Categoría: Fútbol

  • La liga, la verdad y la mentira

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    – Para que exista la mentira también debe existir la verdad. El bien sólo es tal si se compara con lo que conocemos como el mal. Uno necesita del otro para justificar su existencia. ¿De qué serviría si toda conducta humana fuese parte de aquello que conocemos como el bien? ¿Podríamos hablar del bien si no conocemos su alter ego?

    – Si en cada virtud podemos encontrar un pecado, podemos asegurar que en cada verdad hay una mentira. Puede que parezca contradictorio pero reitero, ambas situaciones conviven y se necesitan para subsistir,

    – Sócrates, según Leszek Kolakowski, establecía que «es impensable que el hombre haga el mal por voluntad propia a sabiendas de que hace el mal; si comete algún mal, lo hace por ignorancia; si sabe lo que es bueno, hace el bien«. Contextualizando, y siempre según Sócrates, Rafael Esquivel y sus socios no tendrían conciencia del desastre que es su gestión porque en ningún momento han tenido la voluntad de crear este caos que vive el fútbol venezolano.

    – Si comprendemos que la búsqueda de la verdad es uno de los grandes motores de nuestra existencia, entonces podemos pensar que la mentira es simplemente la pirotecnia destinada a distraer al público mientras quien la vendió como verdad construye su propia ilusión de la realidad. Ese oasis, con el permiso de Sócrates, no ha podido disimular la incapacidad de la dirigencia venezolana ni tampoco, en muchos casos, su intención de hacer daño, es decir, de hacer el mal. Puede que desde la FVF quieran recordar a Nietzsche y expresar que la verdad no es mas que un conjunto de ficciones de la filosofía o simplemente juegos del lenguaje, pero en ese caso dudo que en las oficinas de Sabana Grande defiendan su gestión a partir de los enunciados del autor de «Zaratrustra» o se escuden detrás de lo que para Nietzsche eran las verdades: simples metáforas.

    – La foto que adorna este escrito ejemplifica la relación existente entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal, la comedia y la tragedia. En ella hay elementos verdaderos como que ese evento se llevó a cabo y su existencia, vista desde el punto de vista de la marca de telefonía, es real y verdadera en cuanto a la intención de patrocinar al deporte profesional venezolano. La empresa, o mejor dicho, el origen de su participación, es indiscutible porque se limita a una simple relación de intercambio comercial. Da dinero para que su nombre se asocie al evento. Simple.

    – La parte oscura la pone en la mesa el socio, en este caso, la FVF. La mentira, aquella que va asociada con el nombre de la transacción – liga de fútbol- se muestra como lo que realmente es, una mentira, y forma parte de la tragedia denominada fútbol venezolano. Es la anti virtud porque esta nueva relación comercial esta siendo manipulada por quienes necesitan dar un golpe de autoridad, entonces, su origen es totalmente distinto al que plantean en su discurso. Lo dicho, pirotecnia para la distracción del idiota de turno. Nace, convive y se sostiene gracias a un aporte económico y al silencio de quien prefiere callar, silencio que favorece a los intereses de la mentira y la mala intención.

    – ¿Nació la liga venezolana de fútbol? No. Pero el hecho de bautizar un acuerdo económico con ese nombre sirve para, como dicen en el sur, demostrar quien la tiene más larga. Hoy Esquivel, su directiva y sus secuaces han dado a entender que el camino hacia la creación de una liga no será sencillo, es más, en la reunión de Barinas estaba presente el delfín de Esquivel y su presencia sirvió para potenciar la rápida reacción del presidente de la FVF, entendida esta rebeldía como una verdad pero que al fin y al cabo es otra de sus tantas mentiras. ¿Por qué es mentira? Porque no existe tal liga, pero la mentira le ha servido para señalar una verdad: Esquivel es quien tiene el poder, los contactos y el dinero.

    – Entonces, repasemos el origen del evento de hoy. Una compañía desea participar, como patrocinante, del evento futbolístico. Esa compañia, con la intención de asociar su producto al deporte, hace entrega de unos recursos económicos y luego, gracias a ese aporte monetario, establecerá que su asociación ha beneficiado a esta actividad. Con el paso del tiempo descubriremos si tal aporte fue de la magnitud e influencia que anuncian.

