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  • Fútbol: más que gallardía, orgullo y cojones

    Fútbol: más que gallardía, orgullo y cojones

    Los equipos de fútbol son grupos integrados por seres humanos que ejercen de futbolistas. Esto supone que las emociones jueguen un papel determinante en cada duelo. Sin embargo, el fútbol es más que pundonor, orgullo y cojones.

    Estos valores, aunque desde las cabinas y los estudios de grabación nos quieran hacer creer lo contrario, no son mesurables ni están sujetos al país de origen. El amor propio, el pundonor o el sentido de pertenencia son de cada quien y cada uno los expresa y vive a su manera. Es una soberana estupidez pretender transferir nuestra manera de sentir hacia los otros; la individualidad de cada ser, aquello que nos distingue de nuestros pares y nos hace únicos e irrepetibles, es total, no selectiva.

    La cultura bélica y su lenguaje, transferidos al fútbol por aquello de que éste es “la guerra por otros medios”, instaló estos conceptos propios del combate para argumentar un triunfo o justificar la derrota. Se comunica que hay episodios más dignos que otros, una descripción que discrimina y sugiere que otras presentaciones u otros equipos no lo fueron, es decir, que carecieron de nobleza o decencia. Esta es una demostración más de cómo el lenguaje condiciona todo, incluso nuestra manera de relacionarnos con un hecho deportivo.

    El público no es el causante de esta perversión. Basta ya de hacerles responsables del Frankenstein mediático que nosotros hemos creado. Somos los únicos culpables de que no se hable de fútbol y por el contrario, se rescaten estos valores que no describen en su totalidad el desarrollo de un partido o el andar de un equipo en determinada competencia.

    Este hablar para ganar adeptos, tan de moda en los tiempos que corren, tiene consecuencias aún más graves que el simple hecho de alimentar el fervor y la euforia: reduce el juego de fútbol al plano emocional, lo que destruye el proceso de comprensión de la actividad y lo transforma en un hecho banal.

    Pongamos el ejemplo de la selección venezolana de fútbol. La participación en la Copa América de Brasil del combinado vinotinto fue analizada con pinzas, siempre partiendo de la base de que los futbolistas estaban demostrando un enorme compromiso con su selección. Esto que se dijo en la mayoría de foros no era una exageración –nadie debe olvidar cómo llegaron los futbolistas venezolanos al torneo continental- pero su exagerada promoción, interesada por parte de algunos notorios y oscuros personajes, evitó que se revisaran aspectos de mayor preponderancia futbolística, tales como la evolución del rol de los laterales-carrileros en los cuatro partidos o las deficiencias del plan para ocupar espacios y recuperar el balón, sólo por mencionar apenas un par de ellos.

    Esto que aquí se narra no es un comportamiento exclusivo del fútbol venezolano. Basta con repasar espacios radiales y televisivos, así como extensos escritos referidos a la actuación de Argentina, Colombia, España o Italia en sus respectivas competiciones para darse cuenta de que el análisis ya no supone un acto de admiración, sino que se circunscribe a la búsqueda de la aceptación popular.

    Trasladémonos a la actuación de la selección española de fútbol durante la Eurocopa de Naciones y pongamos la lupa en los dos primeros partidos del equipo comandado por Luis Enrique, saldados con dos empates.

    La identidad de ese equipo se sostuvo en principios futbolísticos idénticos a aquellos que le llevaron hasta las semifinales del torneo. Sin embargo, la falta de eficacia para anotar goles en esos duelos iniciales desató una tormenta según la cual, los malos resultados eran consecuencia de la improvisación, la ausencia de ciertos futbolistas y hasta la ignorancia del seleccionador. Claro que, una vez superada la primera fase, estos mismos altavoces se felicitaron porque ahora la selección sí enganchaba a la gente.

    Cuando se intenta analizar un equipo de fútbol dentro de un ecosistema de competición, es necesario partir de determinados principios: la relación con la pelota, cómo se reorganiza para defender y recuperar esa pelota, la generación y ocupación de espacios, la reorganización ante las determinadas emergencias que nacen del duelo y la capacidad de adaptación, porque, no se olvide, el fútbol es un juego de oposición-cooperación, en el que todo lo “planificado” se enfrentará a la realidad natural de este deporte: el equipo rival, el entorno y, cómo si fuera poco, una pelota que no para de moverse.

    La conclusión es que el análisis del fútbol representa una tarea mucho más rica y compleja que la simple mención a rasgos bélicos, al patriotismo o a ciertas emociones que todos, léase bien, todos tenemos en nuestro ser.

    ¿Cómo hemos llegado a este punto en el que quienes se presentan como analistas no hacen más que alimentar las manifestaciones más viscerales y que menor relación tienen con su oficio de conocedores?

    En buena medida esto se ha magnificado gracias a la dinámica dominante en las redes sociales. Es tal la velocidad con la que se consumen contenidos que en ellas, si lo que se pretende es sumar adeptos y seguidores, hay que aprender ser parte del sistema, es decir, unirse a la comercialización de la banalidad y la explotación de los sentimientos más primarios del ser humano.

    Debo insistir en que el público no es el responsable. El hincha ve un partido de fútbol con la motivación de ver ganar a su equipo; el analista, por otra parte, tiene la obligación de observar, pensar y explicar lo que sucede sin temor a la crítica, por más feroz que esta sea. El análisis no obliga, como se dice, a separarse de las emociones y ser “objetivo”: el ser humano es ante todo sujeto, las emociones son parte de su estructura.

    La revisión sí exige poner en práctica un carácter didáctico que despierte la curiosidad en aquellos que escuchan o leen; la euforia del triunfo o la frustración de la derrota es un hecho circunstancial que, una vez superadas, deben acompañarse por manifestaciones que ayuden a la comprensión del fenómeno o del hecho en sí.

    Cuando alguien cae enfermo seguramente recibirá de su círculo más cercano una serie de mensajes de apoyo y motivación que alimentarán su esperanza de superar ese trance. No obstante, cuando va al médico lo hace con el anhelo de conocer qué le llevó a contraer esa dolencia y qué tratamiento debe seguir para curarse. Eso que conocemos como diagnóstico no es otra cosa que la tarea y la responsabilidad de quienes analizan el fútbol.

    La gallardía, el pundonor y los cojones no son suficientes porque el fútbol, ese juego que decimos adorar, posee comportamientos que hacen real aquella aseveración de Dante Panzeri según la cual, “el fútbol es el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y como concepción de juego es la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista”.

     

    Fotografías encontradas en internet. Créditos a quienes corresponda

  • Colombia-Venezuela: otra visión sobre velocidad y efectividad en el fútbol

    Colombia-Venezuela: otra visión sobre velocidad y efectividad en el fútbol

    La Copa América, como cualquier torneo de naciones, es el escenario perfecto para ventilar nuestras mayores emociones. Por ello es que se ha naturalizado que el análisis dé paso a cualquier manifestación puramente emocional. Para esta larga exposición he elegido un episodio en concreto y lo he titulado «Colombia-Venezuela: otra visión sobre velocidad y efectividad en el fútbol».

