Categoría: Fútbol venezolano

  • Mineros y su «equilibrio»

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    – «Los científicos Evian Gordon y Lea Williams han creado un modelo, al que llaman integrate, que asegura que todo lo que hacemos en nuestra vida está basado en la determinación del cerebro para minimizar el peligro o maximizar la recompensa. Éste es el principio de organización del cerebro«*.

    – Un equipo de fútbol es un organismo que vive, piensa, actúa, teme y busca el éxito según sus cualidades. En castellano: un equipo es un grupo de seres humanos que juntos conforman un nuevo ser vivo, y desde el momento de su nacimiento, comienzan un recorrido similar a lo que como individuos llamamos vida. Cada equipo debe vivir en permanente reflexión para identificar sus cualidades y sus defectos y así emprender el viaje hacia la tierra prometida.

    – Mineros, a partir de los valores de sus integrantes, apuesta por Rafael Acosta y Edgar Jiménez como dupla de volantes centrales, lo que demuestra su intención de buscar esa recompensa desde el buen trato de la pelota y la generación de ideas futbolísticas que nazcan a partir de esa pareja de volantes.

    – Lo que no puede evitar el conjunto negriazul es que aparezcan inmediatamente afirmaciones como que el equipo de Páez juega sin un volante recuperador nato. Esta sentencia sería increíble – no se puede creer – si no fuese porque se pronuncian frases como esa de manera automática sin reflexión alguna.

    – Si la acumulación de delanteros de área no se traduce obligatoriamente en un mayor peso ofensivo, ¿por qué suponer entonces que la utilización de jugadores de corte «Lucena» sí se traduciría en una apuesta segura para la recuperación defensiva? Esto de los complementos, como lo señalara Martí Perarnau, bastante daño ha hecho.

    – Explicaba Martí, en uno de esos artículos que guardo y repaso cada vez que puedo, que el fútbol debía ser entendido desde otro punto de vista distinto al que habíamos aprendido. «En vez de sumar peras y manzanas para complementar, Guardiola ha decidido juntar frutas de la misma especie para hacer un zumo más puro. El fútbol se decide en las dos áreas, dijo en cierta ocasión un afamado técnico italiano, rey de los complementos, pero el Barça está demostrando que se puede mandar en el mundo desde el centro del campo a partir de un sumatorio de iguales«.

    – Vuelvo a Mineros. El equipo de Páez tiene como idea iniciática dominar cada partido desde los mediocampistas que menciono, y para ello debe moverse por todo el campo de juego como un bloque sin fisuras. Es una conducta que debe ser comprendida porque en caso de que una de sus piezas pierda intensidad el colectivo se desmorona. No hay espacio para la duda, porque de ella puede nacer el caos.

    – Esa forma de juego no admite un pase «nervioso» salvo en ocasiones de emergencia. Mineros quiere la pelota para asociar a cada uno de sus integrantes y en posesión de ella asegurarse que cada futbolista mantenga la intensidad y se integre a la dinámica grupal para que el equipo sea justamente un bloque y no un conjunto de conductas anárquicas.

    – Para lograr esto, Páez ha señalado a Jiménez y a Acosta como sus jugadores clave. Los dos poseen una característica que los convierte en una especie de gemélos futbolísticos: ambos saben quitar sin recurrir a la infracción porque son jugadores educados para jugar, y recuperar la pelota es parte del juego. Son futbolistas que entienden el carácter colectivo del juego y poseen la inteligencia necesaria para integrar a sus compañeros.

    – Ambos tienen grabado en su ADN que no siempre se puede llegar al campo contrario con la rapidez deseada, por ello actúan a partir de las necesidades del equipo: tocar hacia adelante, hacia un costado o simplemente hacia atrás; es una toma de decisiones que desecha los caprichos individuales.

