad. Nosotros hemos crecido, antes éramos más egoístas en la forma de pensar el fútbol, o egocéntricos, teníamos una tarea casi de cuidar un tesoro, que la gente no lo conociera mucho para así poder sorprender al rival. Pero hoy, cuando nos catalogan como defensores de un estilo previsible, confieso que eso me llena, porque siento que estamos logrando nuestra meta, estamos consiguiendo una identidad. Le mostramos al mundo lo que queremos y ellos lo identifican en la cancha: ese juego, ese estilo de cuidar la posesión del balón, con juego asociado, con muchas rotaciones. Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos.

    P.- Hay quienes asumen que esa previsibilidad no es una virtud, sino que ayuda a contrarrestar justamente las virtudes de un equipo. Personalmente creo que más allá del trabajo de la semana, el futbolista es quien al fin y al cabo toma las decisiones y es imposible saber cómo va a reaccionar y cuándo lo hará. Creo que no hay mayor ejemplo de ello que Garrincha. Todos sabían qué iba a hacer el desaparecido jugador brasileño, pero muy pocos pudieron detenerlo. Más recientemente podemos encontrar al Barcelona de Guardiola. ¿Por qué hay quien cree que el apego a una filosofía de juego es previsibilidad, y por ende, algo negativo?

    R.- El problema es que el hábito se vuelve costumbre. Cuando tu vas a DisneyWorld o visitas un museo por primera vez, te llenas los ojos, te enamoras, te sorprendes. Pero cuando esa visita se hace una costumbre o convives en ese espacio diariamente, ya toda esa maravilla deja de ser una novedad y es parte de tu entorno, pierde la magia. La mayoría de los seres humanos piensa y actúa de esa manera, es decir, se adapta y se integra en una especie de statu quo, acomodándose a ese entorno, pero hay otros que sí observan otras cosas. Por eso es que hay quienes parecen adelantados a su tiempo. Hoy vemos al Bayern de Múnich que conecta parte de la intención del Barça de Guardiola, pero con otros movimientos y otras variantes que nos llevan a afirmar que este no es el mismo Guardiola ni es el mismo Bayern, ¡y apenas han pasado seis meses! Por ello es que estoy totalmente seguro de que la innovación siempre va a estar ahí, pero dependiendo de los futbolistas, porque siempre estaremos subordinados a las características de esos jugadores. Cada futbolista es un mundo distinto a los otros futbolistas, por eso es que reafirmo esa dependencia que tenemos con los futbolistas y de ellos nace esa imprevisibilidad que algunos aún no comprenden.

    P.- Aquella selección que usted dirigió contaba con dos volantes centrales de características distintas: Leopoldo Jiménez, más de marca y quite, y Luis Vera, casi como una especie de organizador. En cambio, su equipo actual –Mineros de Guayana– cuenta con dos volantes más cercanos al juego que a la destrucción, es decir, se acercan más al perfil de Vera que al de Jiménez. En esa elección ya se puede notar algo de esa evolución que venimos conversando además de aquello de que el sistema son los futbolistas. A pesar de ello, son muchos los entrenadores que hablan de esquemas o numeraciones antes de observar a sus dirigidos. ¿Está muy marcado en nuestro ADN aquello de que se juega a lo que el entrenador quiere y no a lo que los futbolistas pueden?

    R.- Los líderes, en la mayoría de los casos, han intentado siempre que el manejo grupal sea en un esquema piramidal, es decir, desde arriba hacia las masas, teniendo a su liderazgo como punto de inicio. Esos son los líderes regulares, ordinarios, que no trascienden. Solamente lo logran aquellos que van entendiendo que el liderazgo es puro feedback. Los líderes deben estar siempre en la operatividad y son ellos quienes deben tener una libertad de autonomía porque son los que evolucionan. Por ejemplo: estoy seguro de que hay muchas indicaciones que dan los entrenadores que simplemente son jugadas o reacciones que le han visto a un jugador rebelde o inculto tácticamente hablando. Ese futbolista hace un movimiento que no estaba predeterminado o diseñado y termina dando resultado. El técnico debe darse cuenta de esa creatividad que emana de su jugador y promover espacios para que ello se mantenga, a pesar del riesgo que puede significar.

    Cuando hemos colocado dos volantes ocho que tienen como premisa tener el balón, lo hemos hecho porque nos gusta y me gusta más eso a que simplemente recuperen la pelota. Juntar a un volante netamente recuperador con uno de más juego era algo que uno pensaba en otros contextos, pero hoy en Mineros tuvimos la posibilidad de juntar a estos dos ocho porque ello nos iba a transportar a otro nivel futbolístico, ya que como equipo empezamos a asumir otros riesgos y a mí me encantan los futbolistas que arriesgan, claro, con la idea de saber como defenderse ante lo que podemos llamar el riesgo negativo. Entonces, como hemos ido logrando ese tipo de juego con dos volantes mixtos haciendo de volantes centrales, es obligatorio aportar otros detalles porque de lo contrario nos quedamos con el riesgo de que en cualquier momento – cosa que ya nos ha sucedido – perdemos el balón y si uno de esos volantes no queda bien ubicado entonces el rival nos llega muy rápidamente a la línea defensiva. Por ello hacemos hincapié en que cuando llevamos volumen, la primera tarea que tenemos cuando perdemos la pelota es que la recuperación sea inmediata, ya que no podemos permitir que el rival tenga libre tránsito o rápidas transiciones defensa-ataque porque nos pueden hacer mucho daño. Ahí se va condicionando una mezcla, una sumatoria que se traduce en ese proyecto de juego que queremos: una línea defensiva que presione el bloque y una línea ofensiva que comprima para que de esa manera consigamos una oportunidad notable para poder recuperar el balón cerca del lugar en el que se produjo la pérdida.

    P.- Eso que usted explica podría ser descrito como contracultural en el fútbol venezolano, porque la costumbre indica que todos o casi todos los equipos defienden corriendo hacia atrás, en dirección hacia su propia área. De hecho, en este momento solo puedo señalar al Zamora y a su Mineros como los únicos conjuntos que intentan presionar de manera inmediata al rival una vez se produce la pérdida de la pelota. Más allá de la buena intención, esa propuesta debe ser muy difícil de implementar, ya que el futbolista venezolano, desde sus inicios, se le enseña a defender muy cerca de su propia área, y para que se entienda mejor, la más reciente expresión de la selección nacional tenía ese comportamiento. ¿Cuesta mucho venderle al futbolista la idea de defender atacando?

