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  • Los socios que necesitan Messi y el Barça

    Los socios que necesitan Messi y el Barça

    Yo lo había pedido al Checho Batista cuando él llegó a Napoli. Pero el brasileño (NR: Alemao) después me demostró todo lo que valía. Un jugadorazo”. Diego Armando Maradona, “Yo soy el Diego”.

    En el fútbol no existen los salvadores. Puede que, ante determinadas situaciones, aparezca algún futbolista que resuelva, siempre según lo que nos enseña la última imagen, un atasco. Pero esta es una mirada equivocada, oportunista, parte de un reduccionismo malintencionado. Los grandes futbolistas de la historia fueron parte de grandes conjuntos; fue la interrelación con sus compañeros, en esa dinámica que conocemos como “equipo”, lo que los hizo mejores. Al grupo y a sus futbolistas de forma individual.

    El fútbol, como lo definió el profesor Francisco Seirul·lo, es el juego de juegos, entre otras cosas porque necesita de la adaptación constante del futbolista a las necesidades del colectivo al que pertenece, así como a las emergencias que surgen de la interacción con el rival y sus intenciones.

    No voy aburrirle con un pesado repaso sobre grandes e inolvidables selecciones, tales como la Hungría de los años 50, el Brasil de finales de la década del 50 hasta 1970, la Holanda y la Alemania de los años 70, o cualquier otra manifestación futbolística ajena a la memoria del lector. La única referencia que voy hacer, por un tema de proximidad, es sobre el Barcelona de Pep Guardiola.

    En aquel equipo se hizo estrella Lionel Messi. A partir de un funcionamiento y una identidad colectiva, que nunca fue la misma sino que se mantuvo en constante evolución, el argentino mostró al mundo cualidades muy particulares, unas que lo convirtieron un protagonista constante en las discusiones futboleras.

    Sin embargo, Guardiola no le transfirió a Messi capacidades que este no tuviera. Pero lo ayudó. Mejor dicho, lo acompañó a encontrar un contexto ideal para que esas cualidades brillaran aún más. Siempre en favor del equipo y cualquier lucimiento personal sería consecuencia de un trabajo colectivo, a diferencia de lo que se sugiere constantemente desde los medios, que no es otra cosa que una calle de una sola vía: la construcción individual del juego para que el colectivo saque provecho.

    Desde el momento en que la dirección deportiva del Fútbol Club Barcelona creyó que su modelo era Messi, equivocó el rumbo y personalizó una forma de jugar. Hizo lo mismo que la selección argentina desde los tiempos del Diego Maradona seleccionador. Esto no es un cuestionamiento a las capacidades del 10 blaugrana, sino un recordatorio vital de que en este juego, ni el propio Maradona tenía poderes para salvar a todo un equipo

    Tras ganar la UEFA Champions League (2010-2011) por segunda ocasión en tres años, Guardiola sugirió que a Messi había que mantenerlo contento, y que ello pasaba por rodearlo de futbolistas que lo ayudaron a retarse constantemente compitiendo:

    El técnico catalán no planteó en ningún momento que la felicidad estaba en complacer caprichos o en personalizar el modelo; la clave era encontrar futbolistas que mantuvieran al equipo como un colectivo competitivo, con personalidad propia, y que no se entregara al brillo de su máxima figura.

    Al igual que todo lo que huele a Guardiola en el Barça, el aviso fue despreciado. El proyecto, o el modelo si se prefiere decir de esa manera, pasó a ser Messi y se edificó una especie de adoración a su aporte, a la contribución individual de un deportista en un juego colectivo. La contradicción se explica por sí sola.

    Los proyectos en el fútbol deben originarse en ela aceptación de que este es un juego colectivo y no una simple suma de individualidades. Por ello, es probable que para el crecimiento de un proyecto sea mucho más importante la aportación de un futbolista menos mediático que la de uno de esos que se promocionan como “top”.

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    La superficial suma de virtudes que hacen los especialistas no tiene en cuenta valores del juego, tales como las interacciones, interrelaciones, la convivencia, el entendimiento y todo aquello que explica el Profesor Seirul·lo Vargas en cuanto a la estructura socio-afectiva.

    En aquel equipo dorado de Guardiola confluyeron muchos futbolistas educados en el idioma Barça. Es importante recordar que ninguno de ellos tuvo un camino tranquilo hacia el primer equipo, y que todos, de una u otra forma, tuvieron rivales en la institución catalana, en el público, y por supuesto, en el entorno. Si lo desea, el lector puede hacer una rápida consulta sobre cuánto les costó a Víctor Valdés, Carles Puyol, Gerard Piqué, Xavi y/o Iniesta encontrar la confianza para asentarse en su club. Sólo Pedro Rodríguez y Sergio Busquets, casualmente promovidos por el hoy entrenador del Manchester City, tuvieron una inserción mucho más natural.

    Este relato no tiene otra intención que reflexionar sobre la aparición de los nuevos “barçaparlantes”: Carles Aleñá, Riqui Puig, Juan Miranda, Palencia, Oriol Busquets, Abel Ruiz, etc. No hay en el mercado internacional jugadores que interpreten mejor ese “Lenguaje Barça” que ellos.

    Acompañados por los Mascherano, Abidal o Keita de turno, el club blaugrana está ante una oportunidad magnífica: volver a ser lo que antes fue, desterrando el frívolo postulado de que aquel equipo que enamoró a un alto porcentaje del mundo futbolístico fue consecuencia de una generación dorada.

