Etiqueta: Joan Vilà

  • Las relaciones en el fútbol

    Las relaciones en el fútbol

    «Al verlo todo de manera aislada, inconexa, cobran sentido los expertos, ya que surgen demandas que deben ser cubiertas, que otorgan competencias dentro del ámbito profesional a preparadores físicos, psicólogos, fisiólogos, nutricionistas, etc., los cuales, en muchos casos, construyeron sus teorías en contextos ajenos al fútbol. Una vez alineados como miembros del cuerpo técnico, aceptamos que el jugador está configurado por estructuras que no interactúan entre si, aprobamos la comprensión del mismo a través de desintegrar sus propiedades.» Óscar Cano Moreno

    Hace unos años publiqué una imagen que intentaba describir los comportamientos de un equipo de fútbol desde las relaciones que en este existen. No tuve mejor idea que hacerlo inspirado en una telaraña. Aquel gráfico era parecido al que se ve a continuación:

    Las líneas que unen a los futbolistas intentaban recrear el proceso de «intracomunicación», que según Paco Seirul.lo, atienden a la comunicación interna de un sistema. Vale recordar que un equipo de fútbol es precisamente eso, un sistema complejo, dinámico y abierto.

    No obstante, con el paso de los años y multitud de conversaciones que sostuve con aquellos a los que he puesto como mis maestros, me di cuenta que la imagen no sólo estaba incompleta; esta no representa en realidad al juego.

    ¿Cuáles son las razones para asegurar esto?

    El siguiente gráfico entrega la primera pista:

    Sin oponentes no hay fútbol. Este es un juego de «oposición directa», en el que ambos equipos se enfrentan para convertir un gol más que el otro. Así lo establece el reglamento, en su norma 10: «El equipo que haya marcado el mayor número de goles durante un partido será el ganador. Si ambos equipos marcaron el mismo número de goles o no marcaron ningún gol, el partido terminará en empate.»

    No obstante, la siguiente imagen sirve para ir comprendiendo un poco más:

    El oponente también protagonizará su proceso de intracomunicación durante la duración del partido. Es decir, sus jugadores van a estar relacionándose y comunicándose entre ellos. Ahora bien, ¿por qué sucede esto? Vayamos a la siguiente imagen:

    Tres de esos maestros a los que me refería anteriormente, Martí Perarnau, Joan Vilà y el propio Seirul.lo, me ayudaron a comprender que, en palabras de Vilà, «la referencia es el balón, no son las porterías; no es el espacio sino que es un elemento móvil (balón) y no el elemento fijo. Y las líneas de pase no son líneas de pase, son caminos de comunicación

    Las porterías están fijas, no se moverán durante un partido sino que ocupan un espacio definido por el reglamento. La primera impresión es que la direccionalidad del juego va de un arco al otro. Sin embargo, las leyes del fútbol permiten sacar provecho de las dimensiones del campo, incluso, tal como ha descrito Juan Manuel Lillo, otro enorme guía en mi camino, hasta darse cuenta de que el campo es más amplio a lo ancho que a lo largo, como consecuencia de la regla del fuera de juego.

    La pelota se mueve, es el centro energético de esta actividad. Por ende, el gráfico final debe ayudar a sumergirse en la complejidad del juego y a entender por que, entre otras cosas, un equipo de fútbol es un sistema complejo, dinámico y abierto:

    Al observar la imagen se puede concluir que el fútbol, partiendo de que el elemento con el que se juega es móvil, requiere, además de la intracomunicación, de la intercomunicación, que es la manera de comunicarse con el oponente. Ambos conjuntos están relacionándose permanentemente y viven en una constante reorganización, sin mayores limitaciones que los principios de juego que cada equipo haya desarrollado.

    Me refiero a principios y no a esquemas de juego, porque, aunque se pretendan equiparar desde ciertas tribunas, son dos conceptos totalmente diferentes.

    Por principios de juego, el profesor Vítor Frade explica: “Los principios de juego permiten al entrenador crear (mejor intentar crear) determinadas regularidades comportamentales de los jugadores, organizando sus relaciones e interacciones. De esta forma, privilegia un “orden” en e conjunto, tornándolo deterministico, o sea cambia a previsibilidad incalculable de los acontecimientos en una imprevisibilidad potencial.” Por su parte, los esquemas posicionales son referencias geográficas; constituyen un punto de partida y, en muchos casos, una referencia para determinada reorganización temporal.

