Etiqueta: España

  • Naufragio catarí: Día 19

    Naufragio catarí: Día 19

    Como la frase que titula estos envíos mundialistas, España naufragó en el Mundial Catar 2022. Luis Enrique no sigue en el cargo y Luis de la Fuente es su reemplazante. La desilución ha sido muy grande y, como en muchos de los casos, los análisis no se dirigen hacia la comprensión del fenómeno. Por el contrario, el público lee y escucha datos insignifcantes como porcentaje de posesión o cantidad de pases dados. Un entrenador de alto nivel no exige a sus futbolistas dar pases así, sin intencionalidad. Tampoco les prohibe aprovechar desmarques de ruptura o piques al vacío. Todo equipo se pasa la pelota, bien sea en corto o en largo, con el objetivo de encontrar espacios libres y explotarlos en su beneficio. Lo demás, lo que gritan desde algunos medios, es pescado podrido que únicamente tiene como finalidad llenar las incontables horas que deben cumplir al aire.

    Hoy, la correspondencia va en modo video, aprovechando que la peste parece alejarse del autor y el optimismo crece.

    “No me considero pesimista. Pienso en un pesimista como alguien que está esperando que llueva. Y yo me siento empapado hasta los huesos”. Leonard Cohen

     

  • Naufragio catarí: Día 12

    Naufragio catarí: Día 12

    España tocó y tocó. Dio una infinidad de pases. Pero extravió la razón por la cual un equipo se pasa el balón. Hoy toca video y mañana volverán las letras.

    «Los malos cambiaron, pibe. Son como esas máquinas tuyas: están en todas partes, pueden hacer cualquier cosa y no se entiende cómo funcionan». Los Motivos del Lobo

  • Naufragio catarí: Día 9

    Naufragio catarí: Día 9

    -. Ni ajedrez ni otra tontería. España y Aemania jugaron un enorme partido de fútbol en el que ambas selecciones demostraron una admirable capacidad para jugar. Con esto me refiero a sostener su idea, pero también a su adaptabilidad a las diferentes circunstancias del juego. Pero jugaron al fútbol y no al ajedrez, como se dice erróneamente cuando los partidos no son lo abiertos que algunos esperaban. Tenemos la obligación de referirnos al fútbol como la actividad que es y no utilizar muletillas que nada dicen del juego. En este corto video insisto en ello, sin perder la costumbre de recordar que el fútbol es protagonizado por seres humanos que hacen de futbolistas.

    Hoy, atendiendo a laos tiempos que corren, toca video desde la isla.

    «Si nos espera el olvido, tratemos de no merecerlo.» Alejandro Dolina

     

  • Fútbol: más que gallardía, orgullo y cojones

    Fútbol: más que gallardía, orgullo y cojones

    Los equipos de fútbol son grupos integrados por seres humanos que ejercen de futbolistas. Esto supone que las emociones jueguen un papel determinante en cada duelo. Sin embargo, el fútbol es más que pundonor, orgullo y cojones.

    Estos valores, aunque desde las cabinas y los estudios de grabación nos quieran hacer creer lo contrario, no son mesurables ni están sujetos al país de origen. El amor propio, el pundonor o el sentido de pertenencia son de cada quien y cada uno los expresa y vive a su manera. Es una soberana estupidez pretender transferir nuestra manera de sentir hacia los otros; la individualidad de cada ser, aquello que nos distingue de nuestros pares y nos hace únicos e irrepetibles, es total, no selectiva.

    La cultura bélica y su lenguaje, transferidos al fútbol por aquello de que éste es “la guerra por otros medios”, instaló estos conceptos propios del combate para argumentar un triunfo o justificar la derrota. Se comunica que hay episodios más dignos que otros, una descripción que discrimina y sugiere que otras presentaciones u otros equipos no lo fueron, es decir, que carecieron de nobleza o decencia. Esta es una demostración más de cómo el lenguaje condiciona todo, incluso nuestra manera de relacionarnos con un hecho deportivo.

    El público no es el causante de esta perversión. Basta ya de hacerles responsables del Frankenstein mediático que nosotros hemos creado. Somos los únicos culpables de que no se hable de fútbol y por el contrario, se rescaten estos valores que no describen en su totalidad el desarrollo de un partido o el andar de un equipo en determinada competencia.

    Este hablar para ganar adeptos, tan de moda en los tiempos que corren, tiene consecuencias aún más graves que el simple hecho de alimentar el fervor y la euforia: reduce el juego de fútbol al plano emocional, lo que destruye el proceso de comprensión de la actividad y lo transforma en un hecho banal.

