Categoría: Fútbol Internacional

  • Jugar bien al fútbol

    Jugar bien al fútbol

    11

    Para saber de fútbol hay que saber de futbolistas”. Juan Manuel Lillo

    Quienes hacemos vida alrededor del fútbol tenemos mucho que aprender. Bien podría argumentarse que incluso quienes estudian esta disciplina apenas están recorriendo las etapas embrionarias del juego, por lo que no debe extrañarnos que un 99% de los conceptos que se exponen para hablar del juego disocien, separen, o incluso hablen de integración (integrar es unir, y para unir debe existir primero una separación), cuando en realidad, el fútbol es un todo y vive de la continuidad. No hay ataque y defensa como estados separados sino que todo está interrelacionado e intercomunicado.

    Bien podría decirse que con el fútbol femenino y el fútbol masculino sucede algo similar. No me refiero a las diferencias notables y notorias en cuanto a su tratamiento comercial y mediático, sino a la comprensión y respeto que merece el juego en sí.

    No importa quién lo juegue, al final es fútbol, y como tal debe ser tratado, lo que quiere decir que, más allá del resultado final, el dinero que se reparta o el espacio que ocupe en determinados medios de comunicación, el juego contiene y produce una serie de pautas sumamente ricas que no reconocen las diferencias ni las barreras que nosotros mismos nos hemos autoimpuesto.

    No me malinterprete. El objetivo de todo deportista es vencer, pero en el camino, aquellos que disfrutamos del juego nos encontramos ante la difícil tarea de considerar otras cosas, sobre todo si nos interesa esa relación casi dicotómica entre la intención del juego (competir para ganar) y el respeto por el juego mismo, aun por encima de esas obligaciones que genera precisamente jugar al fútbol de forma competitiva.

    Más allá de la elección de si jugar por arriba o jugar a ras de piso, con cuatro atacantes o tres defensores, el juego exige una comprensión que nada tiene que ver con esas numeraciones o con términos muy utilizados y manoseados, tales como la velocidad o la intensidad. Jugar bien al fútbol es, entre otras cosas, adaptarse y reaccionar a lo que va reclamando la dinámica del juego. Existe un plan, un mapa (como explicó el profesor Julio Garganta en una entrevista para la revista The Tactical Room) y un territorio, y en el segundo la exigencia es jugar, que no es otra cosa que adaptarse, reorganizarse y seguir haciéndolo.

    Escribo estas líneas pensando en Amanda Sampedro. No descubro el agua tibia si le digo que la futbolista del Atlético de Madrid juega muy bien al fútbol, pero no por ello debe pasar por debajo de la mesa qué la hace una futbolista superlativa.

    3

    Explicaba Pablo Machín, entrenador del Girona, en una entrevista para The Tactical Room, que aprovechar la anchura del campo “facilita generar y tener espacios interiores intermedios por los que puedes sorprender”. Y eso hizo Sampedro el sábado, ante el Madrid CFF, en el marco de un día histórico para el fútbol femenino español, debido a que el derby ante el Madrid CFF se jugó, por primera vez, en el estadio Wanda Metropolitano.

    La “10” rojiblanca se ubicó pegada a la banda derecha. Cada una de sus conducciones derivó en la progresión futbolística de su equipo (el continuum), bien fuese por alguna maniobra individual o por su correcta asociación con la compañera mejor ubicada. La toma de decisiones, en un deporte colectivo, depende de muchas circunstancias, siendo la adaptabilidad (capacidad para adaptarse) una de ellas. Y eso lo mostró la capitana colchonera.

    Sepan disculparme los estadísticos por no llevar la cuenta de las ocasiones en las que Sampedro rifó un balón, perdió un duelo o dio un mal pase. Más allá del resultado final, lo que realmente emociona es observar a una futbolista con semejante capacidad para interpretar cada situación del juego. Y es que, así como sus conducciones tenían una intención de potenciar el juego colectivo del Atleti, su ubicación, cuando el juego se desarrollaba en el sector contrario, ayudó a que el concepto que expuso Machín fuese realidad.

    Cuando mencioné la obligatoriedad de considerar las distintas aristas que el fútbol ofrece, lo hice con la intención de valorar lo que el sábado produjo la capitana rojiblanca. El marcador no refleja la influencia de Sampedro en el juego de su equipo ni su capacidad de interpretar cada situación. Eso vale mucho y es patrimonio de pocos, tanto en el fútbol femenino como en el masculino.

    Al final del día, es fútbol, y lo que realmente es que se juegue bien, de la manera como Amanda Sampedro lo hizo el sábado en el Wanda Metropolitano.

    2

    Fotografías y video de Antonio Díaz Madrid @antoniodiazmadrid

  • Jorge Sampaoli, entre el «Bielsismo» y algo más

    Jorge Sampaoli, entre el «Bielsismo» y algo más

    agencia-efe_multimedia_3365656.multimedia.photos.13320711.file

    El proceso que vive Jorge Sampaoli al mando de la selección argentina ha sido muy rico para aquellos que observamos los toros desde la barrera. El casildense protagoniza un recorrido que todavía no tiene fin, en el que él mismo, al lado de su selección, buscan una identidad desde la cual construir eso que se conoce como equipo.

    En una comparecencia pública de marzo de este año, Sampaoli expuso un concepto propio sobre la utilidad de los sistemas en el fútbol:

    Más allá de juzgar la concepción del entrenador, creo que lo más interesante es reconocer que, por primera vez desde que sumó a Juan Manuel Lillo a su grupo de colaboradores en Chile, con vistas a la Copa América de aquel país, Sampaoli renegó públicamente del juego posicional, mejor entendido como juego de ubicación.

    sampaoli_lillo

    Con Lillo como asesor más cualificado (maestro entre maestros), Chile ganó su primer gran trofeo internacional, y Sampaoli sumó reconocimientos como uno de los abanderados de ese estilo.

    Pero tanto en su Sevilla como en los pocos partidos que ha tenido al mando de la selección albiceleste, el nativo de Casilda ya había dado muestras de su alejamiento, retornando a sus orígenes, entendido esto como una reconocida predilección por un estilo en el que predominan las transiciones. Pero nunca antes hizo pública esta ruptura con las ideas que una vez promulgó. No quiere decir esto que el entrenador haya dejado de lado su intención de protagonizar los partidos; lo que varía en la hoja de ruta que va diseñando es la relación de su equipo con el balón.

    Uno de los condicionantes que influyó en esto que describo fue la (inexplicable) separación de Lillo y su reunión con Sebastián Beccacece, antiguo hombre de confianza del casildense, quien es un reconocido seguidor del estilo de juego que propone Marcelo Bielsa.

    Sampaoli, siempre según sus declaraciones, rompe con la totalidad del juego y habla de ataque y defensa. Da la impresión de que los entiende como entes disociados, haciendo énfasis en diferenciar el trabajo defensivo del ofensivo. Puede que este cambio de discurso sea producto de la incertidumbre del momento, o puede que jamás se haya sentido realmente convencido de las virtudes del pensamiento complejo, aunque no hay que descartar que en la búsqueda de una identidad para su equipo, Sampaoli retorne a territorios conocidos que hacen las veces de zona de confort..

    Me explico: todo lo expresado es contrario a la concepción del fútbol que tienen Lillo, Pep Guardiola o Marcelo Bielsa. Trataré de explicarlo:

    Para comenzar, es pertinente volver a una maravillosa exposición hecha por Thierry Henry, en un canal de televisión británico, sobre cómo jugaba el Barcelona bajo la conducción de Pep Guardiola. No es descabellado asumir, tras escuchar al futbolista francés, que el seleccionador argentino ha firmado la separación, aunque sea de manera momentánea, con las ideas de Lillo y el mismo Guardiola:

    Incluso, vale la pena escuchar a Lillo, defensor a ultranza de la complejidad y del holismo, en declaraciones previas a un partido:

    En su exposición, Lillo reafirma una de sus máximas: en todos los procesos convivimos con la incertidumbre, pero aún así no hay que desestimar el valor del entrenamiento, de la práctica. Al fin y al cabo, es en ese escenario en el que los futbolistas cultivan sus relaciones, sus comunicaciones y sus interacciones.

    Volvamos a las declaraciones de Sampaoli. En aquellos días brillantes al mando de la Universidad de Chile, al igual que en sus primeras apariciones con la selección de aquel país, el argentino fue definido por su cercanía hacia las ideas de Marcelo Bielsa. Pero la declaración de marzo es diametralmente opuesta a uno de los principios de Bielsa:

    Yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? `Corremos todos´. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento”.

    Consultado hace menos de un año sobre un posible parecido entre ambos, el ex entrenador del Lille francés dijo que “Yo no cedo en mis ideas y eso no es una virtud, es un defecto. Sampaoli sí cede porque tiene un poder de adaptación que yo no tengo. Eso lo hace mejor que yo, indudablemente«. El elogio, más que un simple formalismo, dejaba en claro que la condición camaleónica del hoy seleccionador argentino es un ítem a tomar en cuenta a la hora de armar el plantel que dirigirá en el mundial. Esa búsqueda de una personalidad propia no tiene fecha definitoria, y por ello, observar el proceso es tan enriquecedor como frustrante.

    Todo lo expuesto me hace pensar en que Sampaoli está viviendo un proceso caracterizado por la incertidumbre. Sin laterales de largo recorrido, (“Si Argentina tuviera a Dani Alves y a Marcelo seguro jugaríamos con dos laterales.”) y por ahora con la búsqueda del protagonismo como única certeza, es imposible definir hoy con qué plan afronta el casildense su segundo campeonato mundial, éste con la etiqueta de favorito y al mando del equipo de su país.

    Lo expuesto en estas líneas no tiene como propósito cuestionar al argentino, sino recordar que también los entrenadores viven procesos de introspección. Al fin y al cabo, hasta aquellos a quienes señalamos como dueños de verdades y conocimiento indiscutibles, cambian y se renuevan con cada segundo. Deben ser flexibles, deben adaptarse, y quien sabe, si tal como Sampaoli, deban adoptar un perfil camaleónico con tal de ayudar a su equipo a competir de la mejor manera posible. Pero con ideas firmes, porque sin ellas jugar al fútbol es lo mismo que jugarle unas fichas al azar. Con dos partidos preparatorios en el horizonte, el proceso que protagoniza Sampaoli promete seguir siendo muy interesante para los observadores desinteresados.

