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  • Detalles de Rusia 2018

    Detalles de Rusia 2018

    Una vez finalizada la etapa de grupos del Mundial Rusia 2018, es momento de hacer algunas consideraciones sobre lo visto hasta ahora. Las observaciones que el lector encontrará a continuación no son más que una serie de aspectos, no todos, que vale la pena rescatar para hacer ese viejo y descuidado oficio que es estudiarse a sí mismo.

    Desde varias tribunas he expuesto una visión: el fútbol no se estudia a sí mismo. He explicado la razón de esa creencia, y con gusto he observado que algunos han tomado el argumento, aunque no expliquen ni un 1% de su significado. No seré yo quien señale el camino o el remedio a tomar por quienes hacen vida del juego y en el juego, sin embargo, mantendré que para medianamente comprender en dónde estamos –perdone que insista, pero no existe forma real de saber hacia dónde iremos- es imprescindible conocer de dónde venimos.

    Por ello, la única intención de estas líneas es agregar un granito de arena a esa intención de revisar el juego, para no caer en el eterno retorno que muchos, entre ellos Friedrich Nietzsche, explicaron.

    Insisto, son apenas unas observaciones de lo que he visto, no verdades absolutas ni excluyentes.

    1.- Transiciones:

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    El mundo del fútbol adoptó este término y lo convirtió en parte de su lenguaje. Se ejecutan en distintas zonas del campo y tienen tantas formas de construirse como jugadores que las protagonizan.

    César Menotti ha declarado siempre que “el fútbol no es tan complejo, tiene cuatro acciones: defender, recuperar la pelota, gestar y definir”.

    La definición de transición que creo mejor se adapta al fútbol es la siguiente: “Estado intermedio entre uno más antiguo y otro a que se llega en un cambio”. Para llevarlo al fútbol, las transiciones se observan en esos momentos entre la recuperación del balón y el inicio de una ofensiva, o entre la pérdida del balón y la reorganización colectiva para intentar recuperar la pelota.

    Debo aclarar que nunca he estado a favor del término, sin embargo, comprendo que se ajusta perfectamente al fútbol, por lo que dejaré de lado mi malcriadez conceptual.

    Una vez repasado el concepto de transición, es necesario explicarle al lector que esta acción, tal como se expuso anteriormente, no tiene un manual de reglas sino más bien goza de una infinidad de formas de llevarse a cabo.

    Hay equipos, como aquel viejo Inter de Milán, comandado por José Mourinho, que las ejecutaban desde una zona cercana a su área y con máximo tres futbolistas atacando al contrario, y otros como el FC Barcelona de Pep Guardiola, que las iniciaba, gracias a la presión tras pérdida que hacía sobre el rival, a escasos metros del área contraria y con muchos futbolistas protagonizándola. Esos son los dos extremos geográficos inicio de las transiciones. Cada colectivo dará su propio sello a esta herramienta, convirtiéndola así en una versión original e irrepetible.

    En este mundial, la sensación que tengo, una vez finalizada la etapa de grupos, es que los equipos han apostado a construir sus avances de manera muy rápida, partiendo de la zona en la que más cómo se sienten defendiendo e involucrando hasta cinco jugadores en el avance hacia campo rival.

    Lo he observado en selecciones como Brasil, Francia, Bélgica, Croacia, Portugal, Rusia, México e Inglaterra. Estos equipos han construido estructuras en las que, cuando recuperan la pelota, salen rápidamente, y en manada, hacia la portería contraria. No atacan con dos sino con hasta cinco futbolistas. Sus problemas, salvo en el caso de Croacia, han llegado cuando el adversario los espera muy atrás y deben profundizar en sus ataques organizados o posicionales.

    Por otro lado, hay equipos que han elegido caminos en apariencia distintos, como España (cuando promueve esta herramienta la ejecuta con dos jugadores, probablemente uno de los demonios que acarrea jugar con un delantero como Diego Costa); Argentina (sus transiciones son con pocos jugadores, siendo Messi, Di María y el delantero de turno los protagonistas habituales, pero además convirtiéndose, cuando las ejecuta, en un bloque partido en dos); Uruguay (que juega a esto sin mayor problema pero con dos protagonistas claros, Suárez y Cavani, y algún volante que se sume por sorpresa); y Colombia (que al igual que Argentina, corre el riesgo de que cada pelota de gol que nace de Quintero requiera más del acompañamiento de Cuadrado para sostener al equipo que de cualquier otra intervención).

    Visto esto, queda la impresión de que a todos, incluso a España, se les ha hecho insoportable cada etapa del juego en la que han debido atacar defensas organizadas. Habría que agregar a esta sensación infernal a la selección alemana, que tampoco pudo resolver con claridad sus ataques posicionales, pero tampoco logró hacerlo por medio de transiciones.

    Lo rico de observar estas transiciones es identificar los patrones, es decir, observar desde dónde se originan y cómo se efectúan, más que el resultado, porque sabemos que este es tan caprichoso como un niño malhumorado.

    2.- El pase

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     La relación entre los jugadores se construye con el pase. Es la herramienta que los comunica y que ayuda a observar cual es la reacción ante las distintas emergencias que nacen del juego. Es por ello que el pase no termina cuando la recibe un compañero. Esta definición debe revisarse para profundizar un tanto en las entrañas del juego.

    El pase supone el nacimiento o la continuación de algo, no puede ser el final ni la muerte. Y el pase es eso, muerte o condena, cuando la entrega al compañero es para que el pasador se quite de encima presión, responsabilidades o rivales, transfiriendo esas dificultades a un compañero. Un pase es realmente efectivo sólo y cuando deja al receptor en situación de ventaja, no cuando le sirve al emisor para evadir responsabilidades.

    El pase es un acto de solidaridad. Le entrego la pelota a un compañero porque él, y no yo, está mejor ubicado para que aumenten las probabilidades de éxito del equipo. Me quito la capa de súper héroe para soportar y empujar a favor del interés colectivo. Se asemeja al contrato social porque, al sacrificar alguna conducta individualista, potenciamos el crecimiento de todos como unidad.

    Pero equivocadamente se habla de la relación que promueve al pase como una de amistad, y ello es falso.

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    Gracias a las reflexiones del Profesor Paco Seirul.lo, se comprende que nos pasamos el balón para construir vínculos que nos ayuden a conseguir el objetivo. Pueden ser pases cortos o largos, pero son pases al fin. Pasarse el balón muchas veces significa la transferencia de aspiraciones, que van creciendo a medida que el equipo avanza en el terreno de juego: aspiramos a convertir un gol, y mientras más cerca estamos del arco, más poderosa es la lupa con que se nos observa. Existe sí eso de la transferencia de responsabilidades, que es muy distinto a la transferencia de los miedos.

    Es por ello que se puede concluir que la construcción del lenguaje común, a través de pasarnos el balón, se hace en base a intereses comunes, y para que tenga éxito no puede construirse en torno a amistades.

    Ahora bien, en tiempos en los que sorpresivamente se sigue mencionando a los porcentajes de posesión como algo a tener en cuenta, hay que recordarle al público que nadie, léase bien, nadie juega al “juego de posesión” porque eso no existe. Existe sí el “Juego de Posición”, rebautizado como “Juego de Ubicación” por Juan Manuel Lillo y cuya explicación se encuentra en el fantástico libro “Pep Guardiola. La Metamorfosis”, de Martí Perarnau.

    No existe el “juego de posesión” porque la posesión de la pelota no es un estilo ni una metodología. Es una herramienta, una de las tantas de las que dispone cada equipo con la intención de alcanzar un objetivo. Nada más que eso.

    Cuando un equipo dispone del balón –otra de las razones por las que no existe el juego de posesión es porque nadie posee el balón; se dispone de él- se pasa el mismo para superar al rival. El “Juego de Ubicación” expone razones por las cuales esos pases deben tener una intención y un fin, con unos movimientos y una paciencia china. Pasarse el balón por pasárselo, sin mayor plan, es la puerta de entrada a la catástrofe futbolística.

    3.- Acciones a balón parado

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    Dante Panzeri habló de chantocracia para referirse a un sistema pervertido y sin remedio, conducido por aquellos que, o bien lo instalaron o bien son los grandes benefactores de la podredumbre intelectual y espiritual. El fútbol sabe mucho de esto, porque desde hace décadas es la chantocracia por excelencia.

    Una de las situaciones de juego que mejor expone esto es el tema de las acciones a balón parado. Es mucho lo que se puede practicar esta herramienta, sin embargo, a pesar de que sean mil o cien mil centros en cada entrenamiento, ese ensayo carece de un elemento vital: la presencia del rival.

    Se pueden practicar desmarques, señas, movimientos, colaboraciones, etc. Pero una vez comenzado el partido, la influencia del contrincante es tan fuerte como en cualquier otro aspecto del fútbol.

    No quiero decir con esto que no deban entrenarse, pero es necesario que los chantas, que se rinden desde una caseta de transmisión a la efectividad de estas acciones, recuerden que el rival juega, salta, empuja, choca, y que la participación del adversario no se puede practicar. Ni hablar de las sensaciones del pateador, que por muy bueno que sea, se enfrenta a un contexto muy distinto que al de los entrenamientos.

    Por otro lado, hay que reconocer que la cantidad de goles conseguidos como consecuencia de estas acciones es muy alto. Pero es bueno recordar lo expuesto anteriormente, que concierne a la intervención del contrario como parte fundamental de lo que sucede en un espacio muy reducido el terreno de juego.

    Panzeri escribió alguna vez: “Versión frecuente del neo-fútbol: jugar no sabemos; busquemos un tiro libre. Hagamos del fútbol un partido de golf. Apuntemos a embocar”. Y no se equivocó, porque algunos, como no intentan profundizar en sus ideas, creen que lanzando pelotazos al área encontrarán lo que por inventiva propia les ha sido esquivo.

    4.- Juego con los pies de los porteros

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    Tras el costoso error de Wilfredo Caballero, recobró vida un debate que jamás debió existir, pero como el fútbol no se estudia a sí mismo, cobra vida y llena titulares de prensa, espacios en radio y TV, y, como no podía ser de otra manera, alimenta a los chantas de twitter, aquellos que roban frases o que repiten bobadas.

    Desde hace dieciséis años, FIFA y la International Board decidieron que los porteros están obligados a desarrollar una mayor interpretación del juego, debido a que salvo en casos muy puntuales, no pueden tomar con sus manos la pelota tras una cesión de un compañero. Entonces, el juego con los pies del arquero es tan importante como el del lateral o el mediocentro. ¿Por qué? Porque al igual que sus compañeros, el portero está obligado a interpretar cada acción antes de tomar una decisión.

    El caso de Caballero es paradigmático. Su equivocación en el primer gol de Croacia sirvió para crucificar el juego de pies del arquero, cuando lo que debía analizarse era si el argentino interpretó correctamente qué hacer según lo que estaba sucediendo. Su apresuramiento en solucionar una acción de juego fue el responsable del error, no la intención de jugar en corto.

    Y este es otro ítem a revisar: saber jugar con los pies, al igual que en el caso de sus compañeros, no es sinónimo de jugar siempre en corto. Se ha confundido al espectador porque quienes tienen la obligación de explicar no se han dado a la tarea de estudiar. Si se revisa el primer gol del FC Barcelona en la final de la Copa del Rey 2018, que nace de un pase largo del arquero Jasper Cillessen, podremos educar correctamente a la audiencia:

     

    Ese pase largo del holandés nace precisamente de su buena interpretación del juego. Saca en largo, busca al lejano, porque eso es lo que beneficiaría a su equipo.

