Categoría: Fútbol venezolano

  • Noel Sanvicente: el heredero no reconocido

    No debe existir sensación más frustrante que sentirse despreciado. Antes que vivir, nos dejamos nuestra existencia tratando de obtener logros que nos otorguen reconocimiento y admiración, pero más que nada, cariño, sentirnos queridos y apoyados, esto sin reparar en que mucho de ese afecto nos llega por lo que hemos logrado y no por lo que somos. Algún escéptico diría que sabernos mortales es lo que nos empuja hacia la grandeza.

    Noel Sanvicente (San Félix, 1964) se sabe mortal y por ello apunta siempre a metas extraordinarias. Ha ganado seis campeonatos nacionales –por estos lados se les llaman estrellas– y en este mismo momento está a un resultado positivo de repetir como campeón del Torneo Clausura con su humilde Zamora F. C. La modestia de su plantilla no está asociada a la ausencia de calidad individual, sino a que en el torneo venezolano de primera división, nueve o diez de los dieciocho equipos poseen mayores recursos económicos que el conjunto llanero. Pero ello nunca fue excusa para Noel, quien desde su llegada al club blanquinegro ha mantenido que su meta es ser campeón y dejar algo más que un trofeo.

    Debo aclararle al lector que en Venezuela no existen las infraestructuras necesarias para el desarrollo adecuado del fútbol. Se cuentan con los dedos de una mano –y sobran– los equipos que poseen sedes y canchas propias, lo que dificulta que estas instituciones asuman las labores ordinarias de cualquier club de fútbol, tales como la formación de futbolistas, la recuperación de jugadores lesionados, poseer una casa club, etc. Por ello, desde que las victorias empezaron a aparecer en la actualidad zamorana, Sanvicente hizo fuerza para que se adquiriese un terreno que luego se convirtiera en el hogar del Zamora. En plena celebración por la estrella obtenida en la temporada 2012-2013, el entrenador más ganador del fútbol venezolano obtuvo su mayor logro: la alcaldía de Barinas donó un espacio para que en un futuro no muy lejano se pueda hablar de la casa del Zamora.

    En ese largo camino, Sanvicente ha encontrado grandes obstáculos. En su etapa de jugador de selección conoció las miserias de la dirigencia venezolana, y como entrenador, esa misma dirigencia le ha negado lo que él se ha ganado con esfuerzo y mucho trabajo: el puesto de seleccionador nacional. Hoy, cuando aún no se ha nombrado al sucesor de César Farías, Noel vuelve a ser el candidato del pueblo, el técnico que la mayoría pide pero que, gracias a su rectitud y su exclusiva dedicación al juego del fútbol, la Federación Venezolana de Fútbol, más pendiente de negocios y otros oscuros movimientos, se niega a reconocer.

    Admirador de Marcelo Bielsa y con alguna pasantía en el Newell’s del Tata Martino, el actual entrenador del Zamora ha hecho buena aquella reflexión de Juan Manuel Lillo según la cual “una persona es entrenador cuando sabe de jugadores y conoce las posibilidades del juego”. Bajo esa premisa vive Noel, y no existe fuerza en la tierra que le haga creer lo contrario.

    Pregunta.- Usted siempre hace énfasis en que es el futbolista el que puede cambiar un partido de fútbol. Hay por supuesto un trabajo en la semana, pero siempre es el jugador el que decide dentro de la cancha. ¿Por qué está tan seguro de ello?

    Respuesta.- Para mí, el jugador decide dentro de la cancha. A pesar de todo lo entrenado, hay momentos en que ellos deben usar su visión y su capacidad para cambiar lo que le dice el técnico. Yo, como entrenador, trato de darle todas las herramientas y de trabajar todos los escenarios posibles, pero después el juego nos recuerda que dos más dos no necesariamente es igual a cuatro. Por más que practiques siempre hay espacio para lo imprevisto, y los futbolistas deben aceptar esa eventualidad y resolverla. Eso solo se logra a través de la lectura del partido que pueda tener todo futbolista, y en mi opinión, esa visión está incluso por encima del trabajo de la semana.

    P.- Usted habla de que en la semana se trabajan escenarios posibles del próximo partido, y para ello hay que tener en cuenta al rival de turno. ¿Cuánto influye el contrario en este trabajo?

    R.- Mira, en la parte ofensiva hemos trabajado movimientos para llegar al arco rival en tres o cuatro toques, con mayor posesión y mil variantes más que luego las aplicaremos dependiendo del rival y de lo que consideremos como las debilidades de ese equipo al que nos enfrentamos. Por ejemplo, en el último partido ante Carabobo (victoria seis por dos) nos dimos cuenta de que cuando les toca replegarse, no llegan hasta su propia área sino que intentan tirar la trampa del fuera de juego. Entonces nuestra intención era que ellos agruparan muchos jugadores en el centro para nosotros aprovechar los espacios laterales, es decir, de adentro hacia fuera para luego volver al centro a terminar la jugada. Nos funcionó porque además pudimos hacer las transiciones defensa-ataque con la velocidad que marca nuestro estilo, que no es otro que el que está determinado por las características de los futbolistas. En una entrevista pospartido yo decía que los goles fueron claras muestras de las cualidades de los futbolistas: potencia, velocidad, diagonales y mucho dominio de la situación. Lo que te quiero decir es que en la semana trabajamos pensando en los puntos flacos de ese rival y cómo intentar aprovecharlos según las virtudes nuestras. Hay otros rivales que nos obligan a pensar en otras formas de hacerles daño, pero bajo nuestra filosofía. De esta manera, cada futbolista sabe a qué jugamos y cómo podemos sacar ventaja. Para ello ensayamos dos veces a la semana los escenarios del próximo partido, para que los jugadores se sientan en confianza, pero ojo, no se puede olvidar que siempre se van a presentar muchas contingencias y ahí es donde la visión del futbolista y su capacidad de entender el juego cobran mucha importancia. Vuelvo y repito: en el fútbol, dos más dos rara vez es igual a cuatro. Puedes jugar diez veces contra el mismo equipo y seguramente serán diez resultados totalmente distintos, y ni hablar de los partidos en sí.

