Etiqueta: Fútbol venezolano

  • Madrugar. De José Peseiro y el poder

    Madrugar. De José Peseiro y el poder

    Luego de perder un partido y no encontrarle una explicación racional a muchas cosas, un grupo de amigos nos vimos las caras y nos conjuramos en mandar todo al carajo. No obstante, el menos reflexivo de aquel grupo pronunció unas palabras que hasta el día de hoy me acompañan: nunca hay que tomar decisiones trascendentales en la madrugada.

    Aquella frase hizo que interrumpiésemos el plan inicial. Valió la pena porque lo que vivimos posteriormente fue inolvidable. Sin embargo, mientras creíamos que podíamos continuar con lo soñado, perdimos de vista que a nosotros ya nos habían madrugado.

    La madrugada es aquel período que sucede a la noche y antecede a la mañana. Sirve de refugio para ladrones y mal vivientes, como también para las más intensas pasiones. Por eso, salvo que uno sea un malhechor o esté sumergido en determinados placeres de esta vida, mejor dejar la madrugada para el descanso y la paz.

    Madrugar es anticiparse; a alguien lo madrugan cuando se le gana el tiempo. Quienes pretendan madrugar a sus oponentes necesitan cumplir con varios requisitos. Algunos de ellos variarán según la circunstancia mientras que otros son imprescindibles. Podría decirse que estos últimos forman parte del manual de la anticipación y entre ellos está el conocimiento del campo de batalla: sólo quien domina los espacios podrá triunfar. Y los espacios contienen personas, seres humanos, por ende, esto se trata de geografía y de antropología.

    La más que probable asunción de José Peseiro como seleccionador nacional descubre un panorama que algunos han ignorado: nadie se sostiene en el ejercicio del poder por mera casualidad. Lamento informarle al lector desprevenido que, aunque exista el azar y este influya a niveles insospechados en todas las áreas de nuestra existencia, también es imprescindible conducir a la fortuna para que esta nos favorezca.

    Hay en la Federación Venezolana de Fútbol algo mucho más sustancial que una guerra de poderes, que puede que exista y sea a cuchillo, pero esta no explica casi nada. En la FVF conviven personas que conocen el terreno a la perfección; funcionarios que son expertos en contemplar e identificar conductas, lo que les ayuda no a sobrevivir sino a mantener el poder. No es necesario apuntar nombres: si usted ha llegado hasta acá es porque conoce un poco de la realidad del fútbol venezolano. Son gente del fútbol venezolano, que no se desviven por el balompié extranjero sino que han construido lo que hoy es el fútbol venezolano. Esto que para muchos es un desastre es para otros su obra de vida.

    Recuerdo que tras visitar la residencia presidencial argentina y cantar para Carlos Menem, a Charly García, autor de un sinfín de melodías que ya son universales, le cuestionaron sobre las razones que motivaron su visita al mandatario, a lo cual respondió, con su acostumbrada genialidad, que le interesaba conocer al poder desde dentro.

    Quienes de alguna u otra forma han interactuado con quienes dominan realmente al fútbol venezolano pueden dar fe de lo que aquí se escribe. No podrán decir lo mismo quienes se inmovilizan ante el brillo que emana de la autoridad. Tampoco los necios que producto de un ataque de soberbia se creen capaces de manipular a la experiencia y al conocimiento. Estos papanatas, animados por el terrible afán de hacerse notar, cumplen a la perfección con el rol que el poder les ha asignado: ser altavoces de la confusión que el poder instaló hace más de cuarenta años y que solamente le beneficia a él.

    Ni que hablar de los recién llegados mercaderes que aspiran a aprovecharse de la sonrisa cómplice y circunstancial de quién tiene todo y lo maneja todo. Sepan de una buena vez que el poder es poder porque otros no tienen cómo llegar a serlo. Solamente los idiotas niegan una realidad tan potente. Además, el poder sabe cómo garantizarse su subsistencia mientras que los aspirantes y sus alcahuetes apenas si pueden ponerse de acuerdo en su reconocimiento existencial.

    Kaiser Soze, el mítico personaje interpretado por Kevin Spacey en el inolvidable film, dijo aquello que “el mayor truco del diablo fue hacerle creer a la humanidad que él no existía”.