    R.- ¡Por supuesto! Y cuando está más avanzado el proceso de competitividad de esos jugadores, más difícil es aún inculcar la idea, a pesar de que ellos, los llamados veteranos, son los que entienden con mayor claridad que ese modelo es una posibilidad real para que su edad futbolística dure más. Aquellos que logran entender ese concepto se dan cuenta de que corren menos, se sacrifican menos. Entienden que hay un desgaste por la intensidad que es corto, explosivo y efectivo y que les genera mejores efectos en la parte física que aquel jugador que debe realizar un mayor recorrido para defender o recuperar cerca de su área. Son detalles que el futbolista va entendiendo pero no es fácil; todavía el jugador, y mucho más los volantes ofensivos, que están mal educados y siente que solo juegan con la pelota, pero ese es el gran reto, motivar a ese futbolista para que se integre a esta idea. Afortunadamente contamos en Mineros de Guayana con jugadores que han entendido claramente el mensaje y que lo han llevado a cabo de manera sorprendente, por el poco tiempo en que llevamos acá y, sobre todo, que han creído en esta forma de jugar porque les ha dado resultados. Se les nota y se sienten más alegres, algo que también buscamos, que el futbolista disfrute de este juego y de la tenencia de la pelota, porque con esa sensación de satisfacción el jugador encuentra mayores posibilidades de crecimiento. Pero son detalles; tú bien dices que en nuestro fútbol es complicado poner en práctica esto, pero la misma motivación que producen los resultados los estimula a ellos a cambiar.

    P.- Me da la impresión de que nosotros, la prensa, somos muy superficiales. Digo esto porque en muchas ocasiones nos quedamos solo con el gol o con la atajada del arquero. Hace tiempo vengo reflexionando que desde la prensa hemos hecho un gran daño cuando se habla de 4-4-3, 4-4-2, 3-5-2 pero olvidamos que, salvo al inicio del partido, esos módulos varían permanentemente porque este es un juego dinámico en el que nadie se queda parado. Hablamos también de equilibrio y ese término no tiene que ver con movimiento sino con todo lo contrario, y nos referimos a la alegría cuando el resultado es abultado. Hacemos mención a kilómetros recorridos y nos quedamos con estadísticas que explican poco y nada lo que realmente pasó en el campo de juego.

    R.- Hay dos palabras que tú mencionas que son fundamentales: alegría y resultado. Parece una lucha eterna, como aquella entre el bien y el mal. ¿Se gana como sea o se gana disfrutando del juego? No podemos olvidar que esto es, al fin y al cabo, un juego. Puede ser un deporte serio rodeado de mucho mercantilismo y mucho dinero, pero no deja de ser un juego, no pierde su esencia. Por eso yo me dedico a tratar de descubrir la esencia del futbolista, su ingenio, lo invito a que me supere, que mejore mis expectativas sobre su rendimiento. Muchas veces le pido a mis jugadores que hagan algo distinto, diferente, que me sorprendan. No pueden dejar al entrenador observando lo mismo de siempre. Que se rete y que me rete a mi como director técnico para que encuentre la motivación de superarse a sí mismo. Eso que mencionas del periodismo no es un comportamiento exclusivo del periodismo deportivo venezolano, es un fenómeno global en el que solo se observa el resultado y se intenta analizar un resultado. Tanto es así que uno escucha comentarios en los medios en los que la valoración de un equipo puede variar dependiendo del resultado, ¡y esto pasa en cuestión de minutos! Esto pasa porque no entienden el caos, que esto es dinámica, movimiento, que esto es sinónimo de átomos. Átomos en movimiento, circulación, fluidez, armonía, disonancia; conseguir un espacio donde antes no lo había, crear un espacio en donde no parece posible; el hombre libre no es lo mismo que estar libre, aparecer no significa estar, en fin, toda una serie de métodos y conceptos que indiscutiblemente no todo el mundo logra comprender porque no hay interés en ello, y yo creo que hay que orientar a la gente para que comprenda todo esto que estamos conversando porque ese es el camino que nos espera.

    Si Venezuela quiere llegar a un mundial o trascender en torneos internacionales, no podemos jugar como lo hacemos en nuestro torneo. No se puede competir con apenas cincuentaicinco minutos de tiempo útil de juego. Con ese nivel no lograremos competir. Siempre le digo a mis jugadores que para trascender hay que hacer algo diferente a lo que se hace en estos tiempos, porque lo hecho hasta ahora no ha servido.

    Entrevista publicada el 29/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Fotografía cortesía de Fútbol Visión

  • Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Es un domingo de marzo. Son las diez de la mañana. Venezuela vive tiempos confusos de protestas estudiantiles, discursos intolerantes, barricadas, muertes e incertidumbre. Hace un par de semanas, el gremio que agrupa a los futbolistas de Primera División le pidió a la Federación Venezolana de Fútbol –por estos derroteros no hay liga– suspender o reprogramar la séptima jornada debido a las dificultades para transitar libremente por el territorio nacional. La súplica no fue escuchada y se jugó ese fin de semana con mayoría de juveniles. Aquello se sumó a un annus horribilis para el ente federativo, a pesar de que apenas transitamos el tercer mes de este 2014.

    El panorama nacional descrito no le ha servido a la federación para tapar su incapacidad para definir al sucesor de César Farías en el cargo de seleccionador nacional. Cuando todo parecía indicar que la elección se centraría en los dos entrenadores de mayor capacidad del país –Richard Páez y Noel Sanvicente–, el Gobierno nacional ha dicho presente para dinamitar, con su saco lleno de dólares, cualquier pronóstico. Esta razón, la económica, parece acercar a entrenadores más caros, pero de dudoso presente. Uno de los contactados fue Diego Maradona.

    A Páez se le conoce como El Doctor porque además de su dilatada trayectoria como futbolista y entrenador hay que sumarle su otra profesión: médico traumatólogo. Oriundo de Mérida, en la región andina de Venezuela, su carácter es calmado, reflexivo, gustoso por las charlas de café. Pero esa tranquilidad desaparece con el inicio de un partido solo para reaparecer en el silencio del domingo a la noche, cuando las luces y las cámaras se apagan y es tiempo de volver a la familia.

