Categoría: Fútbol venezolano

  • El jefe es Rafael Esquivel

    Nada en esta vida es definitivo salvo nuestra muerte, pero por lo menos hasta el momento en que usted lea estas líneas, Rafael Esquivel sigue siendo el mandamás del futbol venezolano. No es esta una afirmación que pretenda convertirse en novedad, pero sí debe entenderse en toda su dimensión. Ser presidente es una labor para la cual se es elegido, pero ser el «mandamás» es un calificativo que hay que ganarse a pulso, día a día, con inteligencia, olfato, mano izquierda y sobre todo mucho conocimiento de los contrarios, para neutralizarlos cuando sea necesario.

    Rafael Esquivel no tiene casi tres décadas comandando la FVF por simple casualidad. El martes, en este diario, Nelson Carrero, siempre cercano a la Federación y ahora integrante del directorio de ese ente, afirmaba que «posiblemente la próxima semana ya haya humo blanco, no creo que se tarde más la decisión». A Carrero hay que creerle; el ex jugador, entrenador, abogado y hoy directivo, siempre ha dado pistas de conocer cómo se comporta el poder. No ha podido con él – en nuestro fútbol nadie lo ha logrado – pero ello no lo descalifica como observador aventajado.

    ¿Qué sabemos hasta ahora? Que existe un grupo de directivos afines a la idea de contratar a Noel Sanvicente y otro contingente que se inclina a favor del regreso de Richard Páez. Hay que recordar que Rafael Esquivel, con la intención de aparentar ser un gobernante magnánimo, prometió escuchar la opinión de sus más cercanos directivos, sólo que los colegas del presidente olvidaron las raíces tiránicas del poder “Esquiveliano”.

    La afirmación no es propia sino de alguien a quien sí vale la pena leer: Aristóteles. En su obra Política, libro tercero, capítulo V, el maestro griego explica la división de gobiernos y las desviaciones de éstos, y describe la tiranía como “una monarquía que sólo tiene por fin el interés personal del monarca”.

    ¿Alguien llamó a Noel Sanvicente para conocer su disponibilidad? ¿Se realizaron reuniones con Eduardo Saragó para que les mostrara su proyecto de selección? ¿El comité de selecciones se sentó con Richard Páez? No, no y no. Ahora aparece un misterioso candidato extranjero – siempre según Carrero – que bien podría ser la sorpresa del año, sorpresa que seguramente se hizo notable en el rostro de estos experimentados directivos cuando, una vez más, Esquivel les recordó que, como expresó el escritor suizo Louis Dumur, «la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos».

    En fin, hemos sido atendidos…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 30 de Enero de 2.014

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/El-jefe-es-Rafael-Esquivel.aspx

  • La idiotez ilustrada

    “Es el hombre común, no sólo desigual a todos los hombres sino constantemente desigual para consigo mismo, el que hará desiguales dos partidos de fútbol <iguales> pensados de una misma manera”. Dante Panzeri

    El nuevo año supone para muchos una oportunidad de poner en práctica conductas que mejoren el pasado inmediato. Cualquier modificación que no se convierta rápidamente en costumbre rara vez conseguirá  el efecto deseado y seguramente quedará desechada con el paso del tiempo. Todos tenemos la posibilidad de superarnos siempre que mantengamos el hambre de conocimiento y nos alejemos de medias tintas disfrazadas de verdades absolutas.

    Recordemos a los tres últimos campeones de nuestro fútbol: Deportivo Anzoátegui, Zamora y Mineros de Guayana. Cada uno ha desarrollado un modelo de juego acorde a las virtudes y carencias de sus futbolistas, y el respeto a sus ideas les ha permitido competir con éxito. Ahora bien, ¿no les parece extraño que mientras se enaltecen las cualidades de estos equipos se señalen esas mismas propiedades como riesgosas e innecesarias?

