Categoría: Fútbol

  • Mineros y su «equilibrio»

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    – «Los científicos Evian Gordon y Lea Williams han creado un modelo, al que llaman integrate, que asegura que todo lo que hacemos en nuestra vida está basado en la determinación del cerebro para minimizar el peligro o maximizar la recompensa. Éste es el principio de organización del cerebro«*.

    – Un equipo de fútbol es un organismo que vive, piensa, actúa, teme y busca el éxito según sus cualidades. En castellano: un equipo es un grupo de seres humanos que juntos conforman un nuevo ser vivo, y desde el momento de su nacimiento, comienzan un recorrido similar a lo que como individuos llamamos vida. Cada equipo debe vivir en permanente reflexión para identificar sus cualidades y sus defectos y así emprender el viaje hacia la tierra prometida.

    – Mineros, a partir de los valores de sus integrantes, apuesta por Rafael Acosta y Edgar Jiménez como dupla de volantes centrales, lo que demuestra su intención de buscar esa recompensa desde el buen trato de la pelota y la generación de ideas futbolísticas que nazcan a partir de esa pareja de volantes.

    – Lo que no puede evitar el conjunto negriazul es que aparezcan inmediatamente afirmaciones como que el equipo de Páez juega sin un volante recuperador nato. Esta sentencia sería increíble – no se puede creer – si no fuese porque se pronuncian frases como esa de manera automática sin reflexión alguna.

    – Si la acumulación de delanteros de área no se traduce obligatoriamente en un mayor peso ofensivo, ¿por qué suponer entonces que la utilización de jugadores de corte «Lucena» sí se traduciría en una apuesta segura para la recuperación defensiva? Esto de los complementos, como lo señalara Martí Perarnau, bastante daño ha hecho.

    – Explicaba Martí, en uno de esos artículos que guardo y repaso cada vez que puedo, que el fútbol debía ser entendido desde otro punto de vista distinto al que habíamos aprendido. «En vez de sumar peras y manzanas para complementar, Guardiola ha decidido juntar frutas de la misma especie para hacer un zumo más puro. El fútbol se decide en las dos áreas, dijo en cierta ocasión un afamado técnico italiano, rey de los complementos, pero el Barça está demostrando que se puede mandar en el mundo desde el centro del campo a partir de un sumatorio de iguales«.

    – Vuelvo a Mineros. El equipo de Páez tiene como idea iniciática dominar cada partido desde los mediocampistas que menciono, y para ello debe moverse por todo el campo de juego como un bloque sin fisuras. Es una conducta que debe ser comprendida porque en caso de que una de sus piezas pierda intensidad el colectivo se desmorona. No hay espacio para la duda, porque de ella puede nacer el caos.

    – Esa forma de juego no admite un pase «nervioso» salvo en ocasiones de emergencia. Mineros quiere la pelota para asociar a cada uno de sus integrantes y en posesión de ella asegurarse que cada futbolista mantenga la intensidad y se integre a la dinámica grupal para que el equipo sea justamente un bloque y no un conjunto de conductas anárquicas.

    – Para lograr esto, Páez ha señalado a Jiménez y a Acosta como sus jugadores clave. Los dos poseen una característica que los convierte en una especie de gemélos futbolísticos: ambos saben quitar sin recurrir a la infracción porque son jugadores educados para jugar, y recuperar la pelota es parte del juego. Son futbolistas que entienden el carácter colectivo del juego y poseen la inteligencia necesaria para integrar a sus compañeros.

    – Ambos tienen grabado en su ADN que no siempre se puede llegar al campo contrario con la rapidez deseada, por ello actúan a partir de las necesidades del equipo: tocar hacia adelante, hacia un costado o simplemente hacia atrás; es una toma de decisiones que desecha los caprichos individuales.

    – A partir de la definición de equipo comprenderemos que un volante central no puede únicamente «quitar pelotas», sino que debe ser parte de la continuidad llamada fútbol. Acosta y Jiménez podrán ser efectivos atacando el ataque rival si sus compañeros conquistan los espacios necesarios, lo cual se traduce en que cada jugador cumpla con sus tareas. Tampoco vale que un futbolista se dedique exclusivamente a atacar porque al asumir esa conducta se aísla del colectivo. Cuando aceptemos que este es un juego de asociaciones dejaremos de buscar rendimientos individuales para centrarnos en los movimientos gremiales que caracterizan a esta actividad.

    – No debemos olvidar que el futbolista depende del contexto, y Rafael Acosta y Edgar Jiménez lograrán recuperar la pelota o ser efectivos en la entrega de la misma si sus compañeros mantienen la intensidad. El equilibrio de Mineros no depende de una falsa estabilidad que muchos suponen daría la entrada de algún «volante de marca», recordemos que los equipos de fútbol encuentran su versión más armónica cuando sus jugadores cumplen con el plan que está diseñado para sacar lo mejor de ellos en favor del colectivo. Así de sencillo y así de complejo.

    «Hasta que llegaron unos cuantos entrenadores (no necesariamente jóvenes, incluso alguno de ellos vistiendo chándal dominguero), rompieron el tabú y quebraron el paradigma. En vez de alinear complementos buscando un imposible equilibrio, observaron el fútbol como un fenómeno complejo y lo contextualizaron. En lugar de desmenuzarlo en pequeñas partes y analizar cada una de ellas al microscopio, contemplaron el juego como un todo integral, como un universo de interrelaciones entre los futbolistas. Cambiaron el enfoque y entendieron el fútbol como un sistema complejo. Esta decisión tuvo consecuencias: la especialización dio paso a la polivalencia entendida no como mediocridad, sino como excelencia adaptativa. Se derogó la complementariedad, imponiendo una idea fácil de explicar y difícil de aplicar: puesto que somos buenos en una faceta concreta, vamos a apostar fuerte por ella«. Martí Perarnau

    *Estanislao Bachrach, Agilmente

    Fotografía cortesía del Departamento de Prensa de Mineros de Guayana

  • ¡Es la geografía! La Vinotinto y sus dos caras

    – La estrategia ha surgido efecto, se habla de Marcelo Bielsa o de la continuidad del proceso Farías pero en ningún caso se examinan las razones por las que la Vinotinto presentó dos caras tan distintas en apenas cuatro días de distancia. Hay muchas variantes para entender la mutación vinotinto y en este escrito trataré de exponer una de ellas.

