Categoría: Fútbol

  • Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Es un domingo de marzo. Son las diez de la mañana. Venezuela vive tiempos confusos de protestas estudiantiles, discursos intolerantes, barricadas, muertes e incertidumbre. Hace un par de semanas, el gremio que agrupa a los futbolistas de Primera División le pidió a la Federación Venezolana de Fútbol –por estos derroteros no hay liga– suspender o reprogramar la séptima jornada debido a las dificultades para transitar libremente por el territorio nacional. La súplica no fue escuchada y se jugó ese fin de semana con mayoría de juveniles. Aquello se sumó a un annus horribilis para el ente federativo, a pesar de que apenas transitamos el tercer mes de este 2014.

    El panorama nacional descrito no le ha servido a la federación para tapar su incapacidad para definir al sucesor de César Farías en el cargo de seleccionador nacional. Cuando todo parecía indicar que la elección se centraría en los dos entrenadores de mayor capacidad del país –Richard Páez y Noel Sanvicente–, el Gobierno nacional ha dicho presente para dinamitar, con su saco lleno de dólares, cualquier pronóstico. Esta razón, la económica, parece acercar a entrenadores más caros, pero de dudoso presente. Uno de los contactados fue Diego Maradona.

    A Páez se le conoce como El Doctor porque además de su dilatada trayectoria como futbolista y entrenador hay que sumarle su otra profesión: médico traumatólogo. Oriundo de Mérida, en la región andina de Venezuela, su carácter es calmado, reflexivo, gustoso por las charlas de café. Pero esa tranquilidad desaparece con el inicio de un partido solo para reaparecer en el silencio del domingo a la noche, cuando las luces y las cámaras se apagan y es tiempo de volver a la familia.

    Richard Páez no es un tipo cualquiera en la historia del fútbol venezolano. Su nombre estará siempre ligado a cada versión que quiera contarse acerca de la transformación de la Vinotinto. Fue él, junto a un grupo de jugadores que se negaron a morir en el intento, quien dio fuerza a eso que hoy muchos siguen denominando como el fenómeno Vinotinto; aquel que supo, en un país dividido por cuestiones políticas, potenciar un sentido de pertenencia que parecía extraviado. Esto es un hecho incontestable que ni siquiera los interesados comentaristas de cierta cadena internacional de deportes podrán negar. Para muchos, su aporte comenzó en el año 2001, cuando tomó las riendas de la selección nacional sustituyendo en el cargo al argentino José Omar Pastoriza (+). Pero lo cierto es que desde su etapa de futbolista se negaba a ser parte del conformismo que caracterizaba al balompié de esta nación. Su Estudiantes de Mérida le abrió los ojos a muchos allá por el año 1999 y le sirvió para que le ofrecieran el cargo de seleccionador juvenil.

    Hoy, cuando el país sigue bajo los embates que también caracterizaron a los tiempos de su gestión, es bueno charlar con el primer entrenador venezolano que trabajó en el extranjero (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), ya no para conocer sus ganas de volver a la Vinotinto, sino para que en un momento de tantas emociones alguien pise la pelota, nos hable de fútbol y de cómo se vive este juego.

    Antes de dar paso a la primera parte de esta charla, debo explicar que durante su gestión como seleccionador siempre pude conversar de fútbol con Páez. Esto no quiere tapar algunas tensiones entre él y la prensa, pero a diferencia de su sucesor, César Farías, esos choques no se resolvieron nunca de manera violenta y siempre hubo espacio para el juego.

    Pregunta.- Su familia es netamente futbolera. En un país que tiene al béisbol como deporte más mediático, ¿dónde nace esa pasión por el fútbol?

    Respuesta.- Fue de una manera atípica, como suceden muchas cosas en Venezuela. Mi padre era maracucho (ndr: de Maracaibo, capital del estado Zulia, región beisbolera por excelencia) de pocas raíces futbolísticas. Además de haber sido médico psiquiatra, practicaba béisbol y baloncesto. Tan psiquiatra fue que tuvo doce hijos varones y tuvo toda la capacidad para inculcarnos siempre la importancia de la práctica deportiva. Luego entra la formación escolar. Mis hermanos y yo fuimos educados en un colegio jesuita en Maracaibo en el que los sacerdotes no nos permitían jugar béisbol, sino que nos obligaban a practicar fútbol. Cuando nos regresamos a Mérida encontramos el ambiente propicio para desenvainar toda esa pasión futbolística que vivimos, en un ambiente muy de fútbol y donde desarrollamos prácticamente nuestra vida. Y al tener doce hijos varones en la casa, se entiende claramente que éramos un equipo de fútbol, y lo hacíamos como una competencia para enfrentarnos a otras familias. De la familia Páez salieron tres jugadores profesionales, dos de ellos de selección nacional, y muchos sobrinos que mantienen ese sueño.

    P.- Además de futbolistas, los doce hermanos fueron a la universidad. ¿Aquello fue una exigencia familiar o influyó el entorno de Mérida?

    R.- Mérida es una ciudad estudiantil en la que se dice que la ciudad vive dentro de una universidad (ndr: la Universidad de Los Andes), y ese ambiente de estudio, de la naturaleza, del frío, de la conciencia y el espíritu del andino que es recto, conservador y respetuoso de las tradiciones configuró un entorno propicio para además de seguir con nuestra pasión futbolera, desarrollar como principio de formación buscar una mejor educación desde el punto de vista académico. Los doce hermanos somos universitarios y los doce pudimos desarrollar nuestras inquietudes académicas.

    P.- A pesar de la superprofesionalización del fútbol, queda siempre la idea de que el futbolista dispone de mucho tiempo libre. Usted cuando era futbolista activo tuvo la dedicación y el tiempo para estudiar medicina. ¿Es cierta esa sensación o el jugador moderno dispone de menos tiempo libre por la forma de entrenar?

    R.- Todo ha cambiado mucho. El estilo de entrenamiento típico de mi época (década de los 70) era muy planificado, pero a la vez muy sectorizado. Era una planificación irreversible, por ejemplo: los lunes se descansaba o se hacía regenerativo; el martes se trabajaba la parte física; el miércoles se hacía una activación con trabajos técnico-tácticos; el jueves se hacía fútbol; el viernes se trabajaba la velocidad, el cambio de ritmo, disparos al arco; y el sábado se hacían nuevamente trabajos regenerativos pensando ya en el partido del domingo. A medida que fueron llegando técnicos extranjeros a Venezuela, todo fue cambiando. Conocimos los entrenamientos a doble turno, se empezaron a hacer pretemporadas aunque en ambientes que no eran los adecuados, como la playa, la montaña o dedicándose exclusivamente a los trabajos físicos, suponiendo equivocadamente que con esos quince días se llenaba el tanque para todo un semestre. Pero a pesar de los errores, eran los primeros pasos de una necesaria evolución que nos inculcaron los buenos entrenadores –aunque hubo otros de muy bajo nivel y otros que se han mantenido con esas metodologías–, técnicos que nos llenaban de algunos conocimientos e inquietudes que nos sirvieron para seguir evolucionando. Aparecieron los entrenamientos intervalados, los intermitentes hasta llegar ahora a este proceso metodológico de la integralidad, ese entrenamiento integrado en el que ya no se disocia al entrenamiento en fases distintas. De seguir así llegaremos a un perfeccionamiento como el entrenamiento situacional-específico, es decir, por posición. Pero el fútbol venezolano, casi a la buena de Dios, ya que no ha habido un proceso organizado, pero contando con la inquietud de los entrenadores que se han formado y han salido a conocer otras experiencias, se ha dado cuenta del posicionamiento que tiene este deporte en el mundo y cuales son los caminos para mantener la evolución.

    P.- Usted menciona la incompatibilidad de ambientes como la playa o la montaña con el entrenamiento de fútbol. La lógica nos hace pensar que si quiero aprender de cocina debo practicar cocinando. Pero en el fútbol esto se presta a discusión, y me atrevo a decir que son muchos los entrenadores que no solo prefieren disociar el entrenamiento en fases distintas sino que además realizan la preparación en esos lugares que nada tienen que ver con una cancha de fútbol. Entrenadores ganadores, de clubes famosos y de selecciones que aún se niegan a comprender esto. ¿Cómo hacer para que se entienda la conveniencia de entrenar en el campo y con la pelota?

    R.- El fútbol es igual que la vida, todo es cuestión de decisiones, de tomas de decisiones. A veces a uno lo convencen, pero a otros se les impone un criterio. Yo creo que tiene mayor mérito aquel que por convencimiento propio o por convencimiento académico logra esas transformaciones y cambios en las metodologías. A mi me pasó. Yo era un entrenador que creía mucho en ese entrenamiento analítico, diseñado por líneas, tratando de hacer las cosas de una manera programada, planificada, que hacía que los resultados se consiguieran a muy largo plazo. Pero entendí que la metodología de entrenamiento debía ser una metodología más integrada, mas cercana a los escenarios de partido con un feedback del fútbol hacia el entrenamiento y del entrenamiento hacia el fútbol. Esa retroalimentación en la que se resume la tarea del entrenador ayuda a comprender que de esa manera se acerca uno más a esas posibilidades que tienen los conjuntos de parecerse más al ideal de un equipo de fútbol y alejarse de eso que yo llamo la unión de factores o de sorpresas.

    P.- En esta aventura con Mineros de Guayana –ganaron el Torneo Apertura y ahora luchan por ser campeones absolutos– lo acompaña Amleto Bonaccorso como su asistente técnico. ¿Qué importancia tiene este puesto para Richard Páez?

