Etiqueta: Entrenamiento

  • Naufragio catarí: Día: 3

    Naufragio catarí: Día: 3

    El fútbol es un juego de espacios. El equipo que ataca desea ampliarlos mientras que el que se defiende busca reducirlos. Aquí entra la regla que da el carácter estratégico a este juego: el fuera de juego. Como cualquier otra herramienta, su empleo acarrea riesgos, ya que con una mínima distracción el equipo atacante quedaría mano a mano contra el arquero. Para superar esta trampa hay muchas maneras, entre las que destacan los pases cruzados a la espalda de los defensores o la construcción del juego interno para luego intentar un pase entre líneas a un futbolista que salga desde posiciones centrales, es decir, de un futbolista que se dirija hacia la zona liberada. Por ende, volvemos a la relación del equipo con la pelota, o más claro, a cómo se reorganiza cuando dispone de ella y a la forma en que lo hace cuando desea recuperarla. El reto de enfrentarse a un equipo que achica el espacio hacia adelante es la reorganización inmediata para adaptarse y superar dicho dispositivo. Este es un proceso que cada equipo aprende y desarrolla con el paso del tiempo, y que se sostiene en los principios propios de su manera de jugar. Posar la mirada en estas circunstancias tiene un enemigo furibundo: la histérica actualidad. Los tiempos de sobredosis de información conspiran en contra de la reflexión que merece cada conducta. Esta es la razón por la que quien gana es venerado hasta el cansancio y quien pierde es apedreado como el peor de los criminales. No hay término medio ya que no hay tiempo para la racionalidad. Pese a esto, es urgente recordar que quienes viven del análisis, o los que se postulan como tales, tienen la obligación de comportarse como médicos forenses y escudriñar en todos los rincones del cadáver que deja un partido, para intentar, solamente pretender, acercarse al conocimiento. De nada vale vociferar que Argentina fue incapaz de superar la estrategia saudí si no explicamos cómo puede batirse ese comportamiento colectivo. Tampoco tiene mayor sentido apelar a la mala suerte. Este es un deporte de oposición directa, en el que se juega contra y con un oponente, por lo que el elemento accidental es uno más de los que participan. Somos, por así decirlo, arqueólogos rumiando en las ruinas de algo que ya es pasado; cazadores de pistas que aclaren por qué pasó lo que pasó, sin el sosiego de aquel explorador para llegar a la luz.

    ¿Cuál es la responsabilidad del periodismo de fútbol? Lo elemental sería informarse, informar y atenerse exclusivamente a todo aquello que se englobe dentro de lo real. Sin embargo, estos tiempos de consumo perturbado han desterrado las normas fundamentales del oficio para convertirlo en algo desechable, en eso que bien podríamos definir como periodismo de sensaciones. Así es que unos sienten que Benzema o Lukaku se estaban cuidando para llegar al mundial, en perjuicio de los clubes que les pagan el sueldo. La realidad, esa estupidez que tanto incomoda a los aspirantes a notorios, se encargó deponer en su lugar a los promotores de las sensaciones y los pareceres. En un mundo medianamente decente, estos mercaderes de la mierda no tendrían otro espacio distinto al del callejón trasero de un bar. En el nuestro, son requeridos, escuchados y seguidos. Hace tiempo hicieron las paces con aquella vieja noción de darle a la gente lo que esta pide. Hubo un tiempo en que educar a la audiencia era el mayor privilegio para un comunicador. Hoy, pues ya sabemos de qué va esto: todo vale a cambio de aquellos quince minutos de fama que predijo Warhol.

    Entrenar para competir o entrenar para ser mejor. La duda me la transmite un amigo cuya sensibilidad le ha convertido en un fabuloso entrenador cuya obsesión es mejorar a sus futbolistas profesionales. Lo hace partiendo del concepto de que entrena seres humanos que hacen de futbolistas. El formato actual imposibilita que los staff técnicos dispongan de la cantidad de horas-entrenamientos suficientes para que sus intervenciones superen al más inmediato episodio competitivo. Pasa en clubes y, por supuesto, en las selecciones nacionales. FIFA y su comité de expertos, entre los que alguna vez Marco van Basten coló la idea de borrar de un plumazo la ley del fuera de juego, no parecen muy ocupados en buscar soluciones al aspecto básico de cualquier disciplina: el aprendizaje. Competir es la realidad del futbolista profesional, sin embargo, es tal la hipertrofia de la industria de partidos y competiciones que el tiempo para la educación es cada vez menor. El mundo de los negocios que tanto denuncia Menotti es quien dicta las reglas; Wenger y su equipo de expertos deberían encontrar algo en sus sesudos análisis que les lleve a cuestionar la manera como conduce este juego la mano que les da de comer. Ser hombre de fútbol es mucho más que vivir del juego.

