Categoría: Fútbol

  • Surfear la turbulencia

    “No se trata de correr más, de hacerlo a mayor velocidad, de ser más vigoroso o de tener una enorme destreza para el juego de cabeza. Sencillamente de lo que se trata es de intervenir en concordancia con los que te circundan, de establecer combinaciones precisas”. Esta frase, del libro El modelo de juego del FC Barcelona, obra del entrenador español Oscar Cano Moreno, bien puede ayudar a entender lo que durante mucho tiempo he defendido – sin ningún tipo de originalidad de mi parte – y que ahora se ha convertido en el mantra de César Farías: no se corre para jugar sino que se juega corriendo.

    El seleccionador nacional hizo uso de una expresión similar para explicar lo que esperaba de sus jugadores en el amistoso que terminó con un empate a dos goles frente a Bolivia el pasado miércoles. Farías parece haber dado un giro de 180 grados en su discurso y por primera vez en años se refiere al talento de sus jugadores antes que al estado físico como motor del juego. No quiero quitarle mérito a la preparación del futbolista, pero como también he dicho anteriormente, a éste se le debe acondicionar para jugar al fútbol amparado en un modelo de juego y no en la cantidad de kilómetros recorridos.

    Vuelvo a Cano Moreno para clarificar la intención de estas líneas: “son recurridísimos los tópicos como la falta de chispa, el bajón físico, la diferencia de velocidad, y demás, cuando tratamos de justificar derrotas, o la perfecta ejecución del plan físico impuesto por el responsable del mismo, el impecable momento de forma como responsable último de los éxitos alcanzados. De una semana a otra, un equipo, según estos criterios, puede pasar de un estado de forma magnífica a otra esperpéntica”.

    El empate de la Vinotinto ante Bolivia nos debe llevar a una reflexión más profunda, que excluya los tópicos señalados anteriormente y que nos permita adentrarnos en las relaciones de los jugadores entre si y de ellos con el modelo de juego. Por ello, repasando lo visto en el amistoso del pasado miércoles, no puedo sino dudar acerca de la conveniencia de esas modificaciones en la idea inicial de César Farías. Las interrogantes que dejó el partido nacen por el cambio de cobija en medio de la tempestad y no por la (in)tolerancia al frío del organismo.

    He defendido las cualidades de nuestros futbolistas y su idoneidad para llevar a cabo un estilo de juego mucho más elaborado que éste que a veces resulta de arrebatos emocionales, pero no parece ser el momento adecuado para esas innovaciones que pretende Farías. No hay que temerle a la turbulencia; hay que aprender a surfear con ella…

    Columna Apuntes del camino publicada el jueves 22 de Agosto de 2013 en el diario Líder http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Surfear-en-la-turbulencia.aspx

  • Innovación Vinotinto

    – Tras la promesa hecha por el seleccionador, el partido ante Bolivia comienza con una Vinotinto voluntariosa, respetuosa de una idea distinta a la conocida por todos, esta es jugar a ras de piso.

    – Durante el primer minuto del encuentro hay una secuencia que puede definir el estado de cocción de esta idea: los centrales, Cichero y Vizcarrondo, tienen el balón cerca del área venezolana y se resisten a la tentación de enviar un pelotazo; primer objetivo cumplido. Pero en esa misma escena aparece el primer error importante: la ausencia de Frankiln Lucena y Agnel Flores, lo cual dificulta el traslado del balón.

    – Lucena y Flores actúan como volantes de contención y salida. Sí, de salida, no se puede olvidar ese apartado de su juego, y mucho menos suponer que la única función de los volantes centrales es quitar y obstaculizar. En el partido de hoy, ninguno de los volantes centrales antes mencionados se transformó en un elemento facilitador para sacar la pelota jugada desde el fondo y eso se notó. El partido de Lucena debe contarse como la peor actuación que se le recuerde con la camiseta nacional, pero lo más grave es que en el banco no había otra opción disponible más allá de Tomás Rincón, quien no podrá jugar ante los chilenos. Se desperdició una buena oportunidad de darle minutos a otro futbolista.

