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  • Naufragio catarí: Día 8

    Naufragio catarí: Día 8

    -. ¿Hacia dónde marcha la selección argentina en este mundial? Si se camina más allá de la muralla emocional que rodea al equipo de Lionel Scaloni, se observa a un equipo que se debate entre los pilares que la llevaron a este torneo y algunas lagunas que deberían alarmar a los animadores patrioteros. Han sufrido durante 180 minutos porque les ha costado ejecutar con consistencia la globalidad del juego. ¿A qué me refiero con esto? Este deporte es un juego de espacios y para encontrarlos hay que considerar la totalidad del campo. Estos espacios útiles aparecerán a través de la dinámica de los futbolistas, el ritmo con que se mueva la pelota y el posicionamiento de los futbolistas. Sin estos tres elementos es posible que el juego se concentre en una zona del terreno y se desaprovechen las otras. Hace unos días, el entrenador hispano-venezolano Adolfo Rodríguez, que hace vida en el fútbol noruego, me recordaba el principio de jugar a diferentes alturas para atacar los espacios que libera el rival, algo que apenas ha sabido explorar Argentina en dos partidos. Un ejemplo de la correcta aplicación de esa fórmula se dio en el gol de Lionel Messi, cuando la selección albiceleste mezcló distintas velocidades y alturas, condujo para atraer rivales y el 10, uno de los más eficaces sabuesos de espacios que se haya visto, hizo lo que mejor sabe hacer: explotar hasta la más mínima debilidad del rival. Sin embargo, hay otra pieza en el rompecabezas que Argentina no está encontrando, y esta es la estabilidad emocional. Jugar bien al fútbol requiere cierta cuota de paciencia para no caer en las arenas movedizas de la ansiedad. Esa serenidad tiene diferentes raíces. Un puede ser eso que llaman experiencia, que no es otra cosa que estar habituado a competir en episodios de máxima exigencia. No obstante, hay quien dice que la experiencia es un peine que te dan cuando ya no hay más pelo que peinar. Otra es la confianza y el reconocimiento de unos patrones reconocibles. Esos rasgos del equipo no mienten y si se atiende a los reportes técnicos que emite FIFA tras cada partido se advierte a un equipo que, una vez progresa en el campo, estrecha el campo, concentrando su radio de acción a zonas centrales mientras limita su juego por las bandas. Lo hizo ante Arabia Saudí y lo repitió frente al seleccionado mexicano. Al mismo tiempo, a Scaloni no se le puede acusar de inmovilismo. En ese primer partido, Messi pasó la pelota con mayor frecuencia a Nicolás Otamendi y a Leandro Paredes, mientras que en el segundo, Alexis MacAllister y Rodrigo De Paul fueron sus conexiones habituales. El seleccionador y su staff actuaron, y el futbolista más influyente tuvo mejores apoyos. Les queda por delante administrar la ansiedad y mejorar la ocupación del campo, tareas complicadas en cualquier contexto, más aún en medio de competición que no regala oportunidades.

    -. Hay algo de justicia poética en que el primer gol de Canadá en los mundiales lo haya convertido Alphonso Davies y no me refiero a su historia de supervivencia, que de por sí es tan fabulosa como su juego. A Davies le etiquetan como prototipo del futbolista moderno, teniendo como sustento para esa sentencia su biotipo, cuando en realidad, y si nos atenemos exclusivamente al juego, el zurdo del Bayern Munich es un futbolista de toda la vida, de aquellos que saben jugar. Una de las tantas confusiones que hacen vida en este deporte es la limitación que acompaña al hombre-jugador cuando se le describe desde la posición que ocupa y no del rol que desempeña. Juan Manuel Lillo le recuerda a todo aquel que le pregunte que “el fútbol se juega desde la posición y no en ella”. Nada de eso atiende a la modernidad que venden los propagandistas de la nada. Conrad Lodziak escribió, en su libro de 1966 “Understanding soccer tactics”, una descripción sobre el estilo de impulsar el balón y desmarcarse que así lo confirma: “Más que ningún otro estilo de juego éste encarece el movimiento de los jugadores sin posesión del balón y junto con el pase de pared, un rasgo típico dentro de esta modalidad de juego, han representado una contribución al progreso del fútbol. No hay nada fundamentalmente erróneo en el ‘impulsar el balón y desmarcarse’, sino por el contrario muchos motivos para recomendarlo”. Ya lo advirtió Dante Panzeri uando escribió que “No hay nada nuevo, sólo lo antiguo lo parece”.

    “El anonimato en el mundo de los hombres es mejor que la fama en los cielos, porque, ¿qué es el cielo? ¿Qué es la tierra? Todo ilusión.” Jack Kerouac, On the road.

  • Naufragio catarí: Día 7

    Naufragio catarí: Día 7

    Ni un día ha pasado de la Copa del Mundo sin que se hable de preparación física. No del estado físico sino de la preparación. Pasan los años y esa masa de pensamiento homogéneo que se presenta como expertos en fútbol no encuentra otra muletilla diferente. Si no hay nada que decir pues se habla de preparación física. El estado físico del futbolista está relacionado a su salud, a la aptitud que lo avala para jugar cuando deba hacerlo. Para conocer esa idoneidad basta con estar atentos a los comunicados que emergen de los cuerpos médicos de cada equipo. Pero, en cuanto a la preparación física, ¿cuáles son los parámetros científicos que nos habilitan a hablar de ella con tanta ligereza? Pongamos un ejemplo muy común: la recolección de datos que se lleva a cabo tras un entrenamiento o un partido permite a los entrenadores y a su staff tener una idea más clara del rendimiento de cada jugador, no obstante que éstos se acumulan y estudian posterior al evento, desde diferentes tribunas, sin la preparación mínima ni el acceso a esa información, se debate sobre ese aspecto con una altanería exclusiva de nuestra especie. Aún así, se hace necesario desmitificar a la preparación física para de una vez por todas asimilar que en realidad, el trabajo no es físico sino futbolístico.