    P.- Sus equipos siempre pelean por la estadística de ser el más goleador del torneo. Eso lo ha logrado en los tres clubes que ha dirigido –Caracas, Real Esppor y Zamora–. La conclusión generalizada es que los equipos de Sanvicente atacan mucho y hacen gran parte de sus vidas en el campo contrario. Marcelo Bielsa afirma que el trabajo ofensivo es infinito porque depende casi exclusivamente de la creatividad y el ingenio del jugador, mientras que las pautas defensivas son cinco y todas tienen un elemento en común: todos deben correr. ¿Coincide usted con Bielsa?

    R.- Sí, totalmente. Con un solo entrenamiento se pueden trabajar una cantidad incontable de variantes ofensivas, dependiendo claro está, de los futbolistas, el rival y otros imponderables. Defensivamente hay conceptos que todo futbolista profesional maneja y que simplemente hay que trabajarlos. Siempre son los mismos: relevos, permutas, agrandar, achicar o presionar. Son nociones universales que se manejan aquí, en China o en cualquier lado. Pero en el ataque converge la creatividad del jugador con la del entrenador, y en ese solo entrenamiento puedes darle hasta treinta variantes para generar juego ofensivo. Por eso creo que Bielsa, a quien considero el mejor entrenador, tiene toda la razón en este caso. Dice grandes verdades que a muchos no le gustan, pero en mi opinión todo lo que expone tiene sentido.

    P.- Hablamos del trabajo en la semana y a la misma vez de la necesidad de que el jugador sepa enfrentarse a lo imprevisto. ¿Cómo se logra que el futbolista maneje esa dualidad y no termine dependiendo demasiado del entrenador o se convierta en una especie de anarquista?

    R.- No hay otra forma de conseguir eso sino en el trabajo semanal, porque es ahí que uno como entrenador le da las herramientas al futbolista, y uno de esos mecanismos es que el futbolista interiorice que siempre existirán situaciones ajenas a lo planificado y que su resolución depende exclusivamente de ellos. Yo necesito de entrenadores dentro de la cancha, de futbolistas que tomen decisiones. Hay muchos futbolistas que son muy buenos tácticamente, pero les hace falta reconocer cuándo deben salirse de esa manta protectora e intentar algo distinto. Es positivo que un jugador cumpla con el plan original, pero es magnífico cuando un futbolista se sale de ese plan. Para eso está la rutina y la planificación de la semana, en la que uno le puede ir señalando al futbolista lo que está sucediendo y alimentarle el deseo y la voluntad de tomar riesgos según la situación que se le presente, pero siempre pensando en el bien del equipo, nunca en el personal. Cuando un grupo de jugadores logra pensar y actuar como un conjunto, a favor del colectivo, no habrá problemas si, por ejemplo, un central abandona su zona y decide irse al ataque, porque el equipo siempre tendrá respuestas a esa conducta. Para ello es vital que cada jugador maneje los conceptos básicos de cada posición.

    P.- ¿Y cómo se convence al futbolista de que las pautas que se van a llevar a cabo son las correctas para su beneficio y el del equipo?

    R.- Cuando al jugador se le entregan argumentos sólidos, desarrolla confianza en el cuerpo técnico. A medida que pasan los partidos, el futbolista analiza su desempeño y se da cuenta que lo que se le dijo fue lo que terminó sucediendo, pero además, se le muestra en vídeos, es decir, comprende a través de su propio ejemplo, entonces ahí sí que se convence de que el trabajo que se hace en la semana, que las instrucciones que se le entregan son para el bien del equipo y el suyo propio. A la larga todo jugador se convence cuando la comunicación es clara y se le explica el por qué de esas sugerencias. Te cuento un ejemplo: en el partido de Copa Libertadores ante Nacional de Paraguay se nos presentó una situación con Arles Flores, uno de nuestros volantes de marca. Hace tiempo que estamos comiéndole la cabeza para que sea más intenso en los partidos. Es un muy buen futbolista, pero debe dejar de lado el exceso de confianza que lo lleva a esperar el balón en vez de atacarlo, característica que le ha servido para destacar en el fútbol venezolano, pero que lo condicionaría en el caso de que llegue a jugar en otras ligas más competitivas, que al fin y al cabo es la meta que les inculco a mis jugadores: prepararse para jugar en el extranjero, y en otras ligas no se juega si no tiene dinámica o si se regula la intensidad.

    Pero volviendo al partido contra Nacional, a eso de los primeros veinticinco minutos estuve a punto de sacarlo del campo, y él se sintió frustrado, tanto así que en el descanso llegó a decirme: “Profe, tiene usted toda la razón”. ¿Por qué? Porque en las primeras pelotas que le tocaba jugar no tuvo la capacidad de resolver. El rival rápidamente lo presionaba, lo encimaba de tal manera que él mismo se dio cuenta de que todas las instrucciones que venimos entregándole no parten de un capricho del cuerpo técnico, sino que hay una razón detrás de ellas. Hoy, un par de meses después de aquel partido, te puedo asegurar que Flores está más metido en los partidos, no se regula y va adquiriendo un ritmo mucho más acorde al fútbol internacional. Entonces, a partir del ejemplo, el futbolista comprende las explicaciones, se casa con la idea y no hace falta que lo manifieste de palabra, su desempeño en el campo así lo demuestra. Por ello me considero un formador antes que un técnico, porque me gusta estar pendiente siempre de aportarle al jugador y que este pueda poner en práctica lo que uno le enseñe.