    – Hubo intención de presionar arriba por parte de la selección, pero hay pequeñas definiciones que deben repasarse. Presionar es una conducta ordenada que busca generar un desorden en el rival. En pocas palabras, la intención de buscar al contrario es quitarle la pelota y producir ansiedad en el próximo receptor rival. Pero esta conducta – la presión – no puede ser un esfuerzo individual o de un par de jugadores sino que debe ser un movimiento aceptado e interpretado por todos los futbolistas para que tenga el efecto deseado y no se dejen espacios aprovechables por el rival. Presión es atacar la defensa contraria, así de simple.

    – La presión Vinotinto siempre fue a medias, porque si bien es cierto que se intentó hacer en tres cuartos de cancha, de ella no formaban parte Vizcarrondo ni Cichero, a quienes se les unía Lucena en esa faceta del partido. Estos tres jugadores mantenían el resguardo de un espacio sin presencia enemiga y no acompañaban territorialmente el recorrido del equipo, situación que puede ser muy peligrosa sobre todo cuando toque tomar la iniciativa en casa ante Perú.

    – La intención inicial de contar con dos laterales muy ofensivos es aplaudible, siempre y cuando ambos se atrevan a hacer el recorido que los caracteriza y abandonen las dudas que por momentos mostraron. Alexander González mejoró mucho con el correr de los minutos y fue, tras la salida de César González, el único vinotinto que se atrevió a intentar el uno contra uno, situación que derivó en el segundo gol, obra de un disparo magistral de Orozco. Pero lo dicho, se le debe otorgar libertad a estos laterales.

    – El gol de Josef Martínez es obra exclusiva del talento y la espontaneidad de este jugador. Su maniobra y su definición lo colocan nuevamente como un jugador indispensable para el tramo final de la eliminatoria, pero ese mismo gol desnuda nuevamente a la selección nacional, un equipo que depende en demasía de algun gesto personal de uno de sus jugadores. Que después de seis años de proceso no se haya dado con la solución a semejante problema es cuando menos alarmante. César Farías saca pecho del rendimiento defensivo del equipo y los números sustentan su afirmación, pero esas mismas estadísticas demuestran que este equipo no crea situaciones de gol y puede que por ahí esté la clave a nuestra situación actual.

    – Vuelvo a la salida limpia de la pelota. El equipo debe identificar cuándo los centrales no contarán con la ayuda inmediata de los volantes porque estos están marcados. En ese caso, bien vale conocer la teoría del tercer hombre explicada por Xavi Hernández a Martí Perarnau en el libro Senda de Campeones: «el tercer hombre es imposible de defender, imposible… Te explico lo que significa. Imagina a Piqué queriendo jugar comigo, pero yo estoy marcado, tengo a un marcador encima, un tío muy pesado. Bien, pues está claro que Piqué no puede pasármela, es evidente, con lo que yo me aparto y me llevo al marcador conmigo. Entonces, Messi baja y pasa a ser el segundo hombre. Piqué es el 1º, Messi el 2º y yo el 3º. Yo tengo que estar my al loro, eh. Piqué, entonces juega con el 2º hombre, Messi, que se la devuelve, y en ese momento aparezco yo, dejo clavado a mi defensor, que se ha despistado, y Piqué me pasa la pelota totalmente desmarcado. Si el que me defiende está mirando el balón, no puede ver que me desmarco entonces aparezco y soy el tercer hombre. Ya hemos conseguido la superioridad. Esto es indefendible,es la escuela holandesa, es Cruyff. Es una evolución de los triángulos holandeses«.

    – Esa opción del tercer hombre es entrenable y perfectible, pero la duda surge dado que esta forma de jugar que hoy mostró la selección (sobre todo en el primer tiempo) forma parte de las innovaciones que el entrenador quiere aplicar en esta recta final y que contradicen lo planteado durante seis años de ciclo. Por ello la inquietud que generó y los errores que se presentaron;  los jugadores están más que calificados para jugar de esa manera, pero deben combatir contra la ausencia de tiempo para acumular y aprehender los movimientos y las obligaciones que representa un cambio tan brusco.