    A raíz de los dichos de un colombiano, en la cadena internacional ESPN, referidos al juego de Bernaldo Manzano y a la incapacidad de la selección de Colombia de vencer a su similar de Venezuela, creo pertinente hacer dos consideraciones netamente futbolísticas:

    La primera está referida a la velocidad. La velocidad en el fútbol no se mide de la misma manera que en algunas ramas del atletismo, es decir, no se explica si un futbolista es veloz por los segundos que tarda en recorrer la distancia entre el punto A y el punto B.

    El fútbol es un juego de alta intensidad, esto significa que requiere altos niveles de concentración y atención. La primera referida a las circunstancias que están inmediatamente a su alcance; la segunda a todo aquello que acontece durante el partido.

    Además, el fútbol es un deporte de cooperación-oposición (Seiru.lo dixit): el futbolista está siempre condicionado por sus compañeros y por el oponente. No se juega individualmente sino en función de los acontecimientos del propio juego, que varían y jamás se repiten.

    Cada futbolista es parte de una red de relaciones, una especie de telaraña en la que sus roles no se ejecutan exclusivamente desde la variable velocidad sino a partir de lo que esa red demanda. No es lo mismo recorrer diez metros en soledad que hacerlo en función del juego, evitando al oponente y atendiendo a esa intracomunicación con los suyos. Además, no se olvide, que cada movimiento está sujeto también a la ubicación de la pelota, que es el objeto móvil de este deporte.

    La conclusión entonces es que en el fútbol, la velocidad es la capacidad de reacción-ejecución relacionada con las emergencias, aquello que nace del juego: la cooperación y la oposición en circunstancias particulares. Es un juego netamente cognitivo que se ejecuta con el cuerpo.

    Desconozco el tiempo que le lleva a Manzano recorrer cincuenta metros en carrera. Sí sé que en el fútbol, rara vez un futbolista hace esos recorridos, con o sin pelota, sin oposición, una particularidad que por sí misma hace que los recorridos sean distintos al atletismo. En Colombia hubo grandes jugadores, ente ellos el “Pibe” Valderrama, qué hicieron de lo que la lógica dominante llama “lentitud” su gran fortaleza.

    La segunda consideración se refiere a la efectividad. La efectividad no es una variable que se relacione exclusivamente con la anotación de goles. Colombia ante Venezuela creó ocasiones claras de gol y las ejecutó de gran manera. Lo que impidió que alguna de ellas se convirtiera en gol fue la fabulosa actuación de Wuilker Faríñez.

    El portero venezolano evitó esos goles, por ello, el problema del equipo de Reinaldo Rueda no estuvo en la efectividad sino en l actuación del oponente.

    Incluso, si se revisa detenidamente el partido, se puede observar que el equipo colombiano no se desanimó ante la imposibilidad de anotar sino que insistió y mantuvo sus comportamientos. Esto último es una muestra importante de competitividad, ya que son incontables los equipos que ante esa circunstancia pierden parte de esa ambición. Colombia la sostuvo pero Faríñez evitó que entrara una sola pelota.

    La efectividad es un valor que, como todos, se intenta optimizar en los entrenamientos. Esto se hace mediante ejercicios que simulan el ecosistema de un partido -es imposible reproducirlo en su totalidad porque ni dos episodios son idénticos ni las responsabilidades son iguales-. Esta es una de las tantas razones por las que los más renombrados entrenadores hacen grandes esfuerzos para que sus equipos “finalicen las jugadas”. Generar un alto volumen de llegadas al área rival y finalizar las mismas es lo que aumenta la probabilidad de anotar un gol.

    ¿Por qué la efectividad no responde exclusivamente a lo entrenado? Porque, entre otras tantas razones, el partido posee condicionantes que no están en el entrenamiento: presión por obtener un triunfo, la oposición del oponente, las emociones derivadas del error, etc.

    Por este y otros motivos más, la comprensión más avanzada del fútbol ha abrazado las teorías de la complejidad. Son muchos los factores que afectan a la voluntad del jugador que juega en equipo. Estos varían siempre e influyen de distintas maneras; son incontrolables y hasta imprevisibles.

    El entrenamiento más avanzado de este deporte ha adoptado el concepto de la optimización. Optimizar es “conseguir que algo llegue a la situación óptima o dé los mejores resultados posibles”. Se optimiza al jugador en función de sus capacidades para que llegue a su mejor versión. ¿Definieron mal los futbolistas colombianos sus llegadas al arco de Faríñez? No. El portero venezolano fue figura porque evitó que esas ocasiones claras se convirtieran en goles. El arquero es un jugador de fútbol cuyo rol principal es ese.

    Ojalá se comprenda que cuando el portero es la figura del partido es porque éste evitó que opciones claras de gol subieran al marcador.

    Por último, deseo agregar otra consideración: los grandes equipos se componen de futbolistas que optimizan sus capacidades en función de los requerimientos de su equipo en episodios de oposición-cooperación. No son grandes equipos por los nombres ni por los clubes de procedencia de sus futbolistas. Se superan los episodios competitivos de manera satisfactoria cuando el futbolista, en función a su pertenencia a un equipo, logra su mejor versión. Por ello, nunca nadie “debe pasarle por encima” a otro. El objetivo real de un equipo es encontrar su mejor versión y sacar provecho de ella.

    Aquellos que comunicamos fútbol estamos obligados a ser menos reaccionarios y más didácticos. Este es el “juego de juegos”(Seirulo dixit): se juega con los pies, ante un rival y con una pelota que no para de moverse.

    Imágenes encontradas en internet. Créditos a quién(es) corresponda

  • José Peseiro, entre defensas y defender

    José Peseiro, entre defensas y defender

    La selección venezolana ha recibido nueve goles en cinco partidos de la Eliminatoria Sudamericana al Mundial de Catar. El reparto de culpas apunta casi exclusivamente a los cuatro futbolistas que integraron la zaga, cuando en realidad, defender es una conducta que supone la implicación de todo el equipo.

    La confusión nace y se sostiene en la ausencia de reflexiones que se basen en la naturaleza de este juego. Se le ha hecho creer al público que defensa y defensor son sinónimos, cuando en realidad son definiciones similares pero diferentes.

    “El juego parece girar en torno al encuentro deportivo; al choque entre el portador del balón y el defensor que le disputa la pelota. El partido parece una constante reiteración de ese choque. A ningún aficionado se le escapa este hecho y de ahí que la técnica prepare al atacante para proteger la pelota y al defensor para que pueda quitársela. Pero, por una extraña miopía, sólo habíamos advertido la necesidad que tenía el futbolista de vencer ese encuentro. Enseñábamos al jugador a conducir la pelota y a regatear a su contrario; pero no le enseñábamos a evitar ese encuentro». Teoría del fútbol. Ricardo Olivós Arroyo

     

    Defender, es decir, el plan diseñado para la custodia de aquello que se quiere proteger, es una conducta colectiva en la que se involucran todos los futbolistas de un equipo. Cada uno de ellos cumple una función que va más allá del instinto cooperativista natural del ser humano cuando observa a un compañero en situaciones de riesgo.

