Etiqueta: Joan Laporta

  • La Superliga, no el whisky, los desnuda

    El enfrentamiento es total y descarnado. Por un lado aquellos que defienden su posición como receptores de las inversiones cataríes (1, 2, 3, 4, 5), y por el otro aquellos que responden a las intenciones de Florentino Pérez y de sus socios (1, 2). Todo es negocio, nada es deporte. La Superliga, no el whisky, los desnuda

    En medio de este conflicto, que entretiene a la masa tanto como los seriados de las distintas plataformas de streaming, nadie se ha percatado de un pequeño detalle: al aficionado del fútbol ya no se le trata como tal; hoy son consumidores, clientes, usuarios, o inversores, algo que se confirmó en tiempos del confinamiento, en los que el fútbol, o mejor dicho, aquellos que dirigen al fútbol, llevaron al deporte a cumplir su función de “consolador social”, Juan Manuel Lillo dixit.

    La creación de nuevas competiciones y el desproporcionado aumento de partidos por año define una hipertorfia que atiende exclusivamente a las necesidades del mundo del espectáculo y los negocios (1, 2, 3). Estos fueron invadiendo al fútbol hasta casi convertirlo en un producto de primera necesidad. Dicho de otra manera, le han hecho creer al espectador que este juego es indispensable para su vida.

    Lo mismo sucede con comunicadores y «analistas». Es moneda común encontrar en las distintas redes sociales afirmaciones en las que destacan haber visto diez o más juegos por fin de semana.

    Este tipo de sentencias cooperan con lo anteriormente expuesto y no hacen más que agradar a aquellos que jamás escucharán las necesidades fisiológicas del ser humano deportista ni a los pedidos de entrenadores, jugadores y otros expertos para que se modifiquen los calendarios.

    En el año 1986 se jugó uno de los campeonatos mundiales más recordados. El torneo mexicano, según publicaba el diario El País de España, atraería una audiencia global de 12.000 millones de espectadores. Este número fue ampliamente superado, ya que el público que siguió las instancias de aquella Copa superó los 13.000 millones.

    Queda demostrado que el fútbol es, desde hace mucho tiempo, una actividad que cautiva a una enorme masa de personas. La UEFA Champions League, año tras año, genera cifras espectaculares también, entonces ¿por qué el enfrentamiento entre estos dos poderosos grupos? La respuesta es sencilla: asegurarse el control de este gigantesco negocio

    A ambos les unen la misma preocupación e idéntica solución. La apuesta es clara: más partidos, es decir, ahondar en la pérdida de calidad del juego mientras aumenta la oferta. Estos grupos de interés no se ocupan de la mejora cualitativa del producto que se disputan sino de aumentar las posibilidades de ingresos.

    Los grandes restaurantes fueron y son reconocidos por la naturaleza artesanal de sus cocineros al momento de preparar cada plato. No producían en masa sino que convertían la experiencia gastronómica en algo sublime. Sin embargo, nuestros tiempos son los de las cadenas gastronómicas que hacen posible que una hamburguesa en París sea idéntica a otra en Nairobi, y cuya preparación no supere los cinco minutos.

    Los bandos enfrentados en la novela de la Superliga Europea descubrieron hace mucho tiempo que el negocio-espectáculo se sustenta en la hipertorfia anteriormente citada, por sobre un mayor cuidado de los ingredientes que convierten al fútbol en un espectáculo conmovedor.

    El panorama actual es idéntico al de la comida rápida. No hay tiempo para entrenar, para descansar ni para recuperarse. Todo debe ser inmediato, y mientras menos tiempo disponga el espectador entre episodio y episodio, mejor aún; una de las características de los tiempos de la prontitud y la precocidad es que no hay espacio ni tiempo para la contemplación.

    Así está montado el negocio. A la masa le conmueven las razones de los dependientes del dinero catarí o los argumentos de Pérez y sus subordinados mucho más que las quejas, los lamentos y las advertencias de quienes protagonizan esta actividad. Es la consecuencia de haber corrompido la esencia del hincha y del observador hasta convertirlos en suscriptores y consumidores, incapaces de rebelarse ante tamaña atrocidad.

    Panem et circenses. Es todo tan humano como el deporte que han deformado. Distraen a la masa que, ocupada en defender la trinchera de su preferencia, no pone atención en la vulgar devaluación de aquello que alguna vez le hizo feliz…

    P.S.: Muchos vivimos del fútbol y su pertenencia al mundo de los negocios y el espectáculo. La crítica va enfocada a la deshumanización de la actividad y hacia quienes de fútbol no entienden nada, menos aún de las estructuras del ser humano deportista.

