Categoría: Fútbol venezolano

  • Correspondencia: Recuerdos del fracaso

    Correspondencia: Recuerdos del fracaso

    Fue mi mayor fracaso. Del que no me repongo ni me repondré jamás. Creí tenerlo todo y el tiempo me enseñó que no tuve nada. Porque el tiempo, mejor dicho, el paso del mismo, es un verdadero hijo de puta. Te seduce, te embriaga, hasta hacerte olvidar su fuerza, esa que determina la mortalidad de todo aquello que existe. Después de aquel mayo de 2014 sé y acepto que fracasé.

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    Sobre el final, todo había cambiado. Los enemigos y traidores brillaban por su ausencia. Parecía que teníamos barra libre. Éramos, lo que ya es una gran victoria. Y en ese poder ser, sin planificarlo, torcimos el rumbo, dimos una vuelta más a la gastada y oxidada tuerca. Introducimos la voluntad de educar. Tocamos la periodización táctica, el juego de posición, las estructuras que componen al ser humano deportista y hasta pinceladas del pensamiento complejo. No lo escondo, sentí que podíamos hacer una diferencia. Sin embargo, todo muere, todo desaparece.

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    Hace unas horas, un impertinente comentario me hizo recordar aquella época. Gabriel García Márquez dijo aquello de que «la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.«. La referencia bien podría hacerme creer que aquello no ha desaparecido, que vive en el recuerdo de algunos pocos. Sin embargo, en esa trampa no vuelvo a caer. Es el mayor fracaso de mi vida porque, once años después, nada de lo que se expuso en aquellos programas quedó. Este fútbol se comporta como el perro que persigue su propia cola: da vueltas sobre sí mismo, sin avanzar ni atrapar su rabo. Los vicios, los errores, las carencias y las miserias están ahí. Maquilladas y tapadas, pero vivas al fin.

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    Ese naufragio es mi vida. Lo tengo presente cada día. me acompañará hasta mi muerte. Recordarlo me fortalece, me motiva y sostiene esta inmunda e insignifcante trinchera que habito orgullosamente. Desde ella alzo mi voz. Alimenta la resistencia y evita que sea el próximo rehén de la cultura del entretenimiento.

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    Aquel 26 de mayo terminó un sueño. Explotó en mil pedazos. Once años después sigo recogiendo los pedacitos de aquel estallido. Lo hago para recomponer el rompecabezas, para intentar aprender las lecciones. Pero también, para no olvidar jamás que el tiempo es un verdadero hijo de puta

  • El reto de Leonardo González

    El reto de Leonardo González

    Dos entrenamientos. Máximo tres. Ese es el gran obstáculo que enfrenta el seleccionador venezolano en su rol de “interino”. Nadie, por lo menos en el fútbol, está capacitado para hacer magia en tan poco tiempo. El reto de Leonardo González es enorme: producir pequeñas modificaciones sin contar con los ensayos suficientes para convencer a sus futbolistas de la idoneidad de sus planteamientos.

    Es un hecho que en el fútbol se confunden las aspiraciones con las probabilidades. Tanto González como sus futbolistas desean e intentarán ganar los tres partidos que tienen por delante. Son profesionales de esta actividad, pero sobre todo, son atletas acostumbrados a competir. Ganarán o perderán, pero por su condición de deportista harán lo que esté a su alcance para conseguir sus objetivos.

    Todo eso se circunscribe al terreno de la ilusión, que también hace las veces de combustible emocional para esa masa que agrupa hinchas, seguidores, simpatizantes y curiosos en un solo colectivo que aspira a ver a los suyos vencer. No obstante, a ese conglomerado de seres vivos hay que explicarles que todo lo que se habla cuando se habla de fútbol requiere trabajo, convencimiento, empatía, ensayo y, como si fuera poco, desarrollar relaciones entre entrenador y futbolistas. Roma no se construyó en un día, pero tampoco un equipo de fútbol se edifica en tres.

    Todo lo que la selección venezolana consiga en los próximos duelos ante Argentina, Perú y Paraguay estará emparentado, más que nada, a dos hechos que tampoco son moco de pavo: la capacidad de convencer que demuestre el seleccionador y la confianza en él que tengan los futbolistas.

    Presión alta, media o baja; repliegues; pequeñas sociedades; acciones a balón parado; transiciones, etc. Todo eso que compone el vocabulario de analistas, periodistas y público no puede construirse en diez días. No en vano, el período de readaptación a la competencia, eso que conocemos como “pretemporadas”, requiere de tiempo para el ensayo de postulados de juego que no se aprenden ni se aprehenden en cuestión de minutos. Ni qué decir de la continuidad de conductas que resulten beneficiosas para el equipo. En el fútbol, como en cualquier otro orden de la vida, es el tiempo, o la falta del mismo, el mayor enemigo al que se enfrenta cualquier ser vivo.

    En tres entrenamientos –si se piensa exclusivamente en el partido contra Argentina- no existe posibilidad alguna de desarrollar y ensayar una estrategia de comportamientos que abarquen los dos momentos que componen un partido de fútbol: disponer del balón y no disponer del mismo. Por ello he querido resaltar que todo aquello que enseñe esta versión “interina” de la selección venezolana –me refiero al juego y no al resultado- será consecuencia de la más trascendental de las herramientas con las que cuenta un entrenador: la capacidad de convencer a sus futbolistas. Es imposible que González o quién fuese el entrenador mantenga algo de lo hecho por José Peseiro por la sencilla razón de que ni él es Peseiro ni tampoco formó parte de su staff técnico.

    El reto de Leonardo González es convencer a los jugadores de algo en lo que él debe estar totalmente convencido, así como elegir a los que él vea convencidos de su plan, incluso por encima nombres. Gane o pierda, conseguir tal objetivo le valdrá la admiración de la gente de fútbol, es decir, de su gente. Todo lo demás será, como ya lo adivina el lector, material para redes sociales, acusadores, alcahuetes y demás productores de esa materia que recorre ciertas cañerías.

  • Madrugar. De José Peseiro y el poder

    Madrugar. De José Peseiro y el poder

    Luego de perder un partido y no encontrarle una explicación racional a muchas cosas, un grupo de amigos nos vimos las caras y nos conjuramos en mandar todo al carajo. No obstante, el menos reflexivo de aquel grupo pronunció unas palabras que hasta el día de hoy me acompañan: nunca hay que tomar decisiones trascendentales en la madrugada.

    Aquella frase hizo que interrumpiésemos el plan inicial. Valió la pena porque lo que vivimos posteriormente fue inolvidable. Sin embargo, mientras creíamos que podíamos continuar con lo soñado, perdimos de vista que a nosotros ya nos habían madrugado.

    La madrugada es aquel período que sucede a la noche y antecede a la mañana. Sirve de refugio para ladrones y mal vivientes, como también para las más intensas pasiones. Por eso, salvo que uno sea un malhechor o esté sumergido en determinados placeres de esta vida, mejor dejar la madrugada para el descanso y la paz.

    Madrugar es anticiparse; a alguien lo madrugan cuando se le gana el tiempo. Quienes pretendan madrugar a sus oponentes necesitan cumplir con varios requisitos. Algunos de ellos variarán según la circunstancia mientras que otros son imprescindibles. Podría decirse que estos últimos forman parte del manual de la anticipación y entre ellos está el conocimiento del campo de batalla: sólo quien domina los espacios podrá triunfar. Y los espacios contienen personas, seres humanos, por ende, esto se trata de geografía y de antropología.

    La más que probable asunción de José Peseiro como seleccionador nacional descubre un panorama que algunos han ignorado: nadie se sostiene en el ejercicio del poder por mera casualidad. Lamento informarle al lector desprevenido que, aunque exista el azar y este influya a niveles insospechados en todas las áreas de nuestra existencia, también es imprescindible conducir a la fortuna para que esta nos favorezca.

    Hay en la Federación Venezolana de Fútbol algo mucho más sustancial que una guerra de poderes, que puede que exista y sea a cuchillo, pero esta no explica casi nada. En la FVF conviven personas que conocen el terreno a la perfección; funcionarios que son expertos en contemplar e identificar conductas, lo que les ayuda no a sobrevivir sino a mantener el poder. No es necesario apuntar nombres: si usted ha llegado hasta acá es porque conoce un poco de la realidad del fútbol venezolano. Son gente del fútbol venezolano, que no se desviven por el balompié extranjero sino que han construido lo que hoy es el fútbol venezolano. Esto que para muchos es un desastre es para otros su obra de vida.

    Recuerdo que tras visitar la residencia presidencial argentina y cantar para Carlos Menem, a Charly García, autor de un sinfín de melodías que ya son universales, le cuestionaron sobre las razones que motivaron su visita al mandatario, a lo cual respondió, con su acostumbrada genialidad, que le interesaba conocer al poder desde dentro.