    – A partir de la definición de equipo comprenderemos que un volante central no puede únicamente «quitar pelotas», sino que debe ser parte de la continuidad llamada fútbol. Acosta y Jiménez podrán ser efectivos atacando el ataque rival si sus compañeros conquistan los espacios necesarios, lo cual se traduce en que cada jugador cumpla con sus tareas. Tampoco vale que un futbolista se dedique exclusivamente a atacar porque al asumir esa conducta se aísla del colectivo. Cuando aceptemos que este es un juego de asociaciones dejaremos de buscar rendimientos individuales para centrarnos en los movimientos gremiales que caracterizan a esta actividad.

    – No debemos olvidar que el futbolista depende del contexto, y Rafael Acosta y Edgar Jiménez lograrán recuperar la pelota o ser efectivos en la entrega de la misma si sus compañeros mantienen la intensidad. El equilibrio de Mineros no depende de una falsa estabilidad que muchos suponen daría la entrada de algún «volante de marca», recordemos que los equipos de fútbol encuentran su versión más armónica cuando sus jugadores cumplen con el plan que está diseñado para sacar lo mejor de ellos en favor del colectivo. Así de sencillo y así de complejo.

    «Hasta que llegaron unos cuantos entrenadores (no necesariamente jóvenes, incluso alguno de ellos vistiendo chándal dominguero), rompieron el tabú y quebraron el paradigma. En vez de alinear complementos buscando un imposible equilibrio, observaron el fútbol como un fenómeno complejo y lo contextualizaron. En lugar de desmenuzarlo en pequeñas partes y analizar cada una de ellas al microscopio, contemplaron el juego como un todo integral, como un universo de interrelaciones entre los futbolistas. Cambiaron el enfoque y entendieron el fútbol como un sistema complejo. Esta decisión tuvo consecuencias: la especialización dio paso a la polivalencia entendida no como mediocridad, sino como excelencia adaptativa. Se derogó la complementariedad, imponiendo una idea fácil de explicar y difícil de aplicar: puesto que somos buenos en una faceta concreta, vamos a apostar fuerte por ella«. Martí Perarnau

    *Estanislao Bachrach, Agilmente

    Fotografía cortesía del Departamento de Prensa de Mineros de Guayana

  • El error de Pomponio

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    La firma de Bladimir Morales con el Caracas ha convertido en materia de debate público y nacional algo que siempre ha caracterizado al volante de marca: su incapacidad para mantener una figura acorde con los tiempos que corren. Me refiero a esto porque la modernidad, o quienes pretenden convertirse en referentes de ella, quieren hacer creer que el talento se mide por el estado de la zona abdominal y el corte pelo. Estos profetas de los nuevos tiempos son aquellos que manejan a la perfección datos como los kilómetros recorridos por cada jugador, la altura, el número de calzado y el origen de cada tatuaje; elementos que según ellos «enriquecen la retransmición de un partido». El mediocampista en cuestión ya ha visto pasar sus mejores días como profesional y su llegada a un equipo como el de la capital es cuestionable desde todo punto de vista, salvo aquel que tiene que ver con la preferencia del actual técnico de la institución por jugadores de su confianza.

    Volviendo al juego, los gordos siempre han tenido cabida en el fútbol, pero no sólo ha triunfado aquel que parece superar los límites de peso sino que también han gozado del éxito una infinidad de jugadores que, contraculturalmente, han aprendido cuándo y cómo correr en la cancha. A través de mi cuenta de twitter un grupo de amigos y personas que respeto me recuerdan nombres ilustres, futbolistas que jugaron y sabían jugar: Ivan René Valenciano, Diego Maradona, Puskas, Cubillas, Ronaldo, Sívori, grupo al que sumo a uno que no tenía en el peso su mayor problema pero que, en su etapa final como jugador el Caracas, sabía ubicarse cerca de la raya de cal de tal manera que siempre recibía el balón con la posibilidad de conjugar su inteligencia con el tiempo y el espacio necesarios para mejorar a su equipo. Me refiero a Stalin Rivas.