    En el fútbol no son todas largas ni todas cortas. Jugar bien a este juego es interpretar correctamente las emergencias que nacen del mismo y actuar en consecuencia. A veces buscando al lejano, a veces al cercano; a veces promoviendo transiciones largas y otras más cortas. Pero jugar bien al fútbol es, ante todo, un acto de solidaridad, el respeto por un contrato social.

    Fotografías encontradas en Internet. Crédito a quienes correspondan

  • El talento y el reduccionismo

    El talento y el reduccionismo

    Le pido al lector que haga un poco de memoria y recuerde cada selección que a continuación le presento. Entre paréntesis está la edición mundialista a la que pretendo remitirle: Brasil (1982); Colombia (1994); España (1998); Argentina (2002); Francia (2002); Serbia y Montenegro (2006); Francia (2010); Italia (2010); España (2014); Croacia (2014); Italia (2014); Portugal (2014).

    Una vez hecho el repaso, le pregunto, ¿acaso esas selecciones no poseían futbolistas talentosos? Entonces, si aquellos equipos poseían futbolistas talentosos, de los mejores de su tiempo, ¿cómo se explica que no triunfaran?

    Podría hacer una larga y pesada enumeración de los factores que influyen en el rendimiento de un colectivo. Además de incompleta, esa lista tampoco gozaría de total credibilidad, debido a que cada episodio es único e irrepetible; sus componentes, así como el grado de influencia que ejercen en cada muestra, nunca podrán reproducirse o copiarse sin que sean modificados.

    Pero el punto a discutir es el talento.

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    Talento tiene que ver con las posibilidades innatas, naturales, de conseguir algo. Se nace con determinado(s) talento(s) y es el poseedor de esa(s) virtud(es) quien decide si cultivarlo o dejarlo morir. No existe mérito alguno en la sola posesión de cualidades.

    Todo lo contrario sucede con quienes toman la decisión de multiplicar aquello que la naturaleza, la genética o el azar les dio. Pero quien no tiene en su ser esas facultades jamás podrá obtenerlas. Se mejora lo que se posee, pero el talento es intransferible.

    Corren versiones, en medio de la insoportable idiotez que obliga a elegir entre Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, de que el portugués es trabajo y el argentino talento. Nada más alejado de la realidad; cada uno ha explorado y explotado virtudes propias, no potencialidades compradas o traspasadas.

    Así mismo, el talento se ha convertido en una respuesta rápida, casi automática, para justificar o hacer que explicamos lo que desconocemos. Estos expertos en lo divino, al verse imposibilitados de justificar lo que no comprenden, como la eliminación de la selección alemana en el mundial ruso, recurren, con una sospechosa agilidad, a la ausencia de talento de su entrenador o de alguno de sus futbolistas.

    El mismo argumento se emplea para definir las carencias de todos los demás eliminados.

    Por alguna razón que desconozco, y que probablemente tenga que ver más con la educación que hemos recibido y que nos ha llevado a ser grandes reduccionistas, el aficionado explica el deporte, el éxito y/o la derrota, como la consecuencia natural y lógica de la acumulación de talento o la falta del mismo, dejando de lado la influencia de factores tan determinantes como el estudio, el entrenamiento, la preparación, la suerte, el error propio y del contrario, el contexto, etc. Reducimos una actividad colectiva a lo mínimo, es decir, a cuotas de talento que por cierto, nadie puede medir.

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    Julio Velasco, entrenador argentino de vóley, exponía su propia versión sobre la inclinación a justificar y explicar los triunfos a partir de esas cuotas de talento:

    Ese mundial (NR: de vóley de 1982) dejó cosas muy positivas, pero dejó alguna negativa… La negativa es que se empezó a usar una palabra, demasiado para mi gusto, en la Argentina, que es la palabra talento. Una de las conclusiones fue que parecía que ese equipo había nacido del descubrimiento casi azaroso de seis, siete u ocho talentos que nadie sabía de dónde habían salido, y que con el genio de un entrenador extranjero habían logrado una medalla de bronce por primera vez… En realidad, ese equipo estuvo por dos años (los jugadores) a disposición exclusiva de la selección nacional. ¿Con qué dinero? Con el dinero de los padres de los jugadores, porque no les pagaban nada. No les pagaban ni el viaje en micro (bus). ¡Cero! Los padres pagaban”.

    El crecimiento exponencial de tribunas y el aprovechamiento de estas por pseudo especialistas no ha hecho más que desvirtuar la figura del observador hasta convertirlo en analista. Hoy nadie habla del juego, mucho menos de la complejidad del mismo. Complejidad hoy es asumida como un sinónimo de dificultad, de la misma manera que talento es el causante del éxito.

    Es muy jodido hacer comprender que no existe, en los procesos de los sistemas dinámicos abiertos, esa causa=efecto con la que hemos crecido. Sin embargo, la pelea hay que seguir dándola, así sea desde esta insignificante trinchera.

    Fotografías encontradas en Internet. Crédito a quién corresponda

  • A propósito del Mundial Rusia 2018

    En mi canal de Youtube estaré subiendo algunas reflexiones sobre el juego y algunos de sus condicionantes. Le advierto al lector que no aspiro a nada más que compartir estas opiniones, y que la militancia en aparentes verdades absolutas constituye lo más alejado del espíritu de este intento.

    En esta ocasión dejo dos videos, uno sobre la construcción de un equipo antes de un torneo como el mundial, y el segundo, sobre la adaptabilidad como valor fundamental.

    1.- Video sobre la construcción:

     

    2. Video sobre la adaptabilidad:

  • Argentina y la fatiga cognitiva

    Argentina y la fatiga cognitiva

    El fútbol es un juego que en apariencia se juega con los pies. Pero realmente es una actividad en la que el mayor desgaste se produce en otro órgano: el cerebro. Como cualquier actividad, el fútbol requiere de una constante toma de decisiones, y ellas generan un desgaste importante, un cansancio. A eso se le conoce como fatiga cognitiva.

    La «Fatiga Cognitiva» es precisamente el desgaste natural que trae consigo el hacer. El cerebro necesita descanso, de la misma manera que las piernas, los brazos o un pie. De lo contrario, su actividad se verá influenciada negativamente por ese agotamiento, y costará aún más tomar las mejores decisiones.

    En lenguaje fútbol, cuando un futbolista sufre este desgaste se producen situaciones como que no encontrará a sus compañeros con la misma facilidad que si estuviese fresco; sus pases no tendrán la misma ejecución o intención, y le será muy difícil determinar la solución a cada situación que emerja del juego, esto es, por ejemplo, cuándo correr, cuándo pasar, cuándo quedarse, etc.

    ¿Qué ayuda a que esta fatiga cognitiva sea superior o vaya en aumento? La complejidad de la tarea, las emociones, el entorno y el contexto, en fin muchas cosas.

    Para este caso imaginemos que toca correr cincuenta metros. Seguramente cada uno de nosotros lo haría sin mayor dificultad. Ahora imaginemos hacer ese mismo recorrido llevando una bandeja con copas de cristal. Seguramente, tras varios intentos, muchos podrán perfeccionar su andar. Por último, sumemos a ese recorrido la intervención de rivales que desean interrumpir el camino. A medida que sea más compleja la tarea, mayor será el desgaste cognitivo.

    El ejemplo no me pertenece, así que créditos a quién lo haya creado.

    Probablemente lo mejor que se ha escrito sobre el tema en el fútbol pertenezca a Dani Fernández, entrenador español. En él hay, además del aspecto teórico, algunas formas de combatirla en los entrenamientos, por ello, mi intención no pasa por aconsejar “futbolísticamente” sino otorgar una visión al público en general.

    Jorge Sampaoli y su cuerpo técnico han tomado una valiente decisión: darle el día libre a los futbolistas. Conocedores del agotamiento que sufren la gran mayoría de sus futbolistas tras el año futbolístico, se han adaptado a la realidad, siendo esta que lo primero que deben hacer es recuperar a sus jugadores. Esto supone disminuir la intensidad de las sesiones de entrenamiento, así como darles herramientas para que la fatiga cognitiva disminuya. Sin duda que hay un componente físico en el juego, pero el mismo no puede separarse del cognitivo. No olvidemos que el juego es un todo.

    Estas medidas van de la mano con las cuotas de libertad que hoy se critican. Por ejemplo, que los futbolistas puedan salir a pasear, sin la supervisación de nadie, y con su profesionalismo como único consejero, es una opción fantástica: libera estrés, mejora la relación conductor-seguidores, y como si fuera poco, permite a estos futbolistas sacarse presión.

    Podría citarle muchos ejemplos que tienen como protagonistas a Pep Guardiola, a José Mourinho, a Luis Enrique, a Zidane o a otros, pero no quiero aburrirle. Lo invito a que busque cómo el propio Sampaoli gestionó este tema cuando conducía a la selección chilena. Nadie podrá olvidar el episodio con Arturo Vidal durante la Copa América de Chile, pero una excepción no invalida la herramienta.

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    En el año 2018, y tras los apabullantes logros de los entrenadores antes mencionados, es cuando menos sorprendente que el periodismo, tan a gusto tomando partido por alguno de estos grandes directores técnicos, no haya reparado en sus métodos, o tan si quiera en qué los acerca. Supongo que vende más hablar sobre lo que los aleja, o por lo menos lo que el periodismo cree que lo hace.

    Este es el periodismo que sigue pensando en el futbolista como un trabajador incapaz de reconocer las obligaciones de su labor, por ello exigen medidas que dificultan un buen rendimiento, y que ellos, sus promotores, no cumplen ni cumplirían.

    Sé que es una batalla perdida, pero de igual manera le recomiendo investigar sobre el pensamiento y la obra de estos nombres que daré, ya que son ellos los vanguardistas del entrenamiento y de juego que han estado trabajando por más de 20 años para hacer de este juego un juego más humano y menos estúpido.

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    Francisco Seirul.lo Vargas; Joan Vilà; Juan Manuel Lillo; Vítor Frade; Julio Garganta; Natalia Balagué; Carlota Torrents. Ellos y muchos más, con su comprensión de que la actividad deportiva es protagonizada por seres humanos, le han dado al fútbol mejores herramientas. Valdría la pena que expertos y analistas se informaran y dejaran de lado viejos lugares comunes.

    El fútbol sigue siendo el mismo de siempre. Lo juegan once jugadores y se enfrentan a otros once por la disposición de una pelota y con la intención de hacer un gol más. Lo que ha cambiado es la manera de entrenar, de hacerlo más humano.

    Fotografías cortesía de EFE y de la web. Créditos a quienes corresponda

  • Sampaoli y Argentina, una unión que se nutre del caos

    Sampaoli y Argentina, una unión que se nutre del caos

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    Cada vez se dispone de más información, pero de menos asesoramiento sobre lo que es útil. Sin poder discernir, disponer cada vez de más información no hace sino confundir”. Joseph O’Connor e Ian McDermott

    A raíz de la publicación de las listas de futbolistas que acudirán al mundial de Rusia 2018, los seleccionadores nacionales han sido objeto de cuestionamientos, la gran mayoría de ellos sustentados en estadísticas, cifras, y, cuando no, suposiciones alejadas de la realidad de los procesos.