    Quienes de alguna u otra forma han interactuado con quienes dominan realmente al fútbol venezolano pueden dar fe de lo que aquí se escribe. No podrán decir lo mismo quienes se inmovilizan ante el brillo que emana de la autoridad. Tampoco los necios que producto de un ataque de soberbia se creen capaces de manipular a la experiencia y al conocimiento. Estos papanatas, animados por el terrible afán de hacerse notar, cumplen a la perfección con el rol que el poder les ha asignado: ser altavoces de la confusión que el poder instaló hace más de cuarenta años y que solamente le beneficia a él.

    Ni que hablar de los recién llegados mercaderes que aspiran a aprovecharse de la sonrisa cómplice y circunstancial de quién tiene todo y lo maneja todo. Sepan de una buena vez que el poder es poder porque otros no tienen cómo llegar a serlo. Solamente los idiotas niegan una realidad tan potente. Además, el poder sabe cómo garantizarse su subsistencia mientras que los aspirantes y sus alcahuetes apenas si pueden ponerse de acuerdo en su reconocimiento existencial.

    Kaiser Soze, el mítico personaje interpretado por Kevin Spacey en el inolvidable film, dijo aquello que “el mayor truco del diablo fue hacerle creer a la humanidad que él no existía”.

    Todo sigue igual en el fútbol venezolano. Y no hay hasta ahora señal alguna para creer que el poder se debilita. Porque para atacar al poder hay que saber algo más que de números. Es necesario saber de personas, conocer sus vidas y sus debilidades, y en eso nadie le gana al poder.

  • Vodevil vinotinto

    Vodevil vinotinto

    No hay proyecto, porque el plan es un nombre. El que sea. Primero fue José Pekerman, en el intermedio sonó César Farías y ahora es Jorge Sampaoli. La idea es que no hay idea.

    En los tiempos de lo posible y el rendimiento inmediato, el fútbol no se queda por fuera de esta desenfrenada carrera hacia el abismo que desde hace tiempo protagoniza nuestra especie. El idiota afirma que ganar es lo único que vale, o en este caso, llegar a un mundial. Lo dice sin entender nada de la vida y de sus procesos; lo grita como si la única razón para alimentarnos fuera saciar el hambre.

    Por ello quienes conducen al fútbol lanzan apellidos con la facilidad  de quien pide números en una venta de lotería: alguno, alguna vez, saldrá; lo importante es mantener entretenida a la masa. Reconocen la medianía y la vulgaridad de sus interlocutores, así como lo fácil que es satisfacer las necesidades de aquellos mezquinos con tribuna.

    Cuando eso suceda, cuando por fin alguien, algún día diga que sí, los títeres mirarán aliviados a sus titiriteros, con una media sonrisa y un sabor agridulce en sus bocas: tras mil intentos dieron con su anhelada primicia pero, aunque la masa apenas tenga tiempo y fuerzas para recordar los ridículos recientes, las marionetas saben que han quedado, otra vez, con el culo al aire.

    Los grandes populistas reconocen en la desesperanza colectiva el combustible que nutre su existencia. Identifican, en cuestión de segundos, todo aquello que añora ese colectivo que les mira y les sigue para así servirse de ello; la masa, desesperada y sin aliento, necesita una limosna que ayude a olvidar su desgracia. Unas monedas que hagan de sedante, y que en el caso del fútbol, como ha afirmado Juan Manuel Lillo, sea un consolador social.

    La masa, urgida de algo que atenúe su angustia, no está interesada -ni puede interesarse- en el bosque: le vale con el árbol para intentar la difícil misión de sobrevivir a tantas injusticias. Tampoco a los voceros, necesitados como están de la consideración de los poderosos y de rascar una pizca de notoriedad. Esas profundidades sobre las que se sustenta cualquier proceso de cambio son cosa para “filósofos”, el novedoso insulto(¿?) de la barbarie hacia aquellos que piensan.

    Como no se ve más allá del pan para hoy, el hambre de mañana se afianza hasta convertirse en una realidad ineludible. Prueba de ello es que el baile de apellidos mantiene su estridencia inicial y las justificaciones que lo mantienen son tan inverosímiles como quienes las promueven. No hay pudor en comerciar con las necesidades emocionales de esa masa olvidada por la divinidad que tanto adoran. El mediocre vodevil que ahora protagonizan no es distinto a los anteriores salvo en que los herederos del recluso aspiran a un reconocimiento que les hace más vulnerables.

    El objetivo es Catar 2022. Llegar a un mundial, creen, servirá para disimular todo aquello de lo que son responsables. No hay ni hubo enemigo externo. Como tampoco planificación alguna. Los títeres y sus titiriteros son eso que Hannah Arendt definió como “La Banalidad del mal”: funcionarios que, concentrados en sobrevivir acorde a las reglas del sistema, se muestran incapaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.

    Que no, que esto no va de Sampaoli, Pekerman, Bielsa o Farías. Tampoco de clasificar a un mundial. Lo que dejó aquel sub-20 de 2017 ha debido servir para separar casualidad de causalidad. No fue así y por ello, este cronista se mantiene en la insoportable tarea de enemistarse con todo y con todos, ya sea por hacer un poco de ruido o por defender el juego que le da de comer a estos aprendices de mercachifles.

    Don Rafael (¿?) hace tiempo que no está. Su ausencia y el presente invitan a recordar a Seneca: “Echarás de menos los males a los que hoy buscas remedio”.

  • Rafael Dudamel le pasó la pelota a la dirigencia venezolana

    Rafael Dudamel le pasó la pelota a la dirigencia venezolana

     

    Antes de hablar de fútbol debo advertirle al amable lector que lo haré solamente porque el triunfo de Venezuela ante Argentina lo merece. Mi relación con Rafael Dudamel ha sido la que la diplomacia sugiere, tanto de su parte como de la mía. No le conozco lo suficiente como para emitir un juicio sobre sus ideas políticas, sin embargo, lo reconozco como hábil declarante, probablemente el mejor cualificado en el fútbol venezolano.

    Por ello, siento que su declaración, y la puesta de su cargo a la orden de la Federación Venezolana de Fútbol , son parte de una maniobra ajedrecista: tras un gran triunfo, de inmensas connotaciones internacionales, le ha pasado la pelota a sus jefes y será la FVF quién sufra las consecuencias de la continuidad o de la interrupción del vínculo contractual con el seleccionador. Dudamel conoce el tablero y las fichas como nadie.

    Quisiera hacer una última consideración. El único sponsor fuerte en moneda extranjera que tiene la selección venezolana es la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA). En un estado democrático, esa empresa se regiría por normas ajenas a la política partidista. Ese no es el caso de Venezuela, en el que la compañía petrolera ha sido la caja chica de un régimen que no se cansa de reprimir y destruir los derechos básicos del ciudadano. Por ello, la publicación de la visita del embajador en España, Antonio Ecarri, nombrado por Juan Guaidó, seguramente despertó la furia de quienes se creen dueños de las riquezas y los recursos naturales de la nación.

    Ojalá que algún día se conozcan todos los detalles que se suscitaron tras la visita del embajador Ecarri, pero me temo que esto no será así. El venezolano, lastimosamente, seguirá siendo guiado por la histeria y la ignorancia militante de quienes nunca están pero siempre opinan, o peor aún, de aquellos que algún whisky compra su silencio; los deudores de favores que salen de fiesta con el poder para lograr su subsistencia en un medio que se nutre de la mediocridad de estos personajes.

    Una vez aclarado esto, deseo hablar de fútbol.

    La victoria venezolana ante Argentina, más allá de los goles que fueron o que pudieron ser, deja la sensación de que estamos ante un equipo que tiene clara cuál es su identidad, es decir, quién es. Este es un logro que no debe pasar debajo de la mesa: si al individuo se le va la vida entera intentando averiguar quién es, por qué está en este mundo y para qué, imagine el lector lo difícil que es que un colectivo, que pocas veces se reúne, acepte y desarrolle esa identidad. Es por ello que la victoria de ayer debe analizarse más allá del score, que es siempre una circunstancia, y poner la lupa en el desarrollo de una idea futbolística.

    El juego obliga a generar sociedades, entendimientos y complicidades entre quienes lo protagonizan. Tomás Rincón, Yangel Herrera y Junior Moreno, los tres volantes centrales que ha utilizado como titulares Dudamel en los más recientes episodios de la selección, han demostrado sentirse tan cómodos con las responsabilidades y en su intra-relación, que transmiten esa seguridad al resto de sus compañeros.