    El fútbol se juega corriendo; es muy importante que los futbolistas estén en la mejor condición posible para ejercer su profesión, pero ello no debe limitarse al estado físico sino a una globalidad llamada fútbol, que está compuesta por elementos físicos, técnicos, tácticos, emocionales, circunstanciales y más, por lo que concentrarnos en un sólo aspecto es cuando menos reduccionista por no decir alguna barbaridad. Bajo esta consigna, la actuación del volante ex Deportivo Lara lo deja en evidencia, ya que hasta los momentos no ha demostrado estar a la altura de un equipo que, más allá del extraño discurso de su entrenador, está en condiciones de pelear el torneo local. Morales falla en las marcas, es brusco y su lentitud para reaccionar lo lleva a cometer una innumerable cantidad de infracciones que, si no fuese por el bajo nivel del arbitraje, lo obligaría a pasar más tiempo en la grada que en el campo.

    Ante el Carabobo no se contuvo y terminó dejando con diez a su equipo en el momento menos adecuado. No fue su aparente exceso de peso lo que condenó su accionar sino su incapacidad para medir las emociones del juego. En un momento en que el juego estaba detenido, mostró toda su furia al agredir a un masajista del equipo rival que actuó inadecuadamente. Ese sujeto, ajeno al juego en sí, dejó en evidencia a Pomponio y nos recordó que a este deporte se juega más con la cabeza que con los abdominales.

    Foptografía cortesía de Miguel Vallenilla

  • Buenos días; malos días

    El diccionario de la Real Academia Española define “alcahuete” como «persona o cosa que sirve para encubrir lo que se quiere ocultar». Creo oportuno revisar también el significado de “cómplice” para comprender lo que a continuación expondré: «persona que sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos». De igual manera, pueden ser cómplices aquellos que intentan camuflar las conductas de quienes, debido a su incapacidad, hacen imposible su camuflaje.

    Nuestros equipos – no clubes – no pueden seguir viviendo a la deriva. Sin la historia ni la infraestructura de sus rivales internacionales, los directivos que los conducen deben entender de una vez por todas que para competir en igualdad de condiciones deben trabajar con mayor dedicación, ya que a veces sus opositores continentales pueden esconder parte de sus insuficiencias bajo el manto protector que les otorgan los años. Pero nosotros, aún en estado de adolescencia futbolística, no podemos darnos ese lujo.

    Durante más de un año Eliézer Pérez Pérez ha ido repasando en este diario la historia de nuestros equipos en sus enfrentamientos internacionales, y me da la sensación de que quienes tienen la posibilidad de modificar algunos temas no lo han leído o simplemente prefieren los halagos del vecino menos aventajado. Ya es momento de que repasen sus números en la Copa Libertadores y Copa Sudamericana para que se animen a plantear un cambio en el calendario que permita a sus equipos llegar con mayor rodaje a esos torneos. Nótese que no planteo modificaciones en el número de participantes en la primera división porque eso sería convertir en utopía mi pedido.

    En el inicio hablaba de alcahuetes y cómplices. Habrá quienes sientan que mis palabras representan un insulto o un señalamiento, pero a quienes olvidan ver el bosque porque están distraídos con el árbol, les recuerdo que, antes de hablar de un «mal día» como lo hicieron la semana pasada en referencia a la actuación criolla en la Sudamericana, primero habría que gozar de varios «buenos días» para poder así comparar entre unos y otros, y lamentarnos cuando las jornadas no sean tan favorables como deseábamos. Hace falta que combatamos el desorden y el desastre que caracterizan a nuestro torneo para así no ser ni cómplices ni alcahuetes de todo lo que año tras año se repite y que no parece causar mayor fastidio a quienes deben denunciarlo.