    R.-  La idea que he mantenido es de contar siempre con un asistente técnico. Debe ser mi mano derecha, mi confidente, es mi mecanismo para asegurarme mantener discusiones de lectura para ambos, pero fundamentalmente para lo que queremos ver el día domingo. Hay que recordar que cuatro ojos ven más y mejor que dos. Pero no se trata únicamente de los ojos, sino de la mente, ya que lo que fundamentalmente busco es cómo es la percepción visual y pedagógica que se tiene de lo que sucede en el campo de juego. Mucha gente se va a lo específico, a lo grueso, al gol, a la jugada que todo el mundo observa, pero pocos retrotraen la jugada a su lugar de inicio para comprender el nacimiento de ese gol o de esa maniobra. Para todos esos detalles se hace necesario contar con ese asistente técnico, como un acompañante, como un orientador que ayude a comunicar lo que se quiere en la cancha. En estos momentos estoy reflexionando acerca de la viabilidad de contar con un técnico de principios defensivos y uno de principios ofensivos; que sean dos entrenadores jóvenes que estén en la cancha llevando operativamente el mensaje que el entrenador principal quiere plasmar, y es que uno no puede estar con la misma dinámica que cuando tenía treinta y cinco o cuarenta años y entraba a la cancha con toda mi vitalidad para participar del entrenamiento. Ahora creo que hay que contar con esa dosificación y uno ser el estratega, el que visualice teóricamente lo que después ellos lleven al terreno.

    P.- Eso es muy de los deportes norteamericanos, al estilo de la NBA y la NFL.

    R.- Yo lo saco del béisbol, que es el deporte que indiscutiblemente está en nuestra conciencia. En ese deporte hay un técnico encargado de trabajar las distintas fases, por ejemplo, el trabajo con los lanzadores abridores, los relevistas, el infield, la ofensiva, etc. En el fútbol eso sucede con el preparador de arqueros, que para mí es la función que nos enseñó la apertura fundamental de lo que hoy está sucediendo en el fútbol de forma conjunta. Fueron los arqueros los primeros que se adelantaron cuando hicieron trabajos específicos y situacionales para arqueros, en los que se intenta reproducir lo que a ellos les sucede en la cancha. Como no se trabaja fútbol todos los días para ponerlos a prueba, se hace ese trabajo específico. Ellos marcaron un camino, y te puedes dar cuenta que los primeros que mejoraron su potencia, su explosividad y su coordinación fueron los arqueros justamente por esos trabajos específicos que menciono. Llegará un momento en que se aplicarán específicamente trabajos para volantes de primera línea, para laterales, etc. Esa especificidad condicionará a los futuros cuerpos técnicos, que en el futuro deberán ser mucho más profesionales y más preparados.

    P.- Esto que usted plantea, ¿puede asumirse como una corriente emparentada o cercana a la periodización táctica?

    R.- Ese es uno de los temas que lo motiva a uno. Esa lucha de qué es más importante: lo físico, lo psicológico, lo estratégico, la parte cognitiva que tiene que ver con la lectura del juego, o simplemente todo es un todo. Esa es nuestra idea hoy en día cuando uno acepta ser un entrenador distinto a cuando conducía a Estudiantes de Mérida (ndr: año 1998, equipo con el que llegó a cuartos de final de la Copa Librtadores), porque hoy siento que se puede ver todo desde una visión panorámica buscando qué es lo más importante o qué es lo que provoca una cadena de consecuencias y sucesos para lograr lo que todos queremos, que no es más que la victoria. Es esa periodización, es tratar de elaborar un encadenamiento de todas las cosas y propiciando una relación entre el descanso activo no solamente en la parte física sino también en lo anímico: pero nosotros, este cuerpo técnico, pretendemos ir mucho más allá, ya no nos quedamos únicamente con la parte psicológica, y es que hemos aprendido en Colombia la parte espiritual, es decir, llegarle al espíritu del futbolista, encontrarle el espíritu del juego que tiene el jugador. Eso es mucho más intenso que la parte psicológica o la parte emocional. Entonces son un sinfín de detalles que se van sumando a esta especie de red intrincada en la que todo se conecta y con ella buscamos que el futbolista llegue con su máximo potencial, con ese espíritu ganador que deseamos ver en nuestros jugadores.

    Entrevista publicada el 17/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Imagen cortesía del diario Panorama

  • Ahora sí se piensa en Catar 2022

    Ahora sí se piensa en Catar 2022

    La selección nacional vuelve al ruedo de las Eliminatorias Sudamericanas para enfrentarse a Perú y Chile. En esta ocasión, el combinado nacional no contará con tres futbolistas que venían siendo protagonistas del ciclo de Rafael Dudamel: Oswaldo Vizcarrondo, Roberto Rosales y Daniel Hernández. Aun cuando la medida es la misma, cada caso es distinto y merece una mirada individual.

    Dudamel asumió la conducción de la Vinotinto el 1 de abril de 2016, tras la renuncia de Noel Sanvicente. El ex arquero, lejos de iniciar una inmediata renovación del plantel criollo, prefirió mantener la misma base que sus antecesores en el cargo, quizá con la intención de familiarizarse con el grupo y conocer de primera mano las razones por las que el equipo no lograba reeditar viejos rendimientos. Los resultados en la Copa América parecían darle empuje a esa continuidad, aunque el análisis de cada presentación venezolana dejaba la duda sobre si la supuesta mejoría era producto de un renacer o de la larga convivencia antes del torneo continental, un contexto irrepetible en las eliminatorias.

    Las siguientes presentaciones confirmaron lo que se temía: la muy buena participación en suelo norteamericano fue un episodio puntual. Por las clasificatorias, el apabullante triunfo ante Bolivia o el empate frente a Argentina no disimularon las duras derrotas ante Colombia, Uruguay y Brasil, por lo que, ahora sí, Dudamel parece convencido en darle oportunidades a futbolistas que probablemente serán protagonistas en la próxima eliminatoria.

    Aunque en el fútbol pocas cosas son absolutas, la aparición de nuevos valores supone el adiós a viejas glorias, y en este caso los primeros en ceder su espacio han sido Vizcarrondo, Rosales y Hernández. Hago énfasis en que nada es terminante porque cualquiera de ellos puede reaparecer en futuros llamados, pero hoy parecen ser la cara visible del cambio que tanto se postergó.

    La ausencia de Oswaldo Vizcarrondo es quizá la más llamativa, no tanto por su actualidad sino por un inexplicable rechazo de parte del público. A punto de cumplir 33 años, y a pesar de haber sido protagonista indiscutible de los más importantes lances de la selección en los últimos tiempos, da la impresión de que sus mejores días han quedado atrás, lo que futbolísticamente sostendría la decisión del cuerpo técnico. Sin embargo, al caraqueño se le condenan los errores como si de un traidor a la patria se tratara, cuando, hasta en los momentos más duros, ha sido quizá uno de los pocos en dar la cara y asumir culpas. El público no perdona sus equivocaciones, a diferencia de algún mercenario que sólo vino cuando se le cumplieron sus exigencias económicas. Una vez más queda demostrado que el fútbol nos retrata como sociedad: lejos de valorar el esfuerzo y la honestidad de algunos, nos regalamos ante el oportunista de turno. Somos un ecosistema futbolístico tan pobre que copiamos con felicidad los malos ejemplos que llegan desde el sur del continente y la madre patria. A pesar de las sugerencias de los optimistas, vivimos igual que en tiempos del Imperio Romano: queremos sangre y sangre tendremos.

    En cuanto a Roberto Rosales la situación es diametralmente opuesta. Su actualidad en el Málaga y sus 28 años hacen suponer que los rumores que se escuchan desde la Copa América Centenario son ciertos: Dudamel prefiere a Alexander González. Un entrenador está para tomar decisiones, y en el caso del seleccionador criollo, elegir a González por encima de Rosales no es más que una de ellas. Ahora bien, que ni siquiera se haya convocado al lateral derecho del Málaga despierta algunas incógnitas, pero Dudamel decidirá si vale la pena o no aclarar esta situación. En los últimos años, Rosales ha dejado de ser, por lo menos en la selección venezolana, aquel lateral incisivo y de desbordes oportunos para convertirse en un futbolista más cercano al equilibrio que algunos promueven. González, por su parte, obedeciendo a su formación de volante ofensivo, ofrece esa voluntad creativa a costa de algunas lagunas defensivas, riesgo que Dudamel está dispuesto a correr. La salida de Rosales debe servir para motivar también a Víctor García, quien a sus 22 años debe probar si quiere competir por el puesto.

    Por último, está la no convocatoria de Dani Hernández. Pareciera que Dudamel quedó sumamente convencido con la actuación de Wuilker Faríñez en el Sudamericano Sub-20, por lo que la ausencia del arquero del Tenerife promovería una sana competencia entre los dos mejores valores que tiene el arco venezolano en estos momentos: Faríñez y José Contreras. Esta puede ser la decisión que defina con mayor claridad la hoja de ruta para el resto de las eliminatorias mundialistas. No es descabellado pensar que el seleccionador nacional, de ahora en adelante, aprovechará el resto de los compromisos para ir construyendo un equipo que llegue el proceso eliminatorio de Catar 2022 con el mayor recorrido posible. Dejo esto como una posibilidad porque, como afirmaba anteriormente, en el fútbol, al igual que en el mundo de la política, siempre se puede volver atrás.

    El resto de la lista es cónsona con este mensaje. Apellidos como Ponce, Machís, Murillo, Soteldo, Romero, Zambrano, Herrera y el propio Graterol están ante una fantástica oportunidad de ganarse su continuidad en la élite del fútbol criollo. Dependerá de cada uno de ellos hacerse imprescindible o dejarse ganar terreno por otros que, como Jefferson Savarino, tocan la puerta con la fuerza de quien desea derribarla. En medio de este panorama queda claro que por fin comenzó el camino hacia Catar.