    En aquel artículo escrito hace diez años mencionaba las redes que componen a un equipo de fútbol. Sin embargo, con el paso del tiempo, las charlas, la observación y la lectura, me he convencido de que el fútbol posee una complejidad aún más rica de lo que imaginaba. Así lo demuestran las redes de relaciones y de comunicaciones que se crean una vez se mueve la pelota y ambos equipos intentan hacer realidad aquello para lo que se entrenó.

     

    Fotografía del encabezado encontrada en internet. Créditos a quién corresponda

  • Naufragio catarí: Día 13

    Naufragio catarí: Día 13

    -. No encuentro en el ámbito de las selecciones nacionales a un equipo con mayor relación con eso que llaman épica como Uruguay. En la historia encontramos grandes versiones del conjunto charrúa que, además de vencer, son todavía referencia a estudiar dada su capacidad para innovar en el fútbol. Los trofeos olímpicos de 1924 y 1928, así como la Copa Mundial de 1930, son prueba de ello. Otro ejemplo es el de José Piendibene, al que la minuciosa investigación de Martí Perarnau para su libro “La Evolución Táctica del Fútbol, 1863-1945. Descifrando el código genético del fútbol a través del falso 9”, coloca precisamente como el primer futbolista que ejerció ese rol. También, durante el primer mundial de la historia, sacaron provecho de la regla del fuera de juego como ninguna otra selección. Aún así, Uruguay y su rica historin parecen estar, desde hace décadas, más a gusto apoyándose en episodios relacionados a lo heroico, como lo demuestra el apego al “Maracanazo”, que al desarrollo del juego o a las capacidades de sus grandes futbolistas. En 1990, cuando estaban por cumplirse cuarenta años de la obtención de su segundo trofeo en los mundiales, un periodista brasileño se trasladó hasta Montevideo con el objetivo de entrevistar al inolvidable Obdulio Varela. En el relato que reproduce Andrés Cantor en su libro “Goal!”, el reportero tuvo que insistir varios días para que el “Negro Jefe” accediera a conversar. Las palabras de Varela no pudieron ser más claras: “El Maracanazo fue un accidente. Es un error creer que durará por siempre… Hizo que el fútbol uruguayo durmiese la siesta”. Ese letargo al que hizo referencia el gran capitán parece no terminar. El futbolista uruguayo, técnico e inteligente, crece en un ecosistema que les induce permanentemente eso que llaman “Garra Charrúa”, que, palabras más, palabras menos, tiene parentesco con otra de las grandes tonterías que se recuerden: la furia española. En momentos en los que las emociones y las tripas lideran cualquier intercambio, Diego Latorre se atrevió a preguntar por qué Uruguay, a pesar del caudal de talento de sus futbolistas, se muestra reacio a jugar de una manera más asociada, cuidando, por ejemplo, las distancias de relación, las diferentes alturas al posicionarse y las conducciones- Uruguay, aunque le pese a los relatores del drama, fue una nación pionera en la comprensión de este juego. Ojalá retomen ese camino, que fue tan suyo, pero que hoy, bajo la hipertrofia de la épica, parece lejano. La garra, la voluntad o el nervio están bien siempre que estos acompañen al juego. Sin juego, todo lo demás será parte de un relato sin mayor condimento que la ilusión de todo aquello que pudo ser pero no fue.

