Categoría: Vinotinto

  • Un adiós tal cual se esperaba

    El final del ciclo de César Farías al mando de la selección nacional no podía ser distinto a lo que fue su contratación y su paso por el equipo criollo. Declaraciones desafiantes, uso de herramientas poco comunes para llamar la atención (blogs, mensajería instantánea) , frases y personajes utilizados a conveniencia por la propaganda oficial (Bielsa, Mourinho, Valdano, Guardiola, etc.) y por supuesto, la ausencia del fútbol en sus reflexiones.

    Durante la rueda de prensa de despedida, el ex entrenador vinotinto se negó a responder cuestiones básicas como el pobre promedio goleador del equipo nacional en las Eliminatorias Sudamericanas, asegurando que ese análisis debería hacerlo su substituto. Dicha afirmación llama la atención porque en ella se evita hablar acerca del equipo que él condujo y le pasa la responsabilidad del pasado a quien venga en el futuro, algo así como que no hablo de mí, que lo hagan los demás.

    Farías, a quien hay que reconocerle lo positivo de su gestión – en esta columna no interesan los extremos – tiene la clara intención de hacerle creer al público que su llegada significó la transformación futbolística de la selección, cuando en realidad, la dinámica que caracteriza a estos procesos de cambio tan complejos no puede ser explicada tan a la ligera. El ahora DT del Tijuana mejicano es tan protagonista de esa metamorfosis como lo han sido Richard Páez, José Pastoriza (+) y muchos otros que en silencio, y sin haber llegado a conducir la selección, han contribuido al cambio en la Vinotinto.

    Y acá debo detenerme, porque como bien lo explica Willy Mckey en un escrito para el sitio web http://www.prodavinci.com «la posteridad quita mucho tiempo«. Esa enorme frase encierra la inquietud del ex seleccionador nacional: quedar en la historia. La clasificación al mundial sub 20 de 2.009 ya le otorgó ese espacio que tanto le preocupa, sólo que Farías no lo comprende así y pretende que una simple entrevista para un medio argentino se convierta en un hecho trascendental y único, olvidando que a Richard Páez también lo entrevistaron en un show de aquel país – Hablemos de Fútbol, conducido por Víctor Hugo Morales y Roberto Perfumo – y, al igual que en el caso del DT oriental, dicha conversación no ayudó a conseguir la meta primordial: llegar al mundial.

    A Farías hay que desearle mucha suerte. De su éxito dependerá que se le abran las puertas a otros criollos en el difícil mercado mejicano. Por nuestra parte podemos aprender la lección: nadie es tan importante ni el único protagonista de los cambios. Como diría Mckey, «los soberbios se refugian en la espera de la posteridad».

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Un-adios-tal-cual-se-esperaba.aspx

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 05 de diciembre de 2.013

  • Bochorno vinotinto

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    César Farías renunció a su cargo de seleccionador nacional. Lo hizo a través de una carta publicada en su blog (http://cesarfariasdt.blogspot.com/2013/11/carta-la-aficion-vinotinto.html) y en ella hay algunas consideraciones que, más que esclarecer el misterio que tanto él como la FVF han alimentado, aumentan las dudas que caracterizaron la relación Farías-Esquivel. Ateniéndome únicamente al comunicado – publicado por Gustavo Pellicena y no por Farías – quisiera compartir algunas consideraciones.

    – El entrenador, o quien haya redactado el comunicado, afirma lo siguiente: «debo aclarar ante el país que el no haber hecho declaración alguna sobre este delicado aspecto ha sido única y exclusivamente por respetar los lapsos  acordados con la Federación Venezolana de Fútbol y, particularmente, con Rafael Esquivel, con quien siempre abordé todo lo concerniente a mi labor«. Pregunto, ¿cómo se combina ese respeto al cual hace referencia el Sr. Farías con la negociación que ha llevado a cabo con el equipo mexicano Xolos de Tijuana? ¿La relación laboral era entre Esquivel y Farías o entre la FVF y Farías?

