Etiqueta: Atlético de Madrid

  • Telegrama 2: Simeone, un gran comunicador

    Telegrama 2: Simeone, un gran comunicador

    Nadie, salvo aquellos que esconden objetivos oscuros, compite por otra cosa que no sea la victoria. El debate que se plantea entre la búsqueda del triunfo o el sostenimiento de una idea es tan banal como nuestros tiempos. Por ello ha ganado tanto espacio en los medios y en la masa. Diego Simeone, un gran comunicador, ha sacado provecho de esta particularidad.

    El argentino hace tiempo que reconoció cuál es su audiencia y qué mensaje espera de él. Sabe que al hablar de lucha, garra, intensidad y otros conceptos la seduce hasta convertirla en su ejército. Es probable que esta forma de predicar se vuelva en su contra hasta empequeñecer su obra y sus capacidades.

    El entrenador del Atlético de Madrid «vive» el juego tanto como los entrenadores que transitan diferentes vías filosóficas. Estudia y se prepara como aquellos. Sin embargo, entendió que su mensaje fascina a un público, su público y que éste es un escudo protector de grandes dimensiones.

    Sus frases no están dirigidas hacia quienes se interesan por el juego sino a su tropa, aquella que se comió el pescado podrido de que el fútbol es una guerra en la que triunfa aquel que es más intenso o más valiente.

    Cuando declara que ganar es lo único deja de lado aquello que se conoce como proceso. Lo rico de este juego es que existen un sinfín de fórmulas para aspirar al triunfo, que no hay una verdad excluyente. Por ende, es esencial adentrarse en cada muestra para comprenderla y valorarla en su justa medida. La pluralidad ideológica necesita eso más que al resultado o a la exaltación a la testosterona. Su discurso limita el análisis y convierte al fútbol en una representación bélica.

    Reducir todo a ciertos condicionantes no le hace justicia al gran entrenador que es; cuando llega la derrota, se esfuman las posibilidades de cambiar la prédica: la masa, educada en la cultura de la intensidad, no hará más que castigar a los suyos por falta de esfuerzo, garra, etc.

    Comprendamos que perder, pierden todos. En la competencia la primera regla que existe es reconocerse vulnerable. Sin embargo, hay derrotas que transmiten una sensación de vació y otras que por lo menos dejan al espectador con la panza llena de fútbol.

    Cada quién elige como perder…
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  • Laterales, ubicación y posición

    Laterales, ubicación y posición

    Una de las primeras instrucciones que se dan en el fútbol formativo es que los jugadores deben “cerrar” cuando se está jugando por el costado opuesto al que ocupan. Es por ello que normalmente se puede observar que, tanto laterales como extremos, centralizan su posición cuando el balón recorre espacios contrarios a su ubicación. Sin embargo, este tipo de instrucción se fue convirtiendo en una verdad absoluta, eso que llaman un «automatismo», y que apenas sirve para alejar al jugador de la comprensión del juego: cuándo y por qué deben realizarse determinadas conductas.

    La ubicación del futbolista en el campo de juego obedece, idealmente, a una serie de factores. Se pueden contar entre ellas a la intención de su equipo, a la incidencia que tiene la interacción del oponente, a la distancia entre él y la pelota y, como si fuera poco, a la dinámica misma de un juego que es incontrolable en su totalidad. Es por ello que la ubicación, un concepto definido como “lugar en el que está ubicado algo” es circunstancial; el fútbol, estimado lector es circunstancia.

    Este concepto ha ayudado además para que Juan Manuel Lillo diese una vuelta de tuerca a la idea que se conoce como “Juego de Posición”. Lillo, en el libro “Pep Guardiola, la metamorfosis” de Martí Perarnau, aclara que ubicación es un término que engloba a otros dos, fundamentales para entender el “JdP”, como son posición y situación. El lector puede reconocer inmediatamente la mención a la palabra situación y no debe sorprenderle, ya que estamos hablando de fútbol: tanto la pelota como los futbolistas están siempre en movimiento, creando y generando nuevas realidades. Nada es igual y nada será lo mismo.

    Sirva esta introducción para hablar de los laterales del Atlético de Madrid. Tras observar al equipo de Diego Simeone se puede exponer que las conductas y respuestas de Kieran Trippier son totalmente opuestas a las de Renan Lodi. Con esto, debo aclarar, no me refiero a sus perfiles ni a las formas que tienen de finalizar sus avances. La vista la he puesto en su ubicación en el campo de juego, especialmente en la fase en la que el equipo colchonero dispone del balón.

    El lateral británico no muestra, hasta los momentos, un patrón fijo. En sus proyecciones alterna cerrar su posición con mantenerla. Esta última variante ayuda a su equipo a “descomprimir” la reorganización defensiva del oponente, ya que, cuando menos, obliga a uno de los futbolistas contrarios a dividir su atención entre dos objetivos: la ubicación de la pelota y la de Trippier.