    -. La historia de los esquemas tácticos en el fútbol es un resumen de cómo encara el ser humano una serie de momentos límite. Desde los primeros, el 1-10 o el 1-1-9, la evolución de este juego ha estado dirigida hacia el propio arco. No digo protección porque si algo ha demostrado la historia es que no hay una sola fórmula que garantice un resultado, sea una victoria o evitar que el oponente llegue a zonas de remate. No obstante, el proceso a través del cual se han ido sumando futbolistas a la línea de defensores ha sido algo aceptado por la totalidad del mundo futbolístico. Ahora bien, en esta dinámica parece que nos hemos olvidado del único objeto móvil de los que componen este juego: el balón. Quienes más atención han puesto a esto son Paco Seirul.lo, Joan Vilà y aquel fabuloso equipo de trabajo que armaron en el FC Barcelona, que derivó en la teoría de los espacios de fase en el fútbol: “A lo largo de la historia de este juego nos hemos ido olvidando del balón. Nosotros queremos ver si, entendiendo que el balón es la energía del juego, cómo nos organizamos de una determinada manera en torno a la pelota. Puede ser de distintas formas. Un compañero nuestro tiene el balón, que está en una fase del balón (fase 1), unos cuantos están en el retorno del balón por delante, comandado por otro el balón (fase 2), y hay otros que están alejados del balón, que están en distintos espacios alejados del balón(fase 3). Entonces, fase 1 (zona de intervención), fase 2 (zona de ayuda mutua) y fase 3 (zona de cooperación). Hay distintas zonas: lo definitivo son los espacios entre los distintos jugadores que están haciendo distintas funciones. Esto tiene que ver con física ecológica. Hay un entorno respecto a un elemento que es fundamental (el balón), entonces hay que estudiar qué elementos son necesarios para seguir disponiendo del balón para llegar al área rival y meter gol”. El recorrido de los esquemas tácticos nos enseña que hemos ido reduciendo nuestro propio espacio en favor de la acumulación de jugadores en un territorio reducido, pero en el camino nos hemos dejado la más importante de las nociones: el balón se mueve y normalmente lo hace de forma más rápida que los futbolistas, por lo que la visión de Seirul.lo, Vilà y otros por lo menos debería llevarnos a plantearnos si al fútbol lo pensamos en su totalidad o si nos dejamos seducir por soluciones que brillan pero que no estimulan los procesos reflexivos.

    “Edmund Hillary. Lo arriesgó todo para llegar a la cima. Y cuando finalmente estuvo en la cima del mundo, ¿sabes cuánto tiempo pasó? Quince minutos. Toda esa emoción, anticipación, sangre, lágrimas y dolor insoportable… todo por unos míseros quince minutos. Y en su camino hacia abajo, él y Tenzing, su fiel sherpa, celebraron con sopa. Es la escalada… todo se trata de la escalada”. I’m dying up here

  • Los socios que necesitan Messi y el Barça

    Los socios que necesitan Messi y el Barça

    Yo lo había pedido al Checho Batista cuando él llegó a Napoli. Pero el brasileño (NR: Alemao) después me demostró todo lo que valía. Un jugadorazo”. Diego Armando Maradona, “Yo soy el Diego”.

    En el fútbol no existen los salvadores. Puede que, ante determinadas situaciones, aparezca algún futbolista que resuelva, siempre según lo que nos enseña la última imagen, un atasco. Pero esta es una mirada equivocada, oportunista, parte de un reduccionismo malintencionado. Los grandes futbolistas de la historia fueron parte de grandes conjuntos; fue la interrelación con sus compañeros, en esa dinámica que conocemos como “equipo”, lo que los hizo mejores. Al grupo y a sus futbolistas de forma individual.

    El fútbol, como lo definió el profesor Francisco Seirul·lo, es el juego de juegos, entre otras cosas porque necesita de la adaptación constante del futbolista a las necesidades del colectivo al que pertenece, así como a las emergencias que surgen de la interacción con el rival y sus intenciones.

    No voy aburrirle con un pesado repaso sobre grandes e inolvidables selecciones, tales como la Hungría de los años 50, el Brasil de finales de la década del 50 hasta 1970, la Holanda y la Alemania de los años 70, o cualquier otra manifestación futbolística ajena a la memoria del lector. La única referencia que voy hacer, por un tema de proximidad, es sobre el Barcelona de Pep Guardiola.

    En aquel equipo se hizo estrella Lionel Messi. A partir de un funcionamiento y una identidad colectiva, que nunca fue la misma sino que se mantuvo en constante evolución, el argentino mostró al mundo cualidades muy particulares, unas que lo convirtieron un protagonista constante en las discusiones futboleras.

    Sin embargo, Guardiola no le transfirió a Messi capacidades que este no tuviera. Pero lo ayudó. Mejor dicho, lo acompañó a encontrar un contexto ideal para que esas cualidades brillaran aún más. Siempre en favor del equipo y cualquier lucimiento personal sería consecuencia de un trabajo colectivo, a diferencia de lo que se sugiere constantemente desde los medios, que no es otra cosa que una calle de una sola vía: la construcción individual del juego para que el colectivo saque provecho.