    – ¿Cuantos jugadores se atrevieron a provocar un mano a mano con sus marcadores? Recuerdo a los dos González, a Martínez y a la primera aparición de Orozco. Muy poco para una selección que debe asumir los tres partidos finales con toda la intención de ser protagonista.

    – El resultado sigue siendo una anécdota en un partido como este. En mi caso aplaudo la intención de jugar a ras de piso pero cuestiono que todavía no se haya encontrado el camino para generar ocasiones de gol. No hablo de disparos que pasen sin peligro, sino de jugadas en las que los rivales deban defender su arco con alma y corazón, y ese es el debe de esta conducción.

    – El 06 de Septiembre es el próximo capítulo de este largo recorrido. El partido de hoy sirve para pensar y reflexionar acerca de la conveniencia de las innovaciones planteadas, pero sobre todo, vale para quizás abrirle la puerta a la corriente de pensamiento que sugiere que mejor reforzar los puntos fuertes para así tener una pared conocida de la que apoyarnos en toda esta turbulencia emocional.

    – César Farías merece un capítulo aparte. Provocó modificaciones interesantes e intentó levantar al equipo con las dos primeras sustituciones. La tercera, la entrada de Fernando Aristeguieta, sorprende y preocupa, ya que se trata del mismo guión que pocas veces – por no decir nunca – ha dado resultado. Si el equipo no genera ocasiones de gol, la entrada de un delantero centro no se antoja favorable para la creación, sobre todo porque el jugador que retrasa su posición, (Martínez) ya tiene 80 minutos de partido bajo la lluvia.

    Venezuela 2 Bolivia 2. San Cristobal, 14 de Agosto de 2.013

  • Buenos días; malos días

    El diccionario de la Real Academia Española define “alcahuete” como «persona o cosa que sirve para encubrir lo que se quiere ocultar». Creo oportuno revisar también el significado de “cómplice” para comprender lo que a continuación expondré: «persona que sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos». De igual manera, pueden ser cómplices aquellos que intentan camuflar las conductas de quienes, debido a su incapacidad, hacen imposible su camuflaje.

    Nuestros equipos – no clubes – no pueden seguir viviendo a la deriva. Sin la historia ni la infraestructura de sus rivales internacionales, los directivos que los conducen deben entender de una vez por todas que para competir en igualdad de condiciones deben trabajar con mayor dedicación, ya que a veces sus opositores continentales pueden esconder parte de sus insuficiencias bajo el manto protector que les otorgan los años. Pero nosotros, aún en estado de adolescencia futbolística, no podemos darnos ese lujo.

    Durante más de un año Eliézer Pérez Pérez ha ido repasando en este diario la historia de nuestros equipos en sus enfrentamientos internacionales, y me da la sensación de que quienes tienen la posibilidad de modificar algunos temas no lo han leído o simplemente prefieren los halagos del vecino menos aventajado. Ya es momento de que repasen sus números en la Copa Libertadores y Copa Sudamericana para que se animen a plantear un cambio en el calendario que permita a sus equipos llegar con mayor rodaje a esos torneos. Nótese que no planteo modificaciones en el número de participantes en la primera división porque eso sería convertir en utopía mi pedido.

    En el inicio hablaba de alcahuetes y cómplices. Habrá quienes sientan que mis palabras representan un insulto o un señalamiento, pero a quienes olvidan ver el bosque porque están distraídos con el árbol, les recuerdo que, antes de hablar de un «mal día» como lo hicieron la semana pasada en referencia a la actuación criolla en la Sudamericana, primero habría que gozar de varios «buenos días» para poder así comparar entre unos y otros, y lamentarnos cuando las jornadas no sean tan favorables como deseábamos. Hace falta que combatamos el desorden y el desastre que caracterizan a nuestro torneo para así no ser ni cómplices ni alcahuetes de todo lo que año tras año se repite y que no parece causar mayor fastidio a quienes deben denunciarlo.