    Por su parte, Lodi cierra hacia el centro constantemente, creyendo que de esa manera se acerca a “la jugada”, descuidando la posibilidad de que ese movimiento de aproximación a un compañero atrae a un oponente a la zona en dónde está el balón. Al mismo tiempo, esta acción del brasileño, una que se puede observar en jugadores cono Isco Alarcón, reduce el campo de juego para los suyos y para el rival.

    No me atrevería a afirmar si estas conductas tan opuestas son parte de una estrategia o responden primordialmente a las características y el sentir de cada jugador. Sin embargo, no me parece una osadía sugerir que, ya que al Atleti le cuesta tanto construir situaciones reales de gol -con ello me refiero a aquellas en las que la defensa o el portero rival sean realmente exigidos-, quizá deba observar con mayor ahínco el juego de sus laterales para encontrar una posible solución a su juego.

    Cuando Trippier elige no cerrar sino sostener su posición le da su equipo dos probables ventajas: a) la disyuntiva entre quedarse o cerrar haría de su marcador un futbolista que, ante la vacilación, llegaría tarde a cualquier situación; y b) la ubicación del británico sugiere una ampliación del espacio de ataque. No se olvide que, tal como sostiene constantemente Marcelo Bielsa, a los equipos de fútbol les es ideal atacar en espacios amplios y defender en espacios reducidos.

    Hace unos días publiqué un episodio de mi podcast (https://open.spotify.com/episode/5fpz3mlo8iYMdU1pSEy56D?si=2FDUd5lhSH2tXvfSMe9XPQ) en el que planteaba que el juego de los laterales era una de las tantas variables que ayudan al intento de comprender la identidad de un equipo. Sirva este post para alargar la discusión y agregar lo que en estas líneas expreso, agregando además otro ítem: si el fútbol es circunstancia, ¿por qué nos empeñamos en hacer del futbolista una especie de ejecutor de ordenes?

    Seguimos..

  • Jugar bien al fútbol

    Jugar bien al fútbol

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    Para saber de fútbol hay que saber de futbolistas”. Juan Manuel Lillo

    Quienes hacemos vida alrededor del fútbol tenemos mucho que aprender. Bien podría argumentarse que incluso quienes estudian esta disciplina apenas están recorriendo las etapas embrionarias del juego, por lo que no debe extrañarnos que un 99% de los conceptos que se exponen para hablar del juego disocien, separen, o incluso hablen de integración (integrar es unir, y para unir debe existir primero una separación), cuando en realidad, el fútbol es un todo y vive de la continuidad. No hay ataque y defensa como estados separados sino que todo está interrelacionado e intercomunicado.

    Bien podría decirse que con el fútbol femenino y el fútbol masculino sucede algo similar. No me refiero a las diferencias notables y notorias en cuanto a su tratamiento comercial y mediático, sino a la comprensión y respeto que merece el juego en sí.

    No importa quién lo juegue, al final es fútbol, y como tal debe ser tratado, lo que quiere decir que, más allá del resultado final, el dinero que se reparta o el espacio que ocupe en determinados medios de comunicación, el juego contiene y produce una serie de pautas sumamente ricas que no reconocen las diferencias ni las barreras que nosotros mismos nos hemos autoimpuesto.

    No me malinterprete. El objetivo de todo deportista es vencer, pero en el camino, aquellos que disfrutamos del juego nos encontramos ante la difícil tarea de considerar otras cosas, sobre todo si nos interesa esa relación casi dicotómica entre la intención del juego (competir para ganar) y el respeto por el juego mismo, aun por encima de esas obligaciones que genera precisamente jugar al fútbol de forma competitiva.

    Más allá de la elección de si jugar por arriba o jugar a ras de piso, con cuatro atacantes o tres defensores, el juego exige una comprensión que nada tiene que ver con esas numeraciones o con términos muy utilizados y manoseados, tales como la velocidad o la intensidad. Jugar bien al fútbol es, entre otras cosas, adaptarse y reaccionar a lo que va reclamando la dinámica del juego. Existe un plan, un mapa (como explicó el profesor Julio Garganta en una entrevista para la revista The Tactical Room) y un territorio, y en el segundo la exigencia es jugar, que no es otra cosa que adaptarse, reorganizarse y seguir haciéndolo.

    Escribo estas líneas pensando en Amanda Sampedro. No descubro el agua tibia si le digo que la futbolista del Atlético de Madrid juega muy bien al fútbol, pero no por ello debe pasar por debajo de la mesa qué la hace una futbolista superlativa.

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    Explicaba Pablo Machín, entrenador del Girona, en una entrevista para The Tactical Room, que aprovechar la anchura del campo “facilita generar y tener espacios interiores intermedios por los que puedes sorprender”. Y eso hizo Sampedro el sábado, ante el Madrid CFF, en el marco de un día histórico para el fútbol femenino español, debido a que el derby ante el Madrid CFF se jugó, por primera vez, en el estadio Wanda Metropolitano.

    La “10” rojiblanca se ubicó pegada a la banda derecha. Cada una de sus conducciones derivó en la progresión futbolística de su equipo (el continuum), bien fuese por alguna maniobra individual o por su correcta asociación con la compañera mejor ubicada. La toma de decisiones, en un deporte colectivo, depende de muchas circunstancias, siendo la adaptabilidad (capacidad para adaptarse) una de ellas. Y eso lo mostró la capitana colchonera.