    Todo sigue igual en el fútbol venezolano. Y no hay hasta ahora señal alguna para creer que el poder se debilita. Porque para atacar al poder hay que saber algo más que de números. Es necesario saber de personas, conocer sus vidas y sus debilidades, y en eso nadie le gana al poder.

  • Copa Sudamericana: Venezuela sigue improvisando

    Cuatro equipos venezolanos participaron en la primera fase de la Copa Sudamericana. Tres de ellos (Trujillanos, Deportivo Anzoátegui y Deportivo La Guaira) cayeron eliminados ante equipos de poca historia – no quiere decir que los criollos sí posean el prestigio internacional que le falta a sus victimarios – mientras que Caracas FC logró pasar de ronda. La ausencia de renombre de los clubes extranjeros, sumado a la incapacidad de los clubes venezolanos para plasmar el tan cacareado progreso de nuestro balompié debe llevarnos a una profunda reflexión, no con la meta de conseguir una verdad absoluta que explique tantos años de fracasos, sino que nos capacite y nos de fuerza en la búsqueda de soluciones.

    Nada de lo que se lea a continuación constituye soluciones inmediatas. El único propósito de este ejercicio es iniciar un período de reflexión y hacerle caso a Dante Panzeri cuando dijo que «Yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo«.

    El calendario

    El Torneo Apertura venezolano comenzó el sábado 09 de agosto. Hasta el momento en que escribo estas líneas, el campeonato lleva tres jornadas. El fin de semana del 30 y 31 de Agosto se jugará apenas la cuarta jornada. Esto a pesar de que la gran mayoría de los equipos que hacen vida en la primera división comienzan sus pretemporadas en la primera quincena de junio, lo que supone que para el inicio de la competencia hayan podido completar casi dos meses de preparación.

    Como en nuestro torneo es posible el adelanto o la postergación de encuentros, repasemos individualmente los casos de los equipos venezolanos que clasificaron a la Copa Sudamericana y comparemos su actualidad competitiva con la de sus rivales.

    1) Deportivo La Guaira: ha participado en tres duelos, lo que lo convierte en el único representante criollo en la Copa Sudamericana en haber disputado todos sus encuentros de la liga doméstica. En esos partidos, el equipo dirigido por Leonardo González y Pedro Vera ha obtenido una victoria, un empate y una derrota para un total de cuatro puntos. Ha convertido cinco goles y ha recibido la misma cantidad y se encuentra en la séptima casilla de la tabla de posiciones. Su rival en el torneo continental fue Atlético Nacional. El equipo colombiano ha jugado seis encuentros en el torneo colombiano, con una cosecha nada positiva de un triunfo, tres empates y dos derrotas. Esos seis puntos lo tienen en la posición once y ha convertido nueve goles mientras que ha permitido 6 tantos. Pero además, el equipo de Juan Carlos Osorio ha estado participando en la Copa Colombia; su primer encuentro fue el 29 de junio, y hasta la fecha ha jugado, contando ese primer partido, nueve encuentros, lo que nos lleva a concluir que el equipo colombiano tiene 15 partidos oficiales (sin contar Copa Sudamericana) en el segundo semestre de 2014. Una ventaja clara sobre el equipo del estado Vargas.

    2) Caracas: ha jugado dos partidos del Apertura, con una victoria y una derrota. Suma tres goles a favor y dos en contra. Pospuso el encuentro de la segunda fecha y adelantó el de la tercera, por lo que le queda un duelo por jugar para equipararse con sus rivales domésticos. Su contrincante fue el equipo peruano Inti Gas, equipo que hasta el momento lleva jugados catorce partidos del Torneo Apertura de aquel país. Ya sin oportunidades de pelear el título, el equipo peruano enfrentará el último duelo de la competición este domingo. Reitero las cifras: Caracas tiene dos encuentros domésticos mientras que Inti Gas catorce.

    3) Deportivo Anzoátegui: también ha tenido dos apariciones en el Apertura. El saldo es similar al del Caracas: una victoria y una derrota con tres goles a favor y tres en contra. Su rival fue la Universidad Católica de Ecuador. El torneo regular ecuatoriano reanudó sus actividades el cuatro de julio y terminó el tres de agosto. Esas tres fechas le sirvieron al equipo «católico» para clasificar a la segunda ronda, en la que hoy llevan disputados dos encuentros. En este caso no hay tanta diferencia con el equipo criollo, aunque si se puede hablar de tiempos competitivos, ya que los ecuatorianos tienen un mes más de competición encima que los venezolanos.