    Es así, tan incoherente como argumentar que no se puede modificar el inicio del campeonato porque se deben respetar las fechas de vacaciones…

    Columna publicada en el diario Líder el 08 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Buenos-dias-malos-dias.aspx

  • Algunas imágenes del CD Lara

    Terminó el primer tiempo ganando 1 a 0 a Liga de Loja y lo hizo con 10 jugadores, pero hay algunas imágenes dignas de analizar, independientemente del resultado, que ojalá sea positivo para el equipo de Lenín Bastidas. Necesita un gol más para ir a los penales y dos para ganar la serie.

    Espacio, malas reacciones, cosas que son típicas pero que pueden y deben ser corregidas

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  • Primeras señales de Martino

    Un partido de preparación, por más Joan Gamper que sea, no puede considerarse como referencia obligada de lo que sucederá en una larga temporada, y menos aún si el entrenador no tiene una semana de trabajo con la totalidad de la plantilla. Pero tampoco se puede ir al otro extremo y desestimar las señales que el partido en cuestión arrojó.

    El discurso de Gerardo Martino ha sido claro: no va a cambiar nada escencial pero si quiere retomar viejas señales que hicieron del Barça el equipo más admirado de los últimos años.

    La primera de ellas es la presión alta y total. De nada sirve que los delanteros y los volantes se maten tratando de llevar a cabo esa conducta si esta no es entendida como un comportamiento natural del equipo. Si los atacantes y los mediocampistas no cuentan con la complicidad de los defensores y viceversa, no hay presión sino desorden, anarquía e invitaciones al rival.

    En fin, estas primeras seis imágenes llaman al optimismo, pero son sólo eso, seis fotografías del inicio del camino. El tiempo y la fortaleza del entrenador para mantener sus convicciones serán claves en este retorno a las fuentes.

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  • Anotaciones sobre Heidegger, el espacio y el fútbol

    Martin Heidegger fue un filósofo alemán fundador de la fenomenología existencial y considerado uno de los pensadores más originales del siglo XX. Su ensayo «El arte y el espacio/Die Kunst und der Raum» apareció por primera vez en el año 1.969, y llegó a mis manos gracias a una recomendación pública, vía twitter, que hizo Dani Fernández, entrenador de fútbol. Seguramente que mis consideraciones poco tienen que ver con lo planteado por Heidegger, ya que, también por recomendación de Dani, decidí leer este manifiesto pensando en el juego del fútbol, y partiendo de ese condicionante, estas son las deliberaciones que me atormentan después de leer esta magnífica obra. Reflexiones que hoy son importantes para mi manera de observar el juego, pero que mañana quien sabe…

    En fin:

    – El fútbol, para ser fútbol, debe ser la búsqueda de espacios para ocuparlos, explotarlos o, simplemente, simular su invasión para luego tomar posesion de otros espacios que aparezcan como consecuencia de la ficción antes mencionada.

    – La aparición de un espacio o su descubrimiento produce muchas sensaciones, entre las que están la angustia y la curiosidad. Quiero pensar que quien se defiende por amontonamiento de jugadores y no tiene mayor plan para someter al rival, considera que un espacio no ocupado es sinónimo de ansiedad y miedo. Es posible que el jugador/equipo dude entre ir en búsqueda del contrario o hacerse de la titularidad de ese espacio inhabitado. Es ahí, en ese momento de vacilación, que, posicionalmente hablando, el adverario le gane la batalla.

    – Hay jugadores y/o equipos de fútbol que han desarrollado una exitosa carrera basados en «espacear«, concepto definido por Heidegger como la ocupación «de los lugares de los que los Dioses han huído». El Real Madrid de Mourinho o el Barcelona de Guardiola son dos claros ejemplos de ello.

    – Para algunos, un espacio es una porción de terreno suceptible de ser ocupado por uno o varios jugadores. Identifico en esa afirmación un par de inquietudes: ¿acaso el futbolista en posesión de la pelota está en capacidad de decidir que se ocupe tal o cual espacio? En caso de hacerlo, ¿lo hace influenciado por la falsa certeza de que su intención es entendida y aceptada por sus compañeros (llamemos a estas conductas automatismos) o necesita de una mirada o gesto cómplice (un segundo de más, llamémoslo pausa) para sugerir la conquista de ese lugar? No son minúsculas estas sospechas porque en mi opinión, el juego del fútbol tiene tanto de consciente como de inconsciente, entendido esto último como una conducta irreflexiva, es decir, que es más del instinto que de la planificación.