    P.- Justamente quería llegar a ese punto. Usted, en cada charla que tenemos, me recalca ese gusto por el papel de formador y, además, son muchos los futbolistas los que tienen gestos de agradecimiento con usted. Todo ello compaginado con su faceta de entrenador de élite cuyos equipos siempre están compitiendo. ¿Puede un entrenador de su categoría separarse del rol de formador?

    R.- Es imposible separarse de esa faceta. ¿Cómo haces para corregir a un jugador sino a través de la educación? Cualquier sugerencia, corrección o modificación que se le sugiera al futbolista no puede ser impuesta, sino que debe partir de una base, y eso es educar, formar. Puede que yo tenga algún problema si me toca dirigir un equipo de grandes figuras porque hay muchos futbolistas que creen que ya saben todo y no les gusta que los corrijan, pero como te he dicho, si uno tiene argumentos sólidos, el jugador va a confiar en lo que uno le dice, y eso es educar, orientar. Muchos se confunden porque creen que la formación solo se da en la base, en las categorías inferiores, y por eso a algunos entrenadores de primera división no les gusta que les hablen de formación porque se sienten menospreciados, como si Guardiola o Bielsa, los mejores en mi opinión, no se consideraran formadores antes que entrenadores.

    Pregunta.- Usted es de los entrenadores que le martilla la cabeza a sus jugadores para que jamás se conformen. Como entrenador, y a diferencia de lo que sucede en Venezuela –para obtener el carnet de entrenador se hacen cursos de cuatro días–, donde la formación que se le imparte a los futuros entrenadores es deficiente, usted decidió rebelarse y prepararse con mucha mayor dedicación. ¿Cuándo y por qué nació esa inquietud?

    Respuesta.- Como futbolista siempre tuve la oportunidad de viajar gracias a que Marítimo (su equipo de siempre, hoy desaparecido) participaba en Copa Libertadores y aprovechaba para darme una vuelta en los entrenamientos de los otros equipos y veía cosas totalmente diferentes. En mi primer curso en Venezuela me dieron media hora de charla y luego me dieron un carnet, ahí fue que me di cuenta que los entrenadores debíamos hacer unos cursos como deben ser, como cualquier profesión que para ejercerla hay que dedicarse a estudiar. En Venezuela, y lo digo con propiedad, hay una enorme cantidad de entrenadores que no les interesa formarse, casi te diría que ni saben agarrar una pelota, y lamentablemente son eso, entrenadores. El día que se modifique la forma de pensar, que se hagan cursos profundos y complejos, nuestros entrenadores estarán capacitados para ayudar al progreso de este fútbol. Hace tiempo escribí (fue columnista en el diario Líder) que los entrenadores venezolanos “con poquito hacemos mucho” porque, primero, no nos dan las herramientas adecuadas para ser entrenadores, y luego, cuando llegamos a cualquier equipo, tampoco nos dan las herramientas adecuadas para trabajar. Ahora bien, ¿por qué quise cambiar? Porque tuve la fortuna de poder viajar al extranjero y también tuve la suerte de trabajar para una familia como los Valentiner (propietarios del Caracas F. C.), a quienes les estaré agradecido toda la vida porque me apoyaron en esa misión de educarme y superarme. ¿Pero cuántos entrenadores pueden hoy en día ir a otros países a formarse? Por más que digan que el fútbol venezolano está en una constante evolución, yo digo que por las fallas que tenemos en todos los aspectos damos un paso hacia delante y cuatro hacia atrás.

    P.- Durante todos estos años como entrenador, ningún equipo de Noel Sanvicente ha hecho el ridículo en un campo de juego. Sus conjuntos han ganado y perdido, pero siempre han competido y han dejado la impresión de no guardarse nada. ¿Ese amor propio se le inculca al futbolista o ya el jugador viene con ese chip?

    R.- Mira que siempre hay una primera vez. A lo mejor nos llegará el momento en que nos goleen y nos dejen sin respuestas. Espero que no suceda, pero siempre hay una primera vez para todo. En los equipos que he pasado he tratado de inculcarle al jugador una filosofía de juego en la que, a partir de las características de ellos, vayamos siempre en búsqueda del arco contrario. Pero siempre hay excepciones, por ejemplo aquel partido ante Tucanes de Amazonas (jornada 4 del torneo Apertura, empate a uno), donde no merecimos esa igualdad. Ellos nos llevaron a defender muy cerca de nuestro propio arco y nos hicieron ver muy mal. Ahora bien, lo que sí tenemos claro como equipo es que trabajamos para ir encima del rival, para buscar el partido, que pase lo que pase nunca debemos rendirnos ni dejar de correr. Esta es una plantilla muy corta y estamos sufriendo un desgaste impresionante porque no tenemos oportunidad de rotar, por eso hoy el equipo ha tenido que aprender a regular fuerzas. No te olvides que además jugamos siempre a las 3 o 3:30 pm con un clima muy caluroso y muy húmedo, pero a pesar de ello siempre vamos a presionar.

    P.- Pero independientemente del cansancio, el calor o el rival, sus equipos siguen compitiendo.

    R.- Es que todo esto comienza en los entrenamientos. Buscamos juegos para que nuestros jugadores estén siempre con esa mentalidad. Hacemos pequeñas apuestas en las que no hay dinero involucrado, sino que, por ejemplo, quien pierda debe hacer de mesero, entonces siempre hay algo por que luchar, por lo que esforzarse. Con esas pequeñas cosas el futbolista se va acostumbrando a mantener siempre la mentalidad ganadora y el hambre de ir a más. Cuando llegamos, Zamora era un equipo muy timorato, tímido, que se conformaba con poco; hoy es un equipo ambicioso que siempre busca ser protagonista de los partidos y eso se nota hasta en las declaraciones de los futbolistas, y ese mensaje se lo vamos dando a través del psicólogo, de la nutricionista, es decir, desde el cuerpo técnico vamos fortaleciendo la confianza del futbolista y por ello hoy puedo decir que uno de los equipos que más partidos ha ganado en condición de visitante. Pero esto se trabaja desde el primer día de la pretemporada, a mi eso de declarar que hay que poner huevo antes de un partido no me convence porque yo creo en el trabajo y no en dejar las cosas a la buena de Dios.

