Categoría: Vinotinto

  • La Vinotinto según Johan Cruyff

    -. “¿Qué es bien y qué es mal?”, se preguntaba Johan Cruyff ante la atenta mirada de Xavi Hernández, para luego responderse “es distancia”.

    La Vinotinto sub-23 ha mejorado notablemente durante la celebración del Preolímpico. Uno de los pilares sobre los que se sostiene ese progreso está en la distancia. Basta con observar los primeros partidos y compararlos con los dos más recientes, ante Brasil y Argentina, para identificar que el equipo ha reducido el espacio entre las diferentes líneas hasta convertirse en un conjunto que viaja unido. Más cerca equivale a una mejor comunicación.

    El concepto de “distancias de relación” está referido, cómo no, a lo geográfico. No en vano, cuando hacemos referencia a él inmediatamente pensamos en la longitud y la separación que existen entre los futbolistas de un equipo. No obstante, esta noción trae consigo una mayor profundidad.

    Estar cerca de un compañero no garantiza absolutamente nada si no existen otros factores que alimenten esa relación espacial, tales como la confianza en el (los) socios, la socio-afectividad (relaciones entre los protagonistas en función de un objetivo común), la comprensión del juego y la identificación de semejanzas entre quienes están próximos al futbolista, entre muchas otras.

    Reconocer y adaptar esas distancias permite mejores sociedades entre los jugadores, así como la identificación de qué pueden o qué deben hacer en cada circunstancia de partido.

    La Vinotinto se mantiene en la disputa por uno de los cupos a los Juegos Olímpicos de París 2024 en parte a esa progresión que aquí se narra. Vale la pena resaltar el oficio del entrenador, Ricardo Valiño y su staff técnico, para promover esta evolución en medio de la tensión de un episodio competitivo de tal envergadura. Seguramente hay un sinfín de elementos que conspiran a favor del avance futbolístico de la selección, pero la reducción de las distancias de relación, sin que esto suponga una rendición del espacio, es un hecho que debe valorarse en su justa medida.

    -. Algunos recordarán el film “Un domingo cualquiera” (Any given sunday) de Oliver Stone. En él, Al Pacino (Tony D’Amato) interpreta, de manera magistral a un entrenador de fútbol americano que intenta navegar la tormenta de la inestabilidad deportiva junto a su equipo. De los muchos diálogos que valen la pena escuchar en bucle, está la famosa charla previa a un partido definitorio que a continuación se reproduce:

    “No sé qué decir, en realidad. Quedan tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales, y todo se reduce a curarnos como equipo o a desmoronamos, jugada a jugada, pulgada a pulgada hasta el final. Ahora estamos en el infierno, caballeros, créanme; o nos quedamos aquí dejándonos que nos aplasten o luchamos por regresar a la luz para salir del infierno, pulgada a pulgada. Yo no puedo hacerlo por ustedes, soy muy viejo.

    Miro alrededor y veo esas jóvenes caras y pienso que he cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer, he despilfarrado todo mi dinero, ¿pueden creerlo?, he sacado de mi vida a todo aquel que me ha amado y últimamente ni siquiera soporto ver la cara que veo en el espejo.

    Cuando te haces mayor en la vida, hay cosas que se van, eso es parte de la vida, pero solo los comprendes cuando empiezas a perderlas, y descubres que la vida es cuestión de pulgadas. Así es el futbol, porque en cada juego, la vida o el futbol, el margen de error es muy pequeño, medio segundo más rápido o más lento y no llegas a pasarla (la pelota), medio segundo más rápido o más lento, y no llegas a atraparla.

    Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor, están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno, clavamos las uñas por esa pulgada, en este equipo dejamos el pellejo por cada uno de los demás, por esa pulgada que se gana, porque cuando sumamos una tras otra, eso es lo que va a marcar la p… diferencia entre ganar o perder, entre vivir o morir.

    En cada lucha, aquel que va a muerte es el que gana ese terreno, y sé que si queda vida en mí, es porque quiero luchar y morir por esa pulgada, porque vivir consiste en eso, las seis pulgadas frente a sus caras. Yo no puedo convencerlos de que lo hagan, tienen que mirar al que tienen a su lado y creo que van a ver a un compañero dispuesto a ganar con ustedes, que se sacrificará por este equipo, porque sabe que cuando llegue la ocasión, ustedes harán lo mismo por él. Eso es un equipo, caballeros, o nos curamos como equipo o morimos como individuos. Ese es el futbol, muchachos, eso es todo lo que es. ¿Qué van a hacer?”.

    En el fútbol, mi estimado lector, lo que está bien o lo que está mal es distancia…

  • Brasil 1 Venezuela 1: un punto para alimentar la incredulidad

    Brasil 1 Venezuela 1: un punto para alimentar la incredulidad

    1.- El paso del tiempo, la vida, no es más que la acumulación de recuerdos y vivencias. A ellos recurrimos cada vez que se presenta un escenario similar a lo que compone nuestro bagaje emocional. Por ello es tan común que, minuto tras minuto, nos transformemos en seres más selectivos, menos tolerantes y hasta incrédulos. En los tiempos que vivimos, aquellos en los que importa más estar que ser, todo esto que aquí se narra constituye una enorme tentación para aparentar sabiduría y, al mismo tiempo, presentarnos ante el mundo como poseedores de un equilibrio emocional que en realidad no es tal. Por ello, ante cualquier evento que desafíe nuestra manera de entender algún proceso, nos rebelamos, levantamos la voz y asumimos el papel de aguafiestas, todo con tal de mantener una estúpida prudencia que evita cualquier acercamiento emocional con el fenómeno que recién terminó.

    2.- Jugar al fútbol es comprometerse. Con los compañeros, con el objetivo en común, con el contexto y con todo aquello que demande la reorganización natural de un enfrentamiento directo. Comprometerse, como bien escribió el periodista español Kike Marín, genera renuncias. ¿A qué renuncia un futbolista? Al más fuerte de los instintos del individuo: su individualidad. Esta abdicación es la más contundente prueba de que el ser humano es un ser social, habilitado para aceptar y ejecutar todo aquello que le posibilite la vida en sociedad. Pertenecer a un equipo, versión mínima del aspecto comunitario y cooperativista de nuestra especie, requiere, según la estrategia y los aconteceres del partido, que cada futbolista deje de lado esos impulsos en favor de un brillo superior al particular.

    3.- El ser humano futbolista no es un robot cuyo único fin es el cumplimiento de órdenes. Su razón de ser es jugar una actividad que es colectiva. Por ello, mucho de lo que se ve en el campo es el producto de la aceptación de un objetivo común que lo concilia con sus compañeros y del desprendimiento necesario para colaborar y asistir a quien viste la misma camiseta. 