    Las convocatorias son eso, intenciones y mensajes. Para hablar de fútbol y posibles modificaciones al estilo que trata imponer Rafael Dudamel y su staff hay que esperar.

    Columna publicada el 16/03/2017 en El Estímulo.

    Fotografía cortesía de Telemundo Deportes.

  • Ausente D10s, Luis Enrique bien vale una misa

    Ausente D10s, Luis Enrique bien vale una misa

    El Barcelona batió 6-1 al PSG y coronó una remontada histórica que lo sostiene como el equipo dominador de los últimos años. El gol de Edison Cavani casi destruye loas intenciones catalanas, pero si algo quedó claro en el Camp Nou de Barcelona es que nunca hay que dar por muertos a los grandes campeones. Paliza y lágrimas para los de Emery.

    ¿Cuántas veces se ha escrito que el fútbol es lo que es y no lo que queremos que sea? La sencillez de la frase no es contraria a la naturaleza de este juego, actividad compleja como pocas. Y es que el fútbol tiene su propia lógica; sin importar episodios pasados, cada puesta en escena es una versión única e irrepetible. No juega la historia, aunque para muchos sea esta la que explique algunos de los fenómenos que ofrece este deporte.

    Se dijo hasta el cansancio que en el recorrido del Barcelona no hay grandes remontadas, y que esa es una cualidad que define al Real Madrid y no a los catalanes, estos últimos embajadores de un juego más sutil, mejor elaborado y menos propenso a los arrebatos emocionales. No eran injustos los pronosticadores en cuanto a las referencias históricas; quizá el lance más fresco es aquel de los cuartos de final ante el Chelsea, en la temporada 1999-2000, cuando tras caer tres goles por uno en la ida, en Londres, los blaugranas superaron al equipo blue cinco por uno en el Camp Nou, certificando su pase a la semifinal continental. Son más recientes los intentos infructuosos ante el propio Chelsea (2011-2012) o frente al Bayern Múnich (2012-2013). En ambos casos, a pesar de la diferencia de rendimiento, los culé quedaron eliminados de la Liga de Campeones.

    Hay muchas otras muestras más que condenaban anticipadamente las intenciones del equipo dirigido por Luis Enrique, pero como le decía anteriormente, la historia no juega ni hace goles.

    Los primeros minutos fueron todo menos lo esperado. Es casi imposible adivinar a qué salió a jugar el Paris Saint Germain. En esos primeros compaces, los franceses se entregaron a las intenciones de los catalanes, quienes pudieron avanzar en el campo sin mayor oposición. Gerard Piqué, Samuel Umtiti y Javier Mascherano, los tres defensores centrales elegidos por el entrenador blaugrana, se anclaron hasta cinco metros más adelante del medio del campo, haciendo del Barça un bloque corto y compacto, perfecto para atacar el ataque del PSG.

    Debo insistir en que, aunque la intención del local fue esa, los de Unai Emery, quien sabe si por instrucciones o por voluntad propia, se agruparon a escasos metros de su portería. Nunca lo sabremos a ciencia cierta, por lo que crucificar al entrenador español es desconocer las dinámicas grupales, o como bien lo recuerda Alejandro Abilleira, creer que «los jugadores resuelven en acuerdo con lo impuesto«. Más adelante, el mismo autor cita a Crozier y a Friedberg para recordar que se sobrevalora «demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones«. ¡Pum! Golpe bajo para los defensores de los automatismos…

    La defensa por acumulación en espacios reducidos que puso en práctica el equipo francés no limito al Barcelona, aunque el gol de Luis Suárez fue todo menos estético, ítem que abordaré más adelante. Ese tanto, tan hijo del juego del Barça como de los temores parisinos no modificó el guion, y no fue sino hasta el minuto diez que los visitantes se animaron a cruzar la mitrad del campo. Sin embargo, y a pesar de esa tímida reacción, los blaugranas dominaban el partido, aprovechando la superioridad que generaban Rafinha y Neymar en sus respectivas bandas. Ambos ensancharon el campo, y si el Barça no tuvo mayores ocasiones de gol fue porque su juego interno, ese en el que debían mandar Lionel Messi y Andrés Iniesta, no estuvo fino como en otras ocasiones.

    La enorme respuesta del Barcelona se debe en gran parte a la intervención de su entrenador. Luis Enrique, subestimado por muchos y señalado como apenas un gestor del tridente, volvió al “Cruyffismo” más ortodoxo, con la intención de sacudir a los suyos tras la pesadilla vivida en el Parque de los Príncipes, y vaya si lo consiguió. Su dispositivo 1-3-4-3 agitó y espantó fantasmas, y hasta se atrevió a variar dentro del mismo módulo: en algunas ocasiones lo puso en práctica con Jordi Alba y en otras, como ante el PSG, lo hizo sin laterales, dejando el recorrido por las bandas a Neymar y a Rafinha.

    Cambiar no es sencillo. El último entrenador que intentó por necesidad pasar del 1-4-3-3 al 1-3-4-3 en Can Barça fue Frank Rijkaard, en la temporada 2006-2007. En aquella ocasión, el míster holandés comandó la victoria ante el Zaragoza, para avanzar a la semifinal de la Copa del Rey, aunque los suyos se quedaron cortos en la Liga de Campeones frente al Liverpool. Bajo las órdenes de Pep Guardiola, este equipo hizo bueno el módulo “Cruyffista” pero por creencia propia y no por necesidad de un resultado.

    Es por ello que vale rescatar la capacidad de Luis Enrique y su staff. Nada de lo puesto en escena hoy en el Camp Nou hubiese sido posible sin las correctas sesiones de entrenamiento, tanto en pretemporada como en los días posteriores al duelo en París. Se va un enorme entrenador, a la espera de saber si su próximo destino lo tiene de camiseta roja o si debe buscarse la vida en otras latitudes.

    Para intentar un ascenso tan complicado como el que coronaron los blaugranas hace falta algo más que capacidades futbolísticas. Por ello, cuando hacía referencia al primer gol del Barça, señalaba que, a pesar de haber sido el principal defensor de un juego que conquistó al mundo por resultados y estética, el primer tanto culé no fue el típico avance blaugranas. Puede que ahora, cuando ya pasaron los más emocionantes noventa minutos que recuerde, ese gol, nacido del caos y el espíritu indomable del uruguayo Suárez, haya sido el prólogo de un partido inolvidable. Que Iniesta construyera el segundo gol, mezclando su categoría con esa voluntad de no dar una sola pelota por perdida, fue la continuación perfecta al argumento que trato de hacer bueno.

    No puede obviarse que Cavani marcó un gol que aniquilaba la esperanza de muchos, y que estuvo a centímetros y segundos de acabar con todo, pero este PSG, en su versión más pobre que muchos recuerdan, no podía triunfar con tantos temores; jugar así por voluntad propia merece un castigo, y el fútbol, ente al que muchas veces le adjudicamos conductas de entes vivos, hoy no permitió semejante afronta en contra de su propio espíritu.

    El tanto francés obligaba a los blaugranas a convertir tres goles más, y, de la mano de un Neymar pletórico, convertido en el jugador decisivo que muchos prefieren no ver, consiguieron el ascenso a la más alta montaña. El brasileño lleva más de dos meses en un estado de forma insoportable para sus rivales, pero la banalidad, reacia a reconocer su evolución, se enfocaba en la falta de gol del 11 para desacreditar su juego. Hoy se llevaron un golpe de aquellos que hacen época.

    Hay un dato que no es menor: esta hazaña fue posible aun cuando Messi no brilló. Marcó de penal, pero el argentino tuvo una de esas noches grises, melancólicas, en las que la mitad de sus intenciones fueron a parar en las botas rivales. Con el tiempo, este episodio histórico cobrará su verdadera dimensión cuando se revise que el 10 no fue determinante como muchos esperaban.

    Pero permítame volver al trabajo de Luis Enrique, de Juan Carlos Unzué, Robert Moreno, Rafel Pol, Joaquín Valdés, Joan Barbarà, José Ramón de la Fuente y los demás integrantes de este cuerpo técnico. Este staff llegó a un equipo que quizá no estaba en la mierda (Piqué dixit) pero sí venía de dos años muy duros. El panorama actual los tiene peleando los tres torneos, como en cada año de su estancia en Can Barça, pero más allá de cuánto ganen o cuánto pierdan, estos nombres, junto a otros compañeros, dieron una vuelta de tuerca impensable; su capacidad y el hambre un grupo de futbolistas insaciables consiguieron lo que antes, e incluso durante el partido parecía imposible: derrotar a todos los fantasmas. Una remontada como la de hoy no se sostiene en cuatro gritos sino en un trabajo confiable.

    Luis Enrique se perdió aquella inolvidable noche ante el Chelsea en el año 2000. Sus por entonces compañeros lograron, en plena Semana Santa, un resultado que nadie pensaba posible. Hoy “Lucho” sí fue protagonista, y los suyos le respondieron a los inconformes que cuestionaban la grandeza de este equipo, sólo porque no tenía en su historial de la última década un episodio emocional como el de hoy.

    Bofetada a los críticos y a seguir adelante, como siempre ha hecho el fantástico entrenador que hoy volvió a celebrar a costa de la tristeza de París y de Qatar.

    Columna publicada el 08/03/2017 en El Estímulo.

