Categoría: Vinotinto

  • La posibilidad de una isla Vinotinto

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    El camino se ha hecho largo e insoportable. El tiempo entre el partido vs Uruguay y el de este viernes en Santiago tuvo todo el peso que caracteriza a la eternidad.

    Chile es el primer rival. El viernes la selección juega su partido más importante y lo hará ante un oponente que también lleva consigo una fuerte carga de ansiedad. Saben los chilenos que una victoria los clasificaría a Brasil, y a diferencia de lo ocurrido hace cuatro años – Chile 2 Venezuela 2 – quieren hacer la tarea ante su gente. Esa meta, esa ambición genera ansiedad y con ella pueden aparecer los errores australes; la Vinotinto vivirá un partido como nunca en el que la pifia del rival puede ser combustible para el futuro.

    Para los criollos es vital entender de espacios y saber manipular sus reacciones. Del espacio hablé con anterioridad pidiendo permiso a Martin Heidegger, pero bien vale recuperar algo de lo señalado en aquel texto, sólo para entender que no es tan importante la cantidad de delanteros que coloque Farías sino la habilidad para ocupar y explotar los espacios que libere el contrario:

    – El fútbol, para ser fútbol, debe ser la búsqueda de espacios para ocuparlos, explotarlos o, simplemente, simular su invasión para luego tomar posesion de otros espacios que aparezcan como consecuencia de la ficción antes mencionada.

    – La aparición de un espacio o su descubrimiento produce muchas sensaciones, entre las que están la angustia y la curiosidad. Quiero pensar que quien se defiende por amontonamiento de jugadores y no tiene mayor plan para someter al rival, considera que un espacio no ocupado es sinónimo de ansiedad y miedo. Es posible que el jugador/equipo dude entre ir en búsqueda del contrario o hacerse de la titularidad de ese espacio inhabitado. Es ahí, en ese momento de vacilación, que, posicionalmente hablando, el adverario le gane la batalla.

    – Hay jugadores y/o equipos de fútbol que han desarrollado una exitosa carrera basados en “espacear“, concepto definido por Heidegger como la ocupación “de los lugares de los que los Dioses han huído”. El Real Madrid de Mourinho o el Barcelona de Guardiola son dos claros ejemplos de ello.

    – Para algunos, un espacio es una porción de terreno suceptible de ser ocupado por uno o varios jugadores. Identifico en esa afirmación un par de inquietudes: ¿acaso el futbolista en posesión de la pelota está en capacidad de decidir que se ocupe tal o cual espacio? En caso de hacerlo, ¿lo hace influenciado por la falsa certeza de que su intención es entendida y aceptada por sus compañeros (llamemos a estas conductas automatismos) o necesita de una mirada o gesto cómplice (un segundo de más, llamémoslo pausa) para sugerir la conquista de ese lugar? No son minúsculas estas sospechas porque en mi opinión, el juego del fútbol tiene tanto de consciente como de inconsciente, entendido esto último como una conducta irreflexiva, es decir, que es más del instinto que de la planificación.

    – Si debo jugármela y ofrecer un concepto, diría que en el fútbol, el espacio vendría a ser algo así como la unión entre voluntad y posibilidad. El jugador puede y debe reconocer cuándo y cómo se invade una determinada zona (físicamente o mediante un pase) porque idealmente ese espacio es producto de una dinámica (colectiva e individual). Para tener una dimensión correcta de la validez de la ocupación de ese terreno baldío (disponible para la construcción y ejecución de obras), hay que entender el tiempo y las formas de su conquista.

    – ¿Cómo se puede convertir en realidad lo que trato de explicar? No hay otra manera de hacerlo que entrenando, comprendiendo un modelo de juego y asumiendo el principio que explica el “Efecto mariposa“: una mínima variación en un extremo del terreno de juego puede significar un terremoto futbolístico en el otro límite.

    – Vale la pena plantearnos si el espacio es tal a pesar de su “vacío” o, si por el contrario, su existencia es condicional a su ocupación o descubrimiento. Leyendo a Heidegger, me queda la certeza de que la existencia no se discute, lo que si debe considerarse es la cualidad de algunos jugadores de ver más allá de lo normal; la rapidez mental para imaginar secuencias y jugadadas que generen, posteriormente, un caos que sólo ellos pueden entender. Por eso hacía referencia a las sensaciones que acompañan al descubrimiento de un espacio.

    – En el fútbol se miente y mucho. Si las dimensiones del terreno de juego son básicamente las mismas, y si en ese campo once jugadores se enfrentan a otros once jugadores, ¿cómo es que hoy en día no hay espacios para jugar? Espacios hay y siempre habrán, pero la aparición de esos terrenos está condicionada a lo que se llama “dinámica”, es decir, a los movimientos, acelerados y/o pausados, que definen a un equipo de fútbol.

    – ¿Qué trae consigo el descubrimiento de un espacio? Incertidumbre. De la ocupación de esos espacios nacen mil formas de continuidad, por ende, ese espacio es un canto al optimismo y a la creatividad.

