Etiqueta: La Liga

  • Stuani es puro fútbol

    Stuani es puro fútbol

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    Como cowboy en el rol de héroe de los «Spaghetti Westerns», Christian Stuani construye sociedades temporales que le ayudan a enfrentarse a formidables enemigos y batirlos sin importar la fiereza ni la fama que les precede. Stuani es un vaquero solitario que saca provecho de esas relaciones y luego las reemplaza por otras que beneficien más a su causa.

    El delantero uruguayo es mañoso, sabe que el fútbol es una serie de duelos que requieren estrategia, picardía y mucha maña. Juega desde el reglamento y casi siempre triunfa, aunque a veces, como en aquellos viejos films, cae ante un oponente que se rehúsa a ser víctima del coraje del charrúa. Ahí, tal cual viejo campeón, se retira a su descanso, mientras se pone el sol e imagina su próxima batalla.

    Stuani juega con el guión de los films de Sergio Leone. Nos recuerda también las maravillosas composiciones de Ennio Morricone.

  • Valverde y su FC Barcelona: un par de apuntes para seguirle la pista

    Valverde y su FC Barcelona: un par de apuntes para seguirle la pista

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    Finalizada la primera vuelta de La Liga, hay dos consideraciones sobre el Barcelona de Ernesto Valverde. Seguramente existen miles de matices más que deban ser examinados, pero en esta ocasión me ocuparé de dos que realmente me han llamado la atención.

    1.- El club catalán ha hecho del 1-4-3-3 una de sus señas de identidad. Con Valverde, el equipo ha adoptado otra disposición inicial, variando entre el 1-4-4-2 y el 1-4-4-1-1, dependiendo de dónde se mueva a Lionel Messi. Fueron tres los eventos claves que conspiraron para que el entrenador se inclinara a favor de esta modificación: la partida de Neymar Jr., las derrotas ante el Real Madrid por la Supercopa española y la lesión de Ousmane Dembélé.

    El conductor se apoyó en la coyuntura para promover un cambio con respecto a la versión más reciente del equipo blaugrana: volver, de una manera nada ortodoxa, al “mediocampismo”. Hago énfasis a la heterodoxia de la zona de volantes porque, a diferencia de otros modelos, este Barcelona emplea a una mayoría de mediocampistas que son ajenos al idioma blaugrana. Rakitic, Paulinho, André Gomes y ahora Coutinho, son futbolistas formados lejos del estilo Barça, y que sin distingo de sus capacidades comparten parcela con Busquets e Iniesta, los verdaderos guardianes del estilo. Sergi Roberto, otro hijo del estilo, apenas ha sumado minutos en el centro del campo: su aportación parte, mayoritariamente, desde la posición de lateral derecho.

    ¿Cuál ha sido el efecto inmediato de esta modificación? El Barcelona recuperó aquello de ser un bloque corto. Salvo por determinadas acciones de contragolpe, el equipo viaja junto hacia posiciones de ataque, una dinámica que le ha permitido recuperar la presión tras pérdida como una herramienta recurrente.

    Al estar tan juntos, el rival no encuentra líneas de pase ni compañeros desmarcados, por lo que la recuperación de la conducción de la pelota, en el caso blaugrana, es más probable que en tiempos del tridente. No hay tantas carreras como en la temporada anterior, y se siente una mayor influencia de los centrocampistas. Por ello se ha recuperado a la mejor versión de Iniesta, ya que, entre otras cosas, no se le exige que realice desplazamientos exagerados.

    Es un caso interesante el de Sergi Roberto. Hasta los momentos, Valverde lo ha utilizado como un lateral de largo recorrido, tarea que el de Reus ha cumplido a cabalidad, pero no sería de extrañar que, en partidos en los que Dembélé ocupe la banda derecha, cercano a Messi, Roberto cierre su posición, muy al estilo de lo que Johan Cruyff hacía con los laterales en el “Dream Team”, o el propio Pep Guardiola en el Bayern Múnich con Phillip Lahm y David Alaba. Si el entrenador utilizase ese recurso, el centro del campo blaugrana sumaría un barçaparlante más, el último que ha conseguido consolidarse en el primer equipo.

    2.- A los dos dispositivos iniciales elegidos por Valverde hay que agregarle dos fenómenos que han explotado bajo esta manera de jugar.

    El rol de Messi ha cambiado. Sigue siendo tan influyente como siempre, sólo que ahora está más y mejor conectado.

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    El argentino, gracias a que el equipo juega más junto, tiene más compañeros y mayores opciones de pase. Acercarse a Iniesta y a Busquets es mucho más sencillo.

    Además, su presencia ayuda a acumular rivales en una zona y liberar otras. Esta es una de las principales razones que explican el renacimiento o mejoramiento de la conexión suya con Jordi Alba. Atraer para liberar; ese principio está más vigente que nunca en la llave Messi-Alba.

    Si los movimientos de Messi llevan a que en ningún momento se pueda determinar con firmeza la figura que adopta el equipo, hay otro futbolista que en su propio caos hace aún más impredecible el andar del colectivo. Me refiero a Paulinho.

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    Sin ínfulas de originalidad, para referirme al volante brasileño he utilizado el apodo de “Cazador de Espacios”. Con ello intento describir lo que su juego aporta al conjunto blaugrana. Alejado de la ortodoxia del lenguaje Barça, Paulinho es un llegador nato, a quien en muchas ocasiones la pelota le estorba porque conducirla o disponer de ella le obliga a frenar, a bajar el tempo, y en esas arenas no se encuentra cómodo.