    Fotografía cortesía de Agencia EFE

  • Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Con la confirmación del adiós de su entrenador, el FC Barcelona suma un nuevo problema a su accidentada actualidad, y es que más allá de pelear por la Liga, disputar la final de la Copa del Rey y soñar con una remontada ante el PSG, la institución catalana vive un caos en el que solamente Joan Gaspart se sentiría identificado.

    El anuncio del míster blaugrana sorprendió a pocos –otra cosa es que se hagan pasar por sorprendidos, pero eso, como diría Carlos Salvador Bilardo, no es más que poner cara de circunstancia y hacerse el sueco. Quienes seguíamos las ruedas de prensa del entrenador podíamos coincidir en que a «Lucho» se le notaba cansado, extenuado, fundido. La prensa, con su ego multiplicado a niveles indescriptibles, ha vendido el pescado podrido que ellos agotaron al entrenador. Se equivocan. A Luis Enrique Martínez lo venció el tiempo y su propia intensidad. Vivir el oficio con tanta dedicación acaba con cualquiera, sin importar que se haya ganado tanto. Pregúntenle a Pep…

    Pero más que ahondar en las razones del entrenador, pongamos la mira en el futuro inmediato de la institución que preside(?) Josep María Bartomeu.

    Lionel Messi termina su contrato en julio de 2018, y por los momentos no hay confirmación oficial de que se avance en esa renovación. Andoni Zubizarreta hizo famoso aquello de que las negociaciones no se retransmiten, pero siendo Messi el activo más importante del primer equipo, el silencio de la directiva es cuando menos sospechoso. No sería de extrañar que tras el adiós del entrenador apresuren los tiempos y se firme, en cosa de un mes, la extensión del vínculo contractual con el 10.

    Debo aclarar lo siguiente: la continuidad del argentino no está sujeta exclusivamente a valores económicos. Cuando Pep Guardiola, tras la obtención de la cuarta Liga de Campeones en la historia del club, aconsejó a la directiva que rodeara a Messi con los actores capaces de garantizar la estabilidad y mejoría del equipo, no lo hizo en vano. Al segundo capitán blaugrana se le conoce como un animal competitivo, y más que dinero, le atrae la posibilidad de seguir peleando por todos los títulos. Quiere y merece un sueldo acorde a su estatus, pero también desea que no se repitan episodios como que la plantilla no posea un lateral derecho ni un recambio para Sergio Busquets.

    Hay que considerar otro ítem de suma importancia: la edad de la columna vertebral. Andrés Iniesta está por cumplir 33 años; Gerard Piqué acaba de llegar a los 30, meta a la que arribará Messi en un par de meses. Este mismo año, Busquets cumplirá 29 y Jordi Alba 28. No es una plantilla joven, y el rejuvenecimiento iniciado en el verano de 2016 con la llegada de Samuel Umtiti, Lucas Digne, Denis Suárez y André Gomes no ha cuajado como se planificó. De ellos, el central y Suárez son los que más rendimiento han ofrecido.

    El adiós de Luis Enrique obliga a que, además de la necesaria negociación por renovar a su mejor futbolista, el club catalán deba encontrar un entrenador que promueva una nueva vuelta de tuerca al estilo, ese que se vio condicionado con la conformación del tridente Messi-Suárez-Neymar, y que, gracias a las gestiones de esta directiva, no se ha sostenido en las categorías inferiores.

    Son muchos los candidatos y pocos los conocedores que pueden guiar a Bartomeu en la elección de la mejor opción. Probablemente, el entrenador que más cumple con los requisitos para ocupar ese banquillo sea Jorge Sampaoli. Su devoción por el juego posicional, así como la calidad de su staff técnico, comandado por Juan Manuel Lillo, invitan a creer en un acercamiento con el argentino, pero, contrario a la lógica, da la impresión de que esos contactos serían únicamente un saludo a la bandera: ese cuerpo técnico huele a “Guardiolismo” y eso, a Bartomeu, a su directiva y a quienes lo sostienen les produce indignación. La llegada de Sampaoli sería obra de una grandeza pocas veces vista en los más de cien años de la institución.

    Es por ello que el mejor ubicado es Ernesto Valverde, actual entrenador del Athletic Club de Bilbao. Su carácter y su aparente conocimiento de la institución juegan a su favor. Valverde también es un enorme entrenador, el mismo que impidió al Barça de Luis Enrique ganar los seis torneos en un año calendario (2015) luego de batir a los catalanes en la Supercopa de España.

    Ahora bien, sea Sampaoli, Valverde o cualquiera de los casi cien candidatos que promocionarán los medios, el que asuma el puesto de entrenador de la primera plantilla estará obligado a producir nuevas respuestas tácticas, con tal de impulsar así la competitividad de un grupo que ha ganado todo y que, aparentemente, no se cansa de seguir intentándolo. Y llegados a este punto es cuando la directiva catalana debe pensar muy bien qué Barcelona quieren para el futuro inmediato.

    Los blaugranas, tras la llegada de Joan Laporta a la presidencia en 2003, experimentaron un retorno a las fuentes. El juego posicional que instauró Johan Cruyff encontró su éxtasis de la mano de Frank Rijkaard y Guardiola. Pero del mismo poco queda, y abajo, en las categorías formativas, por ahora no hay mucho que resaltar más que el empeño del grupo de Sandro Rosell por destruir todo lo que oliera a Cruyff y a Pep. Sin la colaboración de La Masía, el Barcelona se convierte en un equipo común, uno con los recursos económicos suficientes para comprar y comprar futbolistas, sin mayor plan que no tener plan.

    Pero si por alguna de esas razones que la razón no entiende Bartomeu y sus colaboradores decidieran retornar a la identidad futbolística del club, la contratación del entrenador sumaría un nuevo requisito: debe ser alguien que conozca el juego posicional y, al mismo tiempo, promueva a los jóvenes valores de la institución. Ese panorama no parece ser más que un anhelo de los guardianes de la esencia blaugrana, aquellos señalados como “viudas de Cruyff” por el poder de siempre.

    La búsqueda de un preparador es una labor harto complicada, más aún en una institución como la catalana. Un veterano periodista, cuestionado sobre las diferencias entre el Real Madrid y el Barcelona, inmortalizó aquello de que el Madrid es un equipo de jugadores y el Barça de entrenadores. En el caso blaugrana, cualquier espectador podría pensar que lo primero que se tendría en cuenta en el casting para encontrar el nuevo inquilino del banquillo es su metodología de trabajo, pero mire usted si la realidad supera a la ficción: el equipo filial dejó de lado esa máxima, hace un tiempo atrás, para servir de escaparate a los negocios de ciertos entendidos que siempre han sabido vivir de la institución.

    Desde ayer, el Barcelona se está jugando el partido más importante de los últimos años: seguir siendo el equipo referencia en cuanto a juego, o ser el club de Bartomeu, Rosell, Núñez y los demás integrantes del reducido pero poderoso grupo que sienten al Barça como algo más que un club, su club.

    Lo inmediato es renovar a Messi, pero, al mismo tiempo, la masa social que todavía siente como propio el club catalán debe impulsar a que su directiva, comandada Por Josep María Bartomeu defina qué tipo de club será el Barcelona de los próximos años. El primer paso será la elección del sucesor de Luis Enrique. El resto de las pistas parecen claras, pero siempre hay que dejar espacio para un golpe inesperado de timón.

    Columna publicada el El Estímulo, el 02/03/2017

    Fotografía cortesía de optasports.com

  • Ametrallar a la razón con fútbol

    Ametrallar a la razón con fútbol

    Vivimos en la época de los excesos, y el fútbol, actividad humana por excelencia, no puede escapar a la realidad. Ya nada de lo que pasa en un campo es simplemente bueno; todo es magnífico, todo es superlativo, siempre y cuando no se detenga la rueda que da de comer a los positivistas del deporte.

    Es tal la abundancia que nos hemos convertido en nuevos ricos del fútbol: consumimos, etiquetamos y desechamos; no nos damos tiempo para degustar, saborear y diferenciar cada opción, y como consecuencia, más que en defensores del juego, nos hemos convertido en promotores de la uniformidad, entendida esta como el gran enemigo de la identidad, entendida esta como el conjunto de características que definen a un ser y lo hacen diferente del resto de sus pares.

    La identidad nos convierte en criaturas únicas, y, aunque existan elementos que nos acerquen a la creencia de la igualdad, no existe ser vivo que sea exacto a otros. Gracias a estos rasgos particulares e irrepetibles, cualquier acción, cosa o persona debe ser entendida a partir de esa singularidad que menciono, así como las interacciones entre el contexto y esa, según la cual, “la desaparición y sustitución de una idea, que a su vez será negada en su momento por otra que la sustituirá”, hace creer que se piensa en el juego y su evolución, cuando realmente no es así. De este modo nos encontramos con que, impulsados por la insoportable oferta diaria de partidos de fútbol, no se razona; se lanzan frases vacías que se ajustarán a lo que creemos y no a lo que realmente es El filósofo coreano, en su obra «La Sociedad del cansancio«, ofrece una visión sobre esto que intento explicar La violencia de la positividad, que resulta de ‘la superproducción’, ‘el superrendimiento’ o ‘la supercomunicación’, ya no es viral… El agotamiento la fatiga y la asfixia ante la sobre abundancia tampoco son reacciones inmunológicas. Todos ellos consisten en manifestaciones de una violencia neuronal, que no es viral, puesto que no se deriva de ninguna negatividad inmunológica.

    Aclaremos rápidamente: al ser un tema neuronal y no inmunológico, esto que aquí señalo tiene que ver directamente con procesos cognitivos, es decir con el pensamiento, la reflexión y la toma de decisiones.