    – Por otro lado, la FVF, con la necesidad de contrarrestar el efecto causado por la primera reunión de clubes de primera división, no encuentra otro recurso que la mentira. Miente cuando utiliza el término Liga a su favor; miente cuando manipula el aporte de la compañía telefónica a su conveniencia para así utilizar la palabra «liga» sin siquiera especificar de qué se trata, y mienta cuando dice que la reunión de los clubes no le preocupa en lo más mínimo. En fin, que verdad y mentira van de la mano, sólo que esta vez queda claro quien detona los fuegos artificiales.

    Foto encontrada en la web, créditos a quien corresponda

  • Armonía y equilibrio

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    Parece que hago referencia a dos conceptos totalmente distintos, pero revisando el siguiente link se confirma que ambos son nociones similares: http://www.wordreference.com/sinonimos/armon%C3%ADa. Incluso en el fútbol, cuando se menciona a uno u otro, se hace con la intención de mostrar lo que debería ser un equipo y cual es el camino correcto para lograrlo.

    Me atrevo a decir que la armonía se consigue cuando una serie de conductas individuales se unen para transformarse en una única pauta por un momento; un único momento que puede durar sólo un par de segundos, los necesarios para, en un partido de futbol, someter y vencer al rival.

    Carlo Ancelotti hace referencia al equilibrio y lo define como «atacar bien y defender bien«. Su jugador, el francés Raphael Varane, añade aún más claridad al asunto cuando explica que «el bloque defensivo no es una cosa sólo de los defensas, es de todo el equipo«. Me parece que el francés ofrece una mejor visión de lo que debe ser un equipo de futbol y de como éste, según el pensamiento complejo de Edgar Morín, es un fenómeno indivisible, es decir, el fútbol como actividad compleja no puede ser analizado como si se tratara de un puñado de manifestaciones aisladas, inconexas.

    Momento de recurrir al diccionario de la Real Academia Española y a una de sus definiciones de armonía: «conveniente proporción y correspondencia de una cosa con otras». ¿No es esto a lo que se refieren Ancelotti y Varane, cada uno con sus palabras? Creo que sí, que en este caso ese equilibrio que exige el entrenador o el compromiso que pide el defensor tienen que ver con la búsqueda desesperada de la transformación del Real Madrid en un equipo y no en un muestrario de talentosos solistas. ¿Lo conseguirán? Quien sabe, pero el proceso promete ser muy interesante.

  • Fútbol, cambios y matemáticas

    Sigo pensando en la frase del español José Ortega y Gasset: «yo soy yo y mis circunstancias».

    Nos enseñaron a sumar sin considerar nada más que la agrupación de figuras, pero no se dieron a la tarea de enseñarnos a pensar. En matemáticas 2 + 2 es 4 y no hay lugar para dudas, pero en la vida no es así, hay muchas más cosas que considerar que un simple resultado.

    Pongamos el caso del fútbol. A nuestro equipo, que juega de determinada manera, le sumamos el mejor jugador del momento. Ese futbolista – Lionel Messi por ejemplo – llega con sus características propias pero al sumarse a este nuevo equipo lo hace habiéndose despedido de lo que su equipo anterior le aportaba y por ende, deberá encontrar una nueva relación de convivencia con sus nuevos compañeros y con el colectivo que estos integran.

    Messi, para continuar con el ejemplo, debe encontrar el camino para que sus virtudes y sus errores se acoplen a la vida de ese grupo que ahora es su nuevo equipo. Su éxito dependerá obviamente de esa aclimatación a una nueva manera de vivir, o en este caso, de jugar. Hasta ahora todo bien, ¿no? ¡Pues no!

    Así como Messi individuo y futbolista debe acostumbrarse a este nuevo escenario, el equipo y cada uno de sus integrantes – como grupo y como individuos – pasarán por el mismo proceso que el recién llegado. A partir de la aparición de ese nuevo componente el conjunto no será el mismo nunca más, y los seres que lo componen serán mejores o peores, pero nunca iguales a su versión anterior.

    La conclusión, si es que la puedo llamar así, es que la suma de estos elementos sigue dando como resultado un cuerpo, un organismo vivo que sigue su evolución y su proceso de cambio. Ninguno de los protagonistas de esta metamorfósis perderá su individualidad mientras que una vez sumergidos en el proceso de integración, sumarán virtudes y apoyos que en la soledad de la individualidad no obtendrían jamás.

    Las matemáticas no mienten, pero su existencia no debe condicionar nuestra capacidad de pensar e ir más allá.