    4) Trujillanos: apenas ha jugado un partido del Apertura y uno de Copa Venezuela. En ambos casos demostró algo de fortaleza anímica ya que tuvo que remontar marcadores adversos para conseguir la victoria. Su rival fue Independiente Del Valle, otro conjunto meridional. Su recorrido fue casi idéntico al de la Católica, ya que a los tres encuentros finales del torneo regular ecuatoriano le suma dos en la segunda ronda.

    Como podemos observar, el factor calendario coloca en una posición de ventaja a los equipos colombianos, ecuatorianos y peruanos sobre los venezolanos. Tanto en cantidad de partidos como en calidad de los mismos, los criollos partían con ciertas limitaciones.

    Las estadísticas

    El fútbol es un juego que rara vez puede ser explicado a través de fríos números. Pero dentro de ese enorme abanico de cifras, hay una que otra estadística que bien vale repasar y analizar. No para encontrar verdades absolutas – no me cansaré de afirmar que esta no es la intención ni la motivación de este trabajo – sino para sumar elementos que nos ayuden a comprender el pasado reciente.

    Una de esas estadísticas es la de disparos al arco. No disparos puros y simples, sino aquellos que signifiquen una verdadera ocasión de peligro. A continuación, y según datos oficiales de CONMEBOL en su centro de estadísticas, los shoot de los criollos por partido, cifras que no contemplan los goles:

    1) Deportivo La Guaira: en el partido de ida, celebrado en Caracas, el equipo criollo no disparó bajo los tres palos, mientras que en el de vuelta, en Colombia, fueron dos los disparos.

    2) Caracas: un disparo bajo los tres palos en el encuentro de ida y tres en el de vuelta.

    3) Deportivo Anzoátegui: envió cinco lanzamientos bajo los tres palos en la ida, mientras que en la vuelta apenas consiguió enviar dos.

    4) Trujillanos: el equipo de Valera envió dos disparos bajo los tres palos en la ida y tres en la vuelta.

    Debo explicar la razón por la que elijo los shoot al arco y no todos los intentos. ¿Cuantas veces hemos hablado de ineficacia para justificar una derrota? Si usted me lo permite, para señalar a la suerte o a la ausencia de puntería como responsables de un resultado adverso hay que primero generar muchas ocasiones de gol. Ahí sí se puede pensar en los imponderables como causales de una derrota. Pero si un equipo inquieta únicamente cuatro veces al portero rival, el problema no es la eficacia sino el juego. El juego es justamente lo que le falla a los equipos venezolanos en estas competencias internacionales.

    ¿Qué quiero decir con que falla el juego? Una de las razones de ser de este deporte es la búsqueda de espacios. ¿Para qué se buscan esas zonas de terreno inhabitadas? Para que el futbolista pueda convertirse en receptor de la pelota, en distracción para el rival, o simplemente, en ocupante de una zona que permitirá la desocupación de otras. ¿Qué se necesita para encontrar esos espacios? Dinámica y más dinámica. Saber correr. Correr sin pelota. Pensar. Ejecutar después de pensar. Engañar. Simular. Anticipar.

    Eso es el juego. Si recibo el balón y mis compañeros se están moviendo permanentemente, los espacios aparecerán para enviarles la pelota, para que yo intente una jugada individual, o simplemente para intentar el disparo o el shoot. Es obvio que no todos esos intentos llegarán a incomodar al portero rival, pero mientras más veces lo intente, mayores serán las posibilidades de generar ocasiones reales de gol. ¿Se puede entrenar la efectividad? No y mil veces no. Lo que sí se practica son las distintas maneras de llegar a la portería rival, pero en cada entrenamiento falta, entre algunas otras variantes, la oposición del rival y la incapacidad humana de repetir conductas.

    Repasando lo que se necesita para generar espacios, llegamos a un concepto de difícil explicación y casi imposible medición: la intensidad.

    Intensidad

    Gracias a Rafael Pol, preparador físico del FC Barcelona, muchos pudimos conocer la frase que adorna una de las paredes del complejo del club América de Méjico: «Los entrenamientos deben ser como los partidos. De lo contrario los partidos se vuelven entrenamientos«.