    P.- La intensidad que usted propone es mucha.

    R.- Lo sé. Es difícil que un jugador me aguante mucho tiempo.

    P.- A eso iba. El futbolista puede llegar a sentirse satisfecho con lo conseguido en dos años y luego, en el tercer, entrar en una zona de confort.

    R.- En el Caracas F. C. ganamos mucho, pero esos jugadores fueron creciendo con una mentalidad ejemplar. Triunfaban y competían desde las categorías inferiores (sub-18 y sub-20), segunda división hasta la reserva. Supieron sustituir a grandes ídolos del primer equipo y siguieron ganando y compitiendo, como fueron, por ejemplo, Edgar Jiménez, Alejandro Guerra u Oswaldo Vizcarrondo. Mientras muchos decían que únicamente ganábamos por contar con figuras de renombre ,nosotros, como cuerpo técnico, supimos desarrollar futbolistas jóvenes con los que también triunfamos. Pero la gente se olvida de lo que hicimos, por ejemplo, en el torneo Apertura 2007, cuando luego de la Copa Libertadores salimos campeones con muchos futbolistas que no llegaban a los 25 años. No eran figuras, pero ya acumulaban pretemporadas con nosotros, minutos en primera división y, sobre todas las cosas, tenían esa mentalidad ganadora de la que te hablo. No los pusimos en el primer equipo por accidente, sino que durante un par de años fueron acumulando experiencia para luego hacer la transición al primer equipo de la manera más normal posible. Ahora bien, este es un trabajo que no se puede atribuir a mi persona, yo formo parte de un equipo de trabajo y juntos hemos podido lograr estas metas.

    P.- Con tanta intensidad, dedicación al trabajo y responsabilidad, ¿el jugador tiene tiempo para disfrutar?

    R.- ¡Sí, claro! Disfruta cuando llega a la cancha y se da cuenta de la variedad de trabajos que hay, lo que le evita caer en la monotonía. Disfruta cuando se da cuenta de que todo trabajo tiene su sentido, que en la pretemporada ha mucha cantidad de pautas que requieren un mayor esfuerzo pero, una vez iniciado el torneo, hay mayor calidad que cantidad. He tenido bajo mi dirección a muchos futbolistas que anteriormente han estado a las órdenes de otros entrenadores y no se cansan de decir que “con Chita se trabaja distinto”. Estos futbolistas llegan a la cancha y disfrutan, y para mí esa es la clave, que el jugador llegue, trabaje y luego se lleve algo de ese trabajo para su casa. Yo no quiero que vengan a un entrenamiento solo por cumplir, sino que lo que se haga en cada pauta les quede, que les agrade, que disfruten porque esa es la mejor manera de convencer al futbolista. Cuando eso pasa es que se llega a la comprensión del entrenamiento, o por lo menos se hace mucho más sencillo entender las razones de cada instrucción. En el cuerpo técnico nos hemos dado cuenta de eso y por ello intentamos que se disfrute el entrenamiento para que así el futbolista se involucre mucho más en la práctica. Ojo, no es Sanvicente el que piensa así, es todo el cuerpo técnico, mi grupo de trabajo (los asistentes Mauro Lazzaro y Luis Pájaro Vera, el analista de videos Carlos Rojas, el psicólogo Alexis González, el preparador físico Javier Milán, la nutricionista Mariana Iglesias.

    P.- Y usted, cuando fue jugador, ¿disfrutó?

    R.- Yo la pasé bien porque siempre estuve rodeado de jugadores importantes y de los mejores entrenadores de aquella época, pero porque además, siempre ganábamos. Y el futbolista disfruta cuando gana. Pero me costó disfrutar porque además de buenos entrenadores también tuve algunos locos que no estaban capacitados y terminaban haciéndonos daño. No olvidemos que en los años ochenta y noventa no existían estas redes de información que facilitan que cualquiera se pueda asesorar y, lamentablemente, esos entrenamientos sin fundamentos solo sirvieron para cortarnos la carrera de jugador. Todos esas pautas equivocadas también tuvieron su aspecto positivo: comprendimos rápidamente que no había que copiarlas. Todos los entrenadores dejan alguna lección.

    P.- Por ahí quiero pasar. Usted hace mucho énfasis en la obligación que tienen los entrenadores de saberse, ante todo, formadores. Aceptando esa condición, y teniendo la disciplina casi como un valor innegociable, ¿se divierte haciendo su trabajo de director técnico?

    R.- Disfruto porque me encanta ir a una cancha. Puedo pasar horas y horas en un campo de fútbol. Sí confieso que hoy en día he aprendido a delegar ciertas pautas en los entrenadores asistentes y me voy a revisar la condición de los lesionados y otros aspectos del equipo. Ya uno asume su condición de gerente. Un entrenador debe estar pendiente de todo.

    Te cuento una anécdota: cuando firmé con en el Real Esppor, al dueño del equipo le dijeron: “no contrataste a un entrenador, contrataste a un jefe”. Es que yo soy así, y lo que hemos logrado con este Zamora es un ejemplo más de esa condición gerencial y lo positivo que es para la institución. Y en este fútbol nosotros los entrenadores tenemos que trabajar de esta manera para hacerle entender a los directivos que hay muchas cosas que cambiar, por ello no solo estoy trabajando dentro de la cancha, pero siempre con la intención de conseguir lo mejor para la institución. Yo estoy para trabajar en pro del fútbol del equipo que me contrate, ese es mi trabajo. No me interesa ir a cenar con gente ni a pasar seis horas hablando sin sentido. Lo mío es trabajar y nada más. Por ejemplo, el camerino del Zamora es el mejor del país. Hace unos días compramos máquinas de gimnasio, bicicletas, escaladoras, en unos días llega una trotadora. Todo para el bien de la institución, pero sobre todo, para ir sumando condiciones que ayuden al jugador a sentirse cómodo. Si ellos se sienten bien, rendirán más y mejor.