    – Si debo jugármela y ofrecer un concepto, diría que en el fútbol, el espacio vendría a ser algo así como la unión entre voluntad y posibilidad. El jugador puede y debe reconocer cuándo y cómo se invade una determinada zona (físicamente o mediante un pase) porque idealmente ese espacio es producto de una dinámica (colectiva e individual). Para tener una dimensión correcta de la validez de la ocupación de ese terreno baldío (disponible para la construcción y ejecución de obras), hay que entender el tiempo y las formas de su conquista.

    – ¿Cómo se puede convertir en realidad lo que trato de explicar? No hay otra manera de hacerlo que entrenando, comprendiendo un modelo de juego y asumiendo el principio que explica el «Efecto mariposa«: una mínima variación en un extremo del terreno de juego puede significar un terremoto futbolístico en el otro límite.

    – Vale la pena plantearnos si el espacio es tal a pesar de su «vacío» o, si por el contrario, su existencia es condicional a su ocupación o descubrimiento. Leyendo a Heidegger, me queda la certeza de que la existencia no se discute, lo que si debe considerarse es la cualidad de algunos jugadores de ver más allá de lo normal; la rapidez mental para imaginar secuencias y jugadadas que generen, posteriormente, un caos que sólo ellos pueden entender. Por eso hacía referencia a las sensaciones que acompañan al descubrimiento de un espacio.

    – En el fútbol se miente y mucho. Si las dimensiones del terreno de juego son básicamente las mismas, y si en ese campo once jugadores se enfrentan a otros once jugadores, ¿cómo es que hoy en día no hay espacios para jugar? Espacios hay y siempre habrán, pero la aparición de esos terrenos está condicionada a lo que se llama «dinámica», es decir, a los movimientos, acelerados y/o pausados, que definen a un equipo de fútbol.

    – ¿Qué trae consigo el descubrimiento de un espacio? Incertidumbre. De la ocupación de esos espacios nacen mil formas de continuidad, por ende, ese espacio es un canto al optimismo y a la creatividad.

  • Innovaciones

    Martí Perarnau, con la claridad que lo caracteriza, recordaba en un artículo del seis de diciembre de 2.011 que durante la Segunda Guerra Mundial, la fuerza aérea británica consultó al matemático Abraham Wald acerca de la existencia de una fórmula que redujese la cantidad de bajas. Una vez examinados los aviones y sus “heridas”, Wald sugirió “mejorar el blindaje de los aviones justo en los lugares en los que estos no habían sido alcanzados”. Podríamos decir que la propuesta era contracultural porque contrariaba la lógica de los expertos en materia militar.

    El domingo catorce de julio César Farías expresó al diario El Universal que ha llegado el momento de la innovación. Hizo énfasis en que superadas varias etapas, este momento es el preciso para aplicar algunas novedades que según su criterio van a ser decisivas en la consecución de la meta final: clasificar al mundial Brasil 2.014

    Sin duda alguna que el discurso de Farías contrasta con lo que ha sido el andar de la Vinotinto en estas eliminatorias, ya que se trata de un grupo que ha aceptado y representado un modelo de juego bastante definido sin reparar en gustos ni críticas. Sorprende que justo cuando Venezuela se juega por primera vez el boleto al mundial, el capitán del barco decida realizar modificaciones a la hoja de ruta que ha permitido al equipo llegar a estas instancias. No quiere decir esto que dichos cambios sean necesariamente negativos, pero no parece ser el momento adecuado para implementarlos, sobre todo si se tiene en cuenta que por los momentos no hay en el horizonte un partido amistoso que sirva para calificar esas mejoras.