    Es así, tan incoherente como argumentar que no se puede modificar el inicio del campeonato porque se deben respetar las fechas de vacaciones…

    Columna publicada en el diario Líder el 08 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Buenos-dias-malos-dias.aspx

  • Algunas imágenes del CD Lara

    Terminó el primer tiempo ganando 1 a 0 a Liga de Loja y lo hizo con 10 jugadores, pero hay algunas imágenes dignas de analizar, independientemente del resultado, que ojalá sea positivo para el equipo de Lenín Bastidas. Necesita un gol más para ir a los penales y dos para ganar la serie.

    Espacio, malas reacciones, cosas que son típicas pero que pueden y deben ser corregidas

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  • Respuesta a un lector indignado por mi columna

    A raíz de mi columna «Viajes a la nada» del día 01 de agosto de 2.013 recibí una comunicación en respuesta a mis dichos. Normalmente no me doy a la tarea de responder a las opiniones ajenas por el simple hecho de que las considero tan válidas como las mías. Al fin y al cabo son eso, simples opiniones. Pero en este caso, este señor comienza su inquisición de la siguiente manera:

    «Estimado amigo Ignacio Benedetti. He leido con atención cada uno de los párrafos de tu última publicación.

    Partiendo de hecho de que tus comentarios son emitidos dentro del marco de la buena fé, no comparto lo expresado en relación al trabajo que viene haciendo el Deportivo Táchira. No tienes conocimiento de causa para decir a los 4 vientos que el Deportivo Táchira debería de invertir ese dinero en instalaciones deportivas acordes para su preparación y no invertir en `viajes a la nada, entendiéndose esta como pan para hoy y hambre para mañana´».

    Lo primero que debo señalar es que yo a quien no conozco no lo tuteo, es una norma básica de educación que este señor, profesor de profesión, desconoce; y como no lo conozco, mucho menos puede llamarme amigo. Si además es capaz de asegurar que mis comentarios son emitidos «dentro del marco de buena fe» es interesante como me llama ignorante. Pero en ningún momento desafía o contradice el espíritu de la columna, ese que cuestiona los gastos de los equipos en algo distinto a la construcción de una infraestructura, y en el caso del club al que él defiende – y que yo respeto mucho – no hay manera de afirmar que hablo desde la ignorancia ya que es público y notorio el ya viejo ofrecimiento que el Sr. Edmundo Kabchi, accionista y directivo de la entidad, ha hecho acerca de la búsqueda de unos terrenos para el club (ver links uno, dos y tres), diligencia imposible de materializar hasta los momentos. Pero continuemos con la descarga del amigo que siente que mis críticas proceden de la buena fe:

    «Te informo que el equipo si se está fortaleciendose en una infraestrucutra propia, fortaleciéndose en divisiones inferiores y creciendo para ser cada día mas grande. Sencillamente que aquí en el Táchira es obligatorio hacer ambas cosas a la vez, CRECER Y GANAR. Aquí en el Táchira no hay otra.»

    Vuelve a tutearme y además desconoce – asumo yo ahora que su discurso está lleno de buenas intenciones y no fue mandado por el defín de Esquivel – las reglas básicas de comunicación en las redes sociales, las cuales establecen que el uso de las mayúsculas está asociado a los gritos. No me conoce, me tutea y me levanta la voz. En fin, un claro indicio de la molestia que mis palabras causaron en sus jefes.

    El profesor en cuestión me informa que en Táchira se debe crecer y ganar a la misma vez. Le preguntaría al empleado del club si los títulos obtenidos por el club que dice defender han servido para construir una ciudad deportiva acorde a la historia del Deportivo Táchira, una que yo sí respeto y por ello le exijo a sus dirigentes que cumplan con sus obligaciones. Pero lo más llamativo es que en mi columna «Viajes a la nada» no hago mención al trabajo de divisiones inferiores de ningún equipo sino a la ausencia de terrenos propios y ciudades deportivas que castiga al 85% de los equipos venezolanos. El profesor debe haber olvidado el tema a discutir, ofuscado por el dolor que le genera la verdad, o simplemente estaba muy ocupado tomando el dictado de alguno de los directivos para quienes trabaja y que aún no dan respuesta por un terreno que dicen estar buscando y cuya búsqueda excede ya los tres años. Tres años que sí deberían escribirse en mayúsculas pero no lo pienso hacer porque al lector le tengo un gran respeto, y al igual que el profesor conmigo, lo tengo por buena persona. Sigamos:

    «Te cuento que nuestro equipo tiene cancha los 365 dias del año, camerinos adecuados, sala de terapias, un 100% de categorias infeeriores, y un estadio acorde que sin llegar a ser el mejor estadio del país es perfectamente la envidia de muchos».

    Me sigue tutendo el profesor para contarme que el equipo para el que trabaja tiene un 100% de categorías inferiores, algo que es una obligación y que en el caso del Deportivo Táchira – uno de los dos equipos más grandes de Venezuela – no debería ser algo extraordinario sino natural. Pero este hincha/empleado se olvida lo que antes expliqué: a pesar de los triunfos y las tardes gloriosas, el equipo de mayor hinchada del país no ha contado con una directiva que respete esa historia y se dedique a construir una ciudad deportiva que sea el orgullo de sus hinchas. Pero además, el profesor (así se describe en su perfil de Facebook) ignora que nunca será lo mismo rentar un espacio que ser propietario del mismo, por lo que no puede rebatir el espíritu de mi columna, que no es otro que demostrar que los equipos dependen de terceros para entrenar y jugar.

    Además, el estadio al que hace referencia como propio no lo es. El estadio Pueblo Nuevo de San Cristobal no es propiedad del Deportivo Táchira, como tampoco el estadio Olímpico es propiedad del Caracas F.C. De hecho, quisiera que el profesor abriese los ojos y se diese cuenta que ni los equipos de béisbol en nuestro país son titulares de los recintos donde llevan a cabo su actividad, lo cual hace del dramático panorama que describe mi columna aún más preocupante.

    Pero llega el final, y con él,  la mejor parte de la descarga del profesor/hincha/empleado del club:

    «El equipo hace esta pretemporada porque considera que es la base para ahcer un buen torneo y así recuperar la inversión que ha hecho, si eso te molesta, pues de malas. Que fácil es decirle a los demás como deben gastar el dinero y hacer con el mio lo que se me venga en gana. Creo que este reportaje es una falta de respeto.«

    Dios santo, este señor es profesor.Ante todo le aclaro que lo publicado no es un reportaje sino una columna de opinión, que en este caso refleja la realidad de los equipos profesionales en Venezuela. Dentro de esa columna de opinión, estimado profesor, señalo que en el caso de poseer una ciudad deportiva, los clubes – que no son clubes sino equipos – pudiesen ahorrar costos y aprovechar de mejor manera las horas y días previos al inicio de la competencia. Pero el profesor sólo entiende como inversión la contratación de jugadores, por lo que debo repetirme y recordarle que comprar una casa es un gasto mucho más rentable que vivir alquilado.

    El profesor, que presume de mi buena fe, me acusa de decirle a los demás qué hacer con su dinero. Y es en este punto en el único que coincidimos. Claro que lo hago y lo voy a seguir haciendo, porque este fútbol no puede seguir viviendo de gobernaciones, alcaldías o malacrianzas de empresarios que no mueven un sólo dedo para dejar algo más que un trofeo. ¿Sabe, mi estimado profesor, que Noel Sanvicente, ese entrenador que ya dijo dos veces que no iba a dirigir al Táchira porque esas infraestructuras que usted señala como sólidas no lo son, estuvo a punto de renunciar al Zamora, a su Zamora campeón? Ah, seguro alguien se lo comentó, mi estimado profesor. ¿Pero sabe cual era la razón? Que la institución no poseía los terrenos para desarrollar los campos de entrenamiento de el equipo para el que hoy trabaja. La idea, mi estimado profesor, es dejar algo que perdure en el tiempo y le permita a la institución crecer.

