Etiqueta: Fútbol

  • El arte de defender

    El arte de defender

    A raíz de la actuación de la Selección Vinotinto Sub-20 en el pasado campeonato sudamericano, que se saldó con la segunda clasificación a un mundial de la categoría, ha quedado en el aire la necesidad de discutir y profundizar sobre lo que significa defender y atacar en el fútbol. De no hacerlo, el entendimiento de esta maravillosa disciplina será cada vez menor.

    Comencemos por reiterar una noción que debe ser comprendida: atacar y defender no son conductas disociadas; es imposible entender una sin la otra. Por ello, cuando un protagonista declara que el primer defensor de un equipo es su delantero más adelantado o que el primer atacante es el arquero, no está vendiendo humo ni mintiendo: el fútbol, al igual que la gran mayoría de los deportes de conjunto, no puede comprenderse a través de esa especie de amputación de momentos que sólo benefician a la banalidad. Este deporte es un todo, y como tal debe observarse.

    Pero para no hacer de esta reflexión un testamento sin fin, concentraré mis esfuerzos exclusivamente en lo que significa defender en un equipo de fútbol, esto es repeler o intentar neutralizar los avances y ataques del rival. Pueden ejercerse estas conductas con la titularidad del balón o sin ella, porque, al fin y al cabo, no hay mejor manera de evitar el avance enemigo que quitándole la herramienta de trabajo.

    Claro que también hay que considerar un tema espacial, pero me mantendré en lo básico, ya que para las profundidades del tema podemos utilizar otros foros.

    Defender correctamente trae como consecuencia que el contrario no produzca situaciones reales de gol. Si nos trasladamos a un deporte como el baloncesto, la correcta implementación de las estrategias defensivas evitará que el equipo rival goce de oportunidades claras para encestar. El concepto parece ser indiscutible, pero en el fútbol, este se manipula a la conveniencia de todo aquel que necesite caer en gracia del poder o el protagonista de turno. Es por ello que muchas veces, a pesar de que el portero fue la figura de su equipo, se alaba, sin mayor apoyo que las tripas, al comportamiento defensivo de un conjunto, sólo porque el adversario no pudo anotar.

    Procedo a citar dos ejemplos que involucran a los mismos protagonistas aunque con dos años de diferencia. Me refiero a dos semifinales de la Liga de Campeones, protagonizadas por el FC Barcelona y el Chelsea.

    En la primera de ellas, en el partido de vuelta en 2009, el club catalán superó al equipo inglés gracias a un espectacular remate de Andrés Iniesta, y para muchos, quedó la sensación de un equipo blaugrana totalmente superior. Pero las estadísticas nos recuerdan que, en aquel partido, los dirigidos por Pep Guardiola apenas pudieron disparar una sola vez bajo los tres palos del arco que defendía Petr Chech

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    Aunque el resultado no haya sido favorable para el equipo de José Mourinho, este, aún sin la posesión del balón, ofreció una clase magistral de cómo defenderse ante el que en aquel momento era considerado el mejor equipo de Europa.

    La clasificación blaugrana a la final hizo palidecer al maravilloso dispositivo defensivo del conjunto británico, lo que en sí mismo debería destrozar cualquier referencia al resultado como explicación de este deporte.

    Dos años después, los mismos equipos volvieron a cruzarse en la misma instancia de la competición continental. En aquella ocasión, los británicos eran dirigidos por el italiano Roberto Di Matteo, y en aquellos enfrentamientos, los españoles generaron hasta once ocasiones claras por cuatro de su contrincante. El periodismo, adicto a las emociones fuertes sin mayor reflexión, estableció que la victoria azul se originó en un correcto comportamiento defensivo, lo que, si recurrimos a las estadísticas finales de aquella llave, es insostenible.

    Repasemos los números: Barcelona remató treinta y seis veces (Chelsea apenas lo hizo en once ocasiones), y aunque no consiguió la clasificación, superó sin grandes problemas a la retaguardia “blue”. A diferencia del Chelsea de Mou, aquella versión de Di Matteo dejó la impresión de haber descuidado importantes conductas defensivas, haciendo del amontonamiento de jugadores cerca de su área su mejor respuesta.

    Hay miles de episodios más que sustentan lo que aquí trato de explicar. El espíritu de cualquier dispositivo defensivo es justamente lo contrario a lo mostrado por aquel conjunto inglés que ganó la Liga de Campeones de Europa. Cuando un equipo genera hasta veintiséis ocasiones por partido, deja en evidencia la no fiabilidad de las conductas preventivas del rival; el éxito de ese dispositivo defensivo dependerá, casi exclusivamente, de la fe, la suerte y hasta del santo de turno. Juan Manuel Lillo, mano derecha de Jorge Sampaoli en el Sevilla, dijo en alguna ocasión, que » los que juegan con todos atrás y con Dios adelante, no necesitan jugadores, sino un milagro«.

    Esta pequeña exposición viene a colación de la glorificación del cerrojo que utilizó la selección venezolana en el pasado sudamericano sub-20. Como demuestran las estadísticas de CONMEBOL, este equipo recibió treinta y un disparos bajo los tres palos, que se tradujeron en siete tantos en contra. Debo recordar que las ocasiones contadas se refieren exclusivamente a aquellas que pudieron convertirse en anotaciones para los rivales. Si sumamos que la organización del torneo y los propios entrenadores de las otras elecciones coincidieron en que el futbolista diferencial de toda la competencia fue Wuilker Faríñez, no queda más remedio que concluir la propaganda se cae por sí sola.

    Esta reflexión no es una crítica a la forma de juego del equipo criollo -el cual debemos seguir analizando en otras ocasiones- sino un llamado de atención: en el fútbol no hay nada escondido. A propósito de ello, el entrenador español Oscar Cano Moreno, uno de los más respetados conocedores del juego hoy en día, escribió en su cuenta de Twitter una frase que constituye una importante advertencia : «Cómo me gustaría alguna vez que hablásemos bien de quien no gana, que dejemos de inventarles capacidades a quienes obtienen la victoria«.

    La propaganda seguirá existiendo porque muchas bocas que necesitan comer (o viajar, si usted lo prefiere), y no hay mejor manera de conseguirlo que adhiriéndose al poder. Pero usted, que ha llegado hasta hasta el final de estas líneas, sabe muy bien que el fútbol, al igual que la vida, no se bate entre blancos y negros, sino que son los matices los que nos ayudan a comprender esta actividad, y es en ellos en donde se encuentran las grandes lecciones.

    Columna publicada  el 13/02/2017 en http://elestimulo.com/blog/defenderfutbol/  

  • El regreso de Marcelo Bielsa

    El regreso de Marcelo Bielsa

    Marcelo Bielsa dirigirá al Lille OSC a partir del 1 de julio. Así lo ha confirmado la web oficial del club, resaltando que «Convencido por el proyecto y los argumentos presentados por la nueva dirección Lille, Marcelo Bielsa ha acordado tomar el autobús desde el 1 de julio».

    Hasta esa fecha, Franck Passi, colaborador de Bielsa en su etapa al frente del Olympique Marseille, será el encargado de conducir al equipo que hoy marcha en el puesto catorce de la clasificación de la Ligue 1.

