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  • Atacar y defender es una sola conducta

    Un equipo de fútbol es un conglomerado de conductas que no deben observarse de manera aislada sino como lo que son: hermanas de otras manifestaciones. Cada reacción, cada intento es justamente la continuación y la consecuencia de un movimiento que lo precede, y esa prolongación no es más que una escena de una película que hay que ver en su totalidad.

    Quiero ser muy enfático: el fútbol es un juego imposible de descifrar porque cada partido es una muestra distinta y lo que hoy sucede es producto de mil variables que mañana seguramente no aparecerán. Claro que existen unas pocas verdades, como aquella que nos recuerda que un equipo se defiende atacando y ataca para defenderse. Parecería una contradicción pero no lo es.

    Hace un par de días se enfrentaron el Chelsea de José Mourinho y el Atlético de Madrid de Diego Simeone. A priori, y siempre según el paradigma tradicional, son dos equipos que defienden muy cerca de su propia área, sin dar espectáculo ni pensar en el arco rival. Pero justamente esos conjuntos nos enseñan rápidamente el porqué de esa ubicación en el terreno: para aprovechar mejor las cualidades de sus dirigidos. ¿Por qué se comportan de esa manera? Para ganar.

    Cuando cualquiera de esos conjuntos recupera la pelota comienza una cadena de eventos – no nos fijemos en la duración de los mismos – con el único objetivo de buscar la portería contraria. Claro que también hay equipos que practican la posesión defensiva de la pelota – no le crean a quienes hablan de una “posesión efectiva”, eso es una idiotez sin sentido – y la adoptan como plan para evitar que el rival los ataque y luego contragolpearlo cuando se presenten las oportunidades.

    Lo que debemos comprender es que un equipo de fútbol está definido por un grupo de pautas y procederes que, a pesar de las tentaciones, no podemos analizar por separado, ya que al hacerlo estaríamos despreciando lo que realmente las hace únicas, y nos estaríamos dejando llevar por una postal que congela un gol o un error, asumiendo equivocadamente que en una actividad como el fútbol se puede disociar conductas a favor de lo que a nosotros, como espectadores, nos conviene para aparentar una sabiduría que no poseemos.

    No hay equipos ofensivos o defensivos; lo que debemos comprender es que cada equipo, idealmente, tiene que jugar según las posibilidades que nacen de sus jugadores y de la interacción entre ellos. Lo contrario es entregarle armas a quienes desde su trinchera proponen analizar el juego como cualquier otra conducta intrascendente.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 11 de Mayo de 2.014

  • El caos de Richard Páez

    “Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos”.

    La frase pertenece a Richard Páez, y puede ser revisada en una entrevista que me concedió hace unas semanas para el sitio web de Martí Perarnau (http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/richard-paez-el-nombre-del-cambio-ii-parte/) . En ella, además de la afirmación que da inicio a esta columna, hay otros conceptos que valen la pena revisar, sobre todo por aquellos que dudan de las capacidades de los entrenadores venezolanos y prefieren que a nuestra selección la conduzca cualquiera que sólo cumpla con el requisito de haber nacido fuera de nuestras fronteras. Pero volvamos al caos.

    En la exposición del técnico de Mineros de Guayana – ¿son estos sus últimos días en el equipo negriazul? – aparece la palabra caos como una virtud y no como enemiga del proceso evolutivo de un equipo de fútbol. Dentro de las definiciones de este fenómeno, en el sitio web Wikipedia se lee una que explica lo que el merideño plantea: “el caos es la complejidad de la supuesta causalidad en la relación entre fenómenos (eventualidad) sin que se observe una traza lineal que relacione la causa con el efecto”.

    Con esto Páez intenta convencer a sus futbolistas de algo que ya Marcelo Bielsa explicó hace un par de años: “yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? Corremos todos. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento».

    El juego del fútbol es un acto indivisible. Atacar y defender son conductas hermanadas por algo más que un trabajo táctico: la actitud. Cuando el ex seleccionador vinotinto habla de generar caos, lo que realmente está haciendo es pedirle a sus futbolistas que jueguen según sus cualidades y su intuición. No es un llamado en contra del trabajo de la semana; todo lo contrario, es recordarle al jugador que es él quien tiene la potestad de decidir y que debe atreverse a ello, a vivir y a promover lo imprevisto. A hacer que pasen cosas.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 20 de Abril de 2.014