Etiqueta: Estrategia

  • José Peseiro, entre defensas y defender

    José Peseiro, entre defensas y defender

    La selección venezolana ha recibido nueve goles en cinco partidos de la Eliminatoria Sudamericana al Mundial de Catar. El reparto de culpas apunta casi exclusivamente a los cuatro futbolistas que integraron la zaga, cuando en realidad, defender es una conducta que supone la implicación de todo el equipo.

    La confusión nace y se sostiene en la ausencia de reflexiones que se basen en la naturaleza de este juego. Se le ha hecho creer al público que defensa y defensor son sinónimos, cuando en realidad son definiciones similares pero diferentes.

    “El juego parece girar en torno al encuentro deportivo; al choque entre el portador del balón y el defensor que le disputa la pelota. El partido parece una constante reiteración de ese choque. A ningún aficionado se le escapa este hecho y de ahí que la técnica prepare al atacante para proteger la pelota y al defensor para que pueda quitársela. Pero, por una extraña miopía, sólo habíamos advertido la necesidad que tenía el futbolista de vencer ese encuentro. Enseñábamos al jugador a conducir la pelota y a regatear a su contrario; pero no le enseñábamos a evitar ese encuentro». Teoría del fútbol. Ricardo Olivós Arroyo

     

    Defender, es decir, el plan diseñado para la custodia de aquello que se quiere proteger, es una conducta colectiva en la que se involucran todos los futbolistas de un equipo. Cada uno de ellos cumple una función que va más allá del instinto cooperativista natural del ser humano cuando observa a un compañero en situaciones de riesgo.

    La defensa, que es un tema estratégico, puede ejecutarse por medio de un sinfín de herramientas y en cualquier zona del terreno. No era más defensivo el Inter de José Mourinho que el Barça de Pep Guardiola -así lo demuestran las estadísticas-, sencillamente cada uno interpretó ese plan de protección a partir de los futbolistas con los que contaban.

    Defender supone la aceptación de la cultura colectiva de este deporte de equipo, por ende, abarca mucho más que la simple oposición al futbolista que conduce la pelota. Confrontar a quien dispone del balón es, en buena medida, una consecuencia de ese acto reflejo, que es natural en todo aquel que juega al fútbol y se encuentra cercano a esa circunstancia de partido. Esa confrontación a modo de duelo individual convierte al futbolista en defensor y al que lleva la pelota en atacante.

    Así se entiende por qué todos los futbolistas son defensores y atacantes, sin distinción de su rol originario.

    Lo expuesto en estas líneas es de fácil comprensión. No obstante, quienes ocupan un puesto en los medios de comunicación prefieren obviar esta teoría para sostener que las conductas defensivas de un equipo quedan reducidas prácticamente a duelos individuales. Es por ello que algunos hasta se atreven a hablar de un “pressing individual”, irrespetado de esta manera el concepto grupal de esa conducta.

    La actualidad de la selección venezolana de fútbol es al menos digna de analizar. Su entrenador, el portugués José Peseiro, ha expuesto en innumerable cantidad de apariciones mediáticas, que la falta de entrenamientos y partidos preparatorios le impide construir un equipo con mayor vocación ofensiva y, por ello, ha preferido construir su equipo pensando primero en la organización defensiva del mismo. No obstante, el rendimiento de su selección confirma que, hasta el momento, no ha logrado ese primer objetivo.

    «La actividad deportiva se centra en el manejo y la disputa del balón. La actividad estratégica se realiza sin balón y va dirigida a colocarse en el puesto. El puesto de los atacantes es el sitio que les permite evitar el encuentro con los defensas. El de los defensas es el que les asegura ese encuentro». Teoría del fútbol. Ricardo Olivós Arroyo

    ¿Cómo se reorganiza defensivamente la selección venezolana tras perder el balón? ¿Hacia dónde pretende conducir al equipo rival para acelerar la recuperación de la pelota? ¿Cómo se reorganiza en los momentos en que el oponente mantiene su avance hacia el marco criollo? Estas son apenas tres de las muchas preguntas que todavía no encuentran respuesta en la dinámica vinotinto.