    Pongamos el ejemplo de la selección venezolana de fútbol. La participación en la Copa América de Brasil del combinado vinotinto fue analizada con pinzas, siempre partiendo de la base de que los futbolistas estaban demostrando un enorme compromiso con su selección. Esto que se dijo en la mayoría de foros no era una exageración –nadie debe olvidar cómo llegaron los futbolistas venezolanos al torneo continental- pero su exagerada promoción, interesada por parte de algunos notorios y oscuros personajes, evitó que se revisaran aspectos de mayor preponderancia futbolística, tales como la evolución del rol de los laterales-carrileros en los cuatro partidos o las deficiencias del plan para ocupar espacios y recuperar el balón, sólo por mencionar apenas un par de ellos.

    Esto que aquí se narra no es un comportamiento exclusivo del fútbol venezolano. Basta con repasar espacios radiales y televisivos, así como extensos escritos referidos a la actuación de Argentina, Colombia, España o Italia en sus respectivas competiciones para darse cuenta de que el análisis ya no supone un acto de admiración, sino que se circunscribe a la búsqueda de la aceptación popular.

    Trasladémonos a la actuación de la selección española de fútbol durante la Eurocopa de Naciones y pongamos la lupa en los dos primeros partidos del equipo comandado por Luis Enrique, saldados con dos empates.

    La identidad de ese equipo se sostuvo en principios futbolísticos idénticos a aquellos que le llevaron hasta las semifinales del torneo. Sin embargo, la falta de eficacia para anotar goles en esos duelos iniciales desató una tormenta según la cual, los malos resultados eran consecuencia de la improvisación, la ausencia de ciertos futbolistas y hasta la ignorancia del seleccionador. Claro que, una vez superada la primera fase, estos mismos altavoces se felicitaron porque ahora la selección sí enganchaba a la gente.

    Cuando se intenta analizar un equipo de fútbol dentro de un ecosistema de competición, es necesario partir de determinados principios: la relación con la pelota, cómo se reorganiza para defender y recuperar esa pelota, la generación y ocupación de espacios, la reorganización ante las determinadas emergencias que nacen del duelo y la capacidad de adaptación, porque, no se olvide, el fútbol es un juego de oposición-cooperación, en el que todo lo “planificado” se enfrentará a la realidad natural de este deporte: el equipo rival, el entorno y, cómo si fuera poco, una pelota que no para de moverse.

    La conclusión es que el análisis del fútbol representa una tarea mucho más rica y compleja que la simple mención a rasgos bélicos, al patriotismo o a ciertas emociones que todos, léase bien, todos tenemos en nuestro ser.

    ¿Cómo hemos llegado a este punto en el que quienes se presentan como analistas no hacen más que alimentar las manifestaciones más viscerales y que menor relación tienen con su oficio de conocedores?

    En buena medida esto se ha magnificado gracias a la dinámica dominante en las redes sociales. Es tal la velocidad con la que se consumen contenidos que en ellas, si lo que se pretende es sumar adeptos y seguidores, hay que aprender ser parte del sistema, es decir, unirse a la comercialización de la banalidad y la explotación de los sentimientos más primarios del ser humano.

    Debo insistir en que el público no es el responsable. El hincha ve un partido de fútbol con la motivación de ver ganar a su equipo; el analista, por otra parte, tiene la obligación de observar, pensar y explicar lo que sucede sin temor a la crítica, por más feroz que esta sea. El análisis no obliga, como se dice, a separarse de las emociones y ser “objetivo”: el ser humano es ante todo sujeto, las emociones son parte de su estructura.

    La revisión sí exige poner en práctica un carácter didáctico que despierte la curiosidad en aquellos que escuchan o leen; la euforia del triunfo o la frustración de la derrota es un hecho circunstancial que, una vez superadas, deben acompañarse por manifestaciones que ayuden a la comprensión del fenómeno o del hecho en sí.

    Cuando alguien cae enfermo seguramente recibirá de su círculo más cercano una serie de mensajes de apoyo y motivación que alimentarán su esperanza de superar ese trance. No obstante, cuando va al médico lo hace con el anhelo de conocer qué le llevó a contraer esa dolencia y qué tratamiento debe seguir para curarse. Eso que conocemos como diagnóstico no es otra cosa que la tarea y la responsabilidad de quienes analizan el fútbol.

    La gallardía, el pundonor y los cojones no son suficientes porque el fútbol, ese juego que decimos adorar, posee comportamientos que hacen real aquella aseveración de Dante Panzeri según la cual, “el fútbol es el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y como concepción de juego es la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista”.