  • Veo el mar y pienso en futbol

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    ¿De qué sirve jugar sin tomar riesgos? Un partido dura apenas noventa minutos; no vale la pena vivirlo condicionado por las dudas que nos han transmitido nuestros antecesores, hay que hacerlo con las ganas de aquellos que saben que se vive una sola vez. ¿Acaso el temor nos protege? ¡Todo lo contrario! Dejar que sea el miedo quien determine nuestros comportamientos traerá consigo grandes derrotas. Puede que antes que ellas lleguen se logre uno que otro triunfo que tape el bosque y nos haga creer que con el temor como bandera podremos avanzar.

    Hay que estudiar al rival y las circunstancias para jugar. Atacar y defender, ambas facetas como una sola conducta: jugar. Ataco el ataque rival para luego atacar su arquería. Esa conducta puede voltearse: defiendo mi ataque para que no sufra mi equipo. Juego y más juego, nada de momentos desligados el uno del otro. Continuidad, como diría mi amigo Alex Couto Lago.

    Eso es el fútbol; olvidemos los resúmenes y observemos la totalidad del partido para entender que pasó aceptando que lo que puede pasar en la próxima ocasión tendrá rasgos similares con el pasado pero nunca será igual. Este juego tiene principio y fin únicas verdades absolutas que en él encontraremos – pero entre una y otra todo pasa y nada pasa; es historia y por eso existe pero también es futuro y por ello no es, o por lo menos no ha llegado a existir

    «Yo soy yo y mis circunstancias». Lo dijo Ortega y Gasset y mejor que no lo olvidemos jamás. Jugadores, entrenadores, cancha, pelota, intenciones, emociones, contexto y mil cosas más.

  • Apuntes vinotinto: Venezuela 1 Paraguay 1

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    – Hace algún tiempo escribí que lo más duro que le puede pasar a un equipo de fútbol es morirse de nada. No es lo mismo perder un partido, o una clasificación, aplicando todas las fórmulas posibles que caer eliminado por no haber arriesgado lo suficiente. Habran quienes preferirán quedarse con la última manifestación de amor propio de los jugadores vinotinto ante Paraguay, pero también hay quienes no podremos olvidar todas las promesas que se hicieron en este proceso así como las oportunidades perdidas a causa de una terquedad que no permitió descifrar el mensaje de aquella noche paraguaya, cuando aún había mucho camino por recorrer y el tiempo necesario para introducir las variantes que sólo reaparecieron cuando ya el agua llegaba al cuello.

    – Consumado aquel triunfo, Farías anunció que se había planteado renunciar a la selección, desviando la atencion de lo que debía debatirse después de aquella magnífica actuación: la conveniencia de introducir variantes a la idea original. No se hizo ni se insistió en ello; los partidos amistosos fueron desperdiciados y sólo se retomó aquella iniciativa después de que Chile nos propinara un baile de aquellos.

    – Al ciclo Farías lo condena haber perdido el tiempo en cuestiones menores. Mientras las señales apuntaban a la necesidad de modificar el modelo de juego, el entrenador y sus colaboradores prefirieron enfocarse en enemigos inexistentes. Es tal su concepción del mundo que quien no se sume a su causa es considerado inmediátamente un enemigo. Aquel tweet que salió de su cuenta oficial de Twitter que ofendía al preparador físico del Zamora es el perfecto ejemplo de como entiende la vida el entrenador, entre amigos o enemigos, leales o traidores.

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    – Esas señales que no supo ver terminaron por sentenciar lo que para él, sus colaboradores y sus alcahuetes era «la eliminatoria perfecta porque no estaba Brasil». En los dos últimos partidos de la Vinotinto, su equipo, el que él había construído a su imagen y semejanza, tuvo que refugiarse en una idea de juego totalmente distinta a lo que son sus creencias. Esas modificaciones no contaron con la fuerza del convencimiento sino con la urgencia de la necesidad. Hoy quedó demostrado y se pagó caro.

    – En estos días recobré una extraordinaria frase de Dani Fernández, entrenador español, que dice que “alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”. En la tarde de San Cristóbal quedó claro que a Farías le falló la parte más importante de lo que menciona Dani, ya que no supo, en casi tres años de eliminatorias, fomentar conexiones futbolísticas para que sus jugadores rindieran acorde a sus cualidades. Peor aún, cuando algún jugador se sumaba a la selección se le obligaba a seguir el libreto del entrenador antes que sumar sus virtudes propias a ese organismo vivo llamado equipo.