    Estas contradicciones son comunes en nuestro fútbol. ¿Por qué? Porque no hay espacio para el análisis. Se desecha cualquier manifestación que tenga que ver con el estudio de la complejidad del juego en favor de la superficialidad que algunos han determinado como «el gusto de las mayorías». Hay quienes por ejemplo se dicen enamorados del juego que practica el Zamora pero cuando el equipo de Sanvicente recibe un gol, proponen soluciones a lo que ellos llaman «ausencia de equilibrio», basadas en respuestas contrarias a lo que es el funcionamiento de dicho colectivo.

    Amparados por esa cantidad de lugares comunes, estos opositores de la coherencia son capaces de justificar cualquier cosa, como pedirle al Barcelona que se defienda al borde de su área porque para ellos, defender es una muestra de pragmatismo que sólo puede hacerse cerca del arco propio. Son los mismos que intentan explicar la incorrecta defensa de un tiro libre a través de la poca estatura de los defensores, o promueven como verdad absoluta que en este deporte es más importante la indicación del entrenador que la voluntad del jugador.

    Algún maestro, en un enorme ejercicio de reflexión, escribía hace un par de días que «al fin y al cabo, somos las palabras que usamos»; por ello le recomiendo al consecuente lector que más vale equivocarse en la búsqueda del conocimiento que  coincidir con el vendedor de humo de turno y así engrosar la amplia lista de idiotas ilustrados.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 16 de Enero de 2.014

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/La-idiotez-ilustrada.aspx

     

  • Calendario anti pretemporada

    Permítame expresar mi disconformidad con los campeonatos cortos. El argumento de que la emoción es consecuencia de la menor cantidad de partidos me es insuficiente. Además, estoy seguro de que este formato atenta en contra del jugador, del ritmo de juego y en consecuencia, del espectáculo, ese que por falta de atractivo sigue siendo pobre y mediocre.

    La historia nos enseña que los “torneos cortos” se definen en las últimas fechas, lo que según los defensores de esta modalidad, acerca al público a los estadios. Verdad a medias, como así lo demuestran las estadísticas . Pero más allá de las sensaciones, vale la pena sumergirnos en otras carencias que presenta esta competición.

    El Torneo Apertura termina normalmente el segundo fin de semana de Diciembre. Hay equipos que empiezan a trabajar de cara al Clausura apenas un par de días después, irrespetando el período de descanso necesario para poder afrontar las obligaciones futuras. No me refiero únicamente al desgaste físico sino a lo que se conoce como «fatiga cognitiva», que no es otra cosa que el agotamiento mental del futbolista en este caso, quien necesita ese reposo para seguir brillando en una actividad – fútbol – en la que se toman decisiones permanentemente.

    Rui Faría, preparador físico de José Mourinho es de quienes afirma que el fútbol, es una actividad compleja que requiere de una concentración máxima, por ello, siempre según él, “no es por eso de extrañar que la fatiga táctica (cognitiva) surja antes que la fatiga física”.

    En nuestro caso analicemos lo siguiente: desde mediados de Diciembre hasta el diez de Enero se «preparan» los equipos para volver a competir. No es un mes completo porque las celebraciones decembrinas interrumpen el trabajo. Si el objetivo de una pretemporada es que un equipo asimile, desarrolle y magnifique una idea de juego, lo que hacen los equipos venezolanos en esta etapa es simplemente una readaptación al trabajo, pero en el caso de algunos, se convierte en el espacio para conocer a un nuevo entrenador y sus ideas.

    Reflexionar acerca de esto nos vendría bien, sobre todo si entendemos que por mas que los futbolistas entrenen en doble o triple turno, este pequeño lapso de tiempo no termina de convertirse en uno que, como explica el preparador físico español Miguel Chamorro, “sea un período constructivo y no destructivo de las capacidades de asimilación del juego por agotamiento”. En dos semanas poco se puede hacer, y la mayor prueba de ello está en las actuaciones de nuestros clubes en la Copa Libertadores. ¿Queremos trascender internacionalmente? Revisemos el calendario.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 02 de Enero de 2.014

  • El modelo son los jugadores

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    De nada sirve intentar aplicar ideas contrarias a las cualidades de sus ejecutantes, por ello, en el fútbol, se precisan futbolistas que hablen un mismo lenguaje. Rafael Acosta y Edgar Jiménez son prueba de ello; contrarios a ese perfil de «luchadores» que muchos venden como el ideal en volantes centrales – como si para defender pelota y/o espacio se necesiten boxeadores o pegadores a sueldo – estos jugadores se constituyeron en defensores del modelo de juego que caracterizó a este Mineros, campeón del Apertura.

