Categoría: Vinotinto

  • Unas líneas sobre el futuro Vinotinto

    recapacitar

    El futuro llegará siempre y cuando analicemos y meditemos acerca del pasado. De lo contrario seremos capaces de repetir errores y alejarnos de los éxitos que ofrece el tiempo por llegar. Emilio Garoz, en su libro Introducción a la Filosofía, cuenta que San Agustín proclamaba que “la manera de llegar a la Sabiduría es volverse al interior del alma, conocerse a uno mismo, puesto que es dentro de uno mismo donde se encuentra la Verdad”. Es decir, hay que volver sobre nuestros pasos para revisar nuestras conductas y así poder identificar el camino que nos coduzca a la evolución.

    Podemos partir de la base de que nuestra mortalidad es una condición irreversible; una vez que nacemos sólo la tenemos a ella como verdad absoluta. Aceptada esa afirmación, somos nosotros quienes detentamos la posibilidad de decidir cómo existir hasta que llegue el momento final. Inclusive, puede que nazcamos mil veces sin haber muerto, sólo porque cada vez que aprendemos algo nuevo nuestra existencia adopta un nuevo perfil y una mayor profundidad.

    Un amigo entrenador de fútbol me recuerda que no podemos caer en la locura colectiva; en este ciclo hay que buscar los grises para lograr esa evolución. Puede que en octubre – como así  requirió César Farías – se hable contundentemente de la muerte de este período futbolístico como puede que no. Cualquier decisión que tome la FVF no debe sorprender a quienes han fijado su atención en este deporte, pero esa resolución debe estar acompañada por una vigilancia que no se hizo cuando finalizó la etapa de Richard Páez.

    En aquella coyuntura, a Farías se le abrieron las puertas para aprovechar lo positivo del ciclo anterior y sumar las variantes que considerara necesarias. Pero si hay algo que ha caracterizado a los cambios políticos en nuestro país es aquello de «borrón y cuenta nueva». El entrenador oriental barrió con todo lo hecho por su predecesor e instaló una corriente de pensamiento que dejaba a todo tiempo pasado en condición de inferioridad frente a los tiempos por venir. Se perdió justamente eso, tiempo, y esa batalla por ganarle al pasado seguro ha contribuído para que estemos en el escenario actual. Cuando los logros de esta gestión debían hablar por sí solos, Farías y sus colaboradores se encargaron de agregarle algo de agitación a una sociedad que parece disfrutar el estado de confrontación permanente en el que vive hace muchos años.

    Lo ideal, pensando en el futuro, es adoptar la dinámica que caracteriza el armado de un rompecabezas antes que reincidir en conductas improductivas. Farías, o quien tome su puesto, está en la obligación de asumir una voluntad integradora que suponga mejorar lo mejorable y corregir lo corregible. De nada servirá que la soberbia gane la partida o que quien conduzca lo haga cegado por los elogios de quienes le hacen creerse dueño de una verdad que no existe. El éxito pasa por construir puentes que unan los distintos caminos futbolísticos en vez de promover un conflicto imaginario que ya roza lo cursi.

  • La generación de relevo

    Alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”.

    Esta afirmación del entrenador español Guillermo Fernández Romo se encuentra en el más reciente libro de Oscar Cano, llamado “El modelo de juego del Real Madrid con Mourinho”. En ella está una de las principales nociones de este juego: no basta solamente con poner a los buenos, hay que entender cómo se relacionan los jugadores y fomentar vínculos que moldeen el ideario futbolístico de un conjunto de este deporte.

    Por segunda ocasión en el ciclo de César Farías se escuchan frases terminantes que invitan a dejar de lado a jugadores experimentados en favor del empuje de una nueva generación de futbolistas con menos recorrido y “más hambre”, sentencia que no es pronunciada por el DT, pero que es intencionalmente colocada en medios afines a su gestión. Una vez finalizado el Suramericano sub-20 del año 2009, los mismos voceros alzaron su voz para pedir el destierro de los veteranos.

    El fútbol, a diferencia de lo que muchos creen, no es una conducta lineal. De aquel grupo juvenil que nos regaló la primera clasificación a un Mundial de este deporte, jugado en Egipto, solo se puede contar a par de jugadores como habituales en la selección de mayores, lo que debe llamar la atención acerca de la singularidad de los procesos para no repetir fracasos recientes ni cargar a los jóvenes de presiones innecesarias.

    Nadie en su sano juicio puede discutir el talento de jugadores como Josef Martínez, Rómulo Otero, Pedro Ramírez, Yohandry Orozco o Robert Hernández, por nombrar algunos, pero para que sus virtudes exploten en favor del grupo se necesita el mejor de los contextos, así como voces experimentadas que guíen esos primeros pasos. Farías perdió una gran ocasión para fomentar ese aprendizaje cuando rechazó, en los inicios de su ciclo, reunir a Tomás Rincón con Luis “Pájaro” Vera para que este último le transmitiese algunos secretos de la posición y de la selección.