    Ahora bien, de las posibles reacciones se ocupan el cerebro y las emociones. Se necesita una máxima concentración para que estas conductas, que se caracterizan por ser respuestas a estímulos provocados por otros, puedan ser aprovechadas por el colectivo en vez de que se desperdicien a causa de algún arrebato innecesario de individualismo. Cada actuación vinotinto, cada réplica debe ser entendida como una verdadera posibilidad para un futuro menos incierto. Debo citar al filósofo español José Antonio Marina para darle un poco de luz a esto que planteo: «los sentimientos son punto de llegada y punto de partida. Resultan de la acción pasada y preparan la acción futura. Los sentimientos inician una nueva tendencia. Disponen para la acción o para la inacción, que es también un modo de comportarse«. Los criollos entonces deben mantener en mente, durante todo el partido, que sus acciones no serán comportamientos aislados sino parte de una continuidad: defender correctamente se traducirá en ataques similares, y atacar bien servirá para defender de la misma manera. Continuidad.

    No creo que Chile sea un equipo menos dinámico – discurso oficial que ahora será repetido por los repetidores como palabra santa sin previo análisis – pero en todo caso, y revisada su más reciente actuación, a la Roja hay que atacarla a partir de la recuperación de la pelota, faceta en donde serán muy importantes las apariciones de Juan Arango y César González, no sólo porque son quienes pueden enviar un pase certero que inicie la ocupación de espacios en ofensiva, sino que ellos poseen la inteligencia para tomar decisiones tan trascendentales como cuándo salir en largo o cuándo hacerlo en corto. Teniendo en cuenta esto último y sumando que es muy probable que el rival intente empujar a los criollos hacia su propia área, la posibilidad de una pareja de volantes centrales integrada por Lucena y Seijas no es descabellada, a pesar de la mala presentación del primero ante Bolivia.

    Pero es hora de volver a la idea que propone este texto: dónde, cómo y cuándo hacerle daño a Chile.

    No hay respuesta que se traduzca en verdad absoluta porque cada partido es una vida distinta: incontrolable desde el análisis previo, por lo que debe vivirse e ir mutando según se recorra, pero hay señales, o mejor dicho, en la hoja de ruta aparecen muestras que pueden definir las tres preguntas vitales: dónde, cuándo y cómo.

    Chile atacará porque es su esencia, es decir, son las cualidades y el espíritu de sus jugadores. Venezuela debe marcar y reaccionar, para ello, y sumado a lo que explicaba de Arango y González, se hace obligatoria la presencia de Josef Martínez acompañando a Salomón Rondón en el ataque venezolano. Es una frase sencilla si se analiza unicamente desde la actualidad goleadora del ex Caracas, pero en este caso me interesa aún más su capacidad para arrancar, detenerse, cambiar el rumbo y decidir, características que hoy lo convierten en un jugador fundamental. Hay que sumar además que el jugador del Thun habla el mismo lenguaje que sus «habilitadores» – Arango, Seijas, González -, lo que posibilita una rápida construcción de sociedades por la facilidad de comunicarse a través de un verbo en común.

    La recuperación del balón ouede que suceda, en la mayoría de los escenarios, a escasos metros del área venezolana, y es ahí, con la complejidad que significa tener al enemigo cerca, cuando hay que decidir hacia dónde ir. Por ello son tan importantes estos jugadores que mencione, porque pueden sortear esos obstáculos y con su inteligencia contagiar calma a sus otros compañeros en una noche que promete ser una montaña rusa emocional.

    Una isla. Primero hay que conquistar ese territorio en medio del mar para luego sí soñar con la defensa de ese territorio el próximo martes ante la invasión peruana.

  • Vinotinto: postales para la excursión en Chile

    El viernes 06 de septiembre la Vinotinto jugará su primera final en la ruta hacia el Mundial de Brasil 2.014. Es cierto que en este largo e inexplicable camino que son las eliminatorias sudamericanas – no me refiero a la cantidad de partidos sino a las dilatadas pausas entre fecha y fecha – cada encuentro debe jugarse como eso, como una final, pero si tenemos en cuenta que a la selección nacional apenas le restan tres enfrentamientos es entonces cuando se puede concluir, de manera poco original, que es ahora o nunca.

    La primera parada es en Santiago ante una selección chilena que supo modificar su hoja de ruta, desechando los cambios bruscos que pretendía la conducción de Claudio Borghi para así volver a las raíces que dejó el proceso Bielsa. Jorge Sampaoli ha encontrado un equipo con algo más de experiencia y con una variante que puede ser significativa: la presencia de Angelo Henríquez, un muy joven delantero, ficha del Manchester United, que a pesar de su inexperiencia, le ofrece a su selección una dinámica que «Chupete» no tiene. Es atrevido pensar en una selección chilena con Suazo en el banco pero Sampaoli no descarta ningún tipo de variantes, prueba de ello es el retorno a la selección de Jorge Valdivia y David Pizarro.