    Richard Páez no es un tipo cualquiera en la historia del fútbol venezolano. Su nombre estará siempre ligado a cada versión que quiera contarse acerca de la transformación de la Vinotinto. Fue él, junto a un grupo de jugadores que se negaron a morir en el intento, quien dio fuerza a eso que hoy muchos siguen denominando como el fenómeno Vinotinto; aquel que supo, en un país dividido por cuestiones políticas, potenciar un sentido de pertenencia que parecía extraviado. Esto es un hecho incontestable que ni siquiera los interesados comentaristas de cierta cadena internacional de deportes podrán negar. Para muchos, su aporte comenzó en el año 2001, cuando tomó las riendas de la selección nacional sustituyendo en el cargo al argentino José Omar Pastoriza (+). Pero lo cierto es que desde su etapa de futbolista se negaba a ser parte del conformismo que caracterizaba al balompié de esta nación. Su Estudiantes de Mérida le abrió los ojos a muchos allá por el año 1999 y le sirvió para que le ofrecieran el cargo de seleccionador juvenil.

    Hoy, cuando el país sigue bajo los embates que también caracterizaron a los tiempos de su gestión, es bueno charlar con el primer entrenador venezolano que trabajó en el extranjero (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), ya no para conocer sus ganas de volver a la Vinotinto, sino para que en un momento de tantas emociones alguien pise la pelota, nos hable de fútbol y de cómo se vive este juego.

    Antes de dar paso a la primera parte de esta charla, debo explicar que durante su gestión como seleccionador siempre pude conversar de fútbol con Páez. Esto no quiere tapar algunas tensiones entre él y la prensa, pero a diferencia de su sucesor, César Farías, esos choques no se resolvieron nunca de manera violenta y siempre hubo espacio para el juego.

    Pregunta.- Su familia es netamente futbolera. En un país que tiene al béisbol como deporte más mediático, ¿dónde nace esa pasión por el fútbol?

    Respuesta.- Fue de una manera atípica, como suceden muchas cosas en Venezuela. Mi padre era maracucho (ndr: de Maracaibo, capital del estado Zulia, región beisbolera por excelencia) de pocas raíces futbolísticas. Además de haber sido médico psiquiatra, practicaba béisbol y baloncesto. Tan psiquiatra fue que tuvo doce hijos varones y tuvo toda la capacidad para inculcarnos siempre la importancia de la práctica deportiva. Luego entra la formación escolar. Mis hermanos y yo fuimos educados en un colegio jesuita en Maracaibo en el que los sacerdotes no nos permitían jugar béisbol, sino que nos obligaban a practicar fútbol. Cuando nos regresamos a Mérida encontramos el ambiente propicio para desenvainar toda esa pasión futbolística que vivimos, en un ambiente muy de fútbol y donde desarrollamos prácticamente nuestra vida. Y al tener doce hijos varones en la casa, se entiende claramente que éramos un equipo de fútbol, y lo hacíamos como una competencia para enfrentarnos a otras familias. De la familia Páez salieron tres jugadores profesionales, dos de ellos de selección nacional, y muchos sobrinos que mantienen ese sueño.

    P.- Además de futbolistas, los doce hermanos fueron a la universidad. ¿Aquello fue una exigencia familiar o influyó el entorno de Mérida?

    R.- Mérida es una ciudad estudiantil en la que se dice que la ciudad vive dentro de una universidad (ndr: la Universidad de Los Andes), y ese ambiente de estudio, de la naturaleza, del frío, de la conciencia y el espíritu del andino que es recto, conservador y respetuoso de las tradiciones configuró un entorno propicio para además de seguir con nuestra pasión futbolera, desarrollar como principio de formación buscar una mejor educación desde el punto de vista académico. Los doce hermanos somos universitarios y los doce pudimos desarrollar nuestras inquietudes académicas.

    P.- A pesar de la superprofesionalización del fútbol, queda siempre la idea de que el futbolista dispone de mucho tiempo libre. Usted cuando era futbolista activo tuvo la dedicación y el tiempo para estudiar medicina. ¿Es cierta esa sensación o el jugador moderno dispone de menos tiempo libre por la forma de entrenar?

    R.- Todo ha cambiado mucho. El estilo de entrenamiento típico de mi época (década de los 70) era muy planificado, pero a la vez muy sectorizado. Era una planificación irreversible, por ejemplo: los lunes se descansaba o se hacía regenerativo; el martes se trabajaba la parte física; el miércoles se hacía una activación con trabajos técnico-tácticos; el jueves se hacía fútbol; el viernes se trabajaba la velocidad, el cambio de ritmo, disparos al arco; y el sábado se hacían nuevamente trabajos regenerativos pensando ya en el partido del domingo. A medida que fueron llegando técnicos extranjeros a Venezuela, todo fue cambiando. Conocimos los entrenamientos a doble turno, se empezaron a hacer pretemporadas aunque en ambientes que no eran los adecuados, como la playa, la montaña o dedicándose exclusivamente a los trabajos físicos, suponiendo equivocadamente que con esos quince días se llenaba el tanque para todo un semestre. Pero a pesar de los errores, eran los primeros pasos de una necesaria evolución que nos inculcaron los buenos entrenadores –aunque hubo otros de muy bajo nivel y otros que se han mantenido con esas metodologías–, técnicos que nos llenaban de algunos conocimientos e inquietudes que nos sirvieron para seguir evolucionando. Aparecieron los entrenamientos intervalados, los intermitentes hasta llegar ahora a este proceso metodológico de la integralidad, ese entrenamiento integrado en el que ya no se disocia al entrenamiento en fases distintas. De seguir así llegaremos a un perfeccionamiento como el entrenamiento situacional-específico, es decir, por posición. Pero el fútbol venezolano, casi a la buena de Dios, ya que no ha habido un proceso organizado, pero contando con la inquietud de los entrenadores que se han formado y han salido a conocer otras experiencias, se ha dado cuenta del posicionamiento que tiene este deporte en el mundo y cuales son los caminos para mantener la evolución.