    Más adelante, el coreano agrega que “la violencia de la positividad no es privativa, sino saturativa; no es exclusiva sino exhaustiva. Por ello, es inaccesible a una percepción inmediata». Entendamos que la positividad es un estado de la mente que promueve la observación de todos los acontecimientos de manera agradable, evitando cualquier conflicto entre lo que conviene y lo que es desechable.

    A partir de la enorme oferta de partidos de fútbol, el tiempo para pensar y analizar es cada vez menor. La inmediatez de nuestra era ha hecho cierta aquella falacia de que “más es mejor”, por lo que ya no vale una mirada profunda sobre un acontecimiento en particular, sino que hay que estar informado y mostrarse conocedor de todas y cada una de las situaciones, o en este caso partidos, no sea que se nos juzgue de incompetentes.

    Allí hace su entrada el positivismo que mencionaba con anterioridad. Empujados por los noticiarios deportivos -que promocionan “bloopers” como actos relevantes para divertir a la audiencia- la crítica ha sucumbido ante la instrucción de que todo tiene que ser bueno, todo tiene que ser positivo. Si un partido carece de emociones, entonces hay que reseñar el buen comportamiento de la gente; si ninguno de los equipos ataca, hay que publicitar supuestos dispositivos defensivos. El fin no es otro que hacerle creer a la gente, esa que no tiene tiempo para pensar y reflexionar porque vive agobiada por la incesante realidad de su existencia, que todo es maravilloso, y que el fútbol, aun cuando se juegue muy mal, es una especie de vía de escape en su asfixiante cotidianidad.

    En el camino, el fútbol dejó de ser excepcional para convertirse en rutina, un hábito, igual que pagar los impuestos o ir al supermercado.

    Sumergidos en este panorama que describo es mucho más sencillo discriminar, y es que lejos de comprender y promover visiones e ideas diferentes, se estimula la lucha entre lo bueno y lo malo, sin matices ni términos medios. Las redes sociales se han convertido en una trinchera perfecta para defender o atacar según la conveniencia: nos ofende quien no es positivo y nos agrada quién está de nuestro lado

    El fútbol, como actividad protagonizada y consumida por seres humanos, no puede escapar de esa realidad, es por ello que cualquier análisis o reflexión que no vaya de la mano del positivismo que antes señalaba, rápidamente será catalogada de traidora, una amenaza a nuestro hermoso mundo positivista. No hay nada más humano que enfrentar buenos y malos, pero el fútbol, digno heredero del circo romano, ha encontrado en estas redes sociales el espacio perfecto para seguir contando historias entre antagonistas.

    Permítame volver a referirme a los excesos para explicarme. Son tantos los partidos y tanta la necesidad de hacerse pasar por conocedores -los tiempos en los que «más» supera a «mejor»- que obviamos que esta permanente dinámica de observar y opinar sin tiempo para pensar y hasta aburrirse, ayuda a, como explica Byung-Chul Han en su “Sociedad del cansancio”, producir seres depresivos, agotados y fracasados, que se pelean por estar, por hacerse notar, y no por ser. De allí que sea más importante la cantidad que la calidad de lo observado y lo opinado.

    Sin tiempo para masticar cada muestra futbolística que observamos, la mente humana, exhausta y desgastada, se apoya en aparentes rasgos similares de cada partido para afirmar, no solamente que todo está bien, sino que existen innumerables rasgos de afinidad entre cada una de estas exhibiciones. Amparados en ello, e influenciados por ese positivismo que ya forma parte de nuestro ser, nos creemos el cuento de que existen estos atributos, y que además, estos son propuestos y transmitidos, sin importar de que esto sea imposible. Insisto, sin tiempo para pensar no hay reflexión.

    Me apoyaré una vez más en Han porque creo que sus palabras ayudan a comprender mejor lo que intento exponer, que no es otra cosa que la saturación y el cansancio destruyen la excepcionalidad de cada partido de fútbol, y nos sumergen en un terreno en el que no vale pensar; se repiten bobadas aparentes hasta convertirlas en directrices de un peligroso pensamiento único, que encuentra su fuerza en la ráfaga de mentiras y partidos que dificultan cualquier intento de rebelión:

    Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenecen la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Éste reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hipertensión. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos. Dada, además, su escasa tolerancia al hastío, tampoco admite que el aburrimiento profundo que sería de cierta importancia para un proceso creativo».

    Sin tiempo, el fútbol, de la misma manera que el ser humano, recorre caminos marcados por la mediocridad y el conformismo. Así lo dictan la mayoría de sus expresiones, al igual que el desprecio por el análisis a favor de la inmediatez.

    Columna publicada el 28/02/2017 en El Estímulo

    Fotografía cortesía de www.nydailynews.com

  • El optimismo comienza con José Hernández

    El optimismo comienza con José Hernández

    A punto de comenzar el Campeonato Sudamericano Sub-17, es poco lo que se sabe de la selección que representará al balompié venezolano en esa competencia que se jugará en Chile, entre el 23 de febrero y el 19 de marzo. Sin embargo, que sea José Hernández el entrenador de ese grupo, constituye, gracias a sus conocimientos, un raro punto de unión entre las diferentes corrientes de pensamiento del fútbol venezolano.

    Permítame que le cuente una confidencia: estuve presente cuando se designó a Rafael Dudamel y a Hernández para comandar los ciclos sub-20 y sub-17. Noel Sanvicente, seleccionador nacional para aquel entonces, estaba seguro de que ambas eran las mejores opciones tras las salidas de Miguel Echenausi y Ceferino Bencomo. En el caso del actual seleccionador sub-17, Sanvicente insistió hasta el cansancio para lograr su nominación, y para ello no hizo sino reiterarle, a los dirigentes de la Federación Venezolana de Fútbol, que José era el entrenador más capacitado para acompañar a estos muchachos en esta etapa de su formación.

    Recordemos un consejo de Juan Manuel Lillo: para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Por ello, replicar modelos ajenos a la naturaleza de los jugadores es una conducta contra natura, por no decir imposible. En los equipos se puede contar con futbolistas que interpreten el juego de una manera similar, pero nunca igual. Pongamos como ejemplo a España, selección que en los últimos tiempos ha dado lecciones de esto que aquí menciono: la ausencia de David Villa fue la puerta de entrada para Nolito, un jugador con aparentes similitudes al “Guaje” pero también con diferencias notables, gracias a su singularidad. No debe etiquetarse quién es mejor, sino cuál suma más a la dinámica grupal.

    Esto lo sabe el profesor Hernández, y vaya si da gusto escucharlo reflexionar sobre este y muchos ejemplos. Durante todos los años en los que ha ejercido la profesión de entrenador no ha dejado de lado su curiosidad. Él mismo expresa y comprende cuestiones tan básicas como que nadie enseña, es decir, más que transmitir, lo que hace un preparador es despertar cualidades propias de quien escucha. A propósito de esto que menciono, el entrenador español Óscar Cano Moreno, pensador de referencia para muchos, entre los que también está el profesor Hernández, en una charla reciente para la revista The Tactical Room, le decía a Martí Perarnau que «ser formador tiene más que ver con no desperdiciar el talento que con proporcionarlo«.

    Hay una anécdota que retrata perfectamente esto que explica el ex seleccionador sub-19 de Qatar, y la expone el argentino Fernando Signorini, antiguo preparador físico del equipo nacional argentino, en su libro «Fútbol, llamado a la rebelión«, página 216, y que me permito reproducir en su totalidad:

    «Una de las anécdotas más significativas de mi paso por el equipo nacional tuvo como escenario el estadio Velodrome de Marsella, en vísperas del amistoso frente a Francia. Diego (Maradona) había dado por finalizada la sesión y la mayoría de los jugadores caminaron hacia el vestuario, mientras los delanteros fueron llamados a practicar definición. Yo estaba observando desde el círculo central. Era el turno de Leo Messi, quien colocó la pelota a dos metros fuera del área, casi en línea recta, y le pegó de Sur buscando el ángulo derecho del arco defendido por Juan Pablo Carrizo. Sin embargo, el tío se fue muy alto y desviado. Leo giró sobre sus talones y haciendo un gesto de indudable fastidio comenzó a alejarse. Entonces, cruzándome en su camino, le dije: ‘¡No me vas a decir que te vas a ir después de semejante porquería, ¿no?!’. Sonrió con picardía y cuando se aprestaba regresar se escuchó la voz de Diego diciéndole: ‘Vení Leíto, vení. Te estás apurando mucho papi, no le saques el pie tan rápido a la pelota, acompaña la más porque si no ella no sabe lo que vos querés que haga’. La puso entonces en el mismo lugar y agregó: ‘Tenés que hacer así, ¡mira!’. Tomo una carrera muy corta y al llegar le pegó como en los viejos tiempos. La pelota se clavó con violencia. El poste y el travesaño de un sorprendido Carrizo, que nada pudo hacer por habitar el redondo misil«.

    Tanto Signorini como Maradona no hicieron más que identificar una virtud propia de Lionel Messi; no le «contagiaron» cualidades ajenas a su ser, simplemente lo ayudaron a reconocer de qué era capaz. El episodio debería servir como ejemplo de que el crecimiento del futbolista no se detiene jamás, y que el paso por el profesionalismo no significa que el futbolista ya está hecho. Como seres humanos estamos en un estado continuo de cambio. Pero volvamos al seleccionador nacional sub-17.

    Hernández es un gran observador, cualidad que lo acompañará siempre en el complejo proceso que es la construcción de un equipo. Investido como seleccionador, un conductor se convierte justamente en eso, en alguien que debe elegir, y esto sólo puede lograrse a través de la atenta y paciente mirada a los futbolistas que componen el equipo. Cometerá errores, pero Hernández está más que capacitado para identificar valores que los demás desconocemos o no divisamos.