    De alguna manera, Paulinho ni es volante ni es delantero, pero cumple con ambos roles. Hay ocasiones en las que lo pienso como un enlace, pero no en el sentido rígido del término futbolístico, sino en su posicionamiento: siempre está entre volantes y delanteros, casi como una alcabala; se mueve bien con ellos, para ellos y por ellos.

    Paulinho no es un futbolista dúctil ni es claro en la construcción de juego. Lo suyo es identificar un espacio y ocuparlo. Con o sin balón. Por ello hace ruido en la elaboración de juego pero es imprescindible, es casi imposible de marcar en la zona de definición. Nunca está, llega. ¿Cuántas veces fue el delantero más adelantado de su equipo en el clásico ante el Real Madrid? No es Keita, y tampoco Cesc, pero llega mucho al área rival. Es vital seguirlo durante los partidos para que se entienda que los puestos y las funciones no deben estar nunca por encima de las exigencias del partido

    Messi es el caos pensado, mientras que Paulinho es el caos natural, sin mayor explicación.

    Para finalizar quiero hacer una referencia a la conducción de Ernesto Valverde. El extremeño reconoció, desde su primer día al mando del equipo blaugrana, que no era él y el grupo, sino que todos formaban un todo. Ha sabido ser uno más en un colectivo que debía cerrar puertas y ventanas, sanarse y luego reabrir nuevamente sus compuertas para crecer y evolucionar. Su liderazgo calmado hace recordar al bueno de Frank Rijkaard, y su discreción, siempre a favor del colectivo, ha hecho que pocos se pregunten si su equipo es lo que él soñó o si el entrenador, gracias a su sabiduría y su sensatez, hace lo mejor que puede con lo que tiene.

    Fotografías cortesía Agencia EFE

  • A propósito de Diego Costa

    A propósito de Diego Costa

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    Es una obviedad decir que la introducción de un nuevo elemento en un sistema modifica a ese organismo, de la misma manera que genera una nueva versión de ese novedoso integrante. Ahora bien, el objetivo, o la meta si así se prefiere, es identificar esas pequeñas modificaciones que confirmarán que aquel viejo sistema no será más.

    La vuelta de Diego Costa al Atlético de Madrid supone una fabulosa noticia, no solo para los seguidores colchoneros, sino para todos aquellos que ven en la plantilla rojiblanca mayores posibilidades de crecimiento futbolístico.

    El argumento más repetido en estos días es que con “La Pantera”, el club de la capital española mejorará su faceta ofensiva, pero esto no es más que un reduccionismo, ya que la evolución nunca puede ser medida en apartados; hay que hablar de mejora futbolística.

    Si un equipo ataca mejor, y lo hace por más tiempo, estará cada vez más lejos de su propio arco, lo que se traduce en un conjunto que sufrirá menos ocasiones del rival. Si esta versión del Atlético consigue que sus ataques se prolonguen y no sean sólo fulgurantes arranques (cómo se vio ante el Getafe), podría intuirse que llegar al arco de Jan Oblak será cada vez más complicado, por no decir imposible.

    No olvidemos que el equipo de Simeone se siente cómodo defendiendo como un bloque muy compacto cerca de su propia área, e incluso dentro de ella. A sus defensores no les interesa aquello de salir organizadamente desde su propio arco, y ahora, con el hispano brasileño la salida en largo tendrá nuevas y renovadas probabilidades.

    Con Costa, Atlético gana, como muchos dicen, un faro, una referencia, alguien con las características perfectas para pelear con los defensores centrales rivales esos envíos aéreos, pero también, y esto no es menos importante, retorna al equipo un futbolista que sabe aguantar muy bien el balón a la espera de que lleguen sus compañeros, lo que en principio beneficiará el aporte goleador de Antoine Griezmann y el resto de los futbolistas colchoneros.

    Esto no es poca cosa. El Atleti, como ya viene siendo costumbre, ha exprimido hasta más no poder su eficacia en las dos áreas: con pocas llegadas convierte el gol necesario y sabe repeler perfectamente a los ataques contrarios. Pero esto, en un juego complejo e incontrolable como el fútbol es equivalente a caminar sobre un alambre o bailar con el demonio.

    Los números no mienten: en 18 partidos, los rojiblancos han anotado 27 tantos, un promedio de 1,5 goles por partido. El máximo anotador es Griezmann con 5 goles. Si a ello le sumamos que apenas ha recibido ocho anotaciones, el argumento anterior cobra fuerza. Es por ello que la vuelta de Costa simboliza un cambio en el estilo de Simeone.

    Idealmente, la delantera la integrarán Costa y Griezmann. El primero se ubicará entre los dos centrales contrarios, empujándolos hasta su propia área o sacándolos de ella, siempre dependiendo de la dinámica propia del juego. Esos movimientos permitirán que tanto el francés, los volantes o cualquier otro jugador rojiblanco gocen de más oportunidades de acercarse al área rival, mejorando las relaciones espaciotemporales, algo que solamente puede beneficiar a al club que sepa sacar provecho de ello.

    Para resumir: con Costa, Simeone gana un delantero centro con virtudes muy beneficiosas para su idea. Peleador e insoportablemente testarudo, Costa convertirá goles, pero también “liberará” a Griezmann, de la misma manera que alimentará a los “llegadores” como Ferreira, Koke, Carrasco, Saúl, etc.

    Fotografías cortesía de Antonio Díaz Madrid (antoniodiazmadrid.com)