    Fotografías encontradas en la web. Créditos a quienes corresponda.

  • Balón para jugar, comunicar y vencer

    Balón para jugar, comunicar y vencer

    El fútbol es un juego sumamente generoso. Además de las inmensas probabilidades que ofrece –no confundir con posibilidades porque en la vida todo es posible pero no probable- también permite que se discuta hasta lo más elemental. No en vano se ha puesto en duda la importancia de poseer el balón. Científicos de lo absurdo dicen, y se creen semejante bobada, que lo importante no es tener la pelota sino ganar. ¡Han descubierto el agua tibia!

    Militantes de la obviedad, estos pseudo analistas se apoyan en que la posesión del balón por sí sola no significa nada. No advierten que ningún equipo del mundo tiene como estrategia, mucho menos como objetivo, eso que ellos condenan. La titularidad de la pelota no es más que una herramienta, un apoyo en la búsqueda de la victoria. Harta seguir recordando esto, pero la estupidez, al igual que el viento, no pierde su fuerza con el paso de los años.

    Los equipos de fútbol entrenan y practican con el objetivo de, una vez  en fase de titularidad del balón, hacer todo lo posible por marcar un gol. Los hay aquellos que prefieren que su relación con la pelota sea menos duradera, evitando la promoción de otros métodos de construcción de juego distinto a las rápidas transiciones. Pero al fin y al cabo, si no disponen de la pelota, ¿cómo carajo pueden anotar un gol? Lo que cambia, en estos equipos con respecto a otros, es su relación con la pelota.

    Si mi equipo tiene el balón, el rival no la tiene. Esto, que debería pertenecer a la más pura lógica del juego, se discute hasta con pasión. Una de las razones para ello es que, desde mediados de la década de los 90, las transmisiones televisivas han impuesto aquello de los porcentajes de posesión. Y los estudiosos de la nada, afiliados a la imbecilidad, siendo que ella los ayuda a pertenecer, dejaron, si es que alguna vez lo hicieron, de ver el juego para ver la pantalla; se decantaron por la opinión de otros eruditos de la falsedad porque, insisto, asumieron que repetir bobadas aumentaba sus probabilidades de pertenecer. Repetir antes que pensar, esa fue su estrategia. No pusieron la lupa en qué hace cada equipo cuando se encuentra en fase de posesión sino que repitieron, cual loros entrenados, que tenerla era insuficiente.

    Hago énfasis en la expresión “tener el balón” porque es otro de los grandes pescados podridos que esta gente vende y que debe ser desmontado. Nadie tiene el balón, salvo el portero cuando lo toma con las manos o aquel futbolista que está por ejecutar un saque de banda. Esto no les interesa, porque ellos, con tal de simular sabiduría y convencer a sus jefes y empleadores de ella, repiten y repiten lo que otros, tiempo atrás, también expusieron equivocadamente.

    En una entrevista que acaba de hacerse pública, el periodista Juan Pablo Varsky, sabedor de estas miserias que aquejan al juego, quiso aprovechar la fuerza del altavoz que le proporciona el canal para el que labora (Directv Sports), para intentar que fuese Pep Guardiola el que le pusiera, de una buena vez por todas, fin a semejante debate.

    Esto fue lo que le dijo el entrenador catalán ante el cuestionamiento hecho por el gran periodista argentino sobre la razón por la cual nos pasamos la pelota en el fútbol:

    Nos pasamos la pelota porque los chicos, cuando decidieron jugar al fútbol, decidieron jugar con la pelota… Un equipo que genera que todos participen de esa cosa por la cual se hicieron futbolistas, que es el balón, es la cosa que une más a un equipo, dentro y fuera del campo. Tácticamente, en cada pase tiene que haber una intención. El tiki taka… Yo amo que nos pasemos el balón pero ese término fue peyorativo, pasarse el balón por pasárselo. Yo digo: pasarse el balón con una intención, para mover una estructura defensiva y atacarlos dónde nos conviene. Es decir, el balón se mueve para tú hacer mover a esa estructura y decir ‘yo te muevo aquí para atacarte en otro sitio. Eso pasa en el baloncesto, en el balonmano, ¡en todos los deportes de grupo! Se mueve el balón para mover al otro. Cuando el balón está parado, el mimetismo de control defensivo es muy fácil; cuando el balón está en continuo movimiento el mimetismo defensivo del oponente no sabe dónde está, y en ese momento, en esa estructura que se mueve, que en función de si salen los de afuera o los de adentro, ahí es cuando uno puede atacar. Por eso se tiene que entrenar más y más, y siempre y siempre con el balón, porque es lo que da eso al juego”.

    xavi-busquets-iniesta

    La exposición de Guardiola es sencilla, que no simple, porque explica la razón por la cual se intenta disponer de la pelota y evitar que el rival la tenga.

    Aún así, hay quienes, aupados por la necesidad de sentirse y presentarse diferentes, siguen gritando a lo loco que lo importante es ganar y no tener la pelota. ¿Cómo gana un equipo que no disponga del balón? No me refiero a porcentajes sino a disponer de ella.

    Guardiola y Mourinho sí que son parecidos. Mientras los medios de comunicación han construido una rivalidad que no es tan profunda, únicamente sostenida en maneras de ser o “porcentajes de posesión”, el público, víctima y victimario, ha olvidado que ambos entrenadores buscan lo mismo que cualquier otro deportista: vencer. A ellos, que hacen vida en el fútbol, los diferencia su concepto sobre construcción del juego, es decir, cómo interpretan que sus equipos se acercarán más a esa victoria. Y eso es lo que debe discutirse, no el resultado, porque el resultado ya está, ya es, no se puede modificar.

    Me explico: la relación con el balón determinará el comportamiento de cada equipo. Pongamos el ejemplo de la recuperación de la pelota. Para muchos, un gran recuperador es aquel que hace lo posible por quitar el balón al rival, mientras que para otros, los que entienden al juego como un continuum y no lo disgregan ni separan en jugadas, comprenden que una recuperación no es tal si quien retoma la titularidad del balón hace un mal pase; retomar la conducción exige que se de un buen pase, uno que deje en situación de ventaja al compañero. Si por el contrario, una vez recuperada la conducción de la pelota se elige hacer un envío largo para que un compañero dispute pelota y espacio con un rival en igualdad de condiciones, eso más que recuperar es rifar, y en una rifa, es decir, en igualdad de condiciones, la lucha, la batalla, es para cualquiera.

    Basta con observar los comportamientos de Ederson, portero del Manchester City, para comprender que, al poseer una noción profunda del juego, su labor, además de detener los disparos del rival, es la de un continuador del juego: alguien, que al igual que sus compañeros, entiende al pase como una forma de comunicación, de relación. Es un continuador, y al mismo tiempo, un generador de situaciones favorables. Cada pase suyo tiene una intención, por ello, salvo en casos de extrema emergencia, el brasileño no despeja la pelota, no la rechaza, sino que a través de ella conecta con sus compañeros y les ayuda a encontrar situaciones de superioridad.

    Ganar o perder no depende de porcentajes de posesión sino de qué hacer cuando se dispone del balón. Todos ansían la victoria, algunos prefieren reducir los márgenes de influencia del azar –jamás será posible expulsarlo del todo- mientras que otros se decantan por jugarle unas fichas al talento individual y a la eventualidad. Pero sin el balón no hay viaje hacia la portería contraria, mucho menos probabilidad de anotar un gol.

    Todo es tan lógico que los mercachifles han conseguido que nos olvidemos que al fútbol se juega con una pelota y que a esta, para ganar, hay que meterla en la portería contraria.

    Fotografías cortesía diario Marca y http://www.weloba.com/

  • El formidable viaje de Guardiola

    El formidable viaje de Guardiola

    51vsH+7N0+L._SX310_BO1,204,203,200_

    En 1955, Willy Meisl, periodista austríaco, hermano del legendario Hugo, uno de los entrenadores que mayores aportes han ofrecido a este juego, puso de manifiesto, en su libro Soccer Revolution, lo que consideraba el mayor enemigo del fútbol británico:

    Todo el énfasis se hace en la defensa: ¡la seguridad primero!

    “Se dice que fue Herbert Chapman quien dijo que ‘si evitamos que nuestros oponentes marquen aseguraremos un punto. Si conseguimos anotar un gol, tendremos los dos puntos’. Esta fórmula, sin importar si realmente fue Chapman quien la pronunció, contiene el espíritu y la esencia táctica del ‘nuevo’ juego de fútbol, el de la era posterior a 1926 (N.R: año en que se produjo el cambio en la regla del fuera de juego, según la cual un jugador se encuentra en posición de fuera de juego si se encuentra más cerca de la línea opuesta que el balón y el penúltimo adversario, lo que quiere decir que el jugador se encuentra más adelantado que todos los jugadores oponentes menos uno. En relación a la regla clásica, se cambió la palabra antepenúltimo por la palabra penúltimo).

    “Rápidamente generó la mentalidad de ‘seguridad primero’ tan trágicamente característica de la Gran Bretaña del período entre guerras”.

    Meisl no fue el único. Otro periodista, Conrad Lodziak, también advirtió que el camino que el fútbol transitaba era uno en el que el temor se imponía a la creatividad.

    21791

    Según Lodziak, que en 1966 publicó un libro llamado “Understanding Soccer Tactics”, el fútbol ya había sido conquistado por el conservadurismo anunciado por Meisl:

    Un hecho interesante que se desprende del examen de la tendencia en las formaciones de equipo es que todos los cambios se han realizado en un solo sentido: del ataque a la defensa. Primitivamente, los equipos tenían nueve delanteros y un defensa; gradualmente el número de atacantes todo el tiempo fue reduciéndose y el número de defensores todo el tiempo incrementándose. Esto refleja un cambio de mentalidad en el fútbol. El objetivo ahora es ceder menos goles que el adversario; antes era apuntarse más tantos que el oponente”.