    Responsabilizar a un entrenador de los errores individuales o de ejecución de alguno de sus futbolistas es un acto de desconocimiento de la dinámica humana de este deporte. Lo que sí cae dentro de su zona de influencia es el diseño de ese plan para defender, algo que hasta el momento es al menos indescifrable, salvo que se crea que la acumulación de futbolistas en determinada zona constituye por sí misma un plan, teoría que queda sin validez cuando se comprende lo expuesto en las citas textuales que acompañan a estas líneas.

    Nuestra obligación, como comunicadores, es invitar al público a conocer la actividad estratégica que describió Olivós en su tratado. La de Peseiro es acompañar a sus futbolistas en el descubrimiento del cómo, el cuándo y el para qué. Es por ello que considero que a la selección le llega la Copa América en el momento adecuado, ese que puede marcar un antes y un después. En ella, Peseiro dispondrá de al menos tres partidos y un puñado más de entrenamientos para ensayar y desarrollar ese plan defensivo que, según sus palabras, servirá para dar nuevos pasos hacia el desarrollo de la identidad de su selección.

     

     

  • Libro de la semana. Teoría del Fútbol

    Libro de la semana. Teoría del Fútbol

    «Tras hojearlo un poco, pude comprobar que carecía de fotos y apenas contenía algún gráfico, enseguida me percaté de que tenía ante mí un libro inédito, que pocos habrían leído, aunque algunos lo hubieran iniciado, pero que a mí me enganchaba allí mismo».

    De esta manera describía Benito Floro su encuentro con el tratado «Teoría del Fútbol», escrito por el abogado Ricardo Olivós Arroyo en 1978, y que pudo conocer gracias a un encuentro con Juanito en el hogar del ex futbolista del Real Madrid. Tras introducirse en las páginas del libro, el entrenador español no pudo apartarse de de ellas, y llegó a escribir, en el prólogo de una versión más extensa del mismo, publicado en 1992, lo siguiente:

    «En el libro ‘Teoría del Fútbol’ Ricardo nos detalla perfectamente la evolución del juego, de la cual se obtienen valiosas conclusiones para el fútbol actual:

    • El fútbol no se juega de una forma u otra, con un estilo u otro, sino bien o mal.
    • La mejor manera de jugar bien, es hacerlo colectivamente.
    • Para hacerlo bien colectivamente, es necesario un orden interno.
    • Ese orden interno está en las posiciones, demarcaciones o zonas de trabajo de cada jugador, las cuales deben ser lo más estables y equilibradas posibles.
    • Se juega bien cuando el balón va a las posiciones, no cuando las posiciones van al balón».

    Y es que en las 363 páginas que componen esta maravillosa publicación, Olivós Arroyo, fallecido en 2003, expone la importancia de la regla del fuera de juego y como, a partir de esta, el fútbol dejó de ser un deporte para convertirse en un juego.

    ¿Quién fue Ricardo Olivós Arroyo?

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    Su perfil en la web Wikipedia lo define como «un estudioso del fútbol y precursor de la teoría de este juego«. Por la falta de información sobre Olivós, debo recurrir a la web mencionada anteriormente para profundizar un poco sobre su persona:

    Terminada la carrera de abogado, la guerra civil española le obligó a dejar el fútbol. Algunos años después, ya como espectador, observó que con respecto al fútbol que había practicado existían cambios extraños, que fueron los que le incitaron a estudiarlo científicamente. Trató de documentarse y comprobó que no había nada de teoría, lo cual le motivó a escribir sus reflexiones sobre el tema y publicarlas por su cuenta en 1975.El libro es casi imposible de conseguir, pero vale la pena dejarse unos minutos cada vez que sea posible en buscarlo; desconozco si existe otro manual que profundice tanto en el estudio de este juego… Don Ricardo acuñó el término Teoría del Fútbol al darse cuenta de que, al margen de ser un deporte, el fútbol es un juego de estrategia cuya base lógica se puede investigar. Dada su fecha de nacimiento, pudo comparar personalmente las épocas del fútbol reglamentado casi desde sus orígenes para sintetizar la base lógica del fútbol y explicar cómo se manifestó ésta a lo largo de la historia del fútbol bajo la influencia de la evolución cultural futbolística y de la regla del fuera de juego.