    “Para poder pensar debes arriesgarte a ser ofensivo”. Jordan Peterson

  • Colombia-Venezuela: otra visión sobre velocidad y efectividad en el fútbol

    Colombia-Venezuela: otra visión sobre velocidad y efectividad en el fútbol

    La Copa América, como cualquier torneo de naciones, es el escenario perfecto para ventilar nuestras mayores emociones. Por ello es que se ha naturalizado que el análisis dé paso a cualquier manifestación puramente emocional. Para esta larga exposición he elegido un episodio en concreto y lo he titulado «Colombia-Venezuela: otra visión sobre velocidad y efectividad en el fútbol».

    A raíz de los dichos de un colombiano, en la cadena internacional ESPN, referidos al juego de Bernaldo Manzano y a la incapacidad de la selección de Colombia de vencer a su similar de Venezuela, creo pertinente hacer dos consideraciones netamente futbolísticas:

    La primera está referida a la velocidad. La velocidad en el fútbol no se mide de la misma manera que en algunas ramas del atletismo, es decir, no se explica si un futbolista es veloz por los segundos que tarda en recorrer la distancia entre el punto A y el punto B.

    El fútbol es un juego de alta intensidad, esto significa que requiere altos niveles de concentración y atención. La primera referida a las circunstancias que están inmediatamente a su alcance; la segunda a todo aquello que acontece durante el partido.

    Además, el fútbol es un deporte de cooperación-oposición (Seiru.lo dixit): el futbolista está siempre condicionado por sus compañeros y por el oponente. No se juega individualmente sino en función de los acontecimientos del propio juego, que varían y jamás se repiten.

    Cada futbolista es parte de una red de relaciones, una especie de telaraña en la que sus roles no se ejecutan exclusivamente desde la variable velocidad sino a partir de lo que esa red demanda. No es lo mismo recorrer diez metros en soledad que hacerlo en función del juego, evitando al oponente y atendiendo a esa intracomunicación con los suyos. Además, no se olvide, que cada movimiento está sujeto también a la ubicación de la pelota, que es el objeto móvil de este deporte.

    La conclusión entonces es que en el fútbol, la velocidad es la capacidad de reacción-ejecución relacionada con las emergencias, aquello que nace del juego: la cooperación y la oposición en circunstancias particulares. Es un juego netamente cognitivo que se ejecuta con el cuerpo.

    Desconozco el tiempo que le lleva a Manzano recorrer cincuenta metros en carrera. Sí sé que en el fútbol, rara vez un futbolista hace esos recorridos, con o sin pelota, sin oposición, una particularidad que por sí misma hace que los recorridos sean distintos al atletismo. En Colombia hubo grandes jugadores, ente ellos el “Pibe” Valderrama, qué hicieron de lo que la lógica dominante llama “lentitud” su gran fortaleza.

    La segunda consideración se refiere a la efectividad. La efectividad no es una variable que se relacione exclusivamente con la anotación de goles. Colombia ante Venezuela creó ocasiones claras de gol y las ejecutó de gran manera. Lo que impidió que alguna de ellas se convirtiera en gol fue la fabulosa actuación de Wuilker Faríñez.

    El portero venezolano evitó esos goles, por ello, el problema del equipo de Reinaldo Rueda no estuvo en la efectividad sino en l actuación del oponente.

    Incluso, si se revisa detenidamente el partido, se puede observar que el equipo colombiano no se desanimó ante la imposibilidad de anotar sino que insistió y mantuvo sus comportamientos. Esto último es una muestra importante de competitividad, ya que son incontables los equipos que ante esa circunstancia pierden parte de esa ambición. Colombia la sostuvo pero Faríñez evitó que entrara una sola pelota.

