Categoría: Fútbol

  • Venezuela: el plan funcionó a medias

    Venezuela: el plan funcionó a medias

    Rafael Dudamel imaginó una clase de partido. Visualizó al rival, urgido por su mala campaña y por la ansiedad de su entrenador, y pensó que aquellos apuros lo llevarían a caer en lo que en el fútbol se conoce como «querer hacer el segundo gol antes que el primero».

    Eso fue Argentina: ansiedad, desesperación y mucho vértigo, el mismo que los expertos y analistas señalan como moderno. La prisa, como nos recordó el partido de ayer, nunca es buena consejera.

    El seleccionador venezolano, convencido de la existencia de los demonios que atormentan a la albiceleste, volvió a apostar por una fórmula que, si no siente como propia, bien que lo disimula. Y es que esta selección, salvo contadas execpciones (Jamaica en la Copa Centenario y Bolivia en Maturín), disfruta de las carreras, eso que llaman transiciones. No es nada nuevo; salvo en la etapa de Richard Páez, la Vinotinto es un equipo que encuentra la comodidad replegándose cerca de su propia área para luego, tras la recuperación de la pelota, atacar los espacios que deja un rival con alma ofensiva.

    Llegados a este punto siento necesario recordar una vieja reflexión: no me gusta el término transiciones. Una transición, como bien explica su definición, tiene que ver con el paso de un estado a otro, de una fase a otra o de un modo de ser a otro. Creyente como soy de que el fútbol no se puede dividir en ataque y defensa, me cuesta, lo confieso, adaptarme a ese concepto. Por ello prefiero hablar de carreras, sin que esto suponga el desprecio por ese estilo.

    El partido comenzó jugándose como lo imaginó Dudamel. Argentina salió a avasallar al equipo vinotinto y sólo Wuilker Fariñez pudo evitar el gol tempranero que acabara con los fantasmas del local. Sin hacer demasiado -Argentina no jugó un buen partido, siendo Ángel Di María su jugador más claro hasta que una lesión lo sacó del terreno- el local llegó al área venezolana, y hasta tres pelotas invadieron el área chica del joven portero. Hasta que Di María se rompió una vez más. Con su salida, Argentina perdió profundidad y movilidad, algo que es recurrente en su tránsito por esta competición y que afecta, no a Lionel Messi, sino a las intenciones colectivas.

    Equipo que no se mueve jamás podrá sacar ventajas.

    Parece inexplicable como, con muchos buenos futbolistas. se juega tan mal al fútbol. El grueso del periodismo deportivo, en su afán de protagonismo, se ha aferrado al reduccionismo para vender el pescado podrido de que la acumulación de buenos jugadores es suficiente para jugar bien. De ser así, al mejor Barcelona lo hubiese sacado campeón cualquier entrenador, y la historia nos enseña que eso no es así.

    Argentina tiene un problema mayor, y es que, a pesar de contar con maravillosos deportistas, a estos les cuesta más y más hacer lo que saben hacer. Es como si cada día se agregara un ladrillo a esa pesada mochila que cargan tras la final del mundial Brasil 2014.

    A ese frágil estado de ánimo -la salida de Di María fue el detonante ante Venezuela- debe sumarse la ansiedad que transmite su nuevo entrenador. Lejos de contagiarles seguridad, Jorge Sampaoli, hace visible y palpable desde el banco cualquier gesto de frustración. En un colectivo que se siente perseguido y acusado, el protagonismo del DT conspira contra lo que dice buscar.
    Por ello insisto con el partido que pensó el seleccionador venezolano. Más que un tema estratégico, Dudamel olió el temor del rival.

    Superados los primeros veinte minutos, supo, a diferencia de su colega, contagiar calma y hasta atrevimiento. El gol de Jhon Murillo es consecuencia del crecimiento de un equipo que con el paso de los minutos fue creyendo. Pero al fútbol se juega con algo más que las emociones, y a Venezuela volvió a fallarle una parte muy importante del plan: entender lo que el juego exige, que en este caso era atacar la ansiedad del rival.

    El gol criollo estimularía nuevas respuestas argentinas, pero Dudamel sostuvo su proyecto cuando, por la prisa que atormentaba a los de Sampaoli, era aconsejable darle entrada a algún futbolista distinto a Murillo o a Sergio Córdova. De entrada, ambos tenían una misión muy clara: aprovechar la ausencia de laterales en Argentina para ganar esa zona y luego asociarse con Salomón Rondón. Pero tras el gol del empate, el partido sugería una readaptación, y esta podía generarse con la entrada de jugadores con otras características, con mayor manejo del balón , tales como Rómulo Otero o Yeferson Soteldo.

    Estos futbolistas, lejos del concepto de acaparar la pelota, saben identificar cuándo y cómo agredir. Córdova y Murillo son de una naturaleza más vertiginosa, y el partido pedía, al igual que sugería Napoleón Bonaparte antes de una batalla, la pausa necesaria para luego apurarse.

    El empate del local, así como el par de posibilidades con las que Argentina pudo llevarse el partido tienen su origen en errores vinotinto, sobre todo a la hora de recuperar la titularidad del balón.

    Es llamativo como a la selección venezolana todavía le cuesta ejecutar correctamente la recuperación de la pelota. Es un aspecto en el que poco puede trabajar el seleccionador, teniendo en cuenta que apenas cuenta con horas laborables, por lo que las mejorías se concentran en el tabajo de base y en los clubes.

    ¿A qué me refiero con la correcta recuperación del balón? Juan Manuel Lillo lo explica con la claridad que lo caracteriza:

     

    En ese trascendental aspecto del juego falló el equipo venezolano, y no es atrevido, tras revisar el empate ante Argentina en Mérida, que por ello se perdieron dos posibles victorias ante la albiceleste en un mismo premundial, posibilidad que jamás fue tan probable.

    Claro que tampoco debe olvidarse que, por primera vez en la historia, no se cae ante los sureños en un ciclo premundialista, pero estos errores que acá se recuerdan sirven para comprender como, aun en la vorágine que produjo un marcador histórico, el resultado es un enorme impostor que disimula la importancia del juego.

    Pues eso, que el juego manda y explica muchas cosas. Y que mientras la banalidad, el amiguismo y la superficialidad tengan tribuna, seguiremos, como desde hace más de veinte años, celebrando circunstancias antes que procesos, empates antes que victorias, y casualidades en vez de causalidades.

    Forografía cortesía de http://www.entornointeligente.com

  • Después de Dudamel, ¿qué?

    Después de Dudamel, ¿qué?

    Tras el empate ante Colombia, el seleccionador venezolano Rafael Dudamel, abrió la puerta a la posibilidad de retirarse de la conducción del conjunto criollo tras el final de la actual eliminatoria. Fue él quien instauró el tema en los medios, y si bien no son estos quienes deben aportar soluciones, sí debe hacerse una revisión de algunos de los factores que influirán en el caso de que se concrete esa despedida.

    Hay un detalle que no puede obviarse. Pocos días antes de ese partido, Dudamel presentó a la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) su plan de cara al año 2017. Luego, tras el compromiso ante los neogranadinos, expresó que su prioridad era mantenerse a cargo del combinado nacional, pero agregó que en la actualidad no hay recursos para la revisión de su contrato, aunque espera que en los meses por venir aparezcan.

    Más allá de determinar si esa rueda de prensa era el escenario idóneo para ventilar el tema, o discutir el hecho de que Dudamel hablara más de sus aspiraciones que de los costos de la preparación de la selección nacional, es necesario sumergirse en la actualidad del fútbol venezolano para tener una idea sobre qué significaría el adiós del primer entrenador criollo que ha conseguido dos clasificaciones a mundiales juveniles.

    Actualidad de la FVF

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    Para todos es conocido que la Federación Venezolana de Fútbol tiene en Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) a su mayor contribuyente. En esta economía de guerra –vender la realidad venezolana como otra cosa es de ilusos, de propagandistas o de “agraciados”- el único que posee divisas extranjeras es el Estado, por lo que el aporte de la petrolera es vital.

    El vínculo contractual actual finaliza en 2018. Queda por conocerse si ambos bandos, FVF y PDVSA, trabajan en un nuevo acuerdo, ya que de lo contrario, la federación se vería en la necesidad de hacer magia para tan si quiera cumplir con sus compromisos competitivos. No debe olvidar el lector que en el mundo del fútbol se trabaja en dólares o euros, así que el maltratado bolívar no cuenta para viajes, viáticos, hoteles y demás obligaciones típicas de cualquier selección.

    Ahora bien, si lo pactado está garantizado hasta 2018, cabe preguntarse qué razones tendría Dudamel para abandonar el un año antes, sobre todo si se tiene en cuenta que, tras el inédito segundo lugar logrado en el Mundial Sub-20 de 2017, el entrenador tendría carta blanca frente a sus jefes.

    Podría suponerse, entre las millones de hipótesis, que la propia federación no ve segura la continuidad contractual entre ellos y PDVSA; que el seleccionador prefiere dar un paso al costado y aceptar la oferta de un club colombiano (una meta que siempre ha tenido el técnico yaracuyano), o que la declaración del entrenador sea parte de su estrategia negociadora. Son miles las posibilidades, y hasta que los protagonistas no hablen claro, poco se puede asegurar.

    Considerando únicamente el apartado económico, es necesario preguntarse si la FVF podría conseguir un patrocinio distinto al que ofrece PDVSA o el Estado venezolano, algo que por los momentos es imposible. Mientras se mantenga el control de cambio y la guerra contra la empresa privada, todo equipo deportivo dependerá en exclusiva de estos entes.

    La silla caliente

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    Aún en los peores momentos, el cargo de seleccionador nacional ha seducido a todos los entrenadores que hacen vida en el fútbol criollo. Pero más allá del hambre y las ganas de comer, existen en la actualidad posee dos condicionantes que no se encontraban desde hace mucho tiempo: la falta de dinero y el nivel de los conductores criollos.