    P.- ¿Existe un “método Sanvicente”?

    R.- Estamos preparando algo así (ríe).

    (Voltea hacia donde está sentado Alexis González, el psicólogo del equipo, quien rápidamente responde que lo están construyendo)

    Sí, lo estamos construyendo. Le estamos dando forma y pronto lo daremos a conocer.

    Charla publicada en la web de Martí Perarnau http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/noel-sanvicente-el-heredero-no-reconocido-i-parte/ Y http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/noel-sanvicente-el-heredero-no-reconocido-parte-ii/

  • Lecciones de la final

    Los primeros noventa minutos de la final entre Zamora y Mineros dejaron postales que deberían hacernos reflexionar acerca de la manera como observamos el fútbol y así replantearnos verdades que no son tales. Y es que cuando se juega un partido de tal magnitud sacamos a relucir preconceptos que poco o nada tienen que ver con el juego en sí.

    Por ejemplo, las supuestas batallas tácticas entre los entrenadores. Para muchos es más seguro dar mayor importancia al trabajo de los técnicos que a lo que realizan los futbolistas en el terreno de juego. No trato de quitarle mérito a la influencia de Páez o de Sanvicente, pero si uno se da a la tarea de escucharlos, son ellos los primeros que le confieren todo el protagonismo a sus jugadores. No hay estrategia que nos ayude a prever el segundo gol del Zamora, el auto gol de Rafael Acosta o el gol de Mineros. Repasemos el origen de cada una de esas anotaciones y nos daremos cuenta que es el futbolista el actor exclusivo y el único generador de situaciones de caos.

    Repasemos otra situación. En el minuto 62, y abajo tres goles por uno, Richard Páez decidió substituir a Rafael Acosta y darle entrada a Ángel Chourio. Ese movimiento, de carácter ofensivo, seguramente tuvo el propósito de ensanchar el campo y aprovechar aún más el buen partido que estaba realizando Ricardo David Páez. Todo quedó en buenas intenciones porque apenas cinco minutos después, el equipo llanero consiguió el cuarto y último tanto del encuentro. La crítica hacia Páez no se hizo esperar y se le acusó de romper el equilibrio con ese cambio, pero si Mineros hubiese encontrado el segundo gol, ese juicio hubiese sido favorable al merideño. Por ende, no hablamos del juego sino del resultado.

    El fútbol es mucho más de lo que se ve por TV. Cuando un equipo ataca, no solamente quienes merodean el área rival están ejecutando esa conducta. Todos los integrantes del conjunto asumen funciones ofensivas; cada quien va conquistando una porción de terreno acorde a su posición en el campo. Asumir que, por ejemplo, sólo los dos delanteros y los dos volantes más adelantados son los encargados de generar peligro es igual a vivir en un estado de miopía permanente.

    Alejémonos de los paradigmas tradicionales y comprendamos que dividir o fraccionar los sucesos en pequeñas partes no nos traerá un panorama más claro sino todo lo contrario, nos hará creer dueños de una verdad que no existe. Recordemos a Xavier Tamarit cuando escribió que “la fragmentación de las partes de un sistema implica no sólo la separación de estas, sino la anulación de sus propiedades”.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 22 de Mayo de 2.014

  • Zamora vs. Mineros: sólo vale el presente

    Parece unánime aquello de que la final del fútbol venezolano será un gran espectáculo. Supongo que se toma en cuenta el estatus de cada uno de los equipos así como las estadísticas que ambos sumaron durante la temporada. Se habla también de las diferencias entre los modelos de juego, pero no se si se le haga suficiente caso a los futbolistas, generadores del juego y a la misma vez intérpretes de la estrategia. Ya lo decía el poeta argentino Antonio Porchia: “el universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre”.

    El fútbol es mucho más que un juego; es una serie de conductas que deben encontrar la armonía necesaria para crear un caos. Puede que suene contradictorio pedir consonancia para luego producir desorden, pero no lo es, ya que sólo a través de esa simetría podrá un equipo avanzar para luego dominar al rival. ¿Cómo puede lograrse eso? Atendiendo al llamado del futbolista.

    El jugador en sí mismo posee unas cualidades que pueden ser divisadas por cualquier observador atento. Por ejemplo, todo el mundo sabe que Lionel Messi es casi indetenible con la pelota dominada y con espacios libres por ocupar. Ahora bien, el argentino también muestra una serie de pautas que únicamente son explicables a partir de su pertenencia a un colectivo que potencia sus virtudes ya conocidas, enriqueciéndolo con otras que son producto de su integración a una determinada sociedad.

    Esa aparente previsibilidad que nace del “conocimiento” de las capacidades individuales, sumado a datos que describen el pasado es lo que nos lleva a creernos capaces de pronosticar cómo será un juego de fútbol. Disociamos al futbolista de todo lo que lo rodea y lo compone. Nos conformamos con cables que informan acerca de esquemas tácticos o intensidad de entrenamientos, sin reparar en que los estados anímicos son quizás más importantes para el futbolista. Y hasta los momentos no se ha inventado artefacto alguno que mida las reacciones futuras del ser humano. Todos los datos estadísticos son sólo una ventana al pasado.

    Nadie en su sano juicio puede dudar de las aptitudes de Richard Páez o de Noel Sanvicente como directores técnicos. Pero más allá de un “duelo de estrategias” entre los conductores de Mineros y Zamora – que la habrá, no hay duda – nos conviene acercarnos a cada equipo y a las interacciones o los accidentes que cada uno puede generar, y desde allí comprender que este es un juego imposible de predecir. Ya lo dijo Dante Panzeri en 1.971: “en el fútbol no existe el futuro. Solamente existe el momento. Si lo que va a pasar es conocido, no pasa. Ya pasó”.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 18 de Mayo de 2.014

  • Ocho minutos para la historia

    En la vida, cada quien adopta y desarrolla su propia manera de actuar. Es imposible soslayar la influencia que tienen nuestros superiores – padres, jefes, guías, etc. – pero al fin y al cabo, y gracias a que el mundo cada vez más rechaza las leyes que justifican la obediencia debida, no hay excusas que maquillen algo tan importante y natural como que cada decisión es propia, intransferible e inexcusable.