    – Unos párrafos más abajo, Farías cuenta la razón por la que hasta hoy no se había separado del cargo: «Esquivel, de manera reiterada, me pidió que lo pensara con calma y que me tomara un tiempo prudente, que su deseo era que siguiera en el cargo y que esperáramos la convención de la FVF prevista para el 28 y 29 de noviembre en Porlamar, en la cual se trataría mi caso«. Justifica lo intempestivo de esta comunicación ya que el día de ayer se enteró «a través de los medios de comunicación, que no será hasta el mes de enero cuando probablemente se discuta el tema de la dirección técnica. Ante esta realidad, quiero expresar públicamente mi decisión irrevocable de renunciar al cargo de Seleccionador Nacional. Otro lapso de espera sería perjudicial para la propia selección«. Hay que hacer notar que en la carta publicada en el blog del seleccionador no hay en ninguno de sus párrafos una continuación de esa charla que sostuvo con Rafael Esquivel luego del partido ante Paraguay. Según lo publicado en ese blog, Farías no respondió contundentemente a la propuesta hecha por el presidente de la FVF para continuar a cargo de la selección nacional. No hubo un sí ni un no, y esto es llamativo, porque si no había renunciado a sus obligaciones, ¿cómo se explica que haya entrado en un proceso de negociaciones con otro club?

    – El ex seleccionador confiesa también que «mi permanencia o no como seleccionador nacional nunca ha dependido de un contrato ni de cláusulas de rescisión, ni nada parecido. No existe contrato porque todo giró alrededor de un acuerdo verbal con el presidente de la Federación, quien cabalmente cumplió con lo acordado, por tanto he esperado pacientemente, tal y como lo solicitó el propio Esquivel, por la decisión de la FVF hasta el día de hoy«. Rafael Esquivel, presidente de la FVF, tiene una idea distinta a la expresada por su (ex?) empleado, como así lo explicaba al diario El Nacional el 04 de octubre de este año: «César Farías tiene contrato vigente hasta el final del Mundial, es decir, hasta agosto de 2014. Después de ese momento, decidiremos qué ocurrirá con el seleccionador nacional, y lo informaremos oportunamente al país«. Estimado lector, las confusiones son el pan nuestro de cada día y ninguno de nosotros está libre de caer en una de ellas, pero olvidar si se ha firmado o no un contrato es algo muy peligroso, sobre todo porque indicaría graves problemas cognitivos. Ahora bien, si en vez de olvidar la existencia del vínculo contractual lo que hay es una pequeña mentira blanca, pues abróchense los cinturones; al fútbol venezolano lo conducen personajes capaces de estas conductas con tal de mantenerse en el poder o, peor aún, de hundir al adversario de turno.

    – En esa misma afirmacion hay otra cosa que queda clara: el desprecio de la FVF por las formas. Supongamos – ya no se puede descifrar qué es cierto y qué es falso – que el vínculo, como lo expresa el Sr. Farías, haya sido de palabra, dado el grado de confianza entre Esquivel y Farías. Pero, ¿puede una institución tan grande como la Federación Venezolana de Fútbol manejarse de manera tan informal? ¿Cómo le explicaría Esquivel a sus directivos que él y sólo él está en capacidad de negociar con el director técnico el futuro de la selección? De ser cierto el acuerdo verbal entre Esquivel y Farías, ¿para qué diablos están entonces los otros miembros de la directiva?

    – Ante la asombrosa e inexplicable decisión de la FVF de no discutir el tema del seleccionador nacional hasta finales de enero de 2.014, Farías responde que «ante esta realidad, quiero expresar públicamente mi decisión irrevocable de renunciar al cargo de Seleccionador Nacional. Otro lapso de espera sería perjudicial para la propia selección«. Sigo sin comprender algo: si hay un contrato y no se ha confirmado la intención de rescindirlo, ¿cómo es que había que tomar una decisión acerca del mismo? Recapitulemos para que no hayan confusiones: el seleccionador había tomado la decisión de abandonar el cargo una vez finalizada la eliminatoria. Esquivel le pidió que reconsiderara y hasta el día de hoy no hubo una respuesta que confirmara su voluntad de renunciar. En el interín algo se quebró; el seleccionador negoció con el equipo Xolos de Tijuana y según trascendidos de la prensa, viajaría la semana que viene para hacerse cargo de ese club.

    – César Farías tiene derecho de decidir su futuro profesional. Rafael Esquivel tiene la potestad de contratar o destituir a quien le parezca. La FVF puede seguir siendo un ente presidencialista cerrado a los cambios y poco dado a comprender la realidad de este deporte en nuestro país y en el mundo. Los actores mencionados, sumados a quienes se acomodaron y aplaudieron estas aberraciones, son cómplices del deterioro de nuestro fútbol. Porque si bien es cierto que la Vinotinto se ha ganado un respeto internacional gracias a sus actuaciones, no se equivoquen; eso lo han logrado los futbolistas y sólo ellos con su rebeldía, sus cualidades y su hambre de triunfos. Hoy ha vuelto a quedar claro que tanto el entrenador como la dirigencia tenían una agenda personal que iba más allá del fútbol y gracias a su egoísmo desmedido, han logrado lo que hace un tiempo parecía imposible: manchar el nombre Vinotinto.