    Del primer ítem no hay mucho más que agregar tras la confesión de Dudamel. Por ello, en caso de quedarse sin seleccionador, la FVF tendría que olvidarse, casi inmediatamente, de la opción de contratar a un entrenador foráneo. Dudamel no miente cuando asegura no ser un técnico caro, por lo que la imposibilidad federativa de cumplirle el aumento deseado al criollo daría un alarmante mensaje a los posibles sucesores.

    La otra arista que condiciona el proceso tiene que ver con la formación de los directores técnicos venezolanos en la actualidad.

    Cómo consecuencia de la economía de guerra –no confundir con la mentira de la “guerra económica”- que antes mencionaba, los entrenadores criollos no cuentan con el dinero suficiente para viajar al extranjero. Ese encuentro con sus pares en otras latitudes es probablemente el requisito formativo más subestimado en el balompié local. No voy a extenderme más de lo necesario, pero la historia de este juego está repleta de ejemplos que enseñan que los viajes y el intercambio de ideas han sido fundamentales en la evolución del fútbol y de los entrenadores.

    ¿Quiénes han viajado al extranjero para actualizarse? Puedo mencionar a unos pocos: Richard Páez, José Hernández, Daniel De Oliveira, César y Daniel Farías, Noel Sanvicente y Eduardo Saragó. Seguramente hay un puñado más que en este momento no recuerdo, pero que, lejos de defender el actual modelo criollo, constituyen una excepción.

    Los equipos profesionales, bien sea por ignorancia, avaricia o simple desprecio por la educación, hace mucho que no apoyan esas iniciativas. A ello debe sumársele que el colegio de entrenadores no actualiza su pensum ni sus actividades. Si comparamos esta realidad con, por ejemplo, la de Colombia, el susto puede ser enorme.

    El vecino país inauguró recientemente su Escuela Mayor de Técnicos y Entrenadores de Fútbol, lo que “permitirá a los entrenadores colombianos obtener las certificaciones para el ejercicio de sus actividades con el sello de la Convención de Entrenadores de la CONMEBOL”.

    Si en Venezuela no hay recursos ni divisas para traer profesores y multiplicadores, avances metodológicos o acercar la ciencia al deporte; si los mandamases del Colegio de Entrenadores se mantienen en sus puestos a pesar de lo expuesto en estas líneas, y de otras situaciones aun peores que no vale la pena mencionar, y si se sostienen los equivocados paradigmas que olvidan a los entrenadores de base como verdaderos responsables del futuro, el porvenir de este fútbol dependerá más de lo divino que de lo humano.

    Una posible solución sería que la propia federación promueva y profundice la formación de los entrenadores, luego contratándolos para que, en el rol de multiplicadores del conocimiento, recorran el país. Sí, como entrenadores pagados por la propia FVF y que no dependan del seleccionador nacional; empleados federativos que promuevan el crecimiento de todos los entrenadores del fútbol base. Pero esa propuesta es harina de otro costal.

    Volviendo al posible adiós de Rafael Dudamel, su sucesión, teniendo en cuenta lo aquí descrito, se antoja complicada. Sin dinero ni candidatos criollos que hayan cultivado sus conocimientos en otras latitudes, insisto, estamos a merced del azar y nada más.

    Por último, le pido a los entrenadores jóvenes que no se ofendan con estas líneas. En ningún momento cuestiono sus capacidades ni su hambre de aprendizaje. La intención es recordarle, tanto a la FVF como los dirigentes de los equipos, que deben trabajar mancomunadamente por un fútbol mejor, y que esto no se consigue reuniéndose con presidentes de ligas sino conociendo los ejemplos de federaciones y clubes. Ya no vale aquello de que “de eso se ocupa la federación”, o “eso le toca a los equipos”. Estudien el caso alemán y entenderán que el progreso depende más de la voluntad que del dinero.

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    Analicen también el paso de Marcelo Bielsa por Chile y como, gracias a la creatividad del propio entrenador y del presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, Chile encontró soluciones para palear la escasez de recursos. El tiempo perdido no volverá, no jueguen más con el que está por llegar.

    Fotografías cortesía EFE, Prensa Vinotinto y http://www.lacuarta.com

  • Entrenadores en un juego de jugadores

    Entrenadores en un juego de jugadores

    Allá por el año 2011, el Banco Sabadell grabó, en su ciclo «Conversaciones sobre el futuro», una muy rica charla entre el cineasta Fernando Trueba y Pep Guardiola. La hondura de lo conversado por casi veinte minutos derivó en que un spot publicitario se transformase en una charla casi de culto.

    Para muchos, la charla ponía la lupa en el campo del liderazgo, y seguramente no se equivoquen quienes sostienen esa teoría. Aun así, siento que el entrenador catalán dejó un concepto que bien vale la pena tener presente en cada momento que se hable del juego. Guardiola, a pesar de tocar diversos temas, no dejó de poner el foco en el fútbol:

    «Lo más maravilloso de mi profesión es imaginar el partido que va a suceder mañana. Con los jugadores que tengo, con esas herramientas que tengo, con el contrario que sé lo que hace. Soñar qué va a pasar… Uno piensa, ‘estos tipos hacen estas cosas. Si hacemos esto les vamos a joder’. Al final es un juego. Le hemos pervertido, lo hemos convertido en parte de un negocio que todos vivimos de él, y muchísima gente vive de él, pero al final olvidamos que, y esto es lo que da sentido a mi profesión, es un juego, en el que yo quiero hacerlo mejor que tú y tú quieres hacerlo mejor que yo. Con tus armas y yo con mis armas… Soñar eso, planear el día antes como hacerlo, y transmitirlo a tu gente para cómo hacerlo, es el motor, ahora mismo, de mi profesión. Pero es un juego, nada complicado. Es conocerle a él para hacerlo mejor. No es ni para batirle… Lo más bonito es si aquello que he pensado y que he transmitido a mi gente, durante el partido, en el minuto diez, está pasando o no está sucediendo. Es el momento de más plenitud. Y cuando no está sucediendo es porque te habías equivocado, o sabes las razones por las cuales no va; te habías imaginado una cosa, y como no va, algo está pasando por lo que no funciona».

    El fútbol es un juego protagonizado por seres humanos. Como tales, estos están condicionados por todo aquello que conforma su ecosistema, su contexto. Sus decisiones y la ejecución de las mismas no responden exclusivamente a su voluntad; el azar, el rival, el campo, en fin, la vida misma, tienen tanta fuerza como la intencionalidad.

    Si se acepta como cierto este punto de vista, entonces ¿cómo se justifica que el entrenador sea señalado casi siempre como el responsable de los malos resultados?

    Si me lo permite, y en sintonía con la duda anterior, vale la pena cuestionarse si realmente existe la responsabilidad, entendida ésta como sinónimo de culpabilidad. Este es un debate que debería darse, esencialmente porque el fútbol es una actividad de oposición directa, es decir, que el enfrentamiento es la norma de este deporte.

    En días pasados, Juan Manuel Lillo, entrenador de Atlético Nacional de Medellín, explicaba que todo lo que expresaban sus jugadores en el campo de juego era mérito de ellos, nacía de ellos y de nadie más. Insistía en que él, como conductor, figura que no entra al terreno, no tenía mayor influencia en la toma de decisiones, ya que los futbolistas, y solamente ellos, son los protagonistas de este juego.

    La contundencia de tal declaración puede hacer creer, al ejército de distraídos, que Lillo, en un supuesto afán por salvarse, intentaba desligarse de responsabilidades tales como el entrenamiento y la planificación de cada partido. Pero lo que el Tolosarra, de la misma forma que su amigo catalán, intenta dejar claro es que siendo este un juego colectivo, de relaciones con los propios y con extraños, es imposible controlar lo que va a suceder.

    Volvamos a Guardiola. En el diálogo con Trueba, el hoy entrenador del Manchester City dice que «lo más maravilloso de mi profesión es imaginar el partido que va a suceder mañana«. Imaginar, soñar, transmitir. No son palabras que nazcan de la casualidad.

    Un entrenador, bien sea Guardiola, Lillo o cualquiera, solamente puede convencer a sus futbolistas de que el plan nace de sus propias posibilidades, de sus expresiones, es decir, que el plan son ellos. Son los jugadores, y no el entrenador, los únicos capacitados de poner en práctica cualquier estrategia..

    El debate sobre la influencia de los entrenadores no es novedoso. Puede que en estos tiempos de redes sociales parezca el ultimo grito de la moda, pero no es así. Permítame recordar al inolvidable Carlos Desiderio Peucelle, alias «Barullo» -no se si exista mejor apodo para un futbolista- cuando decía que: “Yo estuve dentro de la cancha 17 años y nunca vi que lo que se produce como juego dentro de un partido viniera de un maestro de afuera. Siempre salió de los jugadores”.

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    El fútbol nace de las entrañas de sus intérpretes. Pero los entrenadores tienen la misión de conducir, un oficio casi idéntico al de un general en la batalla: encontrar los caminos para llevar a los suyos hacia la tan anhelada victoria. Por ello debo pedirle al lector que vuelva sobre las palabras de Guardiola.

    Cuando el catalán expresa con tanta pasión lo que para él es el motor de su oficio lo hace sabiendo que no siempre sucede. Una cosa es planificar y otra muy distinta es que lo pensado se haga realidad.

    Entrenadores y futbolistas juntos en un intento, en una posibilidad de transformarse en un organismo, en un todo indivisible. Parece sencillo, se vende como necesario, pero probablemente sea lo más complicado que existe en esta actividad. Transmitir a otros, contagiar.

    Que no se olvide que este es un juego en el que, además del rival, también está la vida misma para joderte.

