Categoría: Fútbol

  • Dembélé, Kirsten o la búsqueda de un imposible

    Dembélé, Kirsten o la búsqueda de un imposible

    “Somos los indeseables, / liderados por los incalificados, / haciendo lo innecesario, / para los ingratos”.

    La juventud es una etapa tan maravillosa como ingenua. En ella, los sueños se mezclan con la realidad hasta confundirnos; no son pocas las mañanas en las que ambas crean una amalgama tan perfecta que nadie -perdone mi dosis de realismo- puede descifrar qué es probable y qué es imposible.

    Mi imposible era Kirsten Dunst. La actriz de “Elizabethtown” entre otros títulos tenía todo aquello que yo anhelaba en una compañera sentimental. Claro, eran sus roles y no su verdadero ser lo que me enamoraba. Nunca la conocí y mi amor se limitaba a sus papeles, que eran actuación y circunstancia, lo que no es poca cosa: los seres humanos caemos presos de esos momentos, de esos accidentes y creemos que desde ellos podemos construir realidades y hasta una vida. Aún así, a Kirsten la creí posible.

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    Aquello era tan optimista y posible como son los sueños de la gent blaugrana con Ousmane Dembélé. Al francés se le valora más por lo que puede ser que por lo que ha demostrado querer ser. Sus cualidades habitan los campos de la posibilidad y no en aquellos de lo factible, de lo real. Su vida con la camiseta blaugrana es todavía un claro ejemplo de lo que supone una utopía, tal cual mi relación con la rubia Kirsten.

    En los procesos de aprendizaje es irremediable contar con la voluntad de quienes los protagonizan. Tanto maestro como alumno deben entregarse a ese camino del que se parte desde un punto conocido, conocido como la ignorancia, sabiendo que la meta es incierta. Por lo menos así es en el fútbol, actividad social y cooperativista como ninguna.

    Dembélé aún no recorre esa vía. No tengo claro si es una consecuencia de su personalidad o que tampoco tiene los guías adecuados. Bien podría tratarse de todo esto y mucho más. Su caso es otro ejemplo de lo necesario que es ver las cosas por lo que realmente son y no por lo que queremos que sean. Digo, para evitar estrellarnos-

    ¿Cuál es la relación de Ousmane con la pelota, los espacios y sus compañeros? ¿Qué tan efectiva es su intra-comunicación o su inter-comunicación? ¿Qué le pide quien lo dirige? ¿Es el mismo chico que llegó hace dos años?

    Sepa disculpar el lector que no me emocionen las migajas que regala, espaciadamente, el extremo francés. Me seduce más intentar comprender qué pasa en el campo antes que hundirme en el campo de sueños que algunos promueven. Tengo la impresión de que navegar en las aguas de lo posible es como hacerse el harakiri sin otro motivo que pasarla bien(¿?). Deben ser cosas de la edad: hoy prefiero estar en paz antes que tener razón. He dejado en paz a Kirsten, y tengo la misma intención para con el lector, al que ya bastante le engañan desde otras tribunas.

    “Es probable que un hombre siga profundamente apegado a sí mismo, aun cuando ya esté separado de la vida”.

     

  • Bienvenidos al mundo real

    Bienvenidos al mundo real

    El modelo ha muerto. Que nadie se engañe: cualquier referencia a Cruyff es un acto de fariseísmo con claras intenciones electorales. Los gestores harán todo y más con tal de asegurar su permanencia en el poder más allá del ciclo actual. Hay fuerzas y ganas de seguir hundiendo el barco.

    De allí las alabanzas al Padre, al Hijo y a la idea madre. De allí que ahora recuerden al gran maestro y pretendan sacarle del cuchitril al que le confinaron hace mucho tiempo. Lo harán para que el respetable crea que todo cambió. No se engañe el lector: no les interesan las lecciones del viejo profesor, solamente pasearlo cual trofeo de caza.