    Hoy, a través de Twitter, de un blog y del silencio quedaron todos retratados.

    P.D: ¿No se consideró comprar un dominio web? Hacer todo esto a través de un blog es cuando menos un insulto a la solemnidad y el respeto que merece la Vinotinto

  • El substituto de Farías

    La más que probable salida de César Farías de la Vinotinto ha desconcertado a muchos, sobre todo a quienes pensábamos que su continuidad estaba asegurada. Sorprende además que al mencionar los posibles candidatos para sucederlo, solo se tome en cuenta la cantidad de trofeos que estos han logrado sin reparar en cómo han jugado sus equipos, olvidando que la valía de un entrenador no se cuantifica en medallas sino a través de la construcción de un modelo de juego acorde con sus futbolistas. No pretendo restarle importancia al papel del director técnico, pero sí creo necesario recordar que su elección comprende algo más que una manifestación de gustos o caprichos y la FVF así debe entenderlo.
    La nacionalidad del futuro técnico no debería ser un valor tan importante, y por ello prefiero ocuparme en las virtudes que este debe poseer. Un seleccionador es justamente eso, alguien que debe tener la capacidad de identificar el momento que vive cada uno de sus futbolistas para así conjugar esa actualidad con las cualidades innatas de cada jugador y las relaciones que se sucedan en el terreno de juego.
    Esto quiere decir que el seleccionador debe tener la fortaleza de tomar decisiones que beneficien a la idea de colectivo. No es un trabajo sencillo porque la FIFA se ha encargado de restarles tiempo de preparación a los conjuntos nacionales y por ello los seleccionadores no cuentan con las horas de entrenamiento necesarias para transmitir todo lo que desean.
    La repetición del término seleccionador no es casual. Hay que tener en cuenta que el DT de un equipo nacional es justamente un seleccionador, alguien que idealmente atesore la capacidad y la madurez de elegir futbolistas sin reparar en amistades o compromisos; si lo prefiere, un seleccionador es una especie de coleccionista de futbolistas. No basta sumar trofeos o distinciones, hay que ir más allá y considerar todo lo que lo caracteriza, como, por ejemplo, la relación con los jugadores, su salida de los equipos, su manejo ante la prensa y su adaptabilidad a los recursos; es decir, a las cualidades de los jugadores.
    Saque usted su conclusión acerca de cuáles de los candidatos cumplen con los requisitos que señalo en este espacio. Hay otras condiciones que exploraré en próximas entregas y que seguramente harán que vayan desapareciendo nombres. Eso sí, le recuerdo que este ejercicio que hacemos es solo eso, un juego, ya que seguramente la FVF ya ha hecho su elección.
    Columna publicada en el diario Líder el jueves 28 de noviembre de 2.013
  • El retorno a la inocencia

    Lo que caracteriza a los procesos formativos es que en ellos la victoria no es el único objetivo. Es una obviedad que en estas etapas se desea ganar como en la fase profesional, pero en el camino, el conductor del grupo debe señalarle a sus dirigidos cada señal de aprendizaje que aparezca en el recorrido. Idealmente esto debería suceder en todas las divisiones del fútbol, pero ese sueño choca con entrenadores soberbios que dicen que ya no están para ser educadores, que lo suyo es ganar y nada más.

    La pronta y triste eliminación de la Vinotinto sub 17 del mundial volvió a reflejar nuestro desprecio por la reflexión. Más allá del resultado, creo que debemos detenernos a considerar algunos elementos que pueden resultar muy positivos. Por ejemplo: haber empleado un sistema de juego con tres defensores centrales y dos laterales/volantes es una opción táctica ignorada por más del 90% de los equipos juveniles de nuestro país, por lo que su empleo seguramente ha significado un gran aprendizaje para estos jóvenes valores.

    Otro aspecto a considerar es que estos muchachos lograron algo poco común en nuestro fútbol: completar la totalidad del ciclo competitivo, es decir, jugar, competir, triunfar y perder en Sudamérica y el mundo. Durante un corto espacio de tiempo, los integrantes de esta selección conocieron todas las caras de este negocio llamado fútbol. Fueron héroes y villanos, cracks y jugadores del montón, desconocidos y figuras publicitarias.