    La defensa, que es un tema estratégico, puede ejecutarse por medio de un sinfín de herramientas y en cualquier zona del terreno. No era más defensivo el Inter de José Mourinho que el Barça de Pep Guardiola -así lo demuestran las estadísticas-, sencillamente cada uno interpretó ese plan de protección a partir de los futbolistas con los que contaban.

    Defender supone la aceptación de la cultura colectiva de este deporte de equipo, por ende, abarca mucho más que la simple oposición al futbolista que conduce la pelota. Confrontar a quien dispone del balón es, en buena medida, una consecuencia de ese acto reflejo, que es natural en todo aquel que juega al fútbol y se encuentra cercano a esa circunstancia de partido. Esa confrontación a modo de duelo individual convierte al futbolista en defensor y al que lleva la pelota en atacante.

    Así se entiende por qué todos los futbolistas son defensores y atacantes, sin distinción de su rol originario.

    Lo expuesto en estas líneas es de fácil comprensión. No obstante, quienes ocupan un puesto en los medios de comunicación prefieren obviar esta teoría para sostener que las conductas defensivas de un equipo quedan reducidas prácticamente a duelos individuales. Es por ello que algunos hasta se atreven a hablar de un “pressing individual”, irrespetado de esta manera el concepto grupal de esa conducta.

    La actualidad de la selección venezolana de fútbol es al menos digna de analizar. Su entrenador, el portugués José Peseiro, ha expuesto en innumerable cantidad de apariciones mediáticas, que la falta de entrenamientos y partidos preparatorios le impide construir un equipo con mayor vocación ofensiva y, por ello, ha preferido construir su equipo pensando primero en la organización defensiva del mismo. No obstante, el rendimiento de su selección confirma que, hasta el momento, no ha logrado ese primer objetivo.

    «La actividad deportiva se centra en el manejo y la disputa del balón. La actividad estratégica se realiza sin balón y va dirigida a colocarse en el puesto. El puesto de los atacantes es el sitio que les permite evitar el encuentro con los defensas. El de los defensas es el que les asegura ese encuentro». Teoría del fútbol. Ricardo Olivós Arroyo

    ¿Cómo se reorganiza defensivamente la selección venezolana tras perder el balón? ¿Hacia dónde pretende conducir al equipo rival para acelerar la recuperación de la pelota? ¿Cómo se reorganiza en los momentos en que el oponente mantiene su avance hacia el marco criollo? Estas son apenas tres de las muchas preguntas que todavía no encuentran respuesta en la dinámica vinotinto.

    Responsabilizar a un entrenador de los errores individuales o de ejecución de alguno de sus futbolistas es un acto de desconocimiento de la dinámica humana de este deporte. Lo que sí cae dentro de su zona de influencia es el diseño de ese plan para defender, algo que hasta el momento es al menos indescifrable, salvo que se crea que la acumulación de futbolistas en determinada zona constituye por sí misma un plan, teoría que queda sin validez cuando se comprende lo expuesto en las citas textuales que acompañan a estas líneas.

    Nuestra obligación, como comunicadores, es invitar al público a conocer la actividad estratégica que describió Olivós en su tratado. La de Peseiro es acompañar a sus futbolistas en el descubrimiento del cómo, el cuándo y el para qué. Es por ello que considero que a la selección le llega la Copa América en el momento adecuado, ese que puede marcar un antes y un después. En ella, Peseiro dispondrá de al menos tres partidos y un puñado más de entrenamientos para ensayar y desarrollar ese plan defensivo que, según sus palabras, servirá para dar nuevos pasos hacia el desarrollo de la identidad de su selección.

     

     

  • La Vinotinto en 2015

    El Universal

    El jueves 17 de Julio del pasado año, Noel Sanvicente fue presentado como seleccionador nacional. El tránsito del equipo nacional en esos cinco meses son harto conocidos: cuatro derrotas en igual número de partidos – una de ellas por alineación indebida – y un módulo de trabajo en Madrid, España. El pasado no se discute, así que el presente trabajo intentará conocer de la voz de algunos expertos, qué le depara este nuevo año a la selección nacional.

    Sanvicente ha sido muy claro en sus declaraciones: no hay que hablar del pasado y la meta es clasificar al mundial. Este año que recién empieza es vital; así como César Farías y Richard Páez necesitaron de partidos, derrotas y horas/entrenamiento para desarrollar y establecer sus ideas, Noel está en el mismo lugar, sólo que su ciclo comienza al mismo tiempo que el calendario FIFA hacia el próximo mundial, a diferencia de Páez y Farías que llegaron al equipo nacional con parte del camino ya recorrido.

    Su elección fue cosa lógica: se llamaba a conducir los destinos de la selección nacional al entrenador más exitoso del fútbol venezolano. Si su pasado por el Caracas F.C. generaba dudas acerca de sus cualidades, sus éxitos con el Zamora, equipo de pocos recursos económicos, terminó por convencer a algunos escépticos. Más que estrellas, Sanvicente plasmaba en su currículo algo que pocos poseen en su profesión: versatilidad, entendida ésta como una virtud necesaria para adaptarse a las distintas circunstancias que se le presentarán en su nuevo trabajo.

    En la Vinotinto tendrá que manejarse con futbolistas que vienen de realidades muy distintas a la que presenta el torneo nacional, y que desde su salida del país han conocido otras formas de trabajo. Sanvicente, conocedor de las miserias e este fútbol, siempre ha tenido esto muy en cuenta y por ello se ha empeñado en prepararse para estar siempre a la vanguardia y así conocer las nuevas y más exitosas metodologías de trabajo, siempre bajo la condición de no copiarlas sino adaptarlas a la realidad venezolana.

    Pero el futbolista es futbolista; hoy en día ha sido desbordado por las miles y miles de distracciones que caracterizan la vida humana y son muy pocos los que viven el fútbol después del fútbol. Todos tienen los gadgets tecnológicos más recientes y de colores más llamativos, pero sólo un puñado de ellos dedica tiempo a estudiar el juego, ver partidos y ejercer la autocrítica. Es ahí dónde el actual seleccionador va a encontrase con un mundo mucho más complejo, y es que los jugadores venezolanos que hacen vida en el extranjero están más cerca de estas modas y estos comportamientos que el que juega en nuestro torneo de primera división. Por ello no es descabellado pensar que las charlas con los futbolistas y los mensajes motivacionales sean, cuando menos, tan importantes como las indicaciones tácticas.

    La llegada de Noel

    Balonazos

    ¿Cómo fue el proceso que derivó en la contratación de Noel Sanvicente en el puesto de director técnico de la selección? Los seguidores del fútbol venezolano, hasta el más distraído sabía que Noel nunca fue la primera opción de Rafael Esquivel y sus pares de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF). No lo fue cuando Richard Páez renunció al cargo, en el año 2007, como tampoco a finales de 2013, luego de la renuncia de César Farías. Dos entrenadores estaban mejor posicionados en las preferencias federativas: Richard Páez y Ratomir Dujkovic. Sólo Nelson Carrero, representante de los jugadores en el ente federativo, y otro directivo más, estaban a favor de la llegada de Noel.