    Es peligroso, y la historia así lo señala, pensar que la construcción de un equipo es una conducta mecanizada y previsible. Lo que sí podemos, a través de decisiones que rechacen la ansiedad de algunos, es recordar el consejo del físico austríaco Fritjof Capra: “Las organizaciones no pueden ser controladas mediante intervenciones directas, pero puede influirse en ellas dándoles impulsos, más que instrucciones”.

    Columna publicada en el diario Líder el 03 de octubre de 2.013
  • De idiotas e idioteces

    – La palabra idiota viene del griego idiotes para referirse a aquel que no se ocupaba de los asunto públicos, sino sólo de sus intereses privados. La raíz “idio» significa «propio»y es la misma que en idioma o idiosincracia.

    El vocablo idiota también es usado en latín, y significa ignorante. Ignorancia se toma a menudo como sinónimo de estupidez, tomándose de ese modo como un insulto, cuando es más bien una crítica.

    – Ninguna de esas definiciones nos acerca realmente a lo que hoy en día comprendemos como idiotez. Debido a ello he escrito un par de líneas con la intención de caracterizar distintos tipos de idiotas, hijos de la idiotez o creadores de idioteces, en fin, todos idiotas pero con distintos grados de influencia.

    – No se engañe, el idiota no es un incapaz, o por lo menos yo no pretendo subestimar a la gran mayoría de idiotas. El idiota escribe libros y conduce espacios en medios de comunicación, y en la mayoría de los casos con mucho éxito comercial. Para ser idiota hay que saber seducir al colectivo, que está necesitado de un idiota que los conduzca.

    – El idiota se regocija cuando uno de los herederos de su condición de idiota, llamados hijos de la idiotez, es capaz de afirmar, con vehemencia, idioteces como que “para hacer algo hay que hacerlo bien”. Sólo un idiota en fase de entrenamiento o un saboteador de oficio hace pública su intención de hacer las cosas bien. El saboteador porque lo condena su pasado y el idiota porque necesita avisarle a quienes no son idiotas que su idiotez no sólo es voluntaria sino que no tiene remedio y pide comprensión.

    – Hay idiotas que viven de frases hechas sin reflexión y que son usadas para idiotizar a la audiencia de turno. Llamemos a esa corriente de “pensamiento” la Filosofía Hallmark: cuatro frases de autoayuda expresadas bajo el escudo protector de haber sido un consejo de alguien famoso. El idiota no debe profudizar y por ello hace trivial cualquier concepto. 140 caractéres son suficientes para el idiota; en ellos condensa su vida y hace válida cualquier idiotez proveniente de la cultura Twitter como cuentas de filosofía que se dedican a evangelizar con frases de autoayuda, que al fin y al cabo es la filosofía del idiota.

    – El idiota, además de querer aparentar profundidad – debe mostrarse en fotografías observando el horizonte –  necesita presumir de amistades mediáticas; su existencia no tiene sentido sin la aprobación de un público que admira famosos sin importar el origen de esa fama ni las idioteces que caracterizan a esas celebridades.

    – El idiota cree que su nacimiento es un hecho trascendental y otorga mucha importancia al país en donde vino al mundo, olvidando que su nacionalidad de origen no fue una decisión meditada sino obra de la casualidad. Con la intención de sumar idiotas a su causa, el idiota olvida que el honor llega por méritos y no por idioteces como la geografía. Es un honor ganar un premio, ser considerado o, si el idiota me lo permite, ser un buen ciudadano. Y ser eso, un buen ciudadano, no se explica por la nacionalidad sino por comportamientos que nos convierten en seres honorables. Ser portugués, venezolano o mexicano trae consigo las mismas responsabilidades como ser humano. El idiota, consciente de que su paso por esta vída es poco influyente, necesita que el público adicto a la idiotez sienta que nacer es un honor y no una consecuencia.

    -El idiota, reitero, no es incapaz. Conoce cómo funcionan las emociones colectivas y por ello reitera que es un honor ser, por ejemplo, zimbawense; necesita que la sociedad lo reconozca como un idiota con pasaporte, y por ello fomenta el chauvinismo como religión a la que sólo pertenecen idiotas con el mismo sello.

    – Pero al idiota también le gusta el fútbol y la moda. Le gusta el fútbol porque es un juego global en el que el chauvinismo también tiene cabida y por ello hay mucho idiota que encuentra en el fútbol el territorio perfecto para mostrar su idiotez disfrazada de violencia, xenofóbia, intolerancia, homofobia y cualquier otro gesto que caracterice a estos idiotas.

    – Además, el idiota, cuando va al fútbol, se siente parte de eso, de un colectivo, y no hay nada que le genere mayor gusto al ser humano que pertenecer. El idiota encuentra ese sentido de pertenencia y está dispuesto a defender su idiotez ante la idiotez del contrario. El idiota no entiende de rivalidades sino de enemigos.