    En su última presentación, el equipo austral goleó seis goles por cero a un inocente Irak. La idea de esta entrega es mostrar algunas conductas de esa versión chilena, no sin antes recordar que Venezuela no es Irak, y que además, a pesar de lo que muchos creen, un partido amistoso, jugado hace ya casi tres semanas, poco puede influir en lo que será el encuentro oficial en Santiago. Con ello pretendo darle mucha importancia al momento de los jugadores, a las emociones y nervios que genera un partido como este en el que se puede definir el destino de Chile (si gana estará casi clasificado al mundial) o la supervivencia de la Vinotinto (una derrota nos condena mientras que un resultado positivo sería oxígeno para el próximo enfrentamiento ante Perú en Puerto La Cruz).

    En fin, son fotografías para tener una referencia, recordando que el fútbol, al igual que la vida, tiene millones de conductas que se alejan de la linealidad para convertirse en imprevistos.

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  • Surfear la turbulencia

    “No se trata de correr más, de hacerlo a mayor velocidad, de ser más vigoroso o de tener una enorme destreza para el juego de cabeza. Sencillamente de lo que se trata es de intervenir en concordancia con los que te circundan, de establecer combinaciones precisas”. Esta frase, del libro El modelo de juego del FC Barcelona, obra del entrenador español Oscar Cano Moreno, bien puede ayudar a entender lo que durante mucho tiempo he defendido – sin ningún tipo de originalidad de mi parte – y que ahora se ha convertido en el mantra de César Farías: no se corre para jugar sino que se juega corriendo.

    El seleccionador nacional hizo uso de una expresión similar para explicar lo que esperaba de sus jugadores en el amistoso que terminó con un empate a dos goles frente a Bolivia el pasado miércoles. Farías parece haber dado un giro de 180 grados en su discurso y por primera vez en años se refiere al talento de sus jugadores antes que al estado físico como motor del juego. No quiero quitarle mérito a la preparación del futbolista, pero como también he dicho anteriormente, a éste se le debe acondicionar para jugar al fútbol amparado en un modelo de juego y no en la cantidad de kilómetros recorridos.

    Vuelvo a Cano Moreno para clarificar la intención de estas líneas: “son recurridísimos los tópicos como la falta de chispa, el bajón físico, la diferencia de velocidad, y demás, cuando tratamos de justificar derrotas, o la perfecta ejecución del plan físico impuesto por el responsable del mismo, el impecable momento de forma como responsable último de los éxitos alcanzados. De una semana a otra, un equipo, según estos criterios, puede pasar de un estado de forma magnífica a otra esperpéntica”.

    El empate de la Vinotinto ante Bolivia nos debe llevar a una reflexión más profunda, que excluya los tópicos señalados anteriormente y que nos permita adentrarnos en las relaciones de los jugadores entre si y de ellos con el modelo de juego. Por ello, repasando lo visto en el amistoso del pasado miércoles, no puedo sino dudar acerca de la conveniencia de esas modificaciones en la idea inicial de César Farías. Las interrogantes que dejó el partido nacen por el cambio de cobija en medio de la tempestad y no por la (in)tolerancia al frío del organismo.

    He defendido las cualidades de nuestros futbolistas y su idoneidad para llevar a cabo un estilo de juego mucho más elaborado que éste que a veces resulta de arrebatos emocionales, pero no parece ser el momento adecuado para esas innovaciones que pretende Farías. No hay que temerle a la turbulencia; hay que aprender a surfear con ella…

    Columna Apuntes del camino publicada el jueves 22 de Agosto de 2013 en el diario Líder http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Surfear-en-la-turbulencia.aspx