    4.- Un ejemplo de esto fueron los apoyos que recibieron Alexander González y Christian Makoun ante Brasil. En ambos casos, los laterales venezolanos, gracias a la identificación de las virtudes de Brasil cuando éste atacaba, encontraron las ayudas suficientes para desarticular esos avances. Esos refuerzos, además de cumplir con ese objetivo inicial, tienen otro efecto: hacer que la labor del compañero sea algo colectivo y no individual, lo que ayuda a que ese socio cumpla con su tarea, es decir, que tenga brillo propio. Los apoyos son un acto de colaboración que jamás deben pasar desapercibidos; estos se pueden entrenar mil veces, pero si no se sienten naturales, será imposible ejecutarlos tal cual se vio en Cuiabá.

    5.- Fernando Batista y su cuerpo técnico reconocieron que esta versión de Brasil recuesta sus avances por las bandas, descuidando así la incidencia de sus centrocampistas. Una vez que recupera el balón, la construcción de juego va dirigida hacia esa zona del campo, promoviendo esa pequeña sociedad integrada por Neymar Jr., y Vinicius Jr.. No obstante, cuando éstos no pudieron avanzar, la fluidez dejó de ser la misma; el juego interior de Brasil no posee futbolistas especializados para mantener una rápida circulación de la pelota o para enviar un pase que rompa las líneas defensivas. Desde hace unos años, la selección amazónica ha olvidado aquello de que para ser fuertes en los costados es necesario un juego potente en el centro, y viceversa. Venezuela lo identificó y supo restarle peligro a las intenciones del local.

    6.- El equipo criollo pudo llevar a cabo una de los principios de su entrenador: ser un bloque corto, que no superase los cuarenta metros. Además de defenderse sin dejar espacios al rival, cuando recuperaba el balón, la Vinotinto aguantó la tiranía de la inmediatez: no se excedió en los pases largos sino que avanzó manteniendo esas distancias de relación. En esto fueron determinantes Tomás Rincón y Yangel Herrera, quienes sostuvieron la estructura, incluso turnándose para presionar o incomodar a aquel que intentara conducir por el centro del campo, haciendo aún más necesaria la búsqueda brasileña del juego por las bandas.

    7.- El empate ante Brasil deja un punto en el casillero. Sin embargo, su impacto anímico y futbolístico no se puede medir. El simple hecho de que la selección venezolana haya podido competir, sin limitar las capacidades de sus futbolistas, constituye una victoria sobre todos aquellos que proponen el temor, disfrazado de realismo, como vía única hacia la consecución de las metas. Batista eligió una estrategia cuyos pilares fueron las capacidades de sus jugadores. No fue contra natura, ya que su plan no limitaba las cualidades de los jugadores elegidos. Por el contrario, lo hecho por los futbolistas invita a pensar que los acompañó en eso que se llama la optimización del jugador. Consecuencia de esto es que los valores más resaltables del duelo ante los brasileños fueron la solidaridad, el cooperativismo y, sobre todo, la fortaleza anímica necesaria para no desistir tras el gol de los locales.

    8.- Tras la victoria argentina en el Mundial de Catar 2022, el escritor y pensador argentino Alejandro Dolina, hizo una hermosa reflexión sobre el fútbol y su capacidad para regalar algo de felicidad. Parte de aquella consideración decía lo siguiente:

    El amigo (Samuel) Coleridge decía que: «Para disfrutar el fenómeno artístico había que tener fe poética y suspender la incredulidad». Entonces, cuando vos ibas al teatro no decías: ‘No, no, en realidad este señor no se ha muerto, porque es un actor, no es el Rey de Dinamarca… es un actor y en realidad está vivo, y cuando termine la obra, van a ir todos a la esquina a comer pizza’. Entonces, tienes que suspender la incredulidad, tienes que creértelo, aunque sea por un ratito.

    Cuando vas al cine, sabes que son fotografías, que en realidad ni siquiera de mueven, que la retina, etc. etc. Coleridge decía: «hay que suspender la incredulidad, cuando uno va al cine, cuando uno lee poesía» y yo agrego, cuando uno va a ver un partido de fútbol.

    Hay que suspender la incredulidad y entonces entregarse a la fe poética, que consiste en creer que un gol de Messi, nos va a mejorar la vida, y en la medida que lo creamos, un poco la va a mejorar».

    Ante Brasil, y con toda la razón del mundo, el fútbol de la selección venezolana, el gol de Eduard Bello y las muestras de vocación competitiva de todo el equipo nos permitieron suspender esa incredulidad y celebrar, sí, por qué no, celebrar que ese punto es mucho más que lo reflejado en la tabla de posiciones.

  • Vinotinto ante Paraguay: la fuerza del compromiso

    Vinotinto ante Paraguay: la fuerza del compromiso

    -. Las eliminatorias sudamericanas son crueles. No deseo entrar en el debate de si son o no las más difíciles del mundo porque tengo amigos que han disputado las clasificatorias africanas y las historias que me han contado todavía me persiguen. No obstante, recordemos algo: la selección Vinotinto disputará seis partidos en tres meses y después tendrá una prolongada pausa hasta el mes de Marzo de 2024, fecha de ventana para partidos internacionales según el calendario FIFA.

    -. Asimilado esto, deseo centrarme en esos seis cotejos que se juegan este año. Para cada doble jornada, los seleccionadores tendrán a su disposición entre siete y nueve días para practicar y entrenar con sus dirigidos de cara a dos compromisos oficiales. En el caso que nos ocupa, Fernando Batista, a diferencia de sus colegas europeos, recibe a los futbolistas convocados luego de que estos realicen largos y tediosos viajes. Esta circunstancia resta horas de ensayo. Lo mismo sufren sus pares de América del Sur. ¿Cuánto puede el entrenador modificar en un lapso de tiempo que no le ofrece margen para el ensayo?

    -. Esta es la razón por la que el fútbol que observamos no es idéntico al que aspiramos. Juan Pablo Varsky contó, hace años, una anécdota con Marcelo Bielsa en Venezuela. En esa ocasión, y mientras Varsky esperaba abordar el avión que lo llevaría de vuelta a su país, Bielsa se le acercó y, palabras más, palabras menos, le dijo que era evidente que el periodista sabía de fútbol, sin embargo, debía concentrarse más en lo que el partido comunicaba que en aquello que él deseaba ver. Desde mi perspectiva, y teniendo a la complejidad como punto de sostén, agregaría que hay muchas circunstancias que desconocemos que influencian lo que luego observaremos en el campo de juego.