    El fútbol requiere de movimientos, posicionamientos y de una reorganización posicional constante, cosa que demostró aceptar e interpretar este equipo ante Argentina. Para muestra un botón: dependiendo de la ubicación, Rincón o Herrera adelantaban su posición cuando el equipo perdía a disposición del balón, con la intención de recuperarla. Uno de ellos se sumaba al esfuerzo de los atacantes, sabiendo de antemano que el juego interior de su rival era, cuando menos, deficiente. Esto que le narro fue ejecutado con total efectividad: no puede hablarse exclusivamente de una mecanización sino de entendimiento entre quienes mencionaba anteriormente para actuar según requiriese la situación. No hay mecanización porque son seres humanos, entonces debemos utilizar términos como complicidad, entendimiento o solidaridad.

    A partir de esos conceptos que mencionaba podremos entender el valor de las actuaciones individuales en pro del colectivo. Los nombres los puede colocar el lector; prefiero recordar lo que para quien escribe estas líneas significa jugar bien al fútbol: estimular las capacidades de cada individuo para que estas, en una relación constante con sus compañeros y con su rival, ayuden a construir una cultura colectiva de juego. Relaciones, ahí está la clave de este juego.

    Por eso le pregunté a Dudamel en la rueda de prensa tras el partido con qué estaba más satisfecho,  si con el resultado o con la puesta en escena de lo que parece ser una identidad propia de juego. Lo que vino a continuación excedió al análisis deportivo. Su selección parece estar en el camino correcto tras este partido amistoso entre Argentina, pero el lector no debe olvidar que esto es fútbol, lo que significa que el cambio es la única constante, más aún en el ámbito de selecciones, en el que apenas si hay tiempo de crear la cultura táctica y emocional de grupo. Cómo llegará futbolisticamente este grupo a sus próximos compromisos es una interrogante natural del fútbol y de la vida. Ningún equipo puede saberlo, mucho menos una selección.

  • Después de Dudamel, ¿qué?

    Después de Dudamel, ¿qué?

    Tras el empate ante Colombia, el seleccionador venezolano Rafael Dudamel, abrió la puerta a la posibilidad de retirarse de la conducción del conjunto criollo tras el final de la actual eliminatoria. Fue él quien instauró el tema en los medios, y si bien no son estos quienes deben aportar soluciones, sí debe hacerse una revisión de algunos de los factores que influirán en el caso de que se concrete esa despedida.

    Hay un detalle que no puede obviarse. Pocos días antes de ese partido, Dudamel presentó a la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) su plan de cara al año 2017. Luego, tras el compromiso ante los neogranadinos, expresó que su prioridad era mantenerse a cargo del combinado nacional, pero agregó que en la actualidad no hay recursos para la revisión de su contrato, aunque espera que en los meses por venir aparezcan.

    Más allá de determinar si esa rueda de prensa era el escenario idóneo para ventilar el tema, o discutir el hecho de que Dudamel hablara más de sus aspiraciones que de los costos de la preparación de la selección nacional, es necesario sumergirse en la actualidad del fútbol venezolano para tener una idea sobre qué significaría el adiós del primer entrenador criollo que ha conseguido dos clasificaciones a mundiales juveniles.

    Actualidad de la FVF

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    Para todos es conocido que la Federación Venezolana de Fútbol tiene en Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) a su mayor contribuyente. En esta economía de guerra –vender la realidad venezolana como otra cosa es de ilusos, de propagandistas o de “agraciados”- el único que posee divisas extranjeras es el Estado, por lo que el aporte de la petrolera es vital.

    El vínculo contractual actual finaliza en 2018. Queda por conocerse si ambos bandos, FVF y PDVSA, trabajan en un nuevo acuerdo, ya que de lo contrario, la federación se vería en la necesidad de hacer magia para tan si quiera cumplir con sus compromisos competitivos. No debe olvidar el lector que en el mundo del fútbol se trabaja en dólares o euros, así que el maltratado bolívar no cuenta para viajes, viáticos, hoteles y demás obligaciones típicas de cualquier selección.

    Ahora bien, si lo pactado está garantizado hasta 2018, cabe preguntarse qué razones tendría Dudamel para abandonar el un año antes, sobre todo si se tiene en cuenta que, tras el inédito segundo lugar logrado en el Mundial Sub-20 de 2017, el entrenador tendría carta blanca frente a sus jefes.

    Podría suponerse, entre las millones de hipótesis, que la propia federación no ve segura la continuidad contractual entre ellos y PDVSA; que el seleccionador prefiere dar un paso al costado y aceptar la oferta de un club colombiano (una meta que siempre ha tenido el técnico yaracuyano), o que la declaración del entrenador sea parte de su estrategia negociadora. Son miles las posibilidades, y hasta que los protagonistas no hablen claro, poco se puede asegurar.

    Considerando únicamente el apartado económico, es necesario preguntarse si la FVF podría conseguir un patrocinio distinto al que ofrece PDVSA o el Estado venezolano, algo que por los momentos es imposible. Mientras se mantenga el control de cambio y la guerra contra la empresa privada, todo equipo deportivo dependerá en exclusiva de estos entes.

    La silla caliente

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    Aún en los peores momentos, el cargo de seleccionador nacional ha seducido a todos los entrenadores que hacen vida en el fútbol criollo. Pero más allá del hambre y las ganas de comer, existen en la actualidad posee dos condicionantes que no se encontraban desde hace mucho tiempo: la falta de dinero y el nivel de los conductores criollos.

    Del primer ítem no hay mucho más que agregar tras la confesión de Dudamel. Por ello, en caso de quedarse sin seleccionador, la FVF tendría que olvidarse, casi inmediatamente, de la opción de contratar a un entrenador foráneo. Dudamel no miente cuando asegura no ser un técnico caro, por lo que la imposibilidad federativa de cumplirle el aumento deseado al criollo daría un alarmante mensaje a los posibles sucesores.

    La otra arista que condiciona el proceso tiene que ver con la formación de los directores técnicos venezolanos en la actualidad.

    Cómo consecuencia de la economía de guerra –no confundir con la mentira de la “guerra económica”- que antes mencionaba, los entrenadores criollos no cuentan con el dinero suficiente para viajar al extranjero. Ese encuentro con sus pares en otras latitudes es probablemente el requisito formativo más subestimado en el balompié local. No voy a extenderme más de lo necesario, pero la historia de este juego está repleta de ejemplos que enseñan que los viajes y el intercambio de ideas han sido fundamentales en la evolución del fútbol y de los entrenadores.

    ¿Quiénes han viajado al extranjero para actualizarse? Puedo mencionar a unos pocos: Richard Páez, José Hernández, Daniel De Oliveira, César y Daniel Farías, Noel Sanvicente y Eduardo Saragó. Seguramente hay un puñado más que en este momento no recuerdo, pero que, lejos de defender el actual modelo criollo, constituyen una excepción.

    Los equipos profesionales, bien sea por ignorancia, avaricia o simple desprecio por la educación, hace mucho que no apoyan esas iniciativas. A ello debe sumársele que el colegio de entrenadores no actualiza su pensum ni sus actividades. Si comparamos esta realidad con, por ejemplo, la de Colombia, el susto puede ser enorme.

    El vecino país inauguró recientemente su Escuela Mayor de Técnicos y Entrenadores de Fútbol, lo que “permitirá a los entrenadores colombianos obtener las certificaciones para el ejercicio de sus actividades con el sello de la Convención de Entrenadores de la CONMEBOL”.

    Si en Venezuela no hay recursos ni divisas para traer profesores y multiplicadores, avances metodológicos o acercar la ciencia al deporte; si los mandamases del Colegio de Entrenadores se mantienen en sus puestos a pesar de lo expuesto en estas líneas, y de otras situaciones aun peores que no vale la pena mencionar, y si se sostienen los equivocados paradigmas que olvidan a los entrenadores de base como verdaderos responsables del futuro, el porvenir de este fútbol dependerá más de lo divino que de lo humano.

    Una posible solución sería que la propia federación promueva y profundice la formación de los entrenadores, luego contratándolos para que, en el rol de multiplicadores del conocimiento, recorran el país. Sí, como entrenadores pagados por la propia FVF y que no dependan del seleccionador nacional; empleados federativos que promuevan el crecimiento de todos los entrenadores del fútbol base. Pero esa propuesta es harina de otro costal.

    Volviendo al posible adiós de Rafael Dudamel, su sucesión, teniendo en cuenta lo aquí descrito, se antoja complicada. Sin dinero ni candidatos criollos que hayan cultivado sus conocimientos en otras latitudes, insisto, estamos a merced del azar y nada más.