    Para estos chicos que hoy se sienten golpeados por la derrota bien vale el consejo de Marcelo Bielsa: «Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando

    Sólo queda aspirar a que la conducción Dudamel, con sus grises en la ultima etapa, haya sido lo suficientemente positiva para que la vuelta a la inocencia de estos futbolistas sea en total tranquilidad y no se repita el ejemplo de la sub 20 mundialista, la cual fue utilizada más para el ego de algunos que para las mejoras de esos chicos y de nuestro fútbol.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 31 de octubre de 2.013

  • De vacaciones

    El comunicado oficial fue enviado el miércoles pasado. En él se notifica que la Vinotinto no tendrá partidos amistosos en lo que resta de año y se explica que «así lo informó el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel, quien precisó que la decisión fue consensuada con los propios jugadores, luego del partido con Paraguay, que se realizó el pasado 11 de octubre”. Permítame afirmar que este es un documento que conspira contra la FVF más que cualquier columna de opinión.

    Aconsejo que se guarde esta declaración por varios motivos. El primero de ellos tiene que ver con lo que creo es el retorno a un conformismo que parecía desterrado desde tiempos anteriores a Richard Páez. Tanto él como César Farías planificaban encuentros amistosos en las etapas post eliminatorias, con la idea de probar jugadores y variantes de cara al futuro. Por ello queda la impresión de que la FVF prefiere un «salto atrás» antes que seguir alimentando un proceso evolutivo que no puede ni debe detenerse. Esto me hace recordar a un político que cuando fue ungido como candidato presidencial por su partido decidió pasar tres semanas de vacaciones porque se encontraba “muy cansado”. La historia no lo deja bien parado a aquel ex Gobernador.

    Insisto, ¿hay alguien que en su sano juicio piense que las metas se consiguen desde la inactividad y el mínimo esfuerzo? No olvidemos que hablamos de una selección, es decir, de un colectivo que se reúne muy de vez en cuando, por lo que cualquier oportunidad para crear sesiones de trabajo debe ser aprovechada. No se comprende que la respuesta al fracaso premundialista sea justamente lo contrario a lo que aconsejan aquellos que han recorrido el camino del éxito. Esa holgazanería se paga caro.

    Ahora bien, esta negativa a promover partidos amistosos puede estar motivada también porque aún no se tiene claro quien conducirá a la Vinotinto, lo que confirmaría los rumores que señalan que la posible continuidad de Farías ha perdido fuerza, o, sencillamente, no hay recursos económicos para afrontar esos compromisos.
    Sea la razón que sea, nuevamente queda sin utilidad esa hermosa frase publicitaria: «Vinotinto somos todos», ya que según Rafael Esquivel, ni usted ni yo podemos protestar por cosas tan básicas como lo que plantea el comunicado oficial del miércoles pasado, o que después de dos fracasos consecutivos, la selección sub 20 aun no tenga un conductor definido. Cosas del caribe, que se mezclan con el poder y la indolencia…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 24 de octubre de 2.013

  • Números que no mienten

    Catorce goles. Ese es el balance de la Vinotinto en toda la eliminatoria, pero según César Farías, es la efectividad y no la cantidad lo que debemos medir. Más allá del discurso oportunista, y tomando a las estadísticas como referencia, a esta selección le faltó gol, y quien no convierte goles no gana los partidos.

    El promedio es preocupante: menos de un gol por encuentro. Si además desmenuzamos esa cifra nos encontramos con que casi la mitad de esos tantos – seis para ser exacto – tuvieron su origen en un tiro libre. Se aplaude la utilización de la pelota parada como instrumento, pero vale recordar que no hay situación en el fútbol que sea más imprevisible que ésta, ya que para que dicha herramienta sea eficaz primero se debe generar una infracción a favor – que nunca podremos anticipar – para después ejecutar el tiro libre con una precisión que muchas veces no va de la mano con la intención del cobrador. Y por último, hay que superar estratégica y físicamente a una defensa que no sabemos como va a reaccionar. Como ven, es una situación muy difícil de concluir e imposible de prever.

    Pasemos a la efectividad. ¿Puede un entrenador influir en la contundencia de sus delanteros frente al arco rival? Categóricamente no. La labor de un técnico es ayudar a que sus jugadores encuentren, amparados en la táctica, los caminos para  producir ocasiones de gol. El remate, como toda culminación, no puede ser manipulado por quien no participa en él. Es una ley natural: a mayor cantidad de ocasiones de gol, mayores serán las oportunidades de convertir. Saber leer e identificar las cualidades de sus dirigidos para que estos desarrollen su mayor potencial es la condición que separa al buen entrenador del resto.