     

    Fotografías encontradas en internet. Créditos a quienes corresponda

  • Carles Martínez

    Carles Martínez

    Para terminar la segunda temporada de «Mí fútbol» he invitado a Carles Martínez. El entrenador español ha sido designado seleccionador nacional sub-20 de Kuwait. Anteriormente ha trabajado en el fútbol base del Español y en La Masía del FC Barcelona.

    Martínez da sus impresiones sobre el fútbol actual post confinamiento, la inteligencia de los futbolistas y otros temas. Además de entrenar es un estudioso de este juego y del Juego de Posición. Esto le convierte en un observador calificado y necesario.

    El último capítulo de esta temporada presenta a Carles Martínez Novell.

    Escucha «Carles Martínez» en Spreaker.

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  • Telegrama 2: Simeone, un gran comunicador

    Telegrama 2: Simeone, un gran comunicador

    Nadie, salvo aquellos que esconden objetivos oscuros, compite por otra cosa que no sea la victoria. El debate que se plantea entre la búsqueda del triunfo o el sostenimiento de una idea es tan banal como nuestros tiempos. Por ello ha ganado tanto espacio en los medios y en la masa. Diego Simeone, un gran comunicador, ha sacado provecho de esta particularidad.

    El argentino hace tiempo que reconoció cuál es su audiencia y qué mensaje espera de él. Sabe que al hablar de lucha, garra, intensidad y otros conceptos la seduce hasta convertirla en su ejército. Es probable que esta forma de predicar se vuelva en su contra hasta empequeñecer su obra y sus capacidades.

    El entrenador del Atlético de Madrid «vive» el juego tanto como los entrenadores que transitan diferentes vías filosóficas. Estudia y se prepara como aquellos. Sin embargo, entendió que su mensaje fascina a un público, su público y que éste es un escudo protector de grandes dimensiones.

    Sus frases no están dirigidas hacia quienes se interesan por el juego sino a su tropa, aquella que se comió el pescado podrido de que el fútbol es una guerra en la que triunfa aquel que es más intenso o más valiente.

    Cuando declara que ganar es lo único deja de lado aquello que se conoce como proceso. Lo rico de este juego es que existen un sinfín de fórmulas para aspirar al triunfo, que no hay una verdad excluyente. Por ende, es esencial adentrarse en cada muestra para comprenderla y valorarla en su justa medida. La pluralidad ideológica necesita eso más que al resultado o a la exaltación a la testosterona. Su discurso limita el análisis y convierte al fútbol en una representación bélica.

    Reducir todo a ciertos condicionantes no le hace justicia al gran entrenador que es; cuando llega la derrota, se esfuman las posibilidades de cambiar la prédica: la masa, educada en la cultura de la intensidad, no hará más que castigar a los suyos por falta de esfuerzo, garra, etc.

    Comprendamos que perder, pierden todos. En la competencia la primera regla que existe es reconocerse vulnerable. Sin embargo, hay derrotas que transmiten una sensación de vació y otras que por lo menos dejan al espectador con la panza llena de fútbol.

    Cada quién elige como perder…
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  • Laterales, ubicación y posición

    Laterales, ubicación y posición

    Una de las primeras instrucciones que se dan en el fútbol formativo es que los jugadores deben “cerrar” cuando se está jugando por el costado opuesto al que ocupan. Es por ello que normalmente se puede observar que, tanto laterales como extremos, centralizan su posición cuando el balón recorre espacios contrarios a su ubicación. Sin embargo, este tipo de instrucción se fue convirtiendo en una verdad absoluta, eso que llaman un «automatismo», y que apenas sirve para alejar al jugador de la comprensión del juego: cuándo y por qué deben realizarse determinadas conductas.

    La ubicación del futbolista en el campo de juego obedece, idealmente, a una serie de factores. Se pueden contar entre ellas a la intención de su equipo, a la incidencia que tiene la interacción del oponente, a la distancia entre él y la pelota y, como si fuera poco, a la dinámica misma de un juego que es incontrolable en su totalidad. Es por ello que la ubicación, un concepto definido como “lugar en el que está ubicado algo” es circunstancial; el fútbol, estimado lector es circunstancia.

    Este concepto ha ayudado además para que Juan Manuel Lillo diese una vuelta de tuerca a la idea que se conoce como “Juego de Posición”. Lillo, en el libro “Pep Guardiola, la metamorfosis” de Martí Perarnau, aclara que ubicación es un término que engloba a otros dos, fundamentales para entender el “JdP”, como son posición y situación. El lector puede reconocer inmediatamente la mención a la palabra situación y no debe sorprenderle, ya que estamos hablando de fútbol: tanto la pelota como los futbolistas están siempre en movimiento, creando y generando nuevas realidades. Nada es igual y nada será lo mismo.