    Por último, le pido a los entrenadores jóvenes que no se ofendan con estas líneas. En ningún momento cuestiono sus capacidades ni su hambre de aprendizaje. La intención es recordarle, tanto a la FVF como los dirigentes de los equipos, que deben trabajar mancomunadamente por un fútbol mejor, y que esto no se consigue reuniéndose con presidentes de ligas sino conociendo los ejemplos de federaciones y clubes. Ya no vale aquello de que “de eso se ocupa la federación”, o “eso le toca a los equipos”. Estudien el caso alemán y entenderán que el progreso depende más de la voluntad que del dinero.

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    Analicen también el paso de Marcelo Bielsa por Chile y como, gracias a la creatividad del propio entrenador y del presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, Chile encontró soluciones para palear la escasez de recursos. El tiempo perdido no volverá, no jueguen más con el que está por llegar.

    Fotografías cortesía EFE, Prensa Vinotinto y http://www.lacuarta.com

  • Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Su llegada a la selección significó un vuelco en la historia de la selección venezolana. De la mano de un juego irreverente, como a él le gusta señalar, aparecieron los resultados y la etiqueta de cenicienta del fútbol sudamericano quedó en el olvido. Se empeñó en que su selección jugara a lo que el futbolista venezolano siempre ha sido capaz, y por ello enamoró al público, que con cada partido sentía que se podía competir con cada rival que se enfrentase.

    Su salida fue a finales de 2007. Siete años y dos experiencias en el extranjero después (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), su nombre volvió a ser considerado para dirigir a la Vinotinto. En diciembre se daba como un hecho su vuelta, pero algunos roces con la Federación Venezolana de Fútbol han hecho que ya no sea candidato. De hecho, hay quien asegura que su futuro inmediato está nuevamente en Colombia.

    Es Richard Páez (Mérida, 1953), el hombre que cambió la historia de la Vinotinto y que hoy, con menos cabello y más canas, sigue con la misma voluntad de entrenar, enseñar y charlar.

    Pregunta.-  Ya en dos ocasiones de la charla usted ha mencionado la palabra cambio, haciendo referencia al camino recorrido y a las enseñanzas que han dejado las experiencias anteriores. Usted señala a la etapa en la que condujo a Estudiantes de Mérida a cuartos de final de la Copa Libertadores (NR: 1999, vencen a Cerro porteño en Mérida por 3-0 y luego caen derrotados en Paraguay por 4-0, quedando eliminados), pero el Richard Páez que empieza a ser conocido por el mundo del fútbol es aquel que conduce a la selección hasta lugares que eran impensados. ¿Comprende e identifica esas variantes que ha sumado desde aquella etapa hasta el día de hoy?

    Respuesta.- Claro que hay evolución, hay crecimiento. Creo que hay más sabiduría, un término que hay que saber entender, porque viene del verbo saber. No se trata de entender sino de saber, y cuando uno tiene esa cercanía al conocimiento entonces puede compartirlo con su entorno, con lo que nos rodea. Y esa es la idea. Nosotros estamos intentando atraer a nuestro cuerpo técnico gente que tenga esa necesidad de crecimiento, de no creerse dueños de la verdad, sino que todavía estamos en búsqueda de una verdad. Nosotros hemos crecido, antes éramos más egoístas en la forma de pensar el fútbol, o egocéntricos, teníamos una tarea casi de cuidar un tesoro, que la gente no lo conociera mucho para así poder sorprender al rival. Pero hoy, cuando nos catalogan como defensores de un estilo previsible, confieso que eso me llena, porque siento que estamos logrando nuestra meta, estamos consiguiendo una identidad. Le mostramos al mundo lo que queremos y ellos lo identifican en la cancha: ese juego, ese estilo de cuidar la posesión del balón, con juego asociado, con muchas rotaciones. Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos.

    P.- Hay quienes asumen que esa previsibilidad no es una virtud, sino que ayuda a contrarrestar justamente las virtudes de un equipo. Personalmente creo que más allá del trabajo de la semana, el futbolista es quien al fin y al cabo toma las decisiones y es imposible saber cómo va a reaccionar y cuándo lo hará. Creo que no hay mayor ejemplo de ello que Garrincha. Todos sabían qué iba a hacer el desaparecido jugador brasileño, pero muy pocos pudieron detenerlo. Más recientemente podemos encontrar al Barcelona de Guardiola. ¿Por qué hay quien cree que el apego a una filosofía de juego es previsibilidad, y por ende, algo negativo?

    R.- El problema es que el hábito se vuelve costumbre. Cuando tu vas a DisneyWorld o visitas un museo por primera vez, te llenas los ojos, te enamoras, te sorprendes. Pero cuando esa visita se hace una costumbre o convives en ese espacio diariamente, ya toda esa maravilla deja de ser una novedad y es parte de tu entorno, pierde la magia. La mayoría de los seres humanos piensa y actúa de esa manera, es decir, se adapta y se integra en una especie de statu quo, acomodándose a ese entorno, pero hay otros que sí observan otras cosas. Por eso es que hay quienes parecen adelantados a su tiempo. Hoy vemos al Bayern de Múnich que conecta parte de la intención del Barça de Guardiola, pero con otros movimientos y otras variantes que nos llevan a afirmar que este no es el mismo Guardiola ni es el mismo Bayern, ¡y apenas han pasado seis meses! Por ello es que estoy totalmente seguro de que la innovación siempre va a estar ahí, pero dependiendo de los futbolistas, porque siempre estaremos subordinados a las características de esos jugadores. Cada futbolista es un mundo distinto a los otros futbolistas, por eso es que reafirmo esa dependencia que tenemos con los futbolistas y de ellos nace esa imprevisibilidad que algunos aún no comprenden.

    P.- Aquella selección que usted dirigió contaba con dos volantes centrales de características distintas: Leopoldo Jiménez, más de marca y quite, y Luis Vera, casi como una especie de organizador. En cambio, su equipo actual –Mineros de Guayana– cuenta con dos volantes más cercanos al juego que a la destrucción, es decir, se acercan más al perfil de Vera que al de Jiménez. En esa elección ya se puede notar algo de esa evolución que venimos conversando además de aquello de que el sistema son los futbolistas. A pesar de ello, son muchos los entrenadores que hablan de esquemas o numeraciones antes de observar a sus dirigidos. ¿Está muy marcado en nuestro ADN aquello de que se juega a lo que el entrenador quiere y no a lo que los futbolistas pueden?

    R.- Los líderes, en la mayoría de los casos, han intentado siempre que el manejo grupal sea en un esquema piramidal, es decir, desde arriba hacia las masas, teniendo a su liderazgo como punto de inicio. Esos son los líderes regulares, ordinarios, que no trascienden. Solamente lo logran aquellos que van entendiendo que el liderazgo es puro feedback. Los líderes deben estar siempre en la operatividad y son ellos quienes deben tener una libertad de autonomía porque son los que evolucionan. Por ejemplo: estoy seguro de que hay muchas indicaciones que dan los entrenadores que simplemente son jugadas o reacciones que le han visto a un jugador rebelde o inculto tácticamente hablando. Ese futbolista hace un movimiento que no estaba predeterminado o diseñado y termina dando resultado. El técnico debe darse cuenta de esa creatividad que emana de su jugador y promover espacios para que ello se mantenga, a pesar del riesgo que puede significar.

    Cuando hemos colocado dos volantes ocho que tienen como premisa tener el balón, lo hemos hecho porque nos gusta y me gusta más eso a que simplemente recuperen la pelota. Juntar a un volante netamente recuperador con uno de más juego era algo que uno pensaba en otros contextos, pero hoy en Mineros tuvimos la posibilidad de juntar a estos dos ocho porque ello nos iba a transportar a otro nivel futbolístico, ya que como equipo empezamos a asumir otros riesgos y a mí me encantan los futbolistas que arriesgan, claro, con la idea de saber como defenderse ante lo que podemos llamar el riesgo negativo. Entonces, como hemos ido logrando ese tipo de juego con dos volantes mixtos haciendo de volantes centrales, es obligatorio aportar otros detalles porque de lo contrario nos quedamos con el riesgo de que en cualquier momento – cosa que ya nos ha sucedido – perdemos el balón y si uno de esos volantes no queda bien ubicado entonces el rival nos llega muy rápidamente a la línea defensiva. Por ello hacemos hincapié en que cuando llevamos volumen, la primera tarea que tenemos cuando perdemos la pelota es que la recuperación sea inmediata, ya que no podemos permitir que el rival tenga libre tránsito o rápidas transiciones defensa-ataque porque nos pueden hacer mucho daño. Ahí se va condicionando una mezcla, una sumatoria que se traduce en ese proyecto de juego que queremos: una línea defensiva que presione el bloque y una línea ofensiva que comprima para que de esa manera consigamos una oportunidad notable para poder recuperar el balón cerca del lugar en el que se produjo la pérdida.