    Pep Guardiola, como ha dicho José Mourinho, ha comprado defensores a precio de atacantes. Pero lo que el entrenador portugués pensó como un ataque a su colega catalán terminó convirtiéndose en una maravillosa definición de las intenciones del City de Pep.

    Para Guardiola, hijo ideológico de Cruyff y Lillo, el fútbol es un juego global en el que es imposible disociar ataque y defensa. Es por ello que el preparador citizen habla siempre de la construcción de juego: en cada momento del partido sus equipos quieren la pelota, no para pasársela sin mayor plan, sino para ir debilitando al adversario hasta anotarle un gol.

    La posesión de la pelota, o como bien aclara Lillo, la disposición del balón – tenerla solamente la tienen los porteros cuando la toman con la mano- no es el fin sino una herramienta. Con la pelota se construye todo tipo de avance, por lo que los futbolistas de los equipos de Guardiola no deben ni pueden distraerse en ningún momento sino moverse, ofrecerse, teniendo al arco contrario como punto de llegada.

    Tanto en España como en Alemania, Pep no encontró mayor oposición conceptual a sus ideas. Al Barcelona llegó como el hijo de Cruyff, mientras que en el Bayern, aún cuando sus ideas no gozaron de la admiración que sí tuvieron en la ciudad condal, sus maneras habían influenciado profundamente a la selección teutona, por lo que el público, aunque atontado por la mentira mediática del “tiki taka”, estaba abierto a aceptar la transformación que propuso el catalán. Aquellos que no lo hicieron, una vez pasados un par de años de la partida del conductor español, se han visto más convencidos que los defensores originales de Pep.

    Pero Inglaterra es un reto enorme. Y no me refiero a la posibilidad de ganar campeonatos, que es, aunque algunos lo olviden, el motor principal de su profesión.

    El mayor desafío de Pep, le guste o no, es recordarle a los padres y creadores de este maravilloso juego cómo fue que éste se hizo popular y amado. Con esto no me refiero a cantidad de toques antes de llegar al área rival sino a la necesidad de comprender que esta actividad tiene un objetivo: entretener al público.

    Meisl, además de escribir ese maravilloso libro al que hacía referencia, también participó de la publicación del texto de Lodziak. En el prólogo de ese manual, Meisl avisaba, nuevamente, que: “el fútbol inglés padece todavía las consecuencias de décadas de jugar ‘ateniéndose a las instrucciones’, lo cual es la muerte del individualismo, la espontaneidad y el placer del fútbol creador”.

    Ederson, John Stones, Kyle Walker, Benjamin Mendy, Ilkay Gundogan, Leroy Sané, Bernardo Silva, Gabriel Jesús, Danilo. Ellos han llegado bajo el mandato del entrenador catalán para unirse a Nicolás Otamendi, David Silva, Fernandinho, Sergio Agüero, Kevin de Bruyne, Vincent Kompany, Yaya Touré, Raheem Sterling y hasta Fabian Delph con dos objetivos; ganar, por supuesto, pero ganar respetando aquellas directrices que caracterizaron al fútbol británico antes que este sucumbiera al temor, las estadísticas, y como no, al negocio por el negocio mismo.

    Todo esto al igual que en Múnich: sin Xavi, Iniesta, Busquets ni Messi. Porque claro que el fútbol es de los futbolistas, pero también, diría mi amigo Martí, es de los entrenadores.

    Fotografía cortesía de: http://www.mancity.com

  • Señales de Sampaoli

    Señales de Sampaoli

    2568355h765

    El amistoso entre Argentina y Rusia tenía como objetivo primordial para el cuerpo técnico de Jorge Sampaoli ir consolidando algunos detalles y promover otros que ayuden a que el suyo sea, con el paso de los pocos minutos que restan antes del mundial de Rusia, un equipo reconocible.

    Por ejemplo, va quedando claro que la idea de jugar con tres defensores no es un capricho del DT. Sin laterales de largo recorrido, Sampaoli ha elegido ocupar la primera línea con futbolistas que actúan en la demarcación de defensores centrales. Esos tres defensores posibilitan que el equipo juegue con dos volates externos, quienes aportan soluciones muy distintas a los marcadores laterales argentinos de los últimos tiempos.

    Se afianzan los carrileros, aunque cambien los nombres. Ante la ausencia de Acuña, Argentina jugó con Lo Celso y Di María por izquierda, mientras que Salvio y Pérez harían lo propio por la derecha.. La idea era que el equipo fuese ancho y profundo.

    Sampaoli conoce perfectamente este concepto. En su etapa final en Chile, y durante su estadía en Sevilla, tuvo a su lado a Juan Manuel Lillo, quien es, entre muchas cosas, la persona que construyó el marco teórico del juego de ubicación, término que él mismo da a conocer en el libro “Pep Guardiola: La Metamorfósis”, de Martí Perarnau. En el siguiente video se puede escuchar a Lillo hablando de la importancia de ser ancho y profundo, una intención típica de los equipos del tolosarra:

    El retorno de Acuña en próximos partidos le permitirá a Sampaoli contar con un futbolista que se adapta muy bien a los movimientos de Di María, ya que el futbolista del PSG elige, en ocasiones, conducir en diagonal, desde la banda hacia el centro, lo que obliga a Acuña a proyectarse por ese costado y ocupar la raya, con la intención de seguir siendo ancho y profundo, esto para que el rival no concentre tantos futbolistas en el centro, además de convertirse en una opción de pase.

    Es interesante también observar los movimientos de Sergio Agüero. El delantero el Manchester City es un futbolista técnicamente rico, y por ello le es natural asociarse tanto con Messi como con los demás protagonistas del avance argentino. “Kun” es más que goles, y como bien acotaba Jordi Pascual en Twitter, la presencia de Agüero ayuda a que Sampaoli active o ensaye una “variante del 1-3-3-3-1 que empleaba Van Gaal. Aquí es 1-3-3-1-3. con 3 puntas y Leo por detrás”.

     

    No es casual que Sampaoli deje por fuera a Gonzalo Higuaín. Lejos de ser un capricho, el seleccionador está apostando a una idea, y para que esta se ejecute, necesita un mejor entendimiento entre los protagonistas, es decir, que estos hablen una lengua en común que los acerque. Con Higuaín siempre existe la posibilidad/capricho de buscarlo como referencia entre los dos defensores centrales, de tirarle un centro a la olla para que intente resolver, mientras que Agüero, siempre que este lo asuma, por su fútbol puede incluso actuar de mediapunta e incluso hasta de falso nueve. ¿Para qué? Para generar superioridades, distraer, disminuir las distancias de relación, y por supuesto, producir caos.

    Ante Rusia esto fue lo que Sampaoli propuso en el inicio del partido:

    lineup copia

    Además de los (posibles) recorridos, en la siguiente imagen se identifica que alrededor de Messi hay futbolistas capacitados para acercarse o alejarse de él según lo exija el juego.

    lineup

    Con esta propuesta, el seleccionador ha hecho algo que otros no se atrevieron: probar variantes con el objetivo de que no se repitan escenarios en los que Messi tenga que sortear a cuatro, cinco y hasta seis contrarios, mientras sus compañeros observan como quien mira la llegada del mesías.

    ¿La duda existencial de este sistema? El volante central. Por características, Banega debería ser titular, pero son tales sus altibajos que es muy difícil pensarlo como la solución indiscutible a este problema. Por otro lado, ni Biglia ni Kranevitter parecen adaptarse con rapidez a este estilo, situación que seguramente alarma al seleccionador argentino, ya que, como su carrera de entrenador nos recuerda, el volante central es una pieza clave en su planificación.

    En el Chile de Sampaoli jugaba Marcelo Díaz, y en él se sustentaba la idea. Argentina tiene a Messi –que es mucho decir- y a buenos jugadores por los costados que comrpometidos pueden hacer de esta selección un equipo temible. Pero hoy le falta un mediocampista que haga de guardián/ejecutor de la idea, y eso, aunque suene a poco, es casi como quedarse sin agua en el medio del desierto.

    Fotografías tomadas del diario La Nación. Cortesía AFP y Reuters

  • Messi es una parte del plan, no el plan

    Messi es una parte del plan, no el plan

    “La táctica de un solo hombre jamás ha ganado un partido, y a menos que los otros miembros del equipo jueguen en unión con él, el partido estará perdido”. Herbert Chapman

    Todos vimos la foto. Jugaban Argentina y Chile la final de la Copa América Centenario, y como cada cosa en estos tiempos de redes sociales, la imagen de un Messi intentando zafarse de hasta cinco futbolistas chilenos que lo acosaban directamente, y cuatro más que permanecían atentos, cual baterías antimisiles, a los movimientos del argentino, se hizo mundialmente conocida y comentada.

    Se dice que una imagen vale más que mil palabras. No sé si esto sea así, pero vale recordar aquella postal:

    1467257083-descarga

    Es tan impactante esta fotografía que muchos, influenciados por la potencia de la misma, olvidamos que en ella se puede resumir todo lo que está mal en el fútbol. Me explico: entrenadores, padres, agentes y periodistas hemos contribuido sin rubor a popularizar la gran jugada individual como el elemento diferencial en el juego, bien sea la posibilidad de regatear a varios rivales o la carrera de largo recorrido. Esa ovación a una situación del juego, elevándola hasta el Olimpo, ha traído como consecuencia que los futbolistas, desde muy temprana edad, asuman como propio que hacer jugadas es lo mismo que jugar al fútbol. Y esto no es así.

    La imagen a la que hago referencia sirve de ejemplo para comprender la inestabilidad que caracteriza el paso de Lionel Messi por su selección. Salvo por la conducción de Alejandro Sabella, el 10 ha sido ese último recurso al que se aferran los condenados a muerte. Cuando sus compañeros, en medio de un duelo que no saben ni pueden resolver, se la entregan a Messi están haciendo lo mismo que los que esperan en la fila de los acusados: encomendarse a la divinidad.

    Pero la divinidad, entendida como la esencia propia de los Dioses, no ha sido probada como algo real. Las religiones requieren de un acto de fe para seducir; el fútbol requiere planes, ideas, flexibilidad, reacción, adaptación, talento y trabajo. También de otras muchas otras cosas más, entre ellas el bendito azar.