    Desde las oficinas de la FVF cuentan que Páez se autoexcluyó por su participación en la fatídica jornada 7 del Torneo Clausura de 2014, cuando las turbulencias que afectaban al país hacían casi imposible realizar aquella jornada. Para todos es conocido que el poder político movió sus hilos y se jugó dónde se pudo. Las razones de la desaparición del serbio en la lista de candidatos a dirigir el equipo criollo es algo que desconozco, pero que seguramente tienen que ver más con sus razones que con las de Esquivel.

    A partir de ahí, y con la llegada del Mundial Brasil 2014, fueron muchos los nombres que salieron a la palestra, pero ninguno con el peso suficiente como para convencer al presidente de la FVF. En el medio, el viejo zorro – y probablemente el político más hábil del país, luego del difunto Hugo Chávez – se inventó una reunión matinal con Sanvicente para “limar asperezas” y tenerlo cerca, en caso de que su contratación respondiese a los intereses federativos. ¿Cuáles fue el atractivo de la opción Sanvicente? ¿Por qué fue elegido por encima de otros candidatos? Estas respuestas llegarán con el tiempo; no las encontrará en este trabajo por respeto a la idea inicial del mismo y por consideración a quienes de alguna manera han ayudado a reconstruir unas negociaciones muy complejas. Pero cuando el tiempo así lo decida, las daré a conocer.

    Vinotinto: una nueva forma de jugar

    Vinotinto 1

    Para nadie es un secreto que la filosofía futbolística del seleccionador nacional es diametralmente opuesta a la de su predecesor en el cargo. Con clara dependencia de las cualidades y las características de los jugadores que entrena, sus equipos no cesan en la búsqueda del arco contrario, asumiendo conductas que muchos “entendidos” califican de riesgosas sin reparar que éstas son las que lo han llevado al éxito que antes mencionaba.

    Por ello, su llegada al equipo nacional significó una ruptura con el modelo de juego que caracterizó al ciclo de César Farías. En este punto hay que dejar bien claro que una no es mejor que otra; en el fútbol el éxito se consigue con distintas maneras de concebir el juego, y es por ello que el no gana quien juega bonito sino quien juega mejor a este deporte.

    Ahora bien, para poder comprender que cambios está intentando llevar a cabo Sanvicente y su cuerpo técnico, hay que recurrir a voces expertas y reconocidas, por ello, y para dejar de lado cualquier duda acerca de qué es un modelo de juego, cómo se implanta y desarrolla y las diferencias entre llevarlo a cabo en un club o una selección.

    Alex Couto Lago, entrenador español de fútbol certificado por UEFA, con un Máster en fútbol profesional y autor del libro “Grandes Escuelas de Fútbol Moderno” (Editorial Fútbol del Libro, 2014) es quien nos guiará en esta primera parte del trabajo, necesaria para luego adentrarnos en la incertidumbre que es el futuro, sobre todo, en el 2015 de la Vinotinto. Conocer qué es un modelo de juego y cómo se desarrolla es indispensable si deseamos descifrar cuál es el camino elegido por el seleccionador criollo.

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    Para mí, el modelo de juego es la manera en que el equipo (sistema) se articula para dar respuestas generales a problemas particulares. Es el esqueleto, el índice a través del cual se inicia el proceso para desentrañar el contenido complejo del juego. Me explico: para resolver los problemas que plantea el rival en el continuo del juego (atacar y defender) se necesita una pauta de comportamiento común en el que aglutinas todas las potencialidades de tus jugadores, sus interacciones y sus interrelaciones para combatir y contrarrestar el juego rival. En él determinas el comportamiento global y dentro de este, las pautas generales que cada jugador ha de acometer para generar sinergias que deriven en la cohesión del grupo”.

    Couto, como todo aquel que comprenda la importancia del contexto, del futbolista y de la relación entre futbolista y contexto, no omite que esta es una explicación genérica, la cual luego, al intentar llevarla al terreno de juego, dependerá de eso que el señala como las sinergias necesarias para la cohesión del grupo:

    Te pongo un ejemplo de lo que yo presento con mi equipo, (hipotético, no sabremos cómo son las particularidades de los jugadores):

    Defensivamente: debemos establecer un patrón común.

    • Tipo de defensa: zona, mixta, combinada, etc.
    • Posicionamiento defensivo: avanzado, plegado (en medio campo), replegado.
    • Objetivo defensivo: robar el balón o ceder terreno esperando forzar la pérdida al rival.
    • Desarrollo de las actividades grupales para alcanzar el objetivo defensivo:
      • Robar el balón implica:
        • Intervención inmediata sobre el poseedor con ánimo de hacer entrada si procede o temporizar.
        • Presión, todos presionan, movimientos hacia los espacios relevantes en los que incide la pelota.
        • Ayudas defensivas sobre quien interviene. Marcajes sobre cercanos, coberturas, reducción espacios, etc.… Superioridades posicionales…
      • Desarrollo de las actividades individuales de los jugadores que intervienen cerca del balón y de quienes se encuentran en cada momento alejados del mismo.
      • Pautas y orientaciones en caso de ser desequilibrados, repliegues, cómo son, hacia donde, quienes los realizan. Reutilización de jugadores desbordados que se mueven aún cerca de la pelota, etc.…
      • Acciones a realizar en caso de máximo peligro, entrada en caos, inferioridades posicionales, etc.…

     

    Ofensivamente: Establecemos un patrón común.

    • Ataque combinativo, directo, alterno…
    • Profundidad, amplitud ofensiva.
    • Iniciación, quienes inician, qué hacen, cómo se mueven, qué alternativas proponen los jugadores por delante del balón y los que quedan detrás del mismo.
    • Elaboración, con cuántos elaboramos, cuántos quedan por detrás, quienes quedan por delante, en qué posición y situación.
    • Finalización, con cuántos finalizamos, quienes y en qué posición llegan a la fase final, quienes hacen rechaces, quienes vigilancias en función del rival…
    • A partir de qué momento se pueden hacer acciones individuales, en qué espacios del terreno de juego es importante imponerse individualmente. Tipos de desmarques, tipos de apoyos, superioridades posicionales…

    ¿Estas pautas de trabajo aseguran la elaboración y desarrollo de un modelo de juego? Según el entrenador español faltaría, además, recordar la importancia de “la estructura emotivo-volitiva, psicológica, que también ha de considerarse pero para eso tienes que saber qué jugadores tienes y cómo se encuentran, qué ambiente van a vivir, qué niveles de presión, de exigencia y autoexigencia, la importancia de la competición y lo que se espera de ellos. Todo forma parte ineludible del todo complejo que se trata de construir”. Para resumir, Couto aclara que “el modelo de juego es lo que analizas cuando vas a ver a un equipo rival, pero enfocado en ti mismo”.

    El factor tiempo

    Noticia al dia com

    Nada es más decisivo en el fútbol que el correcto aprovechamiento del tiempo. Un segundo más o un segundo menos pueden determinar la continuidad o la validez de un proceso. En el caso de una selección, la explotación de los escasos períodos de entrenamiento, así como la rápida identificación de las necesidades del conjunto determinarán si se estaba en condiciones o no de derrotar ese poderoso enemigo. Más allá de poder contar con los mejores exponentes de esta disciplina, un seleccionador debe poseer la claridad necesaria para no encapricharse con determinados modelos sistemas y no desperdiciar las pocas ocasiones de trabajo con las que cuenta.