    Juan Arango, José Salomón Rondón, Nicolás Fedor, Mario Rondón, Rómulo Otero, César González, Josef Martínez, Yohandry Orozco, Luis Manuel Seijas, Richard Blanco, Jesús Meza, Giancarlo Maldonado, Alexander González, Angel Chourio, Frank Feltscher, Julio Álvarez, Edgar Pérez Greco, Yonathan Del Valle, Evelio Hernández, Angelo Peña, José Miguel Reyes, Pedro Ramírez y Juan Falcón. Veintitrés nombres para apenas catorce goles; veintitrés futbolistas – laterales, volantes y atacantes – asociados con la creación de ocasiones de peligro o la definición de las mismas; veintitrés jugadores para apenas ¡sesenta! disparos bajo los tres palos en un total de dieciseis partidos. Esas son las estadísticas que explican la eliminación y nos señalan el camino del cambio en la Vinotinto.

  • Algunos recién descubren el agua tibia…

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    «Hay que despojarse de la superstición estudiantil de que el estudio es una penuria. Alguien hace correr entre los estudiantes  – probablemente los maestros – que estudiar es una porquería, que es un veneno que hay que tragarse de golpe». Alejandro Dolina

    A muchos entrenadores de fútbol los acompaña esa intención de privar a la prensa y al público en general del derecho de entender y estudiar el fútbol. Son garantes de una falsa invencibilidad conceptual que los hace sentirse protectores de verdades que no son tales, mostrándose como los únicos capaces de hacer un diagnóstico futbolístico. Desconocen su realidad: son observadores privilegiados en la construcción de posibilidades de victorias de un colectivo y no, como muchos creen, el hilo conductor entre el triunfo y el jugador. Para defender su «divinidad», los entrenadores y analistas aliados creen haber inventado el agua tibia con aquella frase que dice que no todos los partidos son iguales. ¡Tierra a la vista! Cada día es distinto a otro, cómo no va a serlo cada partido. A pesar de los nombres, cada equipo sufre cambios en cada presentación. El hecho de no poder observarlos no condiciona su existencia.

    Pareciera que esa verdad que se aplica a nuestras propias vidas sólo afecta a la Vinotinto. Es tan flaca la defensa al modelo de juego implantado por César Farías que se olvida que las selecciones de Chile, Uruguay o Colombia, por ejemplo, también enfrentan la misma mutación, ¡son organismos vivos! Ahora bien, nadie en su sano juicio puede obviar la importancia del rival a la hora de planificar un partido, pero así como se estudia para neutralizar las intenciones de nuestro contendor, también debe hacerse lo mismo para sacar provecho de las debilidades del contrario. Esa capacidad de adaptación no significa un cambio radical en la idea de juego sino la suma de variantes a la misma, que esta vaya evolucionando según los tiempos del juego y no sólo por las inseguridades de quienes conducen.

    Ideas, estudio, reflexión y humildad. Cuatro patas de una mesa que debería ser el soporte de un cambio de ciclo y que hoy, hasta el momento, están todas ausentes.

  • Apuntes vinotinto: Venezuela 1 Paraguay 1

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    – Hace algún tiempo escribí que lo más duro que le puede pasar a un equipo de fútbol es morirse de nada. No es lo mismo perder un partido, o una clasificación, aplicando todas las fórmulas posibles que caer eliminado por no haber arriesgado lo suficiente. Habran quienes preferirán quedarse con la última manifestación de amor propio de los jugadores vinotinto ante Paraguay, pero también hay quienes no podremos olvidar todas las promesas que se hicieron en este proceso así como las oportunidades perdidas a causa de una terquedad que no permitió descifrar el mensaje de aquella noche paraguaya, cuando aún había mucho camino por recorrer y el tiempo necesario para introducir las variantes que sólo reaparecieron cuando ya el agua llegaba al cuello.

    – Consumado aquel triunfo, Farías anunció que se había planteado renunciar a la selección, desviando la atencion de lo que debía debatirse después de aquella magnífica actuación: la conveniencia de introducir variantes a la idea original. No se hizo ni se insistió en ello; los partidos amistosos fueron desperdiciados y sólo se retomó aquella iniciativa después de que Chile nos propinara un baile de aquellos.

    – Al ciclo Farías lo condena haber perdido el tiempo en cuestiones menores. Mientras las señales apuntaban a la necesidad de modificar el modelo de juego, el entrenador y sus colaboradores prefirieron enfocarse en enemigos inexistentes. Es tal su concepción del mundo que quien no se sume a su causa es considerado inmediátamente un enemigo. Aquel tweet que salió de su cuenta oficial de Twitter que ofendía al preparador físico del Zamora es el perfecto ejemplo de como entiende la vida el entrenador, entre amigos o enemigos, leales o traidores.