    Existe una corriente de pensamiento que sugiere que los futbolistas talentosos no pueden jugar juntos, y menos aún en esa zona tan sensible como es el centro del campo, aunque siempre hay rebeldes dispuestos a desafiar esas “verdades absolutas”. Los últimos campeonatos de Noel Sanvicente al mando del Caracas tuvieron como protagonistas a Edgar Jiménez y a Luis «Pájaro» Vera, dos jugadores que dominaban el juego sin contar con un físico privilegiado, pero mientras ellos brillaban en el torneo nacional, en la Vinotinto hacían vida los viejos prejuicios: un volante de corte y otro de distribución, o como en el pasado reciente, dos de lucha y quite.

    Pero en este juego triunfa sólo quien se adapta y evoluciona. Eso hizo Richard Páez y armó un equipo a partir de la identificación de las cualidades en común de sus dirigidos. Dos delanteros rápidos, cazadores de espacios con gol sin ser goleadores; dos volantes abiertos que se cerraban para darle paso a los laterales y así alargar y ensanchar el campo; dos centrales que comprendieron que quedarse cerca de su arco era un suicidio y, por encima de todo, dos mediocampistas centrales que desde el juego, el manejo de la pelota y la buena colocación supieron mantener al equipo en territorio enemigo y a la pelota bien lejos de su área.

    Jiménez y Acosta pueden ser señalados como el origen del modelo de juego de Páez y, cuando las dudas invadieron al entorno del equipo, ellos se erigieron como el sostén futbolístico que los ayudó a salir de la oscuridad. Son dos futbolistas que nos recordaron la esencia de este deporte, que no es otra que “la idea son los jugadores”, y parafraseando a Juanma Lillo, con ellos – Acosta y Jiménez -se acortaban las «distancias de relación».

    El vínculo existente entre  similares permitió que el estilo de juego utilizado por Mineros naciera de sus protagonistas y no al revés. Ese es el éxito del campeón, no el trofeo sino de la aceptación de una de las mayores verdades: son nuestras coincidencias y no nuestras diferencias lo que nos hará grandes.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 19 de Diciembre de 2.013

    Fotografía cortesía de Mineros de Guayana

  • Sin noticias del CAR

    Diciembre de 2.013. Otro año que se nos va sin noticias que confirmen lo que tanto ha anunciado la FVF durante los últimos años: la finalización del mayor elefante blanco del fútbol sudamericano, el Centro de Alto Rendimiento en Margarita. Excusas hay miles; cada día que pasa se agregan argumentos que intentan justificar una realidad incontestable que deja muy mal parado al ente federativo y al fútbol venezolano.

    De esto no sé si han tomado nota quienes dirigen al balompié nacional. Ya no se trata de que unos dolientes de este deporte nos quejemos por su pobre gestión, de hecho, ya hemos sido superados por la globalización, ese proceso que entre otras cosas permite que en cualquier parte del mundo se conozcan las noticias y la realidad de cualquier país sin tener que recurrir al espionaje, a Snowden o a Wikileaks.

    Este reclamo no busca desenmascarar el absurdo que significa la ubicación de este centro de entrenamiento – es una locura sin sustento que se haya levantado en Margarita y no en una ciudad dónde la Vinotinto juegue sus partidos – sino de recordar que luego de siete años con Richard Páez y seis con César Farías, el CAR sólo sirve como salón de reuniones y fiestas. ¡Trece años! Dos procesos técnicos que han servido para popularizar y profesionalizar a nuestra selección pero que aún no cuentan con ese enorme monumento a la incompetencia que es el edificio margariteño, y que se suponía debía constituirse en el hogar de la Vinotinto.