    Frenar, mirarse a sí mismo, revisar los por qué de la “muerte futbolística” de Hungría u Holanda, y volver a las fuentes. Estos son algunos de los pasos que debe dar el FC Barcelona si realmente desea sostener su personalidad. No es tan complicado, aunque luego del cruel adiós a Joan Vilà esto suene más a utopía que a una realidad posible.

     

    Fotografías encontradas en internet. Créditos a quienes corresponda.

  • Gracias, Iniesta

    Gracias, Iniesta

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    Lo más jodido de hacerse viejo es llenarse de recuerdos. Los recuerdos son imágenes de algo que fue y que nunca más será.

    El futuro es incierto, inexistente, mientras que el presente es tan actual que lo vivimos sin tener consciencia de cuánto de ello se convertirá en recuerdos, y cuánto desecharemos. En la inmediatez del momento, la actualidad es maravillosa, agobiante y conmovedora, sencillamente por la dinámica histérica de nuestra existencia.

    Con Andrés Iniesta aprendí a ver el fútbol de otra manera. No fue con Pep Guardiola, a quien tuve de ídolo. Tampoco a través de Michel Platini o de Marco van Basten. Iniesta me obligó a entender que para jugar había que darle continuidad a una dinámica colectiva, y que aquello requería diferentes respuestas, dada la imposibilidad de encontrarnos con dos situaciones totalmente idénticas.

    Lo que el eterno número 8 del FC Barcelona construyó fue magnífico y contracultura. Al lado de Xavi, su socio de siempre, destruyó todos los renacidos mitos de la mal llamada modernidad, aquellos según los cuales los futbolistas de poca estatura, o de físico aparentemente débil, no podían competir al más alto nivel. Patrañas, mentiras y mucha ignorancia militante.

    Iniesta compitió y vaya si lo hizo. Perdone si esto le parece exagerado, pero no encuentro, en los últimos veinte años, a dos mediocampistas tan influyentes como Andrés y Xavi. Los habrá con más pases gol y con mayores registros anotadores; pero sobre ninguno se construyó un equipo de leyenda como con ellos.

    El FC Barcelona de Xavi e Iniesta, de Messi y Busquets, de Puyol y de Alves, de Valdés y de Piqué compitió no con sus rivales actuales sino con “La Máquina” de River Plate, con los “Magiares Mágicos” húngaros, con Brasil de 1970, con el Ajax de finales de 1960, y, si me permite una licencia, con el AC Milan de Arrigo Sacchi. Compitió desde los conceptos que estos grandes equipos construyeron y vaya si los mejoró. Y, aunque a ese equipo lo hayan integrado maravillosos jugadores, incluido Lionel Messi, ninguno, salvo Andrés, englobaba en su ser todas las virtudes de aquel conjunto.

    Claro está que un equipo es mucho más que la suma de sus partes, por lo que intentar entender a Iniesta fuera de su “contexto” sería un ejercicio inútil, sin sentido. Aquel “Pep Team” fue de todos, hasta de los que menos jugaron. Sin embargo, Iniesta fue la elegancia y el pragmatismo hecho jugador. Ahora que tanto se habla de jugar simple o de ser práctico, lo mejor sería que se intentara jugar de manera sencilla, como lo hizo Andrés. No hubo nadie más efectivo que Iniesta, siempre que entendamos a esa virtud como la capacidad de conseguir el resultado buscado. El 8 siempre intentó que su equipo jugara mejor y, salvo alguna tarde que nadie recuerda, lo consiguió.

    El pase, el control, el giro, el recorte, el freno, el cambio de ritmo y el supremo dominio de los espacios. Eso ha sido el de Fuentealbilla. Su silencio fue la pausa necesaria para tomar un último suspiro, comprender que se ha perdido una gran parte de nuestro ser, y creer, porque nada más se puede hacer que soñar con un futuro que valdrá la pena. Su futbol fue así, un intento de progreso sostenido siempre por un primer paso que ya era pasado.

    Todos jugamos al fútbol, y en mi caso, fui extremo. Tenía gol y era bastante rápido. El fútbol era, en mi día a día, una gigantesca posibilidad de ocupar, por medio de la carrera, los espacios que dejaba la defensa rival. Entendía que corriendo llegaría rápidamente al arco. Gol, saque desde el medio y otra vez a correr (no hace falta aclarar que nunca tuve las condiciones para ser más de lo que fui), así comprendía este juego, hasta que el juego me acompañó.

    Aun así, nunca dejé de pensar en el fútbol. Todos los que alguna vez jugamos al fútbol seguimos soñando con fútbol, con aquel gol imposible, o con el pase que debimos dar. Y pensamos en fútbol porque creemos que haberlo jugado nos hace conocedores del juego. Por ello le agradezco a Andrés Iniesta que, mientras yo imaginaba piques eléctricos y un fútbol casi individual, él abrió mis ojos para recordarme que este juego tiene una velocidad propia, un espíritu colectivo y colectivista, y que sin los compañeros moriremos en la más triste soledad. Eso fue Iniesta, un continuador y un multiplicador de probabilidades. Siempre en equipo; siempre para el equipo

    Iniesta se retira del FC Barcelona y se irá quién sabe a dónde. Su fútbol forma parte de mis recuerdos, de las imágenes que espero nunca me abandonen. Es una de las tantas memorias que ayuda a seguir caminando hacia adelante al tiempo que voy aceptando que me estoy haciendo viejo…

     

    Fotografías cortesía de Getty Images y AFP