    Sirva esta introducción para hablar de los laterales del Atlético de Madrid. Tras observar al equipo de Diego Simeone se puede exponer que las conductas y respuestas de Kieran Trippier son totalmente opuestas a las de Renan Lodi. Con esto, debo aclarar, no me refiero a sus perfiles ni a las formas que tienen de finalizar sus avances. La vista la he puesto en su ubicación en el campo de juego, especialmente en la fase en la que el equipo colchonero dispone del balón.

    El lateral británico no muestra, hasta los momentos, un patrón fijo. En sus proyecciones alterna cerrar su posición con mantenerla. Esta última variante ayuda a su equipo a “descomprimir” la reorganización defensiva del oponente, ya que, cuando menos, obliga a uno de los futbolistas contrarios a dividir su atención entre dos objetivos: la ubicación de la pelota y la de Trippier.

    Por su parte, Lodi cierra hacia el centro constantemente, creyendo que de esa manera se acerca a “la jugada”, descuidando la posibilidad de que ese movimiento de aproximación a un compañero atrae a un oponente a la zona en dónde está el balón. Al mismo tiempo, esta acción del brasileño, una que se puede observar en jugadores cono Isco Alarcón, reduce el campo de juego para los suyos y para el rival.

    No me atrevería a afirmar si estas conductas tan opuestas son parte de una estrategia o responden primordialmente a las características y el sentir de cada jugador. Sin embargo, no me parece una osadía sugerir que, ya que al Atleti le cuesta tanto construir situaciones reales de gol -con ello me refiero a aquellas en las que la defensa o el portero rival sean realmente exigidos-, quizá deba observar con mayor ahínco el juego de sus laterales para encontrar una posible solución a su juego.

    Cuando Trippier elige no cerrar sino sostener su posición le da su equipo dos probables ventajas: a) la disyuntiva entre quedarse o cerrar haría de su marcador un futbolista que, ante la vacilación, llegaría tarde a cualquier situación; y b) la ubicación del británico sugiere una ampliación del espacio de ataque. No se olvide que, tal como sostiene constantemente Marcelo Bielsa, a los equipos de fútbol les es ideal atacar en espacios amplios y defender en espacios reducidos.

    Hace unos días publiqué un episodio de mi podcast (https://open.spotify.com/episode/5fpz3mlo8iYMdU1pSEy56D?si=2FDUd5lhSH2tXvfSMe9XPQ) en el que planteaba que el juego de los laterales era una de las tantas variables que ayudan al intento de comprender la identidad de un equipo. Sirva este post para alargar la discusión y agregar lo que en estas líneas expreso, agregando además otro ítem: si el fútbol es circunstancia, ¿por qué nos empeñamos en hacer del futbolista una especie de ejecutor de ordenes?

    Seguimos..

  • Dembélé, Kirsten o la búsqueda de un imposible

    Dembélé, Kirsten o la búsqueda de un imposible

    “Somos los indeseables, / liderados por los incalificados, / haciendo lo innecesario, / para los ingratos”.

    La juventud es una etapa tan maravillosa como ingenua. En ella, los sueños se mezclan con la realidad hasta confundirnos; no son pocas las mañanas en las que ambas crean una amalgama tan perfecta que nadie -perdone mi dosis de realismo- puede descifrar qué es probable y qué es imposible.

    Mi imposible era Kirsten Dunst. La actriz de “Elizabethtown” entre otros títulos tenía todo aquello que yo anhelaba en una compañera sentimental. Claro, eran sus roles y no su verdadero ser lo que me enamoraba. Nunca la conocí y mi amor se limitaba a sus papeles, que eran actuación y circunstancia, lo que no es poca cosa: los seres humanos caemos presos de esos momentos, de esos accidentes y creemos que desde ellos podemos construir realidades y hasta una vida. Aún así, a Kirsten la creí posible.

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    Aquello era tan optimista y posible como son los sueños de la gent blaugrana con Ousmane Dembélé. Al francés se le valora más por lo que puede ser que por lo que ha demostrado querer ser. Sus cualidades habitan los campos de la posibilidad y no en aquellos de lo factible, de lo real. Su vida con la camiseta blaugrana es todavía un claro ejemplo de lo que supone una utopía, tal cual mi relación con la rubia Kirsten.