    La efectividad es un valor que, como todos, se intenta optimizar en los entrenamientos. Esto se hace mediante ejercicios que simulan el ecosistema de un partido -es imposible reproducirlo en su totalidad porque ni dos episodios son idénticos ni las responsabilidades son iguales-. Esta es una de las tantas razones por las que los más renombrados entrenadores hacen grandes esfuerzos para que sus equipos “finalicen las jugadas”. Generar un alto volumen de llegadas al área rival y finalizar las mismas es lo que aumenta la probabilidad de anotar un gol.

    ¿Por qué la efectividad no responde exclusivamente a lo entrenado? Porque, entre otras tantas razones, el partido posee condicionantes que no están en el entrenamiento: presión por obtener un triunfo, la oposición del oponente, las emociones derivadas del error, etc.

    Por este y otros motivos más, la comprensión más avanzada del fútbol ha abrazado las teorías de la complejidad. Son muchos los factores que afectan a la voluntad del jugador que juega en equipo. Estos varían siempre e influyen de distintas maneras; son incontrolables y hasta imprevisibles.

    El entrenamiento más avanzado de este deporte ha adoptado el concepto de la optimización. Optimizar es “conseguir que algo llegue a la situación óptima o dé los mejores resultados posibles”. Se optimiza al jugador en función de sus capacidades para que llegue a su mejor versión. ¿Definieron mal los futbolistas colombianos sus llegadas al arco de Faríñez? No. El portero venezolano fue figura porque evitó que esas ocasiones claras se convirtieran en goles. El arquero es un jugador de fútbol cuyo rol principal es ese.

    Ojalá se comprenda que cuando el portero es la figura del partido es porque éste evitó que opciones claras de gol subieran al marcador.

    Por último, deseo agregar otra consideración: los grandes equipos se componen de futbolistas que optimizan sus capacidades en función de los requerimientos de su equipo en episodios de oposición-cooperación. No son grandes equipos por los nombres ni por los clubes de procedencia de sus futbolistas. Se superan los episodios competitivos de manera satisfactoria cuando el futbolista, en función a su pertenencia a un equipo, logra su mejor versión. Por ello, nunca nadie “debe pasarle por encima” a otro. El objetivo real de un equipo es encontrar su mejor versión y sacar provecho de ella.

    Aquellos que comunicamos fútbol estamos obligados a ser menos reaccionarios y más didácticos. Este es el “juego de juegos”(Seirulo dixit): se juega con los pies, ante un rival y con una pelota que no para de moverse.

    Imágenes encontradas en internet. Créditos a quién(es) corresponda

  • Se juega a lo que se entrena

    Con motivo de la visita del Real Madrid a territorio alemán para su partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones frente al Schalke 04, el diario español El País ofreció algunas pistas que en un escenario ideal han debido fomentar el análisis, o por lo menos inspirar una columna de opinión en ese mismo medio. Pero ya sabemos que la pereza sólo revisa lo hecho y no el camino recorrido. Aprovechemos nosotros entonces las señales para continuar nuestro proceso de aprendizaje.

    En su edición del miércoles, el periodista Diego Torres recogía el testimonio del jugador Sergio Escudero: » El primer día que llegué hicimos un circuito con balones medicinales, teníamos que lanzar el balón para arriba, sentarnos, levantarnos y cogerlo. Cuando llegué y vi eso dije: ¿Dónde me he metido?”. Es decir, el equipo azul se ha aislado en el pasado y desconoce los cambios que desde hace una década se han implantado en aquel país y que sugieren que todos los trabajos se hagan con el balón. Un entrenamiento pensado en el juego.

    Consumada la goleada 1 a 6 favorable al Real Madrid, Felipe Santana, defensor brasileño del equipo alemán y de pasado reciente en el Borussia Dortmund, expresó ante los medios de comunicación – sin que muchos se interesaran en ello, cómo así lo confirma el silencio del señor Torres – que «avisé en mi vestuario que aquello sería difícil de repetir porque nosotros practicamos otro tipo de fútbol y tenemos menos experiencia”. El tema de la experiencia no es debatible, pero en el apartado del «otro fútbol» me parece que Santana no se supo explicar.