    Desde el momento en que la dirección deportiva del Fútbol Club Barcelona creyó que su modelo era Messi, equivocó el rumbo y personalizó una forma de jugar. Hizo lo mismo que la selección argentina desde los tiempos del Diego Maradona seleccionador. Esto no es un cuestionamiento a las capacidades del 10 blaugrana, sino un recordatorio vital de que en este juego, ni el propio Maradona tenía poderes para salvar a todo un equipo

    Tras ganar la UEFA Champions League (2010-2011) por segunda ocasión en tres años, Guardiola sugirió que a Messi había que mantenerlo contento, y que ello pasaba por rodearlo de futbolistas que lo ayudaron a retarse constantemente compitiendo:

    El técnico catalán no planteó en ningún momento que la felicidad estaba en complacer caprichos o en personalizar el modelo; la clave era encontrar futbolistas que mantuvieran al equipo como un colectivo competitivo, con personalidad propia, y que no se entregara al brillo de su máxima figura.

    Al igual que todo lo que huele a Guardiola en el Barça, el aviso fue despreciado. El proyecto, o el modelo si se prefiere decir de esa manera, pasó a ser Messi y se edificó una especie de adoración a su aporte, a la contribución individual de un deportista en un juego colectivo. La contradicción se explica por sí sola.

    Los proyectos en el fútbol deben originarse en ela aceptación de que este es un juego colectivo y no una simple suma de individualidades. Por ello, es probable que para el crecimiento de un proyecto sea mucho más importante la aportación de un futbolista menos mediático que la de uno de esos que se promocionan como “top”.

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    La superficial suma de virtudes que hacen los especialistas no tiene en cuenta valores del juego, tales como las interacciones, interrelaciones, la convivencia, el entendimiento y todo aquello que explica el Profesor Seirul·lo Vargas en cuanto a la estructura socio-afectiva.

    En aquel equipo dorado de Guardiola confluyeron muchos futbolistas educados en el idioma Barça. Es importante recordar que ninguno de ellos tuvo un camino tranquilo hacia el primer equipo, y que todos, de una u otra forma, tuvieron rivales en la institución catalana, en el público, y por supuesto, en el entorno. Si lo desea, el lector puede hacer una rápida consulta sobre cuánto les costó a Víctor Valdés, Carles Puyol, Gerard Piqué, Xavi y/o Iniesta encontrar la confianza para asentarse en su club. Sólo Pedro Rodríguez y Sergio Busquets, casualmente promovidos por el hoy entrenador del Manchester City, tuvieron una inserción mucho más natural.

    Este relato no tiene otra intención que reflexionar sobre la aparición de los nuevos “barçaparlantes”: Carles Aleñá, Riqui Puig, Juan Miranda, Palencia, Oriol Busquets, Abel Ruiz, etc. No hay en el mercado internacional jugadores que interpreten mejor ese “Lenguaje Barça” que ellos.

    Acompañados por los Mascherano, Abidal o Keita de turno, el club blaugrana está ante una oportunidad magnífica: volver a ser lo que antes fue, desterrando el frívolo postulado de que aquel equipo que enamoró a un alto porcentaje del mundo futbolístico fue consecuencia de una generación dorada.

    Frenar, mirarse a sí mismo, revisar los por qué de la “muerte futbolística” de Hungría u Holanda, y volver a las fuentes. Estos son algunos de los pasos que debe dar el FC Barcelona si realmente desea sostener su personalidad. No es tan complicado, aunque luego del cruel adiós a Joan Vilà esto suene más a utopía que a una realidad posible.

     

    Fotografías encontradas en internet. Créditos a quienes corresponda.

  • Argentina y la fatiga cognitiva

    Argentina y la fatiga cognitiva

    El fútbol es un juego que en apariencia se juega con los pies. Pero realmente es una actividad en la que el mayor desgaste se produce en otro órgano: el cerebro. Como cualquier actividad, el fútbol requiere de una constante toma de decisiones, y ellas generan un desgaste importante, un cansancio. A eso se le conoce como fatiga cognitiva.