    -. La Vinotinto venció a Paraguay y con ello encontró mucho más que tres puntos. El equipo y la Federación Venezolana de Fútbol necesitaban un triunfo. Los futbolistas, entre otras cosas, porque deseaban sacarse de encima toda la bronca acumulada; el ente federativo porque hay un trabajo invisible, destinado a atacar falencias en procesos de formación, que requiere de una institución fuerte, en paz, para sostenerlo y alimentarlo.

    -. El duelo contra Paraguay dejó mucho. Sin embargo, no seré yo quien aburra al lector exponiendo todas aquellas que mi limitada capacidad atesoró. Aún así, compartiré algunas que me parecen primordiales.

    -. Alexander González es un futbolista muy válido cuando puede jugar de él. En Colombia, tuvo que concentrarse en el duelo que protagonizó contra Luis Díaz, lo que impidió salir del estado de concentración y pasar a la atención. Por el contrario, ante Paraguay mostró lo que realmente puede ofrecer en el rol de lateral derecho. Recorrió su banda, formó sociedades con los futbolistas que se acercaban a su zona de influencia y no perdió de vista sus responsabilidades en fase de recuperación de pelota. Quedó claro, tanto en su caso como en otros, que saber de fútbol es reconocer las capacidades del jugador puestas en el contexto de un juego colectivo de oposición-cooperación como el fútbol.

    -. Una vez recuperado el balón, queda pendiente hacerse fuerte en el juego interior, por el centro del campo. La Vinotinto apostó en estos partidos por una estrategia en la que prevalecían los desbordes por las bandas, pero si algo nos enseña el fútbol es que, para lograr superioridades por fuera, hay que crearlas primero por dentro. Los volantes centrales tuvieron pocos apoyos para construir esa fortaleza, lo que alimentaba la impresión de que la estrategia inicial no contaba con los pilares suficientes para ser tan potente como se imaginó. La amplitud y la profundidad se sostienen en el centro del campo.

    -. Le pregunté a Batista sobre las distancias entre jugadores cercanos cuando el equipo recuperaba el balón y, también, acerca de los largos recorridos de algunos futbolistas tras retomar la disposición de la pelota. Su respuesta fue esclarecedora: hay una intención de ser un bloque corto, de cuarenta metros, pero el partido muchas veces cambia esa voluntad inicial. Esta afirmación reafirma lo expuesto anteriormente: no hay mucho espacio y tiempo para ensayar distintas maneras de reorganizarse, por lo que estos episodios solamente se corregirán con el paso de los partidos.

    -. Salomón Rondón y Tomás Rincón no ceden ante la histeria colectiva. Ambos son víctimas del paso del tiempo, ese enemigo despiadado e invencible que nos jode a todos y nos acerca a nuestra única verdad: recuerda que morirás. Este tipo de futbolistas son indispensables en un proceso que la Vinotinto pretende escribir en la historia de nuestro fútbol. Marcelo Salas en Chile o Álex Guinaga constituyen dos ejemplos que debemos revisar antes de sumarnos a la masa que exige renuncias, despidos y demás atrocidades sin mayor sustento que la pasión.

    -. Queda mucho por destacar. El compromiso de Soteldo; la versatilidad de Herrera; la valentía de Miguel Navarro; la sobriedad de los defensores centrales, etc. De todo ello se ha hablado y se seguirá conversando, pero el lector debe recordar que los futbolistas que integran la selección han vuelto a sus equipos, a su vida regular y que en un mes, serán llamados nuevamente para repetir el cruel ciclo que describí al inicio. Téngase en cuenta para que en los momentos oscuros, mantengamos la discusión en los márgenes que ofrece el juego antes de caer en la tiranía de la histeria y las soluciones mágicas.

     

    Imagen encontrada en internet. Créditos a quién corresponda

  • Salomón Rondón en tiempos de caníbales

    Salomón Rondón en tiempos de caníbales

    “Aquella noche en que cenaron en Nueva York, Garry Kaspárov miró a Guardiola y le dijo:

    -Cuando gané mi segundo campeonato del mundo en 1986 ya tuve muy claro quién me derrotaría.’

    -¿Ah, sí? ¿Quién? – le preguntó el entrenador.

    -El tiempo, Pep, el tiempo…”. Martí Perarnau – Herr Pep

     

    La vida es cruel. Apenas nos ofrece una verdad indiscutible: vamos a morir. Todo lo demás será producto de la incertidumbre, de lo eventual, de lo aleatorio.

    La tan aterradora finitud de nuestra existencia también es borrosa. Tal y cómo todos los finales que experimentamos en nuestro recorrido vital, estos llegan a su manera y a su tiempo, sin que nada podamos hacer. El horror del adiós no está enraizado tanto en la conclusión de algo sino en el desconocimiento de aquello que vendrá. Estamos educados sobre certezas y lo que ignoramos nos debilita, nos devuelve a los estados más primitivos de nuestro ser, aquellos en los que sobrevivir era lo único.

    El fútbol, como no podía ser de otra manera, es cruel, despiadado e implacable. Una vez que se constituyó como un hecho competitivo, aceptó las reglas básicas de la vida. Cada uno de nosotros está en capacidad de jugar cualquier pachanga entre amigos, sin embargo, solamente unos pocos pueden hacerlo al más alto nivel. Pero ese alto rendimiento, como ya se escribió, es una brutal trituradora, sin memoria ni sentimientos hacia aquellos que lo han honrado en un campo de juego; no perdona el declive y los expone.

    Debo hacer un inciso. Lo hago con la intención de respetar el idioma. El futbolista profesional no pasa nunca por una etapa de decrepitud. Ese concepto debe ser asociado a la salud y no exclusivamente a la pérdida de determinadas facultades. Por ello, cuando un jugador profesional pierde aptitudes es más acertado utilizar el término declive, de esta manera honraremos su realidad.

    José Salomón Rondón está atravesando esa etapa. Es el inevitable destino de todos los futbolistas. Esta fase de la vida, como se dijo anteriormente, llega a su manera y a su tiempo; nadie está preparado realmente para afrontarla, sólo queda vivirla y aceptarla.

    En el caso del delantero venezolano, bien valdría la pena pensar antes que reaccionar. Lo que aparenta ser el final de su período profesional en el fútbol se da, nada más y nada menos que en el Club Atlético River Plate. Con luces y sombras, pero formando parte de uno de las instituciones más reconocidas a nivel mundial. Cómo bien dice un admirado cantautor, “esto no es sopa”.

