Etiqueta: Futbol

  • Salomón Rondón en tiempos de caníbales

    Salomón Rondón en tiempos de caníbales

    “Aquella noche en que cenaron en Nueva York, Garry Kaspárov miró a Guardiola y le dijo:

    -Cuando gané mi segundo campeonato del mundo en 1986 ya tuve muy claro quién me derrotaría.’

    -¿Ah, sí? ¿Quién? – le preguntó el entrenador.

    -El tiempo, Pep, el tiempo…”. Martí Perarnau – Herr Pep

     

    La vida es cruel. Apenas nos ofrece una verdad indiscutible: vamos a morir. Todo lo demás será producto de la incertidumbre, de lo eventual, de lo aleatorio.

    La tan aterradora finitud de nuestra existencia también es borrosa. Tal y cómo todos los finales que experimentamos en nuestro recorrido vital, estos llegan a su manera y a su tiempo, sin que nada podamos hacer. El horror del adiós no está enraizado tanto en la conclusión de algo sino en el desconocimiento de aquello que vendrá. Estamos educados sobre certezas y lo que ignoramos nos debilita, nos devuelve a los estados más primitivos de nuestro ser, aquellos en los que sobrevivir era lo único.

    El fútbol, como no podía ser de otra manera, es cruel, despiadado e implacable. Una vez que se constituyó como un hecho competitivo, aceptó las reglas básicas de la vida. Cada uno de nosotros está en capacidad de jugar cualquier pachanga entre amigos, sin embargo, solamente unos pocos pueden hacerlo al más alto nivel. Pero ese alto rendimiento, como ya se escribió, es una brutal trituradora, sin memoria ni sentimientos hacia aquellos que lo han honrado en un campo de juego; no perdona el declive y los expone.

    Debo hacer un inciso. Lo hago con la intención de respetar el idioma. El futbolista profesional no pasa nunca por una etapa de decrepitud. Ese concepto debe ser asociado a la salud y no exclusivamente a la pérdida de determinadas facultades. Por ello, cuando un jugador profesional pierde aptitudes es más acertado utilizar el término declive, de esta manera honraremos su realidad.

    José Salomón Rondón está atravesando esa etapa. Es el inevitable destino de todos los futbolistas. Esta fase de la vida, como se dijo anteriormente, llega a su manera y a su tiempo; nadie está preparado realmente para afrontarla, sólo queda vivirla y aceptarla.

    En el caso del delantero venezolano, bien valdría la pena pensar antes que reaccionar. Lo que aparenta ser el final de su período profesional en el fútbol se da, nada más y nada menos que en el Club Atlético River Plate. Con luces y sombras, pero formando parte de uno de las instituciones más reconocidas a nivel mundial. Cómo bien dice un admirado cantautor, “esto no es sopa”.

    Esa trituradora es hoy alimentada por un combustible en la que habitan, la mencionada histeria de la competitividad, como también las miserias de aquellos que no pudimos ser lo que Rondón sí logró. Esto no constituye por sí misma una novedad, sin embargo, la llegada de las redes sociales ha magnificado el despreciable oficio de renegar de todo, convirtiendo en aceptable cualquier expresión de odio. Lo está sufriendo Rondón, al igual que muchos de sus colegas en diferentes latitudes.

    No lo conozco a Salomón. Fuera de alguna entrevista y de cortas charlas en mi paso por la selección, no he tenido mayor contacto con él. Aún así, intento ver los juegos de River, con la única intención de observarlo una vez más. Claro que estallo en bronca cuando no convierte, de la misma manera que le sucede a todo aquel que ha celebrado gracias a sus goles o a sus actuaciones.

    En mi caso, ese maremágnum de emociones no está emparentado en que, como yo, Rondón es venezolano; todo aquello que admiro de él brota en que Salomón pudo ser y es todo aquello que yo no. Por ello, cuando la inconsciencia se apodera de mí, no recurro a estadísticas ni fríos números. Simplemente maldigo al paso del tiempo. Me recuerda que todos y cada uno de nosotros estamos muriendo. Algunos de manera más rápida y dura, y otros con la complicidad que a veces regala la naturaleza. Pero a todos, ese hijo de puta que es el tiempo, nos pone y pondrá en nuestro lugar.