    Por ello, Couto Lago es muy enfático al señalar que: “el tiempo necesario para realizarlo no se puede cuantificar; se depende de quienes sean los jugadores y el entorno en el que se desarrolle. Se alcanzará antes o después pero creo que para la Copa América, Sanvicente lo tendrá perfilado. Deberá considerarse igualmente las injerencias y el aislamiento que se pueda lograr con respecto a los jugadores y la opinión pública para evitar juicios preconcebidos de los jugadores y también se ha de considerar las diferentes inteligencias de los futbolistas, cuales aplican y cuales no son capaces de desarrollar”.

    espn deportes

    Una vez finalizado el Mundial Brasil 2014 tuve la oportunidad de charlar con Jorge Luis Pinto, entrenador de Costa Rica en ese torneo. El entrenador colombiano, cuando lo cuestioné acerca de si se sentía sorprendido por el rendimiento de la selección costarricense en Brasil me respondió: “Yo le dije al equipo una frase que puede ser histórica: . Eso se lo repetí siempre al grupo”. El resto de la entrevista se puede leer en el número 13 del Club Perarnau.

    En “El Libro del Mundial – Brasil 2014”, el mismo Alex Couto, en un magnífico escrito llamado “Un mundial histórico. Cambios de paradigma”, afirmaba, sin conocer aún la opinión de su colega colombiano, que el esfuerzo de un conjunto “no es fruto de la acumulación del músculo, ni del ejercicio de capacidades y destrezas específicas, sino de la activación nerviosa para que psicológicamente estemos dispuestos a esforzarnos y poner el músculo a disposición del objetivo… La táctica y la planificación estratégica previa está directamente condicionada por los estados de ánimo individuales y el holismo hace presencia en otros factores que antes no se contemplaban, , por ahí se empieza a forjar un equipo competitivo con los nuevos paradigmas, si a esto unimos calidad individual y capacidad para implementarla con el mismo principio holístico a nivel colectivo llegamos a la forja de un equipo campeón, algo que nosotros hemos conocido a lo largo de los últimos seis años”.

    No es casual entonces que tanto Pinto como Couto hagan referencia al estado anímico, a la fortaleza psicológica como aspectos necesarios para lograr una meta, que en el caso de una selección, no es otra que superar obstáculos inmediatos. ¿Por qué hago referencia a la inmediatez’ Porque bajo el esquema actual, los equipos nacionales apenas tienen tiempo de compartir; llegan el lunes a la concentración y el miércoles o el jueves ya enfrentan un partido. No en vano la presencia de psicólogos y la figura del Coach deportivo han ganado mucho espacio en el fútbol.

    Pero volvamos al tiempo y al uso que Sanvicente y su cuerpo técnico deben darle de cara al mayor reto de este año, que no es otro que la Copa América de Chile. El entrenador criollo utilizó los cuatro partidos amistosos que jugó en 2014, así como la concentración de Madrid, para medir las posibilidades de llevar a cabo su idea original, en la que hay herramientas como la presión alta o la ubicación de sus defensores en campo rival. Los resultados no fueron positivos y esto quizá lo lleve a matizar un poco su plan inicial, es decir, a agregarle variantes. En ese caso, Couto Lago nos advierte que “con la variable tiempo se ha de jugar para incrementar o renunciar a partes del proceso, eso supone una diferencia entre la preparación de un equipo con respecto a una selección o la diferencia entre la preparación de diferentes equipos en función de los distintos puntos de partida”.

    Entonces, si nos atenemos a esta posibilidad que señala el entrenador español, a los resultados de los amistosos, y a la principal labor de un entrenador (diseñar un modelo de juego que potencie las virtudes de sus futbolistas y disminuya sus carencias y miedos), no sería descabellado que en los próximos amistosos o hasta en la misma Copa América, observemos una selección menos atrevida, con más pausa, más cercana al centro del campo y con mayor elaboración de juego. Es una posibilidad dados los resultados y las características de los futbolistas criollos.

    Cuando Sanvicente expresa que necesita tiempo para trabajar no miente; tanto Páez como Farías necesitaron de esa fase para corregir, convencer y modificar su idea inicial. A Páez le costó una goleada 5 a 0 ante Argentina por las eliminatorias mientras que a Farías le hizo falta cinco partidos eliminatorios (un empate y cuatro derrotas consecutivas) para hacer fuerte su idea, sin olvidar que el oriental llegó a convocar la desproporcionada cifra de ¡120! jugadores.

    ¿Tendrá el tiempo suficiente la selección para acomodarse a lo que desea Noel? En el calendario FIFA del año 2015, sólo hay existe la posibilidad de jugar cuatro partidos oficiales antes de la Copa América. Dos en el mes de Marzo y dos en el mes de Junio. Es imposible determinar si será posible llevar a cabo o no las modificaciones que pretende Sanvicente, pero a partir de esta explicación se puede comprender porqué las casi cuatro semanas de concentración previas al torneo chileno son tan importantes. Con ellas no se garantiza nada más que trabajo, y tiempo para poder ejecutarlo. No olvidemos las palabras de Couto Lago: “todo radica en la variable tiempo”.

    Opinan los expertos

    Jaume Perich Escala, humorista y escritor español, decía que “la experiencia sólo sirve para recordarnos que la experiencia no sirve para nada”. Pero aún así, no hay que olvidar que quien desconoce su pasado está condenado a repetir los mismos errores. Por ello es necesario escuchar voces de quienes han seguido muy de cerca procesos anteriores; estos protagonistas han sido elegidos por su conocimiento, pero más aún, por su desapego al protagonismo que hoy caracteriza a quienes no juegan ni toman decisiones. Sus palabras no constituyen verdades absolutas, pero en ellas hay mucho para pensar y analizar de cara al panorama vinotinto.

    Cómo es de conocimiento público, la selección criolla sólo contará con cuatro amistosos oficiales y tres semanas de concentración previa para preparar su participación en la Copa América Chile 2015. Insertada en el grupo C, el equipo venezolano tendrá como rivales a las selecciones de Brasil, Colombia y Perú, rivales que no invitan al optimismo si no fuese porque hay que recordar que el formato del torneo (tres grupos de cuatro equipos) permite la clasificación a cuartos de final de los dos mejores terceros de grupo, lo que ayuda a aclarar un poco el horizonte.

    Pero los obstáculos criollos no se limitan a sus adversarios, sino que hay otros elementos a considerar. Es por esta razón que El Estímulo buscó la palabra de aquellos que han estado cerca de las selecciones nacionales en distintos ciclos o bien han sido partícipes de competiciones como ésta.