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    – Esas señales que no supo ver terminaron por sentenciar lo que para él, sus colaboradores y sus alcahuetes era «la eliminatoria perfecta porque no estaba Brasil». En los dos últimos partidos de la Vinotinto, su equipo, el que él había construído a su imagen y semejanza, tuvo que refugiarse en una idea de juego totalmente distinta a lo que son sus creencias. Esas modificaciones no contaron con la fuerza del convencimiento sino con la urgencia de la necesidad. Hoy quedó demostrado y se pagó caro.

    – En estos días recobré una extraordinaria frase de Dani Fernández, entrenador español, que dice que “alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”. En la tarde de San Cristóbal quedó claro que a Farías le falló la parte más importante de lo que menciona Dani, ya que no supo, en casi tres años de eliminatorias, fomentar conexiones futbolísticas para que sus jugadores rindieran acorde a sus cualidades. Peor aún, cuando algún jugador se sumaba a la selección se le obligaba a seguir el libreto del entrenador antes que sumar sus virtudes propias a ese organismo vivo llamado equipo.

    – A Farías no le gusta hablar del juego. Cuando comandó a la Vinotinto en su exitoso paso por la Copa América de Argentina, el seleccionador nacional habló más del estado físico que de la forma de jugar de su equipo. Aquello no fue un desliz, fue una descripción de lo que él piensa es este juego; su equipo corría, luchaba, se sacrificaba pero jugaba muy poco. Las victorias, como casi siempre, taparon las carencias de un conjunto que jamás se caracterizó por generar altas cantidades de ocasiones de gol a pesar de contar con jugadores extremadamente talentosos.

    – Aquel Farías no es el mismo de hoy, de hecho, ninguno de nosotros lo es, pero creo que sus convicciones no han variado. Más allá de que el equipo haya adoptado una versión más atacante en sus últimas presentaciones, no da la impresión de que ello sea algo que nazca del gusto del seleccionador. La ausencia de conexiones entre los jugadores, en un partido en el que Paraguay nunca presionó, da a entender que fue la urgencia y no el convencimiento el principal consejero del DT; no se puede un día jugar al pelotazo y al próximo partido utilizar la posesión de la pelota como una herramienta. O mejor dicho, puede que sí sea posible pero en un club, no en una selección que apenas puede acumular entrenamientos.

    – Es posible que al entrenador no le interese justificar o aburrir con estadísticas, pero hay una que desnuda la debilidad de su patrón de juego: 14 goles en 16 partidos. Peor aún, ¿cuántas de esas anotaciones llegaron como consecuencia del juego asociado? No se trata de quitarle mérito a las jugadas de táctica fija, pero una selección – grupo en el que conviven los mejores jugadores del país – debe disponer de mayores recursos si su intención principal es hacer historia, lo que en nuestro caso se traduce en clasificar a un mundial.

    – Estos jugadores y los que están por venir pueden inspirar un modelo de juego más parecido al mostrado ante Perú que al común denominador de los partidos de este ciclo. Pero para ello se necesita mucha grandeza, aquella que nos enseñaba Panzeri cuando afirmaba que «el plan son los jugadores«. Pero el Dante se refería a la continuidad de una idea que señala al jugador como el único capaz de producir fútbol, no a la asunción de la misma sólo cuando la emergencia así lo requiriese.

    – Hablar del partido de hoy es hacerlo de un grupo de jugadores que volvieron a mostrarse imbatibles ante la adversidad. Esa imbatibilidad no está relacionada al resultado final sino a su condición de futbolistas orgullosos que se niegan a rendirse. Hoy, cuando el partido requería cambios inmediatos, no fue el entrenador sino los futbolistas quienes modificaron el rumbo de una noche que prometía ser más cruel de lo que finalmente fue.

    – Al único jugador al que quiero referirme individualmente es a Juan Arango. Cada ser humano vive su propio proceso y es imposible que alguien pueda entender lo que afecta o motiva a cada quien. Pero me parece que el 18 vinotinto merece un mejor adiós y la próxima Copa América se antoja como un escenario menos triste que el que el vivido hoy en Pueblo Nuevo. Ojalá reconsidere su postura y nos regale un par de goles de tiro libre antes de marcharse hacia su merecido descanso.

    – El final del ciclo se parece mucho a lo que algunos imaginábamos y llegamos a anunciar: guerras, señalamientos, acusaciones y una nula capacidad de reflexión. Alrededor de todas esas manifestaciones no hay una clasificación al mundial que sirva para tapar tanta miseria, pero tampoco existe un fútbol venezolano que haya crecido como anuncian sus vividores. No hay liga, no hay clubes, no hay logros y sí hay muchas deudas, equipos de maletín, ausencia de infraestructura, malos arbitrajes y muy pocos dolientes. Las autoridades seguramente producirán un nuevo circo que desvíe la atención de esta nueva frustración, pero en este pequeño espacio no cabrá excusa alguna que me haga claudicar en unos principios que no se compran ni se prestan.