    En los procesos de aprendizaje es irremediable contar con la voluntad de quienes los protagonizan. Tanto maestro como alumno deben entregarse a ese camino del que se parte desde un punto conocido, conocido como la ignorancia, sabiendo que la meta es incierta. Por lo menos así es en el fútbol, actividad social y cooperativista como ninguna.

    Dembélé aún no recorre esa vía. No tengo claro si es una consecuencia de su personalidad o que tampoco tiene los guías adecuados. Bien podría tratarse de todo esto y mucho más. Su caso es otro ejemplo de lo necesario que es ver las cosas por lo que realmente son y no por lo que queremos que sean. Digo, para evitar estrellarnos-

    ¿Cuál es la relación de Ousmane con la pelota, los espacios y sus compañeros? ¿Qué tan efectiva es su intra-comunicación o su inter-comunicación? ¿Qué le pide quien lo dirige? ¿Es el mismo chico que llegó hace dos años?

    Sepa disculpar el lector que no me emocionen las migajas que regala, espaciadamente, el extremo francés. Me seduce más intentar comprender qué pasa en el campo antes que hundirme en el campo de sueños que algunos promueven. Tengo la impresión de que navegar en las aguas de lo posible es como hacerse el harakiri sin otro motivo que pasarla bien(¿?). Deben ser cosas de la edad: hoy prefiero estar en paz antes que tener razón. He dejado en paz a Kirsten, y tengo la misma intención para con el lector, al que ya bastante le engañan desde otras tribunas.

    “Es probable que un hombre siga profundamente apegado a sí mismo, aun cuando ya esté separado de la vida”.

     

  • Detalles de Rusia 2018

    Detalles de Rusia 2018

    Una vez finalizada la etapa de grupos del Mundial Rusia 2018, es momento de hacer algunas consideraciones sobre lo visto hasta ahora. Las observaciones que el lector encontrará a continuación no son más que una serie de aspectos, no todos, que vale la pena rescatar para hacer ese viejo y descuidado oficio que es estudiarse a sí mismo.

    Desde varias tribunas he expuesto una visión: el fútbol no se estudia a sí mismo. He explicado la razón de esa creencia, y con gusto he observado que algunos han tomado el argumento, aunque no expliquen ni un 1% de su significado. No seré yo quien señale el camino o el remedio a tomar por quienes hacen vida del juego y en el juego, sin embargo, mantendré que para medianamente comprender en dónde estamos –perdone que insista, pero no existe forma real de saber hacia dónde iremos- es imprescindible conocer de dónde venimos.

    Por ello, la única intención de estas líneas es agregar un granito de arena a esa intención de revisar el juego, para no caer en el eterno retorno que muchos, entre ellos Friedrich Nietzsche, explicaron.

    Insisto, son apenas unas observaciones de lo que he visto, no verdades absolutas ni excluyentes.

    1.- Transiciones:

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    El mundo del fútbol adoptó este término y lo convirtió en parte de su lenguaje. Se ejecutan en distintas zonas del campo y tienen tantas formas de construirse como jugadores que las protagonizan.

    César Menotti ha declarado siempre que “el fútbol no es tan complejo, tiene cuatro acciones: defender, recuperar la pelota, gestar y definir”.

    La definición de transición que creo mejor se adapta al fútbol es la siguiente: “Estado intermedio entre uno más antiguo y otro a que se llega en un cambio”. Para llevarlo al fútbol, las transiciones se observan en esos momentos entre la recuperación del balón y el inicio de una ofensiva, o entre la pérdida del balón y la reorganización colectiva para intentar recuperar la pelota.

    Debo aclarar que nunca he estado a favor del término, sin embargo, comprendo que se ajusta perfectamente al fútbol, por lo que dejaré de lado mi malcriadez conceptual.

    Una vez repasado el concepto de transición, es necesario explicarle al lector que esta acción, tal como se expuso anteriormente, no tiene un manual de reglas sino más bien goza de una infinidad de formas de llevarse a cabo.

    Hay equipos, como aquel viejo Inter de Milán, comandado por José Mourinho, que las ejecutaban desde una zona cercana a su área y con máximo tres futbolistas atacando al contrario, y otros como el FC Barcelona de Pep Guardiola, que las iniciaba, gracias a la presión tras pérdida que hacía sobre el rival, a escasos metros del área contraria y con muchos futbolistas protagonizándola. Esos son los dos extremos geográficos inicio de las transiciones. Cada colectivo dará su propio sello a esta herramienta, convirtiéndola así en una versión original e irrepetible.

    En este mundial, la sensación que tengo, una vez finalizada la etapa de grupos, es que los equipos han apostado a construir sus avances de manera muy rápida, partiendo de la zona en la que más cómo se sienten defendiendo e involucrando hasta cinco jugadores en el avance hacia campo rival.