    Cada vez que alguien denuncia esto, el Sr. Rafael Esquivel se escuda detrás de una supuesta campaña en su contra. A ello sólo puedo responderle con las palabras del periodista argentino Dante Panzeri: “Yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo”. La prensa, aunque se crea lo contrario, no tiene control sobre planos, ingenieros, recursos, cemento o cabillas, por lo que nada tiene que ver con este inexplicable retraso que algunos, de manera sospechosa, pretenden validar.

    Por último, pensando en el sucesor de César Farías, quiero aportar un dato: el elegido tendrá que apoyar a la FVF en defensa de lo indefendible (CAR). ¿Se imagina usted que al próximo DT de la selección le pregunten por este tema y a diferencia de la postura adoptada por Farías señale que el CAR no es apropiado? Queda claro por qué no les conviene elegir a Sanvicente…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 12 de diciembre de 2.013
  • La dualidad Esquiveliana

    Una de las más viejas y extraordinarias dudas existenciales de la humanidad es aquella que tiene que ver con la creencia en el libre albedrío y, a la misma vez, en una figura superior que según las distintas religiones tiene ascendencia directa en nuestra existencia, siempre a su criterio y a veces influenciado por el pedido de quienes creen en él. Son dos conceptos antagónicos cuya convivencia podemos medianamente comprender en el marco de la filosofía.

    En el fútbol venezolano existe una dicotomía similar. La empresa que desde hace unos años viste a la selección nacional ha hecho suya una frase excepcionalmente populista: «Vinotinto somos todos». No hay duda de que la misma puede entenderse como un llamado a sumar voluntades que apoyen al equipo nacional, pero para que ese plan publicitario influya en los posibles consumidores, debe contar con el convencimiento de todos aquellos encargados de convertir a la Vinotinto en un producto digerible, popular y permeable al público en general.

    Esa frase que representa un deseo de buena voluntad y a la misma vez una limitación creativa sorprendente – en este país todo “somos todos” – choca con la intransigencia de los encargados de conducir al equipo que ellos visten. La intolerancia a la crítica, su incapacidad para adaptarse a los tiempos que corren y la necesidad de ver conspiradores en cualquier manifestación contraria a sus intereses quedaron desnudas cuando el Sr. Rafael Esquivel, presidente de la FVF, instruyó a un grupo de hinchas disconformes con su gestión a «dedicarse a ver los partidos», o cuando acusó al director de este diario, el Sr. Jován Pulgarín, de hacer una campaña en contra del fútbol venezolano porque, siempre según el poco original discurso del Sr. Esquivel, señalar las miserias que caracterizan nuestro fútbol es ir en contra de su persona.

    A Luis XIV, antiguo Rey de Francia, le atribuyeron aquella barbaridad de que «el Estado soy yo». Hoy en día hay historiadores que sugieren que el monarca francés no pronunció aquella frase, y para ser honestos, tampoco lo ha hecho nadie en la FVF, pero queda claro que esa consigna bien podría definir lo que piensan algunos protagonistas de nuestro balompié. Lo extraordinario de todo esto sería lograr compaginar aquello de que el fútbol es el Sr. Esquivel pero la Vinotinto somos todos. Podemos embarcarnos en esa búsqueda, pero mi instinto me hace pensar que antes de resolver esa cuestión puede que le encontremos solución a otras dudas existenciales como la que enunciaba al inicio de este escrito.

  • El primer paso

    La reunión entre directivos de equipos venezolanos llevada a cabo la semana pasada en la ciudad de Barinas ha abierto la caja de los truenos. El simple hecho de que una mayoría de los participantes de la primera división hayan acordado aumentar la frecuencia de esas juntas para así dar forma, paso a paso, a lo que se conocería como la liga de fútbol, nos invita a recordar a Anselmo de Canterbury y una de sus frases más conocidas: «no quiero comprender para creer, sino que creo para poder comprender».