    Bielsa retorna al campeonato francés, y al mismo tiempo, se reafirma en uno de los pilares de su manera de conducir: estudiar a profundidad la plantilla que tendrá bajo sus órdenes. El entrenador argentino, al igual que cuando llegó a Chile o  Bilbao, desembarcará en la institución con un inmejorable conocimiento de las cualidades y las debilidades del equipo.

    ¿Por qué Lille y no otros equipos con otros pergaminos?

    Debe considerarse la buena relación entre el entrenador y Gerard López, cabeza visible del equipo. Así lo reseña el medio oficial:

    «Marcelo Bielsa fue la primera elección de presidente Gerard López y LOSC líderes para el gestor de equipo profesional y participar en la implementación de la nueva política deportiva deseada por el club».

    Otro elemento a tener en cuenta es que Bielsa, para implementar su método de trabajo, necesita del total compromiso de sus dirigidos. No olvidemos que el talento no es nada sin ese acuerdo del deportista consigo mismo y con eso que conocemos como equipo. El estudio que hace Bielsa sobre los futbolistas que va a dirigir no se limita exclusivamente a las estadísticas que tanto gustan al periodismo, pero que nada dicen del juego. La presencia de Passi es una señal más de que el argentino va más allá: quiere estar seguro de cuáles son los futbolistas a los que puede explotar, cuáles deben dar un paso al frente y cuáles al costado. Quienes todavía no comprenden que el juego es una cuestión mental se pierden la belleza de los procesos.

    En un documental de producción chilena sobre la vida de Marcelo Bielsa, Fernando Pandolfi, conocido en el fútbol argentino como «El Rifle», quien fuera dirigido por Bielsa en su paso por Velez Sarsfield, reflexionaba acerca de las razones por las que el rosarino aceptaba retos de tremenda envergadura:

    «Yo creo que él se planteó el desafío y dijo ‘a estos (la selección chilena) no los clasifica nadie, ¿hace cuánto? Bueno, yo los voy a clasificar’. Así en Argentina lo empiezan a valorar más, porque él fue allá y ¡parece (José de) San Martín! Liberó al país de la decadencia que tiene el fútbol».

    Para ahondar aún más en su figura, revisemos algunas de sus afirmaciones en el último tiempo, en Francia, pero con el escudo y la admiración de Marsella. La vuelta de Bielsa es un aporte enorme en esta lucha perdida pero maravillosa que es la de pelear por un fútbol que se ocupe del fútbol.

    -“El mundo del fútbol sufre una crisis de aparición de grandes jugadores. Y viendo en profundidad la Liga Francesa, y viendo la tendencia de las grandes ligas de adquirir los mejores jugadores del mundo, especialmente los que no están consagrados, observo que en Francia hay 15 jugadores de muchísima proyección menores de 23 años”.

    -“Los que conducimos seres humanos, cuando vemos que lo que perseguimos no genera el resultado deseado, tenemos dos caminos: responsabilizar a los que ejecutan o revisar las consignas que uno le ofrece. Si un equipo, de 12 puntos obtiene 3, y los 4 partidos son contra equipos inferiores con menos recursos, yo tenía dos posibilidades: responsabilizar a los futbolistas o revisar las consignas. Opté por revisar las consignas. Y la segunda cuestión que escuché lo que sentían los intérpretes e incluí sus opiniones en los argumentos que utilizo para decidir”.

    -“En este análisis, lo que para mí hay que traer como conclusión, es que todos los métodos autorizan a la victoria y a la derrota. Por cada Mourinho hay un Guardiola, y Guardiola pierde como pierde Mourinho. Pero como gana muchísimo más de lo que pierde, los períodos de análisis de la debilidad del método, es mucho menor. Lo ha dicho Ancelotti, con una frase que resume absolutamente todo: “La misma mano débil, es la que me permitió ganar 3 Champions”. Lo que quiere decir que cuando se ganan Copas del Mundo o Champions, es ductilidad para el manejo de los grandes jugadores. Y cuando pierden, porque todos alguna vez pierden, es debilidad frente a la requisitoria de las estrellas, simplemente una cuestión de proporción. Los grandes reciben este tipo de conjeturas o análisis muy de vez en cuando porque siempre ganan. Y los mediocres, como es el caso mío, con mucha más frecuencia porque habitualmente perdemos. Pero eso dicho con absoluta sinceridad, porque si analiza los títulos en los que yo he participado en mi carrera son muy pocos”.

    -“Cuando dirigía a la Selección Argentina, Brasil tenía grandes laterales, siempre los tuvo. Y para mí la mejor receta es obligarlos a defender”.

    -“Todos los que trabajamos en esto, sabemos que luchar por objetivos y no poder conseguirlos desgasta la mente de todos los jugadores. Lo que hay que saber, es si la fatiga mental es la que produce los malos resultados, o los malos resultados los que van degenerando la fatiga mental. Ese es un proceso muy dinámico y, seguramente, en el último partido hubo cosas de esa naturaleza”.

    -“Por mi experiencia personal, sé que el método, el estilo y el sistema, es bueno si ganamos. Y si perdemos es malo, y ustedes actúan con esa lógica, que es la lógica de los seres humanos. Durante un período próspero, las evaluaciones son a favor y se exaltan los mismos valores que ahora se rechazan. Ustedes, seguramente, creían que yo era mucho mejor de lo que en realidad soy”.

    -“Lo que trato de hacer en la adversidad, es fortalecer mis convicciones y no actuar con necedad negando realidades que merecen ser modificadas. Pero tengo claramente visualizado que, en los procesos negativos, todos te abandonan: los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes”.

    -“Hay que analizar cómo actúan los líderes ante la adversidad. Hay líderes que cambian el discurso y hay otros que los mantienen. He visto líderes que cambian los discursos y aciertan y revierten, o todo lo contrario. No puedo abandonar mis convicciones, no sería yo. Y sólo modifico aquello que verifico que está errado, pero también valoro lo que se opina de mí, sé que no soy tan bueno como me describían el año anterior, y tampoco soy como me describen ahora”.

    -«Yo di una idea general y el periodista sigue mirando una circunstancia particular. Participan 20 equipos que no siempre son la misma fuerza de oposición para los otros 19… Hay una enorme cantidad de situaciones que pueden no repetirse, por eso es que me cuesta hablar de lo que va a venir porque no lo puedo imaginar de un modo determinado. Hay generalizaciones que basados en los antecedentes y la historia, pero tampoco en ese caso tengo tantos elementos de juicio como ustedes que conocen los antecedentes de los equipos y los jugadores como para predecir lo que va a suceder con poco margen de error».

    -«A mi, como a cualquier entrenador, me gusta defender en espacios reducidos y atacar en espacios amplios. Pero cuando uno observa el fútbol con grandeza e interpreta el equipo que dirige, y sobre todo cuando tiene mejores jugadores que los demás, está, desde mi punto de vista, obligado a una actitud más generosa y más vinculada con la belleza del juego, por lo que seguiremos intentando en mejorar nuestra capacidad para defender en espacios amplios y para atacar en espacios reducidos. Eso es lo que hacen todos los equipos grandes del mundo, porque para hacer lo contrario hay que tener enfrente un equipo generoso, y eso no sucede».