    La selección que he tomado en cuenta para esta entrega es Argentina, la Argentina de Jorge Sampaoli. La razón por la cual seleccioné al conjunto sudamericano es porque no creo que exista, en estos momentos, un equipo con mayores cuotas de angustia, y tal cual nos ha educado el cine y el teatro, no hay nada más atractivo que todo aquello que tiene su origen en el drama o en el caos.

    Antes de continuar es pertinente recordar que un sistema es un grupo de elementos que se relacionan entre sí. Cada una de esas piezas posee características propias, y cuando se integran a la dinámica de ese sistema, agregan a su naturaleza otras características que emergen precisamente de la interacción de todos los componentes.

    Pongamos como ejemplo un auto. Cada uno de sus componentes tiene un sentido siempre que estén interconectadas. Un motor, sin combustible, sin aceite, aislado del radiador o del sistema de aceleración, no es más que un motor, y su utilidad es menor, por no decir nula. En cambio, como parte de ese sistema que conocemos como automóvil, el motor cumple una función indiscutiblemente trascendental.

    Es por ello que se afirma con contundencia que un sistema es más que la suma de sus partes. Un equipo de fútbol es, como queda claro, un sistema, que además es dinámico y abierto; es un ente susceptible a la influencia de miles de factores externos e incontrolables. Le pido al lector que recuerde esta máxima, con la intención de comprender que la incertidumbre es parte de los procesos.

    Sin embargo, y a pesar de que el pensamiento sistémico y las teorías de la complejidad hace tiempo que intentan derribar las resistencias del pensamiento convencional, ese de la relación causa y efecto, la enorme mayoría de analistas insiste en pensar al fútbol a partir de las estadísticas y los números, despreciando factores tan básicos y a la vez tan importantes como las relaciones, las interrelaciones, las interdependencias y las interacciones.

    El éxito o el fracaso no pueden ser anticipados. Un torneo como el mundial de fútbol ofrece espacio y tiempo para que cada integrante de un sistema absorba todo lo que el sistema tiene para darle, y, cómo no, agregue lo que es a esa comunión de características que es un sistema.

    Sampaoli y sus circunstancias

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    La nominación de los veintitrés futbolistas argentinos convocados para el mundial ruso zanjó gran parte de la discusión. Es por ello que lo que debe concentrar la atención es qué intentará hacer Argentina con esos elementos que compondrán el sistema.

    Hace poco más de un año, cuando estaba al mando del Sevilla, Sampaoli expuso que prefería jugar con un solo volante central, ya que ello ayudaría a tener una mayor presencia cerca del área rival:

    No es un detalle menor que en aquella etapa, el hoy seleccionador albiceleste contaba con la asesoría de Juan Manuel Lillo. El entrenador español muchas veces ha dicho aquello de “dime con qué mediocentro juegas y te diré qué equipo eres”, una máxima que parece determinar a qué intentará jugar la selección argentina.

    Por ello es que, contrario a la afirmación totalitaria de que los equipos se arman desde atrás hacia delante, lo primero que vale la pena revisar es cuáles futbolistas capaces de jugar en esa zona del campo ha convocado Argentina.

    La primera opción, salvo que su estado físico lo impida, es para Lucas Biglia. El del AC Milan no es precisamente un jugador que se destaque en la distribución del balón. Aunque cuente con la compañía de Ever Banega o de Giovani Lo Celso, Biglia, en la gran mayoría de los casos, intentará ordenar al equipo geográficamente dependiendo de donde se mueva el rival. Esto, que parece una obviedad, no lo sería si el equipo argentino contara con un futbolista más dado a la construcción del juego a través del balón. Fernando Gago se adapta a ese perfil, pero su convocatoria no era posible, dada la larga inactividad que vivió en el último tiempo.

    Esto tiene una consecuencia añadida, y es que los defensores centrales, ante el pressing rival, encontrarán muy pocas opciones para salir jugando en corto, algo que puede facilitar la actuación de los contrarios. No debe olvidarse que este es un juego de variantes, por lo tanto hay que recordar aquella instrucción de Dante Panzeri: «Ni todas cortas, ni todas largas. Todas cortas es fulbito. Todas largas es rugby«.

    Biglia no tiene incorporado en su juego esa pausa necesaria para que el equipo sea un bloque más corto, y tampoco con los socios que sientan propia esa forma de jugar. Esto, que aparenta ser una desventaja, es un valor para esta selección, y ya veremos por qué.

    Sin laterales, pesarán más las transiciones que el juego posicional

     En noviembre de 2017, Sampaoli expuso un concepto que le ocupa desde que asumió la conducción del equipo argentino:

    «Si Argentina tuviera a Dani Alves y a Marcelo seguro jugaríamos con dos laterales. Estamos buscando una alternativa que nos haga un equipo no predecible. Me preocupa mucho la forma y el estilo con que Argentina encare esta Copa del Mundo. Con un protagonismo desmedido y una búsqueda del arco rival todo el tiempo«.

    Recordar aquella declaración ayuda a comprender por dónde puede pasar la idea de juego argentina.

    Ante la ausencia de laterales de largo recorrido como los mencionados, el seleccionador intentó reconvertir a futbolistas, incluso modificando sus alineaciones para jugar hasta con tres defensores centrales. Marcos Acuña y Eduardo Salvio fueron quizá los mayores exponentes de esa adaptación que pretendía Sampaoli, ya que por su condición de volantes externos el seleccionador pretendió ubicarlos como “carrileros», pero este experimento no dejó buenas conclusiones. La convocatoria de Cristian Ansaldi, casi a última hora, es una señal de esa insatisfacción del DT, lo que probablemente le lleve a proponer un equipo más cauteloso, con menor participación de los laterales en la construcción de juego.

    Esta posibilidad parece englobarse dentro de un pensamiento coherente: el fútbol es un matrimonio entre las cualidades de los futbolistas y las ideas del entrenador. Sin laterales de largo recorrido ni volantes centrales expertos en la circulación del balón, las intenciones de acercarse al juego de posición (o de ubicación) parecen haber sido veladas y enterradas.

    Con pelota y sin pelota

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    Le propongo al lector que piense en el juego de una manera diferente a como lo ha hecho siempre. En vez de pensar en defensa y ataque, imagine el accionar de un equipo en función de cómo se comporta cuando dispone de la pelota y cómo cuando pretende recuperarla.

    Partiendo de esa premisa, y de que este trabajo no es más que un ensayo, una serie de especulaciones, puede pensarse que la Argentina de Jorge Sampaoli encontrará mayores cuotas de éxito a partir de los espacios que deje el rival que los que ella misma se genere.

    En cada partido de fútbol hay momentos para el contragolpe, para el contraataque y para el ataque posicional. Las probabilidades de éxito aumentarán cuando un equipo sepa promover y aprovechar esas situaciones que más le beneficien.

    Debo aclarar que entiendo al contragolpe y al contraataque como dos conductas diferentes. El primero lo asemejo al intercambio de golpe por golpe, algo parecido al concepto de ida y vuelta que muchos utilizan para describir la Premiere League inglesa. El contraataque, más que el golpe por golpe, me parece similar a la vieja estrategia de aguantar hasta que se pueda lanzar un ataque: cede el protagonismo al rival y cree posible aprovechar las pocas oportunidades que ofrecerá el partido para hacer daño.

    La primera impresión tras revisar la lista de Sampaoli es que, tras los ensayos previos, el casildense dejó de lado la idea de que su equipo dispute los partidos cerca del área rival, y que trasladará esa zona de acción al centro del campo. Por ello el término “disputar” podría ser clave para comprender dónde están las fortalezas de su equipo.

    Sus mayores virtudes no están en el juego asociado sino en las rápidas transiciones. Di María, Messi, Agüero y Pavón, los posibles titulares en el debut ante Islandia, son especialistas en aprovechar esos espacios que deje el contrario. Es muy distinto el control a la disputa, y esta versión argentina me parece que dependerá mucho de lo que le “gane” al contrario.

    Aún así, no se extrañe el lector cuando en la mayoría de los partidos Argentina se vea obligada a construir un juego de pases, un juego asociativo, dado que los rivales, conscientes de esto que aquí señalo, seguramente optarán por cederle la iniciativa del partido. Basta revisar el encuentro ante Venezuela, en Buenos Aires, por las eliminatorias, o repasar el pasado mundial, para tener una idea de cuánto le cuesta a esta selección construir avances en juego posicional.

    Entonces, no sería una locura pensar que, en fase de disposición del balón, Argentina prefiera una salida en velocidad, y esta, si se origina en el centro del campo, o en tres cuartos de cancha propios, le ofrecerá a sus atacantes, dadas sus cualidades, mayores probabilidades de éxito.

    Esta manera de jugar le permite a Sampaoli la posibilidad de que su equipo logre constituirse en un bloque corto, sin mayor espacio entre sus líneas. En principio no habitará la zona que inicialmente ideó para su selección (tres cuartos de cancha, en territorio rival) pero ayudará a que las carencias de Biglia, Banega, Lo Celso y Javier Mascherano (anunciado en la lista como mediocampista) sean contrarrestadas por las ayudas de los compañeros.

    Este dispositivo ayudará a limitar los espacios de acción a los contrarios y promoverá las respuestas que mejor interpretan los Di María, Pavón, Messi, Agüero y compañía. No es casual la ausencia de un experto en goles al primer toque (Mauro Icardi) ni de Batistuta 2.0 (Lautaro Martínez).

    Otro elemento a considerar es el llamado de Franco Armani.

    El portero de River Plate no parece ser un convidado de piedra sino alguien que peleará por la titularidad del arco albiceleste.

    Además de ser un portero intimidante, conocedor de su área y con una actualidad inigualable, el ex Atlético Nacional de Colombia posee un juego de pies envidiable. Esto  no se circunscribe exclusivamente a los pases en corto; Armani, si la circunstancia así lo requiere, puede promover con pases largos, al vacío, la aparición de sus atacantes en zonas olvidadas por el contrario.

    En pocas palabras, Armani entiende perfectamente lo que el juego le exige y puede hacer, sin mayor problema, lo que Jasper Cillesen en la final de Copa del Rey ante el Sevilla:

    Ausencias sistémicas

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    El deporte sólo puede estudiarse, salvo mejor opinión, con fundamento en una ciencia social y humana, donde el ser humano es un complejo organizacional abierto, en permanente simbiosis con el medio, en un ininterrumpido flujo dinámico”. Manuel Sergio

    El pensamiento tradicional invita a pensar que quienes ofrecen un determinado rendimiento en cierto contexto reproducirán ese rendimiento en otros entornos. Por ello, muchos interpretan al fútbol a partir de la acumulación de estadísticas, obviando de manera intencionada el componente humano, es decir, todo lo que emerge de las relaciones, las interacciones, las sinergias, etc.

    Aunque parezca una obviedad, el fútbol es un juego interpretado por seres humanos, en oposición directa con otros seres humanos por el control del balón. El carácter humano y su verdad antagonista hacen que su desarrollo sea incertidumbre pura y dura. Quienes mejor se adapten a las dinámicas colectivas y del juego son los que mayores aportes darán a los colectivos que integran.