    P.- Eso que usted explica podría ser descrito como contracultural en el fútbol venezolano, porque la costumbre indica que todos o casi todos los equipos defienden corriendo hacia atrás, en dirección hacia su propia área. De hecho, en este momento solo puedo señalar al Zamora y a su Mineros como los únicos conjuntos que intentan presionar de manera inmediata al rival una vez se produce la pérdida de la pelota. Más allá de la buena intención, esa propuesta debe ser muy difícil de implementar, ya que el futbolista venezolano, desde sus inicios, se le enseña a defender muy cerca de su propia área, y para que se entienda mejor, la más reciente expresión de la selección nacional tenía ese comportamiento. ¿Cuesta mucho venderle al futbolista la idea de defender atacando?

    R.- ¡Por supuesto! Y cuando está más avanzado el proceso de competitividad de esos jugadores, más difícil es aún inculcar la idea, a pesar de que ellos, los llamados veteranos, son los que entienden con mayor claridad que ese modelo es una posibilidad real para que su edad futbolística dure más. Aquellos que logran entender ese concepto se dan cuenta de que corren menos, se sacrifican menos. Entienden que hay un desgaste por la intensidad que es corto, explosivo y efectivo y que les genera mejores efectos en la parte física que aquel jugador que debe realizar un mayor recorrido para defender o recuperar cerca de su área. Son detalles que el futbolista va entendiendo pero no es fácil; todavía el jugador, y mucho más los volantes ofensivos, que están mal educados y siente que solo juegan con la pelota, pero ese es el gran reto, motivar a ese futbolista para que se integre a esta idea. Afortunadamente contamos en Mineros de Guayana con jugadores que han entendido claramente el mensaje y que lo han llevado a cabo de manera sorprendente, por el poco tiempo en que llevamos acá y, sobre todo, que han creído en esta forma de jugar porque les ha dado resultados. Se les nota y se sienten más alegres, algo que también buscamos, que el futbolista disfrute de este juego y de la tenencia de la pelota, porque con esa sensación de satisfacción el jugador encuentra mayores posibilidades de crecimiento. Pero son detalles; tú bien dices que en nuestro fútbol es complicado poner en práctica esto, pero la misma motivación que producen los resultados los estimula a ellos a cambiar.

    P.- Me da la impresión de que nosotros, la prensa, somos muy superficiales. Digo esto porque en muchas ocasiones nos quedamos solo con el gol o con la atajada del arquero. Hace tiempo vengo reflexionando que desde la prensa hemos hecho un gran daño cuando se habla de 4-4-3, 4-4-2, 3-5-2 pero olvidamos que, salvo al inicio del partido, esos módulos varían permanentemente porque este es un juego dinámico en el que nadie se queda parado. Hablamos también de equilibrio y ese término no tiene que ver con movimiento sino con todo lo contrario, y nos referimos a la alegría cuando el resultado es abultado. Hacemos mención a kilómetros recorridos y nos quedamos con estadísticas que explican poco y nada lo que realmente pasó en el campo de juego.

    R.- Hay dos palabras que tú mencionas que son fundamentales: alegría y resultado. Parece una lucha eterna, como aquella entre el bien y el mal. ¿Se gana como sea o se gana disfrutando del juego? No podemos olvidar que esto es, al fin y al cabo, un juego. Puede ser un deporte serio rodeado de mucho mercantilismo y mucho dinero, pero no deja de ser un juego, no pierde su esencia. Por eso yo me dedico a tratar de descubrir la esencia del futbolista, su ingenio, lo invito a que me supere, que mejore mis expectativas sobre su rendimiento. Muchas veces le pido a mis jugadores que hagan algo distinto, diferente, que me sorprendan. No pueden dejar al entrenador observando lo mismo de siempre. Que se rete y que me rete a mi como director técnico para que encuentre la motivación de superarse a sí mismo. Eso que mencionas del periodismo no es un comportamiento exclusivo del periodismo deportivo venezolano, es un fenómeno global en el que solo se observa el resultado y se intenta analizar un resultado. Tanto es así que uno escucha comentarios en los medios en los que la valoración de un equipo puede variar dependiendo del resultado, ¡y esto pasa en cuestión de minutos! Esto pasa porque no entienden el caos, que esto es dinámica, movimiento, que esto es sinónimo de átomos. Átomos en movimiento, circulación, fluidez, armonía, disonancia; conseguir un espacio donde antes no lo había, crear un espacio en donde no parece posible; el hombre libre no es lo mismo que estar libre, aparecer no significa estar, en fin, toda una serie de métodos y conceptos que indiscutiblemente no todo el mundo logra comprender porque no hay interés en ello, y yo creo que hay que orientar a la gente para que comprenda todo esto que estamos conversando porque ese es el camino que nos espera.

    Si Venezuela quiere llegar a un mundial o trascender en torneos internacionales, no podemos jugar como lo hacemos en nuestro torneo. No se puede competir con apenas cincuentaicinco minutos de tiempo útil de juego. Con ese nivel no lograremos competir. Siempre le digo a mis jugadores que para trascender hay que hacer algo diferente a lo que se hace en estos tiempos, porque lo hecho hasta ahora no ha servido.

    Entrevista publicada el 29/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Fotografía cortesía de Fútbol Visión

  • Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Es un domingo de marzo. Son las diez de la mañana. Venezuela vive tiempos confusos de protestas estudiantiles, discursos intolerantes, barricadas, muertes e incertidumbre. Hace un par de semanas, el gremio que agrupa a los futbolistas de Primera División le pidió a la Federación Venezolana de Fútbol –por estos derroteros no hay liga– suspender o reprogramar la séptima jornada debido a las dificultades para transitar libremente por el territorio nacional. La súplica no fue escuchada y se jugó ese fin de semana con mayoría de juveniles. Aquello se sumó a un annus horribilis para el ente federativo, a pesar de que apenas transitamos el tercer mes de este 2014.

    El panorama nacional descrito no le ha servido a la federación para tapar su incapacidad para definir al sucesor de César Farías en el cargo de seleccionador nacional. Cuando todo parecía indicar que la elección se centraría en los dos entrenadores de mayor capacidad del país –Richard Páez y Noel Sanvicente–, el Gobierno nacional ha dicho presente para dinamitar, con su saco lleno de dólares, cualquier pronóstico. Esta razón, la económica, parece acercar a entrenadores más caros, pero de dudoso presente. Uno de los contactados fue Diego Maradona.

    A Páez se le conoce como El Doctor porque además de su dilatada trayectoria como futbolista y entrenador hay que sumarle su otra profesión: médico traumatólogo. Oriundo de Mérida, en la región andina de Venezuela, su carácter es calmado, reflexivo, gustoso por las charlas de café. Pero esa tranquilidad desaparece con el inicio de un partido solo para reaparecer en el silencio del domingo a la noche, cuando las luces y las cámaras se apagan y es tiempo de volver a la familia.

    Richard Páez no es un tipo cualquiera en la historia del fútbol venezolano. Su nombre estará siempre ligado a cada versión que quiera contarse acerca de la transformación de la Vinotinto. Fue él, junto a un grupo de jugadores que se negaron a morir en el intento, quien dio fuerza a eso que hoy muchos siguen denominando como el fenómeno Vinotinto; aquel que supo, en un país dividido por cuestiones políticas, potenciar un sentido de pertenencia que parecía extraviado. Esto es un hecho incontestable que ni siquiera los interesados comentaristas de cierta cadena internacional de deportes podrán negar. Para muchos, su aporte comenzó en el año 2001, cuando tomó las riendas de la selección nacional sustituyendo en el cargo al argentino José Omar Pastoriza (+). Pero lo cierto es que desde su etapa de futbolista se negaba a ser parte del conformismo que caracterizaba al balompié de esta nación. Su Estudiantes de Mérida le abrió los ojos a muchos allá por el año 1999 y le sirvió para que le ofrecieran el cargo de seleccionador juvenil.

    Hoy, cuando el país sigue bajo los embates que también caracterizaron a los tiempos de su gestión, es bueno charlar con el primer entrenador venezolano que trabajó en el extranjero (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), ya no para conocer sus ganas de volver a la Vinotinto, sino para que en un momento de tantas emociones alguien pise la pelota, nos hable de fútbol y de cómo se vive este juego.

    Antes de dar paso a la primera parte de esta charla, debo explicar que durante su gestión como seleccionador siempre pude conversar de fútbol con Páez. Esto no quiere tapar algunas tensiones entre él y la prensa, pero a diferencia de su sucesor, César Farías, esos choques no se resolvieron nunca de manera violenta y siempre hubo espacio para el juego.