    Rosa Coba, neuropsicóloga española, explica que “el líder es el gestor de las emociones y el responsable de promover tantas interacciones como sean necesarias para dotar a los jugadores de las mayores y mejores opciones y recursos. Es el encargado de mejorar el potencial. Para ello debe ser, en primer lugar, un buen observador. Posteriormente debe ser un buen evaluador. ¿Por qué? Para, finalmente, ser capaz de llenar de contenido, sentido y realidad el verbo potenciar”. Si nos situamos en nuestro fútbol, podemos concluir rápidamente que tanto Richard Páez como Noel Sanvicente poseen ese perfil, a lo que yo agregaría el calificativo “positivo” para identificarlos correctamente.

    El liderazgo implica una capacidad de convocatoria para que un determinado grupo se adhiera a una propuesta, así como también capacidad de convencimiento y de persuasión. En ciertas situaciones, y bajo la amenaza del castigo – volvemos a aquello de la obediencia debida – el líder se impone y toma decisiones. Normalmente, quienes asumen este tipo de conductas son los líderes negativos, aquellos que piensan en su bienestar personal antes que el colectivo y que se sienten tan débiles que prefieren recurrir a la amenaza antes que al convencimiento.

    El seis de mayo, el Zulia FC anunció la renuncia de Nino Valencia a la conducción del primer equipo, así como la asunción inmediata de Derwui Martínez, director técnico de la sub20 del equipo petrolero. Con la meta de obtener los puntos necesarios para clasificar al octogonal final e intentar conseguir el pase a la Copa Sudamericana, el nuevo entrenador decidió ir en contra de lo que la profesión de entrenador tiene como principio fundamental – ser un formador – y sacrificó, apoyado en las lagunas de la normativa, el autoestima de dos juveniles.

    En apenas ocho minutos, el entrenador decidió que dos futbolistas no eran aptos para buscar el triunfo. Los expuso, los tildó de incapaces y aún así, su equipo no clasificó al octogonal. Algunos dirán que fueron ocho minutos para el olvido, pero yo prefiero que esos ocho minutos queden para la historia y no olvidar jamás a los protagonistas de este triste relato.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 15 de Mayo de 2.014

  • Noel no tiene quien le escriba

    Mi muy estimado lector, le voy a confiar una verdad que muchos conocen y que debe saberse: a Noel Sanvicente no lo quieren como DT de la Vinotinto. No me refiero a la mayoría de ustedes ni a un par de directivos de la FVF. Quienes no quieren a Noel son los mismos que no se atreven a tomar decisiones trascendentales para que nuestro fútbol dé un salto de calidad que nos permita competir en igualdad de condiciones que nuestros rivales; medidas como reducir la cantidad de equipos que participan en primera división o revisar las categorías formativas de esos conjuntos. Es que en la vida no basta con hacer lo correcto: hay que estar convencido de ello, por eso, como no creen en él, nadie le escribe ni un mensaje de texto a Noel.

    ¿Por qué no lo quieren? Tan sencillo porque Noel no es alcahuete; no se casa con nadie, no va a cenas clandestinas en yates y, por encima de todo, no forma parte del círculo vicioso que se encarga de “sugerir” jugadores a la selección. Noel tiene únicamente dos pasiones: el fútbol y su familia. Por ello choca con la conducción de esta federación.

    Por esa forma de ser ha sido víctima de ataques, algunos provenientes de la anterior conducción de la selección, tales como que Noel es un gran entrenador de campo pero no puede sentarse con los representantes de las empresas que patrocinan a la selección. Es decir, desprecian al actual entrenador del Zamora acusándolo de dedicarse únicamente a sus equipos. Ese concepto nace, no olvidemos, de alguien que no pudo clasificar a la Vinotinto al mundial, situación que muy a su pesar lo hermana con TODOS los ciclos anteriores, en especial con aquellos en los que el equipo nacional jugaba a cualquier cosa.

    El nombramiento de los entrenadores de las categorías juveniles de la FVF es la última trampa que le han puesto a Noel para que reaccione y así los directivos puedan decir que «se bajó sólo» de la carrera vinotinto. Estos señores no aguantarían trabajar con alguien tan exigente, para quien el éxito sólo sirve como el combustible necesario para buscar mayores triunfos. A Noel sólo le interesa trabajar, pero hasta en los organismos en los que el chauvinismo es una manera de vida se olvidan que la evolución en la vida no se consigue con discursos sino con esfuerzo y sacrificio. Eso, como demuestra su Zamora en estos últimos dos años, es lo que ofrece Noel. Aún no le escriben y pienso que no lo harán, pero ya usted me conoce, mi estimado lector, en milagros no creo y mi labor es convertirme en el aguafiestas de siempre.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 01 de Mayo de 2.014

  • El poder por el poder mismo

    Voy a contarle una historia, mi estimado lector. Allá por el año 2.005, se produjo un conflicto que, según Rafael Esquivel, pudo traer como consecuencia la inhabilitación de la Federación Venezolana de Fútbol. En aquel momento, el siempre hábil presidente de la FVF se encargó de enfatizar que la pugna electoral nacida en las entrañas de la asociación Fútbol Mejor y aprovechada por el grupo Fútbol Popular, sólo iba a traer como consecuencia la frustración del sueño Vinotinto. Finalmente no hubo sanción por parte de la FIFA y hoy, más allá de lo que algunos afirman, aquel grupo ha sabido penetrar al ente federativo.