    Esa trituradora es hoy alimentada por un combustible en la que habitan, la mencionada histeria de la competitividad, como también las miserias de aquellos que no pudimos ser lo que Rondón sí logró. Esto no constituye por sí misma una novedad, sin embargo, la llegada de las redes sociales ha magnificado el despreciable oficio de renegar de todo, convirtiendo en aceptable cualquier expresión de odio. Lo está sufriendo Rondón, al igual que muchos de sus colegas en diferentes latitudes.

    No lo conozco a Salomón. Fuera de alguna entrevista y de cortas charlas en mi paso por la selección, no he tenido mayor contacto con él. Aún así, intento ver los juegos de River, con la única intención de observarlo una vez más. Claro que estallo en bronca cuando no convierte, de la misma manera que le sucede a todo aquel que ha celebrado gracias a sus goles o a sus actuaciones.

    En mi caso, ese maremágnum de emociones no está emparentado en que, como yo, Rondón es venezolano; todo aquello que admiro de él brota en que Salomón pudo ser y es todo aquello que yo no. Por ello, cuando la inconsciencia se apodera de mí, no recurro a estadísticas ni fríos números. Simplemente maldigo al paso del tiempo. Me recuerda que todos y cada uno de nosotros estamos muriendo. Algunos de manera más rápida y dura, y otros con la complicidad que a veces regala la naturaleza. Pero a todos, ese hijo de puta que es el tiempo, nos pone y pondrá en nuestro lugar.

    Quizá, antes que llegue mi tiempo, logremos convertirnos en una sociedad más respetuosa y sosegada, con el tiempo necesario para dejar de lado los gritos para abrirle paso a la contemplación. Lo dudo, porque no soy un optimista consagrado y la naturaleza humana me asusta cada vez más. Pero, como citaba Eduardo Galeano, esto que son las utopías sirven para seguir caminando…

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.

  • Vinotinto: la encrucijada entre lo importante y lo esencial

    Vinotinto: la encrucijada entre lo importante y lo esencial

    En la Federación Venezolana de Fútbol duermen tranquilos. Por lo menos esa es la impresión que queda cuando se repasan los debates en torno a la selección nacional de fútbol. Esa serenidad se fundamenta en las conductas de los medios de comunicación, quienes por razones todavía indescifrables, han centrado su atención en lo importante y no en lo esencial.

    Aunque en principio ambos se presentan como conceptos emparentados, aquello que se define como importante posee menor entidad que lo esencial. Por ejemplo, alimentarse tres veces por día es importante, sin embargo, lo esencial es ingerir alimentos diariamente. Hay una distinción, aparentemente sutil, pero que va más allá de lo evidente y está relacionada con el espíritu del tema en cuestión, que en este caso es la alimentación.

    En el caso de la selección venezolana de fútbol, las diferencias entre ambos conceptos se aprecian con mayor claridad. Con estas líneas no se pretende modificar los distintos intereses que conviven en el aficionado o el hincha. Por el contrario, la finalidad de las mismas es hacer una revisión sobre el rol que están cumpliendo aquellos que ejercen la labor de informar y debatir en las diferentes ventanas en las que se ejerce el derecho a opinar.

    Comencemos por ejemplos que se engloban en lo importante:

    -. La marca que viste a la selección. La actual empresa, Givova, no poseía el historial para cumplir con todos los requisitos de la FVF. Sin embargo, fue elegida debido al criterio de algunos que hoy no se pueden defender y de otros que siempre han logrado esconder la tierra bajo su alfombra. Aún así, vestir esa firma no incide en la planificación de entrenamientos o partidos preparatorios –es momento de desterrar el latiguillo de amistosos para estos duelos, dada su importancia para probar, confirmar y corregir aspectos fundamentales. Hay modelos de camisetas cuya tela otorga ciertas ventajas, pero no será la casa textil elegida la que impulsará el desarrollo del fútbol venezolano.

    -. El lugar de residencia de José Pékerman. El entrenador argentino no vive en Venezuela, hecho que alarma a un importante contingente de comunicadores. Llegados a este punto hay que resaltar que Rafael Dudamel, entrenador que condujo a la selección sub-20 a la final del mundial, tampoco residía en el país. Ello no fue impedimento para que su conducción fuera destacada y exitosa. La existencia de equipos de trabajo y sus diferentes funciones, así como los avances tecnológicos, se imponen a viejos complejos que, como el viento, no por viejos dejan de existir.

    -. El apoyo de la prensa. Los entrenadores más recientes de la selección mayor, José Peseiro y Pékerman, han gozado de una complicidad mediática jamás vista en tiempos recientes del equipo nacional. De esto pueden dar fe Richard Páez, César Farías, Noel Sanvicente y el propio Dudamel. Se ha instalado en el subconsciente colectivo que el periodismo debe apoyar y dejar trabajar al seleccionador de turno, obviando que la principal misión de la prensa es informar, algo que únicamente puede hacer cuando posee la seguridad de que lo que se va a comunicar es cierto. Sólo después de estar bien informado se puede debatir. Un signo inconfundible de nuestros tiempos, estos de redes sociales e histeria masiva, es que estamos más informados pero peor informados. Vivimos la clásica batalla entre lo cuantitativo y lo cualitativo.

    -. Jugar con enganche y/o carrileros. El debate es estéril porque habla de posiciones y no de roles. Un buen equipo, y así lo demuestra la historia, está conformado por jugadores que saben interpretar –el fútbol no se lee porque no es un libro; se interpreta como cualquier otra conducta humana– lo que la circunstancia del partido requiere. Cuando se confina a ese ser humano que oficia de futbolista a una posición se limita su libertad, por ende, disminuye su aporte a eso que se denomina funcionamiento. El fútbol no es ajedrez, un juego en el que los movimientos de las piezas están claramente definidos por el reglamento.

    A continuación, se resaltarán tres aspectos esenciales que no provocan la misma atención que los ejemplos anteriores pero que, en la opinión de quien escribe, merecen una observación más dedicada.

    -. Los módulos de entrenamiento. La selección nacional sub-20 aterrizó en el torneo sudamericano tras haber realizado, según la FVF, diecinueve módulos de preparación. Cualquier entrenador sabe que no es lo mismo entrenar que jugar partidos preparatorios. Por más que las nuevas metodologías de entrenamiento intentan reproducir situaciones de partidos en toda su dimensión, es en aquellos episodios en los que se enfrenta a una oposición foránea donde el futbolista encuentra mayores oposiciones y, como causa de esto, desarrolla novedosas y creativas respuestas a esas emergencias. El atleta, tanto en los momentos previos como durante y después, vive estos lances de una forma totalmente diferente al entrenamiento. Incluso hay grandes catedráticos del fútbol que aseguran que el futbolista se entrena jugando. La selección nacional apenas tuvo duelos preparatorios, algo que seguramente ha incidido en la aclimatación a las responsabilidades que conlleva competir. Sin partidos preparatorios es complicado desarrollar una idea de juego.