    Fotografía cortesía http://www.skysports.com

  • La idiotez en el fútbol no descansa, ni siquiera en Semana Santa

    La idiotez en el fútbol no descansa, ni siquiera en Semana Santa

    La soberbia los lleva a decir idioteces sin parar. En un programa de fútbol de TV, en Argentina, se gritan bobadas como si tuviesen licencia para mentir. Con una histeria sin parangón, se discute al posible cuerpo técnico de Jorge Sampaoli en la selección argentina. Las barbaridades son preocupantes:

    Juan Manuel Lillo es un fracasado que descendió a Dorados en el fútbol mexicano. La historia verdadera: «Lillo heredó un equipo que había sumado cuatro puntos en las seis primeras jornadas. Lillo mejoró los registros del Dorados, consiguiendo que su equipo culminara en el octavo puesto al final del torneo, pero por cuestión del porcentual que marca los descensos y que se arrastra de temporadas anteriores el equipo culichi acabó descendiendo a la Primera «A» en la última jornada del Clausura 2006″. Luego de los señalamientos hechos en ese programa, entre los cuales el veterano acusador calificó a Jorge Sampaoli de «vendedor de humo«, Sebastián Abreu llamó a otro de los panelistas. «El Loco» quiso defender a Lillo y decirle al periodista en cuestión que los métodos del español son top. El silencio fue abrumador.

    Lillo es militante de la periodización táctica y el juego de POSESIÓN. Aclaratoria: La metodología no es de «posesión» sino de «posición», una sutil diferencia lingüística pero enorme en cuanto a lo futbolístico. No recuerdo a Juanma como gran defensor de la metodología del profesor Vítor Frade- tampoco es contrario, simplemente no la aplica como tal- sino del juego posicional, al que él mismo, en el libro «Pep Guardiola. La Metamorfosis» de Martí Perarnau, rebautiza como juego de «UBICACIÓN«.

    Lillo fracasó en Millonarios de Colombia. La historia verdadera: «En su primer torneo en Colombia, su equipo Millonarios consiguió 33 puntos en 18 partidos disputados (10 victorias, 3 empates y 5 derrotas). Millonarios culmina en el segundo lugar del torneo y clasifica al play-off final. En dicho certamen, cae por penales ante Junior en semifinales tras igualar 0 a 0 en el desarrollo del partido y pierde la chances de jugar en el partido final. En el segundo semestre de 2014 el club entró en una debacle deportiva luego que los fichajes del club no cumplieran las expectativas, esto hizo que Millonarios quedara último en el grupo C de la Copa Colombia,28 además, Millonarios perdió los últimos cuatro partidos de liga, siendo goleado 5-0 por Nacional en Medellín29 y luego de perder el Clásico Capitalino, contra Santa Fe, 1 – 0.30 Asimismo el equipo fue eliminado en la primera ronda de la Copa Suramericana luego de caer 1-2 con César Vallejo en Bogotá, y de empatar a 2 goles en Perú.31 Esto hizo que la situación de Lillo se complicara, hasta que el 2 de septiembre de 2014 las directivas del club informaron a la opinión pública que se había determinado remover del cargo a Lillo«. En resumen, Lillo tuvo un muy buen primer torneo y otro muy malo. Ni fracaso ni gloria, sencillamente la normalidad en la vida de un entrenador.

    Lillo aprendió muy mal de Guardiola. Contemos la verdad: Pep Guardiola tiene en Lillo una de sus referencias de cabecera. Lo consulta permanentemente y esto lo afirma el propio Guardiola, quien dijo una vez: «Lillo es el mejor entrenador que he tenido«. Pero además, Jorge Sampaoli, además de llevar a Lillo como su mano derecha al Sevilla, lo convenció de acompañarlo en la selección de Chile para diseñar un plan que los ayudara a ganar la Copa América de Chile. El plan era agregar matices del juego posicional a un equipo que siempre fue muy violento en sus transiciones. Esto se pudo observar, entre varios ejemplos, en el rol de Isla, lateral derecho, quien hizo muchas veces de «Pedro» en aquella selección que ganó la Copa por penales, ensanchando el campo con sus desbordes, manteniendo la posición, casi de extremo, aun en momentos en los que el juego se inclinaba por el otro costado.

    Estos son ejemplos de barbaridades que escuché hoy en un programa de TV en el que, como si fuera poco, el mismo señor grita que el fútbol es «dinámica de lo impensado», haciendo del título del maravilloso libro de Panzeri una ordinaria muletilla, porque los gritos y obscenidades que vomita no le permiten tan solo explicar la intención de aquel maravilloso periodista y analista, que no era otra que recordar que las cualidades de cada quien son intransferibles, y que el fútbol es pillería, viveza, engaño, pero también mucho de estrategia.

    Pasa en Argentina. Pasa en España, y cómo no, pasa en Venezuela. La mentira y la banalidad se instalaron en el fútbol hace muchos años, pero ahora, gracias a la barbarie de las redes sociales, conquistaron todos los territorios. Hasta saludamos el éxito de algún ladrón de siete suelas.

    No hago sino recordar a un querido amigo cuando me dijo que la guerra estaba perdida, pero por si acaso, aquí dejo algunas reflexiones de Juan Manuel Lillo, un entrenador magnífico y un soberbio pensador.

    “La posesión del balón es un objetivo parcial del juego.”

    “Cuando se piensa en el resultado se tiene temor al juego.”

    “Lo que debe temer cualquier entrenador es que el equipo rival se ponga a jugar, y no temer que se ponga a correr.”

    “No te puedes tapar un ojo y jugar a solo una cosa; ¡defender!O¡atacar!”

    “Hay algunos equipos tan defensivos que no saben de que color es la línea de medio campo.”

    “En el fútbol existen dos miedos, a ganar y a perder.”

    “Estar atento a la intención del jugador adversario poseedor del balón es la mejor manifestación del talento defensivo.”

    “Cuando no se tiene la posesión del balón hay que defender, no contener.”

    “La táctica nace de los problemas que plantea el juego por un lado, y de las soluciones que encuentra el jugador para esos citados problemas, y todo esto trasladado a la
    colectividad. La génesis es el juego y el jugador”.

    “La fuente principal para conocer el juego es conocer al jugador. Porque saber de fútbol
    es saber de jugadores”.

    “La táctica es la forma en la que se juega, el porqué se juega, cuando se juega, cómo
    se juega y dónde se juega”.

    “Mi gran misión como entrenador es crear cultura táctica. Enseñar al jugador a interpretar las situaciones, y eso parte de dar mucha información, es decir darle una razón para hacer las cosas. Al final elige el jugador”.

    “El punto de partida no es el cambio, sino la contratación. No se contratan ideas, sino al
    último ganador, un buen currículo para tranquilizar a los medios y al público. Si los
    presidentes contratan una idea, la aguantarían como propia y habría contratos largos. Aquí el crédito de un entrenador es el siguiente domingo, y eres tan bueno como tu último resultado”.

    “Los equipos no solo deben de ser felices atacando, también lo deben de ser
    defendiendo.”

    «No voy a opinar sobre las opiniones. Eso es lo bonito del fútbol, opinar»

    «Cuando más te aproximas a la portería, más te alejas del gol».

    «Que Cristiano Ronaldo sea el símbolo para la sociedad actual significa que hay algo que no funciona».

    «Ahora es mucho más importante en el fútbol lo que pasa de lunes a viernes. Lo que ocurre el domingo importa cada vez menos».

    «El fútbol se ha convertido en un consolador social».

    «Messi representa el paradigma sistémico y contextual. Todos estamos en el contexto y el contexto está en nosotros. Leo Messi es la prueba más evidente».

    «Iniesta representa el todo y Messi la parte. Messi necesita más a Andrés que Andrés a Messi».

    «Tu rival también es parte de ti».

    «No es lo mismo la posibilidad que la probabilidad. A mí me gustan los equipos que buscan la probabilidad».

    «No soy de los que cree que el liderazgo ha de ejercerse desde el banquillo. El entrenador ha de ser como Dios, en todas partes y en ninguna visible».

    «Pep y yo intentamos lo mismo: conseguir superioridades a partir de la posición. ¿De qué sirve jugar entre líneas si no es para eliminar a rivales?».

    «El fútbol no es ofensivo ni defensivo. El reglamento solo dice que hay que marcar más goles para ganar. Y nosotros hemos decidido no llevarle la contraria. Por eso partimos del balón, porque sin él no se puede hacer goles».

    «El entrenador debe saber tratar al grupo como personas de lunes a sábado y el domingo hacerlo como jugadores».

    «Creo que el entrenador tiene que pelear por ser, no por estar. Y creo que yo en día, con tal de estar, el entrenador deja de ser».

    «No hay que atender a los dibujitos. Para mí en el 4-1-4-1 hay tres delanteros. Y es que en cuanto se mueve el balón, el dibujito se fue al carajo».

    «Cada día me lo pregunto más… dime con qué mediocentro andas y te diré qué equipo eres».

    «Las ideas siempre tienen validez en cualquier ámbito de la vida. Incluso no tener ideas es una idea en sí misma».

    «No arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré».

    Imagen cortesía del Diario AS

  • Los buenos, los baratos o los amigos

    Los buenos, los baratos o los amigos

    Para que un equipo sea competitivo es clave la conformación del staff técnico que dirigirá a los futbolistas. Contrario a los que se supone, el entrenador no es un tirano que dicta ordenes, sino parte de un cuerpo colegiado que intentará encontrar el mejor rendimiento de ese colectivo humano que comandan.

    La realidad nos demuestra que un entrenador será tan bueno como aquellos que lo rodeen. No es casual que los conductores más admirados a nivel mundial, aquellos que son tomados en cuenta, más que por sus triunfos por sus reflexiones y capacidad de innovación, se codeen con auxiliares o ayudantes que los desafían permanentemente. De nada vale hacerse acompañar por alcahuetes que digan sí a todo; una idea, así como su evolución, nace del intercambio de visiones.

    El multimillonario norteamericano Warren Buffet así lo cree. Una de sus reflexiones más conocidas es aquella que reza:

    “Contrata a los mejores y déjalos hacer lo que saben. Si no, contrata a los más baratos y que hagan lo que tú digas”.

     

    Analicemos rápidamente quienes acompañan a Josep Guardiola y a José Mourinho, por citar a los entrenadores que más pasiones levantan en la actualidad.