    1) Daniel De Oliveira (@Danideo70): aprovechar la Copa para preparar las eliminatorias

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    El ex seleccionador nacional Sub-15 y Sub-17, consultado acerca del objetivo vinotinto para el 2015 no dudó en señalar que “la pregunta que nos debemos hacer es si Venezuela estará lista para afrontar la Copa América y el inicio de las eliminatorias.  Plasmar este concepto de juego desde un grupo técnico nuevo, el cual ha sido exitoso a nivel nacional, necesita tiempo efectivo.  A diferencia de un entrenador de club, un seleccionador nacional debe contar con los mejores jugadores por posición, adaptados al concepto de juego requerido.  En pocas palabras, un rompecabezas formado por numerosos jugadores de altísimo nivel que cuadre a la perfección durante un calendario relativamente largo y continuo.  Por eso, estamos esperanzados en que nuestros legionarios puedan tener minutos de juego en ligas competitivas.  Es una fórmula que estadísticamente incrementa las posibilidades reales de éxito, y que en el pasado ha opacado nuestros objetivos”.

    Las emociones que desata el éxito nos tientan a que desechemos el estudio de cómo se llegó a ese lugar. El recuerdo de la Copa América 2011, en la que la selección criolla alcanzó un extraordinario y desconocido cuatro lugar pesa tanto que nos olvidamos que para aquel momento, César Farías, seleccionador nacional, tenía ya tres años y monedas al mando de la Vinotinto. Es por ello que De Oliveira, instructor FIFA, advierte “No hay dudas que Venezuela tendrá en este 2015 un panorama competitivo complicado, porque mediáticamente se exigirá mejorar o al menos igualar lo hecho en la Copa América anterior de Argentina, además de contar con la modesta obligación como país de tener un inicio sólido en las eliminatorias a partir de Octubre. Con un calendario similar al de las últimas 2 eliminatorias, todo estará directamente relacionado a la planificación previa a la Copa América. Como dicta uno de los lineamientos, si el desarrollo es sistemático y bien planificado, las oportunidades no dependerán exclusivamente de una buena tarde”.

    Lo que explica el entrenador venezolano no difiera de lo expuesto por Couto; la concentración y preparación previa al evento son de vital importancia, más aún si tomamos en cuenta que será en esos días cuando el cuerpo técnico actual podrá trabajar su idea, su modelo de juego, sin mayores interrupciones. De Oliveira además hace énfasis en la “enumeración de 3 lineamientos fundamentales que estadísticamente están relacionados al éxito y los resultados”, y que sería lo siguiente:

    a). Todo desempeño esta directamente relacionado al concepto del desarrollo de la personalidad..

    b). El desarrollo debe ser sistemático y planificado a través de un proceso metodológico de observación, planificación, ejecución, evaluación y corrección.

    c). Tener un concepto de juego lógico y efectivo caracterizado por 5 factores fundamentales como lo son el sistema de juego (posicionamiento) y sus variantes, sus principios (elementos), las maniobras de juego (movimientos), un plan de juego (estrategias), y una organización adecuada (repartición de tareas).

    Por todo esto, Oliveira, quien ha recorrido el país como embajador oficial de la Copa Coca Cola y se ha formado profesionalmente en Brasil, Holanda, Estados Unidos y otros países, deja una última reflexión: “como planificador no me preocuparía tanto por una presentación medianamente perfecta en la Copa América como objetivo deportivo competitivo. Lo importante sería aprovechar dicho torneo para calibrar el colectivo para las eliminatorias. Suena algo conformista, pero la realidad periódica del entrenamiento de este nuevo ciclo me dice que será durante este certamen cuando  Venezuela verdaderamente podrá ajustar su modelo de juego. En las 2 últimas ediciones, Venezuela llegó con  conceptos desarrollados y con tiempo ejecutados. Tendremos la paciencia suficiente para entenderlo ?  Todo dependerá del conocimiento inequívoco del concepto de la periodización y los actores que la interpreten. El resto será pura desconocimiento y demagogia”.

    2) Josías Castro (@Josicazam): este es un año clave.

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    Comentarista de fútbol en Venevisión, Unión Radio Deportes y en el desaparecido Sport Plus, Castro va en la misma línea que De Oliveira. Para el comunicador “pretender que Venezuela está obligada a obtener los mismos resultados que la última Copa América, no solo es osado, ilusorio y hasta irresponsable, pero también será un objetivo irrealista mostrar un buen juego, ideas claras, fluidez y armas propias que nos permitan soñar a corto plazo en el proyecto que recién inicia”.

    Pero Castro va más allá, y es que en su análisis no obvia lo que ha sido una historia marcada por la ausencia de triunfos en el torneo continental, ya que este evento “pocas veces ha sido amable en materia de resultados con nuestro país. Podríamos decir que las mejores presentaciones han sido la del 67, la del 93 en Ecuador, la del 2007 en Venezuela y la ultima en Argentina, pero de resto, ésta ha sido una competencia con resultados muy adversos. Sin embargo, esta edición pareciera ser un reto interesante, difícil, pero que no deja de plantear algunas realidades que podrían en un porcentaje pequeño, jugar a favor, como que dos de los integrantes del grupo Perú y Colombia, son de los rivales ante los que Venezuela acumula mejores números, y ante Brasil siempre será una motivación adicional hacer un gran juego ante el rival que todos le quieren ganar y que todos en el mundo quieren ver sus partidos”.

    Mucho se habla del tiempo. El seleccionador nacional, la prensa, el público y hasta los menos entendidos han coincidido en que los cambios que propone Sanvicente requieren de horas/entrenamiento, pero Castro, también entrenador de Balonmano, recuerda que si bien este “es un año de ajustes, de conseguir el universo de jugadores que pueden rendir en la nueva idea y formas de trabajo”, también hay que considerar que “hay una transición generacional en algunas piezas importantes y siempre existe alguna incertidumbre de quienes serán los nuevos referentes en algunas posiciones y Noel San Vicente debe ubicarlos y consolidarlos en un tiempo realmente corto”.

    3) Jesús Eduardo Acosta (@Jesuseacosta): la experiencia de Noel es fundamental

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    Narrador con una dilatada trayectoria en canales como Omnivisión, RCTV, DIRECTV Sports, Sport Plus y Unión Radio Deportes, Acosta es optimista en cuanto al futuro inmediato del ciclo Sanvicente: “Chita sabe como hacer cambios en corto plazo, sin embargo, siempre se podrá argumentar que su éxito ha sido comandando equipos, y en la selección no existe el tiempo necesario para desarrollar la manera de jugar, pero la experiencia de Chita , su conocimiento del jugador y el recorrido internacional en la Copa Libertadores le permitirá hacer esos cambios en benefecio de la selección”.

    Acosta, quien actualmente forma parte de las transmisiones de fútbol y béisbol en los canales norteamericanos Bein Sports, Goltv y DIRECTV también opina que el certamen continental tiene una gran importancia pero la meta es llegar al Mundial de Rusia 2018: “la Copa América debe ser la etapa final de la preparación de este año para el objetivo que en mi concepto es más importante, la eliminatoria mundialista. No con esto quiero decir que vamos a ir de paseo a la Copa América –como cualquier venezolano deseo que seamos protagonistas del torneo- pero la prioridad es el comienzo de la clasificación al Mundial de Rusia 2018. En la Copa de Argentina alcanzamos un lugar histórico en la competencia, pero después terminamos decepcionados por no lograr la meta que todo el país deseaba: clasificar a Brasil 2014”.

    El optimismo de quien fue durante muchos años el narrador oficial del Caracas F.C. es tal que no duda en pedir “paciencia, los resultados van a llegar”.