    La ausencia de Mauro Icardi, líder goleador de la Serie A, igualado con Ciro Immobile con 29 tantos, puede tener muchas explicaciones, y, sin embargo, las razones para su convocatoria, o por lo menos las que muchos han hecho públicas, se reducían casi siempre a la cantidad de goles marcados con su club en el difícil fútbol italiano.

    No será en este escrito en dónde usted encuentre críticas al juego del delantero del Inter de Milán. La propuesta de estas líneas es sugerirle al lector que el fútbol es mucho más que números; recordar que los contextos y las relaciones influyen, por lo que un magnífico futbolista puede no serlo en un entorno diferente. Basta recordar las diferencias futbolísticas entre el Messi que juega en el FC Barcelona y el que “sufre” con Argentina para comprender esto.

    La labor de los seleccionadores, dado el poco tiempo que tienen para experimentar y ensayar, se sustenta en ser muy afilados a la hora de seleccionar con quienes ir a una competencia. Alguna vez, en un diálogo íntimo, César Luis Menotti defendió a un colega suyo, a quien algún soberbio quiso menospreciar tildándolo de ser “solamente” un buen alineador. Menotti, respetuoso y conocedor como pocos del oficio, le respondió a su interlocutor, preguntándole si saber elegir le parecía tan simple.

    Hay en el fútbol más caosalidad (de caos) que causalidad (de causa). ¿Cómo puede haber exactitud en el fútbol? Por eso, en é, los grandes jugadores son aquellos que reinventaron el fútbol y no los que se limitaron a responderle”. Manuel Sergio.

    El tiempo dirá si Sampaoli se equivocó en la elección de futbolistas, pero aún así, no debe olvidarse que a un entrenador, a un conductor de grupos, se le paga para tomar decisiones.

    Tras la primera de las más importantes que determinarán su paso por el equipo argentino, el seleccionador parece haber dado un giro importante en post de darle un poco de estabilidad al movedizo y angustioso proceso argentino. Sampaoli ha apostado por un núcleo duro que ya conoce este tipo de torneos, y que siente la necesidad muy propia de finalizar su ciclo con una victoria de esas que no se olvidan.

    Por ahora da la impresión de que para ello se ha promovido la vuelta a la esencia que caracterizó a la versión que condujo Alejandro Sabella en el pasado mundial: un equipo corto, de potentes descargas eléctricas y con Messi como símbolo. La dinámica de estos torneos, así como lo incierto que es este juego, invita a pensar que de tanto caos puede nacer algo importante.

    Es fútbol, y cualquier cosa puede pasar

    Fotografías cortesía de Diario Uno, Líbero, Goal.com, Futbolred, Sport24

  • Argentina: qué queda tras el terremoto madrileño

    Argentina: qué queda tras el terremoto madrileño

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    La goleada ante España despertó todos los temores: a falta de 80 días para el mundial, la selección albiceleste parece tener muchas más dudas que certezas. Sin embargo, hay algo que debe tenerse en cuenta antes de comenzar cualquier intento de vislumbrar lo que será el futuro, aceptando además que todo tiempo por venir es incierto y poco tendrá que ver con las aspiraciones, sentencias y afirmaciones de aquellos que dicen conocer y saberlo todo de un juego tan imprevisto como el fútbol.

    La manera, o mejor dicho, el estado de forma futbolístico cómo un equipo llegue al mundial no es vinculante a lo que será su participación en la competencia; es durante el propio torneo, dentro de su propia dinámica, que una selección encontrará las oportunidades para desarrollarse y encontrar su identidad competitiva.

    No es un proceso lineal; en la historia hay ejemplos como el de España en 2010 (llegaba como favorita, cayó en el primer partido y se ajustó a partir de esa derrota), el de Argentina en 2002 (favorita como nunca antes y fue eliminada en primera rueda), Brasil en 2002 (llegó tras clasificarse en la última jornada, con alguna deserción previa al viaje al torneo y con la presión de no haber convocado a Romario) y el mismo Brasil, pero en 1994 (llegó con Raí como titular y capitán, hasta que el torneo le exigió a Carlos Parreira, entrenador del equipo, sustituirlo por Mazinho a partir de los octavos de final).

    Como estos hay mil ejemplos más. Es por ello que a los equipos de fútbol hay que comprenderlos como sistemas vivos, abiertos, en continuo proceso de cambio. Si existe una actividad en la que se puede comprender la fuerza del “Efecto Mariposa” es justamente en el fútbol. Pequeños cambios en las condiciones iniciales, a veces hasta imperceptibles para el ojo humano, conducen a grandes modificaciones. Y quizá eso sea a lo que apuesta Jorge Sampaoli, seleccionador argentino.

    “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”

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    La frase se le ha atribuido equivocadamente a Albert Einstein, pero se desconoce, a ciencia cierta, quien la pronunció. Sin embargo, esto no ha impedido que forme parte de cualquier discusión, futbolera o no, en la que se pretende acusar a alguien de no promover las modificaciones que se creen necesarias.

    Al casildense se le ha acusado de querer propiciar una revolución futbolística en poco tiempo y con los mismos intérpretes que ya eran protagonistas del equipo argentino. Ese señalamiento se apoya en la linealidad, esa característica con la que nos han educado desde nuestro nacimiento y que nos lleva a creer que existe una relación infalible, esa de causa-efecto, según la cual, los mismos causantes (el producto de las relaciones entre los protagonistas, bien sean rivales o compañeros) propiciaran siempre un mismo resultado.

    De ser así, y retorno al fútbol para que la explicación sea más sencilla de comprender, el FC Barcelona que condujo Pep Guardiola, para muchos el mejor equipo de toda la historia, no hubiese perdido un solo partido. Esta es la magia del fútbol: todo es posible.

    Pero en el fútbol, un juego en el que dos colectivos humanos se enfrentan por el control del balón, y en ello cada futbolista es influenciado y ente capaz de influenciar a sus compañeros y a sus rivales, de la misma manera que es influenciado por esos mismos actores, no hay verdades ni nada que se le parezca. No en vano para hablar del juego lo hacemos basados en lo que acaba de pasar y no en lo que sucederá.

    Perdone que insista, pero si hay alguna característica que defina a este juego es la incertidumbre que nace precisamente de todo lo que anteriormente señalé.

    A poco más de dos meses del inicio del campeonato mundial da la sensación de que lo que el entrenador argentino debe promover es la adaptabilidad de sus futbolistas a las distintas emergencias que nazcan durante cada partido del torneo. Esto es, siempre según lo practicado, identificar cuándo, cómo, por qué y para qué llevar a cabo conductas colectivas durante un partido.

    Esto no es sencillo. Sampaoli no goza de tiempo para ensayar, lo que sugiere elegir muy bien los pocos conceptos que desea para encontrar la identidad e intentar ponerlos en práctica cuando comience la concentración previa al torneo ruso. No se trata de cambiar nombres por nombres, que eso lo podemos hacer usted y yo, sino de discutir la validez de ideas y planes.

    En una charla para la edición 13 de la revista Club Perarnau, Jorge Luis Pinto me explicó cómo planificó la llegada de su Costa Rica al mundial de Brasil:

    Antes del mundial le dije al grupo una frase que puede ser histórica. Les dije: ‘He visto ocho mundiales, y al mundial van equipos desbaratados, sin preparación y sin estructura. Si nosotros construimos una breve estructura táctica y nos preparamos bien, no físicamente corriendo sino físicamente en dinámica de juego, con la pelota, entonces nosotros podremos hacer cosas buenas’… Yo hoy puedo decirle al mundo que el equipo que vaya bien preparado, con un gran comportamiento táctico y con un equilibrio en sus jugadores, puede dar la sorpresa que sea”.

    La fórmula de Pinto no es más que la suya, y por ello no vale la pena ahondar en la profundidad de sus trabajos. Sí hay en ella una clave que puede ayudar a Sampaoli de cara al torneo ruso, y es aquella que tiene que ver con la construcción de una breve estructura táctica.

    Rasgos de la conducción Sampaoli

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    A dónde quiera que ha ido, el seleccionador argentino ha promovido que su idea es la de protagonizar los partidos. Sin embargo, hay ocasiones en las que el discurso y los hechos no van de la mano, bien sea porque el rival condiciona y obliga a una reorganización momentánea o porque cada partido supone una constante renovación de ideas e intenciones.

    Cada cuerpo técnico estudia al oponente con la intención de encontrar cómo contrarrestarlo y atacarlo, y Sampaoli y su equipo de trabajo no son distintos. Prueba de ello es que su Chile, ese que salió campeón de una Copa América por primera vez en su historia, jugó la final de una manera totalmente opuesta a lo que venía haciendo. En aquella ocasión, fue más lo que se hizo por desactivar a Lionel Messi que por atacar a Argentina.

    No es casual que, cuestionado por las posibles similitudes entre ambos, Marcelo Bielsa, uno de los referentes de Sampaoli, haya dicho que el actual seleccionador argentino era mejor que él “porque es más flexible”. La verdadera intención de la frase de Bielsa da para otro artículo que quien sabe si valga la pena.

    Es probable que Sampaoli, aún cuando desee comandar esa revolución futbolística que tanto lo motiva, deba volver a ese episodio y preguntarse, casi en un modo Jorge Luis Pinto, qué estructuras tácticas quiere y puede desarrollar. Y aquí está la verdadera razón de este escrito.

    Con la llegada de Sampaoli a la conducción de la selección albiceleste mucho se habló de un cambio radical, tanto de futbolistas como de estilo. Sin embargo, esto no ha sido posible. En el tema de jugadores no deseo entrar porque es arena de chismes, pero en la del estilo vale la pena rescatar dos rasgos y un par de interrogantes.

    1.- Relación con el Balón

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    Llama poderosamente la atención que en estos tiempos se hable más de la recuperación del balón que de qué hacer cuando se dispone de él. ¿Para qué quiero recuperar la pelota si luego no sé qué hacer con ella? Esto es algo en lo que esta versión argentina ha fallado.

    Sampaoli debe definir cómo quiere que sea la relación de su selección con el balón. Este aspecto es fundamental, tanto que determinará hasta qué futbolistas serán titulares y cuales serán descartados.

    Si el entrenador, que ya avisó no tener los laterales deseados, se inclina por un centro del campo protagonizado por Javier Mascherano y Lucas Biglia, la construcción pausada de juego, con la intención de que el avance hacia campo contrario sea casi como una conducta coral, no es más que una utopía.

    Ambos futbolistas no se caracterizan por hacer de la recuperación de la pelota una conducta total. Me explico: al igual que Juan Manuel Lillo, creo que quitarle la pelota al rival necesita de que, una vez recuperado el balón, este sea entregado, en situación ventajosa, a un compañero. De lo contrario no se puede hablar de quite sino de interrupción.

    No quiere decir esto que estos futbolistas sean mejores o peores que sus competidores sino que poseen distintas virtudes. Tampoco son jugadores que juegan a lo mismo sino que hablan una misma lengua, de la misma manera que Xavi e Iniesta poseían un lenguaje en común.

    Esa dupla seguramente será mucho más productiva si el equipo juega un estilo propenso a las transiciones, algo así como su versión del pasado mundial.