    ¿Cómo obtuvo tanto poder esa plancha denominada «Fútbol Popular»? Gracias a la complicidad de Esquivel. Vayamos al punto más álgido de esta historia: la Copa América Venezuela 2.007. La FVF no estaba (ni está) en capacidad de organizar una verbena, mucho menos un evento de esa magnitud. Por ello recurrió al gobierno nacional para que construyera estadios que alimentaran la mentira de que éste es un fútbol en desarrollo; pero además, el poder debía encargarse de casi toda la logística del torneo. Quien niegue la importancia del gobierno en aquel evento es cuando menos un interesado en tapar la verdad.

    Para esa misma época ya la FVF había tomado una decisión clave en todo esto: ampliar los equipos de primera división hasta 18, un número acorde a países como España o Inglaterra, pero que en nuestro caso parecía una mera exageración. Este fútbol ha gozado de muy poca salud económica y el aumento de participantes en la primera división fue un guiño a gobernaciones y alcaldías (de cualquier tendencia política) para que se hicieran presentes en un negocio que no es tal, o por lo menos no lo es en el estricto sentido del término.

    Hoy todos conocemos la realidad: por lo menos 12 de los 18 equipos dependen en gran medida de los dineros públicos (alcaldías, gobernaciones, SENIAT o PDVSA) y pocos, muy pocos, toman resoluciones que se ajusten exclusivamente a criterios deportivos. Rafael Esquivel permitió que esto sucediera – aquí sí me permito especular – seguramente con la intención de garantizar su continuidad al frente de la FVF. Dentro de todo este desastre hay un par de dudas que me preocupan: ¿qué pasará el día que el actual presidente no esté? ¿Que pensará la FIFA acerca de este intervencionismo gubernamental? Este es apenas el inicio del camino, pero la conclusión es la misma: el poder es una droga muy poderosa.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 27 de Abril de 2.014

  • Medidas contra la clandestinidad

    Cada vez que se discute la televisación del torneo de primera división, la FVF nos recuerda que son los directivos de los clubes los responsables de la clandestinidad de nuestro balompié. Así mismo, Rafael Esquivel y sus pares señalan a éstos cada vez que se habla de la inconveniencia de que sean 18 equipos en la primera división o cuando se requiere cualquier otra aclaratoria. Permítanme entonces hacer una sugerencia a quienes, según el ente federativo, deben tomar decisiones.

    El fútbol es un producto y ustedes seguramente lo entienden como tal. Como buenos comerciantes, deben reconocer que lo que no se muestra no se vende. No hay forma ni manera de que un habitante del desierto del Sahara compre agua si no sabe de su existencia. Créame, por más que su producto sea el mejor o necesario para la supervivencia humana, sólo a través de la exposición que ofrecen los medios de comunicación éste podrá generar el interés de quienes necesiten o deseen ese bien. Con el fútbol pasa lo mismo.

    En nuestro país se juegan 9 partidos de primera división cada fin de semana. Con la excepción de dos de ellos, los encuentros restantes se disputan los domingos, teniendo como hora de inicio el período comprendido entre las 3:30pm y las 6pm. La asistencia, para ser generoso, es muy pobre, tanto así que después de la undécima jornada, según el sitio web www.balonazos.com – cercano a la FVF – aún no se llegaba al millón de espectadores en el Clausura. En el siguiente enlace se puede confirmar la validez de esta información: http://www.balonazos.com/ve/index.php/noticias-portada/10473-puerto-ayacucho-lidero-la-asistencia-su-decima-distincion-de-la-campana

    Una vez demostrado que la presencia del público no genera ganancias considerables, ¿por qué no adoptar un esquema diferente que permita la transmisión de todos los partidos? Se podría, por ejemplo, jugar dos encuentros los viernes en la noche (6pm y 8pm), tres los sábados (4pm, 6pm y 8pm), tres los domingos (3pm, 5pm, 7pm) y uno los lunes (7pm). La distancia entre juego y juego permitiría la transmisión de TODOS los duelos, lo que significaría una mejora en el mercadeo, en el seguimiento a los equipos y los árbitros y, eventualmente, en la exposición de los jugadores, lo que ayudaría en la promoción de éstos y en futuras ventas.

    No es esta una verdad escrita en piedra. Es sólo una de las miles de opciones posibles que pueden adoptarse para que nuestro torneo gane en competitividad y eventualmente también genere beneficios para la gallina de los huevos de oro de la FVF: la Vinotinto.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 24 de Abril de 2.014

    http://www.liderendeportes.com/opinion/columnas/apuntes-del-camino/medidas-contra-la-clandestinidad.aspx

  • El caos de Richard Páez

    “Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos”.

    La frase pertenece a Richard Páez, y puede ser revisada en una entrevista que me concedió hace unas semanas para el sitio web de Martí Perarnau (http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/richard-paez-el-nombre-del-cambio-ii-parte/) . En ella, además de la afirmación que da inicio a esta columna, hay otros conceptos que valen la pena revisar, sobre todo por aquellos que dudan de las capacidades de los entrenadores venezolanos y prefieren que a nuestra selección la conduzca cualquiera que sólo cumpla con el requisito de haber nacido fuera de nuestras fronteras. Pero volvamos al caos.

    En la exposición del técnico de Mineros de Guayana – ¿son estos sus últimos días en el equipo negriazul? – aparece la palabra caos como una virtud y no como enemiga del proceso evolutivo de un equipo de fútbol. Dentro de las definiciones de este fenómeno, en el sitio web Wikipedia se lee una que explica lo que el merideño plantea: “el caos es la complejidad de la supuesta causalidad en la relación entre fenómenos (eventualidad) sin que se observe una traza lineal que relacione la causa con el efecto”.

    Con esto Páez intenta convencer a sus futbolistas de algo que ya Marcelo Bielsa explicó hace un par de años: “yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? Corremos todos. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento».