    – A Farías no le gusta hablar del juego. Cuando comandó a la Vinotinto en su exitoso paso por la Copa América de Argentina, el seleccionador nacional habló más del estado físico que de la forma de jugar de su equipo. Aquello no fue un desliz, fue una descripción de lo que él piensa es este juego; su equipo corría, luchaba, se sacrificaba pero jugaba muy poco. Las victorias, como casi siempre, taparon las carencias de un conjunto que jamás se caracterizó por generar altas cantidades de ocasiones de gol a pesar de contar con jugadores extremadamente talentosos.

    – Aquel Farías no es el mismo de hoy, de hecho, ninguno de nosotros lo es, pero creo que sus convicciones no han variado. Más allá de que el equipo haya adoptado una versión más atacante en sus últimas presentaciones, no da la impresión de que ello sea algo que nazca del gusto del seleccionador. La ausencia de conexiones entre los jugadores, en un partido en el que Paraguay nunca presionó, da a entender que fue la urgencia y no el convencimiento el principal consejero del DT; no se puede un día jugar al pelotazo y al próximo partido utilizar la posesión de la pelota como una herramienta. O mejor dicho, puede que sí sea posible pero en un club, no en una selección que apenas puede acumular entrenamientos.

    – Es posible que al entrenador no le interese justificar o aburrir con estadísticas, pero hay una que desnuda la debilidad de su patrón de juego: 14 goles en 16 partidos. Peor aún, ¿cuántas de esas anotaciones llegaron como consecuencia del juego asociado? No se trata de quitarle mérito a las jugadas de táctica fija, pero una selección – grupo en el que conviven los mejores jugadores del país – debe disponer de mayores recursos si su intención principal es hacer historia, lo que en nuestro caso se traduce en clasificar a un mundial.

    – Estos jugadores y los que están por venir pueden inspirar un modelo de juego más parecido al mostrado ante Perú que al común denominador de los partidos de este ciclo. Pero para ello se necesita mucha grandeza, aquella que nos enseñaba Panzeri cuando afirmaba que «el plan son los jugadores«. Pero el Dante se refería a la continuidad de una idea que señala al jugador como el único capaz de producir fútbol, no a la asunción de la misma sólo cuando la emergencia así lo requiriese.

    – Hablar del partido de hoy es hacerlo de un grupo de jugadores que volvieron a mostrarse imbatibles ante la adversidad. Esa imbatibilidad no está relacionada al resultado final sino a su condición de futbolistas orgullosos que se niegan a rendirse. Hoy, cuando el partido requería cambios inmediatos, no fue el entrenador sino los futbolistas quienes modificaron el rumbo de una noche que prometía ser más cruel de lo que finalmente fue.

    – Al único jugador al que quiero referirme individualmente es a Juan Arango. Cada ser humano vive su propio proceso y es imposible que alguien pueda entender lo que afecta o motiva a cada quien. Pero me parece que el 18 vinotinto merece un mejor adiós y la próxima Copa América se antoja como un escenario menos triste que el que el vivido hoy en Pueblo Nuevo. Ojalá reconsidere su postura y nos regale un par de goles de tiro libre antes de marcharse hacia su merecido descanso.

    – El final del ciclo se parece mucho a lo que algunos imaginábamos y llegamos a anunciar: guerras, señalamientos, acusaciones y una nula capacidad de reflexión. Alrededor de todas esas manifestaciones no hay una clasificación al mundial que sirva para tapar tanta miseria, pero tampoco existe un fútbol venezolano que haya crecido como anuncian sus vividores. No hay liga, no hay clubes, no hay logros y sí hay muchas deudas, equipos de maletín, ausencia de infraestructura, malos arbitrajes y muy pocos dolientes. Las autoridades seguramente producirán un nuevo circo que desvíe la atención de esta nueva frustración, pero en este pequeño espacio no cabrá excusa alguna que me haga claudicar en unos principios que no se compran ni se prestan.

    En fin, a descansar, que el camino apenas comienza.

    Fotografía cortesía AFP

  • Hacer que pasen cosas

    Josep Guardiola expresaba en una charla su gusto por protagonizar los partidos: “nuestra manera de entender el juego es de proponer. Yo no espero a que el otro equipo haga algo, no, yo voy por ti. Si ganamos será mérito nuestro y si perdemos será culpa nuestra”. Guardiola no habla de las tonterías que a veces protagonizan las discusiones de café y tampoco pienso hacerlo yo.