    – Ante Chile, la selección tuvo como futbolistas titulares a los siguientes jugadores: Hernández; Rosales, Vizcarrondo, Perozo y Cíchero; Lucena y Seijas; González y Arango; Martínez y Rondón. El dispositivo táctico parecía ser un 1-4-2-2-2, con Seijas acompañando a Lucena en la zona central de volantes para darle una mejor y más rápida salida al balón cuando este volviese a los pies vinotinto, y un Josef Martínez retrasando un poco su posición para que los delanteros no estuviesen tan alejados de la acción. La lesión de Cíchero no fue un condicionante mayor como muchos quieren señalar, ya que el equipo chileno ocupó ambas bandas de la defensa venezolana cuando así lo dispuso.

    – Cuatro días después, ante Perú, César Farías dispuso del siguiente equipo: Hernández; A. González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Rincón; C. González, Orozco y Arango; Martínez y Rondón. El dibujo táctico, 1-4-1-3-2 invitaba al ser optimismo, ya que además de contar con dos laterales de mucha proyección (Rosales y A. González), el equipo sumaba a Yohandry Orozco para que fuese más un socio de Arango y César González antes que un acompañante de Rincón, es decir, cambiaba la propuesta y la intención si se compara con lo ideado ante Chile.

    – Señalados los cambios de jugadores y de dispositivo táctico entre partido y partido, es conveniente afirmar que la mayor modificación fue en el aspecto geográfico, o mejor dicho, donde nacía el juego vinotinto.

    – Con la excepción del encuentro ante Paraguay, Venezuela no ha tenido a la posesión de la pelota como una de sus armas. Por el contrario, ha sido una característica innegable de este equipo que cada vez que recuperaba la pelota, intentaba llegar de la manera más «rápida y sencilla» al arco contrario. Debo en este momento expresar mi rechazo por esa afirmación, no ya por los pobres números ofensivos del equipo en esta eliminatoria (13 goles en 15 partidos) sino porque semejante aseveración no reconoce la existencia de un rival que hará todo lo posible por evitar el avance criollo. En fin, el camino más rápido hacia el arco contrario no es el pelotazo sino aquel que ofrecen las variantes del juego bien jugado.

    – Ese estilo de juego vinotinto – que aún nos mantiene con algo de vida – nos obliga a entender de geografía. La selección ha hecho de defenderse cerca de su propia área un hábito, por lo que, por ejemplo, contar con laterales como Rosales y Alexander debe ser comprendido no sólo por las características  de estos futbolistas sino por los largos trechos que deben recorrer para sumarse a la respuesta ofensiva del equipo, ya que no es lo mismo partir desde su propia área que hacerlo desde el centro del campo. Identificar donde se defiende un equipo nos permitirá conocer cómo será su ataque.

    – Ante Chile, Venezuela no tuvo opciones reales de abandonar su zona defensiva. Mientras el rival nos empujaba contra el arco de Hernández, el equipo, en la confusión que lo caracterizó, recordó esa vieja sensación de comodidad que significa defenderse cerca de su propia área. Soy de los que cree que no hay nada más dañino para el espíritu humano que encontrar una zona de confort en medio de la batalla, ya que la búsqueda de soluciones carecerá de ese componente anímico que sólo la cercanía al precipicio ofrece.

    – Reitero un concepto ya explicado en este espacio: defender como lo hace la Vinotinto tiene como principal consecuencia que para agredir al rival hay que recorrer una mayor distancia, y por ello aumentan las posibilidades del error y de la recuperación del contrario. Revisen el partido ante los chilenos para entender mejor esto que trato de aclarar.

    – Frente a la selección peruana, el equipo se ubicó 15 o 20 metros más arriba en el campo de juego, lo que supuso que Alexander González y Roberto Rosales estuviesen más protegidos y fueran los exponentes de ese cambio. Ambos laterales, sobre todo Rosales, recorrieron un camino que comenzaba en el medio del campo y terminaba en la línea de meta rival, con la tranquilidad de que el auxilio de sus compañeros era una realidad, no por los tan mentados y poco comprendidos relevos, sino porque la selección venezolana actuaba como un bloque corto y solidario y por ello, los jugadores siempre estaban cerca de la finalización de cualquier maniobra. Repito, fue un equipo corto y solidario.

    – Otros nombres claves en esta transformación fueron Oswaldo Vizcarrondo y Tomás Rincón. El primero comandó el movimiento del bloque y sentó la base desde donde iba a partir el equipo, además de haber tenido un encuentro para que lo guarde y se lo muestre con orgullo a sus hijos. Rincón, por otro lado, se decicó a lo que mejor sabe: jugar al fútbol. Ordenó al equipo, cortó avances rivales, y nunca perdió de vista que el objetivo del fútbol es hacer más goles que el contrario. Demostró que puede adueñarse del centro del campo y que con dos laterales a su misma altura, no necesita de un acompañante defensivo.