    – El idiota también quiere estar a la moda. Un idiota entiende que si está al corriente de lo que la televisión dicta como válido se mantendrá como un idiota fresco y actual, lo que le garantiza que su legión de idiotas seguirá pendiente de cualquier movimiento que realice en búsqueda de esa vigencia necesaria para que los idiotas que están por venir no lo desbanquen de su sitial de honor.

    – Para no ser olvidado, el idiota debe hacer todo lo posible para seguir montado en la ola mediática. Y con esto pretendo llegar al fin – que no el final – de mis consideraciones acerca del idiota, los hijos de la idiotez y las idioteces.

    – Se dará cuenta el lector que no he hablado de idioteces sino del idiota y de los hijos de la idiotez, lo que no es casual. Debo confesarle que también he meditado acerca de los idiotas y las idioteces porque tengo la plena seguridad de que las idioteces no son patrimonio exclusivo de los idiotas sino que cualquiera, sin necesidad de ser un idiota, puede cometer una idiotez. Pero la definición de esta conducta no puede ni debe nacer de mis propias palabras, ya que la fuerza de una imagen como la que a continuación usted verá me obliga a guardar silencio para dejarlo a usted sólo con sus pensamientos y no ser interrumpido por la posibilidad de que yo pronuncie una idiotez aún mayor que la fotografía en cuestión.

    Farías

    Imagen encontrada en Twitter, crédito a quien le corresponda

  • Descifrando Mensajes

    En la columna de la semana pasada me atreví a escribir la siguiente afirmación como una parte de la explicación de la casi segura renovación de César Farías al mando de la Vinotinto: «está seguro – Esquivel – de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista». El proceder de ambos protagonistas permite al observador interesado sacar conclusiones que pueden servir para interpretar los mensajes que para algunos parecen encriptados. Uno de ellos se encuentra en la lista de jugadores convocados para el último partido de las eliminatorias ante Paraguay.

    Repasemos los nombres que influirían en la decisión de darle curso a la continuidad del ciclo Farías: Rafael Romo, Alexander González, Rafael Acosta, Pedro Ramírez, Rómulo Otero, Juan Falcón, Josef Martínez y Fernando Aristeguieta. En total son ocho futbolistas a los cuales habría que sumarle otros jóvenes que no están en esta ocasión junto a los lesionados Salomón Rondón y Tomás Rincón para entender el entusiasmo de Rafael Esquivel en cuanto a la renovación del técnico oriental.

    «La verdad real sólo se da respecto a lo que ya existe. Todo lo que afirmo sobre la realidad lo afirmo porque me parece verdad. En cambio, respecto de lo posible, de la creación, de la ética, no debe aplicarse el concepto de verdad, sino el de bondad. Lo que importa es preguntarnos: ¿Sería bueno que fuera así?». Esta frase le pertenece al filósofo español José Antonio Marina y bien vale adecuarla a nuestro contexto para comprender ese futuro que en la FVF ven tan claro.

    Un conjunto de fútbol es un organismo que vive, piensa, actúa, teme y busca el éxito según sus cualidades; es un grupo de seres humanos que juntos conforman un nuevo ser vivo, y desde el momento de su nacimiento, comienzan un recorrido similar a lo que como individuos llamamos vida. Pero para que el proceso existencial tenga sentido debe venir acompañado de una evolución, proceso natural que debe ser aceptado y fomentado por ese ente llamado equipo.

    No hay duda acerca de las virtudes de los futbolistas antes mencionados, pero ¿seguiremos creyendo que la sola presencia de talento es capaz de ofrecer respuestas contundentes en un juego que necesita más variantes que la simple acumulación de aptitudes? ¿Basta con el optimismo que caracteriza a la juventud para que se mantenga el sueño mundialista? ¿Acaso los jugadores que estaban antes no eran talentosos? Estas y otras interrogantes apuntan a que la intención de renovación del ciclo no nace de la reflexión sino de las emociones que produce un incierto tiempo por venir.

    Columna publicada en el diario Líder el 27 de septiembre de 2.013 http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Descifrando-mensajes.aspx#ixzz2g7bhYcM0

  • Hablemos de Bielsa

    De manera sorprendente ha empezado a correr un rumor que involucraría a Marcelo Bielsa en unas conversaciones con la FVF para convertirse en el próximo seleccionador nacional. Permítame dudar, y para ello expresaré dos razones que según mi criterio no serían las únicas pero sí las de mayor importancia.

    La primera de ellas tiene que ver con el carácter del ex seleccionador de Argentina y Chile. Hombre de proyectos, su llegada a un club o selección viene acompañada por el compromiso innegociable por parte de la dirigencia local de llevar a cabo modificaciones profundas en las estructuras de la institución que va a dirigir. Puede que el esquema de selecciones menores no sufra tanto aunque en nuestro caso seguramente ese sería un tema de suma importancia para el “Loco”.