    Verá usted, mi estimado lector, que no me ocupo de los lugares comunes más manoseados por los especialistas: presión y numeraciones. Prefiero seguir el consejo de Juan Manuel Lillo y recordar que hay que saber de jugadores para así trazar un plan, reconociendo que ese boceto se desmoronará rápidamente gracias a la intervención de los futbolistas. A través de los Arango, Otero, Orozco, Martínez y demás jugadores podemos entender las posibilidades y reconocer que el plan son ellos, los futbolistas.

    La hoja de ruta vinotinto para el próximo viernes contará con protagonistas que con sus virtudes y las posibles conexiones que se generen entre ellos nos hacen soñar con una idea inicial de someter al rival, propósito que debe nacer de la libertad que se le otorgue a los futbolistas para que sean ellos mismos y jueguen a lo que ellos saben.

    Como dice el entrenador español Oscar Cano, “no se trata de que jueguen como quieran sino partiendo de lo que mejor hacen entre sí”. Esto no es un grito a favor de la anarquía, o mejor dicho, sí, es una consigna en pro de un caos que brote a raíz de las intervenciones que realicen los jugadores con sus compañeros.

    Todo el país -a pesar de lo que cree el seleccionador César Farías y su séquito-  desea llegar al Mundial de Brasil el próximo año, pero ello ya no depende en exclusiva de un triunfo criollo. Los vinotinto deben entrar al campo sin perder un segundo de su tiempo en algo que no sea conquistar al rival y los espacios; lo que hagan las selecciones de Ecuador y Uruguay escapa de sus manos y por ello no debe ser considerado.

    Una de las máximas del Efecto Pigmalión es que hay que plantearse objetivos que sean alcanzables por la fuerza de la propia influencia. Este viernes contra Paraguay, la selección Vinotinto debe solamente concentrarse en su partido, en jugar y dominar un encuentro frente a un rival al cual ya se le ganó en su propia casa. Hay que dominar a los guaraníes ¿Cómo? Haciendo válido el consejo de Cano Moreno: “que los jugadores no sean únicamente sujetos a los que les pasan cosas, sino que también sean sujetos que hacen que pasen cosas”. Jugar promoviendo escenarios en vez de ser simples espectadores. Esa es la clave, ahí está la llave del triunfo.

    Columna publicada en el diario Líder el 10 de octubre de 2.013

  • Estancamiento vs. variantes: el dilema vinotinto

    “Ya ves, soy el que siempre debe superarse a sí mismo”. Friedrich Nietzsche

    Desde el punto de vista de su entrenador, la selección venezolana de fútbol ha vivido dos momentos de crisis en la eliminatoria sudamericana hacia el Mundial de Brasil 2014. El primero de ellos se produjo tras la dura derrota frente a Perú en Lima, en septiembre de 2012; y el segundo fue consecuencia del repaso futbolístico que le propinó la selección chilena en Santiago hace poco más de un mes. Las actuaciones posteriores a estos encuentros mostraron a una Vinotinto más atrevida y con una clara voluntad de asumir conductas y riesgos que no fueron considerados por su director técnico hasta que apareció la tormenta. Paraguay y Perú –ya en la segunda vuelta– fueron las víctimas de ese cambio radical en la idea de juego que, sumado a los triunfos, se tradujo en el sometimiento futbolístico del rival. Sensaciones aparte, son pocos quienes comprenden la tardanza del seleccionador para proponer esos cambios. Es tarea de quien escribe adentrarse en ese territorio de arenas movedizas.

    Es oportuno recordar el significado de la palabra riesgo. La Real Academia Española la define como una serie de conductas que se toman o asumen por la proximidad de un daño. Es decir, ante la posibilidad de salir heridos reaccionamos de maneras poco usuales. Aplicado esto al modelo de juego vinotinto, fácilmente podemos identificar que en los partidos ante paraguayos y peruanos el cuerpo técnico venezolano propuso la asunción de esos comportamientos atípicos.

    Gracias a la tecnología y a internet se pueden revisar ambos partidos. En ellos se observa a una selección de toque corto y rápido, propensa a generar sociedades entre todos sus jugadores. Un equipo que colocó su línea defensiva en el centro del campo, con laterales haciendo de extremos y un bloque que en pocas ocasiones se separó. En fin, se ve a un equipo con la voluntad de ser protagonista a partir de las cualidades de sus jugadores, en vez de darle rienda suelta a los caprichos del entrenador.