    – A este cuerpo técnico le gusta hablar de números para explicar el juego. Yo rehuyo de quienes creen que las matemáticas pueden esclarecer las dudas que caracterizan a esta actividad, pero en este caso sigamos a la corriente oficial para que seguir encontrando argumentos que justifiquen este artículo y se entienda que desde la conquista de territorios mucho puede cambiar. Para ello utilizaré los números que ofrece la web de Conmebol http://conmebol.com/es/content/la-eliminatoria-al-dia

    – Ante Chile, la Vinotinto disparó 3 veces fuera del arco chileno y una al arco defendido por Bravo para 0 goles, mientras que los chilenos convirtieron 3 goles, dispararon 7 veces a la puerta criolla y generaron 3 disparos fuera del arco. Frente a Perú, con el cambio geográfico, los criollos anotaron 3 goles, dispararon 5 balones a la puerta de los peruanos, uno al poste y 12 fuera y, para aquellos que desean siempre hablar de equilibrio y demás frases hechas, la Vinotinto, bajo la idea de hacer vida en territorio contrario, con centrales ubicados en el centro del campo y un sólo volante de contención, sufrió dos goles (errores individuales e inexplicables de Amorebieta el primero y Rondón el segundo), permitió un disparo al arco y 4 fuera del arco.

    – Me afinco en el último párrafo ya que hay quienes señalan que el equipo venezolano no tuvo equilibrio y fue un conjunto que jugó con fuego. No se que entienden por equilibrio, pero en este juego mientras ataco defiendo y mientras defiendo ataco. Esa es la única armonía que conozco en el fútbol y quedó patentada en ese último juego de la selección. Los dos goles en contra no son señales de desequilibrio; simplemente dejan en evidencia la falta de actividad de Amorebieta y una distracción de Rondón.

    – La cantidad de disparos y ocasiones de gol en un partido son hijos de los espacios conquistados. Mientras más cerca del arco rival se ubique el bloque, más próximo del área contraria se recuperará la pelota y como resultado serán mayores las oportunidades de gol.

    – Ante Chile falló el plan y no hubo reación por parte de la conducción, mientras que ante los peruanos se decidió atacar la defensa rival en su zona. Hoy se habla de Bielsa, de la continuidad de Farías o de cualquier cosa que esconda los errores cometidos en otros partidos que se planificaron con demasiada prudencia. Si se me permite deseo hacer una reflexión: no importa si sigue Farías, llega Bielsa o vuelve Páez, lo que realmente nos acercará a la meta es un largo proceso de reflexión en el que se consideren los matices de este proceso, se perfeccione lo positivo y se corrijan los aspectos negativos. Cambiar por cambiar no sirve de mucho, así como tampoco ayudará darle continuidad a este proceso por el simple hecho de potenciar relaciones extra juego.

  • El infierno somos todos

    – Mi admirada amiga, la psicóloga española Rosa Coba (@RosaCoba), me sugería hace un par de días leer «Apuerta cerrada», una magnífica obra de Jean Paul Sartre. Su consejo venía influenciado por mi fascinación manifiesta por la serie de T.V. House MD y un capítulo de su tercera temporada llamado «One day, one room«, que en castellano sería algo así como «un día, un cuarto».

    – Confieso que me devoré la pieza de Sartre en una sentada, y me volvió a quedar claro – por optimista a veces olvido ciertas verdades – que el infierno somos nosotros. Los seres humanos somos capaces de las más grandes atrocidades con tal de satisfacer nuestro ego, pero la vida tiene sus maneras de colocarnos nuevamente en nuestro sitio y por ello es que presenciamos explosiones como las que venimos viviendo en el fútbol venezolano desde la derrota ante Chile.

    – El ciclo de César Farías al mando de la Vinotinto ha llegado a un punto de no retorno. Lo más sensato sería entender que ya no vale la pena dirigirse a los medios ni alargar la agonía sino tratar de terminar el camino de la mejor manera posible, esto es, con una victoria ante Paraguay. Claro que lo ideal sería que se produjese el milagro de la clasificación al Mundial, pero me temo que en estos momentos eso sólo contribuiría a idiotizar aún más a un país futbolero que parece no recordar tiempos mejores.

    – Hoy, ante Perú, el equipo de Farías – o Farías mismo, como usted desee – dio una muestra de aquello que pudimos ser y no fuimos. El resultado final no hace justicia al juego del equipo y Perú seguramente abandona nuestro país con una pequeña sonrisa sabiendo que su retorno a casa pudo haber sido con un saco de goles. Venezuela jugó a lo que siempre ha sido capaz pero que la conducción Farías, por su naturaleza conservadora, nunca quiso confirmar.

    – Venezuela se plantó en el medio del campo y ahí nacieron todas las ideas criollas. Oswaldo Vizcarrondo tuvo la mejor noche de su carrera y a partir de su solidez el equipo supo entender que la victoria se podía conseguir una vez conquistado el campo rival. Fue tan soberbio lo del central del Nantes que ni siquiera los errores de Amorebieta parecieron desconcentrarlo. No regaló nunca el balón, supo salir de su zona de confort para iniciar el movimiento del bloque colectivo y tuvo el detalle de ir hacia adelante, con pelota dominada, para forzar un disparo en una clara muestra de su categoría como jugador de fútbol.

    – Me gustaría poder ser claro con la siguiente afirmación: Venezuela no fue un equipo que asfixió a Perú, es decir, no tuvo, por ejemplo, movimientos de presión como sí los demostró en otras ocasiones. Lo que sí hizo el equipo vinotinto fue continuar el desplazamiento que proponía Vizcarrondo desde el fondo, y por ello, el conjunto venezolano jugó la mayor parte del partido en campo contrario. Colocar a diez jugadores en ese espacio «reducido» permite que el rival no encuentre nunca un pase claro, y eso hicieron los venezolanos hoy: se adueñaron de unos espacios que Perú asumió suyos y cuando quiso defenderlos, ya no le pertenecían.

    – La evolución táctica del combinado nacional la ejemplifica Roberto Rosales. El lateral izquierdo fue ancho y profundo como siempre lo ha sido, pero en este caso, sus carreras nacieron en el medio del campo, por lo que su desgaste físico era menor y además, estando tan arriba, condicionó las intenciones peruanas. Marcó y atacó a la misma vez, es decir, jugó al fútbol.