    Pregunta.- Su familia es netamente futbolera. En un país que tiene al béisbol como deporte más mediático, ¿dónde nace esa pasión por el fútbol?

    Respuesta.- Fue de una manera atípica, como suceden muchas cosas en Venezuela. Mi padre era maracucho (ndr: de Maracaibo, capital del estado Zulia, región beisbolera por excelencia) de pocas raíces futbolísticas. Además de haber sido médico psiquiatra, practicaba béisbol y baloncesto. Tan psiquiatra fue que tuvo doce hijos varones y tuvo toda la capacidad para inculcarnos siempre la importancia de la práctica deportiva. Luego entra la formación escolar. Mis hermanos y yo fuimos educados en un colegio jesuita en Maracaibo en el que los sacerdotes no nos permitían jugar béisbol, sino que nos obligaban a practicar fútbol. Cuando nos regresamos a Mérida encontramos el ambiente propicio para desenvainar toda esa pasión futbolística que vivimos, en un ambiente muy de fútbol y donde desarrollamos prácticamente nuestra vida. Y al tener doce hijos varones en la casa, se entiende claramente que éramos un equipo de fútbol, y lo hacíamos como una competencia para enfrentarnos a otras familias. De la familia Páez salieron tres jugadores profesionales, dos de ellos de selección nacional, y muchos sobrinos que mantienen ese sueño.

    P.- Además de futbolistas, los doce hermanos fueron a la universidad. ¿Aquello fue una exigencia familiar o influyó el entorno de Mérida?

    R.- Mérida es una ciudad estudiantil en la que se dice que la ciudad vive dentro de una universidad (ndr: la Universidad de Los Andes), y ese ambiente de estudio, de la naturaleza, del frío, de la conciencia y el espíritu del andino que es recto, conservador y respetuoso de las tradiciones configuró un entorno propicio para además de seguir con nuestra pasión futbolera, desarrollar como principio de formación buscar una mejor educación desde el punto de vista académico. Los doce hermanos somos universitarios y los doce pudimos desarrollar nuestras inquietudes académicas.

    P.- A pesar de la superprofesionalización del fútbol, queda siempre la idea de que el futbolista dispone de mucho tiempo libre. Usted cuando era futbolista activo tuvo la dedicación y el tiempo para estudiar medicina. ¿Es cierta esa sensación o el jugador moderno dispone de menos tiempo libre por la forma de entrenar?

    R.- Todo ha cambiado mucho. El estilo de entrenamiento típico de mi época (década de los 70) era muy planificado, pero a la vez muy sectorizado. Era una planificación irreversible, por ejemplo: los lunes se descansaba o se hacía regenerativo; el martes se trabajaba la parte física; el miércoles se hacía una activación con trabajos técnico-tácticos; el jueves se hacía fútbol; el viernes se trabajaba la velocidad, el cambio de ritmo, disparos al arco; y el sábado se hacían nuevamente trabajos regenerativos pensando ya en el partido del domingo. A medida que fueron llegando técnicos extranjeros a Venezuela, todo fue cambiando. Conocimos los entrenamientos a doble turno, se empezaron a hacer pretemporadas aunque en ambientes que no eran los adecuados, como la playa, la montaña o dedicándose exclusivamente a los trabajos físicos, suponiendo equivocadamente que con esos quince días se llenaba el tanque para todo un semestre. Pero a pesar de los errores, eran los primeros pasos de una necesaria evolución que nos inculcaron los buenos entrenadores –aunque hubo otros de muy bajo nivel y otros que se han mantenido con esas metodologías–, técnicos que nos llenaban de algunos conocimientos e inquietudes que nos sirvieron para seguir evolucionando. Aparecieron los entrenamientos intervalados, los intermitentes hasta llegar ahora a este proceso metodológico de la integralidad, ese entrenamiento integrado en el que ya no se disocia al entrenamiento en fases distintas. De seguir así llegaremos a un perfeccionamiento como el entrenamiento situacional-específico, es decir, por posición. Pero el fútbol venezolano, casi a la buena de Dios, ya que no ha habido un proceso organizado, pero contando con la inquietud de los entrenadores que se han formado y han salido a conocer otras experiencias, se ha dado cuenta del posicionamiento que tiene este deporte en el mundo y cuales son los caminos para mantener la evolución.

    P.- Usted menciona la incompatibilidad de ambientes como la playa o la montaña con el entrenamiento de fútbol. La lógica nos hace pensar que si quiero aprender de cocina debo practicar cocinando. Pero en el fútbol esto se presta a discusión, y me atrevo a decir que son muchos los entrenadores que no solo prefieren disociar el entrenamiento en fases distintas sino que además realizan la preparación en esos lugares que nada tienen que ver con una cancha de fútbol. Entrenadores ganadores, de clubes famosos y de selecciones que aún se niegan a comprender esto. ¿Cómo hacer para que se entienda la conveniencia de entrenar en el campo y con la pelota?

    R.- El fútbol es igual que la vida, todo es cuestión de decisiones, de tomas de decisiones. A veces a uno lo convencen, pero a otros se les impone un criterio. Yo creo que tiene mayor mérito aquel que por convencimiento propio o por convencimiento académico logra esas transformaciones y cambios en las metodologías. A mi me pasó. Yo era un entrenador que creía mucho en ese entrenamiento analítico, diseñado por líneas, tratando de hacer las cosas de una manera programada, planificada, que hacía que los resultados se consiguieran a muy largo plazo. Pero entendí que la metodología de entrenamiento debía ser una metodología más integrada, mas cercana a los escenarios de partido con un feedback del fútbol hacia el entrenamiento y del entrenamiento hacia el fútbol. Esa retroalimentación en la que se resume la tarea del entrenador ayuda a comprender que de esa manera se acerca uno más a esas posibilidades que tienen los conjuntos de parecerse más al ideal de un equipo de fútbol y alejarse de eso que yo llamo la unión de factores o de sorpresas.

    P.- En esta aventura con Mineros de Guayana –ganaron el Torneo Apertura y ahora luchan por ser campeones absolutos– lo acompaña Amleto Bonaccorso como su asistente técnico. ¿Qué importancia tiene este puesto para Richard Páez?

    R.-  La idea que he mantenido es de contar siempre con un asistente técnico. Debe ser mi mano derecha, mi confidente, es mi mecanismo para asegurarme mantener discusiones de lectura para ambos, pero fundamentalmente para lo que queremos ver el día domingo. Hay que recordar que cuatro ojos ven más y mejor que dos. Pero no se trata únicamente de los ojos, sino de la mente, ya que lo que fundamentalmente busco es cómo es la percepción visual y pedagógica que se tiene de lo que sucede en el campo de juego. Mucha gente se va a lo específico, a lo grueso, al gol, a la jugada que todo el mundo observa, pero pocos retrotraen la jugada a su lugar de inicio para comprender el nacimiento de ese gol o de esa maniobra. Para todos esos detalles se hace necesario contar con ese asistente técnico, como un acompañante, como un orientador que ayude a comunicar lo que se quiere en la cancha. En estos momentos estoy reflexionando acerca de la viabilidad de contar con un técnico de principios defensivos y uno de principios ofensivos; que sean dos entrenadores jóvenes que estén en la cancha llevando operativamente el mensaje que el entrenador principal quiere plasmar, y es que uno no puede estar con la misma dinámica que cuando tenía treinta y cinco o cuarenta años y entraba a la cancha con toda mi vitalidad para participar del entrenamiento. Ahora creo que hay que contar con esa dosificación y uno ser el estratega, el que visualice teóricamente lo que después ellos lleven al terreno.

    P.- Eso es muy de los deportes norteamericanos, al estilo de la NBA y la NFL.

    R.- Yo lo saco del béisbol, que es el deporte que indiscutiblemente está en nuestra conciencia. En ese deporte hay un técnico encargado de trabajar las distintas fases, por ejemplo, el trabajo con los lanzadores abridores, los relevistas, el infield, la ofensiva, etc. En el fútbol eso sucede con el preparador de arqueros, que para mí es la función que nos enseñó la apertura fundamental de lo que hoy está sucediendo en el fútbol de forma conjunta. Fueron los arqueros los primeros que se adelantaron cuando hicieron trabajos específicos y situacionales para arqueros, en los que se intenta reproducir lo que a ellos les sucede en la cancha. Como no se trabaja fútbol todos los días para ponerlos a prueba, se hace ese trabajo específico. Ellos marcaron un camino, y te puedes dar cuenta que los primeros que mejoraron su potencia, su explosividad y su coordinación fueron los arqueros justamente por esos trabajos específicos que menciono. Llegará un momento en que se aplicarán específicamente trabajos para volantes de primera línea, para laterales, etc. Esa especificidad condicionará a los futuros cuerpos técnicos, que en el futuro deberán ser mucho más profesionales y más preparados.