    -«Nosotros todos estamos acostumbrados a que determinadas causas generan efectos previstos. El fútbol se aparta de eso. Una misma causa puede ofrecer diferentes efectos. Sabemos que la mayoría de las cosas que suceden no obedecen a cómo las imaginamos. Hay mucho de casual».

    -«El problema de jugar con dos 9 no es ubicarlos juntos sino decidir que aspecto del juego se posterga poniendo dos atacantes centrales. Si usted pone dos atacantes centrales sin un volante creativo les resta quien los abastezca, quien le de los pases verticales. Y si para poner dos nueve saca a un extremo, se pierde la llegada de balones desde los costados. Y si conserva los dos wines y el volante ofensivo, debe restarle un componente a la estructura defensiva. No es una decisión sencilla para los que reflexionan más de lo conveniente. Puede ser <Parálisis por exceso de análisis>».

    -«Hay una sola respuesta que todo lo que yo diga lo tira por el suelo. Porque ser el mejor te quita felicidad: horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiestas, diversión. Ustedes tienen un problema muy grande. Muy, muy grande. Tienen dinero pero no tienen tiempo para disfrutar del dinero que tienen. Lo que el dinero te da en términos de felicidad. Eso yo ya lo sé porque lo he visto infinidad de veces. Ustedes quisieran comprar el tiempo. Pagarían por poder hacer eso, como pagaría cualquier persona. Entonces, el éxito te quita la posibilidad de ser feliz. También es una elección, también es una elección”.

    Cuando dos centro atacantes juegan juntos, alguno desciende o alguno se abre para no sobreponerse. Al que le toque descender o abrirse va a jugar peor porque su mejor versión es en el  centro del campo y cerca del arco. Pero en ocasiones, jugando peor uno de los dos, la suma de ambos mejora el equipo. Lo difícil es lograr comodidad en aquel que hace concesiones a sus mejores posibilidades y abandona su puesto. Periodista: ¿esa es una reflexión del momento? Bielsa: No, ahora no, desde hace 15 años que reflexiono sobre ese tema».

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.

  • Libro de la semana. Teoría del Fútbol

    Libro de la semana. Teoría del Fútbol

    «Tras hojearlo un poco, pude comprobar que carecía de fotos y apenas contenía algún gráfico, enseguida me percaté de que tenía ante mí un libro inédito, que pocos habrían leído, aunque algunos lo hubieran iniciado, pero que a mí me enganchaba allí mismo».

    De esta manera describía Benito Floro su encuentro con el tratado «Teoría del Fútbol», escrito por el abogado Ricardo Olivós Arroyo en 1978, y que pudo conocer gracias a un encuentro con Juanito en el hogar del ex futbolista del Real Madrid. Tras introducirse en las páginas del libro, el entrenador español no pudo apartarse de de ellas, y llegó a escribir, en el prólogo de una versión más extensa del mismo, publicado en 1992, lo siguiente:

    «En el libro ‘Teoría del Fútbol’ Ricardo nos detalla perfectamente la evolución del juego, de la cual se obtienen valiosas conclusiones para el fútbol actual:

    • El fútbol no se juega de una forma u otra, con un estilo u otro, sino bien o mal.
    • La mejor manera de jugar bien, es hacerlo colectivamente.
    • Para hacerlo bien colectivamente, es necesario un orden interno.
    • Ese orden interno está en las posiciones, demarcaciones o zonas de trabajo de cada jugador, las cuales deben ser lo más estables y equilibradas posibles.
    • Se juega bien cuando el balón va a las posiciones, no cuando las posiciones van al balón».

    Y es que en las 363 páginas que componen esta maravillosa publicación, Olivós Arroyo, fallecido en 2003, expone la importancia de la regla del fuera de juego y como, a partir de esta, el fútbol dejó de ser un deporte para convertirse en un juego.

    ¿Quién fue Ricardo Olivós Arroyo?

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    Su perfil en la web Wikipedia lo define como «un estudioso del fútbol y precursor de la teoría de este juego«. Por la falta de información sobre Olivós, debo recurrir a la web mencionada anteriormente para profundizar un poco sobre su persona:

    Terminada la carrera de abogado, la guerra civil española le obligó a dejar el fútbol. Algunos años después, ya como espectador, observó que con respecto al fútbol que había practicado existían cambios extraños, que fueron los que le incitaron a estudiarlo científicamente. Trató de documentarse y comprobó que no había nada de teoría, lo cual le motivó a escribir sus reflexiones sobre el tema y publicarlas por su cuenta en 1975.El libro es casi imposible de conseguir, pero vale la pena dejarse unos minutos cada vez que sea posible en buscarlo; desconozco si existe otro manual que profundice tanto en el estudio de este juego… Don Ricardo acuñó el término Teoría del Fútbol al darse cuenta de que, al margen de ser un deporte, el fútbol es un juego de estrategia cuya base lógica se puede investigar. Dada su fecha de nacimiento, pudo comparar personalmente las épocas del fútbol reglamentado casi desde sus orígenes para sintetizar la base lógica del fútbol y explicar cómo se manifestó ésta a lo largo de la historia del fútbol bajo la influencia de la evolución cultural futbolística y de la regla del fuera de juego.

    ¿Cómo llegué a este libro? Gracias a un documento/ponencia de Robert Moreno y Rafel Pol, entrenadores del FC Barcelona, llamado «Modelo Contextual Fundamentado», en el que ambos autores hacen referencia a que Olivós Arroyo ya avisaba, en 1978, sobre el «profundo desconocimiento del juego del fútbol» y la vigencia de su obra, aún a más de treinta años de su publicación.

    Dada la dificultad mencionada anteriormente para encontrar alguna copia de esta maravillosa publicación, agrego algunas de sus reflexiones con la única intención de despertar la curiosidad en el lector:

    -El juego es un sistema de competencias en el que cada componente del equipo tiene una función determinada. Sabe jugar el que sabe lo que tiene que hacer en el partido.

    -Los técnicos del fútbol creen que los fundamentos del fútbol son la fuerza y la destreza, por lo que suponen que todos los futbolistas de clase saben jugar al fútbol y que para formar un gran equipo basta con fichar a once figuras… Para jugar, como para hablar, hay que aprender primero. Y solamente se puede aprender a hablar naciendo en un grupo que haya creado un lenguaje.

    -Ni la fuerza ni la técnica, aunque se necesiten para hacer la jugada, tienen la menor relación con el juego. El juego es lo contrario a eso; porque tiende a ganar el partido empleando la menor fuerza y la menor técnica posible. El juego no se trata de vencer al contrario sino de evitarlo, de suprimirlo. Y a la fuerza y la técnica solamente hacen falta cuando el encuentro entre atacante y defensor se produce.

    -La teoría del ataque se basa en evitar el encuentro con el defensa; la de la defensa, en asegurar ese encuentro. El juego, pues, gira en torno a que no se produzca o se produzca ese encuentro.