    – El gol del empate, obra de ese goleador extraordinario llamado José Salomón Rondón es otra de las muestras del atrevimiento criollo. En la mayoría de los partidos de este premundial, el ariete del fútbol ruso tuvo que forjarse su propio camino al gol, con la dificultad de tener que enfrentar por sí sólo a cuantos defensores dejara el rival. Hoy, con el cambio de modelo, Rondón recibió la pelota y a su lado habían tres satélites vinotinto, acompañando, estorbando a la defensa peruana y despejando el camino para que Salomón no tuviese tantas alcabalas que pasar. El equipo como bloque que conquistó los espacios contrarios.

    – Repasemos la alineación criolla: Dani Hernández; Alexander González, Oswaldo Vizcarrondo, Fernando Amorebieta y Roberto Rosales; Tomás Rincón; César González, Yohandry Orozco y Juan Arango; Josef Martínez y Salomón Rondon. Dice Juanma Lillo que «hay que saber de jugadores para saber algo de fútbol, pero siempre admitiendo que no sabemos nada, que ya es mucho saber«. Ahora bien, con esos nombres, si la indicación es aguantar, sin duda estaremos perdiendo las cualidades de estos futbolistas, pero si en cambio, como sucedió hoy, se diseña una estrategia para jugar según los intérpretes, el buen juego hará mayores las probabilidades de acercarnos a la victoria, que al fin y al cabo, es la meta de cualquier competidor.

    – ¿ Jugando de esta manera hubiésemos clasificado al mundial? Esa interrogante no tiene respuesta cierta, pero vuelvo a recordar que para ganar sostenidamente en este deporte el mejor camino es aquel que nace a partir del buen juego. Entiéndase ese concepto de «buen juego» a aquellas maneras de encarar este deporte que respeten la escencia del mismo, lo que se traduce en que no hay facetas sino una continuidad: se defiende atacando y se ataca defendiendo. Para citarlo a Lillo de nuevo, el fútbol es «una unidad indivisible, no hay momento defensivo sin momento ofensivo. Ambos constituyen una unidad funcional«.

    – Eso fue la selección en la noche de Puerto La Cruz, un organismo que supo nacer, vivir y morir como tal. Y en su existencia, superar los diferentes obstáculos que se le presentaron, sin desmayar ante la adversidad que significó el primer gol peruano.

    – Volvamos a Farías y esa capacidad para dividir y enfrentar que tanto le ha caracterizado. Hoy protagonizó un nuevo escándalo que no vale la pena analizar por sí sólo, sino que debemos esperar que sea uno de los últimos que nos toque presenciar. Este fútbol necesita urgentemente un cambio de actitud para que la selección vuelva a ser el punto de encuentro y cordialidad que antes fue. La estrategia de identificar grupos de amigos y enemigos del proceso debe ser desterrada, así como la mediocridad de quienes patrocinaron ese discurso. Este fútbol se merece gente que quiera trabajar por él y que fomente un espacio para el debate de ideas. Si para ello es necesario que Farías, Esquivel y toda la FVF abandonen sus cargos, pues que así sea. Ya no basta con pelear, hay que crecer de una vez y dejar de lado ese infierno en que nos hemos convertido, amparado en la dañina aceptación de que para llegar al mundial valía todo.

  • Aspirinas para la resaca chilena

    – Pedirle soluciones a la prensa es inútil, no es la labor primordial de esa profesión que en cambio sí debe convertirse en la voz de quienes no tienen voz. Pero en este caso, el pedido y la solución no están en casas diferentes, por lo que trataré de soñar con algunas respuestas que nos ayuden el martes ante Perú.

    – No creo que haya que modificar muchos nombres. Salvo la aparición de Tomás Rincón y Alexander González como titulares, el equipo debe ser el mismo. Las mejoras deben nacer de un cambio en la concepción del juego.

    – Para ello es necesario recordar aquella máxima de este deporte y de cualquier otro: el triunfo se consigue a partir de la toma de riesgos. En este caso, analicemos lo que eso significa y cómo puede llevarse a cabo por parte de la selección.

    – La toma de riesgos es una conducta que está asociada a salir de la zona de confort. Con ella se entiende que para lograr el objetivo se deben propiciar comportamientos alejados de la cotidianidad, es decir, salirse del libreto. La Vinotinto tiene los jugadores necesarios para llevar a cabo esa «evolución» tan necesaria para comprar algo de oxígeno el martes a la noche, pero para que esas variantes existan, estas deben nacer del colectivo y de su convencimiento, de lo contrario, si son impuestas sin mayor reflexión, estas maniobras correrán el riesgo de convertirse en patadas de ahogado.

    – ¿Cuales pueden ser algunas de esas modificaciones? Comencemos por la ubicación en el campo de juego. Hay quienes me han señalado que los protagonistas de la victoria ante Paraguay fueron básicamente los mismos jugadores que el viernes cayeron ante Chile, y por ello es que hago énfasis en la intención y la ocupación de otro espacio geográfico distinto al habitual. Esta selección ha sabido presionar cerca de su propia área para así generar contragolpes intensos, pero lo que se sugiere es que mantenga esa misma intensidad  veinte metros más arriba; que el bloque se traslade al medio del campo, para que una vez recuperado el balón los jugadores vinotinto estén más cerca del arco rival. Claro que esa conducta se puede realizar mucho más arriba, sería lo ideal, pero ello nos acercaría más a la utopía que a la realidad.

    – Pensemos en un equipo corto, con poca distancia entre sus líneas, con los laterales a esa altura que les señalo, jugando – defendiendo y atacando – con la posibilidad de convertirse en opción de pase y desborde. Imaginemos a Arango y a Maestrico con la pelota, levantando la cabeza para elegir socios en vez de tener que conformarse con quien aparezca. Y por consecuencia, a Josef Martínez y a Salomon Rondón moviendose, generando espacios para que estos sean aprovechados por ellos mismos o por sus compañeros, aumentando las probabilidades de pisar el área rival con contundencia.