    P.- Esto que usted plantea, ¿puede asumirse como una corriente emparentada o cercana a la periodización táctica?

    R.- Ese es uno de los temas que lo motiva a uno. Esa lucha de qué es más importante: lo físico, lo psicológico, lo estratégico, la parte cognitiva que tiene que ver con la lectura del juego, o simplemente todo es un todo. Esa es nuestra idea hoy en día cuando uno acepta ser un entrenador distinto a cuando conducía a Estudiantes de Mérida (ndr: año 1998, equipo con el que llegó a cuartos de final de la Copa Librtadores), porque hoy siento que se puede ver todo desde una visión panorámica buscando qué es lo más importante o qué es lo que provoca una cadena de consecuencias y sucesos para lograr lo que todos queremos, que no es más que la victoria. Es esa periodización, es tratar de elaborar un encadenamiento de todas las cosas y propiciando una relación entre el descanso activo no solamente en la parte física sino también en lo anímico: pero nosotros, este cuerpo técnico, pretendemos ir mucho más allá, ya no nos quedamos únicamente con la parte psicológica, y es que hemos aprendido en Colombia la parte espiritual, es decir, llegarle al espíritu del futbolista, encontrarle el espíritu del juego que tiene el jugador. Eso es mucho más intenso que la parte psicológica o la parte emocional. Entonces son un sinfín de detalles que se van sumando a esta especie de red intrincada en la que todo se conecta y con ella buscamos que el futbolista llegue con su máximo potencial, con ese espíritu ganador que deseamos ver en nuestros jugadores.

    Entrevista publicada el 17/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Imagen cortesía del diario Panorama

  • En defensa del gremio de futbolistas (AUFPV)

    El año 2014 está por terminar y con él se va un período trascendental en la vida de la Asociación Única de Futbolistas Profesionales de Venezuela (AUFPV), período en el que ganaron fuerza y notoriedad a partir de la fecha 7 del torneo Clausura. De sus miembros, es decir, de los futbolistas, dependerá que tanto esfuerzo no se evapore como los días del año que está por finalizar. Disimular los errores no es una virtud; recordarlos, revisarlos y sumar aprendizajes es la mejor herramienta para continuar.

    Durante esta temporada, el gremio de jugadores tomó la decisión más trascendental de su existencia cuando en pleno torneo Clausura, y motivados por el estado de inseguridad que vivía el país, la organización que preside Juan García recomendó a sus agremiados no participar de esa jornada, en contra de la voluntad de sus patronos y de la FVF. Como en cualquier conflicto laboral, las reacciones de los dueños y directivos de los equipos fue la natural: oponerse y buscar la debilitación de la acción gremial, pero dentro del caos que se vivió aquel domingo 23 de Febrero sorprendió como la FVF, en teoría simple organizadora del torneo de primera división, se movió y reglamentó lo necesario para que se cumpliera el calendario. ¿Miedo a Conmebol? Puede ser. Pero lo cierto es que el gremio se hizo notable.

    Aún así, la AUFPV también cometió graves errores como por ejemplo apresurarse en otras decisiones que casi le cuestan el trabajo a futbolistas del Atlético Venezuela, Yaracuyanos y Aragua, medida que luego fue “desestimada” tras largas horas de conversaciones con otros directivos del torneo local. No obstante, los entrenadores Gustavo Romanello (Yaracuyanos) y Ángel Raúl Cavalleri (Aragua) se vieron obligados a abandonar sus puestos de trabajo una vez pasada la tormenta.

    Aquel par de semanas sirvieron para desenmascarar a más de uno que hace vida en este fútbol. Mientras Karim Assafo, entonces directivo del Deportivo Táchira, hacía todo lo posible para que El Vigía no se aprovechara de la imposibilidad del equipo atigrado de cumplir con sus compromisos, Rafael Esquivel y Laureano González, presidente y vicepresidente de la FVF  desestimaban la protesta bajo el argumento de que aquello era parte de un movimiento político. Estos señores, que sí se han valido de la política partidista, hicieron bueno aquello de que cada ladrón juzga por su condición.

    Si creemos las declaraciones de los directivos de la FVF, cabría entonces preguntarse a quién o a quienes iban a derrocar los futbolistas, o si, como sospecha quien escribe, con aquellas acusaciones querían sacar provecho de la fuerza del Estado para evitar quedar mal parados. Es por esto que se empeñaron en emparentar las protestas ciudadanas de aquellos meses con el miedo que invadió a jugadores y entrenadores. Meses después, aquellos inquisidores hoy se hacen los suecos y actúan como turco en neblina mientras, según el último correo de la AUFPV, no honran sus compromisos con los siguientes futbolistas:

    Llaneros de Guanare: Héctor González, Nicolás Massia, Leonardo Zarosa, Pedro Boada y Carlos Salazar

     Carabobo FC: César González y Johandrys Herrera

    Deportivo Lara: José Torrealba

    Zamora FC: Nelson Semperena y Ronald Giraldo

     Aragua FC: Richard Ruiz

    Monagas SC: Antonio Boada

    Estudiantes de Mérida: Gabriel Urdaneta, Leonel Vielma, Juan García, Ever Avendaño, Henry Plazas, Marlon Rivero, Marcel Rivero, Mario Bosetti y Silvio Rivero

    Atlético El Vigía: José Carrasquel, Arnaldo Aranda, Ángel Chourio, Adrián Rodríguez, Leonel Vielma y Luis Fernando Martínez

    La mala fe del rival no debe hacer mella en un gremio que apenas da sus primeros pasos; los enemigos están en la acera de enfrente y algunos en la propia. Mientras el dinero público mande en esta actividad y la misma se mantenga como trampolín para cargos públicos, serán muy pocas las victorias. Es por ello que deben llenarse de fuerza y separarse de todos aquellos que vestidos de corderos, harán de lobos. Revisen bien lo sucedido esos días, les aseguro que es muy sencillo identificar a quienes intencionalmente sumaron obstáculos a su recorrido.

    En latín, idiota era un vocablo utilizado para definir al ignorante. No desfallezcan ni dejen que los traten de idiotas; la gloria no es cuestión de medallas sino de perseverancia y buena voluntad. Este fútbol los necesita y su camino recién empieza; recuerden a Jaques Derrida (“nada amo más que recordar y que la memoria misma”) y sigan adelante sin miedos ni reservas, que el futuro será todo lo que mientras luchan, sueñan. Ya son parte de la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPRO), ahora sean parte de la solución.

  • Copa Sudamericana: Venezuela sigue improvisando

    Cuatro equipos venezolanos participaron en la primera fase de la Copa Sudamericana. Tres de ellos (Trujillanos, Deportivo Anzoátegui y Deportivo La Guaira) cayeron eliminados ante equipos de poca historia – no quiere decir que los criollos sí posean el prestigio internacional que le falta a sus victimarios – mientras que Caracas FC logró pasar de ronda. La ausencia de renombre de los clubes extranjeros, sumado a la incapacidad de los clubes venezolanos para plasmar el tan cacareado progreso de nuestro balompié debe llevarnos a una profunda reflexión, no con la meta de conseguir una verdad absoluta que explique tantos años de fracasos, sino que nos capacite y nos de fuerza en la búsqueda de soluciones.

    Nada de lo que se lea a continuación constituye soluciones inmediatas. El único propósito de este ejercicio es iniciar un período de reflexión y hacerle caso a Dante Panzeri cuando dijo que «Yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo«.

    El calendario

    El Torneo Apertura venezolano comenzó el sábado 09 de agosto. Hasta el momento en que escribo estas líneas, el campeonato lleva tres jornadas. El fin de semana del 30 y 31 de Agosto se jugará apenas la cuarta jornada. Esto a pesar de que la gran mayoría de los equipos que hacen vida en la primera división comienzan sus pretemporadas en la primera quincena de junio, lo que supone que para el inicio de la competencia hayan podido completar casi dos meses de preparación.

    Como en nuestro torneo es posible el adelanto o la postergación de encuentros, repasemos individualmente los casos de los equipos venezolanos que clasificaron a la Copa Sudamericana y comparemos su actualidad competitiva con la de sus rivales.

