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  • Argentina y la fatiga cognitiva

    Argentina y la fatiga cognitiva

    El fútbol es un juego que en apariencia se juega con los pies. Pero realmente es una actividad en la que el mayor desgaste se produce en otro órgano: el cerebro. Como cualquier actividad, el fútbol requiere de una constante toma de decisiones, y ellas generan un desgaste importante, un cansancio. A eso se le conoce como fatiga cognitiva.

    La «Fatiga Cognitiva» es precisamente el desgaste natural que trae consigo el hacer. El cerebro necesita descanso, de la misma manera que las piernas, los brazos o un pie. De lo contrario, su actividad se verá influenciada negativamente por ese agotamiento, y costará aún más tomar las mejores decisiones.

    En lenguaje fútbol, cuando un futbolista sufre este desgaste se producen situaciones como que no encontrará a sus compañeros con la misma facilidad que si estuviese fresco; sus pases no tendrán la misma ejecución o intención, y le será muy difícil determinar la solución a cada situación que emerja del juego, esto es, por ejemplo, cuándo correr, cuándo pasar, cuándo quedarse, etc.

    ¿Qué ayuda a que esta fatiga cognitiva sea superior o vaya en aumento? La complejidad de la tarea, las emociones, el entorno y el contexto, en fin muchas cosas.

    Para este caso imaginemos que toca correr cincuenta metros. Seguramente cada uno de nosotros lo haría sin mayor dificultad. Ahora imaginemos hacer ese mismo recorrido llevando una bandeja con copas de cristal. Seguramente, tras varios intentos, muchos podrán perfeccionar su andar. Por último, sumemos a ese recorrido la intervención de rivales que desean interrumpir el camino. A medida que sea más compleja la tarea, mayor será el desgaste cognitivo.

    El ejemplo no me pertenece, así que créditos a quién lo haya creado.

    Probablemente lo mejor que se ha escrito sobre el tema en el fútbol pertenezca a Dani Fernández, entrenador español. En él hay, además del aspecto teórico, algunas formas de combatirla en los entrenamientos, por ello, mi intención no pasa por aconsejar “futbolísticamente” sino otorgar una visión al público en general.

    Jorge Sampaoli y su cuerpo técnico han tomado una valiente decisión: darle el día libre a los futbolistas. Conocedores del agotamiento que sufren la gran mayoría de sus futbolistas tras el año futbolístico, se han adaptado a la realidad, siendo esta que lo primero que deben hacer es recuperar a sus jugadores. Esto supone disminuir la intensidad de las sesiones de entrenamiento, así como darles herramientas para que la fatiga cognitiva disminuya. Sin duda que hay un componente físico en el juego, pero el mismo no puede separarse del cognitivo. No olvidemos que el juego es un todo.

    Estas medidas van de la mano con las cuotas de libertad que hoy se critican. Por ejemplo, que los futbolistas puedan salir a pasear, sin la supervisación de nadie, y con su profesionalismo como único consejero, es una opción fantástica: libera estrés, mejora la relación conductor-seguidores, y como si fuera poco, permite a estos futbolistas sacarse presión.

    Podría citarle muchos ejemplos que tienen como protagonistas a Pep Guardiola, a José Mourinho, a Luis Enrique, a Zidane o a otros, pero no quiero aburrirle. Lo invito a que busque cómo el propio Sampaoli gestionó este tema cuando conducía a la selección chilena. Nadie podrá olvidar el episodio con Arturo Vidal durante la Copa América de Chile, pero una excepción no invalida la herramienta.

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    En el año 2018, y tras los apabullantes logros de los entrenadores antes mencionados, es cuando menos sorprendente que el periodismo, tan a gusto tomando partido por alguno de estos grandes directores técnicos, no haya reparado en sus métodos, o tan si quiera en qué los acerca. Supongo que vende más hablar sobre lo que los aleja, o por lo menos lo que el periodismo cree que lo hace.

    Este es el periodismo que sigue pensando en el futbolista como un trabajador incapaz de reconocer las obligaciones de su labor, por ello exigen medidas que dificultan un buen rendimiento, y que ellos, sus promotores, no cumplen ni cumplirían.

    Sé que es una batalla perdida, pero de igual manera le recomiendo investigar sobre el pensamiento y la obra de estos nombres que daré, ya que son ellos los vanguardistas del entrenamiento y de juego que han estado trabajando por más de 20 años para hacer de este juego un juego más humano y menos estúpido.

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    Francisco Seirul.lo Vargas; Joan Vilà; Juan Manuel Lillo; Vítor Frade; Julio Garganta; Natalia Balagué; Carlota Torrents. Ellos y muchos más, con su comprensión de que la actividad deportiva es protagonizada por seres humanos, le han dado al fútbol mejores herramientas. Valdría la pena que expertos y analistas se informaran y dejaran de lado viejos lugares comunes.