    -El juego se basa en dos experiencias distintas: la individual y la colectiva.

    -El juego es una ordenación de las jugadas dirigida a conseguir la victoria sobre el bando rival. Y para ordenar las jugadas no se necesita nu fuerza, ni resistencia, ni habilidad muscular. Lo único que se precisa es un ordenador.

    -El juego colectivo es fruto de una socialización; de un proceso cultural en el que cada miembro del equipo aprende un rol y se identifica con el mismo.

    -Es un hecho real, aunque todavía no comprendido por el aficionado, que el defensa no se opone a los que juegan con el balón, sino a los que atacan sin él.

    -El equipo es un grupo humano que persigue un fin: vencer al bando contrario. La experiencia social enseña a los grupos humanos a organizarse. Al conjunto de conocimientos proporcionados por la experiencia a esos grupos la llamamos cultura. Y a la cultura adquirida por el equipo la llaman los aficionados juego de conjunto. Yo prefiero llamarla colaboración automática.

    -Las jugadas son para el juego como las palabras para las frases: elementos con los que se puede componer una oración o una blasfemia.

    -En el partido se desarrollan dos actividades, lo que da lugar a que el futbolista adquiera dos experiencias distintas. Una la desarrollan los jugadores con el balón, y a la experiencia derivada de la misma la llamamos técnica. Con ella aprenden a manejar la pelota, a esquivar la entrada del contrario, a disputar el balón a su portador, a desplazarse para recibir un pase o rematar un centro, etc. La otra la desarrollan sin el balón, y con ella aprenden a jugar el partido. La que enseña a jugar el partido es la costumbre. La costumbre es la que ordena la defensa y el ataque.

  • Frases de Arrigo Sacchi

    Frases de Arrigo Sacchi

    El entrenador italiano comandó la versión más maravillosa del AC Milan. Tras su paso por el Rimini y el Parma, llegó al club rossonero en 1987 y se mantuvo hasta 1991, año en que tomó las riendas de la selección italiana.

    Aquel Milan tuvo grandes jugadores como Frank Rijkaard, Ruud Gullit, Marco van Basten, Franco Baresi, Paolo Maldini o el propio Carlo Ancelotti. Pero por encima de esas individualidades, aquel Milan se hizo eterno gracias a que entendía el fútbol de manera contracultural: no jugaba para defenderse sino para protagonizar los partidos. El ataque al arco contrario comenzaba por «atacar» el ataque rival. Fue una sinfonía inolvidable que llevó al extremo aquello de que un sistema es mucho más que la simple suma de sus partes.

    Para recordar a Sacchi vale leer algunas de sus mejores frases:

    “El fútbol es lo más importante de lo menos importante” .

    “Nunca entendí que, para poder ser jinete, se necesitase ser primero un caballo”.

    “Hoy en día se valoran los resultados antes que la capacidad de trabajo. Pero no se puede construir un rascacielos en un día y, en su lugar, los presidentes se conforman con una chabola”

    “Un grupo solamente se forma si todo el mundo habla el mismo idioma y todos están capacitados para el juego colectivo. No se consigue nada en solitario o, si acaso, sólo resultados efímeros. Con frecuencia me refiero a lo que decía Miguel Ángel: ‘el espíritu guía la mano’”.

    “El fútbol italiano es un fútbol con miedo. Se ataca con dos y se defiende con diez; los jóvenes se quedan en el banquillo y la gente ya no viene al estadio”.

    “El otro día estaba viendo a los chavales sub-15, y los defensas no hacían otra cosa que marcar a su delantero. Ya son especialistas en eso, no disfrutan del juego. Pero eso es sufrimiento, no alegría, y el fútbol no consiste en eso. Si alguien hace lo mismo todo el rato, será muy bueno en eso. ¿Pero el fútbol se reduce a una sola cosa?”.

    «Para mí, el fútbol se basa en saber hacer una buena lectura de la situación; los once jugadores deben responder a la vez. Todo partía de un equipo compacto y organizado que se movía como un cilindro compresor en la fase de no posesión para luego extenderse y ensancharse en la fase de posesión. El movimiento estaba en la base de mi juego, como también el posicionamiento que facilitaba la conexión, la técnica y la fantasía cuando teníamos el balón. Mientras que en la fase de no posesión agilizaba los dobles marcajes, la presión y la colaboración entre los futbolistas. Tenían que moverse todos en bloque, en armonía y con sinergia. El equipo debía permanecer unido y no dejar de moverse».

    «En mi fútbol, los líderes eran la idea del juego y el colectivo. ¿Es más importante el motor o el piloto en una carrera automovilística? Pues ambos, pero si no tienes el motor a punto, ni siquiera arrancas».

    «Los bloqueos y las colocaciones preventivas en la fase sin balón aún no se conocían, eran una gran novedad. En la fase de no posesión la referencia primordial es el balón, luego el compañero y, por último, el adversario; mientras que en Italia el orden era inverso: primero el adversario y luego el balón. «Pero, muchachos —decía—, si seguís al adversario, nunca formaréis un bloque y nunca seréis un equipo, jugaréis siempre uno contra uno.»

    «Se hablaba de ejercicios para desarrollar la psicocinética, que exigían un pensamiento por parte de cada jugador, que desarrollaban las capacidades de atención y concentración. Nos entrenamos de inmediato con el balón, desde el primer día; tenía prisa por hacer entender lo antes posible lo que quería. Miguel Ángel decía que los cuadros se pintan con la mente, no con las manos. Yo pensaba que el fútbol debía jugarse con la mente, los pies son solo un medio que facilita el aprendizaje. Si tienes una buena técnica, pero te faltan capacidad interpretativa y lógica, pasas la pelota adelante cuando debes pasarla atrás, retienes la pelota cuando debes tocarla de primera, la juegas antes cuando debes retenerla. No basta la técnica, es funcional, pero no suficiente».

    «Para mí, los jugadores del Milan eran los mejores del mundo, ¡pero fue el juego el que los llevó a realizarse completamente! ¡Todos mejoraron!»

    «Nos ejercitábamos también en la fase de no posesión para los bloqueos y las colocaciones preventivas, además de para la presión, algo casi desconocido en nuestro campeonato. La presión exige un equipo compacto y organizado, tiempos de ataque y marcaje escalonados; a la vez, por otro lado, es preciso deslizarse y cubrir con diagonales. El problema consistía en hacer correr hacia delante a futbolistas que desde siempre corrían hacia detrás. Hacia delante solo se corre si se está organizado y se sabe cuándo y cómo hacerlo. El objetivo era estar siempre en superioridad numérica cerca de la pelota».

    Frases recogidas del libro «Arrigo Sacchi: Fútbol Total» así como de internet.

  • Mentiras sin fútbol

    Mentiras sin fútbol

    Pensemos por un momento en la naturaleza del fútbol: dos equipos, compuestos por once jugadores en el campo cada uno, disputándose un único balón con la intención de hacer un gol más que el rival. No nos detengamos en los gustos ni metodologías; dos equipos enfrentados por una sola pelota.