    -. La transmisión de conocimientos. Una vez contratado Pékerman, la prensa asumió como una realidad irrefutable que su equipo de trabajo era el ideal. Discutir la hoja de vida del seleccionador argentino es tan inútil como querer levantar muros con agua. Sin embargo, sus elecciones para las categorías juveniles se asemejan más a una apuesta que a piedras fundacionales. Discutir a Fabricio Coloccini tras la derrota en el debut ante Bolivia es un acto que responde a la frustración más que a un análisis. De Coloccini no se conoce mucho más que su carrera como futbolista. Esto ha llevado a la promoción propagandística de que sus valores como jugador los traspasará a la dirección técnica, casi como contagiar a otros de un virus. Basta repasar la rica historia de este deporte para concluir que ser futbolista y ser entrenador son dos oficios totalmente diferentes. El actual seleccionador sub-20 está ante su primera gran prueba, un escenario en el que no solamente debe diseñar entrenamientos y seleccionar futbolistas; como cualquier otro entrenador debe demostrar que posee las herramientas necesarias para transmitir su conocimiento. Diego Maradona no las encontró, tampoco Michel Platini, ni otros tantos a quienes les costó igualar en el banquillo lo que consiguieron en el campo.

    -. La evaluación que hacemos de los futbolistas. En el fútbol se desprecia la teoría de la complejidad. Quizá porque es más sencillo pensar que si un jugador rinde adecuadamente en un equipo entonces este replicará ese mismo comportamiento en otros contextos. O porque adentrarse en ese pensamiento complejo significa desafiar todo aquello que creíamos cierto. Un ser humano, bien sea futbolista, ingeniero, taxista o enfermero, es todo aquello que lo conforma como un ser individual, pero también el entorno y las relaciones que definen su día a día. En una actividad social como el fútbol, ese relacionarse cobra una mayor importancia. Esos vínculos no son solamente emocionales sino que atañen a todas las estructuras del humano. Carlos Lago Peñas, citando a Paco Seirul.lo, las explica brevemente de la siguiente manera: “estructura biológica (relacionada con la vías energéticas), estructura cognitiva (responsable del proceso de percepción-acción), estructura coordinativa (relacionada con la movilidad, lateralidad y disociaciones), estructura condicional (tiene relación con las capacidades motrices), estructura expresivo-creativa (asociada con la capacidad expresiva y las relaciones interpersonales que aparecen en la competición), estructura socioafectiva (tiene que ver con la relación e identificación con los compañeros y el rol que ocupa cada uno), estructura emotiva-volitiva (está relacionada con los sentimientos propios y los estados de ánimo) y la estructura mental (cómo se relacionan entre sí todas las estructuras).” Su exposición puede ser revisado presionando el texto. El jugador es un todo que vive en un estado sostenido de cambios y pensando en lo referente a la selección venezolana de fútbol, si se quiere analizar la idoneidad del futbolista en determinados episodios, debe partirse de una se las enseñanzas del sociólogo y filósofo francés Edgar Morín: “La complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico”. No se puede mantener el engaño de que tal o cual futbolista brillará en la selección únicamente porque así lo hace en su equipo. La forma adecuada para llevar acabo ese análisis es por medio del juego, de la convivencia, de la resolución de emergencias futbolísticas que nacen de la interacción con los compañeros y los oponentes.

    Estos ejemplos ayudan a comprender la diferencia entre lo importante y lo esencial. Cada cuestión merece atención, aún así queda claro que hay temas de mayor profundidad que otros y cuya vigilancia es de mayor relevancia.

    El fútbol venezolano requiere de una discusión periodística y académica que se aleje del rol propagandístico en que se ha sumergido el periodismo, hoy más ocupado en vender ilusiones o en proponerse como comandante del ejército del sí se puede. El periodista está en la obligación de abandonar esa postura, analizar y pedir explicaciones sobre los tan cacareados proyectos, sin importar cuántos clicks generen sus contenidos. Si en realidad sienten por esta actividad lo que tanto presumen, deben aceptar que tienen una obligación con el público y no con su ego o las carencias emocionales propias.

    «La comunicación no conlleva comprensión. La información, si es bien transmitida y comprendida, conlleva inteligibilidad, primera condición necesaria para la comprensión, pero no suficiente.» Edgar Morín

     

     

  • Pequeñas sociedades nutren el optimismo Vinotinto

    Pequeñas sociedades nutren el optimismo Vinotinto

    “Las pequeñas sociedades crean grandes equipos”. César Luis Menotti

    No podemos cuantificar las emociones, por ello es imposible determinar cuánto influyó en la victoria de la selección venezolana aquel adagio que sugiere que el futbolista desarrolla un grado superior de motivación con la llegada de un nuevo entrenador. Por otro lado, se pueden enumerar una serie de conductas que llevaron al equipo a mostrar una mejor versión en comparación con partidos anteriores. Hay muchas más, pero estas son apenas unas que consideré relevantes.

    1. El juego de los laterales. A diferencia de lo observado en el pasado reciente, el rol de Hernández y González varió y los llevó a ser futbolistas proactivos y con sentido. Sus proyecciones fueron avances con la intención de construir sociedades con los atacantes que ocupaban las bandas, tanto para el juego corto como para el desborde. Recorrieron la banda o realizaron diagonales hacia el centro siempre según lo que las sociedades que armaron requerían. Además de la instrucciones iniciales del entrenador, esto prueba que son futbolistas que tienen capacidad para interpretar el juego. Carlos Peucelle dió la receta hace décadas: «El juego por las puntas no tiene manera de ser anulado cuando se le hace con punteros veloces, apoyados por interiores de rápida salida de pelota”.

    2. En esas sociedades, Machís y Soteldo fueron relevantes. Lejos de aquellos futbolistas aislados en los costados, sin compañía, en este partido se movieron sin mayores impedimentos. Ocuparon las bandas, intercambiaron perfiles y también sacaron provecho de los carriles interiores. La presencia de Otero por el centro fue, además, una señal clara de que contarían con otro socio, capaz de acercarse y unirse a la sociedad lateral-atacante que antes mencionaba.

    3. Otero interpretó a la perfección su rol. Además de pases filtrados que buscaban a compañeros más avanzados, se involucró en la salida del equipo y se asoció correctamente con Rondón para evitar estorbarse que cuando este retrasara su posición. Hay un detalle: a diferencia de etapas anteriores, se sintió importante y acompañado; no debió recorrer largas distancias para acercarse al área rival y tuvo futbolistas que, alejados de temores pasados, avanzaban hacia campo contrario con una estrategia, lo que ayudó a que las distancias de relación no fuesen tan amplias como en tiempos de José Peseiro.