    Lo he observado en selecciones como Brasil, Francia, Bélgica, Croacia, Portugal, Rusia, México e Inglaterra. Estos equipos han construido estructuras en las que, cuando recuperan la pelota, salen rápidamente, y en manada, hacia la portería contraria. No atacan con dos sino con hasta cinco futbolistas. Sus problemas, salvo en el caso de Croacia, han llegado cuando el adversario los espera muy atrás y deben profundizar en sus ataques organizados o posicionales.

    Por otro lado, hay equipos que han elegido caminos en apariencia distintos, como España (cuando promueve esta herramienta la ejecuta con dos jugadores, probablemente uno de los demonios que acarrea jugar con un delantero como Diego Costa); Argentina (sus transiciones son con pocos jugadores, siendo Messi, Di María y el delantero de turno los protagonistas habituales, pero además convirtiéndose, cuando las ejecuta, en un bloque partido en dos); Uruguay (que juega a esto sin mayor problema pero con dos protagonistas claros, Suárez y Cavani, y algún volante que se sume por sorpresa); y Colombia (que al igual que Argentina, corre el riesgo de que cada pelota de gol que nace de Quintero requiera más del acompañamiento de Cuadrado para sostener al equipo que de cualquier otra intervención).

    Visto esto, queda la impresión de que a todos, incluso a España, se les ha hecho insoportable cada etapa del juego en la que han debido atacar defensas organizadas. Habría que agregar a esta sensación infernal a la selección alemana, que tampoco pudo resolver con claridad sus ataques posicionales, pero tampoco logró hacerlo por medio de transiciones.

    Lo rico de observar estas transiciones es identificar los patrones, es decir, observar desde dónde se originan y cómo se efectúan, más que el resultado, porque sabemos que este es tan caprichoso como un niño malhumorado.

    2.- El pase

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     La relación entre los jugadores se construye con el pase. Es la herramienta que los comunica y que ayuda a observar cual es la reacción ante las distintas emergencias que nacen del juego. Es por ello que el pase no termina cuando la recibe un compañero. Esta definición debe revisarse para profundizar un tanto en las entrañas del juego.

    El pase supone el nacimiento o la continuación de algo, no puede ser el final ni la muerte. Y el pase es eso, muerte o condena, cuando la entrega al compañero es para que el pasador se quite de encima presión, responsabilidades o rivales, transfiriendo esas dificultades a un compañero. Un pase es realmente efectivo sólo y cuando deja al receptor en situación de ventaja, no cuando le sirve al emisor para evadir responsabilidades.

    El pase es un acto de solidaridad. Le entrego la pelota a un compañero porque él, y no yo, está mejor ubicado para que aumenten las probabilidades de éxito del equipo. Me quito la capa de súper héroe para soportar y empujar a favor del interés colectivo. Se asemeja al contrato social porque, al sacrificar alguna conducta individualista, potenciamos el crecimiento de todos como unidad.

    Pero equivocadamente se habla de la relación que promueve al pase como una de amistad, y ello es falso.

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    Gracias a las reflexiones del Profesor Paco Seirul.lo, se comprende que nos pasamos el balón para construir vínculos que nos ayuden a conseguir el objetivo. Pueden ser pases cortos o largos, pero son pases al fin. Pasarse el balón muchas veces significa la transferencia de aspiraciones, que van creciendo a medida que el equipo avanza en el terreno de juego: aspiramos a convertir un gol, y mientras más cerca estamos del arco, más poderosa es la lupa con que se nos observa. Existe sí eso de la transferencia de responsabilidades, que es muy distinto a la transferencia de los miedos.

    Es por ello que se puede concluir que la construcción del lenguaje común, a través de pasarnos el balón, se hace en base a intereses comunes, y para que tenga éxito no puede construirse en torno a amistades.

    Ahora bien, en tiempos en los que sorpresivamente se sigue mencionando a los porcentajes de posesión como algo a tener en cuenta, hay que recordarle al público que nadie, léase bien, nadie juega al “juego de posesión” porque eso no existe. Existe sí el “Juego de Posición”, rebautizado como “Juego de Ubicación” por Juan Manuel Lillo y cuya explicación se encuentra en el fantástico libro “Pep Guardiola. La Metamorfosis”, de Martí Perarnau.

    No existe el “juego de posesión” porque la posesión de la pelota no es un estilo ni una metodología. Es una herramienta, una de las tantas de las que dispone cada equipo con la intención de alcanzar un objetivo. Nada más que eso.