    Con el catalán trabajan Domènec Torrent (Primer Asistente), Carles Planchart (Asistente y Analista de Rendimiento) y Lorenzo Buenaventura (Preparador Físico). Los tres han estado a su lado desde tiempos en que Pep dirigía al Barcelona B. Este grupo, que puede catalogarse como el núcleo duro del “Guardiolismo”, se completa con Manel Estiarte, posiblemente el waterpolista más importante de la historia, quien se encarga de ser una especie de confidente del entrenador y, al mismo tiempo, sirve de apoyo para los futbolistas. En Barcelona tuvo otros colaboradores que luego se mantuvieron en el organigrama blaugrana, mientras que Múnich también contó con la colaboración de técnicos bávaros. En Manchester se ha sumado a Mikel Arteta (recientemente retirado del fútbol) y a Rodolfo Borrell, quien estuvo en el Liverpool de Rafael Benítez.

    En el equipo de Mourinho destacan dos nombres por encima de los demás integrantes: Rui Faría (Preparador Físico) y Silvino Louro (Entrenador de Arqueros), ambos de largo recorrido con “Mou” desde hace mucho tiempo. El caso de Faría es muy interesante, ya que según el propio DT, su mano derecha sería, en caso de separarse del staff que conduce José, un maravilloso primer entrenador.

    Puedo también mencionar el ejemplo del FC Barcelona. La llegada de Luis Enrique vino acompañada de varios profesionales de primerísimo nivel, como Robert Moreno (Asistente), Rafel Pol (Preparador Físico y autor del libro “La Preparación ¿Física? en el fútbol), Joaquín Valdés (Psicólogo) y Juan Carlos Unzué (Primer Asistente), el candidato número uno a sustituir al actual entrenador blaugrana.

    Aprovecho la mención al trabajo de Luis Enrique para recomendar el documental “Los hombres de Lucho” en el que puede observarse a éstos y otros integrantes de ese staff.

    Analizados brevemente los casos anteriores, cabe preguntarse si, en nuestro fútbol, cuando se contrata a un entrenador, se tiene en cuenta quiénes lo acompañan, qué metodología de entrenamiento emplean o cómo se conducen en cada una de las situaciones de riesgo que vivirá un equipo de fútbol. De nada vale sumar gente que poco o nada hacen por actualizarse y que creen, equivocadamente, que su formación, sostenida exclusivamente en el conocimiento empírico, es suficiente para potenciar los recursos de sus plantillas. Los amigos son los amigos, ya lo sé, pero estos pueden terminar por hundir un aparentemente bien sustentado proyecto.

    Esto lo planteo tras un nuevo episodio que confirma al fútbol venezolano como tierra fértil para el disparate. Tras una victoria 2-0 ante Mineros de Guayana, Juan Cruz Real, hasta ese momento entrenador de Estudiantes de Mérida, renunció a su cargo, denunciando una injerencia inaceptable. Su declaración al programa radial “Tiempo de Fútbol” debería hacernos reflexionar sobre lo que aquí planteo y lo que algunos, equivocadamente, creen que es la labor dirigencial.

     

    @juancruzreal :»hay diferencias con la directiva en cuanto a la conformación del 11 titular y eso le compete al DT»

     

    @CesarToni :»puede ser que hubo diferencias con el DT por jugadores que están a buen nivel y hoy no fueron titulares»

     

    Y es que lejos de mejorar las estructuras institucionales, la gran mayoría de los directivos del fútbol criollo aspiran, casi exclusivamente, a ganar trofeos, como si estos fuesen la receta que respalde la estabilidad del club. La historia de nuestro fútbol nos recuerda que ni los éxitos ni la penetración social garantizan la existencia de los equipos. Marítimo y el Unión Atlético Maracaibo son sólo dos ejemplos de lo que aquí argumento. Hace falta un trabajo concienzudo, preciso, profundo y reflexivo para reafirmar, día a día, la continuidad de la institución, y este no se cultiva con injerencias sin sentido de quienes invierten el dinero. Si se confía en quienes deben dirigir las distintas áreas de un club, ¿por qué creer que cualquiera, sin la adecuada formación, puede hacerlo mejor?

    Luego de un episodio como el que aquí repaso, ¿qué entrenador va a creer posible el desarrollo de un proyecto en esa institución? Alguno asumirá la dirección técnica de Estudiantes, pero el equipo, o mejor dicho, la directiva, ha quedado en fuera de juego: cruzaron una frontera de la que no se vuelve con facilidad. Por ello vale la pena preguntarse si en el fútbol venezolano se contrata a los mejores, a los más económicos o a los más amigos. En la respuesta puede que se encuentre parte del diagnóstico de nuestros males.

    Columna publicada en El Estímulo, el 03/04/2017

  • La Vinotinto de los 45 minutos

    La Vinotinto de los 45 minutos

    La selección se acostumbró a jugar por lapsos de tiempo. Ante Perú fueron los primeros cuarenta y cinco, mientras que, ante Chile, en Santiago, fue en la segunda etapa que se observó la mejor versión del equipo criollo. Si ante los incas el aviso fue claro, contra un equipo que sabe competir en el más alto nivel como la selección austral, esa situación se hace notable y pesada. El 3-1 no hace justicia al mal partido criollo.

    Los partidos de fútbol duran noventa minutos. Eso de hablar de competitividad por etapas es un ventajismo insoportable e insostenible. Puede que ante Perú algunos hayan creído que con eso alcanzaba, pero Chile, esa selección que es ejemplo de respeto a un proceso futbolístico, no perdona tantas ventajas. Lo hizo en el marcador, pero futbolísticamente dejó en evidencia las diferencias entre una y otra selección.

    Sería preocupante quedarse con el gol de Tomás Rincón que no subió al marcador, el posible penal no sancionado a Rómulo Otero, o si se prefiere, con la creciente sociedad entre Otero y Jhon Murillo. Defender la competitividad criolla a partir de esos episodios puede ser hasta peligroso porque obviaría que el local tuvo hasta cinco ocasiones claras de aumentar la ventaja hasta que Salomón Rondón convirtió el gol del descuento. Guste o no, la figura venezolana fue Wuilker Faríñez, una clara muestra de que, por un lado, el joven arquero no tiene problemas en defender el arco de la selección mayor, y por otro, que Venezuela hizo aguas.

    Habrá quienes apoyados en el rendimiento del guardameta exigirán una mayor presencia de juveniles en las próximas alineaciones. Ante semejante muestra de oportunismo es pertinente recordar que la inserción de jóvenes valores, por sí sola, no solucionará nada. La calidad de los entrenamientos, una idea clara, el respeto por la exigencia de la competencia y el sacrificio de los futbolistas son los componentes obligados de todo proceso que pretenda crecer y evolucionar. No hay atajos ni tiempos fuera: o se asume con esa energía o seguiremos a la deriva.

    Chile atacó sin piedad el costado derecho de la defensa criolla. La voluntad de Alexander González no fue suficiente para el dos contra uno que promovieron Jean Beausejour y Alexis Sánchez en contra del lateral. Llama poderosamente la atención que no se tomara en cuenta que esa conducta es costumbre en la selección roja, o peor aún, que no se asumieran rápidos correctivos ante semejante acoso. Desde los tiempos de Marcelo Bielsa, con el propio Beausejour y Mark González, Chile ha tenido en su ataque por la banda izquierda su principal arma. Pasan los años y esto se ha potenciado con el crecimiento de Sánchez y la aparición del propio Eduardo Vargas. Ante eso, no fue sino hasta el minuto 60 que la Vinotinto promovió un retoque. Culpar a González de errores colectivos sería, como no, oportunista.

    En cuanto a Chile y su identidad debe hacerse un aparte. El ejemplo chileno nos desnuda hasta en la selección de los entrenadores. ¿Qué tienen en común Richard Páez, César Farías, Noel Sanvicente y Rafael Dudamel? La sucesión de seleccionadores en nuestro país es emocional, no hay un guión porque no se comprende la importancia de una hoja de ruta. Así nos pasamos de un juego posicional a uno puramente reactivo y dependiente de la pelota parada, para luego sumergirnos en uno en el que prevalecen las rápidas transiciones. Todo esto sin anestesia, porque el plan es no tener plan.

    Vuelvo con Chile. Los australes, luego de la renuncia de Bielsa, apostaron por Claudio Borghi, un entrenador con modos e ideas casi opuestas a las del “Loco”. Cuando casi perdían toda oportunidad de ir al mundial Brasil 2014 recurrieron a Jorge Sampaoli, un continuador del “bielsismo”, quien, tras lograr la clasificación a la cita brasileña, comprendió que había que darle una vuelta de tuerca al equipo: los cambios no fueron de módulos tácticos ni de discurso, episodios que tanto entretienen a los especialistas criollos. El hoy entrenador del Sevilla agregó claves del ataque posicional de la mano de un experto (Juan Manuel Lillo) para enriquecer a su equipo. Insisto en mi pregunta, ¿esas discusiones se promueven en nuestro fútbol? Repasemos el campeonato local para darnos cuenta que la gran mayoría de los entrenadores están más preocupados por las excusas que por su propio crecimiento.

    Esto que menciono no es poca cosa. El joven grupo que integra al equipo nacional todavía está en búsqueda de una personalidad propia. En el primer tiempo contra Perú, y en la segunda etapa ante, Chile quedó demostrado que, por cualidades propias de sus intérpretes, esta selección puede crecer bajo la idea de protagonizar los partidos, a través de un fútbol de sociedades, más pensado y menos reaccionario. Pero, cuando la responsabilidad se hizo pesada, se retornó a viejos vicios como el pelotazo sin sentido, distanciando aún más a los futbolistas patrios.

    Detengámonos por un instante en el gol criollo y preguntémonos si la reacción criolla es consecuencia exclusiva de la voluntad propia. Es innegable una recuperación anímica que los llevó a anotar el tanto de Rondón y seguir adelante, pero su origen es tan propio como ajeno; el equipo de Juan Antonio Pizzi sobró el partido y alimentó a la Vinotinto. Hay mérito de los de Dudamel, pero sólo cuando el rival aflojó fue que nos atrevimos a intentar algo distinto. La sensación que deja esta doble fecha es que Venezuela sufrió por no creer en sí misma. La selección cuenta con jugadores capaces de competir y disputar los partidos, por lo que vale preguntarse si la inconsistencia no pasa por un tema emocional o psicológico más que futbolístico.