    Cuando hablamos de esa preparación del futbolista, muchos recorren el camino de separar en facetas lo que realmente nadie puede disociar. Se habla de tareas físicas, tácticas, psicológicas, emocionales, técnicas y demás, cuando en realidad, lo que se busca en un entrenamiento es dotar al futbolista de la mayor cantidad de respuestas posibles para afrontar las interrogantes que hay en el juego. Esto con la condición de saber que es un juego de jugadores y que a medida que por cada enigma resuelto aparecen cien más, lo que se traduce en la imposibilidad de controlar totalmente este deporte.

    Ahora bien, cuando hablamos de intensidad lo primero que viene a la mente es ¿con qué se come eso? Y es que a pesar de que muchos quieran explicar ese concepto a través de kilómetros recorridos, pulsaciones, calorías o pases, no existe una fórmula científica o matemática que se explique lo que esta palabra implica. A todos esos datos que se acumulan en los pesos, los GPS y las calculadoras les falta, para acercarse a la realidad, el gasto que implica la concentración y los distintos grados de ésta que existen. Además, cada jugador vive las pautas de entrenamiento de manera muy particular, por lo que dar una definición de intensidad es atrevido, por no decir más.

    Por ello cobra validez la frase que daba inicio a esta última parte de esta descarga – llamar a estas letras análisis es cuando menos soberbio y pretencioso de mi parte. Una de las claves para el fracaso de nuestros equipos en competiciones internacionales puede estar en los entrenamientos, su grado de complejidad y la implicación del futbolista en las tareas. Pero también podemos encontrar algunos déficit en el descanso del deportista, su alimentación y su combate contra la fatiga cognitiva.

    Lejos de pretender encontrar una verdad absoluta, lo que debemos hacer todos aquellos que hacemos vida en el fútbol venezolano es reflexionar, revisar estos y los miles de elementos más que componen a esta actividad y que han llevado a que el tránsito por las competencias internacionales sea tan incómodo como imposible. Eso sí, para poder avanzar apenas un par de pasos, debemos partir de la certeza de que no hay certezas y que cada caso es un mundo en sí mismo. Las posibles explicaciones que justifiquen una decepción no necesariamente tendrán el mismo efecto en otras muestras.

    El camino es largo, pero lo será aún más si seguimos ignorando las señales de alarma que cada seis meses alumbran las canchas criollas.

  • El primer paso

    La reunión entre directivos de equipos venezolanos llevada a cabo la semana pasada en la ciudad de Barinas ha abierto la caja de los truenos. El simple hecho de que una mayoría de los participantes de la primera división hayan acordado aumentar la frecuencia de esas juntas para así dar forma, paso a paso, a lo que se conocería como la liga de fútbol, nos invita a recordar a Anselmo de Canterbury y una de sus frases más conocidas: «no quiero comprender para creer, sino que creo para poder comprender».

    Nuestro fútbol profesional es, como expresaba la semana anterior, la mayor muestra de indolencia del deporte rentado venezolano. Sólo hay que conocer los reclamos de cada uno de los directivos que hicieron acto de presencia en Barinas para comprender la penuria que caracteriza a nuestro balompié. Para muestra un botón: tanto el béisbol como el baloncesto tienen acceso a los dólares preferenciales que otorga CADIVI, lo que les ayuda a contratar mejores jugadores importados y/o técnicos, y adicionalmente, invertir en las instalaciones deportivas. En cambio, el fútbol venezolano es una arena de competencia desleal en la que equipos como Caracas, Táchira o Yaracuyanos, por nombrar sólo a tres, rivalizan con otras instituciones que, por estar ligadas íntimamente al poder público, gozan de un presupuesto mayor sin que éste sea aprobado por quienes eligieron a esos funcionarios que deciden el destino de ese dinero.

    Vuelvo a San Anselmo porque quiero creer en la buena intención de quienes visitaron Barinas con la voluntad de ver a sus colegas como potenciales socios y no como enemigos. Lo digo porque en el país que vivimos ya no nos reconocemos como adversarios sino como oponentes hostiles que nos queremos quitar hasta el aire. Y sólo hago referencia al tema CADIVI porque para que se reconozcan todos como copartícipes de una misma empresa, las cuentas deben estar claras y las intenciones deben ser, cuando menos, similares.