    P.- Usted menciona la incompatibilidad de ambientes como la playa o la montaña con el entrenamiento de fútbol. La lógica nos hace pensar que si quiero aprender de cocina debo practicar cocinando. Pero en el fútbol esto se presta a discusión, y me atrevo a decir que son muchos los entrenadores que no solo prefieren disociar el entrenamiento en fases distintas sino que además realizan la preparación en esos lugares que nada tienen que ver con una cancha de fútbol. Entrenadores ganadores, de clubes famosos y de selecciones que aún se niegan a comprender esto. ¿Cómo hacer para que se entienda la conveniencia de entrenar en el campo y con la pelota?

    R.- El fútbol es igual que la vida, todo es cuestión de decisiones, de tomas de decisiones. A veces a uno lo convencen, pero a otros se les impone un criterio. Yo creo que tiene mayor mérito aquel que por convencimiento propio o por convencimiento académico logra esas transformaciones y cambios en las metodologías. A mi me pasó. Yo era un entrenador que creía mucho en ese entrenamiento analítico, diseñado por líneas, tratando de hacer las cosas de una manera programada, planificada, que hacía que los resultados se consiguieran a muy largo plazo. Pero entendí que la metodología de entrenamiento debía ser una metodología más integrada, mas cercana a los escenarios de partido con un feedback del fútbol hacia el entrenamiento y del entrenamiento hacia el fútbol. Esa retroalimentación en la que se resume la tarea del entrenador ayuda a comprender que de esa manera se acerca uno más a esas posibilidades que tienen los conjuntos de parecerse más al ideal de un equipo de fútbol y alejarse de eso que yo llamo la unión de factores o de sorpresas.

    P.- En esta aventura con Mineros de Guayana –ganaron el Torneo Apertura y ahora luchan por ser campeones absolutos– lo acompaña Amleto Bonaccorso como su asistente técnico. ¿Qué importancia tiene este puesto para Richard Páez?

    R.-  La idea que he mantenido es de contar siempre con un asistente técnico. Debe ser mi mano derecha, mi confidente, es mi mecanismo para asegurarme mantener discusiones de lectura para ambos, pero fundamentalmente para lo que queremos ver el día domingo. Hay que recordar que cuatro ojos ven más y mejor que dos. Pero no se trata únicamente de los ojos, sino de la mente, ya que lo que fundamentalmente busco es cómo es la percepción visual y pedagógica que se tiene de lo que sucede en el campo de juego. Mucha gente se va a lo específico, a lo grueso, al gol, a la jugada que todo el mundo observa, pero pocos retrotraen la jugada a su lugar de inicio para comprender el nacimiento de ese gol o de esa maniobra. Para todos esos detalles se hace necesario contar con ese asistente técnico, como un acompañante, como un orientador que ayude a comunicar lo que se quiere en la cancha. En estos momentos estoy reflexionando acerca de la viabilidad de contar con un técnico de principios defensivos y uno de principios ofensivos; que sean dos entrenadores jóvenes que estén en la cancha llevando operativamente el mensaje que el entrenador principal quiere plasmar, y es que uno no puede estar con la misma dinámica que cuando tenía treinta y cinco o cuarenta años y entraba a la cancha con toda mi vitalidad para participar del entrenamiento. Ahora creo que hay que contar con esa dosificación y uno ser el estratega, el que visualice teóricamente lo que después ellos lleven al terreno.

    P.- Eso es muy de los deportes norteamericanos, al estilo de la NBA y la NFL.

    R.- Yo lo saco del béisbol, que es el deporte que indiscutiblemente está en nuestra conciencia. En ese deporte hay un técnico encargado de trabajar las distintas fases, por ejemplo, el trabajo con los lanzadores abridores, los relevistas, el infield, la ofensiva, etc. En el fútbol eso sucede con el preparador de arqueros, que para mí es la función que nos enseñó la apertura fundamental de lo que hoy está sucediendo en el fútbol de forma conjunta. Fueron los arqueros los primeros que se adelantaron cuando hicieron trabajos específicos y situacionales para arqueros, en los que se intenta reproducir lo que a ellos les sucede en la cancha. Como no se trabaja fútbol todos los días para ponerlos a prueba, se hace ese trabajo específico. Ellos marcaron un camino, y te puedes dar cuenta que los primeros que mejoraron su potencia, su explosividad y su coordinación fueron los arqueros justamente por esos trabajos específicos que menciono. Llegará un momento en que se aplicarán específicamente trabajos para volantes de primera línea, para laterales, etc. Esa especificidad condicionará a los futuros cuerpos técnicos, que en el futuro deberán ser mucho más profesionales y más preparados.

    P.- Esto que usted plantea, ¿puede asumirse como una corriente emparentada o cercana a la periodización táctica?

    R.- Ese es uno de los temas que lo motiva a uno. Esa lucha de qué es más importante: lo físico, lo psicológico, lo estratégico, la parte cognitiva que tiene que ver con la lectura del juego, o simplemente todo es un todo. Esa es nuestra idea hoy en día cuando uno acepta ser un entrenador distinto a cuando conducía a Estudiantes de Mérida (ndr: año 1998, equipo con el que llegó a cuartos de final de la Copa Librtadores), porque hoy siento que se puede ver todo desde una visión panorámica buscando qué es lo más importante o qué es lo que provoca una cadena de consecuencias y sucesos para lograr lo que todos queremos, que no es más que la victoria. Es esa periodización, es tratar de elaborar un encadenamiento de todas las cosas y propiciando una relación entre el descanso activo no solamente en la parte física sino también en lo anímico: pero nosotros, este cuerpo técnico, pretendemos ir mucho más allá, ya no nos quedamos únicamente con la parte psicológica, y es que hemos aprendido en Colombia la parte espiritual, es decir, llegarle al espíritu del futbolista, encontrarle el espíritu del juego que tiene el jugador. Eso es mucho más intenso que la parte psicológica o la parte emocional. Entonces son un sinfín de detalles que se van sumando a esta especie de red intrincada en la que todo se conecta y con ella buscamos que el futbolista llegue con su máximo potencial, con ese espíritu ganador que deseamos ver en nuestros jugadores.

    Entrevista publicada el 17/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Imagen cortesía del diario Panorama

  • Noel Sanvicente: Segunda Parte

    En el año 2009 tuve la oportunidad de hacer dos programas de 45 minutos con Noel Sanvicente. En ellos hablamos de fútbol y de sus gustos. Han pasado 5 años pero ahora que ha sido nombrado Seleccionador Nacional de Venezuela, vale la pena repasar algunas de sus respuestas.