    Jugar un partido de preparación no es garantía de nada, y seguramente esa afirmación formará parte de las excusas que la FVF esgrimirá cuando llegue el momento. A pesar de ello, bien vale la pena reflexionar acerca de la utilidad de un duelo exploratorio en estos momentos. Un sólo juego quizás no sea prueba suficiente para las innovaciones que anuncia Farías, pero sin duda que jugar 90 minutos es mejor que no hacerlos, y es ahí donde el seleccionador nacional debería considerar si mantiene en su planificación llevar a cabo esas vueltas de tuerca o si conviene hacerse fuerte en aspectos que ya han sido probados.

    Wald, fundador del análisis secuencial, tuvo razón en la cuestión de los bombarderos británicos; no eran sus puntos débiles los que había que reforzar sino los fuertes”. El consejo del matemático Wald, a través las letras de Perarnau, puede ser de utilidad en un momento como éste en el que más vale malo conocido que bueno por conocer.

    Columna publicada el jueves 25 de julio de 2.013 en el diario Líder en deportes

  • Fútbol y neuronas

    En internet se puede conseguir un muy interesante texto de Javier Monserrat, de la Universidad Autónoma de Madrid, llamado “Teoría de la mente en Antonio R. Damasio”. Entre las muchas cosas a rescatar de dicha presentación (corta y de fácil lectura) está una definición que quiero tomar para el inicio de esta reflexión: “la ciencia nos dice así que lo que en realidad existe son redes neuronales. Por tanto, el conocimiento neurológico que de ellas tengamos establecerá los límites científicos para saber qué es la mente y cómo funciona, o hasta qué punto su naturaleza y sistemas funcionales son idénticos o parecidos al hardware y software de un sistema computacional…

    ¿Qué tiene que ver esto con el juego del fútbol? Pues bien, con mis limitaciones – que son muchas – trataré de explicarme:

    La mente está compuesta por redes neuronales. ¿Qué es una neurona? Es una célula diferenciada perteneciente al sistema nervioso,capaz de propagar el impulso nervioso a otra neurona. Está compuesta por una zona de recepción,las dendritas,y otra de emisión o salida,el axón o neurita. Definida entonces neurona como un ente capacitado para recibir, generar y emitir impulsos nerviosos, pasemos a comprender el significado de redes.

    Redes: conjunto sistemático de vías de comunicación; es un conjunto estructurado de personas y medios con un mismo fin. Por ende, una red neuronal vendría a ser un cúmulo de neuronas físicamente interconectadas cuya actividad ayuda a definir un circuito reconocible en el sistema nervioso. A partir de estas definiciones que nos acercan al funcionamiento del cerebro, podemos concluir que fútbol y mente poseen sistemas operativos similares.

    Veamos la siguiente imagen de un equipo de futbol y que muchas veces observamos en diarios y transmisiones de tv sin que medie explicación alguna ni se profundice en lo que debe transmitir:

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    A primera vista vemos once integrantes de una sociedad, o de un circuito, pero cada uno de ellos está parado en un campo sin que haya una conexión evidente. Pero si a esas once piezas le agregamos algunas posibilidades de nexos, la siguiente imagen podría ser entonces un ejemplo real de esas sociedades que se forman en un equipo de fútbol y que tanto se parecen a las redes neuronales que señalaba al inicio del texto:

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    Esta representación, además de mostrar posibles vínculos – futbolísticos y emocionales – nos muestra también que no hay manera de que en un deporte colectivo como el fútbol triunfe una figura amparada únicamente por sus condiciones individuales. Necesita formar parte de un colectivo, por más Messi que sea.

    Ahora bien, la definición de redes deja bien claro que debe haber un objetivo en común, un mismo fin. Esa meta es ganar. Si el equipo lo hace a través de largas secuencias de posesión, de ataques relampagueantes y directos, o de cualquier otra forma es importante que en vez de criticar basados en nuestros gustos nos adentremos en esa red comunicacional que está conformada por las cualidades de los jugadores, el ecosistema que los agrupa, protege y potencia (modelo de juego), y las relaciones entre ellos. Sólo así podremos comprender lo que acabamos de observar en un partido de fútbol. Quiero dejar claro que en mi opinión todo esto suma para eso, para reflexionar acerca del pasado, pero de ninguna manera nos convierte en adivinos o clarividentes, ya que en estas gráficas falta el rival de turno (que haría el papel de cortocircuito), la pelota y los mil imponderables que juegan y tienen la misma importancia que todo lo que he tratado de describir en esta columna.