    Póngase atención a las palabras de Francisco Seirul.lo del año 2009: «Hacer algo que no acontece en el juego es ridículo., por esto, no podemos pensar que el futbolista mejora su resistencia corriendo en la playa, sino que en todo caso mejorará su salud, ¡y la salud es buena! Y si estás en un gimnasio haciendo pesas, sucede lo mismo, no puedes decir que estás entrenando la fuerza para el fútbol, ¡es imposible trabajar la fuerza para el fútbol en un gimnasio! Ya que en un contexto tan complejo como es el juego del fútbol, no podemos mejorar obviando esta complejidad.» Por otra parte, José Mourinho (2003) también se ha manifestado sobre este escabroso asunto: “La forma no es física,a forma es mucho más que eso. Lo físico es lo menos importante para alcanzar la forma deportiva. Sin organización y talento para explorar un modelo de juego, las deficiencias son explícitas, pero poco tiene esto que ver con la forma física.” Uno puede preguntarse algo tan básico como para qué entrena un futbolista y rápidamente se concluirá que para jugar al fútbol. En este juego, hay una serie de interacciones y reacciones que evitan la linealidad con la que se pretende explicar el rendimiento de un equipo o un jugador.

    Rafel Pol, licenciado y doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y “Preparador Físico” de la selección española respondía, en 2017, ante una pregunta sobre el objetivo de su área de trabajo lo siguiente: “Eso de los picos de forma daría para un debate muy largo, pero es un poco un mito extendido en muchos ámbitos. Al final, el objetivo de la preparación es que el entrenador pueda tener, los mayores días posibles del año, a los veintipico jugadores que seamos en condiciones para realizar lo que él les exige para nuestra forma de jugar. A partir de ahí, ¿qué significa un pico? Muchas veces, en los partidos en los que pierdes y da la sensación de que el equipo ha estado peor, cuando tu miras los datos físicos, físicamente ese partido ha sido mucho más exigente, el jugador ha dado más. Sería casi contradictorio que en los momentos en los que el equipo da la sensación de estar peor a veces es cuando más corre y en los momentos en los que está mejor no tiene tanta exigencia”.

    Pensar el juego no es repetir cifras de kilómetros recorridos ni especular sin evidencia alguna sobre el agotamiento de los futbolistas, más aún cuando, como en toda actividad cooperativista que realice el ser humano, es el cerebro el músculo que sufre mayor desgaste. Vivir el juego es intentar adentrarse en la comprensión de qué hizo, cómo lo hizo y en función de qué acontecimientos el futbolista recorrió la distancia que publican los medios. Ese es el primer paso para desterrar tanta inmundicia que nada dice de fútbol y que únicamente ayuda a rellenar espacios mediáticos, así como satisfacer otra de las grandes miserias de la especie: hablar sin saber de qué carajo estamos hablando.

    «Un espantajo turbioUn despiadado másCaníbal de operetaPedazo de pendejón«
    Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
  • Naufragio catarí: Día 5

    Naufragio catarí: Día 5

    ¿De cuál fútbol hablamos, del que vemos o del que imaginamos? Alrededor de este juego hemos ido construyendo casas con pilares de barro que vendemos como palacios de mármol. Este es un deporte que se juega únicamente de dos maneras: bien o mal. Los matices son los que le dan la riqueza, pero no debe olvidarse que no hay una única receta para acercarse al triunfo. Brasil es prueba de ello. Lejos han quedado aquellas versiones en las que el juego de centrocampistas era su señal identitaria de mayor prominencia. Tampoco hoy lo es el juego de sus laterales. El Brasil de Tite es un equipo cuya fuerza está en la voracidad colectiva para ir hacia el área rival, porque esas son las virtudes de sus futbolistas con los que cuenta. No puede seguir propagándose la idiotez de que el jogo bonito desapareció a causa de la influencia europea; basta con recordar el inconmensurable aporte de entrenadores húngaros a ese Brasil que tanto se admira para desterrar semejante idiotez. Somos seres permeables pero, al mismo tiempo, sujetos capacitados para tomar decisiones. Esa explosiva mezcla dificulta asignar porcentajes o distintos niveles a la pregunta de qué somos. Raphinha, Neymar, Vinicius, Richarlison o Casemiro juegan a lo que les nace y su entrenador, tras multitud de ensayos, se niega a que el recuerdo o las aspiraciones de quienes no jugamos, dicten los rasgos definitorios del equipo que hoy venció a Serbia. No se puede ser otra cosa distinta a lo que somos, aunque hayan ocasiones en que nos sintamos a gusto detrás de algún disfraz.

    Muchos recordarán la interpretación de Al Pacino en el film “Any Given Sunday”, de Oliver Stone. Su discurso en el rol del entrenador Tony D’Amato es una oda a la complejidad de la vida: “A medida que vas envejeciendo, te van quitando cosas. Quiero decir que eso es parte de la vida. Pero solo aprendes eso cuando empiezas a perder cosas. Descubres que la vida es este juego de pulgadas. Así es el fútbol. Porque, ya sea en el juego, en la vida o en el fútbol, ​​el margen de error es muy pequeño; quiero decir, medio paso demasiado tarde o demasiado temprano, y no lo logras. Medio segundo demasiado lento, demasiado rápido, no lo logras.” La vida ofrece pocas certezas y esa exposición de Pacino se presenta como una de ellas. ¿Alguna vez hemos reflexionado sobre la eficacia? A pocos minutos del final, Federico Valverde envió un precioso disparo que se estrelló en el ángulo superior de la portería defendida por los surcoreanos. Visto fríamente podría decirse que fue una obra de arte, aunque no haya terminado en el gol del triunfo que tanto buscaron los uruguayos. ¿Cuánto de la belleza y la sabiduría de este juego nos estamos perdiendo por la ansiedad con la que vivimos cada partido? No deseo comparar al fútbol con otras actividades, pero no deja de sorprenderme cuánto necesitamos los hinchas, espectadores y observadores de un resultado para modificar nuestro estado anímico. Hay algo en como vivimos y nos hacen vivir, desde hace mucho tiempo, que no nos permite encontrar satisfacción en las más extraordinarias manifestaciones humanas.