    Quizá, antes que llegue mi tiempo, logremos convertirnos en una sociedad más respetuosa y sosegada, con el tiempo necesario para dejar de lado los gritos para abrirle paso a la contemplación. Lo dudo, porque no soy un optimista consagrado y la naturaleza humana me asusta cada vez más. Pero, como citaba Eduardo Galeano, esto que son las utopías sirven para seguir caminando…

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.

  • Naufragio catarí: Día 19

    Naufragio catarí: Día 19

    Como la frase que titula estos envíos mundialistas, España naufragó en el Mundial Catar 2022. Luis Enrique no sigue en el cargo y Luis de la Fuente es su reemplazante. La desilución ha sido muy grande y, como en muchos de los casos, los análisis no se dirigen hacia la comprensión del fenómeno. Por el contrario, el público lee y escucha datos insignifcantes como porcentaje de posesión o cantidad de pases dados. Un entrenador de alto nivel no exige a sus futbolistas dar pases así, sin intencionalidad. Tampoco les prohibe aprovechar desmarques de ruptura o piques al vacío. Todo equipo se pasa la pelota, bien sea en corto o en largo, con el objetivo de encontrar espacios libres y explotarlos en su beneficio. Lo demás, lo que gritan desde algunos medios, es pescado podrido que únicamente tiene como finalidad llenar las incontables horas que deben cumplir al aire.

    Hoy, la correspondencia va en modo video, aprovechando que la peste parece alejarse del autor y el optimismo crece.

    “No me considero pesimista. Pienso en un pesimista como alguien que está esperando que llueva. Y yo me siento empapado hasta los huesos”. Leonard Cohen

     

  • Naufragio catarí: Día 15

    Naufragio catarí: Día 15

    -. ¿Qué es el pasado? Podría decirse que se trata de la suma de experiencias anteriores al tiempo presente. El problema con aquello que es lejano es que nuestra mente conspira contra el recuerdo concreto y ajustando a aquello que vivimos. Somos seres emocionales, programados para modificar levemente las memorias y así adaptarlas casi exclusivamente a las sensaciones que deseamos invocar. El pasado ayuda a definirnos porque es el conjunto de vivencias y acciones que constituyen buena parte de nuestro ser. Sin embargo, el pasado, aún respetando su influencia, no es el único elemento predominante en las decisiones que tomamos; son tantos los condicionantes que cuantificarlos es imposible, uno de esos ejercicios de soberbia que tanto define a nuestra especie. Aún así, en cuanto al fútbol, esos recuerdos los elevamos a niveles de certezas. Ya se sabe, el fútbol es el caldo de cultivo perfecto para engordar y multiplicar falsas verdades que únicamente cumplen con el objetivo de hacer sentir bien a quién las enuncia.

    -. Con ese pasado convertido caprichosamente en el respaldo de pronósticos y demás sentencias inverosímiles, se califica como sorpresa a todo desenlace que no se ajusta a las pretensiones previas a un partido. De esta manera se rechaza todo aquello que la Teoría de la Complejidad nos ha enseñado desde su desarrollo. Entre tantas lecciones, creo pertinente recuperar una reflexión de las doctoras Natalia Balagué y Carlota Torrents, hecha pública en el formidable libro Complejidad y Deporte, publicado en 2011, bajo el auspicio de la editorial INDE, especializada en temas relacionados con la educación física y el deporte: “En los sistemas complejos las relaciones entre los componentes varían con el tiempo y pueden ganar o perder importancia. Incluso el resto de los componentes puede adaptarse para substituir una función determinada, como sucede en el proceso de reinervación (formación de nuevos pies terminales en las motoneuronas para inervar fibras musculares vecinas que han quedado huérfanas) que se da en el cuerpo humano después de una denervación. Por lo tanto, mientras que los sistemas complicados pueden ser reducidos a la suma de sus elementos constitutivos (y dichos elementos a su vez descompuestos en un número finito de subelementos), los sistemas complejos no responden a esta característica. Sin embargo, ésta es habitualmente la estrategia que se sigue para comprender las funciones y el comportamiento del organismo humano…”