    Una de las frases más utilizadas en la actualidad es aquella que reza que el fútbol es de los futbolistas. En mi caso, esta afirmación no constituye un desprecio por la labor del entrenador de fútbol. Los futbolistas son los protagonistas porque ellos entran al campo, ellos se relacionan, ellos disputan, y de ellos nace cualquier interacción que veremos en un terreno de juego, pero los entrenadores pueden, gracias a su apertura y su observación, como en el caso de Maradona y Signorini, plantear escenarios, despertar sensaciones y promover contextos que quizá los futbolistas, por sí solos, no podrían.

    Pep Guardiola, en una publicidad de un banco español, explicaba su labor al mando del primer equipo del FC Barcelona: «La idea es que al jugador de más talento le dé los consejos para que su talento no salga diez veces en un partido sino que salga cuarenta. Este es mi trabajo«. Los entrenadores cuentan con la posibilidad de colaborar en la evolución de sus dirigidos, partiendo siempre de las virtudes de ese deportista, no de los caprichos o deseos del preparador.

    A pesar de las cualidades que describen al seleccionador Sub-17, es imposible pronosticar como le irá a su selección en el torneo sudamericano, porque insisto, son los futbolistas los que protagonizan este juego. Lo que uno aspira, al igual que con la selección sub-20, es que el paso de estos chicos por los equipos nacionales ayude en el desarrollo de sus propias herramientas, y sean, en caso de continuar en el fútbol profesional, valores útiles para la selección mayor. Ni Hernández, ni Dudamel, ni ningún otro entrenador pueden transferir virtudes, pero sí colaborar y guiar en la concientización de que éstas existen y pueden ser explotadas en favor de un objetivo superior: la construcción de un equipo.

    Cano Moreno expresaba en la misma charla con Perarnau que «cuando se habla de formación y artesanía, rápidamente hemos de imaginar qué es lo que hace un artesano. Bien, pues el artesano lo que está viendo una piedra a esculpir un trozo de barro modelar son las posibilidades que tiene esa piedra o ese barro. Por lo tanto, la idea no parte nunca del artesano, sino que parte del objeto que quiere moldear o modular«. En casi dos años de trabajo, José Hernández y su equipo técnico seleccionaron futbolistas que teóricamente pueden mejorar bajo ese manto que es la idea de equipo. El tiempo dirá si esto que menciono logró ser, o si sencillamente fue otra buena intención que no superó su etapa embrionaria.

    Permítame terminar estas líneas con un reconocimiento a uno de los aciertos de la breve conducción de Noel Sanvicente en la selección Vinotinto. Lejos de proponer amigos para esos cargos, el hoy entrenador del Caracas FC llevó a directores técnicos capacitados para las tareas propuestas. El tiempo, que pone todo en su sitio, le dio la razón al guayanés, aunque esto fastidie a los expertos en acomodar la realidad y la historia a su conveniencia. Ninguno se llama Winston, se apellida Smith o trabaja en el Ministerio de La Verdad, pero vaya si son efectivos en su intento por reescribir el pasado según sus intereses.

    Columna publicada en El Estímulo, el 23/02/2017 

    http://elestimulo.com/blog/el-optimismo-comienza-con-jose-hernandez/

    Fotografía cortesía César Dennis/ Prensa Atlético Venezuela

  • Robert Hernández: un extremo como los de toda la vida

    Robert Hernández: un extremo como los de toda la vida

    El regreso de Noel Sanvicente al equipo capitalino es sin duda la noticia que define el inicio del Torneo Apertura para “Los rojos del Ávila”. Pero para que su vuelta sea exitosa, muchos futbolistas deben mostrar su mejor cara, entre ellos el extremo oriental.

    El fútbol es un juego en el que se enfrentan veintidós futbolistas, en las inmediaciones de un campo que debe medir entre 100 y 110 metros de largo por 45 y 90 de ancho, aunque estas medidas varían en partidos internacionales. Las disposiciones han sido las mismas desde 1863, siendo estas las que menos revisiones han tenido por parte de la International Football Association Board, organismo que define y revisa las reglas de este juego. Para que se entienda: el espacio en el que se juega ha sido el mismo desde que el fútbol es fútbol.

    Si se tiene en cuenta que los avances científicos han ayudado a que los futbolistas recorran esas distancias en menor tiempo, cualquiera que decida pensar un poco en el desarrollo de este deporte podría preguntarse por qué se ha prescindido de los extremos, siendo estos especialistas en ensanchar y agrandar el terreno.

    Estas líneas no pretenden convertirse en una revisión histórica sobre la desaparición de este tipo de jugador, sino hacer énfasis en un futbolista que, si logra reencontrarse con la regularidad, puede convertirse en protagonista de la campaña del Caracas y, quien sabe, hasta ganarse un llamado a cualquier módulo de la selección nacional.

    El puntero criollo brilló por cuatro temporadas con el Deportivo Anzoátegui, siendo protagonista del histórico segundo semestre de 2012, en el que, bajo el mando de Daniel Farías, los aurirrojos ganaron el Torneo Apertura y la Copa Venezuela. Aquel final de temporada coincidió con su llamado a la selección Sub-20 para participar del Sudamericano que se jugaría en Argentina, en 2013, y en el que Hernández no brilló. Su carrera perdió fuelle en medio de un confuso paso por el fútbol norteamericano (jugó en la United Soccer League), y desde 2016 intenta reencontrarse consigo mismo en el club de la capital.

    Johan Cruyff explicaba en una entrevista con la revista Voetbal International, en 2004, que los extremos son clave en el fútbol:

    En la formación inicial, es mejor utilizar extremos. Si eliges jugar con dos delanteros, entonces yo pondría a dos extremos, pero haría que los delanteros retrasaran sus líneas, para reforzar así el centro del campo. Si haces eso, los centrales contrarios tienen que adelantar sus líneas para marcar a los delanteros… Este sistema de dos extremos te dará muchas más opciones que jugando con dos delanteros. Tus defensas centrales pueden ahora apoyarse el uno al otro, y tus laterales sólo deben meterse un poco en el medio para respaldarles apropiadamente. Así que la verdadera pregunta es, ¿existe la posibilidad de jugar a un fútbol de gran nivel sin extremos«.

    Se entiende que el ex entrenador del FC Barcelona pensaba que los punteros eran los encargados de promover el caos en la defensa rival, y al mismo tiempo, generar espacios para sus atacantes. De esto se beneficiarían tanto el delantero como los posibles «llegadores».

    Otro de los valedores de estos futbolistas es Pep Guardiola. El catalán explica que su gusto por este tipo de jugador nace en las ideas del propio Johan:

    Cruyff impuso una nueva filosofía dentro del Barcelona, un nuevo concepto, en vías de extinción, desde que se murió Garrincha. Johan quería que jugáramos así, por los extremos y con los extremos y aplicó esa teoría por encima de todas las circunstancias”.

    Cómo se puede observar en el siguiente video, Robert Hernández es el prototipo de futbolista al que hacen referencia Cruyff y Guardiola:

    Robert Hernández from Ignacio Benedetti on Vimeo.

    No sería una locura inferir, tras observar los movimientos de Hernández, que el oriental no se dedica exclusivamente a ensanchar y alargar el campo; su capacidad en el uno contra uno le permite situarse en ambas bandas y decidir según las circunstancias y lo que beneficie a su equipo. El fútbol del extremo oriental ayuda a abrir defensas y evitar que estas actúen exclusivamente por acumulación de jugadores cerca de su área. Robert hace posible la explotación total del terreno de juego

    Juan Manuel Lillo, entrenador español, explicó alguna vez que “el reglamento dice que los campos son más anchos que largos, porque hay una regla (el fuera de juego) que dice que el espacio en profundidad se puede regular hasta la mitad del campo”.  Esa reflexión, por sí sola, supondría el mayor espaldarazo para que en las categorías juveniles se promueva el desarrollo de este tipo de futbolistas, pero si hay algo en lo que podemos coincidir es que, lamentablemente, la gran mayoría de los entrenadores, antes que reflexionar, prefieren apegarse a las modas, y por ello, son pocos los equipos que innovan o se muestran abiertos al cambio. Se imponen los planteamientos reactivos antes que los proactivos.

    Es por esto que considero que Sanvicente tiene en sus manos a un jugador que mucho puede contribuir a la resurrección de la institución capitalina. Nadie en el fútbol criollo actual conoce las bondades de jugar con la raya de cal como aliada. Con apenas veintitrés años, Robert Hernández todavía está a tiempo de explotar todo su potencial y cumplir los sueños de cualquier futbolista. De hacerlo lograría algo más que su consagración personal: ayudaría a la reivindicación de aquellos locos olvidados que, influenciados por Garrincha, hicieron de caminar al borde del precipicio todo un arte.

    Columna publicada en El Estímulo el 20/02/2017 http://elestimulo.com/blog/robert-hernandez-un-extremo-como-los-de-toda-la-vida/

    Fotografía cortesía Prensa Caracas FC

  • El regreso de Marcelo Bielsa

    El regreso de Marcelo Bielsa

    Marcelo Bielsa dirigirá al Lille OSC a partir del 1 de julio. Así lo ha confirmado la web oficial del club, resaltando que «Convencido por el proyecto y los argumentos presentados por la nueva dirección Lille, Marcelo Bielsa ha acordado tomar el autobús desde el 1 de julio».