    De hecho, quienes sostienen que lo más cercano a Dios en el fútbol fue Diego Armando Maradona olvidan, por conveniencia o mala memoria, que hasta el propio «Pelusa» perdió más de lo que ganó. Esta afirmación se sostiene en las estadísticas de su carrera como futbolista, y debería recordarle a los expertos que nadie, por sí solo, vence en un deporte colectivo. Michael Jordan, el atleta más dominante que jamás haya visto, en deportes colectivos claro está, necesitó de la planificación de Phil Jackson, la complicidad de Scottie Pippen y de un colectivo brillante. Realimentación, así lo bautizaron las españolas Natalia Balagué y Carlota Torrents.

    Pero a Messi se le exige mucho más. Inexplicablemente, al jugador del FC Barcelona le reclaman que cuando sus diez compañeros lo requieran, sea el plan, el todo, y eso, mi estimado lector es imposible. Pero, además, le piden que conduzca a la normalidad a un seleccionado que hace mucho tiempo tiene en el caos su manera de vida.

    La paz nunca ha sido una excepción

    5529210546bfe_800x0

    La selección argentina se encuentra en estos momentos en el quinto lugar de las eliminatorias Conmebol al mundial de Rusia 2018. A falta de dos partidos, su ubicación la tiene en puestos de repesca, pero es tan comprometida su situación que, de ceder puntos en esta doble jornada, Chile y Perú podrían dejarla sin mundial. Este panorama no es novedoso, pero dada la potencia de los altavoces actuales (redes sociales, programas de radio y TV, blogs, etc.,) pareciera que nunca antes se enfrentaron los argentinos a una realidad tan dura.

    El equipo del 86, campeón del mundo, no tuvo un tránsito tranquilo por la Clasificación Conmebol. A las constantes críticas para con el juego de aquella elección -no se olvide que desde el gobierno de Raúl Alfonsín se intentó destituir al entrenador Carlos Salvador Bilardo- se sumaba que hubo que esperar hasta la última jornada de la liguilla para obtener el boleto al mundial de México. De hecho, a falta de nueve minutos para terminar aquel duelo frente a Perú, los argentinos estaban fuera del torneo, hasta que apareció Ricardo Gareca. El «Tigre» marcó el gol del empate y con ello selló la clasificación.

    Aquel conjunto de Bilardo tuvo a Maradona como emblema. La primera gran decisión del seleccionador fue hacer a Diego capitán, lo que suponía el relevo de Daniel Passarella, el líder del equipo campeón de 1978. Aun con Maradona como figura imprescindible, la albiceleste sufrió para lograr el boleto mundialista.

    Como consecuencia de ganar el torneo mexicano, Argentina no disputó la clasificación a Italia 90, por lo que su retorno al ruedo continental se produjo en la clasificación para USA 94. Tras la derrota ante Alemania, Maradona renunció al combinado nacional, y los años siguientes lo encontraron luchando contra sanciones por dopaje y un bajo nivel competitivo, tanto en el Sevilla como en Newell’s Old Boys.

    En aquel entonces, el seleccionado ya era dirigido por Alfio Basile. Su versión albiceleste arrasó en las dos Copa América que enfrentó su ciclo, pero en las eliminatorias, tras la inolvidable goleada de Colombia 0-5 en el Estadio Monumental, Basile, perseguido por las críticas y los fantasmas, se reunió con Maradona y le pidió que volviese a la selección. Maradona aceptó, y con él en el campo, Argentina superó a Australia y obtuvo su boleto a la cita norteamericana.

    Vale acotar que en esa serie de repechaje frente al conjunto oceánico no se vio al gran Maradona. Algo normal si se tiene en cuenta que en los últimos años había jugado poco y nada. Existe la leyenda, contada por reconocidos periodistas argentinos, de que Julio Humberto Grondona, presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, y mano derecha de Joao Avelange y posteriormente de Joseph Blatter, logró que en ambos duelos no se llevara a cabo el control antidopaje. Esta versión fue alimentada por el propio Maradona, en diálogo con el diario Clarín, en 2011:

    «Grondona fue cómplice de un antidoping que nunca se hizo en el partido Argentina-Australia por el desempate del Mundial de Estados Unidos 1994 porque si se hacía Argentina no llegaba a la Copa del Mundo. Esa es una de las tantas perlitas que tengo para contar«.

    Tras disputar el mundial del 94, Maradona se alejó definitivamente de su selección, lo que abrió la puerta a un nuevo ciclo, conducido por Daniel Passarella.

    El camino hacia Francia 98 fue mucho más cómodo. En aquella eliminatoria, Conmebol estrenó un novedoso formato de «todos contra todos» que se mantiene hasta la actualidad. Con Passarella al mando, Argentina comandó la clasificación, espantando los fantasmas recientes.

    Tras el mundial galo, Marcelo Bielsa se hizo con la conducción del equipo nacional. El rosarino comandó una eliminatoria brillante, en la que su equipo sólo perdió un partido (contra Brasil de visitante), clasificándose al mundial Corea-Japón de 2002 con una facilidad impresionante. El fracaso del equipo en la competición asiática ayudó a que muchos olvidaran el rendimiento de ese equipo, pero la historia enseña que ninguna versión albiceleste apabulló a sus rivales como aquella de Bielsa.

    El camino a Alemania 2006 comenzó con el propio Marcelo, hasta que luego de la Copa América de Perú 2004 (segundo detrás de Brasil) y los Juegos Olímpicos de Atenas (medalla de oro inédita para la Argentina), Bielsa se quedó sin fuerzas para mantenerse en el puesto.

    Lo sucedió José Pekerman y la albiceleste mantuvo su regularidad, clasificándose segunda, empatada en puntos con Brasil, a la cita teutona. Fue con Pekerman que Messi debutó en las eliminatorias, en 2005, frente a Paraguay. Todavía era un chico tímido, por lo que su explosión en la selección debería esperar un par de años.

    Tanto Bielsa como Pekerman abandonaron la selección por los mismos motivos. Desgastados y cansados de tratar con Grondona y las exigencias de sus «socios», ambos entrenadores prefirieron el descanso. Grondona, ante la posibilidad de quedar expuesto como el gángster que era, recurrió a uno de los suyos: Alfio Basile.

    Ganador de todo con Boca Juniors, a Basile lo sedujo la posibilidad de revancha que no tuvo tras USA 94. Pero este ciclo del veterano entrenador ni siquiera llegó al final de las eliminatorias.

    A pesar de ser el único seleccionador que logró juntar «en sana convivencia» a Messi con Juan Román Riquelme, y de realizar una Copa América notable, Basile no logró terminar su etapa. En medio de sospechas de traición de parte de Maradona y de algunos jugadores, «Coco» dejó la selección, dejando la puerta abierta para que Diego cumpliera su mayor sueño: dirigir a la albiceleste. Con Basile también se fue Riquelme.

    Como se podía suponer, el paso de Diegote por la selección fue tan caótico como ha sido su vida. Argentina clasificó cuarta, pero no fue sino hasta el último partido que consiguió el objetivo.

    Las siguientes eliminatorias tendrían a Alejandro Sabella como conductor de la albiceleste. Antes hubo una olvidable Copa América con Sergio Batista, en la que, en casa, Argentina no pasó de los cuartos de final.

    El inicio de esta etapa estuvo llena de dudas. Una derrota ante Venezuela, en Puerto La Cruz, parecía condenar al seleccionador, pero en la quinta fecha, tras ir perdiendo 1-0 con Colombia, el equipo dio vuelta al partido en la calurosa Barranquilla, y a partir de allí no bajó la guardia. Nuevamente, como con Bielsa y Passarella, la selección sureña era «el equipo de», por decir de una manera que ya volvía a ser un equipo y no un conglomerado de individualidades. El segundo puesto en el Mundial fue la prueba del gran trabajo del seleccionador.

    Sabella también prefirió alejarse, y con ello llegó Gerardo Martino, quien comenzó las eliminatorias, pero tras quedar segundo en la Copa América de Chile 2015 y la Copa América Centenario 2016, abandonó el cargo en medio de un desorden institucional nunca antes visto. En la clasificación su equipo nunca fue el que dibujaba en sus intenciones y sus discursos.

    Su adiós supuso la contratación de Edgardo Bauza, quien apenas tuvo un puñado de encuentros y luego, tras ser destituido, llegó Jorge Sampaoli, quien hasta los momentos no ha cambiado la dinámica errática de su selección.

    Este repaso histórico ayuda a comprender que las exigencias a Messi, mientras se le compara con Maradona, son, cuando menos, exageradas. A la Argentina, salvo en los casos de Bielsa, Passarella y Sabella, siempre le ha costado clasificarse. Esto puede que obedezca a factores ajenos a la calidad de sus jugadores, pero esa es harina de otro costal.

    La clasificación al mundial es, por lo menos en el caso de Conmebol, una travesía casi insoportable. Los futbolistas que juegan en Europa deben embarcarse en vuelos trasatlánticos, modificar sus horarios de descanso y reencontrarse con viejas costumbres futbolísticas para intentar competir.

    El valor de las sociedades

    MUNDODEPORTIVO_G_15233440341-kDbB-U426091479165kE-980x554@MundoDeportivo-Web

    El poco tiempo de trabajo es un monstruo real y bravo. Los seleccionadores nacionales disponen de escasas horas con sus jugadores, y sólo cuando obtienen el boleto al mundial es que pueden entrenar, claro está, tras la agotadora temporada de estos con sus clubes.

    Este es el principal escollo en el camino para hacer de una selección un equipo de autor. No en vano son muy pocos los que lo han logrado y sostenido. A los ejemplos de Bielsa, Passarella y Sabella podría agregarse la Brasil de Dunga en 2010, el Chile de Bielsa y el de Sampaoli, así como el Brasil de Tité. El resto de los seleccionados dependen casi exclusivamente de la tranquilidad emocional de sus dirigidos más que de la voluntad de los mismos.