    No se si sabe, mi respetado profesor, que equipos campeones han habido muchos. Cierto, Táchira y Caracas más que los demás. Pero muchos de esos equipos han desaparecido sin dejar ni una arquería como herencia. Entonces, señor profesor/hincha/empleado del Deportivo Táchira, usted no debe preocuparse por el refuerzo de turno sino por averiguar los planes a futuro de una institución tan importante como el Deportivo Táchira y que visto lo visto, parece interesarme más a mi que a usted, a pesar de ser usted un beneficiario emocional y material de la misma.

    No pienso responder a la parte en la que me acusa de faltar el respeto, sólo le deseo la mejor de las suertes estimado profesor, aunque creo que mejor lo hago con sus alumnos y con mi país, porque si usted tiene a cargo jóvenes deseosos de aprender, no me extraña entonces la pérdida de valores que caracteriza a mi país.

    Saludo a sus jefes y muchas gracias por leerme.

  • Viajes a la nada

    Ser o no ser. Ese debería ser el dilema de los clubes venezolanos que año tras año olvidan la importancia de trascender y prefieren ocuparse de menudencias que luego se transformarán en la nada. Es el caso del Deportivo Táchira y su gira por Argentina que tendría que convertirse en un llamado de atención para la dirigencia venezolana.

    El equipo de Daniel Farías busca en ese viaje condiciones que le resultan imposibles de conseguir en nuestro país. Estas son: un lugar de concentración con todas las comodidades para los futbolistas, campos de entrenamiento cercanos, rivales que sirvan de sparring y, por supuesto, una paz que permita al jugador concentrarse exclusivamente en su preparación. En un mundo ideal, estas posibilidades deberían formar parte del patrimonio de los clubes, pero ya sabemos que no es así.

    Hace un año Marcelo Bielsa, DT del Athletic Club de Bilbao, armó un escándalo de proporciones indescriptibles – que incluyó una auto denuncia por agresión – porque los terrenos del equipo español, donde planeaba realizar la pretemporada, no estaban aptos para su uso. A pesar de ello, pudo llevar a cabo la etapa previa a la competencia en esas instalaciones, ahorrándole una considerable suma de dinero al equipo vasco. Por el contrario, los clubes venezolanos no entienden la importancia de poseer un espacio propio y por ello invierten en viajes a la nada, entendiéndose ésta como pan para hoy y hambre para mañana.

    La planificación y el desarrollo pasan por la correcta inversión de los recursos. No me refiero a la compra de un estadio sino a la adquisición de terrenos que luego se transformen en canchas de entrenamiento. No se explica que grandes equipos como Táchira, Estudiantes y Mineros no cuenten con esas posibilidades, lo que sin duda es sinónimo de que sus dirigentes prefieren quedarse viendo el árbol que tapa el bosque en vez de aumentar el patrimonio de esas instituciones. Por ello, la imposición de Noel Sanvicente al Zamora de conseguir espacios propios es tan notoria como loable.

    Se que vivimos en un fútbol en el que aún nos siguen engañando con la inauguración de un Centro de Alto Rendimiento que se ha convertido en un elefante blanco, y por ello, bien vale recordar al periodista argentino Dante Panzeri cuando se rebelaba ante la incompetencia: “yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo».

    Columna publicada en el diario Líder el 01 de agosto de 2.013

  • Un cangrejo llamado CAR

    En la terminología criminalística se usa la expresión “cangrejo” para definir aquellos casos imposibles de resolver a pesar del esfuerzo y la dedicación de los investigadores. No conozco un vocablo similar que se adapte al rubro de la construcción, por lo tanto usaré esa palabra en un contexto diferente.