    4) Juan Carlos Rutilo (@juanrutilo): mejorar lo hecho en 2011 sería una hazaña.

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    Si alguien conoce los avatares de la selección nacional es Juan Carlos Rutilo. Desde el ciclo de Richard Páez, el director de www.lavinotinto.com , conductor del espacio “X el Fútbol” en Meridiano Televisión y Gerente de la emisora radial Deportiva 1300am Center, ha pasado más horas en aviones, aeropuertos, hoteles, estadios y cualquier lugar que la selección nacional haya visitado que en una oficina. Desde los partidos amistosos más rimbombantes hasta la participación de la Vinotinto Sub-20 en el Mundial de Egipto, su presencia ha sido una constante.

    Para Rutilo “El panorama no luce alentador. No por falta de material humano capaz (DT o jugadores) si no por la falta de preparación. En el fútbol se puede contar con un extraordinario talento pero si este no es preparado con tiempo y se logra el ritmo adecuado,  los resultados favorables tardan en llegar”, no sin antes agregar que “la Copa América de Chile se plantea como la exigente preparación que la FVF no pudo darle al inicio de este ciclo, y debe servir como el verdadero comienzo del ciclo de eliminatorias que busque el ansiado cupo al Mundial de Rusia”.

    El punto de vista psicológico: ¡es el cerebro!

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    El fútbol es un deporte que se juega con los pies. Pero esta afirmación no debe llevarnos a la negación del verdadero órgano que condiciona y determina cómo llevar a cabo este juego: el cerebro. Rafael Pol, preparador físico del FC Barcelona, citando a Duarte Araújo, nos recuerda, en su libro La preparación ¿física? en el fútbol que “sistema cognitivo (sistemas naturales o artificiales de procesamiento de la información capaces de percepción, aprendizaje, razonamiento, comunicación, actuación y comportamiento adaptativo) y sistema motor (aquel que produce los movimientos al traducir señales nerviosas en fuerza contráctil en los músculos; el que planifica, coordina y ejecuta los movimientos) están firmemente ligados”.

    Convencidos entonces de que una adecuada preparación futbolística tiene en cuenta al cerebro, y partiendo de la base de que el cuerpo técnico de la Vinotinto está consciente de ello, se hizo imprescindible contar con la opinión de una voz reconocida y respetada en el mundo del deporte.

    Rosa María Coba Sánchez, Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona (1991-1996), accedió a dar sus impresiones sobre esta etapa que vive la Vinotinto, que no es otra que la del aprendizaje de un nuevo lenguaje. “Uno de los principales retos que tiene ante sí la Selección Venezolana de Fútbol es transformarse en un equipo. El que un seleccionador convoque a los jugadores que estime más adecuados en cada momento no convierte a un conjunto en un equipo. Lo hace el trabajo dirigido hacia un fin. El objetivo final siempre está muy claro, y no es otro que el de ganar, pero ni mucho menos es suficiente tal premisa para poderlo conseguir o acercarse a ser competitivos”.

    Coba, quien ejerce en el ámbito de la psicología clínica, neuropsicología y psicología pericial y es coautora del libro Fútbol: el jugador es lo importante (editorial Wanceulen) junto con Francisco José Cervera, piensa que “se va a disponer de muy poco tiempo antes de la primera puesta de largo en la Copa América de Chile, el próximo mes de junio. Este grupo humano formado por técnicos y jugadores cohabitará y trabajará escasos días previos a la concentración ante dicha competición. Tengamos presente la falta de rodaje en torno a una serie de modificaciones esenciales, como es un nuevo cuerpo técnico y un nuevo modelo de juego. Esa es una de las grandezas y principal coherencia de este deporte: la capacidad de adaptación que exige. El fútbol es interacción y la interacción es adaptación. El tiempo y el trabajo como crecimiento en torno élun equipo y estos pueden resultartorno a es un factor clave para poder pasar de la denominación de conjunto a la de equipo, si bien no es menos cierto que el tiempo escaso ante el cambio como ruptura de dinámicas absolutamente contaminadas, pasa a ser como un tesoro por descubrir. Los segundos pueden resultar minutos cuando se viene de dinámicas en las que las horas son estériles eternidades”.

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    Aceptado el obstáculo del tiempo –o la ausencia del mismo- así como lo que implica un cambio brusco entre lo que se hizo hasta hace unos meses y lo que se pretende bajo esta nueva conducción, la psicóloga española nos da pistas del camino que debe recorrer la Vinotinto, no ya para conseguir victorias –estas dependen también de un sinfín de factores ajenos a la voluntad y el trabajo-, sino para lograr esa transformación en un equipo:

    Con estos y otros obstáculos, el primer paso a trazar desde el punto de vista psicológico para construir un equipo debe hacerse en torno a la herramienta psicológica más potente que existe: el modelo de juego. Para ello, se deben definir dos tipos de intervenciones paralelas. Una de ellas de carácter directo y la otra de carácter indirecto. En ambas se deben plantear objetivos que le den empaque al crecimiento de equipo. Estoy hablando de favorecer el aprendizaje de jugadores y cuerpo técnico hacia un binomio: planteamiento de objetivos y auto-observación”.

    ¿Cuánto influye la aceptación del jugador por las ideas que propone el cuerpo técnico? ¿Pueden Sanvicente y sus colaboradores ayudar a que los futbolistas encuentren el gusto por esta forma de entender el fútbol? Coba afirma que “es esencial que cada jugador aprenda a descubrirse y encontrarse en el terreno de juego en torno al modelo. Esto lo denomino “reciprocidad adquirida en el juego”. Para ello, hay que diseñar tareas en las que los jugadores deban hacer uso de diferentes tipos de atención, conozcan los diferentes niveles de activación por los que pueden pasar así como poder valorar los diferentes procesos cognitivos relevantes a la hora de determinar respuestas. ¿Para qué? Por ejemplo, para poder reconocer y reconocerse ante la presión y/o el miedo. No se trata de negar ni tampoco de dramatizar. Se trata de comprender que por encima de todo somos seres humanos, y los jugadores también lo son y reaccionan como tales”.

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    La psicóloga española, que además ha trabajado en colaboración con otros entrenadores españoles vuelve sobre el cambio que propone la conducción actual: “el modelo de juego, al que no abandonamos ni un instante, al igual que es la guía sobre el rectángulo de juego, lo es a nivel psicológico. Imaginemos un jugador poco acostumbrado a relacionarse en torno a un determinado modelo. La forma en la que va a tender a interpretar y utilizar los espacios ante la presión del rival le va a implicar una necesidad cognitiva y socio afectiva en el campo muy diferente que no se aprende sólo por colocarse la camiseta y oler el césped. Su cerebro siempre está preparado para aprender nuevas formas de relación. La magnífica característica de la plasticidad cerebral nos lo permite. Por todo ello, y sin perder de vista el primer reto a establecer que implica cohesionar un grupo humano y transformarlo en un equipo competitivo, como punto de partida, desde la perspectiva psicológica ordenaría los objetivos en torno a :

    -Establecer señas de identidad y no tanto de pertenencia (quienes queremos ser). Ello nos permite un constante feedback para no perder de vista lo que no queremos ser y poder crecer de un modo más garante.