    Esa escasez de horas entrenamiento conspira en contra de la construcción de sociedades. Es por ello que mucho se habla de que a Messi hay que rodearlo de jugadores que lo comprendan, lo potencien y se dejen potenciar por el 10. A falta de tiempo se busca forzar la creación de estas interrelaciones con quienes aparentan estar en su nivel. Esa conclusión se sustenta en que los supuestos mejores hacen vida en Europa, un concepto de tiempos anteriores a la «Ley Bosman«, pero que, como consecuencia de ese caso, ya no debería influir tanto. Ah, pero el hombre es un animal de costumbres, y ya se sabe que estas son casi imposibles de desterrar.

    Para muchos, Maradona nunca necesitó de la creación de sociedades o del producto de las interrelaciones; para muchos, Maradona jugaba con cualquiera y lo hacía campeón. Semejante argumento constituye una aberración en todo el sentido de la palabra. ¡Es un desprecio por el espíritu del fútbol!

    En la selección, Diego tuvo grandes compañeros y socios, y en el Nápoli, club al que llevó a lugares desconocidos, también.No puede olvidarse que las grandes gestas del equipo del sur estuvieron protagonizadas por Maradona, Careca, Alemao, Ciro Ferrara, Salvatore Bagni y Bruno Giordano.

    El propio Diego resalta sus calidades en el libro «Yo soy el Diego de la gente», en el que incluso admite que mientras él pedía la contratación de Sergio Batista, el club apostó por el brasileño Alemao, y vaya si les salió bien la puesta, ya que con él ganaron un Scudetto (1989-1990) y su hasta ahora su único trofeo continental (Copa de la UEFA 1988-1989).

    Volviendo a las sociedades, hay que aclarar que estas, si bien nacen de la agrupación de individuos, no son consecuencia exclusiva de la voluntad de quienes pretenden integrarla. Por lo menos en el fútbol no es así. No es lo mismo promover la complicidad entre Messi e Iniesta que entre Messi y Banega. Los resultados serán distintos; mejores o peores, pero diferentes.

    Por esto que describo con la simpleza de quien no es experto en nada es que jamás se verá al Messi de Barcelona en Argentina. Pero es que de la misma manera nunca se vio al Maradona del Napoli vestido de albiceleste. Puede que la influencia en el juego haya sido similar -me encantaría que los contables de todo explicaran cómo hacen para cuantificar lo incuantificable- pero nunca fueron similares. El juego no se explica a través de números o estadísticas.

    Y aquí volvemos a un punto tocado anteriormente: Messi será tan bueno como aquellos que lo acompañen. Esta es una regla de este juego; el fútbol es una actividad colectiva, y cada muestra que observemos no es más que la consecuencia de una serie de movimientos grupales. El gol de Maradona a los ingleses, el de la jugada inolvidable, no es más que el ejemplo perfecto: Diego se va deshaciendo de rivales mientras que sus compañeros ayudan a abrirle espacios. Fútbol=equipo.

    Pero, ¿qué es un equipo? Un equipo es un sistema, y como recuerda Carlota Torrents, citando a Aracil, en su tesis doctoral, un sistema «puede definirse como una entidad compleja formada por partes en interacción mutua, cuya identidad resulta de una adecuada armonía entre sus constituyentes, y dotada de una sustantividad propia que trasciende a la de esas partes«.

    ¿Recuerdan aquello de que un equipo es más que la suma de sus partes?

    Ese enunciado debería llamar la atención de quienes prefieren ignorar lo que con estas líneas he tratado de exponer: Lionel Messi no es el plan. Ningún jugador por sí solo puede serlo. Ninguno en la historia lo ha sido.

    Cuando Carlos Peucelle le sugirió a Adolfo Pedernera retrasar su posición en el campo nació «La Máquina de River». Pero semejante equipo no fue Don Adolfo solo; ese movimiento potenció a Muñoz, Moreno, Loustau, Labruna y hasta al propio Pedernera. Porque todo lo que haga uno condicionará a los otros, de la misma manera que el grupo influenciará en el individuo, llevándolo a producir respuestas que sin ese colectivo no conseguiría.

    Esto es fútbol, un deporte de equipo en el que tener al mejor jugador del mundo no garantiza nada. Y aquí es cuando puede medirse el verdadero valor de un entrenador: identificar las fortalezas de su equipo y conseguir que este se haga aun más potente allí donde ya saca ventajas. A Sampaoli debe exigírsele eso, que su equipo juegue como tal, y que no se entregue a la genialidad de Messi como respuesta a lo inesperado.

    Si no me cree, recuerde esta explicación de Thierry Henry sobre lo que es la construcción y respeto de una idea de juego, incluso cuando en el equipo se cuenta con el mejor jugador del mundo:

    Fotografías cortesía de Agencia AFP, Diario Mundo Deportivo

     

  • Ausente D10s, Luis Enrique bien vale una misa

    Ausente D10s, Luis Enrique bien vale una misa

    El Barcelona batió 6-1 al PSG y coronó una remontada histórica que lo sostiene como el equipo dominador de los últimos años. El gol de Edison Cavani casi destruye loas intenciones catalanas, pero si algo quedó claro en el Camp Nou de Barcelona es que nunca hay que dar por muertos a los grandes campeones. Paliza y lágrimas para los de Emery.

    ¿Cuántas veces se ha escrito que el fútbol es lo que es y no lo que queremos que sea? La sencillez de la frase no es contraria a la naturaleza de este juego, actividad compleja como pocas. Y es que el fútbol tiene su propia lógica; sin importar episodios pasados, cada puesta en escena es una versión única e irrepetible. No juega la historia, aunque para muchos sea esta la que explique algunos de los fenómenos que ofrece este deporte.

    Se dijo hasta el cansancio que en el recorrido del Barcelona no hay grandes remontadas, y que esa es una cualidad que define al Real Madrid y no a los catalanes, estos últimos embajadores de un juego más sutil, mejor elaborado y menos propenso a los arrebatos emocionales. No eran injustos los pronosticadores en cuanto a las referencias históricas; quizá el lance más fresco es aquel de los cuartos de final ante el Chelsea, en la temporada 1999-2000, cuando tras caer tres goles por uno en la ida, en Londres, los blaugranas superaron al equipo blue cinco por uno en el Camp Nou, certificando su pase a la semifinal continental. Son más recientes los intentos infructuosos ante el propio Chelsea (2011-2012) o frente al Bayern Múnich (2012-2013). En ambos casos, a pesar de la diferencia de rendimiento, los culé quedaron eliminados de la Liga de Campeones.

    Hay muchas otras muestras más que condenaban anticipadamente las intenciones del equipo dirigido por Luis Enrique, pero como le decía anteriormente, la historia no juega ni hace goles.

    Los primeros minutos fueron todo menos lo esperado. Es casi imposible adivinar a qué salió a jugar el Paris Saint Germain. En esos primeros compaces, los franceses se entregaron a las intenciones de los catalanes, quienes pudieron avanzar en el campo sin mayor oposición. Gerard Piqué, Samuel Umtiti y Javier Mascherano, los tres defensores centrales elegidos por el entrenador blaugrana, se anclaron hasta cinco metros más adelante del medio del campo, haciendo del Barça un bloque corto y compacto, perfecto para atacar el ataque del PSG.

    Debo insistir en que, aunque la intención del local fue esa, los de Unai Emery, quien sabe si por instrucciones o por voluntad propia, se agruparon a escasos metros de su portería. Nunca lo sabremos a ciencia cierta, por lo que crucificar al entrenador español es desconocer las dinámicas grupales, o como bien lo recuerda Alejandro Abilleira, creer que «los jugadores resuelven en acuerdo con lo impuesto«. Más adelante, el mismo autor cita a Crozier y a Friedberg para recordar que se sobrevalora «demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones«. ¡Pum! Golpe bajo para los defensores de los automatismos…

    La defensa por acumulación en espacios reducidos que puso en práctica el equipo francés no limito al Barcelona, aunque el gol de Luis Suárez fue todo menos estético, ítem que abordaré más adelante. Ese tanto, tan hijo del juego del Barça como de los temores parisinos no modificó el guion, y no fue sino hasta el minuto diez que los visitantes se animaron a cruzar la mitrad del campo. Sin embargo, y a pesar de esa tímida reacción, los blaugranas dominaban el partido, aprovechando la superioridad que generaban Rafinha y Neymar en sus respectivas bandas. Ambos ensancharon el campo, y si el Barça no tuvo mayores ocasiones de gol fue porque su juego interno, ese en el que debían mandar Lionel Messi y Andrés Iniesta, no estuvo fino como en otras ocasiones.

    La enorme respuesta del Barcelona se debe en gran parte a la intervención de su entrenador. Luis Enrique, subestimado por muchos y señalado como apenas un gestor del tridente, volvió al “Cruyffismo” más ortodoxo, con la intención de sacudir a los suyos tras la pesadilla vivida en el Parque de los Príncipes, y vaya si lo consiguió. Su dispositivo 1-3-4-3 agitó y espantó fantasmas, y hasta se atrevió a variar dentro del mismo módulo: en algunas ocasiones lo puso en práctica con Jordi Alba y en otras, como ante el PSG, lo hizo sin laterales, dejando el recorrido por las bandas a Neymar y a Rafinha.

    Cambiar no es sencillo. El último entrenador que intentó por necesidad pasar del 1-4-3-3 al 1-3-4-3 en Can Barça fue Frank Rijkaard, en la temporada 2006-2007. En aquella ocasión, el míster holandés comandó la victoria ante el Zaragoza, para avanzar a la semifinal de la Copa del Rey, aunque los suyos se quedaron cortos en la Liga de Campeones frente al Liverpool. Bajo las órdenes de Pep Guardiola, este equipo hizo bueno el módulo “Cruyffista” pero por creencia propia y no por necesidad de un resultado.

    Es por ello que vale rescatar la capacidad de Luis Enrique y su staff. Nada de lo puesto en escena hoy en el Camp Nou hubiese sido posible sin las correctas sesiones de entrenamiento, tanto en pretemporada como en los días posteriores al duelo en París. Se va un enorme entrenador, a la espera de saber si su próximo destino lo tiene de camiseta roja o si debe buscarse la vida en otras latitudes.