    Nuestra historia ha sido relatada por medio de un sinfín de géneros, aunque ninguno como la tragedia. Hay en ella una cualidad que nos atrae, aun cuando estemos conscientes de estar observando una desdicha. Puede que esto tenga como raíz principal la reducción de las distancias entre los ídolos y nosotros, los sujetos comunes. Ver a los semidioses caer hace que la masa los vea como uno más de la manada; no son seres superiores sino seres sujetos a las mismas desdichas. Se celebra la decadencia porque, cuando las lucen se apagan, nos es más sencillo aspirar a la mediocridad que soñar con la grandeza. Así nos igualamos y nuestras carencias dejan de ser tan especiales. No encuentro otra razón para el disfrute que se siente y celebra ante el ocaso de los tótems. El público quiere sangre y para saciar su apetito hará cualquier cosa. ¿Qué dice de nosotros esa aberrante satisfacción ante la derrota del ídolo? Nada de lo que vivimos en este mal llamado mundo moderno es producto de la casualidad: en el fondo, nos detestamos tanto que nuestro confort ya no depende de nosotros mismos sino de la desgracia del que odiamos. Que luego no se entienden los naufragios elegidos, las ausencias sostenidas o los silencios sin pausa.

    «Todo ideal es una fe en la posibilidad misma de la perfección.» José Ingenieros

  • Naufragio catarí: Día 4

    Naufragio catarí: Día 4

    ¿Se puede ganar aún cayendo en el marcador? Rotundamente sí. Alemania y su Deutscher Fußball-Bund (Federación Alemana de Fútbol) mostraron el camino a seguir: cuándo más imbatible se siente el poder es cuándo más débil es. El aprendiz a truhán que conduce a la FIFA, el siempre mal asesorado Gianni Infantino, demostró su infinita estulticia al prohibir el brazalete arcoíris, ese que no promueve invasiones, guerras, dictaduras o represión, todas actividades de las que la dirigencia del fútbol sí se ha beneficiado desde tiempos inmemorables. Bastó con taparse la boca antes del inicio del partido ante Japón para que el mundo entero recordara qué clase de personajes rigen al organismo. No se olvide que esa institución tiene su sede en Suiza  gracias a una serie de beneficios legales y fiscales que hicieron posible toda la corrupción en el fútbol. La castigada y la que barrieron bajo la alfombra. Recordemos también que quienes fueron a juicio no estaban  acusados ni perseguidos por la organización del fútbol. Y tampoco dejemos de lado que aquellos no fueron los únicos tramposos sino los tontos útiles cuyo encarcelamiento ayudaba en el control de daños. Alemania se tapó la boca para recordarnos que un mundial es la fiesta de los futbolistas y los hinchas, no el guateque de unos granujas que solamente tocan una pelota para promocionarse a ellos mismos. Si algo positivo dejan los bandazos del limitado heredero de Havelange y Blatter es que cualquier intención a recibir un Premio Nobel de la Paz ha quedado sepultada.

    España es pasión por el fútbol. También muchas otras cosas más. No obstante, esa efusividad fue el caldo de cultivo perfecto para que una banda de oportunistas creara la industria de hablar del fútbol y no de fútbol, como bien dice mi amigo Kike Marín. De esa manera, el público está informado de cada uno de los defectos de Luis Enrique así como del rechazo que genera en los mal llamados expertos mediáticos. Lastimosamente no del origen de sus decisiones futbolísticas. Opinar de fútbol requiere el pequeño ejercicio de aceptarse ignorante, de que no sabemos ni sabremos todo. Para hablar de fútbol hay que callar, observar, pensar y volver a dudar. Esta fórmula no es atractiva a los ojos de los envalentonados correveidile del poder, quienes recientemente se han visto amenazados por la aparición de las nuevas plataformas comunicacionales. Que el seleccionador se valga de esas herramientas también les molesta. Prueba de ello es que muchos que, como las vacas de Lezama a las que hizo referencia Javier Clemente, llevan décadas alrededor de este deporte y aún no saben explicar qué es un falso nueve, materia en la que sí se sumergió Luis Enrique hace unos días. Aún así, la posibilidad de acusarlo por la baja de José Luis Gayá fue más fascinante. Mentiras, sensaciones y fake news, ese es el mundo de los chantas. Le acusaron de anti madridista, de enchufar a su yerno… Pocos se dedicaron a hablar del juego y de lo que pretendía el seleccionador. Ante Costa Rica dieron otra clase de desprecio por el fútbol cuando la única justificación que encontraron para la titularidad de Rodri como defensor central fue su altura. No su juego, ni su capacidad de asociarse con sus compañeros, ni la conexión con Busquets para construir una salida limpia ante un rival sin mayores pretensiones atacantes, o mucho menos que en el Manchester City también ha cumplido con ese rol. Ah, es que al City tampoco se le ve, por razones obvias, o mejor dicho, por el odio de toda la vida. Tenemos un gran problema sin solución aparente: antes, el bar se nutría de lo que leía o escuchaba; hoy, por el contrario, el bar manda. Esto se fue al carajo en el momento en que se le dio mayor relevancia al ser seguido que a ser respetado. Tiempos en los que los patos disparan a la escopeta.