    ¿Por qué Rincón no consigue mostrar su mejor versión con la selección? ¿No merece José Manuel Velázquez una oportunidad? ¿Volverá Roberto Rosales? ¿Por qué no apostar por Mikel Villanueva como lateral? ¿Faltó algún volante ofensivo en el banco de suplentes? ¿Está Víctor García listo para asumir el puesto de lateral derecho? Con Otero y Murillo cada vez más asentados, ¿cuál es el rol de Alejandro Guerra? ¿Qué hacer con un Peñaranda talentoso pero sin actualidad en su club? De aquí a agosto hay tiempo suficiente para ir respondiendo estas interrogantes, muchas de las cuales encontrarán solución con la llegada de las vacaciones y el mercado de fichajes.

    Permítame una última reflexión: En el deporte criollo creemos que la solución a nuestros males es apostar a cambios de entrenadores mientras celebramos logros individuales como la llegada de Rincón a la élite. Los procesos formativos tienen una vida muy corta, y en la gran mayoría de los casos están protagonizados por entrenadores que apuestan a ganar notoriedad con triunfos y no a través de su capacidad formativa la formación. Es natural: la educación no paga tanto como dirigir en primera división. ¿Existe en Venezuela algún director de metodología? Daniel De Oliveira casi asume ese cargo en Caracas FC, pero la confusión que reina en esa institución es profunda y no vale la pena explicarla en estas líneas.

    Sin el apoyo de una metodología clara, los futbolistas venezolanos son triunfadores individuales. Cada uno de sus logros son “a pesar de” y no “gracias a”. ¿Dónde estudian los entrenadores venezolanos? ¿Cuanto duran esos cursos? ¿Quienes los imparten? ¿Todos los “carnetizados” hicieron el curso? Perdone que me afinque, pero estos problemas van más allá del seleccionador de turno. Son la consecuencia natural de un mal hacer que ya es costumbre. Hasta tanto no se ataquen estos problemas de fondo, la selección, la dirija Dudamel, Bielsa o José Mourinho, seguirá siendo un barco de difícil conducción.

    Hasta agosto no habrá actividad. Hay tiempo para digerir la derrota y el empate de esta doble fecha. Es cierto que no hay mucho tiempo de ensayo para promover correctivos, pero si algo hay que aprender de Chile es que, con el mismo inconveniente, han construido y mejorado una idea de juego. Sin tiempo, pero con mucha voluntad.

    Columna publicada en El Estímulo, el 28/03/2017

  • ¿Hacia dónde apunta Dudamel?

    ¿Hacia dónde apunta Dudamel?

    En la rueda de prensa posterior al empate con Perú, Rafael Dudamel reinstaló un debate inexistente, en el que sólo los mal llamados expertos se benefician: jugar bien o jugar bonito. Esa, pésele a quien le pese, no es la cuestión, que debe ocuparnos, si es que, claro está, nos interesa el juego como tal.

    La frase que más me llamó la atención de la aparición del entrenador fue la siguiente:

    No se dejen (los medios) contaminar con los que hoy, estando afuera, exigen un fútbol vistoso o ganar por goleada. No, no, no. Tenemos una realidad desde la tabla de posiciones, desde la infraestructura como fútbol, como fútbol venezolano. ¿Que hacemos nosotros? Trabajar para mejorar. Trabajar para cambiarle la historia a nuestro fútbol. Y desde ahí es sumar talentos que hoy tengan la experiencia, la condición y la capacidad para formar parte de una selección, para jugar en este tipo de competencias“.

     

    El objetivo de un seleccionador es simple pero complejo: lograr que su equipo sea competitivo. No existe la dicotomía de jugar bien o jugar bonito, porque lo estético es una cuestión subjetiva, es decir, pertenece a cada quien, nace en el espíritu de cada individuo. Jugar bien, como muchas veces se ha expuesto, no tiene que ver con porcentajes de posesión de la pelota o la zona en la que se inicie la construcción del juego; jugar bien al fútbol es utilizar correctamente los recursos disponibles y potenciarlos, disimular las carencias propias y saber adaptarse a cada una de las situaciones del juego.

    No debe nunca olvidarse que este es un deporte de oposición directa. Esa frase por simple que parezca, es la puerta de entrada a la complejidad del fútbol, entendiendo que complejidad no se asocia con dificultad; esa definición hace referencia a las innumerables relaciones y consecuencias de las mismas dentro de un sistema. El fútbol es una actividad compleja porque todo lo que se entrene y planifique se verá directamente influenciado por el contrincante, por sus planes y por sus reacciones. Ninguna hoja de ruta se cumple a la perfección porque es imposible prever las respuestas del otro conjunto.

    Permítame hacer un aparte. Un equipo de fútbol es un sistema, y el francés Edgar Morín nos recuerda que “un sistema está representado por una serie de elementos que interactúan entre sí”. A pesar de todo lo ensayado, cuando rueda el balón, son muchas las interacciones que se dan “porque sí”, opuesto a lo planificado con anterioridad. Por ello, hay que tener en cuenta la capacidad de adaptación que tanto machaco desde esta tribuna.

    Teniendo en cuenta todo esto, se puede concluir que los grandes equipos son aquellos que saben adaptarse a cada una de las situaciones del partido. Por ejemplo: si el rival, contrario a lo que se esperaba, cambia el foco de su ataque e inclina el mismo hacia su banda izquierda, nuestro equipo (no sólo los defensores) deben responder a esa modificación. El ajuste de uno de los volantes, que acudirá en auxilio al lateral de esa banda, traerá como consecuencia que los otros futbolistas se reacomoden para repeler y construir a partir de ese aparentemente insignificante movimiento. Eso que puede parecer un aspecto menor es el deber ser de un equipo. Jugar y adaptarse.

    Construir esto que menciono no es sencillo, y tampoco existe un manual de instrucciones. De hecho, una de las enseñanzas que deja el pensamiento complejo es que no hay recetas. Las selecciones, como recordó Dudamel en esa misma rueda de prensa, no tienen tiempo para entrenar, pero su labor, la de los seleccionadores, es desarrollar entrenamientos que ayuden a disimular la ausencia de minutos y promuevan la evolución necesaria en ese cuerpo llamado equipo.

    En la pasada Eurocopa de Naciones se obervaron selecciones que jugaron muy bien al fútbol. Si bien es cierto la campeona Portugal fue una de ellas, no puede obviarse que Francia, Alemania, Italia, Gales e Islandia también dejaron su huella, mostrando una identidad fuerte, al mismo tiempo que una adaptabilidad a distintos escenarios. Se puede lograr que las selecciones construyan modelos propios, pero para ello se necesitan muchos más aliados que el propio tiempo, como la creencia en lo que se ensaya o una fluida comunicación entre staff técnico y futbolistas, sólo por nombrar algunas. Fernando Santos, entrenador del equipo lusitano, recordó recientemente que “nadie puede vencer si no juega bien“.

    La doctora española Rosa Coba explica, en el número 28 de la revista digital The Tactical Room, que “el deportista, como debe ser un buen resiliente, está entrenado para levantarse y seguir”. Resiliencia, como ya expliqué en esta misma trinchera, es la capacidad que tienen los seres humanos para superar circunstancias traumáticas. Llevado al fútbol, a la Vinotinto le falta todavía fortalecer esa capacidad. Prueba de ello es que, ante Perú, con casi 45 minutos por jugar, no se supo reaccionar al primer gol inca. La ventaja en el marcador seguía siendo para los criollos, pero el momento emocional había pasado a manos de los dirigidos por Ricardo Gareca. ¿Cómo desarrollar “anticuerpos” a esos escenarios? Compitiendo. No existe otro escenario que forme como la competencia.

    Situaciones como esa son las que deben ocupar al staff de Dudamel. Quizá sea eso a lo que se refiere el entrenador cuando señala a la experiencia como valor clave en el crecimiento de este equipo. La mirada del entrenador debe estar puesta en cómo hacer que sus jugadores se crean capaces de luchar, y ello, aunque nos fastidie, significa que, en escenarios adversos, no hay que dejarse morir; enfrentarlos y adaptarse forma parte de eso que vagamente definimos como competir. Si lo consigue, Dudamel habrá triunfado, independientemente de los gustos y los resultados.

    Columna publicada en El Estímulo, el 27/03/2017

  • Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Al igual que hace un año, Venezuela y Perú empataron a dos goles. Sin embargo, las sensaciones no son ni remotamente parecidas: en Lima se lamentó la igualdad, mientras que en Maturín más de uno respiró hondo cuando el juez principal decretó el final del duelo.

    Los partidos duran 90 minutos, y aunque ello sea una obviedad, vale la pena recordarlo, más cuando todavía hay quienes se empeñan en explicar un mal resultado desde el cansancio. Si el rival desactiva el plan, como fue el caso de hoy en Maturín, las correciones no pasan por correr más sino por jugar mejor, lo que significa adaptarse a distintos escenarios.

    La apuesta inicial de Rafael Dudamel invitaba a pensar en una selección con voluntad ofensiva, capacitada para aprovechar cada espacio que generara o dejara el rival. La presencia de John Murillo agregaba la variante siempre necesaria del juego por los costados, elemento sumamente importante para liberar a un atacante como Salomón Rondón, y evitar que la acumulación de defensores peruanos limitara el éxito del ataqué criollo.

    Definir si un jugador es mejor que otro termina siendo un ejercicio insoportable e inútil. Es casi imposible determinar el peso y la verdadera influencia de cada futbolista, ya que normalmente nos enfocamos en el juego con pelota y olvidamos el juego sin ella. Sin embargo, no es atrevido pensar que Rómulo Otero es uno de los jugadores más inteligentes del país. En los primeros minutos, condicionados por la lluvia y un drenaje que no funcionó en su totalidad, Otero fue el único futbolista que comprendió que jugar a las carreras aumentaba los riesgos. El volante criollo aceleraba o frenaba según lo exigiera la jugada, una característica que no es cualquier cosa y que a muchos les cuesta la mitad de sus carreras desarrollar.