  • El silencio inteligente

    Rafael Esquivel ha sido el mayor defensor de su gestión al frente de la FVF. No han sido quienes lo eligen sino él mismo, el encargado de mostrar las supuestas bondades que ofrece su presencia en el organismo que controla el fútbol venezolano. Son muchas las habilidades que lo definen, pero las más llamativas han sido saber convivir con el poder político de turno y el reconocimiento de las debilidades de quien lo “adversa” para a partir de ellas, “invitarlo a sumarse a la causa”.
    César Farías también ha sido un apasionado defensor de sus logros. En el tiempo ha protagonizado episodios violentos o los ha consentido, como aquel en el que Lino Alonso, sin la astucia de Esquivel, salió a dar clases de patriotismo y periodismo. Pero Farías, a pesar de esos momentos inolvidables, también ha sumado a su causa a quienes ha considerado como “amigos útiles” y ello, al igual que en el caso del presidente de la FVF, es una muestra de su inteligencia.
    A ambos los une otra circunstancia: en un momento de nervios como jamás hemos vivido, permanecen callados y tranquilos ante un estado de ansiedad que promete acabar con la paciencia de muchos. Es de suponer que esta actitud es bastante saludable, porque nos hace pensar que Farías está dedicado en cuerpo y alma a la consecución del boleto a Brasil 2014 mientras que Esquivel parece haber entendido que es mejor que sean otros los que se peleen con los medios.
    En este panorama aparece Laureano González, vicepresidente de la FVF y encargado  de presentar los torneos nacionales. Con un discurso estudiado, el señor González pretendió sacar pecho por el crecimiento del fútbol en el país. Habría que recordarle que esa actividad que él señala como ejemplar y que muchos queremos, subsiste y evoluciona gracias a jugadores, entrenadores y algunos directivos que se dejan la vida por el gusto que les proporciona este juego.
    Siendo el Estado el principal inversor de nuestros equipos, con las consecuencias que ello trae (no hay infraestructuras propiedad de los clubes, dependencia de la voluntad del gobernante de turno, problemas de pagos, etc.), no creo que la masa esté para bollos. La práctica de este juego por parte de doce niños en cualquier pueblo de nuestro país no es algo que debe tomarse la FVF como logro propio, porque no lo es. En cambio, a pesar del reconcomio demostrado la semana anterior, bien valdría escuchar a un venezolano como Juan José “Cheché” Vidal, destacado no solo por su paso como jugador sino por su éxito fuera de los campos. Eso, solo escucharlo, porque haciéndolo puede que sumemos conocimientos que las emociones no nos permiten aprehender.
  • Innovación Vinotinto

    – Tras la promesa hecha por el seleccionador, el partido ante Bolivia comienza con una Vinotinto voluntariosa, respetuosa de una idea distinta a la conocida por todos, esta es jugar a ras de piso.

    – Durante el primer minuto del encuentro hay una secuencia que puede definir el estado de cocción de esta idea: los centrales, Cichero y Vizcarrondo, tienen el balón cerca del área venezolana y se resisten a la tentación de enviar un pelotazo; primer objetivo cumplido. Pero en esa misma escena aparece el primer error importante: la ausencia de Frankiln Lucena y Agnel Flores, lo cual dificulta el traslado del balón.

    – Lucena y Flores actúan como volantes de contención y salida. Sí, de salida, no se puede olvidar ese apartado de su juego, y mucho menos suponer que la única función de los volantes centrales es quitar y obstaculizar. En el partido de hoy, ninguno de los volantes centrales antes mencionados se transformó en un elemento facilitador para sacar la pelota jugada desde el fondo y eso se notó. El partido de Lucena debe contarse como la peor actuación que se le recuerde con la camiseta nacional, pero lo más grave es que en el banco no había otra opción disponible más allá de Tomás Rincón, quien no podrá jugar ante los chilenos. Se desperdició una buena oportunidad de darle minutos a otro futbolista.

    – Hubo intención de presionar arriba por parte de la selección, pero hay pequeñas definiciones que deben repasarse. Presionar es una conducta ordenada que busca generar un desorden en el rival. En pocas palabras, la intención de buscar al contrario es quitarle la pelota y producir ansiedad en el próximo receptor rival. Pero esta conducta – la presión – no puede ser un esfuerzo individual o de un par de jugadores sino que debe ser un movimiento aceptado e interpretado por todos los futbolistas para que tenga el efecto deseado y no se dejen espacios aprovechables por el rival. Presión es atacar la defensa contraria, así de simple.

    – La presión Vinotinto siempre fue a medias, porque si bien es cierto que se intentó hacer en tres cuartos de cancha, de ella no formaban parte Vizcarrondo ni Cichero, a quienes se les unía Lucena en esa faceta del partido. Estos tres jugadores mantenían el resguardo de un espacio sin presencia enemiga y no acompañaban territorialmente el recorrido del equipo, situación que puede ser muy peligrosa sobre todo cuando toque tomar la iniciativa en casa ante Perú.

    – La intención inicial de contar con dos laterales muy ofensivos es aplaudible, siempre y cuando ambos se atrevan a hacer el recorido que los caracteriza y abandonen las dudas que por momentos mostraron. Alexander González mejoró mucho con el correr de los minutos y fue, tras la salida de César González, el único vinotinto que se atrevió a intentar el uno contra uno, situación que derivó en el segundo gol, obra de un disparo magistral de Orozco. Pero lo dicho, se le debe otorgar libertad a estos laterales.

    – El gol de Josef Martínez es obra exclusiva del talento y la espontaneidad de este jugador. Su maniobra y su definición lo colocan nuevamente como un jugador indispensable para el tramo final de la eliminatoria, pero ese mismo gol desnuda nuevamente a la selección nacional, un equipo que depende en demasía de algun gesto personal de uno de sus jugadores. Que después de seis años de proceso no se haya dado con la solución a semejante problema es cuando menos alarmante. César Farías saca pecho del rendimiento defensivo del equipo y los números sustentan su afirmación, pero esas mismas estadísticas demuestran que este equipo no crea situaciones de gol y puede que por ahí esté la clave a nuestra situación actual.