    ¿Qué es el gol? Es una consecuencia de una serie de acciones. Está la agilidad del rematador, la carambola, la eficacia y la suerte, pero sobre todas las cosas, está el juego. En el baloncesto está más que aceptada esta fórmula, no obstante, en el fútbol seguimos empeñados en asociar la anotación de un gol a la última secuencia de la película. Y esta es la razón por la que se vende que el gol es cosa de un futbolista. Sería estúpido renegar de las condiciones de los atacantes y otros futbolistas cuya relación con el gol es especial, pero también lo sería desconocer que el fútbol es un juego colectivo, una sucesión de hechos complejos, Paco Seirul.lo dixit, interconectados que terminan en la anotación de un tanto. El triunfo de España ante Costa Rica demostró que mientras mejor se juegue más cerca se está de vencer al oponente. Y jugar bien, como se dijo en alguna de estas cartas, responde a la correcta interpretación de cada circunstancia del juego, no a las estadísticas que tanto manosean los comerciantes de pescado podrido.

    “Uno se hace mayor cuando las cosas que no sabe son más que las que sabe, y que a veces la felicidad, o la supervivencia, consiste en un pacto tácito acerca de la conveniencia de la mentira, entendiendo mentira como la verdad que no interesa a nadie porque seríamos peores con ella». Manuel Jabois. Miss Marte

     

  • Naufragio catarí: Día: 3

    Naufragio catarí: Día: 3

    El fútbol es un juego de espacios. El equipo que ataca desea ampliarlos mientras que el que se defiende busca reducirlos. Aquí entra la regla que da el carácter estratégico a este juego: el fuera de juego. Como cualquier otra herramienta, su empleo acarrea riesgos, ya que con una mínima distracción el equipo atacante quedaría mano a mano contra el arquero. Para superar esta trampa hay muchas maneras, entre las que destacan los pases cruzados a la espalda de los defensores o la construcción del juego interno para luego intentar un pase entre líneas a un futbolista que salga desde posiciones centrales, es decir, de un futbolista que se dirija hacia la zona liberada. Por ende, volvemos a la relación del equipo con la pelota, o más claro, a cómo se reorganiza cuando dispone de ella y a la forma en que lo hace cuando desea recuperarla. El reto de enfrentarse a un equipo que achica el espacio hacia adelante es la reorganización inmediata para adaptarse y superar dicho dispositivo. Este es un proceso que cada equipo aprende y desarrolla con el paso del tiempo, y que se sostiene en los principios propios de su manera de jugar. Posar la mirada en estas circunstancias tiene un enemigo furibundo: la histérica actualidad. Los tiempos de sobredosis de información conspiran en contra de la reflexión que merece cada conducta. Esta es la razón por la que quien gana es venerado hasta el cansancio y quien pierde es apedreado como el peor de los criminales. No hay término medio ya que no hay tiempo para la racionalidad. Pese a esto, es urgente recordar que quienes viven del análisis, o los que se postulan como tales, tienen la obligación de comportarse como médicos forenses y escudriñar en todos los rincones del cadáver que deja un partido, para intentar, solamente pretender, acercarse al conocimiento. De nada vale vociferar que Argentina fue incapaz de superar la estrategia saudí si no explicamos cómo puede batirse ese comportamiento colectivo. Tampoco tiene mayor sentido apelar a la mala suerte. Este es un deporte de oposición directa, en el que se juega contra y con un oponente, por lo que el elemento accidental es uno más de los que participan. Somos, por así decirlo, arqueólogos rumiando en las ruinas de algo que ya es pasado; cazadores de pistas que aclaren por qué pasó lo que pasó, sin el sosiego de aquel explorador para llegar a la luz.

    ¿Cuál es la responsabilidad del periodismo de fútbol? Lo elemental sería informarse, informar y atenerse exclusivamente a todo aquello que se englobe dentro de lo real. Sin embargo, estos tiempos de consumo perturbado han desterrado las normas fundamentales del oficio para convertirlo en algo desechable, en eso que bien podríamos definir como periodismo de sensaciones. Así es que unos sienten que Benzema o Lukaku se estaban cuidando para llegar al mundial, en perjuicio de los clubes que les pagan el sueldo. La realidad, esa estupidez que tanto incomoda a los aspirantes a notorios, se encargó deponer en su lugar a los promotores de las sensaciones y los pareceres. En un mundo medianamente decente, estos mercaderes de la mierda no tendrían otro espacio distinto al del callejón trasero de un bar. En el nuestro, son requeridos, escuchados y seguidos. Hace tiempo hicieron las paces con aquella vieja noción de darle a la gente lo que esta pide. Hubo un tiempo en que educar a la audiencia era el mayor privilegio para un comunicador. Hoy, pues ya sabemos de qué va esto: todo vale a cambio de aquellos quince minutos de fama que predijo Warhol.

    Entrenar para competir o entrenar para ser mejor. La duda me la transmite un amigo cuya sensibilidad le ha convertido en un fabuloso entrenador cuya obsesión es mejorar a sus futbolistas profesionales. Lo hace partiendo del concepto de que entrena seres humanos que hacen de futbolistas. El formato actual imposibilita que los staff técnicos dispongan de la cantidad de horas-entrenamientos suficientes para que sus intervenciones superen al más inmediato episodio competitivo. Pasa en clubes y, por supuesto, en las selecciones nacionales. FIFA y su comité de expertos, entre los que alguna vez Marco van Basten coló la idea de borrar de un plumazo la ley del fuera de juego, no parecen muy ocupados en buscar soluciones al aspecto básico de cualquier disciplina: el aprendizaje. Competir es la realidad del futbolista profesional, sin embargo, es tal la hipertrofia de la industria de partidos y competiciones que el tiempo para la educación es cada vez menor. El mundo de los negocios que tanto denuncia Menotti es quien dicta las reglas; Wenger y su equipo de expertos deberían encontrar algo en sus sesudos análisis que les lleve a cuestionar la manera como conduce este juego la mano que les da de comer. Ser hombre de fútbol es mucho más que vivir del juego.