    Además, Otero comprende casi a la perfección cuando puede jugar o cuando es mejor provocar al rival, por ello insisto que el 10 Vinotinto, salvo lesiones o inactividad, debe estar siempre en el once titular. El primer tanto criollo, al minuto 23, nació de la viveza del ex Caracas FC, cuando, tras una corrida por la banda izquierda, y encontrándose sin opciones reales de pase, no cayó en la tentación de tirar un centro a la nada, sino que aguantó y ganó una infracción que luego derivó en el gol de Mikel Villanueva.

    Era un partido diferente para Salomón Rondón. En medio de un presente confuso con su club, el delantero criollo buscaba reencontrarse con el gol frente a su gente, pero, contrario a su voluntad, parece condenado a pelear con los centrales y salir de su zona de influencia para “mejorar” a sus compañeros. Es mucho lo que hace el atacante con poco, muy poco, porque salvo su conexión con Josef Martínez o con Otero, el resto de sus compañeros aún no encuentra cómo aprovechar las virtudes del de Catia.

    Otra de las circunstancias llamativas fue la posición de Alejandro Guerra. “Lobo” no es un volante mixto, pero sabe jugar rápido, a un toque, lo que sostenía la apuesta de Dudamel de colocarlo como volante de primera línea. Con Guerra como compañero de Rincón se impulsaba la idea de un juego de sociedades, a través de la pelota, algo que este grupo ha demostrado saber hacer. El fútbol sencillo, que no simple, de Lobo le facilitaba a Venezuela una salida más clara desde zona defensiva.

    Vale la pena en este momento revisar una reflexión del alemán Friedrich Nietzsche, y es que en sus pensamientos se puede encontrar una de las tantas razones que condujeron a la caída del juego vinotinto, explicación por supuesto alejada del estado físico, sospechoso habitual y padre de la pereza intelectual. En “El Crepúsculo de los Ídolos”, el filósofo razona:

    “El «mundo interior» está lleno de imágenes ilusorias y fuegos fatuos: la voluntad es uno de ellos. La voluntad ya no mueve nada, y en consecuencia tampoco explica ya nada; meramente acompaña procesos, y también puede faltar”.

    Muchas veces, por no decir que siempre, en un partido de fútbol pasa lo que tiene que pasar y no lo que otros deseamos rabiosamente que suceda…

    Esta selección está lejos de consolidar un once tipo, y poco puede hacer Dudamel si sus futbolistas no tienen continuidad. El costado izquierdo de la defensa fue el punto más débil del combinado criollo. Villanueva y Rolf Feltscher fueron atacados constantemente y se notó la inactividad del primero (17 minutos con Málaga desde el 21 de enero) y las dificultades del segundo para jugar en una ubicación que no siente suya. Sumado a esto, Tomás Rincón tuvo una actuación gris, por lo que Perú aprovechó y ganó los mano a mano por ese costado sin mayor dificultad. Ahí nació el primer gol peruano, que tuvo como cómplice la falta de atención criolla al reincorporarse al partido tras el descanso.

    La rápida reacción peruana derrumba el eterno e inexacto argumento que culpa al estado físico de los bajones criollos. Perú despertó y presionó alto a Venezuela, una selección que elige tener centrales fuera de forma (Wilker Ángel tiene apenas dos partidos en los últimos tres meses) y poco dados a la salida limpia del balón. Los visitantes también taparon las líneas de pase, lo que trajo como consecuencia inmediata que Rómulo Otero perdiera protagonismo.

    Debo insistir en esto porque no puede ser la preparación física el argumento estrella que justifique una caída futbolística tan pronunciada cuando apenas comenzaba la segunda etapa. Esto es fútbol, un deporte de oposición directa, en el que gana el que mejor se adapta a las distintas situaciones del juego. La reacción del visitante no consiguió respuesta en Venezuela, y la lesión de Martínez sumó en esa coyuntura a favor del control peruano. Pero además, va siendo hora de que se entienda que no existe la preparación física en el fútbol sino la preparación futbolística.

    Tampoco ayudó el análisis del seleccionador nacional. Su equipo dominaba el partido, creando temor gracias a las sociedades protagonizadas por Martínez, Rondón, Otero y Murillo. Por ello cuesta comprender que, ganando dos a uno, y faltando treinta minutos, Dudamel prefiriese reforzar el centro del campo con la entrada de Yangel Herrera, un futbolista complementario a Rincón, pero totalmente contrario a la propuesta que le había permitido dominar el partido.

    Cada cambio contiene un mensaje, y en este caso, la selección interpretó que había que ser más cuidadoso, que había que tomar mayores recaudos. Perú creció y Venezuela retrocedió. La intervención de los entrenadores es decisiva porque hasta un simple mensaje condiciona la subsiguiente actuación de sus dirigidos.

    Permítame seguir molestado a quienes viven de alcahuetear al poder, y es que no se entiende como, sin importar las aparentes diferencias conceptuales de los seleccionadores, a Venezuela le cuesta entender y potenciar la manera como en algunos casos se pone en ventaja. No sé si es un tema de cautela, pero pareciera que estamos tan necesitados de un éxito que no se repara en el camino recorrido sino en una meta a la que todavía no se llega. Al no respetar las estrategias iniciales se genera confusión; si atacando se fue superior, entonces, ¿por qué y para qué retroceder de manera voluntaria? En el fútbol, el riesgo no es atacar, lo peligroso es ceder el protagonismo

    Sí debe rescatarse que Dudamel haya apostado a otra manera de jugar. El protagonismo inicial fue coherente con su discurso. El resultado no debe minar esa intención, porque esto no es más que una parte pequeña en la construcción de eso que llaman identidad. Si la selección quiere ser reconocible y tener un juego en el que su plan tenga distintas variables, debe seguir ensayando y así promover distintas respuestas que nazcan de la riqueza de sus futbolistas y no de los temores al resultado. Una vez decidido que el resto de las eliminatorias sudamericanas serán banco de prueba, el camino a seguir queda claro.

    Debe insistirse en los ensayos, y más aun en la construcción de un equipo que nos haga olvidar que hoy, a diferencia de lo acontecido en Lima hace un año, hubo que respirar hondo y conformarse con un empate que bien pudo ser derrota.

    Columna publicada en El Estímulo, el 23/03/2017

  • Un año sin Johan

    Un año sin Johan

    El adiós de Cruyff me pilló en medio de la preparación de un partido por las Eliminatorias Sudamericanas. Recuerdo haberme despertado e ir al gimnasio del hotel en el que nos hospedábamos en Lima, con la intención de trotar un rato, ya se sabe, para drenar un poco la presión y la ansiedad.

    A pesar que mi cargo era el de Jefe de Prensa de la Selección Venezolana de Fútbol, la intensidad con la que asumo cada tarea hacía que soñara con miles de variantes para el juego ante los peruanos, por lo que la zozobra era insoportable: no podía desconectar. Por ello trotaba. 40 minutos. 50 minutos. Por lo menos sentía que algo dejaba en esa cinta y me ilusionaba con la posibilidad de dormir mejor.

    Vaya si la vida es una constante ironía. Aquella mañana, a eso de las 6:45, cuando apenas empezaba a rondar una pobre velocidad de nueve kilómetros por hora, supe del fallecimiento de Johan. Trotando. Corriendo. Lo contrario a como el «Holandés Volador» comprendía el juego al que tanto le dio. Insisto, la vida no es más que un compendio de incoherencias.

    Terminé como pude la rutina. No recuerdo tan siquiera haber completado el tiempo que había marcado en la máquina. Subí a bañarme y escribir un par de líneas para el Magazine de Martí Perarnau. Cuatro párrafos. Desechables y olvidables, pero necesarios. Sepa usted, mi estimado visitante, que la verdadera razón por la que uno escribe es el egoísmo, drenar emociones, sin importar mucho el destino de esas letras. Por ello es tan gratificante cuando alguien disfruta con mis contradicciones. Correr y escribir, así más o menos puedo equilibrar mi velocidad con la dinámica del mundo.

    Luego vino el almuerzo y el partido. Recuerdo que durante todo ese tiempo pensaba que, más que una victoria en Lima, me emocionaría aún más que la selección tuviese algún rasgo del cruyffismo. Cualquiera. Quería terminar el partido con la panza llena de fútbol.

    Aquella noche no pudimos vencer a Perú, y, aunque nadie lo confirme, entendí que nos íbamos de la selección. No recuerdo si jugamos bien; las emociones me pudieron y nos tocó vivir un incidente que no me corresponde narrar. Al día siguiente, el staff técnico estaba tranquilo, aliviado, como si el episodio de la noche anterior hubiese servido para confirmar mil cosas que espero mueran conmigo. Pero cuando probé bocado (no acostumbro a comer mucho los días que exigen mi total dedicación), dije en voz alta, como si me estuviese cayendo la locha, «¡puta madre, se murió Johan!»

    Y es que Cruyff siempre fue Johan para aquellos que lo admiramos. Su obra fue de tal magnitud que superó los límites naranja y los blaugrana; el mejor Real Madrid que vi, aquel que llamaron La Quinta del Buitre, tenía mucho de su ideario; la mejor España,  la mejor Alemania, la mejor Holanda, la mejor Argentina, el mejor Milan y, como no, el mejor Barcelona, fueron, todos, de una u otra manera, hijos de su pensamiento.

    A quienes llegaron hasta aquí debo pedirles disculpas por mezclar las emociones «cruyffistas» con aquella aventura peruana. Le aclaro que no es ventajismo; desde aquella mañana, en cada partido que veo, me pregunto ¿qué pensaría Johan? Lamento profundamente no haberlo conocido, era mucho lo que deseaba escucharlo, leerlo y verlo. Hay tanto sinvergüenza en el fútbol que se me complica entender como uno de los buenos, quizá el más, se fue tan rápido, dejándonos a merced de los idiotas que predican que hay que ganar como sea, como si la sola voluntad fuese suficiente.