    Todo es muy florentinesco. Tanto odio por el Flaco y los suyos los ha llevado a imitar al hábil y oscuro constructor. Son plagiadores profesionales; su copia resalta y magnifica lo repugnante: de tener un equipo pasaron a coleccionar cromos. Todo, sépase y recuérdese por siempre, con la venia de una conducción nefasta que nunca pensó en triunfar sino en salvarse. Pasar desapercibido; no se recuerda tanta mediocridad desde tiempos inmemoriales.Hombre de club le llaman.

    Ganarán porque los cromos son muy buenos y tienen, como si fuera poco, al dueño de la pelota. Pero ningún triunfo podrá disimular la putrefacción natural de un cuerpo al que ya se le ha ido la vida y que solamente espera por la diligencia habitual de los gusanos. La basura, aunque la rocíen con perfume, sigue siendo basura.

    Bienvenidos al mundo real.

  • Rafael Dudamel le pasó la pelota a la dirigencia venezolana

    Rafael Dudamel le pasó la pelota a la dirigencia venezolana

     

    Antes de hablar de fútbol debo advertirle al amable lector que lo haré solamente porque el triunfo de Venezuela ante Argentina lo merece. Mi relación con Rafael Dudamel ha sido la que la diplomacia sugiere, tanto de su parte como de la mía. No le conozco lo suficiente como para emitir un juicio sobre sus ideas políticas, sin embargo, lo reconozco como hábil declarante, probablemente el mejor cualificado en el fútbol venezolano.

    Por ello, siento que su declaración, y la puesta de su cargo a la orden de la Federación Venezolana de Fútbol , son parte de una maniobra ajedrecista: tras un gran triunfo, de inmensas connotaciones internacionales, le ha pasado la pelota a sus jefes y será la FVF quién sufra las consecuencias de la continuidad o de la interrupción del vínculo contractual con el seleccionador. Dudamel conoce el tablero y las fichas como nadie.

    Quisiera hacer una última consideración. El único sponsor fuerte en moneda extranjera que tiene la selección venezolana es la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA). En un estado democrático, esa empresa se regiría por normas ajenas a la política partidista. Ese no es el caso de Venezuela, en el que la compañía petrolera ha sido la caja chica de un régimen que no se cansa de reprimir y destruir los derechos básicos del ciudadano. Por ello, la publicación de la visita del embajador en España, Antonio Ecarri, nombrado por Juan Guaidó, seguramente despertó la furia de quienes se creen dueños de las riquezas y los recursos naturales de la nación.

    Ojalá que algún día se conozcan todos los detalles que se suscitaron tras la visita del embajador Ecarri, pero me temo que esto no será así. El venezolano, lastimosamente, seguirá siendo guiado por la histeria y la ignorancia militante de quienes nunca están pero siempre opinan, o peor aún, de aquellos que algún whisky compra su silencio; los deudores de favores que salen de fiesta con el poder para lograr su subsistencia en un medio que se nutre de la mediocridad de estos personajes.

    Una vez aclarado esto, deseo hablar de fútbol.

    La victoria venezolana ante Argentina, más allá de los goles que fueron o que pudieron ser, deja la sensación de que estamos ante un equipo que tiene clara cuál es su identidad, es decir, quién es. Este es un logro que no debe pasar debajo de la mesa: si al individuo se le va la vida entera intentando averiguar quién es, por qué está en este mundo y para qué, imagine el lector lo difícil que es que un colectivo, que pocas veces se reúne, acepte y desarrolle esa identidad. Es por ello que la victoria de ayer debe analizarse más allá del score, que es siempre una circunstancia, y poner la lupa en el desarrollo de una idea futbolística.

    El juego obliga a generar sociedades, entendimientos y complicidades entre quienes lo protagonizan. Tomás Rincón, Yangel Herrera y Junior Moreno, los tres volantes centrales que ha utilizado como titulares Dudamel en los más recientes episodios de la selección, han demostrado sentirse tan cómodos con las responsabilidades y en su intra-relación, que transmiten esa seguridad al resto de sus compañeros.