    ¿Cómo llegué a este libro? Gracias a un documento/ponencia de Robert Moreno y Rafel Pol, entrenadores del FC Barcelona, llamado «Modelo Contextual Fundamentado», en el que ambos autores hacen referencia a que Olivós Arroyo ya avisaba, en 1978, sobre el «profundo desconocimiento del juego del fútbol» y la vigencia de su obra, aún a más de treinta años de su publicación.

    Dada la dificultad mencionada anteriormente para encontrar alguna copia de esta maravillosa publicación, agrego algunas de sus reflexiones con la única intención de despertar la curiosidad en el lector:

    -El juego es un sistema de competencias en el que cada componente del equipo tiene una función determinada. Sabe jugar el que sabe lo que tiene que hacer en el partido.

    -Los técnicos del fútbol creen que los fundamentos del fútbol son la fuerza y la destreza, por lo que suponen que todos los futbolistas de clase saben jugar al fútbol y que para formar un gran equipo basta con fichar a once figuras… Para jugar, como para hablar, hay que aprender primero. Y solamente se puede aprender a hablar naciendo en un grupo que haya creado un lenguaje.

    -Ni la fuerza ni la técnica, aunque se necesiten para hacer la jugada, tienen la menor relación con el juego. El juego es lo contrario a eso; porque tiende a ganar el partido empleando la menor fuerza y la menor técnica posible. El juego no se trata de vencer al contrario sino de evitarlo, de suprimirlo. Y a la fuerza y la técnica solamente hacen falta cuando el encuentro entre atacante y defensor se produce.

    -La teoría del ataque se basa en evitar el encuentro con el defensa; la de la defensa, en asegurar ese encuentro. El juego, pues, gira en torno a que no se produzca o se produzca ese encuentro.

    -El juego se basa en dos experiencias distintas: la individual y la colectiva.

    -El juego es una ordenación de las jugadas dirigida a conseguir la victoria sobre el bando rival. Y para ordenar las jugadas no se necesita nu fuerza, ni resistencia, ni habilidad muscular. Lo único que se precisa es un ordenador.

    -El juego colectivo es fruto de una socialización; de un proceso cultural en el que cada miembro del equipo aprende un rol y se identifica con el mismo.

    -Es un hecho real, aunque todavía no comprendido por el aficionado, que el defensa no se opone a los que juegan con el balón, sino a los que atacan sin él.

    -El equipo es un grupo humano que persigue un fin: vencer al bando contrario. La experiencia social enseña a los grupos humanos a organizarse. Al conjunto de conocimientos proporcionados por la experiencia a esos grupos la llamamos cultura. Y a la cultura adquirida por el equipo la llaman los aficionados juego de conjunto. Yo prefiero llamarla colaboración automática.

    -Las jugadas son para el juego como las palabras para las frases: elementos con los que se puede componer una oración o una blasfemia.

    -En el partido se desarrollan dos actividades, lo que da lugar a que el futbolista adquiera dos experiencias distintas. Una la desarrollan los jugadores con el balón, y a la experiencia derivada de la misma la llamamos técnica. Con ella aprenden a manejar la pelota, a esquivar la entrada del contrario, a disputar el balón a su portador, a desplazarse para recibir un pase o rematar un centro, etc. La otra la desarrollan sin el balón, y con ella aprenden a jugar el partido. La que enseña a jugar el partido es la costumbre. La costumbre es la que ordena la defensa y el ataque.

  • El caso Soteldo

    El caso Soteldo

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    Tras cuatro partidos, tres de los cuales como titular, Yeferson Soteldo no ha sido el futbolista desequilibrante que todos conocemos. O por lo menos no ha encontrado como sostener su juego en largos períodos de los duelos.