    Si por el contrario, Sampaoli decide que su selección construya juego a partir de un estilo más asociativo, siendo un bloque corto que no se separe, la dupla Banega-Paredes parece ser la más adecuada para ese estilo, dado que ambos son futbolistas más acostumbrados a una relación constante y fluida con el balón.

    Llegados a este punto le pido disculpas al lector por no haber aclarado con anterioridad un ítem muy importante: en estas líneas no encontrará referencias a los términos ataque y defensa. Sin proponer que este concepto sea una verdad absoluta, quien escribe entiende al fútbol como una totalidad, un continuum inseparable, por lo que todo en el juego se reduce a jugar.

    Pasemos a otro aspecto, este innegociable en el ideario de Sampaoli: la presión tras pérdida del balón.

    2.- Pressing o presión tras pérdida

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    Se hace referencia a esta herramienta como si esta definiese un estilo. Un estilo de juego puede ser protagonista o reaccionario, el resto de definiciones no son tales, son las herramientas utilizadas para llevar a cabo ese plan. Y la presión es eso, un instrumento.

    Sin embargo, como cualquier mecanismo, y a pesar de no explicar una idea, el pressing o presión debe ser ejecutado de manera colectiva; cualquier despiste de un futbolista traerá como consecuencia inmediata la aparición de espacios que pueden ser aprovechados por el contrincante. Si por ejemplo, solamente los delanteros atacan el avance del rival, de ninguna manera se puede hablar de presión; un escenario semejante es afín a la confusión, al desorden.

    En estos tiempos se habla demasiado de esta herramienta, como si recuperar el balón fuese más importante que conducirlo. Recuperarlo es una conducta posterior a la pérdida de la titularidad del mismo, pero ya le decía que estos son tiempos confusos en los que cualquier frase nos hace parecer expertos en ciencias ocultas, y el público, atorado y apurado, compra estos pescados podridos.

    Para recuperar la titularidad del balón hay que tener en cuenta, nuevamente, la definición de Lillo, porque en ella se encierra que recuperar no es una tarea exclusivamente física sino de ubicación: si los futbolistas están bien posicionados esta recuperación será eso y no la interrupción del avance rival. Pero, y perdone que machaque, hay que primero desarrollar la relación con la pelota para luego desarrollar las conductas sin ella.

    Messi: su rol y sus sociedades

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    El Messi del FC Barcelona obliga a pensar que más que un definidor, Lionel es un promotor del juego. Desde hace unos años, el 10 ha desarrollado una dualidad futbolística maravillosa, la misma que lo acerca al legado de Johan Cruyff como nunca nadie lo hizo: es iniciador y finalizador.

    Más allá de su innumerable arsenal de virtudes, esto que describo ha sido posible porque las relaciones con sus compañeros así lo han permitido y promovido. Desde los tiempos de Xavi e Iniesta, Messi fue poniendo en práctica los valores del juego posicional, aprendidos desde su llegada a La Masía, y que hoy le permiten ser el futbolista más determinante de la actualidad. Aunque las promociones digan lo contrario, muy pocas veces el juego de su equipo fue suyo y de nadie más. Basta observar la relación que existe entre Busquets, Iniesta y él para comprender que un futbolista, por más genial que sea, necesita siempre de sus compañeros.

    La vida en sociedad es eso, la aceptación del vecino como parte fundamental, como apoyo, como un ser vivo con el que se comparten metas y objetivos. En el fútbol, esa relación no puede ser lineal, es decir, no siempre un volante derecho debe alejarse cuando Messi tenga la pelota; habrán ocasiones en las que valdrá el toco y me voy, otras en las que será el toco y me quedo, y otras en las que la participación será exclusivamente posicional o testimonial. Lo que sí debe quedar claro es que aquella postal de la Copa América de Chile, en la que Messi no tiene un socio cercano, es lo que debe evitar el seleccionador.

    El discurso de los distintos entrenadores de la selección argentina ha puesto la lupa en dónde debe recibir la pelota Messi, cuando en realidad, lo más importante es quienes y cómo deben acompañarlo. El gol de Maradona a los ingleses no hubiese sido posible sin el acompañamiento de sus compañeros, algunos cercanos y otros lejanos, que impidieron un escenario como el de la fotografía que anteriormente menciono. Distintas alturas y distintas distancias, eso debe preocuparle al seleccionador.

    Además, al futbolista, sea Messi o Ignacio Benedetti, no hay que limitarle a una zona, a una posición, sino que hay que permitirle desarrollar diferentes roles, para que así, siempre según las emergencias que nacen del juego mismo, sea un factor continuador y mejorador del colectivo. La posición pone frenos, mientras que los roles son camaleónicos, necesitan la adaptabilidad propia del intérprete.

    Cuando Messi es el factor diferencial en su club lo hace sin la atadura de la posición. Muchas veces la dinámica del partido le invita a asociarse con Busquets en el inicio del avance; con Iniesta en la continuidad o la regeneración del mismo, y así con el resto de sus compañeros. Pero no se trata de una cualidad excluyente; el futbolista, cuando es invitado a jugar y protagonizar roles tendrá esa libertad, de lo contrario, cuando se le asigna la defensa de una posición, tendrá fronteras y alcabalas que respetar. No es anarquía sino un caos ordenado.

    Eso, sorpresivamente, ha costado entenderse en Argentina. Digo que llama la atención porque existen pocos países en el mundo con la cultura futbolística de los argentinos. En la órbita de su selección, Messi ha sido siempre encasillado, y por ende, limitado a la estéril discusión de si hay que dejarle ser el finalizador, que si la pelota debe llegarle a tres cuartos de cancha, o si debe ser el conductor. No se habla del juego sino de fronteras.

    El portero

    2651775w1033 Puede que para Sampaoli esta sea la cuestión que mayores dudas le genera. Porque en un buen día, no hay mayores diferencias entre lo que hacen Sergio Romero y Wilfredo Caballero bajo los tres palos. Lo que los diferencia es un recurso que sigue siendo subvalorado por aquellos que etiquetan y premian sin mayor soporte que el valor comercial: el juego en su totalidad.

    Si bien es cierto que en 1992 la International Board prohibía que el portero tocara deliberadamente con las manos un balón que un compañero le hubiera lanzado hacia atrás con los pies, los porteros de los grandes equipos de la historia supieron, por necesidad y adaptación, sacar provecho de su juego con los pies para promover o darle continuidad a la construcción del juego de sus equipos.

    Gyula Grosics, portero del “Equipo Dorado” húngaro, y hasta ochenta y seis veces internacional con su selección, explicó hace tiempo atrás que, debido al juego de aquel equipo, muchas veces debió actuar como líbero para adelantarse a los atacantes rivales. Algunas veces ganó y otras perdió, pero ello no le impidió desarrollar el juego de pies que todavía es visto casi como una herramienta accesoria.

    Sampaoli cree y siente que su portero debe darle continuidad al juego de su equipo, ayudando a crear superioridades detrás de la línea de presión del rival. Eso no se hace con el típico pelotazo que caracteriza el juego de los porteros. Es por ello que no parece descabellado, a pesar de la goleada sufrida ante España, que el seleccionador argentino esté meditando seriamente que su golero en el debut mundialista sea Caballero. No tiene la claridad de Ederson, Manuel Neuer o Marc André Ter Stegen, pero sin duda le ofrece a su equipo una prestación superior que la de su competidor.

    Una vez llegados a este final vale la pena aclarar que lo expuesto acá es una visión, no la verdad. Probablemente el seleccionador tenga muchos más elementos para considerar y para decidir, sin embargo vale la pena volver al inicio de este trabajo para recordar que este es un juego incierto y que la linealidad existe únicamente en las húmedas fantasías de quienes desean aparecer como expertos en la nada.

    La goleada ante España es un aviso, pero nada más.

    Fotografías: Antonio Díaz Madrid y Fernando Massobrio (Diario La Nación)

  • Señales de Sampaoli

    Señales de Sampaoli

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    El amistoso entre Argentina y Rusia tenía como objetivo primordial para el cuerpo técnico de Jorge Sampaoli ir consolidando algunos detalles y promover otros que ayuden a que el suyo sea, con el paso de los pocos minutos que restan antes del mundial de Rusia, un equipo reconocible.

    Por ejemplo, va quedando claro que la idea de jugar con tres defensores no es un capricho del DT. Sin laterales de largo recorrido, Sampaoli ha elegido ocupar la primera línea con futbolistas que actúan en la demarcación de defensores centrales. Esos tres defensores posibilitan que el equipo juegue con dos volates externos, quienes aportan soluciones muy distintas a los marcadores laterales argentinos de los últimos tiempos.

    Se afianzan los carrileros, aunque cambien los nombres. Ante la ausencia de Acuña, Argentina jugó con Lo Celso y Di María por izquierda, mientras que Salvio y Pérez harían lo propio por la derecha.. La idea era que el equipo fuese ancho y profundo.

    Sampaoli conoce perfectamente este concepto. En su etapa final en Chile, y durante su estadía en Sevilla, tuvo a su lado a Juan Manuel Lillo, quien es, entre muchas cosas, la persona que construyó el marco teórico del juego de ubicación, término que él mismo da a conocer en el libro “Pep Guardiola: La Metamorfósis”, de Martí Perarnau. En el siguiente video se puede escuchar a Lillo hablando de la importancia de ser ancho y profundo, una intención típica de los equipos del tolosarra:

    El retorno de Acuña en próximos partidos le permitirá a Sampaoli contar con un futbolista que se adapta muy bien a los movimientos de Di María, ya que el futbolista del PSG elige, en ocasiones, conducir en diagonal, desde la banda hacia el centro, lo que obliga a Acuña a proyectarse por ese costado y ocupar la raya, con la intención de seguir siendo ancho y profundo, esto para que el rival no concentre tantos futbolistas en el centro, además de convertirse en una opción de pase.

    Es interesante también observar los movimientos de Sergio Agüero. El delantero el Manchester City es un futbolista técnicamente rico, y por ello le es natural asociarse tanto con Messi como con los demás protagonistas del avance argentino. “Kun” es más que goles, y como bien acotaba Jordi Pascual en Twitter, la presencia de Agüero ayuda a que Sampaoli active o ensaye una “variante del 1-3-3-3-1 que empleaba Van Gaal. Aquí es 1-3-3-1-3. con 3 puntas y Leo por detrás”.

     

    No es casual que Sampaoli deje por fuera a Gonzalo Higuaín. Lejos de ser un capricho, el seleccionador está apostando a una idea, y para que esta se ejecute, necesita un mejor entendimiento entre los protagonistas, es decir, que estos hablen una lengua en común que los acerque. Con Higuaín siempre existe la posibilidad/capricho de buscarlo como referencia entre los dos defensores centrales, de tirarle un centro a la olla para que intente resolver, mientras que Agüero, siempre que este lo asuma, por su fútbol puede incluso actuar de mediapunta e incluso hasta de falso nueve. ¿Para qué? Para generar superioridades, distraer, disminuir las distancias de relación, y por supuesto, producir caos.

    Ante Rusia esto fue lo que Sampaoli propuso en el inicio del partido:

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    Además de los (posibles) recorridos, en la siguiente imagen se identifica que alrededor de Messi hay futbolistas capacitados para acercarse o alejarse de él según lo exija el juego.