    “Para poder pensar debes arriesgarte a ser ofensivo”. Jordan Peterson

  • Naufragio catarí: Día 2

    Naufragio catarí: Día 2

    -. Albert Capellas sostiene que el “Juego de Posición” tiene tres pilares: posición, posesión y presión. Estar bien posicionado es ocupar racionalmente los espacios, con una postura corporal adecuada que facilite la fluidez del juego; la posesión es una herramienta que define a cada equipo: la relación con la pelota da identidad, permite cambios y la explotación de espacios, así como la comunicación futbolística entre compañeros. Por último, la presión es la manera más eficaz de intentar recuperar la pelota dado el estado de inestabilidad en el que está un equipo que recién se ha hecho con la titularidad del balón. Los ítems que menciona Capellas, y cuyo desarrollo conceptual merecen y requieren de mayor espacio, son también las raíces del bien jugar. César Menotti lo aclara de la siguiente manera: “El fútbol tiene 4 acciones: defender, recuperar, generar juego y definir.” Para poder ejecutar las cuatro acciones que menciona el argentino es necesario saber disponer de la pelota, estar bien posicionado e intentar recuperar la pelota lo más rápido posible. El fútbol bien jugado no cuenta pases ni regates sino decisiones correctas en función de algo que llamamos equipo. Pero el fútbol es circunstancia, es momento, es ahora, por lo que interpretarlo de manera adecuada requiere algo más que las instrucciones de un entrenador. Por ello se dice que el fútbol es de los futbolistas. Son ellos los que actúan, deciden, reaccionan y se reorganizan. ¿Cuánto pueden modificar un partido Menotti, Capellas o, en este caso, Louis van Gaal, si los futbolistas, rehenes de las emociones, juegan como les nace o pueden, en contraposición al como quieren? Ah, que no se olvide: se juega contra un oponente, pero también con ese rival. El fútbol es la vida misma, existe un mapa y luego hay que vivir el territorio.

    -. Se juega como se vive. No hay caso. No importa la influencia de entrenadores de primer nivel que trabajan de la Premier League porque Inglaterra, su selección, sigue en la suya. El fútbol que sienten como propio se niega a adoptar matices que le enriquezcan. Convive con ellos pero no los suma a su ser. Ni un rival tan defensivo como Irán es suficiente para que Southgate ponga en marcha algo más atractivo o más ingenioso que el insoportable bombardeo desde las bandas. Disponen de la pelota con la intención de ir hacia los costados y lanzar un centro. Todos los rivales están alertas de que ese es el estilo y para ello se esfuerzan en interrumpir el juego en zonas intermedias y lejanas al área. Para otros entrenadores, pasarse la pelota y que ésta circule rápidamente es una manera de mover la estructura defensiva del oponente hasta que se desordenen, aparezcan espacios útiles y ahí sí lanzar al equipo. Estos también pregonan que la conducción de la pelota es una herramienta para generar superioridades, bien sea a través de los uno contra uno, o porque siempre saltará un defensor al ataque de quien lleva el balón y esa reacción por sí sola genera ese pequeño desequilibrio en la organización del rival. Todo esto ya fue denunciado por grandes pensadores del estilo inglés, como Willy Meisl, por ejemplo. Sin embargo, el relato de la efectividad y el “safety first” parecen inamovibles. Ni ganando por cuatro goles ante un inocente rival hubo tentación alguna de ensayar algo diferente. La insularidad, es decir, la manera como viven, determina a lo que se juega. ¿Se puede discutir una goleada? Desde el marcador final no, pero las formas, ay las formas. El fútbol tiende trampas… Atentos a la advertencia formulada por Schopenhauer: “A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia”.

    -. FIFA, como en cada torneo que organiza, ha creado un comité de expertos cuya misión es la observación y el análisis de todos los datos que dejen los partidos del mundial. Sin embargo, existe un área que no parece estar en la consideración de los contratados ni del contratante: la fatiga cognitiva. La lista de futbolistas que han quedado fuera del torneo a causa de percances físicos es enorme, aunque lo más grave es que se mantenga la tendencia de creer que los problemas del cuerpo son solamente eso. El filósofo francés Edgar Morín ha dicho: “Conocer al humano no es aislarlo del Universo, sino situarlo en él. Todo conocimiento (…) debe contextualizar su objeto para ser relevante. ‘Quiénes somos es inseparable de un dónde estamos, de dónde venimos, a dónde vamos.” Así como el entrenamiento del fútbol no puede compartimentarse en parcelas aisladas, tampoco puede entenderse el rendimiento del ser humano futbolista sin atender a todo aquello que le afecta. Cada año hay más partidos, más torneos, mayores obligaciones y más presión. De esta manera se combate el descanso, se desprecia al músculo cerebral y se vulgariza al fútbol. Arsene Wenger y su comité de expertos harían bien en ampliar su mirada y no quedarse exclusivamente con aquello que observarán en este torneo.

    «Hoy corremos detrás de la información sin alcanzar un saber.» Byung -Chul Han

  • Naufragio catarí: Día 1

    Naufragio catarí: Día 1

     

    -. El fútbol es un juego maravilloso, con tintes inclusivos y hasta democráticos. Lo es en su desarrollo y también para todo aquello que le rodea. No en vano, todos tenemos una opinión. Ya lo dijo Juan Manuel Lillo: “No todas las opiniones son respetables, lo que es respetable es el derecho a opinar”. Hoy, por ejemplo, el debate alrededor de la selección argentina gira en torno a quién será el reemplazante de Giovani Lo Celso. Se obvia que la táctica no es los esquemas de disposición geográfica inicial sino los futbolistas y toda esa red de relaciones que construyen cuando juegan. El fútbol nos recuerda en cada episodio que, al ser un juego protagonizado por seres humanos, ningún futbolista tiene un “sustituto” como tal, por lo que replicar las conductas de un compañero es, para ser generoso, una utopía. Los sistemas se idean y se construyen en base a los jugadores. El sistema no es más que una referencia a la que se acude y que, en teoría, está para sacar lo mejor de cada uno de sus integrantes en función del equipo, del todo. Lionel Scaloni dijo en su momento que, a pesar de su intención de jugar de una manera, fueron las características de sus futbolistas lo que le hicieron comprender que lo mejor era dejarlos ser, es decir, aprovecharlos. A veces la mejor manera de intervenir es no interviniendo. Tal como sugiere la paradoja de las judías secas. No olvidemos tampoco el ejemplo del automóvil: una serie de elementos interconectados en los que la introducción de una parte novedosa o diferente cambia el rendimiento de esa máquina. Eso es un equipo de fútbol, con el agregado de que lo protagonizan seres humanos que hacen de futbolistas.