    1) Deportivo La Guaira: ha participado en tres duelos, lo que lo convierte en el único representante criollo en la Copa Sudamericana en haber disputado todos sus encuentros de la liga doméstica. En esos partidos, el equipo dirigido por Leonardo González y Pedro Vera ha obtenido una victoria, un empate y una derrota para un total de cuatro puntos. Ha convertido cinco goles y ha recibido la misma cantidad y se encuentra en la séptima casilla de la tabla de posiciones. Su rival en el torneo continental fue Atlético Nacional. El equipo colombiano ha jugado seis encuentros en el torneo colombiano, con una cosecha nada positiva de un triunfo, tres empates y dos derrotas. Esos seis puntos lo tienen en la posición once y ha convertido nueve goles mientras que ha permitido 6 tantos. Pero además, el equipo de Juan Carlos Osorio ha estado participando en la Copa Colombia; su primer encuentro fue el 29 de junio, y hasta la fecha ha jugado, contando ese primer partido, nueve encuentros, lo que nos lleva a concluir que el equipo colombiano tiene 15 partidos oficiales (sin contar Copa Sudamericana) en el segundo semestre de 2014. Una ventaja clara sobre el equipo del estado Vargas.

    2) Caracas: ha jugado dos partidos del Apertura, con una victoria y una derrota. Suma tres goles a favor y dos en contra. Pospuso el encuentro de la segunda fecha y adelantó el de la tercera, por lo que le queda un duelo por jugar para equipararse con sus rivales domésticos. Su contrincante fue el equipo peruano Inti Gas, equipo que hasta el momento lleva jugados catorce partidos del Torneo Apertura de aquel país. Ya sin oportunidades de pelear el título, el equipo peruano enfrentará el último duelo de la competición este domingo. Reitero las cifras: Caracas tiene dos encuentros domésticos mientras que Inti Gas catorce.

    3) Deportivo Anzoátegui: también ha tenido dos apariciones en el Apertura. El saldo es similar al del Caracas: una victoria y una derrota con tres goles a favor y tres en contra. Su rival fue la Universidad Católica de Ecuador. El torneo regular ecuatoriano reanudó sus actividades el cuatro de julio y terminó el tres de agosto. Esas tres fechas le sirvieron al equipo «católico» para clasificar a la segunda ronda, en la que hoy llevan disputados dos encuentros. En este caso no hay tanta diferencia con el equipo criollo, aunque si se puede hablar de tiempos competitivos, ya que los ecuatorianos tienen un mes más de competición encima que los venezolanos.

    4) Trujillanos: apenas ha jugado un partido del Apertura y uno de Copa Venezuela. En ambos casos demostró algo de fortaleza anímica ya que tuvo que remontar marcadores adversos para conseguir la victoria. Su rival fue Independiente Del Valle, otro conjunto meridional. Su recorrido fue casi idéntico al de la Católica, ya que a los tres encuentros finales del torneo regular ecuatoriano le suma dos en la segunda ronda.

    Como podemos observar, el factor calendario coloca en una posición de ventaja a los equipos colombianos, ecuatorianos y peruanos sobre los venezolanos. Tanto en cantidad de partidos como en calidad de los mismos, los criollos partían con ciertas limitaciones.

    Las estadísticas

    El fútbol es un juego que rara vez puede ser explicado a través de fríos números. Pero dentro de ese enorme abanico de cifras, hay una que otra estadística que bien vale repasar y analizar. No para encontrar verdades absolutas – no me cansaré de afirmar que esta no es la intención ni la motivación de este trabajo – sino para sumar elementos que nos ayuden a comprender el pasado reciente.

    Una de esas estadísticas es la de disparos al arco. No disparos puros y simples, sino aquellos que signifiquen una verdadera ocasión de peligro. A continuación, y según datos oficiales de CONMEBOL en su centro de estadísticas, los shoot de los criollos por partido, cifras que no contemplan los goles:

    1) Deportivo La Guaira: en el partido de ida, celebrado en Caracas, el equipo criollo no disparó bajo los tres palos, mientras que en el de vuelta, en Colombia, fueron dos los disparos.

    2) Caracas: un disparo bajo los tres palos en el encuentro de ida y tres en el de vuelta.

    3) Deportivo Anzoátegui: envió cinco lanzamientos bajo los tres palos en la ida, mientras que en la vuelta apenas consiguió enviar dos.

    4) Trujillanos: el equipo de Valera envió dos disparos bajo los tres palos en la ida y tres en la vuelta.

    Debo explicar la razón por la que elijo los shoot al arco y no todos los intentos. ¿Cuantas veces hemos hablado de ineficacia para justificar una derrota? Si usted me lo permite, para señalar a la suerte o a la ausencia de puntería como responsables de un resultado adverso hay que primero generar muchas ocasiones de gol. Ahí sí se puede pensar en los imponderables como causales de una derrota. Pero si un equipo inquieta únicamente cuatro veces al portero rival, el problema no es la eficacia sino el juego. El juego es justamente lo que le falla a los equipos venezolanos en estas competencias internacionales.

    ¿Qué quiero decir con que falla el juego? Una de las razones de ser de este deporte es la búsqueda de espacios. ¿Para qué se buscan esas zonas de terreno inhabitadas? Para que el futbolista pueda convertirse en receptor de la pelota, en distracción para el rival, o simplemente, en ocupante de una zona que permitirá la desocupación de otras. ¿Qué se necesita para encontrar esos espacios? Dinámica y más dinámica. Saber correr. Correr sin pelota. Pensar. Ejecutar después de pensar. Engañar. Simular. Anticipar.

    Eso es el juego. Si recibo el balón y mis compañeros se están moviendo permanentemente, los espacios aparecerán para enviarles la pelota, para que yo intente una jugada individual, o simplemente para intentar el disparo o el shoot. Es obvio que no todos esos intentos llegarán a incomodar al portero rival, pero mientras más veces lo intente, mayores serán las posibilidades de generar ocasiones reales de gol. ¿Se puede entrenar la efectividad? No y mil veces no. Lo que sí se practica son las distintas maneras de llegar a la portería rival, pero en cada entrenamiento falta, entre algunas otras variantes, la oposición del rival y la incapacidad humana de repetir conductas.

    Repasando lo que se necesita para generar espacios, llegamos a un concepto de difícil explicación y casi imposible medición: la intensidad.

    Intensidad

    Gracias a Rafael Pol, preparador físico del FC Barcelona, muchos pudimos conocer la frase que adorna una de las paredes del complejo del club América de Méjico: «Los entrenamientos deben ser como los partidos. De lo contrario los partidos se vuelven entrenamientos«.

    Cuando hablamos de esa preparación del futbolista, muchos recorren el camino de separar en facetas lo que realmente nadie puede disociar. Se habla de tareas físicas, tácticas, psicológicas, emocionales, técnicas y demás, cuando en realidad, lo que se busca en un entrenamiento es dotar al futbolista de la mayor cantidad de respuestas posibles para afrontar las interrogantes que hay en el juego. Esto con la condición de saber que es un juego de jugadores y que a medida que por cada enigma resuelto aparecen cien más, lo que se traduce en la imposibilidad de controlar totalmente este deporte.

    Ahora bien, cuando hablamos de intensidad lo primero que viene a la mente es ¿con qué se come eso? Y es que a pesar de que muchos quieran explicar ese concepto a través de kilómetros recorridos, pulsaciones, calorías o pases, no existe una fórmula científica o matemática que se explique lo que esta palabra implica. A todos esos datos que se acumulan en los pesos, los GPS y las calculadoras les falta, para acercarse a la realidad, el gasto que implica la concentración y los distintos grados de ésta que existen. Además, cada jugador vive las pautas de entrenamiento de manera muy particular, por lo que dar una definición de intensidad es atrevido, por no decir más.

    Por ello cobra validez la frase que daba inicio a esta última parte de esta descarga – llamar a estas letras análisis es cuando menos soberbio y pretencioso de mi parte. Una de las claves para el fracaso de nuestros equipos en competiciones internacionales puede estar en los entrenamientos, su grado de complejidad y la implicación del futbolista en las tareas. Pero también podemos encontrar algunos déficit en el descanso del deportista, su alimentación y su combate contra la fatiga cognitiva.

    Lejos de pretender encontrar una verdad absoluta, lo que debemos hacer todos aquellos que hacemos vida en el fútbol venezolano es reflexionar, revisar estos y los miles de elementos más que componen a esta actividad y que han llevado a que el tránsito por las competencias internacionales sea tan incómodo como imposible. Eso sí, para poder avanzar apenas un par de pasos, debemos partir de la certeza de que no hay certezas y que cada caso es un mundo en sí mismo. Las posibles explicaciones que justifiquen una decepción no necesariamente tendrán el mismo efecto en otras muestras.

    El camino es largo, pero lo será aún más si seguimos ignorando las señales de alarma que cada seis meses alumbran las canchas criollas.