    El juego del fútbol es un acto indivisible. Atacar y defender son conductas hermanadas por algo más que un trabajo táctico: la actitud. Cuando el ex seleccionador vinotinto habla de generar caos, lo que realmente está haciendo es pedirle a sus futbolistas que jueguen según sus cualidades y su intuición. No es un llamado en contra del trabajo de la semana; todo lo contrario, es recordarle al jugador que es él quien tiene la potestad de decidir y que debe atreverse a ello, a vivir y a promover lo imprevisto. A hacer que pasen cosas.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 20 de Abril de 2.014

  • La granja que es el fútbol

    ¿Qué haremos, mi estimado lector, el día que abramos los ojos y comprendamos la realidad? Con esto me refiero a la enorme mentira que es el fútbol, ya no el nuestro, sino el fútbol en general. ¿Nos daremos cuenta del papel que usted y yo jugamos en este circo? ¿Tendremos la capacidad para rebelarnos y dejar de lado nuestro triste papel de audiencia sin voz?

    Siempre hay quien desayuna en horas no adecuadas, por ello debo aclarar que esta reflexión no va dirigida a jugadores o entrenadores, o mejor dicho, no a una buena parte de ellos. Esto, el fútbol, es un espectáculo mediocre en el que todo es una gran mentira. Hay acusaciones y señalamientos que no llegan a nada a pesar de que la ley ofrece mecanismos para amparar a quien se sienta vejado. Pero no, en el fútbol es más importante aparecer en medios de comunicación, pegar cuatro gritos y generar adhesiones de quienes compran sin saber qué compran. Usted me dirá que así es la política y seguramente tenga razón, pero reitero mi ley de vida: no estoy acá para conformarme con la maldad o la mediocridad.

    Volvamos al fútbol. En este deporte existen instituciones como el FC Barcelona, con una impoluta una imagen de defensores de la moral y la justicia labrada a través de la defensa de unos “valores” que luego no son tales. Claro que, como nos enseñan nuestros mayores, entre cielo y tierra no hay nada escondido, y hasta la FIFA debe actuar ante lo que ya no puede ser tapado ni con un ejército de mentirosos. Es de hacer notar que los directivos catalanes, tan idénticos a cualquier otro dirigente de esta actividad, dicen conocer la ley pero su institución, tan particular y única como cualquier otra, se cree merecedora de un salvoconducto que le permita no cumplirla, usted sabe, por aquello de los valores y la educación. Es decir, que eso de la igualdad del hombre ante la ley es sólo para algunos tontos sin poder ni influencia, como usted y yo.

    Pero retornemos a lo nuestro. A un campo de batallas en el que todo sirve si la notoriedad lo vale. Insultos, denuncias, recriminaciones, trampas, alineaciones indebidas, arbitrajes mediocres, en fin, todo ello como parte de un plan macabro que hasta ahora se ha cumplido, porque al parecer, a la decencia le dieron vacaciones y nadie se ha encargado de recordarle que debe volver.

    ¿La mayor mentira? La de siempre: todos somos Vinotinto. Cada quien como mejor le parezca y más le sirva para su negocio. Dinero, fama, seguidores, lamentos y trampas. Hay algunos que son más Vinotinto que otros, así como en esta granja “algunos animales son más iguales que otros”.

  • Euforia, euforia

    Tiene razón el técnico de la selección femenina cuando dice que «los medios aparecieron en el mundial». La semana pasada ya me atrevía a anunciarlo en este espacio: nos ocupamos de las disciplinas a partir de su éxito. Por ello, las críticas del señor Zseremeta no son una declaración de guerra sino un pedido de auxilio.

    Sus palabras constituyen un llamado a la reflexión para los dirigentes del fútbol venezolano para que hagan bien su trabajo. Quienes conocemos algo de cómo funcionan algunos de los medios de comunicación estamos en capacidad de contar que, en el país que vivimos, se hace lo que se puede. En ese contexto, es la FVF la que ha venido fallando, porque a pesar de contar con dos participaciones mundialistas consecutivas en esa categoría y obtener el primer trofeo Conmebol de nuestra historia, uno de sus dirigentes expresó en la rueda de prensa del domingo que «el desarrollo del fútbol femenino es un reto para la FVF» (?). No existe justificación para que después de tantos años – ¡llegaron en 1.987! – estos señores se den por aludidos y prometan, ahora sí, trabajar por esta disciplina.

    La futbolista Deyna Castellanos, figura ultra reconocida (¿por cuanto tiempo?) declaraba, al lado del directivo de la FVF, que «la liga femenina no nos ayuda mucho», y éste, como ya es una costumbre, se hizo el sueco y se mantuvo sonriendo (los suecos están en un mejor momento que nosotros, por ello es muy posible que en Estocolmo la frase sea, con algo más de coherencia, «se hizo el venezolano»). Si la liga no ayuda, si la FVF no la mercadea ni la hace atractiva, ¿la culpa es entonces de los medios? No. Los medios están para informar, aunque quien los critica tiene mucha razón ya que vivimos tiempos en los que estos han mutado en agencias de publicidad enemigas de la opinión fundamentada.

    Comprendo al Sr. Zseremeta. Por lo menos así lo siento. Enterarse de que el logro de las suyas lo usaron para vender humo debe ser cuando menos frustrante. Pero no hay que olvidar que la génesis del problema puede ubicarse en la oficina de Sabana Grande. Es allí donde se han olvidado de todas las diferentes selecciones en favor de la Vinotinto masculina de mayores. Usted y sus muchachas merecen todos los reconocimientos y algo más, pero recuerde que muchos de ellos nacen del triunfo que ustedes lograron pero no se valora el recorrido. La euforia, como cantaba alguien, viene por el camino corto, llega con hambre y luego se vuelve a ir con el diablo, dejándonos con un vacío mayor que el inicial.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 10 de Abril de 2.014