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    Con esta propuesta, el seleccionador ha hecho algo que otros no se atrevieron: probar variantes con el objetivo de que no se repitan escenarios en los que Messi tenga que sortear a cuatro, cinco y hasta seis contrarios, mientras sus compañeros observan como quien mira la llegada del mesías.

    ¿La duda existencial de este sistema? El volante central. Por características, Banega debería ser titular, pero son tales sus altibajos que es muy difícil pensarlo como la solución indiscutible a este problema. Por otro lado, ni Biglia ni Kranevitter parecen adaptarse con rapidez a este estilo, situación que seguramente alarma al seleccionador argentino, ya que, como su carrera de entrenador nos recuerda, el volante central es una pieza clave en su planificación.

    En el Chile de Sampaoli jugaba Marcelo Díaz, y en él se sustentaba la idea. Argentina tiene a Messi –que es mucho decir- y a buenos jugadores por los costados que comrpometidos pueden hacer de esta selección un equipo temible. Pero hoy le falta un mediocampista que haga de guardián/ejecutor de la idea, y eso, aunque suene a poco, es casi como quedarse sin agua en el medio del desierto.

    Fotografías tomadas del diario La Nación. Cortesía AFP y Reuters

  • Messi es una parte del plan, no el plan

    Messi es una parte del plan, no el plan

    “La táctica de un solo hombre jamás ha ganado un partido, y a menos que los otros miembros del equipo jueguen en unión con él, el partido estará perdido”. Herbert Chapman

    Todos vimos la foto. Jugaban Argentina y Chile la final de la Copa América Centenario, y como cada cosa en estos tiempos de redes sociales, la imagen de un Messi intentando zafarse de hasta cinco futbolistas chilenos que lo acosaban directamente, y cuatro más que permanecían atentos, cual baterías antimisiles, a los movimientos del argentino, se hizo mundialmente conocida y comentada.

    Se dice que una imagen vale más que mil palabras. No sé si esto sea así, pero vale recordar aquella postal:

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    Es tan impactante esta fotografía que muchos, influenciados por la potencia de la misma, olvidamos que en ella se puede resumir todo lo que está mal en el fútbol. Me explico: entrenadores, padres, agentes y periodistas hemos contribuido sin rubor a popularizar la gran jugada individual como el elemento diferencial en el juego, bien sea la posibilidad de regatear a varios rivales o la carrera de largo recorrido. Esa ovación a una situación del juego, elevándola hasta el Olimpo, ha traído como consecuencia que los futbolistas, desde muy temprana edad, asuman como propio que hacer jugadas es lo mismo que jugar al fútbol. Y esto no es así.

    La imagen a la que hago referencia sirve de ejemplo para comprender la inestabilidad que caracteriza el paso de Lionel Messi por su selección. Salvo por la conducción de Alejandro Sabella, el 10 ha sido ese último recurso al que se aferran los condenados a muerte. Cuando sus compañeros, en medio de un duelo que no saben ni pueden resolver, se la entregan a Messi están haciendo lo mismo que los que esperan en la fila de los acusados: encomendarse a la divinidad.

    Pero la divinidad, entendida como la esencia propia de los Dioses, no ha sido probada como algo real. Las religiones requieren de un acto de fe para seducir; el fútbol requiere planes, ideas, flexibilidad, reacción, adaptación, talento y trabajo. También de otras muchas otras cosas más, entre ellas el bendito azar.

    De hecho, quienes sostienen que lo más cercano a Dios en el fútbol fue Diego Armando Maradona olvidan, por conveniencia o mala memoria, que hasta el propio «Pelusa» perdió más de lo que ganó. Esta afirmación se sostiene en las estadísticas de su carrera como futbolista, y debería recordarle a los expertos que nadie, por sí solo, vence en un deporte colectivo. Michael Jordan, el atleta más dominante que jamás haya visto, en deportes colectivos claro está, necesitó de la planificación de Phil Jackson, la complicidad de Scottie Pippen y de un colectivo brillante. Realimentación, así lo bautizaron las españolas Natalia Balagué y Carlota Torrents.

    Pero a Messi se le exige mucho más. Inexplicablemente, al jugador del FC Barcelona le reclaman que cuando sus diez compañeros lo requieran, sea el plan, el todo, y eso, mi estimado lector es imposible. Pero, además, le piden que conduzca a la normalidad a un seleccionado que hace mucho tiempo tiene en el caos su manera de vida.

    La paz nunca ha sido una excepción

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    La selección argentina se encuentra en estos momentos en el quinto lugar de las eliminatorias Conmebol al mundial de Rusia 2018. A falta de dos partidos, su ubicación la tiene en puestos de repesca, pero es tan comprometida su situación que, de ceder puntos en esta doble jornada, Chile y Perú podrían dejarla sin mundial. Este panorama no es novedoso, pero dada la potencia de los altavoces actuales (redes sociales, programas de radio y TV, blogs, etc.,) pareciera que nunca antes se enfrentaron los argentinos a una realidad tan dura.

    El equipo del 86, campeón del mundo, no tuvo un tránsito tranquilo por la Clasificación Conmebol. A las constantes críticas para con el juego de aquella elección -no se olvide que desde el gobierno de Raúl Alfonsín se intentó destituir al entrenador Carlos Salvador Bilardo- se sumaba que hubo que esperar hasta la última jornada de la liguilla para obtener el boleto al mundial de México. De hecho, a falta de nueve minutos para terminar aquel duelo frente a Perú, los argentinos estaban fuera del torneo, hasta que apareció Ricardo Gareca. El «Tigre» marcó el gol del empate y con ello selló la clasificación.

    Aquel conjunto de Bilardo tuvo a Maradona como emblema. La primera gran decisión del seleccionador fue hacer a Diego capitán, lo que suponía el relevo de Daniel Passarella, el líder del equipo campeón de 1978. Aun con Maradona como figura imprescindible, la albiceleste sufrió para lograr el boleto mundialista.

    Como consecuencia de ganar el torneo mexicano, Argentina no disputó la clasificación a Italia 90, por lo que su retorno al ruedo continental se produjo en la clasificación para USA 94. Tras la derrota ante Alemania, Maradona renunció al combinado nacional, y los años siguientes lo encontraron luchando contra sanciones por dopaje y un bajo nivel competitivo, tanto en el Sevilla como en Newell’s Old Boys.

    En aquel entonces, el seleccionado ya era dirigido por Alfio Basile. Su versión albiceleste arrasó en las dos Copa América que enfrentó su ciclo, pero en las eliminatorias, tras la inolvidable goleada de Colombia 0-5 en el Estadio Monumental, Basile, perseguido por las críticas y los fantasmas, se reunió con Maradona y le pidió que volviese a la selección. Maradona aceptó, y con él en el campo, Argentina superó a Australia y obtuvo su boleto a la cita norteamericana.

    Vale acotar que en esa serie de repechaje frente al conjunto oceánico no se vio al gran Maradona. Algo normal si se tiene en cuenta que en los últimos años había jugado poco y nada. Existe la leyenda, contada por reconocidos periodistas argentinos, de que Julio Humberto Grondona, presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, y mano derecha de Joao Avelange y posteriormente de Joseph Blatter, logró que en ambos duelos no se llevara a cabo el control antidopaje. Esta versión fue alimentada por el propio Maradona, en diálogo con el diario Clarín, en 2011:

    «Grondona fue cómplice de un antidoping que nunca se hizo en el partido Argentina-Australia por el desempate del Mundial de Estados Unidos 1994 porque si se hacía Argentina no llegaba a la Copa del Mundo. Esa es una de las tantas perlitas que tengo para contar«.

    Tras disputar el mundial del 94, Maradona se alejó definitivamente de su selección, lo que abrió la puerta a un nuevo ciclo, conducido por Daniel Passarella.

    El camino hacia Francia 98 fue mucho más cómodo. En aquella eliminatoria, Conmebol estrenó un novedoso formato de «todos contra todos» que se mantiene hasta la actualidad. Con Passarella al mando, Argentina comandó la clasificación, espantando los fantasmas recientes.

    Tras el mundial galo, Marcelo Bielsa se hizo con la conducción del equipo nacional. El rosarino comandó una eliminatoria brillante, en la que su equipo sólo perdió un partido (contra Brasil de visitante), clasificándose al mundial Corea-Japón de 2002 con una facilidad impresionante. El fracaso del equipo en la competición asiática ayudó a que muchos olvidaran el rendimiento de ese equipo, pero la historia enseña que ninguna versión albiceleste apabulló a sus rivales como aquella de Bielsa.

    El camino a Alemania 2006 comenzó con el propio Marcelo, hasta que luego de la Copa América de Perú 2004 (segundo detrás de Brasil) y los Juegos Olímpicos de Atenas (medalla de oro inédita para la Argentina), Bielsa se quedó sin fuerzas para mantenerse en el puesto.

    Lo sucedió José Pekerman y la albiceleste mantuvo su regularidad, clasificándose segunda, empatada en puntos con Brasil, a la cita teutona. Fue con Pekerman que Messi debutó en las eliminatorias, en 2005, frente a Paraguay. Todavía era un chico tímido, por lo que su explosión en la selección debería esperar un par de años.

    Tanto Bielsa como Pekerman abandonaron la selección por los mismos motivos. Desgastados y cansados de tratar con Grondona y las exigencias de sus «socios», ambos entrenadores prefirieron el descanso. Grondona, ante la posibilidad de quedar expuesto como el gángster que era, recurrió a uno de los suyos: Alfio Basile.

    Ganador de todo con Boca Juniors, a Basile lo sedujo la posibilidad de revancha que no tuvo tras USA 94. Pero este ciclo del veterano entrenador ni siquiera llegó al final de las eliminatorias.

    A pesar de ser el único seleccionador que logró juntar «en sana convivencia» a Messi con Juan Román Riquelme, y de realizar una Copa América notable, Basile no logró terminar su etapa. En medio de sospechas de traición de parte de Maradona y de algunos jugadores, «Coco» dejó la selección, dejando la puerta abierta para que Diego cumpliera su mayor sueño: dirigir a la albiceleste. Con Basile también se fue Riquelme.

    Como se podía suponer, el paso de Diegote por la selección fue tan caótico como ha sido su vida. Argentina clasificó cuarta, pero no fue sino hasta el último partido que consiguió el objetivo.

    Las siguientes eliminatorias tendrían a Alejandro Sabella como conductor de la albiceleste. Antes hubo una olvidable Copa América con Sergio Batista, en la que, en casa, Argentina no pasó de los cuartos de final.

    El inicio de esta etapa estuvo llena de dudas. Una derrota ante Venezuela, en Puerto La Cruz, parecía condenar al seleccionador, pero en la quinta fecha, tras ir perdiendo 1-0 con Colombia, el equipo dio vuelta al partido en la calurosa Barranquilla, y a partir de allí no bajó la guardia. Nuevamente, como con Bielsa y Passarella, la selección sureña era «el equipo de», por decir de una manera que ya volvía a ser un equipo y no un conglomerado de individualidades. El segundo puesto en el Mundial fue la prueba del gran trabajo del seleccionador.

    Sabella también prefirió alejarse, y con ello llegó Gerardo Martino, quien comenzó las eliminatorias, pero tras quedar segundo en la Copa América de Chile 2015 y la Copa América Centenario 2016, abandonó el cargo en medio de un desorden institucional nunca antes visto. En la clasificación su equipo nunca fue el que dibujaba en sus intenciones y sus discursos.