    La segunda charla fue después de haber obtenido una nueva estrella para el Caracas tras batir al Deportivo Italia en la final que enfrentó a los campeones del Torneo Apertura y el Torneo Clausura.

    Todos hemos cambiado desde aquel entonces, pero siempre es bueno recordar cómo y por qué llegamos a esto.

  • Noel Sanvicente Primera Parte

    En el año 2009 tuve la oportunidad de hacer dos programas de 45 minutos con Noel Sanvicente. En ellos hablamos de fútbol y de sus gustos. Han pasado 5 años pero ahora que ha sido nombrado Seleccionador Nacional de Venezuela, vale la pena repasar algunas de sus respuestas.

    La primera charla fue justo unos días después de perder ante Chivas de Guadalajara, en Méjico, 1 a 0. En aquella edición de la Copa Libertadores, su Caracas terminó primero en el grupo 6 con 10 puntos, por encima de Chivas, Everton y Lanús.

    Todos hemos cambiado desde aquel entonces, pero siempre es bueno recordar cómo y por qué llegamos a esto.

  • Noel Sanvicente: el heredero no reconocido

    No debe existir sensación más frustrante que sentirse despreciado. Antes que vivir, nos dejamos nuestra existencia tratando de obtener logros que nos otorguen reconocimiento y admiración, pero más que nada, cariño, sentirnos queridos y apoyados, esto sin reparar en que mucho de ese afecto nos llega por lo que hemos logrado y no por lo que somos. Algún escéptico diría que sabernos mortales es lo que nos empuja hacia la grandeza.

    Noel Sanvicente (San Félix, 1964) se sabe mortal y por ello apunta siempre a metas extraordinarias. Ha ganado seis campeonatos nacionales –por estos lados se les llaman estrellas– y en este mismo momento está a un resultado positivo de repetir como campeón del Torneo Clausura con su humilde Zamora F. C. La modestia de su plantilla no está asociada a la ausencia de calidad individual, sino a que en el torneo venezolano de primera división, nueve o diez de los dieciocho equipos poseen mayores recursos económicos que el conjunto llanero. Pero ello nunca fue excusa para Noel, quien desde su llegada al club blanquinegro ha mantenido que su meta es ser campeón y dejar algo más que un trofeo.

    Debo aclararle al lector que en Venezuela no existen las infraestructuras necesarias para el desarrollo adecuado del fútbol. Se cuentan con los dedos de una mano –y sobran– los equipos que poseen sedes y canchas propias, lo que dificulta que estas instituciones asuman las labores ordinarias de cualquier club de fútbol, tales como la formación de futbolistas, la recuperación de jugadores lesionados, poseer una casa club, etc. Por ello, desde que las victorias empezaron a aparecer en la actualidad zamorana, Sanvicente hizo fuerza para que se adquiriese un terreno que luego se convirtiera en el hogar del Zamora. En plena celebración por la estrella obtenida en la temporada 2012-2013, el entrenador más ganador del fútbol venezolano obtuvo su mayor logro: la alcaldía de Barinas donó un espacio para que en un futuro no muy lejano se pueda hablar de la casa del Zamora.

    En ese largo camino, Sanvicente ha encontrado grandes obstáculos. En su etapa de jugador de selección conoció las miserias de la dirigencia venezolana, y como entrenador, esa misma dirigencia le ha negado lo que él se ha ganado con esfuerzo y mucho trabajo: el puesto de seleccionador nacional. Hoy, cuando aún no se ha nombrado al sucesor de César Farías, Noel vuelve a ser el candidato del pueblo, el técnico que la mayoría pide pero que, gracias a su rectitud y su exclusiva dedicación al juego del fútbol, la Federación Venezolana de Fútbol, más pendiente de negocios y otros oscuros movimientos, se niega a reconocer.

    Admirador de Marcelo Bielsa y con alguna pasantía en el Newell’s del Tata Martino, el actual entrenador del Zamora ha hecho buena aquella reflexión de Juan Manuel Lillo según la cual “una persona es entrenador cuando sabe de jugadores y conoce las posibilidades del juego”. Bajo esa premisa vive Noel, y no existe fuerza en la tierra que le haga creer lo contrario.

    Pregunta.- Usted siempre hace énfasis en que es el futbolista el que puede cambiar un partido de fútbol. Hay por supuesto un trabajo en la semana, pero siempre es el jugador el que decide dentro de la cancha. ¿Por qué está tan seguro de ello?

    Respuesta.- Para mí, el jugador decide dentro de la cancha. A pesar de todo lo entrenado, hay momentos en que ellos deben usar su visión y su capacidad para cambiar lo que le dice el técnico. Yo, como entrenador, trato de darle todas las herramientas y de trabajar todos los escenarios posibles, pero después el juego nos recuerda que dos más dos no necesariamente es igual a cuatro. Por más que practiques siempre hay espacio para lo imprevisto, y los futbolistas deben aceptar esa eventualidad y resolverla. Eso solo se logra a través de la lectura del partido que pueda tener todo futbolista, y en mi opinión, esa visión está incluso por encima del trabajo de la semana.

    P.- Usted habla de que en la semana se trabajan escenarios posibles del próximo partido, y para ello hay que tener en cuenta al rival de turno. ¿Cuánto influye el contrario en este trabajo?

    R.- Mira, en la parte ofensiva hemos trabajado movimientos para llegar al arco rival en tres o cuatro toques, con mayor posesión y mil variantes más que luego las aplicaremos dependiendo del rival y de lo que consideremos como las debilidades de ese equipo al que nos enfrentamos. Por ejemplo, en el último partido ante Carabobo (victoria seis por dos) nos dimos cuenta de que cuando les toca replegarse, no llegan hasta su propia área sino que intentan tirar la trampa del fuera de juego. Entonces nuestra intención era que ellos agruparan muchos jugadores en el centro para nosotros aprovechar los espacios laterales, es decir, de adentro hacia fuera para luego volver al centro a terminar la jugada. Nos funcionó porque además pudimos hacer las transiciones defensa-ataque con la velocidad que marca nuestro estilo, que no es otro que el que está determinado por las características de los futbolistas. En una entrevista pospartido yo decía que los goles fueron claras muestras de las cualidades de los futbolistas: potencia, velocidad, diagonales y mucho dominio de la situación. Lo que te quiero decir es que en la semana trabajamos pensando en los puntos flacos de ese rival y cómo intentar aprovecharlos según las virtudes nuestras. Hay otros rivales que nos obligan a pensar en otras formas de hacerles daño, pero bajo nuestra filosofía. De esta manera, cada futbolista sabe a qué jugamos y cómo podemos sacar ventaja. Para ello ensayamos dos veces a la semana los escenarios del próximo partido, para que los jugadores se sientan en confianza, pero ojo, no se puede olvidar que siempre se van a presentar muchas contingencias y ahí es donde la visión del futbolista y su capacidad de entender el juego cobran mucha importancia. Vuelvo y repito: en el fútbol, dos más dos rara vez es igual a cuatro. Puedes jugar diez veces contra el mismo equipo y seguramente serán diez resultados totalmente distintos, y ni hablar de los partidos en sí.