    Ningún equipo en el mundo juega igual a otro. Seguramente hay quienes coinciden en el respeto a algunos principios del juego y otros que lo hacen en los modelos de entrenamiento. En el caso del Schalke, la revisión debe ir por los lados de la preparación, y bien vale preguntarse si mejorar la fuerza, la resistencia y la reacción, dentro de pautas futbolísticas, no sería más conveniente que trabajar con un balón medicinal o pasarse largos ratos en el gimnasio como.

    Desde hace unos años para acá se ha comprendido que al jugador y al equipo hay que prepararlos dentro del campo de juego, con la pelota y como un organismo indisociable. ¿La razón? Sólo así se puede internalizar los conceptos de juego, desarrollar las sociedades que definen a un equipo y, sobre todo, jugar. Resistirse al progreso y preferir la playa, la montaña, el gimnasio o los balones medicinales para entrenar al fútbol limita las posibilidades el equipo.

    Columna publicada el domingo 02 de Marzo de 2.014 en el diario Líder

  • El entrenamiento…

    El entrenamiento de calidad no consiste tanto en los minutos concretos de trabajo, ni en la cantidad de sudor empleada, sino en la concentración mental, emocional y física para aprender y aprehender cuanto se ensaya

    Martí Perarnau

  • Seguimos perdie…

    Seguimos perdiendo perspectiva cuando consideramos al jugador de fútbol como un ser individual, que actúa como si no dependiese del sistema de relaciones donde queda inmerso. De este modo, y entregados a los placeres reduccionistas, se pone en marcha el entrenamiento individualizado. Se miden las distancias recorridas por el jugador con medios sofisticadísimos, las intensidades de sus desplazamientos, para acondicionar el entrenamiento a dichos resultados.
    Así, cada futbolista tiene diseñado su propio plan de entrenamiento, en función de lo que hace en la competición. Pero siempre desde parámetros fisiológicos…

    Oscar Cano Moreno

  • El hastío del futbolista

    ¿El jugador se cansa de jugar al fútbol? De ser así, ¿abandona al juego o al entrenador?

    Estas preguntas me las he hecho de mil maneras diferentes, pero una charla con mi amigo y guía Alex Couto Lago (@AlexCoutoLago) llevó a formulármelas de esta manera. Debo aclarar que la segunda de las interrogantes es casi propiedad intelectual de Alex.

    El entrenamiento mal planificado auyenta al jugador porque esos trabajos no lo hacen sentir como futbolista sino como un «cumplidor*» de tareas, así como la acumulación de responsabilidades también influyen en que pierda gusto por el juego y lo vea como una obligación. Al fin y al cabo, se entrena de lunes a sábado y se juega el domingo.

    Por ello es tan importante volver a los orígenes y recordar que tratamos con futbolistas y no con máquinas, por lo que en los entrenamientos hay que recordar lo que bien explica Dani Fernández: «el trabajo es realmente fructífero cuando los jugadores se implican y se comprometen, es decir, sienten lo que hacen, si no es así, el trabajo hecho tiene muy poco valor«. Hay quienes olvidan lo importante del gusto por la tarea y «forman» jugadores incapaces de decidir por ellos mismos, dependientes de la instrucción del entrenador, sin reparar que por más válido que sea ese consejo, siempre llegará cinco segundos más tarde que la iugada, por lo que no tendrá entonces ningún tipo de utilidad.

    El jugador jamás se harta del fútbol. Es el circo y la mentira que lo rodean los que llevan a que muchos se alejen de esta actividad cuando terminan su carrera. Está en nuestra naturaleza humana esa capacidad de autodestrucción que nos impide abrir los ojos para darnos cuenta que el camino elegido no es el mejor. Humanicemos nuestras conductas y mejoraremos el juego. De lo contrario el fútbol será cada vez más de los desarrolladores de softwares y menos de los futbolistas.

    *: Es interesante leer que uno de los sinónimos de cumplidor es la palabra serio, como para dejar bien claro el punto que estoy exponiendo: http://www.wordreference.com/sinonimos/cumplidor

  • ¿Para qué nos defendemos?