    Bielsa se ha caracterizado además por su injerencia en la planificación y diseño de las ciudades deportivas, de esto dan fe y gracias clubes como Atlas de México, Vélez de Argentina y la misma selección chilena. Esta vocación chocaría violentamente con la realidad de los equipos venezolanos y con el modus operandi de una federación que está más cera de culpar a los marcianos que a su propia incapacidad por el inconcluso CAR.

    Por otro lado, Bielsa asiste cada fin de semana a la mayor cantidad posible de partidos de la liga local, algo que en Venezuela sería cuando menos una utopía, dada la incapacidad de la dirigencia para producir un calendario en el que cada juego se realice a un horario distinto, y ni hablar del problema de los vuelos nacionales, situación que probablemente evitaría que el rosarino pueda cumplir con esa meta. Todo esto se constituiría en la primera razón por la que no creo posible que el argentino acepte trabajar con la FVF.

    El segundo argumento es casi más importante que el primero y tiene que ver con la relación entre César Farías y Rafael Esquivel. El jefe está muy contento con el trabajo de su empleado; confía en que episodios como el protagonizado en la última rueda de prensa serán cada vez más esporádicos y está seguro de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista que hoy parece algo distante. Sabe que el de Güiria no goza del cariño popular pero para ello cuenta con el apoyo vitalicio de muchos que olvidan que el fútbol es un juego que se decide en el campo y no en clases de inglés, prácticas estas que alejarían aún más al argentino de ese futuro que muchos dicen ver.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 19 de septiembre de 2.013

  • ¡Es la geografía! La Vinotinto y sus dos caras

    – La estrategia ha surgido efecto, se habla de Marcelo Bielsa o de la continuidad del proceso Farías pero en ningún caso se examinan las razones por las que la Vinotinto presentó dos caras tan distintas en apenas cuatro días de distancia. Hay muchas variantes para entender la mutación vinotinto y en este escrito trataré de exponer una de ellas.

    – Ante Chile, la selección tuvo como futbolistas titulares a los siguientes jugadores: Hernández; Rosales, Vizcarrondo, Perozo y Cíchero; Lucena y Seijas; González y Arango; Martínez y Rondón. El dispositivo táctico parecía ser un 1-4-2-2-2, con Seijas acompañando a Lucena en la zona central de volantes para darle una mejor y más rápida salida al balón cuando este volviese a los pies vinotinto, y un Josef Martínez retrasando un poco su posición para que los delanteros no estuviesen tan alejados de la acción. La lesión de Cíchero no fue un condicionante mayor como muchos quieren señalar, ya que el equipo chileno ocupó ambas bandas de la defensa venezolana cuando así lo dispuso.

    – Cuatro días después, ante Perú, César Farías dispuso del siguiente equipo: Hernández; A. González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Rincón; C. González, Orozco y Arango; Martínez y Rondón. El dibujo táctico, 1-4-1-3-2 invitaba al ser optimismo, ya que además de contar con dos laterales de mucha proyección (Rosales y A. González), el equipo sumaba a Yohandry Orozco para que fuese más un socio de Arango y César González antes que un acompañante de Rincón, es decir, cambiaba la propuesta y la intención si se compara con lo ideado ante Chile.

    – Señalados los cambios de jugadores y de dispositivo táctico entre partido y partido, es conveniente afirmar que la mayor modificación fue en el aspecto geográfico, o mejor dicho, donde nacía el juego vinotinto.

    – Con la excepción del encuentro ante Paraguay, Venezuela no ha tenido a la posesión de la pelota como una de sus armas. Por el contrario, ha sido una característica innegable de este equipo que cada vez que recuperaba la pelota, intentaba llegar de la manera más «rápida y sencilla» al arco contrario. Debo en este momento expresar mi rechazo por esa afirmación, no ya por los pobres números ofensivos del equipo en esta eliminatoria (13 goles en 15 partidos) sino porque semejante aseveración no reconoce la existencia de un rival que hará todo lo posible por evitar el avance criollo. En fin, el camino más rápido hacia el arco contrario no es el pelotazo sino aquel que ofrecen las variantes del juego bien jugado.

    – Ese estilo de juego vinotinto – que aún nos mantiene con algo de vida – nos obliga a entender de geografía. La selección ha hecho de defenderse cerca de su propia área un hábito, por lo que, por ejemplo, contar con laterales como Rosales y Alexander debe ser comprendido no sólo por las características  de estos futbolistas sino por los largos trechos que deben recorrer para sumarse a la respuesta ofensiva del equipo, ya que no es lo mismo partir desde su propia área que hacerlo desde el centro del campo. Identificar donde se defiende un equipo nos permitirá conocer cómo será su ataque.

    – Ante Chile, Venezuela no tuvo opciones reales de abandonar su zona defensiva. Mientras el rival nos empujaba contra el arco de Hernández, el equipo, en la confusión que lo caracterizó, recordó esa vieja sensación de comodidad que significa defenderse cerca de su propia área. Soy de los que cree que no hay nada más dañino para el espíritu humano que encontrar una zona de confort en medio de la batalla, ya que la búsqueda de soluciones carecerá de ese componente anímico que sólo la cercanía al precipicio ofrece.