    -. Replicar comportamientos pasados es una utopía, es un irrespeto a los procesos de cambio que definen nuestra existencia. Croacia realizó un gran mundial hace cuatro años, sin embargo, la mayoría de las explicaciones referidas a sus posibilidades en el presente no se ajustan al presente sino a aquel episodio que habita en la neblina del recuerdo. Lo mismo puede decirse de Francia y de cualquier otro equipo al que se mire desde la óptica de las memorias. Las similitudes que se observan entre distintos episodios competitivos, como por ejemplo la selección croata avanzando de ronda tras los lanzamientos desde el punto penal, no son más que una semejanza con el ayer. El ser humano cambia a cada segundo, por ello, un equipo que está integrado por seres humanos que ejercen de futbolistas, no reincidir en su rendimiento sino tener elementos en común.

    -. Al fútbol vamos para emocionarnos, para sentirnos parte de algo y para distraernos. De la misma manera que asistimos al cine, a un concierto o nos sumergimos en un libro. No obstante, en el fútbol, aconsejados por los mercaderes de la mediocridad, sentimos la necesidad de encontrar certezas y desligarnos de la sorpresa, a pesar de que, en realidad, cada una de esas actividades a las que acudimos para enriquecer la existencia, cuenta con ese elemento destinado a asombrarnos. Un partido de fútbol es incertidumbre pura y dura, porque lo juegan seres humanos, lo que significa que la atención está puesta en las reacciones de cada uno de ellos, bajo la noción colectiva de este deporte, ante cada circunstancia. El fútbol, aunque le moleste a los agoreros que confunden azar con conocimiento, es circunstancia, es hoy, es incertidumbre, pero también es una fabulosa batalla entre las intenciones y lo posible. Alejarse de la emoción que produce la aparición del imprevisto nos convierte en seres cínicos y pedantes, a los que, como cantan Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, todo les es sufrido y muy aburrido.

    -. “Es previsible, visto lo que hizo Alemania y lo que hizo Japón, que Marruecos intente presionar lo más arriba a la selección española para provocar que tenga que sacar el juego desde atrás, pasando por el portero, por los centrales. España todavía no ha dado un pelotazo. Si lo hubiera dado en el primer gol de Japón, a lo mejor la situación hubiera sido otra. ¿No lo va a dar? O sea, ¿esto es absolutamente descartado en todas las situaciones?” Esta fue una de las preguntas hechas a Luis Enrique en la rueda de prensa previa al partido frente a Marruecos. Eso no es hablar de fútbol porque para debatir sobre este deporte hay que partir de la base de que juegan seres humanos que ejercen de futbolistas, por lo tanto, cualquier decisión que alguno de ellos tome tiene, entre tantos condicionantes, la posición de sus compañeros, el fútbol que siente, los infinitos estados emocionales y las circunstancias del partido. Ningún entrenador que se precie de serlo puede prohibir que un futbolista actúe según lo que crea conveniente. Por supuesto que hay una estrategia y también están las tácticas y las sugerencias, pero jugar es adaptare a las circunstancias y la comprensión del fútbol se sostiene en saber identificar qué comportamiento es el adecuado para todo aquello que emerge, que nace, que se presenta. Este es el mismo periodismo del fútbol, que no de fútbol, que hoy, en un medio publica que, tanto Alemania como Dinamarca, “han perdido la oportunidad de seguir adelante por no pasar por el aro como las demás y distraerse con detalles como taparse la boca en una foto antes de que comenzara un partido como protesta por la decisión de no poder lucir el brazalete con el lema ‘One love’ en apoyo a la comunidad LGTBI”. Son días muy duros los que viven los medios de comunicación. Inducidos por los intereses del gran negocio, pero también por la imbecilidad de quienes hacen todo lo que está a su alcance por ganar cierta notoriedad, habitan cómodamente en el ridículo. Notorios, no notables…