    – Vuelvo a la salida limpia de la pelota. El equipo debe identificar cuándo los centrales no contarán con la ayuda inmediata de los volantes porque estos están marcados. En ese caso, bien vale conocer la teoría del tercer hombre explicada por Xavi Hernández a Martí Perarnau en el libro Senda de Campeones: «el tercer hombre es imposible de defender, imposible… Te explico lo que significa. Imagina a Piqué queriendo jugar comigo, pero yo estoy marcado, tengo a un marcador encima, un tío muy pesado. Bien, pues está claro que Piqué no puede pasármela, es evidente, con lo que yo me aparto y me llevo al marcador conmigo. Entonces, Messi baja y pasa a ser el segundo hombre. Piqué es el 1º, Messi el 2º y yo el 3º. Yo tengo que estar my al loro, eh. Piqué, entonces juega con el 2º hombre, Messi, que se la devuelve, y en ese momento aparezco yo, dejo clavado a mi defensor, que se ha despistado, y Piqué me pasa la pelota totalmente desmarcado. Si el que me defiende está mirando el balón, no puede ver que me desmarco entonces aparezco y soy el tercer hombre. Ya hemos conseguido la superioridad. Esto es indefendible,es la escuela holandesa, es Cruyff. Es una evolución de los triángulos holandeses«.

    – Esa opción del tercer hombre es entrenable y perfectible, pero la duda surge dado que esta forma de jugar que hoy mostró la selección (sobre todo en el primer tiempo) forma parte de las innovaciones que el entrenador quiere aplicar en esta recta final y que contradicen lo planteado durante seis años de ciclo. Por ello la inquietud que generó y los errores que se presentaron;  los jugadores están más que calificados para jugar de esa manera, pero deben combatir contra la ausencia de tiempo para acumular y aprehender los movimientos y las obligaciones que representa un cambio tan brusco.

    – ¿Cuantos jugadores se atrevieron a provocar un mano a mano con sus marcadores? Recuerdo a los dos González, a Martínez y a la primera aparición de Orozco. Muy poco para una selección que debe asumir los tres partidos finales con toda la intención de ser protagonista.

    – El resultado sigue siendo una anécdota en un partido como este. En mi caso aplaudo la intención de jugar a ras de piso pero cuestiono que todavía no se haya encontrado el camino para generar ocasiones de gol. No hablo de disparos que pasen sin peligro, sino de jugadas en las que los rivales deban defender su arco con alma y corazón, y ese es el debe de esta conducción.

    – El 06 de Septiembre es el próximo capítulo de este largo recorrido. El partido de hoy sirve para pensar y reflexionar acerca de la conveniencia de las innovaciones planteadas, pero sobre todo, vale para quizás abrirle la puerta a la corriente de pensamiento que sugiere que mejor reforzar los puntos fuertes para así tener una pared conocida de la que apoyarnos en toda esta turbulencia emocional.

    – César Farías merece un capítulo aparte. Provocó modificaciones interesantes e intentó levantar al equipo con las dos primeras sustituciones. La tercera, la entrada de Fernando Aristeguieta, sorprende y preocupa, ya que se trata del mismo guión que pocas veces – por no decir nunca – ha dado resultado. Si el equipo no genera ocasiones de gol, la entrada de un delantero centro no se antoja favorable para la creación, sobre todo porque el jugador que retrasa su posición, (Martínez) ya tiene 80 minutos de partido bajo la lluvia.

    Venezuela 2 Bolivia 2. San Cristobal, 14 de Agosto de 2.013

  • Innovaciones

    Martí Perarnau, con la claridad que lo caracteriza, recordaba en un artículo del seis de diciembre de 2.011 que durante la Segunda Guerra Mundial, la fuerza aérea británica consultó al matemático Abraham Wald acerca de la existencia de una fórmula que redujese la cantidad de bajas. Una vez examinados los aviones y sus “heridas”, Wald sugirió “mejorar el blindaje de los aviones justo en los lugares en los que estos no habían sido alcanzados”. Podríamos decir que la propuesta era contracultural porque contrariaba la lógica de los expertos en materia militar.

    El domingo catorce de julio César Farías expresó al diario El Universal que ha llegado el momento de la innovación. Hizo énfasis en que superadas varias etapas, este momento es el preciso para aplicar algunas novedades que según su criterio van a ser decisivas en la consecución de la meta final: clasificar al mundial Brasil 2.014

    Sin duda alguna que el discurso de Farías contrasta con lo que ha sido el andar de la Vinotinto en estas eliminatorias, ya que se trata de un grupo que ha aceptado y representado un modelo de juego bastante definido sin reparar en gustos ni críticas. Sorprende que justo cuando Venezuela se juega por primera vez el boleto al mundial, el capitán del barco decida realizar modificaciones a la hoja de ruta que ha permitido al equipo llegar a estas instancias. No quiere decir esto que dichos cambios sean necesariamente negativos, pero no parece ser el momento adecuado para implementarlos, sobre todo si se tiene en cuenta que por los momentos no hay en el horizonte un partido amistoso que sirva para calificar esas mejoras.