    El fútbol es sencillo, pero el fútbol sencillo es lo más difícil de conseguir que existe“. Johan Cruyff

  • El hastío del futbolista

    ¿El jugador se cansa de jugar al fútbol? De ser así, ¿abandona al juego o al entrenador?

    Estas preguntas me las he hecho de mil maneras diferentes, pero una charla con mi amigo y guía Alex Couto Lago (@AlexCoutoLago) llevó a formulármelas de esta manera. Debo aclarar que la segunda de las interrogantes es casi propiedad intelectual de Alex.

    El entrenamiento mal planificado auyenta al jugador porque esos trabajos no lo hacen sentir como futbolista sino como un «cumplidor*» de tareas, así como la acumulación de responsabilidades también influyen en que pierda gusto por el juego y lo vea como una obligación. Al fin y al cabo, se entrena de lunes a sábado y se juega el domingo.

    Por ello es tan importante volver a los orígenes y recordar que tratamos con futbolistas y no con máquinas, por lo que en los entrenamientos hay que recordar lo que bien explica Dani Fernández: «el trabajo es realmente fructífero cuando los jugadores se implican y se comprometen, es decir, sienten lo que hacen, si no es así, el trabajo hecho tiene muy poco valor«. Hay quienes olvidan lo importante del gusto por la tarea y «forman» jugadores incapaces de decidir por ellos mismos, dependientes de la instrucción del entrenador, sin reparar que por más válido que sea ese consejo, siempre llegará cinco segundos más tarde que la iugada, por lo que no tendrá entonces ningún tipo de utilidad.

    El jugador jamás se harta del fútbol. Es el circo y la mentira que lo rodean los que llevan a que muchos se alejen de esta actividad cuando terminan su carrera. Está en nuestra naturaleza humana esa capacidad de autodestrucción que nos impide abrir los ojos para darnos cuenta que el camino elegido no es el mejor. Humanicemos nuestras conductas y mejoraremos el juego. De lo contrario el fútbol será cada vez más de los desarrolladores de softwares y menos de los futbolistas.

    *: Es interesante leer que uno de los sinónimos de cumplidor es la palabra serio, como para dejar bien claro el punto que estoy exponiendo: http://www.wordreference.com/sinonimos/cumplidor

  • Sólo las excusas se repiten

    Me gusta la historia. Desde chico prestaba mucha atención a las conversaciones de mi viejo con sus amigos, sobre todo si estas hacían referencia al modo de vida de su juventud. Los detalles, la crianza, las relaciones y la escuela eran los temas que más me cautivaban y me servían para establecer diferencias entre su tiempo y el mío. Cabe destacar que mi padre me lleva treinta y dos años, por lo que sus relatos estaban caracterizados por un sinfín de situaciones que para mí eran totalmente desconocidas.

    Recuerdo particularmente una en el año 1986. Se jugaba el mundial de México y la selección de Brasil acababa de ganar uno de sus enfrentamientos de la etapa de grupos. Estaba toda la familia reunida en casa de mi tío Luis y el tema de conversación era el partido que recién había terminado. Mi tío vivía en una linda casa, ni grande ni pequeña, con un jardín en bajada que colindaba con un campo de golf y en él vivían un par de perros que yo adoraba. No recuerdo sus razas ni sus nombres, pero sí la emoción que sentía cada vez que íbamos de visita a aquella casa. Esos animales eran mis únicos colegas, ya que mis primos y el resto de los presentes eran lo suficientemente mayores como para ser mis padres. En fin, éramos los perros y yo, yo y los perros.