    El hincha se desespera. Ante la falta de gol y de contundencia, el seguidor de la selección apunta a Soteldo como una de las causas de este suspenso que ha caracterizado el andar de la selección sub-20. Identifican al camiseta diez como alguien que traslada en exceso o que retiene el balón sin necesidad. Lo ideal en este caso es revisar si esas conductas son causa o consecuencia. En mi opinión es la segunda opción la que define el rendimiento del futbolista portugueseño.

    El fútbol es un juego colectivo. No se puede explicar la actuación de un jugador si no se pone en contexto con lo que hacen sus compañeros y con las respuestas del rival. En el caso del volante criollo, sus mejores prestaciones han sido cuando se ubicó por el centro del campo o por el costado derecho, zonas en las que su dribbling no era la única herramienta que podía emplear, dada la cercanía de sus compañeros.

    Las siguientes imágenes explican mucho mejor lo que estas líneas plantean:

    Ahora bien, si por el contrario, Soteldo o cualquier futbolista recibe la pelota y sus posibles socios están a 10 metros o más de distancia, las posibilidades de sostener la maniobra se reducen considerablemente. Esto que aquí señalo es una de las debilidades de este fútbol de transiciones: la dificultad extrema de mantener la titularidad del balón. Es muy complicado superar situaciones de 2×1 o hasta de 3×1.

    Lo deseable, en el caso de la selección que conduce Rafael Dudamel, es que estos pases largos que definen al equipo se combinen con una construcción de juego más colectiva. El primer tiempo ante Uruguay y el segundo ante Bolivia constituyen la prueba de que la selección sabe utilizar ambas herramientas. Ahora que por calendario se suma un día más de descanso bien podrían repasarse esas acciones para que los futbolistas retomen la confianza, lo mismo que Soteldo deje de ser la referencia inmediata para los rivales.

    Recordemos: este es un juego en equipo, una actividad colectiva. Ni el mismísimo gol de Maradona a los ingleses fue, en su naturaleza, una jugada individual: sin los movimientos de sus compañeros, la humanidad no hubiese disfrutado de semejante joya.

    Fotogrtafía cortesía de Notitarde y Agencia EFE

  • El alley oop de Messi se entrena

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    Primer partido de la temporada y el Barcelona ya muestra algunas conductas que lo caracterizan. Está más que claro que bajo la tutela de Luis Enrique no se practica el juego de posición versión ortodoxa sino que al mismo se le han agregado variantes que enriquecen al equipo. Pero el ADN de los jugadores es como el de usted y el mío: innegable.

    En los primeros diez minutos del encuentro frente al Betis, Messi ensayó dos veces lo que Martí Perarnau bautizó como el «alley oop», jugada típicamente asociada al baloncesto pero que el argentino ha trasladado al fútbol. ¿Qué necesita esa maniobra para ser efectiva? Entre otras cosas respetar principios del juego de posición, idea que como cualquier otra necesita horas y horas de ensayo para asimilarla.

    Podemos repasar varios de ellos, expuestos por Dani Fernández en el mejor trabajo que conozca sobre esta forma de jugar:

    • Es fundamental dar amplitud para que aparezcan pasillos interiores (ya sea con extremos o con laterales)
    • La conducción permite atraer rivales provocando así la aparición de ‘hombres libres’.
    • La idea madre de todo es ir generando superioridades a la espalda de la línea que viene a apretar al poseedor de balón

    El mismo Fernández, citado por Enric Soriano, explicaba qué es un hombre libre:

    «Un jugador es hombre libre, cuando recibe balón, sin oposición de marca, y además dispone de mucho tiempo y espacio para generar nuevas cosas. El objetivo fundamental del juego de posición es encontrar un hombre libre a la espalda de la línea que presiona el balón».

    Observemos los alley oop de Messi durante los primeros minutos del partido frente al Betis, recordando que el primero de ellos provocó el primer tanto catalán:

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    Tras revisar estos dos ejemplos, y valorar la visión panorámica del 10 y su genial recurso, queda claro que el equipo tiene variantes para que el rival no pueda reconocer con facilidad que se aproxima esa maniobra. En el primer ejemplo observamos como Denis Suárez y Alba atacan el área, uno por adentro y el otro por afuera; en el segundo, Suárez se queda de interior, casi al borde del área, mientras el lateral izquierdo hace la diagonal hacia el arco contrario. Con estas variantes, el oponente encontrará muy difícil identificar los movimientos previos al alley oop, más allá del recorte de Messi y su carrera hacia el centro.