    Hasta esa fecha, Franck Passi, colaborador de Bielsa en su etapa al frente del Olympique Marseille, será el encargado de conducir al equipo que hoy marcha en el puesto catorce de la clasificación de la Ligue 1.

    Bielsa retorna al campeonato francés, y al mismo tiempo, se reafirma en uno de los pilares de su manera de conducir: estudiar a profundidad la plantilla que tendrá bajo sus órdenes. El entrenador argentino, al igual que cuando llegó a Chile o  Bilbao, desembarcará en la institución con un inmejorable conocimiento de las cualidades y las debilidades del equipo.

    ¿Por qué Lille y no otros equipos con otros pergaminos?

    Debe considerarse la buena relación entre el entrenador y Gerard López, cabeza visible del equipo. Así lo reseña el medio oficial:

    «Marcelo Bielsa fue la primera elección de presidente Gerard López y LOSC líderes para el gestor de equipo profesional y participar en la implementación de la nueva política deportiva deseada por el club».

    Otro elemento a tener en cuenta es que Bielsa, para implementar su método de trabajo, necesita del total compromiso de sus dirigidos. No olvidemos que el talento no es nada sin ese acuerdo del deportista consigo mismo y con eso que conocemos como equipo. El estudio que hace Bielsa sobre los futbolistas que va a dirigir no se limita exclusivamente a las estadísticas que tanto gustan al periodismo, pero que nada dicen del juego. La presencia de Passi es una señal más de que el argentino va más allá: quiere estar seguro de cuáles son los futbolistas a los que puede explotar, cuáles deben dar un paso al frente y cuáles al costado. Quienes todavía no comprenden que el juego es una cuestión mental se pierden la belleza de los procesos.

    En un documental de producción chilena sobre la vida de Marcelo Bielsa, Fernando Pandolfi, conocido en el fútbol argentino como «El Rifle», quien fuera dirigido por Bielsa en su paso por Velez Sarsfield, reflexionaba acerca de las razones por las que el rosarino aceptaba retos de tremenda envergadura:

    «Yo creo que él se planteó el desafío y dijo ‘a estos (la selección chilena) no los clasifica nadie, ¿hace cuánto? Bueno, yo los voy a clasificar’. Así en Argentina lo empiezan a valorar más, porque él fue allá y ¡parece (José de) San Martín! Liberó al país de la decadencia que tiene el fútbol».

    Para ahondar aún más en su figura, revisemos algunas de sus afirmaciones en el último tiempo, en Francia, pero con el escudo y la admiración de Marsella. La vuelta de Bielsa es un aporte enorme en esta lucha perdida pero maravillosa que es la de pelear por un fútbol que se ocupe del fútbol.

    -“El mundo del fútbol sufre una crisis de aparición de grandes jugadores. Y viendo en profundidad la Liga Francesa, y viendo la tendencia de las grandes ligas de adquirir los mejores jugadores del mundo, especialmente los que no están consagrados, observo que en Francia hay 15 jugadores de muchísima proyección menores de 23 años”.

    -“Los que conducimos seres humanos, cuando vemos que lo que perseguimos no genera el resultado deseado, tenemos dos caminos: responsabilizar a los que ejecutan o revisar las consignas que uno le ofrece. Si un equipo, de 12 puntos obtiene 3, y los 4 partidos son contra equipos inferiores con menos recursos, yo tenía dos posibilidades: responsabilizar a los futbolistas o revisar las consignas. Opté por revisar las consignas. Y la segunda cuestión que escuché lo que sentían los intérpretes e incluí sus opiniones en los argumentos que utilizo para decidir”.

    -“En este análisis, lo que para mí hay que traer como conclusión, es que todos los métodos autorizan a la victoria y a la derrota. Por cada Mourinho hay un Guardiola, y Guardiola pierde como pierde Mourinho. Pero como gana muchísimo más de lo que pierde, los períodos de análisis de la debilidad del método, es mucho menor. Lo ha dicho Ancelotti, con una frase que resume absolutamente todo: “La misma mano débil, es la que me permitió ganar 3 Champions”. Lo que quiere decir que cuando se ganan Copas del Mundo o Champions, es ductilidad para el manejo de los grandes jugadores. Y cuando pierden, porque todos alguna vez pierden, es debilidad frente a la requisitoria de las estrellas, simplemente una cuestión de proporción. Los grandes reciben este tipo de conjeturas o análisis muy de vez en cuando porque siempre ganan. Y los mediocres, como es el caso mío, con mucha más frecuencia porque habitualmente perdemos. Pero eso dicho con absoluta sinceridad, porque si analiza los títulos en los que yo he participado en mi carrera son muy pocos”.

    -“Cuando dirigía a la Selección Argentina, Brasil tenía grandes laterales, siempre los tuvo. Y para mí la mejor receta es obligarlos a defender”.

    -“Todos los que trabajamos en esto, sabemos que luchar por objetivos y no poder conseguirlos desgasta la mente de todos los jugadores. Lo que hay que saber, es si la fatiga mental es la que produce los malos resultados, o los malos resultados los que van degenerando la fatiga mental. Ese es un proceso muy dinámico y, seguramente, en el último partido hubo cosas de esa naturaleza”.

    -“Por mi experiencia personal, sé que el método, el estilo y el sistema, es bueno si ganamos. Y si perdemos es malo, y ustedes actúan con esa lógica, que es la lógica de los seres humanos. Durante un período próspero, las evaluaciones son a favor y se exaltan los mismos valores que ahora se rechazan. Ustedes, seguramente, creían que yo era mucho mejor de lo que en realidad soy”.

    -“Lo que trato de hacer en la adversidad, es fortalecer mis convicciones y no actuar con necedad negando realidades que merecen ser modificadas. Pero tengo claramente visualizado que, en los procesos negativos, todos te abandonan: los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes”.

    -“Hay que analizar cómo actúan los líderes ante la adversidad. Hay líderes que cambian el discurso y hay otros que los mantienen. He visto líderes que cambian los discursos y aciertan y revierten, o todo lo contrario. No puedo abandonar mis convicciones, no sería yo. Y sólo modifico aquello que verifico que está errado, pero también valoro lo que se opina de mí, sé que no soy tan bueno como me describían el año anterior, y tampoco soy como me describen ahora”.

    -«Yo di una idea general y el periodista sigue mirando una circunstancia particular. Participan 20 equipos que no siempre son la misma fuerza de oposición para los otros 19… Hay una enorme cantidad de situaciones que pueden no repetirse, por eso es que me cuesta hablar de lo que va a venir porque no lo puedo imaginar de un modo determinado. Hay generalizaciones que basados en los antecedentes y la historia, pero tampoco en ese caso tengo tantos elementos de juicio como ustedes que conocen los antecedentes de los equipos y los jugadores como para predecir lo que va a suceder con poco margen de error».

    -«A mi, como a cualquier entrenador, me gusta defender en espacios reducidos y atacar en espacios amplios. Pero cuando uno observa el fútbol con grandeza e interpreta el equipo que dirige, y sobre todo cuando tiene mejores jugadores que los demás, está, desde mi punto de vista, obligado a una actitud más generosa y más vinculada con la belleza del juego, por lo que seguiremos intentando en mejorar nuestra capacidad para defender en espacios amplios y para atacar en espacios reducidos. Eso es lo que hacen todos los equipos grandes del mundo, porque para hacer lo contrario hay que tener enfrente un equipo generoso, y eso no sucede».

    -«Nosotros todos estamos acostumbrados a que determinadas causas generan efectos previstos. El fútbol se aparta de eso. Una misma causa puede ofrecer diferentes efectos. Sabemos que la mayoría de las cosas que suceden no obedecen a cómo las imaginamos. Hay mucho de casual».

    -«El problema de jugar con dos 9 no es ubicarlos juntos sino decidir que aspecto del juego se posterga poniendo dos atacantes centrales. Si usted pone dos atacantes centrales sin un volante creativo les resta quien los abastezca, quien le de los pases verticales. Y si para poner dos nueve saca a un extremo, se pierde la llegada de balones desde los costados. Y si conserva los dos wines y el volante ofensivo, debe restarle un componente a la estructura defensiva. No es una decisión sencilla para los que reflexionan más de lo conveniente. Puede ser <Parálisis por exceso de análisis>».

    -«Hay una sola respuesta que todo lo que yo diga lo tira por el suelo. Porque ser el mejor te quita felicidad: horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiestas, diversión. Ustedes tienen un problema muy grande. Muy, muy grande. Tienen dinero pero no tienen tiempo para disfrutar del dinero que tienen. Lo que el dinero te da en términos de felicidad. Eso yo ya lo sé porque lo he visto infinidad de veces. Ustedes quisieran comprar el tiempo. Pagarían por poder hacer eso, como pagaría cualquier persona. Entonces, el éxito te quita la posibilidad de ser feliz. También es una elección, también es una elección”.

    Cuando dos centro atacantes juegan juntos, alguno desciende o alguno se abre para no sobreponerse. Al que le toque descender o abrirse va a jugar peor porque su mejor versión es en el  centro del campo y cerca del arco. Pero en ocasiones, jugando peor uno de los dos, la suma de ambos mejora el equipo. Lo difícil es lograr comodidad en aquel que hace concesiones a sus mejores posibilidades y abandona su puesto. Periodista: ¿esa es una reflexión del momento? Bielsa: No, ahora no, desde hace 15 años que reflexiono sobre ese tema».

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.

