Etiqueta: Apuntes del camino

  • Un cangrejo llamado CAR

    En la terminología criminalística se usa la expresión “cangrejo” para definir aquellos casos imposibles de resolver a pesar del esfuerzo y la dedicación de los investigadores. No conozco un vocablo similar que se adapte al rubro de la construcción, por lo tanto usaré esa palabra en un contexto diferente.

    El Centro de Alto Rendimiento se ha convertido en el cangrejo de la FVF. Está por terminar un tercer proceso eliminatorio desde que se anunció su construcción y la Vinotinto aún no puede usarlo ni siquiera para entrenarse. El show montado antes de la Copa América de Argentina fue sólo eso, un pobre espectáculo que buscaba dar de comer a las voces complacientes con la directiva de la federación. Ni hablar del proceso eleccionario que recientemente se celebró en el inconcluso edificio y en el que como de costumbre se utilizó la imagen de un par de jugadores de la selección para tratar de tapar al bosque con un árbol.

    Todos los años se han hecho promesas acerca de la inauguración del CAR y ninguna se ha traducido en la culminación de la obra. Lo que sí ha logrado la FVF es callar mediante amenazas las voces que han cuestionado el proyecto, o mejor dicho, ha camuflado su incapacidad para terminar de una vez por todas lo planificado una década atrás. Junto con las palabras intimidantes, Rafael Esquivel y su acompañante de turno – hasta César Farías ha asumido esa condición – han señalado como culpables a PDVSA, Empresas Polar y a cuanta compañía haya estado ligada en algún momento al balompié nacional.

    Ahora bien, no debe sorprendernos que mientras la Vinotinto siga ganando partidos y peleando la clasificación para el mundial de Brasil 2.014, el CAR no sea tema de conversación porque además de los futbolistas, cuerpo técnico y directivos hay muchos oportunistas que se creen indispensables en los logros de la selección y por ello prefieren tapar el sol con un dedo. Piensan que esconder la invalidez de nuestros dirigentes se traduce en hacerle un favor al fútbol y por ello se creen partícipes de una gesta que no les pertenece en mayor grado que al venezolano de a pie.

    La motivación detrás de la construcción de un Centro de Alto Rendimiento no es otra que poder ofrecerle a los futbolistas todas las comodidades posibles para que puedan prepararse para su tarea en un mismo lugar. Hoy, cuando la Vinotinto lucha por un cupo al próximo campeonato mundial, el inmueble margariteño no cumple con su razón existencial. Rabindranath Tagore decía que “la verdad no está de parte de quien grite más”, y yo le agregaría que tampoco acompaña a quien amenaza e intimida. Hoy no hay CAR, mañana parece que tampoco…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 11 de julio de 2.013

  • Diagnóstico Vinotinto

    Son muchas las interrogantes que se originaron después de la derrota ante Uruguay. Existe ansiedad por conocer las respuestas, pero hay algo que debemos aceptar: en un juego como el fútbol no hay certezas sino sensaciones. Aún así, voy a ofrecer mis reflexiones  acerca de un futuro que todos quisiéramos manipular.

    ¿Todavía tenemos chance de ir al Mundial? Sí. No quiero citar las cuentas matemáticas que otorgan o quitan probabilidades, porque estas ya han sido repasadas hasta la saciedad. Lo que queda claro es que para que se mantenga el sueño ahora hay que ganar y esperar. La selección ya ha respondido en situaciones límite similares a las que va a enfrentar en los próximos encuentros; sin embargo, no debemos olvidar que la eliminatoria es una competición de momentos y prever la actualidad de los jugadores para el mes de agosto es tan viable como ganarse la lotería.

    ¿Cuántos puntos hay que sacar? Todos los posibles. Esta competencia se ha convertido en un ejemplo más de que en el fútbol todo puede pasar.
    No hay lógica en este juego; cualquiera pierde en la tarde menos pensada y eso debe ser asimilado por nuestra selección. La realidad indica que se depende de terceros, por lo que yo recomendaría jugar y olvidarse de todo lo que los rodea.

    ¿Cambiará la Vinotinto su modelo de juego? No. Salvo el partido ante Paraguay, este equipo tiene una forma de jugar que ha sido asimilada por todos y cada uno de sus integrantes. Hablo de líneas muy juntas que tienen el área propia como referencia geográfica, transiciones rápidas una vez recuperado el balón y repliegue veloz cuando se pierde la pelota. Se crean contadas situaciones de gol y por ello se depende más de la efectividad que de alguna maniobra perfectible en los entrenamientos. Es cierto que el resultado ante los uruguayos encendió las alarmas, pero en este momento no se precisan modificaciones radicales sino profundizar lo ensayado durante los seis años de este proceso.

    ¿El calendario es nuestro enemigo? Falso. Todos los equipos tienen la misma cantidad de partidos en casa y de visitantes.
    Si desde el cuerpo técnico se esgrime esa excusa bien valdría señalar al presidente de la FVF como cómplice en la elaboración de ese calendario, de lo contrario la queja pierde validez. La agenda no hace goles ni los evita; para lograr una meta tan trascendental se hace necesario ganar de local y de visitante, esa es la única fórmula.

    ¿Clasificaremos al Mundial? Ojalá, es el sueño de todo un país. ¿Qué se debe hacer? Jugar y no pensar en los demás. Cualquier otra conducta afectará la concentración.