    4. Rincón fue uno de los grandes beneficiados de la tarde. La estrategia de Pekerman, así como la compañía de Martínez, le evitaron largas carreras a alta intensidad que le desgastaran o que incluso le llevaran a llegar tarde a alguna disputa. Con esa tranquilidad supo ejecutar cambios de frente e incluso acercarse al área.

    5. Martínez aún debe corregir detalles fundamentales de la posición. Hay pases que debe evitar o situaciones en las que no debe apresurarse. No obstante, su capacidad para abarcar muchos metros es fundamental para que Rincón saque lo mejor de su juego.

    6. Los defensores centrales fueron los de menor rendimiento. Ferraresi y Chancellor mostraron algunas dudas tanto en la interrupción del juego como en la construcción del mismo. En el gol visitante, Ferraresi, muy avanzado, tarda en recuperar su posición ideal mientras que Chancellor no reacciona ante la invasión del atacante boliviano al borde del área chica. La caída futbolística boliviana ayudó a que no pasaran mayores problemas en el segundo tiempo.

    7. Pekerman hizo más que promover el orden. No subestimemos su labor. En este primer partido, la selección criolla mostró una cara proactiva producto de la estrategia y no solo de la voluntad. La alineación de Soteldo, Otero y Machís fue una declaración de intenciones, pero las sociedades construidas con los laterales y con Rondón demostraron que su discurso va de la mano con los hechos. Esto no constituye algo diferente al primer paso de un proceso que será largo e incierto. Aún así, es rescatable que el victimismo y los complejos vayan cediendo su puesto en favor de la construcción de un estilo que se asemeje a las capacidades de los futbolistas y no a los temores o las limitaciones de quien los conduzca. El reto inmediato del seleccionador sigue siendo el mismo: ayudar a que el equipo nacional siga construyendo esas pequeñas sociedades a las que Menotti siempre hace referencia.

    Fotografía cortesía de As.com

  • El reto de Leonardo González

    El reto de Leonardo González

    Dos entrenamientos. Máximo tres. Ese es el gran obstáculo que enfrenta el seleccionador venezolano en su rol de “interino”. Nadie, por lo menos en el fútbol, está capacitado para hacer magia en tan poco tiempo. El reto de Leonardo González es enorme: producir pequeñas modificaciones sin contar con los ensayos suficientes para convencer a sus futbolistas de la idoneidad de sus planteamientos.

    Es un hecho que en el fútbol se confunden las aspiraciones con las probabilidades. Tanto González como sus futbolistas desean e intentarán ganar los tres partidos que tienen por delante. Son profesionales de esta actividad, pero sobre todo, son atletas acostumbrados a competir. Ganarán o perderán, pero por su condición de deportista harán lo que esté a su alcance para conseguir sus objetivos.

    Todo eso se circunscribe al terreno de la ilusión, que también hace las veces de combustible emocional para esa masa que agrupa hinchas, seguidores, simpatizantes y curiosos en un solo colectivo que aspira a ver a los suyos vencer. No obstante, a ese conglomerado de seres vivos hay que explicarles que todo lo que se habla cuando se habla de fútbol requiere trabajo, convencimiento, empatía, ensayo y, como si fuera poco, desarrollar relaciones entre entrenador y futbolistas. Roma no se construyó en un día, pero tampoco un equipo de fútbol se edifica en tres.

    Todo lo que la selección venezolana consiga en los próximos duelos ante Argentina, Perú y Paraguay estará emparentado, más que nada, a dos hechos que tampoco son moco de pavo: la capacidad de convencer que demuestre el seleccionador y la confianza en él que tengan los futbolistas.

    Presión alta, media o baja; repliegues; pequeñas sociedades; acciones a balón parado; transiciones, etc. Todo eso que compone el vocabulario de analistas, periodistas y público no puede construirse en diez días. No en vano, el período de readaptación a la competencia, eso que conocemos como “pretemporadas”, requiere de tiempo para el ensayo de postulados de juego que no se aprenden ni se aprehenden en cuestión de minutos. Ni qué decir de la continuidad de conductas que resulten beneficiosas para el equipo. En el fútbol, como en cualquier otro orden de la vida, es el tiempo, o la falta del mismo, el mayor enemigo al que se enfrenta cualquier ser vivo.

    En tres entrenamientos –si se piensa exclusivamente en el partido contra Argentina- no existe posibilidad alguna de desarrollar y ensayar una estrategia de comportamientos que abarquen los dos momentos que componen un partido de fútbol: disponer del balón y no disponer del mismo. Por ello he querido resaltar que todo aquello que enseñe esta versión “interina” de la selección venezolana –me refiero al juego y no al resultado- será consecuencia de la más trascendental de las herramientas con las que cuenta un entrenador: la capacidad de convencer a sus futbolistas. Es imposible que González o quién fuese el entrenador mantenga algo de lo hecho por José Peseiro por la sencilla razón de que ni él es Peseiro ni tampoco formó parte de su staff técnico.

    El reto de Leonardo González es convencer a los jugadores de algo en lo que él debe estar totalmente convencido, así como elegir a los que él vea convencidos de su plan, incluso por encima nombres. Gane o pierda, conseguir tal objetivo le valdrá la admiración de la gente de fútbol, es decir, de su gente. Todo lo demás será, como ya lo adivina el lector, material para redes sociales, acusadores, alcahuetes y demás productores de esa materia que recorre ciertas cañerías.

  • Madrugar. De José Peseiro y el poder

    Madrugar. De José Peseiro y el poder

    Luego de perder un partido y no encontrarle una explicación racional a muchas cosas, un grupo de amigos nos vimos las caras y nos conjuramos en mandar todo al carajo. No obstante, el menos reflexivo de aquel grupo pronunció unas palabras que hasta el día de hoy me acompañan: nunca hay que tomar decisiones trascendentales en la madrugada.

    Aquella frase hizo que interrumpiésemos el plan inicial. Valió la pena porque lo que vivimos posteriormente fue inolvidable. Sin embargo, mientras creíamos que podíamos continuar con lo soñado, perdimos de vista que a nosotros ya nos habían madrugado.

    La madrugada es aquel período que sucede a la noche y antecede a la mañana. Sirve de refugio para ladrones y mal vivientes, como también para las más intensas pasiones. Por eso, salvo que uno sea un malhechor o esté sumergido en determinados placeres de esta vida, mejor dejar la madrugada para el descanso y la paz.