    En fin, a descansar, que el camino apenas comienza.

    Fotografía cortesía AFP

  • Estancamiento vs. variantes: el dilema vinotinto

    “Ya ves, soy el que siempre debe superarse a sí mismo”. Friedrich Nietzsche

    Desde el punto de vista de su entrenador, la selección venezolana de fútbol ha vivido dos momentos de crisis en la eliminatoria sudamericana hacia el Mundial de Brasil 2014. El primero de ellos se produjo tras la dura derrota frente a Perú en Lima, en septiembre de 2012; y el segundo fue consecuencia del repaso futbolístico que le propinó la selección chilena en Santiago hace poco más de un mes. Las actuaciones posteriores a estos encuentros mostraron a una Vinotinto más atrevida y con una clara voluntad de asumir conductas y riesgos que no fueron considerados por su director técnico hasta que apareció la tormenta. Paraguay y Perú –ya en la segunda vuelta– fueron las víctimas de ese cambio radical en la idea de juego que, sumado a los triunfos, se tradujo en el sometimiento futbolístico del rival. Sensaciones aparte, son pocos quienes comprenden la tardanza del seleccionador para proponer esos cambios. Es tarea de quien escribe adentrarse en ese territorio de arenas movedizas.

    Es oportuno recordar el significado de la palabra riesgo. La Real Academia Española la define como una serie de conductas que se toman o asumen por la proximidad de un daño. Es decir, ante la posibilidad de salir heridos reaccionamos de maneras poco usuales. Aplicado esto al modelo de juego vinotinto, fácilmente podemos identificar que en los partidos ante paraguayos y peruanos el cuerpo técnico venezolano propuso la asunción de esos comportamientos atípicos.

    Gracias a la tecnología y a internet se pueden revisar ambos partidos. En ellos se observa a una selección de toque corto y rápido, propensa a generar sociedades entre todos sus jugadores. Un equipo que colocó su línea defensiva en el centro del campo, con laterales haciendo de extremos y un bloque que en pocas ocasiones se separó. En fin, se ve a un equipo con la voluntad de ser protagonista a partir de las cualidades de sus jugadores, en vez de darle rienda suelta a los caprichos del entrenador.

    Volvamos entonces a la duda que justifica este escrito: ¿por qué tener ese modelo de juego como un riesgo y no como una costumbre? Para encontrar una respuesta bien vale recordar el recorrido de César Farías antes de llegar a la selección. Uno podría pensar que se siguió el camino planteado por muchos entendidos que indican que algunas respuestas las podemos encontrar si aceptamos el origen y la naturaleza de los individuos, cómo se relacionan con su ecosistema y qué conexiones nacen de esa convivencia. Pero la historia señala que Farías no se siente cómodo con este proceso y prefiere la perpetuidad de su idea antes que promover una evolución típica de quienes protagonizan un proceso.

    Farías alcanzó su mayor éxito cuando dirigió al Deportivo Táchira, el equipo de mayor tradición en Venezuela. En aquella ocasión supo conducir a su plantel hasta los cuartos de final de la Copa Libertadores, edición 2004, para luego caer goleados ante el Sao Paulo de Brasil. Más allá de los buenos resultados, aquel equipo se caracterizó por defender muy cerca de su propia área, valiéndose de rápidas transiciones ofensivas que no condicionaran la idea iniciática de todo equipo del actual seleccionador vinotinto: evitar que les marquen un gol. Aquella versión del Táchira es casi una copia idéntica de lo que normalmente muestra el equipo venezolano.

    Permítame una breve consideración: el objetivo de este juego es ganar, y para ello hay que convertir más goles que el rival. César Farías siente –aunque nunca lo admitirá en público– que un equipo que defienda férreamente siempre tendrá una que otra ocasión de gol que le sirva para superar al contrario. Por más que se ha querido identificar con entrenadores como José Mourinho o Marcelo Bielsa, el venezolano parece inclinado a repetir un modelo más acorde a la etapa post Riquelme del Boca Juniors de Carlos Bianchi, un equipo que parecía controlar los encuentros a partir de su orden defensivo y la contundencia de sus atacantes.

    Su paso por Táchira no terminó de la mejor manera ya que no pudo lograr que el grupo que conducía mantuviese el rendimiento de antaño. A ello hay que sumarle la intolerancia del entrenador a ideas que contrariaran su gusto, a tal punto que se recuerdan fuertes enfrentamientos con fanáticos y periodistas. Sus pasos posteriores por equipos como Mineros de Guayana y Deportivo Anzoátegui mostraron a un Farías convencido de que su modelo de juego estaba siempre por encima de las características de sus dirigidos, y por ello, no había razón alguna para pensar en que su paso por la selección nacional iba a mostrar a un director técnico abierto a otras posibilidades.