    -. En tiempos en los que la ocupación de los espacios domina las conversaciones, bien valdría recordar que lo único que ordena a un equipo de fútbol es la pelota. Cuando un equipo dispone de ella inicia ese proceso de reorganización colectiva que siempre hace menciona el maestro Francisco “Paco” Seirul.lo. La búsqueda y la ocupación de espacios se hace en función de dónde y cómo se ejerce esa disposición del balón. Esto no va de dar una cantidad determinada de pases sino de tocar la cantidad de ocasiones que la circunstancia de juego requiere. Tampoco de jugar más o menos directo. Jugar al fútbol requiere tomar decisiones cuando se dispone de la pelota y cuando se quiere recuperar la misma. Sin embargo, por más sencilla que parezca la teoría ésto es harto complicado; juegan seres humanos que son más que un compendio de instrucciones. Las emociones son parte fundamental de nuestro ser y convivir con ellas es tan complicado como ldar un pase gol. Esa marea afectiva, que cada equipo y cada futbolista vive a su manera, constituye una limitante incalculable que nadie sabe hacia dónde conduce. Puede elevar al jugador tanto como hacerlo rehén de dudas que creía derrotadas. Catar, ante su gente y sin nada que perder, fue en el partido inaugural un claro ejemplo de cómo son de traicioneros esos sentimientos. Y aquí retorno a la pelota. Cuando se dice que hay ocasiones en que ésta quema es precisamente por eso, porque en la circunstancia en la que parece fácil aplicar principios básicos como el pase al compañero desmarcado, aparecen esos fantasmas que nos llevan a vacilar por medio segundo y regalar el balón a un oponente. Ya lo dijo Johan Cruyff en su momento: “Jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay.

    -. El torneo que nunca debió ser da para todo. El fútbol pertenece al ámbito del entretenimiento, y como consecuencia, de los grandes negocios. Para que el fútbol penetrara ese ecosistema necesitaba seguir los pasos de otras ramas, una de ellas el periodismo de la banalidad. Así comenzó el camino que hoy recorren los grandes altavoces, quienes para hacer potable su producto promueven cualquier debate, sin importar cuán inverosímil sea, antes que dedicar tiempo al análisis del juego que les da de comer. Así, por ejemplo, el periodismo líder en audiencia acusa a Luis Enrique, seleccionador español, de “dejar tirado” a José Luis Gayá, lesionado en un entrenamiento. No hay pruebas para tamaña acusación, sin embargo, en el mundo de lo efímero y del periodismo de sensaciones todo vale a cambio de un puñado de clicks y seguidores. Ese es el periodismo que se asusta con la aparición de las nuevas plataformas y tienen razón: los viejos reyes nunca habían estado tan ligeros de ropa como ahora. Ahora bien, y que esto no se olvide, el sistema somos nosotros y lo alimentamos nosotros. Cuando el agua nos llegue al cuello no busquemos un culpable distinto al que vemos en el espejo.

    La mente humana, Bernard, no es un punto de referencia dorado que brilla en una colina verde y distante. No, es una corrupción asquerosa y pestilente”. Westworld

  • Pequeñas sociedades nutren el optimismo Vinotinto

    Pequeñas sociedades nutren el optimismo Vinotinto

    “Las pequeñas sociedades crean grandes equipos”. César Luis Menotti

    No podemos cuantificar las emociones, por ello es imposible determinar cuánto influyó en la victoria de la selección venezolana aquel adagio que sugiere que el futbolista desarrolla un grado superior de motivación con la llegada de un nuevo entrenador. Por otro lado, se pueden enumerar una serie de conductas que llevaron al equipo a mostrar una mejor versión en comparación con partidos anteriores. Hay muchas más, pero estas son apenas unas que consideré relevantes.

    1. El juego de los laterales. A diferencia de lo observado en el pasado reciente, el rol de Hernández y González varió y los llevó a ser futbolistas proactivos y con sentido. Sus proyecciones fueron avances con la intención de construir sociedades con los atacantes que ocupaban las bandas, tanto para el juego corto como para el desborde. Recorrieron la banda o realizaron diagonales hacia el centro siempre según lo que las sociedades que armaron requerían. Además de la instrucciones iniciales del entrenador, esto prueba que son futbolistas que tienen capacidad para interpretar el juego. Carlos Peucelle dió la receta hace décadas: «El juego por las puntas no tiene manera de ser anulado cuando se le hace con punteros veloces, apoyados por interiores de rápida salida de pelota”.

    2. En esas sociedades, Machís y Soteldo fueron relevantes. Lejos de aquellos futbolistas aislados en los costados, sin compañía, en este partido se movieron sin mayores impedimentos. Ocuparon las bandas, intercambiaron perfiles y también sacaron provecho de los carriles interiores. La presencia de Otero por el centro fue, además, una señal clara de que contarían con otro socio, capaz de acercarse y unirse a la sociedad lateral-atacante que antes mencionaba.

    3. Otero interpretó a la perfección su rol. Además de pases filtrados que buscaban a compañeros más avanzados, se involucró en la salida del equipo y se asoció correctamente con Rondón para evitar estorbarse que cuando este retrasara su posición. Hay un detalle: a diferencia de etapas anteriores, se sintió importante y acompañado; no debió recorrer largas distancias para acercarse al área rival y tuvo futbolistas que, alejados de temores pasados, avanzaban hacia campo contrario con una estrategia, lo que ayudó a que las distancias de relación no fuesen tan amplias como en tiempos de José Peseiro.