    – Reitero un concepto ya explicado en este espacio: defender como lo hace la Vinotinto tiene como principal consecuencia que para agredir al rival hay que recorrer una mayor distancia, y por ello aumentan las posibilidades del error y de la recuperación del contrario. Revisen el partido ante los chilenos para entender mejor esto que trato de aclarar.

    – Frente a la selección peruana, el equipo se ubicó 15 o 20 metros más arriba en el campo de juego, lo que supuso que Alexander González y Roberto Rosales estuviesen más protegidos y fueran los exponentes de ese cambio. Ambos laterales, sobre todo Rosales, recorrieron un camino que comenzaba en el medio del campo y terminaba en la línea de meta rival, con la tranquilidad de que el auxilio de sus compañeros era una realidad, no por los tan mentados y poco comprendidos relevos, sino porque la selección venezolana actuaba como un bloque corto y solidario y por ello, los jugadores siempre estaban cerca de la finalización de cualquier maniobra. Repito, fue un equipo corto y solidario.

    – Otros nombres claves en esta transformación fueron Oswaldo Vizcarrondo y Tomás Rincón. El primero comandó el movimiento del bloque y sentó la base desde donde iba a partir el equipo, además de haber tenido un encuentro para que lo guarde y se lo muestre con orgullo a sus hijos. Rincón, por otro lado, se decicó a lo que mejor sabe: jugar al fútbol. Ordenó al equipo, cortó avances rivales, y nunca perdió de vista que el objetivo del fútbol es hacer más goles que el contrario. Demostró que puede adueñarse del centro del campo y que con dos laterales a su misma altura, no necesita de un acompañante defensivo.

    – A este cuerpo técnico le gusta hablar de números para explicar el juego. Yo rehuyo de quienes creen que las matemáticas pueden esclarecer las dudas que caracterizan a esta actividad, pero en este caso sigamos a la corriente oficial para que seguir encontrando argumentos que justifiquen este artículo y se entienda que desde la conquista de territorios mucho puede cambiar. Para ello utilizaré los números que ofrece la web de Conmebol http://conmebol.com/es/content/la-eliminatoria-al-dia

    – Ante Chile, la Vinotinto disparó 3 veces fuera del arco chileno y una al arco defendido por Bravo para 0 goles, mientras que los chilenos convirtieron 3 goles, dispararon 7 veces a la puerta criolla y generaron 3 disparos fuera del arco. Frente a Perú, con el cambio geográfico, los criollos anotaron 3 goles, dispararon 5 balones a la puerta de los peruanos, uno al poste y 12 fuera y, para aquellos que desean siempre hablar de equilibrio y demás frases hechas, la Vinotinto, bajo la idea de hacer vida en territorio contrario, con centrales ubicados en el centro del campo y un sólo volante de contención, sufrió dos goles (errores individuales e inexplicables de Amorebieta el primero y Rondón el segundo), permitió un disparo al arco y 4 fuera del arco.

    – Me afinco en el último párrafo ya que hay quienes señalan que el equipo venezolano no tuvo equilibrio y fue un conjunto que jugó con fuego. No se que entienden por equilibrio, pero en este juego mientras ataco defiendo y mientras defiendo ataco. Esa es la única armonía que conozco en el fútbol y quedó patentada en ese último juego de la selección. Los dos goles en contra no son señales de desequilibrio; simplemente dejan en evidencia la falta de actividad de Amorebieta y una distracción de Rondón.

    – La cantidad de disparos y ocasiones de gol en un partido son hijos de los espacios conquistados. Mientras más cerca del arco rival se ubique el bloque, más próximo del área contraria se recuperará la pelota y como resultado serán mayores las oportunidades de gol.

    – Ante Chile falló el plan y no hubo reación por parte de la conducción, mientras que ante los peruanos se decidió atacar la defensa rival en su zona. Hoy se habla de Bielsa, de la continuidad de Farías o de cualquier cosa que esconda los errores cometidos en otros partidos que se planificaron con demasiada prudencia. Si se me permite deseo hacer una reflexión: no importa si sigue Farías, llega Bielsa o vuelve Páez, lo que realmente nos acercará a la meta es un largo proceso de reflexión en el que se consideren los matices de este proceso, se perfeccione lo positivo y se corrijan los aspectos negativos. Cambiar por cambiar no sirve de mucho, así como tampoco ayudará darle continuidad a este proceso por el simple hecho de potenciar relaciones extra juego.

  • Entre caníbales

    Ernest Hemingway dijo aquello de que «el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado«, y cuanta razón tiene el difunto escritor norteamericano. Caer ante Chile significó la apertura de la caja de los truenos y con ello aparecieron las descalificaciones, los señalamientos y hasta una que otra acusación de traición a la patria tan en boga en estos tiempos violentos.