    P.- Sus equipos siempre pelean por la estadística de ser el más goleador del torneo. Eso lo ha logrado en los tres clubes que ha dirigido –Caracas, Real Esppor y Zamora–. La conclusión generalizada es que los equipos de Sanvicente atacan mucho y hacen gran parte de sus vidas en el campo contrario. Marcelo Bielsa afirma que el trabajo ofensivo es infinito porque depende casi exclusivamente de la creatividad y el ingenio del jugador, mientras que las pautas defensivas son cinco y todas tienen un elemento en común: todos deben correr. ¿Coincide usted con Bielsa?

    R.- Sí, totalmente. Con un solo entrenamiento se pueden trabajar una cantidad incontable de variantes ofensivas, dependiendo claro está, de los futbolistas, el rival y otros imponderables. Defensivamente hay conceptos que todo futbolista profesional maneja y que simplemente hay que trabajarlos. Siempre son los mismos: relevos, permutas, agrandar, achicar o presionar. Son nociones universales que se manejan aquí, en China o en cualquier lado. Pero en el ataque converge la creatividad del jugador con la del entrenador, y en ese solo entrenamiento puedes darle hasta treinta variantes para generar juego ofensivo. Por eso creo que Bielsa, a quien considero el mejor entrenador, tiene toda la razón en este caso. Dice grandes verdades que a muchos no le gustan, pero en mi opinión todo lo que expone tiene sentido.

    P.- Hablamos del trabajo en la semana y a la misma vez de la necesidad de que el jugador sepa enfrentarse a lo imprevisto. ¿Cómo se logra que el futbolista maneje esa dualidad y no termine dependiendo demasiado del entrenador o se convierta en una especie de anarquista?

    R.- No hay otra forma de conseguir eso sino en el trabajo semanal, porque es ahí que uno como entrenador le da las herramientas al futbolista, y uno de esos mecanismos es que el futbolista interiorice que siempre existirán situaciones ajenas a lo planificado y que su resolución depende exclusivamente de ellos. Yo necesito de entrenadores dentro de la cancha, de futbolistas que tomen decisiones. Hay muchos futbolistas que son muy buenos tácticamente, pero les hace falta reconocer cuándo deben salirse de esa manta protectora e intentar algo distinto. Es positivo que un jugador cumpla con el plan original, pero es magnífico cuando un futbolista se sale de ese plan. Para eso está la rutina y la planificación de la semana, en la que uno le puede ir señalando al futbolista lo que está sucediendo y alimentarle el deseo y la voluntad de tomar riesgos según la situación que se le presente, pero siempre pensando en el bien del equipo, nunca en el personal. Cuando un grupo de jugadores logra pensar y actuar como un conjunto, a favor del colectivo, no habrá problemas si, por ejemplo, un central abandona su zona y decide irse al ataque, porque el equipo siempre tendrá respuestas a esa conducta. Para ello es vital que cada jugador maneje los conceptos básicos de cada posición.

    P.- ¿Y cómo se convence al futbolista de que las pautas que se van a llevar a cabo son las correctas para su beneficio y el del equipo?

    R.- Cuando al jugador se le entregan argumentos sólidos, desarrolla confianza en el cuerpo técnico. A medida que pasan los partidos, el futbolista analiza su desempeño y se da cuenta que lo que se le dijo fue lo que terminó sucediendo, pero además, se le muestra en vídeos, es decir, comprende a través de su propio ejemplo, entonces ahí sí que se convence de que el trabajo que se hace en la semana, que las instrucciones que se le entregan son para el bien del equipo y el suyo propio. A la larga todo jugador se convence cuando la comunicación es clara y se le explica el por qué de esas sugerencias. Te cuento un ejemplo: en el partido de Copa Libertadores ante Nacional de Paraguay se nos presentó una situación con Arles Flores, uno de nuestros volantes de marca. Hace tiempo que estamos comiéndole la cabeza para que sea más intenso en los partidos. Es un muy buen futbolista, pero debe dejar de lado el exceso de confianza que lo lleva a esperar el balón en vez de atacarlo, característica que le ha servido para destacar en el fútbol venezolano, pero que lo condicionaría en el caso de que llegue a jugar en otras ligas más competitivas, que al fin y al cabo es la meta que les inculco a mis jugadores: prepararse para jugar en el extranjero, y en otras ligas no se juega si no tiene dinámica o si se regula la intensidad.

    Pero volviendo al partido contra Nacional, a eso de los primeros veinticinco minutos estuve a punto de sacarlo del campo, y él se sintió frustrado, tanto así que en el descanso llegó a decirme: “Profe, tiene usted toda la razón”. ¿Por qué? Porque en las primeras pelotas que le tocaba jugar no tuvo la capacidad de resolver. El rival rápidamente lo presionaba, lo encimaba de tal manera que él mismo se dio cuenta de que todas las instrucciones que venimos entregándole no parten de un capricho del cuerpo técnico, sino que hay una razón detrás de ellas. Hoy, un par de meses después de aquel partido, te puedo asegurar que Flores está más metido en los partidos, no se regula y va adquiriendo un ritmo mucho más acorde al fútbol internacional. Entonces, a partir del ejemplo, el futbolista comprende las explicaciones, se casa con la idea y no hace falta que lo manifieste de palabra, su desempeño en el campo así lo demuestra. Por ello me considero un formador antes que un técnico, porque me gusta estar pendiente siempre de aportarle al jugador y que este pueda poner en práctica lo que uno le enseñe.