    Nuestro fútbol profesional es, como expresaba la semana anterior, la mayor muestra de indolencia del deporte rentado venezolano. Sólo hay que conocer los reclamos de cada uno de los directivos que hicieron acto de presencia en Barinas para comprender la penuria que caracteriza a nuestro balompié. Para muestra un botón: tanto el béisbol como el baloncesto tienen acceso a los dólares preferenciales que otorga CADIVI, lo que les ayuda a contratar mejores jugadores importados y/o técnicos, y adicionalmente, invertir en las instalaciones deportivas. En cambio, el fútbol venezolano es una arena de competencia desleal en la que equipos como Caracas, Táchira o Yaracuyanos, por nombrar sólo a tres, rivalizan con otras instituciones que, por estar ligadas íntimamente al poder público, gozan de un presupuesto mayor sin que éste sea aprobado por quienes eligieron a esos funcionarios que deciden el destino de ese dinero.

    Vuelvo a San Anselmo porque quiero creer en la buena intención de quienes visitaron Barinas con la voluntad de ver a sus colegas como potenciales socios y no como enemigos. Lo digo porque en el país que vivimos ya no nos reconocemos como adversarios sino como oponentes hostiles que nos queremos quitar hasta el aire. Y sólo hago referencia al tema CADIVI porque para que se reconozcan todos como copartícipes de una misma empresa, las cuentas deben estar claras y las intenciones deben ser, cuando menos, similares.

    Crecer, perfeccionar este negocio y entender que la creación de una sociedad sólo puede nacer desde los acuerdos y la aceptación de las diferencias, son apenas algunos de los requisitos que deben consentir y respetar estos dirigentes. Hoy se han ganado la curiosidad y el beneplácito de una buena parte de la hinchada, y la misma Federación da a entender que acusó el golpe con el invento de una liga sin pies ni cabeza presentada este mismo martes. Apuesten a la serenidad y recuerden que Esquivel piensa en cien metros; ustedes deben planificar una maratón.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 14 de noviembre de 2.013

  • La liga, la verdad y la mentira

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    – Para que exista la mentira también debe existir la verdad. El bien sólo es tal si se compara con lo que conocemos como el mal. Uno necesita del otro para justificar su existencia. ¿De qué serviría si toda conducta humana fuese parte de aquello que conocemos como el bien? ¿Podríamos hablar del bien si no conocemos su alter ego?

    – Si en cada virtud podemos encontrar un pecado, podemos asegurar que en cada verdad hay una mentira. Puede que parezca contradictorio pero reitero, ambas situaciones conviven y se necesitan para subsistir,

    – Sócrates, según Leszek Kolakowski, establecía que «es impensable que el hombre haga el mal por voluntad propia a sabiendas de que hace el mal; si comete algún mal, lo hace por ignorancia; si sabe lo que es bueno, hace el bien«. Contextualizando, y siempre según Sócrates, Rafael Esquivel y sus socios no tendrían conciencia del desastre que es su gestión porque en ningún momento han tenido la voluntad de crear este caos que vive el fútbol venezolano.

    – Si comprendemos que la búsqueda de la verdad es uno de los grandes motores de nuestra existencia, entonces podemos pensar que la mentira es simplemente la pirotecnia destinada a distraer al público mientras quien la vendió como verdad construye su propia ilusión de la realidad. Ese oasis, con el permiso de Sócrates, no ha podido disimular la incapacidad de la dirigencia venezolana ni tampoco, en muchos casos, su intención de hacer daño, es decir, de hacer el mal. Puede que desde la FVF quieran recordar a Nietzsche y expresar que la verdad no es mas que un conjunto de ficciones de la filosofía o simplemente juegos del lenguaje, pero en ese caso dudo que en las oficinas de Sabana Grande defiendan su gestión a partir de los enunciados del autor de «Zaratrustra» o se escuden detrás de lo que para Nietzsche eran las verdades: simples metáforas.