    Crecer, perfeccionar este negocio y entender que la creación de una sociedad sólo puede nacer desde los acuerdos y la aceptación de las diferencias, son apenas algunos de los requisitos que deben consentir y respetar estos dirigentes. Hoy se han ganado la curiosidad y el beneplácito de una buena parte de la hinchada, y la misma Federación da a entender que acusó el golpe con el invento de una liga sin pies ni cabeza presentada este mismo martes. Apuesten a la serenidad y recuerden que Esquivel piensa en cien metros; ustedes deben planificar una maratón.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 14 de noviembre de 2.013

  • El silencio inteligente

    Rafael Esquivel ha sido el mayor defensor de su gestión al frente de la FVF. No han sido quienes lo eligen sino él mismo, el encargado de mostrar las supuestas bondades que ofrece su presencia en el organismo que controla el fútbol venezolano. Son muchas las habilidades que lo definen, pero las más llamativas han sido saber convivir con el poder político de turno y el reconocimiento de las debilidades de quien lo “adversa” para a partir de ellas, “invitarlo a sumarse a la causa”.
    César Farías también ha sido un apasionado defensor de sus logros. En el tiempo ha protagonizado episodios violentos o los ha consentido, como aquel en el que Lino Alonso, sin la astucia de Esquivel, salió a dar clases de patriotismo y periodismo. Pero Farías, a pesar de esos momentos inolvidables, también ha sumado a su causa a quienes ha considerado como “amigos útiles” y ello, al igual que en el caso del presidente de la FVF, es una muestra de su inteligencia.
    A ambos los une otra circunstancia: en un momento de nervios como jamás hemos vivido, permanecen callados y tranquilos ante un estado de ansiedad que promete acabar con la paciencia de muchos. Es de suponer que esta actitud es bastante saludable, porque nos hace pensar que Farías está dedicado en cuerpo y alma a la consecución del boleto a Brasil 2014 mientras que Esquivel parece haber entendido que es mejor que sean otros los que se peleen con los medios.
    En este panorama aparece Laureano González, vicepresidente de la FVF y encargado  de presentar los torneos nacionales. Con un discurso estudiado, el señor González pretendió sacar pecho por el crecimiento del fútbol en el país. Habría que recordarle que esa actividad que él señala como ejemplar y que muchos queremos, subsiste y evoluciona gracias a jugadores, entrenadores y algunos directivos que se dejan la vida por el gusto que les proporciona este juego.
    Siendo el Estado el principal inversor de nuestros equipos, con las consecuencias que ello trae (no hay infraestructuras propiedad de los clubes, dependencia de la voluntad del gobernante de turno, problemas de pagos, etc.), no creo que la masa esté para bollos. La práctica de este juego por parte de doce niños en cualquier pueblo de nuestro país no es algo que debe tomarse la FVF como logro propio, porque no lo es. En cambio, a pesar del reconcomio demostrado la semana anterior, bien valdría escuchar a un venezolano como Juan José “Cheché” Vidal, destacado no solo por su paso como jugador sino por su éxito fuera de los campos. Eso, solo escucharlo, porque haciéndolo puede que sumemos conocimientos que las emociones no nos permiten aprehender.
  • Buenos días; malos días

    El diccionario de la Real Academia Española define “alcahuete” como «persona o cosa que sirve para encubrir lo que se quiere ocultar». Creo oportuno revisar también el significado de “cómplice” para comprender lo que a continuación expondré: «persona que sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos». De igual manera, pueden ser cómplices aquellos que intentan camuflar las conductas de quienes, debido a su incapacidad, hacen imposible su camuflaje.

    Nuestros equipos – no clubes – no pueden seguir viviendo a la deriva. Sin la historia ni la infraestructura de sus rivales internacionales, los directivos que los conducen deben entender de una vez por todas que para competir en igualdad de condiciones deben trabajar con mayor dedicación, ya que a veces sus opositores continentales pueden esconder parte de sus insuficiencias bajo el manto protector que les otorgan los años. Pero nosotros, aún en estado de adolescencia futbolística, no podemos darnos ese lujo.

