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  • Tiempo, paciencia y apertura al cambio: tres elementos para crecer

    Dos partidos jugó la Vinotinto en continente asiático ante Corea del Sur (derrota tres goles a uno) y Japón (empate a dos). 180 minutos de juego y menos sesiones de entrenamiento en una semana de lo que normalmente tiene cualquier futbolista de alto rendimiento en su club. Aún así, y más allá de lo que se pudo observar en el campo de juego, hay cosas para rescatar y otras más para corregir. Cada barco tiene una travesía y para cumplir con ese recorrido no basta con un buen comienzo; hay que prever muchas situaciones y prepararse para aquellas que son imposibles de predecir. Soñar con los imposibles mientras se ensaya con el demonio.

    En su pasado más reciente la selección hizo de defenderse cerca de su área un hábito. Ahora, bajo la conducción de Noel Sanvicente, debe acostumbrarse a defender antes de que la arremetida rival llegue a esa zona del campo, para así evitar que esa ofensiva se acerque al arco vinotinto. Se habla de repliegue sin comprender que la nueva y vanagloriada presión alta – voluntad de ocupar el campo contrario como un bloque corto –  supone que la recuperación de la pelota debe intentarse defendiendo hacia al frente; el retroceso defensivo que ahora parece estar en el punto de mira como culpable de los goles rivales sería contrario al plan inicial. Claro que existirán situaciones en las que correr hacia atrás se convertirá en el recurso a utilizar, pero las soluciones defensivas que exige esta nueva filosofía son distintas a las del pensamiento común. Nuevas preguntas requieren nuevas respuestas.

    En el siguiente gráfico puede servir de ejemplo para comprender a dónde quiere el cuerpo técnico que llegue el equipo, para que en caso de pérdida de la pelota, se defienda en esta zona del terreno, impidiendo que el rival piense y actúe a su libre albedrío:

    Vinotinto 1

    Esto es sólo eso, un dibujo, una panorámica que nos puede guiar en la comprensión de cómo debe trasladarse el equipo y dónde debe poscionarse. Si la intención inicial es obstaculizar el primer pase del contrincante para ensayar una rápida recuperación del balón, los defensores criollos deben acompañar el recorrido de sus compañeros para que el equipo sea un bloque corto y unido que permita llevar a cabo esa misión y, en caso de que el contrario logre saltarse esa línea de presión, recuperar la pelota en zonas muy favorables para intentar armar un nuevo ataque.

    Es muy positivo que los jugadores identifiquen y apliquen rápidamente este cambio en el juego de la selección. Esto significa que el modelo nace de ellos. Pero con la aplicación de nuevas ideas llegan nuevas dudas y nuevos cuestionamientos. Por ejemplo, si los defensores centrales marchan hasta ubicarse tan cerca del medio campo, ¿no hay que buscar un defensor «corrector» como es Macherano en el Barcelona? Con esta figura hay que comprender que si la misión es intentar defender el espacio y presionar rápidamente al contrincante para recuperar el balón y producir un rápido contraataque, entonces puede que la búsqueda para una nueva pareja de baile para Oswaldo Vizcarrondo haya comenzado en Asia.

    El del Nantes francés es uno de los mejores valores vinotinto. Pero bajo esta filosofía de juego necesitará un compañero que achique hacia adelante y que reaccione rápidamente a la pérdida de la pelota; que se sepa «corrector» e «iniciador» del contragolpe criollo.

    Si la solución Rosales parece haber resuelto un ítem, este remedio, como cualquier otro arreglo, produce otras interrogantes. Roberto llegará a posiciones de remate y pase gol siempre que el partido se lo permita. Puede que la respuesta sea que Rincón no acompañe a Rosales en cada avance sino que sea una especie de palanca que sostenga al equipo; está la posibilidad de que lleguen nuevos protagonistas al equipo que sumen variantes a esta idea inicial, o simplemente que los actuales protagonistas ayuden a que el planteamiento se enriquezca a partir de sus propias virtudes.

    El futuro es incierto y cada idea, cual organismo vivo, aprovecha el paso del tiempo para crecer, evolucionar, dudar, descansar y volver a andar. No hay planteamientos estáticos o infalibles; lo visto en el viaje a Asia es el primer paso, apenas eso.

    Mientras tanto, parece hacerse fuerte la corriente de pensamiento que asegura que el modelo elegido será exitoso siempre y cuando los futbolistas tengan actualidad competitiva en sus equipos. Por ello vale la pena recordar que el modelo actual, el anterior y todos los cambios que estén por venir, NACEN DE LOS JUGADORES. En ellos se origina el juego y por ellos evolucionará. Lo demás es charla y humo venido desde la frontera que separa al juego del ego.

  • Apuntes Vinotinto: la idea va evolucionando

    – Primera gran variante de Noel Sanvicente: Roberto Rosales como compañero de zona de Tomás Rincón. La idea es agregar visión, pase y llegada a un puesto que aún no tiene candidato claro. El DT siente que con Roberto se puede contagiar aún más al capitán Rincón y gana a un futbolista que no teme acercarse al área contraria para convertirse en opción de remate.