    – No hablo de goles sino de ocasiones. Decía Marcelo Bielsa que lo que se puede entrenar es justamente la construcción de posibilidades, que la efectividad está más emparentada a cuestiones innatas del futbolista mismo. Entonces, revisando los partidos vinotinto, lo que debe hacer la selección es justamente lo que plantea Bielsa: producir acciones ofensivas.

    Ahí está, esto puede ser parte de la solución o simplemente convertirse en palabras que se lleve el viento. Eso sí, como no trabajo en «agencias de publicidad» ni veo el futuro, le pido que entienda que lo mío pasa por el juego y no por el pronóstico. No tengo la verdad absoluta, pero si creo, a diferencia del señor de la gorra y sus insultos, que todos podemos aportar soluciones.

  • Paquete chileno

    – Diego Simeone le dio de comer al hambre cuando dijo aquella estupidez de que a su equipo no le hacia falta la pelota, que no le interesaba en lo más mínimo la posesión, cuando lo que ha debido explicar es que no se trata del tiempo que se tenga el balón sino de lo que se intente cuando se posea y de cómo se ataque al rival cuando aquel sea dueño de la pelota.

    – Hoy, como es costumbre en esta eliminatoria, Venezuela no manejó nunca la titularidad de la herramienta de trabajo sino que se dedicó a correr detrás de ellá y de unos jugadores chilenos que siempre se movieron. Cuando la Vinotinto se dió cuenta de que para atacar hay que contar con el balón ya estaba abajo dos goles por cero.

    – Digo que los chilenos tuvieron dinámica, pero que se entienda que nunca pretendieron correr más que la pelota, en todo caso la hacían correr hacia donde ellos quisieron. Pero esto, que es una verdad más vieja que el viento, seguirá siendo ignorado por quienes memorizan estadísticas que dicen poco o nada del juego.

    – Me decía un amigo: «si llevamos 6 años jugando al pelotazo así vamos a jugar este partido». Para el recuerdo de unos pocos quedarán las declaraciones aquellas que prometían cambios e innovaciones que hoy no se mostraron, porque el espejismo que significó el inicio del segundo tiempo fue sólo eso, una imagen contaminada por la ventaja rival.

    – No sé si se perdió el boleto al mundial ni pretendo convertir esta crónica en un desfile de posibilidades. Para quien escribe, el futuro es incierto y a eso le sumo que el fútbol es territorio fértil para las hazañas; lo que si sé es que mucho tendrá que cambiar para que el martes, ante Perú, el equipo parezca justamente un equipo y no un colectivo de jugadores a la deriva.

    – Hoy Chile tuvo a un Alexis Sánchez en plan Messi; no se limitó a la banda sino que participó de los circuitos ofensivos de su equipo sin reparar en la zona del campo que le tocara ocupar. Pero en su equipo juega un futbolista que ha madurado hasta el punto de convertirse en el más sólido jugador del continente: Arturo Vidal.

    – Aviso a los mentirosos, repetidores y  controladores: todo el mundo sabe a qué juega Vidal, pero pocos han podido detenerlo. ¿Saben por qué? Porque el juego tiene mucho de imprevisto, y mientras el controlador de turno se empeña en modificar el pasado con un par de gritos, el futbolista resuelve y decide, inspirado en su talento y protegido por el modelo de juego, pero es él quien tiene la capacidad de influir directa e inmediatamente.

    – Puede que Sánchez y Vidal hayan sido los picos más resaltantes de Chile hoy, pero si queremos entender en qué falló nuestra selección en la noche de Santiago sería bueno repasar las conductas del equipo chileno, esas que imposibilitaron cualquier sociedad venezolana a la misma vez que atacaban. Es algo que aún no se comprende por estos lados: el juego es uno sólo; no se defiende o se ataca, se juega al fútbol. Sampaoli lo dejó claro en la rueda de prensa previa al partido cuando dijo que: «vamos a defender en relación como nos ataquen. Dependiendo de eso definiremos nuestro sistema«. Chile no se sintió nunca atacado y propuso que el partido se jugara en dónde más le convenía. Así fue durante 45 minutos.

    – Muchos cuestionan la actuación individual de algunos jugadores vinotinto en el juego de hoy, sin reparar quizás en que el problema va mucho más allá y tiene que ver con la ausencia de respuestas desde el banco de suplentes. La entrada de Agnel Flores debe haber sido tan desconcertante para los futbolistas como para quienes observamos el partido.

    – El gol de Salomón Rondón está mal anulado, no hay duda, pero no perdimos por ello. Más bien deberíamos preguntarnos cosas como ¿a qué se jugó? o ¿cuáles fueron las innovaciones? Porque si vamos a recargar la tinta en el desastre que es Conmebol debemos recordar que el presidente de la FVF disfruta cuando hipnotiza, cual encantador de serpientes, a sus rivales, sacando chapa por unos supuestos contactos en el ente continental. No por viejo se es más fuerte o más influyente.

    – Pregúntese además, mi estimado lector, de qué sirve tener dos laterales con capacidad de proyección y a un volante como Luis Manuel Seijas en el centro del campo si ante cualquier duda volveremos al pelotazo de siempre; o si usted prefiere, deliberemos acerca de lo que significa tener a dos jugadores talentosísimos como Arango y González y no fomentar una sociedad entre ellos y sus compañeros. Eso, y no el horror arbitral, son ejemplos que nos deben llamar a una seria reflexión: ¿a qué juega Venezuela?

    – Una pista: Venezuela debería jugar a lo que las cualidades de los jugadores y su capacidad de asociación con sus compañeros determinen. Pero no es así y esta terquedad se paga caro. Quien sabe si se llegue al mundial, ojalá, pero reitero, el tiempo por venir es incierto y lo que nos queda es pensar en el encuentro frente a Perú el próximo martes para intentar comprar un poco de oxígeno.

    – Siempre quedará la sensación de que en aquella noche en Asunción, Paraguay, dimos una muestra de lo que pudimos ser y nunca fuimos…

  • La posibilidad de una isla Vinotinto

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    El camino se ha hecho largo e insoportable. El tiempo entre el partido vs Uruguay y el de este viernes en Santiago tuvo todo el peso que caracteriza a la eternidad.