    Durante más de un año Eliézer Pérez Pérez ha ido repasando en este diario la historia de nuestros equipos en sus enfrentamientos internacionales, y me da la sensación de que quienes tienen la posibilidad de modificar algunos temas no lo han leído o simplemente prefieren los halagos del vecino menos aventajado. Ya es momento de que repasen sus números en la Copa Libertadores y Copa Sudamericana para que se animen a plantear un cambio en el calendario que permita a sus equipos llegar con mayor rodaje a esos torneos. Nótese que no planteo modificaciones en el número de participantes en la primera división porque eso sería convertir en utopía mi pedido.

    En el inicio hablaba de alcahuetes y cómplices. Habrá quienes sientan que mis palabras representan un insulto o un señalamiento, pero a quienes olvidan ver el bosque porque están distraídos con el árbol, les recuerdo que, antes de hablar de un «mal día» como lo hicieron la semana pasada en referencia a la actuación criolla en la Sudamericana, primero habría que gozar de varios «buenos días» para poder así comparar entre unos y otros, y lamentarnos cuando las jornadas no sean tan favorables como deseábamos. Hace falta que combatamos el desorden y el desastre que caracterizan a nuestro torneo para así no ser ni cómplices ni alcahuetes de todo lo que año tras año se repite y que no parece causar mayor fastidio a quienes deben denunciarlo.

    Es así, tan incoherente como argumentar que no se puede modificar el inicio del campeonato porque se deben respetar las fechas de vacaciones…

    Columna publicada en el diario Líder el 08 de agosto de 2.013

    http://www.liderendeportes.com/Opinion/Columnas/Apuntes-del-Camino/Buenos-dias-malos-dias.aspx

  • Algunas imágenes del CD Lara

    Terminó el primer tiempo ganando 1 a 0 a Liga de Loja y lo hizo con 10 jugadores, pero hay algunas imágenes dignas de analizar, independientemente del resultado, que ojalá sea positivo para el equipo de Lenín Bastidas. Necesita un gol más para ir a los penales y dos para ganar la serie.

    Espacio, malas reacciones, cosas que son típicas pero que pueden y deben ser corregidas

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  • Viajes a la nada

    Ser o no ser. Ese debería ser el dilema de los clubes venezolanos que año tras año olvidan la importancia de trascender y prefieren ocuparse de menudencias que luego se transformarán en la nada. Es el caso del Deportivo Táchira y su gira por Argentina que tendría que convertirse en un llamado de atención para la dirigencia venezolana.

    El equipo de Daniel Farías busca en ese viaje condiciones que le resultan imposibles de conseguir en nuestro país. Estas son: un lugar de concentración con todas las comodidades para los futbolistas, campos de entrenamiento cercanos, rivales que sirvan de sparring y, por supuesto, una paz que permita al jugador concentrarse exclusivamente en su preparación. En un mundo ideal, estas posibilidades deberían formar parte del patrimonio de los clubes, pero ya sabemos que no es así.

    Hace un año Marcelo Bielsa, DT del Athletic Club de Bilbao, armó un escándalo de proporciones indescriptibles – que incluyó una auto denuncia por agresión – porque los terrenos del equipo español, donde planeaba realizar la pretemporada, no estaban aptos para su uso. A pesar de ello, pudo llevar a cabo la etapa previa a la competencia en esas instalaciones, ahorrándole una considerable suma de dinero al equipo vasco. Por el contrario, los clubes venezolanos no entienden la importancia de poseer un espacio propio y por ello invierten en viajes a la nada, entendiéndose ésta como pan para hoy y hambre para mañana.

    La planificación y el desarrollo pasan por la correcta inversión de los recursos. No me refiero a la compra de un estadio sino a la adquisición de terrenos que luego se transformen en canchas de entrenamiento. No se explica que grandes equipos como Táchira, Estudiantes y Mineros no cuenten con esas posibilidades, lo que sin duda es sinónimo de que sus dirigentes prefieren quedarse viendo el árbol que tapa el bosque en vez de aumentar el patrimonio de esas instituciones. Por ello, la imposición de Noel Sanvicente al Zamora de conseguir espacios propios es tan notoria como loable.

    Se que vivimos en un fútbol en el que aún nos siguen engañando con la inauguración de un Centro de Alto Rendimiento que se ha convertido en un elefante blanco, y por ello, bien vale recordar al periodista argentino Dante Panzeri cuando se rebelaba ante la incompetencia: “yo no pretendo arreglar el fútbol ni el país ni el mundo. Sólo pretendo que, los que mandan y están para eso, intenten arreglarlos. Y, si no quieren arreglarlos, o no saben o no pueden, me conformo con que se sepa que yo no estoy desarreglado ni doy mi conformismo ni resignación a ese desarreglo».