    De nuevo pido sepan disculpar mi confusión. La idea de estas líneas era promover algunas reflexiones de su libro 14. La Autobiografía. Pero me duele la ausencia de Johan, casi como la de un familiar, o mejor dicho, la de un amigo, al que siempre se podía acudir para encontrar un buen consejo.

    En fin…

    «Para mí todo empezaba en la calle. La zona en la que yo vivía era conocida como la «aldea de cemento», un experimento de casas baratas realizado tras la Primera Guerra Mundial. Era una zona obrera y los niños pasábamos tanto tiempo fuera de casa como nos era posible; desde que puedo recordar jugábamos al fútbol donde podíamos. Ahí fue cuando empecé a pensar en cómo convertir las desventajas en ventajas. Descubrí que el bordillo puede no ser un obstáculo, sino que podía convertirlo en un compañero de equipo para el uno-dos. De modo que gracias al bordillo pude trabajar mi técnica. Cuando el balón rebota sobre superficies diferentes con ángulos extraños, tienes que reajustarte al instante. A lo largo de mi carrera la gente se ha sorprendido a menudo de verme chutar o pasar desde un ángulo inesperado, pero eso se debe a cómo me crie. Lo mismo ocurre con el equilibrio. Cuando te caes sobre cemento, duele y, por supuesto, no quieres que te pase. Así que juegas al fútbol procurando no caerte. Fue jugar así, intentando reaccionar ante la situación en todo momento, lo que desarrolló mis habilidades como futbolista. Por eso soy muy partidario de que los jóvenes jueguen al fútbol sin tacos».

    «Lo que aprendí es que el fútbol es un proceso que consiste en cometer errores, analizarlos para aprender la lección y no frustrarse».

    «El buen jugador es el que toca el balón una vez y sabe a dónde correr; en esto es en lo que se basa el fútbol holandés».

    «Yo digo: no corráis mucho. El fútbol se juega con el cerebro. Hay que estar en el lugar preciso en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde».

    «La defensa se basa en darle la menor cantidad de tiempo al contrario, o que cuando tienes la posesión del balón debes asegurarte de que dispones de la mayor cantidad posible de espacio mientras que cuando lo pierdes hay que minimizar el espacio que tiene el oponente».

    «Continuamente, diez jugadores deben anticipar lo que va a hacer el que lleva la pelota».

    «Aparte de la calidad de los jugadores, el Fútbol Total es, sobre todo, cuestión de distancia y posicionamiento. Esa es la base de todo el pensamiento táctico. Si aciertas con la distancia y la posición, todo encaja. También requiere mucha disciplina. Nadie puede ir por su cuenta. Eso no funciona. Si alguien empieza a presionar a un contrario, el equipo entero tiene que unírsele».

    «El Fútbol Total, en cualquier caso, es cuestión de distancias en el terreno y entre las líneas. Si juegas así, incluso el portero tiene que entenderse como una línea. Como el portero no puede coger el balón con las manos si se lo pasan, él también tiene que ser capaz de jugarlo. Tiene que asegurarse de que los defensas reciben el balón en el momento exacto. A menudo tiene que quedarse en el borde del área de penalti, para convertirse en una opción para sus compañeros de más adelante. En nuestro estilo de juego en el Mundial de Alemania, no había sitio para un portero que no saliera nunca de debajo de los palos».

    «Mucha gente piensa que la defensa consiste en despejar el balón. Pero el arte de la defensa también consiste en saber cuándo le tienes que dar al portero la oportunidad de detener un balón».

    «El acertijo de si el jugador A encaja bien con el jugador B siempre me ha parecido fenomenalmente interesante».

    «Y, como ya he dicho, me gustaba hacerlos cuestionar el pensamiento tradicional diciéndoles que el delantero era el primer defensa, haciendo que el portero comprendiese que él es el primer atacante y explicando a los defensas que ellos determinaban la longitud del campo. Con la idea central de que las distancias entre las líneas nunca pueden ser superiores a los diez o quince metros. Además, todos tenían que interiorizar que, cuando se tiene la posesión del balón, hay que crear espacio, y que sin él hay que reducirlo. Eso lo consigues siguiendo de cerca visualmente a todos los demás. En cuanto uno echa a correr, el otro le sigue».

    «Tomemos la combinación de Ronald Koeman, a quien fiché en 1989, y Pep Guardiola, a quien ascendí al primer equipo en 1990, como dúo de defensa central en el Barcelona. Ninguno de los dos era rápido, y tampoco eran defensas. Pero nosotros siempre jugábamos en campo del oponente. Calculé las probabilidades basándome en los tres pases que podía realizar el equipo contrario. En primer lugar, un pase en profundidad que supera nuestra última línea. Si el portero era bueno y estaba situado lejos de la portería, siempre podría hacerse con la pelota. A continuación, un pase cruzado. Para eso tenía defensas rápidos que estaban entrenados como extremos. Siempre llegaban a tiempo de interceptar el balón. Y la última opción era un pase corto por el centro. Guardiola y Koeman eran tan fuertes en el plano posicional que siempre los interceptaban, a pesar de que, claramente, no eran los defensas centrales ideales. Seguramente era ese el motivo por el que funcionaba. Porque el portero estaba en la posición correcta y los defensas hacían lo que había que hacer».

    «De modo que trabajábamos constantemente con los defensas para encontrar esas soluciones. Como presionar al contrario no mediante sprints de treinta metros, sino a base de moverse unos pocos metros en el momento justo».

    «Se necesitaron más de diez mil horas de entrenamiento para alcanzar el nivel del Dream Team , nombre que recibía a menudo la plantilla de esa época».

    «El dominio del terreno de juego se estaba convirtiendo en un problema cada vez mayor cuando, en realidad, es muy sencillo: cuando tienes la posesión del balón, agrandas el campo; cuando lo pierdes, lo vuelves a hacer pequeño».

    «Todo el mundo sabe que me gusta el fútbol cuando se juega al ataque, pero para poder atacar antes tienes que defender presionando, y para poder hacer eso debes saber presionar el balón. Con el fin de hacerlo lo más fácil posible para todos los jugadores, hay que crear tantas líneas como sea posible. De modo que quien lleva el balón siempre tenga alguien delante y alguien al lado. El espacio entre quien lleva la pelota y esos otros compañeros no debería ser nunca superior a diez metros. Cuando hay mucho espacio, aumenta el riesgo».

    «A mí me gusta usar cinco líneas sin contar el portero: los cuatro defensas, un centrocampista central atrasado, dos centrocampistas extremos a ambos lados de este presionando hacia delante, un delantero jugando en profundidad o adelantado y dos delanteros en los extremos. En un despliegue de ataque, el terreno de juego va desde la mitad inferior del círculo central hasta el área de penalti del contrario. Esto crea un campo de 45 metros de longitud y 60 metros de anchura. Con un espacio de unos nueve metros entre líneas».

  • Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Su llegada a la selección significó un vuelco en la historia de la selección venezolana. De la mano de un juego irreverente, como a él le gusta señalar, aparecieron los resultados y la etiqueta de cenicienta del fútbol sudamericano quedó en el olvido. Se empeñó en que su selección jugara a lo que el futbolista venezolano siempre ha sido capaz, y por ello enamoró al público, que con cada partido sentía que se podía competir con cada rival que se enfrentase.

    Su salida fue a finales de 2007. Siete años y dos experiencias en el extranjero después (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), su nombre volvió a ser considerado para dirigir a la Vinotinto. En diciembre se daba como un hecho su vuelta, pero algunos roces con la Federación Venezolana de Fútbol han hecho que ya no sea candidato. De hecho, hay quien asegura que su futuro inmediato está nuevamente en Colombia.

    Es Richard Páez (Mérida, 1953), el hombre que cambió la historia de la Vinotinto y que hoy, con menos cabello y más canas, sigue con la misma voluntad de entrenar, enseñar y charlar.

    Pregunta.-  Ya en dos ocasiones de la charla usted ha mencionado la palabra cambio, haciendo referencia al camino recorrido y a las enseñanzas que han dejado las experiencias anteriores. Usted señala a la etapa en la que condujo a Estudiantes de Mérida a cuartos de final de la Copa Libertadores (NR: 1999, vencen a Cerro porteño en Mérida por 3-0 y luego caen derrotados en Paraguay por 4-0, quedando eliminados), pero el Richard Páez que empieza a ser conocido por el mundo del fútbol es aquel que conduce a la selección hasta lugares que eran impensados. ¿Comprende e identifica esas variantes que ha sumado desde aquella etapa hasta el día de hoy?

    Respuesta.- Claro que hay evolución, hay crecimiento. Creo que hay más sabiduría, un término que hay que saber entender, porque viene del verbo saber. No se trata de entender sino de saber, y cuando uno tiene esa cercanía al conocimiento entonces puede compartirlo con su entorno, con lo que nos rodea. Y esa es la idea. Nosotros estamos intentando atraer a nuestro cuerpo técnico gente que tenga esa necesidad de crecimiento, de no creerse dueños de la verdad, sino que todavía estamos en búsqueda de una verdad. Nosotros hemos crecido, antes éramos más egoístas en la forma de pensar el fútbol, o egocéntricos, teníamos una tarea casi de cuidar un tesoro, que la gente no lo conociera mucho para así poder sorprender al rival. Pero hoy, cuando nos catalogan como defensores de un estilo previsible, confieso que eso me llena, porque siento que estamos logrando nuestra meta, estamos consiguiendo una identidad. Le mostramos al mundo lo que queremos y ellos lo identifican en la cancha: ese juego, ese estilo de cuidar la posesión del balón, con juego asociado, con muchas rotaciones. Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos.