    Esos comportamientos no deberían sorprender; este ciclo se ha caracterizado por conductas que se alejan de la tolerancia, marcando como enemigos a todos quienes nos hemos dado a la tarea de recordar que la victoria nos da alegrías pero no nos acerca a la unanimidad. Ganar o perder ha sido la excusa para fomentar la intransigencia, y la noche del martes, luego de la victoria ante Perú, fue sólo la continuación de una función que lejos está de llegar a su fin. No se habla del juego; se buscan enemigos y se reparten papeles en esta triste obra en la que hace rato pesa más la política que el mismo espíritu deportivo

    Se perdió ante Chile porque se jugó muy mal al fútbol y peor aún, no hubo respuestas desde el banco. El equipo austral nos dominó con la misma fuerza con la que, cuatro días después, nuestros jugadores sometieron a los peruanos. En fin, que ambas manifestaciones deberían haber sido solamente eso: muestras futbolísticas.

    Ahora bien, volviendo al juego, no se puede señalar a un único responsable de un  rendimiento o de un resultado. En un deporte colectivo como el balompié, un equipo es un sistema dinámico, y según la teoría del caos, pequeñas variaciones en sus condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro. Es decir, un error de marca producirá anarquía como la que se vivió el viernes, o simplemente adelantar al equipo quince metros ocasionará el dominio vinotinto sobre sus rivales peruanos.

    Vuelvo a Hemingway y su enorme frase. Nos seria muy útil reflexionar acerca de las causas de la derrota sin adentrarnos en este canibalismo interesado que ya ha hecho rodar “verdades absolutas” que cuestionan la valía de nuestros jugadores o el carácter de los mismos. No nos destruyamos, o si lo vamos a hacer, dejemos antes un legado que le sirva a quienes sean más inteligentes que nosotros para que no cometan los mismos actos de barbarie que nos han definido. Puede que me equivoque y sea cierta aquella expresión de Sartre: “el infierno son los demás”.

    Columna publicada en el diario Líder el 12 de Septiembre de 2.013

  • El infierno somos todos

    – Mi admirada amiga, la psicóloga española Rosa Coba (@RosaCoba), me sugería hace un par de días leer «Apuerta cerrada», una magnífica obra de Jean Paul Sartre. Su consejo venía influenciado por mi fascinación manifiesta por la serie de T.V. House MD y un capítulo de su tercera temporada llamado «One day, one room«, que en castellano sería algo así como «un día, un cuarto».

    – Confieso que me devoré la pieza de Sartre en una sentada, y me volvió a quedar claro – por optimista a veces olvido ciertas verdades – que el infierno somos nosotros. Los seres humanos somos capaces de las más grandes atrocidades con tal de satisfacer nuestro ego, pero la vida tiene sus maneras de colocarnos nuevamente en nuestro sitio y por ello es que presenciamos explosiones como las que venimos viviendo en el fútbol venezolano desde la derrota ante Chile.

    – El ciclo de César Farías al mando de la Vinotinto ha llegado a un punto de no retorno. Lo más sensato sería entender que ya no vale la pena dirigirse a los medios ni alargar la agonía sino tratar de terminar el camino de la mejor manera posible, esto es, con una victoria ante Paraguay. Claro que lo ideal sería que se produjese el milagro de la clasificación al Mundial, pero me temo que en estos momentos eso sólo contribuiría a idiotizar aún más a un país futbolero que parece no recordar tiempos mejores.

    – Hoy, ante Perú, el equipo de Farías – o Farías mismo, como usted desee – dio una muestra de aquello que pudimos ser y no fuimos. El resultado final no hace justicia al juego del equipo y Perú seguramente abandona nuestro país con una pequeña sonrisa sabiendo que su retorno a casa pudo haber sido con un saco de goles. Venezuela jugó a lo que siempre ha sido capaz pero que la conducción Farías, por su naturaleza conservadora, nunca quiso confirmar.

    – Venezuela se plantó en el medio del campo y ahí nacieron todas las ideas criollas. Oswaldo Vizcarrondo tuvo la mejor noche de su carrera y a partir de su solidez el equipo supo entender que la victoria se podía conseguir una vez conquistado el campo rival. Fue tan soberbio lo del central del Nantes que ni siquiera los errores de Amorebieta parecieron desconcentrarlo. No regaló nunca el balón, supo salir de su zona de confort para iniciar el movimiento del bloque colectivo y tuvo el detalle de ir hacia adelante, con pelota dominada, para forzar un disparo en una clara muestra de su categoría como jugador de fútbol.

    – Me gustaría poder ser claro con la siguiente afirmación: Venezuela no fue un equipo que asfixió a Perú, es decir, no tuvo, por ejemplo, movimientos de presión como sí los demostró en otras ocasiones. Lo que sí hizo el equipo vinotinto fue continuar el desplazamiento que proponía Vizcarrondo desde el fondo, y por ello, el conjunto venezolano jugó la mayor parte del partido en campo contrario. Colocar a diez jugadores en ese espacio «reducido» permite que el rival no encuentre nunca un pase claro, y eso hicieron los venezolanos hoy: se adueñaron de unos espacios que Perú asumió suyos y cuando quiso defenderlos, ya no le pertenecían.