    Jugar un partido de preparación no es garantía de nada, y seguramente esa afirmación formará parte de las excusas que la FVF esgrimirá cuando llegue el momento. A pesar de ello, bien vale la pena reflexionar acerca de la utilidad de un duelo exploratorio en estos momentos. Un sólo juego quizás no sea prueba suficiente para las innovaciones que anuncia Farías, pero sin duda que jugar 90 minutos es mejor que no hacerlos, y es ahí donde el seleccionador nacional debería considerar si mantiene en su planificación llevar a cabo esas vueltas de tuerca o si conviene hacerse fuerte en aspectos que ya han sido probados.

    Wald, fundador del análisis secuencial, tuvo razón en la cuestión de los bombarderos británicos; no eran sus puntos débiles los que había que reforzar sino los fuertes”. El consejo del matemático Wald, a través las letras de Perarnau, puede ser de utilidad en un momento como éste en el que más vale malo conocido que bueno por conocer.

    Columna publicada el jueves 25 de julio de 2.013 en el diario Líder en deportes

  • Cuando la marea sube, el barco también

    No existen soluciones mágicas que cambien todo a nuestro favor, mucho menos intervención de poderes divinos que nos regalen lo que no pudimos obtener con trabajo y dedicación. A eso se le conoce como ficción y por ello nos gusta tanto, porque presenta resoluciones que rara vez – por no ser categóricos – existen en la vida real.

    En repetidas oportunidades he manifestado mi desacuerdo con las formas empleadas por César Farías para conducir a la selección nacional. No comparto su idea de juego así como la interpretación que hace de las críticas, pero en este momento, de nada serviría pedir las modificaciones que en otros tiempos creí necesarias. Con lo bueno y lo no tan bueno, la selección Vinotinto se encuentra en un momento desconocido y a la vez extraordinario: con opciones reales de clasificar al próximo mundial, pero ello será posible si de cara a los tres partidos que le restan, el grupo tiene la suficiencia de olvidarse del entorno y jugar por ellos mismos y por la gloria.

    En esta recta final del torneo premundialista no se debe pensar en giros de 180 grados o cambios radicales. No, hoy cuando las papas queman es tiempo de refugiarse en el modelo, en lo ensayado durante todo este tiempo. Entiéndase bien, este grupo debe ocuparse más en potenciar sus puntos fuertes que en resolver aspectos menos positivos. No es el momento de discutir el gusto por la propuesta sino de validarla aún más.

    Es cierto que el estilo no ha convencido y la personalidad del DT ha propiciado un enfrentamiento poco positivo: amigos o enemigos de la causa. La conducción Farías es un reflejo del país que vivimos, en donde prevalecen los gritos, las sospechas y las diferencias. No estoy capacitado para señalar a esa conducta como una manifestación propia de toda nuestra historia pero si que la misma ha cobrado un excesivo protagonismo en los últimos años.

    Ahora bien, el cuerpo técnico debe promover un marco interno de reflexión y desde ese lugar, buscar las virtudes que ha mostrado este equipo para seguir creyendo en las posibilidades de conseguir la meta, o en su defecto, aprehender todas las lecciones posibles para seguir soñando con un futuro mejor.

    Hoy cuando algunos anuncian su flamante condición de incrédulos bien vale recordar que aún queda camino por recorrer. Es cierto que la cuesta se asoma más empinada que hace un par de semanas, pero si este grupo se hace fuerte desde el juego podrá competir hasta el final, siendo ese el único pedido que se le puede hacer a un conjunto que nos ha representado de la mejor manera posible.

    Al fin y al cabo se trata de valorar el esfuerzo y evitar que las caídas se constituyan en el único condicionante del análisis. Mientras algunos buscan culpables y otros se bajan del barco para convertirse en profetas del desastre, la Vinotinto tiene la oportunidad de hacer valer aquella frase de Yamamoto Tsunetomo: “cuando la marea sube, el barco también”.

    Columna publicada en http://www.cuantoacuanto.com

  • Diagnóstico Vinotinto

    Son muchas las interrogantes que se originaron después de la derrota ante Uruguay. Existe ansiedad por conocer las respuestas, pero hay algo que debemos aceptar: en un juego como el fútbol no hay certezas sino sensaciones. Aún así, voy a ofrecer mis reflexiones  acerca de un futuro que todos quisiéramos manipular.

    ¿Todavía tenemos chance de ir al Mundial? Sí. No quiero citar las cuentas matemáticas que otorgan o quitan probabilidades, porque estas ya han sido repasadas hasta la saciedad. Lo que queda claro es que para que se mantenga el sueño ahora hay que ganar y esperar. La selección ya ha respondido en situaciones límite similares a las que va a enfrentar en los próximos encuentros; sin embargo, no debemos olvidar que la eliminatoria es una competición de momentos y prever la actualidad de los jugadores para el mes de agosto es tan viable como ganarse la lotería.