    La «Fatiga Cognitiva» es precisamente el desgaste natural que trae consigo el hacer. El cerebro necesita descanso, de la misma manera que las piernas, los brazos o un pie. De lo contrario, su actividad se verá influenciada negativamente por ese agotamiento, y costará aún más tomar las mejores decisiones.

    En lenguaje fútbol, cuando un futbolista sufre este desgaste se producen situaciones como que no encontrará a sus compañeros con la misma facilidad que si estuviese fresco; sus pases no tendrán la misma ejecución o intención, y le será muy difícil determinar la solución a cada situación que emerja del juego, esto es, por ejemplo, cuándo correr, cuándo pasar, cuándo quedarse, etc.

    ¿Qué ayuda a que esta fatiga cognitiva sea superior o vaya en aumento? La complejidad de la tarea, las emociones, el entorno y el contexto, en fin muchas cosas.

    Para este caso imaginemos que toca correr cincuenta metros. Seguramente cada uno de nosotros lo haría sin mayor dificultad. Ahora imaginemos hacer ese mismo recorrido llevando una bandeja con copas de cristal. Seguramente, tras varios intentos, muchos podrán perfeccionar su andar. Por último, sumemos a ese recorrido la intervención de rivales que desean interrumpir el camino. A medida que sea más compleja la tarea, mayor será el desgaste cognitivo.

    El ejemplo no me pertenece, así que créditos a quién lo haya creado.

    Probablemente lo mejor que se ha escrito sobre el tema en el fútbol pertenezca a Dani Fernández, entrenador español. En él hay, además del aspecto teórico, algunas formas de combatirla en los entrenamientos, por ello, mi intención no pasa por aconsejar “futbolísticamente” sino otorgar una visión al público en general.

    Jorge Sampaoli y su cuerpo técnico han tomado una valiente decisión: darle el día libre a los futbolistas. Conocedores del agotamiento que sufren la gran mayoría de sus futbolistas tras el año futbolístico, se han adaptado a la realidad, siendo esta que lo primero que deben hacer es recuperar a sus jugadores. Esto supone disminuir la intensidad de las sesiones de entrenamiento, así como darles herramientas para que la fatiga cognitiva disminuya. Sin duda que hay un componente físico en el juego, pero el mismo no puede separarse del cognitivo. No olvidemos que el juego es un todo.

    Estas medidas van de la mano con las cuotas de libertad que hoy se critican. Por ejemplo, que los futbolistas puedan salir a pasear, sin la supervisación de nadie, y con su profesionalismo como único consejero, es una opción fantástica: libera estrés, mejora la relación conductor-seguidores, y como si fuera poco, permite a estos futbolistas sacarse presión.

    Podría citarle muchos ejemplos que tienen como protagonistas a Pep Guardiola, a José Mourinho, a Luis Enrique, a Zidane o a otros, pero no quiero aburrirle. Lo invito a que busque cómo el propio Sampaoli gestionó este tema cuando conducía a la selección chilena. Nadie podrá olvidar el episodio con Arturo Vidal durante la Copa América de Chile, pero una excepción no invalida la herramienta.

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    En el año 2018, y tras los apabullantes logros de los entrenadores antes mencionados, es cuando menos sorprendente que el periodismo, tan a gusto tomando partido por alguno de estos grandes directores técnicos, no haya reparado en sus métodos, o tan si quiera en qué los acerca. Supongo que vende más hablar sobre lo que los aleja, o por lo menos lo que el periodismo cree que lo hace.

    Este es el periodismo que sigue pensando en el futbolista como un trabajador incapaz de reconocer las obligaciones de su labor, por ello exigen medidas que dificultan un buen rendimiento, y que ellos, sus promotores, no cumplen ni cumplirían.

    Sé que es una batalla perdida, pero de igual manera le recomiendo investigar sobre el pensamiento y la obra de estos nombres que daré, ya que son ellos los vanguardistas del entrenamiento y de juego que han estado trabajando por más de 20 años para hacer de este juego un juego más humano y menos estúpido.

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    Francisco Seirul.lo Vargas; Joan Vilà; Juan Manuel Lillo; Vítor Frade; Julio Garganta; Natalia Balagué; Carlota Torrents. Ellos y muchos más, con su comprensión de que la actividad deportiva es protagonizada por seres humanos, le han dado al fútbol mejores herramientas. Valdría la pena que expertos y analistas se informaran y dejaran de lado viejos lugares comunes.