    4. Rincón fue uno de los grandes beneficiados de la tarde. La estrategia de Pekerman, así como la compañía de Martínez, le evitaron largas carreras a alta intensidad que le desgastaran o que incluso le llevaran a llegar tarde a alguna disputa. Con esa tranquilidad supo ejecutar cambios de frente e incluso acercarse al área.

    5. Martínez aún debe corregir detalles fundamentales de la posición. Hay pases que debe evitar o situaciones en las que no debe apresurarse. No obstante, su capacidad para abarcar muchos metros es fundamental para que Rincón saque lo mejor de su juego.

    6. Los defensores centrales fueron los de menor rendimiento. Ferraresi y Chancellor mostraron algunas dudas tanto en la interrupción del juego como en la construcción del mismo. En el gol visitante, Ferraresi, muy avanzado, tarda en recuperar su posición ideal mientras que Chancellor no reacciona ante la invasión del atacante boliviano al borde del área chica. La caída futbolística boliviana ayudó a que no pasaran mayores problemas en el segundo tiempo.

    7. Pekerman hizo más que promover el orden. No subestimemos su labor. En este primer partido, la selección criolla mostró una cara proactiva producto de la estrategia y no solo de la voluntad. La alineación de Soteldo, Otero y Machís fue una declaración de intenciones, pero las sociedades construidas con los laterales y con Rondón demostraron que su discurso va de la mano con los hechos. Esto no constituye algo diferente al primer paso de un proceso que será largo e incierto. Aún así, es rescatable que el victimismo y los complejos vayan cediendo su puesto en favor de la construcción de un estilo que se asemeje a las capacidades de los futbolistas y no a los temores o las limitaciones de quien los conduzca. El reto inmediato del seleccionador sigue siendo el mismo: ayudar a que el equipo nacional siga construyendo esas pequeñas sociedades a las que Menotti siempre hace referencia.

    Fotografía cortesía de As.com

  • El reto de Leonardo González

    El reto de Leonardo González

    Dos entrenamientos. Máximo tres. Ese es el gran obstáculo que enfrenta el seleccionador venezolano en su rol de “interino”. Nadie, por lo menos en el fútbol, está capacitado para hacer magia en tan poco tiempo. El reto de Leonardo González es enorme: producir pequeñas modificaciones sin contar con los ensayos suficientes para convencer a sus futbolistas de la idoneidad de sus planteamientos.

    Es un hecho que en el fútbol se confunden las aspiraciones con las probabilidades. Tanto González como sus futbolistas desean e intentarán ganar los tres partidos que tienen por delante. Son profesionales de esta actividad, pero sobre todo, son atletas acostumbrados a competir. Ganarán o perderán, pero por su condición de deportista harán lo que esté a su alcance para conseguir sus objetivos.

    Todo eso se circunscribe al terreno de la ilusión, que también hace las veces de combustible emocional para esa masa que agrupa hinchas, seguidores, simpatizantes y curiosos en un solo colectivo que aspira a ver a los suyos vencer. No obstante, a ese conglomerado de seres vivos hay que explicarles que todo lo que se habla cuando se habla de fútbol requiere trabajo, convencimiento, empatía, ensayo y, como si fuera poco, desarrollar relaciones entre entrenador y futbolistas. Roma no se construyó en un día, pero tampoco un equipo de fútbol se edifica en tres.

    Todo lo que la selección venezolana consiga en los próximos duelos ante Argentina, Perú y Paraguay estará emparentado, más que nada, a dos hechos que tampoco son moco de pavo: la capacidad de convencer que demuestre el seleccionador y la confianza en él que tengan los futbolistas.

    Presión alta, media o baja; repliegues; pequeñas sociedades; acciones a balón parado; transiciones, etc. Todo eso que compone el vocabulario de analistas, periodistas y público no puede construirse en diez días. No en vano, el período de readaptación a la competencia, eso que conocemos como “pretemporadas”, requiere de tiempo para el ensayo de postulados de juego que no se aprenden ni se aprehenden en cuestión de minutos. Ni qué decir de la continuidad de conductas que resulten beneficiosas para el equipo. En el fútbol, como en cualquier otro orden de la vida, es el tiempo, o la falta del mismo, el mayor enemigo al que se enfrenta cualquier ser vivo.

    En tres entrenamientos –si se piensa exclusivamente en el partido contra Argentina- no existe posibilidad alguna de desarrollar y ensayar una estrategia de comportamientos que abarquen los dos momentos que componen un partido de fútbol: disponer del balón y no disponer del mismo. Por ello he querido resaltar que todo aquello que enseñe esta versión “interina” de la selección venezolana –me refiero al juego y no al resultado- será consecuencia de la más trascendental de las herramientas con las que cuenta un entrenador: la capacidad de convencer a sus futbolistas. Es imposible que González o quién fuese el entrenador mantenga algo de lo hecho por José Peseiro por la sencilla razón de que ni él es Peseiro ni tampoco formó parte de su staff técnico.

    El reto de Leonardo González es convencer a los jugadores de algo en lo que él debe estar totalmente convencido, así como elegir a los que él vea convencidos de su plan, incluso por encima nombres. Gane o pierda, conseguir tal objetivo le valdrá la admiración de la gente de fútbol, es decir, de su gente. Todo lo demás será, como ya lo adivina el lector, material para redes sociales, acusadores, alcahuetes y demás productores de esa materia que recorre ciertas cañerías.

  • Fútbol: más que gallardía, orgullo y cojones

    Fútbol: más que gallardía, orgullo y cojones

    Los equipos de fútbol son grupos integrados por seres humanos que ejercen de futbolistas. Esto supone que las emociones jueguen un papel determinante en cada duelo. Sin embargo, el fútbol es más que pundonor, orgullo y cojones.

    Estos valores, aunque desde las cabinas y los estudios de grabación nos quieran hacer creer lo contrario, no son mesurables ni están sujetos al país de origen. El amor propio, el pundonor o el sentido de pertenencia son de cada quien y cada uno los expresa y vive a su manera. Es una soberana estupidez pretender transferir nuestra manera de sentir hacia los otros; la individualidad de cada ser, aquello que nos distingue de nuestros pares y nos hace únicos e irrepetibles, es total, no selectiva.