    «¿Qué dice sobre la vida el que tengamos que reunirnos y contarnos historias que violan todas las leyes del universo solo para pasar el maldito día?» Rust Chole, True Detective

  • Naufragio catarí: Día 13

    Naufragio catarí: Día 13

    -. No encuentro en el ámbito de las selecciones nacionales a un equipo con mayor relación con eso que llaman épica como Uruguay. En la historia encontramos grandes versiones del conjunto charrúa que, además de vencer, son todavía referencia a estudiar dada su capacidad para innovar en el fútbol. Los trofeos olímpicos de 1924 y 1928, así como la Copa Mundial de 1930, son prueba de ello. Otro ejemplo es el de José Piendibene, al que la minuciosa investigación de Martí Perarnau para su libro “La Evolución Táctica del Fútbol, 1863-1945. Descifrando el código genético del fútbol a través del falso 9”, coloca precisamente como el primer futbolista que ejerció ese rol. También, durante el primer mundial de la historia, sacaron provecho de la regla del fuera de juego como ninguna otra selección. Aún así, Uruguay y su rica historin parecen estar, desde hace décadas, más a gusto apoyándose en episodios relacionados a lo heroico, como lo demuestra el apego al “Maracanazo”, que al desarrollo del juego o a las capacidades de sus grandes futbolistas. En 1990, cuando estaban por cumplirse cuarenta años de la obtención de su segundo trofeo en los mundiales, un periodista brasileño se trasladó hasta Montevideo con el objetivo de entrevistar al inolvidable Obdulio Varela. En el relato que reproduce Andrés Cantor en su libro “Goal!”, el reportero tuvo que insistir varios días para que el “Negro Jefe” accediera a conversar. Las palabras de Varela no pudieron ser más claras: “El Maracanazo fue un accidente. Es un error creer que durará por siempre… Hizo que el fútbol uruguayo durmiese la siesta”. Ese letargo al que hizo referencia el gran capitán parece no terminar. El futbolista uruguayo, técnico e inteligente, crece en un ecosistema que les induce permanentemente eso que llaman “Garra Charrúa”, que, palabras más, palabras menos, tiene parentesco con otra de las grandes tonterías que se recuerden: la furia española. En momentos en los que las emociones y las tripas lideran cualquier intercambio, Diego Latorre se atrevió a preguntar por qué Uruguay, a pesar del caudal de talento de sus futbolistas, se muestra reacio a jugar de una manera más asociada, cuidando, por ejemplo, las distancias de relación, las diferentes alturas al posicionarse y las conducciones- Uruguay, aunque le pese a los relatores del drama, fue una nación pionera en la comprensión de este juego. Ojalá retomen ese camino, que fue tan suyo, pero que hoy, bajo la hipertrofia de la épica, parece lejano. La garra, la voluntad o el nervio están bien siempre que estos acompañen al juego. Sin juego, todo lo demás será parte de un relato sin mayor condimento que la ilusión de todo aquello que pudo ser pero no fue.