    Para intentar un ascenso tan complicado como el que coronaron los blaugranas hace falta algo más que capacidades futbolísticas. Por ello, cuando hacía referencia al primer gol del Barça, señalaba que, a pesar de haber sido el principal defensor de un juego que conquistó al mundo por resultados y estética, el primer tanto culé no fue el típico avance blaugranas. Puede que ahora, cuando ya pasaron los más emocionantes noventa minutos que recuerde, ese gol, nacido del caos y el espíritu indomable del uruguayo Suárez, haya sido el prólogo de un partido inolvidable. Que Iniesta construyera el segundo gol, mezclando su categoría con esa voluntad de no dar una sola pelota por perdida, fue la continuación perfecta al argumento que trato de hacer bueno.

    No puede obviarse que Cavani marcó un gol que aniquilaba la esperanza de muchos, y que estuvo a centímetros y segundos de acabar con todo, pero este PSG, en su versión más pobre que muchos recuerdan, no podía triunfar con tantos temores; jugar así por voluntad propia merece un castigo, y el fútbol, ente al que muchas veces le adjudicamos conductas de entes vivos, hoy no permitió semejante afronta en contra de su propio espíritu.

    El tanto francés obligaba a los blaugranas a convertir tres goles más, y, de la mano de un Neymar pletórico, convertido en el jugador decisivo que muchos prefieren no ver, consiguieron el ascenso a la más alta montaña. El brasileño lleva más de dos meses en un estado de forma insoportable para sus rivales, pero la banalidad, reacia a reconocer su evolución, se enfocaba en la falta de gol del 11 para desacreditar su juego. Hoy se llevaron un golpe de aquellos que hacen época.

    Hay un dato que no es menor: esta hazaña fue posible aun cuando Messi no brilló. Marcó de penal, pero el argentino tuvo una de esas noches grises, melancólicas, en las que la mitad de sus intenciones fueron a parar en las botas rivales. Con el tiempo, este episodio histórico cobrará su verdadera dimensión cuando se revise que el 10 no fue determinante como muchos esperaban.

    Pero permítame volver al trabajo de Luis Enrique, de Juan Carlos Unzué, Robert Moreno, Rafel Pol, Joaquín Valdés, Joan Barbarà, José Ramón de la Fuente y los demás integrantes de este cuerpo técnico. Este staff llegó a un equipo que quizá no estaba en la mierda (Piqué dixit) pero sí venía de dos años muy duros. El panorama actual los tiene peleando los tres torneos, como en cada año de su estancia en Can Barça, pero más allá de cuánto ganen o cuánto pierdan, estos nombres, junto a otros compañeros, dieron una vuelta de tuerca impensable; su capacidad y el hambre un grupo de futbolistas insaciables consiguieron lo que antes, e incluso durante el partido parecía imposible: derrotar a todos los fantasmas. Una remontada como la de hoy no se sostiene en cuatro gritos sino en un trabajo confiable.

    Luis Enrique se perdió aquella inolvidable noche ante el Chelsea en el año 2000. Sus por entonces compañeros lograron, en plena Semana Santa, un resultado que nadie pensaba posible. Hoy “Lucho” sí fue protagonista, y los suyos le respondieron a los inconformes que cuestionaban la grandeza de este equipo, sólo porque no tenía en su historial de la última década un episodio emocional como el de hoy.

    Bofetada a los críticos y a seguir adelante, como siempre ha hecho el fantástico entrenador que hoy volvió a celebrar a costa de la tristeza de París y de Qatar.

    Columna publicada el 08/03/2017 en El Estímulo.

    Fotografía cortesía de Agencia EFE

  • Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    El fútbol se ha convertido en la principal vitrina de nuestras miserias. Gracias a él no se sostienen las mentiras ni las poses; sesudos analistas que se desviven por mostrarse en la piel de la racionalidad quedan desnudos. El fútbol no perdona.

    La increíble e inexplicable derrota del PSG ante el Barcelona es quizá una de las muestras más claras de lo que expreso. El sincericidio cometido por estos mentirosos y oportunistas de turno podría servirle al público para identificar a estos malos actores. Pero las preferencias del «respetable» hace tiempo que dejaron se ser ejemplares.

    Tras el episodio vivido en el Camp Nou, lo más sencillo era señalar a Unai Emery como el único responsable de semejante catástrofe, al fin y al cabo, nos han educado a que rápidamente debe identificarse un culpable. De nada sirve recordar que ese equipo, el francés, ya supo perder partidos de vuelta, tras obtener importantes ventajas, ante el mismo Barcelona o el Chelsea, episodio este último en el que alguno de sus jugadores celebró anticipadamente la clasificación a la otra ronda, al igual que en esta ocasión frente a los catalanes.

    Antes de continuar debo aclarar que mi intención no es establecer una defensa al conductor del equipo parisino, sino demostrar que en este mundillo del fútbol todo vale y todo sirve siempre que se acomode a las necesidades de los expertos.

    Éstos analistas no solamente colocaban al español como uno los grandes entrenadores del mundo tras los resultados conseguidos al mando del Sevilla, sino que además aseguraban que sus métodos superaban largamente a los entrenadores que había tenido el equipo parisino anteriormente. En ninguno de esos postulados, los expertos invocaban sus estudios sobre los métodos del entrenador ni mucho menos profundas conversaciones con el protagonista; amparados por los resultados, los llamados analistas hacían bueno o malo el proceder de cualquier entrenador. Ignoraban además que los verdaderos protagonistas de esta actividad son los jugadores, y, como bien avisó Juan Manuel Lillo, para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Nadie tiene una varita mágica que pueda transformar en héroes a simples mortales.

    Voy a contar una anécdota, lejana el caso que nos refiere, pero que vivida en primera persona ayuda a comprender el origen de todas las mentiras y todos los juicios.

    Antes de un partido trascendental, un entrenador se acercó a dos de sus jugadores más inteligentes, aquellos que tenían un mejor manejo de la pelota y de las emociones, con la intención de recordarles cómo los iba a presionar el rival para quitarles la pelota. Esta instrucción era simplemente un recordatorio, ya que esa escena había sido practicada antes del duelo. A los 30 segundos del partido se produjo lo anticipado y uno de los futbolistas no reaccionó adecuadamente, lo que derivó en un gol del rival. Treinta segundos fueron suficientes para que un entrenador fuera crucificado por los llamados expertos, los mismos que hoy liberan de responsabilidad a otros entrenadores que son más de su gusto. En esa mala costumbre de buscar un responsable lo más sencillo era señalar al entrenador, porque además, esta conducta no implica una investigación, sino que es aceptada por la sociedad futbolera como única y válida respuesta a cualquier crisis.

    El futbolista que hago mención tampoco fue el único responsable de esa derrota. El fútbol es una actividad compleja, en la que no solamente intervienen un sinfín de elementos y factores, sino que, además, es dinámica, está en permanente movimiento; las sinergias producto de esa dinámica terminan siendo más influyentes aún que cualquier esquema, instrucción, o módulo táctico.

    Futbolistas y sistemas

    636246111986199669w

    Como explicaron Michel Crozier y Ernhard Friedberg (El actor y el sistema, 1990), “sobrevaloramos demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones”.

    Convenientemente se olvida que un equipo de fútbol está compuesto por seres humanos, y que por más que cualquier dictadorzuelo de cuarta lo crea posible, los humanos sienten y reaccionan, jamás podrán comportarse como frías máquinas. Lo planificado siempre se enfrentará a lo que vaya surgiendo dentro de ese duelo conocido como partido de fútbol. Pasa lo mismo con nuestra existencia, pero el miedo a la incertidumbre impide que nos demos cuenta.

    Según Natàlia Balagué y Carlotta Torrents (Complejidad y Deporte, 2011), la complejidad se sostiene, entre otros principios generales, en el Principio de la Interdependencia:

    El funcionamiento de cada elemento depende del de los demás y cualquier modificación afecta a todo el conjunto. Los elementos no están aislados, siempre se relacionan con el nivel que les precede, con el que les sigue y con su entorno global… Por ejemplo, de la misma manera que una táctica deportiva surge por la interacción del juego desarrollado por los miembros de un equipo, dicha táctica se impone a su vez sobre los jugadores constriñendo su comportamiento individual”.

    Son muchos, quizá demasiados, los llamados especialistas que hacen mención a la complejidad para explicar fenómenos futbolísticos, pero una vez confrontados con la inmediatez que exigen y promueven las redes sociales, reaccionan como cualquier tertuliano de bar, que, dicho sea de paso, se comportan como aquellos que se autodenominan especialistas. Hablan de táctica y de estrategia, como si el jugador no fuese en sí mismo un productor de respuestas a las emergencias del juego.

    Insisto, no intento desligar a Emery de su responsabilidad. Vale revisar este video que subí a Twitter para entender que el entrenador español equivocó la estrategia:

    Fútbol de seres humanos

    636246111370163567w

    Siempre hay jugador y persona, y la persona va por delante. El fútbol es más sentimiento, complicidad, que pizarra o estrategia”. Pep Guardiola

    El gol de Sergi Roberto acabó con las aspiraciones del PSG. Neymar Jr., figura indiscutible del triunfo catalán, aseguró que antes de cobrar las faltas sugirió a su compañero a que fuera al área porque iba a convertir un tanto. Esta instrucción no convierte al brasileño en un visionario; sirve exclusivamente para que de una vez por todas se acepte que dentro del campo pasan cosas que quienes, desde afuera, entrenadores incluidos, no entenderemos. Sergi confió en el 11 y desafió las instrucciones de su entrenador, quien le pedía que se quedara en una posición más retrasada, preparando la pérdida del balón.

    Es por ello que debemos rendirnos ante una evidencia que contradice a las verdades absolutas que se promueven desde la TV, la radio y los espacios escritos: el jugador es el único intérprete del juego, porque el juego es dinámico y sólo quien lo protagoniza puede definirlo y actuar según las emergencias que nazcan durante los compases del juego mismo.

    Rosa Coba y Francisco Cervera, en su magnífico libro titulado “Fútbol: el jugador es lo importante”, plantean lo siguiente:

    Vigilamos movimientos, no personas que se mueven; formulamos repliegues, acosos, pérdidas de balón sin observar la voluntad de hacerlos. Y como nada es más práctico que una consistente teoría, ésta tiene visos de aunar bastante fuerza”.