    ¿Cuántos puntos hay que sacar? Todos los posibles. Esta competencia se ha convertido en un ejemplo más de que en el fútbol todo puede pasar.
    No hay lógica en este juego; cualquiera pierde en la tarde menos pensada y eso debe ser asimilado por nuestra selección. La realidad indica que se depende de terceros, por lo que yo recomendaría jugar y olvidarse de todo lo que los rodea.

    ¿Cambiará la Vinotinto su modelo de juego? No. Salvo el partido ante Paraguay, este equipo tiene una forma de jugar que ha sido asimilada por todos y cada uno de sus integrantes. Hablo de líneas muy juntas que tienen el área propia como referencia geográfica, transiciones rápidas una vez recuperado el balón y repliegue veloz cuando se pierde la pelota. Se crean contadas situaciones de gol y por ello se depende más de la efectividad que de alguna maniobra perfectible en los entrenamientos. Es cierto que el resultado ante los uruguayos encendió las alarmas, pero en este momento no se precisan modificaciones radicales sino profundizar lo ensayado durante los seis años de este proceso.

    ¿El calendario es nuestro enemigo? Falso. Todos los equipos tienen la misma cantidad de partidos en casa y de visitantes.
    Si desde el cuerpo técnico se esgrime esa excusa bien valdría señalar al presidente de la FVF como cómplice en la elaboración de ese calendario, de lo contrario la queja pierde validez. La agenda no hace goles ni los evita; para lograr una meta tan trascendental se hace necesario ganar de local y de visitante, esa es la única fórmula.

    ¿Clasificaremos al Mundial? Ojalá, es el sueño de todo un país. ¿Qué se debe hacer? Jugar y no pensar en los demás. Cualquier otra conducta afectará la concentración.

    Columna publicada en el diario Líder el 20 de junio de 2.013

  • Tristeza y orgullo.

    La forma como César Farías ha planteado los partidos en esta eliminatoria no difiere mucho de lo visto el martes ante Uruguay. Salvo alguna excepción -la victoria ante Paraguay-, la Vinotinto se ha caracterizado por ser un equipo que defiende muy cerca de su propio arco, y una vez recuperada la pelota se trabaja para generar ataques extremadamente rápidos. Esto y la efectividad a balón parado han sido las señales que definen al grupo.

    Frente a la selección charrúa el conjunto nacional planteó el partido desde esa zona de confort que se sustenta en la utilización del once de gala, con la excepción de Frank Feltscher. El atacante del Grasshopper suizo es un futbolista que necesita espacio para poder desarrollar su principal virtud: la explosividad. Cuando se enfrenta a un conjunto que se defiende tan cerca de su propia área, la ascendencia del veloz jugador cae hasta niveles en los que su presencia no es tan influyente. No hago un juicio a su convocatoria sino a la conveniencia de su titularidad en un partido en el que la selección no iba a encontrar el ecosistema necesario para aprovechar sus virtudes.

    Esa apuesta se pagó cara y su incompatibilidad fue aún más notable a partir del gol de Édison Cavani, momento en el que se invirtieron los roles y fue nuestra selección la que tuvo que asumir la responsabilidad del partido. Ningún equipo sale a empatar o perder, pero con la anotación visitante cambió la hoja de ruta y nos encontramos ante un acertijo que siempre nos ha sido muy difícil de descifrar: traducir la ambición en protagonismo y efectividad.

    La necesidad de cambiar el plan original trae consigo estados emocionales muy difíciles de manejar, tales como la ansiedad, la inseguridad, la desesperación y otros más que actúan como malos consejeros a la hora de tomar decisiones. Puede que exagere, pero el marco que planteo no ha sido favorable para nuestros equipos a lo largo de la historia. No se pierde el partido por la titularidad de uno u otro jugador; sin embargo, pesa y mucho que a la hora de buscar soluciones estas no estén en el banco de suplentes por haber sido desechadas.

    Pero no fue solamente tristeza la sensación que me dejó el partido, debo aclarar que también sentí mucho gusto por la entrega de estos jugadores en el césped de Cachamay para luchar contra todas las adversidades. Podemos cuestionar todas las decisiones, pero el espíritu de los futbolistas está fuera de discusión y debe ser tomado en consideración el día que decidamos ser un mejor país. Eso es la Vinotinto: el ejemplo del país que queremos.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 13 de junio de 2.013
  • Apuntes post Uruguay

    – El fútbol carece de lógica, o por lo menos de la lógica que todos suponen posee. Estos pintorescos personajes no sólo no entienden de fútbol – que simplemente se trata de entender que el pasado no se repite y que solamente somos analistas de los tiempos anteriores y observadores de lo que está ocurriendo – sino que además son unos ignorantes con pretensiones.

    – Heráclito expresaba hace demasiado tiempo aquello de que podemos bañarnos en el mismo río pero nunca en las mismas aguas. Juanma Lillo me decía hace un mes que además, en cada intento por entrar en esas aguas, tampoco somos nosotros los mismos que antes. La vida es cambio, dinámica, modificaciones, caos. En fin, lo que hoy sirve sólo sirve de guía, no de referencia.