    El fútbol requiere de movimientos, posicionamientos y de una reorganización posicional constante, cosa que demostró aceptar e interpretar este equipo ante Argentina. Para muestra un botón: dependiendo de la ubicación, Rincón o Herrera adelantaban su posición cuando el equipo perdía a disposición del balón, con la intención de recuperarla. Uno de ellos se sumaba al esfuerzo de los atacantes, sabiendo de antemano que el juego interior de su rival era, cuando menos, deficiente. Esto que le narro fue ejecutado con total efectividad: no puede hablarse exclusivamente de una mecanización sino de entendimiento entre quienes mencionaba anteriormente para actuar según requiriese la situación. No hay mecanización porque son seres humanos, entonces debemos utilizar términos como complicidad, entendimiento o solidaridad.

    A partir de esos conceptos que mencionaba podremos entender el valor de las actuaciones individuales en pro del colectivo. Los nombres los puede colocar el lector; prefiero recordar lo que para quien escribe estas líneas significa jugar bien al fútbol: estimular las capacidades de cada individuo para que estas, en una relación constante con sus compañeros y con su rival, ayuden a construir una cultura colectiva de juego. Relaciones, ahí está la clave de este juego.

    Por eso le pregunté a Dudamel en la rueda de prensa tras el partido con qué estaba más satisfecho,  si con el resultado o con la puesta en escena de lo que parece ser una identidad propia de juego. Lo que vino a continuación excedió al análisis deportivo. Su selección parece estar en el camino correcto tras este partido amistoso entre Argentina, pero el lector no debe olvidar que esto es fútbol, lo que significa que el cambio es la única constante, más aún en el ámbito de selecciones, en el que apenas si hay tiempo de crear la cultura táctica y emocional de grupo. Cómo llegará futbolisticamente este grupo a sus próximos compromisos es una interrogante natural del fútbol y de la vida. Ningún equipo puede saberlo, mucho menos una selección.

  • Sergio Ramos necesita a Gerard Piqué

    Sergio Ramos necesita a Gerard Piqué

    Tito Vilanova (+) explicó en una entrevista con El País, hecha por el periodista Lu Martín en 2011, la importancia de Gerard Piqué en aquel inolvidable FC Barcelona:

    Hubo un momento que rezábamos para que no cayera Piqué, porque si se llega a lesionar se nos desmonta el invento, se nos caía”.

    Paradójicamente, -digo esto porque la rivalidad entre dos parcialidades no permite observar una evidencia grande como una iglesia- quien peor se ha visto sin la compañía del central catalán es su antiguo compañero en la zaga española: Sergio Ramos.

    Piqué, además de construir y mejorar el juego de su equipo con su superlativa interpretación del fútbol, le quitaba presión a Ramos, limpiando alguno de sus notables fallos. Sin él, al igual que le sucede tras el adiós del portugués Pepe, Ramos es, como nunca antes, un futbolista inseguro, necesitado de gestos elocuentes para sostener la aprobación del público. No tiene quién le tranquilice, y por ello, sus lagunas, expuestas en forma de agresiones sin sentido, son menos esporádicas y más regulares.

    Este es un ejemplo más de cómo el ser humano, y por ende el futbolista, no es una isla aislada sino el producto de sus capacidades intra-comunicadas con sus compañeros e inter-relacionadas con sus rivales.

    Las emergencias son definibles como «las cualidades o propiedades de un sistema que presentan un carácter de novedad con relación a las cualidades o propiedades de los componentes considerados aisladamente o dispuestos de forma diferente en otro tipo de sistema«. Edgar Morín.

    Es decir, dentro del sistema, la interacción de cada una de sus partes produce nuevas propiedades. Llevémoslo al fútbol: la interacción entre Piqué y Ramos convertía a ambos en mejores versiones de sí mismos, al tiempo que, en relación con el resto de sus compañeros, hacían del equipo un producto mejorado. Sin Piqué, y sin Pepe, Ramos no tiene, por los momentos, quién lo ayude a sostener su mejor versión.

    Esto es fútbol, un juego social, que se juega en relación con quienes tenemos en nuestro bando y con quienes están en el bando contrario. Somos y seremos lo que los otros nos ayuden a ser.