    ¿Cuántas teorías, títulos, afirmaciones y supuestas certezas que aparecen en los medios se apoyan exclusivamente en la necesidad de algunos pocos de hacerse visibles a partir de hacer buena cualquier hipótesis, por más inverosímil que esta sea?

    Estando en Múnich pude comprobar que la relación de Pep Guardiola con sus futbolistas no era tirante ni se parecía a lo que los medios alemanes describían. Pero de nada valía todo lo que observé en los entrenamientos del equipo bávaro: a mi retorno a mí realidad, todo auello fue puesto en duda porque contrariaba lo que los expertos balbuceaban. Las mentiras tapan hechos reales: de haber sido real aquel cúmulo de afirmaciones que describían a una plantilla totalmente desligada de su entrenador, hubiese sido imposible que estos mismos futbolistas compitieran como lo hicieron.

    El fútbol da para todo

    636246041045560928w

    Unai Emery equivocó el análisis previo del partido, así como su planteamiento inicial. Aunque la ventaja de cuatro goles parecía casi irreversible, en frente estaba una de las delanteras más potentes del momento, el mismo equipo que ha dominado la última década del fútbol europeo. Por ello sorprendió a propios y extraños que la estrategia inicial partiera de semejante desprecio por la naturaleza propia del PSG, la misma que los llevó a dominar al mismo equipo catalán, apenas tres semanas atrás.

    Ahora bien, ¿acaso no se juegan varios partidos dentro de los partidos?

    Dentro de los noventa minutos que dura un duelo de fútbol son muchas las modificaciones que se suceden. Algunas de ellas producto de la reflexión del cuerpo técnico y otras, la gran mayoría, hijas de las sinergias que se producen entre todos los protagonistas. El avance de Sergi Roberto a posiciones de gol, aconsejado por su compañero, confirma lo expuesto. No fue un acto de rechazo a las instrucciones del entrenador sino una respuesta a una emergencia inmediata del juego.

    César Luis Menotti incluso afirmó, en defensa de la capacidad resolutiva del futbolista, que cuando un entrenador aísla al jugador de la dinámica del juego para darle alguna instrucción, no hace sino hacer énfasis en algo que ya pasó mientras ese futbolista de aleja de lo que está pasando.

    Tras el gol de Luis Suárez, el PSG reaccionó e identificó que el juego del Barcelona no los había empujado a esa inexplicable defensa por acumulación: ellos mismos liberaron al club catalán hasta el punto de permitir que sus defensores centrales jugaran casi en tres cuartos de cancha. Pero, así como no parece haber existido una notable intervención de Emery para cambiar lo propuesto, tampoco pudo identificarse en los futbolistas del club francés un acto de rebeldía, algo que hiciera pensar que podían recordar la victoria en el Parque de los Príncipes, no ya como un resultado, sino como un mapa, una hoja de ruta que les señalara cómo jugar ante el Barça.

    Olvidamos que en un equipo no existe la autonomía de sus integrantes. Todos y cada uno de los organismos que lo componen conviven en una relación de dependencia que promueve sinergias y respuestas casi inimaginables. Acusar a Emery de miedoso, señalar a Thiago Silva como un “contaminador” o a Di María de provocador es, cuando menos, limitar el análisis para favorecer una certidumbre que no es tal, pero que seguramente nos hace sentir bien. El reduccionismo hace bien para el ego pero disminuye nuestras capacidades cognitivas.

    Permítame que insista: el fútbol es incertidumbre, pura y dura. Con ello quiero decir que cada episodio, cada partido, debe revisarse como una muestra total y global, no por espacios ni recortes. Pero, además, hay que hacerlo con el convencimiento de que aun cuando creamos acercarnos a la conclusión, son demasiados los factores que no vemos, no comprendemos o ni tan siquiera sabemos que existen. El fútbol es de los seres humanos, y como tal, aceptémoslo, es, al fin y al cabo, dinámica de lo impensado

    “¿Quién puede indicar previamente, con exactitud, el producto de una cantidad innumerable de interacciones, si estas están en continuo dinamismo?”. Óscar Cano Moreno

    Fotografías encontradas en distintas webs, cortesía de la Agencia EFE

  • El regreso de Marcelo Bielsa

    El regreso de Marcelo Bielsa

    Marcelo Bielsa dirigirá al Lille OSC a partir del 1 de julio. Así lo ha confirmado la web oficial del club, resaltando que «Convencido por el proyecto y los argumentos presentados por la nueva dirección Lille, Marcelo Bielsa ha acordado tomar el autobús desde el 1 de julio».

    Hasta esa fecha, Franck Passi, colaborador de Bielsa en su etapa al frente del Olympique Marseille, será el encargado de conducir al equipo que hoy marcha en el puesto catorce de la clasificación de la Ligue 1.

    Bielsa retorna al campeonato francés, y al mismo tiempo, se reafirma en uno de los pilares de su manera de conducir: estudiar a profundidad la plantilla que tendrá bajo sus órdenes. El entrenador argentino, al igual que cuando llegó a Chile o  Bilbao, desembarcará en la institución con un inmejorable conocimiento de las cualidades y las debilidades del equipo.

    ¿Por qué Lille y no otros equipos con otros pergaminos?

    Debe considerarse la buena relación entre el entrenador y Gerard López, cabeza visible del equipo. Así lo reseña el medio oficial:

    «Marcelo Bielsa fue la primera elección de presidente Gerard López y LOSC líderes para el gestor de equipo profesional y participar en la implementación de la nueva política deportiva deseada por el club».

    Otro elemento a tener en cuenta es que Bielsa, para implementar su método de trabajo, necesita del total compromiso de sus dirigidos. No olvidemos que el talento no es nada sin ese acuerdo del deportista consigo mismo y con eso que conocemos como equipo. El estudio que hace Bielsa sobre los futbolistas que va a dirigir no se limita exclusivamente a las estadísticas que tanto gustan al periodismo, pero que nada dicen del juego. La presencia de Passi es una señal más de que el argentino va más allá: quiere estar seguro de cuáles son los futbolistas a los que puede explotar, cuáles deben dar un paso al frente y cuáles al costado. Quienes todavía no comprenden que el juego es una cuestión mental se pierden la belleza de los procesos.

    En un documental de producción chilena sobre la vida de Marcelo Bielsa, Fernando Pandolfi, conocido en el fútbol argentino como «El Rifle», quien fuera dirigido por Bielsa en su paso por Velez Sarsfield, reflexionaba acerca de las razones por las que el rosarino aceptaba retos de tremenda envergadura:

    «Yo creo que él se planteó el desafío y dijo ‘a estos (la selección chilena) no los clasifica nadie, ¿hace cuánto? Bueno, yo los voy a clasificar’. Así en Argentina lo empiezan a valorar más, porque él fue allá y ¡parece (José de) San Martín! Liberó al país de la decadencia que tiene el fútbol».

    Para ahondar aún más en su figura, revisemos algunas de sus afirmaciones en el último tiempo, en Francia, pero con el escudo y la admiración de Marsella. La vuelta de Bielsa es un aporte enorme en esta lucha perdida pero maravillosa que es la de pelear por un fútbol que se ocupe del fútbol.

    -“El mundo del fútbol sufre una crisis de aparición de grandes jugadores. Y viendo en profundidad la Liga Francesa, y viendo la tendencia de las grandes ligas de adquirir los mejores jugadores del mundo, especialmente los que no están consagrados, observo que en Francia hay 15 jugadores de muchísima proyección menores de 23 años”.

    -“Los que conducimos seres humanos, cuando vemos que lo que perseguimos no genera el resultado deseado, tenemos dos caminos: responsabilizar a los que ejecutan o revisar las consignas que uno le ofrece. Si un equipo, de 12 puntos obtiene 3, y los 4 partidos son contra equipos inferiores con menos recursos, yo tenía dos posibilidades: responsabilizar a los futbolistas o revisar las consignas. Opté por revisar las consignas. Y la segunda cuestión que escuché lo que sentían los intérpretes e incluí sus opiniones en los argumentos que utilizo para decidir”.

    -“En este análisis, lo que para mí hay que traer como conclusión, es que todos los métodos autorizan a la victoria y a la derrota. Por cada Mourinho hay un Guardiola, y Guardiola pierde como pierde Mourinho. Pero como gana muchísimo más de lo que pierde, los períodos de análisis de la debilidad del método, es mucho menor. Lo ha dicho Ancelotti, con una frase que resume absolutamente todo: “La misma mano débil, es la que me permitió ganar 3 Champions”. Lo que quiere decir que cuando se ganan Copas del Mundo o Champions, es ductilidad para el manejo de los grandes jugadores. Y cuando pierden, porque todos alguna vez pierden, es debilidad frente a la requisitoria de las estrellas, simplemente una cuestión de proporción. Los grandes reciben este tipo de conjeturas o análisis muy de vez en cuando porque siempre ganan. Y los mediocres, como es el caso mío, con mucha más frecuencia porque habitualmente perdemos. Pero eso dicho con absoluta sinceridad, porque si analiza los títulos en los que yo he participado en mi carrera son muy pocos”.

    -“Cuando dirigía a la Selección Argentina, Brasil tenía grandes laterales, siempre los tuvo. Y para mí la mejor receta es obligarlos a defender”.

    -“Todos los que trabajamos en esto, sabemos que luchar por objetivos y no poder conseguirlos desgasta la mente de todos los jugadores. Lo que hay que saber, es si la fatiga mental es la que produce los malos resultados, o los malos resultados los que van degenerando la fatiga mental. Ese es un proceso muy dinámico y, seguramente, en el último partido hubo cosas de esa naturaleza”.

    -“Por mi experiencia personal, sé que el método, el estilo y el sistema, es bueno si ganamos. Y si perdemos es malo, y ustedes actúan con esa lógica, que es la lógica de los seres humanos. Durante un período próspero, las evaluaciones son a favor y se exaltan los mismos valores que ahora se rechazan. Ustedes, seguramente, creían que yo era mucho mejor de lo que en realidad soy”.

    -“Lo que trato de hacer en la adversidad, es fortalecer mis convicciones y no actuar con necedad negando realidades que merecen ser modificadas. Pero tengo claramente visualizado que, en los procesos negativos, todos te abandonan: los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes”.