    Volvamos entonces a la duda que justifica este escrito: ¿por qué tener ese modelo de juego como un riesgo y no como una costumbre? Para encontrar una respuesta bien vale recordar el recorrido de César Farías antes de llegar a la selección. Uno podría pensar que se siguió el camino planteado por muchos entendidos que indican que algunas respuestas las podemos encontrar si aceptamos el origen y la naturaleza de los individuos, cómo se relacionan con su ecosistema y qué conexiones nacen de esa convivencia. Pero la historia señala que Farías no se siente cómodo con este proceso y prefiere la perpetuidad de su idea antes que promover una evolución típica de quienes protagonizan un proceso.

    Farías alcanzó su mayor éxito cuando dirigió al Deportivo Táchira, el equipo de mayor tradición en Venezuela. En aquella ocasión supo conducir a su plantel hasta los cuartos de final de la Copa Libertadores, edición 2004, para luego caer goleados ante el Sao Paulo de Brasil. Más allá de los buenos resultados, aquel equipo se caracterizó por defender muy cerca de su propia área, valiéndose de rápidas transiciones ofensivas que no condicionaran la idea iniciática de todo equipo del actual seleccionador vinotinto: evitar que les marquen un gol. Aquella versión del Táchira es casi una copia idéntica de lo que normalmente muestra el equipo venezolano.

    Permítame una breve consideración: el objetivo de este juego es ganar, y para ello hay que convertir más goles que el rival. César Farías siente –aunque nunca lo admitirá en público– que un equipo que defienda férreamente siempre tendrá una que otra ocasión de gol que le sirva para superar al contrario. Por más que se ha querido identificar con entrenadores como José Mourinho o Marcelo Bielsa, el venezolano parece inclinado a repetir un modelo más acorde a la etapa post Riquelme del Boca Juniors de Carlos Bianchi, un equipo que parecía controlar los encuentros a partir de su orden defensivo y la contundencia de sus atacantes.

    Su paso por Táchira no terminó de la mejor manera ya que no pudo lograr que el grupo que conducía mantuviese el rendimiento de antaño. A ello hay que sumarle la intolerancia del entrenador a ideas que contrariaran su gusto, a tal punto que se recuerdan fuertes enfrentamientos con fanáticos y periodistas. Sus pasos posteriores por equipos como Mineros de Guayana y Deportivo Anzoátegui mostraron a un Farías convencido de que su modelo de juego estaba siempre por encima de las características de sus dirigidos, y por ello, no había razón alguna para pensar en que su paso por la selección nacional iba a mostrar a un director técnico abierto a otras posibilidades.

    Aquí surgen las dos mayores dudas futbolísticas de estos tiempos en Venezuela. ¿Por qué entonces promover un cambio radical en momentos tan álgidos? Y, una vez demostrada la conveniencia de asumir esos riesgos, ¿por qué volver al conservadurismo inicial? A Farías y sus ayudantes les gustaría aplicar aquella recomendación de Wittgenstein: “Aquello de lo que no se puede hablar hay que callarlo” para que no se recuerde que han sido ellos y sólo ellos quienes se han contradicho.

    El ser humano es un animal de hábitos y costumbres. A pesar de contar con esa poderosa herramienta que es el cerebro, la historia nos enseña que somos poco amigos de los procesos reflexivos, aquellos que nos permiten crecer como especie y evitar recaídas en trampas ya superadas. En la historia podemos encontrar muchos ejemplos de liderazgos que han aprovechado pequeñas victorias para hacerse fuertes en su pensamiento original, y luego caer víctimas de la soberbia y acercarse al precipicio que antes creyeron lejano. En el caso del seleccionador venezolano, su convencimiento acerca de las virtudes de su plan inicial es tal que en una reciente entrevista señaló que los errores de su gestión no son propios, sino de los árbitros.

    Pero volviendo al juego, y al cambio de piel de la Vinotinto, no hay razón alguna para que en una larga eliminatoria como la sudamericana no se hayan intentado con mayor regularidad las variantes que tanto gustaron ante Paraguay y Perú, y que, siempre según Farías, evitaron una catástrofe mayor. No hay explicación coherente para el rechazo de técnico a la evolución e innovación que necesita un colectivo más allá que aquello que comentaba anteriormente: tiene su partitura y con ella se siente cómodo. No es Farías alguien que se muestre confiado al abandonar su zona de confort y eso hoy le puede estar costando la clasificación al mundial, la cual, para ser justo, nunca estuvo tan cerca como en esta ocasión.