    -. La historia de los esquemas tácticos en el fútbol es un resumen de cómo encara el ser humano una serie de momentos límite. Desde los primeros, el 1-10 o el 1-1-9, la evolución de este juego ha estado dirigida hacia el propio arco. No digo protección porque si algo ha demostrado la historia es que no hay una sola fórmula que garantice un resultado, sea una victoria o evitar que el oponente llegue a zonas de remate. No obstante, el proceso a través del cual se han ido sumando futbolistas a la línea de defensores ha sido algo aceptado por la totalidad del mundo futbolístico. Ahora bien, en esta dinámica parece que nos hemos olvidado del único objeto móvil de los que componen este juego: el balón. Quienes más atención han puesto a esto son Paco Seirul.lo, Joan Vilà y aquel fabuloso equipo de trabajo que armaron en el FC Barcelona, que derivó en la teoría de los espacios de fase en el fútbol: “A lo largo de la historia de este juego nos hemos ido olvidando del balón. Nosotros queremos ver si, entendiendo que el balón es la energía del juego, cómo nos organizamos de una determinada manera en torno a la pelota. Puede ser de distintas formas. Un compañero nuestro tiene el balón, que está en una fase del balón (fase 1), unos cuantos están en el retorno del balón por delante, comandado por otro el balón (fase 2), y hay otros que están alejados del balón, que están en distintos espacios alejados del balón(fase 3). Entonces, fase 1 (zona de intervención), fase 2 (zona de ayuda mutua) y fase 3 (zona de cooperación). Hay distintas zonas: lo definitivo son los espacios entre los distintos jugadores que están haciendo distintas funciones. Esto tiene que ver con física ecológica. Hay un entorno respecto a un elemento que es fundamental (el balón), entonces hay que estudiar qué elementos son necesarios para seguir disponiendo del balón para llegar al área rival y meter gol”. El recorrido de los esquemas tácticos nos enseña que hemos ido reduciendo nuestro propio espacio en favor de la acumulación de jugadores en un territorio reducido, pero en el camino nos hemos dejado la más importante de las nociones: el balón se mueve y normalmente lo hace de forma más rápida que los futbolistas, por lo que la visión de Seirul.lo, Vilà y otros por lo menos debería llevarnos a plantearnos si al fútbol lo pensamos en su totalidad o si nos dejamos seducir por soluciones que brillan pero que no estimulan los procesos reflexivos.

    “Edmund Hillary. Lo arriesgó todo para llegar a la cima. Y cuando finalmente estuvo en la cima del mundo, ¿sabes cuánto tiempo pasó? Quince minutos. Toda esa emoción, anticipación, sangre, lágrimas y dolor insoportable… todo por unos míseros quince minutos. Y en su camino hacia abajo, él y Tenzing, su fiel sherpa, celebraron con sopa. Es la escalada… todo se trata de la escalada”. I’m dying up here

  • Naufragio catarí: Día 4

    Naufragio catarí: Día 4

    ¿Se puede ganar aún cayendo en el marcador? Rotundamente sí. Alemania y su Deutscher Fußball-Bund (Federación Alemana de Fútbol) mostraron el camino a seguir: cuándo más imbatible se siente el poder es cuándo más débil es. El aprendiz a truhán que conduce a la FIFA, el siempre mal asesorado Gianni Infantino, demostró su infinita estulticia al prohibir el brazalete arcoíris, ese que no promueve invasiones, guerras, dictaduras o represión, todas actividades de las que la dirigencia del fútbol sí se ha beneficiado desde tiempos inmemorables. Bastó con taparse la boca antes del inicio del partido ante Japón para que el mundo entero recordara qué clase de personajes rigen al organismo. No se olvide que esa institución tiene su sede en Suiza  gracias a una serie de beneficios legales y fiscales que hicieron posible toda la corrupción en el fútbol. La castigada y la que barrieron bajo la alfombra. Recordemos también que quienes fueron a juicio no estaban  acusados ni perseguidos por la organización del fútbol. Y tampoco dejemos de lado que aquellos no fueron los únicos tramposos sino los tontos útiles cuyo encarcelamiento ayudaba en el control de daños. Alemania se tapó la boca para recordarnos que un mundial es la fiesta de los futbolistas y los hinchas, no el guateque de unos granujas que solamente tocan una pelota para promocionarse a ellos mismos. Si algo positivo dejan los bandazos del limitado heredero de Havelange y Blatter es que cualquier intención a recibir un Premio Nobel de la Paz ha quedado sepultada.