    Su adiós supuso la contratación de Edgardo Bauza, quien apenas tuvo un puñado de encuentros y luego, tras ser destituido, llegó Jorge Sampaoli, quien hasta los momentos no ha cambiado la dinámica errática de su selección.

    Este repaso histórico ayuda a comprender que las exigencias a Messi, mientras se le compara con Maradona, son, cuando menos, exageradas. A la Argentina, salvo en los casos de Bielsa, Passarella y Sabella, siempre le ha costado clasificarse. Esto puede que obedezca a factores ajenos a la calidad de sus jugadores, pero esa es harina de otro costal.

    La clasificación al mundial es, por lo menos en el caso de Conmebol, una travesía casi insoportable. Los futbolistas que juegan en Europa deben embarcarse en vuelos trasatlánticos, modificar sus horarios de descanso y reencontrarse con viejas costumbres futbolísticas para intentar competir.

    El valor de las sociedades

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    El poco tiempo de trabajo es un monstruo real y bravo. Los seleccionadores nacionales disponen de escasas horas con sus jugadores, y sólo cuando obtienen el boleto al mundial es que pueden entrenar, claro está, tras la agotadora temporada de estos con sus clubes.

    Este es el principal escollo en el camino para hacer de una selección un equipo de autor. No en vano son muy pocos los que lo han logrado y sostenido. A los ejemplos de Bielsa, Passarella y Sabella podría agregarse la Brasil de Dunga en 2010, el Chile de Bielsa y el de Sampaoli, así como el Brasil de Tité. El resto de los seleccionados dependen casi exclusivamente de la tranquilidad emocional de sus dirigidos más que de la voluntad de los mismos.

    Esa escasez de horas entrenamiento conspira en contra de la construcción de sociedades. Es por ello que mucho se habla de que a Messi hay que rodearlo de jugadores que lo comprendan, lo potencien y se dejen potenciar por el 10. A falta de tiempo se busca forzar la creación de estas interrelaciones con quienes aparentan estar en su nivel. Esa conclusión se sustenta en que los supuestos mejores hacen vida en Europa, un concepto de tiempos anteriores a la «Ley Bosman«, pero que, como consecuencia de ese caso, ya no debería influir tanto. Ah, pero el hombre es un animal de costumbres, y ya se sabe que estas son casi imposibles de desterrar.

    Para muchos, Maradona nunca necesitó de la creación de sociedades o del producto de las interrelaciones; para muchos, Maradona jugaba con cualquiera y lo hacía campeón. Semejante argumento constituye una aberración en todo el sentido de la palabra. ¡Es un desprecio por el espíritu del fútbol!

    En la selección, Diego tuvo grandes compañeros y socios, y en el Nápoli, club al que llevó a lugares desconocidos, también.No puede olvidarse que las grandes gestas del equipo del sur estuvieron protagonizadas por Maradona, Careca, Alemao, Ciro Ferrara, Salvatore Bagni y Bruno Giordano.

    El propio Diego resalta sus calidades en el libro «Yo soy el Diego de la gente», en el que incluso admite que mientras él pedía la contratación de Sergio Batista, el club apostó por el brasileño Alemao, y vaya si les salió bien la puesta, ya que con él ganaron un Scudetto (1989-1990) y su hasta ahora su único trofeo continental (Copa de la UEFA 1988-1989).

    Volviendo a las sociedades, hay que aclarar que estas, si bien nacen de la agrupación de individuos, no son consecuencia exclusiva de la voluntad de quienes pretenden integrarla. Por lo menos en el fútbol no es así. No es lo mismo promover la complicidad entre Messi e Iniesta que entre Messi y Banega. Los resultados serán distintos; mejores o peores, pero diferentes.

    Por esto que describo con la simpleza de quien no es experto en nada es que jamás se verá al Messi de Barcelona en Argentina. Pero es que de la misma manera nunca se vio al Maradona del Napoli vestido de albiceleste. Puede que la influencia en el juego haya sido similar -me encantaría que los contables de todo explicaran cómo hacen para cuantificar lo incuantificable- pero nunca fueron similares. El juego no se explica a través de números o estadísticas.

    Y aquí volvemos a un punto tocado anteriormente: Messi será tan bueno como aquellos que lo acompañen. Esta es una regla de este juego; el fútbol es una actividad colectiva, y cada muestra que observemos no es más que la consecuencia de una serie de movimientos grupales. El gol de Maradona a los ingleses, el de la jugada inolvidable, no es más que el ejemplo perfecto: Diego se va deshaciendo de rivales mientras que sus compañeros ayudan a abrirle espacios. Fútbol=equipo.

    Pero, ¿qué es un equipo? Un equipo es un sistema, y como recuerda Carlota Torrents, citando a Aracil, en su tesis doctoral, un sistema «puede definirse como una entidad compleja formada por partes en interacción mutua, cuya identidad resulta de una adecuada armonía entre sus constituyentes, y dotada de una sustantividad propia que trasciende a la de esas partes«.

    ¿Recuerdan aquello de que un equipo es más que la suma de sus partes?

    Ese enunciado debería llamar la atención de quienes prefieren ignorar lo que con estas líneas he tratado de exponer: Lionel Messi no es el plan. Ningún jugador por sí solo puede serlo. Ninguno en la historia lo ha sido.

    Cuando Carlos Peucelle le sugirió a Adolfo Pedernera retrasar su posición en el campo nació «La Máquina de River». Pero semejante equipo no fue Don Adolfo solo; ese movimiento potenció a Muñoz, Moreno, Loustau, Labruna y hasta al propio Pedernera. Porque todo lo que haga uno condicionará a los otros, de la misma manera que el grupo influenciará en el individuo, llevándolo a producir respuestas que sin ese colectivo no conseguiría.

    Esto es fútbol, un deporte de equipo en el que tener al mejor jugador del mundo no garantiza nada. Y aquí es cuando puede medirse el verdadero valor de un entrenador: identificar las fortalezas de su equipo y conseguir que este se haga aun más potente allí donde ya saca ventajas. A Sampaoli debe exigírsele eso, que su equipo juegue como tal, y que no se entregue a la genialidad de Messi como respuesta a lo inesperado.

    Si no me cree, recuerde esta explicación de Thierry Henry sobre lo que es la construcción y respeto de una idea de juego, incluso cuando en el equipo se cuenta con el mejor jugador del mundo:

    Fotografías cortesía de Agencia AFP, Diario Mundo Deportivo

     

  • Venezuela: el plan funcionó a medias

    Venezuela: el plan funcionó a medias

    Rafael Dudamel imaginó una clase de partido. Visualizó al rival, urgido por su mala campaña y por la ansiedad de su entrenador, y pensó que aquellos apuros lo llevarían a caer en lo que en el fútbol se conoce como «querer hacer el segundo gol antes que el primero».

    Eso fue Argentina: ansiedad, desesperación y mucho vértigo, el mismo que los expertos y analistas señalan como moderno. La prisa, como nos recordó el partido de ayer, nunca es buena consejera.

    El seleccionador venezolano, convencido de la existencia de los demonios que atormentan a la albiceleste, volvió a apostar por una fórmula que, si no siente como propia, bien que lo disimula. Y es que esta selección, salvo contadas execpciones (Jamaica en la Copa Centenario y Bolivia en Maturín), disfruta de las carreras, eso que llaman transiciones. No es nada nuevo; salvo en la etapa de Richard Páez, la Vinotinto es un equipo que encuentra la comodidad replegándose cerca de su propia área para luego, tras la recuperación de la pelota, atacar los espacios que deja un rival con alma ofensiva.

    Llegados a este punto siento necesario recordar una vieja reflexión: no me gusta el término transiciones. Una transición, como bien explica su definición, tiene que ver con el paso de un estado a otro, de una fase a otra o de un modo de ser a otro. Creyente como soy de que el fútbol no se puede dividir en ataque y defensa, me cuesta, lo confieso, adaptarme a ese concepto. Por ello prefiero hablar de carreras, sin que esto suponga el desprecio por ese estilo.

    El partido comenzó jugándose como lo imaginó Dudamel. Argentina salió a avasallar al equipo vinotinto y sólo Wuilker Fariñez pudo evitar el gol tempranero que acabara con los fantasmas del local. Sin hacer demasiado -Argentina no jugó un buen partido, siendo Ángel Di María su jugador más claro hasta que una lesión lo sacó del terreno- el local llegó al área venezolana, y hasta tres pelotas invadieron el área chica del joven portero. Hasta que Di María se rompió una vez más. Con su salida, Argentina perdió profundidad y movilidad, algo que es recurrente en su tránsito por esta competición y que afecta, no a Lionel Messi, sino a las intenciones colectivas.

    Equipo que no se mueve jamás podrá sacar ventajas.

    Parece inexplicable como, con muchos buenos futbolistas. se juega tan mal al fútbol. El grueso del periodismo deportivo, en su afán de protagonismo, se ha aferrado al reduccionismo para vender el pescado podrido de que la acumulación de buenos jugadores es suficiente para jugar bien. De ser así, al mejor Barcelona lo hubiese sacado campeón cualquier entrenador, y la historia nos enseña que eso no es así.

    Argentina tiene un problema mayor, y es que, a pesar de contar con maravillosos deportistas, a estos les cuesta más y más hacer lo que saben hacer. Es como si cada día se agregara un ladrillo a esa pesada mochila que cargan tras la final del mundial Brasil 2014.

    A ese frágil estado de ánimo -la salida de Di María fue el detonante ante Venezuela- debe sumarse la ansiedad que transmite su nuevo entrenador. Lejos de contagiarles seguridad, Jorge Sampaoli, hace visible y palpable desde el banco cualquier gesto de frustración. En un colectivo que se siente perseguido y acusado, el protagonismo del DT conspira contra lo que dice buscar.
    Por ello insisto con el partido que pensó el seleccionador venezolano. Más que un tema estratégico, Dudamel olió el temor del rival.

    Superados los primeros veinte minutos, supo, a diferencia de su colega, contagiar calma y hasta atrevimiento. El gol de Jhon Murillo es consecuencia del crecimiento de un equipo que con el paso de los minutos fue creyendo. Pero al fútbol se juega con algo más que las emociones, y a Venezuela volvió a fallarle una parte muy importante del plan: entender lo que el juego exige, que en este caso era atacar la ansiedad del rival.

    El gol criollo estimularía nuevas respuestas argentinas, pero Dudamel sostuvo su proyecto cuando, por la prisa que atormentaba a los de Sampaoli, era aconsejable darle entrada a algún futbolista distinto a Murillo o a Sergio Córdova. De entrada, ambos tenían una misión muy clara: aprovechar la ausencia de laterales en Argentina para ganar esa zona y luego asociarse con Salomón Rondón. Pero tras el gol del empate, el partido sugería una readaptación, y esta podía generarse con la entrada de jugadores con otras características, con mayor manejo del balón , tales como Rómulo Otero o Yeferson Soteldo.

    Estos futbolistas, lejos del concepto de acaparar la pelota, saben identificar cuándo y cómo agredir. Córdova y Murillo son de una naturaleza más vertiginosa, y el partido pedía, al igual que sugería Napoleón Bonaparte antes de una batalla, la pausa necesaria para luego apurarse.