    ¿Qué podemos esperar en el último partido eliminatorio ante Paraguay? El futuro es incierto y quien escribe no pretende desafiar esa verdad, pero si algo queda claro es que, con la convocatoria para este encuentro, Farías está enviando un mensaje: en el próximo proceso tendrá como intérpretes a jugadores jóvenes y prescindirá de algunos veteranos con los que no tiene buena relación. No sé si esa maniobra se adecúa a este momento tan especial, cuando aún hay mínimas oportunidades matemáticas de clasificar al Mundial;  pero, pensando en los tiempos por venir, valdría la pena que a esos futbolistas que está señalando como nuevos protagonistas los arrope con un modelo acorde a ellos y las relaciones que entre ellos se formen, y no se persista en la tozudez de querer ser más que los jugadores. Esto porque, a pesar  de seguir pensando en la meta inmediata, no es difícil comprender que Farías y la Federación Venezolana de Fútbol ya trabajan en la renovación del técnico.

    Nosotros proponemos y otros disponen. Esto se traduce así: voy a jugar y voy a ser protagonista, a hacer algo en el partido, no a esperar a que sucedan las cosas”. Pep Guardiola

    Publicado en el Magazine de Martí Perarnau el 07 de octubre de 2.013 http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/estancamiento-vs-variantes-el-dilema-vinotinto/

  • Vinotinto: siete fotos para un viernes de furia

    Ante Paraguay, la selección que dirige César Farías puede intentar reproducir conductas que ya mostró en su último partido ante Perú. Me refiero a comportamientos que pueden ser copiados y no a los resultados que estos produzcan porque prefiero creer que ellos, los resultados, dependen de mil factores que no controlamos. Es decir, se puede enfrentar el partido con la misma intención de dominar y protagonizar que ante los peruanos, pero el triunfo dependerá de muchos elementos más. Eso sí, debo aclarar que siento que protagonizando se puede acortar la carrera hacia la victoria.

    No voy a hablar sino de ubicación de jugadores. Esto lo hago sólo porque quienes seguramente estarán ante los paraguayos – Hernández; González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Lucena; Otero, Orozco y Arango; Martínez y Aristeguieta – son futbolistas que ya han demostrado su capacidad para encarar un desafio en el rol de protagonistas principales. Son futbolistas que hacen que sucedan cosas; son justamente como impulsos eléctricos que activan una red neuronal.

    En fin, a ver si sirve de algo esto.

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  • Apuntes del Caracas 1 Estudiantes 1

    – Caracas se ha caracterizado por imponerse al rival en el inicio de los partidos o de las segundas mitades, mostrando una alta intensidad para así aprovechar las lagunas que caracterizan a la mayoría de los conjuntos cuando empiezan a reconocer su ubicación en un espacio. Esto, aunque muchos no lo crean, se trabaja en la pretemporada y en la semana.

    – Mientras unos van a la playa, algunos recuerdan que el fútbol se juega jugando. El plan de Eduardo Saragó es atacar al rival cuando este se encuentre en su momento de mayor desventaja emocional y futbolística, sin llegar a asumir la titularidad de su terreno propio.

    – Manuel Plasencia, zorro viejo, identificó esta virtud de su rival y su instrucción inicial fue que sus futbolistas salieran a buscar en vez de esperar, haciendo difícil que el Caracas diera cuatro pases seguidos en el inicio del juego. Sabe Plasencia que los equipos que se enfrentan a los capitalinos prefieren hacerlo con cautela y que si lo busca en su propia zona se verá sorprendido.

    – Saragó es un artista que sabe hipnotizar con su discurso y entiende que no le cuestionarán nada que venga de sus afirmaciones. Que se entienda esto como lo que es: el reconocimiento a una de sus virtudes. Hace poco señaló a Bladimir Morales como el mejor jugador de los tres primeros partidos y hoy es suplente. Caso similar para Quijada y Farías, que según el DT ya se habían ganado la titularidad y hoy vieron el encuentro desde el banco de suplentes.

    – No es incoherencia lo del entrenador porque las ideas no son fijas o inalterables, son corrientes que viven un proceso de transformación constante y se nutren de cada ensayo. Lo que si debe considerar el entrenador capitalino es evitar los extremos que caracterizan a sus declaraciones para no crear confusión en sus jugadores.

    – Caracas necesita la presencia de Roberto Armúa para que el equipo muestre variantes al juego de los otros futbolistas. Contar con Rómulo Otero, Luis “Cariaco” González y Dany Cure es una invitación a correr al mejor estilo del Zamora de Sanvicente, por ello, el aporte del diez argentino es tan necesario, más aún cuando su pausa puede ayudar a que Javier Guarino no se maree con tanto vértigo a su alrededor. Armúa nos recuerda con su juego que no es lo rápido que se llegue al área rival lo que importa sino la calidad de ese avance.