    P.- Justamente quería llegar a ese punto. Usted, en cada charla que tenemos, me recalca ese gusto por el papel de formador y, además, son muchos los futbolistas los que tienen gestos de agradecimiento con usted. Todo ello compaginado con su faceta de entrenador de élite cuyos equipos siempre están compitiendo. ¿Puede un entrenador de su categoría separarse del rol de formador?

    R.- Es imposible separarse de esa faceta. ¿Cómo haces para corregir a un jugador sino a través de la educación? Cualquier sugerencia, corrección o modificación que se le sugiera al futbolista no puede ser impuesta, sino que debe partir de una base, y eso es educar, formar. Puede que yo tenga algún problema si me toca dirigir un equipo de grandes figuras porque hay muchos futbolistas que creen que ya saben todo y no les gusta que los corrijan, pero como te he dicho, si uno tiene argumentos sólidos, el jugador va a confiar en lo que uno le dice, y eso es educar, orientar. Muchos se confunden porque creen que la formación solo se da en la base, en las categorías inferiores, y por eso a algunos entrenadores de primera división no les gusta que les hablen de formación porque se sienten menospreciados, como si Guardiola o Bielsa, los mejores en mi opinión, no se consideraran formadores antes que entrenadores.

    Pregunta.- Usted es de los entrenadores que le martilla la cabeza a sus jugadores para que jamás se conformen. Como entrenador, y a diferencia de lo que sucede en Venezuela –para obtener el carnet de entrenador se hacen cursos de cuatro días–, donde la formación que se le imparte a los futuros entrenadores es deficiente, usted decidió rebelarse y prepararse con mucha mayor dedicación. ¿Cuándo y por qué nació esa inquietud?

    Respuesta.- Como futbolista siempre tuve la oportunidad de viajar gracias a que Marítimo (su equipo de siempre, hoy desaparecido) participaba en Copa Libertadores y aprovechaba para darme una vuelta en los entrenamientos de los otros equipos y veía cosas totalmente diferentes. En mi primer curso en Venezuela me dieron media hora de charla y luego me dieron un carnet, ahí fue que me di cuenta que los entrenadores debíamos hacer unos cursos como deben ser, como cualquier profesión que para ejercerla hay que dedicarse a estudiar. En Venezuela, y lo digo con propiedad, hay una enorme cantidad de entrenadores que no les interesa formarse, casi te diría que ni saben agarrar una pelota, y lamentablemente son eso, entrenadores. El día que se modifique la forma de pensar, que se hagan cursos profundos y complejos, nuestros entrenadores estarán capacitados para ayudar al progreso de este fútbol. Hace tiempo escribí (fue columnista en el diario Líder) que los entrenadores venezolanos “con poquito hacemos mucho” porque, primero, no nos dan las herramientas adecuadas para ser entrenadores, y luego, cuando llegamos a cualquier equipo, tampoco nos dan las herramientas adecuadas para trabajar. Ahora bien, ¿por qué quise cambiar? Porque tuve la fortuna de poder viajar al extranjero y también tuve la suerte de trabajar para una familia como los Valentiner (propietarios del Caracas F. C.), a quienes les estaré agradecido toda la vida porque me apoyaron en esa misión de educarme y superarme. ¿Pero cuántos entrenadores pueden hoy en día ir a otros países a formarse? Por más que digan que el fútbol venezolano está en una constante evolución, yo digo que por las fallas que tenemos en todos los aspectos damos un paso hacia delante y cuatro hacia atrás.

    P.- Durante todos estos años como entrenador, ningún equipo de Noel Sanvicente ha hecho el ridículo en un campo de juego. Sus conjuntos han ganado y perdido, pero siempre han competido y han dejado la impresión de no guardarse nada. ¿Ese amor propio se le inculca al futbolista o ya el jugador viene con ese chip?

    R.- Mira que siempre hay una primera vez. A lo mejor nos llegará el momento en que nos goleen y nos dejen sin respuestas. Espero que no suceda, pero siempre hay una primera vez para todo. En los equipos que he pasado he tratado de inculcarle al jugador una filosofía de juego en la que, a partir de las características de ellos, vayamos siempre en búsqueda del arco contrario. Pero siempre hay excepciones, por ejemplo aquel partido ante Tucanes de Amazonas (jornada 4 del torneo Apertura, empate a uno), donde no merecimos esa igualdad. Ellos nos llevaron a defender muy cerca de nuestro propio arco y nos hicieron ver muy mal. Ahora bien, lo que sí tenemos claro como equipo es que trabajamos para ir encima del rival, para buscar el partido, que pase lo que pase nunca debemos rendirnos ni dejar de correr. Esta es una plantilla muy corta y estamos sufriendo un desgaste impresionante porque no tenemos oportunidad de rotar, por eso hoy el equipo ha tenido que aprender a regular fuerzas. No te olvides que además jugamos siempre a las 3 o 3:30 pm con un clima muy caluroso y muy húmedo, pero a pesar de ello siempre vamos a presionar.

    P.- Pero independientemente del cansancio, el calor o el rival, sus equipos siguen compitiendo.

    R.- Es que todo esto comienza en los entrenamientos. Buscamos juegos para que nuestros jugadores estén siempre con esa mentalidad. Hacemos pequeñas apuestas en las que no hay dinero involucrado, sino que, por ejemplo, quien pierda debe hacer de mesero, entonces siempre hay algo por que luchar, por lo que esforzarse. Con esas pequeñas cosas el futbolista se va acostumbrando a mantener siempre la mentalidad ganadora y el hambre de ir a más. Cuando llegamos, Zamora era un equipo muy timorato, tímido, que se conformaba con poco; hoy es un equipo ambicioso que siempre busca ser protagonista de los partidos y eso se nota hasta en las declaraciones de los futbolistas, y ese mensaje se lo vamos dando a través del psicólogo, de la nutricionista, es decir, desde el cuerpo técnico vamos fortaleciendo la confianza del futbolista y por ello hoy puedo decir que uno de los equipos que más partidos ha ganado en condición de visitante. Pero esto se trabaja desde el primer día de la pretemporada, a mi eso de declarar que hay que poner huevo antes de un partido no me convence porque yo creo en el trabajo y no en dejar las cosas a la buena de Dios.

    P.- La intensidad que usted propone es mucha.

    R.- Lo sé. Es difícil que un jugador me aguante mucho tiempo.