  • El problema no es Luis Enrique

    El problema no es Luis Enrique

    Parte importante de la cultura que rodea al FC Barcelona es fatalista. Pero este no es el caso. Andrés Iniesta declaró a los medios catalanes, tras el terrible partido ante el PSG, con derrota 4-0 incluida, que el mal rendimiento del equipo de Luis Enrique «no es cuestión de actitud, es cuestión de fútbol«. La frase encierra en su sencillez un problema mayúsculo que no podrá resolver el míster actual ni quien llegue a la institución, porque es consecuencia directa de una conducción fatal, con un resentimiento descomunal a todo lo que les recuerde a Johan Cruyff o a Pep Guardiola.

    Bajo ese resentimiento atentaron contra el modelo blaugrana y vencieron. Con ellos bajó el Barça B a tercera, pero antes de ese episodio ya se habían dedicado a fichar futbolistas para el conjunto que debía servir de antesala al primer equipo. Mientras los Messi, Xavi, Iniesta y Busquets ganaban, desde las oficinas derrumbaban cualquier columna sobre la que se sostenía el exitoso modelo que ganaba admiradores en el mundo entero.

    Una de las máximas de Josep Guardiola era que «si no encontramos lo que buscamos en casa, lo iremos a buscar fuera». Con la victoria de Sandro Rosell llegó Andoni Zubizarreta, un hábil declarante que, entre tantas cosas, supo modificar la instrucción del entrenador hasta convertirla en un «Si no encontramos lo que buscamos fuera, trataremos dentro».

    El último partido de Guardiola al mando del club fue la final de la Copa del Rey, edición 2011-2012. La alineación para aquel partido fue la siguiente:

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    Como se observa, de los once titulares, siete futbolistas pasaron por el fútbol formativo del Barça, y dos de los tres cambios también conocían las intimidades del juego de posición. Quienes llegaban a sumarse a esa propuesta aportaban sus particularidades, aquellas que no se conseguían en La Masía.

    En el siguiente gráfico están todos los futbolistas que componían aquella plantilla:

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    De los treinta y cuatro jugadores que vieron acción en la temporada 2011-2012, veintitrés habían recorrido algunas etapas en el fútbol formativo blaugrana, lo que representaba un 67%. No eran mejores ni peores futbolistas que los que hoy componen la plantilla que maneja Luis Enrique, simplemente comprendían mejor el sistema.

    Pero hay un dato que es aún más revelador: los futbolistas que más minutos jugaron en aquel año fueron: Valdés, Álves, Mascherano, Puyol, Piqué, Adriano, Busquets, Iniesta, Fàbregas, Xavi, Messi, Pedro y Thiago. Los futbolistas resaltados en negritas representan a los «de la casa». El porcentaje de influencia de los futbolistas educados por el club aumenta hasta un impresionante 77%.

    Cinco años después, y con una junta que aparenta ser distinta -pero no lo es-, la plantilla actual está compuesta de la siguiente manera:

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    De los treinta y tres futbolistas que han jugado esta temporada, quince han pasado por el fútbol formativo. Incluyo en esta lista a Denis y a Aleix, aunque su recorrido fue corto. El promedio es de 45%, lo que supone una baja de más de 20 puntos con respecto al último curso al mando de Guardiola.

    Pero el dato que sentencia a la conducción actual es el del reparto de minutos. Los futbolistas más utilizados por Luis Enrique son: Ter Stegen, Sergi Roberto, Jordi Alba, Piqué, Mascherano, Busquets, Rakitic, Luis Suárez, Messi, Neymar Jr, André Gomes, Umtiti y Denis. Iniesta se perdió parte importante de la temporada y por ello no clasifica. De los trece, apenas seis se educaron en el «idioma Barça», un porcentaje de 46%.

    Seguramente muchos encontrarán como el gran responsable a Luis Enrique, pero, si se me permite, pretendo levantar la mirada e ir más allá: quizá el ascensorista no tiene pasajeros capaces de asumir el reto. Defiendo la tesis de que el entrenador ha tenido que ir al mercado exterior por no encontrar soluciones en casa.

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    El diez de enero de 2011, Martí Perarnau publicó el libro «Senda de Campeones». Además de hacer un análisis exhaustivo del «idioma Barça», el periodista y escritor se atrevió a dejar una lista de lo que él llamó «Las joyas de la corona».

    Escribió Perarnau: «Bastantes caerán en mitad del camino, e incluso algunos, en mitad de la nada. Muchos habrán sido los llamados y muy pocos los elegidos para completar la corona«. A cinco años de aquella publicación, asusta revisar aquellos nombres.

    No pretendo hacer una revisión completa, sí voy a sumar los nombres de aquellos cincuenta que se han establecido en el primer equipo, sin discriminar entre titulares o suplentes.

    Jordi Masip, Martín Montoya, Marc Bartra, Sergi Roberto, Thiago, Rafinha, Cristian Tello, Isaac Cuenca y Sandro Ramírez. De todos estos futbolistas, solo Masip, Rafinha y Sergi se mantienen en la disciplina blaugrana. Y de los que debutaron tras la etapa Guardiola, ninguno, léase bien, ninguno se ha consolidado en el primer equipo.

    Insisto: si Luis Enrique ha tenido que buscar afuera antes que revisar en casa, puede que el problema esté justamente en cómo se hacen las cosas en la casa blaugrana.

    Volviendo al presente, la derrota en París seguramente encenderá las alarmas, pero no por los motivos correctos. La goleada quitará el sueño a los dirigentes porque su modelo quedó expuesto ante el mundo como contrario a lo que predican. El Barcelona no pudo refugiarse en el juego porque aquel desapareció de los anaqueles, motivado por la dependencia del tridente y la ausencia de respuestas Made in Barça. Si las respuestas a las interrogantes son André Gomes o Ivan Rakitic, muchas veces, por la calidad individual y el nivel competitivo, se conseguirá el objetivo, pero ante las grandes noches, la superioridad no será la misma de antaño.

    No es un tema de calidad individual sino de software, y este, abandonado y repudiado por los conductores de la institución, no reaparecerá por arte de magia.

    Puede que me equivoque, pero la travesía por el desierto apenas parece estar en sus primeras noches. Puede que retornen los triunfos, pero el estilo, ese carnet diferencial, no aparece.

    Fotografías cortesía de http://www.eumd.es/

  • Tomás Rincón pelea su lugar en la Juventus

    Tomás Rincón pelea su lugar en la Juventus

    El miércoles 8 de febrero, Tomás Rincón jugó su primer partido como titular en la Juventus por la Serie A. Su equipo se enfrentaba al Crotone, un rival que no lo iba atacar y que le reduciría el campo casi hasta la mitad, lo que obligaba a los de Massimiliano Allegri a ser pacientes y promover una circulación rápida de la pelota.

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    Luis Enrique, entrenador del FC Barcelona, explica a la perfección la estrategia:

    Por ende, las obligaciones del criollo no pasaban exclusivamente por la recuperación de la pelota y la cesión de la misma al compañero más cercano; Rincón debía sostener tácticamente al equipo, sirviendo incluso como una especie de mariscal de campo que determinaría donde debía instalarse la Juventus para superar una defensor organizada como la del Crotone.

    Esto que aquí se señala pareciera una obviedad, sin embargo, no puede soslayarse que en el fútbol todavía es mayoritaria en la corriente de pensamiento que sostiene que ataque y defensa son conductas aisladas, cuando la realidad del juego y el ser humano nos confirma que son vasos comunicantes. 

    Revisemos las estadísticas del partido para comprender cómo y dónde se movían los rivales de Rincón:

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    Crotone apenas tuvo un 24% de posesión, lo que confirma la intención local de replegarse, defender muy cerca de su arco y salir al contragolpe, algo que como se demuestra en las estadísticas, intentó en 13 ocasiones, a pesar de que sólo logró dar tres pases de finalización, es decir, tres habilitaciones cercanas a la meta de Gianluigi Buffon. Las estadísticas no explican el juego pero sí ayudan a identificar tendencias y conductas.

    En la siguiente imagen se puede observar con claridad dónde defendía el rival de Rincón, y porque el venezolano fue una pieza fundamental en el avance de su equipo:

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    Teniendo en cuenta que Crotone jugaba de esa manera, el tachirense era, junto a los defensores, el primer pase, pero al mismo tiempo, el «continuista» del juego juventino: recuperaba, pasaba y presionaba, para nuevamente repetir el ciclo. Pero todo esto lo hacía con una misión: prolongar el ataque de los suyos. Ahí está una de las grandes diferencias entre esta versión de Tomás y la que normalmente observamos en la selección nacional: con la Juve, Rincón forma parte de una idea de protagonismo, mientras que en la Vinotinto es parte de un sistema reaccionario, poco protagonista.

    En los seis vídeos que se muestran a continuación queda demostrado que Rincón no llego a la Juventus para ser lo que muchos denominan como un destructor de juego; el venezolano conquistó a la élite jugando fútbol. Y es que como puede observarse, el tachirense, en cada una de sus participaciones, sumaba a la construcción de juego del equipo de Turín, desechando y dejando en ridículo aquellos que creen que los futbolistas son unidimensionales. 

    Por último quiero dejar una reflexión: quienes creen que este cambio de contexto no afectará su rendimiento en la selección no terminan de comprender tan siquiera el concepto básico del pensamiento complejo. Cuando pasamos de un contexto, que nos es natural gracias a la cotidianidad, a otro en el que apenas conviviremos por horas, lo normal es buscar sostenes y apoyos a partir de elementos que nos hacen sentir seguros. Para Rincón, la realidad que vive en la Juventus, es, ahora, esa cotidianidad en la que desarrollará nuevas respuestas y nuevos apoyos. Quieran o no, Tomás Rincón es ya un futbolista distinto.

    Imágenes cortesía de Meridiano.com, FourFourTwo, Instatscout y Soccerway