    Aquí surgen las dos mayores dudas futbolísticas de estos tiempos en Venezuela. ¿Por qué entonces promover un cambio radical en momentos tan álgidos? Y, una vez demostrada la conveniencia de asumir esos riesgos, ¿por qué volver al conservadurismo inicial? A Farías y sus ayudantes les gustaría aplicar aquella recomendación de Wittgenstein: “Aquello de lo que no se puede hablar hay que callarlo” para que no se recuerde que han sido ellos y sólo ellos quienes se han contradicho.

    El ser humano es un animal de hábitos y costumbres. A pesar de contar con esa poderosa herramienta que es el cerebro, la historia nos enseña que somos poco amigos de los procesos reflexivos, aquellos que nos permiten crecer como especie y evitar recaídas en trampas ya superadas. En la historia podemos encontrar muchos ejemplos de liderazgos que han aprovechado pequeñas victorias para hacerse fuertes en su pensamiento original, y luego caer víctimas de la soberbia y acercarse al precipicio que antes creyeron lejano. En el caso del seleccionador venezolano, su convencimiento acerca de las virtudes de su plan inicial es tal que en una reciente entrevista señaló que los errores de su gestión no son propios, sino de los árbitros.

    Pero volviendo al juego, y al cambio de piel de la Vinotinto, no hay razón alguna para que en una larga eliminatoria como la sudamericana no se hayan intentado con mayor regularidad las variantes que tanto gustaron ante Paraguay y Perú, y que, siempre según Farías, evitaron una catástrofe mayor. No hay explicación coherente para el rechazo de técnico a la evolución e innovación que necesita un colectivo más allá que aquello que comentaba anteriormente: tiene su partitura y con ella se siente cómodo. No es Farías alguien que se muestre confiado al abandonar su zona de confort y eso hoy le puede estar costando la clasificación al mundial, la cual, para ser justo, nunca estuvo tan cerca como en esta ocasión.

    ¿Qué podemos esperar en el último partido eliminatorio ante Paraguay? El futuro es incierto y quien escribe no pretende desafiar esa verdad, pero si algo queda claro es que, con la convocatoria para este encuentro, Farías está enviando un mensaje: en el próximo proceso tendrá como intérpretes a jugadores jóvenes y prescindirá de algunos veteranos con los que no tiene buena relación. No sé si esa maniobra se adecúa a este momento tan especial, cuando aún hay mínimas oportunidades matemáticas de clasificar al Mundial;  pero, pensando en los tiempos por venir, valdría la pena que a esos futbolistas que está señalando como nuevos protagonistas los arrope con un modelo acorde a ellos y las relaciones que entre ellos se formen, y no se persista en la tozudez de querer ser más que los jugadores. Esto porque, a pesar  de seguir pensando en la meta inmediata, no es difícil comprender que Farías y la Federación Venezolana de Fútbol ya trabajan en la renovación del técnico.

    Nosotros proponemos y otros disponen. Esto se traduce así: voy a jugar y voy a ser protagonista, a hacer algo en el partido, no a esperar a que sucedan las cosas”. Pep Guardiola

    Publicado en el Magazine de Martí Perarnau el 07 de octubre de 2.013 http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/estancamiento-vs-variantes-el-dilema-vinotinto/

  • Vinotinto: siete fotos para un viernes de furia

    Ante Paraguay, la selección que dirige César Farías puede intentar reproducir conductas que ya mostró en su último partido ante Perú. Me refiero a comportamientos que pueden ser copiados y no a los resultados que estos produzcan porque prefiero creer que ellos, los resultados, dependen de mil factores que no controlamos. Es decir, se puede enfrentar el partido con la misma intención de dominar y protagonizar que ante los peruanos, pero el triunfo dependerá de muchos elementos más. Eso sí, debo aclarar que siento que protagonizando se puede acortar la carrera hacia la victoria.

    No voy a hablar sino de ubicación de jugadores. Esto lo hago sólo porque quienes seguramente estarán ante los paraguayos – Hernández; González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Lucena; Otero, Orozco y Arango; Martínez y Aristeguieta – son futbolistas que ya han demostrado su capacidad para encarar un desafio en el rol de protagonistas principales. Son futbolistas que hacen que sucedan cosas; son justamente como impulsos eléctricos que activan una red neuronal.

    En fin, a ver si sirve de algo esto.

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