    – Minuto 1 con 50 segundos: el equipo criollo presiona fuertemente a Japón para evitar que este avance. La postal detenida no ofrece gran diferencia con el ciclo anterior, pero si se puede observar que el equipo entero está listo para salir en búsqueda del arco rival. Esta complicidad inicial ayuda a desterrar el pelotazo como estrategia principal.

    – Se habla de la presión sin explicar para qué se ejecuta esa conducta. La primera respuesta que se da es que con ella se busca defender, quitarle la pelota al enemigo. Pero la presión, como pauta de comportamiento colectivo, debe ir acompañada de otra reacción casi inmediata, que es la de buscar el arco rival una vez recuperada la titularidad del balón. Se puede ir cómo el Zamora de Sanvicente o cómo el Mineros de Páez, pero el propósito es el mismo: atacar. Por ello, la justificación de eso que conocemos como presión no es defender; es atacar. Esta instrucción la cumple a la perfección Roberto Rosales: cuando entra en contacto con el balón, siempre busca a un compañero para seguir ese recorrido hacia territorio adversario.

    – Dani Hernández parte como primera opción al arco vinotinto. Hoy se mostró mucho más comprensivo del modelo de juego y no se refugió bajo los tres palos. En estos días seguramente han sido muchas las charlas con el cuerpo técnico y por ello, ante Japón, adoptó esa función de líbero que tan bien ha interpretado Renny Vega. Si Hernández mantiene ese atrevimiento y se aleja de su zona de confort ganará muchos minutos más como dueño del arco criollo. Su conversión no será inmediata pero sí que puede ser magnífica.

    – Mario Rondón parece estar en una misión. Sus dos partidos llevan a pensar que pudo aportar mucho en el ciclo anterior, olvidandoq ue justamente esa conducción lo llevó a la Vinotinto. Repasar el pasado y sumergirse en hipótesis no vale la pena. Lo importante es que Rondón es un futbolista asimilado a la idea de juego que propone este cuerpo técnico y seguramente seguirá siendo importante en esta nueva etapa.

    – Se juega con la intención de encontrar recursos para batir al rival. En ocasiones hay que aplicar un ritmo más pausado y en otras servirá acelerar el paso. En cualquier caso, no basta con limitarnos a la distancia que recorrerá la pelota entre emisor y receptor sino que hay que comprender la intención de variar para no ser previsibles. Mezclar la entrega corta con la larga es la meta para no repetir errores pasados.

    – Para tener una aproximación a la definición de intensidad vale la pena repasar los primeros cuarenta y cinco minutos de la Vinotinto ante Japón. No fue perfecto pero la concentración mostrada por los criollos nos acerca a una mejor comprensión de cómo se juega: desde la voluntad. Si el futbolista está comprometido y siente que el modelo nace de sus posibilidades antes que del capricho del conductor entonces no hay nada que hablar de estado físico, sino del juego y nada más. Esto es importante además para desechar viejas y dañinas visiones que hablan de un libreto o de un guión, como si los futbolistas fuesen máquinas que ejecutan algún algoritmo. La idea es una y ellos deben reconocerla, ejecutarla y corregirla según el momento del partido.

    – El primer gol japonés es una señal de lo mucho que hay que trabajar. El jugador japonés avanza en búsqueda del arco criollo y los defensores corren apresurados hacia atrás sin plan, sin respuesta y sin comprender que al rival hay que achicarlo, estorbarlo. Cada paso hacia atrás aumenta las posibilidades de éxito del contrincante. Este es un mal endémico de la gran mayoría de los defensores venezolanos. Uno debe ir a la marca y los otros reorganizarse. Por ello, mientras algunos lanzan campanas al vuelo o culpan al modelo de juego, vale la pena recordar que esto apenas comienza y es mucho lo que falta por sudar.

    – Los entrenamientos, idealmente, deben reproducir situaciones de juego para que el equipo vaya encontrándose cómodo bajo la cobija que es el modelo de juego. Por ello es tan importante aprovechar las pocas oportunidades para ensayar que tiene una selección. En ellas se irá desarrollando la idea con la intensidad necesaria para hacerla real. Pero puede que las charlas y el repaso a través del video sea mucho más importante de lo que se supone. Cuando se hace imposible practicar, la comunicación de instrucciones con los futbolistas vía skype, youtube y otras herramientas debe convertirse en una obligación.

    – Los goles y el resultado son hechos que fastidian pero que no deben entorpecer el análisis. Los dos partidos han servido para sembrar las raíces de lo que puede ser este proceso, pero éste apenas se encuentra en una etapa embrionaria y es mucho lo que queda por hacer. Las sensaciones son positivas, pero hay que respetar los tiempos y dejar que el crecimiento siga su curso natural. Nadie llega a la universidad  sin haber pasado por la escuela, y del apuro siempre queda el cansancio.