    Imágenes encontradas en internet. Créditos a quiénes correspondan

     

  • Lio Messi se va del Barcelona

    Lio Messi se va del Barcelona

    Messi se va para hacer un favor al club

    Lio Messi se va del Barcelona. Para analizar la historia reciente del club converso con Frederic Porta, periodista, escritor e historiador catalán.

    Su testimonio ofrece un panorama muy completo sobre la realidad del Barcelona en Catalunya y en el mundo. Para comprender el adiós de Messi primero hay que conocer la historia reciente del club. Quiénes lo conducen, cómo y por qué llegaron al poder, y cuáles pueden ser sus intenciones.

    De todo esto y más conversé con Porta, que da nombres propios como Joan Laporta, Sandro Rossell, Josep María Bartomeu y, por supuesto, José Luis Nuñez.

    Frederic Porta es autor de varios libros, entre ellos hay dos fundamentales para conocer la historia del club: «Barça inédito» y «Barça insólito«, ambos escritos junto a Manuel Tomás. Su trabajo es fundamental para conocer los pasillos de una institución única y singular, similar a ninguna.

    El adiós de Messi se presenta como lo más oscuro de la historia del club, sin embargo, Porta mantiene un ápice de optimismo y en esta charla explica sus razones para no ser fatalista.

    Lio Messi se va del Barcelona. Su decisión sacudió a todos…

  • Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Con la confirmación del adiós de su entrenador, el FC Barcelona suma un nuevo problema a su accidentada actualidad, y es que más allá de pelear por la Liga, disputar la final de la Copa del Rey y soñar con una remontada ante el PSG, la institución catalana vive un caos en el que solamente Joan Gaspart se sentiría identificado.

    El anuncio del míster blaugrana sorprendió a pocos –otra cosa es que se hagan pasar por sorprendidos, pero eso, como diría Carlos Salvador Bilardo, no es más que poner cara de circunstancia y hacerse el sueco. Quienes seguíamos las ruedas de prensa del entrenador podíamos coincidir en que a «Lucho» se le notaba cansado, extenuado, fundido. La prensa, con su ego multiplicado a niveles indescriptibles, ha vendido el pescado podrido que ellos agotaron al entrenador. Se equivocan. A Luis Enrique Martínez lo venció el tiempo y su propia intensidad. Vivir el oficio con tanta dedicación acaba con cualquiera, sin importar que se haya ganado tanto. Pregúntenle a Pep…

    Pero más que ahondar en las razones del entrenador, pongamos la mira en el futuro inmediato de la institución que preside(?) Josep María Bartomeu.

    Lionel Messi termina su contrato en julio de 2018, y por los momentos no hay confirmación oficial de que se avance en esa renovación. Andoni Zubizarreta hizo famoso aquello de que las negociaciones no se retransmiten, pero siendo Messi el activo más importante del primer equipo, el silencio de la directiva es cuando menos sospechoso. No sería de extrañar que tras el adiós del entrenador apresuren los tiempos y se firme, en cosa de un mes, la extensión del vínculo contractual con el 10.

    Debo aclarar lo siguiente: la continuidad del argentino no está sujeta exclusivamente a valores económicos. Cuando Pep Guardiola, tras la obtención de la cuarta Liga de Campeones en la historia del club, aconsejó a la directiva que rodeara a Messi con los actores capaces de garantizar la estabilidad y mejoría del equipo, no lo hizo en vano. Al segundo capitán blaugrana se le conoce como un animal competitivo, y más que dinero, le atrae la posibilidad de seguir peleando por todos los títulos. Quiere y merece un sueldo acorde a su estatus, pero también desea que no se repitan episodios como que la plantilla no posea un lateral derecho ni un recambio para Sergio Busquets.

    Hay que considerar otro ítem de suma importancia: la edad de la columna vertebral. Andrés Iniesta está por cumplir 33 años; Gerard Piqué acaba de llegar a los 30, meta a la que arribará Messi en un par de meses. Este mismo año, Busquets cumplirá 29 y Jordi Alba 28. No es una plantilla joven, y el rejuvenecimiento iniciado en el verano de 2016 con la llegada de Samuel Umtiti, Lucas Digne, Denis Suárez y André Gomes no ha cuajado como se planificó. De ellos, el central y Suárez son los que más rendimiento han ofrecido.