    España es pasión por el fútbol. También muchas otras cosas más. No obstante, esa efusividad fue el caldo de cultivo perfecto para que una banda de oportunistas creara la industria de hablar del fútbol y no de fútbol, como bien dice mi amigo Kike Marín. De esa manera, el público está informado de cada uno de los defectos de Luis Enrique así como del rechazo que genera en los mal llamados expertos mediáticos. Lastimosamente no del origen de sus decisiones futbolísticas. Opinar de fútbol requiere el pequeño ejercicio de aceptarse ignorante, de que no sabemos ni sabremos todo. Para hablar de fútbol hay que callar, observar, pensar y volver a dudar. Esta fórmula no es atractiva a los ojos de los envalentonados correveidile del poder, quienes recientemente se han visto amenazados por la aparición de las nuevas plataformas comunicacionales. Que el seleccionador se valga de esas herramientas también les molesta. Prueba de ello es que muchos que, como las vacas de Lezama a las que hizo referencia Javier Clemente, llevan décadas alrededor de este deporte y aún no saben explicar qué es un falso nueve, materia en la que sí se sumergió Luis Enrique hace unos días. Aún así, la posibilidad de acusarlo por la baja de José Luis Gayá fue más fascinante. Mentiras, sensaciones y fake news, ese es el mundo de los chantas. Le acusaron de anti madridista, de enchufar a su yerno… Pocos se dedicaron a hablar del juego y de lo que pretendía el seleccionador. Ante Costa Rica dieron otra clase de desprecio por el fútbol cuando la única justificación que encontraron para la titularidad de Rodri como defensor central fue su altura. No su juego, ni su capacidad de asociarse con sus compañeros, ni la conexión con Busquets para construir una salida limpia ante un rival sin mayores pretensiones atacantes, o mucho menos que en el Manchester City también ha cumplido con ese rol. Ah, es que al City tampoco se le ve, por razones obvias, o mejor dicho, por el odio de toda la vida. Tenemos un gran problema sin solución aparente: antes, el bar se nutría de lo que leía o escuchaba; hoy, por el contrario, el bar manda. Esto se fue al carajo en el momento en que se le dio mayor relevancia al ser seguido que a ser respetado. Tiempos en los que los patos disparan a la escopeta.

    ¿Qué es el gol? Es una consecuencia de una serie de acciones. Está la agilidad del rematador, la carambola, la eficacia y la suerte, pero sobre todas las cosas, está el juego. En el baloncesto está más que aceptada esta fórmula, no obstante, en el fútbol seguimos empeñados en asociar la anotación de un gol a la última secuencia de la película. Y esta es la razón por la que se vende que el gol es cosa de un futbolista. Sería estúpido renegar de las condiciones de los atacantes y otros futbolistas cuya relación con el gol es especial, pero también lo sería desconocer que el fútbol es un juego colectivo, una sucesión de hechos complejos, Paco Seirul.lo dixit, interconectados que terminan en la anotación de un tanto. El triunfo de España ante Costa Rica demostró que mientras mejor se juegue más cerca se está de vencer al oponente. Y jugar bien, como se dijo en alguna de estas cartas, responde a la correcta interpretación de cada circunstancia del juego, no a las estadísticas que tanto manosean los comerciantes de pescado podrido.

    “Uno se hace mayor cuando las cosas que no sabe son más que las que sabe, y que a veces la felicidad, o la supervivencia, consiste en un pacto tácito acerca de la conveniencia de la mentira, entendiendo mentira como la verdad que no interesa a nadie porque seríamos peores con ella». Manuel Jabois. Miss Marte

     

  • Argentina vive confundida

    Argentina vive confundida

    Estamos acostumbrados a hablar de fútbol a partir de los rendimientos individuales, dejando de lado, entre otras cosas, los contextos y las relaciones. Además, hay una discusión que no se da porque la inmediatez y los gritos hacen imposible: la diferencia entre posición y rol. Este debate ayudaría a comprender las razones por las que la selección de Argentina vive confundida.

    El primer error está en la revisión que se hace de la convocatoria. Insisto, se examinan nombres y el rendimiento de cada uno en su equipo. Esos futbolistas, seres humanos que hacen de jugadores de fútbol, viven, entrenan, conviven y se relacionan con otros compañeros, en un entorno particular y bajo propuestas muy diferentes. Para no quedarme con el ejemplo fácil voy a afincarme en la figura de Nicolás Tagliafico.

    El jugador del Ajax parte de esa posición. El diccionario de la lengua española define posición como «Postura, actitud o modo en que alguien o algo está puesto«. Tagliafico comienza el juego desde ese puesto, sin embargo, cuando juega en el equipo neerlandés, esa zona es una referencia que no lo ata: es un punto de inicio para que desarrolle su manera de ser. Se proyecta por el carril y se combina con mediocampistas y atacantes porque el estilo de juego y sus compañeros intentan potenciarse y no limitarse entre sí.