    – A Cure le gusta correr porque sabe que corriendo juega. Corre para recuperar una pelota, para ayudar a los compañeros, para disparar al arco o para meter un centro. Corre para jugar mientras que muchos corren para acumular kilómetros y malas entregas. Pero Cure necesita espacios para desarrollar su juego, algo harto complicado cuando el equipo juegue en el Olímpico.

    El gol de Yorwin Lobo es para los noticieros. En un saque lateral le gana el espacio y la pelota a dos defensores del Caracas y llega hasta la línea de fondo con tal frialdad que nunca cambia su intención ni acelera la ejecución de su plan por la cercanía al precipicio. Así, a un centímetro de la línea de meta, bate al portero con un pase a la red. Golazo y nada más que decir.

    – Quiero volver a Armúa y su importancia. No se trata únicamente de la pausa sino de la inteligencia. Si Caracas debe replegarse, el 10 puede recibir la pelota y enviar un pase largo a los rápidos atacantes capitalinos. El intervalo que ofrece Armúa no tiene que ver con lentitud sino con saber elegir dependiendo del lugar que se ocupe, por ello Saragó lo protege y lo cuida, sabe que puede ganar sin él pero nunca jugar tan bien como cuando el argentino está en forma.

    – Estudiantes no quiso seguir arriesgando después del gol y eso queda demostrado cuando hasta cuatro jugadores salen a entorpecer, sin efectividad alguna, el intento de centro de Cure. Ese nerviosismo quedó plasmado cuando su arquero, Roberts Rivas, tira la pelota lo más lejos posible en el minuto 39 del primer tiempo, sin darse cuenta que con esa acción no conseguirá la tan ansiada calma que necesitaba el equipo merideño. Caracas toma la pelota y va de nuevo sin que sus compañeros puedan reordenarse.

    – Los mismos que aplauden que la Vinotinto juegue con un sólo volante de contención hoy critican al Caracas por adoptar ese módulo táctico, sin reparar en que el fútbol es una actividad colectiva; defienden todos y atacan todos. Cuando un jugador se desentiende de esa dinámica produce un efecto devastador. El problema no es Ricardo Andreutti sino su soledad.

    – El miedo a ganar de Estudiantes le permite a Caracas dominar el segundo tiempo sin crear mayores ocasiones de gol. El equipo merideño acumula jugadores cerca de su propia área y con ese temor bloqueó el hacer de Cure que era el mejor jugador del Caracas. Sin espacios, el marabino se estacionó en la banda derecha y su influencia disminuyó alarmantemente. Consciente de ello, Saragó sacó a “Cariaco” para darle entrada a Carabalí y que este último actuara como volante por los costados, para así liberar a Cure.

    – Estudiantes olvidó que el resultado se defiende jugando y desde la última parte del primer tiempo se encerró cerca de su área, enterrando la imagen de aquel equipo que supo pelear los primeros compases del encuentro. Ante ese panorama, Caracas sufre pero sabe que tiene las armas necesarias para encontrar el camino al gol, a pesar de que en este partido lo consiguió más por tozudez que por juego.

    – El resultado final le conviene más a los de Plasencia porque podrán seguir corrigiendo desde la tranquilidad que ofrece sacar un empate en condición de visitantes. Su presente es muy positivo y la calidad de alguno de sus jugadores los invita a pensar en tiempos acordes a la gloria de esa institución.

    – Para Caracas es un pequeño accidente en su hoja de ruta. Los capitalinos deben continuar con la búsqueda de soluciones a problemas que ya vivieron en el torneo anterior y que lo privaron de luchar por el tan ansiado título. Si para hablar de fútbol hay que conocer de jugadores, como dice Juanma Lillo, es pertinente afirmar que Caracas seguirá creciendo, sólo es cuestión de tiempo para que aparezcan las respuestas.

  • Creo que siempr…

    Creo que siempre el entrenador debe adaptarse a las características de sus jugadores, aunque no es fácil decirlo. Es más el entrenador el que se tiene que adaptar, aunque logicamente ha de tener una idea de juego que proponer a su equipo. Pero siempre teniendo en cuenta las caraterísticas de los jugadores

    Carlo Ancelotti, director técnico del Real Madrid