    Esa oposición directa, esa disputa entre dos bandos por un mismo objetivo, hace imposible aquello que muchos señalan como estrategia: “dejo jugar para después aprovechar mis oportunidades”. Un equipo que se ubica cerca de su propio arco con la intención de recuperar el balón en esa zona y aprovechar los espacios que quedan a las espaldas de los contrarios no “deja jugar” a su oponente: lo invita a acercarse a la zona que más le conviene. No se trata de gustos sino de explotar capacidades propias.

    ¿Por qué los equipos que se enfrentan a Juan Arango se cuidan de cometer faltas cerca de su área? Porque aceptan que la presencia del zurdo aumenta las probabilidades de que una jugada a balón parado se convierta en una opción clara de gol. Eso parece estar claro en la mente de quienes dicen analizar el fútbol, pero, sorpresivamente, el concepto no es trasladado a otras facetas del juego, sino que rápidamente es olvidado.

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    Otra cosa es que existan equipos que no protagonicen entrenamientos de calidad, y ante la superioridad del rival, hagan lo que cualquier organismo vivo haría ante un ataque: replegarse en búsqueda de una huida. Un ratón, enfrentado a la posibilidad de ser agredido, retrocederá y buscará la manera de contrarrestar esa agresión con un furioso arranque en dirección contraria al avance de su agresor.

    Son dos cosas muy distintas identificar y aprovechar las distintas situaciones que se producen en un partido a ceder al rival todo el protagonismo. Los primeros son equipos que intentan desarrollar una estrategia; los otros, como explico Juan Manuel Lillo, “no necesitan jugadores, sino un milagro”.

    Volviendo al caso de Arango, no hay que olvidar un detalle que habla mucho de lo que realmente pasa en el fútbol: a pesar del reconocimiento de los rivales, el de Maracay siempre dispuso, en los distintos equipos en los que jugó, de muchas ocasiones para hacer daño de tiro libre. Porque aun cuando se planifiquen conductas, este juego es protagonizado por seres humanos, que se mueven y piensan, que reaccionan y se adaptan. Ya lo dijo Carlos Peucelle:

    “El fútbol es arte de ejercitación de imprevistos, donde lo planificado muere apenas surge el primer individuo que ensaye un engaño con la pelota o con el cuerpo. Lo imprevisto no admite planificaciones que no sean el imprevisto mismo”.

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    Mientras más pensemos el juego menos tiempo consumiremos repitiendo frases hechas que nada tienen que ver con el fútbol.

    Capturas encontradas en la web. Créditos a quien corresponda

  • Herrera y Soteldo hacen que todo sea posible

    Herrera y Soteldo hacen que todo sea posible

    Venezuela comenzó el segundo partido del Hexagonal final del Sudamericano Sub-20 con una deuda importante en su juego. Así lo dejó entrever Rafael Dudamel al periodista Humberto Turinese cuando explicó que el episodio colombiano, en el que se le entregó el control de la pelota y el terreno al rival, no debía repetirse. El seleccionador, aunque algunos no lo quieran entender, dio en la clave de lo que este juego representa: la posibilidad de evolucionar.

    Dudamel y su grupo de trabajo están conscientes de que esta selección puede jugar mejor. Esto no significa utilizar veinte pases para construir juego o inclinarse por una fórmula más directa. Jugar bien, como acto voluntario y dependiente de una puesta en escena propia, tiene que ver con identificar las capacidades innatas del equipo y promover que estas se potencien. Suena sencillo, pero no lo es, más en tiempos en los que se confunde la efectividad en acciones a balón parado con eso que es interpretar correctamente este deporte.

    Por ello el partido ante los locales podía convertirse en un antes y un después en el camino para retomar los valores que pondera el cuerpo técnico criollo. Era sumamente necesario revisar, reflexionar e insistir en el convencimiento de sus jugadores. Y esto nada más y nada menos que contra Ecuador.

    Ecuador mantiene rasgos similares en todas sus selecciones. Uno de ellos es el juego por las bandas, que algunos equivocadamente creen que nace del físico de sus futbolistas. Los ecuatorianos, más allá del origen de quienes integren su equipo nacional, tienen aprendida la lección de que el campo puede y debe ser aprovechado en su totalidad. Con futbolistas situados en las bandas, sus rivales difícilmente podrán encerrarse en espacios reducidos.

    Abrir la cancha es algo que han sostenido en el tiempo, sin importar la capacidad goleadora de sus delanteros. Porque Ecuador insiste en educar a sus jugadores y por ello no todos los desbordes terminan en centros aéreos, sino que en sí mismos son continuidad: no nacen de la improvisación y deben darle continuidad a la maniobra. Así intentó crearle peligro a Venezuela, pero tras algunos ajustes, el equipo de Dudamel supo desactivar esa opción.

    El futbolista más desequilibrante de Venezuela es Yeferson Soteldo, pero llama la atención como la selección pasa hasta 25 minutos sin involucrarlo en la construcción de juego. Los equipos no son uno y diez más, pero es incomprensible que Venezuela no aproveche al jugador que mejor encara los duelos de 1×1, lo que nos lleva a reflexionar nuevamente sobre la idea de esta selección. Si un equipo cuenta con un futbolista atrevido, con un cambio de ritmo endemoniado, es importante generar contextos para buscarlo en situaciones favorables, algo que por ahora no consigue este equipo cuando cruza el centro del campo. Ha sucedido con Soteldo, pero también Ronaldo Peña, Sergio Córdova y los otros delanteros han sufrido esa dificultad para construir juego.

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    El gol de Yangel Herrera no puede opacar que la maniobra nació de un acto de rebeldía de Soteldo. El volante cambió de banda, se proyectó por la derecha, y antes de lanzar un centro a la nada, retuvo la pelota hasta encontrar un compañero. Insisto, si a esto juega el 10, ¿por qué aislarlo tanto de la construcción del juego?

    Aun así, la selección jugó los primeros cuarenta y cinco minutos más tranquilos de todo el torneo, a tal punto que no necesitó de grandes intervenciones de Wuilker Faríñez. Por primera vez dejó la sensación de controlar un partido, razón por la cual debo machacar en cuanto a la influencia del cuerpo técnico. Este es un torneo sin mayor tiempo para entrenar, por lo que cada corrección apunta más al convencimiento que al trabajo de cancha. La primera parte de hoy reivindica el trabajo del cuerpo técnico.

    A Peña se le resiste el gol, pero el fútbol es mucho más que eso. El penal que ganó y que luego convirtió Soteldo debe reforzarlo, levantarle el ánimo. No es sencillo para un delantero superar la sequía, pero siempre que su trabajo ayude al equipo no debe frustrarse sino disfrutar ese éxito colectivo.

    Contrario a lo que la neblina de Quito invitaba a pensar, Venezuela fue claridad y simpleza. Redujo espacios entre sus líneas, disminuyó el uso de pelotazos y buscó más a Soteldo y a Ronaldo Chacón. Apareció Córdova y con él sus desbordes que daban amplitud al equipo. ¿Fue un desempeño perfecto? No, nada en el fútbol se acerca a ese estadio, pero el equipo creció y se sacó de encima muchas dudas que la acechaban, incluso quedó de lado el suspenso que caracterizó su paso por la primera rueda del torneo.