    El fútbol sigue siendo el mismo de siempre. Lo juegan once jugadores y se enfrentan a otros once por la disposición de una pelota y con la intención de hacer un gol más. Lo que ha cambiado es la manera de entrenar, de hacerlo más humano.

    Fotografías cortesía de EFE y de la web. Créditos a quienes corresponda

  • Pensar en código fútbol

    Pensar en código fútbol

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    Vivimos con miedo. Aunque a través de las distintas versiones del “Contrato Social” se ha establecido una relación de protección del Estado para con sus habitantes, el ser humano sigue teniendo muchos temores, algunos de ellos relacionados con aquello que poseen. Sea mucho o poco lo que es propio, el hombre teme que le arrebaten aquello que es suyo. El fútbol, una actividad humana que describe casi a la perfección la vida en sociedad, no podía alejarse de esa manera de sentir, ya que el juego es obra de los mismos seres que perciben que sus bienes nunca están del todo a salvo, que viven en estado de alarma.

    Es importante recordar brevemente la historia de las formaciones que han dominado este juego para comprender que no exagero. Es necesario también acordarse que un elemento fundamental en la constitución del juego, tal como lo conocemos, fue la redacción de la regla del fuera de juego.

    Aquella norma, aprobada en primera instancia en 1863 (la primera, la “antigua”, determinaba que “un jugador en fuera del juego si se situaba por delante del balón, esto es entre el balón y la portería contraria”) tuvo su primer gran cambio en 1866, cuando se definió que “un jugador estaba en fuera de juego si se encontraba más cerca de la línea opuesta que el balón y el antepenúltimo adversario”. Esta versión de la regla es conocida como la regla clásica.

    A partir de esta disposición reglamentaria, los equipos debían tener en consideración un nuevo aspecto del juego: evitar posicionalmente que el rival encontrara variantes para llegar al arco. Si antiguamente el juego era el de las conducciones individuales, con la versión clásica de esta ley y la aparición del juego de pases (el Scottish Passing Game), el fútbol cambió para convertirse en un maravilloso juego estratégico.

    Debo aclarar que si bien es cierto que el aspecto defensivo siempre estuvo presente, la aparición de esta norma lo llevó a eso que se conoce como el plano estratégico; el camino al gol encontraba más obstáculos que debían ser resueltos por algo más que una conducción individual del balón. Ya no se trataba únicamente de llevar el balón hasta la portería contraria sino que también había que ocuparse de evitar que el rival llegara hasta la nuestra.

    Al principio, tras la aprobación de esta normativa, las formaciones iniciales seguían mostrando un claro espíritu ofensivo. Las primeras que se utilizaron fueron el 1-1-1-8 y posteriormente, como consecuencia de la aparición del pase, se instauró el 1-1-2-7.

    Antes de continuar permítame aclarar algo: las formaciones iniciales determinan parte de una intención, pero no la definen en su totalidad. Son, como llegó a decir Ricardo La Volpe, “la fotografía desde el helicóptero”. No explican, por ejemplo, si el lateral derecho es uno que se proyecta y se asocia bien en ataque, o si por el contrario, es de vocación defensiva y no se siente seguro al cruzar el centro del campo. Por ello hay que insistir en que las formaciones iniciales carecen de lo que mejor explica a este juego: la dinámica. Aún así hay que tenerlas en cuenta para comprender la intencionalidad del equipo.

    Continuemos entonces con la exposición.

    Tras esas primeras formaciones son muchas las que han ido apareciendo en este deporte. Con la “Pirámide” (1-2-3-5) se reforzó la zona defensiva y el centro del campo; con la WM (hija de una nueva modificación en la ley del fuera de juego, ahora conocida como la Regla Actual”, según la cual “un jugador se encuentra en posición de fuera de juego si se encuentra más cerca de la línea opuesta que el balón y el penúltimo adversario”) se intentaba aprovechar mejor la amplitud del campo.