    -Conocer las necesidades psicológicas que precisa nuestro modelo de juego y trabajarlas siempre en torno a la realidad de juego, del entrenamiento. Un buen punto de partida básico sería hacerlo mediante trabajos que impliquen control inhibitorio, atención sostenida, y la anticipación visual y periférica, ya que son herramientas esenciales, estableciendo objetivos a corto, medio y largo plazo ya que como muchas veces digo, no basta con hacer lo que sabes, sino lo que debes”.

    Quizá lo más determinante en todo esto que no es más que incertidumbre sea la personalidad de Sanvicente, esa a la que hacía referencia Jesús Eduardo Acosta para este trabajo. La experiencia, su versatilidad, su capacidad de adaptación, el conocimiento de los futbolistas y sus necesidades, el estudio de los rivales y un cuerpo técnico multidisciplinario parecen ser las armas con las que hoy cuenta la selección para enfrentar el período más difícil de su historia. Por ello, Coba Sánchez, colaboradora permanente de www.martiperarnau.com (http://www.martiperarnau.com/author/rosa-coba/) y de futbolcontextosvitales.blogspot.com, no escatima esfuerzos en advertir que “no se puede perder de vista que desde el inicio es muy importante que el cuerpo técnico trabaje coherentemente en torno a su estilo de liderazgo, estableciendo las pautas necesarias para tal fin. La fórmula del éxito quizás sea una utopía pero la del trabajo coherente que nos permita avanzar puede ser una realidad”.

    ¿Qué nos depara el futuro?

    Incertidumbre. Hoy, a seis meses de la Copa América, el escenario no es el más alentador. A lo largo de este trabajo usted se ha topado con una serie de condicionantes –la ausencia de horas/entrenamiento el mayor de ellos- que deberían hacernos reflexionar acerca de la verdadera importancia del torneo que se jugará en Chile desde el 11 de Junio. Todos somos libres de pensar y soñar un mejor futuro para la Vinotinto, pero también estamos en la obligación de recordar que el cuarto puesto en la pasada Copa América no se tradujo en la consecución del boleto a Brasil 2014.

    Ahora bien, una mala presentación en el torneo continental potenciaría las dudas de aquellos que no confían en el método Sanvicente, y de poco importaría señalar que la meta es el mundial y no la copa. Por esto, y por lo que significa la ruptura con el pasado inmediato, es que el 2015 es un año clave en las aspiraciones de la selección, y más aún, para la vigencia, desarrollo y aceptación de los planes del actual seleccionador.

    El camino es el qué es. Sanvicente y los suyos conocen los riesgos y aceptan el reto; el tiempo, ese viejo e incansable enemigo, será el encargado de validar las intenciones y el esfuerzo de ese colectivo llamado selección. Mientras tanto Noel se aferra a una de sus frases de cabecera: Lánzame a los lobos y regresaré liderando la manada”.

    Fotografías cortesía de El Universal, Prensa FVF, Balonazos.com, Noticiaaldia.com, Taringa.net

  • Plan Vinotinto: Japón es el árbol; el bosque comienza en Chile

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    A lo que apunta el nuevo cuerpo técnico de la selección es a la construcción de un manojo de respuestas que permitan al futbolista creer que desde esas pocas certezas nacerán más verdades que sostengan esta nueva identidad. La única manera de lograr semejante meta es entrenando y compitiendo, dos escenarios naturales en los equipos pero «atípicos» en las selecciones. Es ahí dónde este cuerpo técnico debe empezar a sortear obstáculos y demostrar las calidades que lo han llevado a la cima.

    Competencia
    Desde este momento – incluyendo el amistoso ante Japón – y hasta la Copa América – primera competencia de la Vinotinto – hay apenas nueve “fechas FIFA», lo que se traduce en nueve partidos amistosos con carácter oficial en los que el cuerpo técnico tendrá la oportunidad de trabajar, sin más restricciones que el estado físico o la voluntad de los futbolistas, la consolidación de su idea de juego. Para tener una idea de lo complicado que esto es hay que recordar que entre convocatorias hay un largo período de tiempo en el que cada futbolista vivirá su propio proceso individual siendo parte de otro organismo, de otro equipo, con pautas de trabajo, compañeros, emociones y realidades distintas. Es comprensible que en el inicio se repitan nombres comunes al ciclo anterior.

    Nueve partidos que a priori parecen pocos pero que son la misma cantidad que tendrán los rivales vinotinto de cara a la Copa América Chile 2015. Son las reglas de juego.

    Entrenamientos
    La posibilidad de enfrentar a rivales mundialistas es sumamente positiva si se tiene en cuenta que lo que intenta cada cuerpo técnico es optimizar las respuestas de sus futbolistas en escenarios tan competitivos. Pero es muy posible que de cara a esos próximos partidos amistosos haya que considerar las características de cada traslado.

    Mientas menos haya que volar, mayor tiempo existirá para entrenar, conversar y volver a entrenar. Las casi cuarenta horas invertidas en el viaje a Asia supusieron dos entrenamientos menos y esto es muy negativo cuando a una selección nos referimos. Por ejemplo, si los futbolistas inician su periplo a la selección el domingo a la noche, luego de haber finalizado con sus compromisos domésticos, lo ideal es recibirlos el lunes para no perder más tiempo en la recuperación y activación. El caso de este periplo asiático no debe convertirse en la normalidad. ¿Por qué?

    Dejando de lado la magnitud de los rivales, la selección dispondría, normalmente, de cuatro a cinco entrenamientos antes de cada partido. A esto hay que sumarle las caras nuevas que seguramente abundarán en este trayecto. Cinco entrenamientos, dos o tres sesiones de videos y varias charlas. Ese es el itinerario regular en esta etapa pre Eliminatorias. Si se parte del enunciado «se compite como se entrena«, se antoja difícil poder acostumbrar a los futbolistas en sesiones tan cortas y limitadas a las ideas básicas y fundamentales de esta nueva conducción. Cada entrenamiento es una posibilidad muy importante como para desecharlo, por ello hay que pensar en un término medio entre el valor competitivo de los rivales y la posibilidad de realizar más y mejores entrenamientos.

    Por todo esto, el cuerpo técnico seguramente tomará nota de esta primera toma de contacto con los futbolistas que hacen vida en el extranjero y así moldear la planificación inicial. Esta, al igual que un organismo vivo, sufrirá modificaciones y sumará preguntas que deben ser respondidas. Puede que la primera de ellas se refiera a la recuperación de los futbolistas luego de largos desplazamientos aéreos o cómo aumentar la calidad y la intensidad de las prácticas.

    Seguramene existen mil interrogantes más. Cada respuesta adquirida en la gira tendrá fecha de vencimiento y traerá como consecuencia mucha más incertidumbre. Por ello, una vez aceptado el cargo de seleccionador nacional, la orden de Sanvicente ha sido trabajo, trabajo y más trabajo. Trabajo para reducir las distancias con los rivales; trabajo para equipararse y competir en igualdad de condiciones, y trabajo para que la victoria, cuando llegue, no sea efímera y accidental.

    El camino recién empieza…

    Fotografía cortesía de Prensa FVF/El Universal