    Cuando un equipo dispone del balón –otra de las razones por las que no existe el juego de posesión es porque nadie posee el balón; se dispone de él- se pasa el mismo para superar al rival. El “Juego de Ubicación” expone razones por las cuales esos pases deben tener una intención y un fin, con unos movimientos y una paciencia china. Pasarse el balón por pasárselo, sin mayor plan, es la puerta de entrada a la catástrofe futbolística.

    3.- Acciones a balón parado

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    Dante Panzeri habló de chantocracia para referirse a un sistema pervertido y sin remedio, conducido por aquellos que, o bien lo instalaron o bien son los grandes benefactores de la podredumbre intelectual y espiritual. El fútbol sabe mucho de esto, porque desde hace décadas es la chantocracia por excelencia.

    Una de las situaciones de juego que mejor expone esto es el tema de las acciones a balón parado. Es mucho lo que se puede practicar esta herramienta, sin embargo, a pesar de que sean mil o cien mil centros en cada entrenamiento, ese ensayo carece de un elemento vital: la presencia del rival.

    Se pueden practicar desmarques, señas, movimientos, colaboraciones, etc. Pero una vez comenzado el partido, la influencia del contrincante es tan fuerte como en cualquier otro aspecto del fútbol.

    No quiero decir con esto que no deban entrenarse, pero es necesario que los chantas, que se rinden desde una caseta de transmisión a la efectividad de estas acciones, recuerden que el rival juega, salta, empuja, choca, y que la participación del adversario no se puede practicar. Ni hablar de las sensaciones del pateador, que por muy bueno que sea, se enfrenta a un contexto muy distinto que al de los entrenamientos.

    Por otro lado, hay que reconocer que la cantidad de goles conseguidos como consecuencia de estas acciones es muy alto. Pero es bueno recordar lo expuesto anteriormente, que concierne a la intervención del contrario como parte fundamental de lo que sucede en un espacio muy reducido el terreno de juego.

    Panzeri escribió alguna vez: “Versión frecuente del neo-fútbol: jugar no sabemos; busquemos un tiro libre. Hagamos del fútbol un partido de golf. Apuntemos a embocar”. Y no se equivocó, porque algunos, como no intentan profundizar en sus ideas, creen que lanzando pelotazos al área encontrarán lo que por inventiva propia les ha sido esquivo.

    4.- Juego con los pies de los porteros

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    Tras el costoso error de Wilfredo Caballero, recobró vida un debate que jamás debió existir, pero como el fútbol no se estudia a sí mismo, cobra vida y llena titulares de prensa, espacios en radio y TV, y, como no podía ser de otra manera, alimenta a los chantas de twitter, aquellos que roban frases o que repiten bobadas.

    Desde hace dieciséis años, FIFA y la International Board decidieron que los porteros están obligados a desarrollar una mayor interpretación del juego, debido a que salvo en casos muy puntuales, no pueden tomar con sus manos la pelota tras una cesión de un compañero. Entonces, el juego con los pies del arquero es tan importante como el del lateral o el mediocentro. ¿Por qué? Porque al igual que sus compañeros, el portero está obligado a interpretar cada acción antes de tomar una decisión.

    El caso de Caballero es paradigmático. Su equivocación en el primer gol de Croacia sirvió para crucificar el juego de pies del arquero, cuando lo que debía analizarse era si el argentino interpretó correctamente qué hacer según lo que estaba sucediendo. Su apresuramiento en solucionar una acción de juego fue el responsable del error, no la intención de jugar en corto.

    Y este es otro ítem a revisar: saber jugar con los pies, al igual que en el caso de sus compañeros, no es sinónimo de jugar siempre en corto. Se ha confundido al espectador porque quienes tienen la obligación de explicar no se han dado a la tarea de estudiar. Si se revisa el primer gol del FC Barcelona en la final de la Copa del Rey 2018, que nace de un pase largo del arquero Jasper Cillessen, podremos educar correctamente a la audiencia:

     

    Ese pase largo del holandés nace precisamente de su buena interpretación del juego. Saca en largo, busca al lejano, porque eso es lo que beneficiaría a su equipo.

    En el fútbol no son todas largas ni todas cortas. Jugar bien a este juego es interpretar correctamente las emergencias que nacen del mismo y actuar en consecuencia. A veces buscando al lejano, a veces al cercano; a veces promoviendo transiciones largas y otras más cortas. Pero jugar bien al fútbol es, ante todo, un acto de solidaridad, el respeto por un contrato social.