    A mis jugadores les digo que jamás podría reprocharles la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de ellos, de que ellos lo quieran, no de que Dios los ilumine. Marcelo Bielsa

    Reconozco la existencia de dos corrientes de pensamiento que definen el arte de defender en el fútbol: me defiendo para atacar o me defiendo para repeler. A partir de la aceptación de una de ellas como planteamiento inicial se puede identificar la idea de juego y las intenciones del equipo en cuestión. Hay quienes aún se refieren a esta conducta – protegerse – como un sinónimo de lo que llaman «antifútbol» o peor aún, son capaces de afirmar que hay equipos que no saben resguardarse porque se trata de un tema «cultural«. En fin…

    Cuando decido defenderme para evitar que el rival me haga daño estoy adoptando una actitud de víctima, por lo que cualquier recurso es aceptado como válido y oportuno con tal de impedir que el equipo contrario logre su cometido. Los conjuntos que entienden la faceta defensiva de esta manera usualmente son aquellos que cuando rescatan el control del balón se lo sacan inmediatamente de encima; viven del pelotazo porque para ellos el fútbol se divide en etapas: defensa y ataque. Por ello no encuentran un hilo conductor entre ambas conductas y les cuesta hilvanar alguna jugada posterior a esa recuperación, ya que no sienten la necesidad de comunicar ambos comportamientos.

    La otra manera de defenderse es entender ese momento del juego como la continuidad del juego mismo; defender y atacar son actividades complementarias incapaces de sostenerse una sin la otra. Estos equipos entrenan la recuperación como el primer paso para agredir y dictar los tiempos del encuentro. La idea es simple y compleja a la misma vez: retomar la titularidad del balón con la intención de protagonizar, y protagonizar como manera de defenderse. En la mayoría de los casos, esta corriente de pensamiento es contraria a ceder la iniciativa de juego al competidor, prefiriendo constituirse como “controladores” de los tiempos del partido. Un claro ejemplo puede encontrarse en la España campeona de la Euro 2.012. Aquel fue un equipo que se defendía utilizando la pelota sin la necesidad de ser tan profundo como ha sido en esta Copa Confederaciones o como lo era su «primo«, el Barcelona de Guardiola.

    Asumida la voluntad de gobernar el partido, hay tantas formas de recuperación de la pelota como equipos en el mundo así como estrategias a partir de su reconquista. Lo importante es la intención que la origina, y no es otra que someter al rival y decidir dónde y cómo se juega. Por ello es tan importante determinar para qué nos defendemos para luego poder definir el cómo y el dónde lo hacemos.

    Yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? «Corremos todos» El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento. Marcelo Bielsa

  • Eficacia goleadora

    Si hay una cosa que es imposible relacionar es un sistema con la capacidad goleadora, con la eficacia goleadora de un equipo. El sistema, la forma de jugar se valora en la faceta ofensiva en función de la cantidad de situaciones de gol que crea un equipo. La eficacia no es una condición que se desarrolla, ni que se trabaja ni que se optimiza. La eficacia es la culminación de un procedimiento que deja a un jugador en condiciones de convertir el gol. El trabajo colectivo, el trabajo individual, los aportes colectivos y los aportes individuales hacen que un equipo generen opciones de gol. Pero los goles no los meten todos los jugadores sino uno es el que lo mete, entonces, frente al hecho de errar o acertar no hay procedimiento que mejore esa ecuación porque el entrenamiento, que por supuesto que lo hacemos y el que viene acá verá que lo hacemos, no reproduce la acción del juego aunque sea idéntica. No es lo mismo acertar o errar una misma jugada en un partido que en un entrenamiento.

    Entonces, cualquier persona que conozca el tema sobre el que estamos hablando sabe que lo que los equipos necesitan, a través del desarrollo del trabajo y del juego colectivo, es generar opciones de gol, no convertir opciones de gol, porque convertir opciones de gol no depende de la intervención, depende de la culminación de la jugada.

    Marcelo Bielsa y una de sus rescatables ruedas de prensa en Bilbao. No me queda claro que lo hayan entendido, por ello vale la pena rescatar sus explicaciones del 28 de febrero de 2.013