    Hace un par de días escribía que Soteldo necesita a sus compañeros tanto como ellos a él. Un simple cambio de posición dejó en evidencia que, si el equipo lo busca y lo apoya, el 10 le devolverá al colectivo muchas opciones para hacer daño. El segundo tiempo superó a lo enseñado en la primera etapa porque hubo goles, y porque el ex Zamora dejó una enorme demostración de cuán importante es la sociedad entre el talento individual y el colectivo.

    Los cuatro goles llenarán las páginas de los diarios y los resúmenes de los noticiarios, pero hay que aprovechar que el próximo partido es el domingo y revisar el partido contra Colombia y contraponerlo con este, porque, como le decía anteriormente, hay un gran manejo del cuerpo técnico en la identificación de los errores y la corrección. Aun falta fomentar una mejor construcción de juego, pero la evolución entre un partido y otro no se explica por los goles: estos son consecuencia directa del juego, ese que hoy brilló tal cual muchos esperaban. Fue tal la demostración de hoy que Faríñez, figura indiscutible de la primera fase, tuvo 76 minutos de tranquilidad, hasta que luego el juez del partido sentenció dos penales, de difícil apreciación, y que maquillaron el resultado a un 4-2 que no explica la superioridad venezolana.

    Cuatro puntos en dos partidos. Todavía falta enfrentarse a Brasil, Uruguay y Argentina, pero si lo mostrado hoy es parte de una dinámica ascendente y no obra de la casualidad, la Vinotinto estará celebrando en pocos días la obtención del boleto al Mundial.

    Fotos cortesía BBC Mundo

  • El caso Soteldo

    El caso Soteldo

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    Tras cuatro partidos, tres de los cuales como titular, Yeferson Soteldo no ha sido el futbolista desequilibrante que todos conocemos. O por lo menos no ha encontrado como sostener su juego en largos períodos de los duelos.

    El hincha se desespera. Ante la falta de gol y de contundencia, el seguidor de la selección apunta a Soteldo como una de las causas de este suspenso que ha caracterizado el andar de la selección sub-20. Identifican al camiseta diez como alguien que traslada en exceso o que retiene el balón sin necesidad. Lo ideal en este caso es revisar si esas conductas son causa o consecuencia. En mi opinión es la segunda opción la que define el rendimiento del futbolista portugueseño.

    El fútbol es un juego colectivo. No se puede explicar la actuación de un jugador si no se pone en contexto con lo que hacen sus compañeros y con las respuestas del rival. En el caso del volante criollo, sus mejores prestaciones han sido cuando se ubicó por el centro del campo o por el costado derecho, zonas en las que su dribbling no era la única herramienta que podía emplear, dada la cercanía de sus compañeros.

    Las siguientes imágenes explican mucho mejor lo que estas líneas plantean:

    Ahora bien, si por el contrario, Soteldo o cualquier futbolista recibe la pelota y sus posibles socios están a 10 metros o más de distancia, las posibilidades de sostener la maniobra se reducen considerablemente. Esto que aquí señalo es una de las debilidades de este fútbol de transiciones: la dificultad extrema de mantener la titularidad del balón. Es muy complicado superar situaciones de 2×1 o hasta de 3×1.

    Lo deseable, en el caso de la selección que conduce Rafael Dudamel, es que estos pases largos que definen al equipo se combinen con una construcción de juego más colectiva. El primer tiempo ante Uruguay y el segundo ante Bolivia constituyen la prueba de que la selección sabe utilizar ambas herramientas. Ahora que por calendario se suma un día más de descanso bien podrían repasarse esas acciones para que los futbolistas retomen la confianza, lo mismo que Soteldo deje de ser la referencia inmediata para los rivales.

    Recordemos: este es un juego en equipo, una actividad colectiva. Ni el mismísimo gol de Maradona a los ingleses fue, en su naturaleza, una jugada individual: sin los movimientos de sus compañeros, la humanidad no hubiese disfrutado de semejante joya.

    Fotogrtafía cortesía de Notitarde y Agencia EFE

  • Mucho suspenso y poco juego

    Mucho suspenso y poco juego

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    El aprendizaje es un proceso continuo, que no se detiene aun cuando creemos que hemos superado etapas. Cada situación vivida es una experiencia que almacenamos y que, en algún momento dado, cuando la situación así lo requiera, nos servirá de apoyo, sin importar que la búsqueda de esa referencia sea consciente o inconsciente.

    En ese complejo proceso que antes mencionaba existe un contribuyente especial: las situaciones límite. El ser humano, ante un panorama que se presenta decisivo, se enfrentará a la urgencia de tomar decisiones trascendentales, cuyas consecuencias no son sólo inmediatas. Me explico: para enfrentarse Argentina en la búsqueda de un resultado que asegurara la consecución del primer objetivo, la selección sub-20 adoptó una estrategia que idealmente lo acercaría a esa meta; hubo una respuesta, que más allá del éxito de la misma, se constituyó en parte importante del crecimiento y la formación de los futbolistas que la pusieron en práctica. Esto define el verdadero valor de la competencia en la formación del deportista.

    Puede sonar a lugar común, pero ante la dificultad que significa quedar alejado de la meta o el objetivo, el ser humano normalmente saca lo que se conoce como el instinto de supervivencia. Una muestra de ello es la alineación titular con la que salió Venezuela para enfrentarse Argentina, buscando repetir lo mejor que ha producido el equipo como tal.

    La alineación fue una declaración de intenciones. Más allá de los gustos y todo lo que se pueda discutir en cuanto a las alternativas, Rafael Dudamel se decidió por los mediocampistas que más han rendido en este torneo: Ronaldo Lucena, Luis Ruiz y Yangel Herrera, tres volantes con notorias capacidades para conectar a todo el equipo. Los jugadores antes mencionados son especialistas en promover sociedades, por lo que juntarlos desde el inicio suponía una apuesta por el control del partido y una construcción de juego acorde a lo que el equipo mostró ante Bolivia.

    El retorno de Yeferson Soteldo a la titularidad vino acompañado de una modificación táctica. Ronaldo Peña, quien había hecho de delantero más adelantado durante todo el torneo se ubicó como mediapunta por el costado derecho, cediendo el puesto de punta de lanza a Antonio Romero, un futbolista más veloz y mejor capacitado para explotar los espacios que dejaba la defensa rival. El cambio alejó a Peña del área pero lo acercó a sus compañeros; se hizo parte del circuito de construcción de fútbol y sumó en situaciones defensivas.

    La entrada de Nahuel Ferraresi permitió que la selección contara con un central capacitado para salir jugando. Es muy importante hacer referencia a que esa cualidad no es excluyente; los grandes defensores centrales son aquellos que identifican correctamente cuando es necesario salir en corto, cuando se debe jugar largo, cuando hay apoyarse en el portero o cuando hay que reventar la pelota. Es imposible aislar o fraccionar el juego en etapas o secciones: un defensor hace más que defender y un delantero no se dedica exclusivamente a atacar; cada futbolista tiene la capacidad para jugar, esto es decir, para adaptarse y actuar según lo que requiera el momento.