    Su rol en el Ajax no está definido por su puesto como marcador lateral. Juega desde ahí. Esto es posible gracias a que tanto él como sus compañeros poseen un entendimiento global de lo que es el juego de equipo. No obstante, cuando llega a la selección argentina se le exige todo lo contrario: que juegue en su posición y no desde la misma.

    Nadie en su sano juicio puede discutir la convocatoria de Tagliafico ni tampoco su titularidad.; lo que debe analizarse es qué instrucciones recibe, qué obligaciones se le transfieren, para que su aporte se vea tan disminuido.

    Rodrigo De Paul

    Su actualidad sugiere que llamarlo a la selección argentina sea casi una obligación. Sin embargo, la idea del seleccionador le coloca en un puesto que no es el suyo por naturaleza y con un rol en el que poco destacará. Además, anclarlo a esa zona del campo trae como consecuencia la disminución de la influencia de otro futbolista como Leandro Paredes, obligando a ambos a ser algo no son. ¿Se da cuenta el lector como esto va más allá de sumar fichas en un campo de juego y que el fútbol es una red de interrelaciones?

    Jugar con dos volantes centrales requiere que ambos conozcan ese oficio, algo que rápidamente se puede identificar al verlos actuar en el campo. Si estos juegan en línea significa dos cosas: no están cómodos con la disposición en el campo, y mas que una alcabala para detener avances rivales, esta confusión es una invitación a que el oponente explore más variantes en su construcción de su juego.

    Retorno a Tagliafico. Es un lateral de clara vocación asociativa en diferentes zonas del campo. Lejos del concepto popular, las proyecciones de un lateral no son carreras a lo loco por la banda sino avances condicionados por los movimientos de los compañeros. Es muy importante reconocer que todo movimiento que se produzca en el campo de juego es producto de la dinámica colectiva. Este concepto ayuda también a darle claridad a ciertas conductas de Lionel Messi en su selección. Por ello, la diferencia entre rol y posición es tan importante definir.

    En un post anterior -ofrezco disculpas por la auto referencia- escribí lo siguiente: «Si al futbolista le asignamos un puesto, por ejemplo, el de lateral derecho, cada vez que éste se atreva a salir de esa demarcación para proyectarse por su banda, o para hacer de volante interior, estaremos ante un alejamiento peligroso de su zona. Pero si al futbolista se le asignan roles, tendrá la libertad de pensar y ejecutar siempre según lo que la jugada exige. La posición somete y tiraniza; el rol es libertad a partir del conocimiento y la interpretación«.

    La conclusión es que no basta con convocar a «los mejores» o a los que tengan mayor continuidad. Un equipo de fútbol es mucho más que la elección de once jugadores; las ideas y los planes tienen mucha influencia porque estos pueden estimular condiciones o, como en el caso de Tagliafico en la selección argentina, limitar las condiciones individuales hasta el punto de hacer más difícil la construcción de la identidad colectiva.

    Jugar es relacionarse, cosa que es muy complicada si no se parte de la correcta interpretación del juego y de quienes lo protagonizan.

  • Ezequiel Fernández Moores

    Ezequiel Fernández Moores

    Nuevo episodio de «Mí fútbol, con mis amigos». En esta ocasión, converso con Ezequiel Fernández Moores, periodista argentino.

    Comenzó en el periodismo deportivo en 1978 como redactor de la agencia Noticias Argentinas. De 1982 a 1989 fue Jefe de Deportes de la Agencia DyN y de 1989 hasta hoy es Editor en la agencia italiana ANSA. Escribió en Página 12, Mística, El Periodista, TXT, trespuntos y colaboró con diarios como The New York Times y La Vanguardia, de España, entre otras publicaciones. Trabajó en radio y TV. Es autor del libro Díganme Ringo (biografía de Ringo Bonavena)

    El fútbol; la FIFA y su gobernanza; Marcelo Bielsa; el poder, y por supuesto, el periodismo. Todo esto en un nuevo episodio de «Mí fútbol, con mis amigos».

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