    Columna publicada en el diario Líder el 01 de agosto de 2.013

  • Un cangrejo llamado CAR

    En la terminología criminalística se usa la expresión “cangrejo” para definir aquellos casos imposibles de resolver a pesar del esfuerzo y la dedicación de los investigadores. No conozco un vocablo similar que se adapte al rubro de la construcción, por lo tanto usaré esa palabra en un contexto diferente.

    El Centro de Alto Rendimiento se ha convertido en el cangrejo de la FVF. Está por terminar un tercer proceso eliminatorio desde que se anunció su construcción y la Vinotinto aún no puede usarlo ni siquiera para entrenarse. El show montado antes de la Copa América de Argentina fue sólo eso, un pobre espectáculo que buscaba dar de comer a las voces complacientes con la directiva de la federación. Ni hablar del proceso eleccionario que recientemente se celebró en el inconcluso edificio y en el que como de costumbre se utilizó la imagen de un par de jugadores de la selección para tratar de tapar al bosque con un árbol.

    Todos los años se han hecho promesas acerca de la inauguración del CAR y ninguna se ha traducido en la culminación de la obra. Lo que sí ha logrado la FVF es callar mediante amenazas las voces que han cuestionado el proyecto, o mejor dicho, ha camuflado su incapacidad para terminar de una vez por todas lo planificado una década atrás. Junto con las palabras intimidantes, Rafael Esquivel y su acompañante de turno – hasta César Farías ha asumido esa condición – han señalado como culpables a PDVSA, Empresas Polar y a cuanta compañía haya estado ligada en algún momento al balompié nacional.

    Ahora bien, no debe sorprendernos que mientras la Vinotinto siga ganando partidos y peleando la clasificación para el mundial de Brasil 2.014, el CAR no sea tema de conversación porque además de los futbolistas, cuerpo técnico y directivos hay muchos oportunistas que se creen indispensables en los logros de la selección y por ello prefieren tapar el sol con un dedo. Piensan que esconder la invalidez de nuestros dirigentes se traduce en hacerle un favor al fútbol y por ello se creen partícipes de una gesta que no les pertenece en mayor grado que al venezolano de a pie.

    La motivación detrás de la construcción de un Centro de Alto Rendimiento no es otra que poder ofrecerle a los futbolistas todas las comodidades posibles para que puedan prepararse para su tarea en un mismo lugar. Hoy, cuando la Vinotinto lucha por un cupo al próximo campeonato mundial, el inmueble margariteño no cumple con su razón existencial. Rabindranath Tagore decía que “la verdad no está de parte de quien grite más”, y yo le agregaría que tampoco acompaña a quien amenaza e intimida. Hoy no hay CAR, mañana parece que tampoco…

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 11 de julio de 2.013

  • Más playa, menos fútbol

    «No es fácil juntar a tantos jugadores y armar un equipo, porque vienen de equipos diferentes«. Son palabras de Edson Rodríguez, entrenador del Deportivo Petare y ex jugador de la selección nacional. En la misma nota que se puede leer en la edición del lunes 08 de Agosto en el diario Líder, Rodríguez agrega que «por eso fue que arrancamos temprano, porque queremos que ya se vaya haciendo el grupo y se vayan conociendo dentro de la cancha«.

    Las declaraciones del técnico parroquial a la periodista Jessica López no van de la mano con la mayoría de los trabajos que muchos equipos vienen realizando en ciudades de playa. Para entender lo que afirmo, bien vale la pena observar la fotografía que envía el departamento de prensa de ese equipo:

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    Después de recordar que dicha imagen fue enviada por el mismo club, quiero pensar que la segunda parte del día es utilizada para tareas que Rodríguez considera importantes para que «se vaya conociendo el grupo«. Ahora bien, ¿no sería más productivo y positivo que todos las labores – física, técnica, táctica, psicológica y de conocimiento de grupo – sean realizadas en la cancha de juego? Me explico: si la misión del entrenador es acoplar tantos jugadores a una idea de juego, que se conozcan, que exista complicidad y, sobre todo, que tengan los elementos para tomar las mejores decisiones en beneficio del bien colectivo, entonces ¿por qué realizan esa faena pensando únicamente en una supuesta preparación física?