    Fotografías encontradas en Internet. Crédito a quienes correspondan

  • El talento y el reduccionismo

    El talento y el reduccionismo

    Le pido al lector que haga un poco de memoria y recuerde cada selección que a continuación le presento. Entre paréntesis está la edición mundialista a la que pretendo remitirle: Brasil (1982); Colombia (1994); España (1998); Argentina (2002); Francia (2002); Serbia y Montenegro (2006); Francia (2010); Italia (2010); España (2014); Croacia (2014); Italia (2014); Portugal (2014).

    Una vez hecho el repaso, le pregunto, ¿acaso esas selecciones no poseían futbolistas talentosos? Entonces, si aquellos equipos poseían futbolistas talentosos, de los mejores de su tiempo, ¿cómo se explica que no triunfaran?

    Podría hacer una larga y pesada enumeración de los factores que influyen en el rendimiento de un colectivo. Además de incompleta, esa lista tampoco gozaría de total credibilidad, debido a que cada episodio es único e irrepetible; sus componentes, así como el grado de influencia que ejercen en cada muestra, nunca podrán reproducirse o copiarse sin que sean modificados.

    Pero el punto a discutir es el talento.

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    Talento tiene que ver con las posibilidades innatas, naturales, de conseguir algo. Se nace con determinado(s) talento(s) y es el poseedor de esa(s) virtud(es) quien decide si cultivarlo o dejarlo morir. No existe mérito alguno en la sola posesión de cualidades.

    Todo lo contrario sucede con quienes toman la decisión de multiplicar aquello que la naturaleza, la genética o el azar les dio. Pero quien no tiene en su ser esas facultades jamás podrá obtenerlas. Se mejora lo que se posee, pero el talento es intransferible.

    Corren versiones, en medio de la insoportable idiotez que obliga a elegir entre Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, de que el portugués es trabajo y el argentino talento. Nada más alejado de la realidad; cada uno ha explorado y explotado virtudes propias, no potencialidades compradas o traspasadas.

    Así mismo, el talento se ha convertido en una respuesta rápida, casi automática, para justificar o hacer que explicamos lo que desconocemos. Estos expertos en lo divino, al verse imposibilitados de justificar lo que no comprenden, como la eliminación de la selección alemana en el mundial ruso, recurren, con una sospechosa agilidad, a la ausencia de talento de su entrenador o de alguno de sus futbolistas.

    El mismo argumento se emplea para definir las carencias de todos los demás eliminados.

    Por alguna razón que desconozco, y que probablemente tenga que ver más con la educación que hemos recibido y que nos ha llevado a ser grandes reduccionistas, el aficionado explica el deporte, el éxito y/o la derrota, como la consecuencia natural y lógica de la acumulación de talento o la falta del mismo, dejando de lado la influencia de factores tan determinantes como el estudio, el entrenamiento, la preparación, la suerte, el error propio y del contrario, el contexto, etc. Reducimos una actividad colectiva a lo mínimo, es decir, a cuotas de talento que por cierto, nadie puede medir.

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    Julio Velasco, entrenador argentino de vóley, exponía su propia versión sobre la inclinación a justificar y explicar los triunfos a partir de esas cuotas de talento:

    Ese mundial (NR: de vóley de 1982) dejó cosas muy positivas, pero dejó alguna negativa… La negativa es que se empezó a usar una palabra, demasiado para mi gusto, en la Argentina, que es la palabra talento. Una de las conclusiones fue que parecía que ese equipo había nacido del descubrimiento casi azaroso de seis, siete u ocho talentos que nadie sabía de dónde habían salido, y que con el genio de un entrenador extranjero habían logrado una medalla de bronce por primera vez… En realidad, ese equipo estuvo por dos años (los jugadores) a disposición exclusiva de la selección nacional. ¿Con qué dinero? Con el dinero de los padres de los jugadores, porque no les pagaban nada. No les pagaban ni el viaje en micro (bus). ¡Cero! Los padres pagaban”.

    El crecimiento exponencial de tribunas y el aprovechamiento de estas por pseudo especialistas no ha hecho más que desvirtuar la figura del observador hasta convertirlo en analista. Hoy nadie habla del juego, mucho menos de la complejidad del mismo. Complejidad hoy es asumida como un sinónimo de dificultad, de la misma manera que talento es el causante del éxito.

    Es muy jodido hacer comprender que no existe, en los procesos de los sistemas dinámicos abiertos, esa causa=efecto con la que hemos crecido. Sin embargo, la pelea hay que seguir dándola, así sea desde esta insignificante trinchera.

    Fotografías encontradas en Internet. Crédito a quién corresponda