    Chile es el primer rival. El viernes la selección juega su partido más importante y lo hará ante un oponente que también lleva consigo una fuerte carga de ansiedad. Saben los chilenos que una victoria los clasificaría a Brasil, y a diferencia de lo ocurrido hace cuatro años – Chile 2 Venezuela 2 – quieren hacer la tarea ante su gente. Esa meta, esa ambición genera ansiedad y con ella pueden aparecer los errores australes; la Vinotinto vivirá un partido como nunca en el que la pifia del rival puede ser combustible para el futuro.

    Para los criollos es vital entender de espacios y saber manipular sus reacciones. Del espacio hablé con anterioridad pidiendo permiso a Martin Heidegger, pero bien vale recuperar algo de lo señalado en aquel texto, sólo para entender que no es tan importante la cantidad de delanteros que coloque Farías sino la habilidad para ocupar y explotar los espacios que libere el contrario:

    – El fútbol, para ser fútbol, debe ser la búsqueda de espacios para ocuparlos, explotarlos o, simplemente, simular su invasión para luego tomar posesion de otros espacios que aparezcan como consecuencia de la ficción antes mencionada.

    – La aparición de un espacio o su descubrimiento produce muchas sensaciones, entre las que están la angustia y la curiosidad. Quiero pensar que quien se defiende por amontonamiento de jugadores y no tiene mayor plan para someter al rival, considera que un espacio no ocupado es sinónimo de ansiedad y miedo. Es posible que el jugador/equipo dude entre ir en búsqueda del contrario o hacerse de la titularidad de ese espacio inhabitado. Es ahí, en ese momento de vacilación, que, posicionalmente hablando, el adverario le gane la batalla.

    – Hay jugadores y/o equipos de fútbol que han desarrollado una exitosa carrera basados en “espacear“, concepto definido por Heidegger como la ocupación “de los lugares de los que los Dioses han huído”. El Real Madrid de Mourinho o el Barcelona de Guardiola son dos claros ejemplos de ello.

    – Para algunos, un espacio es una porción de terreno suceptible de ser ocupado por uno o varios jugadores. Identifico en esa afirmación un par de inquietudes: ¿acaso el futbolista en posesión de la pelota está en capacidad de decidir que se ocupe tal o cual espacio? En caso de hacerlo, ¿lo hace influenciado por la falsa certeza de que su intención es entendida y aceptada por sus compañeros (llamemos a estas conductas automatismos) o necesita de una mirada o gesto cómplice (un segundo de más, llamémoslo pausa) para sugerir la conquista de ese lugar? No son minúsculas estas sospechas porque en mi opinión, el juego del fútbol tiene tanto de consciente como de inconsciente, entendido esto último como una conducta irreflexiva, es decir, que es más del instinto que de la planificación.

    – Si debo jugármela y ofrecer un concepto, diría que en el fútbol, el espacio vendría a ser algo así como la unión entre voluntad y posibilidad. El jugador puede y debe reconocer cuándo y cómo se invade una determinada zona (físicamente o mediante un pase) porque idealmente ese espacio es producto de una dinámica (colectiva e individual). Para tener una dimensión correcta de la validez de la ocupación de ese terreno baldío (disponible para la construcción y ejecución de obras), hay que entender el tiempo y las formas de su conquista.

    – ¿Cómo se puede convertir en realidad lo que trato de explicar? No hay otra manera de hacerlo que entrenando, comprendiendo un modelo de juego y asumiendo el principio que explica el “Efecto mariposa“: una mínima variación en un extremo del terreno de juego puede significar un terremoto futbolístico en el otro límite.

    – Vale la pena plantearnos si el espacio es tal a pesar de su “vacío” o, si por el contrario, su existencia es condicional a su ocupación o descubrimiento. Leyendo a Heidegger, me queda la certeza de que la existencia no se discute, lo que si debe considerarse es la cualidad de algunos jugadores de ver más allá de lo normal; la rapidez mental para imaginar secuencias y jugadadas que generen, posteriormente, un caos que sólo ellos pueden entender. Por eso hacía referencia a las sensaciones que acompañan al descubrimiento de un espacio.

    – En el fútbol se miente y mucho. Si las dimensiones del terreno de juego son básicamente las mismas, y si en ese campo once jugadores se enfrentan a otros once jugadores, ¿cómo es que hoy en día no hay espacios para jugar? Espacios hay y siempre habrán, pero la aparición de esos terrenos está condicionada a lo que se llama “dinámica”, es decir, a los movimientos, acelerados y/o pausados, que definen a un equipo de fútbol.

    – ¿Qué trae consigo el descubrimiento de un espacio? Incertidumbre. De la ocupación de esos espacios nacen mil formas de continuidad, por ende, ese espacio es un canto al optimismo y a la creatividad.

    Ahora bien, de las posibles reacciones se ocupan el cerebro y las emociones. Se necesita una máxima concentración para que estas conductas, que se caracterizan por ser respuestas a estímulos provocados por otros, puedan ser aprovechadas por el colectivo en vez de que se desperdicien a causa de algún arrebato innecesario de individualismo. Cada actuación vinotinto, cada réplica debe ser entendida como una verdadera posibilidad para un futuro menos incierto. Debo citar al filósofo español José Antonio Marina para darle un poco de luz a esto que planteo: «los sentimientos son punto de llegada y punto de partida. Resultan de la acción pasada y preparan la acción futura. Los sentimientos inician una nueva tendencia. Disponen para la acción o para la inacción, que es también un modo de comportarse«. Los criollos entonces deben mantener en mente, durante todo el partido, que sus acciones no serán comportamientos aislados sino parte de una continuidad: defender correctamente se traducirá en ataques similares, y atacar bien servirá para defender de la misma manera. Continuidad.