    Adentro de una cancha, los futbolistas pueden trabajar todos los aspectos que componen este juego y que antes mencioné, agregando la posibilidad de generar complicidad y sociedades tan necesarias para que la palabra equipo no sea una simple referencia.

    Expresa Edson Rodríguez que acoplar tantos jugadores nuevos es tarea difícil, que hacer que todos comprendan la idea de juego es complicado. ¡Claro que lo es! Pero esa labor se dificulta aún más cuando la mitad de la pretemporada se lleva a cabo en escenarios como los que muestra la fotografía que adorna este escrito.

    Un entrenador alguna vez me explicó que con estos «viajes» a la playa lo que se busca es entregarle al futbolista la posibilidad de trabajar en un ambiente distinto para que se motive con las tareas y no se fastidie de estar siempre en el mismo lugar, bajo la misma rutina. Suponen que la vista al mar hará menos pesados unas actividades que no mejoran el estado físico del jugador para jugar al fútbol y olvidan que la práctica que más entretiene al futbolista es aquella que involucra al balón en todos sus ejercicios. Un jugador de fútbol no se aburre jugando al fútbol, lo que le disgusta son todas las tareas que nada tienen  que ver con la pelota.

    Es una lástima que aquellos quienes jugaron prefieran mantenerse en su zona de confort antes que tomar riesgos. Hay costumbres que no por longevas dejan atrás sus aspectos negativos.

    Fotografía cortesía del diario Líder y el departamento de prensa del Deportivo Petare

     

  • El objetivo de una pretemporada

    En los meses de junio y julio se menciona mucho a la etapa de preparación en los equipos de fútbol sin afincarse en lo que ella debería ser. Pasa lo mismo cuando nos referimos al modelo de juego y por ello los mal llamados especialistas reducen el estudio a simples numeraciones telefónicas (4-4-2, 4-3-3, 4-2-2-2, etc) en vez de profundizar en el análisis de los comportamientos de los conjuntos, el por qué se producen y para qué se llevan a cabo.

    Comencemos por la pretemporada. Son muchas las voces que se unen para desvirtuar la verdadera razón de ser de esta etapa, que en su esencia ha sido concebida para que el grupo de jugadores pueda aprender y desarrollar el patrón de juego que van a ejecutar en una temporada y que ha sido diseñado por el cuerpo técnico pensando en las virtudes y las carencias de ese conglomerado de atletas. No se trata, como algunos señalan, de «llenar el tanque físico», ya que sin juego, al futbolista se le está preparando para correr. No se debe olvidar que al fútbol se juega corriendo, pero para poder jugar – meta del futbolista – hay que prepararse pensando en este juego y no en un evento de pista y campo.

    El fútbol, como bien lo explica Laureano Ruiz, abuelo del modelo de juego del F.C. Barcelona, es correr, parar, saltar, retroceder, picar y volver a frenar, actividades que el deportista debe realizar con una pelota o con la intención de recuperarla. Esta disciplina se lleva a cabo en un campo de grama, con unas medidas preestablecidas. En ese terreno, el jugador interactúa con sus compañeros y debe sortear los obstáculos que presenta el rival además del hecho de jugar con los pies, lo que ya supone una mayor dificultad coordinativa.

    Otra palabra autorizada para entender que los trabajos deben hacerse en el campo de juego y no en otras locaciones lo ofrece el profesor Víctor Frade, padre de la Periodización Táctica, metodología utilizada por José Mourinho, cuando explica que: “no, no las cargas son sólo para los burros. Los esfuerzos del fútbol son exclusivos del fútbol. Nada que quieras trabajar fuera del patrón de juego de un entrenador es real y por tanto te sirve de poco”.

    Entonces, ¿para qué ir a la playa o a la montaña si en una cancha de fútbol se puede preparar al jugador en todos los aspectos que componen este juego? Más que una duda, lo que planteo es un llamado a la reflexión a quienes hablan y hablan de automatismos y no se atreven a preguntarse si, alejados del campo de juego, se pueden aprender conductas que luego se llevarán a cabo en la cancha de fútbol.

    Columna publicada en el diario Líder el 04 de julio de 2.013