    – La foto que adorna este escrito ejemplifica la relación existente entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal, la comedia y la tragedia. En ella hay elementos verdaderos como que ese evento se llevó a cabo y su existencia, vista desde el punto de vista de la marca de telefonía, es real y verdadera en cuanto a la intención de patrocinar al deporte profesional venezolano. La empresa, o mejor dicho, el origen de su participación, es indiscutible porque se limita a una simple relación de intercambio comercial. Da dinero para que su nombre se asocie al evento. Simple.

    – La parte oscura la pone en la mesa el socio, en este caso, la FVF. La mentira, aquella que va asociada con el nombre de la transacción – liga de fútbol- se muestra como lo que realmente es, una mentira, y forma parte de la tragedia denominada fútbol venezolano. Es la anti virtud porque esta nueva relación comercial esta siendo manipulada por quienes necesitan dar un golpe de autoridad, entonces, su origen es totalmente distinto al que plantean en su discurso. Lo dicho, pirotecnia para la distracción del idiota de turno. Nace, convive y se sostiene gracias a un aporte económico y al silencio de quien prefiere callar, silencio que favorece a los intereses de la mentira y la mala intención.

    – ¿Nació la liga venezolana de fútbol? No. Pero el hecho de bautizar un acuerdo económico con ese nombre sirve para, como dicen en el sur, demostrar quien la tiene más larga. Hoy Esquivel, su directiva y sus secuaces han dado a entender que el camino hacia la creación de una liga no será sencillo, es más, en la reunión de Barinas estaba presente el delfín de Esquivel y su presencia sirvió para potenciar la rápida reacción del presidente de la FVF, entendida esta rebeldía como una verdad pero que al fin y al cabo es otra de sus tantas mentiras. ¿Por qué es mentira? Porque no existe tal liga, pero la mentira le ha servido para señalar una verdad: Esquivel es quien tiene el poder, los contactos y el dinero.

    – Entonces, repasemos el origen del evento de hoy. Una compañía desea participar, como patrocinante, del evento futbolístico. Esa compañia, con la intención de asociar su producto al deporte, hace entrega de unos recursos económicos y luego, gracias a ese aporte monetario, establecerá que su asociación ha beneficiado a esta actividad. Con el paso del tiempo descubriremos si tal aporte fue de la magnitud e influencia que anuncian.

    – Por otro lado, la FVF, con la necesidad de contrarrestar el efecto causado por la primera reunión de clubes de primera división, no encuentra otro recurso que la mentira. Miente cuando utiliza el término Liga a su favor; miente cuando manipula el aporte de la compañía telefónica a su conveniencia para así utilizar la palabra «liga» sin siquiera especificar de qué se trata, y mienta cuando dice que la reunión de los clubes no le preocupa en lo más mínimo. En fin, que verdad y mentira van de la mano, sólo que esta vez queda claro quien detona los fuegos artificiales.

    Foto encontrada en la web, créditos a quien corresponda

  • El futuro de nuestro fútbol

    El fútbol venezolano es una caja de sorpresas y la más clara muestra de desidia y ausencia de planificación en el deporte nacional. No me refiero al fútbol de selecciones, ya que el progreso obtenido en esa área es palpable, escaso pero palpable al fin; hago mención al fútbol de equipos – no de clubes porque en nuestro país puede que hayan máximo dos exponentes de esa manera de entender este deporte – y a las miserias que lo caracterizan.

    Cada fin de semana se suman nuevos ejemplos que corroboran lo mencionado anteriormente: mal juego, arbitrajes desastrosos, violencia y estadios vacíos que además no están en condiciones para jugar al fútbol. A ello hay que sumarle el show semanal, aquel que protagonizan los equipos y las imperdonables deudas económicas con sus jugadores, pronunciamientos del Consejo de Honor que nadie comprende, una Copa Venezuela que no se transmite y un desprecio por la discusión futbolera, alejándola del juego para acercarla a espacios ocupados por la prensa rosa. Ese es nuestro fútbol, pero aunque usted no me crea, no tiene porque ser nuestro futuro.