  • El triunfo de la imbecilidad

    El triunfo de la imbecilidad

    “Un idiota es un idiota. Dos idiotas son dos idiotas. Pero diez mil idiotas son un partido político”. Frank Kafka

    Un periodista, a partir de la elección de un seleccionador nacional, escribe que no seguirá más al combinado de su país, escribe que se desapunta. Luego borró el tuit, ya se sabe, porque hasta los más idiotas tienen un momento de claridad que les invita a reconocer su condición.

    Otro periodista, ante la posibilidad de que el entrenador nacional no convoque a un futbolista de su agrado(¿?), afirma que esto es un desastre y que si el seleccionador no recapacita, boicoteará, palabras más palabras menos, a la selección de su país.

    Y como si esto fuera poco, otro, no periodista pero sí okupa de la función -el muy descarado da consejos a futuros comunicadores sociales- se va de fiesta con un reconocido testaferro de un corrupto, le celebra el aniversario, se toma una foto y le baila como un asno.

    Vea el lector cuán sencillo es darse cuenta de cómo se ha pervertido el oficio de comunicar. Antes, no mucho tiempo atrás, existía una diferencia clara entre aquel que sabía hacer el oficio y aquel que apenas si se parecía al borrachito enchufado. Hoy, este último es okupa y además se promociona como el ejemplo a seguir.

    En los tiempos de la banalidad, en los que vale más hacerse notar que ser notorios, estos mediocres con licencia son los que educan a la audiencia. Más que ganar espacios, la recurrente mezquindad de estos funcionarios se ha convertido en la norma y su vulgaridad en objeto de admiración. Queda demostrado que el origen de nuestros problemas como sociedad, como especie, no están en otra parte que en nuestro espíritu.

    Estamos jodidos, y la solución no parece cosa sencilla ni cercana. Más que un partido político, los imbéciles y sus seguidores ya han construido un ejército…

  • Stuani es puro fútbol

    Stuani es puro fútbol

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    Como cowboy en el rol de héroe de los «Spaghetti Westerns», Christian Stuani construye sociedades temporales que le ayudan a enfrentarse a formidables enemigos y batirlos sin importar la fiereza ni la fama que les precede. Stuani es un vaquero solitario que saca provecho de esas relaciones y luego las reemplaza por otras que beneficien más a su causa.

    El delantero uruguayo es mañoso, sabe que el fútbol es una serie de duelos que requieren estrategia, picardía y mucha maña. Juega desde el reglamento y casi siempre triunfa, aunque a veces, como en aquellos viejos films, cae ante un oponente que se rehúsa a ser víctima del coraje del charrúa. Ahí, tal cual viejo campeón, se retira a su descanso, mientras se pone el sol e imagina su próxima batalla.

    Stuani juega con el guión de los films de Sergio Leone. Nos recuerda también las maravillosas composiciones de Ennio Morricone.

  • Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 4: Messi y el análisis de lo invisible

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    En este nuevo episodio trato dos temas de actualidad: la superficial polémica alrededor de Lionel Messi, y, a propósito del partido entre Emiratos Árabes Unidos y Venezuela, la nueva tendencia de los medios en examinar lo que no se ve.

  • Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 3: La construcción de una selección

    Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 3: La construcción de una selección

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    En esta nueva video columna, opino sobre la construcción de una selección, poniendo la atención en el caso de Venezuela. En tiempos en los que se habla de rotaciones o de onces fijos, creo que es importante tener en cuenta otra mirada.

    Fotografías Agencia EFE.

    Videos cortesía Directv Sports y diario El País

     

  • Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 2

    Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 2

    636741995348989411En este segundo episodio, comparto una opinión sobre el juego de Arthur Melo y su convivencia futbolística en el FC Barcelona.

    Fotografía Agencia EFE

  • Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 1

    Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 1

    Primer episodio de Fútbol con Ignacio Benedetti, temporada 2018-2019.

    La pelota, qué hacer con ella, la disposición del balón y otras cosas más