    El Centro de Alto Rendimiento se ha convertido en el cangrejo de la FVF. Está por terminar un tercer proceso eliminatorio desde que se anunció su construcción y la Vinotinto aún no puede usarlo ni siquiera para entrenarse. El show montado antes de la Copa América de Argentina fue sólo eso, un pobre espectáculo que buscaba dar de comer a las voces complacientes con la directiva de la federación. Ni hablar del proceso eleccionario que recientemente se celebró en el inconcluso edificio y en el que como de costumbre se utilizó la imagen de un par de jugadores de la selección para tratar de tapar al bosque con un árbol.

    Todos los años se han hecho promesas acerca de la inauguración del CAR y ninguna se ha traducido en la culminación de la obra. Lo que sí ha logrado la FVF es callar mediante amenazas las voces que han cuestionado el proyecto, o mejor dicho, ha camuflado su incapacidad para terminar de una vez por todas lo planificado una década atrás. Junto con las palabras intimidantes, Rafael Esquivel y su acompañante de turno – hasta César Farías ha asumido esa condición – han señalado como culpables a PDVSA, Empresas Polar y a cuanta compañía haya estado ligada en algún momento al balompié nacional.

    Ahora bien, no debe sorprendernos que mientras la Vinotinto siga ganando partidos y peleando la clasificación para el mundial de Brasil 2.014, el CAR no sea tema de conversación porque además de los futbolistas, cuerpo técnico y directivos hay muchos oportunistas que se creen indispensables en los logros de la selección y por ello prefieren tapar el sol con un dedo. Piensan que esconder la invalidez de nuestros dirigentes se traduce en hacerle un favor al fútbol y por ello se creen partícipes de una gesta que no les pertenece en mayor grado que al venezolano de a pie.

    La motivación detrás de la construcción de un Centro de Alto Rendimiento no es otra que poder ofrecerle a los futbolistas todas las comodidades posibles para que puedan prepararse para su tarea en un mismo lugar. Hoy, cuando la Vinotinto lucha por un cupo al próximo campeonato mundial, el inmueble margariteño no cumple con su razón existencial. Rabindranath Tagore decía que “la verdad no está de parte de quien grite más”, y yo le agregaría que tampoco acompaña a quien amenaza e intimida. Hoy no hay CAR, mañana parece que tampoco…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 11 de julio de 2.013

  • Más playa, menos fútbol

    «No es fácil juntar a tantos jugadores y armar un equipo, porque vienen de equipos diferentes«. Son palabras de Edson Rodríguez, entrenador del Deportivo Petare y ex jugador de la selección nacional. En la misma nota que se puede leer en la edición del lunes 08 de Agosto en el diario Líder, Rodríguez agrega que «por eso fue que arrancamos temprano, porque queremos que ya se vaya haciendo el grupo y se vayan conociendo dentro de la cancha«.

    Las declaraciones del técnico parroquial a la periodista Jessica López no van de la mano con la mayoría de los trabajos que muchos equipos vienen realizando en ciudades de playa. Para entender lo que afirmo, bien vale la pena observar la fotografía que envía el departamento de prensa de ese equipo:

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    Después de recordar que dicha imagen fue enviada por el mismo club, quiero pensar que la segunda parte del día es utilizada para tareas que Rodríguez considera importantes para que «se vaya conociendo el grupo«. Ahora bien, ¿no sería más productivo y positivo que todos las labores – física, técnica, táctica, psicológica y de conocimiento de grupo – sean realizadas en la cancha de juego? Me explico: si la misión del entrenador es acoplar tantos jugadores a una idea de juego, que se conozcan, que exista complicidad y, sobre todo, que tengan los elementos para tomar las mejores decisiones en beneficio del bien colectivo, entonces ¿por qué realizan esa faena pensando únicamente en una supuesta preparación física?

    Adentro de una cancha, los futbolistas pueden trabajar todos los aspectos que componen este juego y que antes mencioné, agregando la posibilidad de generar complicidad y sociedades tan necesarias para que la palabra equipo no sea una simple referencia.