    Madrugar es anticiparse; a alguien lo madrugan cuando se le gana el tiempo. Quienes pretendan madrugar a sus oponentes necesitan cumplir con varios requisitos. Algunos de ellos variarán según la circunstancia mientras que otros son imprescindibles. Podría decirse que estos últimos forman parte del manual de la anticipación y entre ellos está el conocimiento del campo de batalla: sólo quien domina los espacios podrá triunfar. Y los espacios contienen personas, seres humanos, por ende, esto se trata de geografía y de antropología.

    La más que probable asunción de José Peseiro como seleccionador nacional descubre un panorama que algunos han ignorado: nadie se sostiene en el ejercicio del poder por mera casualidad. Lamento informarle al lector desprevenido que, aunque exista el azar y este influya a niveles insospechados en todas las áreas de nuestra existencia, también es imprescindible conducir a la fortuna para que esta nos favorezca.

    Hay en la Federación Venezolana de Fútbol algo mucho más sustancial que una guerra de poderes, que puede que exista y sea a cuchillo, pero esta no explica casi nada. En la FVF conviven personas que conocen el terreno a la perfección; funcionarios que son expertos en contemplar e identificar conductas, lo que les ayuda no a sobrevivir sino a mantener el poder. No es necesario apuntar nombres: si usted ha llegado hasta acá es porque conoce un poco de la realidad del fútbol venezolano. Son gente del fútbol venezolano, que no se desviven por el balompié extranjero sino que han construido lo que hoy es el fútbol venezolano. Esto que para muchos es un desastre es para otros su obra de vida.

    Recuerdo que tras visitar la residencia presidencial argentina y cantar para Carlos Menem, a Charly García, autor de un sinfín de melodías que ya son universales, le cuestionaron sobre las razones que motivaron su visita al mandatario, a lo cual respondió, con su acostumbrada genialidad, que le interesaba conocer al poder desde dentro.

    Quienes de alguna u otra forma han interactuado con quienes dominan realmente al fútbol venezolano pueden dar fe de lo que aquí se escribe. No podrán decir lo mismo quienes se inmovilizan ante el brillo que emana de la autoridad. Tampoco los necios que producto de un ataque de soberbia se creen capaces de manipular a la experiencia y al conocimiento. Estos papanatas, animados por el terrible afán de hacerse notar, cumplen a la perfección con el rol que el poder les ha asignado: ser altavoces de la confusión que el poder instaló hace más de cuarenta años y que solamente le beneficia a él.

    Ni que hablar de los recién llegados mercaderes que aspiran a aprovecharse de la sonrisa cómplice y circunstancial de quién tiene todo y lo maneja todo. Sepan de una buena vez que el poder es poder porque otros no tienen cómo llegar a serlo. Solamente los idiotas niegan una realidad tan potente. Además, el poder sabe cómo garantizarse su subsistencia mientras que los aspirantes y sus alcahuetes apenas si pueden ponerse de acuerdo en su reconocimiento existencial.

    Kaiser Soze, el mítico personaje interpretado por Kevin Spacey en el inolvidable film, dijo aquello que “el mayor truco del diablo fue hacerle creer a la humanidad que él no existía”.

    Todo sigue igual en el fútbol venezolano. Y no hay hasta ahora señal alguna para creer que el poder se debilita. Porque para atacar al poder hay que saber algo más que de números. Es necesario saber de personas, conocer sus vidas y sus debilidades, y en eso nadie le gana al poder.

  • Vodevil vinotinto

    Vodevil vinotinto

    No hay proyecto, porque el plan es un nombre. El que sea. Primero fue José Pekerman, en el intermedio sonó César Farías y ahora es Jorge Sampaoli. La idea es que no hay idea.

    En los tiempos de lo posible y el rendimiento inmediato, el fútbol no se queda por fuera de esta desenfrenada carrera hacia el abismo que desde hace tiempo protagoniza nuestra especie. El idiota afirma que ganar es lo único que vale, o en este caso, llegar a un mundial. Lo dice sin entender nada de la vida y de sus procesos; lo grita como si la única razón para alimentarnos fuera saciar el hambre.

    Por ello quienes conducen al fútbol lanzan apellidos con la facilidad  de quien pide números en una venta de lotería: alguno, alguna vez, saldrá; lo importante es mantener entretenida a la masa. Reconocen la medianía y la vulgaridad de sus interlocutores, así como lo fácil que es satisfacer las necesidades de aquellos mezquinos con tribuna.

    Cuando eso suceda, cuando por fin alguien, algún día diga que sí, los títeres mirarán aliviados a sus titiriteros, con una media sonrisa y un sabor agridulce en sus bocas: tras mil intentos dieron con su anhelada primicia pero, aunque la masa apenas tenga tiempo y fuerzas para recordar los ridículos recientes, las marionetas saben que han quedado, otra vez, con el culo al aire.

    Los grandes populistas reconocen en la desesperanza colectiva el combustible que nutre su existencia. Identifican, en cuestión de segundos, todo aquello que añora ese colectivo que les mira y les sigue para así servirse de ello; la masa, desesperada y sin aliento, necesita una limosna que ayude a olvidar su desgracia. Unas monedas que hagan de sedante, y que en el caso del fútbol, como ha afirmado Juan Manuel Lillo, sea un consolador social.

    La masa, urgida de algo que atenúe su angustia, no está interesada -ni puede interesarse- en el bosque: le vale con el árbol para intentar la difícil misión de sobrevivir a tantas injusticias. Tampoco a los voceros, necesitados como están de la consideración de los poderosos y de rascar una pizca de notoriedad. Esas profundidades sobre las que se sustenta cualquier proceso de cambio son cosa para “filósofos”, el novedoso insulto(¿?) de la barbarie hacia aquellos que piensan.

    Como no se ve más allá del pan para hoy, el hambre de mañana se afianza hasta convertirse en una realidad ineludible. Prueba de ello es que el baile de apellidos mantiene su estridencia inicial y las justificaciones que lo mantienen son tan inverosímiles como quienes las promueven. No hay pudor en comerciar con las necesidades emocionales de esa masa olvidada por la divinidad que tanto adoran. El mediocre vodevil que ahora protagonizan no es distinto a los anteriores salvo en que los herederos del recluso aspiran a un reconocimiento que les hace más vulnerables.

    El objetivo es Catar 2022. Llegar a un mundial, creen, servirá para disimular todo aquello de lo que son responsables. No hay ni hubo enemigo externo. Como tampoco planificación alguna. Los títeres y sus titiriteros son eso que Hannah Arendt definió como “La Banalidad del mal”: funcionarios que, concentrados en sobrevivir acorde a las reglas del sistema, se muestran incapaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.