    P.- Hay quienes asumen que esa previsibilidad no es una virtud, sino que ayuda a contrarrestar justamente las virtudes de un equipo. Personalmente creo que más allá del trabajo de la semana, el futbolista es quien al fin y al cabo toma las decisiones y es imposible saber cómo va a reaccionar y cuándo lo hará. Creo que no hay mayor ejemplo de ello que Garrincha. Todos sabían qué iba a hacer el desaparecido jugador brasileño, pero muy pocos pudieron detenerlo. Más recientemente podemos encontrar al Barcelona de Guardiola. ¿Por qué hay quien cree que el apego a una filosofía de juego es previsibilidad, y por ende, algo negativo?

    R.- El problema es que el hábito se vuelve costumbre. Cuando tu vas a DisneyWorld o visitas un museo por primera vez, te llenas los ojos, te enamoras, te sorprendes. Pero cuando esa visita se hace una costumbre o convives en ese espacio diariamente, ya toda esa maravilla deja de ser una novedad y es parte de tu entorno, pierde la magia. La mayoría de los seres humanos piensa y actúa de esa manera, es decir, se adapta y se integra en una especie de statu quo, acomodándose a ese entorno, pero hay otros que sí observan otras cosas. Por eso es que hay quienes parecen adelantados a su tiempo. Hoy vemos al Bayern de Múnich que conecta parte de la intención del Barça de Guardiola, pero con otros movimientos y otras variantes que nos llevan a afirmar que este no es el mismo Guardiola ni es el mismo Bayern, ¡y apenas han pasado seis meses! Por ello es que estoy totalmente seguro de que la innovación siempre va a estar ahí, pero dependiendo de los futbolistas, porque siempre estaremos subordinados a las características de esos jugadores. Cada futbolista es un mundo distinto a los otros futbolistas, por eso es que reafirmo esa dependencia que tenemos con los futbolistas y de ellos nace esa imprevisibilidad que algunos aún no comprenden.

    P.- Aquella selección que usted dirigió contaba con dos volantes centrales de características distintas: Leopoldo Jiménez, más de marca y quite, y Luis Vera, casi como una especie de organizador. En cambio, su equipo actual –Mineros de Guayana– cuenta con dos volantes más cercanos al juego que a la destrucción, es decir, se acercan más al perfil de Vera que al de Jiménez. En esa elección ya se puede notar algo de esa evolución que venimos conversando además de aquello de que el sistema son los futbolistas. A pesar de ello, son muchos los entrenadores que hablan de esquemas o numeraciones antes de observar a sus dirigidos. ¿Está muy marcado en nuestro ADN aquello de que se juega a lo que el entrenador quiere y no a lo que los futbolistas pueden?

    R.- Los líderes, en la mayoría de los casos, han intentado siempre que el manejo grupal sea en un esquema piramidal, es decir, desde arriba hacia las masas, teniendo a su liderazgo como punto de inicio. Esos son los líderes regulares, ordinarios, que no trascienden. Solamente lo logran aquellos que van entendiendo que el liderazgo es puro feedback. Los líderes deben estar siempre en la operatividad y son ellos quienes deben tener una libertad de autonomía porque son los que evolucionan. Por ejemplo: estoy seguro de que hay muchas indicaciones que dan los entrenadores que simplemente son jugadas o reacciones que le han visto a un jugador rebelde o inculto tácticamente hablando. Ese futbolista hace un movimiento que no estaba predeterminado o diseñado y termina dando resultado. El técnico debe darse cuenta de esa creatividad que emana de su jugador y promover espacios para que ello se mantenga, a pesar del riesgo que puede significar.

    Cuando hemos colocado dos volantes ocho que tienen como premisa tener el balón, lo hemos hecho porque nos gusta y me gusta más eso a que simplemente recuperen la pelota. Juntar a un volante netamente recuperador con uno de más juego era algo que uno pensaba en otros contextos, pero hoy en Mineros tuvimos la posibilidad de juntar a estos dos ocho porque ello nos iba a transportar a otro nivel futbolístico, ya que como equipo empezamos a asumir otros riesgos y a mí me encantan los futbolistas que arriesgan, claro, con la idea de saber como defenderse ante lo que podemos llamar el riesgo negativo. Entonces, como hemos ido logrando ese tipo de juego con dos volantes mixtos haciendo de volantes centrales, es obligatorio aportar otros detalles porque de lo contrario nos quedamos con el riesgo de que en cualquier momento – cosa que ya nos ha sucedido – perdemos el balón y si uno de esos volantes no queda bien ubicado entonces el rival nos llega muy rápidamente a la línea defensiva. Por ello hacemos hincapié en que cuando llevamos volumen, la primera tarea que tenemos cuando perdemos la pelota es que la recuperación sea inmediata, ya que no podemos permitir que el rival tenga libre tránsito o rápidas transiciones defensa-ataque porque nos pueden hacer mucho daño. Ahí se va condicionando una mezcla, una sumatoria que se traduce en ese proyecto de juego que queremos: una línea defensiva que presione el bloque y una línea ofensiva que comprima para que de esa manera consigamos una oportunidad notable para poder recuperar el balón cerca del lugar en el que se produjo la pérdida.

    P.- Eso que usted explica podría ser descrito como contracultural en el fútbol venezolano, porque la costumbre indica que todos o casi todos los equipos defienden corriendo hacia atrás, en dirección hacia su propia área. De hecho, en este momento solo puedo señalar al Zamora y a su Mineros como los únicos conjuntos que intentan presionar de manera inmediata al rival una vez se produce la pérdida de la pelota. Más allá de la buena intención, esa propuesta debe ser muy difícil de implementar, ya que el futbolista venezolano, desde sus inicios, se le enseña a defender muy cerca de su propia área, y para que se entienda mejor, la más reciente expresión de la selección nacional tenía ese comportamiento. ¿Cuesta mucho venderle al futbolista la idea de defender atacando?

    R.- ¡Por supuesto! Y cuando está más avanzado el proceso de competitividad de esos jugadores, más difícil es aún inculcar la idea, a pesar de que ellos, los llamados veteranos, son los que entienden con mayor claridad que ese modelo es una posibilidad real para que su edad futbolística dure más. Aquellos que logran entender ese concepto se dan cuenta de que corren menos, se sacrifican menos. Entienden que hay un desgaste por la intensidad que es corto, explosivo y efectivo y que les genera mejores efectos en la parte física que aquel jugador que debe realizar un mayor recorrido para defender o recuperar cerca de su área. Son detalles que el futbolista va entendiendo pero no es fácil; todavía el jugador, y mucho más los volantes ofensivos, que están mal educados y siente que solo juegan con la pelota, pero ese es el gran reto, motivar a ese futbolista para que se integre a esta idea. Afortunadamente contamos en Mineros de Guayana con jugadores que han entendido claramente el mensaje y que lo han llevado a cabo de manera sorprendente, por el poco tiempo en que llevamos acá y, sobre todo, que han creído en esta forma de jugar porque les ha dado resultados. Se les nota y se sienten más alegres, algo que también buscamos, que el futbolista disfrute de este juego y de la tenencia de la pelota, porque con esa sensación de satisfacción el jugador encuentra mayores posibilidades de crecimiento. Pero son detalles; tú bien dices que en nuestro fútbol es complicado poner en práctica esto, pero la misma motivación que producen los resultados los estimula a ellos a cambiar.

    P.- Me da la impresión de que nosotros, la prensa, somos muy superficiales. Digo esto porque en muchas ocasiones nos quedamos solo con el gol o con la atajada del arquero. Hace tiempo vengo reflexionando que desde la prensa hemos hecho un gran daño cuando se habla de 4-4-3, 4-4-2, 3-5-2 pero olvidamos que, salvo al inicio del partido, esos módulos varían permanentemente porque este es un juego dinámico en el que nadie se queda parado. Hablamos también de equilibrio y ese término no tiene que ver con movimiento sino con todo lo contrario, y nos referimos a la alegría cuando el resultado es abultado. Hacemos mención a kilómetros recorridos y nos quedamos con estadísticas que explican poco y nada lo que realmente pasó en el campo de juego.

    R.- Hay dos palabras que tú mencionas que son fundamentales: alegría y resultado. Parece una lucha eterna, como aquella entre el bien y el mal. ¿Se gana como sea o se gana disfrutando del juego? No podemos olvidar que esto es, al fin y al cabo, un juego. Puede ser un deporte serio rodeado de mucho mercantilismo y mucho dinero, pero no deja de ser un juego, no pierde su esencia. Por eso yo me dedico a tratar de descubrir la esencia del futbolista, su ingenio, lo invito a que me supere, que mejore mis expectativas sobre su rendimiento. Muchas veces le pido a mis jugadores que hagan algo distinto, diferente, que me sorprendan. No pueden dejar al entrenador observando lo mismo de siempre. Que se rete y que me rete a mi como director técnico para que encuentre la motivación de superarse a sí mismo. Eso que mencionas del periodismo no es un comportamiento exclusivo del periodismo deportivo venezolano, es un fenómeno global en el que solo se observa el resultado y se intenta analizar un resultado. Tanto es así que uno escucha comentarios en los medios en los que la valoración de un equipo puede variar dependiendo del resultado, ¡y esto pasa en cuestión de minutos! Esto pasa porque no entienden el caos, que esto es dinámica, movimiento, que esto es sinónimo de átomos. Átomos en movimiento, circulación, fluidez, armonía, disonancia; conseguir un espacio donde antes no lo había, crear un espacio en donde no parece posible; el hombre libre no es lo mismo que estar libre, aparecer no significa estar, en fin, toda una serie de métodos y conceptos que indiscutiblemente no todo el mundo logra comprender porque no hay interés en ello, y yo creo que hay que orientar a la gente para que comprenda todo esto que estamos conversando porque ese es el camino que nos espera.

    Si Venezuela quiere llegar a un mundial o trascender en torneos internacionales, no podemos jugar como lo hacemos en nuestro torneo. No se puede competir con apenas cincuentaicinco minutos de tiempo útil de juego. Con ese nivel no lograremos competir. Siempre le digo a mis jugadores que para trascender hay que hacer algo diferente a lo que se hace en estos tiempos, porque lo hecho hasta ahora no ha servido.

    Entrevista publicada el 29/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Fotografía cortesía de Fútbol Visión