    El adiós de Luis Enrique obliga a que, además de la necesaria negociación por renovar a su mejor futbolista, el club catalán deba encontrar un entrenador que promueva una nueva vuelta de tuerca al estilo, ese que se vio condicionado con la conformación del tridente Messi-Suárez-Neymar, y que, gracias a las gestiones de esta directiva, no se ha sostenido en las categorías inferiores.

    Son muchos los candidatos y pocos los conocedores que pueden guiar a Bartomeu en la elección de la mejor opción. Probablemente, el entrenador que más cumple con los requisitos para ocupar ese banquillo sea Jorge Sampaoli. Su devoción por el juego posicional, así como la calidad de su staff técnico, comandado por Juan Manuel Lillo, invitan a creer en un acercamiento con el argentino, pero, contrario a la lógica, da la impresión de que esos contactos serían únicamente un saludo a la bandera: ese cuerpo técnico huele a “Guardiolismo” y eso, a Bartomeu, a su directiva y a quienes lo sostienen les produce indignación. La llegada de Sampaoli sería obra de una grandeza pocas veces vista en los más de cien años de la institución.

    Es por ello que el mejor ubicado es Ernesto Valverde, actual entrenador del Athletic Club de Bilbao. Su carácter y su aparente conocimiento de la institución juegan a su favor. Valverde también es un enorme entrenador, el mismo que impidió al Barça de Luis Enrique ganar los seis torneos en un año calendario (2015) luego de batir a los catalanes en la Supercopa de España.

    Ahora bien, sea Sampaoli, Valverde o cualquiera de los casi cien candidatos que promocionarán los medios, el que asuma el puesto de entrenador de la primera plantilla estará obligado a producir nuevas respuestas tácticas, con tal de impulsar así la competitividad de un grupo que ha ganado todo y que, aparentemente, no se cansa de seguir intentándolo. Y llegados a este punto es cuando la directiva catalana debe pensar muy bien qué Barcelona quieren para el futuro inmediato.

    Los blaugranas, tras la llegada de Joan Laporta a la presidencia en 2003, experimentaron un retorno a las fuentes. El juego posicional que instauró Johan Cruyff encontró su éxtasis de la mano de Frank Rijkaard y Guardiola. Pero del mismo poco queda, y abajo, en las categorías formativas, por ahora no hay mucho que resaltar más que el empeño del grupo de Sandro Rosell por destruir todo lo que oliera a Cruyff y a Pep. Sin la colaboración de La Masía, el Barcelona se convierte en un equipo común, uno con los recursos económicos suficientes para comprar y comprar futbolistas, sin mayor plan que no tener plan.

    Pero si por alguna de esas razones que la razón no entiende Bartomeu y sus colaboradores decidieran retornar a la identidad futbolística del club, la contratación del entrenador sumaría un nuevo requisito: debe ser alguien que conozca el juego posicional y, al mismo tiempo, promueva a los jóvenes valores de la institución. Ese panorama no parece ser más que un anhelo de los guardianes de la esencia blaugrana, aquellos señalados como “viudas de Cruyff” por el poder de siempre.

    La búsqueda de un preparador es una labor harto complicada, más aún en una institución como la catalana. Un veterano periodista, cuestionado sobre las diferencias entre el Real Madrid y el Barcelona, inmortalizó aquello de que el Madrid es un equipo de jugadores y el Barça de entrenadores. En el caso blaugrana, cualquier espectador podría pensar que lo primero que se tendría en cuenta en el casting para encontrar el nuevo inquilino del banquillo es su metodología de trabajo, pero mire usted si la realidad supera a la ficción: el equipo filial dejó de lado esa máxima, hace un tiempo atrás, para servir de escaparate a los negocios de ciertos entendidos que siempre han sabido vivir de la institución.

    Desde ayer, el Barcelona se está jugando el partido más importante de los últimos años: seguir siendo el equipo referencia en cuanto a juego, o ser el club de Bartomeu, Rosell, Núñez y los demás integrantes del reducido pero poderoso grupo que sienten al Barça como algo más que un club, su club.

    Lo inmediato es renovar a Messi, pero, al mismo tiempo, la masa social que todavía siente como propio el club catalán debe impulsar a que su directiva, comandada Por Josep María Bartomeu defina qué tipo de club será el Barcelona de los próximos años. El primer paso será la elección del sucesor de Luis Enrique. El resto de las pistas parecen claras, pero siempre hay que dejar espacio para un golpe inesperado de timón.

    Columna publicada el El Estímulo, el 02/03/2017

    Fotografía cortesía de optasports.com