    – La evolución táctica del combinado nacional la ejemplifica Roberto Rosales. El lateral izquierdo fue ancho y profundo como siempre lo ha sido, pero en este caso, sus carreras nacieron en el medio del campo, por lo que su desgaste físico era menor y además, estando tan arriba, condicionó las intenciones peruanas. Marcó y atacó a la misma vez, es decir, jugó al fútbol.

    – El gol del empate, obra de ese goleador extraordinario llamado José Salomón Rondón es otra de las muestras del atrevimiento criollo. En la mayoría de los partidos de este premundial, el ariete del fútbol ruso tuvo que forjarse su propio camino al gol, con la dificultad de tener que enfrentar por sí sólo a cuantos defensores dejara el rival. Hoy, con el cambio de modelo, Rondón recibió la pelota y a su lado habían tres satélites vinotinto, acompañando, estorbando a la defensa peruana y despejando el camino para que Salomón no tuviese tantas alcabalas que pasar. El equipo como bloque que conquistó los espacios contrarios.

    – Repasemos la alineación criolla: Dani Hernández; Alexander González, Oswaldo Vizcarrondo, Fernando Amorebieta y Roberto Rosales; Tomás Rincón; César González, Yohandry Orozco y Juan Arango; Josef Martínez y Salomón Rondon. Dice Juanma Lillo que «hay que saber de jugadores para saber algo de fútbol, pero siempre admitiendo que no sabemos nada, que ya es mucho saber«. Ahora bien, con esos nombres, si la indicación es aguantar, sin duda estaremos perdiendo las cualidades de estos futbolistas, pero si en cambio, como sucedió hoy, se diseña una estrategia para jugar según los intérpretes, el buen juego hará mayores las probabilidades de acercarnos a la victoria, que al fin y al cabo, es la meta de cualquier competidor.

    – ¿ Jugando de esta manera hubiésemos clasificado al mundial? Esa interrogante no tiene respuesta cierta, pero vuelvo a recordar que para ganar sostenidamente en este deporte el mejor camino es aquel que nace a partir del buen juego. Entiéndase ese concepto de «buen juego» a aquellas maneras de encarar este deporte que respeten la escencia del mismo, lo que se traduce en que no hay facetas sino una continuidad: se defiende atacando y se ataca defendiendo. Para citarlo a Lillo de nuevo, el fútbol es «una unidad indivisible, no hay momento defensivo sin momento ofensivo. Ambos constituyen una unidad funcional«.

    – Eso fue la selección en la noche de Puerto La Cruz, un organismo que supo nacer, vivir y morir como tal. Y en su existencia, superar los diferentes obstáculos que se le presentaron, sin desmayar ante la adversidad que significó el primer gol peruano.

    – Volvamos a Farías y esa capacidad para dividir y enfrentar que tanto le ha caracterizado. Hoy protagonizó un nuevo escándalo que no vale la pena analizar por sí sólo, sino que debemos esperar que sea uno de los últimos que nos toque presenciar. Este fútbol necesita urgentemente un cambio de actitud para que la selección vuelva a ser el punto de encuentro y cordialidad que antes fue. La estrategia de identificar grupos de amigos y enemigos del proceso debe ser desterrada, así como la mediocridad de quienes patrocinaron ese discurso. Este fútbol se merece gente que quiera trabajar por él y que fomente un espacio para el debate de ideas. Si para ello es necesario que Farías, Esquivel y toda la FVF abandonen sus cargos, pues que así sea. Ya no basta con pelear, hay que crecer de una vez y dejar de lado ese infierno en que nos hemos convertido, amparado en la dañina aceptación de que para llegar al mundial valía todo.

  • Aspirinas para la resaca chilena

    – Pedirle soluciones a la prensa es inútil, no es la labor primordial de esa profesión que en cambio sí debe convertirse en la voz de quienes no tienen voz. Pero en este caso, el pedido y la solución no están en casas diferentes, por lo que trataré de soñar con algunas respuestas que nos ayuden el martes ante Perú.

    – No creo que haya que modificar muchos nombres. Salvo la aparición de Tomás Rincón y Alexander González como titulares, el equipo debe ser el mismo. Las mejoras deben nacer de un cambio en la concepción del juego.

    – Para ello es necesario recordar aquella máxima de este deporte y de cualquier otro: el triunfo se consigue a partir de la toma de riesgos. En este caso, analicemos lo que eso significa y cómo puede llevarse a cabo por parte de la selección.

    – La toma de riesgos es una conducta que está asociada a salir de la zona de confort. Con ella se entiende que para lograr el objetivo se deben propiciar comportamientos alejados de la cotidianidad, es decir, salirse del libreto. La Vinotinto tiene los jugadores necesarios para llevar a cabo esa «evolución» tan necesaria para comprar algo de oxígeno el martes a la noche, pero para que esas variantes existan, estas deben nacer del colectivo y de su convencimiento, de lo contrario, si son impuestas sin mayor reflexión, estas maniobras correrán el riesgo de convertirse en patadas de ahogado.