    Pero aquella tarde no le presté mucha atención a mis compañeros de siempre. Ellos insistían, pero mi dedicación estaba puesta en la conversación que sostenían los mayores. Mi viejo, fanático del desaparecido equipo de béisbol Dodgers de Brooklyn, no formaba parte de aquella discusión. Nunca me lo ha confirmado, pero siento que desde la mudanza de su equipo a la ciudad de Los Ángeles perdió todo interés por el béisbol, mientras que el fútbol nunca terminó de ofrecerle la misma conexión emocional que el deporte de bate y guante.

    Aquella charla giraba alrededor de la idea de que Brasil ya no era el mismo equipo que tiempo atrás había maravillado al mundo entero. A Zico se le señalaba como el heredero de Pelé (lo que nunca fue) y al equipo de Telé Santana como una mala fotografía de aquel extraordinario conjunto que hipnotizó al mundo en 1982.

    Es en este momento que debo aclarar algo: para un venezolano era casi imposible tener una noción verdadera del impacto del Ajax de Johan Cruyff, ya que para aquella época no existía la tecnología que hoy disfrutamos; entonces, el Brasil de 1970 y su heredero del 82 eran las dos mayores expresiones de fútbol y belleza que habían observado quienes no eran especialistas en este juego. Cada vez que oía los argumentos que condenaban a ese Brasil sentía la necesidad de intervenir, pero son pocos los niños de 9 años que pueden comunicar ideas correctamente, por lo que preferí callar y seguir prestando atención.

    Pasó el tiempo y el padre de un amigo, sin saberlo, definió mi frustración de aquella tarde infantil con una frase que nunca olvidaré: “Hay quienes viven pensando que todo tiempo pasado fue mejor y mientras viven ese lamento, pierden la oportunidad de disfrutar el presente, que en definitiva es la vida”.

    Brasil venció a España en la final de la Copa Confederaciones dando una extraordinaria lección de fútbol. El equipo de Luiz Felipe Scolari ganó la batalla táctica y logró que el seleccionado español perdiera las señas que han caracterizado su juego. Brasil ocupó los espacios, cortó los circuitos de pase, tapó pasillos, explotó la espalda de Busquets y determinó el ritmo del partido; fue un claro ejemplo de comunión entre la idea de juego y las cualidades de los jugadores. Para resumir, Brasil jugó al fútbol y batió a la mejor selección del mundo.

    Consumada la victoria brasileña reaparecieron aquellas frases que escuché casi veinte años atrás, pero no era Brasil la víctima de ellas, sino España. La culpaban de no ser la misma de antes, de que sus jugadores habían perdido el hambre, etcétera, etcétera, sin reparar en que el tiempo obra en silencio y a veces sin que nos demos cuenta.

    La España que jugó la Copa Confederaciones no es la misma que ganó la Euro 2012, ni será igual a la que participe en el mundial de Brasil. Podrá ganar o perder, pero jamás será idéntica a una versión anterior o posterior porque la vida –y el fútbol forma parte de ella– está en un proceso permanente de cambio. Puede que nosotros aún no hayamos desarrollado la capacidad para observar las pequeñas modificaciones que componen nuestro día a día, pero tenga usted la seguridad de que esos cambios existen y sólo la muerte puede evitarlos.

    Hace un par de meses tuve la oportunidad de charlar con Juanma Lillo, y en un momento de la conversación recordamos a Heráclito y su sentencia “en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Además, nos encargamos, de manera soberbia, de afirmar que tampoco esos ríos eran iguales.

    ¿Qué nos enseña el futbol? Que la historia es una guía imprescindible pero no constituye un plan irremplazable para el presente. Si nos dejamos llevar por la comodidad creeremos que todo lo que sucede a nuestro alrededor es producto de la casualidad, pero si por el contrario decidimos vivir con la incomodidad que produce la duda, puede que encontremos algo de luz a nuestras interrogantes.

    Ganar o perder un partido de fútbol es consecuencia de miles de situaciones que están conectadas al pasado, pero que a pesar de esa conexión, son independientes y únicas. Aceptar esa complejidad puede ser el principio de un viaje lleno de interrogantes y emociones.

    Columna publicada en el magazine de Martí Perarnau el 10 de julio de 2.013 http://www.martiperarnau.com/firma/solo-las-excusas-se-repiten/