    El entrenador José Hernández, quien estuvo en la transmisión de TLT, habló sobre un concepto que vale la pena rescatar. El seleccionador nacional sub-17 explicó que este es un equipo, el Vinotinto, que se puede ver beneficiado por la dinámica propia del torneo, e ir de menos a más. La impresión de Hernández se basa seguramente en que la acumulación de minutos competitivos favorece al desarrollo de los modelos de juego. Son pocos los seleccionados que logran sostener altas cuotas de rendimiento en torneos como este. Esa es la apreciación de uno de los entrenadores que mejor conoce los procesos de enseñanza en nuestro país.

    La conexión entre Peña y Ronald Hernández probó ser muy positiva, invitando a reflexionar el por qué no se explotó más. A la habilidad de Hernández se le sumaba la capacidad táctica de Peña, que reconocía los movimientos del lateral y jugaba en función de ellos: se acercaba o se alejaba según beneficiara el recorrido de su compañero. Debo insistir en el viejo concepto que sugiere que, ante la ausencia de extremos, son los laterales quienes con sus proyecciones deben hacer profundo y amplio al equipo, lo que se traduce en la utilización total del campo de juego.

    Hay que hablar también de la falta de gol el seleccionado criollo. Desde el partido ante Bolivia el conjunto nacional ha generado un buen número de ocasiones peligrosas, las suficientes como para pensar que la victoria era más que posible. Pero se falló, no hubo eso que llaman contundencia, virtud que algunos equivocadamente creen que se puede entrenar. Y es que por más que los futbolistas pasen largas sesiones rematando el arco, desde distintas posiciones y con diferentes grados de dificultad, los partidos requieren respuestas que no son idénticas a las practicadas, por el simple hecho de que el partido es como un examen final, y el rival ofrece respuestas imposibles de programar. Claro que hay que entrenar, siempre con la intención de que esa sesión preparatoria tenga el mayor parecido posible a un partido de fútbol, pero aceptando que los partidos tienen situaciones condicionantes muy distintas a lo que ensaya.

    El gol es hijo del juego y de los estados anímicos; en el caso venezolano fue apenas ante Bolivia que empezó a verse la mejor versión criolla, y en cuanto al estado anímico, queda claro que este no pasa por su mejor momento. Por ello es tan importante lo que mencionaba el seleccionador Hernández en cuanto al formato del torneo y como este puede ayudar al crecimiento de una selección.

    Parece que no hay solución al caso de Yeferson Soteldo. Ante Bolivia fue el revulsivo porque encontró muchos compañeros cercanos. Pero ante Argentina volvió ver el Soteldo pegado a la banda izquierda, solitario, sin ayudas, casi dependiente de algún milagro propio que lo ayudara a sortear los hasta tres marcadores que lo acechaban. Da la sensación de que falta algo en este equipo, porque si al 10 lo marcan tres futbolistas, esto significa que en otro sector del campo se produce una superioridad numérica venezolana que no fue aprovechada. Soteldo, salvo cuando se tiró hacia el centro, no tuvo en el lateral Edwin Quero una vía de oxígeno. No fue sino hasta el minuto 67 que Quero recorrió su banda hacia el área rival.

    Es evidente que a la selección criolla le cuesta mucho la construcción de juego. Cada una de las situaciones de gol que produjo en los cuatro partidos tuvo su origen en jugadas a balón parado o ataques sustentados en rápidas transiciones. Pero cuando el rival defendía acerca de su propia área, a los venezolanos se le hizo casi imposible crear peligro. Esto no va a cambiar en la segunda etapa el torneo porque son comportamientos propios de una idea de juego desarrollada en más de treinta módulos de entrenamiento, pero, aun así, no deja de sorprender que durante todo ese tiempo no se desarrollaran variantes al plan de la selección. No hay respuestas ante defensas organizadas.

    Es igual de sorprendente que, jugando contra diez, a Wuilker Fariñez se le exija, sin tener rivales cerca que lo presionen, que lanzar un pelotazo antes que promover secuencias que muevan y desordenen al contrario. No está en el ADN de esta selección otra cosa que el juego de transiciones.

    Al principio hablaba de las situaciones límites y cómo estas comprometen la respuesta de quienes las viven. Me da la impresión de que la selección nacional sub-20 no sintió el partido como tal, sino como un episodio más de un tránsito que, según los cálculos, no terminaba hoy. Es cierto que el primer objetivo (clasificar al Hexagonal final) se consiguió, pero no puede decirse que los criollos arrollaron a sus rivales. Insisto, se avanza de fase, pero el balance de un gol en cuatro partidos, así como la ausencia de alternativas al juego largo son alarmantes. Puede que todo mejore, como también es posible que esta sea la manera a través de la cual se intente la consecución del siguiente objetivo: la clasificación al mundial. Pero que no se olvide que el gol es hijo del juego, y por ahora, de juego, esta selección, ha mostrado muy poco.

    Fotografía: Clarín.com y Agencia EFE

  • Convencerse de jugar

    Convencerse de jugar

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    La selección venezolana Sub-20 enfrenta su mayor reto hasta ahora: vencer a su similar de Argentina para clasificar al Hexagonal final. El duelo no es sencillo; a pesar del desastre que es hoy el fútbol argentino, sus jugadores están acostumbrados a competir desde edades muy tempranas, por lo que aun cuando el contexto conspire en su contra, son futbolistas que no dejan de combatir. Es un tema formativo que por estos lados no se entiende.

    Decía que el desafío es inmenso, pero no por ello imposible. Hay dos factores que deberían ayudar a los nuestros en esta misión: 1) el muy buen segundo tiempo ante Bolivia, en el que quedó demostrado que esta Vinotinto puede alternar con éxito los pases largos con las entregas cortas, siempre apoyándose en los constantes movimientos de sus jugadores; y 2) el regreso de Yangel Herrera y el orgullo herido de Yeferson Soteldo, que ya probó ser un elemento de mucha influencia. Pero un equipo es mucho más que la simple suma de sus partes, por lo que Rafael Dudamel y su cuerpo técnico deben elegir muy bien quienes entran hoy como titulares y para qué entran.

    En cuanto a la amenaza que representa esta Argentina y su ir de menos a más, no hay duda que quienes han competido encuentran en la calidad de sus rivales una motivación inmensa. El deportista está consciente de la trascendencia que puede adquirir un victoria ante uno de los etiquetados como favoritos.

    ¿Cual es la vía? No hay una sola, pero sin duda alguna esa alternancia entre el juego asociativo y la búsqueda en largo de los delanteros es quizá el paso más importante porque permite no ser previsible. Venezuela ha demostrado durante el torneo posibilidades de llevarlo a cabo, por lo que Dudamel no estaría pidiéndole a sus dirigidos algo que no se ha entrenado. ¿El estado del terreno afecta? Sí, pero no vale sumar obstáculos, hay que superarlos, y este equipo demostró ante Bolivia que sabe hacerlo. Es cuestión de creer, de convencerse de jugar.