    P.- A eso iba. El futbolista puede llegar a sentirse satisfecho con lo conseguido en dos años y luego, en el tercer, entrar en una zona de confort.

    R.- En el Caracas F. C. ganamos mucho, pero esos jugadores fueron creciendo con una mentalidad ejemplar. Triunfaban y competían desde las categorías inferiores (sub-18 y sub-20), segunda división hasta la reserva. Supieron sustituir a grandes ídolos del primer equipo y siguieron ganando y compitiendo, como fueron, por ejemplo, Edgar Jiménez, Alejandro Guerra u Oswaldo Vizcarrondo. Mientras muchos decían que únicamente ganábamos por contar con figuras de renombre ,nosotros, como cuerpo técnico, supimos desarrollar futbolistas jóvenes con los que también triunfamos. Pero la gente se olvida de lo que hicimos, por ejemplo, en el torneo Apertura 2007, cuando luego de la Copa Libertadores salimos campeones con muchos futbolistas que no llegaban a los 25 años. No eran figuras, pero ya acumulaban pretemporadas con nosotros, minutos en primera división y, sobre todas las cosas, tenían esa mentalidad ganadora de la que te hablo. No los pusimos en el primer equipo por accidente, sino que durante un par de años fueron acumulando experiencia para luego hacer la transición al primer equipo de la manera más normal posible. Ahora bien, este es un trabajo que no se puede atribuir a mi persona, yo formo parte de un equipo de trabajo y juntos hemos podido lograr estas metas.

    P.- Con tanta intensidad, dedicación al trabajo y responsabilidad, ¿el jugador tiene tiempo para disfrutar?

    R.- ¡Sí, claro! Disfruta cuando llega a la cancha y se da cuenta de la variedad de trabajos que hay, lo que le evita caer en la monotonía. Disfruta cuando se da cuenta de que todo trabajo tiene su sentido, que en la pretemporada ha mucha cantidad de pautas que requieren un mayor esfuerzo pero, una vez iniciado el torneo, hay mayor calidad que cantidad. He tenido bajo mi dirección a muchos futbolistas que anteriormente han estado a las órdenes de otros entrenadores y no se cansan de decir que “con Chita se trabaja distinto”. Estos futbolistas llegan a la cancha y disfrutan, y para mí esa es la clave, que el jugador llegue, trabaje y luego se lleve algo de ese trabajo para su casa. Yo no quiero que vengan a un entrenamiento solo por cumplir, sino que lo que se haga en cada pauta les quede, que les agrade, que disfruten porque esa es la mejor manera de convencer al futbolista. Cuando eso pasa es que se llega a la comprensión del entrenamiento, o por lo menos se hace mucho más sencillo entender las razones de cada instrucción. En el cuerpo técnico nos hemos dado cuenta de eso y por ello intentamos que se disfrute el entrenamiento para que así el futbolista se involucre mucho más en la práctica. Ojo, no es Sanvicente el que piensa así, es todo el cuerpo técnico, mi grupo de trabajo (los asistentes Mauro Lazzaro y Luis Pájaro Vera, el analista de videos Carlos Rojas, el psicólogo Alexis González, el preparador físico Javier Milán, la nutricionista Mariana Iglesias.

    P.- Y usted, cuando fue jugador, ¿disfrutó?

    R.- Yo la pasé bien porque siempre estuve rodeado de jugadores importantes y de los mejores entrenadores de aquella época, pero porque además, siempre ganábamos. Y el futbolista disfruta cuando gana. Pero me costó disfrutar porque además de buenos entrenadores también tuve algunos locos que no estaban capacitados y terminaban haciéndonos daño. No olvidemos que en los años ochenta y noventa no existían estas redes de información que facilitan que cualquiera se pueda asesorar y, lamentablemente, esos entrenamientos sin fundamentos solo sirvieron para cortarnos la carrera de jugador. Todos esas pautas equivocadas también tuvieron su aspecto positivo: comprendimos rápidamente que no había que copiarlas. Todos los entrenadores dejan alguna lección.

    P.- Por ahí quiero pasar. Usted hace mucho énfasis en la obligación que tienen los entrenadores de saberse, ante todo, formadores. Aceptando esa condición, y teniendo la disciplina casi como un valor innegociable, ¿se divierte haciendo su trabajo de director técnico?

    R.- Disfruto porque me encanta ir a una cancha. Puedo pasar horas y horas en un campo de fútbol. Sí confieso que hoy en día he aprendido a delegar ciertas pautas en los entrenadores asistentes y me voy a revisar la condición de los lesionados y otros aspectos del equipo. Ya uno asume su condición de gerente. Un entrenador debe estar pendiente de todo.

    Te cuento una anécdota: cuando firmé con en el Real Esppor, al dueño del equipo le dijeron: “no contrataste a un entrenador, contrataste a un jefe”. Es que yo soy así, y lo que hemos logrado con este Zamora es un ejemplo más de esa condición gerencial y lo positivo que es para la institución. Y en este fútbol nosotros los entrenadores tenemos que trabajar de esta manera para hacerle entender a los directivos que hay muchas cosas que cambiar, por ello no solo estoy trabajando dentro de la cancha, pero siempre con la intención de conseguir lo mejor para la institución. Yo estoy para trabajar en pro del fútbol del equipo que me contrate, ese es mi trabajo. No me interesa ir a cenar con gente ni a pasar seis horas hablando sin sentido. Lo mío es trabajar y nada más. Por ejemplo, el camerino del Zamora es el mejor del país. Hace unos días compramos máquinas de gimnasio, bicicletas, escaladoras, en unos días llega una trotadora. Todo para el bien de la institución, pero sobre todo, para ir sumando condiciones que ayuden al jugador a sentirse cómodo. Si ellos se sienten bien, rendirán más y mejor.

    P.- ¿Existe un “método Sanvicente”?

    R.- Estamos preparando algo así (ríe).

    (Voltea hacia donde está sentado Alexis González, el psicólogo del equipo, quien rápidamente responde que lo están construyendo)

    Sí, lo estamos construyendo. Le estamos dando forma y pronto lo daremos a conocer.

    Charla publicada en la web de Martí Perarnau http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/noel-sanvicente-el-heredero-no-reconocido-i-parte/ Y http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/noel-sanvicente-el-heredero-no-reconocido-parte-ii/