    No creo que Chile sea un equipo menos dinámico – discurso oficial que ahora será repetido por los repetidores como palabra santa sin previo análisis – pero en todo caso, y revisada su más reciente actuación, a la Roja hay que atacarla a partir de la recuperación de la pelota, faceta en donde serán muy importantes las apariciones de Juan Arango y César González, no sólo porque son quienes pueden enviar un pase certero que inicie la ocupación de espacios en ofensiva, sino que ellos poseen la inteligencia para tomar decisiones tan trascendentales como cuándo salir en largo o cuándo hacerlo en corto. Teniendo en cuenta esto último y sumando que es muy probable que el rival intente empujar a los criollos hacia su propia área, la posibilidad de una pareja de volantes centrales integrada por Lucena y Seijas no es descabellada, a pesar de la mala presentación del primero ante Bolivia.

    Pero es hora de volver a la idea que propone este texto: dónde, cómo y cuándo hacerle daño a Chile.

    No hay respuesta que se traduzca en verdad absoluta porque cada partido es una vida distinta: incontrolable desde el análisis previo, por lo que debe vivirse e ir mutando según se recorra, pero hay señales, o mejor dicho, en la hoja de ruta aparecen muestras que pueden definir las tres preguntas vitales: dónde, cuándo y cómo.

    Chile atacará porque es su esencia, es decir, son las cualidades y el espíritu de sus jugadores. Venezuela debe marcar y reaccionar, para ello, y sumado a lo que explicaba de Arango y González, se hace obligatoria la presencia de Josef Martínez acompañando a Salomón Rondón en el ataque venezolano. Es una frase sencilla si se analiza unicamente desde la actualidad goleadora del ex Caracas, pero en este caso me interesa aún más su capacidad para arrancar, detenerse, cambiar el rumbo y decidir, características que hoy lo convierten en un jugador fundamental. Hay que sumar además que el jugador del Thun habla el mismo lenguaje que sus «habilitadores» – Arango, Seijas, González -, lo que posibilita una rápida construcción de sociedades por la facilidad de comunicarse a través de un verbo en común.

    La recuperación del balón ouede que suceda, en la mayoría de los escenarios, a escasos metros del área venezolana, y es ahí, con la complejidad que significa tener al enemigo cerca, cuando hay que decidir hacia dónde ir. Por ello son tan importantes estos jugadores que mencione, porque pueden sortear esos obstáculos y con su inteligencia contagiar calma a sus otros compañeros en una noche que promete ser una montaña rusa emocional.

    Una isla. Primero hay que conquistar ese territorio en medio del mar para luego sí soñar con la defensa de ese territorio el próximo martes ante la invasión peruana.

  • Contraataque en código blaugrana

    Segundo gol del Barcelona ante el Valencia. Presiona Busquets con la ayuda «presencial» de Iniesta. Recuperación y contragolpe blaugrana. No leyó mal mi estimado lector: contragolpe blaugrana.

    Hay situaciones que parecen invocar al «Eje del mal«. Una de ellas es que un equipo provoque un contraataque, o contragolpe, como usted lo prefiera, cuando lo que deberíamos revisar es el porqué se produce esa reacción ofensiva y si quien la ejecuta la ha ocasionado, lo cual nos llevaría a una reflexión aún mayor que abarcaría adentrarnos en el modelo de juego. No nos olvidemos que en toda conducta hay algo de intencionalidad y también algo de espontaneidad, pero en el caso que nos ocupa, es harto conocido que el club catalán promueve una cantidad de comportamientos (presión, concentración, solidaridad, etc.) que buscan justamente generar desorientación en el rival para armar un contragolpe.

    Todo dependerá – alejándome ya del Barcelona y haciendo más global la afirmación – del lugar en donde se defienda, o mejor dicho, la zona en que se ataque al rival. Si mi equipo prefiere resguardarse cerca de su propia área, la reacción ofensiva tendrá mayores obstáculos en su camino por convertirse en sutuación de peligro por la longitud que debe recorrer el «ladrón del balón» para llegar al arco rival. Pero si por el contrario se apuesta a conquistar el terreno enemigo y no entregar la tierra ocupada, la presión organizada permitirá, una vez recuperada la pelota, estar más cerca de la meta: el gol.

    Contraatacar es una reacción, una de las tantas conductas que componen la complejidad del fútbol. Un equipo que diga que se dedicará a jugar solamente al contragolpe ignora las mil variantes de este deporte y se aproxima a su propio fracaso.

    En fin, estas dos fotografías del segundo gol del Barcelona hablan por si solas…

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  • La presión como excusa

    Es moderno hablar de la presión como característica definitoria del buen fútbol, sin que se ahonde en cuestiones tan sencillas como dónde y cuándo se debe poner en marcha esta estrategia, que al fin y al cabo es un hábito entre los muchos que caracterizan a un equipo.

    Presionar es un comportamiento colectivo que tiene como finalidad atacar al rival. Se agrede al enemigo para que este pierda la pelota ya que ante semejante acoso no dispondrá del tiempo y el espacio para tomar la mejor decisión. Se realiza también con la intención de apurar las respuestas y producir un estado de ansiedad que derive en errores del adversario.

    Vale aclarar que esta conducta puede llevarse a cabo en cualquier lugar del campo, a pesar de que en estos tiempos de «copiar y pegar» pareciera que, según el discurso del experto de turno, sólo tiene validez la presión alta, aquella que supone ir a buscar al contrario cuando éste se dispone a salir de su zona defensiva con el balón dominado.

    El Real Madrid de Mourinho supo cumplir esta tarea de persecución en distintas demarcaciones, dependiendo de la estrategia que demandara el adversario. Hubo ocasiones en que supo ir arriba; algunas en las que presionó en el medio del campo y otras en donde la persecución se ejercía cerca de su propia área, caso en el que se le acusaba de contragolpeador como si aprovechar esa faceta del juego fuese ilegal.