    La mejor demostración de que esta maniobra se entrena, aunque nazca de las calidades de Messi, es que ante el conjunto andaluz tuvo a Denis como cómplice, un futbolista que apenas cuenta sus partidos en el Barcelona con los dedos de una mano. Normalmente quien ataca ese espacio es Neymar, como se demuestra en esta secuencia del 15 de febrero de 2015:

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    Con estas líneas no deseo más que recordar que a la inspiración y el talento del atleta hay que dotarlo de posibilidades, todas estas originadas en las interacciones con sus compañeros y las directrices del entrenador y su cuerpo técnico. Las sinergia que muchas veces señalamos como necesaria nace en el entrenamiento, por ello es que se hace imprescindible darle su verdadero valor y reconocerlo como el espacio propicio para crear un modelo de juego, desarrollarlo y mejorarlo. Nada de eso se consigue en las montañas, la playa ni trotando alrededor del campo. Es con la pelota y en contexto apropiado que el jugador estará en condiciones de identificar soluciones a las emergencias que plantea el juego, así como el entrenador poner en práctica todo aquello que potenciará el rendimiento de su equipo.

    Como el alley oop de Messi..

  • ¿Para qué nos defendemos?

    A mis jugadores les digo que jamás podría reprocharles la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de ellos, de que ellos lo quieran, no de que Dios los ilumine. Marcelo Bielsa

    Reconozco la existencia de dos corrientes de pensamiento que definen el arte de defender en el fútbol: me defiendo para atacar o me defiendo para repeler. A partir de la aceptación de una de ellas como planteamiento inicial se puede identificar la idea de juego y las intenciones del equipo en cuestión. Hay quienes aún se refieren a esta conducta – protegerse – como un sinónimo de lo que llaman «antifútbol» o peor aún, son capaces de afirmar que hay equipos que no saben resguardarse porque se trata de un tema «cultural«. En fin…

    Cuando decido defenderme para evitar que el rival me haga daño estoy adoptando una actitud de víctima, por lo que cualquier recurso es aceptado como válido y oportuno con tal de impedir que el equipo contrario logre su cometido. Los conjuntos que entienden la faceta defensiva de esta manera usualmente son aquellos que cuando rescatan el control del balón se lo sacan inmediatamente de encima; viven del pelotazo porque para ellos el fútbol se divide en etapas: defensa y ataque. Por ello no encuentran un hilo conductor entre ambas conductas y les cuesta hilvanar alguna jugada posterior a esa recuperación, ya que no sienten la necesidad de comunicar ambos comportamientos.

    La otra manera de defenderse es entender ese momento del juego como la continuidad del juego mismo; defender y atacar son actividades complementarias incapaces de sostenerse una sin la otra. Estos equipos entrenan la recuperación como el primer paso para agredir y dictar los tiempos del encuentro. La idea es simple y compleja a la misma vez: retomar la titularidad del balón con la intención de protagonizar, y protagonizar como manera de defenderse. En la mayoría de los casos, esta corriente de pensamiento es contraria a ceder la iniciativa de juego al competidor, prefiriendo constituirse como “controladores” de los tiempos del partido. Un claro ejemplo puede encontrarse en la España campeona de la Euro 2.012. Aquel fue un equipo que se defendía utilizando la pelota sin la necesidad de ser tan profundo como ha sido en esta Copa Confederaciones o como lo era su «primo«, el Barcelona de Guardiola.

    Asumida la voluntad de gobernar el partido, hay tantas formas de recuperación de la pelota como equipos en el mundo así como estrategias a partir de su reconquista. Lo importante es la intención que la origina, y no es otra que someter al rival y decidir dónde y cómo se juega. Por ello es tan importante determinar para qué nos defendemos para luego poder definir el cómo y el dónde lo hacemos.

    Yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? «Corremos todos» El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento. Marcelo Bielsa