    La cultura bélica y su lenguaje, transferidos al fútbol por aquello de que éste es “la guerra por otros medios”, instaló estos conceptos propios del combate para argumentar un triunfo o justificar la derrota. Se comunica que hay episodios más dignos que otros, una descripción que discrimina y sugiere que otras presentaciones u otros equipos no lo fueron, es decir, que carecieron de nobleza o decencia. Esta es una demostración más de cómo el lenguaje condiciona todo, incluso nuestra manera de relacionarnos con un hecho deportivo.

    El público no es el causante de esta perversión. Basta ya de hacerles responsables del Frankenstein mediático que nosotros hemos creado. Somos los únicos culpables de que no se hable de fútbol y por el contrario, se rescaten estos valores que no describen en su totalidad el desarrollo de un partido o el andar de un equipo en determinada competencia.

    Este hablar para ganar adeptos, tan de moda en los tiempos que corren, tiene consecuencias aún más graves que el simple hecho de alimentar el fervor y la euforia: reduce el juego de fútbol al plano emocional, lo que destruye el proceso de comprensión de la actividad y lo transforma en un hecho banal.

    Pongamos el ejemplo de la selección venezolana de fútbol. La participación en la Copa América de Brasil del combinado vinotinto fue analizada con pinzas, siempre partiendo de la base de que los futbolistas estaban demostrando un enorme compromiso con su selección. Esto que se dijo en la mayoría de foros no era una exageración –nadie debe olvidar cómo llegaron los futbolistas venezolanos al torneo continental- pero su exagerada promoción, interesada por parte de algunos notorios y oscuros personajes, evitó que se revisaran aspectos de mayor preponderancia futbolística, tales como la evolución del rol de los laterales-carrileros en los cuatro partidos o las deficiencias del plan para ocupar espacios y recuperar el balón, sólo por mencionar apenas un par de ellos.

    Esto que aquí se narra no es un comportamiento exclusivo del fútbol venezolano. Basta con repasar espacios radiales y televisivos, así como extensos escritos referidos a la actuación de Argentina, Colombia, España o Italia en sus respectivas competiciones para darse cuenta de que el análisis ya no supone un acto de admiración, sino que se circunscribe a la búsqueda de la aceptación popular.

    Trasladémonos a la actuación de la selección española de fútbol durante la Eurocopa de Naciones y pongamos la lupa en los dos primeros partidos del equipo comandado por Luis Enrique, saldados con dos empates.

    La identidad de ese equipo se sostuvo en principios futbolísticos idénticos a aquellos que le llevaron hasta las semifinales del torneo. Sin embargo, la falta de eficacia para anotar goles en esos duelos iniciales desató una tormenta según la cual, los malos resultados eran consecuencia de la improvisación, la ausencia de ciertos futbolistas y hasta la ignorancia del seleccionador. Claro que, una vez superada la primera fase, estos mismos altavoces se felicitaron porque ahora la selección sí enganchaba a la gente.

    Cuando se intenta analizar un equipo de fútbol dentro de un ecosistema de competición, es necesario partir de determinados principios: la relación con la pelota, cómo se reorganiza para defender y recuperar esa pelota, la generación y ocupación de espacios, la reorganización ante las determinadas emergencias que nacen del duelo y la capacidad de adaptación, porque, no se olvide, el fútbol es un juego de oposición-cooperación, en el que todo lo “planificado” se enfrentará a la realidad natural de este deporte: el equipo rival, el entorno y, cómo si fuera poco, una pelota que no para de moverse.

    La conclusión es que el análisis del fútbol representa una tarea mucho más rica y compleja que la simple mención a rasgos bélicos, al patriotismo o a ciertas emociones que todos, léase bien, todos tenemos en nuestro ser.

    ¿Cómo hemos llegado a este punto en el que quienes se presentan como analistas no hacen más que alimentar las manifestaciones más viscerales y que menor relación tienen con su oficio de conocedores?

    En buena medida esto se ha magnificado gracias a la dinámica dominante en las redes sociales. Es tal la velocidad con la que se consumen contenidos que en ellas, si lo que se pretende es sumar adeptos y seguidores, hay que aprender ser parte del sistema, es decir, unirse a la comercialización de la banalidad y la explotación de los sentimientos más primarios del ser humano.

    Debo insistir en que el público no es el responsable. El hincha ve un partido de fútbol con la motivación de ver ganar a su equipo; el analista, por otra parte, tiene la obligación de observar, pensar y explicar lo que sucede sin temor a la crítica, por más feroz que esta sea. El análisis no obliga, como se dice, a separarse de las emociones y ser “objetivo”: el ser humano es ante todo sujeto, las emociones son parte de su estructura.

    La revisión sí exige poner en práctica un carácter didáctico que despierte la curiosidad en aquellos que escuchan o leen; la euforia del triunfo o la frustración de la derrota es un hecho circunstancial que, una vez superadas, deben acompañarse por manifestaciones que ayuden a la comprensión del fenómeno o del hecho en sí.

    Cuando alguien cae enfermo seguramente recibirá de su círculo más cercano una serie de mensajes de apoyo y motivación que alimentarán su esperanza de superar ese trance. No obstante, cuando va al médico lo hace con el anhelo de conocer qué le llevó a contraer esa dolencia y qué tratamiento debe seguir para curarse. Eso que conocemos como diagnóstico no es otra cosa que la tarea y la responsabilidad de quienes analizan el fútbol.

    La gallardía, el pundonor y los cojones no son suficientes porque el fútbol, ese juego que decimos adorar, posee comportamientos que hacen real aquella aseveración de Dante Panzeri según la cual, “el fútbol es el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y como concepción de juego es la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista”.

     

    Fotografías encontradas en internet. Créditos a quienes corresponda