    -“Hay que analizar cómo actúan los líderes ante la adversidad. Hay líderes que cambian el discurso y hay otros que los mantienen. He visto líderes que cambian los discursos y aciertan y revierten, o todo lo contrario. No puedo abandonar mis convicciones, no sería yo. Y sólo modifico aquello que verifico que está errado, pero también valoro lo que se opina de mí, sé que no soy tan bueno como me describían el año anterior, y tampoco soy como me describen ahora”.

    -«Yo di una idea general y el periodista sigue mirando una circunstancia particular. Participan 20 equipos que no siempre son la misma fuerza de oposición para los otros 19… Hay una enorme cantidad de situaciones que pueden no repetirse, por eso es que me cuesta hablar de lo que va a venir porque no lo puedo imaginar de un modo determinado. Hay generalizaciones que basados en los antecedentes y la historia, pero tampoco en ese caso tengo tantos elementos de juicio como ustedes que conocen los antecedentes de los equipos y los jugadores como para predecir lo que va a suceder con poco margen de error».

    -«A mi, como a cualquier entrenador, me gusta defender en espacios reducidos y atacar en espacios amplios. Pero cuando uno observa el fútbol con grandeza e interpreta el equipo que dirige, y sobre todo cuando tiene mejores jugadores que los demás, está, desde mi punto de vista, obligado a una actitud más generosa y más vinculada con la belleza del juego, por lo que seguiremos intentando en mejorar nuestra capacidad para defender en espacios amplios y para atacar en espacios reducidos. Eso es lo que hacen todos los equipos grandes del mundo, porque para hacer lo contrario hay que tener enfrente un equipo generoso, y eso no sucede».

    -«Nosotros todos estamos acostumbrados a que determinadas causas generan efectos previstos. El fútbol se aparta de eso. Una misma causa puede ofrecer diferentes efectos. Sabemos que la mayoría de las cosas que suceden no obedecen a cómo las imaginamos. Hay mucho de casual».

    -«El problema de jugar con dos 9 no es ubicarlos juntos sino decidir que aspecto del juego se posterga poniendo dos atacantes centrales. Si usted pone dos atacantes centrales sin un volante creativo les resta quien los abastezca, quien le de los pases verticales. Y si para poner dos nueve saca a un extremo, se pierde la llegada de balones desde los costados. Y si conserva los dos wines y el volante ofensivo, debe restarle un componente a la estructura defensiva. No es una decisión sencilla para los que reflexionan más de lo conveniente. Puede ser <Parálisis por exceso de análisis>».

    -«Hay una sola respuesta que todo lo que yo diga lo tira por el suelo. Porque ser el mejor te quita felicidad: horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiestas, diversión. Ustedes tienen un problema muy grande. Muy, muy grande. Tienen dinero pero no tienen tiempo para disfrutar del dinero que tienen. Lo que el dinero te da en términos de felicidad. Eso yo ya lo sé porque lo he visto infinidad de veces. Ustedes quisieran comprar el tiempo. Pagarían por poder hacer eso, como pagaría cualquier persona. Entonces, el éxito te quita la posibilidad de ser feliz. También es una elección, también es una elección”.

    Cuando dos centro atacantes juegan juntos, alguno desciende o alguno se abre para no sobreponerse. Al que le toque descender o abrirse va a jugar peor porque su mejor versión es en el  centro del campo y cerca del arco. Pero en ocasiones, jugando peor uno de los dos, la suma de ambos mejora el equipo. Lo difícil es lograr comodidad en aquel que hace concesiones a sus mejores posibilidades y abandona su puesto. Periodista: ¿esa es una reflexión del momento? Bielsa: No, ahora no, desde hace 15 años que reflexiono sobre ese tema».

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.

  • El problema no es Luis Enrique

    El problema no es Luis Enrique

    Parte importante de la cultura que rodea al FC Barcelona es fatalista. Pero este no es el caso. Andrés Iniesta declaró a los medios catalanes, tras el terrible partido ante el PSG, con derrota 4-0 incluida, que el mal rendimiento del equipo de Luis Enrique «no es cuestión de actitud, es cuestión de fútbol«. La frase encierra en su sencillez un problema mayúsculo que no podrá resolver el míster actual ni quien llegue a la institución, porque es consecuencia directa de una conducción fatal, con un resentimiento descomunal a todo lo que les recuerde a Johan Cruyff o a Pep Guardiola.

    Bajo ese resentimiento atentaron contra el modelo blaugrana y vencieron. Con ellos bajó el Barça B a tercera, pero antes de ese episodio ya se habían dedicado a fichar futbolistas para el conjunto que debía servir de antesala al primer equipo. Mientras los Messi, Xavi, Iniesta y Busquets ganaban, desde las oficinas derrumbaban cualquier columna sobre la que se sostenía el exitoso modelo que ganaba admiradores en el mundo entero.

    Una de las máximas de Josep Guardiola era que «si no encontramos lo que buscamos en casa, lo iremos a buscar fuera». Con la victoria de Sandro Rosell llegó Andoni Zubizarreta, un hábil declarante que, entre tantas cosas, supo modificar la instrucción del entrenador hasta convertirla en un «Si no encontramos lo que buscamos fuera, trataremos dentro».

    El último partido de Guardiola al mando del club fue la final de la Copa del Rey, edición 2011-2012. La alineación para aquel partido fue la siguiente:

    captura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-7-12-53-pm

    Como se observa, de los once titulares, siete futbolistas pasaron por el fútbol formativo del Barça, y dos de los tres cambios también conocían las intimidades del juego de posición. Quienes llegaban a sumarse a esa propuesta aportaban sus particularidades, aquellas que no se conseguían en La Masía.

    En el siguiente gráfico están todos los futbolistas que componían aquella plantilla:

    captura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-7-13-45-pm

    De los treinta y cuatro jugadores que vieron acción en la temporada 2011-2012, veintitrés habían recorrido algunas etapas en el fútbol formativo blaugrana, lo que representaba un 67%. No eran mejores ni peores futbolistas que los que hoy componen la plantilla que maneja Luis Enrique, simplemente comprendían mejor el sistema.

    Pero hay un dato que es aún más revelador: los futbolistas que más minutos jugaron en aquel año fueron: Valdés, Álves, Mascherano, Puyol, Piqué, Adriano, Busquets, Iniesta, Fàbregas, Xavi, Messi, Pedro y Thiago. Los futbolistas resaltados en negritas representan a los «de la casa». El porcentaje de influencia de los futbolistas educados por el club aumenta hasta un impresionante 77%.

    Cinco años después, y con una junta que aparenta ser distinta -pero no lo es-, la plantilla actual está compuesta de la siguiente manera:

    captura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-7-14-20-pm

    De los treinta y tres futbolistas que han jugado esta temporada, quince han pasado por el fútbol formativo. Incluyo en esta lista a Denis y a Aleix, aunque su recorrido fue corto. El promedio es de 45%, lo que supone una baja de más de 20 puntos con respecto al último curso al mando de Guardiola.

    Pero el dato que sentencia a la conducción actual es el del reparto de minutos. Los futbolistas más utilizados por Luis Enrique son: Ter Stegen, Sergi Roberto, Jordi Alba, Piqué, Mascherano, Busquets, Rakitic, Luis Suárez, Messi, Neymar Jr, André Gomes, Umtiti y Denis. Iniesta se perdió parte importante de la temporada y por ello no clasifica. De los trece, apenas seis se educaron en el «idioma Barça», un porcentaje de 46%.

    Seguramente muchos encontrarán como el gran responsable a Luis Enrique, pero, si se me permite, pretendo levantar la mirada e ir más allá: quizá el ascensorista no tiene pasajeros capaces de asumir el reto. Defiendo la tesis de que el entrenador ha tenido que ir al mercado exterior por no encontrar soluciones en casa.

    4030596389-16102010193415

    El diez de enero de 2011, Martí Perarnau publicó el libro «Senda de Campeones». Además de hacer un análisis exhaustivo del «idioma Barça», el periodista y escritor se atrevió a dejar una lista de lo que él llamó «Las joyas de la corona».

    Escribió Perarnau: «Bastantes caerán en mitad del camino, e incluso algunos, en mitad de la nada. Muchos habrán sido los llamados y muy pocos los elegidos para completar la corona«. A cinco años de aquella publicación, asusta revisar aquellos nombres.

    No pretendo hacer una revisión completa, sí voy a sumar los nombres de aquellos cincuenta que se han establecido en el primer equipo, sin discriminar entre titulares o suplentes.

    Jordi Masip, Martín Montoya, Marc Bartra, Sergi Roberto, Thiago, Rafinha, Cristian Tello, Isaac Cuenca y Sandro Ramírez. De todos estos futbolistas, solo Masip, Rafinha y Sergi se mantienen en la disciplina blaugrana. Y de los que debutaron tras la etapa Guardiola, ninguno, léase bien, ninguno se ha consolidado en el primer equipo.

    Insisto: si Luis Enrique ha tenido que buscar afuera antes que revisar en casa, puede que el problema esté justamente en cómo se hacen las cosas en la casa blaugrana.

    Volviendo al presente, la derrota en París seguramente encenderá las alarmas, pero no por los motivos correctos. La goleada quitará el sueño a los dirigentes porque su modelo quedó expuesto ante el mundo como contrario a lo que predican. El Barcelona no pudo refugiarse en el juego porque aquel desapareció de los anaqueles, motivado por la dependencia del tridente y la ausencia de respuestas Made in Barça. Si las respuestas a las interrogantes son André Gomes o Ivan Rakitic, muchas veces, por la calidad individual y el nivel competitivo, se conseguirá el objetivo, pero ante las grandes noches, la superioridad no será la misma de antaño.

    No es un tema de calidad individual sino de software, y este, abandonado y repudiado por los conductores de la institución, no reaparecerá por arte de magia.

    Puede que me equivoque, pero la travesía por el desierto apenas parece estar en sus primeras noches. Puede que retornen los triunfos, pero el estilo, ese carnet diferencial, no aparece.

    Fotografías cortesía de http://www.eumd.es/