    Muchos de nosotros vivimos con emoción el cambio en el juego y de resultados que caracterizaron al ciclo de Richard Páez. Hasta la llegada del técnico merideño se daban episodios como que la selección uruguaya fuese local en el estadio Brígido Iriarte en un partido de eliminatorias. Pero eso cambió con Páez y se mantuvo con César Farías. Los futbolistas venezolanos empezaron a ser reconocidos y la camiseta vinotinto por fin fue ese ícono que tanto nos hacía falta tener.

    Pero a esos jugadores que cambiaron la dinámica de nuestra selección les toca ahora una dura misión. Ellos, como figuras que iniciaron este avance, deben ocuparse de nuestro fútbol, el de verdad, el de todos los fines de semana. Son ellos los que deben asumir las riendas de este deporte porque han sido quienes han sufrido en carne propia el desprecio de los dirigentes por nuestro torneo y por quienes asisten a él. Son estos vinotintos los que deben ponerse en campaña por un «fútbol mejor» que no será perfecto, pero no me quedan dudas de que tendrá una mejor cara que la actual.

    Ya Juan José Vidal y otros ex jugadores lo intentaron sin mucho éxito, pero hoy ha llegado el momento de los «Pájaro» Vera, los Mea Vitali, los Rey y otros que, con mayor peso mediático que «Cheché» y sus colegas, den inicio a la tan necesitada transformación de nuestro fútbol. ¿Por qué ellos? Porque ya saben lo que significa luchar con el viento en contra. El fútbol venezolano los espera

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 07 de noviembre de 2.013

  • Apuntes del Caracas 1 Estudiantes 1

    – Caracas se ha caracterizado por imponerse al rival en el inicio de los partidos o de las segundas mitades, mostrando una alta intensidad para así aprovechar las lagunas que caracterizan a la mayoría de los conjuntos cuando empiezan a reconocer su ubicación en un espacio. Esto, aunque muchos no lo crean, se trabaja en la pretemporada y en la semana.

    – Mientras unos van a la playa, algunos recuerdan que el fútbol se juega jugando. El plan de Eduardo Saragó es atacar al rival cuando este se encuentre en su momento de mayor desventaja emocional y futbolística, sin llegar a asumir la titularidad de su terreno propio.

    – Manuel Plasencia, zorro viejo, identificó esta virtud de su rival y su instrucción inicial fue que sus futbolistas salieran a buscar en vez de esperar, haciendo difícil que el Caracas diera cuatro pases seguidos en el inicio del juego. Sabe Plasencia que los equipos que se enfrentan a los capitalinos prefieren hacerlo con cautela y que si lo busca en su propia zona se verá sorprendido.

    – Saragó es un artista que sabe hipnotizar con su discurso y entiende que no le cuestionarán nada que venga de sus afirmaciones. Que se entienda esto como lo que es: el reconocimiento a una de sus virtudes. Hace poco señaló a Bladimir Morales como el mejor jugador de los tres primeros partidos y hoy es suplente. Caso similar para Quijada y Farías, que según el DT ya se habían ganado la titularidad y hoy vieron el encuentro desde el banco de suplentes.

    – No es incoherencia lo del entrenador porque las ideas no son fijas o inalterables, son corrientes que viven un proceso de transformación constante y se nutren de cada ensayo. Lo que si debe considerar el entrenador capitalino es evitar los extremos que caracterizan a sus declaraciones para no crear confusión en sus jugadores.

    – Caracas necesita la presencia de Roberto Armúa para que el equipo muestre variantes al juego de los otros futbolistas. Contar con Rómulo Otero, Luis “Cariaco” González y Dany Cure es una invitación a correr al mejor estilo del Zamora de Sanvicente, por ello, el aporte del diez argentino es tan necesario, más aún cuando su pausa puede ayudar a que Javier Guarino no se maree con tanto vértigo a su alrededor. Armúa nos recuerda con su juego que no es lo rápido que se llegue al área rival lo que importa sino la calidad de ese avance.