    Sepan disculparme los estadísticos por no llevar la cuenta de las ocasiones en las que Sampedro rifó un balón, perdió un duelo o dio un mal pase. Más allá del resultado final, lo que realmente emociona es observar a una futbolista con semejante capacidad para interpretar cada situación del juego. Y es que, así como sus conducciones tenían una intención de potenciar el juego colectivo del Atleti, su ubicación, cuando el juego se desarrollaba en el sector contrario, ayudó a que el concepto que expuso Machín fuese realidad.

    Cuando mencioné la obligatoriedad de considerar las distintas aristas que el fútbol ofrece, lo hice con la intención de valorar lo que el sábado produjo la capitana rojiblanca. El marcador no refleja la influencia de Sampedro en el juego de su equipo ni su capacidad de interpretar cada situación. Eso vale mucho y es patrimonio de pocos, tanto en el fútbol femenino como en el masculino.

    Al final del día, es fútbol, y lo que realmente es que se juegue bien, de la manera como Amanda Sampedro lo hizo el sábado en el Wanda Metropolitano.

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    Fotografías y video de Antonio Díaz Madrid @antoniodiazmadrid

  • A propósito de Diego Costa

    A propósito de Diego Costa

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    Es una obviedad decir que la introducción de un nuevo elemento en un sistema modifica a ese organismo, de la misma manera que genera una nueva versión de ese novedoso integrante. Ahora bien, el objetivo, o la meta si así se prefiere, es identificar esas pequeñas modificaciones que confirmarán que aquel viejo sistema no será más.

    La vuelta de Diego Costa al Atlético de Madrid supone una fabulosa noticia, no solo para los seguidores colchoneros, sino para todos aquellos que ven en la plantilla rojiblanca mayores posibilidades de crecimiento futbolístico.

    El argumento más repetido en estos días es que con “La Pantera”, el club de la capital española mejorará su faceta ofensiva, pero esto no es más que un reduccionismo, ya que la evolución nunca puede ser medida en apartados; hay que hablar de mejora futbolística.

    Si un equipo ataca mejor, y lo hace por más tiempo, estará cada vez más lejos de su propio arco, lo que se traduce en un conjunto que sufrirá menos ocasiones del rival. Si esta versión del Atlético consigue que sus ataques se prolonguen y no sean sólo fulgurantes arranques (cómo se vio ante el Getafe), podría intuirse que llegar al arco de Jan Oblak será cada vez más complicado, por no decir imposible.

    No olvidemos que el equipo de Simeone se siente cómodo defendiendo como un bloque muy compacto cerca de su propia área, e incluso dentro de ella. A sus defensores no les interesa aquello de salir organizadamente desde su propio arco, y ahora, con el hispano brasileño la salida en largo tendrá nuevas y renovadas probabilidades.

    Con Costa, Atlético gana, como muchos dicen, un faro, una referencia, alguien con las características perfectas para pelear con los defensores centrales rivales esos envíos aéreos, pero también, y esto no es menos importante, retorna al equipo un futbolista que sabe aguantar muy bien el balón a la espera de que lleguen sus compañeros, lo que en principio beneficiará el aporte goleador de Antoine Griezmann y el resto de los futbolistas colchoneros.

    Esto no es poca cosa. El Atleti, como ya viene siendo costumbre, ha exprimido hasta más no poder su eficacia en las dos áreas: con pocas llegadas convierte el gol necesario y sabe repeler perfectamente a los ataques contrarios. Pero esto, en un juego complejo e incontrolable como el fútbol es equivalente a caminar sobre un alambre o bailar con el demonio.

    Los números no mienten: en 18 partidos, los rojiblancos han anotado 27 tantos, un promedio de 1,5 goles por partido. El máximo anotador es Griezmann con 5 goles. Si a ello le sumamos que apenas ha recibido ocho anotaciones, el argumento anterior cobra fuerza. Es por ello que la vuelta de Costa simboliza un cambio en el estilo de Simeone.

    Idealmente, la delantera la integrarán Costa y Griezmann. El primero se ubicará entre los dos centrales contrarios, empujándolos hasta su propia área o sacándolos de ella, siempre dependiendo de la dinámica propia del juego. Esos movimientos permitirán que tanto el francés, los volantes o cualquier otro jugador rojiblanco gocen de más oportunidades de acercarse al área rival, mejorando las relaciones espaciotemporales, algo que solamente puede beneficiar a al club que sepa sacar provecho de ello.

    Para resumir: con Costa, Simeone gana un delantero centro con virtudes muy beneficiosas para su idea. Peleador e insoportablemente testarudo, Costa convertirá goles, pero también “liberará” a Griezmann, de la misma manera que alimentará a los “llegadores” como Ferreira, Koke, Carrasco, Saúl, etc.

    Fotografías cortesía de Antonio Díaz Madrid (antoniodiazmadrid.com)