    Que no, que esto no va de Sampaoli, Pekerman, Bielsa o Farías. Tampoco de clasificar a un mundial. Lo que dejó aquel sub-20 de 2017 ha debido servir para separar casualidad de causalidad. No fue así y por ello, este cronista se mantiene en la insoportable tarea de enemistarse con todo y con todos, ya sea por hacer un poco de ruido o por defender el juego que le da de comer a estos aprendices de mercachifles.

    Don Rafael (¿?) hace tiempo que no está. Su ausencia y el presente invitan a recordar a Seneca: “Echarás de menos los males a los que hoy buscas remedio”.

  • Salomón Rondón versus la masa

    Salomón Rondón versus la masa

    José Salomón Rondón se va al fútbol chino. Se trata de un futbolista que dio sus primeros pasos profesionales en el Aragua, que llegó a Las Palmas y que luego jugó en un Málaga plagado de estrellas, teniendo como competidor a un tal Ruud van Nistelrooy. Es el mismo delantero que posteriormente se fue a Rusia, jugó en dos clubes grandes de aquel país y en una liga insoportable, para después irse a Inglaterra para enfrentar, casi siempre en soledad, a bravos y crueles defensores centrales que no se lo comieron. En definitiva, Rondón es un futbolista que peleó todo y ganó mucho más de lo que perdió.

    Sin embargo, para el seguidor venezolano todo esto que narro es insuficiente. Sorprende e impresiona la facilidad con que desde un teclado cuestionan y juzgan las decisiones de un tipo que, insisto, venció adversidades que nadie imagina. No obstante, es aún más alarmante que estos señalamientos tengan en supuestos  “expertos” los primeros promotores de tan dañino ejercicio.

    Este carnaval es similar a aquel que se celebra tras cada actuación de la selección venezolana de fútbol. Soy el primero que deseo una Vinotinto protagonista, con una mejor relación con la pelota y un funcionamiento colectivo más cercano a las capacidades de sus futbolistas. Le recuerdo al lector que trabajé en un cuerpo técnico que intentó todo aquello y falló, mejor dicho, fallamos en esa búsqueda.Pero mis deseos no pueden tapar el bosque ni nublar la visión de la realidad; se ha confundido el análisis con la expresión de anhelos propios y, peor aún, se habla desde el desconocimiento, teniendo a las vísceras como única razón de tantas condenas.

    El periodista Juan Pablo Varsky recuerda constantemente un encuentro con Marcelo Bielsa, por aquel entonces era seleccionador argentino, tras una victoria albiceleste precisamente frente a la Vinotinto. Bielsa, con la parquedad que le caracteriza, se acercó al periodista para decirle algo así como que no vale comentar el partido que uno sueña ver sino que debe analizarse el partido que en realidad se está jugando. Una impagable enseñanza, no ya para el bueno de Juan Pablo, sino para todos nosotros.

    En algún momento de la historia reciente se decía que para hablar de fútbol era necesario observar muchos partidos de fútbol. Una idiotez sin mayor sustento. Esto no ha cambiado. Lo que sí ha ido modificándose hasta hacerse insoportable es la cantidad de duelos que se retransmiten por tv, algo que es consecuencia del triunfo del negocio por encima del juego.

    Hoy se habla con ligereza de ver fútbol, como si aquello fuese una virtud, y se suman los partidos observados como si de la acumulación de monedas se tratase. Pobre sociedad que, lejos de alimentar el análisis y la reflexión, satura al ser humano y llena sus días con basura perfumada para el consumo, fomentando una hiper-conectividad que es enemiga a muerte de cualquier proceso reflexivo.

    José Ortega y Gasset intentó advertir sobre esta realidad. En su libro «La Rebelión de las Masas» dejó patente sus temores:

    En la vida intelectual, que por sí misma esencia requiere y supone la calificación, se advierte el progresivo triunfo de los pseudo intelectuales incualificados, incalificables y descalificados por su propia contextura”.

    El filósofo español no castigaba a la masas por tener una opinión sin fundamento, al fin y al cabo, el ciudadano común opina sde esa manera desde tiempos inmemorables. Sus palabras apuntaban, y aun lo hacen, a aquellos que, en su función de generadores de opinión, se valen de los altavoces que disponen, no ya para educar al público sino para engañarle, con el único objetivo de hacerse potables y queridos por esa masa.

    Anteriormente, esto que describo sólo iba de ventas y elogios, de mantener puestos de poder; hoy se han sumado los likes y una alcahuetería a niveles nunca antes vistos.Vivimos en los tiempos de estar antes que ser.

    Quiero retornar al caso Rondón. ¿Cuántos de estos opinadores conocen la totalidad de situaciones que llevaron al futbolista a elegir este nuevo destino? ¿Acaso estas sugerencias no hacen más que subestimar al jugador/humano? Cabría además preguntar a todos los expertos, esos que hoy multiplican su indignación pública con el solo objetivo de ser aceptados por la masa, quién carajo les dio la potestad de cuestionar decisiones cuyas causas desconocen.Esto no es periodismo deportivo sino telebasura y comida rápida.

    La superficialidad reinante se desnuda en el caso Rondón. Deja a la vista de los interesados todas sus cicatrices, sus arrugas y hasta sus entrañas. Como sus militantes no pueden ni saben rebelarse ante las incoherencias de siempre -se repiten burradas como que “Rondón juega bien de espalda”, cuando en realidad lo que hace maravillosamente es ganar la posición y perfilarse para sacar provecho de esa ubicación- han adoptado las formas del periodismo de farándula, de chismes, de mierda. La masa, hambrienta y feroz, aplaude que sus expertos, esos que ella misma ha impulsado, repitan lo que ella siente propio. El analista ya no cuestiona ni educa, hoy apenas si es una puta dispuesta a todo con tal de seguir gozando de la aceptación popular.

    Desconozco el nivel de la liga de fútbol profesional china. No poseo información sobre las causas que llevaron a Rondón a decidirse por esa oferta. Tampoco sé, a ciencia cierta, cuánto influirá esta nueva situación en su rendimiento con la selección venezolana de fútbol. Lo que si estoy en capacidad de asegurar es que, a pesar de haber hecho una carrera admirable, ganándole espacio a competidores como Van Nistelrooy y duelos a feroces defensores, Rondón no ganará nunca el partido contra la masa ni contra los traficantes que la necesitan para así justificar su existencia.

    P.S: A propósito de los “pseudo intelectuales incualificados, incalificables y descalificados por su propia contextura” que mencionaba Ortega y Gasset, algún día se hablará sobre ciertos estafadores. Ya habrá tiempo para ello…