    El empate del local, así como el par de posibilidades con las que Argentina pudo llevarse el partido tienen su origen en errores vinotinto, sobre todo a la hora de recuperar la titularidad del balón.

    Es llamativo como a la selección venezolana todavía le cuesta ejecutar correctamente la recuperación de la pelota. Es un aspecto en el que poco puede trabajar el seleccionador, teniendo en cuenta que apenas cuenta con horas laborables, por lo que las mejorías se concentran en el tabajo de base y en los clubes.

    ¿A qué me refiero con la correcta recuperación del balón? Juan Manuel Lillo lo explica con la claridad que lo caracteriza:

     

    En ese trascendental aspecto del juego falló el equipo venezolano, y no es atrevido, tras revisar el empate ante Argentina en Mérida, que por ello se perdieron dos posibles victorias ante la albiceleste en un mismo premundial, posibilidad que jamás fue tan probable.

    Claro que tampoco debe olvidarse que, por primera vez en la historia, no se cae ante los sureños en un ciclo premundialista, pero estos errores que acá se recuerdan sirven para comprender como, aun en la vorágine que produjo un marcador histórico, el resultado es un enorme impostor que disimula la importancia del juego.

    Pues eso, que el juego manda y explica muchas cosas. Y que mientras la banalidad, el amiguismo y la superficialidad tengan tribuna, seguiremos, como desde hace más de veinte años, celebrando circunstancias antes que procesos, empates antes que victorias, y casualidades en vez de causalidades.

    Forografía cortesía de http://www.entornointeligente.com

  • El regreso de Marcelo Bielsa

    El regreso de Marcelo Bielsa

    Marcelo Bielsa dirigirá al Lille OSC a partir del 1 de julio. Así lo ha confirmado la web oficial del club, resaltando que «Convencido por el proyecto y los argumentos presentados por la nueva dirección Lille, Marcelo Bielsa ha acordado tomar el autobús desde el 1 de julio».

    Hasta esa fecha, Franck Passi, colaborador de Bielsa en su etapa al frente del Olympique Marseille, será el encargado de conducir al equipo que hoy marcha en el puesto catorce de la clasificación de la Ligue 1.

    Bielsa retorna al campeonato francés, y al mismo tiempo, se reafirma en uno de los pilares de su manera de conducir: estudiar a profundidad la plantilla que tendrá bajo sus órdenes. El entrenador argentino, al igual que cuando llegó a Chile o  Bilbao, desembarcará en la institución con un inmejorable conocimiento de las cualidades y las debilidades del equipo.

    ¿Por qué Lille y no otros equipos con otros pergaminos?

    Debe considerarse la buena relación entre el entrenador y Gerard López, cabeza visible del equipo. Así lo reseña el medio oficial:

    «Marcelo Bielsa fue la primera elección de presidente Gerard López y LOSC líderes para el gestor de equipo profesional y participar en la implementación de la nueva política deportiva deseada por el club».

    Otro elemento a tener en cuenta es que Bielsa, para implementar su método de trabajo, necesita del total compromiso de sus dirigidos. No olvidemos que el talento no es nada sin ese acuerdo del deportista consigo mismo y con eso que conocemos como equipo. El estudio que hace Bielsa sobre los futbolistas que va a dirigir no se limita exclusivamente a las estadísticas que tanto gustan al periodismo, pero que nada dicen del juego. La presencia de Passi es una señal más de que el argentino va más allá: quiere estar seguro de cuáles son los futbolistas a los que puede explotar, cuáles deben dar un paso al frente y cuáles al costado. Quienes todavía no comprenden que el juego es una cuestión mental se pierden la belleza de los procesos.

    En un documental de producción chilena sobre la vida de Marcelo Bielsa, Fernando Pandolfi, conocido en el fútbol argentino como «El Rifle», quien fuera dirigido por Bielsa en su paso por Velez Sarsfield, reflexionaba acerca de las razones por las que el rosarino aceptaba retos de tremenda envergadura:

    «Yo creo que él se planteó el desafío y dijo ‘a estos (la selección chilena) no los clasifica nadie, ¿hace cuánto? Bueno, yo los voy a clasificar’. Así en Argentina lo empiezan a valorar más, porque él fue allá y ¡parece (José de) San Martín! Liberó al país de la decadencia que tiene el fútbol».

    Para ahondar aún más en su figura, revisemos algunas de sus afirmaciones en el último tiempo, en Francia, pero con el escudo y la admiración de Marsella. La vuelta de Bielsa es un aporte enorme en esta lucha perdida pero maravillosa que es la de pelear por un fútbol que se ocupe del fútbol.

    -“El mundo del fútbol sufre una crisis de aparición de grandes jugadores. Y viendo en profundidad la Liga Francesa, y viendo la tendencia de las grandes ligas de adquirir los mejores jugadores del mundo, especialmente los que no están consagrados, observo que en Francia hay 15 jugadores de muchísima proyección menores de 23 años”.

    -“Los que conducimos seres humanos, cuando vemos que lo que perseguimos no genera el resultado deseado, tenemos dos caminos: responsabilizar a los que ejecutan o revisar las consignas que uno le ofrece. Si un equipo, de 12 puntos obtiene 3, y los 4 partidos son contra equipos inferiores con menos recursos, yo tenía dos posibilidades: responsabilizar a los futbolistas o revisar las consignas. Opté por revisar las consignas. Y la segunda cuestión que escuché lo que sentían los intérpretes e incluí sus opiniones en los argumentos que utilizo para decidir”.

    -“En este análisis, lo que para mí hay que traer como conclusión, es que todos los métodos autorizan a la victoria y a la derrota. Por cada Mourinho hay un Guardiola, y Guardiola pierde como pierde Mourinho. Pero como gana muchísimo más de lo que pierde, los períodos de análisis de la debilidad del método, es mucho menor. Lo ha dicho Ancelotti, con una frase que resume absolutamente todo: “La misma mano débil, es la que me permitió ganar 3 Champions”. Lo que quiere decir que cuando se ganan Copas del Mundo o Champions, es ductilidad para el manejo de los grandes jugadores. Y cuando pierden, porque todos alguna vez pierden, es debilidad frente a la requisitoria de las estrellas, simplemente una cuestión de proporción. Los grandes reciben este tipo de conjeturas o análisis muy de vez en cuando porque siempre ganan. Y los mediocres, como es el caso mío, con mucha más frecuencia porque habitualmente perdemos. Pero eso dicho con absoluta sinceridad, porque si analiza los títulos en los que yo he participado en mi carrera son muy pocos”.

    -“Cuando dirigía a la Selección Argentina, Brasil tenía grandes laterales, siempre los tuvo. Y para mí la mejor receta es obligarlos a defender”.

    -“Todos los que trabajamos en esto, sabemos que luchar por objetivos y no poder conseguirlos desgasta la mente de todos los jugadores. Lo que hay que saber, es si la fatiga mental es la que produce los malos resultados, o los malos resultados los que van degenerando la fatiga mental. Ese es un proceso muy dinámico y, seguramente, en el último partido hubo cosas de esa naturaleza”.

    -“Por mi experiencia personal, sé que el método, el estilo y el sistema, es bueno si ganamos. Y si perdemos es malo, y ustedes actúan con esa lógica, que es la lógica de los seres humanos. Durante un período próspero, las evaluaciones son a favor y se exaltan los mismos valores que ahora se rechazan. Ustedes, seguramente, creían que yo era mucho mejor de lo que en realidad soy”.

    -“Lo que trato de hacer en la adversidad, es fortalecer mis convicciones y no actuar con necedad negando realidades que merecen ser modificadas. Pero tengo claramente visualizado que, en los procesos negativos, todos te abandonan: los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes”.

    -“Hay que analizar cómo actúan los líderes ante la adversidad. Hay líderes que cambian el discurso y hay otros que los mantienen. He visto líderes que cambian los discursos y aciertan y revierten, o todo lo contrario. No puedo abandonar mis convicciones, no sería yo. Y sólo modifico aquello que verifico que está errado, pero también valoro lo que se opina de mí, sé que no soy tan bueno como me describían el año anterior, y tampoco soy como me describen ahora”.

    -«Yo di una idea general y el periodista sigue mirando una circunstancia particular. Participan 20 equipos que no siempre son la misma fuerza de oposición para los otros 19… Hay una enorme cantidad de situaciones que pueden no repetirse, por eso es que me cuesta hablar de lo que va a venir porque no lo puedo imaginar de un modo determinado. Hay generalizaciones que basados en los antecedentes y la historia, pero tampoco en ese caso tengo tantos elementos de juicio como ustedes que conocen los antecedentes de los equipos y los jugadores como para predecir lo que va a suceder con poco margen de error».

    -«A mi, como a cualquier entrenador, me gusta defender en espacios reducidos y atacar en espacios amplios. Pero cuando uno observa el fútbol con grandeza e interpreta el equipo que dirige, y sobre todo cuando tiene mejores jugadores que los demás, está, desde mi punto de vista, obligado a una actitud más generosa y más vinculada con la belleza del juego, por lo que seguiremos intentando en mejorar nuestra capacidad para defender en espacios amplios y para atacar en espacios reducidos. Eso es lo que hacen todos los equipos grandes del mundo, porque para hacer lo contrario hay que tener enfrente un equipo generoso, y eso no sucede».

    -«Nosotros todos estamos acostumbrados a que determinadas causas generan efectos previstos. El fútbol se aparta de eso. Una misma causa puede ofrecer diferentes efectos. Sabemos que la mayoría de las cosas que suceden no obedecen a cómo las imaginamos. Hay mucho de casual».

    -«El problema de jugar con dos 9 no es ubicarlos juntos sino decidir que aspecto del juego se posterga poniendo dos atacantes centrales. Si usted pone dos atacantes centrales sin un volante creativo les resta quien los abastezca, quien le de los pases verticales. Y si para poner dos nueve saca a un extremo, se pierde la llegada de balones desde los costados. Y si conserva los dos wines y el volante ofensivo, debe restarle un componente a la estructura defensiva. No es una decisión sencilla para los que reflexionan más de lo conveniente. Puede ser <Parálisis por exceso de análisis>».

    -«Hay una sola respuesta que todo lo que yo diga lo tira por el suelo. Porque ser el mejor te quita felicidad: horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiestas, diversión. Ustedes tienen un problema muy grande. Muy, muy grande. Tienen dinero pero no tienen tiempo para disfrutar del dinero que tienen. Lo que el dinero te da en términos de felicidad. Eso yo ya lo sé porque lo he visto infinidad de veces. Ustedes quisieran comprar el tiempo. Pagarían por poder hacer eso, como pagaría cualquier persona. Entonces, el éxito te quita la posibilidad de ser feliz. También es una elección, también es una elección”.

    Cuando dos centro atacantes juegan juntos, alguno desciende o alguno se abre para no sobreponerse. Al que le toque descender o abrirse va a jugar peor porque su mejor versión es en el  centro del campo y cerca del arco. Pero en ocasiones, jugando peor uno de los dos, la suma de ambos mejora el equipo. Lo difícil es lograr comodidad en aquel que hace concesiones a sus mejores posibilidades y abandona su puesto. Periodista: ¿esa es una reflexión del momento? Bielsa: No, ahora no, desde hace 15 años que reflexiono sobre ese tema».

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.