    Ahora bien, este comportamiento necesita que todos y cada uno de los jugadores se impliquen en él, ya que si los centrales, por ejemplo, ceden al miedo y prefieren resguardarse cerca de su propia área cuando su equipo aplica la presión alta, el rival encontrará espacios para retar a esos defensores sin que estos cuenten con el amparo de sus compañeros, es decir, quedarán mano a mano. Ante Bolivia, la Vinotinto mostró justamente esta vertiente en la que algunos iban en búsqueda del oponente mientras que otros jugadores preferían mantener los espacios conquistados.

    Gerardo Martino, entrenador del Barcelona, explicaba en una entrevista que “si presionamos bien corremos menos”. Es decir, no se trata de cuánto sino de cómo se corre, y es el modelo de juego el que determinará dónde, cómo y cuándo utilizar esa estrategia.

    Escribía Antonio Porchia, poeta italo argentino, en su libro Voces que “el universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre”. Cualquier táctica dependerá de sus intérpretes, claro está, pero también del rival y de sus debilidades a explotar. Eso es el juego, aprovechar los momentos según lo que el partido ofrezca.

    Columna publicada en el diario Líder el 29 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/La-presion-como-excusa.aspx

  • Vinotinto: postales para la excursión en Chile

    El viernes 06 de septiembre la Vinotinto jugará su primera final en la ruta hacia el Mundial de Brasil 2.014. Es cierto que en este largo e inexplicable camino que son las eliminatorias sudamericanas – no me refiero a la cantidad de partidos sino a las dilatadas pausas entre fecha y fecha – cada encuentro debe jugarse como eso, como una final, pero si tenemos en cuenta que a la selección nacional apenas le restan tres enfrentamientos es entonces cuando se puede concluir, de manera poco original, que es ahora o nunca.

    La primera parada es en Santiago ante una selección chilena que supo modificar su hoja de ruta, desechando los cambios bruscos que pretendía la conducción de Claudio Borghi para así volver a las raíces que dejó el proceso Bielsa. Jorge Sampaoli ha encontrado un equipo con algo más de experiencia y con una variante que puede ser significativa: la presencia de Angelo Henríquez, un muy joven delantero, ficha del Manchester United, que a pesar de su inexperiencia, le ofrece a su selección una dinámica que «Chupete» no tiene. Es atrevido pensar en una selección chilena con Suazo en el banco pero Sampaoli no descarta ningún tipo de variantes, prueba de ello es el retorno a la selección de Jorge Valdivia y David Pizarro.

    En su última presentación, el equipo austral goleó seis goles por cero a un inocente Irak. La idea de esta entrega es mostrar algunas conductas de esa versión chilena, no sin antes recordar que Venezuela no es Irak, y que además, a pesar de lo que muchos creen, un partido amistoso, jugado hace ya casi tres semanas, poco puede influir en lo que será el encuentro oficial en Santiago. Con ello pretendo darle mucha importancia al momento de los jugadores, a las emociones y nervios que genera un partido como este en el que se puede definir el destino de Chile (si gana estará casi clasificado al mundial) o la supervivencia de la Vinotinto (una derrota nos condena mientras que un resultado positivo sería oxígeno para el próximo enfrentamiento ante Perú en Puerto La Cruz).

    En fin, son fotografías para tener una referencia, recordando que el fútbol, al igual que la vida, tiene millones de conductas que se alejan de la linealidad para convertirse en imprevistos.

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  • Cada momento es único; cada respuesta también

    Hay gente que desea saber como son los demás, pero cuando encuentran la puerta que los guíe hacia esa aventura, acceden condicionados por sus propios prejuicios. Luego, ante lo que les parece incómodo deciden abandonar el trayecto y no cumplen con la meta inicial: conocer. Eso sí, expresan juicios sin reparar en que no concluyeron el trayecto.

    Nos pasa lo mismo con el juego. Un equipo tendrá señales que lo identifiquen y otras que irán cambiando, mutando, evolucionando. No hay forma ni manera de que un equipo se comporte hoy igual que hace tres días o que las reacciones de sus jugadores, ante situaciones aparentemente similares, sean idénticas.

    Reitero, hay movimientos, conductas que definen a un colectivo, como por ejemplo la intensión de someter al rival a partir de una presión alta, pero esta no necesariamente producirá los mismos resultados ni siquiera en el mismo partido. Al minuto de juego puedo sorprender al lateral derecho rival porque no esperaba que lo fuesen a apretar tan cerca de su arco y como consecuencia de ello, perderá la pelota rápidamente, pero en la segunda ocasión en la que se enfrente a un escenario similar, ese jugador actuará o intentará responder de una forma distinta, por lo que el resultado de esa presión puede variar, o ser el mismo, pero en otra zona de la cancha. Lo dicho, cada conducta tendrá sus características propias y generará respuestas individuales y colectivas únicas, acorde al momento.

    El ser humano aprende o debería hacerlo a través de las experiencias, que no son sino las consecuencias de actos anteriores, entonces, si tomamos en cuenta esto, no sólo el resultado de la presión puede ser otro, sino que quizá esa conducta de atacar la defensa rival deba hacerse de distintas maneras y en otras zonas del campo.

    Nos empeñamos en querer trasladar la vida a los terrenos en los que nos sentimos cómodos, sin reparar en que ese aburguesamiento no es el aliado idóneo para llevar a cabo una reflexión; las cosas son como son y no como deseamos que sean. Siendo protagonistas podemos influir, pero cuando observamos manifestaciones extrañas, ajenas a nuestra ascendencia,  debemos hacer justamente eso, observar para aprehender y meditar desde un estadio de aceptación y no de reubicación según nuestra propia conveniencia.

    Todo, hasta la más perfecta calma, viene acompañada de enormes manifestaciones, cambios si así lo queremos llamar. De nosotros depende aceptar esa realidad o, en caso contrario, vivir dentro de burbujas de jabón que van sumando altura para que cuando revienten, nuestra caída sea aún más dolorosa.

    Disfrutemos el viaje…