    Columna publicada en el diario Líder el 20 de junio de 2.013

  • Tristeza y orgullo.

    La forma como César Farías ha planteado los partidos en esta eliminatoria no difiere mucho de lo visto el martes ante Uruguay. Salvo alguna excepción -la victoria ante Paraguay-, la Vinotinto se ha caracterizado por ser un equipo que defiende muy cerca de su propio arco, y una vez recuperada la pelota se trabaja para generar ataques extremadamente rápidos. Esto y la efectividad a balón parado han sido las señales que definen al grupo.

    Frente a la selección charrúa el conjunto nacional planteó el partido desde esa zona de confort que se sustenta en la utilización del once de gala, con la excepción de Frank Feltscher. El atacante del Grasshopper suizo es un futbolista que necesita espacio para poder desarrollar su principal virtud: la explosividad. Cuando se enfrenta a un conjunto que se defiende tan cerca de su propia área, la ascendencia del veloz jugador cae hasta niveles en los que su presencia no es tan influyente. No hago un juicio a su convocatoria sino a la conveniencia de su titularidad en un partido en el que la selección no iba a encontrar el ecosistema necesario para aprovechar sus virtudes.

    Esa apuesta se pagó cara y su incompatibilidad fue aún más notable a partir del gol de Édison Cavani, momento en el que se invirtieron los roles y fue nuestra selección la que tuvo que asumir la responsabilidad del partido. Ningún equipo sale a empatar o perder, pero con la anotación visitante cambió la hoja de ruta y nos encontramos ante un acertijo que siempre nos ha sido muy difícil de descifrar: traducir la ambición en protagonismo y efectividad.

    La necesidad de cambiar el plan original trae consigo estados emocionales muy difíciles de manejar, tales como la ansiedad, la inseguridad, la desesperación y otros más que actúan como malos consejeros a la hora de tomar decisiones. Puede que exagere, pero el marco que planteo no ha sido favorable para nuestros equipos a lo largo de la historia. No se pierde el partido por la titularidad de uno u otro jugador; sin embargo, pesa y mucho que a la hora de buscar soluciones estas no estén en el banco de suplentes por haber sido desechadas.

    Pero no fue solamente tristeza la sensación que me dejó el partido, debo aclarar que también sentí mucho gusto por la entrega de estos jugadores en el césped de Cachamay para luchar contra todas las adversidades. Podemos cuestionar todas las decisiones, pero el espíritu de los futbolistas está fuera de discusión y debe ser tomado en consideración el día que decidamos ser un mejor país. Eso es la Vinotinto: el ejemplo del país que queremos.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 13 de junio de 2.013
  • Certezas y anhelos Vinotinto

    Hace cuatro años la Vinotinto logró su primera victoria frente a Bolivia en la ciudad de La Paz. En aquella ocasión César Farías y su cuerpo técnico diseñaron una hoja de ruta en la que jugadores del torneo local y algunos mundialistas sub 20 eran los encargados de cumplir con el plan trazado. Hoy el escenario es totalmente distinto y los riesgos que se tomaron en aquella ocasión han sido reemplazados por la “seguridad” que entregan protagonistas habituales en esta eliminatoria, aunque esto no se traduzca obligatoriamente en un resultado positivo.

    Ante la posibilidad cierta de lograr un cupo al próximo mundial, Farías ha decidido llevar a Bolivia los mejores jugadores disponibles. Frente a quienes “olvidan” que el partido importante es el próximo y no uno posterior, el seleccionador nacional dedica toda su atención al encuentro ante los bolivianos y sólo cuando terminen esos noventa minutos pensará en Uruguay. Es una apuesta fuerte y decidida, que tiene como meta real generar una convivencia sin distracciones y con un objetivo claro e inmediato: Bolivia.

    Las certezas para este partido pasan por la preparación y la convocatoria. No hay duda de que ésta ha sido la mejor planificación que ha vivido selección alguna para poder dedicarse a jugar fútbol en la altura, pero además, a ello hay que sumarle que, salvo la ausencia de José Salomón Rondón, no hay limitantes para poner en cancha a quienes viven su mejor momento futbolístico. El entrenador tendrá a su disposición lo que muchos consideran como lo más granado de nuestro fútbol, por lo que el plan cobra mayor importancia y es ahí donde podemos dudar, o por qué no, soñar.

    Como todo en el fútbol, hay vacilaciones que sólo el inicio del juego podrá resolver. ¿Intentará la selección disputarle la pelota a Bolivia? ¿Largas secuencias de posesión o transiciones rápidas? ¿Dos delanteros o uno sólo acompañado por un media punta que sirva de hilo conductor entre volantes y el atacante? ¿Laterales tímidos o atrevidos? ¿Paciencia o verticalidad en el primer pase después de una recuperación? ¿Delanteros veloces que sepan aprovechar los espacios o atacantes que disputen cada pelota con la intención de aguantarla hasta que aparezcan los volantes “llegadores”?

    Todas estas interrogantes tienen respuestas que nacen en los entrenamientos, pero no debemos olvidar que este es un juego de oposición directa y el rival influye tanto como la hoja de ruta propia. Mañana, más allá de la excelente preparación, importará tanto la toma de decisiones – antes y durante el partido – así como la fe en el plan. Por ahora parece que ésta es grande, y ya sabemos que desde la creencia se derrota a los mayores enemigos.

    Columna publicada en el diario Líder el 06 de junio de 2.013