    – El partido ante Bolivia se jugó pensando en Bolivia. Más allá del resultado, no se entiende que los supuestos analistas sigan creyendo que lo hecho en la tarde boliviana serviría de guía para la noche bolivarense. Son capaces de estimular un discurso que ignora lo expuesto en el segundo punto de estos apuntes pero además, asumen que no existe el cansancio o que el rival de turno es similar al anterior.

    – Venezuela duda – me refiero a la alineación –  y eso se nota con la designación de Frank Feltscher como titular. No es un buen o mal jugador, simplemente es como todo futbolista: necesita del colectivo y de la idoneidad del modelo de juego para poder brillar. Anoche, frente a un equipo charrúa que pocas veces dejó espacios en su retaguardia, la titularidad del jugador del Grasshopper no se entendió, pero aún más notoria fue su larga permanencia en el terreno de juego.

    – Es aquí donde Farías ha debido leer mejor el partido y hacer una modificación en el primer tiempo. La admiración por otros procederes – entrenadores o modelos de juego – de nada sirve si no se copia lo mejor de ellos. Ya lo decía Pep Guardiola que todos somos un poquito ladrones de las iniciativas ajenas.

    – Uruguay, contrario a lo que los mal llamados expertos anunciaban no salió a comerse el partido. Hizo gala de su veteranía y llevó a Venezuela al terreno que más le convenía: el de la lucha. Antes del gol era un partido mal jugado por ambos, con demasiadas impresiciones y con un irrespeto total y declarado por el centro del campo. No pudieron Rincón y Lucena bajar una pelota, inyectar pausa y hacerle sentir al rival que quienes mandaban eran ellos. Se jugó a lo que quiso Uruguay antes y después del gol.

    – Hago referencia a la etapa posterior al gol de Cavani y es que el partido fue otro a partir de esa anotación. El equipo de Tabárez cedió intencionalmente la pelota y una amplia porción del campo de juego con la intención de jugar a lo que mejor se le da: el contragolpe. No es la selección charrúa un equipo que pueda superar el rival a partir de la posesión de la pelota. De hecho, con la inclusión de «Cebolla» Rodríguez por la izquiera y de Gastón Ramírez por derecha, su propuesta pasa por defender bien cerca de su propia área – que no adentro – y una vez recuperado el balón, armar cortas y violentas secuencias ofensivas. ¿Les suena conocido?

    – Es que no es muy distinto lo planteado por Uruguay a lo que normalmente hace la Vinotinto. Esta es la idea de Farías y ya a estas alturas no vale la pena cuestionarla sino tratar de enriquecerla.

    – Pero en ese proceso de sumar opciones a la idea madre, sorprendió la conformación del banco de suplentes. Hagamos un repaso de la situación: Uruguay replegado ante una Vinotinto que ocupaba el campo rival pero que no tenía pase, no poseía la claridad necesaria para meter alguna pelota de gol. Ante eso, y salvando las dos primeras modificaciones hechas por Farías, la selección no tenía un jugador con esas características en el banco de suplentes. Él decidió la salida de la convocatoria de jugadores con más cerebro que músculo y al final, más allá del aporte y las ganas de Richard Blanco, sus virtudes no podían tener la misma influencia que las de un Josef Martínez, Rómulo Otero o Anyelo Peña, futbolistas acostumbrados a buscar ese último pase.

    – Una nota para Tomás Rincón: el discruso bélico del cuerpo técnico no puede ser tomado literalmente. Es un jugador con una importancia incuantificable en este equipo y debe reflexionar acerca de sus acciones. Siempre ha sido ejemplo de voluntad, garra y lucha, pero debe servirle lo sucedido anoche para que de una vez por todas aprenda a controlar sus velocidades. Me refiero a un jugador sin igual en nuestro país y futuro capitán de la selección, pero sus reiteradas ausencias por sanción en nada benefician al grupo.

    – Más allá del discurso victimista y poco autocrítico de Farías, acá no se ha perdido nada ni se necesitan soluciones dramáticas. Lo que si es obligatorio de cara a los próximos y vitales partidos es que se enriquezca el modelo de juego y a la hora de conformar el banco de suplentes se piense en todos los escenarios posibles. No sirve para un carajo tener tres delanteros como variantes si no hay jugadores que puedan surtirlos de pelotas. Repasemos la actuación de Muslera y comprenderemos lo dicho. Se perdió un partido, pero no caigamos en la bipolaridad que propone el DT con sus dichos y pensemos en el futuro, ese que todavía puede ser brillante.

    – Nunca pido nada porque ya con su lectura estoy en deuda, pero en esta ocasión quiero hacerlo: no se puede dudar jamás del compromiso y la entrega de estos futbolistas. Ganen o pierdan, han dado un ejemplo extraordinario que bien valdría copiarlo en otros ámbitos de la vida.