    Expresa Edson Rodríguez que acoplar tantos jugadores nuevos es tarea difícil, que hacer que todos comprendan la idea de juego es complicado. ¡Claro que lo es! Pero esa labor se dificulta aún más cuando la mitad de la pretemporada se lleva a cabo en escenarios como los que muestra la fotografía que adorna este escrito.

    Un entrenador alguna vez me explicó que con estos «viajes» a la playa lo que se busca es entregarle al futbolista la posibilidad de trabajar en un ambiente distinto para que se motive con las tareas y no se fastidie de estar siempre en el mismo lugar, bajo la misma rutina. Suponen que la vista al mar hará menos pesados unas actividades que no mejoran el estado físico del jugador para jugar al fútbol y olvidan que la práctica que más entretiene al futbolista es aquella que involucra al balón en todos sus ejercicios. Un jugador de fútbol no se aburre jugando al fútbol, lo que le disgusta son todas las tareas que nada tienen  que ver con la pelota.

    Es una lástima que aquellos quienes jugaron prefieran mantenerse en su zona de confort antes que tomar riesgos. Hay costumbres que no por longevas dejan atrás sus aspectos negativos.

    Fotografía cortesía del diario Líder y el departamento de prensa del Deportivo Petare

     

  • Automatismos

    «Antes, por error, se pensaba que primero había que fabricar un atleta y luego que jugase a lo que sea. Si se quería entrenar la resistencia, se entrenaba por igual en el monte, en el mar… donde fuese. Y luego adaptaban esa resistencia a su deporte. Y no es así. Así pierdes tiempo y energía, pues cada deporte requiere su tratamiento específico». Francisco «Paco» Seirul.lo PF F.C. Barcelona

    El diccionario de la Real Academia Española define automatismo como:

    1. m. Desarrollo de un proceso o funcionamiento de un mecanismo por sí solo.

    2. m. Cualidad de lo que es automático.

    3. m. Psicol. Ejecución mecánica de actos sin participación de la conciencia.

    Me pregunto: ¿es posible esa ejecución mecánica de actos sin participación de la conciencia en un terreno distinto al que se supone será el lugar para poner en práctica esos automatismos?

    Las respuestas que el futbolista está capacitado para dar a las interrogantes que plantea el juego tienen que ver con sus cualidades, el entrenamiento, el aprendizaje de un modelo de juego y la confianza que el jugador tenga en él. Entonces, si todo esto lo va a llevar a ejecutar en un campo de fútbol, y es en ese lugar en el que va a afrontar las interrogantes que debe resolver, ¿para qué entrenarse fuera de ese lugar llamado cancha?

    Es una época de muchas interrogantes que algunos quieren esquivar con el resultado de turno, y aún así, el juego los deja en evidencia. Cada quien está en su derecho de cerrar los ojos y dejarse llevar o abrirlos y cuestionar.

    “En la mayoría de los trabajos está la pelota y eso le da un proceso de adaptación a lo que quiere el técnico Richard Páez de forma táctica”. Jorge Durán, PF de Mineros de Guayana

    Agradecimiento a Francisco Tochón Rosales (@ciscotochon) por la entrevista con el profesor Durán: http://www.accdminerosdeguayana.com/principal/index.php/noticias/1412-negriazules-realizan-trabajos-integrales-en-la-pretemporada

  • Fotos de pretemporadas

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    Mientras en Venezuela validamos este tipo de trabajos que de nada sirven para que el jugador asimile el modelo de juego y sus variantes, en otras partes del mundo siguen recordándonos que al jugador hay que prepararlo en el campo de juego con la pelota, que al fin y al cabo, son la herramienta y el lugar de trabajo. En esos lugares en los que se trata al jugador de fútbol como tal, nadie tiene la genial idea de decir que se juega mal porque los futbolistas están saliendo de la pretemporada y aún están relacionándose con la pelota.

    Lo dicho, mucha idiotez disfrazada de modernidad…

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    Fotos cortesía de http://www.deportivoanzoategui.com.ve y http://www.lavanguardia.com