    – A Cure le gusta correr porque sabe que corriendo juega. Corre para recuperar una pelota, para ayudar a los compañeros, para disparar al arco o para meter un centro. Corre para jugar mientras que muchos corren para acumular kilómetros y malas entregas. Pero Cure necesita espacios para desarrollar su juego, algo harto complicado cuando el equipo juegue en el Olímpico.

    El gol de Yorwin Lobo es para los noticieros. En un saque lateral le gana el espacio y la pelota a dos defensores del Caracas y llega hasta la línea de fondo con tal frialdad que nunca cambia su intención ni acelera la ejecución de su plan por la cercanía al precipicio. Así, a un centímetro de la línea de meta, bate al portero con un pase a la red. Golazo y nada más que decir.

    – Quiero volver a Armúa y su importancia. No se trata únicamente de la pausa sino de la inteligencia. Si Caracas debe replegarse, el 10 puede recibir la pelota y enviar un pase largo a los rápidos atacantes capitalinos. El intervalo que ofrece Armúa no tiene que ver con lentitud sino con saber elegir dependiendo del lugar que se ocupe, por ello Saragó lo protege y lo cuida, sabe que puede ganar sin él pero nunca jugar tan bien como cuando el argentino está en forma.

    – Estudiantes no quiso seguir arriesgando después del gol y eso queda demostrado cuando hasta cuatro jugadores salen a entorpecer, sin efectividad alguna, el intento de centro de Cure. Ese nerviosismo quedó plasmado cuando su arquero, Roberts Rivas, tira la pelota lo más lejos posible en el minuto 39 del primer tiempo, sin darse cuenta que con esa acción no conseguirá la tan ansiada calma que necesitaba el equipo merideño. Caracas toma la pelota y va de nuevo sin que sus compañeros puedan reordenarse.

    – Los mismos que aplauden que la Vinotinto juegue con un sólo volante de contención hoy critican al Caracas por adoptar ese módulo táctico, sin reparar en que el fútbol es una actividad colectiva; defienden todos y atacan todos. Cuando un jugador se desentiende de esa dinámica produce un efecto devastador. El problema no es Ricardo Andreutti sino su soledad.

    – El miedo a ganar de Estudiantes le permite a Caracas dominar el segundo tiempo sin crear mayores ocasiones de gol. El equipo merideño acumula jugadores cerca de su propia área y con ese temor bloqueó el hacer de Cure que era el mejor jugador del Caracas. Sin espacios, el marabino se estacionó en la banda derecha y su influencia disminuyó alarmantemente. Consciente de ello, Saragó sacó a “Cariaco” para darle entrada a Carabalí y que este último actuara como volante por los costados, para así liberar a Cure.

    – Estudiantes olvidó que el resultado se defiende jugando y desde la última parte del primer tiempo se encerró cerca de su área, enterrando la imagen de aquel equipo que supo pelear los primeros compases del encuentro. Ante ese panorama, Caracas sufre pero sabe que tiene las armas necesarias para encontrar el camino al gol, a pesar de que en este partido lo consiguió más por tozudez que por juego.

    – El resultado final le conviene más a los de Plasencia porque podrán seguir corrigiendo desde la tranquilidad que ofrece sacar un empate en condición de visitantes. Su presente es muy positivo y la calidad de alguno de sus jugadores los invita a pensar en tiempos acordes a la gloria de esa institución.

    – Para Caracas es un pequeño accidente en su hoja de ruta. Los capitalinos deben continuar con la búsqueda de soluciones a problemas que ya vivieron en el torneo anterior y que lo privaron de luchar por el tan ansiado título. Si para hablar de fútbol hay que conocer de jugadores, como dice Juanma Lillo, es pertinente afirmar que Caracas seguirá creciendo, sólo es cuestión de tiempo para que aparezcan las respuestas.