    Tras ellas, han sido muchas las que han aparecido. Nació el “Cerrojo Suizo” en los años 30 del siglo XX; el 1-4-2-4 y el 1-4-3-3; se hizo fuerte el Catenaccio; se populariza el 1-4-4-2 y su variación en rombo 1-4-3-1-2; Holanda maravilló al mundo con su versión de “El Giro” de Willy Meisl, cuya versión neerlandesa es conocida como “Fútbol Total”; aparecieron el 1-3-5-2 y el 1-5-3-2, y así estamos todavía en estos momentos, tratando de encontrar que formación inicial es la adecuada para cada equipo.

    Lo que este breve repaso ayuda a comprender (son muchos los trabajos que profundizan sobre estas variaciones, uno de ellos es http://www.efdeportes.com/efd53/futbol.htm) es que, además de intentar aprovechar más y mejor los espacios que se producen gracias a la dinámica del juego, también se fue haciendo palpable que al juego lo conquistaron, poco a poco, nuestros miedos, ya que, con el paso de los años, se sumaban futbolistas a la defensa o a la zona de volantes.

    El reglamento determina que para ganar hay que convertir un gol más que el adversario, pero ese mismo código dice, sin decirlo, que un equipo que no recibe goles no podrá ser derrotado. Por ende, al comienzo de los partidos, cada equipo tiene “garantizado” al menos un empate.

    Herbert Chapman, ideólogo de la WM, dijo alguna vez que “Si logramos evitar que el rival nos marque tendremos un punto asegurado. Si además conseguimos anotar un gol, tendremos los dos puntos”. En los tiempos de Chapman y su Arsenal, las victorias valían dos puntos.

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    Esa igualdad, que otorga un punto a ambos contendores, alimenta la sensación de no perder y la voluntad de jugar a no perder. Un punto siempre es mejor que ninguno, por lo que muchos equipos entienden que, aunque no hayan conseguido el triunfo, no tienen nada de que lamentarse porque no se perdió nada. Comenzaron con un punto y se van del encuentro con ese mismo punto.

    Y es aquí dónde se sustenta aquello de que las formaciones son apenas un primer paso, pero jamás podrán, por sí solas, explicar las intenciones de un equipo.

    Más allá de esas alineaciones, entendidas casi como numeraciones telefónicas, al fútbol hay que pensarlo más por la ocupación posicional de los equipos que por esas recetas numéricas. Y es gracias a este enunciado que podremos divisar con mayor claridad el temor al que hacía referencia al inicio de estas líneas.

    Cada vez más cerca de casa

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    Quizá el momento colectivo más interesante en el fútbol sea, a mi entender, observar hacia dónde corre un equipo cuando pierde la pelota. Los hay aquellos que van hacia atrás, dejando la iniciativa al rival mientras ellos se reorganizan pensando en su arco, y los hay los que corren hacia delante, porque las distancias son más cortas, y porque comprenden la función defensiva como “atacar el ataque del oponente”, que es reorganizarse con el arco rival como meta.

    En esto no hay buenos ni malos sino ideas diferentes. Lo que determinará la validez de cada propuesta es su comunión con los futbolistas que la interpretarán.

    Con cada nueva modificación, la tendencia fue acercarse cada vez más al arco propio, alejándose, como consecuencia de esta corriente, de la portería rival. El sentimiento preventivo no es cosa de estos años y son muchos los textos que hacen referencia a equipos que primero se amontonaban en los límites de su propia área, sin embargo, lo que puede asociarse a las últimas décadas es el aumento de esa tendencia.

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    Las razones son muchas, pero la que más fuerza parece tener es aquella cultura del “safety first” (primero la seguridad) que denunció Willy Meisl en su libro Soccer Revolution: “Los británicos se empeñaron en eso de ‘la seguridad primero’, en prevenir que el oponente convirtiera goles. Los europeos continentales, por su parte, intentan anotar goles”. El manual de Meisl fue publicado en 1955, y desde entonces, la corriente británica que señalaba parece haber triunfado sobre el estilo continental.

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    En febrero de este año tuve la oportunidad de conversar largo y tendido con los profesores Francisco Seirul·lo Vargas y Joan Vilà Bosch. A raíz de una afirmación de Meisl –según él, las palabras de Chapman citadas anteriormente “contenían el espíritu y la esencia del ‘nuevo fútbol’, el posterior a 1926, y que rápidamente creó la mentalidad de ‘seguridad primero’ tan trágicamente típica de la Gran Bretaña de las entre guerras”-, quería conocer qué pensaban ellos sobre esa mentalidad conservadora, y la respuesta fue precisamente que esto no es una conducta extraña a la vida del ser humano en sociedad.