    – ¿Cuales pueden ser algunas de esas modificaciones? Comencemos por la ubicación en el campo de juego. Hay quienes me han señalado que los protagonistas de la victoria ante Paraguay fueron básicamente los mismos jugadores que el viernes cayeron ante Chile, y por ello es que hago énfasis en la intención y la ocupación de otro espacio geográfico distinto al habitual. Esta selección ha sabido presionar cerca de su propia área para así generar contragolpes intensos, pero lo que se sugiere es que mantenga esa misma intensidad  veinte metros más arriba; que el bloque se traslade al medio del campo, para que una vez recuperado el balón los jugadores vinotinto estén más cerca del arco rival. Claro que esa conducta se puede realizar mucho más arriba, sería lo ideal, pero ello nos acercaría más a la utopía que a la realidad.

    – Pensemos en un equipo corto, con poca distancia entre sus líneas, con los laterales a esa altura que les señalo, jugando – defendiendo y atacando – con la posibilidad de convertirse en opción de pase y desborde. Imaginemos a Arango y a Maestrico con la pelota, levantando la cabeza para elegir socios en vez de tener que conformarse con quien aparezca. Y por consecuencia, a Josef Martínez y a Salomon Rondón moviendose, generando espacios para que estos sean aprovechados por ellos mismos o por sus compañeros, aumentando las probabilidades de pisar el área rival con contundencia.

    – No hablo de goles sino de ocasiones. Decía Marcelo Bielsa que lo que se puede entrenar es justamente la construcción de posibilidades, que la efectividad está más emparentada a cuestiones innatas del futbolista mismo. Entonces, revisando los partidos vinotinto, lo que debe hacer la selección es justamente lo que plantea Bielsa: producir acciones ofensivas.

    Ahí está, esto puede ser parte de la solución o simplemente convertirse en palabras que se lleve el viento. Eso sí, como no trabajo en «agencias de publicidad» ni veo el futuro, le pido que entienda que lo mío pasa por el juego y no por el pronóstico. No tengo la verdad absoluta, pero si creo, a diferencia del señor de la gorra y sus insultos, que todos podemos aportar soluciones.

  • Buscando el oxígeno perdido

    A pesar de la creencia popular, el futuro no ofrece respuestas sino interrogantes. Para conseguir las soluciones a esas incógnitas se debe trabajar sin descanso, pero aún así hay ocasiones en que ello no es suficiente y se necesita de la complicidad de aquello que llaman suerte. Hay quienes pretenden emparentar equivocadamente al error de un competidor con el azar, pero aún así hay que estar preparados cuando estos “accidentes” se presenten.

    Mañana la Vinotinto se enfrenta justamente al futuro, o mejor dicho, a la posibilidad de que este sea lo que siempre se ha soñado. La parada en Santiago no es la última del trayecto criollo pero puede convertirse en definitiva si no se obtiene por lo menos un punto ante la selección chilena. Es una obviedad de mal gusto reiterar la voluntad y el deseo de este grupo por alcanzar el billete al mundial; quienes de manera oportunista hacen mención a ello lo hacen irrespetando a los futbolistas y cuerpo técnico.

    Así como nuestra selección llega al partido con la obligación de sumar para seguir con vida, Chile se encuentra en una situación similar a la de hace cuatro años cuando querían sellar su boleto al mundial frente a su público. Ese deseo es sin duda un generador de ansiedad que debe ser aprovechado por los nuestros. Me explico: si Chile hace cierta su voluntad de atacarnos constantemente, la Vinotinto tendrá ocasiones de hacerle daño en el contragolpe, sobre todo si se mezclan la madurez de César González y Juan Arango con la explosividad de Josef Martínez y Salomón Rondón. Para ello hay que recuperar el balón y ser agresivos, entendiéndose esto  último como la capacidad de reaccionar rápidamente a los imprevistos del juego. Eso: concentración, reacción y aprovechamiento de espacios.

    ¿Qué puede pasar el viernes? Todo, o puede que nada. El futuro es justo lo que siempre expreso en este y otros espacios: un sinónimo de incertidumbre. Tras la caída ante Uruguay sólo queda levantarse en búsqueda de un triunfo que nos permita mantenernos en la sala de cuidados intensivos en la que nos internamos voluntariamente.

    La Vinotinto debe hacer buenas las palabras del entrenador español Oscar Cano Moreno cuando pedía “que los jugadores no sean únicamente sujetos a los que les pasan cosas sino que también sean sujetos que hacen que pasen cosas”. No se trata de defender y ver que pasa, sino de jugar para ganar, atacar para robar y ganar para seguir viviendo.

    Columna publicada en el diario Líder el 5 de septiembre de 2.013