    Fotografía cortesía http://www.cooperativa.cl/ y Agencia EFE

  • La Volpe desafía los lugares comunes

    La Volpe desafía los lugares comunes

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    El América de México cayó 2-0 ante el Real Madrid en las semifinales del Mundial de Clubes FIFA 2016. La superioridad del conjunto que dirige Zinedine Zidane es tal que sólo una catástrofe evitaría que obtuviesen el trofeo que los acredite como campeones mundiales.

    Pero más allá de actuaciones realmente maravillosas de jugadores blancos como Nacho, Benzema, Modric, Casemiro o Kroos, el equipo mexicano, aún cuando cayó derrotado, dejó algunas lecciones que podrían ser aprendidas y aprehendidas por los entrenadores que tanto disfrutan escudarse detrás del manual de las excusas.

    El argentino Ricardo La Volpe se hizo cargo del histórico club mexicano el 22 de septiembre de 2016. Su influencia ha ido más allá de lo palpable -las «Águilas» jugarán la final del torneo local frente a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León- y ello sólo puede comprenderse desde el juego.

    Ante el Real Madrid, y con todas las de perder, el entrenador no le pidió a sus jugadores otra cosa que ser fieles al estilo que les ha marcado en el último semestre. En la rueda de prensa previa al partido, el entrenador dejó las siguientes frases:

    1. «Hay que achicar a lo largo y a lo ancho. Y mi punto de vista es tener la pelota. Si tenemos la pelota no la tiene el contrario. Y cuando la tengamos hay que ser agresivos y ofensivos».

    2. «Al Madrid no le vamos a ganar sólo echándole ganas. Hay que ser muy inteligente. Le vengo diciendo a mis jugadores que jugamos ante un sistema, no ante pepito o fulanito, ni ante camisetas. Siempre digo que el fútbol es como el ajedrez».

    3. “Si no tenemos la pelota no podemos regalar espacios».

    Todo lo mencionado por el conductor argentino es moneda común de la gran mayoría de las ruedas de prensa previas a cualquier partido de fútbol. Pero La Volpe, a diferencia de muchos, sí pone en práctica lo que anuncia.

    Veamos tres situaciones de juego en las que su América, a pesar de enfrentarse al equipo más poderoso de Europa, mantuvo su plan y su estilo:

    Salida Lavolpiana

    Esta herramienta define mucho del pensamiento del argentino. Su intención es que la construcción del juego nazca desde su arquero. No es un capricho; al igual que muchos entrenadores, La Volpe siente que el ataque se construye desde el primer pase, y para que este sea eficaz, deben involucrarse todos los jugadores. Dijo alguna vez Pep Guardiola que «su primera opción de salida al frente con el balón, es de las mejores que he visto».

    «El objetivo es ensanchar el equipo para lograr ocupar el mayor espacio posible, dificultando lo más posible la presión rival, los centrales y el medio-centro intentarán salir combinando con los laterales y los interiores para intentar conseguir una salida de balón lo más limpia posible».

    Ante el Real Madrid:

    Salir de novios

    Durante el Mundial Alemania 2006, Guardiola hizo de columnista en el diario español El País. En uno de sus aportes hizo hincapié en el juego que proponía la selección mexicana que conducía Lavolpe, y el título de aquella exposición era «salir de novios». Acerca de esa intención, el hoy entrenador del Manchester City explicó:

    «Ricardo Lavolpe, argentino él y seleccionador mexicano, ha escogido que su defensa salga jugando. No que empiece jugando, que es otra cosa. Para Ricardo Lavolpe, empezar jugando es pasarse la pelota entre los defensas, sin mucha intención, para pasar la pelota algunas veces y lanzarla, la mayoría de las veces. Pero Lavolpe obliga a otra cosa. Obliga a salir jugando, que no es otra cosa que jugadores y pelota avancen juntos, al mismo tiempo. Si lo hace uno solo no hay premio, no vale. Han de hacerlo juntos. Como lo hacen los novios cuando salen juntos.»

    Más adelante, y como no podía ser de otra manera, el catalán recordaba a Johan Cruyff, su maestro:

    «Me viene a la memoria que un día, escuchando a Johan Cruyff, contaba que los jugadores más importantes para que un equipo juegue bien con la pelota en su poder, son sus defensores. Si sales bien, puedes llegar a jugar bien; si no lo haces, no hay opción. Johan cree que aquello que equilibra el juego es la pelota. Pierde muchas, y serás un equipo desequilibrado. Pierde pocas, y será todo equilibrio».

    Esto que describe Guardiola también fue puesto en práctica por el América ante el equipo español:

    Buscar al lejano

    De Johan Cruyff es el concepto que motiva el siguiente video. Aunque no se hable de ello, el holandés no negaba la posibilidad de utilizar un pase largo, por ello siempre le recomendaba a sus futbolistas «mirar siempre al compañero más alejado«.

    La web especializada Ecos del Balón explica perfectamente el concepto:

    «La frase, una de las más célebres del santoral de Johan, revelaba una parte de la naturaleza de ese Barça a menudo olvidada: su amor por el pase vertical. A aquel equipo le encantaba filtrar pelotas directas, tanto por tierra como por aire. Cuando Koeman agarraba el cuero, su primera reacción era mirar a Stoichkov en busca de su clásico envío de sesenta metros, quizás el más certero que hubo nunca. En el caso de Guardiola, el de Santpedor hallaba en Bakero su perfecto punto de apoyo entre líneas para avanzar. Cuando en 1993, Cruyff compró a Romario (un delantero centro), lo primero que le dijo a Pep fue que “mirara siempre al brasileño”. Por supuesto, estos pases estaban previstos en la pizarra mental de Cruyff, obedecían al juego posicional que estaba creando para el colectivo, pero también eran el reflejo de su sentir futbolístico, que no era otro que atacar sin descanso«.

    Frente al Real Madrid, el equipo mexicano supo como promover escenarios a partir de esa búsqueda del compañero más alejado, o si lo prefiere el lector, el más adelantado:

    Conclusión

    22 de septiembre. Quiero insistir en la fecha de llegada del argentino al club mexicano porque en menos de tres meses, y en plena competencia, La Volpe ha conseguido que su equipo haga propia la manera de interpretar el juego que defiende su entrenador. Lo ha conseguido en uno de los equipos más grandes de México, uno al que no se le permite experimentar porque «no hay tiempo y sólo vale ganar».

    El argentino asumió el reto y su equipo, como dije anteriormente, está en la final de su torneo doméstico. No hay lugar para las excusas, y ante una derrota frente al equipo más poderoso de Europa, La Volpe no se escondió y dijo «perdimos una gran oportunidad de hacer historia».

    El fútbol es un deporte fascinante porque aún cuando se cae derrotado hay muchas variables que pueden y deben ser estudiadas. Quienes creen que lo único que importa es el resultado limitan sus posibilidades de crecimiento, no en vano un resultado es indiscutible porque ya no puede hacerse nada al respecto. En cambio, todo lo referente a las formas, el contenido y las herramientas es cuando menos un terreno inmensamente desconocido, tierra fértil para el análisis y la comprensión.

    FOTO: AGENCIA EFE