Etiqueta: Brasil 2014

  • Tristeza y orgullo.

    La forma como César Farías ha planteado los partidos en esta eliminatoria no difiere mucho de lo visto el martes ante Uruguay. Salvo alguna excepción -la victoria ante Paraguay-, la Vinotinto se ha caracterizado por ser un equipo que defiende muy cerca de su propio arco, y una vez recuperada la pelota se trabaja para generar ataques extremadamente rápidos. Esto y la efectividad a balón parado han sido las señales que definen al grupo.

    Frente a la selección charrúa el conjunto nacional planteó el partido desde esa zona de confort que se sustenta en la utilización del once de gala, con la excepción de Frank Feltscher. El atacante del Grasshopper suizo es un futbolista que necesita espacio para poder desarrollar su principal virtud: la explosividad. Cuando se enfrenta a un conjunto que se defiende tan cerca de su propia área, la ascendencia del veloz jugador cae hasta niveles en los que su presencia no es tan influyente. No hago un juicio a su convocatoria sino a la conveniencia de su titularidad en un partido en el que la selección no iba a encontrar el ecosistema necesario para aprovechar sus virtudes.

    Esa apuesta se pagó cara y su incompatibilidad fue aún más notable a partir del gol de Édison Cavani, momento en el que se invirtieron los roles y fue nuestra selección la que tuvo que asumir la responsabilidad del partido. Ningún equipo sale a empatar o perder, pero con la anotación visitante cambió la hoja de ruta y nos encontramos ante un acertijo que siempre nos ha sido muy difícil de descifrar: traducir la ambición en protagonismo y efectividad.

    La necesidad de cambiar el plan original trae consigo estados emocionales muy difíciles de manejar, tales como la ansiedad, la inseguridad, la desesperación y otros más que actúan como malos consejeros a la hora de tomar decisiones. Puede que exagere, pero el marco que planteo no ha sido favorable para nuestros equipos a lo largo de la historia. No se pierde el partido por la titularidad de uno u otro jugador; sin embargo, pesa y mucho que a la hora de buscar soluciones estas no estén en el banco de suplentes por haber sido desechadas.

    Pero no fue solamente tristeza la sensación que me dejó el partido, debo aclarar que también sentí mucho gusto por la entrega de estos jugadores en el césped de Cachamay para luchar contra todas las adversidades. Podemos cuestionar todas las decisiones, pero el espíritu de los futbolistas está fuera de discusión y debe ser tomado en consideración el día que decidamos ser un mejor país. Eso es la Vinotinto: el ejemplo del país que queremos.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 13 de junio de 2.013
  • Momento de subirse al tren

    Es el momento de aferrarse a lo conocido y no hay mayor sensación de confianza que aquella que nace de estar bien acompañado. No son tiempos para discutir la idea o de abrirle la puerta a las dudas. Ante Uruguay, con el objetivo final cada vez más cerca, no valen los experimentos sino todo lo contrario: volver a las fuentes.

    La Vinotinto de Farías es un equipo de transiciones rápidas, casi relampagueantes. Se sabe muy capaz con el balón en los pies pero se declara fiel representante de la juventud que recién comienza a manejar autos: rápida y furiosa. Así juega y así vive; no hay tiempo para términos medios ni para matices.

    Esa manera de jugar – de vivir más que de morir – afronta su más dura prueba el martes ante la selección charrúa, hoy menos rápida pero siempre furiosa. Con el once de gala – salvo Amorebieta por razones futbolísticas – el grupo que comanda Farías ha decidido entrar en la recta final asumiendo su papel de retador animado por su irreverencia y voluntad de torcer el rumbo de la historia. Sólo el tiempo dirá si lo consiguen, pero ante semejante posibilidad, no hay nada mejor que iniciar el recorrido con la gente que genera mayor confianza: los suyos. Decisión valiente y de mucho riesgo, pero decisión al fin y para ello están los DT. Cómo dice Martí Peranau «los resultados jamás te dan ni quitan la razón. Te dan títulos o victorias, pero nunca la razón, que no forma parte del resultado deportivo».

    El camino es la recompensa, pero la sensación de pagar el boleto a Brasil vale más que una simple estadística