    De hecho, el profesor Seirul·lo llegó a sugerirme que visualizara a los castillos medievales, con sus fortalezas, muros y lagos como dispositivos defensivos, cómo ejemplo para comprender que desde tiempos ancestrales, el hombre se ha concentrado en cuidar lo propio primero, y luego intentar el asalto a las fortalezas rivales.

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    No hay recetas infalibles

    Existe una corriente de pensamiento (sin mayor sustento que las propias sensaciones de sus promotores) que sugiere que defender mejor es hacerlo cerca del propio portero. Esa premisa es la que ha dominado a este deporte en los últimos tiempos, no en vano la gran mayoría de los equipos, cuando pierden la titularidad del balón, lo primero que hacen es correr hacia atrás, en vías hacia su propia portería.

    Esto que aquí señalo es definido como la prevención de riesgos, pero se olvida que en ese retroceso, en esa transición ataque-defensa, se le entrega mucho tiempo y mucho campo al rival para que este gestione la construcción de su avance. Claro que, en muchos casos, ese rival prefiere lanzar rápidamente a sus atacantes, desaprovechando el obsequio espacio-temporal que antes mencionaba.

    En los últimos años son muchos los equipos que cuando recuperan el balón prefieren eso que llaman “ataque directo”, que no es más que intentar la rápida resolución de una situación ofensiva. Esto trae como consecuencia que se “ataque” el área rival con tres o cuatro futbolistas, nada más. Solamente los equipos que construyen sus avances con algo más de paciencia pueden sumar más futbolistas a esa maniobra.

    Ahora bien, como sugiere el título de este pequeño e inexacto ensayo, al fútbol hay que pensarlo. Antes, durante y después de jugarlo. De lo contrario, este maravilloso juego seguirá anclado en conceptos que ya han debido superarse, como aquello de creer que ataque y defensa son actividades disociadas, o que existen recetas exactas para ganar un partido. Y la realidad nos dice que el fútbol no se piensa.

    Es por todo esto que creo que al fútbol se le ha entendido, mayoritariamente, como a un juego reaccionario, lleno de temores, en el que aquel que espera para luego reaccionar es tildado de inteligente. Se ha confundido el concepto de riesgo, y todos hemos contribuido a ello. Podría incluso afirmarse que en el fútbol no se piensa en defender mejor; el objetivo de estos retrocesos despavoridos es crear la falsa sensación de que mientras más cerca estemos de nuestro arco más difícil será para el rival marcar un gol.

    Le pregunto al lector si no sería más adecuado evitar que el rival llegue a esa zona. Y es que si, contrario a ese repliegue urgente y desesperado, el equipo que defiende lo hace conquistando las zonas de construcción de juego rival (defensa-medio campo), es muy posible que desmantele ese ataque y recupere con mayor facilidad la titularidad del balón.

    Todo lo que aquí planteo no es original ni revolucionario. Tampoco contiene este escrito verdades absolutas. La única intención es hacer de su título, Pensar el fútbol, una realidad. Hay que dejar de lado la venda que nos pone el resultado de turno y profundizar en las razones del juego, para así promover una verdadera evolución de este hermoso juego.

    Manuel Sérgio, en su libro Filosofía del Fútbol, escribió lo siguiente:

    ¿Qué es el juego? Una actividad que da placer. ¿Quién juega? El hombre. ¿Por qué? Porque tiene necesidad de placer (…). Pero hagamos una ultima pregunta: ¿Para qué juega el hombre? La respuesta sólo puede ser ésta: para vencer. En una palabra, el hombre juega por el placer que el juego le da, pero el placer implica una finalidad, sin la cual deja de serlo. Esa finalidad es la ‘victoria’”.

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    Lo que nos atañe a todos los que hacemos vida en este juego es descifrar el cómo se puede obtener esa victoria que tanto promovemos, así como hacer del fútbol un juego que no se repita, que no convierta en un hecho indiscutible aquel eterno retorno de Nietzsche.

    Fotografías encontradas en Internet. Créditos a quienes corresponda