    El fútbol sigue siendo el mismo de siempre. Lo juegan once jugadores y se enfrentan a otros once por la disposición de una pelota y con la intención de hacer un gol más. Lo que ha cambiado es la manera de entrenar, de hacerlo más humano.

    Fotografías cortesía de EFE y de la web. Créditos a quienes corresponda

  • Jugar bien al fútbol

    Jugar bien al fútbol

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    Para saber de fútbol hay que saber de futbolistas”. Juan Manuel Lillo

    Quienes hacemos vida alrededor del fútbol tenemos mucho que aprender. Bien podría argumentarse que incluso quienes estudian esta disciplina apenas están recorriendo las etapas embrionarias del juego, por lo que no debe extrañarnos que un 99% de los conceptos que se exponen para hablar del juego disocien, separen, o incluso hablen de integración (integrar es unir, y para unir debe existir primero una separación), cuando en realidad, el fútbol es un todo y vive de la continuidad. No hay ataque y defensa como estados separados sino que todo está interrelacionado e intercomunicado.

    Bien podría decirse que con el fútbol femenino y el fútbol masculino sucede algo similar. No me refiero a las diferencias notables y notorias en cuanto a su tratamiento comercial y mediático, sino a la comprensión y respeto que merece el juego en sí.

    No importa quién lo juegue, al final es fútbol, y como tal debe ser tratado, lo que quiere decir que, más allá del resultado final, el dinero que se reparta o el espacio que ocupe en determinados medios de comunicación, el juego contiene y produce una serie de pautas sumamente ricas que no reconocen las diferencias ni las barreras que nosotros mismos nos hemos autoimpuesto.

    No me malinterprete. El objetivo de todo deportista es vencer, pero en el camino, aquellos que disfrutamos del juego nos encontramos ante la difícil tarea de considerar otras cosas, sobre todo si nos interesa esa relación casi dicotómica entre la intención del juego (competir para ganar) y el respeto por el juego mismo, aun por encima de esas obligaciones que genera precisamente jugar al fútbol de forma competitiva.

    Más allá de la elección de si jugar por arriba o jugar a ras de piso, con cuatro atacantes o tres defensores, el juego exige una comprensión que nada tiene que ver con esas numeraciones o con términos muy utilizados y manoseados, tales como la velocidad o la intensidad. Jugar bien al fútbol es, entre otras cosas, adaptarse y reaccionar a lo que va reclamando la dinámica del juego. Existe un plan, un mapa (como explicó el profesor Julio Garganta en una entrevista para la revista The Tactical Room) y un territorio, y en el segundo la exigencia es jugar, que no es otra cosa que adaptarse, reorganizarse y seguir haciéndolo.

    Escribo estas líneas pensando en Amanda Sampedro. No descubro el agua tibia si le digo que la futbolista del Atlético de Madrid juega muy bien al fútbol, pero no por ello debe pasar por debajo de la mesa qué la hace una futbolista superlativa.

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    Explicaba Pablo Machín, entrenador del Girona, en una entrevista para The Tactical Room, que aprovechar la anchura del campo “facilita generar y tener espacios interiores intermedios por los que puedes sorprender”. Y eso hizo Sampedro el sábado, ante el Madrid CFF, en el marco de un día histórico para el fútbol femenino español, debido a que el derby ante el Madrid CFF se jugó, por primera vez, en el estadio Wanda Metropolitano.

    La “10” rojiblanca se ubicó pegada a la banda derecha. Cada una de sus conducciones derivó en la progresión futbolística de su equipo (el continuum), bien fuese por alguna maniobra individual o por su correcta asociación con la compañera mejor ubicada. La toma de decisiones, en un deporte colectivo, depende de muchas circunstancias, siendo la adaptabilidad (capacidad para adaptarse) una de ellas. Y eso lo mostró la capitana colchonera.

    Sepan disculparme los estadísticos por no llevar la cuenta de las ocasiones en las que Sampedro rifó un balón, perdió un duelo o dio un mal pase. Más allá del resultado final, lo que realmente emociona es observar a una futbolista con semejante capacidad para interpretar cada situación del juego. Y es que, así como sus conducciones tenían una intención de potenciar el juego colectivo del Atleti, su ubicación, cuando el juego se desarrollaba en el sector contrario, ayudó a que el concepto que expuso Machín fuese realidad.

    Cuando mencioné la obligatoriedad de considerar las distintas aristas que el fútbol ofrece, lo hice con la intención de valorar lo que el sábado produjo la capitana rojiblanca. El marcador no refleja la influencia de Sampedro en el juego de su equipo ni su capacidad de interpretar cada situación. Eso vale mucho y es patrimonio de pocos, tanto en el fútbol femenino como en el masculino.

    Al final del día, es fútbol, y lo que realmente es que se juegue bien, de la manera como Amanda Sampedro lo hizo el sábado en el Wanda Metropolitano.

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    Fotografías y video de Antonio Díaz Madrid @antoniodiazmadrid